LA CUBA DE FIDEL CASTRO EN VENEZUELA

Simon Bolívar:

La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos. Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía. Un justo celo es la garantía de la libertad republicana, y nuestros ciudadanos deben temer con sobrada justicia que el mismo magistrado, que los ha mandado mucho tiempo, los mande perpetuamente”.

En 2006 los hermanos Castro

ordenaron nombrar a Maduro como canciller

Yoani Sánchez le contesta a Raúl Castro,

que se inmiscuye en las elecciones de Venezuela

El dictador designado Raúl Castro -que no ha sido elegido por el pueblo cubano- se inmiscuye descaradamente en las elecciones de Venezuela, y la bloguera Yoani Sánchez le responde.

 


Si Chávez hubiera sido reformista de verdad

Betty Brannan Jaén

laprensadc@aol.com

10 de marzo de 2013      

 

PANAMÁ. R.P. –No comparto la admiración que muchos derrochan sobre el cadáver de Hugo Chávez, ni me siento obligada solo a hablar bien de los difuntos. Los hechos son lo que son, y la muerte no los cambia.

 

Como ser humano, es cierto, comprendo la tristeza de que un cáncer a todas luces fulminante se haya llevado a un hombre muy lleno de vida y que solo tenía 58 años de edad; comprendo que eso ha sido una tragedia para él y sus seres queridos. Pero como creyente en la inviolabilidad de las libertades ciudadanas, no puedo llorar la desaparición de un gobernante que sistemáticamente pisoteó y atropelló las libertades y los derechos de sus conciudadanos. En mi sistema de valores, la esencia de un gran líder –y el requisito indispensable de un gran patriota– es el apego estricto a los principios de democracia y justicia, junto a un compromiso total con los derechos de su pueblo.

 

En cuanto a esos valores, el gobierno de Hugo Chávez fue abismal. Hizo todo lo posible por concentrar en sus propias manos un poder absoluto y perpetuo, amenazando, intimidando o encarcelando a todos lo que osaran la más mínima crítica u oposición. Un comunicado de Human Rights Watch (HRW) relata dos casos –entre muchos otros– que ilustran el alcance de su represión. Uno es el de María Lourdes Afiuni, una juez de Venezuela que cometió el error de concederle libertad condicional a un crítico de Chávez que llevaba tres años en prisión sin haber sido enjuiciado. Eso causó que la propia Afiuni fuera arrestada y encarcelada por un año (Chávez pidió que le dieran 30 años, según HRW) y todavía hoy sigue bajo arresto domiciliario. El segundo caso es el de una telenovela –Chepe Fortuna– en la que un personaje llamado Venezuela tenía un perrito llamado ‘Huguito’. Un día, ‘Huguito’ se perdió y su dueña preguntó, “¿Qué será de Venezuela sin ‘Huguito’?”. Su novio respondió, “Serás libre, Venezuela”. Bajo intensa presión oficial, la novela fue cancelada al día siguiente.

 

Aún así, hay quienes defienden a Chávez con el argumento de que él hizo mucho por los pobres de Venezuela, en contraste al elitismo y la corrupción de los gobiernos anteriores en ese país. Para nada defiendo la muy deplorable actuación de esos viejos gobiernos, cuya incapacidad y venalidad dio lugar a que el pueblo venezolano clamara por un líder nuevo como Chávez. Las esperanzas que los venezolanos depositaron en él con su primera elección, en 1999, pudieron haber inspirado que Chávez gobernara como reformista demócrata, preocupado sí por el bienestar social de los más humildes, pero también comprometido con el bienestar democrático del país –fortaleciendo derechos, fortaleciendo instituciones, fortaleciendo justicia–... en fin, fortaleciendo todas las cosas que un verdadero líder reformista –sin rasgos de megalomanía– querría para su país. Esas cosas no son incompatibles –o mutually exclusive, como se dice en inglés– con programas de gobierno que simultáneamente respondan a la situación de los pobres y de los marginados. Un reformista de verdad hubiera escogido hacer ambas cosas, en vez de tratar de usar la generosidad demagógica para justificar la mezquindad autocrática. Un reformista de verdad jamás hubiera profesado admiración por los dictadores de Cuba, Libia y Siria. Un patriota de verdad hubiera querido que su pueblo tuviera sus libertades, además del pan de cada día.

 

Para terminar, hay que ver si la supuesta generosidad de Chávez hacia los humildes de su país se ejecutó eficazmente. He visto cifras que indican que él recortó al 50% el índice de la extrema pobreza en Venezuela, lo que sería un logro impresionante, pero los medios internacionales, unánimemente, informan que Chávez ha dejado en muy mal estado la economía de Venezuela, los índices de violencia allí, y la situación social en general. Políticas irracionales no ayudan a nadie, y un reformista de verdad lo hubiera sabido.

El chavismo momificado

Bertrand de la Grange

10 de marzo de 2013

 

Antes de existir, el chavismo se ha quedado momificado. No aparece por ningún lado un deseo de trascender la figura del caudillo con una propuesta democrática.

 

Los herederos políticos de Hugo Chávez están empeñados en que, desde la tumba, el caudillo les delegue su legitimidad popular y les ayude a ganar las elecciones presidenciales, que tendrán lugar dentro de pocas semanas. A esto se debe la ocurrencia de embalsamar el cuerpo del caudillo, que podrá “ser observado eternamente” por el pueblo, como dijo Nicolás Maduro, el delfín escogido por el mandatario tres meses antes de su fallecimiento.

 

Finalmente, no habrá descanso para el hombre providencial que despertó tantas esperanzas en las masas empobrecidas de Venezuela, pero dilapidó la inmensa renta petrolera del país y agudizó el odio entre las clases sociales. Durante sus 14 años en el poder, Chávez fue una máquina de ganar elecciones. Y lo seguirá siendo por un tiempo, a semejanza del Cid Campeador, que triunfaba en el campo de batalla después de muerto.

 

El caudillo bolivariano ya no pertenece a su familia, y sus últimas voluntades —ser sepultado en el cementerio de su Sabaneta natal, en la lejana provincia de Barinas, al lado de la abuela que lo crió— no serán respetadas. Sus correligionarios lo quieren exponer en el Museo de la Revolución y, más adelante, al lado del prócer de la independencia, Simón Bolívar, que fue su principal fuente de inspiración, junto a Fidel Castro. En realidad, Hugo Chávez perdió el control de su destino desde que le fue diagnosticado un misterioso cáncer, hace casi dos años, en uno de sus numerosos viajes a La Habana.

 

Su vida era demasiado importante para los hermanos Castro —el régimen cubano depende del petróleo y de la enorme ayuda financiera de Caracas—, que movilizaron a sus mejores equipos médicos, incluyendo varios especialistas extranjeros, para retrasar todo lo posible la muerte de su valioso paciente. Había que conseguir su reelección para un cuarto mandato presidencial. Chávez mintió sobre su estado de salud —dijo que había vencido el cáncer— para tranquilizar a los electores. Ganó con el 55% de los votos en octubre pasado, pero el desgaste de la campaña provocó una recaída y su hospitalización en La Habana. Allí fue sometido a una cuarta intervención quirúrgica a principios de diciembre.

 

Pasarían tres meses sin que se supiera nada del presidente venezolano, hasta el anuncio de su muerte el 5 de marzo. No se sabe si el desenlace fue en Caracas, como lo afirman las autoridades, o si fue en La Habana. Y, hasta este momento, tampoco se tiene información sobre el tipo de cáncer que le ha costado la vida. Tanto hermetismo, a pesar de las protestas airadas de la oposición, no pudo tapar sin embargo el hecho de que Chávez fue víctima de un encarnizamiento terapéutico, más por motivos políticos que por razones humanitarias. Sus amigos alargaron sus sufrimientos más allá de lo razonable, primero para que aguantara hasta la fecha de la toma de posesión, el 10 de enero —no pudo juramentar el cargo—, y luego para construir una interpretación imaginativa y abusiva de la Constitución que permitiera a Nicolás Maduro ejercer la presidencia, mientras preparaba su candidatura a las elecciones.

 

En su afán por capitalizar la emoción popular, la cúpula chavista ha propiciado la histeria colectiva a golpe de discursos encendidos. No se ha llegado a las manifestaciones extremas de los norcoreanos, tirándose al suelo frente al retrato del difunto presidente Kim Jong-il, hace poco más de un año. Hay, sin duda, más sinceridad en la tristeza expresada por el pueblo venezolano, como la hubo también en la URSS cuando murió José Stalin, por cierto el mismo día que Chávez, hace 60 años.

 

El duelo por la muerte del caudillo se ha convertido en el eje de la campaña electoral en un intento de avasallar al candidato de la oposición, Henrique Capriles, que ha denunciado con toda razón las malas artes del Gobierno y la injerencia descarada de Cuba en los asuntos internos de Venezuela. Se da por un hecho que La Habana jugó un papel importante en la negociación para la designación del sucesor de Chávez. Los Castro tenían una clara preferencia por Maduro, mucho más maleable que el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello.

 

A pesar de los rumores sobre supuestas desavenencias entre los “ideólogos” liderados por Maduro y los “militares nacionalistas” encabezados por Cabello, las dos facciones del oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) comparten el penoso lema que les sirve de programa electoral: “¡Chávez vive, la lucha sigue!”. Antes de existir, el chavismo se ha quedado momificado. No aparece por ningún lado un deseo de trascender la figura del caudillo con una propuesta democrática. Solo interesa rentabilizar su popularidad como sea para conservar el poder.

La muerte del caudillo

Mario Vargas Llosa

10 de marzo de 2013

 

PIEDRA DE TOQUE. No hay que dejarse impresionar demasiado por las muchedumbres llorosas que velan los restos de Hugo Chávez. Lo que ocurrirá a partir de ahora en Venezuela es totalmente incierto

 

El comandante Hugo Chávez Frías pertenecía a la robusta tradición de los caudillos, que, aunque más presente en América Latina que en otras partes, no deja de asomar por doquier, aun en democracias avanzadas, como Francia. Ella revela ese miedo a la libertad que es una herencia del mundo primitivo, anterior a la democracia y al individuo, cuando el hombre era masa todavía y prefería que un semidiós, al que cedía su capacidad de iniciativa y su libre albedrío, tomara todas las decisiones importantes sobre su vida. Cruce de superhombre y bufón, el caudillo hace y deshace a su antojo, inspirado por Dios o por una ideología en la que casi siempre se confunden el socialismo y el fascismo —dos formas de estatismo y colectivismo— y se comunica directamente con su pueblo, a través de la demagogia, la retórica y espectáculos multitudinarios y pasionales de entraña mágico-religiosa.

 

Su popularidad suele ser enorme, irracional, pero también efímera, y el balance de su gestión infaliblemente catastrófica. No hay que dejarse impresionar demasiado por las muchedumbres llorosas que velan los restos de Hugo Chávez; son las mismas que se estremecían de dolor y desamparo por la muerte de Perón, de Franco, de Stalin, de Trujillo, y las que mañana acompañarán al sepulcro a Fidel Castro. Los caudillos no dejan herederos y lo que ocurrirá a partir de ahora en Venezuela es totalmente incierto. Nadie, entre la gente de su entorno, y desde luego en ningún caso Nicolás Maduro, el discreto apparatchik al que designó su sucesor, está en condiciones de aglutinar y mantener unida a esa coalición de facciones, individuos e intereses encontrados que representan el chavismo, ni de mantener el entusiasmo y la fe que el difunto comandante despertaba con su torrencial energía entre las masas de Venezuela.

 

Pero una cosa sí es segura: ese híbrido ideológico que Hugo Chávez maquinó, llamado la revolución bolivariana o el socialismo del siglo XXI comenzó ya a descomponerse y desaparecerá más pronto o más tarde, derrotado por la realidad concreta, la de una Venezuela, el país potencialmente más rico del mundo, al que las políticas del caudillo dejan empobrecido, fracturado y enconado, con la inflación, la criminalidad y la corrupción más altas del continente, un déficit fiscal que araña el 18% del PIB y las instituciones —las empresas públicas, la justicia, la prensa, el poder electoral, las fuerzas armadas— semidestruidas por el autoritarismo, la intimidación y la obsecuencia.

 

La muerte de Chávez, además, pone un signo de interrogación sobre esa política de intervencionismo en el resto del continente latinoamericano al que, en un sueño megalómano característico de los caudillos, el comandante difunto se proponía volver socialista y bolivariano a golpes de chequera. ¿Seguirá ese fantástico dispendio de los petrodólares venezolanos que han hecho sobrevivir a Cuba con los cien mil barriles diarios que Chávez poco menos que regalaba a su mentor e ídolo Fidel Castro? ¿Y los subsidios y/o compras de deuda a 19 países, incluidos sus vasallos ideológicos como el boliviano Evo Morales, el nicaragüense Daniel Ortega, a las FARC colombianas y a los innumerables partidos, grupos y grupúsculos que a lo largo y ancho de América Latina pugnan por imponer la revolución marxista? El pueblo venezolano parecía aceptar este fantástico despilfarro contagiado por el optimismo de su caudillo; pero dudo que ni el más fanático de los chavistas crea ahora que Nicolás Maduro pueda llegar a ser el próximo Simón Bolívar. Ese sueño y sus subproductos, como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), que integran Bolivia, Cuba, Ecuador, Dominica, Nicaragua, San Vicente y las Granadinas y Antigua y Barbuda, bajo la dirección de Venezuela, son ya cadáveres insepultos.

 

En los catorce años que Chávez gobernó Venezuela, el barril de petróleo multiplicó unas siete veces su valor, lo que hizo de ese país, potencialmente, uno de los más prósperos del globo. Sin embargo, la reducción de la pobreza en ese período ha sido menor en él que, digamos, las de Chile y Perú en el mismo periodo. En tanto que la expropiación y nacionalización de más de un millar de empresas privadas, entre ellas de tres millones y medio de hectáreas de haciendas agrícolas y ganaderas, no desapareció a los odiados ricos sino creó, mediante el privilegio y los tráficos, una verdadera legión de nuevos ricos improductivos que, en vez de hacer progresar al país, han contribuido a hundirlo en el mercantilismo, el rentismo y todas las demás formas degradadas del capitalismo de Estado.

 

Chávez no estatizó toda la economía, a la manera de Cuba, y nunca acabó de cerrar todos los espacios para la disidencia y la crítica, aunque su política represiva contra la prensa independiente y los opositores los redujo a su mínima expresión. Su prontuario en lo que respecta a los atropellos contra los derechos humanos es enorme, como lo ha recordado con motivo de su fallecimiento una organización tan objetiva y respetable como Human Rights Watch. Es verdad que celebró varias consultas electorales y que, por lo menos algunas de ellas, como la última, las ganó limpiamente, si la limpieza de una consulta se mide sólo por el respeto a los votos emitidos, y no se tiene en cuenta el contexto político y social en que aquella se celebra, y en la que la desproporción de medios con que el gobierno y la oposición cuentan es tal que ésta corre de entrada con una desventaja descomunal.

 

Pero, en última instancia, que haya en Venezuela una oposición al chavismo que en la elección del año pasado casi obtuvo los seis millones y medio de votos es algo que se debe, más que a la tolerancia de Chávez, a la gallardía y la convicción de tantos venezolanos, que nunca se dejaron intimidar por la coerción y las presiones del régimen, y que, en estos catorce años, mantuvieron viva la lucidez y la vocación democrática, sin dejarse arrollar por la pasión gregaria y la abdicación del espíritu crítico que fomenta el caudillismo.

 

No sin tropiezos, esa oposición, en la que se hallan representadas todas las variantes ideológicas de la derecha a la izquierda democrática de Venezuela, está unida. Y tiene ahora una oportunidad extraordinaria para convencer al pueblo venezolano de que la verdadera salida para los enormes problemas que enfrenta no es perseverar en el error populista y revolucionario que encarnaba Chávez, sino en la opción democrática, es decir, en el único sistema que ha sido capaz de conciliar la libertad, la legalidad y el progreso, creando oportunidades para todos en un régimen de coexistencia y de paz.

 

Ni Chávez ni caudillo alguno son posibles sin un clima de escepticismo y de disgusto con la democracia como el que llegó a vivir Venezuela cuando, el 4 de febrero de 1992, el comandante Chávez intentó el golpe de Estado contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez, golpe que fue derrotado por un Ejército constitucionalista y que envió a Chávez a la cárcel de donde, dos años después, en un gesto irresponsable que costaría carísimo a su pueblo, el presidente Rafael Caldera lo sacó amnistiándolo. Esa democracia imperfecta, derrochadora y bastante corrompida había frustrado profundamente a los venezolanos, que, por eso, abrieron su corazón a los cantos de sirena del militar golpista, algo que ha ocurrido, por desgracia, muchas veces en América Latina.

 

Cuando el impacto emocional de su muerte se atenúe, la gran tarea de la alianza opositora que preside Henrique Capriles está en persuadir a ese pueblo de que la democracia futura de Venezuela se habrá sacudido de esas taras que la hundieron, y habrá aprovechado la lección para depurarse de los tráficos mercantilistas, el rentismo, los privilegios y los derroches que la debilitaron y volvieron tan impopular. Y que la democracia del futuro acabará con los abusos del poder, restableciendo la legalidad, restaurando la independencia del Poder Judicial que el chavismo aniquiló, acabando con esa burocracia política elefantiásica que ha llevado a la ruina a las empresas públicas, creando un clima estimulante para la creación de la riqueza en el que los empresarios y las empresas puedan trabajar y los inversores invertir, de modo que regresen a Venezuela los capitales que huyeron y la libertad vuelva a ser el santo y seña de la vida política, social y cultural del país del que hace dos siglos salieron tantos miles de hombres a derramar su sangre por la independencia de América Latina.

Maduro y el peso de la sombra

Gustavo Palomares Lerma

10 de marzo de 2013

 

Los sectores políticos y militares partidarios del continuismo ortodoxo marcan el paso al nuevo líder

 

Las multitudes que pasaron ante el catafalco de Chávez con sentimiento huérfano, pero también aquellas que se reunieron expectantes del deseado cambio -nuevamente frustrado-, comparten el vértigo ante la llegada de una nueva época para ese país en donde no cabe hablar de transición porque no existe un cambio de régimen político. Con la muerte del líder carismático, como parece claro por las exultantes manifestaciones de fidelidad al caudillo muerto, no se acaba el actual sistema político, pero el chavismo inicia una fase distinta y deberá refundarse sobre un nuevo liderazgo al que parece abocado Nicolás Maduro. Una complicada herencia que exigirá nuevos equilibrios, ajustes forzosos y consensos imprescindibles dentro y fuera del movimiento.

 

Es una paradoja que, en gran parte, el mantenimiento del chavismo como fuerza política y como sentimiento social contestatario en ese país, y en todo el continente, dependa de la capacidad de Maduro para esquivar primero y superar después, la permanente sombra de Chávez reflejada en su labor política fuera y, sobre todo, dentro del Partido Socialista Unido de Venezuela. Y especialmente para llevar a cabo ese difícil reto que supone mantener unida la “familia” bolivariana. En conclusión, cómo refundar el chavismo -desaparecido Chávez- con el peso que supone la comparación en cada paso, a la hora de superar las tentaciones en las que puede caer una parte de la chavista “comunidad” política, militar y de intereses para, aprovechando el totum revolutum, conseguir a toda costa una mejor posición o asegurar la actual.

 

Si miramos fuera del movimiento revolucionario bolivariano, los retos sucesorios con los que se enfrenta Maduro no son menos complejos, porque las decisiones que se adopten por parte del Gobierno desde este momento pueden apaciguar o acrecentar el nivel de enfrentamiento y crispación imperante en la sociedad venezolana. La primera ha supuesto un error político mayúsculo y una clara ilegalidad: dando por hecho que la Constitución está hecha a la medida del sistema de poder establecido, es claro que, según ese texto, la persona llamada a presidir el país hasta las nuevas elecciones era el presidente de la Asamblea, Diosdado Cabello, y no el propio vicepresidente.

 

Ha sido poco inteligente dar el paso de nombrar a Maduro como presidente en funciones -como presagiaba el canciller Elías Jaua- para, despreciando la posibilidad de “puentes” de dialogo, renunciar a la apertura de un período discreto en la búsqueda de consensos mínimos con la oposición hasta la celebración de las elecciones. Parece claro que los sectores políticos y militares más duros, partidarios del continuismo ortodoxo, marcan el paso al nuevo líder. Esta estrategia de gestos en las ceremonias post mortem, pero también de realidades, forzando a todos los poderes del Estado para realizar esta controvertida toma de posesión, han sido una primera prueba del desprecio absoluto por el entendimiento con los ajenos y, a la vez, una muestra de autoridad para los propios.

 

Sin embargo, el nuevo liderazgo como paso imprescindible de Maduro para mantenerse antes y, sobre todo, después de las próximas elecciones presidenciales no será a coste cero ni dentro de sus filas, ni tampoco en la labor de gobierno. Sería conveniente que el chavismo se reinventara en esta fase, tendiendo puentes de consenso y entendimiento a una oposición de tanto respaldo popular. Este nuevo escenario, más allá de las promesas vacías en la inminente campaña electoral, facilitaría al nuevo presidente llevar a cabo unas políticas gubernamentales de empleo, salud, educación, vivienda y, sobre todo, de seguridad -el problema más preocupante para los venezolanos- que tuvieran un amplio respaldo político con verdaderos avances sociales, por encima de las habituales palabras huecas.

 

Pero, sobre todo, esta apuesta por un nuevo liderazgo más positivo y pragmático -claramente distante cuando resuenan las palabras fuertes y agresivas en su toma de posesión- debería suponer pasos sucesivos hacia una política de reconciliación nacional para cerrar el enfrentamiento que ya se hace insoportable para todos los venezolanos.

 

Gustavo Palomares es catedrático europeo en la UNED, presidente del Instituto de Altos Estudios Europeos y formó parte de la misión electoral internacional en Venezuela.

Nido de víboras

Fernando Londoño Hoyos

9 de enero del 2013

 

Sí, queridos lectores: es de la famosa novela de François Mauriac de donde tomamos prestado el nombre de estas líneas. Porque viene como anillo al dedo a la opereta con fondo trágico que se representa en Venezuela.

 

No cabe duda de que el Comandante se la buscó. Pudo conseguir el consuelo de un final digno para su turbulenta carrera de mal militar y eficiente demagogo. Prefirió llevar al extremo su pasión narcisista por el mando, ceder ante sus odios y aspirar a la pompa mundana de una apoteosis que lo semejara a Bolívar. Pero se va a quedar con los dolores del prócer, sin un ápice de su grandeza.

 

Lo que hay en torno suyo, esa carrera por los restos de la piñata que va a romperse, es lo que tiene merecido su memoria. Los que conspiran en silencio para alzarse con trozos del poder tienen comprometida su conciencia y justos temores por el examen de su conducta. Porque saben que se robaron a Venezuela, que la condenaron a cien años de abandono y que ha llegado la hora de que respondan ante la Historia.

 

Ese país perdió, porque se la robaron, la mayor bonanza que ha tocado a las puertas de cualquier nación latinoamericana. Tres millones de barriles de petróleo a cien dólares, para simplificar cuentas, montan trescientos millones de dólares diarios, más de cien mil millones de dólares por año. De lo que no hay ni especies náufragas.

 

Después de 14 años de producir semejante fortuna, a Venezuela no le ha quedado nada. Y eso era lo que tapaba Chávez con su agresividad de “rufián de barrio” y sus maromas de populachero de tercera categoría. Se va con el mérito de no haber permitido que esa pregunta se la hicieran en serio, con lo que se economizó el costo de una respuesta imposible.

 

Venezuela no tiene un camino, ni un puerto, ni una fábrica, ni un colegio ni un hospital para mostrar como resultado de esa danza millonaria. En cambio, arruinó lo que tenía de industria y lo que producía de comida. Y se gastó hasta el último barril de petróleo, dejando la pesada carga de una deuda que tardará muchos años en pagar. Nada de eso es enteramente atribuible a la improvisación y a la ineptitud de un régimen comandado por un sujeto clamorosamente incompetente. Descontado ese fardo, surge patente que a Venezuela se la robaron y las víboras sobrevivientes no quieren enfrentarse a la gran cuestión que alguien, algún día, les propondrá a nombre de ese adolorido país: ¿dónde están mis reales?

 

Los aspirantes a mandar saben todo lo que tienen que ocultar. Y saben que no podrán hacerlo si el poder se les escapa. Un poder judicial digno, una opinión independiente, una Fiscalía decorosa y todo volará en átomos. Lo que no es permisible ni aceptable. Las víboras se lanzarán implacables contra cualquiera que pretenda penetrar en su nido de maldades. La cuestión es de supervivencia, que genera solidaridades feroces, y odios y recelos incontenibles. Chávez era el mago que lo tapaba todo. Muerto Chávez, como está muerto, cada uno se preocupa por lo suyo y lo defenderá a dentelladas.

 

Los hermanos Castro serán los primeros. Esa cifra que fluctúa entre cinco y diez mil millones de dólares por año, regalo del locato de Caracas, explica que Cuba no haya tenido que rendirse. Y queda lo que Chávez regaló a Nicaragua y comprometió en Bolivia, en Ecuador y en Argentina. Y lo que se alzó la boliburguesía, esa mezcla de militares corruptos y civiles arribistas que mandan y roban en Venezuela.

 

Faltaría el balance del narcotráfico para medio completar las cuentas. Esas que nadie se atreve a pedir y que todos temen que un pueblo enfurecido llegue a demandar. No se puede robar tanto, tan impunemente. A Chávez le llegó su hora. Sus cómplices temen que la suya también. Y eso explica la opereta y la furia de las víboras.

Yoani Sánchez habla con la VOA

de Chávez, Cuba y la web

9 de marzo de 2013

 

La bloguera cubana, de visita en España, señala que la muerte de Hugo Chávez era una noticia que se esperaba desde hace tiempo.

 

La creadora del blog ‘Generación Y’, Yoani Sánchez, visitó Burgos para participar del tercer Congreso Iberoamericano sobre Redes Sociales, iRedes, y allí conversó sobre sus peripecias para enviar mensajes, ‘surfear’ la web y exponer las condiciones de la isla con una internet que solo llega al tres por ciento de los usuarios locales.

 

Esta es la entrevista que concedió a Juan Moreno Romero de la Voz de América, junto a otros periodistas.

 

Periodista: ¿Cómo piensa que va a afectar a Cuba la muerte Hugo Chávez?

 

Yoani Sánchez: La muerte de Hugo Chávez era una noticia que se esperaba desde hace tiempo. Los cubanos están divididos entre dos sensaciones. La gente sabe del amplísimo subsidio que viene de Venezuela, y que soporta al régimen y a la economía familiar. La gente asocia eso a corte eléctricos colapso de transportes... desabastecimiento. Se piensa en un nuevo período especial y esto preocupa.


Pero por otro lado hay una sensación de que cuando el gobierno cubano se dé de bruces con el hecho de que ya no hay subsidio, puede ser que se abran económicamente. Que flexibilicen, permitan mayores licencias por cuenta propia, la inversión extranjera, quizás incluso permitan a los exiliados invertir. Hay una sensación de que esto puede ser una variable que catalice el cambio, ese es el dilema nacional ahora mismo.

 
Por otra parte pienso que un sistema tan personalista, hecho a la imagen y semejanza de un hombre no puede sobrevivir a su muerte. Se puede demorar un poco más, puede haber intentos de utilizar todo este luto en aras de hacer crecer la efervescencia revolucionaria, pero un sistema personalista no puede sobrevivir sin su cabeza. Pienso que terminará.

Periodista: Después de 10 años sale y se reencuentra con el exterior, ¿cómo ha encontrado a América Latina y a Europa?


Yoani Sánchez: En los países en los que he estado, en Brasil por ejemplo, me impresionó mucho el sentido de prosperidad. Amén de todos los problemas, de las luces y de las sombras, había una sensación de que el futuro va a ser mejor. Eso me gustó porque en Cuba llevamos décadas pensando que el mañana puede ser más sombrío, hay una sensación de zozobra con el futuro. En el caso de la Vieja Europa, yo la he encontrado muy joven.

 
Periodista: En su blog ha dicho lo que más le ha llamado la atención es que nadie le prohíbe cosas. Ahora que lleva unos días viajando ¿cómo lo está viviendo?

 
Yoani Sánchez: Más que un viaje espacial es un viaje en el tiempo, no es un viaje tanto de kilómetros como de años. Como decía en mi blog, Generación Y, es un poco esa sensación de esperar a que alguien venga a regañarte. En Cuba es común que siempre algo esté prohibido, alguien aparece y te dice que no puedes hacer fotos, por aquí no puedes caminar, o no puedes hacer eso.


Periodista: ¿Pueden las redes sociales contribuir a que haya cambios políticos en Cuba como lo han hecho en otros países?

 
Yoani Sánchez: Pienso que sí, pero quizás no en la medida en que sucedió en África del Norte. Allí había un contacto mucho mayor con la tecnología. En Cuba eso no sería posible porque estamos todavía a un nivel muy embrionario. Aunque el gobierno diga que un veinte por ciento de la gente está conectada a Internet, lo cierto es que la conectividad es del tres por ciento. Pero sin lugar a dudas, aunque no sea al nivel de otras naciones va a incidir, va a ayudar a catalizar ciertos procesos democratizadores.

 
Periodista: ¿Cómo considera el papel que usted está jugando? Es muy conocida a nivel internacional, pero no en tu propio país.

 
Yoani Sánchez: Mi objetivo al escribir mi blog no es la fama, la fama es un efecto colateral. Las personas que me conocen de cerca saben que soy una persona con mucha tendencia al intimismo, que la fama son los clavos de mi cruz.


Cuando ando por las calles hay mucha gente que me conoce, pero el hecho de que se me conozca más fuera de Cuba, es un símbolo del monopolio informativo. Un monopolio que se está rompiendo porque la propia información que sale al exterior rebota al interior a través de exiliados o emigrantes que llaman por teléfono y mandan mensajes de texto.

 
Periodista: El régimen ha usado su salida para demostrar que la nueva ley migratoria funciona, ¿se siente utilizada?

 
Yoani Sánchez: Están trabajando con herramientas muy del siglo XX, creen que pueden controlar determinadas acciones, pero no es así porque no manejan los métodos modernos. En Brasil, la embajada cubana estuvo intentando generar un rechazo hacia mí, y el resultado final fue una enorme solidaridad, y una amplificación de la visita.

 
Si me dejaron salir para dar esa impresión, tienen que saber que voy a hablar frente a los micrófonos todo lo que pienso, por lo tanto el coste político va a ser alto. Esto no solo ocurre conmigo, sino también con muchos otros disidentes políticos que están saliendo.

 
Periodista: ¿En Cuba tiene contactos con la Sección de Intereses, les facilitan material? Una de las acusaciones que les hacen es que son agentes dobles.

 
Yoani Sánchez: Desde que yo era niña, se ha intentado afiliar a toda persona que va en contra de la propaganda oficial con EE.UU.


No tengo más contacto con la oficina de intereses que las cuatro veces que he ido a solicitar cuatro visas. La primera vez me encontré con Omara Portuondo, la segunda con Pablo Milanés y la tercera con el secretario personal de Mariela Castro. ¿No les preguntan a ellos si tienen relaciones con la oficina?

 
Si el gobierno cubano tiene algún problema en que interactúe con la población, lo mejor sería no darles permisos para estar en Cuba. Por cierto, hace dos semanas Raúl Castro recibió a dos senadores estadounidenses y nadie la ha acusado de nada. En general no hay un sentimiento antiamericano en la gente, la propaganda oficial es otra cosa. Muchos cubanos llegan a fin de mes por las remesas que mandan sus parientes de La Florida.

 
Periodista: ¿Ha leído la entrevista a Ángel Carromero en elWashington Post? Asegura que en el siniestro en el que murieron Oswaldo Payá y Harold Cepero les embistió un automóvil por detrás.

 
Yoani Sánchez: Los cubanos hemos esperado meses por respuestas sobre lo que ocurrió ese 22 de julio. No solamente la familia y el sector opositor, también los cubanos en general y la opinión pública internacional.

 
Ahora empiezan a salir los retazos, las partes del relato. He leído esas declaraciones y me parece que se abre una gran pregunta: si se va a llevar a cabo una investigación independiente. Al no haber separación de poderes, todo lo que tiene que ver con los tribunales está íntimamente ligado a la política, a la ideología.

 
Periodista: ¿Usted se siente segura?, ¿se está sintiendo segura durante este viaje?

 
Yoani Sánchez: Cuando uno vive bajo un totalitarismo que puede destruirte así (
chasquea los dedos), yo creo que lo mejor es no dejarse paralizar. Yo intento despertarme cada mañana y hacer lo que hago. Cuando me despedí de mi familia yo les dije: no se preocupen, me voy en paz. Quiero vivir 160 años pero si termina mañana mismo, he hecho lo que quería.

 
Periodista: Hay unas declaraciones suyas en las que critica la política estadounidense sobre el embargo que han causado cierto revuelo.

 
Yoani Sánchez: Mi posición sobre el embargo es sobre todo la conciencia de que el gobierno lo utiliza como una cortina de humo para tapar los grandes temas nacionales. En el conflicto cubano el David es el pueblo y el Goliat es el gobierno.


Pero la propaganda quiere hacernos creer que el Goliat es Estados Unidos, creando la sensación de plaza sitiada en la que como dijo Loyola, disentir es traicionar. Este es el principal motivo por el que estoy en contra del embargo, porque se utiliza como argumento.

 
Periodista: Antes ha dicho que en Venezuela la situación va a cambiar porque un régimen personalista no puede trascender a la muerte de su líder ¿Esto también se le puede aplicar a Cuba?

 
Yoani Sánchez: Sí, pero en Cuba el epicentro, la persona ha cambiado. Ahora todo gira en torno a Raúl. Miguel Díaz-Canel no tiene poder real. Puede acabar siendo un gran reformista, quién sabe, pero por el momento parece una persona de continuidad. Yo creo que el sistema no va a sobrevivir, pero no vamos a tener un día del cambio, sino que un día vamos a mirar atrás y vamos a decir: ¡Uff!, cambió.


Participaron en esta entrevista, Juan Moreno Romero de la Voz de América, Belén de Juan de ‘Muy Interesante’ e Ignacio Uría de ‘Nuestro Tiempo’.

Nicolás, a ti nadie te eligió presidente, chico

8 de marzo de 2013

 

La oposición venezolana considera que la jura del vicepresidente de a dedo Nicolás Maduro, como presidente sucesor del fallecido Hugo Chávez, prevista para esta anoche, es un fraude. “Esto que se va a dar ahora es una juramentación fraudulenta, no hay en Venezuela ninguna forma de alcanzar la presidencia de la República por una sentencia o por decreto, a la presidencia se llega por vía popular”, afirmó después del funeral y antes de la toma de posesión el líder de la oposición, Henrique Capriles Radonski, en una comparecencia.

 

Capriles incluso arremetió contra Maduro, tuteándole: “Nicolás, a ti nadie te eligió presidente, chico. El pueblo nunca votó por ti”. “Con todo respeto, el Gobierno cubano no va a mandar en Venezuela”, dijo el gobernador de Miranda. “Esa juramentación que se va a hacer ahora, en las condiciones que la están planteando esa es una juramentación espuria completamente”, prosiguió.

El Tribunal Supremo permite

a Maduro una toma de posesión a su medida

Ewald Scharfenberg

8 de marzo de 2013

 

El tribunal permite que no haya debate y que la fecha de las elecciones quede en el aire

 

Justo antes de iniciarse los funerales de Estado del fallecido comandante Hugo Chávez, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) de Venezuela emitió en una sentencia a la medida de los deseos del oficialismo para que el vicepresidente Nicolás Maduro reemplace de inmediato al mandatario desaparecido y ejerza de candidato presidencial al mismo tiempo.

 

Aunque con ello haga rechinar a la Constitución venezolana, vigente desde 1999, la Sala Constitucional del máximo tribunal de la República decidió en una ponencia conjunta que, ante la falta del presidente, “el Vicepresidente Ejecutivo deviene Presidente Encargado y cesa en el ejercicio de su cargo anterior” y “ejerce todas las atribuciones constitucionales y legales como Jefe del Estado, Jefe de Gobierno y Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana”.

 

Apenas horas después de la muerte del líder revolucionario, el pasado martes 5, diversos voceros del Gobierno, entre ellos los ministros de Relaciones Exteriores y de Comunicación e Información, expresaron como un hecho consumado que el vicepresidente Maduro, a quien el propio Chávez señaló el 8 de diciembre como su sucesor en su última alocución pública, quedaría a cargo de la primera magistratura.

 

Fuera de una discusión jurídica, la maniobra tiene un claro propósito político. Colocar a Maduro en la presidencia ayuda a consolidar su liderazgo, aún en discusión entre las facciones y grupos de base del oficialismo, y además le permite usar sin escrúpulos los recursos del Estado en la prevista campaña electoral.

 

Para su fallo, el tribunal se basó en su propia decisión del pasado 9 de enero, que permitía esperar a que Chávez, como presidente reelecto en los comicios del 7 de octubre de 2012, se recuperara para jurar su nuevo mandato del periodo 2013-2019. La sentencia además ratificaba en sus cargos a las autoridades en funciones del Ejecutivo en ese momento, bajo la tesis de la “continuidad administrativa”.

 

Se haya tomado en connivencia previa con el Gobierno, o si busca acomodarse a posteriori a los deseos expresos del régimen, lo cierto es que la decisión no se limita a permitir la designación de Maduro como presidente encargado. Además –contraviniendo lo dispuesto en la Ley de Procesos Electorales- autoriza a Maduro a presentarse como candidato, sin separarse de su cargo, para unos comicios que, también señala el documento, deben convocarse “verificada la falta absoluta”.

 

La sentencia, como para subrayar la adhesión del tribunal al proceso revolucionario, no pierde la oportunidad para saludar la figura de Hugo Chávez, “de la relevancia, influencia e importancia de la figura, mensaje, ideario y participación (…) en la vida del país, así como de su huella en los aspectos sociales, económicos, políticos y culturales de la nación, a partir de una nueva Constitución que refunda la República”.

 

Aún sin esperar el pronunciamiento del Tribunal Supremo, la noche anterior el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, ex teniente del Ejército y dirigente del oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), convocaba a una sesión extraordinaria del Parlamento donde se jurará al ahora Presidente Encargado, Nicolás Maduro. En una determinación sin precedentes en la historia legislativa del país, Cabello también anunció que el acto se realizará el viernes en la noche local en el Patio de Honor de la Academia Militar de Venezuela, donde permanece en Capilla Ardiente el cadáver del comandante Chávez. Finalmente, el acto se celebrará en la Asamblea Nacional.

 

Los diputados de la oposición agrupados en torno a la Mesa de Unidad (MUD) anunciaron que no asistirán a la sesión. El boicot busca protestar que el orden de la velada –impuesto por la directiva del Parlamento, cuyos miembros militan en el PSUV- incluye solamente el acto de juramentación y no prevea el debate. Asismismo, se interpreta como una renuencia pasiva a convalidar un acto de dudosa legalidad. El gesto fue criticado, sin embargo, por muchos opositores en las redes sociales, que estimaron que se desperdició una oportunidad para mostrar opiniones disidentes. El partido Copei, sin embargo, sí asistirá.

 

Ahora falta el pronunciamiento del Consejo Nacional Electoral, que debe convocar a elecciones, aceptar las postulaciones y organizar el proceso. Los 30 días de plazo estipulados por la Constitución desde la muerte del presidente lucen insuficientes tanto para la campaña política como para la propia logística del evento, para el que aparecen inscritos algo más de 17 millones de ciudadanos que conforman el padrón electoral. La decisión emitida hoy por el Tribunal Supremo no es terminante al respecto, lo que hace pensar que los comicios se celebrarán en una fecha posterior al 8 de abril, cuando se completan los a los 30 días contados desde la declaración de la falta absoluta de Chávez y la juramentación de Maduro como presidente encargado.

Fraude constitucional

8 de marzo de 2013

 

Aunque la Carta Magna señala que no podrá ser elegido presidente “quien esté de ejercicio del cargo de Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, Ministro o Ministra, Gobernador o Gobernadora y Alcalde o Alcaldesa, en el día de su postulación o en cualquier momento entre esta fecha y la de la elección”, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) de Venezuela facultó a Nicolás Maduro ser candidato presidencial sin dejar el cargo de presidente encargado.

 

La sentencia del TSJ (...) es un fraude constitucional y así lo denunciamos al mundo”, escribió el líder opositor venezolano Henrique Capriles en su cuenta en la red social Twitter.

 

La exmagistrada del Tribunal Supremo de Justicia, Blanca Rosa Mármol, dijo en una entrevista telefónica a la AP que la decisión emitida por el máximo tribunal es como un “manual de instrucciones para lo que tienen que hacer, a fin de que el que era vicepresidente pueda ser electo presidente de la República, y con ello sigamos pues los designios de los hermanos Castro”.

El presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad,

junto a Nicolás Maduro, en Caracas.

 

La situación de los derechos de las mujeres bajo el régimen teocrático iraní, regido por el líder supremo Ayatollah Sayed Ali Khamenei y el presidente Mahmoud Ahmadineyad preocupa a organizaciones internacionales y a grupos feministas y defensores de derechos humanos en general.

Hugo Chávez insultando

Capriles toma dos

Raúl Rivero

8 de marzo de 2013

 

Si Henrique Capriles puso en jaque al original, es el único que puede vencer a la copia.

 

Las elecciones presidenciales de octubre de 2012, que ganó Hugo Chávez con el 55% de los votos y 10 puntos por encima de su contendiente Henrique Capriles, fue una batalla desigual en la que el candidato oficial dispuso de todos los recursos del Estado, una mayoría de medios a su servicio y la historia de 14 años de regalías y demagogia populista. Los comicios anunciados ahora después de la muerte del presidente, con Nicolás Maduro en la boleta chavista, tampoco serán un campo de rosas para la oposición. Van a ser más duros.

 

El hombre designado por Chávez va a la campaña con el mismo apoyo material que su jefe. Tiene, además, el respaldo de la figura santificada y celestial del líder carismático que exhortó al país, en una cadena de radio y televisión, a que si moría y se convocaban elecciones, como ha sucedido, eligieran a Maduro. "Yo se lo pido de corazón", dijo.

 

Los herederos del estruendoso dirigente han conseguido, en medio de refriegas acalladas por las solemnidades del velorio y la consternación de millones de venezolanos, ponerse de acuerdo, por el momento, para darle continuidad al proyecto chavista.

 

Esa cohesión pública es un factor importante frente a las urnas, como lo será el respaldo de los camaradas del socialismo del siglo XXI desde sus calculadoras, y de arribistas, indolentes y mudos de la región y de otras partes del mundo.

 

Henrique Capriles, el actual gobernador del estado de Miranda, debe ser de nuevo el candidato de la opositora Mesa de Unidad Democrática. Consiguió 6.800.000 votos frente a Chávez, pero su alianza se deshizo después de la derrota. Su figura y su programa perdieron vigencia y su masa de votantes se sintió frustrada. Él, en aquellas elecciones realizó la proeza de crear ilusiones democráticas en su país y le trasmitió a Chávez una corriente de incertidumbres y dudas. Si puso en jaque al original es el único que puede vencer a la copia.

 

El abogado de Caracas tiene una buena sintonía con las bases y es un experto en pelear con desventaja. Necesita paciencia para reconstruir su alianza y voluntad para volver a la calle con su discurso integrador y plural. Y, por encima de todo, talento y transparencia para actuar como una persona decente y un demócrata real en una atmósfera diseñada por farsantes que rezan por la paz de rodillas en las esteras de los tanques.

Habemus Sanctus

Rebeca Montero

8 de marzo de 2013

 

La ignorancia es el campo preferido por los hagiógrafos

 

Aunque Karl Marx haya escrito (y haya sido multicitado fuera de contexto) que “la religión es el opio de los pueblos”, tal parece que los hagiógrafos revolucionarios, a falta de una Tierra que sea “el Paraíso/ Imperio de la Humanidad” [1], se han visto necesitados de construir un Panteón Utópico, de dioses socialistas quienes, al ser venerados, facilitarán el paso por este Valle de Lágrimas capitalista hasta lograr la Redención de los sempiternos Humildes. [2]

 

Luego del desastroso desembarco del Granma, Fidel Castro aglutinó a doce supervivientes para dar inicio a la lucha guerrillera. Eran doce, como los apóstoles, y si hubiera habido de menos o de más, se hubiera tenido que borrar. Entró a La Habana en enero de 1959, con treinta y tres años, la misma edad que tenía Jesús al morir, recibió las palmas del pueblo y circuló la famosa portada de la revista Bohemia, con Fidel ajesusado y, al pie, las palabras: “¡Gloria al Héroe Nacional!” Así comienza su culto, marcado por la infalibilidad (“si Fidel supiera esto… pero todo se lo esconden”), sobrevivió a cientos de atentados contra su persona, como Daniel resistió y amansó a los leones, se restauró el feudo en que nació como lugar sagrado de la Patria, culminación de peregrinajes. Se convirtió en esencia forestal, de tierra del caiguarán y una poción mágica, bendita, lo hizo invencible: “Fidel, Fidel, ¿qué tiene Fidel/ Que los americanos no pueden con él?”. Los devotos revolucionarios bajaron de sus paredes los cuadros del Sagrado Corazón y colocaron su imagen.

 

El tema no es nuevo. A la muerte de Lenin, se embalsamó y colocó su restaurable cuerpo en un monumento, en la Plaza Roja, a pesar de que él quería estar al lado de su madre. A Stalin, el Padrecito Stalin también, pero duró solo hasta el XX Congreso del PCUS, cuando lo enterraron en el Kremlin, donde siguen sus devotos colocando flores. Los “hermanos del Este” siguieron la moda y ¡qué decir de la variante asiática! El delirio perpetuo que rodea a Mao, a Kim Il Sung, a Ho Chi Minh.

 

La ignorancia es el campo preferido por los hagiógrafos. Ante la miseria que se erige sobre tierras bendecidas por la abundancia de recursos, miseria que no se puede eliminar a causa de la ineficacia, la corrupción, la politiquería, el nepotismo, el clientelismo, el asistencialismo, la dilapidación de riquezas, la educación acotada, la mentira repetida, queda sólo un camino: el de la fe esperanzadora.

 

Hugo Rafael Chávez Frías ha muerto. Su cadáver —presumiblemente embalsamado por Massimo Signoracci, quien ha poco estuvo en periplo caribeño y sudamericano— será expuesto por dos semanas para que el pueblo lo vea, lo sueñe, le rece. Dicen que luego descansará en un Mausoleo y no en el patio de su abuela, como quería. Es ya héroe de la Patria y mártir de la Revolución Bolivariana porque falleció por exceso de trabajo dedicado a su pueblo o por las malas mañas del Imperio o de la Derecha (no se sabe aún). El cáncer que lo aquejó no fue cáncer, solo fue otro disfraz del Maligno. Nicolás Maduro es el discípulo designado, la piedra sobre la que se erigirá su iglesia.

 

Habemus Sanctus.


Chávez aseguró en 2009 que exhibir

un cadáver insepulto demuestra descomposición moral

Chávez afirma que embalsamar es inmoral

El oscurantismo como consagración política

Manuel Castro Rodríguez

8 de marzo de 2013

 

Hugo Rafael Chávez Frías (Sabaneta, 28 de julio de 1954 - Caracas, 5 de marzo de 2013) será la quinta momia entre los políticos del mundo, dado que el vicepresidente de a dedo Nicolás Maduro anunció ayer jueves 7 de marzo que sus restos serán embalsamados y exhibidos en el Museo de la Revolución en Caracas de manera indefinida. Antes de partir por última vez a Cuba en diciembre pasado, Chávez anunció su decisión de designar a Maduro como posible sucesor en caso de una eventualidad.

 

Se ha decidido preparar el cuerpo del comandante presidente (Chávez), embalsamarlo, para que quede abierto permanentemente en el Museo de la Revolución”, anunció Maduro ante medios estatales.

 

Quedará el cuerpo de nuestro comandante en jefe embalsamado en el Museo de la Revolución de manera especial para que pueda estar en una urna de cristal para que el pueblo pueda tenerlo allí por siempre. ¡Por siempre!”, exclamó el vicepresidente de a dedo en medio de los aplausos de los seguidores de Chávez.

 

El Museo de la Revolución es el cuartel desde donde Chávez dirigió un fracasado golpe de Estado el 4 de febrero de 1992 contra el presidente constitucional Carlos Andrés Pérez –el cual recibió la solidaridad de su entonces amigo Fidel Castro, quien repudió la intentona golpista. Ese fracaso militar de Chávez lo dio a conocer ante la opinión pública venezolana.

 

Maduro aseguró que el cuerpo de Chávez será exhibido de manera indefinida como sucede con los dictadores comunistas de China, Mao Tse Tung, y de la extinta Unión Soviética, Vladimir Ilich Lenin, que todavía tienen seguidores en América Latina, entre ellos los terroristas de Sendero Luminoso.

 

De igual manera, el vicepresidente de a dedo destacó que las exequias de Chávez se extenderán al menos siete días para que más personas tengan la oportunidad de ver sus restos del líder bolivariano. “El comandante Chávez va a estar en posibilidad de ser visto por lo menos siete días más por parte del pueblo de Venezuela para que todo el pueblo lo pueda ver”, expresó Maduro, quien aseguró que la mejor prueba del amor del mundo hacia Chávez lo muestra el hecho de que hasta 55 jefes de Estado y cancilleres asistirán a su funeral.

 

Estas declaraciones de Maduro se hicieron horas después de que el ministro de Información, Ernesto Villegas, asegurara que más de dos millones asisten a las exequias de Chávez, pero que la gran afluencia de gente haría imposible que todos lo vean directamente.

 

Se ha desbordado el pueblo venezolano, más de dos millones de personas se han movilizado a lo largo y ancho del territorio nacional, en el día de ayer y en esta jornada, y nosotros seríamos unos irresponsables si a estas alturas mantuviéramos la ilusión de que todos podrán darle un saludo directo al comandante Chávez”, expresó el ministro.

 

Además de la cantidad de gente, otro inconveniente es el tedioso trámite para ingresar al Salón de Honor. Los visitantes deben quitar las baterías de sus teléfonos celulares y personal de seguridad verifica que esto se cumpla estrictamente, ya que no está permitido que se tomen fotografías.

 

También deben vaciar mochilas, bolsos, carteras y bolsillos: las pertenencias deben quedar a la vista. A la lista de objetos prohibidos para entrar se suman armas, botellas, paraguas, banderas y palos. Todas estas cosas deben dejarse a un costado, en un espacio dispuesto en la entrada.

 

Desde el momento de su muerte oficial el oficialismo ha debatido el lugar donde deberían ser inhumados sus restos, luego de que varios dirigentes propusieran que fuesen depositados junto a los de Simón Bolívar, lo cual sería otra afrenta más a la memoria del Libertador.

 

El oscurantismo como consagración política fue muy utilizado por Chávez, tal parece que sus herederos van a llevarlo a su máxima expresión, ahora con la momificación, que no forma parte de la cultura latinoamericana. Hasta ahora cuatro políticos han sido momificados: Lenin, Mao, Ho Chi Minh y Kim II Sung, los cuales tenían varias cosas en común: nacieron en la parte oriental de nuestro planeta, fueron dictadores comunistas que provocaron decenas de miles de muertes, murieron en el siglo pasado y fueron momificados en contra de lo que habían declarado que deseaban para cuando murieran.

 

Solo con un pueblo culto es posible enfrentar esa conducta retrograda, pues como nos dice José Martí (1853-1895): “La ignorancia mata a los pueblos”.

 

Los pueblos ignorantes son más fáciles de manipular y subyugar, como señaló Henry Peter Brougham (1779-1868): “La educación hace a la gente fácil de dirigir pero difícil de manipular, fácil de gobernar pero imposible de esclavizar”.

 

El Evangelio según San Juan 8, 31-42, contiene una expresión de gran sabiduría: “La verdad os hará libres”. Y la verdad solo puede alcanzarse mediante la educación, pero no se confunda esta con el adoctrinamiento que realiza el docente cubano en Cuba y Venezuela.

 

Cuando hablo de educación me refiero a la que se realizaba en las escuelas cubanas antes que los hermanos Castro se adueñaran de ellas; en las instituciones educativas cubanas se defendía la libertad de pensamiento y se estimulaba el pensamiento crítico.

 

Es una lástima que el vídeo que les muestro a continuación tenga tantos errores ortográficos y gramaticales, ya que recoge varias citas de pensadores que reflejan una gran realidad.

El último caudillo

Alma Guillermoprieto

8 de marzo de 2013

 

La cuestión es saber si tendrá algún coste la dependencia de Venezuela ante el embrujo de Chávez

 

Durante los 13 años, 10 meses y seis días que se pavoneó por las pantallas de televisión de todo el mundo, entre su primera toma de posesión como presidente de Venezuela y su desaparición del escenario público el pasado mes de diciembre, nunca se supo exactamente qué pensar de Hugo Chávez, que murió el martes a los 58 años. Bailó, rió, parloteó, amenazó, cantó, bravuconeó, alardeó, y ahora el comandante, que en realidad era teniente coronel, ha dejado un gran hueco. En sus años en el poder, nunca faltaba tema de conversación en una cena o una fiesta venezolana: siempre estaba Chávez, y solo Chávez, como objeto de lamentaciones, elogios, burlas o ruegos. Él era el único problema y la única solución a todos los problemas. En su ambición infinita y desatada —la ambición del gordo que se ensancha en el ascensor para ocupar más espacio—, él lo era Todo.

 

Fueron infinitas las contradicciones de Chávez, a quien nunca le gustaron los derramamientos de sangre, ni la suya ni la de otros: abortó un breve y torpe golpe de Estado que armó en 1992 contra un presidente elegido democráticamente y, en el mismo momento de reconocer la derrota, comenzó su propia campaña electoral. “Por ahora... no logramos controlar el poder”, declaró ante los micrófonos de los periodistas durante su detención (¿y quién fue el bobo que permitió que hiciera una afirmación tan desafiante un preso al que estaban a punto de someter a un consejo de guerra?). La actitud descarada e impenitente de Chávez cautivó a los venezolanos. Tras salir de la cárcel, ganó las elecciones presidenciales de 1998 con toda comodidad.

 

Todos estos años después, sigue siendo difícil saber si su mandato fue una dictablanda o no. A pesar de sus diatribas antiimperialistas, el petróleo venezolano no dejó de llegar ni un solo día a los puertos de Estados Unidos. A pesar de sus sermones socialistas, su país siguió firmemente arraigado en el capitalismo.

 

El misterio de Chávez: se encontró con un país asolado por la corrupción y el mal gobierno y, sobre todo, la caída de los precios internacionales del crudo, que es casi lo único que exporta Venezuela al mundo. Durante sus años en el poder, el petróleo —que representa el 30% del PIB, y es un sector en el que el país se encuentra entre los 10 primeros productores mundiales— pasó de nueve dólares el barril a casi 150; en la actualidad, se mantiene en torno a 100 dólares el barril. Pese a lo que representa semejante ingreso para un país pequeño (Venezuela tiene una población estable de más o menos 30 millones de habitantes), el chavismo se caracterizó por una serie de desastres —los más notables, en vivienda, infraestructuras, agricultura, electricidad, distribución de alimentos y seguridad pública—, y la producción de petróleo se redujo, gracias a unos niveles notables de mala gestión. Y, sin embargo, Chávez ganó fácilmente sus cuartas elecciones el pasado octubre, cuando ya le habían operado de cáncer tres veces y era difícil no darse cuenta de que se estaba muriendo, por más que se negara a ofrecer ninguna información sobre el avance de la enfermedad que iba a acabar con su vida.

 

Se preocupaba por la gente. Desafió el racismo venezolano y se saltó las barreras de clase. Él, que provenía de un entorno paupérrimo, llevó importantes mejoras en sanidad, educación y asistencia pública a los barrios en los que viven los pobres. Era desafiante. Era machista. Según el expresidente Jimmy Carter y otros observadores imparciales, redujo de forma espectacular la pobreza. Insultaba a Estados Unidos sin cesar y luego salía corriendo como un escolar travieso, entre risas. Vivía encantado consigo mismo. Pero otros gobernantes con virtudes y logros parecidos no han conseguido ser Chávez, y se han retirado de su cargo entre la indiferencia del público, o han acabado expulsados por muchedumbres que les hubieran querido hacer pedazos. Y hoy se puede decir sin temor a equivocarse que Chávez, ya fallecido y a punto de tener un funeral digno de un santo, influirá en la política y las relaciones sociales de su país desde esotra parte de la ribera durante años, tal vez decenios, como el líder latinoamericano al que más se parecía, el argentino Juan Domingo Perón. O, mejor dicho, como Perón y su mujer, Evita, porque su complicada personalidad y su forma de morir hacen que se parezca a ambos.

 

No fue el primer presidente que tuvo fracasos, ni el primero que siguió siendo popular a pesar de esos fracasos. Pero lo que inquietó a tantos observadores fue esa popularidad tan peronista: la pasión con la que gritaban su nombre en inmensas concentraciones públicas, el odio que agitaba en sus seguidores cuando denunciaba a los imperialistas, los tiburones, los que querían asesinar a Venezuela, los traidores, los inmundos cobardes que se atrevían a discrepar de él. Y ahora vemos el llanto desesperado de millones de venezolanos, que temen haber perdido no a un presidente, un político ni un gran líder, sino a un padre, un salvador, un protector del huérfano que vive asustado dentro de todos nosotros.

 

Es posible que, al intentar evaluar el asombroso mandato de Hugo Chávez, lo que debamos preguntarnos es esto: si el pueblo al que ha dejado solo cayó en una especie de fe y dependencia infantil bajo su embrujo, y qué coste puede tener esa regresión. Tal vez es una situación que crean aquellos gobernantes a los que llamamos caudillos —jefazos de mano fuerte que gobiernan a fuerza de personalidad—. Quizá Hugo Chávez Frías fue el mayor de todos ellos. “No hay chavismo sin Chávez”, proclamaba una y otra vez. ¿Quién va a enjugar ahora las lágrimas de Venezuela?

 

 

 

Tema del mártir y el héroe

Alejandro Armengol

7 de marzo de 2013

 

La práctica de una idolatría que no llega a mucho, ni en política ni en economía

 

Héroe nacional y latinoamericano, caudillo místico, mártir casi santo. Todo ello trató de abarcar Hugo Chávez. Todo lo logró en cierto momento. Todo lo dejó a medias. ¿Cuál de sus facetas prevalecerá cuando pase el tiempo? ¿Esa enorme popularidad persistirá a lo largo de los años?

 

La primera respuesta son esas imágenes de los miles de venezolanos que el miércoles acompañaron a su ataúd, en un recorrido de más de cinco kilómetros —desde el Hospital Militar hasta la Academia Militar— que se volvió interminable al convertirse en un trayecto que avanzaba lentamente por las calles y avenidas de la capital venezolana, en lo que parecía un enorme río rojo —una imagen vulgar aunque adecuada para describir una marea de ciudadanos, casi todos de origen humilde, monocordes en sus palabras y desembarazados en sus emociones.

 

Expresiones de dolor y respeto que vale la pena considerar, tomar en cuenta en su valor instantáneo, pero que no aseguran permanencia. Porque un gobernante es más que eso, y su popularidad puede ser un dato importante, sin que por ello garantice un legado.

 

Así que al final la pregunta debe ser una sola: ¿fue Chávez algo más que una idea, un proyecto, para juzgarlo generosamente, o simplemente un mal pasajero? En los dos casos la respuesta depende de factores diversos, considerados como positivos o negativos de acuerdo a cada cual, pero en ambos siempre hay una impronta personal, más que una huella definitiva.

 

Ante todo, despejar los aspectos fundamentales de la circunstancia política actual. A partir del momento en que Chávez anunció, el 8 de diciembre del pasado año, que le habían reaparecido células cancerígenas, y que regresaba a Cuba para ser sometido a una cuarta intervención quirúrgica, se puso en marcha una operación de propaganda destinada a convertir el padecimiento del mandatario en factor fundamental para garantizar el poschavismo. En primer lugar a través de la idolatría, la superstición y el fanatismo. En segundo, e igualmente importante, mediante declaraciones formuladas por el vicepresidente Nicolás Maduro —sucesor designado por el propio Chávez—, que fueron desde enfatizar que el gobernante había descuidado su salud por ayudar a los pobres hasta hablar, pocas horas antes del anuncio de la muerte de éste, de un supuesto complot que habría provocado la enfermedad del presidente, y en el que estarían implicados dos consejeros militares de la embajada estadounidense en Caracas, los que fueron expulsados del país.

 

Está por verse si la jugada de Maduro le servirá para ganar la presidencia. Es probable. Convertir su elección en un compromiso del pueblo venezolano con el mandatario muerto no es una mala táctica para llegar al poder, si se tiene en cuenta el estado de fanatismo, incertidumbre y temor que reina en el país. Pero en cualquier caso sería un triunfo momentáneo y una carta irrepetible. Queda por ver hasta donde persistirá esa imagen de Chávez, convertido en santo laico, que lo dio todo por los pobres.

 

Hacer coincidir al mártir y al héroe es el empeño actual del poschavismo, por una sencilla razón. Cuando pasen las muestras de dolor y la pérdida se convierta en resignación para los más fieles seguidores de Chávez, saldrá a relucir con fuerza que los objetivos del caudillo se cumplieron a medias, que el militar ganó elecciones pero no logró transformar al país y que el ideal bolivariano que impulsó cada día es más débil. Es posible entonces que la enfermedad se convierta no en el obstáculo que impidió a Chávez lograr sus objetivos, tanto en Venezuela como en Latinoamérica, sino en el instrumento para su definición mejor: de guerrero a mártir. Será entonces una figura más cercana a Eva Perón que al admirado Simón Bolívar, aunque mantendrá su estatus de referente obligado para los pobres, objeto de culto, veneración y recuerdo: ¡Si Chávez viviera! Por lo demás, puede ser que en un futuro se convierta en ese algo de que están hechos los sueños, para los pobres que seguirán existiendo, pero de poca sustancia para la historia y la política.

 

Ello en buena medida es debido a que siempre a su plan y a su actuación le faltaron consistencia y profundidad. Fue más espectáculo que acción.

 

Hugo Chávez tituló pomposamente “socialismo del siglo XXI” a esa amalgama con la cual intentó acuñar su sistema de gobierno e ideología. Ahora queda claro que más correctamente sería llamarla “del siglo V o XV”. Igual apelación a la fe, o mejor al fanatismo, para justificar un mandato terrenal mediante una invocación divina. Durante sus tres últimos meses de vida se asistió a diario al desfile fotográfico de fieles seguidores del chavismo, llorando y aferrados a un muñequito con la imagen del caudillo. El oscurantismo como consagración política a través de la ignorancia. Al igual que vuelve a ocurrir ahora en las calles de Caracas, muchas escenas no resultaban dramáticas sino patéticas.

 

Si algún legado deja Chávez a sus seguidores es la práctica de una idolatría que no llega a mucho y es incapaz de acciones decisivas para lograr una verdadera transformación en Venezuela y Latinoamérica.

 

Chávez, que siempre se creyó el continuador de Simón Bolívar y el heredero de Fidel Castro —hasta en enfermarse—, terminó siendo la versión masculina de Evita. Mucha fanfarria y poca esencia. Migajas a los pobres y delirios de grandeza. Un carisma que obedeció a circunstancias políticas e históricas, y gestos altisonantes.

 

Al igual que con Evita, un cáncer se interpuso en una carrera política marcada por baños de multitudes.

 

Representó la versión actualizada del caudillo. Fue el mandamás, alguien que recibía los reclamos, las súplicas, las peticiones simples y absurdas; una persona caprichosa y volátil, despiadada e injusta: un ser humano que actuaba con la omnipotencia de un dios, que aunque no deja tras sí centenares de cadáveres ni miles de torturados, tampoco nunca se detuvo a la hora de ser dictatorial, e incluso amenazar de muerte a un periodista extranjero cuando le resultaba incómodo, para citar solo un ejemplo. Aspiraba a convertirse en mito, a continuar cercano y presente en Latinoamérica con un mandato hasta 2030, año en el que se cumplen 200 años de la muerte de Simón Bolívar. Terminó falleciendo el mismo día que Josef Stalin 60 años antes.

 

Ahora el chavismo más elemental y populachero presiona para que se entierre a Chávez junto a Bolívar. Es probable que así sea, pero no lo merece. Durante todo el tiempo de su mandato, el fallecido mandatario venezolano se esforzó por convertirse en paradigma y heredero del “Libertador”, pero lo único que demostró fue ser un estorbo, en la mayoría de los casos.

 

Si, como nos advirtió Isaiah Berlin, la revolución rusa apartó violentamente a la sociedad occidental de lo que, hasta entonces, parecía a casi todos los observadores un camino bastante ordenado, y le impuso un movimiento irregular, seguido de un impresionante desplome, los populismos latinoamericanos no han servido más que para dilatar o impedir el avance económico y social. Al amparo de la imperfección y el fracaso neoliberal en la región, ha prosperado una práctica que se limita a medidas que prometen distribuir hoy el pan, para terminar mañana aumentando la miseria e impidiendo la puesta en marcha de un plan efectivo de reformas.

 

Chávez resultó nefasto no sólo para Venezuela sino también para Cuba, y su intromisión y petrodólares han servido para retrasar cualquier intento de “reformas” en la Isla. Quizá tras un tiempo continúe siendo mártir para algunos, pero héroe solo para pocos.

 

 

 

Un amanecer distinto para Venezuela

Enrique Krauze

7 de marzo de 2013

 

Tras el fallecimiento de Hugo Chávez, su país deberá encontrar, tarde o temprano, cauces de concordia. En este nuevo despertar, una fuerza latente deberá tener un protagonismo especial: los estudiantes

 

“Si un hombre fuese necesario para sostener el Estado,este Estado no debería existir, y al fin no existiría”.
Simón Bolívar,
20 de enero de 1830

 

Tenía una concepción binaria del mundo. Veía el mundo dividido entre amigos y enemigos, entre chavistas y “pitiyanquis”, entre patriotas y traidores. En libros y ensayos reconocí su vocación social. Creo que la democracia latinoamericana no podrá consolidarse sin Gobiernos que, junto al ejercicio de las libertades y el avance de la legalidad, busquen formas efectivas y pertinentes de apoyar a los pobres y marginados, a los que no han tenido voz y apenas voto. Pero una cosa es la vocación social y otra es la forma en que se practica esa vocación. Obsedido por una anacrónica admiración del modelo cubano (y por la ciega veneración de su caudillo eterno, a quien muchas veces llamó “padre”), Hugo Chávez desquició las instituciones públicas venezolanas, desvirtuó y corrompió a la compañía estatal PDVSA y protagonizó lo que quizá sea el mayor despilfarro de riqueza pública en toda la historia latinoamericana. Pero siendo tan graves sus errores económicos, palidecen frente a las llagas políticas y morales que infligió a su país.

 

Chávez no solo concentró el poder: Chávez confundió —o, mejor dicho, fundió— su biografía personal con la historia venezolana. Ninguna democracia prospera ahí donde un hombre supuestamente “necesario”, imprescindible, único y providencial, reclama para sí la propiedad privada de los recursos públicos, de las instituciones públicas, del discurso público, de la verdad pública. El pueblo que tolera o aplaude esa delegación absoluta de poder en una persona, abdica de su libertad y se condena a sí mismo a la adolescencia cívica, porque esa delegación supone la renuncia a la responsabilidad sobre el destino propio.

 

El daño mayor es la discordia dentro de la familia venezolana. Nada me entristeció más en mis visitas a Caracas (nada, ni siquiera la escalada del crimen o el visible deterioro de la ciudad) que el odio inducido desde el micrófono del poder contra el amplio sector de la población que disentía de ese poder. El odio de los discursos, de las pancartas, de los puños cerrados; el odio de los arrogantes voceros del régimen en programas de radio y televisión. El odio de las redes sociales plagadas de insultos, calumnias, mentiras, teorías conspiratorias, descalificaciones, prejuicios. El odio del fanatismo ideológico y del rencor social. El odio cerrado a la razón e impermeable a la tolerancia. Esa es la llaga histórica que deja el chavismo. ¿Cuánto tardará en sanar? ¿Sanará alguna vez? Es un verdadero milagro que Venezuela no haya desembocado en la violencia partidista y política.

 

Desde hace unas semanas, al agudizarse la enfermedad de Chávez, anticipé su inmediata y tumultuosa santificación. Así ocurrió con Evita Perón en Argentina, pero dada la tradición caudillista de Venezuela, la sacralización de su figura será más honda y permanente. Hugo Chávez ha logrado la inmortalidad que soñó siempre. En el alma de muchos de sus compatriotas (y de no pocos simpatizantes en América Latina) compartirá las glorias del Libertador. Hasta el comandante Fidel Castro podría sentirse desplazado, víctima de un suave pero implacable parricidio.

 

¿Qué ocurrirá ahora, tras su muerte? Toda conjetura es riesgosa y todo puede pasar, hasta la división interna entre el ala ideológica y militar del chavismo o el triunfo de la oposición. Con todo, es probable que el sentimiento de pesar, aunado a la gratitud que un amplio sector de la población siente por Chávez, faciliten el triunfo de un candidato oficial en unas eventuales elecciones. A ello contribuirán también los órganos electorales, fiscales, judiciales y —en parte— los legislativos, que seguirán en manos del chavismo. Su retrato, su silla vacía, su imagen retransmitida interminablemente, acompañarán por un tiempo al nuevo presidente. Pero todos los duelos tienen un fin. Y en ese momento todos los venezolanos, chavistas y no chavistas, deberán enfrentar la gravísima realidad económica.

 

Los indicadores de alarma son del dominio público. El déficit fiscal es del 20% del PIB, unos 70.000 millones de dólares. El tipo de cambio oficial de poco más de 6 bolívares por dólar, se triplica en el mercado negro. La inflación, por varios años, ha sido la más alta de la región. El desabasto (originado por el desmantelamiento de la planta productiva, el éxodo de la clase media profesional y la crónica falta de inversión) se ha convertido casi en una tradición venezolana. Hay una aguda carestía de divisas. ¿Cómo explicar que un país que en la era de Chávez ha percibido más de 800.000 millones de dólares por ingresos petroleros presente cuentas tan alarmantes?

 

Buena parte de la explicación está en el petróleo. En 1998 Venezuela producía 3,3 millones de barriles diarios y exportaba (y cobraba) 2,7 millones de barriles diarios. Ahora la producción se ha desplomado a 2,4 millones de barriles diarios, de los que solo cobra 900.000 (los que vende a Estados Unidos, el odiado imperio). El resto que no se cobra se divide así: 800.000 van al consumo interno, prácticamente gratuito (y que provoca un jugoso negocio de exportación ilegal); 300.000 se destinan a pagar créditos y productos adquiridos en China; 100.000 se restan por importación de gasolina; y 300.000 van a países del Caribe que pagan (si es que pagan) con descuentos y plazos amplísimos; o simbólicamente, como Cuba, que paga sus 100.000 barriles con el envío de personal médico, educativo, y policial (y se beneficia del petróleo venezolano al extremo de reexportarlo).

 

Un presidente chavista deberá enfrentar esta realidad y encarar al público. Pero ese mandatario ya no será Chávez, el hipnótico Chávez, Chávez el taumaturgo, el líder que lo explicaba todo, lo justificaba todo, lo amortiguaba todo. La gente reaccionará a esas situaciones con indignación: culpará a los chavistas de no estar a la altura de su legado, dirá “Chávez no lo habría permitido”, “Chávez lo habría resuelto”. Llegado ese punto, el propio régimen chavista podría persuadirse de la necesidad de un diálogo conciliatorio que ahora parece utópico. Y ahí podría abrirse una oportunidad tangible para la oposición.

 

Después de largos años de inconsistencias, omisiones y errores, la oposición venezolana ha estado unida, eligió a un líder inteligente y valeroso (Henrique Capriles) y tuvo un buen desempeño en las elecciones: recabó casi siete millones de votos. Durante la agonía de Chávez, sin dejar de alzar la voz de protesta, la oposición mostró una notable prudencia que debe refrendar en estos días de duelo y crispación. Si la oposición —que ha esperado tanto— conserva la cohesión y la presencia de ánimo, podría avanzar en las siguientes elecciones (legislativas, regionales, presidenciales) y recuperar las posiciones que ha perdido. En ese despertar, una fuerza latente deberá despertar también: los estudiantes. Tuvieron un papel clave en el referéndum de 2007 (que impidió la conversión abierta de Venezuela al modelo cubano) y quizá lo tengan una vez más ahora.

 

Si bien nadie puede descartar los escenarios de violencia, no los preveo. Por el contrario: creo que con el fallecimiento del gran caudillo mesiánico (“redentor”, lo llamó abiertamente el propio Maduro) Venezuela deberá encontrar, tarde o temprano, cauces de concordia: si en los tres lustros de Chávez la violencia verbal no se desbordó en violencia física, es razonable esperar que no estalle ahora. Y el cambio podría ser contagioso: Cuba, la Meca del redentorismo histórico, el único estado totalitario de América, podría reformarse también como Rusia y China lo hicieron en su momento. Toda la región podrá oscilar entonces entre extremos políticos no radicales: regímenes de izquierda socialdemócrata, y Gobiernos de economía más abierta y liberal. Y para que el tránsito sea menos accidentado, Estados Unidos haría bien en dar señales inéditas de sensatez, levantando por fin el embargo a Cuba y cerrando definitivamente las cárceles de Guantánamo.

 

El siglo XIX latinoamericano fue el del caudillismo militarista. El siglo XX sufrió el redentorismo iluminado. Ambos siglos padecieron a los hombres “necesarios”. Tal vez en el siglo XXI despunte un amanecer distinto, un amanecer plenamente democrático.

 

 

 

El gobierno cubano ante la muerte de Hugo Chávez

Ni carnaval ni terremoto: simplemente “realpolitik”

Eugenio Yáñez

7 de marzo de 2013

 

Con la muerte de Hugo Chávez se comenzaron a repetir en Miami y en mucha prensa internacional una serie de lugares comunes que no conducen a más nada que a la depresión y el fracaso: uno de los más recurridos, que en La Habana están muy nerviosos.

 

Una de las escenas más lamentables en la noche del martes mostraba en la televisión en español en Miami a venezolanos bebiendo, con arepas, música y cantos, repitiendo continuamente ante las cámaras que no se alegraban por la muerte de un ser humano sino por la oportunidad que se abría para Venezuela. Esa última expresión la repitieron también algunos políticos del sur de La Florida. Con lo cual unos y otros mostraban, simultáneamente, hipocresía en las declaraciones y despiste político.

 

Innumerables veces se ha repetido, refiriéndose a Hugo Chávez y sus sucesores, que el liderazgo y el carisma no se heredan, lo cual es absolutamente cierto. Sin embargo, derivar de esa premisa el fracaso garantizado de los sucesores es la perfección del sofisma: ¿quién dice que sin liderazgo y carisma no se puede gobernar un país controlando los principales mecanismos del poder? ¿Por qué no le preguntan a Raúl Castro?

 

Lo más grave para los sucesores de Chávez no será carecer de liderazgo o carisma, sino carecer de dinero en las arcas del gobierno para continuar financiando el clientelismo político y las medidas populistas. Y si bien la situación económica venezolana no es la misma de algunos años atrás, y puede empeorar mucho más, hay que preguntarse si realmente las arcas del chavismo están tan vacías como se dice. Pretender analizar la Venezuela chavista como un país normal y abierto, como se ha querido hacer con Cuba, solamente lleva a confusión y enredo.

 

La misma cantinela sobre carisma y liderazgo se repetía acerca de Cuba en 2006, cuando era evidente que la salud de Fidel Castro se deterioraba y Raúl Castro, aceleradamente, resucitaba el secretariado del partido comunista cubano y afinaba un conjunto de medidas para garantizar la sucesión. A partir del 31 de julio de ese año, cuando se anunció la enfermedad del Comandante y su alejamiento del poder “con carácter provisional”, se repitió hasta el aburrimiento lo que ya se venía diciendo, y se especuló con la imposibilidad de que el general pudiera mantener el timón de la nave sin grandes cataclismos.

 

Sin embargo, en estos momentos, Raúl Castro, sin el liderazgo ni el carisma de su hermano mayor, llevaba ya seis años, siete meses y siete días en el poder absoluto (entre la etapa provisional y la oficial), sin dar muestras de que el control se le esté escapando de las manos, sino todo lo contrario.

 

Ahora hay muchos que se preguntan qué estará pasando por la mente de los dirigentes cubanos en ocasión de la muerte de Chávez. Lo que esté pasando exactamente es imposible saberlo, pero lo que es seguro es que eso no los sorprendió, porque muchas variantes posibles ya estaban analizadas desde mucho antes.

 

Nos pasamos el tiempo diciendo que los militares gobiernan en Cuba y controlan la economía cubana, lo cual es completamente cierto, pero después de decirlo consideramos que esos militares piensan y razonan como civiles tomando café en Hialeah o parejas de enamorados bebiendo cerveza en Varadero.

 

Lo que menos gusta a los militares de cualquier país del mundo son las sorpresas: un militar sorprendido es un militar derrotado. Por eso viven continuamente “apreciando la situación” y analizando los escenarios posibles para cada contexto, así como las variantes de decisiones para cada caso.

 

Con la salud de Hugo Chávez ha sido exactamente así: nadie conocía mejor que los gobernantes cubanos la naturaleza exacta de la salud del aliado bolivariano y los pronósticos sobre su enfermedad. Sin embargo, el eventual candidato opositor en unas elecciones que podrían celebrarse muy pronto, andaba por New York en viaje privado, visitando a su hermana: como ciudadano privado está en todo su derecho, pero como líder político podría pensarse si estaba en el lugar equivocado. Y mientras él viajaba, los militares cubanos y sus aliados en Caracas estaban listos para enfrentar y anunciar la muerte de Chávez en el momento que se produjera, y para ganar las próximas elecciones.

 

Dije, e insisto, “en el momento en que se produjera” la muerte, porque han comenzado a circular rumores en el imaginario popular que señalan que Chávez habría muerto mucho antes, o que nunca habría llegado al Hospital Militar en Caracas porque seguía en La Habana, o que lo volvieron a llevar para Cuba, y muchas cosas más. Aun si eso pudiera probarse, ¿cómo cambiaría la situación para las elecciones? Demostrar que el gobierno venezolano no fue transparente o mintió no hará que los chavistas de a pie dejen de votar por el candidato del oficialismo, quienquiera que sea.

 

Lo interesante es que mientras muchos se desgastan queriendo investigar sobre esos temas, haciendo declaraciones altisonantes, o razonando escolásticamente sobre las disposiciones sucesorias en la constitución venezolana, sin entender cómo funciona el poder, que no es exactamente como dicen las leyes, los herederos del chavismo ya habían comenzado desde mucho antes, asesorados por La Habana, a afianzar el proceso de endiosamiento del enfermo para aprovechar ampliamente la enorme ventaja emocional que tales situaciones generan. Y a engrasar y mover los mecanismos para aplastar a la oposición en las elecciones que deberán realizarse dentro de muy poco, donde todas las ventajas y las herramientas ocultas están a favor del chavismo, y donde no tiene sentido dudar que se producirá una aplastante “victoria popular”. Para lograr esa victoria, los siete días de duelo, que ya están corriendo, son decisivos. Y el resultado electoral tendrá, además, el aplauso de América Latina y el Caribe y la legitimación de los organismos internacionales.

 

Sin embargo, con estas realidades por delante, hay quienes en Venezuela y en el exterior, Miami incluido, siguen hablando de las desavenencias entre “el autobusero” Nicolás Maduro y “el tenientico” Diosdado Cabello, dando por seguro el descalabro del bloque bolivariano en muy poco tiempo, debido a las discrepancias entre chavistas.

 

Una vez más, dulce e inútil historia. ¿Serán las discrepancias Maduro-Cabello más fuertes, antiguas o profundas, que las de Raúl Castro y Ramiro Valdés en Cuba? Y ya hemos visto como se resolvieron esos problemas cuando, tras la enfermedad de Fidel Castro, se podía poner en peligro el poder si ellos se desgastaban en luchas intestinas, por lo que se lograron rápidamente los acomodos necesarios para que no se produjeran fracturas comprometedoras.

 

Además, en el caso de Venezuela, son militares chavistas los que están ubicados en las principales posiciones de mando y control de tropas y en los servicios de seguridad, que es donde resulta fundamental estar para controlar los aparatos armados y el poder.

 

Finalmente, el tema del petróleo se menciona continuamente para hablar del futuro de las relaciones con el Gobierno cubano. Digámoslo claramente: aun en el muy poco probable escenario de que la oposición ganara las elecciones presidenciales, no le sería posible cortar de golpe los suministros petroleros hacia Cuba. Un gobierno opositor que surgiera de esas elecciones tendría que lidiar con la realidad de alrededor de cuarenta mil “cooperantes” cubanos en todo el país, muchos de los cuales han pasado el servicio militar, saben manejar las armas, y como es costumbre en las misiones de colaboración cubana en el exterior, tienen su organización militar para situaciones de emergencia. Un eventual gobierno opositor en Venezuela no puede arriesgarse a choques de ese tipo.

 

Maduro responde a La Habana, tanto como Cabello y todo el grupo duro de los chavistas, no por solidaridad abstracta, sino por necesidad: el principal mecanismo de sostén de los chavistas es el régimen cubano, con sus efectivas combinaciones de misiones sociales de gran arraigo popular en el país (salud, educación, deportes, cultura), sus eficientes servicios de inteligencia y contrainteligencia, sus mecanismos de propaganda, educación y “orientación revolucionaria”, su know-how dictatorial, sus asesores militares, y sus colaboradores-asesores en las más altas esferas del gobierno.

 

Mientras haya recursos y condiciones políticas, el flujo petrolero de Venezuela hacia Cuba no amainará. Y si la crisis económica forzara a reducir los suministros subsidiados de hidrocarburos, hay muchos receptores de Petrocaribe a quienes comenzar a limitar antes de propinar recortes demoledores a La Habana. Si de todas formas hubiera que cortar, sería con tiempo suficiente para que Raúl Castro recomponga sus esquemas petroleros, lo que, por otra parte, viene haciendo desde que se conoció de la enfermedad de Hugo Chávez, e incluso antes, para no depender de un único suministrador.

 

Los sucesores de Chávez no podrán mantener el mismo ritmo vertiginoso de la chequera bolivariana en el ALBA y tantos otros proyectos alocados creados por el ahora difunto líder, muchos de los cuales beneficiaban al Gobierno cubano. Se podrán ver recortes y limitaciones en los convenios y la ayuda hacia Cuba, pero eso no significa que se hagan de manera traumática ni que sucederá como cuando el desmerengamiento de la Unión Soviética: no tiene sentido para los chavistas debilitar a quienes les aseguran el poder.

 

De manera que para el Gobierno cubano, la muerte de Hugo Chávez supone determinados ajustes, maniobras y selección de prioridades y opciones, pero no representa ni un carnaval ni un terremoto: simplemente, algo previsto en las alternativas de la realpolitik.

 

Naturalmente, todos los proyectos sucesores anteriormente mencionados podrían fallar si en Venezuela surgiera una situación de ingobernabilidad que pusiera en peligro los mismos cimientos del poder chavista y sus protectores cubanos. Pero eso, sin un liderazgo opositor efectivo —que en estos momentos no parece capaz ni siquiera de organizarse y ponerse de acuerdo para definir una estrategia— queda en el campo de las quimeras.

 

Así que algunos seguirán bailando, cantando y bebiendo, celebrando una supuesta oportunidad, y diciendo que lo hacen sin alegrarse de la muerte de un ser humano.

 

Por su parte, quienes controlan el poder en Cuba y Venezuela seguirán ocupados en cosas mucho más importantes para ellos.

El comandante en el ataúd

Maye Primera

7 de marzo de 2013

 

El Hugo Chávez del ataúd no se parece al de la última imagen pública de su convalecencia. Luce diez años más joven, como si nunca hubiese sido tocado por la enfermedad que el martes 5 de marzo, a las 16.25 de la tarde y a casi dos años del diagnóstico, provocó su muerte en el hospital militar de Caracas. Le han sido devueltos sus labios carnosos, de cuando besaba a las señoras que ahora se asoman para verle a través del cristal del féretro a medio abrir. Los pómulos, afilados, ya no acusan la tirantez y la inflamación de los últimos meses de tratamiento médico, de los esteroides. Su rostro embalsamado tiene la piel morena, mate, sin brillo, pero con la expresión serena de todos los difuntos: parece dormido.

 

Chávez se lleva a la tumba todas sus insignias militares. La boina roja del cuerpo de paracaidistas del Ejército que utilizó el 4 de febrero de 1992 cuando, siendo teniente coronel, comandó un fallido golpe de Estado contra el Gobierno de Carlos Andrés Pérez. Las charreteras adornadas con dos palmas doradas y una estrella, diseñadas especialmente para él hace tres años, cuando su Gobierno reformó la ley para otorgarle al presidente el grado militar de comandante en jefe. Cruzándole el pecho, la banda roja de la milicia, quinto componente de la Fuerza Armada desde la enmienda a la Constitución de 2011, un cuerpo heterogéneo de combatientes que atendía a sus órdenes directas. Las divisas y condecoraciones que en la tradición de los funerales militares suelen colocarse sobre la urna, en un cojín, para que los familiares las conserven, se las llevará también puestas en su uniforme de gala, verde olivo, con camisa blanca y corbata negra: dos palmas doradas en las solapas, sobre fondo de fieltro rojo, y sobre el lado izquierdo del pecho, las alas de paracaidista mayor.

 

El ataúd de Chávez estaba en el centro del salón de honor Simón Bolívar de la Academia Militar, custodiado por dos parejas de oficiales, una cruz dorada y cuatro cirios blancos. Allí ha estado hasta este viernes, expuesto a las miradas de sus dolientes —soldados, niños, hombres, mujeres del pueblo— que desde la tarde del miércoles formaron filas de varios kilómetros en los alrededores del velatorio y avanzaron en lenta procesión, de cuatro, diez, doce horas, para ver por última vez a este Hugo Chávez apacible y rejuvenecido.

 

En las sillas del lado izquierdo del salón estaban algunos ministros y diputados del Partido Socialista Unido de Venezuela, y en las primeras filas, la familia de Chávez: sus dos hijas mayores, María Gabriela y Rosa Virginia, cuatro de sus cinco hermanos y su madre, doña Elena Frías, que dejó la sala a la medianoche del miércoles, escoltada por sus hijos. A esa hora, en el patio interno de la academia se formó una fila paralela de oficiales y funcionarios para asomarse al féretro. El general Wilmer Barrientos, jefe del Comando Estratégico Operacional que servía de bisagra entre las tropas y Chávez, se detuvo a saludar a cada soldado. “¿Cuándo llegaste? ¿De dónde vienes?”. Y a darles este mensaje: “No me fallen. Ustedes deben ser soldados estadistas, no porque deban estudiar de estadística, sino porque deben conocer el Estado venezolano. Deben estudiar economía, política, como siempre les decía Chávez, para que esta revolución sea socialista y bolivariana”, les decía el general.

 

En la mañana de este jueves, las filas de gente para ver los restos de Chávez alcanzaban los barrios más cercanos al Fuerte Tiuna, donde está ubicada la Academia Militar. “De aquí no me voy hasta que pueda verlo”, decía Andrés Socorro, 35 años, profesor de historia para liceístas. Los que esperaban tanteaban las impresiones de quienes ya lo habían visto. “¿Cómo te fue? Cuéntame, ¿cómo quedó?”. “Quedó bello”, respondió Berta Pérez, ama de casa, 46 años, robusta, militante, dueña de una pena profunda, que encontró algo de alivio cuando contempló medio segundo al Hugo Chávez del ataúd.

El legado de Chávez

José Ignacio Torreblanca

7 de marzo de 2013

 

El peor escenario sería aquel en el que la falta de cohesión del chavismo convenciera a sus herederos de que solo el enfrentamiento político y social garantiza su supervivencia

 

Sería deseable que el extremismo de Chávez hubiera dejado a la mayoría de los venezolanos agotados y deseando volver a la normalidad. En ese escenario, sin duda el más favorable, nos encontraríamos con que el chavismo sin Chávez no solo sería inviable sino que, con algo de ayuda por parte de una oposición dispuesta a tender la mano, se abriera un futuro con espacios comunes. Aquí, la economía, necesitada de políticas más sensatas que las que impuso Chávez, y el contexto internacional y regional, muy propicio a abrir espacios de liderazgo a países emergentes cooperativos y con recursos, serían favorables.

 

En el extremo opuesto, el peor escenario sería aquel en el que la falta de cohesión y debilidad del chavismo convenciera a sus herederos de que solo un alto grado de enfrentamiento político y social les garantiza la supervivencia en la Venezuela poschavista. A largo plazo, sin embargo, la polarización y el conflicto civil serían el peor enemigo de su legado.

 

En realidad, la consolidación del legado social de Chávez no solo no es imposible, sino como ha demostrado el régimen en numerosas ocasiones, factible electoralmente. Cierto que debido a las coacciones a la oposición y a los medios de comunicación, así como por la evidente falta de neutralidad del aparato estatal, las elecciones chavistas no han sido todo lo libres y limpias que pudiera haberse deseado. Aun así, es indudable que el chavismo cuenta con un enorme potencial de legitimación electoral. Al parecer, en Venezuela, la memoria de la desigualdad y de la exclusión, junto con los beneficios de la igualación y la movilidad social, siguen siendo lo suficientemente fuertes para conceder a la izquierda poschavista una alta probabilidad de ocupar el poder democráticamente.

 

Como descubrieron las izquierdas europeas en su momento, la tan denostada democracia liberal concede a los partidos de izquierdas una ventaja estratégica nada desdeñable pues siempre que los pobres sean más numerosos que los ricos, los votos podrán llevarles al poder más rápido que las piedras o las balas. Por eso, lo mejor que le podría pasar al chavismo es encontrar un líder que fuera capaz de sustituir la verborrea caudillista y mesiánica de Chávez por un programa de reformas que tuviera como objetivo garantizar la supervivencia del legado social de Chávez. ¿Es Nicolás Maduro ese líder? Parece que no, pero todo depende de los incentivos y presiones externas a los que esté sometido.

 

Si sobre el legado venezolano de Chávez pende, hoy por hoy, un gran interrogante, sobre su legado internacional las cosas están más claras. Aquí el fracaso de Chávez ha sido completo. En el mundo de ahí fuera hay una gran competición por el poder y la legitimidad entre los países emergidos (seguir llamándolos emergentes solo refleja desidia mental) y los países del viejo Occidente. Aquí es donde el Chávez que tan bien supo leer el potencial de apoyo popular a su liderazgo se equivocó por completo pues en el mundo de hoy un líder con petróleo y una política exterior bien armada puede conseguir prácticamente todo lo que se proponga.

 

Pero Chávez despilfarró el petróleo y el discurso a partes iguales con unas aperturas diplomáticas a Irán, Osetia del Sur, Siria, Libia o Bielorrusia que nunca consiguió capitalizar, ni siquiera con Rusia o China. Esas aperturas hubieran debido convertir a Venezuela en la punta de lanza latinoamericana del revisionismo anti-liberal que capitanean China y Rusia. Pero el caso es que ni Moscú ni Pekín vieron nunca en Chávez nada más que una simpática anécdota. Mientras tanto, fue Brasil el que se colocó como pivote de los BRIC en la región y se convirtió en el principal elemento de proyección internacional de Latinoamérica. Se pongan como se pongan los chavistas, el liderazgo del legado en torno a la pobreza, la igualdad y la democracia en el continente latinoamericano lo tienen Lula da Silva y Dilma Rouseff, no Hugo Chávez y Raúl Castro.

 

En lugar de pensar en grande, Chávez pensó en pequeño y optó por concentrar todas sus energías en salvar al régimen cubano de su fracaso. Dicho apoyo era comprensible en el contexto venezolano y latinoamericano, donde la causa cubana suele gozar en la izquierda de una simpatía exactamente simétrica a los sarpullidos que genera Estados Unidos. Por razones ideológicas, incluso por el puro cinismo de hacer populismo apoyando a los Castro, se entendía que Venezuela subsidiara a Cuba y la apoyara diplomáticamente. Pero en un momento dado las tornas se invirtieron y Cuba, que iba a ser salvada por Chávez, se convirtió con los asesores de sus servicios secretos y sus médicos tanto en el soporte de la seguridad física del régimen como del propio Chávez. Al final, la cola cubana acabó moviendo al perro bolivariano.

Escenarios para una Venezuela sin Chávez

Rogelio Núñez

7 de marzo de 2013

 

¿Podrá la oposición poner fin a 14 años de chavismo ahora que no está Chávez? ¿Se mantendrá unido el chavismo una vez desaparecido el líder carismático?

 

 La muerte de Hugo Chávez deja más incógnitas que certidumbres en Venezuela. Esto es así sobre todo por las características intrínsecas del régimen chavista: los modelos populistas giran en torno a un liderazgo carismático y se caracterizan por anteponer el personalismo a las instituciones.

 

Flavia Freidenberg, directora del Instituto de Iberoamérica y Portugal de la Universidad de Salamanca, en su estudio, ya clásico “La tentación populista” destaca que “el populismo (es) como un estilo de liderazgo, que se caracteriza por la relación directa, personalista y paternalista entre líder-seguidor, en la que el líder no reconoce mediaciones organizativas o institucionales, habla en nombre del pueblo y potencia discursivamente la oposición de éste con “los otros”; donde los seguidores están convencidos de las cualidades extraordinarias del líder y creen que gracias a ellas y/o al intercambio clientelar que tienen con él (tanto material como simbólico) conseguirán mejorar su situación personal o la de su entorno”.

 

Y todo eso era precisamente lo que encarnaba y llevaba a cabo el propio Chávez y el chavismo. Por eso, su vacío no es solo de liderazgo político pues en torno a él giraban y se movían las instituciones del régimen.

 

Época de dificultades sin un líder carismático

 

El heredero de Chávez, sea Nicolás Maduro o Diosdado Cabello, debe afronta una delicadísima situación económica caracterizada por la alta inflación de en torno al 20%, fuertes déficits y riesgo de estancamiento.

 

Las primeras medidas, la devaluación, ya se han tomado pero queda ahora por afrontar las propias consecuencias de esa devaluación así como una política de recortes del gasto público.

 

Hacerlo cuando al frente del gobierno hay un hombre del magnetismo de Chávez es difícil pero al menos se cuenta con esa ventaja.

 

Ahora toca el turno de tomar medidas impopulares sin que al frente del Estado se encuentre un líder carismático sino dos figuras grises como Maduro o Cabello.

 

Mientras que la legitimidad de ambos disminuirá a medida que vayan tomando esas decisiones impopulares, por comparación la figura de Chávez se agigantará entre sus partidarios. En el imaginario colectivo quedará para siempre la época de la “plata fácil” chavista.

 

Como recuerda Andrés Oppenheimer “dentro de Venezuela, el “chavismo” sobrevivirá probablemente como la mayor fuerza política durante las próximas generaciones. Debido a que los años de Chávez en el poder coincidieron con el mayor boom petrolero en la historia reciente de Venezuela, y debido a que Chávez regaló tanto dinero a los pobres, él tiene más posibilidades de ser recordado como un “campeón de los pobres” que como el populista que destruyó el sector privado del país, ahuyentó a los inversionistas e hizo que Venezuela fuera más dependiente del petróleo que nunca”.

 

El reto, mantener unido al chavismo

 

La falta de institucionalidad también se percibe dentro del mismo aparato chavista. Hugo Chávez nunca logró crear, quizá tampoco lo quería o necesitaba, un fuerte y poderoso partido a su lado. El nacimiento del PSUV fue lo más aparecido a eso pero salvo en épocas electorales y para movilizaciones puntuales es una estructura poco flexible y muy clientelar y corrupta.

 

Muerto el gran líder que mantenía cohesionado al partido, surgirán más pronto que tarde las banderías personalistas vinculadas a los jerarcas del régimen: el vicepresidente Maduro, el Presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, y aquellos que tiene en su nombre un apellido unido al presidente recién fallecido. Un ejemplo sería Adan Chávez.

 

Ahí se encuentra el germen de una posible futura fragmentación, puerta abierta hacia convertir al chavismo en residual.

 

Como señalaba Carlos Malamud en Infolatam “probablemente el oficialismo gane la próxima elección si ésta se convoca en los meses venideros, pero nada garantiza la supervivencia del chavismo si el gobierno no logra dar respuesta efectiva a las demandas populares. En tanto se les acumulen los problemas de gestión a los nuevos gobernantes, huérfanos de la poderosa coartada del carisma de Chávez, la aureola popular y socialista del chavismo se irá diluyendo poco a poco. De todos modos no hay nada escrito en ningún lado, ni siquiera en las Obras Completas de Simón Bolívar”.

 

El sueño chavista es ser como el peronismo o el fujimorismo. Sobrevivir a la muerte (Perón) o desaparición de su líder (Fujimori). En caso de que eso ocurriera es posible que se asemeje más al fujimorismo, que es un sentimiento, que al peronismo que además de sentimiento tenía, a la muerte de Perón, una fuerte estructura sindical y grupos bien organizados que encauzaban a las nuevas camadas.

 

Los peores enemigos de un político suelen estar en su propio partido como la creciente rivalidad y lucha por la influencia entre Maduro y Cabello ha evidenciado. Además, de cara al exterior ninguno tiene la capacidad de liderazgo internacional de Chávez y además, sea quien sea el heredero del chavismo, deberá ocuparse más de los problemas internos, que de ambiciosas agendas internas.

 

La oposición, ¿cómo vivir sin Chávez?


La oposición venezolana, desorganizada, dividida y sin una propuesta ni liderazgo alternativo, al menos hasta la emergencia Henrique Capriles tiene un reto difícil por delante: vivir sin Hugo Chávez.


El chavismo era la razón de ser del antichavismo. Ahora frente a ellos no estará Hugo Chávez, el hombre que despertaba tantos odios y que basó su ascenso al poder en la polarización social y política de “pueblo” frente a “oligarquía”.


Como recuerda la profesora Freidenberg, “si bien el populismo dio voz a quienes no la habían tenido, incluyendo discursiva y políticamente a los sectores excluidos y convirtiéndose en una alternativa de la democracia en espacios donde la clase política tradicional estaba desgastada y ya no representaba a los ciudadanos; también ha polarizado a la sociedad, mermando el pluralismo, minando el funcionamiento de las instituciones y fomentando la actuación como clientes más que como ciudadanos de los sectores populares. En esas páginas se discute de manera provocativa hasta qué punto los nuevos liderazgos populistas pueden llegar a ser beneficiosos para la consolidación de la democracia en la región”.

 

En esta nueva coyuntura la oposición debe reinventarse y evitar la dispersión que pueda producirse al desaparecer el enemigo a batir. Es cierto que ha desaparecido Chávez pero no el régimen ni los jerarcas que acompañaban al Comandante.

 

Y no es menos cierto que para muchos, equivocadamente, Maduro y Diosdado Cabello son más fácilmente batibles mientras que  Chávez en las urnas era casi imbatible. Puede incluso decirse que las elecciones de octubre pasado las ganó. no como el Cid, ya muerto, pero sí en la antesala de morir.

 

Hugo Chávez marcó un antes y un después en la historia de su país desde su victoria en 1998. La Venezuela de 2013, la que salga tras la muerte del líder bolivariano, definitivamente tampoco será la misma sin el comandante.

No perdamos tiempo

Teodoro Petkoff

6 de marzo de 2013

 

¿Por qué demorar un “consenso” alrededor de quien luce como el candidato natural, que no es otro que Capriles? Un rápido anuncio de la MUD proclamando a Capriles tendría un efecto benéfico sobre la moral de un sector golpeado por dos derrotas electorales, que si bien en número de votos no fueron aplastantes, derrota es derrota, y si algo necesita ahora es la certidumbre de que la lucha continúa y que aquí no se rinde nadie. Nada mejor que ponerle de una vez rostro al portador de ese estandarte

 

La posibilidad de que este año “sobrevengan” elecciones presidenciales se hace cada vez más patente. De hecho, la demostración más elocuente de ello la constituye la intensa actividad de Nicolás Maduro en plan de candidato presidencial. Esto no es gratuito, por supuesto.

 

Poco después de que Chávez lo ungiera en aquel llamado patético que hiciera la noche antes de partir a Cuba, pidiendo “de corazón” que votaran por Maduro –lo cual, de paso, bastante obviamente quería decir que por Diosdado Cabello, sentado a su derecha en aquel acto, de ningún modo–, este se puso en campaña porque comprendió que el propio Presidente había dado la señal de partida.

 

El tigre come por lo ligero y Nicolás Maduro, quien sabe bien que necesita legitimarse ante la base chavista y ante el país como un candidato viable y ganador, no perdió tiempo en tratar de meterse en las botas de su jefe.

 

Optó, por cierto, por el peor camino posible, el de imitar a Chávez, en un esfuerzo en el cual está haciendo el ridículo, y en lugar de afirmar su personalidad y su perfil, los difumina en una sombra desvaída de la figura a la cual pretende sustituir. Pero, ahí anda, haciendo su tarea.

 

Entre tanto, del lado de la MUD se anuncia que “muy pronto” habrá candidato, designado “por consenso”. Lo curioso es que para la opinión pública opositora esa es una cuestión ya dilucidada, dándose por sentado que el candidato es Henrique Capriles Radonski. No es raro que así sea, no porque el gobernador de Miranda tenga una suerte de derecho adquirido sino por puro sentido común.

 

Ciertamente, fue elegido en primarias para la confrontación del 7 de Octubre pasado y no per secula seculorum, pero si en un plazo relativamente breve sobreviniese otra elección presidencial, y admitido que no habría tiempo para realizar primarias ni habiendo otras opciones candidaturales en el horizonte inmediato, ¿por qué demorar un “consenso” alrededor de quien luce como el candidato natural, que no es otro que Capriles?.

 

Un rápido anuncio de la MUD proclamando a Capriles tendría un efecto benéfico sobre la moral de un sector golpeado por dos derrotas electorales, que si bien en número de votos no fueron aplastantes, derrota es derrota, y si algo necesita ahora es la certidumbre de que la lucha continúa y que aquí no se rinde nadie. Nada mejor que ponerle de una vez rostro al portador de ese estandarte.

 

Habría que añadir que la MUD debería, en contacto con Capriles, designar desde ya el comando de campaña. Es bueno que este, para que sea asumido por todos como propio, sea fruto de una decisión del organismo unitario y no sólo del candidato. Así se garantizaría la presencia de todos los factores.

 

Más aún, ese comando debería contar con una suerte de comisión política, integrada por los jefes de cada uno de los miembros del llamado G-7, que se reuniría periódicamente con el candidato, para la discusión y revisión de la y lo político. Una campaña electoral no es sólo montar actos y hacer recorridos, sino adelantar una política. No sólo el candidato debe ser consensual; la política también.

 

El final de Chávez

Yoani Sánchez

6 de marzo de 2013

 

Era cuestión de fechas, de elegir un día en el calendario para anunciar lo que ya muchos imaginábamos. La noticia de la muerte de Hugo Chávez se ha producido en la tarde del pasado martes, pero desde hacía meses era predecible su pronto final. Los medios oficiales cubanos habían mantenido la versión de su lenta pero ascendente recuperación, para deslizar sólo en las últimas semanas los detalles de algunas complicaciones. Como un guión bien cuidado fue manejado el asunto, como un guión escrito en la Plaza de la Revolución de La Habana, por dos hermanos a los que el fallecimiento de su discípulo de Miraflores, los ha dejado en una situación muy delicada.

 

Sin embargo, no han podido demorar más el obituario, pues la información es tan difícil de guardar por estos días, como el agua en el cuenco formado por dos manos. Así que finalmente han encontrado un día para contarle al mundo el secreto mejor guardado de Cuba, sólo comparable en hermetismo con la propia enfermedad de Fidel Castro. Ahora vendrá el duelo, los crespones negros, los panegíricos sobre el difunto, pero también comenzarán a ventilarse las incongruencias entre los partes médicos que se publicaron y el fatal desenlace que ha tenido la situación clínica del Comandante. Las mentiras quedarán más en evidencia, las exageraciones se percibirán más burdas y la verdad le pasará factura a los líderes del chavismo dentro de Venezuela. También a los ancianos dirigentes cubanos les tocará su cuota de responsabilidad por la falta de transparencia con que manejaron la convalecencia de un presidente extranjero tratado en nuestro territorio nacional. Los ciudadanos venezolanos tienen derecho a exigir una explicación de cómo y cuándo fue realmente el deceso de su líder, habrá que ver si Raúl Castro está dispuesto a darla.

Noticias urgentes para enterrar a Chávez

Carlos Alberto Montaner

6 de marzo de 2013

 

Era una personalidad mesiánica, estaba convencido de que había sido elegido por los dioses para ocupar un lugar superior dentro de la especie. ¿Por qué? No había nada en su inteligencia que indicara vestigios de genialidad.

 

Se veía venir desde hace semanas. Lo anunciaron el 5 de marzo de 2013, pero la muerte cerebral debe haber ocurrido antes.

 

Llegó la hora del recuento.

 

Cuando era un adolescente, Hugo Chávez Frías soñaba con encarnar al “Látigo Chávez”, un extraordinario lanzador de béisbol venezolano que murió muy joven en un accidente de aviación en la década de los sesenta.

 

No pudo. Tal vez fue una pena. Hugo jugaba con mucho entusiasmo, pero tenía un talento limitado, así que debió conformarse con resucitar el espíritu del Libertador Simón Bolívar.

 

En todo caso, se trataba de una personalidad mesiánica. Alguien convencido de que había sido elegido por los dioses para ocupar un lugar superior dentro de la especie. ¿Por qué? No se sabe. Misterios de la autoestima. No había nada en la inteligencia de Hugo Chávez que indicara vestigios de genialidad.

 

Hugo provenía de un hogar de clase media situado en provincia. Su padre, Hugo de los Reyes, exgobernador de Barinas a remolque de la popularidad de su hijo, era un maestro vinculado al partido socialcristiano COPEI. Su madre, Elena Frías, también era maestra.

 

Su hermano mayor, Adán, mentor de Hugo, estudió física hasta obtener un doctorado y se quedó merodeando el mundo académico atrapado en las ideas comunistas. Cuando Hugo se convirtió en presidente, lo nombró embajador en Cuba y ministro de Educación. Ahora es el gobernador de Barinas. Parece que el nepotismo no es una falta en Venezuela.

 

Hugo dio tumbos por diversas vocaciones hasta que carenó en el ejército y se hizo paracaidista. Era, al fin y al cabo, una carrera intelectualmente sencilla, socialmente segura y con una predecible escala salarial.

 

En los setenta y ochenta, cuando se convierte en oficial, en América Latina mandaban muchos espadones y algunos militaban en la izquierda nacionalista-populista-antinorteamericana y prosoviética. El más popular era Omar Torrijos. El más sombrío, el peruano Juan Velasco Alvarado, asesorado por Norberto Ceresole, un argentino fascista y antisemita proveniente del peronismo de izquierda.

 

En la distancia, la Cuba de Fidel ya no mandaba guerrillas a destruir la frágil democracia venezolana —todas habían sido derrotadas—, pero continuaba siendo una inspiración política para muchos latinoamericanos.

 

La influencia militar latinoamericana, el remoto efluvio cubano, las chácharas marxista de su hermano Adán y el propio lenguaje político —el relato, como dicen hoy día— entonces vigente en la sociedad venezolana, contribuyeron a fecundarle la promiscua musa ideológica al joven Hugo.

 

Por aquellos años, los de la nacionalización del petróleo durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, se suponía que le correspondía al Estado dirigir la economía, controlar los precios y corregir la injusta distribución de la riqueza. (Todos los disparates que Hugo Chávez cometió durante sus 14 años de gobierno fueron ensayados en las cuatro décadas que duró la democracia.)

 

Con ese bagaje, Chávez y otros oficiales comenzaron a reunirse para intercambiar ideas y planear la toma violenta del gobierno. Esas maniobras no pasaron inadvertidas para la jefatura militar, pero los políticos prefirieron ignorarlas.

 

Finalmente, en 1992 Chávez y un grupo de oficiales tratan de dar un golpe militar. El rol de Chávez era tomar la Casa de Gobierno y matar al presidente Carlos Andrés Pérez. Fracasa y se entrega, pero instantáneamente se convierte en una celebridad.

 

Eran tan débiles los reflejos democráticos de los venezolanos que, a las 48 horas de la sangrienta intentona, las encuestas demostraron que el 65% de la sociedad respaldaba la aventura golpista.

 

Una combinación letal entre la corrupción, la incompetencia y las demoledoras críticas de los medios de comunicación, habían deslegitimado casi totalmente el modelo democrático.

 

Una parte sustancial del país apostaba por la solución revolucionaria. Esperaba que unos tipos bien intencionados limpiaran el establo, como dicen popularmente los venezolanos, “a coñazos”. Chávez encarnó esa violenta fantasía regeneracionista.

 

A los dos años, Chávez y los suyos fueron amnistiados. En esa época reaparece el argentino Ceresole —que en el camino había mezclado su fascismo original con las estupideces autoritarias del Libro Verde de Gadafi— y se convierte en su ángel guardián.

 

A mediados de los noventa Chávez va a Cuba y cae bajo el influjo de Fidel Castro. Es amor a primera vista. Fidel lo adopta y lo adapta. Extirpa de su cabeza las ideas de Ceresole y las sustituye con el catecismo marxista y el know-how aprendido de los soviéticos.

 

A fines del 98 Chávez gana unas elecciones y en febrero de 1999 comienza su lento y zigzagueante trayecto hacia “el mar cubano de la felicidad”.

 

Redacta una nueva constitución, le cambia el nombre al país y modifica el escudo. Es un refundador inquieto e incorregible. En su momento, intervendrá el poder judicial, encarcelará adversarios políticos, confiscará medios de comunicación y controlará una buena parte de ellos. En suma, recortará las libertades y aumentará inmensamente los límites de su autoridad personal en medio de un incesante torrente de palabras.

 

En abril de 2002 una asonada militar lo saca del poder, pero solo por 48 horas. Regresa a Miraflores muy temeroso y cada vez más entregado a “los cubanos”. Solo confía en los Castro y en el aparato de espionaje de La Habana.

 

El Instituto de Estudios Cubanos de la Universidad de Miami ha calculado el costo anual de esos servicios que Cuba le prestaba a Chávez: 10.000 millones de dólares, incluidos 115.000 barriles diarios de petróleo que llegan a la Isla para consumo y reventa. Otro cálculo, el del Dr. Carmelo Mesa Lago, padre de la cubanología, lo eleva a 13.000 millones de dólares anuales: más del doble del subsidio soviético en la era de mayor eplendor.

 

Mientras tanto, el chavismo consolida su popularidad por medio del más intenso asistencialismo-clientelista. Treinta misiones instruyen, curan, operan cataratas, subsidian alimentos, prometen viviendas y regalan electrodomésticos. Santa Claus vive en Miraflores.

 

Detrás de esas medidas ultrapopulistas subyace la idea de que Chávez gobierna para los pobres. Su gran votación está en los sectores D y F de la sociedad. Lo sostienen “los de abajo”. Son estómagos agradecidos.

 

Chávez, además, cantaba, jugaba al béisbol, hacía chistes, insultaba a sus adversarios y vivía en la primera página de los diarios y en el prime time de la televisión. Pertenecía a la estirpe de los políticos pintorescos latinoamericanos. Era todo un espectáculo.

 

Pero había otra cara. La administración pública venezolana es una alcantarilla. Según Transparency, es el país más corrupto de América Latina y los padres y los cinco hermanos de Hugo son frecuentemente acusados de participar de ella. Es el país que tiene la más alta inflación (29%). Han cerrado 107.000 empresas (un 15% del total). Ha emigrado medio millón de venezolanos, casi todos educados y muchos de ellos con sus capitales. El gasto público es insostenible. La ayuda exterior, una desproporcionada locura. Caracas se haitianiza y en todo el país surge ese perfil de escombros y detritus de perros típico del socialismo. Últimamente devaluaron la moneda un 32%. Tendrán que volver a hacerlo dentro de poco.

 

Chávez ha muerto a los 58 años de un cáncer mal curado en La Habana. Deja cuatro hijos tristes y a un tercio del país acongojado. Pero hay otro legado: durante un par de generaciones el chavismo, escindido en diversas vertientes, continuará gravitando sobre la vida pública nacional. Algo así como sucede con el peronismo en Argentina, pero peor aún.

 

A la nación potencialmente más rica de América Latina le esperan épocas muy malas de inestabilidad y violencia.

¿Celebrar la muerte de Chávez?

Jorge Ignacio Domínguez

6 de marzo de 2013

 

Durante los dos últimos años, cada dos o tres meses, Hugo Chávez se declaraba curado, perfectamente curado, de la terrible enfermedad que se lo ha llevado a la tumba. Los analistas percibían esas declaraciones de curación como jugarretas políticas de quien quería eternizarse en el poder o al menos hacer irreversible su proyecto político. A mí, en cambio, me parecían más bien un autoengaño tristemente humano. Hugo Chávez silbaba al pasar por cementerio para no entrar en él. ¿Cómo no compadecerse de su miedo a la muerte?

 

Chávez fue un hombre ontológicamente incapaz de la elegancia o la deferencia con sus adversarios. Padecía una repugnante afición al escarnio, la burla y el acoso a quienes discrepaban de él. Respetarlo desde la divergencia, por tanto, era tarea de santos. Pero en su miedo a la muerte se hacia humano, querible casi. De veras se creía curado cuando afirmaba estarlo. Y cualquiera que tema su suerte puede identificarse con su espanto y con su engaño.

 

Hoy finalmente la muerte le ha ganado la batalla. En los muros de Facebook unos se regocijan y otros lamentan el hecho. Unos dicen que no se puede celebrar la muerte de nadie, y otros que hay que celebrar la salvación de un país. Le pregunté a mi hija de 17 años qué pensaba del asunto. “Cuando murió Osama bin Laden —me dijo— sentí un profundo alivio, pero no deseos de celebrar. La muerte es un suceso demasiado solemne y definitivo para celebrarlo como si fuera la victoria de tu equipo de hockey”. Por una vez, estamos de acuerdo. [Hace casi tres años comenté mi reticencia a celebrar la muerte de los tiranos en un post titulado “El huevo de Franco”.]

 

Y a eso habría que añadir que Hugo Chávez fue recientemente reelegido por los venezolanos para el cargo de presidente. No se puede ser demócrata solo cuando gana el candidato que te gusta. Es difícil no pensar que el objetivo de Chávez era la destrucción de las instituciones democráticas de Venezuela. Pero los votantes venezolanos lo eligieron a él. Alegrarse de su muerte es, de alguna manera, alegrarse de que el candidato electo no llegara a ocupar su puesto. Lo cual trae a la mente el titular de hoy del periódico humorístico The Onion: “El cáncer derroca a Chávez en un golpe de estado incruento”. Así es: hay cierto tufo golpista, antidemocrático y poco enaltecedor en esas celebraciones de la muerte de Chávez. Y lo digo a sabiendas de que jamás quisiera vivir en un país gobernado por alguien como él. Descanse en paz, Hugo Chávez.

Postscript: Hugo Chávez, 1954-2013

Jon Lee Anderson

 

Venezuelan President Hugo Chávez Frias, who died on Tuesday, from cancer, at the age of fifty-eight, was one of the most flamboyantly provocative leaders on the world scene in recent years. His death came after months in which his health was a national mystery, the subject of obfuscation and rumors; he spent inauguration day for his fourth term in a hospital bed in Cuba. Vice-President Nicolás Maduro, who made the announcement, is one of the politicians now maneuvering to control Venezuela, where elections will be held within thirty days.

 

A one-time army paratrooper who served two years in prison after leading a botched military coup against Venezuela’s government in 1992, Chávez emerged from behind bars, after an amnesty, with a renewed determination to achieve power, and sought the support of Cuba’s veteran Communist leader Fidel Castro to do so. In 1998, Chávez won Venezuela’s Presidential elections, promising to change things in his country forever, from top to bottom. Since the day he was first sworn in as President, in February, 1999, he devoted himself to doing precisely that. What he has left is a country that, in some ways, will never be the same, and which, in other ways, is the same Venezuela as ever: one of the world’s most oil-rich but socially unequal countries, with a large number of its citizens living in some of Latin America’s most violent slums.

 

To his credit, Chávez was devoted to trying to change the lives of the poor, who were his greatest and most fervent constituents. He began by hammering through a new constitution and renaming the country. Simon Bolívar, who had fought to unite Latin America under his rule, was Chávez’s hero, and so he changed the country’s name to the Bolivarian Republic of Venezuela, and thereafter spent a great deal of time and resources attempting to forge what he called his “Boliviarian Revolution.” It was not, initially, to be a socialist or even necessarily anti-American endeavor, but over the following years, Chávez’s rule, and his adopted international role, became both, at least in intention.

 

I met Chávez a number of times over the years, but the first time I saw him was in 1999, shortly after he had become Venezuela’s President, in Havana, Cuba, giving a speech in a salon at the University. Both Castro brothers were in attendance—a rare sight—as were other senior members of the Cuban Politburo. Fidel Castro looked on and listened raptly as Chávez spoke for ninety minutes, essentially laying out the rhetorical groundwork for the intense and deep relationship between the two countries, and the two leaders, that was soon to follow. That day, a number of observers present in the room commented on what appeared to be a major bromance between the two. They were right. Chávez, younger than Fidel by nearly thirty years, soon became inseparable from the Cuban leader, who was clearly a father figure and a role model. (His own father, Hugo de los Reyes Chávez, and his mother, Elena Chávez Frías, were poor primary-school teachers in the Venezuelan interior. Hugo was the second of six sons, and joined the Army when he was seventeen.) And for Castro, Chávez was an heir and something like a beloved son. Uncannily, or fittingly, it was Fidel who noticed Chávez’s discomfort on a visit to Havana in 2011, and insisted that he see a doctor—who promptly discovered Chávez’s cancer, a tumor described as the size of a baseball somewhere in his groin area. Since then, and until he returned home in February, terminally ill, Chávez received virtually all of his cancer treatment in Havana, under Fidel’s close scrutiny.

 

A warm and amiable showman, with a remarkable sense of occasion as well as strategic opportunity, Chávez grew in ambition, and global stature, during the Bush years, in which Latin America was relegated to a back burner for Washington. Chávez was alienated early on by the bellicose rhetoric of the Bush Administration in the post-9/11 period, and became increasingly acerbic about policies and attitudes of the American “empire.” He delightedly ridiculed the U.S. President he called “Mister Danger” and “Donkey” and whom he regularly mocked on his weekly television show, “Aló Presidente,” on which he sometimes made governing seem like reality television. (He once ordered his Defense Minister to send Venezuelan forces to the Colombian border live on “Aló Presidente.”)

 

An attempted coup d’etat by a cabal of right-wing politicians, businessman, and military men in 2002 saw Chávez briefly and humiliatingly detained, before he was freed and allowed to resume office. The coup against Chávez had failed, but not before the plotters had apparently received a wink and a nod from the Bush Administration. Chávez never forgave the Americans. Thereafter, his anti-American rhetoric became more heated, and whenever possible he sought to discomfit Washington. Chávez closed U.S. military liaison offices in Venezuela, and ended coöperation with the Drug Enforcement Administration. Even earlier, in 2000, Chávez had flown to Baghdad for a friendly visit with Saddam Hussein. Later on, in his avowed ambition to weaken the U.S. imperio and create a “multipolar world,” he would go on to embrace others with similarly anti-American stances: Iran’s Ahmadinejad was one, Belarus’s Lukashenko was another. He invited Vladimir Putin to send his navy to do exercises in Venezuelan waters, and to sell him weapons. And there was his increasingly chummy, and dependent, relationship with Fidel Castro.

 

Venezuelan oil was flowing to energy-strapped Cuba, effectively ending the country’s almost decade-long penurious “Special Period” that followed the Soviet collapse and the abrupt end of three decades of generous subsidies from Moscow. Cuban doctors, sports instructors, and security men were soon travelling in the other direction, helping Chávez by staffing some of the programs he called Misiones, aimed at alleviating poverty and disease in Venezuela’s slums and rural hinterlands. Chávez and Castro took trips together, and frequently visited one another’s countries, and it was obvious that they loved one another’s company.

 

On a visit to Caracas in 2005, shortly after Chávez had announced that he had decided that socialism was the way forward for his revolution and for Venzuela, I saw him in the Presidential palace. He was manic with newfound revolutionary fervor. In a meeting with poor peasant farmers, he announced the seizure of several large private landholdings in the interior, and instructed them euphorically to organize themselves into collectives and farm the confiscated farms. “RAS!,” he shouted happily, repeating it several times. “RAS!” An aide explained that the acronym meant “Rumbo al socialismo”—“Onward to socialism.” It never really panned out, though. Chávez’s attempts at collectivization and agrarian reform seemed ill-planned and out-of-time, somehow, much as he himself often seemed a throwback to earlier times, when Latin America was dominated by willful caudillos, and there was a Cold War with a world clearly polarized.

 

A couple of years later, I asked him why, so late in the day, he had decided to adopt socialism. He acknowledged that he had come to it late, long after most of the world had abandoned it, but said that it had clicked for him after he had read Victor Hugo’s epic novel “Les Misérables.” That, and listening to Fidel.

 

Fuelled by billions of dollars from the spike in oil prices, Chávez had gained significant influence in recent years throughout the hemisphere, forming close relationships with a number of emergent leftist regimes that, in some cases, he also subsidized and helped mold, in Bolivia, Argentina, and Ecuador, and with Nicaragua, once again led by the old Sandinista leader Daniel Ortega. He also formed a trade bloc, called ALBA, aimed at countering American economic hegemony in the region. He predicted a waning of U.S. influence and a chance, after all, for a revival of Bolívar’s grand vision. In a sense, Chávez was right. U.S. influence has waned over the past decade or so in Latin America; his timing was good. But in the region, it was not Venezuela but Brazil, finally emergent from its slumber as a regional economic and political powerhouse, that began to fill that vacuum. Brazil’s last leader, Lula, who was also a left-wing populist, also made “the people” and poverty alleviation a priority of his Administration, and, with a better management team and without all the polarizing confrontation with the imperio, he succeeded to an impressive degree. In Venezuela, by contrast, Chávez’s revolution suffered from mediocre administrators, ineptitude, and a lack of follow-through.

 

What is left, instead, after Chávez? A gaping hole for the millions of Venezuelans and other Latin Americans, mostly poor, who viewed him as a hero and a patron, someone who “cared” for them in a way that no political leader in Latin America in recent memory ever had. For them, now, there will be a despair and an anxiety that there really will be no one else like him to come along, not with as big a heart and as radical a spirit, for the foreseeable future. And they are probably right. But it’s also Chávism that has not yet delivered. Chávez’s anointed successor, Maduro, will undoubtedly try to carry on the revolution, but the country’s untended economic and social ills are mounting, and it seems likely that, in the not so distant future, any Venezuelan despair about their leader’s loss will extend to the unfinished revolution he left behind.

 

At the tail end of a trip that Fidel and Chávez took together in 2006, Castro fell ill with diverticulitis and nearly died, leading him to resign from Cuba’s Presidency a year and a half later and hand over power to his younger brother Raúl. I was on Chávez’s plane when he flew to Cuba, in early 2008, to congratulate Raúl. In Havana, Chávez vanished, off to visit Fidel, who was still sick and in seclusion. On the flight back the next day, Chávez reported happily to all of us aboard his plane, “Fidel is just fine.” He added, “Fidel asked me to say hello to all of you for him!” Five years later, the Castros, both octogenarians, are alive, and it is Chávez who has passed from the scene.

 

Read more: Boris Muñoz on Chávez’s rivals and his possible successors; Jon Lee Anderson’s 2001 Profile of Chávez; Anderson on Caracas’s slums (January, 2013); Anderson on Chávez and Fidel Castro’s relationship (2008); James Surowiecki on Venezuela’s economic paradox (2007).

 

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Traducción:

El presidente venezolano Hugo Chávez Frías, quien murió de cáncer hoy a la edad de cincuenta y ocho años, fue uno de los líderes más provocadores en la escena mundial durante los últimos años. Su muerte se produjo después de meses en los cuales su estado de salud fue un misterio nacional, un tema de ofuscación y de rumores. Chávez pasó el primer día de su segundo mandato en una cama de un hospital en Cuba. El vicepresidente Nicolás Maduro, quien hizo el anuncio, es uno de los políticos que ahora maniobra para controlar a Venezuela, donde se deben llevar a cabo elecciones dentro de treinta días.

 

Quien fuera alguna vez un paracaidista militar, estuvo dos años en prisión después de haber liderado un fallido golpe militar contra el gobierno de Venezuela en 1992. Chávez salió de la cárcel, luego de una amnistía, con determinación renovada para alcanzar el poder y buscó el apoyo del veterano comunista cubano Fidel Castro para hacerlo. En 1998, Chávez ganó las elecciones presidenciales en Venezuela con la promesa de cambiar las cosas en su país para siempre, de arriba a abajo. Desde el día en que tomó posesión, en febrero de 1999, se dedicó a hacer precisamente eso. Deja un país que, de alguna manera, nunca volverá a ser el mismo y que, de otra, es la misma Venezuela de siempre: un país rico en petróleo, pero desigual socialmente, con un gran número de sus ciudadanos viviendo en algunos de los barrios más violentos de América Latina.

 

A su favor hay que decir que Chávez se dedicó a tratar de cambiar la vida de los pobres, quienes eran sus más grandes y fervientes seguidores. Comenzó a golpe de martillo gracias a una nueva Constitución y cambiando el nombre del país. Simón Bolívar, quien luchó para unir a América Latina bajo su gobierno, fue el héroe de Chávez. Por él cambió el nombre del país a República Bolivariana de Venezuela y, posteriormente, dedicó una gran cantidad de tiempo y recursos a forjar lo que llamó la “Revolución Bolivariana”. No fue, en un principio, una revolución socialista ni una revolución necesariamente anti-estadounidense, pero durante los años siguientes, el gobierno de Chávez y su papel adoptado en la arena internacional convirtió a la Revolución en ambas cosas, al menos en intención.

 

Estuve con Chávez varias veces a lo largo de estos años, pero la primera vez que lo vi fue en 1999 en La Habana, Cuba, poco tiempo después de que él se hubiera convertido en el Presidente de Venezuela. Estaba dando un discurso en un salón de la Universidad, con los dos hermanos Castro entre la audiencia –algo extraño de ver– y otros altos miembros del politburó cubano. Fidel Castro miraba y escuchaba embelesado cómo Chávez hablaba durante noventa minutos, esencialmente estableciendo las bases discursivas para la relación intensa y profunda entre los dos países y los dos líderes que pronto seguiría. Ese día, un número de observadores presentes en la sala comentaron sobre lo que parecía ser un romance importante entre ambos. Tenían razón. Chávez, casi treinta años más joven que Fidel, pronto se hizo inseparable del líder cubano, para quien él era claramente una figura paterna y un modelo a seguir. (La familia de Chávez es de origen modesto y provinciano, del interior de Venezuela). Y para Castro, Chávez era un heredero y algo así como un hijo amado. Misteriosamente, o justamente por esa relación, fue Fidel quien notó la dolencia de Chávez en una visita a La Habana en 2011, e insistió en que viera a los médicos, quienes rápidamente descubrieron el cáncer de Chávez, un tumor que fue descrito como del tamaño de una pelota de béisbol en algún lugar alrededor de la ingle. Desde entonces, y hasta su regreso a casa en febrero, terminalmente enfermo, Chávez recibió prácticamente todo su tratamiento contra el cáncer en La Habana, bajo estrecha vigilancia de Fidel.

 

Un showman cálido y amable, con un notable sentido de la ocasión, así como de la oportunidad estratégica, Chávez creció en ambición y estatura global durante los años de Bush, en los que América Latina fue relegada a un segundo plano por Washington. Chávez se molestó desde el principio por la retórica belicista de la Administración Bush durante el período posterior al 11 de septiembre, y se convirtió en un crítico cada vez más fuerte de las políticas y actitudes del “imperio” norteamericano. Ya había cerrado una oficina de enlace militar de EE.UU. en Venezuela, y puso fin la cooperación con la DEA. Pronto fue más allá y disfrutó con ridiculizar al Presidente de los EE.UU. llamándolo “Mr. Danger ” y “Donkey” en su programa semanal de televisión “Aló Presidente”, en el que a veces parecía gobernar como si estuviera en un reality. (En una ocasión ordenó a su Ministro de la Defensa que enviara fuerzas venezolanas a la frontera con Colombia en vivo, desde “Aló Presidente”). En 2002, un intento de golpe de Estado por una camarilla de políticos de derecha, empresarios y militares logró que Chávez fuera brevemente secuestrado y forzado a renunciar de manera humillante, antes de que fuera puesto en libertad y se le permitiera retomar el gobierno.

 

El golpe de Estado contra Chávez fracasó, pero no antes de que los conspiradores hubieran recibido, al parecer, el visto bueno y la aprobación de la Administración Bush. Chávez nunca perdonó a los estadounidenses. A partir de entonces, su retórica antiestadounidense se hizo más caliente y trató de incomodar a Washington siempre que fue posible. Antes de la invasión de EE.UU. a Irak, en 2003, Chávez viajó a Bagdad en una visita amistosa a Saddam Hussein. Luego, en su ambición declarada de debilitar al “imperio” y crear un “mundo multipolar”, solía ir a abrazar a líderes con similares posturas anti-estadounidenses: Ahmadinejad de Irán fue uno, Lukashenko de Bielorrusia fue otro. Invitó a Vladimir Putin a enviar a su armada para hacer ejercicios en aguas venezolanas y a que le vendiera armas. Y allí estaba su relación, cada vez más entrañable y dependiente, con Fidel Castro.

 

Pronto el petróleo venezolano comenzó a fluir a una Cuba deficitaria en energía, poniendo fin a los casi diez años de penuria del “período especial” que siguió al derrumbe soviético y al abrupto final de tres décadas de subsidios generosos de Moscú. Médicos cubanos, entrenadores deportivos y hombres de seguridad no tardaron en viajar en la otra dirección, ayudando a Chávez a implementar a algunos de los programas llamados Misiones, destinados a aliviar la pobreza y las enfermedades en los barrios pobres de Venezuela y en el interior del país. Chávez y Castro hicieron viajes juntos y visitaban con frecuencia sus respectivos países. Era obvio que amaban acompañarse.

 

En una visita a Caracas en 2005, poco después de que Chávez anunciara su decisión de que el socialismo era el camino a seguir para su revolución y para Venezuela, lo vi en el Palacio Presidencial. Estaba emocionado con el fervor revolucionario recién descubierto. En una reunión con campesinos pobres, anunció la toma de varias grandes propiedades privadas en el interior y les dio instrucciones eufóricamente a organizarse en colectivos y sembrar en las granjas confiscadas. “¡RAS!”, gritó con alegría, repitiendo varias veces. “¡RAS!”, siglas que significaban “Rumbo al socialismo”. Los intentos de Chávez por colectivizar la producción e implementar una reforma agraria parecían mal planificados y fuera de tiempo. El mismo a menudo parecía pertenecer a épocas anteriores, cuando América Latina estaba dominado por caudillos voluntariosos, y hubo una Guerra Fría en un mundo claramente polarizado.

 

Un par de años más tarde, le pregunté por qué había decidido adoptar el socialismo tan tarde. Reconoció que había llegado a él tarde, mucho después de que la mayor parte del mundo ya lo había abandonado, pero dijo que había hecho clic con él después de haber leído la novela épica de Víctor Hugo Los miserables. Eso y escuchar a Fidel.

 

Impulsado por miles de millones de dólares como consecuencia del incremento de los precios del petróleo, Chávez ganó una influencia significativa en todo el hemisferio durante los últimos años, estableciendo una estrecha relación con una serie de emergentes regímenes de izquierda en Bolivia, Argentina, Ecuador y Nicaragua, encabezada una vez más por el antiguo líder sandinista Daniel Ortega. Chávez predijo una disminución de la influencia de EE.UU. y una oportunidad, después de todo, para el renacimiento de la gran visión de Bolívar.

 

¿Qué queda, entonces, después de Chávez? Un enorme agujero para los millones de venezolanos y otros latinoamericanos, en su mayoría pobres, que lo veían como un héroe y un mecenas, alguien que “los cuidaba” de una forma en la que ningún líder político en la América Latina de los últimos tiempos lo había hecho. Para ellos, ahora, habrá desesperación y ansiedad porque no habrá nadie como él en el futuro, no con un corazón tan grande y tan radical de espíritu por el futuro previsible. Y probablemente tengan razón. El sucesor ungido de Chávez, Maduro, sin duda tratará de llevar adelante la Revolución, pero los desatendidos problemas económicos y sociales están creciendo y parece probable que, en un futuro no muy lejano, toda la desesperación de Venezuela acerca de la pérdida de su líder se extenderá hasta la revolución inconclusa que dejó atrás.

 

Estuve en el avión de Chávez cuando viajó a Cuba, en 2008, para felicitar a Raúl Castro por su asunción formal del poder; su hermano Fidel cayó enfermo y renunció a su posición oficial. En La Habana, Chávez se desapareció y fue a visitar a Fidel, quien todavía estaba de reposo. En el vuelo de regreso, al día siguiente, Chávez informó con alegría a todos los que estábamos en su avión: “Fidel está muy bien, y manda sus saludos”. Cinco años más tarde, los Castro, ambos octogenarios, están vivos y bien, y es Chávez quien ha salido de la escena.

¿Qué será de la República de Cubazuela sin Chávez?

Manuel Castro Rodríguez

Hugo Chávez es recibido por el tirano Fidel Castro en el aeropuerto de La Habana, el 13 de diciembre de 1994

Recién salido de la cárcel donde estaba cumpliendo condena por su fracasada intentona golpista -en 1992 dirigió un golpe de Estado contra el entonces presidente Carlos Andrés Pérez-, Chávez visitó Cuba el 13 y 14 de diciembre de 1994. Fidel Castro lo recibió con honores de Jefe de Estado y ordenó que lo hicieran Doctor Honoris Causa por la Universidad de la Habana.

 

En esos tiempos, el castrismo atravesaba su peor momento con el eufemísticamente llamado Período Especial: una economía casi paralizada, no más de cuatro horas diarias de electricidad, una hambruna generalizada en el cubano de a pie y las enfermedades carenciales haciendo de las suyas. Sentado en el Aula Magna de la Universidad de la Habana, me preguntaba qué perseguía Fidel Castro al rendirle tantos honores a un golpista fracasado, que el mismo Castro había repudiado dos años antes, expresándole su solidaridad al presidente Carlos Andrés Pérez.

 

El tirano Fidel Castro vio en Chávez a la persona idónea para salvarse –se estima en 10.000 millones de dólares anuales lo que le aporta Venezuela al régimen castrista- y además, cumplir sus viejos anhelos de dominar a Venezuela -que habían fracasado por la vía de las armas-, por lo que decidió apoyarlo para que llegara a la presidencia, lo cual logró cuatro años después.

 

Chávez anunció a mediados de 2011 que padecía de cáncer. Sufrió cuatro operaciones en Cuba, bajo un estricto secreto, sin que hasta el momento se le haya informado a Venezuela ni tan siquiera dónde tenía el tumor inicial, lo que ha creado dudas y especulación sobre su estado de salud.

 

Hasta en lo extenso de sus discursos, Chávez intentó imitar el comportamiento mediático de Castro. Pero ni Fidel Castro ni Hugo Chávez podían suponer en 1994 hasta qué punto ambos llegarían a ser interdependientes y se necesitarían el uno al otro en el siglo XXI. El propio Chávez hablaría posteriormente de “dos banderas y una sola revolución”, idea que fue comentada humorísticamente en Cuba como el anuncio del próximo establecimiento de la República de Cubazuela.

El 5 de diciembre de 1998,

Chávez reconoce que “Cuba es una dictadura

Algunas mentiras de Hugo Chávez

La muerte de Hugo Chávez

Parte I

La muerte de Hugo Chávez

Parte II

La muerte de Hugo Chávez

Parte III

La breve vida feliz del caudillo Chávez

Alejandro Armengol

6 de marzo de 2013

 

Chávez deja a Venezuela más dependiente que nunca de las exportaciones, para cubrir las necesidades básicas de la población

 

En febrero de 2000, el London Review of Books publicó un reportaje sobre Hugo Chávez de Richard Gott. Para el periodista y escritor inglés —Guerrilla Movements in Latin America y Land Without Evil eran dos de sus libros publicados, al que pronto se uniría In the Shadow of the Liberator: The Impact of Hugo Chavez on Venezuela and Latin America, que preparaba entonces— el presidente venezolano era una especie de asidero, que le permitía describir una alternativa al modelo neoliberal en Latinoamérica, al tiempo que reconocía que la economía venezolana se encontraba en un estado tan “lamentable como el existente cuando Chávez tomó el poder”.

 

Ya para entonces Chávez abrigaba planes económicos y sociales irreales, que le gustaba explicar a periodistas extranjeros dispuestos a escuchar con entusiasmo. Uno de ellos, descrito por Gott, tenía como objetivo revertir el flujo migratorio del campo a la ciudad en Venezuela, la intención de que quienes apenas sobrevivían en las villas miseria que rodean Caracas se trasladaran a idílicas zonas rurales —no importaba si en ese momento eran zonas áridas y despobladas— y dieran comienzo a una nueva vida, dedicados a la agricultura o a talleres artesanales.

 

En un gesto que evidenciaba su mimetismo con Fidel Castro, Chávez invitó al periodista a un recorrido por algunas de aquellas áreas que ya estaban haciendo futuro. El articulista de The Guardian, escritor de izquierda y con debilidad por los caudillos —”con frecuencia los escritores han sido susceptibles a los encantos de los hombres fuertes representantes del radicalismo en Latinoamérica, y no soy una excepción”—, pero no al grado de pasar por tonto, anota una escena: el gobernante venezolano hace una pregunta al supervisor de un asentamiento cercano a la frontera colombiana, y el periodista logra transmitir el terror del entrevistado.

 

Lo que no consigue es señalar que luego que el caudillo parta y el susto pase todo seguirá igual, y así será una y otra vez a pesar de los castigos y los encarcelamientos; que los proyectos económicos de este tipo están destinados al fracaso, como lo demostró Cuba.

 

Chávez también pregunta por los propietarios de los terrenos que rodean al lugar y se responde a sí mismo: “Sé que hay muchas personas que son propietarios de terrenos aquí que en la realidad viven en Miami o en Londres. Debemos expropiarlos. La nueva constitución nos permite hacerlo. Pero por supuesto que pagaremos por ello”. Como empeñado en que la palabra “expropiación” recorra de nuevo Latinoamérica.

 

Desde sus inicios, el plan de recolonización de Venezuela con sus propios pobladores estuvo destinado al fracaso por dos razones fundamentales. Una política y otra económica. El poder de Chávez se apoyaba fundamentalmente en los integrantes de la marginalidad urbana. Obligarlos a marchar al campo sólo era posible de lograr mediante una dictadura férrea, pero que al mismo tiempo significaba una pérdida de votantes en unas elecciones que aunque viciadas siempre estuvieron lejos de la farsa electoral cubana.

 

La segunda razón resultó aún más poderosa que la primera. Aunque el traslado se llevara a la práctica mediante la coerción, el proyecto de lograr el desarrollo por medio de pequeños talleres, áreas agroindustriales y parcelas de autoconsumo —enfocado hacia un consumo interno de sustitución de importaciones y una vuelta a los cultivos indígenas— estaba condenado al fracaso, como ocurrió en Cuba y en otros países.

 

Después de más de 14 años de gobierno, Chávez deja a Venezuela más dependiente que nunca de las exportaciones, para cubrir las necesidades básicas de la población, y del petróleo. Expropiaciones agrícolas, controles y restricciones solo han servido para disminuir la producción nacional, que siempre ha sido deficiente.

 

Además de un culto idólatra por la figura de Simón Bolívar, Chávez siempre se vanaglorió de recurrir a Simón Rodríguez —el maestro de Bolívar— como uno de sus guías ideológicos: Incluso mandó a reimprimir los trabajos del educador. Sin embargo, más allá de su importancia histórica y anecdótica, las ideas económicas del maestro bolivariano carecen de valor en la actualidad y son obsoletas a la hora de fomentar la mejor estrategia para el desarrollo. Rodríguez planteó que Hispanoamérica “debe ser original”. Eso suena muy bonito en las alocuciones y los discursos, pero la realidad demuestra que el enorme potencial económico de Japón y los países asiáticos debe más a una imitación servil que a la búsqueda de una originalidad caduca. Por otra parte, el único logro económico de Chávez fue mantener controlada la tubería del petróleo. Pero con ello demostró más astucia de tendero que sagacidad de estadista.

 

Una figura anacrónica

 

Chávez surgió como un anacronismo, pero con posibilidades de triunfo en un presente sin buenas perspectivas de futuro. Su definición mejor era que desafiaba la corriente neoliberal en Latinoamérica, que ya a finales de los noventa comenzaba a dar muestras de insuficiencia pero que aún no apuntaba al fracaso.

 

Mientras los neoliberales afirmaban que los largos y tediosos años de proteccionismo económico, ideas izquierdistas y economía controlada no habían logrado la riqueza y el bienestar del ciudadano, Chávez gritaba lo contrario: una vuelta al pasado.

 

Su discurso monótono cautivó lo suficiente para lograr cambios radicales con un amplio apoyo popular. Para explicar el fenómeno se puede argumentar que en Venezuela el 85 por ciento de la población vivía en la pobreza, mientras era uno de los países más ricos del mundo en recursos naturales: petróleo de sobra, 3,000 kilómetros de costas caribeñas sin explotación turística, oro y piedras preciosas en abundancia y tierras fértiles.

 

El militar convertido en mandatario llegó al poder denunciando el nepotismo, la malversación, el despilfarro y la injusticia como las causas de la crisis. Su denuncia no era original pero tampoco carecía de certeza. Sólo que en vez de dedicarse a gobernar con honestidad, emprendió una aventura política donde no solo se ha vuelto ha repetir el nepotismo —basta mirar la repartición de cargos entre los familiares del propio Chávez y su círculo más cercano—, el clientelismo define la vida nacional y la figura del agente político o burócrata rentista está convertida en ideal y esperanza. Comenzó repitiendo un discurso autócrata y terminó tan embriagado de sí mismo que pasó de las palabras a los hechos y a las órdenes dictatoriales.

 

No es que el gobierno de Hugo Chávez no redujera la pobreza. Al contrario, ese fue uno de sus mayores logros nacionales.

 

Venezuela es el segundo país de América Latina donde más se ha reducido la pobreza en los últimos 12 años, detrás de Ecuador, que entre 1991 y 2010 la redujo en 26,4 %, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

En 2010, el 27,8 % de los 29 millones de venezolanos vivían por debajo de la línea de pobreza. Cuando el presidente Chávez llegó al poder en 1999, era el 49,4 %.

 

Pero esta disminución no ha obedecido a un programa de justicia social con una sólida perspectiva, sino a un aumento de los ingresos laborales.

 

Esto implica algunas desventajas para los venezolanos. Además de utilizar los aumentos salariales como instrumento para ganar votos, hace que la economía doméstica dependa de un nivel de ingresos que a su vez está determinado por los ingresos del Estado. Es decir, de la riqueza petrolera y en especial del precio del crudo en el mercado.

 

En este sentido, en noviembre del pasado año la Cepal informó: “La República Bolivariana de Venezuela registró un leve incremento de sus tasas de pobreza e indigencia, de 1,7 y 1,0 puntos porcentuales respectivamente.

 

El reporte del organismo advertía que entre 2010 y 2011 el porcentaje de hogares venezolanos cuyos ingresos no cubren la canasta básica, pasó de 27,8 % a 29,5 %. Igual ocurrió con el indicador de indigencia o pobreza extrema, de tal manera que la proporción de familias cuyas asignaciones monetarias no alcanzan para atender los gastos de alimentación, varió de 10,7 % a 11,7 % del total de hogares venezolanos.

 

Aunque el aumento esta muy ligero. Las causas que habían llevado al mismo sí resultaban alarmantes.

 

La Cepalseñalaba que una de las razones por las cuales aumentó la pobreza en Venezuela se debían al hecho de que en el país se registró una caída del ingreso medio de la población en términos reales, es decir, al tomar en cuenta la inflación.

 

Por supuesto que estas cifras han aumentado luego de la última devaluación.

 

Hay que tener en cuenta además que, de acuerdo con datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), en 2009 la inflación en Venezuela alcanzó el 28 %, la segunda más alta del mundo después de la República Democrática del Congo (el gobierno la había estimado aproximadamente en 18 %). Y en el 2010, para efectos del Presupuesto el Gobierno estimó una inflación del 22 % (cálculos hechos en noviembre 2009).

 

Todo lo anterior indica que, con independencia de si el poschavismo o la oposición logran el triunfo electoral, y lo más probable es que sean los primeros, el futuro económico y social del país no es muy promisorio.

 

Ahora bien, lo que termina con Chávez es el sendero en que confluían los errores de Chávez y los venezolanos. Los segundos tenían la justificación del hambre y la injusticia de una época anterior, mientras el primero se perdió en un afán de poder que satisfacía mediante el sainete político: Chávez llegó a ser el caudillo prodigioso que torcidamente los pobres anhelaban, sin abandonar su naturaleza de fantoche de turno. A partir de este momento, los senderos se bifurcan y no bastarán el fanatismo y la torpeza.

La herencia de Chávez

Joaquín Villalobos

5 de marzo de 2013

 

Cuando comenzó a gobernar, muchos pusimos atención en su discurso provocador y en la inviabilidad del “Socialismo del Siglo XXI”; le dimos poca importancia a un punto sustancial: Chávez era el primer gobernante de izquierdas con pretensiones revolucionarias que disponía de una enorme masa de efectivo. Otras experiencias populistas no gozaron de una bonanza tan prolongada y los países comunistas nunca fueron ricos; regalaban armas, tractores, becas, entrenaban militares o proponían trueques. No había existido un gobierno de izquierda que hiciera política con abundancia de dólares americanos como lo hizo Chávez. La renta petrolera venezolana ha alcanzado lo mismo a barrios de Caracas que a Cuba, Bolivia, Nicaragua y hasta el Bronx de Nueva York. Por encima de simpatías o antipatías, es indispensable analizar el impacto político que el dinero y las ideas de Chávez han tenido sobre la estructura de poder en Venezuela y Latinoamérica.

 

Chávez fue el líder de un grupo de presidentes autollamados “bolivarianos” que se han convertido en foco de atención por acciones antidemocráticas, soberbia ideológica o cinismo político. Sin embargo, la atención a personajes y sucesos ha hecho perder de vista el proceso político que albergan. Muchos de los excesos de los bolivarianos tienen relación con su condición de extremas izquierdas que al caer el muro de Berlín buscaron reciclarse. Estas han asumido la representación de venganzas estructurales por los agravios pasados y se fortalecieron con las crisis de anti-política que destruyeron a los partidos precedentes. Se los ha juzgado por los excesos, muy poco por sus límites y casi nada por el impacto histórico que podrían tener.

 

Los bolivarianos han gobernado en un continente dominado por gobiernos de izquierda, que han hecho prevalecer en la OEA y en casi todos los organismos continentales una política de tolerancia hacia los excesos. Hace medio siglo los principales destinos de los militantes de izquierda en Latinoamérica eran el exilio, la cárcel y el cementerio. La liberalización política y económica iniciada hace treinta años trajo democracia y estabilidad macroeconómica; sin embargo las grandes masas de pobres que habían permanecido social, económica y políticamente excluidos siguieron igual. La estabilidad macroeconómica no produjo rebalse para los pobres y Latinoamérica se convirtió así en la región con más progresos democráticos, pero permaneció como la más desigual del planeta.

 

En ese escenario, las fuerzas de centro y extrema izquierda pudieron armarse de votantes, tomar posiciones de poder, obtener victorias electorales consecutivas y convertirse en hegemónicas en muchos países. Fue así como con millones de pobres excluidos, con millones de dólares en sus manos y con un continente gobernado por amigos, Chávez hizo lo que hizo. La vieja hegemonía conservadora terminó y ya nada volverá a ser como en los 60, cuando se expulsó a Cuba de la OEA. En ese sentido, otorgar la presidencia de la CELAC a Raúl Castro no fue para apoyar a un régimen moribundo, sino para cobrar un agravio histórico.

 

Si bien hay razones para cuestionar la vocación democrática de los “bolivarianos”, en realidad se trata de gobiernos que intimidan, pero no matan ni torturan, que ejercen una represión limitada y se sostienen en incuestionables mayorías electorales. Estos gobiernos repiten lo que hicieron durante décadas los gobiernos conservadores de aprovecharse del Estado para fortalecer económica y políticamente a grupos de poder propios. No importa si a esto se le llama corrupción, cambio de turno o tradición; en esencia, son las debilidades institucionales heredadas las que les han permitido hacerlo. El conflicto que mantienen con los medios de comunicación se explica por el poco poder y espacio que tienen las izquierdas en este terreno, por la real existencia de monopolios mediáticos conservadores y por el cobro de cuentas por agravios pasados.

 

Si bien no se los puede considerar plenamente democráticos, tampoco son regímenes autoritarios, están muy lejos de ser lo que fueron Videla o Pinochet y también de lo que ha sido el régimen cubano. Es la solidez de su mayoría electoral y la debilidad de sus opositores fragmentados lo que los mantiene en el gobierno. Es en extremo difícil que se transformen en dictaduras; permanecerán en el poder el tiempo que mantengan esa mayoría electoral. Han atendido la inclusión social, pero en general son estructuralmente ineficientes y a futuro esto afectará su fuerza electoral. La recuperación de la institucionalidad democrática tendrá que emerger del nuevo balance de fuerzas que está construyéndose.

 

La pobreza que viven muchas regiones de Latinoamérica empuja a personas a vivir como damnificadas de un desastre permanente; no se asemejan a los trabajadores griegos o españoles perdiendo beneficios, se trata de gentes sin esperanzas de nada. En casos como estos el asistencialismo es indispensable. En ese sentido, las políticas sociales bolivarianas son cuestionadas como asistencialistas e insostenibles porque dependen de los altos precios del petróleo y de las materias primas. Efectivamente así es; sin embargo en Latinoamérica hubo otros períodos de bonanza rentista que acabaron en despilfarro de las clases altas, la diferencia es que ahora sería la primera vez que los pobres no se la pierden y esto tiene una implicación política muy importante.

 

En efecto, la sostenibilidad o no sostenibilidad en el largo plazo de las políticas sociales no puede depender de los precios del petróleo, sino de si a futuro será posible o no elevar la tributación, y esto es precisamente lo que mantiene a Latinoamérica como la región más desigual. Mientras la media de recaudación fiscal de los países de la OCDE es 35% del PIB la de Latinoamérica es 19%. La “revolución fiscal” que necesita el continente no surgirá de la sensibilidad de las clases altas, sino de la competencia democrática y la demanda ciudadana. En ese sentido, el impacto político más estratégico del llamado “populismo” es que está modificando positivamente la demografía electoral. En el proceso histórico de valoración del voto popular podemos hablar de quienes no existen como electores, de quienes no votan porque no saben que votar es importante, de quienes votan manipulados y de quienes aprenden a vender el voto. Esto concluye cuando se convierten en mayoría quienes descubren que votar les permite ser representados y tener beneficios. Este proceso civilizatorio lo vivieron los europeos en el siglo pasado y condujo a mayor equidad y desarrollo. En otras palabras, quien quiera gobernar tiene que pensar seriamente que los pobres importan, por ello la inclusión y la generación de una identidad política que los integre es vital para la democracia, aunque por ahora esa identidad tenga características contestarías. La herencia más particular de Chávez ha sido la generación de nuevos ricos, esto muy a pesar del conflicto moral que la extrema izquierda tiene con la riqueza. Por ello ha sido realmente surrealista que grupos de la extrema izquierda latinoamericana, “algunos de ellos comunistas de pura raza”, fueran enriquecidos y convertidos por Chávez en lo que se conoce como “boliburgueses”. Esto no es malo, al contrario, es muy positivo que la izquierda tenga empresarios y poder económico para fortalecer el balance de poder y mejorar su comprensión sobre el mercado y la democracia.

 

En Nicaragua los recursos llegados de Venezuela están dando tiempo para un despegue productivo del país. Entre los muchos proyectos se ha construido un gran parque de diversiones gratuito que visitan diariamente decenas de miles de niños y jóvenes con sus familias. Esto podría considerarse insostenible a futuro; sin embargo, si se tiene en cuenta la contagiosa infección criminal que padecen los violentos vecinos El Salvador, Guatemala y Honduras, el parque es un formidable instrumento de prevención del delito que está protegiendo la seguridad y el crecimiento económico de Nicaragua. Visto así, Chávez en realidad ha subsidiado indirectamente a los empresarios. Si a futuro los recursos venezolanos dejan de llegar, los ricos nicaragüenses tendrán que decidir si prefieren pagar más impuestos o enfrentarse a los narcotraficantes y a la “mara salvatrucha”.

 

Joaquín Villalobos fue guerrillero salvadoreño y es consultor para la resolución de conflictos internacionales

La muerte de Hugo Chávez, ¿el inicio de un mito?

Carlos Malamud

5 de marzo de 2013

 

Las noticias y los rumores sobre la salud de Hugo Chávez se incrementaron dramáticamente en los últimos días. Casi todos ellos coincidían en un agravamiento del estado presidente venezolano, aquejado por las secuelas de un terrible cáncer contra el que venía luchando desde hace bastante tiempo. Finalmente llegó el titular de su muerte, sobre la que tanto se había especulado últimamente, favorecido por la opacidad de la política de comunicación del gobierno venezolano. Sin embargo, no es éste el momento de hacer un balance de la labor de Chávez en el gobierno, sobre la que existen visiones encontradas y demasiados aprioris, sino de efectuar otro tipo de valoraciones. El objetivo de estas líneas es otro muy distinto y tiene que ver más con el futuro que con el pasado y el presente, un futuro que ya ha comenzado a escribirse en Venezuela y en el resto de América Latina. En torno a ese futuro son muchas las preguntas que se pueden plantear, comenzando por la de si habrá un chavismo sin Chávez, y si se mantendrá en una parte del continente el influjo de la llamada revolución bolivariana. En línea con los dos interrogantes anteriores encontramos la cuestión que preside estas líneas: estamos ante el nacimiento de un nuevo político en la región, equiparable al mito bolivariano, o, por el contrario, tras un tiempo prudencial comenzará a eclipsarse la figura de quien ha sido unos de los principales referentes del populismo antiimperialista latinoamericano.


La nueva coyuntura creada por la muerte de Hugo Chávez nos muestra a la oposición venezolana en baja forma. Tras dilapidar en su momento los buenos resultados de la anterior elección presidencial no ha encontrado la forma necesaria para enfrentarse al oficialismo, que tiene buenas posibilidades de volver a imponer a su candidato en los próximos comicios. Precisamente esta situación es la que puede comprometer el futuro del chavismo en Venezuela, responsabilizado de gestionar una situación cada vez más complicada, con unos efectos de la devaluación hasta ahora bastante atenuadas.

 

La gran mayoría del pueblo venezolano, el mismo que fue rescatado del olvido y de la postración social por Chávez, le perdonaba una y otra vez los fallos y los errores que podía cometer. Esto se observa en la gran tolerancia demostrada frente al deficiente estado de la seguridad ciudadana y los altos índices de criminalidad, a los problemas de desabastecimiento, a la elevada inflación o a otras cuestiones igualmente graves. Sin embargo, de esa paciencia no podrán beneficiarse sus sucesores. El carisma y la gran habilidad política de Chávez son únicos e intransferibles. Por tanto, el futuro del chavismo dependerá tanto de la labor de quienes tomen el relevo en el palacio de Miraflores como de la capacidad de la oposición para no cometer errores garrafales que permitan la victimización del proyecto bolivariano.

 

Lo que ocurra fronteras afuera de Venezuela será otro cantar. En primer lugar por el interés estratégico que Cuba tiene en la evolución del proceso bolivariano y su gran dependencia energética. En segundo lugar porque habrá que ver que ocurre con el ALBA, ya carente de la impronta y del fuerte liderazgo que Chávez le otorgaba. Si bien Rafael Correa, Evo Morales o Cristina Fernández intentarán mantener vivo el proyecto, no sólo será complicado reemplazar a Chávez, y su estrecha relación con Fidel Castro, sino también suplir el constante flujo de los petrodólares venezolanos, vitales en la expansión del bolivarianismo por toda la región.

 

Chávez había sido único en la elaboración de un relato nacionalista y antiimperialista y habrá que ver si sus sucesores son capaces de mantenerlo. Lo demostrado hasta ahora habla de grandes dificultades en el empeño. Si bien desde los centros neurálgicos de la propaganda cubano venezolana ya se está trabajando para construir un nuevo mito político, equiparable a las figuras de Simón Bolívar o del Che Guevara en tanto constructor de la revolución continental, no es con el recurso de presentar a un Chávez asesinado por el imperialismo y la oligarquía como se podrá avanzar en este sentido.

 

El discurso dominante hasta la fecha, que presentaba al comandante bolivariano luchando contra un cáncer persistente, pese a la inexistencia de pruebas fehacientes de su naturaleza exacta, no condice con la idea de un complot o una conspiración finalizada en asesinato. Es obvio que en el corto plazo el chavismo tiene todas las cartas a su favor para imponerse en Venezuela, pero su capacidad de permanencia dependerá mucho más de sus propios éxitos que de los errores ajenos. De ellos se benefició Hugo Chávez en su día, pero ese momento histórico ya ha pasado.

 

Carlos Malamud es catedrático de Historia de América de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), de España, e Investigador Principal para América Latina y la Comunidad Iberoamericana del Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos.

La herencia económica de Hugo Chávez

Reuters

Caracas, 5 de marzo de 2013

 

Las claves

 

El líder izquierdista, fallecido el martes a los 58 años víctima de un cáncer, incrementó la participación y control del Estado en la economía. Nacionalizó empresas neurálgicas, centralizó el manejo de la hacienda pública, ancló los precios de alimentos y medicinas y fijó el tipo de cambio.

 

Durante los 14 años de gobierno del presidente Hugo Chávez, la economía venezolana fue uno de los sectores que sufrió mayores transformaciones en el tránsito de la nación petrolera hacia el socialismo.

 

El líder izquierdista, fallecido el martes a los 58 años víctima de un cáncer, incrementó la participación y control del Estado en la economía. Nacionalizó empresas neurálgicas, centralizó el manejo de la hacienda pública, ancló los precios de alimentos y medicinas y fijó el tipo de cambio.

 

A continuación, parte del sistema económico dejado por Chávez:

 

* Chávez hizo de las nacionalizaciones una marca registrada de su gestión. Desde que asumió el poder en 1999, ordenó la adquisición forzosa de grandes empresas petroleras, eléctricas, siderúrgicas, bancos y telefónicas, así como de pequeñas industrias productoras de envases, sanitarios y tuberías.

 

La ola de expropiaciones dejó una estela de más de 20 arbitrajes internacionales por montos multimillonarios.

 

* Durante sus 14 años en el poder, Chávez transformó además la manera de hacer negocios petroleros.

 

La promulgación de una ley de hidrocarburos en el 2001 obligó a todas las transaccionales interesadas en explotar crudo en el país a participar en calidad de socias minoritarias de la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA).

 

El cambio derivó en expropiaciones y arbitrajes, pero también en el crecimiento exponencial de la recaudación petrolera por parte del Gobierno, en medio del alza de los precios del crudo. Además representó una mayor transferencia de recursos de PDVSA para financiar decenas de programas sociales para la mayoría menos favorecida del país.

 

* Otro sello de la “revolución” impulsada por Chávez fueron los controles de cambio y de precios. En el 2003 y tras un paro petrolero que golpeó las finanzas del país, el mandatario impuso un control de divisas que, dijo, había llegado “para quedarse”.

 

También fue el comienzo de la política de regulación de precios que luego se profundizaría a través de leyes para poner techo a los precios de alimentos, alquileres y medicinas en una economía con una fuerte inflación.

 

Hasta el 2013 el bolívar fue devaluado cinco veces.

 

En 2010 el Gobierno estableció un mecanismo secundario de entrega de divisas con un tipo de cambio superior al oficial, administrado por el Banco Central de Venezuela y atado a la permuta de títulos valores.

 

Las medidas llevaron al desabastecimiento de bienes primordiales, una característica del Gobierno de Chávez. El mandatario y sus aliados, sin embargo, culparon a la especulación y el acaparamiento.

 

La empresa privada alega que los controles, sumados a las expropiaciones, aceleraron el deterioro de la industria local, generando mayor dependencia de los bienes importados.

 

* Chávez deja una serie de subsidios que representan una pesada carga fiscal para el Estado, pero que contribuyeron a su alto nivel de popularidad.

 

Venezuela tiene la gasolina más barata del mundo. Cálculos de la propia PDVSA indican que cada año la estatal deja de percibir unos 11.000 millones de dólares por el subsidio a los combustibles en el mercado interno.

 

Además, el Gobierno importa alimentos, autos y electrodomésticos que son vendidos por debajo de su precio a través de sus redes propias de distribución.

 

* Desde que Chávez asumió el poder los índices de pobreza y desempleo se redujeron a la mitad, aunque sus críticos a menudo advierten que la calidad del empleo decayó y un 40 por ciento de los venezolanos trabaja en la economía informal.

 

* La administración de la hacienda pública fue asumida directamente por el Ejecutivo a través de la creación de fondos paralelos al presupuesto de la nación.

 

Mecanismos de inversión como el Fonden (Fondo Nacional de Desarrollo) o el Fondo bilateral Venezuela-China, alimentados con ingresos petroleros, rara vez rinden cuentas.

 

La oposición denuncia que la disposición de estos fondos, así como las ganancias de PDVSA, que aporta el 90 por ciento de los dólares que circulan en la economía, es opaca y discrecional.

 

* Tanto Venezuela como PDVSA aumentaron su ritmo de endeudamiento con Chávez a la cabeza. En 2011 se anotó un récord en la región con la emisión de casi 18.000 millones de dólares, entre la petrolera y el Estado.

 

Analistas han advertido sobre la estrechez de la curva de los vencimientos de la deuda local, pero también destacan el buen historial de pago del país.

 

Durante la enfermedad de Chávez, la deuda venezolana experimentó alzas sustanciales, por las expectativas del mercado a un cambio de Gobierno y una posible transición hacia una administración más amigable con el mercado.

 

La deuda interna también alcanzó niveles récord durante la administración de Chávez, debido al financiamiento de planes sociales como la construcción de viviendas o el fortalecimiento de la alicaída agricultura.

 

* Venezuela batalla contra una inflación de dos dígitos desde hace más de 25 años, que la ha azotado tanto en épocas de crecimiento económico como en momentos de recesión.

 

El Gobierno intentó frenar el avance de los precios mediante estrictas regulaciones, que se han convertido en una camisa de fuerza para producir bienes y servicios.

 

En 2012 los precios al consumidor empezaron a dar tregua a la nación de la OPEP, a raíz de la entrada en vigencia de una controvertida ley de precios que dio la potestad al Estado de revisar las estructuras de costo públicas y privadas y colocar precios finales.

¿Chávez falleció en Cuba?

 

Aunque Nicolás Maduro anunció que Hugo Chávez murió en el Hospital Militar de Caracas, Venezuela, a las 4:25 de la tarde, en realidad falleció en Cuba alrededor de las 7 de la mañana, o sea, más de nueve horas antes.

 

Parte de la estrategia del acto protagonizado por Nicolás Maduro horas antes fue el de acaparar la atención de los medios, para así facilitar el traslado del cadáver de Hugo Chávez en avión desde Cuba.

Los hombres de Hugo Chávez

Quién es quién en el chavismo

Todos los hombres del comandante

Ewald Scharfenberg

5 de marzo de 2013

 

Seis personas componían la guardia pretoriana del presidente.

Chávez se aseguró de que ninguno destacara.

En sus manos queda el futuro de un movimiento que dependía de la personalidad de Chávez.

 

Para un líder que no tuvo inconvenientes en anunciar que se proponía gobernar hasta el año 2030, luce natural que nunca haya invertido energías en preparar a sus reemplazos. Por algo su régimen se llamó y tal vez quiera seguir denominándose “chavismo”: más que en una idea, se concentra en torno a una personalidad.

 

Debió llegar el 8 de diciembre de 2012 para que Hugo Chávez admitiera en alocución pública algo de lo que, apenas horas o días antes, tuvo que persuadirse a sí mismo: el cáncer le propinaba la derrota que la política jamás pudo. En esa inflexión hacia la mengua, seguramente verificó que “el Bolívar este” –como un spot de la más reciente campaña electoral apodó al presidente- no tenía a mano a su propio Antonio José de Sucre, el leal.

 

Como en cualquier régimen personalista, Hugo Chávez ha tenido un círculo de confianza al que sometió con astucia a una noria de delicados equilibrios y sucesivas fases de caída en desgracia y rehabilitación. Las pruebas de lealtad y paciencia, antes que templarlos, fueron desgastando a los embriones de delfín que rodearon al caudillo.

 

El resultado es que, en lugar de haber un primogénito claro o un rosario de papabili, los herederos de Chávez se reparten un legado de medianías donde no despunta un hombre fuerte que haga valer sus derechos sobre los demás. Por el contrario, el poder se fragmenta en cuotas que diferentes jefes de facciones buscan potenciar mediante alianzas que se antojan frágiles, aglutinadas por la convicción provisional de que, por separado, cada quien tendría mucho que perder.

 

Tal minusvalía incluye a Nicolás Maduro. Quedó ungido como sucesor porque la gravedad de Chávez coincidió con un momento de ascenso de su propia estrella. A ello se sumó la bendición de los Castro en Cuba, cuya apuesta permanente es la de garantizar en Venezuela la máxima combinación posible de viabilidad del gobierno en Caracas con obediencia a las exigencias de La Habana.

 

Como se verá en la enumeración que sigue, como en una versión criolla del Anuario de Gotha, la nobleza chavista queda integrada hasta nuevo aviso por hombres medio fuertes pero, eso sí y ante todo, hombres; parece que el régimen, que se jacta de contar con mujeres en cargos claves de los poderes del Estado –las del Tribunal Supremo y el Consejo Nacional Electoral, o la Fiscalía General de la República, por ejemplo-, todavía no vence su misoginia congénita a la hora de conceder poder real.

 

Entonces, ¿quién es quién en el chavismo? Estos son los funcionarios que se vienen enrocando en las más altas posiciones del movimiento revolucionario.

 

Nicolás Maduro

Vicepresidente. Ex canciller, Ex presidente de la Asamblea Nacional.

 

Se formó como dirigente sindical en el Metro de Caracas, cuando militaba en Liga Socialista, un partido de ultraizquierda. Reconocido por su lealtad ciega a Chávez, ese no es su principal activo: es tenido por un buen negociador. En los papeles del Departamento de Estado filtrados por Wikileaks, aparece como alguien con iniciativa propia, capaz de buscar desde la cancillería contactos con Estados Unidos e Israel. Durante la crisis de abril de 2002 se mostró con dotes reconciliadoras. Pero, por eso mismo, es visto con recelo por el chavismo más radical.

 

Diosdado Cabello

Presidente de la Asamblea Nacional. Ex vicepresidente, ex ministro de Infraestructura, ex gobernador del estado Miranda, ex Presidente de la Comisión de Telecomunicaciones.

 

Se retiró del ejército como Teniente luego de las intentonas de 1992. Obtuvo una bien ganada reputación de gerente eficaz al comando de actividades técnicas, como las telecomunicaciones. Pero simultáneamente dio inicio a un historial de connivencias con el sector empresarial que ha servido de origen para señalamientos de corrupción en su contra. Despojado de carisma, escaso de destrezas retóricas y nada dado a la ideología, cuenta con los recursos para moverse en las sombras y controlar la burocracia del partido oficial, el PSUV.

 

Elías Jaua

Ministro de Relaciones Exteriores. Ex ministro de Economía Popular, ministro de Agricultura y Tierras, ex ministro de la Presidencia.

 

Sociólogo, probablemente el más formado de la nueva guardia chavista, tanto en lo académico como en el rol de cuadro político. Militó en la extrema izquierda universitaria. Se le tiene por una de las cabezas visibles del sector talibán o iraní del oficialismo. Por ello mismo se le mira con buenos ojos desde La Habana donde, sin embargo, se duda sobre su capacidad para transar con sectores distintos. Perdió puntos tras su derrota electoral en diciembre pasado contra el líder opositor Henrique Capriles Radonsky, en disputa por la gobernación del estado Miranda.

 

Francisco Arias Cárdenas

Gobernador del estado Zulia. Ex embajador de Venezuela ante la ONU.

 

Su currículo es corto en la administración actual. Pero el teniente coronel Arias Cárdenas fundó con Chávez el MBR200, la logia militar que intentó el putsch de 1992. Era el intelectual del grupo. Y se lanzó a la política con éxito y antes que Chávez: en buena lid electoral ganó la gobernación del estado Zulia, potencia petrolera y agroindustrial del oeste venezolano, en 1995 y 1998. Un extraño paréntesis en su carrera revolucionaria le hizo candidato opositor en 2000, enfrentado a Chávez. Arrepentido, volvió al redil en 2005. Ahora capitaliza su ascendencia sobre la oficialidad activa del ejército, y junto a otros gobernadores militares, asume una política más pragmática ante el capital privado.

 

Rafael Ramírez

Ministro de Petróleo y Minería, presidente de Pdvsa. Ex presidente del Ente Nacional del Gas.

 

Ha sabido hacerse indispensable. Maneja el negocio petrolero con una duplicidad sin precedentes: como ministro, desde las oficinas del ente de planificación y Regulación, y como ejecutivo, desde la presidencia de la petrolera estatal. Significa que guarda las llaves de la caja, cada vez más negra, a la que entra la renta petrolera y desde la que se financian los programas de asistencialismo cruciales para la fortuna electoral del gobierno. No tuvo inconveniente en abandonar el perfil técnico que se esperaba de sus cargos para convertirse en una suerte de agitador ejecutivo.

 

Adán Chávez

Gobernador del estado Barinas. Ex ministro de educación, ex ministro de la Presidencia, ex Embajador en Cuba.

 

Hermano mayor del presidente y su primer mentor político. Graduado en Física de la Universidad de Los Andes y docente-instructor de esa casa de estudios por 20 años. Al contrario de su hermano presidente, se muestra distante y poco seductor. Su liderazgo dentro del clan familiar es discutido, pero ante una eventual desaparición de Hugo Rafael, puede reivindicar su parentesco y conocimiento del plan original. En 2011 parecía el candidato preferido por La Habana para la sucesión presidencial, pero varios errores políticos le obligaron a bajar el perfil.

Nicolás Maduro anuncia

que a las 4:25 de la tarde “Hugo Chávez ha fallecido

Guillermo Cochez, ex embajador panameño ante la OEA, afirmó hace cuatro días que Hugo Chávez murió

En exclusiva para NTN24 el exembajador de Panamá ante la OEA, Guillermo Cochez, aseguró que el Gobierno venezolano está preparando a la opinión pública para dar a conocer la noticia sobre la muerte del mandatario venezolano.

 

“En la medida que el Gobierno se sienta acorralado van a dar la noticia, esto refleja que están buscando el camino para preparar a la opinión pública sobre la muerte de Chávez”, aseguró Cochez, para NTN24.

 

En días pasados el exembajador anunció a NTN24 que el presidente Hugo Chávez había tenido muerte cerebral desde el pasado 30 de diciembre y que sus hijas habían dado la orden de desconectarlo.


Durante su anuncio, Cochez retó al Gobierno venezolano a desmentirlo.

Maduro acusa a los “enemigos históricos” de Venezuela del cáncer de Chávez

Estefanía de Antonio

5 de marzo de 2013

 

“Los enemigos exteriores tratan de desestabilizar la revolución bolivariana pero nos encontrarán de frente”.

 

Cuando todo el mundo esperaba que Nicolás Maduro saliera a informar sobre el delicado estado de salud de Hugo Chávez –incluso a anunciar su incapacidad para gobernar- el vicepresidente venezolano ha sorprendido con una encendida denuncia de una conspiración para atacar al presidente y al país.

 

Maduro ha asegurado que el cáncer de Chávez es “un ataque de los enemigos históricos de la patria”, y ha anunciado una comisión de investigación con científicos para determinar la causa exacta de la enfermedad del presidente.

 

Los enemigos buscaron el punto para dañar la salud de nuestro comandante

 

“Los enemigos históricos de nuestra patria buscaron el punto para dañar la salud de nuestro comandante (…). Ha habido varios casos en la Historia, el último el de Yaser Arafat”, ha afirmado, en alusión al presidente palestino, cuya muerte por envenenamiento fue certificada por una comisión de investigación.

 

En un discurso de más de una hora ante la nación, tras reunirse con la cúpula política y militar, Maduro ha acusado a EE.UU. y a la “oligarquía de la derecha antipatria” de atentar contra la estabilidad política y militar del país aprovechándose de la delicada situación del presidente, que vive, ha dicho, “sus horas más difíciles”.

 

Venezuela expulsa a dos funcionarios de EE.UU

 

El vicepresidente venezolano ha informado de la expulsión inmediata de un funcionario estadounidense por “violar los convenios internacionales” al haberse dedicado en las últimas semanas a buscar a militares activos en Venezuela y proponerles “proyectos desestabilizadores”. Minutos después, el canciller venezolano, Elías Jaua, ha informado de la expulsión de un segundo integrante de la Agregaduría Aérea de la embajada de Estados Unidos.

 

“El señor David Kostal también ha sido declarado persona no grata junto con David del Mónaco (el agregado) y tienen 24 horas para abandonar el territorio soberano e independiente de la República Bolivariana de Venezuela”, ha declarado Jaua a medios estatales, según recoge la agencia Efe.

 

Vamos a asegurar la paz bajo cualquier circunstancia

 

Entre los aplausos de los dirigentes chavistas que han asistido a la reunión en el Palacio de Miraflores, en Caracas, Maduro ha anunciado que el Gobierno tomará “medidas especiales” para frenar el ataque permanente de sectores “antipatria”. “Vamos a asegurar la paz bajo cualquier circunstancia”, ha advertido.

 

Además de complots militares, Maduro ha denunciado el acaparamiento de productos y “ataques especulativos” contra la economía venezolana. “Estamos tras la pista de otros elementos que configuran este cuadro venenoso para buscar perturbaciones, daños económicos y un zarpazo a la vida social y la paz de nuestro pueblo”, ha añadido.

 

Atrincherado en teorías de la conspiración, Maduro, que se ha referido a Chávez como “el nuevo libertador del siglo XXI”, ha animado a los políticos presentes y al pueblo a trabajar “cohesionados” y a cerrar filas con el comandante ante la ola de “provocaciones, mentiras y rumores”. 

 

“Señores, nuestra revolución esta preparada y más fuerte que nunca hoy por hoy”, ha afirmado, de nuevo entre aplausos, para después concluir con la siguiente consigna: “oración y acción, unidad y disciplina, ¡qué viva Hugo Chávez!”.

 

Una nación en vilo

 

La comparecencia de Maduro se ha producido después de que Caracas reconociera este martes el emperoramiento del estado de salud del mandatario venezolano.

 

Chávez, operado el pasado 11 de diciembre en Cuba, ha sufrido un serio revés en su batalla contra el cáncer. Maduro ha explicado queel presidente sufre “complicaciones en su situación respiratoria” por una infección “muy severa”, aunque mantiene “intacto” su “ánimo de vida gigantesco”.

 

La salud de Chávez tiene en vilo a los venezolanos desde hace tres meses. El presidente, de 58 años, no ha sido visto en público desde que viajara en diciembre a La Habana para someterse a su cuarta operación del cáncer pélvico que le fue detectado a mitad de 2011. Su última prueba de vida data del pasado 15 de febrero, cuando Caracas difundió las primeras imágenes del comandante, aún hospitalizado en La Habana, junto a sus hijas.

The Future of ‘Cubazuela’

The ties between Castro and Chávez have kept the island nation afloat. What now?

March 1, 2013

 

Los lazos entre Castro y Chávez han mantenido a flote la isla, pero la salud del venezolano pone en riesgo esa alianza.


Fidel Castro y Hugo Chávéz se identificaron por su afinidad al béisbol y el gusto por el poder personal.

 

Pocas personas en el mundo están más interesadas en la salud del presidente venezolano Hugo Chávez que los hermanos Fidel y Raúl Castro.

 

Desde que llegó a la presidencia de Venezuela en 1999, Chávez, que hoy en día está batallando un cáncer, ha desarrollado un lazo excepcionalmente fuerte con Fidel Castro, quien ha hecho de mentor, asesor médico y figura paterna del mandatario. La relación personal entre el viejo dictador cubano y su pupilo autocrático más joven se ha convertido en una red de lazos económicos y políticos que hoy entrelazan los destinos de las dos naciones. Esa relación le ha dado a la isla pobre y casi quebrada un poder enorme sobre su vecino petrolero que es mucho más rico y que goza de una población mucho mas grande.

 

Cuba, al mando de los hermanos Castro desde 1959, tiene mucho que perder si Chávez muere. Desde 2007, Venezuela ha provisto a la isla comunista con alrededor de US$10.000 millones al año en ayuda económica, en gran parte en la forma de petróleo a un precio reducido y pagos inflados por miles de doctores y otros profesionales, según el Centro de Estudios Cubanos de la Universidad de Miami. La ayuda e inversión totales de Venezuela ahora componen cerca de 22% del Producto Interno Bruto de Cuba, dijo Carmelo Mesa Lago, profesor emérito de la Universidad de Pittsburgh, y experto en la económia cubana.

 

Si la relación entre La Habana y Caracas se acaba o debilita, muchos cubanos temen que la frágil economía de la isla pueda ser arrastrada a una recesión, como ocurrió en los años 90, cuando Cuba perdió la ayuda soviética y su economía se derrumbó cerca de 40%. “Podría provocar una agitación social”, dijo Riordan Roett, director de estudios latinoamericanos de la Universidad Johns Hopkins.

 

En febrero, después de pasar dos meses recuperándose de su cuarta cirugía contra el cáncer en 18 meses, en el mejor hospital de Cuba, el convaleciente Chávez volvió a Caracas en medio de la noche e ingresó a un hospital militar. Su prognosis es un secreto de Estado, pero muchos analistas creen que se encuentra en etapa terminal.

 

Asesoría política

 

Si Chávez muere, la ley venezolana requiere que se convoquen nuevas elecciones. La oposición política ha criticado duramente la ayuda del gobierno a Cuba, y promete gastar el dinero derivado del petrolero dentro de Venezuela.

 

El mayor de los Castro ha sido por años el principal asesor de Chávez en el arte de la supervivencia política, dicen analistas. Los dos países han firmado más de 300 acuerdos de cooperación comercial y económica, muchos de los cuales involucran pactos de intercambio que parecen favorecer a Cuba.

 

¿Desde cuándo los países pobres controlan a los ricos, los países pequeños mandan a los países grandes y los países débiles dictan a los países poderosos?”, preguntó el exsecretario de Relaciones Exteriores de México, Jorge Castañeda. “Es como si Puerto Rico controlara a EE.UU. Es una locura”.

 

El lazo entre los dos países no tiene precedentes en la historia latinoamericana, dijo Carlos Alberto Montaner, un analista político en Miami. En 2004, incluso consideraron una fusión formal, añadió. Los venezolanos bromean con que su país debía cambiar de nombre a “Cubazuela”.

 

La relación empezó en una pista del aeropuerto de La Habana en 1994. Castro había ejercido su poder absoluto por 35 años. Chávez era un flaco teniente coronel desconocido, un golpista fracasado. Recién había salido de la cárcel, indultado tras servir dos años por rebelión.

 

Castro, molesto con el presidente venezolano por dar audiencia a líder del exilio cubano, desenrolló la alfombra roja para Chávez, recibiéndolo con honores usualmente reservados para un jefe de estado. Durante la visita de dos días, Castro estuvo constantemente a su lado, sosteniendo conversaciones que duraban toda la noche. Encontraron afinidades en su mutuo amor por el béisbol y los monólogos, resentimientos contra la hegemonía estadounidense y una codicia por el poder personal. “Fidel vio que Chávez era un diamante en bruto y empezó a pulirlo”, dijo un ex miembro del gabinete de Chávez.

 

Una vez elegido presidente en 1998, el venezolano se convirtió en el aliado más cercano de Castro. Chávez vio a Castro como un padre y una manera de ganar respetabilidad revolucionaria. Ex funcionarios venezolanos y analistas dicen que Castro vio a Chávez como un rico inocentón que podía ayudar al experimentado dictador a continuar su labor de desafiar a EE.UU.

 

Es un cálculo político-estratégico”, dijo Brian Latell, ex analista de Cuba para la CIA y biógrafo del líder cubano. “Pero Fidel es un gran actor y Chávez pudo haberse realmente convencido de que lo quiere”.

¡Presenten a Chávez vivo o muerto!

Carlos Alberto Montaner

2 de marzo de 2013

 

Por su voluntad de acaparar el poder a cualquier precio, el chavismo se ha colocado en esta situación desesperada. ¿Qué puede hacer?

 

El exembajador de Panamá ante la OEA, el Dr. Guillermo Cochez, una persona generalmente muy bien informada, afirma que Hugo Chávez, presidente de Venezuela, realmente murió hace unos días y reta al gobierno de ese país a que lo desmienta. ¿Cómo? De la única manera creíble: presentando al enfermo o, en su defecto, al cadáver.

 

Hasta ahora, los portavoces del chavismo —el ministro Ernesto Villegas, el vicepresidente Nicolás Maduro, el diputado Diosdado Cabello— han dicho cosas contradictorias, pero comienzan a dosificar malas noticias sobre la salud de Chávez, como si prepararan a la opinión pública para comunicarle el fatal desenlace anunciado por Cochez.

 

Era un predecible crescendo. Si, efectivamente, Chávez ha muerto, tienen que notificarlo de esa manera, porque, hasta ahora, han jugado con el embuste de que el teniente coronel se estaba curando progresivamente. Falsedad a la que el propio Fidel Castro le prestó su ya mínima credibilidad, asegurando, públicamente, que el líder bolivariano estaba en proceso de recuperación, mentira que no pueden deshacer tajantemente, sino poco a poco, para no desacreditar aún más a quienes engañaron a los venezolanos y a la opinión pública de una forma tan cruel y descarada.

 

¿Cuándo ocurrirá esto? El problema parece estar en el carácter ilegítimo de Nicolás Maduro. Si la información transmitida por Cochez es verídica, Chávez murió sin jurar su cargo de presidente, de manera que Maduro nunca pudo ser designado vicepresidente y ocupa esa posición de manera fraudulenta, lo que constituye un flagrante delito descrito en el artículo 214 del código penal venezolano castigado con pena de cárcel: usurpación de funciones públicas.

 

¿Quiénes saben lo que realmente sucede en la cúpula chavista? Sin duda, demasiadas personas para que el secreto no se conozca a corto plazo: los Castro y otra veintena de cubanos, incluido el personal médico que lo atendió en La Habana, donde aparentemente se produjo la muerte cerebral; la familia de Chávez (hijas, hermanos, padres, exesposas); la dirigencia del chavismo, los ex vicepresidentes Elías Jaua y José Vicente Rangel —un viejo estalinista con fama de imprudente—, y una docena de militares venezolanos de alto rango que ven lo que sucede con cierto nerviosismo producto de la incertidumbre.

 

En total, más de un centenar de personas conocen exactamente lo que sucede, sin contar los principales servicios de inteligencia del mundo: Estados Unidos, Rusia, Israel, e incluso China, que se juega miles de millones de dólares en el destino de Venezuela y, por si acaso se produce una situación caótica, le ha secado las fuentes de financiamiento.

 

Todos estos servicios tienen la capacidad de interferir y escuchar llamadas telefónicas, entrar en los correos electrónicos y descifrar los mensajes “encriptados” que se transmiten los gobiernos. Todos ellos, además, cuentan con colaboradores situados en las inmediaciones del poder que les dan informaciones más o menos fidedignas.

 

El chavismo, en fin, por su enfermiza voluntad de acaparar el poder a cualquier precio, se ha colocado en esta situación desesperada. ¿Qué puede hacer? Lo honorable, si Chávez murió, es que sus dirigentes no continúen engañando al pueblo venezolano, incluidos los propios chavistas, y digan exactamente la verdad: cuándo y cómo el presidente llegó al final de su vida.

 

A partir de ahí, está la Constitución, la “bicha” tan querida por Chávez, con sus definidos procedimientos legales para enfrentarse a esta circunstancia, recurriendo a los métodos democráticos sin necesidad de que surja un estallido de violencia.

 

De acuerdo con ella, el fraudulento señor Maduro debe apartarse del poder —aunque lo elijan como candidato del chavismo—, mientras Diosdado Cabello asume la presidencia y convoca a elecciones en un plazo de treinta días.

 

Naturalmente, también, como han hecho hasta ahora, los dirigentes chavistas pueden continuar enredándose en sus mentiras, inventándose una juramentación post mortem de Chávez, y una falsa designación de Maduro, pero todo lo que lograrían con esa conducta sería fatigar aún más a la opinión pública venezolana, a estas alturas asqueada de que le tomen el pelo como si esa sociedad estuviera compuesta por idiotas y oligofrénicos.

 

En todo caso, lo fundamental es lo que dijo el exembajador Cochez: que presenten el cuerpo de Chávez. Vivo o muerto, pero que lo presenten.

Viaje al epicentro del chavismo

Ewald Scharfenberg

2 de marzo de 2013

 

Barinas, la región natal del presidente, es un escenario clave en la evolución personal y política del caudillo y en las intrigas familiares que sostienen su poder

 

¿Dónde está Chávez? La pregunta que recorre Venezuela halla una respuesta casi unánime entre las personas mejor informadas de Barinas, el Estado natal del presidente: la Hacienda Las Matas.

 

Se trata de un predio de 500 hectáreas a unos 40 kilómetros de la ciudad de Barinas, la capital homónima de la provincia. Durante muchos años su propietario fue David Coirán, empresario y expresidente de la empresa eléctrica del Estado durante el segundo Gobierno del socialdemócrata Carlos Andrés Pérez (1989-1992). Coirán hizo de la finca uno de los centros pioneros de la cría de búfalos. Pero en 2009 la vendió y terminó en poder de PDVSA, la empresa petrolera estatal.

 

Bajo la gestión de la empresa petrolera, Las Matas dejó de ser productiva. De hecho, se convirtió en coto de veraneo de la familia Chávez. Se hicieron mejoras en las cuatro casas que había. Se agregó un helipuerto con señalización nocturna y un camino asfaltado. El año pasado, el propio presidente solicitó una nueva remodelación, que incluía la construcción de una sala clínica con equipos médicos. Tal vez fuera cierto que el líder revolucionario contemplara la posibilidad de retirarse a completar su convalecencia aquí. De la querencia que desarrolló por el lugar habla con elocuencia el hecho de que las dos últimas veces que visitó Barinas, en 2012, optó por hospedarse en la hacienda, en lugar de la finca familiar, La Chavera, o de la residencia del gobernador, su hermano Adán Chávez.

 

Sin embargo, en su más reciente paso por el terruño, el anhelo del exteniente coronel se vio empañado por una contrariedad: las obras de reforma no fueron de su agrado. Reconvino con acritud a Pedro Jiménez Giusti, a quien se las había encargado. Jiménez Giusti es un paisano barinés, excapitán del ejército que dejó las armas tras participar en la asonada golpista comandada en 1992 por Chávez para derrocar el Gobierno de Carlos Andrés Pérez. Luego se reconvirtió en gerente de PDVSA.

 

El río Santo Domingo bordea el linde oriental del cortijo, que por otro costado comparte vallado con el contiguo Hato Corocito, que pertenece al exministro del Interior y actual gobernador del Estado de Guárico, Ramón Rodríguez Chacín.

 

Rodríguez Chacín es un exoficial de la Armada que formó parte de los comandos de élite que en los años ochenta se enfrentaban a las guerrillas colombianas activas en la frontera suroeste de Venezuela. Con el tiempo, los meandros del destino dieron un raro giro y pusieron al capitán de navío, ya en retiro, a congeniar con sus antiguos enemigos. Hoy se le conoce como uno de los interlocutores oficiosos del chavismo con las FARC colombianas. En 2008 le tocó representar al Gobierno venezolano en la operación para recibir en territorio colombiano la liberación de una de las rehenes más famosas de las FARC, Clara Rojas.

 

Fue en el Hato Corocito de Rodríguez Chacín donde Tirofijo y Mono Jojoy —el primero, fundador de las FARC, y ambos comandantes ya desaparecidos de la guerrilla colombiana— se hospedaron para reunirse con Chávez entre 2006 y 2008.

 

Las afueras de la Hacienda Las Matas mostraban este jueves un panorama de tranquilidad. No había ni guardias ni alcabalas. Una cuadrilla de obreros de la petrolera PDVSA hacía trabajos en la carretera colindante que conduce hasta el área de producción de San Silvestre. Los lugareños relatan que cada vez que el presidente Chávez llega, se nota mucho movimiento de helicópteros y tropas. Pero en estos días nada así se ha registrado.

 

Aunque es posible que el presidente Chávez haya dejado su corazón enterrado en Las Matas, no parece que pase su convalecencia aquí. El rumor, que contradice las versiones oficiales que lo tienen en una habitación del Hospital Militar de Caracas, no se corresponde con los hechos.

 

Quizá, en cambio, sea la expresión de un deseo local: los barineses están convencidos de que su región desempeñará un papel protagónico en el desenlace de la historia de intrigas en que se convirtió la salud de Chávez desde su operación de cáncer en La Habana, el 11 de diciembre pasado, y su posterior gravedad, reconocida a regañadientes y cuentagotas por su Gobierno.

 

En Barinas, a pocos se les escapan detalles del entorno que alimentan todo tipo de teorías de conspiración. Por ejemplo, ¿por qué los padres del comandante Chávez, el exgobernador Hugo de los Reyes Chávez y Elena Frías, permanecen en la capital de provincia en vez de estar al lado del enfermo en Caracas? El padre, el maestro Chávez, debió operarse por una apendicitis en el Hospital Militar de Caracas apenas unos días antes del regreso de su hijo mártir. ¿Por qué no lo esperó allá? ¿Y qué decir de Narciso Chávez, Nacho, uno de los hermanos menores del presidente? Sigue en una suerte de exilio interior en Barinitas, una población justo al pie del monte andino, luego de que durante la reciente campaña electoral figurara como una especie de ayuda de cámara del candidato-presidente.

 

También se espera que la enfermedad del presidente obre otro milagro: la reconciliación entre Adán y Argenis, dos de los hermanos de Chávez. Desde hace algún tiempo libran una batalla campal por el control político del Estado, batalla que por ahora gana Adán, actual gobernador de Barinas por segundo periodo consecutivo. Argenis fue el hombre fuerte durante la administración del patriarca, Hugo de los Reyes, de 80 años de edad, gobernador de 1999 a 2008. Pero cuando el mandato del padre expiró, Hugo Chávez desatendió las aspiraciones de Argenis e impuso como sucesor a Adán, su hermano mayor, exministro y exembajador en Cuba, quien adoctrinó al presidente en materia política.

 

Desde su despacho, Adán se ocupó de desalojar a todos los fieles de Argenis: funcionarios, contratistas, operadores, informantes. Hugo tampoco se llevaba bien con Argenis, trasladado desde 2011 a Caracas para hacerse cargo de una de las áreas de gestión más deficientes del Gobierno chavista, el suministro eléctrico. El díscolo hermano le dejó un moretón en el ojo al presidente en 2002 al final de una discusión.

 

“Ellos pelean en la política, pero se respetan en familia”, asegura Antonio Bastidas, exdiputado y dirigente del opositor Un Nuevo Tiempo (UNT) en Barinas. Bastidas compartió en su juventud con los Chávez, vecinos en la urbanización Rodríguez Domínguez de la capital regional. “Argenis al final va a morir con la familia”, apuesta Bastidas, “y yo estoy seguro de que los Chávez se van a convertir en una tercera corriente dentro del chavismo, distinta de las de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello; después de todo, ¿quién más puede decir que tiene la sangre del líder?”.

 

El vaticinio abarca también a Aníbal Chávez, otro hermano del presidente con quien mantuvo diferencias. Hoy es alcalde de Sabaneta por el gubernamental Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), a pesar de que en 1992 fue expulsado del MBR200, el movimiento cívico-militar que, con base en una logia castrense, sirvió de plataforma para el fallido golpe de ese año. ¿El motivo de la sanción? Que Aníbal aceptó ese año el cargo de director de Educación en la gobernación del democristiano Gerhard Cartay.

 

Sabaneta, a 25 kilómetros al noreste de Barinas, es la Jerusalén de la revolución. Allí nació Chávez y vivió su infancia. Es un baluarte familiar, y las obras públicas más importantes con que el presidente buscó engalanarlo rinden homenaje a la estirpe. En la céntrica esquina donde estuvo la casa de paredes de barro y piso de tierra donde Chávez se crió, ahora se levanta un modélico centro de educación preescolar bautizado Mamá Rosa, en recuerdo de la abuela paterna del líder. La única calle nueva que se construyó lleva el nombre de Pedro Pérez Delgado, Maisanta, un legendario caudillo de montoneras del principio del siglo XX, antepasado de Chávez.

 

No debería extrañar entonces que Sabaneta vuelva a ser la zona cero del culto al presidente. “Hugo Chávez entregó la vida por esto y si se levanta va a seguir en la lucha”, dice en la plaza de Bolívar de Sabaneta Alfredo Aldana, uno de los más fervientes seguidores de Chávez, exentrenador deportivo, que formó parte del séquito de seguridad del presidente cuando este se presentó por primera vez como candidato, en 1998. “Un Hugo Chávez solo nace cada 100 años”.

 

Telma Torres es una novia de juventud del comandante. No tiene empacho en confesar que, casado Chávez en primeras nupcias con Nancy Colmenares y ella misma también en matrimonio, el entonces oficial del ejército siguió buscándola: “Yo le marqué en el amor”.

 

A Telma Torres, un jovencísimo Chávez le prometió una vez “que iba a ser ministro de la Defensa”. Aldana, por su parte, una vez presenció cómo el futuro presidente, que venía a la banca luego de jugar béisbol bajo la canícula llanera, encontró que no había agua para refrescarse, tiró al piso el envase vacío y juró con ira que “algún día sería alguien importante para que no siguieran pasando cosas así”.

 

Un cierto sentido de la predestinación atraviesa la parábola de Hugo Chávez en Sabaneta. Aunque no quiere decir que desde siempre se venerara su memoria con anticipación. Ricardo Aro, un memorioso militante de izquierda, recuerda que en 1986 Chávez, para la fecha capitán del ejército y comandante de un batallón acantonado en la población de Elorza, en el Estado de Apure, organizó una cabalgata de 500 kilómetros desde ese pueblo hasta el campo de Carabobo, para seguir el trayecto que 165 años antes había hecho el prócer independentista José Antonio Páez con sus lanceros. Cuando pasó por su Sabaneta natal, Chávez enterró en plena plaza de Bolívar una cápsula del tiempo que, dentro de un cilindro metálico, contenía un mensaje conmemorativo de la parada. Con las obras de remodelación posteriores en la plaza, el pergamino fue a dar a un botadero de basura, de donde lo rescató Israel Chávez, otro primo del militar.

Hugo Chávez o la escenografía

de los moribundos en La Habana.

Arsenio Rodríguez Quintana

15 de febrero de 2013

 

(...) así luce el presidente de Venezuela en las primeras imágenes que el Gobierno difunde del mandatario desde que fue operado el 11 de diciembre en La Habana. El País, 15-02-2013.

 

El plató de los moribundos en La Habana diseñado por los Castro, ya encontró un relevo al actor Fidel Castro, Hugo Chávez, quien fue actor secundario en las escenografías de Fidel Castro cuando era moribundo. Claro, con diferencias.

 

Chávez ha querido salir con sus hijas (María Gabriela y Rosa Virginia) en el plató para reforzar su imagen muy débil, y creo que ellas hacen que se vea peor. A pesar de que la cama está alzada, un cojín azul le sube más la cabeza para parecer que está inclinado hacia delante por sí mismo, pero no.

 

Lo más terrible de esta escenografía no es el sobrepeso de las niñas, sino poner la bandera venezolana colgada como una camisa en una cajonera o armario detrás en un segundo plano, ellos que cuidan y quieren tanto las banderas y los símbolos. Luego, si Chávez es venezolano, podía haber salido con un cómic de su país para que la risa no fuera tan fingida, pues quienes conocemos el mal humor del periódico oficial del Partido Comunista de Cuba, ni podemos imaginar de qué se ríen, leyendo semejante bodrio.

 

Por último, con la pobreza que hay en Venezuela, una de las niñas se podía haber ahorrado el desproporcionado anillo cuadrado que presenta mejor salud que Chávez.

 

Sí, ya tenemos una prueba de que Chávez se resiste a entrar en el Valle de Proserpina, Perséfone para los griegos (hija de Zeus y Deméter), pero como existir es ser retratado, según escribió Plotino, estas imágenes y su delfín Nicolás Maduro demuestran que lo tiene difícil para volver.

 

No quiero que piensen que traje los mitos griegos por ser historiador, o vivir en Europa. Cito a Perséfone precisamente, pues ella terminó viviendo la mitad del año en el infierno y la otra en la tierra, como creo que le ha tocado a Chávez; particularmente para él y otros personajes similares, hubiese preferido que con salud, perdieran en las urnas todo el poder.

Venezuela inicia una guerra

contra la economía ‘negra’ tras la devaluación

Ewald Scharfenberg

13 de febrero de 2013

 

La población corre a comprar y el Gobierno se arma contra la inflación

El Ejecutivo cierra una cadena de supermercados 72 horas por “usura”

 

Que una depreciación masiva del 32% de una moneda se haga efectiva al inicio de la Cuaresma, tiempo de penitencia, resulta una imagen adecuada para el impacto que debería tener en la economía. Así pareció ayer, miércoles de ceniza, cuando se publicó en la Gaceta Oficial de Venezuela el convenio cambiario por el cual el bolívar, la divisa local, pasa de una paridad oficial de 4,30 bolívares por dólar a 6,30.

 

En un país que desde hace dos meses no tiene otro testimonio de vida del presidente Hugo Chávez más que una firma dudosa, la situación económica ahora se presenta como el enfrentamiento entre los mandatos del mercado y la fe voluntarista de su Gobierno.

 

Los venezolanos conocen las secuelas de una devaluación: han vivido cinco en los últimos diez años, sin contar otros programas de ajuste desde hace tres décadas. Por ello no sorprende que entre el viernes, cuando el Gobierno anunció la devaluación, y el martes, último día de Carnaval, verdaderos tumultos abarrotaran las tiendas de bienes de importación, especialmente electrodomésticos, para arrasar con sus inventarios a precios viejos. Muchos también hicieron uso anticipado del cupo anual que el Gobierno asigna para compras por Internet, unos 400 dólares por persona, o adquirieron billetes aéreos.

 

La víspera de la entrada en vigor del nuevo tipo de cambio, el ministro de Industria, Ricardo Menéndez, declaró a la principal televisión del Estado que movilizaciones como esas se activaron bajo “una premisa falsa”, la de que el ajuste cambiario alimentará las presiones inflacionarias. Ayer lo respaldó el presidente del Banco Central, Nelson Merentes, quien aseguró que “al corto tiempo no debería haber ese efecto [inflacionista]”, porque “no todo lo que se consume está dolarizado, como es el caso de alimentos que se producen en el país”.

 

Las autoridades venezolanas previeron en sus recientes medidas que las solicitudes de divisas que estuvieran todavía en trámite para la importación de ciertos bienes de primera necesidad se salden al tipo de cambio anterior. Eso aseguraría dólares baratos para algunos comercializadores y manufactureros, entre ellos, el propio Gobierno, uno de los mayores importadores del país.

 

Pero la previsión no parece contar con la cotización del dólar en el mercado negro. Con la economía venezolana sometida desde 2003 a un estricto régimen de control de cambios estatal, los precios al público suelen estar marcados por la paridad negra. Se calcula que entre el 15% y el 20% de la demanda anual de divisas se satisface en ese mercado paralelo, al que acuden personas y sobre todo empresas que no pueden esperar por los cuellos de botella del organismo que asigna las divisas o cuyas demandas no se corresponden a los criterios —políticos— para la asignación.

 

Aún después de la devaluación, la tasa de cambio oficial representa algo menos de un tercio del precio del dólar en la calle, que repuntó tras las medidas del Gobierno. Para contener esos efectos, el ministro Menéndez anticipó una mayor fiscalización de las empresas favorecidas con dólares oficiales “para evitar que incurran en especulación”. Ayer, la oficina del Estado para la protección del consumidor anunció el cierre por 72 horas de la mayor cadena de tiendas por departamentos del país, Beco, por “un ilícito que tiene que ver con la usura”.

 

Mientras suenan los tambores de la guerra contra la especulación, los expertos hacen notar que no son nuevas las armas en el arsenal del Gobierno. Desde hace tiempo el Ejecutivo cuenta con leyes ad hoc para determinar precios de ciertos bienes, supervisar los costos de producción, sancionar a los minoristas y hasta para prohibir, con pena de cárcel, la simple mención del dólar negro. Pero a fines de enero se acumulaba una tasa de inflación de 22,2% anual, la más alta del hemisferio. La inflación y la escasez de productos, junto a la inseguridad, son lo que más preocupa a los ciudadanos de un país que vende alrededor de 100.000 millones de dólares al año en petróleo.

Michel Suárez entrevista

al periodista venezolano Ibsen Martínez

11 de febrero de 2013

 

El escritor y periodista venezolano Ibsen Martínez analiza la crisis institucional por la que atraviesa el petroestado y sus consecuencias para Cuba.

 

El venezolano Ibsen Martínez habla y escribe sin parar. Periodista de los diarios Tal Cual, El Mundo Económico y Meridiano, ha publicado dos novelas y ya espera la tercera, “de tema bastante afín a la cultura cubana”. Se le conoce como un gran polemista, un intelectual de larga carrera a quien no dejan de interesarle el béisbol y las telenovelas.

 

Y como en Cubazuela política y suerte se mezclan hasta confundirse, DIARIO DE CUBA ha querido preguntarle sobre la coyuntura histórica de ambos países, con la enfermedad de Hugo Chávez y la crisis económica como telón de fondo.

 

Teniendo en cuenta los problemas crecientes de Venezuela, ¿deben preocuparse los cubanos a corto plazo?

 

La cúpula militar y empresarial que rodea a Raúl Castro debe estar viendo, muy atentamente, la crisis por la devaluación del bolívar. Si se considera que un altísimo porcentaje de las importaciones y operaciones se hacen en dólares, y que lo hace el Gobierno, va a ser muy difícil que el electorado de Chávez y los sectores más populares no sientan el coletazo en los precios y en la escasez. Esto es algo bastante inédito en Venezuela, pero se ha venido agudizando en los últimos años.

 

Los estantes de los supermercados están vacíos…

 

Es en los mercados subsidiados donde más acusadamente se ve la falta de harina precocida y muchas otras cosas. La respuesta del gobierno chavista es siempre retórica: echarle la culpa a una proterva conspiración de la burguesía, pero ese es un problema que está allí. Tarde o temprano iba a pasar. Si tú desmantelas el aparato productor privado, esto tenía que ocurrir. No alcanzan las divisas para importar chécheres (pacotilla).

 

Pero, exactamente, ¿por qué no hay comida en Venezuela?

 

Porque no hay quien la produzca. Todo se importa. En 2003, al final del paro petrolero, las importaciones estaban en el orden de los 13.000 millones de dólares al año, y una buena parte (el 70 u 80%) eran alimentos. Hay mucha corrupción, mucho dinero que se queda en el camino. Es un gran negocio importar alimentos, pero eso no quiere decir que lleguen al consumidor final.

 

Quiero recordar el escandaloso “caso Pudreval”, nombre que la prensa dio a esa cosa grotesca de enterrar los alimentos putrefactos para borrar cualquier evidencia de negociado en los puertos. Por cierto, yo no sabría, no tengo manera de saber, hasta dónde llega la corrupción de la empresa cubana que ahora maneja los puertos.

 

¿Está en crisis institucional el petroestado?

 

El chavismo se ha metido en una inescapable crisis institucional por saltarse las normas. Ellos, por supuesto, quisieran tener la elección cuando el candidato esté en las mejores condiciones posibles, contando con Chávez como avalador. Cuando digo ellos me refiero al ala madurista y raulista. Pero no lo pueden lograr porque necesitan una juramentación, se han saltado las reglas por arte de birlibirloque. El Tribunal Supremo decidió que no había ninguna de las dos faltas previstas en la Constitución, ni temporal, ni definitiva, sino todo lo contrario: un permiso médico indefinido que, para barbaridad, el propio enfermo es el que tiene que decir cuándo caduca.

 

¿Cuáles son las posibilidades reales de Maduro en unas nuevas elecciones?

 

Podría ganarlas si logra prolongar ese estado anímico —al cual se refería Rafael Rojas en un artículo—, si logra asociar la idea de que votando por Maduro se estaría cumpliendo la última voluntad de Chávez. Maduro tiene muchísimas posibilidades de salirse con la suya, entre otras cosas por la debilidad táctica que advierto en la oposición. Es increíble, porque parece que no hubieran contemplado nunca este escenario.

 

Chávez ha sido el típico autócrata competitivo, una figura novedosa. Él no tomó el poder por las armas, se especializó y afinó sus instintos electorales. No todo ha sido el dinero y el dispendio —esa es mi opinión muy personal—, sino también el carisma y el discurso. Mucha gente en la oposición subestima a Maduro por sus orígenes sociales, pero no es menos cierto que el culebrón de “morirá o no morirá, no regresará, si regresa se juramentará y le pondrá la mano en el hombro a Maduro”, encuentra a la oposición en un momento en que tiene que hacerse de nuevo de un candidato.

 

El más natural debería ser Capriles. Es el que ha tenido mejor desempeño y, de hecho, ya la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) anunció que el candidato sería escogido por consenso político, pues no hay tiempo para una primaria. Pero, entretanto, la oposición no tiene un candidato haciendo campaña. Además, ha sido muy cauta, se ha dejado intimidar, se ha maniatado, se ha atado la lengua con el problema de que “no debemos especular con la enfermedad de Chávez, no debemos ser morbosos”.

 

¿Por qué Capriles ha aceptado el 'golpe de Estado constitucional' del 10 de enero?

 

Habría que preguntárselo a Henrique. Yo sí creo que hubo un golpe de Estado, consumado de un modo sui géneris, de gente que decidió desatender el llamado de Chávez del 8 de diciembre por televisión. Eso era muy sencillo: si yo faltase, las provisiones constitucionales exigen que se convoque una elección lo más pronto posible y este hombre es mi candidato. Ellos no lo han hecho así. Maduro no ha sido elegido, no ha sido ni siquiera designado por el presidente electo, puesto que el presidente electo no ha tomado posesión. Es un gobierno, en ese sentido, ilegítimo.

 

Ahora bien, ¿cuál ha sido la posición de la MUD en todos estos últimos años? Ha sido muy difícil llegar a una concertación de partidos, pero siempre al costo de hacer la vista gorda con las inconsistencias del listado de electores, de numerosísimas triquiñuelas. En la MUD prevalece la noción de ir por la vía estrictamente electoral. Pareciera que entienden que la única manera de afrontar a Chávez, democráticamente y pacíficamente, es en elecciones. A mi juicio, dejan de lado a la sociedad civil en otras luchas, en muchos conflictos que se están dando. Hay conflictividad laboral y en todos los terrenos.

 

¿Qué hay de cierto en la supuesta diferencia de matices entre Cabello y Maduro?

 

Qué bueno que me haces esa pregunta, porque quienes han puesto a rodar lo de los “matices” son algunos articulistas. El mundo militar venezolano es muy opaco para los civiles, para los observadores demócratas. Siempre lo fue. En los últimos años esa opacidad es aún más acusada. El secretismo con el que se ha contaminado el ejército, propio del fidelismo, también contribuye a que uno no sepa realmente quién tiene influencia allá dentro.

 

De Diosdado Cabello solo se sabe que es un tipo a quien Chávez no veía con muy buenos ojos, pero que nunca ha podido defenestrarlo. Eso es lo que realmente sabemos, y que al parecer es un hombre de muchos negocios, un tipo de mucho dinero. A mí me alarma ver cómo hay columnistas y observadores venezolanos que dicen que él es nacionalista, como si fuese una especie de Nasser. Creo que son chavistas los dos.

 

Aun en el caso de que hubiese diferencias insalvables entre los generales, por ejemplo, la coyuntura y la sensatez obliga a estar juntos. No creo en la expectativa de que se está creando una crisis sucesoria y que en el chavismo se van a caer a dentelladas. Es más, creo que es irresponsable apostarle a eso. Los demócratas deben apostar a sus propios refuerzos y a su capacidad para llegar a los venezolanos con un mensaje.

 

Si muere Chávez y gana Maduro, ¿qué deben esperar los cubanos sobre las relaciones políticas y económicas?

 

El pueblo cubano no debería estar alarmado, porque tampoco hay muchas opciones. Hay consenso en la gente más sensata de la oposición de que, si gana Capriles, Venezuela tendría que ir a una transición muy concertada con factores del chavismo. Uno de los puntos es que no hay ningún motivo para repatriar a los médicos cubanos. Hay un consenso en la MUD de que no sería justo para con el pueblo cubano suspender los suministros de petróleo, aunque se insista en que hay facturas por cobrar y petróleo que debe ser pagado de alguna manera.

 

Y en caso de que Maduro se haga con la presidencia, pues cabe esperar una continuidad de lo que ha sido hasta ahora la política de subsidio venezolano. Así que no creo que el cubano de a pie deba aterrorizarse ante la idea de la muerte de Chávez. Pero insisto en que no va haber cama para tanta gente, no va haber divisa dura para repartir entre tantos aliados del ALBA. Eso obligará a Maduro a tomar decisiones bastantes impopulares, decretar una inflación, restringir el gasto público. Es lo que creo que cabe esperar, no un cataclismo, sino una profundización de la crisis institucional venezolana.

Llegó el derrumbe

Gustavo Coronel

11 de febrero de 2013

 

En lo económico.

1.     La devaluación del 46,7 por ciento es claramente insuficiente y tendrá que ser seguida por otra a mediados del año.

2.     Se seca el manantial del endeudamiento, debido la negativa de China de seguir dando dinero por miedo a perderlo. Al dejar de prestarle dinero a Chávez por pensar que el régimen se derrumba, China contribuye a acelerar el derrumbe.

3.       Los volúmenes de hidrocarburos regalados y subsidiados por PDVSA se han convertido en una carga insoportable y obliga al régimen a dejar de honrar sus compromisos políticos hacia el ALBA y hasta sus compromisos financieros con China, país que no está recibiendo lo que le correspondería por haber financiado la última campaña electoral del paciente.

4.     CORPOELEC está insolvente y es incapaz de evitar los apagones cada vez más frecuentes.

5.     La CVG está en quiebra, la producción ha colapsado y hasta los empleados y obreros han dejado de cobrar sus sueldos.

6.     El monstruo burocrático creado por el régimen, unos 2,4 millones de empleados, se acerca a la rebelión abierta.

7.       Al no tener divisas suficientes el régimen deja de importar la comida que requiere el país y ello se refleja en los estantes vacíos en los mercados.

8.     Con la devaluación hay más bolívares, pero la inflación se encarga rápidamente de neutralizar esa inyección de liquidez y genera expectativas de un aumento general de sueldos y salarios. ¿Con qué nalgas se va a sentar la cucaracha?


En lo político

Aquí el derrumbe ha sido más pronunciado.

1.     Quien fuera el líder, Hugo Chávez, ya ha desaparecido de la escena, no porque lo digamos nosotros sino porque así es. Tiene más de dos meses sin dar señales de vida y, a pesar de que Maduro dice que le aprieta, su yerno que manda más que un dinamo, Jaua que está dando órdenes, lo cierto es que no ha dicho ni ñé. Un diario de España dice que perdió el habla, lo cual tomaremos como cierto hasta que el paciente hable.

2.       Más allá de estas incertidumbres parece claro que Chávez ya no regresa a la presidencia. Sin Chávez el régimen es un arroz con pollo sin pollo.

3.     Su reemplazo designado es un pobre diablo, una inmensa chayota bigotuda que da pena ajena. La estrategia que sus asesores cubanos le ha dictado es la de ser agresivo, borrar a la oposición del mapa desprestigiando a Capriles, pero sus amenazas suenan risibles y su patanería es avasallante.

4.     El sargento Cabello lo ha tratado de ayudar en la Asamblea Nacional pero ha montado un espectáculo ridículo con su pronunciado aspecto boliburgués.

5.     La troika Cabello-Maduro-Ramírez trata de reemplazar a Chávez y viaja incesantemente a La Habana a pedir instrucciones de los Cubanos. Las reciben pero, al regresar a Venezuela, se enredan de nuevo porque son incompetentes.

6.     Estimo que esta gente no dura más de seis meses aferrada al coroto.

7.       Lo que dice José Vicente Rangel en su programa de ayer domingo confirma el colapso político. Rangel habla de un golpe inminente de la derecha contra el gobierno. El sabe bien que lo que está ocurriendo no es un movimiento civil, el cual es un sector bastante aletargado. Lo que está ocurriendo es un inicio de pronunciamiento insurgente de parte de la Fuerza Armada en contra de este régimen. Ya el descontento se está transformando en actitudes de rebeldía abierta. Rangel, entre otros, ha hecho sus arreglos de salida del país.


En lo social

Este es el campo más confuso del país.

1.     Los parámetros económicos y políticos indican, sin lugar a dudas, que el régimen se hunde. El sector social es más difícil de leer porque estamos frente a 30 millones de venezolanos quienes no se comportan de manera fácilmente predecible.

2.       A riesgo de ser criticado, ya que este es un tópico muy sensible, debo decir que el pueblo venezolano me ha decepcionado profundamente. No quiero decir con esto que no tengamos héroes, que no tengamos buenos ciudadanos activos, que no tengamos buenos ciudadanos pasivos, que no tengamos millones de venezolanos buenos. Lo que quiero decir es que, estadísticamente, el pueblo venezolano ha permitido con su voto y/o con su pasivo silencio que un malandro como Hugo Chávez destruya nuestro país. Lamentablemente es así porque, si no hubiera sido así, ya no tendríamos a este malandro fuera del poder. Y la razón ha sido pasional.

3.     Chávez compró la conciencia o la voluntad de millones de venezolanos con sus dádivas. Al resolverle el día a día económico a millones de pobres les compró el alma. Complacidos por recibir el pescado no se dieron cuenta de que nadie los estaba enseñando a pescar. Ahora, cuando los pescados comienzan a escasear, se darán cuenta –demasiado tarde– de que están en un foso más profundo, el pozo de la incapacidad para generar su propia riqueza.

4.       De allí que el régimen no cae por obra del bravo pueblo. No estamos ante una gesta emancipadora. El régimen se derrumba bajo el peso de su ineptitud. Nadie lo tumba, se cae.

5.     Su legado es trágico. La Venezuela que dejará es un país en ruinas, con millones de gente indefensa e incapaz de valerse por sí misma, en absoluta invalidez social.

6.     Tendremos millones de gente resentida, la cual pensará, porque se lo dijo Chávez, que alguien le robó lo suyo. En la Venezuela de los próximos 20 años prevalecerá este resentimiento social subyacente, hasta que la educación nos libere de las cadenas de la ignorancia y de los complejos.


Moraleja

Queridos amigos:

1.     No hay atajos para el progreso.

2.       No hay país que sobreviva a la desunión y al odio.

3.       Si no logramos integrarnos en nación, respetarnos mutuamente, actuar con genuina compasión y hablar el verdadero lenguaje de la inclusión, gente como Chávez nos habrá ganado la partida, convirtiéndonos en un país mediocre, con un comportamiento muy por debajo de nuestro verdadero potencial. Esta es una realidad que ya está casi fuera de nuestras manos y pasa a ser asunto de las próximas generaciones.

4.     Los jóvenes venezolanos frente a la OEA son un punto de luz en la oscuridad.

5.       Hemos debido sacar a Chávez a patadas del poder y no lo hicimos. Ese estigma nos perseguirá por mucho tiempo.

Calenturas ajenas

Félix Luis Viera

11 de febrero de 2013

 

No solo hay que denunciar a Hugo Chávez, sino las causas que llevan a que alguien como él llegue al poder

 

Los intelectuales cubanos residentes en el extranjero, casi en general, más no pocos cubanos que se hallan fuera de la Isla y que no son intelectuales, aborrecen a Hugo Chávez. Debemos pensar que esto se debe a que el mandatario venezolano es alumno y amador incondicional de Fidel Castro, y que intenta meter a Venezuela por el mismo lodazal en que metieron a Cuba Fidel Castro y su hermano. Es decir, un rechazo triangulado, diríamos. Los columnistas y analistas cubanos que viven fuera de Cuba y que publican en innumerables medios, no cesan del criticar los excesos del gobernante venezolano, un déspota sin dudas. ¿Pero por qué debe interesarnos tanto a los cubanos exilados o residentes en el extranjero lo que ocurre en Venezuela? Está bien: “nada humano me es ajeno”, dijo aquel. Pero no hay que exagerar, no hay que obsesionarse. ¿Por qué habremos de preocuparnos y amargarnos tanto por lo que haga el alumno si ya el maestro nos destruyó y poco hicimos para evitarlo o, en el mejor de los casos, o en el peor, nos engañaron o nos dejamos engañar? Tampoco estos periodistas, columnistas, analistas, ciudadanos cubanos que viven fuera de la Isla citan la causa: no hay mesías si no hay condiciones creadas. De modo que miren hacia atrás y denuncien también por qué alguien como Hugo Chávez puede tomar el poder. Y piensen en los Chávez que faltan, de continuar la desigualdad en América Latina.

 

Lo cierto es que Hugo Chávez gana elecciones presidenciales. Ha ganado cuatro. Esa es la verdad y no otra. Ha sido elegido y reelegido en las urnas. Y la voluntad que se ha expresado en las urnas hay que respetarla. Han sido elecciones limpias en las urnas, eso lo reconoce todo el mundo. ¿Pero elecciones totalmente limpias? No. Durante sus campañas ha amenazado sin piedad a sus adversarios; ha utilizado todo su poder mediático y económico para tomar ventaja; aun ha intimidado con que se desataría en su país una guerra civil si la oposición obtuviese la victoria. Pero ha ganado las elecciones presidenciales, las últimas con un 11 % de ventaja. Ha resultado victorioso porque, además de los aspectos antes mencionados, ha favorecido a los más pobres, que en Venezuela son muchos; ha estimulado la atención médica gratuita, la educación, la vivienda y otras necesidades de ese segmento empobrecido de la sociedad. Bien, esto, lo positivo que ha realizado Hugo Chávez, no he visto que sea tratado con constancia por sus adversarios en general, por los cubanos en particular.

 

Pasan cosas raras. En varios países de América Latina, México es un ejemplo, muchas personas se quejan de que los presidentes y legisladores, como se saben con derecho a un solo mandato, no hacen en ocasiones muy bien la cosas, conscientes de que, terminado su período, nadie les podrá reclamar a fondo. Otra gallo cantaría, dicen, si estuvieran sujetos a ser reelegidos más allá de su primer período; les pasarían la cuenta, dicen. ¿Qué de malo tiene entonces que Hugo Chávez y otros mandatarios latinoamericanos intenten reelegirse siempre que esto se decida mediante elecciones democráticas?

 

En mi opinión, lo mejor o lo más interesante que ha ocurrido en la Venezuela actual son las variantes surgidas en los últimos días. ¿Quién quisiera gobernar un país con una inflación que ha cerrado el 2012 en un 19 %, la mayor tasa de América Latina; con una moneda sobrevaluada que augura una severa devaluación en este 2013; con una infraestructura arruinada; o con la tasa de homicidios más alta del subcontinente: 49 asesinatos por cada 100 mil habitantes, es decir, una víctima cada 33 minutos? Menos mal, entonces, que la oposición no ascendió al poder en las pasadas elecciones, de modo que quien cargará con la culpa por el desastre irremisible que se avecina para los venezolanos será Hugo Chávez o el chavismo, en caso de que estos no cambien el derrotero hacia el punto de la lógica.

 

Los cubanos. Bueno, los cubanos que sí tienen que estar, y lo están, pendientes de lo que ocurre en Venezuela, son los que viven allá, en la isla limosnera. De Hugo Chávez y su política depende que ellos, al menos, se mantengan en el rango de miseria que hoy los agobia. Ellos sí deben aun rezar, asistir a misas con gladiolos y lo demás que les oriente el castrismo en su patético show para que el gobernante venezolano mejore su salud; aunque en verdad, lo que se dice querer, o amar, no aman a Hugo Chávez para nada; pero ya lo sabemos: el estómago manda. Ellos sí, decía, con mucha razón deben estar pendientes de lo que suceda en Venezuela. Nosotros, los que estamos afuera, ¿por qué vamos a sudar en exceso, en exceso, recalco, las calenturas ajenas? Allá los venezolanos, ellos eligieron a su gobernante.

Estudiantes venezolanos les envían un mensaje a todos los venezolanos

 

Hoy, 10 de febrero de 2013, cuando se cumplen dos meses continuos de la ausencia física del presidente de la república en nuestro país y alarmados por la grave crisis que atraviesa nuestra patria, los estudiantes venezolanos reunidos en asamblea suscribimos el siguiente comunicado:

 

Desde que se hizo pública la enfermedad del presidente el pasado 30 de junio del año 2011, los venezolanos hemos sido víctimas de una manipulación irresponsable en el manejo de la información por parte del gobierno nacional. En flagrante violación del artículo 58 de nuestra Constitucional Nacional, en lugar de información veraz y oportuna hemos observado como un gobierno sin escrúpulos manipula la verdad para favorecer a una élite política y económica que detenta el poder.

 

A 60 días de la ausencia del presidente del territorio nacional por su tratamiento en Cuba, se ha violentado el hilo constitucional en Venezuela. Hoy se ha enquistado al estado venezolano un gobierno de facto que secuestra la legitimidad de los votos de Hugo Chávez y pretende gobernarnos atropellando los derechos de todos. Hoy los estudiantes desconocemos quién gobierna en nuestro país, pero observamos, al igual que el resto de los venezolanos, como los cabecillas del gobierno deben viajar constantemente a Cuba para tomar decisiones sobre el destino de nuestra patria. Entre ellas la más reciente fue una devaluación decretada un viernes de carnaval, que empeora la calidad de vida de todos los venezolanos, especialmente la de los más humildes. Rechazamos, de forma contundente, la violación a la soberanía nacional y la intromisión del gobierno cubano en los asuntos internos de Venezuela.

 

Hoy observamos como la enfermedad del presidente Chávez nos ha permitido ver, con mucha crudeza, la enfermedad que padece nuestra sociedad. Es duro decirlo, pero no podemos pecar con un silencio cómplice de los males que nos afectan a todos. Nuestra Asamblea Nacional es, quizás, el más grande ejemplo de la descomposición de nuestro sistema político. Se reivindica un supuesto combate que insiste en la división de los venezolanos con un discurso retórico cargado de violencia y resentimiento. Una crisis de valores que nos condena a la mediocridad de la corrupción y el pragmatismo político, y nos aleja de la posibilidad de construir la convivencia necesaria para alcanzar la paz en Venezuela. Hoy somos el país con más corrupción y violencia de América Latina.

 

Convencidos de que es necesario rescatar los valores de la democracia para buscar el encuentro de todos los venezolanos, hacemos un llamado a nuestro pueblo para que despierte del sueño profundo que hoy nos mantiene siendo cómplices de la destrucción de nuestra patria. Exigimos la restitución del hilo constitucional en el país y la aplicación de los artículos 231. 233 y 234 de nuestra Constitución Nacional. Llamamos a todos los ciudadanos a luchar por la reivindicación de sus derechos y a no claudicar ante la bota de un gobierno que pretende arrodillarnos en la injusticia.

 

¡Unión, Libertad y Justicia!

 

Estudiantes Venezolanos.

 

Caracas a los 10 días del mes de febrero del año 2013.

Las naciones no tienen intereses

Carlos Alberto Montaner

9 de febrero de 2013

 

Jeane Kirkpatrick, la notable ensayista y diplomática norteamericana de la era de Reagan, solía decir, con cierta melancolía, que ella, como académica, se había adiestrado para buscar la verdad, pero, como diplomática, a veces su detestable función era ocultarla.

 

El profesor panameño Guillermo (Willy) Cochez, democristiano muy prominente, exembajador de su país ante la OEA en el actual gobierno de Ricardo Martinelli, tuvo que enfrentar un dilema similar a los que mortificaban a Kirkpatrick, y optó por decir la verdad y cumplir con su conciencia, antes que mentir o parapetarse tras una montaña de eufemismos. Esa posición le costó su cargo, pero le ganó el respeto de muchísima gente.

 

El incidente ocurrió el 16 de enero en la sede de la OEA en Washington. Por aquellos días se ventilaba el insólito caso del presidente reelecto de los venezolanos, Hugo Chávez, internado en un hospital en La Habana, presuntamente moribundo o muy grave, circunstancia que debió resolverse de acuerdo con la Constitución, cuyo texto establecía claramente que, ante hechos de esa naturaleza, debían celebrarse elecciones en treinta días, convocadas por el presidente de la Cámara.

 

Al embajador Cochez, que es, además, profesor en la Facultad de Derecho de una universidad panameña, le pareció intolerable que el gobierno venezolano violara la ley, ignorara la ausencia de Chávez, y transmitiera ilegalmente la autoridad al vicepresidente Nicolás Maduro, todo ello con el beneplácito de la OEA y de su cantinflesco Secretario General, José Miguel Insulza.

 

Anteriormente, el mismo organismo juzgó con gran severidad las destituciones de los presidentes Manuel Zelaya, de Honduras, y del paraguayo Fernando Lugo, pese a que ambos procesos se llevaron a cabo dentro de la ley vigente en esos países.

 

Para Cochez, que tenía una larga historia personal de lucha contra la narcotiranía panameña de Manuel Noriega, y de solidaridad con otros países que intentaban establecer la democracia, como ocurrió en El Salvador de Napoleón Duarte en la década de los ochenta, su amigo y compadre socialcristiano, ésa era una oportunidad de decir la verdad y ayudar a los venezolanos libres a denunciar lo que realmente ocurría en Venezuela.

 

Al fin y al cabo, la Carta Democrática, firmada por todos los países miembros de la OEA, le daba la razón a Cochez. Venezuela no era una verdadera democracia, sino una variante del despotismo, sancionada en las urnas, donde no se respetaban los derechos de las minorías y no existían poderes independientes. El Caudillo había fagocitado las funciones del Poder Judicial, mientras el Parlamento, con una mayoría forzada por unas reglas electorales abusivas, apenas era una caja de resonancia de la voz del amo.

 

Ante este episodio, que demuestra la coherencia moral de Guillermo Cochez y el doble lenguaje y la cobardía de numerosas cancillerías, vale la pena recordar un elemento que suele olvidarse: es falso que las naciones tienen que escoger entre sus intereses y sus principios.

 

En realidad, las naciones sólo pueden tener principios. Las naciones son abstracciones. Son tribus unidas por lazos espirituales intangibles. Son los individuos, las empresas, los partidos quienes tienen intereses.

 

El señor Chávez ha corrompido a numerosos grupos y líderes políticos con sus maletas llenas de petrodólares, como las que descubrieron en Argentina; y ha extirpado la decencia del comportamiento de países pequeños que se benefician de los envíos de petróleo en condiciones ventajosas, como ocurre en casi todo el Caribe, pero esa conducta inmoral tiene un nombre en el derecho penal: “sometimiento voluntario a la extorsión”.

 

Todos esos políticos y gobernantes latinoamericanos que miran para otro lado cuando el chavismo atropella a los venezolanos, cierra o acosa a los medios de comunicación, ayuda a las narcoguerrillas comunistas colombianas, se colude con la teodictadura iraní para elaborar armas nucleares, o contribuye con recursos de distinta envergadura al triunfo de sus cómplices en la construcción de esa gran jaula llamada Socialismo del Siglo XXI, no están defendiendo los intereses de sus países: están pisoteando los principios en los que se asientan sus naciones.

 

Están pudriendo las bases morales de las sociedades que dicen representar. Eso, sencillamente, es muy grave.

 

Gracias, embajador Cochez, por oponerse a esa inmundicia.

 

 

Ladrones y hombres arañas

Raúl Rivero

9 de febrero de 2013

 

Un muerto vivo que vota, un hombre araña que trepa, santos venezolanos que arriban a La Habana. Y cientos y cientos de arrestos políticos en un mes.

 

En Cuba, aquella isla del Caribe que se llamaba Juana y tiene forma de caimán hastiado, los políticos se robaron, durante años, los presupuestos de carreteras, escuelas, hospitales, casas para pobres, asilos de ancianos, desayunos de escolares, el dinero en efectivo de los impuestos en fajos de billetes en maletas de viaje y, al final, el país entero.

 

Hay un panorama semejante en Venezuela, una nación rica y enorme, cuyos recursos administra ahora un grupo que los reparte entre familiares, amigos y compañeros de ideología. No se puede olvidar que antes de la llegada de Hugo Chávez y sus cuates, la corrupción era ya una realidad indignante. Y los ciudadanos soñaban con el milagro de un salvador, como lo añoraron, en su momento, los nicaragüenses obligados a vivir en un territorio que era una finca de los Somoza.

 

Los venezolanos pueden hallar una salida a esa cadena de saqueos que los ha convertido en marginados en una sociedad violenta, populista y caótica. Ellos tienen aún medios de prensa que funcionan con cierta libertad y una oposición viva con voz y apoyos de otros grupos políticos de la región.

 

La solución de los asuntos en Cuba es más compleja. El país se ha convertido en un nicho estático del folclore latinoamericano.

 

En estos días, al tiempo que se conoce que en enero fueron arrestados por motivos políticos 364 ciudadanos, las noticias que se publican en el exterior cuentan que el hombre araña francés subió hasta el último piso del antiguo hotel Habana-Hilton y que Fidel Castro fue a votar a unas elecciones organizadas por el Partido Comunista en las que, por supuesto, no había candidatos opositores.

 

Se sabe que hay un periodista preso desde septiembre del año pasado acusado de desacato por divulgar que existe en la zona de Oriente una epidemia de cólera. Sin embargo, lo que apasiona es que Diosdado Cabello y Nicolás Maduro van a ver Chávez a su hospital privado y secreto con las imágenes de unos santos.

 

Los responsables de este escenario son los que se llevaron el pan y las monedas de los más desfavorecidos y los que después asaltaron en pandilla la libertad. Ningún robo es pequeño.

La Habana, capital de Venezuela

Editorial de Analítica

8 de febrero de 2013

 

Lo triste del caso es la indiferencia total de los países del hemisferio a esta barbaridad sin antecedentes en un mundo presuntamente democrático. Y ello responde a nuestro parecer a una lógica utilitaria muy clara

 

Es un hecho insólito pero no por ello menos real que la cuna del Libertador, Caracas, ya no es el centro de las decisiones políticas en lo que concierne a la antigua Capitanía General de Venezuela, ni mucho menos de la República de Venezuela. Ahora todas las decisiones fundamentales sobre el destino de esta ex República se toman en La Habana, Cuba. Regresamos con algo de retardo a cuando las decisiones se tomaban durante la colonia en la Audiencia de Santo Domingo, pero ahora lo curioso es que, sino de derecho al menos de hecho, Venezuela se ha convertido en la provincia mas rica de Cuba. Cosa más grande, dirán los cubanos.

 

Lo triste del caso es la indiferencia total de los países del hemisferio a esta barbaridad sin antecedentes en un mundo presuntamente democrático. Y ello responde, a nuestro parecer, a una lógica utilitaria muy clara. Los dirigentes venezolanos actuales son incapaces de manejar a este ex país como lo denomina con acierto Agustín Blanco Muñoz, por lo tanto, se requiere que alguien se ocupe de que fluyan adecuadamente los dólares para adquirir todo lo que ya no se produce y se necesita en Venezuela y Cuba y, definitivamente, a pesar de su comprobada ineficiencia en lograr después de 55 años una economía prospera en la isla de la felicidad, son algo más ingeniosos que los torpes e ineptos que presuntamente dirigen a Venezuela.

 

Hasta el difamado imperio pareciera estar en el juego, ya que para evitar que se produzca otro Mariel, se hacen la vista gorda mientras Cuba pueda obtener de Venezuela las divisas necesarias para no colapsar.

 

Ni que hablar del Brasil de Lula y Dilma, creador el primero junto con Fidel del hoy en día exitoso foro de Sao Paulo, lo mismo ocurre con la Argentina de Cristina que respira con tranquilidad cuando se exportan cada día más alimentos a Venezuela, lo cual, en una menor medida ocurre con el Uruguay de Mujica. El caso de la Colombia de Santos es similar, cobran sus exportadores y necesitan que La Habana convenza a los chicos de la FARC de portarse bien, por lo menos por ahora. El Caribe anglo parlante y Guyana no sólo se benefician de PetroCaribe sino que además, Venezuela cedió todos sus derechos sobre el territorio Esequibo y la plataforma deltana a Guyana. Que ejemplo más grande de magnanimidad y cooperación internacional.

 

Por último, no creemos que valga la pena, por lo obvio, gastar tinta con el por qué de la actitud de los países del ALBA. Los únicos discretos hoy en día son México, Chile y Perú, porque ellos están en lo suyo mirando, hacia el futuro, que no está ni en el Atlántico ni en el Caribe, sino en el Pacífico.

 

Y, a todas éstas, qué hacen la mayoría de los venezolanos, prepararse para disfrutar de unos alegres carnavales sin ley seca.

 

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Alegoría moral

Américo Martín

2 de febrero de 2013

 

Digo en principio que nunca podría escribir un cuento confiable en sólo tres días, como la famosa alegoría moral de Robert Louis Stevenson titulada El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde. Como saben hasta los escolares, Stevenson expuso en forma de relato un caso de doble personalidad, antes de que Freud apareciera en el firmamento.

 

He pensado en esta obra notable al ver a Raúl Castro metiéndose donde no le va hasta obtener la presidencia del CELAC. Recordemos que en su larga vida revolucionaria el hermano menor de Fidel no mostró mayor interés por el tema internacional y nunca fue atraído por las candilejas ni las tribunas en olor de multitudes. Debe haber entonces buenas razones para que haga lo que estamos mirando.

 

No creo que Raúl sea víctima de algún trastorno psíquico. Su temperamento no da muchos saltos como el de los bipolares, que van de la depresión a las manías. Ese es el caso de otro, pero no del flamante presidente de Cuba.

 

Lo que lo mueve es que no se aprecian sensibles progresos en su plan de reformas, con la velocidad que exige la inminencia de la tragedia económica. La razón de ser de la reforma que hizo aprobar en el VI Congreso del PCC es colocar a la isla en la ruta del desarrollo con amplias inversiones foráneas. Y mientras tanto, debe responder hoy, hoy mismo, a la explosiva situación social de Cuba, acentuada por la terapia de choque más severa que se haya aplicado en el hemisferio. La ironía quiere que los renombrados “paquetes” propios del despreciado neoliberalismo, sean un cuento de niños comparados con la presión a la que Raúl está sometiendo a su pueblo.

 

La tragedia es de origen. La vorágine que lo arrastra es el hondo fracaso del modelo fidelista, del cual el propio caudillo reconoció a dos periodistas norteamericanos que no le servía a nadie, ni a los cubanos. Ante la inminencia del desastre social, Raúl dio un paso en la dirección correcta, pero un paso hasta donde los intereses creados se lo permitieron. El asunto es que no puede saberse si cuando se produzca la esperada reanimación el médico de la terapia estará en la montura, o los corcoveos del enloquecido caballo lo habrán tirado al suelo.

 

En fin, estamos ante dos Raúl: uno que quiere la apertura, la normalización de relaciones con las potencias imperiales además de la afluencia del poderío económico de sus compatriotas (ya no gusanos) de Florida. A esos ex gusanos, por cierto, les guiña el ojo con la reforma migratoria.

 

El otro Raúl es el que debe impedir los apagones, el deterioro del transporte y obtener oportunos subsidios después de la eliminación de los comedores obreros, la reducción de rubros de la tarjeta y de gastos de salud y educación, aparte de los despidos descomunales cuya magnitud no los ha conocido ningún país latinoamericano en cualquier momento de su historia.

 

Un Raúl quiere construir una economía que no viva de limosnas, como durante 30 años de la URSS y varios ya de Chávez. Una economía tipo china o al menos similar a la de algún emergente asiático.

 

El otro Raúl necesita apagar fuegos, evitar el colapso social, impedir que se cuarteen las instituciones incluido el Partido Comunista. Son fantasmas que no esperan. Cuba no produce. Necesita importar el 70% de los alimentos que consume. ¿Cómo responderá entonces?

 

Por desgracia no tiene otra forma que la humillante limosna ni otra fuente que el gobierno del presidente Chávez. Es un conflicto entre la mecha de combustión lenta y la de combustión rápida. La promesa de desarrollo independiente y de auge de la producción y exportaciones está remitida al futuro, en tanto que las duras realidades de todos los días crepitan peligrosamente.

 

La enfermedad de Chávez debe haber desquiciado el frágil equilibrio que asusta a Raúl. Le costará conciliar el sueño de sólo pensar en la posibilidad de que las liberalidades venezolanas pasen a mejor vida. No queda pues sino fortalecer al chavismo y el poschavismo a fin de conservar la pitanza hasta que algún día...

 

Ante el peligro, el doctor Jekyll se ha convertido en el sombrío mister Hyde. Y si hay que salir a bailar ante un proscenio internacional, pues allá va. Tiene la presidencia pro tempore. Siendo miembro del organismo en algún momento de la rotación le tocaría, pero sus amigos chavistas se empeñaron en que fuera ahora. Sin darse el lujo de pensar en la posibilidad eventual de algún nivel de entendimiento con la oposición venezolana basado en las ventajas recíprocas y la no intervención, el hombre ha decidido complacer al enfermo en lo que más le gusta: agredir a la disidencia, calumniar a quienes no piensen como el que convalece en la isla.

 

Es una práctica no recomendable para un país en el estado en que se encuentra el suyo. Castro no tendría que comprarle a Cuba los adversarios de su aliado, ni desde la responsabilidad que ha adquirido tocar a rebato contra protestas en ningún país americano. Pero sea que su aliado se lo haya pedido al tiempo que lo empujaba a la presidencia del CELAC, o que haya querido darle muestras de lealtad infinitas ante el peligro de que los inevitables ajustes de Venezuela comiencen por Cuba, helo allí, violentando su manera de ser, tronando en Chile contra la oposición venezolana.

Los Castro: políticas del pasado e incertidumbres del presente

Alberto F. Álvarez

30 de enero de 2013

 

¿Es la relación con Chávez la última conspiración, de dimensión internacional, en la vida política de los Castro?

 

Fidel Castro ha actuado en política como un conspirador adicto al uso de estrategias temerarias utilizadas para sorprender a sus enemigos e incluso a amigos y aliados, en busca de ventajas que le dieran la victoria. Esas jugadas políticas las realizo en ocasiones de forma calculada, mientras en otras las hizo de manera improvisada y aventurera. En su identidad de líder caribeño sus maniobras políticas son más parecidas a las “partidas” de dominó tan arraigadas en la cultura del cubano que a un sofisticado juego de ajedrez. Raúl Castro, por su lado en su larga formación para dictador sucesor aprendió ese método conspirativo y ahora como nuevo gobernante del país se apresta a ponerlo en práctica en el terreno político.

 

Fidel Castro, combinando con destreza elementos de caciquismo, populismo, estado autocrático de raíz marxista, nacionalismo y antiimperialismo, alcanzó numerosos resultados que le han permitido mantener el poder por más de cinco décadas. Entre esas acciones se pudieran mencionar: el abandono de los preceptos del 26 de julio y la componenda oculta con los comunistas para cambiar el curso de la revolución democrática hacia un régimen totalitario de corte soviético; el Pacto Kennedy-Kruschov, mediante el cual Estados Unidos se comprometió a no invadir Cuba, y que le garantizó a Fidel un entorno seguro para gobernar durante décadas con poca incertidumbre acerca de la ausencia de una invasión norteamericana, aunque al unísono, atemorizaba al pueblo con esa posibilidad; la ruptura con los chinos que le favoreció transformar a Cuba en un satélite de la Unión Soviética y obtener subsidios económicos ilimitados para implantar su dictadura carismática; la jugada de quitarse al Che Guevara del camino dejándolo partir con su obsesión de una nueva aventura guerrillera para luego abandonarlo a su suerte, convertirlo a su muerte en un mártir de dimensión mundial y sacar un inmenso provecho al deificar su figura. Por último, no se puede ignorar la excelente movida política de Fidel Castro que llevó a poner bajo sus riendas a Hugo Chávez al ser electo presidente de Venezuela, logrando de éste una colaboración incondicional, factor esencial en la sobrevivencia del régimen cubano después del derrumbe del campo socialista.

 

Pero no siempre esas temerarias movidas le dieron los resultados esperados a Fidel Castro, el conspirador por excelencia. Con la intención de ser breve, solo mencionaré en orden cronológico cuatro ejemplos de sus más trascendentes estrategias fracasadas. 1) La derrota en Chile del gobierno de Salvador Allende en 1973, luego que Fidel Castro usando infinidad de estratagemas políticas y recursos materiales creyera que había cautivado a Pinochet y a otros militares chilenos, que después se encargaron de desmentir esa creencia al derrocar mediante el golpe de estado al presidente socialista, en una verdadera tomadura de pelo al líder cubano. 2) La aparente victoria de las tropas cubanas en las misiones internacionalistas que al final no condujeron a una consolidación de la posición personal de Fidel Castro como esperaba dentro del Movimiento de Países No Alineados y en el Tercer Mundo, ni a una retribución material significativa de recursos a Cuba, y que por el contrario, hoy esas misiones podrían ser consideradas elementos principales en el descalabro económico nacional, al haberse desperdiciado la ayuda económica soviética en incontables guerras intervencionistas en el mundo, a lo que hay que agregar, miles de cubanos muertos o heridos en combate y las enfermedades exógenas, el sufrimiento y el trauma extendidos en la isla a consecuencia de esas guerras; 3) La derrota de la revolución de Granada en 1983, un caso muy poco analizado al menos en la perspectiva a la que me referiré más adelante.

 

Por último, la desaparición del campo socialista y de la Unión Soviética, marco geopolítico donde Fidel Castro incorporó su régimen al prever que serían fenómenos eternos que le garantizarían su poder vitalicio, razón por la que más tarde debió enfrentar enormes dificultades para hacer sobrevivir su gobierno al caer el sistema socialista que erróneamente considero indestructible y al que se había convertido en excesivamente dependiente.

 

Maniobras fracasadas de Fidel Castro durante la revolución de Granada

 

Es habitual interpretar la derrota de la revolución granadina como resultado de la división interna de sus principales dirigentes, las que habrían conducido a la invasión de Estados Unidos. Pero vale la pena analizar el papel negativo que pudo haber desempeñado en ese proceso las arriesgadas maniobras de Fidel Castro. La revolución de Granada en 1979 que dio el poder al Movimiento Nueva Joya, MNJ y a su líder Maurice Bishop, fue objetivo inmediato de la política intervencionista de Fidel Castro que rápidamente pretendió extender su control sobre Bishop y sus colaboradores.

 

En su breve existencia de cuatro años la revolución de Granada sufrió una división irreconciliable al interior de su jefatura, entre los seguidores de Bishop y otro grupo que lo cuestionaba y que se nucleó alrededor de Bernard Coard, otro de los dirigentes del MNJ. No es este el lugar para entrar en detalles sobre las causas de la polémica, pero en aquel momento el grupo encabezado por Coard reclamaba desde una aparente izquierda radical, con razón o no, la necesidad de una mayor dirección colectiva y una menor personificación del poder en la figura de Bishop y exigía la profundización de la revolución al señalarle a Bishop una excesiva moderación en la implantación de medidas de carácter socialista y demasiados tratos con EEUU. Desde el primer momento de la revolución en Granada, Fidel Castro le dio su apoyo a Bishop y buscó influenciarlo con sus opiniones y ganarse su confianza. Pero hay evidencias que con el paso del tiempo, dentro del Departamento América del Partido comunista de Cuba, un grupo de funcionarios se fue familiarizando con las polémicas ideas de Bernard Coard, ideas que le fueron transmitidas a Manuel Piñeiro (Barba Roja). En realidad, Bernard Coard era considerado entonces por muchos granadinos y observadores internacionales como el verdadero comunista en las filas del MNJ, ya que había pertenecido a los partidos comunistas de EEUU e Inglaterra, tenía excelentes relaciones con el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y gradualmente se acercaba a miembros del Departamento América. Este último punto ha sido negado por Fidel Castro, quien ha asegurado que el gobierno cubano jamás tuvo vínculos con Coard y que ni siquiera personalmente conocía que existiese esa fracción opuesta a Bishop.

 

No obstante la afirmación de Fidel Castro, algunos datos hacen dudar de su veracidad, pues es sabido que fueron muchos los viajes a Cuba de Bernard Coard y sus reuniones con funcionarios cubanos en Cuba y Granada y en reuniones de la izquierda internacional, y aunque éste se ha negado a dar opiniones públicas al respecto después de salir de prisión, cabe la pregunta de si se hubiese atrevido Coard a emprender acciones contra Bishop sin tener cierto nivel de cabildeo con el Partido Comunista de Cuba, en cuanto a la necesidad de promover cambios en dirección granadina. Hay que recordar que Granada es una pequeña isla con unos pocos miles de habitantes y que en aquel momento había en su territorio un destacamento cubano de más de 700 hombres armados. Con los antecedentes citados es poco creíble la afirmación de Fidel en cuanto a que el gobierno cubano y él desconocían la postura disidente de Coard contra Bishop. Pero se pueden agregar otros argumentos en contra de la afirmación de Fidel; se sabe que en aquellos días el Comandante René Rodríguez Cruz, presidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), y hombre muy cercano a Fidel Castro, comentaba a sus subordinados, entre los que me encontraba, que “le preocupaba la postura radical de Coard”, y Manuel Piñeiro le exigía a sus agentes proponer opciones operativas para solucionar los conflictos entre Bishop y Coard, por lo que parecería muy raro que Fidel no tuviera noticias de esta labor de Piñeiro y de los Comentarios de Rene Rodríguez. El propio Fidel Castro aceptó públicamente que Bishop le comentó que habían dificultades internas en el MNJ, y que en la misma conversación se había realizado una sincera autocrítica sobre sus errores como dirigente, lo que no concuerda con su alegación de que ignoraba los enfrentamientos entre los dirigentes de Granada.

 

Lo que es increíble es que alguien se hubiera atrevido en el PCC a darle el visto bueno a cualquiera acción de Bernard Coard en torno a promover cambios en la dirección granadina sin la autorización de Fidel Castro y esa intromisión suya en aquel conflicto interno de Granada, aún sin incluir la aceptación por los cubanos del uso de las medidas violentas contra Bishop que después llevó a efecto Coard y su grupo asesinando a su jefe, ratificaría la conclusión extendida dentro de la izquierda latinoamericana de que la revolución cubana ha desempeñado un papel negativo en el avance de la teoría y las prácticas políticas de la izquierda en la región, y aportaría un nuevo argumento para demostrar como en aras de una supuesta profundización revolucionaria sus dirigentes han sido capaces en el pasado de traicionar aliados, sacrificar amigos y reorientar deliberadamente de acuerdo a su conveniencia sus preferencias sobre los dirigentes cercanos, comportamientos que han sido usados por el liderazgo cubano bajo la máxima de que en la revolución el fin justifica los medios.

 

Garantizar la continuidad del chavismo y su control: maniobra imprescindible en la sobrevivencia del poder de los Castro

 

Es evidente que la dictadura cubana, basada en el estatismo autocrático y el unipartidismo, no pudo cumplir con sus promesas de desarrollar el país y alcanzar la democracia, y que por el contrario impulso a la nación a la peor crisis económica-social de su historia. Si algo comprenden Fidel y Raúl Castro, es que la dimensión de la crisis multifacética en que sus políticas han sumido a Cuba hace imposible, en el corto y mediano plazo, mantener el funcionamiento de la economía nacional y la gobernabilidad sin la obtención de recursos materiales y financieros externos que no pueden obtener en el comercio mundial a causa de la ineficiencia económica interna y a una política equivocada comercial, de integración al mercado mundial y en las relaciones internacionales.

 

En la sobrevivencia del régimen cubano, después de la desaparición del campo socialista y de la Unión Soviética, ha sido esencial la ayuda brindada por Venezuela, que ocupó el lugar de los países socialistas como aliado y sostén económico de Cuba. Haber encontrado ese nuevo aliado es un mérito que hay que apuntar a Fidel Castro. Muchos analistas hacen énfasis en que desde que Hugo Chávez conoció a Fidel quedó seducido por su personalidad, lo que favoreció que al llegar al gobierno ayudara al dirigente cubano a combatir la crisis. Pero esto es solo un ángulo del asunto. Hay que reconocer que Fidel, después de conocer a Chávez en 1994, le brindó colaboración en todos los ámbitos, para facilitarle su ascenso político en Venezuela hasta llegar a la presidencia cinco años después, en 1999. Lo dicho con anterioridad confirma que el dirigente cubano, con su sensible olfato político, ya había comprendido el decisivo rol que ocuparía en la sobrevivencia de su régimen el lograr un fuerte control y mecenazgo sobre el presidente Chávez.

 

Chávez ha pasado tres términos presidenciales desde 1999 hasta 2013, contribuyendo especialmente a la sobrevivencia del régimen cubano. Si observamos que el 31 de julio de 2006 Fidel inicio la sucesión del poder al entregárselo por herencia a Raúl, apreciamos que Chávez ha mantenido sus compromisos respectivamente con ambos durante casi el mismo periodo de tiempo, a pesar que con frecuencia se especulaba sobre supuestas malas relaciones personales entre Chávez y este último. Pero la grave enfermedad de cáncer de Chávez ha colocado a los dirigentes cubanos en una situación complicada y ante una inmensa incertidumbre. Los Castro centran sus esfuerzos en ayudar a los partidarios de Chávez a mantener el poder con su líder enfermo o muerto y en continuar controlando al chavismo como única vía de preservar el valioso sostén económico de Venezuela, y lo hacen sobre un basamento ayudado a construir por ellos, pues durante todos estos años acompañaron al presidente venezolano a convertirse, como ha escrito Asdrúbal Aguiar, en un “autócrata por consentimiento popular” que partiendo de elecciones fue cerrando los marcos democráticos, destruyó la separación de poderes y ha impuesto su voluntad mediante la fuerza y la coacción. Los Castro junto con Chávez en Venezuela han conducido a América Latina a la pérdida de otra oportunidad de edificar y consolidar procesos democráticos fundamentados en instituciones sólidas, para ir a caer nuevamente en la tradición histórica del continente de sostener gobiernos populistas y seguir a líderes mesiánicos.

 

Desde que se percibió la gravedad de la enfermedad de Chávez, los Castro con su vasta experiencia para la preservación del poder comprendieron que resolver ese problema sería el dilema político más importante de sus vidas, desde que hace más de dos décadas perdieron sus aliados al derrumbarse el campo socialista e intuyeron que de ello dependería en gran medida la sobrevivencia de su régimen. El casi retirado Comandante en Jefe tuvo que interrumpir sus sesiones de cultivo de la moringa, la escritura de libros y reflexiones y sus horas de reposo, para auxiliar a Raúl en la elaboración y ejecución del plan adecuado para mantener al chavismo en el poder y bajo su control. El primer objetivo del plan fue convencer a Chávez de que Cuba era el lugar ideal para su tratamiento médico, lo que después de algunos titubeos de Chávez y su familia se logró. Al agravarse su enfermedad, Chávez fue quedando a merced de las decisiones de los médicos controlados por los Castro, por lo que algunos observadores sugieren que el Presidente está secuestrado o preso en Cuba, y es innegable que se cumple cabalmente un segundo y fundamental objetivo de los Castro: Venezuela se está gobernando desde La Habana bajo la guía y supervisión de ambos.

 

El tercer objetivo del plan de los Castro, al conocer la posibilidad de la muerte o la incapacitación de Chávez para gobernar, ha sido controlar la selección del sucesor. Para esto los Castro también han adelantado su solución que consiste en darle un manto constitucional a la sucesión y buscar para esa posición a alguien que garantice la continuidad de las políticas de Chávez al interior de Venezuela, pero sobre todo, en sus relaciones con el gobierno cubano. Para los dos gobernantes cubanos lo primordial es lograr una sucesión con continuidad. El sucesor escogido, Nicolás Maduro, todo hace indicar que es de suficiente confianza para ellos.

 

Luego de la imposibilidad de Chávez de presentarse el pasado 10 de enero para la toma de posición de su cuarto termino presidencial, la disyuntiva que enfrenta el chavismo y los Castro es determinar si Chávez podrá regresar a la presidencia o si habrá que continuar gobernando definitivamente con Maduro. Los Castro se preparan para ambos escenarios. Para ello ganan tiempo, consolidan a Maduro en el gobierno, ya que el proceso de regreso de Chávez si su salud se lo permitiera seria menos problemático, al menos, si se produce en un tiempo prudencial. Los Castro atan todos los resortes para cumplir su otro objetivo en Venezuela, afianzar a Maduro en el poder. En ese sentido pareciera ser que las divisiones internas dentro del chavismo todavía están controladas, pero el fantasma de la Granada de Bishop vuela sobre sus cabezas.

 

Con una oposición debilitada, se vislumbra que en la actual coyuntura la continuidad de las políticas chavistas para Cuba pueda mantenerse, pero la incertidumbre vuelve a reinar en los Castro como cuando quedaron desamparados en la década de 1990, luego de la desaparición de sus aliados de Europa del Este. Pero aquí emerge otra amarga incertidumbre para los ancianos dirigentes. ¿Podrá el gobierno de los chavistas, lo mismo con Chávez o su sucesor, dada la gravedad de la crisis económica y la inestabilidad en la gobernabilidad que enfrenta Venezuela con la enfermedad del Presidente, continuar a niveles de consideración el sostén económico y la alianza política que le ha brindado al gobierno cubano? Lo preocupante es que los Castro saben que una respuesta afirmativa a esta duda es poco probable. Controversialmente, la preparación preventiva para el alejamiento o la pérdida de su aliado venezolano, vista desde el optimismo, pudiera ser un factor para estimular el incremento de las reformas de Raúl Castro, pero sinceramente esa muestra de sentido común de los gobernantes cubanos hasta el presente no la espero. Suponiendo que me equivoque y que esa apertura tenue al mercado manteniendo el unipartidismo tuviera éxito, sería solamente para conducir a Cuba a un capitalismo subdesarrollado autocrático, es decir, para retornar al país a la etapa previa a La Republica de antes de la Constitución de 1940, lo que equivaldría a más de cinco décadas de experimentos marxistas desastrosos para la nación cubana sin ningún beneficio y sentido. Chávez fue en el pasado un factor esencial en la sobrevivencia del régimen cubano, ¿será que su muerte o incapacidad para gobernar arrastrara a Cuba hacia la esperada transición democrática? ¿Podrá la relación tramposa con Chávez y el chavismo ser la última conspiración de dimensión internacional en la vida política de los Castro?

Venezuela, en ensayo general

del chavismo sin Chávez

Enrique Andres Pretel y Marianna Párraga (Reuters)

31 de enero de 2013

 

La dramática ausencia del presidente venezolano en los primeros compases de su cuarto mandato, que le costó sangre, sudor y lágrimas ganar en octubre, ha abierto de golpe el telón para el primer ensayo general del chavismo sin Hugo Chávez.

 

En el centro de la escena, el vicepresidente  Nicolás Maduro interpreta el difícil rol de sucesor en ciernes capaz de gobernar y mantener la unidad revolucionaria, mientras el líder socialista convalece en Cuba tras la cuarta cirugía desde que le detectaron un cáncer en junio del 2011.

 

El delicado estado de salud de Chávez, que le impidió acudir a su propia toma de posesión el 10 de enero, parecía empujar al oficialismo hacia una rápida convocatoria a elecciones siguiendo la ruta prevista en la Constitución.

 

Pero, con todo a favor para reeditar los aplastantes triunfos de las elecciones presidenciales y las regionales de fin de año, Maduro ha optado por esperar el retorno del mandatario todo el tiempo que sea necesario.

 

“Más temprano que tarde vamos a tener al presidente de nuevo en Venezuela”, es el mantra con el que el vicepresidente delinea una estrategia emotiva y audaz, pero minada de riesgos.

 

El resultado de este experimento dará la primera pista sobre si el chavismo estaría preparado para el desafío de sobrevivir a su jefe-fundador, epicentro político de una fuerza insondable que agrupa radicales de izquierda, socialistas pragmáticos, militares conservadores y a no pocos oportunistas.

 

Si el mandatario efectivamente regresa en las próximas semanas y asume su cargo, la experiencia habrá sido positiva para el oficialismo y, sobre todo, para Maduro.

 

Gobernar “en el nombre de Chávez” podría servirle para consolidarse como nuevo centro de poder, limar las diferencias internas que generó su nombramiento y ganar confianza entre las bases como máximo ejecutor de los populares planes sociales en vivienda, alimentación, salud y empleo.

 

Pero, si la “ausencia indefinida” se extiende demasiado podría complicar el cuestionado ensayo de la sucesión.

 

El paso de los meses amenaza con diluir el “momentum” político del oficialismo y dar algo de oxígeno a la oposición, además de agotar el margen para prorrogar decisiones difíciles que podrían desgastar prematuramente el liderazgo de Maduro.

 

Y mientras la enorme sombra de Chávez se proyecta sobre todos los hombres del Gobierno, en Venezuela crece la sensación de que tarde o temprano habrá que ir de nuevo a las urnas.

 

“Es obvio que existe una transición, la duda es, ¿cuánto va a durar?”, dijo Luis Vicente León, de la firma Datanálisis.

 

ENTRE BASTIDORES

 

Sin el carisma apasionado del jefe, ni su monolítico control sobre las heterogéneas facciones civiles y militares del oficialismo, Maduro encara el prólogo de la Venezuela sin Chávez con un guión signado por un espinoso panorama financiero y el difícil reacomodo del elenco de poder en el país petrolero.

 

El dilema del vicepresidente -quien pese a acumular seis años como diputado y seis como canciller, carece de experiencia en gestión política estatal o municipal- está entre asumir el riesgo de no actuar o el de tomar acciones que puedan irritar al electorado o generar fricciones en la cúpula del Gobierno.

 

La economía exige acciones cada vez más drásticas, como una devaluación que facilite abastecer al país de bienes esenciales o el recorte del gasto público para limar el creciente déficit, mientras la petrolera estatal está al límite de su esfuerzo y persiste el enfrentamiento con el sector privado, debilitado por casi una década de férreos controles de divisas y de precios.

 

Hasta el momento, el chavismo ha reaccionado con instinto de supervivencia aparcando las diferencias personales para superar unidos la ausencia del Comandante bajo el mando de una influyente terna liderada por Maduro; el jefe del legislativo, Diosdado Cabello; y el ministro de Petróleo, Rafael Ramírez.

 

“Nosotros mismos estamos sorprendidos de lo bien que se están llevando (los tres). Se han reunido, cosa que no había ocurrido nunca”, dijo una fuente cercana al triunvirato.

 

Pero las efusivas muestras públicas de afecto entre las primeras espadas vienen tras años de relaciones frías y distantes, marcadas por diferentes intereses e incluso distintas visiones sobre el futuro del proceso, que mantienen latente la posibilidad de una fractura en la dirigencia oficialista.

 

Chávez ha sido la clave para mantener el equilibrio entre sus diversos aliados, absorber el impacto de las decisiones económicas impopulares y lidiar con el descontento por los problemas del país, como la alta inflación -diciembre arrojó el dato más alto en 33 meses- o la alarmante violencia -cifras no oficiales apuntan a un récord de 21.000 asesinatos en 2012.

 

“Pero, ¿y el día que él no esté?”, llevan años preguntándose las corrientes más críticas del chavismo al advertir sobre los riesgos del hiperpresidencialismo.

 

Ahora, el país se asoma con vértigo a ese día.

 

EL MITO DE CHAVEZ

 

Para los venezolanos, los casi 50 días de inédito y tenso silencio son sin duda el mejor diagnóstico de la delicada condición presidencial, complicada por una severa infección respiratoria que el Gobierno asegura fue controlada.

 

“(Chávez) presenta una incompetencia inmune producto de la quimio y la radioterapia que le dificulta superar la infección, lo que lo ha mantenido en un distress respiratorio”, dijo una fuente cercana al equipo médico del mandatario de 58 años.

 

Aunque salga airoso del postoperatorio, Chávez difícilmente volverá a ser el mismo líder hiperactivo y omnipresente que durante 14 años acaparó todas las decisiones políticas, económicas e ideológicas de la revolución aclamado por sus seguidores al orgulloso grito de “aquí manda Chávez”.

 

Con una larga convalecencia por delante y un nuevo tratamiento para combatir un tumor en la zona pélvica que se reprodujo dos veces en año y medio, los discursos interminables, las kilométricas giras internacionales y las maratónicas campañas a pie de calle podrían ser cosa del pasado.

 

Desde hace semanas, el país vive entre unos partes médicos oficiales casi telegráficos y los rumores que, avivados por la ausencia de fotos, llamadas o cualquier otra “prueba de vida”, describen con todo lujo de detalles a un Chávez terminal.

 

Con la oposición dividida sobre cómo enfrentar la crisis y la región en paciente espera de los acontecimientos, la presión podría venir desde el propio oficialismo, donde los gestos de preocupación, las voces rotas y los ojos anegados en lágrimas de sus líderes han llegado a sembrar el desconcierto.

 

“Total y absurdo secreto, incluso con la dirección nacional del partido. Pero la sensación general es que el cáncer es una gran amenaza”, dijo una fuente de la tolda oficialista.

 

La batalla contra el cáncer está alimentando como nunca el mito de Chávez, quien ya es venerado entre sus seguidores como un redentor de los pobres. Cuanto más se inflama el culto al líder bolivariano, alentado por la propaganda oficial, más imprescindible y providencial se hace su figura en el chavismo.

 

Consciente de ello, Maduro se encomendó hasta 56 veces al “presidente amado”, “comandante de comandantes” y “ejemplo supremo” en su primer gran discurso público el 10 de enero, buscando insuflar confianza en unas bases que suelen culpar al entorno del líder por la ineficiencia y corrupción del gobierno.

 

Analistas creen que, llegado el caso, su muerte desataría un torrente emocional que asegura al sucesor un decisivo caudal de votos en casi cualquier escenario. Pero el tiempo irá dejando cada vez más patente el agravio comparativo entre el Comandante Presidente y su heredero político.

 

“Exijo lealtad absoluta”, grita Chávez en un emotivo video que el canal estatal emite varias veces al día. “Porque yo no soy yo, ¡yo soy un pueblo carajo!”, reverbera su voz profunda mientras se funde con un trágico fondo musical.

 

(Reporte adicional de Marianna Párraga y Ana Isabel Martínez; Editado por Damián Wroclavsky y Silene Ramírez)

Los Castro: políticas del pasado e incertidumbres del presente

Alberto F. Álvarez

30 de enero de 2013

 

¿Es la relación con Chávez la última conspiración, de dimensión internacional, en la vida política de los Castro?

 

Fidel Castro ha actuado en política como un conspirador adicto al uso de estrategias temerarias utilizadas para sorprender a sus enemigos e incluso a amigos y aliados, en busca de ventajas que le dieran la victoria. Esas jugadas políticas las realizo en ocasiones de forma calculada, mientras en otras las hizo de manera improvisada y aventurera. En su identidad de líder caribeño sus maniobras políticas son más parecidas a las “partidas” de dominó tan arraigadas en la cultura del cubano que a un sofisticado juego de ajedrez. Raúl Castro, por su lado en su larga formación para dictador sucesor aprendió ese método conspirativo y ahora como nuevo gobernante del país se apresta a ponerlo en práctica en el terreno político.

 

Fidel Castro, combinando con destreza elementos de caciquismo, populismo, estado autocrático de raíz marxista, nacionalismo y antiimperialismo, alcanzó numerosos resultados que le han permitido mantener el poder por más de cinco décadas. Entre esas acciones se pudieran mencionar: el abandono de los preceptos del 26 de julio y la componenda oculta con los comunistas para cambiar el curso de la revolución democrática hacia un régimen totalitario de corte soviético; el Pacto Kennedy-Kruschov, mediante el cual Estados Unidos se comprometió a no invadir Cuba, y que le garantizó a Fidel un entorno seguro para gobernar durante décadas con poca incertidumbre acerca de la ausencia de una invasión norteamericana, aunque al unísono, atemorizaba al pueblo con esa posibilidad; la ruptura con los chinos que le favoreció transformar a Cuba en un satélite de la Unión Soviética y obtener subsidios económicos ilimitados para implantar su dictadura carismática; la jugada de quitarse al Che Guevara del camino dejándolo partir con su obsesión de una nueva aventura guerrillera para luego abandonarlo a su suerte, convertirlo a su muerte en un mártir de dimensión mundial y sacar un inmenso provecho al deificar su figura. Por último, no se puede ignorar la excelente movida política de Fidel Castro que llevó a poner bajo sus riendas a Hugo Chávez al ser electo presidente de Venezuela, logrando de éste una colaboración incondicional, factor esencial en la sobrevivencia del régimen cubano después del derrumbe del campo socialista.

 

Pero no siempre esas temerarias movidas le dieron los resultados esperados a Fidel Castro, el conspirador por excelencia. Con la intención de ser breve, solo mencionaré en orden cronológico cuatro ejemplos de sus más trascendentes estrategias fracasadas. 1) La derrota en Chile del gobierno de Salvador Allende en 1973, luego que Fidel Castro usando infinidad de estratagemas políticas y recursos materiales creyera que había cautivado a Pinochet y a otros militares chilenos, que después se encargaron de desmentir esa creencia al derrocar mediante el golpe de estado al presidente socialista, en una verdadera tomadura de pelo al líder cubano. 2) La aparente victoria de las tropas cubanas en las misiones internacionalistas que al final no condujeron a una consolidación de la posición personal de Fidel Castro como esperaba dentro del Movimiento de Países No Alineados y en el Tercer Mundo, ni a una retribución material significativa de recursos a Cuba, y que por el contrario, hoy esas misiones podrían ser consideradas elementos principales en el descalabro económico nacional, al haberse desperdiciado la ayuda económica soviética en incontables guerras intervencionistas en el mundo, a lo que hay que agregar, miles de cubanos muertos o heridos en combate y las enfermedades exógenas, el sufrimiento y el trauma extendidos en la isla a consecuencia de esas guerras; 3) La derrota de la revolución de Granada en 1983, un caso muy poco analizado al menos en la perspectiva a la que me referiré más adelante.

 

Por último, la desaparición del campo socialista y de la Unión Soviética, marco geopolítico donde Fidel Castro incorporó su régimen al prever que serían fenómenos eternos que le garantizarían su poder vitalicio, razón por la que más tarde debió enfrentar enormes dificultades para hacer sobrevivir su gobierno al caer el sistema socialista que erróneamente considero indestructible y al que se había convertido en excesivamente dependiente.

 

Maniobras fracasadas de Fidel Castro durante la revolución de Granada

 

Es habitual interpretar la derrota de la revolución granadina como resultado de la división interna de sus principales dirigentes, las que habrían conducido a la invasión de Estados Unidos. Pero vale la pena analizar el papel negativo que pudo haber desempeñado en ese proceso las arriesgadas maniobras de Fidel Castro. La revolución de Granada en 1979 que dio el poder al Movimiento Nueva Joya, MNJ y a su líder Maurice Bishop, fue objetivo inmediato de la política intervencionista de Fidel Castro que rápidamente pretendió extender su control sobre Bishop y sus colaboradores.

 

En su breve existencia de cuatro años la revolución de Granada sufrió una división irreconciliable al interior de su jefatura, entre los seguidores de Bishop y otro grupo que lo cuestionaba y que se nucleó alrededor de Bernard Coard, otro de los dirigentes del MNJ. No es este el lugar para entrar en detalles sobre las causas de la polémica, pero en aquel momento el grupo encabezado por Coard reclamaba desde una aparente izquierda radical, con razón o no, la necesidad de una mayor dirección colectiva y una menor personificación del poder en la figura de Bishop y exigía la profundización de la revolución al señalarle a Bishop una excesiva moderación en la implantación de medidas de carácter socialista y demasiados tratos con EEUU. Desde el primer momento de la revolución en Granada, Fidel Castro le dio su apoyo a Bishop y buscó influenciarlo con sus opiniones y ganarse su confianza. Pero hay evidencias que con el paso del tiempo, dentro del Departamento América del Partido comunista de Cuba, un grupo de funcionarios se fue familiarizando con las polémicas ideas de Bernard Coard, ideas que le fueron transmitidas a Manuel Piñeiro (Barba Roja). En realidad, Bernard Coard era considerado entonces por muchos granadinos y observadores internacionales como el verdadero comunista en las filas del MNJ, ya que había pertenecido a los partidos comunistas de EEUU e Inglaterra, tenía excelentes relaciones con el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y gradualmente se acercaba a miembros del Departamento América. Este último punto ha sido negado por Fidel Castro, quien ha asegurado que el gobierno cubano jamás tuvo vínculos con Coard y que ni siquiera personalmente conocía que existiese esa fracción opuesta a Bishop.

 

No obstante la afirmación de Fidel Castro, algunos datos hacen dudar de su veracidad, pues es sabido que fueron muchos los viajes a Cuba de Bernard Coard y sus reuniones con funcionarios cubanos en Cuba y Granada y en reuniones de la izquierda internacional, y aunque éste se ha negado a dar opiniones públicas al respecto después de salir de prisión, cabe la pregunta de si se hubiese atrevido Coard a emprender acciones contra Bishop sin tener cierto nivel de cabildeo con el Partido Comunista de Cuba, en cuanto a la necesidad de promover cambios en dirección granadina. Hay que recordar que Granada es una pequeña isla con unos pocos miles de habitantes y que en aquel momento había en su territorio un destacamento cubano de más de 700 hombres armados. Con los antecedentes citados es poco creíble la afirmación de Fidel en cuanto a que el gobierno cubano y él desconocían la postura disidente de Coard contra Bishop. Pero se pueden agregar otros argumentos en contra de la afirmación de Fidel; se sabe que en aquellos días el Comandante René Rodríguez Cruz, presidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), y hombre muy cercano a Fidel Castro, comentaba a sus subordinados, entre los que me encontraba, que “le preocupaba la postura radical de Coard”, y Manuel Piñeiro le exigía a sus agentes proponer opciones operativas para solucionar los conflictos entre Bishop y Coard, por lo que parecería muy raro que Fidel no tuviera noticias de esta labor de Piñeiro y de los Comentarios de Rene Rodríguez. El propio Fidel Castro aceptó públicamente que Bishop le comentó que habían dificultades internas en el MNJ, y que en la misma conversación se había realizado una sincera autocrítica sobre sus errores como dirigente, lo que no concuerda con su alegación de que ignoraba los enfrentamientos entre los dirigentes de Granada.

 

Lo que es increíble es que alguien se hubiera atrevido en el PCC a darle el visto bueno a cualquiera acción de Bernard Coard en torno a promover cambios en la dirección granadina sin la autorización de Fidel Castro y esa intromisión suya en aquel conflicto interno de Granada, aún sin incluir la aceptación por los cubanos del uso de las medidas violentas contra Bishop que después llevó a efecto Coard y su grupo asesinando a su jefe, ratificaría la conclusión extendida dentro de la izquierda latinoamericana de que la revolución cubana ha desempeñado un papel negativo en el avance de la teoría y las prácticas políticas de la izquierda en la región, y aportaría un nuevo argumento para demostrar como en aras de una supuesta profundización revolucionaria sus dirigentes han sido capaces en el pasado de traicionar aliados, sacrificar amigos y reorientar deliberadamente de acuerdo a su conveniencia sus preferencias sobre los dirigentes cercanos, comportamientos que han sido usados por el liderazgo cubano bajo la máxima de que en la revolución el fin justifica los medios.

 

Garantizar la continuidad del chavismo y su control: maniobra imprescindible en la sobrevivencia del poder de los Castro

 

Es evidente que la dictadura cubana, basada en el estatismo autocrático y el unipartidismo, no pudo cumplir con sus promesas de desarrollar el país y alcanzar la democracia, y que por el contrario impulso a la nación a la peor crisis económica-social de su historia. Si algo comprenden Fidel y Raúl Castro, es que la dimensión de la crisis multifacética en que sus políticas han sumido a Cuba hace imposible, en el corto y mediano plazo, mantener el funcionamiento de la economía nacional y la gobernabilidad sin la obtención de recursos materiales y financieros externos que no pueden obtener en el comercio mundial a causa de la ineficiencia económica interna y a una política equivocada comercial, de integración al mercado mundial y en las relaciones internacionales.

 

En la sobrevivencia del régimen cubano, después de la desaparición del campo socialista y de la Unión Soviética, ha sido esencial la ayuda brindada por Venezuela, que ocupó el lugar de los países socialistas como aliado y sostén económico de Cuba. Haber encontrado ese nuevo aliado es un mérito que hay que apuntar a Fidel Castro. Muchos analistas hacen énfasis en que desde que Hugo Chávez conoció a Fidel quedó seducido por su personalidad, lo que favoreció que al llegar al gobierno ayudara al dirigente cubano a combatir la crisis. Pero esto es solo un ángulo del asunto. Hay que reconocer que Fidel, después de conocer a Chávez en 1994, le brindó colaboración en todos los ámbitos, para facilitarle su ascenso político en Venezuela hasta llegar a la presidencia cinco años después, en 1999. Lo dicho con anterioridad confirma que el dirigente cubano, con su sensible olfato político, ya había comprendido el decisivo rol que ocuparía en la sobrevivencia de su régimen el lograr un fuerte control y mecenazgo sobre el presidente Chávez.

 

Chávez ha pasado tres términos presidenciales desde 1999 hasta 2013, contribuyendo especialmente a la sobrevivencia del régimen cubano. Si observamos que el 31 de julio de 2006 Fidel inicio la sucesión del poder al entregárselo por herencia a Raúl, apreciamos que Chávez ha mantenido sus compromisos respectivamente con ambos durante casi el mismo periodo de tiempo, a pesar que con frecuencia se especulaba sobre supuestas malas relaciones personales entre Chávez y este último. Pero la grave enfermedad de cáncer de Chávez ha colocado a los dirigentes cubanos en una situación complicada y ante una inmensa incertidumbre. Los Castro centran sus esfuerzos en ayudar a los partidarios de Chávez a mantener el poder con su líder enfermo o muerto y en continuar controlando al chavismo como única vía de preservar el valioso sostén económico de Venezuela, y lo hacen sobre un basamento ayudado a construir por ellos, pues durante todos estos años acompañaron al presidente venezolano a convertirse, como ha escrito Asdrúbal Aguiar, en un “autócrata por consentimiento popular” que partiendo de elecciones fue cerrando los marcos democráticos, destruyó la separación de poderes y ha impuesto su voluntad mediante la fuerza y la coacción. Los Castro junto con Chávez en Venezuela han conducido a América Latina a la pérdida de otra oportunidad de edificar y consolidar procesos democráticos fundamentados en instituciones sólidas, para ir a caer nuevamente en la tradición histórica del continente de sostener gobiernos populistas y seguir a líderes mesiánicos.

 

Desde que se percibió la gravedad de la enfermedad de Chávez, los Castro con su vasta experiencia para la preservación del poder comprendieron que resolver ese problema sería el dilema político más importante de sus vidas, desde que hace más de dos décadas perdieron sus aliados al derrumbarse el campo socialista e intuyeron que de ello dependería en gran medida la sobrevivencia de su régimen. El casi retirado Comandante en Jefe tuvo que interrumpir sus sesiones de cultivo de la moringa, la escritura de libros y reflexiones y sus horas de reposo, para auxiliar a Raúl en la elaboración y ejecución del plan adecuado para mantener al chavismo en el poder y bajo su control. El primer objetivo del plan fue convencer a Chávez de que Cuba era el lugar ideal para su tratamiento médico, lo que después de algunos titubeos de Chávez y su familia se logró. Al agravarse su enfermedad, Chávez fue quedando a merced de las decisiones de los médicos controlados por los Castro, por lo que algunos observadores sugieren que el Presidente está secuestrado o preso en Cuba, y es innegable que se cumple cabalmente un segundo y fundamental objetivo de los Castro: Venezuela se está gobernando desde La Habana bajo la guía y supervisión de ambos.

 

El tercer objetivo del plan de los Castro, al conocer la posibilidad de la muerte o la incapacitación de Chávez para gobernar, ha sido controlar la selección del sucesor. Para esto los Castro también han adelantado su solución que consiste en darle un manto constitucional a la sucesión y buscar para esa posición a alguien que garantice la continuidad de las políticas de Chávez al interior de Venezuela, pero sobre todo, en sus relaciones con el gobierno cubano. Para los dos gobernantes cubanos lo primordial es lograr una sucesión con continuidad. El sucesor escogido, Nicolás Maduro, todo hace indicar que es de suficiente confianza para ellos.

 

Luego de la imposibilidad de Chávez de presentarse el pasado 10 de enero para la toma de posición de su cuarto termino presidencial, la disyuntiva que enfrenta el chavismo y los Castro es determinar si Chávez podrá regresar a la presidencia o si habrá que continuar gobernando definitivamente con Maduro. Los Castro se preparan para ambos escenarios. Para ello ganan tiempo, consolidan a Maduro en el gobierno, ya que el proceso de regreso de Chávez si su salud se lo permitiera seria menos problemático, al menos, si se produce en un tiempo prudencial. Los Castro atan todos los resortes para cumplir su otro objetivo en Venezuela, afianzar a Maduro en el poder. En ese sentido pareciera ser que las divisiones internas dentro del chavismo todavía están controladas, pero el fantasma de la Granada de Bishop vuela sobre sus cabezas.

 

Con una oposición debilitada, se vislumbra que en la actual coyuntura la continuidad de las políticas chavistas para Cuba pueda mantenerse, pero la incertidumbre vuelve a reinar en los Castro como cuando quedaron desamparados en la década de 1990, luego de la desaparición de sus aliados de Europa del Este. Pero aquí emerge otra amarga incertidumbre para los ancianos dirigentes. ¿Podrá el gobierno de los chavistas, lo mismo con Chávez o su sucesor, dada la gravedad de la crisis económica y la inestabilidad en la gobernabilidad que enfrenta Venezuela con la enfermedad del Presidente, continuar a niveles de consideración el sostén económico y la alianza política que le ha brindado al gobierno cubano? Lo preocupante es que los Castro saben que una respuesta afirmativa a esta duda es poco probable. Controversialmente, la preparación preventiva para el alejamiento o la pérdida de su aliado venezolano, vista desde el optimismo, pudiera ser un factor para estimular el incremento de las reformas de Raúl Castro, pero sinceramente esa muestra de sentido común de los gobernantes cubanos hasta el presente no la espero. Suponiendo que me equivoque y que esa apertura tenue al mercado manteniendo el unipartidismo tuviera éxito, sería solamente para conducir a Cuba a un capitalismo subdesarrollado autocrático, es decir, para retornar al país a la etapa previa a La Republica de antes de la Constitución de 1940, lo que equivaldría a más de cinco décadas de experimentos marxistas desastrosos para la nación cubana sin ningún beneficio y sentido. Chávez fue en el pasado un factor esencial en la sobrevivencia del régimen cubano, ¿será que su muerte o incapacidad para gobernar arrastrara a Cuba hacia la esperada transición democrática? ¿Podrá la relación tramposa con Chávez y el chavismo ser la última conspiración de dimensión internacional en la vida política de los Castro?

El Gobierno venezolano

miente “descaradamente”

sobre la salud de Chávez, dice Capriles

 

El líder de la oposición venezolana, Henrique Capriles, dijo que el Gobierno miente “descaradamente” sobre la salud del presidente Hugo Chávez y preguntó ¿por qué no habla al país si puede firmar cartas?

 

Una persona que puede firmar cartas, una persona que puede hacer chistes, ¿no va a poder hablarle al país? Entonces alguien está mintiendo descaradamente”, afirmó Capriles durante un acto como gobernador del estado Miranda.

 

Al dirigirse a los simpatizantes del mandatario, quien se sometió a una intervención quirúrgica el pasado 11 de diciembre en Cuba y desde entonces no ha regresado a Venezuela, aseguró que “el Gobierno les está mintiendo en sus narices descaradamente”.

 

Indicó que están “burlándose” del pueblo e indicó, sin precisar nombres, que “a estos caballeros nos les interesa ni los problemas del país”, ni la situación que “se vive día a día”.

 

“Aquí lo único que les interesa es defender el coroto (el puesto), la parcela de poder”, agregó.

 

Antes de viajar a Chile para asistir a la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC)-Unión Europea (UE), el vicepresidente Nicolás Maduro dijo que transmitirá a los jefes de Estado y de Gobierno un “extraordinario” mensaje de Chávez, que permanece en la isla desde el 10 de diciembre pasado.

 

“Llevamos el espíritu, el pensamiento de puño y letra del comandante Chávez a esta cumbre de Estados Latinoamericanos y Caribeños”, aseguró Maduro, quien regresó a Venezuela en la madrugada del sábado procedente de Cuba.

 

El ministro venezolano de Comunicación, Ernesto Villegas, confirmó desde Santiago que Maduro leerá a los presidentes de la CELAC una carta de parte de Chávez firmada “con tinta roja”.

En un mensaje transmitido en cadena de radio y televisión desde Chile, Villegas informó el sábado sobre el avance en la recuperación del mandatario e indicó que, tras la “compleja” operación a la que fue sometido, “la evolución general del paciente es favorable”.

 

“Para este momento, la infección respiratoria grave ha sido superada, aunque persiste cierto grado de insuficiencia respiratoria que está siendo debidamente tratada”, afirmó Villegas, quien viajó junto a Maduro.

 

Señaló que “alcanzada esta evolución se comenzó a aplicar tratamiento médico sistémico para la enfermedad de base como complemento a la cirugía del pasado 11 de diciembre”.

 

Ese día el jefe de Estado, de 58 años, desde 1999 en el poder y que fue reelegido en los comicios de octubre pasado, se sometió a “una compleja intervención quirúrgica para la extirpación de una lesión maligna en la pelvis con complicaciones agudas severas”, recordó Villegas.

 

Chávez padece un cáncer de cuya tipología no se ha informado y que fue detectado en Cuba en junio del 2011. La operación del 11 de diciembre fue la cuarta desde que recibió el diagnóstico.

Human Rights Watch

critica la represión en Cuba

y el abuso de poder en Venezuela

 

AFP - Human Rights Watch (HRW) denunció que Cuba se mantiene como el país más represivo de América Latina, el gobierno venezolano de Hugo Chávez abusa del poder y la impunidad se mantuvo reinante en México, en su informe anual de 2012 divulgado este jueves.

 

El gobierno de Hugo Chávez mantiene una concentración “total” del poder en Venezuela, Cuba sigue siendo el país más represivo de América Latina y la impunidad reina en México, según denunció este jueves la organización Human Rights Watch (HRW) al presentar su informe anual.

 

La organización estadounidense, que se mostró también preocupada por el debilitamiento de la independencia judicial en Ecuador, saludó en cambio avances en Argentina, Brasil, Uruguay y Chile para brindar justicia por las “atrocidades” cometidas bajo las dictaduras militares.

 

“Hay algunas buenas noticias, algunos progresos, pero también hay materias que nos preocupan”, dijo el director para las Américas de la organización, José Miguel Vivanco, en la presentación del informe 2012 ante periodistas en Washington.

 

A nivel regional, una de sus principales advertencias fue contra la posibilidad de que la Organización de Estados Americanos (OEA) limite las funciones de su Comisión Interamericana de Derechos Humanos, cuando decida en marzo sobre un proceso de reformas del ente que estudia desde 2011.

 

Asimismo, Vivanco calificó de “grave error” que América Latina haya “distinguido” esta semana a Cuba con la presidencia de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), pese a que “es un régimen totalitario”.

 

El directivo dedicó buena parte de sus palabras a advertir sobre la situación en Venezuela, donde observó “una concentración del poder diríamos total” por parte del gobierno de Chávez.

 

“Lo que debería constituir un régimen democrático con separación de poderes, no existe”, fustigó Vivanco, al aseverar que la Corte Suprema de Justicia “no tiene la más mínima credibilidad” y es un “apéndice” del Ejecutivo.

 

Vivianco dijo que por ello no le extrañaba la decisión del máximo tribunal que falló que Chávez, hospitalizado en Cuba desde el 11 de diciembre tras su cuarta operación contra el cáncer, no estaba obligado a juramentarse para un nuevo mandato el 10 de enero, y tenía tiempo indefinido para recuperarse.

 

Esa decisión dejó a Venezuela en una “situación bastante anómala”, donde “el anterior gobierno sigue gobernando”, estimó.

 

La acumulación de poder permite “que el gobierno intimide, censure y enjuicie a venezolanos que critican al presidente”, señaló el informe de HRW, también crítico de la situación de las cárceles del país, de “las más violentas de América Latina” con “cientos de muertes violentas” al año.

 

“Cuba sigue siendo el único país de América Latina donde se reprimen casi todas las formas de disenso político”, indicó el reporte.

 

La organización tomó nota de la nueva ley migratoria, que entró en vigencia este mes y permite a los cubanos viajar al exterior sin autorización, pero sus “disposiciones vagas y amplias” podrían utilizarse “para continuar denegando el derecho a viajar a personas críticas”, advirtió.

 

Otro país que destacó en el informe fue México, donde HRW denunció violaciones de derechos humanos de militares en el contexto de la guerra contra los cárteles de la droga que abanderó el gobierno del expresidente Felipe Calderón, que quedan sin castigo por la impunidad reinante.

 

Vivanco dijo que viajará a México en las próximas semanas a entrevistarse con el nuevo presidente Enrique Peña Nieto, para conocer sus planes para encarar el legado “preocupante” de Calderón.

 

“Casi ninguno de estos abusos se investiga adecuadamente, y esto ha exacerbado el clima de violencia” en México, indicó el informe.

 

En Ecuador, el gobierno de Rafael Correa “ha socavado la libertad de prensa” con persecuciones judiciales contra periodistas y dueños de medios, mientras la independencia judicial se ha visto comprometida por “la injerencia” del Ejecutivo en la designación y destitución de jueces, afirmó.

 

El gobierno boliviano de Evo Morales, a su vez, ha usado una ley contra expresiones racistas para “perseguir penalmente a medios privados y periodistas”, destacó.

 

Por otra parte, la organización se congratuló por las negociaciones de paz iniciadas el año pasado por el gobierno de Colombia y la guerrilla de las FARC como “la primera oportunidad” para acabar con medio siglo de conflicto armado en ese país.

Comunicado urgente 

 

A LOS USURPADORES:

 

La Campaña Internacional Juzgar a Chávez y las 66 Organizaciones No Gubernamentales de países latinoamericanos y europeos que la integran, cumple con el deber de advertir a la opinión pública internacional y particularmente a los “Usurpadores'' de los poderes públicos en la República Bolivariana de Venezuela, lo siguiente:

 

Primero:

Los hechos ocurridos en Venezuela el pasado 10 de enero tras la ausencia del Presidente electo Hugo Rafael Chávez Frias, para la juramentación y toma de posesión de su cargo para el período constitucional 2013-2019, han dado lugar a un vacío de poder y a la instalación en el país de un régimen que usurpa los poderes públicos, con Nicolás Maduro como vicepresidente del ejecutivo, sin que medie nombramiento alguno, así como a una continuidad administrativa de cargos públicos ilegítima, contraria a la legalidad y en abierta violación de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

 

Segundo:

La magistrada Luisa Estela Morales Lamuño, titular de la cédula de identidad N° V-2.574.795, presidenta de la Sala Penal del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela, así como todos sus miembros; Diosdado Cabello Rondón, titular de la cédula de identidad N° V-8.370.825, Presidente de la Asamblea Nacional y el vicepresidente Nicolás Maduro, titular de la cédula de identidad N° V-5.892.464 son los principales artífices de este fraude constitucional, de cuyas consecuencias deberán responder tanto penal como patrimonialmente.

 

Tercero:

Advertimos a los “Usurpadores” que el derecho de rebelión ante un régimen que contrarie los principios democráticos está consagrado en el artículo N° 350 de la misma constitución y que las violaciones sistemáticas a los derechos humanos de ciudadanos, con motivo del ejercicio de ese derecho, serán consideradas como ataques contra una parte de la población por motivos políticos y en consecuencia crímenes de lesa humanidad, de carácter imprescriptible, cuya responsabilidad recaerá tarde o temprano, en sus autores, coautores, cómplices, colaboradores, encubridores, así como en los ciudadanos antes mencionados.

 

Cuarto:

Advertimos a las Fuerzas Armadas Venezolanas, a los grupos paramilitares, milicias, organizaciones de irregulares, y especialmente a “los usurpadores”, que la represión ciudadana les hará responsables individualmente de gravísimos crímenes, de acuerdo a lo previsto en el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, tanto quien cometa el crimen, como quien lo ordene, induzca, colabore, contribuya, encubra o sea cómplice de su comisión, sin exclusiones por razones de cargo oficial y con especial responsabilidad para los jefes militares que resulten responsables de los crímenes cometidos por fuerzas bajo su mando. (Arts. 25, 27 y 28 del Estatuto de Roma).

 

Quinto:

Advertimos igualmente a los actores de la Comunidad Internacional que realicen actos o celebren contratos internacionales con dicho régimen, que la consecuencia inmediata y directa de las decisiones antes mencionadas, ha sido la instalación en Venezuela de un gobierno de facto, cuyos actos están absolutamente viciados de nulidad absoluta, son totalmente írritos, espurios y no obligan a la República.

 

Sexto:

La desaparición de Hugo Chávez Frías de la escena política, coloca en primera línea de responsabilidad penal individual a todos aquellos que hayan participado o participen en delitos de esta naturaleza.

 

La Campaña Internacional Juzgar a Chávez alerta a la Comunidad Internacional, particularmente a las organizaciones internacionales y regionales, sobre los acontecimientos que puedan ocurrir en Venezuela con motivo de las actividades de un régimen usurpador y de las posibles violaciones a los derechos humanos que éste pudiere causar.

 

Campaña Internacional ''Juzgar a Chávez”

Williams Cárdenas Rubio

abogadoscardenas@hotmail.com

Presidente

 

Helene Villalonga

helenevillalonga@hotmail.com

vice-presidenta

 

Emanuel Del Vecchio A.

edelvecchio@gmail.com

Director ejecutivo y comunicación en red.

 

NOS APOYAN

1-Plataforma Democrática de Venezolanos en Madrid (PDVM) • 2- Frente Iberoamericano por la Libertad (FIAL) • 3-Asociación de Madres y Mujeres Venezolanas en el Exilio (AMAVEX) • 4-Resistencia Civil de Venezolanos en el Exterior (RECIVEX) • 5-Asociación Venezolana de Desplazados (AVD) • 6-Centro de Estudios Democráticos para Iberoamérica y el Caribe (CEDIC) • 7-Frente Patriótico • 8-Bloque Democrático • 9- Frente Institucional Militar • 10-Foro de Caracas • 11-Fundación Orión • 12-Alianza Popular • 13-UNAPETROL • 14-Gente de Petroleo • 15-Free Venezuela Center for Democracy in the Americas • 16-International Venezuelan Council for Democracy (IVCD) • 17-Participacion Venezuela • 18-Social Artistry Venezuela SA-VE • 19- Venered • 20-Venezuela Somos Todos • 21-Lucha Democratica • 22-Primero Justicia Region Exterior • 23-Venezolanos en Mexico • 24-Venezolanos en Chile • 25-Venezuelan for Democracy • 26-Venezolanos en Belgica • 27-Libertad y Democracia en Berlin • 28-Diálogo por Venezuela-Francia • 29-Cubalibera • 30-Mujeres por la Libertad • 31-Mujeres x Venezuela • 32-Fuerza Liberal • 33- Movimiento Ecologico de Venezuela, AC, ORG • 34-Vecinos en Acción.ORG • 35-Cumbre Patriótica del Presidio Político Cubano.org • 36-Asociación Hispano Venezolana de Cooperación.ORG • 37- Movimiento Social & Ecologista Rescatando a Portuguesa.ORG • 38- Fundacion Ambiental de Venezuela AVE ¨Kathy Phelps ORG • 39-Asociacion Civil de Desarrollo Ambiental • 40-Asociación Patrótica “José Martí” ORG • 41-Fuerza Solidaria ORG • 42-Junta Patriótica Cubana • 43-Unidad Hondureña • 44-Movimiento Nacionalista Contrarrevoluciónario de Venezuela,MNCRV • 45-Foro de Lideres por la Libertad (FLL) • 46- Grupo Lucha por la Democracia(GPL) • 47-Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR) • 48- Red Nacional de Asambleas de Ciudadanos (RNAC)• 49- Congreso Federal de Organizaciones Ciudadanas de Venezuela • 50- Libertad y Democrácia.org • 51-: PODER JUVENIL DEMÓCRATA-Bolívia • 52-Fundaven.org • 53-Unidos por Venezuela y América.org • 54-Movimiento Republicano de Venezuela.org • 55-Asociacion ACLARATE YA • 56.-Un Mundo sin Mordaza • 57.-Cuba Democracia Ya • 58.- Bloque de Apoyo a la Unidad Nicaragüense (BAUNIC) • 59.- Organización Integrada Hondureña “Francisco Morazán” • 60.- Cruzada de Mayo de Ecuador • 61.-Fundación Un Millón de Voces Contra las FARC-ETA

                                                                        

Madrid-Miami, 12 de enero de 2013

 

TO THE USURPERS:


The International Campaign “Bring Chávez to Justice” and the 66 NGOs from Latin American and European countries that comprise it, hereby fulfills the duty to warn international public opinion and particularly the “Usurpers'' of public office in the Bolivarian Republic of Venezuela, as follows:

 

First:


On January 10th, the events in Venezuela after the absence of the elected president Hugo Rafael Chavez Frías originally scheduled for oath and inauguration for the constitutional period 2013-2019, have resulted in a legal vacuum in power and the installation of a fully-usurping regime in all public branches of the country. Nicolas Maduro, as executive vice president, lacks any bestowed appointment, as well as any legitimate administrative continuity in public office, becoming unlawful and in clear violation of the Constitution of the Bolivarian Republic of Venezuela.

 

Second:


Judge Luisa Estela Morales Lamuño, holder of identity card No. V-2574795, president of the Criminal Chamber of the Supreme Court of Venezuela, as well as all its members; Diosdado Cabello Rondon, holder of identity card N ° V-8370825, National Assembly President Nicolas Maduro, Vice President, holder of identity card No. V-5892464 are all the main architects of this fraud against the Constitution, and they all shall face resulting criminal and material consequences.

 

Third:


We warn “the usurpers” about the fact that the right for rebellion against a regime that violates democratic principles it is enshrined in Article No. 350 of the same Constitution. Recurrent violations of citizens’ human rights, while exercising such right, will be considered as attacks against the people for political reasons; therefore, crimes against humanity, not subject to any statute of limitations, which liability will sooner or later be established against its perpetrators, accomplices, collaborators, as well as against the afore-mentioned individuals.

 

Fourth:


We warn the Venezuelan Armed Forces, paramilitary groups, militias, irregular organizations, and especially “the usurpers”, about the fact that citizens repression will individually charge them for serious crimes in accordance with the provisions of the Rome Statute of the International Criminal Court, both the perpetrator committing the offense, as well as anyone who orders, induces, collaborates, contributes, conceals or is complicit in its commission, without ground exclusion for official position, holding special liability for military commanders who are found guilty for crimes committed by forces under their command. (Articles 25, 27 and 28 of the Rome Statute).

 

Fifth:


We also warn the international community that those parties involved in acts or execution of international agreements with such regime, that the immediate and direct consequence of such actions, has been the taking over in office from a facto government in Venezuela, whose acts are absolutelynullified and void, totally spurious and not binding on the Republic.


Sixth:


The disappearance of Hugo Chavez Frías of the political scene places individual criminal liability upon all of those who have participated or been involved in crimes of this nature.

The International Campaign “Bring Chávez to Justice”
alerts the international community, particularly international and regional organizations, on events that may occur in Venezuela in connection with the activities of a usurper regime and possible human rights violations that it may incur in.

 

The International Campaign “Bring Chávez to Justice”

Williams Cárdenas Rubio

abogadoscardenas@hotmail.com

President

Helene Villalonga

helenevillalonga@hotmail.com

Vice-president

Emanuel Del Vecchio A.

edelvecchio@gmail.com

Communication Director

Escasez de alimentos en Venezuela

 

Me hace recordar cuando comenzó el racionamiento en Cuba hace más de cincuenta años. Algunos decían que iban a racionar el azúcar y la sal. Aunque era un niño, discutí, dije que eso era imposible, dado que Cuba era el primer exportador mundial de azúcar; además, al estar rodeado de mar por todas partes, siempre nos sobraría la sal. Craso error el mío. Nunca pude imaginarme que el castrismo destruiría el pujante sector agropecuario cubano –éramos el primer suministrador de vegetales a Estados Unidos.

 

Por otra parte, el castrismo divulgó el lema “con Fidel, la malanga nos sabe a pollo”. En Cuba se le denomina malanga al otoe; era un alimento muy popular, consumido fundamentalmente por los sectores más pobres, dado su bajo precio. Pues bien, durante una década no volví a ver una malanga (otoe); incluso en 1970, una joven madre que le faltaba poco para graduarse como economista en la Universidad de la Habana, fue expulsada por haber aceptado que un campesino le regalara 4 ó 5 malangas (otoe).

 

Venezuela está empezando a navegar en el “mar de la felicidad”.

América latina y la sucesión venezolana

Carlos Malamud

24 de enero de 2013

La crisis política abierta en Venezuela por la enfermedad de Hugo Chávez y el aplazamiento de la toma de posesión de su nuevo mandato fue seguida con gran interés en toda América Latina, con independencia de la relación que cada uno de los distintos gobiernos implicados tuviera con el chavismo. Al igual que cuando Fidel Castro estuvo gravemente enfermo nuevamente La Habana se convirtió en centro de peregrinaje de ciertos presidentes latinoamericanos, aunque en menor intensidad. Al estar Chávez recluido en la unidad de cuidados intensivos del hospital la falta de contacto personal disuadió a algunos de viajar.

 

El 10 de enero pasado, el día del comienzo del nuevo mandato de Hugo Chávez, 22 de los 33 países de América Latina y el Caribe firmaron la Declaración de Caracas en respaldo de las tesis oficiales venezolanas. Los firmantes fueron los 18 países de Petrocaribe, Bolivia y Ecuador los dos únicos de los ocho del ALBA (Alianza bolivariana de los pueblos de nuestra América) no vinculados a Petrocaribe, más Argentina y Uruguay. Como ha señalado Rosendo Fraga, “si bien dos tercios de los países de la CELAC legitimaron la solución del chavismo para la crisis institucional venezolana, no lo hicieron 11 países, los cuales representan tres cuartas partes de la región en términos de PBI, población y territorio”.

 

En el acto celebrado en Caracas estuvieron presentes tres presidentes regionales: Evo Morales, Daniel Ortega y José Mujica. Mientras Bolivia y Ecuador forman parte del ALBA, el mandatario uruguayo justificó su presencia en la capital venezolana en su condición de presidente pro tempore de Mercosur. La declaración no fue firmada por ninguno de los cuatro países que integran la Cuenca del Pacífico (Chile, Colombia, México y Perú) ni por los dos obervadores (Costa Rica y Panamá), si bien el peruano Ollanta Humala viajó a La Habana para solidarizarse con el estado de salud de Chávez. Tampoco la firmaron Paraguay, enfrentado con Venezuela por el cese del ex presidente Fernando Lugo (que sí estuvo presente en Caracas) ni Brasil, pese al más abajo comentado pronunciamiento de Marco Aurelio García, que también acudió a Cuba.

 

Para explicar la conducta de los distintos países hay que considerar la mayor cercanía política o ideológica, caso de los integrantes del ALBA, o económica, caso de aquellos vinculados a Petrocaribe, ya que en estos supuestos la comprensión frente a lo que ocurría en Venezuela era mayor. En líneas generales se puede decir que las respuestas fueron desde la plena solidaridad con la vía de acción desarrollada por el gobierno bolivariano para evitar la convocatoria de nuevas elecciones hasta la indiferencia o la neutralidad. En el medio encontramos una gran variedad de posiciones, que hablan de la necesidad de pagar pasadas ayudas venezolanas (Argentina o Uruguay), de seguir contando con el papel mediador del chavismo (Colombia con Juan Manuel Santos implicada en el proceso de paz con las FARC), o mantener una cierta unidad sudamericana, a la vista de la postura de Brasil.

 

Sin embargo, y esto es importante, no hubo ningún pronunciamiento abiertamente en contra o de rechazo a lo actuado por el gobierno provisional de Nicolás Maduro, ni declaraciones a favor de la democracia venezolana o de respeto a las leyes y las instituciones al margen de la versión oficialista. Ni siquiera en lo referente al discutible fallo de la Sala Constitucional del TSJ (Tribunal Supremo de Justicia) venezolano sobre las condiciones bajo las cuales Chávez debe prestar el juramento de su nuevo mandato se oyeron voces discrepantes. El único caso reseñable es el del embajador panameño ante la OEA (Organización de Estados Americanos),Guillermo Cochez, que tras decir que Venezuela era “una democracia enferma” fue fulminantemente destituido por el presidente Ricardo Martinelli, tras escuchar las críticas de Nicolás Maduro.

 

La posición oficial de Brasil hecha pública por Marco Aurelio García, el principal asesor de la presidente Dilma Rousseff para temas internacionales, y el gran ideólogo de la política latinoamericana de Lula da Silva, apuntaba a que Venezuela podía esperar durante 180 a que Chávez juramentara, considerando los tres meses de ausencia temporal y los tres meses de ausencia definitiva establecidos en la Constitución. Las palabras de García podían relacionarse con el tradicional apoyo que Chávez y su proyecto han recibido de Brasil desde la llegada de Lula a la presidencia (recuérdese aquella frase del ex presidente brasileño señalando que Chávez era el mejor presidente que nunca había tenido Venezuela), pero también pueden ser vistas como el establecimiento de un rígido marco institucional al proceso de transición.

 

De este modo Brasil, en lo que algunos consideran “una estrategia discreta y sutil”, estaría dispuesto a dejar pasar esos seis meses, pero después de ellos las autoridades venezolanas deberían convocar irremediablemente unas elecciones y éstas deben ser justas y democráticas. Las dos interpretaciones presentadas también evidencian las contradicciones existentes en el seno del gobierno Rousseff en relación con Venezuela, pero también con su condición de líder regional. Según algunos trascendidos de prensa se produjeron algunos contactos entre diplomáticos brasileños y estadounidenses, donde los primeros pidieron un mayor protagonismo de su gobierno y de la propia región en la resolución de la crisis política venezolana. Es obvio que de ser así tanto la presidente Rousseff como Itamaraty se estarían jugando parte de su prestigio.

 

De todos modos, lo que está claro en las reacciones de unos y otros es que la totalidad de los actores comienza a pensar, con mayor o menor preocupación o mayor o menor urgencia, en los posibles escenarios que se abren en la región tras la desaparición de Chávez del primer plano de la escena política. ¿Continuará Venezuela ejerciendo el liderazgo sui generis que desarrolló en los últimos 10 años en América Latina? ¿Seguirá siendo su capacidad de presión tan potente como en el pasado inmediato en función de los respaldos acumulados en los años anteriores?

 

Arturo López Levi se preguntaba en estas mismas páginas si Venezuela iba a poder garantizar el boicot latinoamericano a la Cumbre de las Américas de 2015 en el caso de que Cuba no fuera invitada a la misma. Se tratará, evidentemente, de una prueba de fuego para medir la capacidad de influencia del nuevo gobierno venezolano. La presidencia pro tempore de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) que tras la Cumbre de Santiago pasará a manos de Raúl Castro será otra oportunidad importante para constatar lo anterior y también el grado de coordinación entre los gobiernos de Caracas y La Habana para seguir impulsando su proyecto hegemónico continental.

 

Aquí encontramos una explicación parcial del alineamiento de parte de los países de la región con Venezuela en esta coyuntura o del silencio de la otra parte. Cuba tiene un doble interés en Venezuela. El primero, los más de 100.000 barriles de petróleo diarios que se reciben en la isla a precios más que convenientes y con laxas condiciones de financiación. Éste ha sido uno de los pilares que le ha permitido a Cuba sortear el colapso intuido tras la desaparición de la Unión Soviética. El otro, la política exterior chavista que ha permitido la casi plena reincorporación de Cuba a las instituciones multilaterales latinoamericanas. Si bien un cambio político en Venezuela no volvería a llevar a Cuba al ostracismo, si debilitaría enormemente su capacidad negociadora, especialmente con Estados Unidos.

 

Una vez más el caso venezolano ha puesto en evidencia las distintas líneas de fractura que atraviesan la región y dificultan avanzar en el proceso de integración regional. En esta oportunidad el silencio de Mercosur y la Unasur, tan clamorosos en ocasiones anteriores (destitución de Fernando Lugo, golpe contra Manuel Zelaya en Honduras o levantamiento policial en Ecuador) ha sido más que evidente. Probablemente Brasil no haya sido ajeno a esta conducta, pese a la actitud beligerante de Cristina Fernández de Kirchner en respaldar la legalidad bolivariana.

Operación Bastión Castrista

en Venezuela.

Denuncia la presencia de

unos cinco mil militares cubanos

en Venezuela

¿Precipitando el regreso de Chávez?

Eugenio Yáñez

24 de enero de 2013

 

Ahora parece más probable el regreso a Venezuela

 

Varios “expertos” en temas venezolanos radicados en Miami se apresuraron a matar a Hugo Chávez antes de tiempo. Ya esa historia se ha vivido muchas veces con la “muerte” de Fidel Castro. Después los “expertos” reaparecen, mondos y lirondos, como si nada, a repetir lo mismo o cualquier otra cosa.

 

Yo, simple mortal que no dispongo de fuentes de inteligencia dentro del equipo médico que atiende al caudillo venezolano en La Habana, ni tampoco en el séquito que acompaña a la presidenta argentina en su periplo cubano-asiático, me tengo que conformar con lo que se pueda inferir de las limitadas informaciones públicas sobre la salud de Hugo Chávez, así como de lo que se pueda intuir de la falta de información alrededor del tema.

 

Por eso, de la gravedad del presidente venezolano tras su operación del 11 de diciembre, más que por altisonantes declaraciones de quienes dicen disponer de fuentes primigenias de la verdad minutos después de que se producen los acontecimientos, tengo constancia por el hecho claro y preciso, al que todos tenemos el mismo nivel de acceso, de que durante casi cuarenta días después de la operación no había trascendido una sola palabra en vivo ni una sola fotografía del ilustre paciente.

 

También contribuye a reforzar ese criterio de la gravedad de Chávez el hecho de que Jefes de Estado amigos, como el boliviano Evo Morales, la argentina Cristina Fernández, el peruano Ollanta Humala y el nicaragüense Daniel Ortega pasaron por La Habana sin llegar a verlo, y que al presidente uruguayo José Mujica le informaran que no le garantizaban que pudiera visitarlo si viajaba a Cuba. Solamente el presidente ecuatoriano y eventual “delfín” del socialismo del siglo XXI en América Latina, Rafael Correa, pudo verlo antes de la operación.

 

El cantinfleo de los dirigentes venezolanos al referirse a la salud de Chávez es la fuente más segura para convencerse de que se puede dudar de todo lo que han dicho. Que la prensa y el gobierno cubano, con cara de jugador de póker, se limiten a reproducir las informaciones oficiales venezolanas, refuerza este criterio. Utilizar términos como “estable”, “remontando”, “resistiendo”, “luchando por la vida”, son intentos de desinformar más que de informar: no son conceptos médicos específicos ni mucho menos, y pueden ser interpretados de muy diferentes maneras.

 

Que Nicolás Maduro, Diosdado Cabello, Elías Jaua o cualquier otro cortesano dijeran que lo vieron, hablaron, conversaron, bromearon o rieron, nunca dejó de ser una versión de los hechos que no se podía comprobar. Y las supuestas “reuniones de trabajo” de sus canchanchanes con el comandante-presidente en el hospital son difíciles de creer en medio de las circunstancias anteriormente señaladas. Quizás lo más real de todo lo dicho durante un mes correspondió a Nicolás Maduro cuando señaló que Chávez le apretó la mano con fuerza: esa es precisamente la acción más común de un enfermo débil para comunicarse con alguien, y el comentario más optimista que realiza cualquiera para referirse a que un paciente sigue consciente, más que cualquier otra cosa.

 

En la medida que la presencia de Hugo Chávez en hospitales de La Habana se prolongue en medio de tanto secretismo, las tensiones en Venezuela se incrementarán. Pero ahora, en los últimos días, se produjo un significativo cambio en el patrón de comportamiento del gobierno venezolano y sus aliados latinoamericanos, aunque no del gobierno cubano, sin dudas el más profesional y experimentado en el arte de retener secretos y desinformar. Ese cambio parece sugerir que Chávez ha comenzado a rebasar las complicaciones post-operatorias y mostrar un cuadro clínico más optimista, y que se estaría propiciando fuertemente su regreso a Venezuela.

 

Tales señales han venido desde varias direcciones diferentes: Jorge Arreaza, casado con una hija de Chávez y Ministro de Ciencia y Tecnología, después de más de un mes en La Habana, presentó al Consejo de Ministros en Caracas un informe “muy alentador” sobre la salud del mandatario. Argenis, hermano menor de Chávez, declaró que el presidente regresaría a Venezuela “en los próximos días”. Pocas horas después tuvo que desmentirse, asegurar que el regreso depende de los médicos, y que los únicos voceros son Nicolás Maduro y Ernesto Villegas, Ministro de Comunicación e Información, pero el mensaje no pasó inadvertido.

 

Posteriormente, el presidente boliviano Evo Morales, dijo el martes en La Paz: “Anteayer y ayer me comuniqué con Cuba, hermanas y hermanos tenemos una buena información, el hermano Comandante Presidente Hugo Chávez ya está en fisioterapia para volver a su país”. No hay que inferir de las palabras de Evo que el caudillo venezolano esté corriendo o nadando en Cuba, pero parece evidente, uniendo todas las informaciones anteriores, que puede haber sobrepasado la etapa más crítica de su convalecencia y encontrarse en un proceso de recuperación.

 

Finalmente, el miércoles comenzó a circular por las redes sociales una fotografía de un deteriorado Hugo Chávez caminando entre dos personas, mientras se apoya en una de ellas. Se afirma que la foto, sin fecha señalada, es la primera del mandatario en 2013. Imaginamos que pronto surgirán acusaciones de trucaje, Photoshop, la presencia de “un doble”, y fantasías de ese tipo.

 

De ser ciertas las informaciones anteriores, a pesar de que se mantenga en estado delicado, un eventual regreso de Hugo Chávez a Caracas resultaría más probable, aunque solo fuera para finalmente morir en su patria y no en el extranjero. Determinados preparativos de urgencia en el Hospital Militar de Caracas apuntarían en esa dirección.

 

Para la dictadura cubana ese regreso a Caracas es de extraordinaria importancia, y no sería nada extraño que lo estuviera apremiando, pues permitiría que Chávez juramentara el nuevo período presidencial en territorio venezolano, ante el Tribunal Supremo, aunque fuera en una sala de cuidados intensivos de un hospital, y designara a Nicolás Maduro como Vicepresidente, con lo cual se formalizaría el requisito constitucional pendiente y se “legitimaría” la sucesión, restando argumentos a los opositores. Después, ya se verá.

 

Para los hermanos Castro las aventuras electorales competitivas no son nada atractivas, ni siquiera contando con una poderosa maquinaria chavista funcionando contra una oposición dispersa y confundida, que deberá enfrentar, además del cilindro oficialista sobrecargado de ventajismos, el tema altamente emocional que supone enfrentarse a un caudillo “vencedor de la muerte”.

 

Para quienes creen que un viaje aéreo a Caracas puede ser imposible o muy peligroso por los cambios de presión, sería bueno que se preguntaran cuántos oficiales cubanos en grave estado de salud fueron trasladados desde Angola hasta Cuba sin que se produjera ninguna tragedia. Y un vuelo Habana-Caracas es mucho más corto y no requeriría alturas que implicaran cambios de presión significativos, según señalan experimentados pilotos. O, en última instancia, podrían averiguar si existen o no existen buques-hospitales que puedan llevar al ilustre paciente desde La Habana hasta Caracas en un caso extremo.

 

Y, finalmente, habría que preguntarse seriamente si el gobierno cubano estaría dispuesto a hacer lo que fuera necesario para asegurar una sucesión “ordenada y tranquila” en Venezuela, de acuerdo a sus propios intereses.

 

Las respuestas son obvias.

El poder del duelo

Rafael Rojas

24 de enero de 2013

 

En Venezuela se ha producido un nuevo culto profano, una religión política

 

Los historiadores han tenido dificultad para encontrar antecedentes de la situación de Venezuela en el pasado latinoamericano. Tal vez en el siglo XIX, dictadores como Gaspar Rodríguez de Francia, Juan Manuel de Rosas o Antonio López de Santa Anna pudieron enfermarse y delegar el poder por un tiempo. Porfirio Díaz confesó en entrevista con el periodista norteamericano, James Creelman, que se enfermó en 1907 y se retiró por unas semanas a Cuernavaca. Al constatar, según su socarrona declaración, que el “precio de los valores mexicanos descendió once puntos”, regresó al castillo de Chapultepec.

 

Y eso era en el lento y marítimo siglo XIX, cuando sólo existía la opinión pública impresa y las noticias entre La Habana y la Ciudad de México se demoraban dos días ¿Cómo concebir una ausencia tan prolongada, que coincide además con un proceso de sucesión presidencial, en este acelerado siglo XXI? La única manera de hacerlo es por medio de una concepción no republicana de la política, en la que la presidencia no es una gestión o un encargo de la ciudadanía sino un designio providencial.

 

Es difícil encontrar antecedentes del caso chavista porque incluso en una región de tradiciones democráticas débiles, como América Latina, se da por descontado que un jefe de Estado con una dolencia grave renuncia o, al menos, declina su candidatura a una tercera reelección. Por mucho que la prensa oficial de La Habana y Caracas se empeñe, es imposible no considerar anómalo que un presidente en funciones convalezca en otro país, por mes y medio, sin una aparición pública y firmando, en una capital, decretos fechados en la otra.

 

A pesar de tanto abuso del duelo, no hay explicaciones culturalistas para lo que está sucediendo en Venezuela. El chavismo no es un fruto espontáneo e inevitable de la idiosincrasia venezolana, ni un producto típico del Caribe. Como le recordara el escritor nicaragüense Sergio Ramírez al presidente uruguayo, José Mujica -quien suscribió el viejo tópico del Caribe como tierra de “verdaderos caudillos de carácter popular”- el populismo ha sido un fenómeno bastante generalizado en América Latina. Lo cual no contradice que sociedades centroamericanas y caribeñas, como Colombia, Costa Rica y Panamá, posean ya un importante legado de valores y prácticas democráticas.

 

Cuba es ideal para ocultar el cuerpo del caudillo al tiempo que se le invoca

 

Entre las diversas opciones que se abrieron ante la ausencia de Chávez el 10 de enero, en la Asamblea Nacional –otorgar la presidencia interina al titular de la misma, decretar la falta temporal del presidente, convocar a nuevas elecciones- los sucesores escogieron la menos democrática, la más inconstitucional: posponer indefinidamente la juramentación, que se hará ante el Tribunal Supremo de Justicia, y gobernar de facto, en nombre del “Comandante Presidente”. Los sucesores, con el beneplácito de Fidel y Raúl Castro y los presidentes del ALBA, han producido una situación teológica o monárquica.

 

En su biografía de Chávez, El poder y el delirio (2008), el historiador mexicano Enrique Krauze habló de una discernible “teología revolucionaria” en el discurso chavista. No se trata, únicamente, del mesianismo propio de cualquier caudillo de derecha o izquierda del siglo XX o de la demagogia al uso de la política latinoamericana. No, en Venezuela se ha producido un nuevo culto profano, una religión política, que reemplaza la vieja ideología organizada de la izquierda marxista con una mezcla de alusiones mecánicas y exaltadas a Cristo, Bolívar y el Che.

 

A pesar de la fuerte conexión afectiva con Fidel Castro, el lenguaje de Hugo Chávez –y de sus sucesores- se diferencia del de los comunistas cubanos en el acento cristiano. Lo curioso es que el cristianismo de Chávez se afianzó, no en los 90 o en la primera fase de la Revolución Bolivariana, sino a mediados de la pasada década, cuando el líder venezolano emprendió su proyecto de transición al “socialismo del siglo XXI”, luego de la contundente victoria en las elecciones presidenciales de 2006.

 

El culto chavista tiene, desde luego, un trasfondo popular, derivado de los beneficios que las “misiones” y otros programas sociales han reportado a la población pobre del país. Pero también posee una dimensión artificial, asociable a una ingeniería simbólica desde arriba, instrumentada por una nueva élite política con el fin de extender su hegemonía. Tal vez sea ese cristianismo instrumental una de las razones de la ruptura entre el chavismo y la Iglesia Católica, institución que sostiene, en contraste, magníficas relaciones con Raúl Castro y el Partido Comunista de Cuba.

 

La teología populista permite comprender porqué el cáncer del presidente venezolano no ha sido atendido en su propio país. Cuba es el lugar ideal para ocultar el cuerpo del caudillo, para hacerlo desaparecer mediáticamente, al tiempo en que se organiza su invocación simbólica. La ausencia de Chávez es la condición del despliegue de una verdadera “hugolatría”, de la apoteosis del culto a su personalidad en las calles de Caracas y de una sensación de espera por el regreso del Mesías, salvado por la milagrosa medicina cubana.

 

Mientras la oposición venezolana apela a la racionalidad constitucional, el chavismo se escuda en la milagrería política. Aunque no pueda confirmar públicamente si firmó o no, de puño y letra, un decreto de gobierno, Chávez es “presidente en funciones”. El único autorizado para asegurarlo es el Vicepresidente ejecutivo –no elegido- y sucesor ungido, Nicolás Maduro. La investidura debe esperar indefinidamente por él porque le pertenece de un modo trascendental, más allá de los periodos presidenciales, de las funciones propias de una primera magistratura y de las normas democráticas, que se consideran “formalismos”.

 

En la manera chavista de entender la política, la presidencia no es un encargo o un servicio público, temporalmente concedido por el mandato popular: es un trono. Lo que se está viviendo en Venezuela es una constatación, en medio de un proceso sucesorio, de los efectos nocivos de la institución de la reelección indefinida, una enmienda constitucional introducida con el apoyo del 54% del electorado en 2009 –más o menos los mismos electores que tres años después reeligieron a Chávez por tercera vez.

 

La “voluntad popular” que reclaman los chavistas para justificar la reelección y, ahora, el ejercicio indefinido de la presidencia por Chávez representa poco más de la mitad del electorado venezolano. Se trata, por tanto, de una mayoría relativa, pero suficiente para implementar, en su nombre, una sucesión autoritaria. Con los tres poderes en sus manos, el chavismo reafirma la premisa de que Chávez es un presidente perpetuo: mientras viva, aún si está incapacitado para gobernar, la presidencia será suya.

 

La construcción de una hegemonía es un fenómeno característico de las democracias. Lo que resulta autoritario es un ejercicio específico de esa hegemonía, que se desentiende de la Constitución y de las reglas elementales, ya no de una democracia sino de una república. Se recupere o no el presidente Hugo Chávez, regrese o no regrese a gobernar, la imposición de un interinato de facto, no avalado por las normas jurídicas del Estado, es ya uno de los más claros indicios del nuevo despotismo latinoamericano del siglo XXI.

 

Rafael Rojas es historiador.

Entrevista al exembajador de Panamá ante

la Organización de Estados Americanos (OEA) sobre el caso de Venezuela

Los cubanos y venezolanos

estamos solos en América Latina

Los cubanos y venezolanos estamos solos en América Latina, abandonados a nuestra suerte; a ningún gobierno latinoamericano le interesa la democracia. Vivimos en América Letrina.

El paciente del doctor Castro

Bertrand de la Grange

 

Chávez se ha convertido en el paciente del viejo dictador, que ha hecho siempre de la medicina un arma política.

 

A semejanza del Cid Campeador, que ganaba batallas después de muerto, el presidente Hugo Chávez está gobernando Venezuela desde la clínica de La Habana donde sigue en estado muy grave. Pero, a diferencia del cadáver del Cid, que sus tropas subieron a un caballo para asustar a los árabes en la España del siglo XII, el presidente venezolano no aparece por ninguna parte.

 

Y sin embargo, asegura su delfín, “Chávez es presidente de Venezuela, ha empezado el periodo 2013-2019 y seguirá siendo presidente de nuestro país”. Habla el vicepresidente Nicolás Maduro, que repite una y otra vez que él no sustituye al mandatario, sino que ejerce solo algunas de sus funciones. En una larga entrevista a la agencia de noticias española EFE, Maduro se esmera en justificar el manoseo constitucional que ha permitido mantener la ficción de que el caudillo bolivariano ejerce realmente sus funciones.

 

“Nuestra Constitución fue hecha en 1999, en un proceso constituyente donde participaron miles de venezolanos y se hizo en un estilo redaccional muy alejado del leguleyerismo que las elites acostumbraron en la práctica del derecho, sobre todo del derecho público y del derecho constitucional. Se hizo en un lenguaje claro, para cristianos”, explica con su estilo peculiar el antiguo sindicalista del metro de Caracas. El texto era tan claro que casi todo el mundo había entendido que la ausencia de Chávez en la ceremonia de toma de posesión de su cuarto mandato presidencial, el 10 de enero, tendría consecuencias. Según la carta magna, el presidente de la Asamblea Nacional, el también chavista Diosdado Cabello, asumiría el cargo durante 30 días y se encargaría de organizar nuevas elecciones.

 

Pues no fue así. Los chavistas, reunidos en La Habana y asesorados por los hermanos Castro, decidieron que el vicepresidente Maduro, que vivió una temporada en Cuba en su juventud, era el hombre más adecuado para asumir la “coordinación” del Gobierno. El Tribunal Supremo de Justicia ratificó la “sugerencia” sin chistar. ¿Cuáles son sus competencias? Maduro intenta escaquearse ante esa pregunta de EFE con el argumento de que la lista es demasiado “larga para una entrevista”. Y termina diciendo que el papel del vicepresidente consiste a ejecutar las “ordenes […] del jefe del Estado en los momentos que está de permiso constitucional […], porque la legitimidad de mando, de conducción del Estado y de la República la tiene el comandante Hugo Chávez”.

 

Lo que no dice Maduro es que él no tiene ninguna legitimidad —no fue electo, a diferencia de Chávez, que obtuvo el 55% de los votos en la presidencial de octubre pasado—y no podía ser prorrogado automáticamente en sus funciones de vicepresidente después del 10 de enero. Y sin embargo, ahí está, y los otros países del continente parecen conformarse con la situación. La Organización de los Estados Americanos (OEA) ha avalado “la decisión tomada por los poderes constitucionales de Venezuela”.

 

Hubo una sola voz discordante, la del embajador de Panamá ante la OEA, Guillermo Cochez, que criticó la tolerancia del organismo internacional hacia esa “democracia enferma”. El Gobierno panameño, de derecha, desautorizó a su representante y lo destituyó. Y no es porque el presidente Ricardo Martinelli le tenga simpatía al Gobierno bolivariano de Caracas. Es una cuestión de intereses económicos puros y duros: Panamá quiere ser miembro de Petrocaribe, la empresa estatal venezolana que vende petróleo con descuentos importantes a 18 países. Y la franqueza de Cochez no era la mejor manera de obtener esos beneficios.

 

En la entrevista con EFE, Maduro no se explaya sobre el estado de salud de Chávez —”lo veo muy tranquilo, muy sereno”—, pero sus respuestas muy imprecisas hacen pensar que la ausencia del líder bolivariano podría ser definitiva. De paso, el delfín se despacha contra el “periodismo mortuorio”, la “prensa basura” y “fascista”, sobre todo la española, tanto de izquierda como de derecha, que conduce “una guerra mediática, realmente miserable sobre la vida del presidente, sobre su salud”. Y, para hacerle frente, agrega Maduro, “hemos adoptado lo que consideramos una opción correcta, dar partes que combinan la lucha de ideas, la defensa política y humana del presidente Chávez y su familia y la información médica”. Es, sin duda, una aportación revolucionaria a la transparencia informativa.

 

Maduro tiene, además, una noticia tranquilizadora. El “comandante invicto frente a las agresiones del imperialismo más poderoso que ha existido en la historia de la humanidad, el imperialismo estadounidense”, es decir Fidel Castro, “está en el hospital, está cerca de los médicos, está cerca de los familiares”. Chávez se ha convertido en el paciente del viejo dictador, que ha hecho de la medicina un arma política desde que llegó al poder, en 1959. No dudo de que hará todo lo posible para mantener la ficción de que su aliado sigue al pie del cañón, vivo o muerto.

Carta de María Corina Machado a Fidel Castro

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José Martí: El que se conforma con una situación de villanía, es su cómplice”.

Mi Bandera 

Al volver de distante ribera,

con el alma enlutada y sombría,

afanoso busqué mi bandera

¡y otra he visto además de la mía!

 

¿Dónde está mi bandera cubana,

la bandera más bella que existe?

¡Desde el buque la vi esta mañana,

y no he visto una cosa más triste..!

 

Con la fe de las almas ausentes,

hoy sostengo con honda energía,

que no deben flotar dos banderas

donde basta con una: ¡La mía!

 

En los campos que hoy son un osario

vio a los bravos batiéndose juntos,

y ella ha sido el honroso sudario

de los pobres guerreros difuntos.

 

Orgullosa lució en la pelea,

sin pueril y romántico alarde;

¡al cubano que en ella no crea

se le debe azotar por cobarde!

 

En el fondo de obscuras prisiones

no escuchó ni la queja más leve,

y sus huellas en otras regiones

son letreros de luz en la nieve...

 

¿No la veis? Mi bandera es aquella

que no ha sido jamás mercenaria,

y en la cual resplandece una estrella,

con más luz cuando más solitaria.

 

Del destierro en el alma la traje

entre tantos recuerdos dispersos,

y he sabido rendirle homenaje

al hacerla flotar en mis versos.

 

Aunque lánguida y triste tremola,

mi ambición es que el sol, con su lumbre,

la ilumine a ella sola, ¡a ella sola!

en el llano, en el mar y en la cumbre.

 

Si desecha en menudos pedazos

llega a ser mi bandera algún día...

¡nuestros muertos alzando los brazos

la sabrán defender todavía!...

 

Bonifacio Byrne (1861-1936)

Poeta cubano, nacido y fallecido en la ciudad de Matanzas, provincia de igual nombre, autor de Mi Bandera

José Martí Pérez:

Con todos, y para el bien de todos

José Martí en Tampa
José Martí en Tampa

Es criminal quien sonríe al crimen; quien lo ve y no lo ataca; quien se sienta a la mesa de los que se codean con él o le sacan el sombrero interesado; quienes reciben de él el permiso de vivir.

Escudo de Cuba

Cuando salí de Cuba

Luis Aguilé


Nunca podré morirme,
mi corazón no lo tengo aquí.
Alguien me está esperando,
me está aguardando que vuelva aquí.

Cuando salí de Cuba,
dejé mi vida dejé mi amor.
Cuando salí de Cuba,
dejé enterrado mi corazón.

Late y sigue latiendo
porque la tierra vida le da,
pero llegará un día
en que mi mano te alcanzará.

Cuando salí de Cuba,
dejé mi vida dejé mi amor.
Cuando salí de Cuba,
dejé enterrado mi corazón.

Una triste tormenta
te está azotando sin descansar
pero el sol de tus hijos
pronto la calma te hará alcanzar.

Cuando salí de Cuba,
dejé mi vida dejé mi amor.
Cuando salí de Cuba,
dejé enterrado mi corazón.

La sociedad cerrada que impuso el castrismo se resquebraja ante continuas innovaciones de las comunicaciones digitales, que permiten a activistas cubanos socializar la información a escala local e internacional.


 

Por si acaso no regreso

Celia Cruz


Por si acaso no regreso,

yo me llevo tu bandera;

lamentando que mis ojos,

liberada no te vieran.

 

Porque tuve que marcharme,

todos pueden comprender;

Yo pensé que en cualquer momento

a tu suelo iba a volver.

 

Pero el tiempo va pasando,

y tu sol sigue llorando.

Las cadenas siguen atando,

pero yo sigo esperando,

y al cielo rezando.

 

Y siempre me sentí dichosa,

de haber nacido entre tus brazos.

Y anunque ya no esté,

de mi corazón te dejo un pedazo-

por si acaso,

por si acaso no regreso.

 

Pronto llegará el momento

que se borre el sufrimiento;

guardaremos los rencores - Dios mío,

y compartiremos todos,

un mismo sentimiento.

 

Aunque el tiempo haya pasado,

con orgullo y dignidad,

tu nombre lo he llevado;

a todo mundo entero,

le he contado tu verdad.

 

Pero, tierra ya no sufras,

corazón no te quebrantes;

no hay mal que dure cien años,

ni mi cuerpo que aguante.

 

Y nunca quize abandonarte,

te llevaba en cada paso;

y quedará mi amor,

para siempre como flor de un regazo -

por si acaso,

por si acaso no regreso.

 

Si acaso no regreso,

me matará el dolor;

Y si no vuelvo a mi tierra,

me muero de dolor.

 

Si acaso no regreso

me matará el dolor;

A esa tierra yo la adoro,

con todo el corazón.

 

Si acaso no regreso,

me matará el dolor;

Tierra mía, tierra linda,

te quiero con amor.

 

Si acaso no regreso

me matará el dolor;

Tanto tiempo sin verla,

me duele el corazón.

 

Si acaso no regreso,

cuando me muera,

que en mi tumba pongan mi bandera.

 

Si acaso no regreso,

y que me entierren con la música,

de mi tierra querida.

 

Si acaso no regreso,

si no regreso recuerden,

que la quise con mi vida.

 

Si acaso no regreso,

ay, me muero de dolor;

me estoy muriendo ya.

 

Me matará el dolor;

me matará el dolor.

Me matará el dolor.

 

Ay, ya me está matando ese dolor,

me matará el dolor.

Siempre te quise y te querré;

me matará el dolor.

Me matará el dolor, me matará el dolor.

me matará el dolor.

 

Si no regreso a esa tierra,

me duele el corazón

De las entrañas desgarradas levantemos un amor inextinguible por la patria sin la que ningún hombre vive feliz, ni el bueno, ni el malo. Allí está, de allí nos llama, se la oye gemir, nos la violan y nos la befan y nos la gangrenan a nuestro ojos, nos corrompen y nos despedazan a la madre de nuestro corazón! ¡Pues alcémonos de una vez, de una arremetida última de los corazones, alcémonos de manera que no corra peligro la libertad en el triunfo, por el desorden o por la torpeza o por la impaciencia en prepararla; alcémonos, para la república verdadera, los que por nuestra pasión por el derecho y por nuestro hábito del trabajo sabremos mantenerla; alcémonos para darle tumba a los héroes cuyo espíritu vaga por el mundo avergonzado y solitario; alcémonos para que algún día tengan tumba nuestros hijos! Y pongamos alrededor de la estrella, en la bandera nueva, esta fórmula del amor triunfante: “Con todos, y para el bien de todos”.

Como expresó Oswaldo Payá Sardiñas en el Parlamento Europeo el 17 de diciembre de 2002, con motivo de otorgársele el Premio Sájarov a la Libertad de Conciencia 2002, los cubanos “no podemos, no sabemos y no queremos vivir sin libertad”.