LAS  LUCHAS  DE  LA  MUJER  CUBANA

José Martí:

Las campañas de los pueblos sólo son débiles cuando en ellas no se alista el corazón de la mujer; pero cuando la mujer se estremece y ayuda, cuando la mujer tímida y quieta de su natural, anima y aplude, cuando la mujer culta y virtuosa unge la obra con la miel de su cariño, la obra es invencible”.

Se han documentado

216 mujeres y niñas asesinadas o desaparecidas

por el castrismo

216 mujeres y niñas asesinadas o desaparecidas por el castrismo
216 víctimas documentadas
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CIDH concede medidas cautelares

para las Damas de Blanco

29 de octubre de 2013 

Véase una de las agresiones físicas sufridas por una pacífica mujer cubana –ocurrió en julio de 2013-, por parte de las brigadas paramilitares organizadas por orden de Fidel y Raúl Castro

Berta Soler denuncia el hostigamiento

contra las Damas de Blanco en Matanzas, Cuba

Yris Pérez Aguilera

Presidenta del Movimiento Femenino

por los Derechos Civiles Rosa Parks

ONU: Cuba debería asumir

que en el país existen

la explotación sexual y la prostitución

por causas económicas

29 de julio de 2013

 

Cuba debería asumir que en el país existe la explotación sexual y la prostitución y que éstas tienen causas económicas, por lo que tendría que tratar de erradicarlas, manifestó este lunes el Comité por la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres de Naciones Unidas.

 

El Comité tiene por objetivo velar porque los Estados miembros de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Violencia contra las Mujeres -de la que Cuba es parte- acaben con la discriminación política, económica, social, cultural y civil contra las féminas.


El Comité está profundamente preocupado porque el Estado Parte no reconoce la existencia de la explotación de la prostitución”, se expresa en las conclusiones sobre Cuba.

 

Además, el Comité está también preocupado por la falta de esfuerzos para evitar la explotación de la prostitución y acabar con sus causas estructurales, así como la falta de protección y servicios disponibles para las víctimas de esa explotación”, como programas de rehabilitación y asistencia básica como refugios.


Esta advertencia del Comité aparece tras la respuesta aportada por el régimen de los hermanos Castro durante el análisis de su caso, en el que aseguró que “el fenómeno de la prostitución no tiene causas estructurales en Cuba, ya que fueron eliminadas tras el triunfo de la Revolución”.

 

Las autoridades cubanas contestaron al Comité que la prostitución en Cuba “constituye una elección personal de las mujeres y hombres que buscan en el ejercicio de la prostitución una vía para acceder a determinados bienes de consumo que propicien un nivel de vida superior al del resto de la población trabajadora y, en algunos casos, emigrar al exterior”.


Por otra parte, el Comité solicita que cuando se autoricen excepcionalmente matrimonios entre cónyuges menores de 18 años, el enlace sea con el acuerdo explícito de los dos contrayentes, y sobre todo, que ambos tengan como mínimo 16 años.

 

Hasta la fecha, para poder llevar a cabo este tipo de matrimonio excepcional, el varón debe tener como mínimo 16 años, pero la mujer sólo necesita ser mayor de 14.

 

Otro de los aspectos tratados por el Comité es la falta de educación no sexista existente en el país, por lo que se solicita que se implementen planes transversales para que haya una educación de la paridad y la igualdad entre sexos.

 

El Comité hace hincapié en que esto es necesario, sobre todo, en las áreas rurales, donde las mujeres están más sometidas y tienen menor acceso a asesoramiento y ayuda.

 

En el mismo sentido, le sugiere al gobierno cubano a que modifique su código laboral para que incluya disposiciones que contemplen el principio de igual pago por igual remuneración, así como medidas para evitar el acoso sexual en el medio del trabajo

Las Damas de Blanco recogieron finalmente este martes el premio Sájarov por la libertad del pensamiento que el Parlamento Europeo les otorgó en 2005 y que no pudieron recibir porque no tenían la autorización del régimen castrista para salir de Cuba.

 

Durante una sesión solemne en la sede de Bruselas de la Eurocámara, las Damas de Blanco han pedido a la Unión Europea que mantenga la Posición Común sobre Cuba y que, durante las visitas oficiales, los dirigentes europeos vuelvan a convocar reuniones con la oposición democrática, porque “las reformas no son tales sino solamente cambios cosméticos”.

 

Como mujeres valientes y con gran tesón, que están acostumbradas a recorrer caminos largos y sinuosos, el camino de Cuba a Bruselas ha durado más de siete años”, señaló el presidente del Parlamento Europeo, el socialista alemán Martin Schultz.

 

Minuto de silencio

 

El galardón fue recogido por Berta Soler, portavoz de este movimiento de mujeres familiares de ex presos y presos políticos surgido en la Primavera Negra de 2003; la mujer del disidente José Daniel Ferrer, Belkis Cantillo; la esposa del escritor Raúl Rivero, Blanca Reyes, representante de las Damas de Blanco en España, y por Laura Labrada, hija de la fallecida líder del grupo, Laura Pollán.

 

La Eurocámara guardó un minuto de silencio en honor de Laura Pollán y del también desaparecido Oswaldo Payá (premio Sajarov 2002). El periodista independiente cubano Guillermo Fariñas fue también galardonado en 2010.

 

Ustedes son el símbolo de la resistencia contra el gobierno cubano, miles y miles de cubanas las apoyan fuera y dentro del país (...) Todos anhelamos el día en que los cubanos puedan hablar libremente. Ese día va a llegar”, dijo el presidente de la Eurocámara, Martin Schulz.

 

El presidente del Parlamento Europeo entregó el premio a la líder del grupo, Berta Soler, quien estaba acompañada de Belkis Cantillo Ramírez y Laura Labrada Pollán, hija de la líder histórica del grupo, Laura Pollán, quien falleció en 2011 a los 63 años, debido a un supuesto paro cardiaco.

 

Somos mujeres activistas para los derechos humanos. Somos una y somos muchas. Hemos sido golpeadas insultadas y vejadas”, dijo en un emotivo discurso Laura Labrada.

 

En nosotros confiamos, pero con ustedes contamos”, señaló al defender una Cuba “libre y democrática”.

Abogadas denuncian en Naciones Unidas

la violencia del Estado contra las mujeres cubanas.

Yaremis Flores y Laritza Diversent

durante la presentación de su

informe sobre la situación de la mujer en Cuba,

el 8 de julio de 2013, en Ginebra, Suiza

La brutalidad de los agentes policiales y de la Seguridad del Estado (…) contra las mujeres disidentes es avalada por el Estado” y “ejemplifica la violencia institucionalizada como medio para reprimir a las mujeres opositoras”, denuncian las abogadas cubanas Laritza Diversent y Yaremis Flores en un informe presentado ante el Comité de Naciones Unidas sobre la Eliminación de la Discriminación Racial contra la Mujer (CEDAW).

 

En los centros de detención los agentes utilizan la violencia, la ofensa y el agravio sexual como medio de  represión” contra las mujeres, dijeron las abogadas, que han sido víctimas de esas prácticas por sus labores de denuncia de la situación de los derechos humanos en Cuba y la asesoría legal que brindan a opositores y otros ciudadanos a través del independiente Centro de Información Legal Cubalex.

 

A las disidentes “las encierran en calabozos sin condiciones higiénicas (…) llegando incluso a compartir celdas con hombres”, denuncian en el documento.

 

En algunos casos las obligan a desnudarse o las desnudan por la fuerza, las obligan a hacer cuclillas para verificar si tienen objetos en sus genitales” y se ha reportado la denuncia de una opositora a la cual le introdujeron “un bolígrafo en la vagina, bajo la justificación  de que buscan objetos de grabación”, añadieron.

¿Qué debemos celebrar las cubanas?

Miriam Celaya

27 de agosto de 2013

 

El surgimiento de la castrista Federación de Mujeres Cubanas marcó el final de la autonomía del movimiento cívico femenino

 

El pasado 23 de agosto la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), la mayor organización femenina corporativa de la historia de la Isla —creada por Fidel Castro en 1960 tras la desarticulación de todas las organizaciones femeninas autónomas que habían surgido desde la República—, y la única con reconocimiento legal, celebró el aniversario 53 de su fundación.

 

La fecha resulta propicia para el recuento y el balance sobre el devenir de una organización gubernamental con más de medio siglo de historia. Qué ha sido y es la FMC y qué papel ha jugado para la vida nacional y para el sector femenino en particular son cuestiones a considerar de cara a las transformaciones que eventualmente deberán producirse en Cuba.

 

Significado histórico y político de la creación de la FMC

 

El nacimiento de la FMC marcó el final de la autonomía del movimiento cívico femenino cubano. Con ella se anuló la independencia de la capacidad movilizadora de las mujeres —que habían tenido un destacado papel en la historia desde las guerras decimonónicas y a lo largo de la República—, y se subordinó esa fuerza a los intereses políticos de la elite gobernante.

 

Los objetivos y función de la FMC se definieron desde sus inicios, más que por la garantía de los espacios de libertad y equidad de género, por la voluntad de impedir la influencia de tendencias independientes que implicaran un desafío al poder revolucionario, eminentemente masculino. La participación social de la mujer quedó condicionada así por la fidelidad a la revolución y a la ideología oficial, rasgo que se reforzó en 1961 cuando, al ser declarado por aclamación el “carácter socialista” del proceso, la FMC lo acató automáticamente, aunque tal maridaje ideológico no estaba refrendado en los principios fundacionales de la organización.

 

Con la FMC nació el mito de la emancipación de la mujer, aspiración largamente aplazada en la agenda de los movimientos femeninos cubanos, y milagrosamente “parida” por la revolución. Nadie parecía recordar que los intereses femeninos nunca estuvieron contenidos en el programa del Moncada ni en ninguna de las plataformas de la etapa insurreccional revolucionaria, como tampoco el célebre alegato La Historia me absolverá incluía la discriminación de género entre sus críticas a los males sociales de la República.

 

Más aún, ninguna mujer había participado en la elaboración del programa revolucionario ni propuesto los objetivos o aspiraciones del sector femenino, a pesar de que para los estándares de la época éste tenía una considerable representación laboral y estudiantil, y muchas intelectuales cubanas habían alcanzado un lugar relativamente destacado en la región.

 

Por otra parte, las acciones femeninas —con la recogida de 20 mil firmas entregadas al Senado— que habían logrado en 1955 la amnistía gubernamental para los presos del Moncada, fueron una alerta temprana a Fidel Castro sobre el poder movilizador de ese sector y la importancia estratégica de dominarlo y utilizarlo para sus fines.

 

La República había sido escenario de un relativo —aunque desequilibrado— liderazgo social femenino, fundamentalmente vinculado a políticas de tendencia liberal. Sin embargo, en la etapa revolucionaria esto sufrió un dramático retroceso. Solo algunas mujeres cercanas al proceso revolucionario y cuyo denominador común fue su vínculo personal con representantes del poder tuvieron, por ello y no por un auténtico liderazgo de género, cierta notoriedad.

 

Entre ellas estuvo Pastorita Núñez, quien participó brevemente en los programas de viviendas a inicios del proceso revolucionario y pronto desapareció de la vida pública para finalmente morir en total anonimato. Otras figuras se convirtieron en las más socorridas representantes femeninas de alguna relevancia pública y resultaron asignadas por Castro a ciertas funciones administrativas gubernamentales (en el caso de Celia Sánchez), a instituciones de control de la esfera cultural e intelectual (Haydee Santamaría), o a la mera función iconográfica de la falsa igualdad de género (misión permanente de Vilma Espín al frente de la FMC).

 

Ellas no surgieron desde el reconocimiento de las luchas de género ni representan en lo absoluto la heredad o continuidad del movimiento femenino histórico desarrollado desde el siglo XIX y fortalecido durante la primera mitad del siglo XX, sino —por el contrario— marcaron el punto de ruptura con esa tradición, y su desempeño, sin excepción, contribuyó a la anulación del movimiento femenino cubano al responder incondicionalmente a las iniciativas del líder totalitario y no a una verdadera conciencia emancipadora femenina.

 

De hecho, la FMC se autodefinió desde un principio como “una organización femenina, pero no feminista, dado que el feminismo era considerado como un movimiento social que desviaba esfuerzos y atención de la lucha revolucionaria, además de una ideología propia de las ‘burguesas ociosas’”[1]. Adoptando el catecismo de las ideologías de izquierda que más adelante alcanzarían un significativo arraigo en Latinoamérica, todo “lo burgués” era decadente por naturaleza y debía ser exterminado. Paradójicamente, la ideología que pretendía ser la avanzada de las clases explotadas y el paradigma del pensamiento más progresista, se convirtió en un freno para las luchas por la emancipación del sector más despojado dentro de esas propias clases: las mujeres.

 

La fase de apogeo

 

No obstante, el período inicial del proceso revolucionario, con sus medidas democrático-populares, encendió un entusiasmo sin precedentes en la mayoría de la población cubana y contribuyó a que las mujeres se incorporaran a la FMC. El nuevo orden social establecido trajo consigo también algunos cambios sustanciales en la estructura y orden familiar, lo que repercutió fuertemente en las funciones de género.

 

No todo resultaba negativo: la incorporación de las mujeres al trabajo remunerado se multiplicó extraordinariamente, mientras los programas gubernamentales de apoyo a éstas estimulaban el crecimiento constante y acelerado del sector laboral femenino. Se crearon los Círculos Infantiles que, a la vez, propiciaron el surgimiento de nuevas plazas femeninas de trabajo.

 

También hay que reconocer la implementación de otras medidas que amparaban los derechos de las mujeres, como por ejemplo la maternidad planificada, los programas materno-infantiles de la salud, la maternidad remunerada, la legalización del aborto y la igualdad de pago con relación a los hombres. Con esto no solo se promovía a la mujer a la vida laboral, sino que nuevamente —como ocurriera durante la República— la maternidad volvía a la palestra como moneda de cambio de los políticos para captar la simpatía y fidelidad femeninas.

 

Pero estos logros sociales se generaban desde el poder, no desde un movimiento cívico autónomo e independiente, por lo que no constituyen netamente “conquistas femeninas”. En consecuencia, la “igualdad” refrendada en las leyes revolucionarias, al no derivarse del valor sustantivo y autónomo de las mujeres como sujetos sociales activos, no contribuyó a la formación de una conciencia crítica.

 

De este modo, la seguridad y la aceptación social de las nuevas funciones de la mujer dentro de la revolución nacieron comprometidas con el Gobierno-Partido-Estado totalitario, que se erigió a la vez en patrón, administrador del poder y de la justicia y destinatario final (beneficiario) del potencial político femenino. Por decreto, quedaron abolidas de jure las diferencias de género en Cuba, y a la vez se anuló la posibilidad del debate público femenino y la capacidad de acción de las mujeres, cuestiones que quedaron sujetas a las disposiciones y manejos del poder.

 

Paulatinamente, el ingreso a la FMC se convirtió en un trámite automático: cada cubana que arriba a los 14 años es considerada como miembro de la organización, salvo los casos excepcionales en que la propia mujer declare expresamente su decisión de no pertenecer a la misma, por lo que al paso del tiempo la FMC comenzó a mostrar una ecuación inversa: crecía numéricamente a la vez que perdía representatividad real en la sociedad y en el imaginario femenino.

 

Ya hacia 1995 el 82% de la población femenina estaba formalmente integrada en la organización que actualmente “agrupa” a más de cuatro millones de cubanas. Sin embargo, las mujeres son menos libres.

 

53 años de conjura

 

Más allá de las usuales odas a ese incorpóreo fauno verde olivo apodado “revolución”, y de la prolongada duración de una organización apóstata, ¿qué celebran las federadas?

 

En la actualidad más del 60% de los profesionales y técnicos cubanos son mujeres, sin embargo casi la totalidad de los cargos de dirección política o relacionados con empresas de la administración de divisas son ocupados por hombres, lo que demuestra la tradicional preeminencia de los patrones masculinos, ahora acunados a la sombra del sistema, que mantienen la discriminación de la mujer a contrapelo de las “conquistas” otorgadas desde el poder.

 

En la esfera política la presencia femenina, como la de afrodescendientes, no pasa de la representación escenográfica que pretende ofrecer una imagen de equilibrio racial y de género en los cargos del Gobierno, e incluso bajo esa condición, sigue siendo muy baja.

 

En cuanto a lo social, las cifras de prostitución, desempleo, subempleo y deserción escolar por maternidad precoz y otras causas, afectan con particular fuerza a las mujeres.

 

Mientras, la inexistencia de demandas femeninas en Cuba ha determinado que cada vez las mujeres sean menos ciudadanas y más rebaño, pasando de la esclavitud privada (doméstica-patriarcal) —sin llegar a superarla— a la esclavitud pública (estatal-totalitaria). La pretendida equidad de género proclamada por la revolución, es otra farsa del sistema que enmascara la ausencia de autonomía de todos los sectores civiles del país y la ausencia de derechos humanos tan elementales como el de asociación y el de expresión.

 

Tal es el escenario después de más de medio siglo de la que, al menos por el número de membresía, quizás sea la mayor organización femenina de este hemisferio. Poco tienen que celebrar las cubanas, salvo que la vergüenza de la servidumbre se reconozca como una conquista de género.

 

[1] Holgado Fernández, Isabel. ¡No es fácil! Mujeres cubanas y la crisis revolucionaria. Editorial Icaria Antrazyt, Barcelona, España, 2000. p. 269

Mujeres maltratadas, ¿son las culpables?

Leannes Imbert

13 de agosto de 2013

 

Los modelos culturales y de comportamiento, a fuerza de repetirse, se solidifican, se fijan y se convierten en normas de conducta. La sociedad cubana ha naturalizado la violencia, a tal punto que la aversión ante hechos de esta índole ha perdido su verdadero significado. Muy en especial, es alarmante la violencia que están sufriendo aquí muchas mujeres.

 

Se ha desencadenado una ola de hechos que vulneran la dignidad de quienes, hace ya mucho tiempo, estuvieron convencidas de ser el sexo débil. Y lo peor es que de alguna manera esa violencia es consentida por la sociedad cubana.

 

No existe justificación alguna para la violencia de género, y las mujeres maltratadas nunca son responsables, sean cuales fueren las causas que provocaron el maltrato. No es bueno confundir a las víctimas con los culpables.

 

En Cuba, la persistencia e invisibilidad de esta situación (los medios oficialistas no hablan del tema), no hacen más que reafirmar las desigualdades y la inequidad reinantes históricamente. No podemos voltear la cara ante la violencia contra las mujeres, esa que tiene lugar en los ámbitos doméstico o laboral, pero tampoco ante la ejercida por la policía contra opositoras pacíficas, contra trabajadores sexuales y contra transexuales. No podemos olvidar a las mujeres lesbianas, a las que, por años, nos prohibieron amarnos entre nosotras, negando incluso que era natural ese tipo de amor.

 

Todo tipo de dominación conlleva invariablemente a la opresión, o sea, a la violencia. Esta ha sido una regla histórica y, en Cuba, donde el binomio opresión-dominación es uno de los pilares donde reposa el régimen, la violencia continúa siendo tremendamente brutal.

 

Por suerte, somos muchas y muchos los que, a diario, desacatamos sus reglas. Ahí están, para demostrarlo, las mujeres y grupos feministas y de opositoras pacíficas, que denuncian la gran mentira sobre la que se ha basado esa dominación. Otro ejemplo es la visibilidad, cada vez mayor, de las relaciones de amor entre mujeres, lo cual ayuda a desmoronar toda esa mentira patriarcal.

 

No obstante, considero una asignatura pendiente la unión armónica entre todos: sociedad civil, hombres, mujeres, heterosexuales y personas LGBT, para que desmontemos de una vez tantos años de patriarcado, machismo y violencia. Y tal vez corresponda a las mujeres, si no liderar, al menos impulsar este proceso.

 

Se impone la necesidad de que protagonicemos juntas el tan necesario activismo transgresor y solidario, partiendo de la comprensión de que la violencia contra las mujeres no es, en absoluto, “un problema de la otra”, sino de todas.

Belkis Cuza Malé rechaza participar en antología

que excluye a otras poetisas disidentes

7 de julio de 2013

 

La escritora cubana exiliada Belkis Cuza Malé dijo a martinoticias que ella no ha dado su autorización para ser incluida en una antología de poetisas cubanas, titulada “La catedral sumergida”, preparada por una editorial del régimen de Cuba.

 

La escritora, exesposa del poeta disidente Heberto Padilla, con quien sufrió el encarcelamiento y los avatares del caso Padilla (véase http://profesorcastro.jimdo.com/heberto-padilla/) declaró que no está dispuesta a participar en una antología que lo único que haría es beneficiar a la dictadura castrista.

 

La poetisa respondió a la propuesta que le hiciera el oficialista organizador de la antología: “Yo no he dado mi autorización para esa antología. Ni para ninguna de ustedes, y mucho menos con supuestas poetas que no las conoce ni su madre y donde se excluyen a otras que son disidentes”.

 

Para agregar: “Además, detesto las antologías racistas, sexistas, o lo que sea. No me interesa ser etiquetada por nada ni nadie. Soy un ser humano, no un sexo. Así que quíteme ya de ahí, ahora mismo, en el nombre de Jesús. Que Dios lo guíe”.

 

Rafael Martínez-Sixto habló con Belkis Cuza Malé

http://realaudio.rferl.org/ocb/CU/2013/07/07/3ab1786f-b87e-492f-bc7b-acd2051243aa.mp3

Con las faldas bien puestas

Anólan Ponce*

5 de junio de 2013

 

A través del tiempo, la mujer cubana ha dejado sus huellas plasmadas en la historia de Cuba. Emilia Teurbe Tolón cosió la primera bandera izada en Cárdenas en 1851. Mariana Grajales instó a su pequeño hijo a “empinarse” para luchar por Cuba. “La Niña del Escambray” combatió valientemente junto a su esposo contra las milicias castristas.

 

Pero un fenómeno está ocurriendo ahora. Las mujeres parecen haber tomado un rol protagonista paralelo o quizás superior al del hombre en la lucha anticastrista. Aunque de seis disidentes asesinados en los últimos tres años, cinco eran hombres, son ellas las que a diario, con cazuelas o gladiolos, acaparan las noticias soportando actos de repudio, palizas y todo tipo de atropellos.

 

Un ejemplo es Laura Pollán. La cofundadora de Las Damas de Blanco era una simple ama de casa cuando su esposo, Héctor Maceda, fue encarcelado. En siete años, cuando Maceda logró su libertad gracias, en parte, a los esfuerzos del grupo fundado por ella, Laura se había convertido en una líder a nivel internacional cuyo liderazgo mereció al grupo el Premio Sajarov.

 

El vientre femenino alberga el milagro de la vida humana –es innato en la mujer su instinto de proteger. Pero, ¿cuál ha sido la dinámica que ha colocado a la mujer cubana en su temeraria confrontación al régimen?

 

En la Cuba prerrevolucionaria la mujer había logrado avances en su status social que superaban los de otros países latinoamericanos con la excepción de Brasil y Argentina. Estos avances incluyeron el sufragio femenino obtenido en Cuba en 1934, y un mayor porcentaje de mujeres trabajando fuera de sus casas, yendo a las escuelas y practicando el control de la natalidad.

 

Con la llegada de la Revolución en 1959, hubo la falsa ilusión que las transformaciones sociales continuarían favoreciendo a la mujer. Una apertura masiva en la fuerza laboral para la integración femenina fue apoyada con la creación de círculos infantiles. La recién estrenada Federación de Mujeres Cubanas garantizaba la igualdad de género.

 

La realidad fue otra. La Federación respondía solo a los intereses del régimen, los círculos infantiles eran centros de adoctrinamiento para moldear las tiernas mentes infantiles, y aunque la mujer participaba activamente en la fuerza laboral, la única en posición de relevancia era Vilma Espín. Paralelo a todo esto, la mujer tenía que portar armas, hacer guardias y enfrentarse en su hogar a una despensa vacía y una familia hambrienta.

 

Las que habían mirado al futuro con esperanza, ahora vieron a sus hijos y esposos marchar a combatir en tierras extrañas y después regresar en toscos ataúdes de madera; los vieron lanzarse al mar en frágiles embarcaciones para no volver a saber de ellos jamás; los vieron ir a la cárcel por defender sus derechos. Para colmo, el régimen las alentó a vender sus cuerpos como medio de supervivencia.

 

Las hijas y nietas de aquellas mujeres que marchaban a la vanguardia en avances sociales hace 50 años se han rebelado. Ellas quieren salvar el futuro para los suyos, combatiendo hombro con hombro junto a sus esposos, sus hermanos o sus hijos. Fieles al instinto femenino de proteger, piensan que el abuso contra ellas siempre será inferior que contra sus hombres. Ellos las admiran y lo aceptan. El alistamiento de mujeres en las fuerzas armadas y su participación en combate es una realidad de nuestro tiempo.

 

No hay falta alguna de testosterona en Cuba. Simplemente, ¡las mujeres tienen las faldas muy bien puestas!

 

* La autora es directora de MAR por Cuba.

La amenaza a Yoani Sánchez

Jorge Ramos

18 de abril de 2013

 

La amenaza de la dictadura de los hermanos Castro contra la periodista y bloguera cubana Yoani Sánchez fue directa.Esto fue lo que me dijo ella durante una entrevista en Miami: He sufrido arrestos, he sufrido golpes y eso no me ha dolido tanto. Pero la última vez que estuve detenida, una oficial de la seguridad del estado me dijo: ‘¿Tu hijo monta bicicleta? Que tenga cuidado.’ … Eso me llegó al alma”

 

Sánchez sabe que su mayor vulnerabilidad es su hijo, Teo, de 17 años. “Sí, ese es mi punto débil”, reconoce. Ella sabe que puede haber graves represalias por lo que dice. Pero sigue hablando. ¿Por qué? “Claro que le temo a las represalias, pero ¿qué voy a hacer? Pienso que la mejor manera de protegerme es seguir hablando”.

 

A pesar de estas amenazas tan directas, tan pronto termine su viaje por una decena de países en 80 días, va a regresar a Cuba. ¿Exiliarse? “Ni pensarlo”, me dijo.Su vida es Cuba.

 

Su incansable gira es la de alguien que nunca ha viajado y que, a la primera oportunidad, se quiere comer el mundo. Tras años de negarle un permiso de salida, Sánchez por fin pudo salir. Y de ser una perseguida política dentro de la isla, de pronto –muy a su pesar y del régimen de La Habana– fuera de Cuba se ha convertido en una especie de celebridad.

 

A mí me tocó ser testigo de lo siguiente: cuando ella visitó la ciudad de Miami, el actor cubano-estadounidense y estrella de Hollywood Andy Garcia quería conocerla. “Es una mujer muy valiente”, me dijo Garcia. Y él fue a buscarla antes de que ella se presentara en un auditorio. Se encontraron y comieron juntos, pero los roles se cambiaron: la estrella era Sánchez: Garcia, con mucha sencillez y apertura, la escuchaba.

 

Eso es lo que pasa con Yoani Sánchez: no puedes dejar de escucharla. Ella te cuenta cómo es la Cuba de hoy, no la que se han inventado en el extranjero. Donde se presente, sin importar el país, llena auditorios. Casi medio millón de personas la siguen por Twitter, y la dictadura cubana ha quedado desvestida y expuesta ante su valentía, fuerza y transparencia.

 

“Cuba es la isla de los desconectados”, me dijo. “Cuba me ha parecido tan absurda desde lejos; vivo en una aldea medieval… porque no hay libertad, porque el gobierno mismo se comporta como un señor feudal; es triste y desde fuera se siente más”. Asegura que “cada vez hay más consenso de que vivimos en una dictadura”.

 

Pero ¿puedes decir que Cuba es una dictadura sin meterte en problemas?, le pregunto. “Digo la primera sílaba y ya me meto en problemas. Pero me levanto todos los días pensando ’Me voy a comportar como una ciudadana libre’”.

 

Sánchez se describe a sí misma como una “cronista de la realidad”. Nada más. Pero es mucho más. Ella se ha convertido en el símbolo del cambio en Cuba. Otros han tratado de serlo y han fracasado. Muchos han muerto intentándolo. Sánchez, sin embargo, sigue golpeando con una lógica infalible a una dictadura en pleno siglo XXI que no tiene elecciones multipartidistas, que limita ferozmente la libertad de expresión, que encarcela y asesina disidentes, y que va en sentido contrario a la mayoría de los países del mundo.

 

Y Sánchez es hostigada frecuentemente. Su celular, un iPhone que le regaló su hermana estadounidense, está regularmente intervenido, y en varias ocasiones ha sido detenida. Ya está acostumbrada a que la dictadura castristainvente que es agente de la CIA, tanto así que su respuesta ante semejante ridiculez la da con una sonrisa: “No, no trabajo para la CIA. Jamás podría trabajar para una entidad extranjera, nunca he militado ni siquiera en un partido político”.

 

Sánchez se gana la vida “resolviendo”, como la mayoría de los cubanos. ”Soy mecanógrafa y reparadora de ordenadores. Y trabajo de periodista en muchos medios fuera de mi país”. Su primer viaje al extranjero ha sido financiado por diversas organizaciones no gubernamentales y por su hermana. ¿Algo está cambiando dentro de Cuba?, pregunto. “Lo más importante está ocurriendo de adentro hacia fuera: Los cubanos están hartos”.

 

¿Puede haber castrismo sin los hermanos Castro? “El carisma de estos líderes es intransferible. En Cuba la silla presidencial se heredó por vía sanguínea (de Fidel a Raúl). …Es triste que una nación tenga que poner su esperanza en el fallecimiento de alguien para que la nación tenga vida, pero a eso nos han llevado”.

 

A Sánchez le gusta citar la frase de Mohandas Gandhi que dice tus enemigos primero te ignoran, luego se ríen de ti y luego te atacan. Sánchez está viviendo esa tercera fase. Ella asume las amenazas a su vida y a su familia como parte de su profesión de periodista. Pero sabe, también, que se ha convertido en la mayor esperanza de un cambio democrático y de libertad en Cuba. ¿Puedes cambiar Cuba? “Yo sola, no – pero somos multitud”.

Sin cubanas no habrá país

Ileana Fuentes

11 de abril de 2013

 

Como un disco rayado, vengo repitiendo “sin cubanas no hay país” desde hace muchos años. “Ileana y su monotema”, han dicho por ahí, tanto amigos como enemigos. El monotema me ha abierto foros, anotado adversarios, garantizado exclusiones. Mete miedo eso de defender los derechos de las mujeres, hablar de equidad, exigir participación y respeto, predicar el fin del machangato. Mientras somos “las muchachitas” –aquí y allá– se nos puede manipular, ningunear, subestimar. A las muchachitas no se les toma en serio, se les resta importancia, vigencia, protagonismo, seriedad.

 

Cuando imponemos cerebro y análisis, cero relajito o apretones de nalgas, y nada de preparar café en las reuniones o tomar notas, caemos mal.

 

En el exilio, lo peor que puede pasar es una puerta cerrada y el sambenito de puta o tortillera. En la isla se cierran más que las puertas: se cierra el barrio, el trabajo, la Universidad, el hogar, la vida misma. Lo peor es lo peor: que te llamen escoria, traidora, mercenaria, agente del enemigo. Se reparten palizas, golpes, el derecho a ser arrastradas por la calle, la cárcel… y la tortura sicológica de ver amenazados a los hijos. Se reparte terror y muerte. Mete miedo ese país patriarcal, de hombres y mujeres machistas. De inquisición y censura, de paredón y calabozos. De machos. Por suerte hay mucho estrógeno para enfrentar tiranos. ¡Ovarios contra tirano!

 

No es prematuro anunciar un nuevo día: las cubanas mandarán. No queda de otra. Y no será Mariela Castro, que es tan machista como su opaco padre y su torquemado tío. Tan machista como era su madre, jefa manipuladora de millones de cubanas. Que nadie se crea el cuento del paraíso femenino tropical. No será la Mariela, porque ya presentaron al elegido, al futuro Bonitillo-en-Jefe, blanco, rubio y testosterónico para un país mayoritariamente femenino y afro descendiente. Le ronca el mango y los mameyes. Pero todo va a cambiar: ¡las mujeres mandarán, con mayor cordura, cero instinto faraónico, con más equilibrio y bienestar!

 

El futuro lo diseñarán las cubanas. Lo están articulando ya. El futuro es de Yoani Sánchez, de los y las jóvenes de su Y-Generación, de los blogs, la internet, la información irrestricta y la comunicación digital.

 

El futuro lo está forjando Berta Soler –como antes Laura Pollán– y esas valientes Damas de Blanco, herederas de las feministas que hace un siglo lucharon contra el colonialismo, y luego contra Machado, y después contra Batista, y ahora contra la última mafia. El futuro lo está transparentando Rosa María Payá, tocando puertas por el mundo entero con su vareliana verdad en la mano, en busca de justicia para dos buenos hombres asesinados por la satrapía, y para 11 millones de cubanos y cubanas.

 

El futuro de Cuba lo está gestionando la licenciada Laritza Diversent y sus colegas abogadas que arriesgan su tranquilidad y alzan conciencia sobre lo que es un verdadero estado de derecho. El futuro lo está reordenando Yris Tamara Pérez Aguilera y el Movimiento Femenino de Derechos Civiles “Rosa Parks”. Lo están redefiniendo Tania García y Gloria Llopis, desde su activismo social y político “Nuevo país” por la democracia y la integración racial y el empoderamiento de las mujeres en una sociedad libre de violencia de género.

 

El futuro lo están humanizando Leanes Imbert y los hombres y mujeres del Observatorio de Derechos LGBT que a nivel de base luchan por una sociedad democrática libre de homofobia y tolerante de las diferencias sexuales. El futuro de Cuba lo está mejorando la educadora y artista Iris Ruiz, con sus seis hijitos a cuestas en las favelas de Alamar, allá en La Habana del Este, donde el hip hop ( Omni Zona Franca, Poesía sin fin) eleva la protesta y canta “¡Libertad!” a los cuatro vientos. El futuro está ganando en dignidad y vergüenza con Sonia Garro, activista comunitaria de Marianao, guía docente de niños y niñas que hace un año permanece presa por el delito de echar su suerte con los más pobres de su tierra.

 

El futuro de Cuba se conjuga en femenino. Sin cubanas, no hay país. Sin cubanas, no habrá país.

Yoani: Venus abyecta

Justo J. Sánchez

3 de abril de 2013

 

Dentro de un patriarcado blanco que ejerce control de las matrices interpretativas y difusoras, Yoani Sánchez es una mujer que no admite barreras

 

Es subversión. Deambular y dibujar estampas de la cotidianeidad cubana para enviarlas por Tweeter rompe las reglas. Veamos: Cuba es un país agrícola, organizado de forma militar. Su primer mandatario es producto cultural rural (Birán y Santiago de Cuba), su padre un gallego campesino y terrateniente. El poder se transmite allí mediante nexos familiares. Visten todos uniforme militar. La mujer en el proceso político mantiene roles subordinados (Haydée Santamaría, Melba Hernández desde el Moncada y Celia Sánchez con Vilma Espín en la Sierra).

 

Yoani Sánchez es alteridad radical. ¡Es mujer independiente en punto de vista y espacio! Dentro de un patriarcado blanco que ejerce control de las matrices interpretativas y difusoras, es ésta una mujer que no admite barreras. Grandes figuras femeninas han mantenido diarios: Frida Kahlo, Ana Frank, George Sand, Louisa May Alcott y Virginia Woolf, por algunas nombrar. Mantener un diario público donde se registra una historia alternativa, sin inflamación ni melodrama, ha podido abrir brechas a la versión oficial a la que se suscribe Hollywood, los oligopolios mediáticos, las entidades del capitalismo tardío y la izquierda institucionalizada, ésa que ha perdido su filo crítico.

 

Produce escozor la Sánchez. Desde el Tercer Mundo escribe sobre un país tercermundista, desmitificándolo. Nada produce mayor molestia al “machangato” (término de Ileana Fuentes) que lo doblemente excluido (mujer y disidente) establezca un foro para el diálogo. La conversación, el intercambio es la antítesis del rapto autoritario. La misoginia se irrita cuando se le revela tal cual, desnuda ante el mundo. La mujer representa inclusión y pluralismo. La política de identidad se opone a la estratificación férrea del militarismo hombruno.

 

Las huestes sudorosas de Brasil esperaron para protestar a gritos. Algunos en Nueva York —según relata Coco Fusco en una lúcida nota— hacían preguntas sobre la educación y la salud pública, logros de la revolución. Se les hace difícil repensar los paradigmas. Cuando se vive a base de camisetas del Che y fotos de Fidel abrazado con Mandela y Allende, una voz disidente se asocia con la CIA o los viejitos moribundos del restaurant Versailles. No se formulan objeciones a las ideas de Yoani sino se especula sobre posibles mecenas. ¿Quieren averiguar? Lean A Room of One’s Own de Virginia Woolf. De paso, lean a Luce Irigaray y a Julia Kristeva.

 

Para mentes simplistas, cualquier gobierno o líder que se erija contra los que a mentiras fabricaron la guerra de Vietnam e Irak es ya ipso facto fuerza ilustrada. Si la que viene a pronunciarse contra esta figura mesiánica barbuda es una mujer, menor credibilidad se le confiere. Ninguno de sus interlocutores le dan el “usted”. ¿Qué ha sucedido? Fuera de los centros académicos, Yoani ha pasado a ser “celebrity”, la estrella del momento con la que todos se retratan. La prensa la persigue y ya The Miami Herald ha indagado sobre el largo de su cabello y su historia romántica. Lo próximo es el signo zodiacal. Los medios de comunicación son esencialmente machistas y su misión es entretener, servir como estupefacientes.

 

El proceso que comenzó en 1959 se llamó revolución, se encarnó en falo y se vistió de militar. En la Plaza de la Revolución, el pueblo cubano se acostumbró a ver obeliscos: micrófonos, Fidel, la estilizada estatua de Martí y la torre-mirador. Tanto los Cuba-apologistas para tildarlos de mercenarios como el exilio para otorgarles cinco minutos de fama, la disidencia fue masculina. La Sánchez y las Damas de Blanco han roto el esquema.

 

Las Damas marchan en comunidad enarbolando gladiolos blancos como estandarte de paz. El pacifismo, el silencio y la mansedumbre cristiana constituyen oposición a la militarización del esquema que a menudo las agrede. Yoani emplea la tecnología para crear un ámbito de reflexión, un colectivo (anatema para el machismo) donde hay apertura para participar con comentarios. La reflexión no es como un falo que penetra con sus verdades, es un vacío que tiene su propio misterio y dinámica.

 

El patriarcado cubano —si seguimos el análisis de Evelyn Reed— mantiene las propiedades del capitalismo explotador y excluyente. Tal es la falsa conciencia que la propia Yoani Sánchez aboga por el fin de un así llamado bloqueo estadounidense. Olvida (1) el rechazo al modelo económico yanqui que definió la revolución cubana, (2) la desigualdad y exclusión que crea el capitalismo libre empresario cuando hoy se lucha en el Primer Mundo contra la concentración de capital en una minoría plutócrata, (3) las barreras morales que puede usar un país para impedir el comercio con otro, parte de la autodeterminación nacional y no injerencia como lo califica la Sánchez, (4) el hecho que el bloqueo a Cuba es un mito: Estados Unidos es el mayor vendedor de productos agrícolas a la Isla (comenzaron a un nivel de $340 millones alrededor de 2005 y en aumento desde esa fecha). Salen los barcos del puerto Fort Lauderdale y se manejan en Cuba por la agencia Alimport, (5) con la globalización llega la facilidad de comunicación y transporte, con el nuevo dinamismo asiático se ha creado una multiplicidad de actores que aumentan y diversifican la oferta y bajan los precios. Pensar obtener los términos más ventajosos en todo el universo comercial de Estados Unidos (economía posindustrial y en déficit de exportaciones) es caer en la falacia obsesiva y patriarcal de Fidel Castro. Cuba, por otro lado, vende en Norteamérica millones de dólares en material cultural como cuadros, discos y giras artísticas de cantantes populares. Las remesas familiares y viajes constituyen un porciento importante del Producto Nacional Bruto isleño.

 

Pasó la era de Aleksandr Solzhenitsyn. No vino en rol profético sino como “bloguera” disidente. Es una mujer de disciplina férrea. Para todos resulta notable como salió del Cuarto Mundo y se enfrentó ecuánime y lúcida a los medios de comunicación hostiles, las protestas y los comentaristas que a la caza andaban tras contradicciones. Tuvo, por supuesto, que hacer ajustes. Mantiene un horario de jefe de estado con atletismo y empeño, escasos en aquel país. Su personaje está bien perfilado: sencilla al vestir, lenguaje accesible, hablar pausado, directa y sin artificio. Hay en Yoani Sánchez una sonrisa y una presencia escénica que mezcla el Caribe con el misterio, lo telúrico y lo distante, la Gitana Tropical de Víctor Manuel y la Venus de Brassempouy.

 

Yoani Sánchez mantiene cierta distancia, es Venus abyecta, madre desplazada que protege el territorio de su cría: el blog y comunidad. Julia Kristeva nos explicaría que es éste un personaje radicalmente excluido cuyo quehacer afirma la libertad e identidad. Escapa la censura en el ámbito etéreo de la Red. Su praxis es donde la racionalidad práctica se desploma y se afirma la creatividad. Vive en el exilio dentro de Cuba, sin abandonar el medio que describe. Es un superyó para su amo señalando la fragilidad de la ley machista. Una Venus abyecta circula en el desafío.

Damas de Blanco son asediadas

24 de febrero de 2013

El derecho a votar

Ileana Fuentes

3 de febrero de 2013

sincubanasnohaypais/wordpress

 

Día 3 de febrero de 1934. Carlos Mendieta era presidente de Cuba. A pesar de su breve gestión, le tocó firmar nuevas leyes, entre ellas la del sufragio universal. Un día como hoy, el presidente Mendieta firmaría la ley que concedió el voto a las mujeres cubanas. Muchos piensan que fue Ramón Grau San Martín, pero no. Es justo decir que Grau apoyó el sufragio femenino desde todas las trincheras. También es justo decir que cuando llegó a la presidencia mediante elecciones democráticas en 1944, el cínico galeno se olvidó de las mujeres. Un día dijo aquello de que “las mujeres mandan”, pero no nombró a ninguna cubana a su gabinete. Su supuesto feminismo era de dientes pa’fuera. Buche y pluma na’má.

 

Batista no lo hizo mejor antes de Grau, ni Carlos Prío Socarrás lo haría después. Batista, en su segundo término -el propiciado por su golpe de estado en 1952- nombró a una mujer ministro sin cartera. Bueno, del lobo un pelo, pero ¿qué clase de lechada demagógica era aquello de “sin cartera”? Y entonces llegó el comandante, y mandó a parar. En el primer gabinete revolucionario, presidido por Manuel Urrutia Lleó, la cartera de Bienestar Social le fue asignada a una mujer: la incansable, internacionalmente conocida y respetada Elena Mederos. No duró mucho en ese puesto esta insigne feminista y activista de los derechos de la mujer y de la infancia: antes del año, partiría al exilio en protesta por el giro que tomaba “la revolución”. El machismo-leninismo de Fidel Castro cerró filas con los guajiros machos, a ritmo de milicia, tabacazo y ron. ¿Y qué de aquel contingente de valientes cubanas que se alzaron en las montañas bajo el manto de “Mariana Grajales” o del Frente Cívico y Mujeres Oposicionistas Unidas que apoyaron mediante la lucha urbana al M-26?

 

Celia Sánchez, diez pasos detrás del detentado poder, con la camisa de once varas al hombro, por si se soltaba el loco en un ataque de furia. Haydeé Santamaría, a domar artistas e intelectuales -a los efectos del régimen de guapería, “atención a los maricones”. Vilma Espín, al frente de la agenda de órdenes y obligaciones para con las mujeres, en virtual papel de primera dama, y a desmontar los cientos de organizaciones femeninas independientes de la sociedad civil. Pastorita Núñez, a la odiada Reforma Urbana. Elena Gil, a las reformas moralistas en las filas socio-laborales. Martha Frayde, con título de médico y todo, al cuerpo diplomático. Edith García Buchaca y Vicentina Antuña -veteranas comunistas- a estalinizar la cultura…. En fin, de aquella lucha anti-batistiana surgiría una nueva casta de mujeres dirigentes que obviaría a las veteranas expertas de la lucha feminista de la República. Si los macho-leninistas iban a re-escribir la historia pre-1959, había que borrar a sus protagonistas.

 

Esa historia borrada daba fe de que apenas dos años después de obtener el voto, las cubanas ayudarían a elegir en los comicios de 1936 a seis representantes al Congreso nacional, y poco después nueve representantes más, tres alcaldesas y dos senadoras. En 1939, la Asamblea Constituyente que redactaría la Constitución de 1940 contaría con tres mujeres: las doctoras Alicia Hernández de la Barca y Esperanza Sánchez Mastrapa, y la abogada María Esther Villoch Leyva. Está claro que el asunto no es poder votar, sino tener opciones a la hora de asistir a las urnas. A nivel nacional no hubo mujeres postuladas para ningún cargo. En el actual período revolucionario, al no ser democráticas las elecciones, las candidatas son escogidas “de dedo” por su militancia en “el Partido”, o por su conducta fiel a los objetivos revolucionarios. Hoy por hoy, votar no significa escoger: significa ratificar la pre-selección machista oficial, sin ningunas opciones. Precisamente en este día van los cubanos de la Isla a votar por lo que será la próxima Asamblea Nacional del Poder Popular. Son 612 candidatos, para 612 escaños. ¿Opciones, para qué?

 

Celebremos, no obstante, este aniversario número 79. Celebremos a aquellas feministas de fines de siglo 19 y primeras décadas del 20, que se organizaron perplejas e iracundas ante el ninguneo de los estadistas de turno que obviaron su derecho a la ciudadanía plena. El negarle a las mujeres el voto -no como concesión o favor, sino como obligatorio reconocimiento de su lucha por la independencia de Cuba y su entrada en la modernidad- fue uno de los crasos errores de la Asamblea de 1901. Pero no habría marcha atrás: la influencia y apoyo de los interventores norteamericanos entre 1898 y 1902 confirmó el concepto de derecho inalienable en el imaginario de nuestras predecesoras. Antes de lograr el voto, las cubanas lograron, entre otros, el derecho a la propiedad (1917), a la potestad de sus hijos (1917), al divorcio (1918), al trabajo (1922), y al aborto (1928). ¡Qué imperialismo ni qué ocho cuartos! Las feministas de entonces –como las afganas, egipcias, indias e iraquíes de hoy-, supieron que la modernidad se apuntalaba desde el poderoso país anglo-sajón y protestante. Desmontar el atraso oscurantista de la España católica, reaccionaria y misógina no sucedió por arte de magia. Bien decía en 1913 Magdalena Peñarredonda, comandante del Ejército Libertador: “¡El primer feminista que hubo en Cuba fue el general Leonardo Wood”!

 

Cuba figuró entre los primeros países del continente en aprobar el voto de la mujer. La experiencia confirma que con ese derecho solamente no se logra la equidad. No es el voto, es la lista de candidatos, es la plataforma política de los partidos. ¿Y las candidatas, dóde están? ¿Dónde están las mujeres de visión liberal e inclusivista que saben que desarrollo y progreso tienen que ir de la mano con las vidas y prioridades de la población completa, y no solamente con las de los “padres de familia”? Sin mujeres en la política, no hay progreso. Sin mujeres en puestos de decisión no hay verdadera justicia social. Contemplemos la realidad de Cuba: ayer, a la vanguardia de los derechos feministas en el continente…. hoy, en la retaguardia, padeciendo el año 54 de un anquilosado nepotismo machista al timón de una nave náufraga.

MAR por Cuba 2012

Mensaje de las Damas de Blanco

Hace dos días, el 21 de enero de 2013, cuarenta y dos mujeres integrantes del movimiento Damas de Blanco Laura Pollán, participaron en su Te Literario, esta vez dedicado a recordar al líder afroamericano Martin Luther King. El régimen militar movilizó a sus fuerzas represivas, organizando un mitin de repudio -que incluyó a niños y adolescentes- frente a la vivienda donde se realizó el Te Literario.

Madres y Mujeres Anti Represión

MAR por Cuba

http://www.marporcuba.org/?p=514

Con clítoris y con derechos

Yoani Sánchez

8 de marzo de 2012

 

A veces con buenas intenciones –otras con no tan buenas- alguien intenta acallar mis quejas sobre el machismo en mi país diciéndome: “Las cubanas no la pasan tan mal… peor están quienes habitan en algunas naciones africanas donde las someten a la ablación”. El golpe argumental es bajo, me duele en la ingle, me deja conectada al grito de una adolescente indefensa, mutilada y entregada por su propia familia a ese suplicio. Pero los derechos de las mujeres no deben reducirse solamente a poder mantener la integridad física y a defender su capacidad biológica para experimentar placer. El clítoris no es lo único que podemos perder, hay una larga lista de posibilidades sociales, económicas y políticas que también nos son arrebatadas.

 

Como vivo en un país donde los caminos de la protesta cívica han sido cortados y satanizados, me atrevo a intentar en este blog un listado de los atropellos que aún subsisten en Cuba contra las féminas:

 

- No nos permiten fundar nuestras propias organizaciones femeninas, con las que podamos unirnos y representarnos a nosotras mismas. Grupos que no sean poleas de transmisión del gobierno hacia las ciudadanas, como tristemente ocurre con la Federación de Mujeres Cubanas.

 

- Cuando se habla de mujeres en los estamentos políticos, se percibe claramente que éstas no tienen un poder real de decisión sino que están allí para cumplir con cuotas o asignaciones de género.

 

- El ícono de la FMC –la única organización de este tipo permitida por ley- exhibe una figura con un fusil al hombro, en clara alusión a la madre como soldado, a la hembra como pieza del conflicto bélico que se cuece más arriba.

 

- La ausencia en la prensa nacional de un reporte de la violencia doméstica no elimina su presencia real. Callar no sirve para detener el golpe del agresor. En las páginas de nuestros periódicos deben estar también esas historias de maltrato, porque si no ¿cómo vamos a comprender que tenemos un serio problema de agresiones silenciadas entre las paredes de tantos hogares?

 

- ¿Dónde va una esposa cuándo es golpeada por su marido? ¿Por qué no hay refugios o no se publica en los medios de prensa la ubicación de estos lugares de amparo para las mujeres maltratadas?

 

- Comprar pañales desechables es casi un lujo en esta sociedad, donde la mayoría de las recién paridas todavía tienen que emplear buena parte de su tiempo en el lavado manual de la ropa de su bebé. Toda emancipación necesita una infraestructura material de la libertad, de lo contrario se quedará sólo en las consignas y los lemas.

 

- El alto precio de todos aquellos productos que tienen que ver con la maternidad y el embarazo es un elemento que también influye en la baja natalidad. Una cama con colchón para bebé cuesta el equivalente a 90 USD en un país donde el salario medio mensual no supera los 20 USD.

 

- La manutención que el padre debe pasar a sus hijos después del divorcio -según estipula la ley- no supera en muchos casos al equivalente de 3 USD mensuales, lo cual deja a la mujer indefensa económicamente ante la crianza de sus hijos.

 

- Los elevadísimos precios de los alimentos con relación al salario encadenan a la mujer cubana al fogón haciendo piruetas gastronómicas para lograr poner un plato de comida sobre la mesa. Son las féminas y no el sistema político-económico las que logran cada día el milagro de que las familias cubanas coman, más o menos bien, más o menos mal.

 

- Después de tantos lemas sobre la emancipación y la igualdad, las mujeres cubanas nos hemos quedado con una doble jornada laboral y decenas de engorrosas tareas burocráticas. Basta salir a la calle para notar el efecto de esta sobrecarga: la mayoría de las mujeres de más de cuarenta años tienen un rostro amargado, no hace planes de futuro, no sale con sus amigas a un bar, ni planea una escapada de la familia y del tedio.

 

- Cuando una mujer decide emitir críticas al gobierno inmediatamente le recuerdan que lleva falda, la acusan de amoral, infiel a su esposo, manipulada por alguna mente masculina, “prostituta”, “gallita”, “jinetera” o cuantos insultos de corte discriminatorio puedan imaginarse.

 

- No puede intentarse la liberación de un grupo social en específico en una sociedad atenazada por la falta de derechos. Ser mujer en la Cuba de hoy es padecer doblemente esas ausencias.

 

En fin, que queremos tener clítoris y derechos, sentir placer y decir nuestras opiniones, asociarnos por nuestras faldas, pero especialmente por nuestras ideas.

Las Damas de Blanco

 

El 27 de marzo de 2008, Laura Pollán entregó en la sede del Consejo de Estado el primer tomo de Enterrados vivos, libro escrito por su esposo, Héctor Maseda, uno de los setenta y cinco cubanos que fueron condenados en la Primavera Negra de 2003 a penas de hasta veintiocho años de cárcel, por el ‘delito’ de informar fuera del control del Estado. Pollán era la portavoz de las Damas de Blanco.

 

Las Damas de Blanco protestan llevando flores y palomas en sus manos, desfilando en silencio, vestidas con el color que simboliza la paz; soportando con estoicismo la violencia del castrismo.

The Ladies in White or las Damas de Blanco is a civil society group inside Cuba that organizes peaceful Sunday marches for freedom and human rights.

Sobre las Damas de Blanco han caído vejámenes, insultos y actos de violencia, pero su respuesta ha sido el mejor ejemplo de la sociedad a la que aspiramos en Cuba. Como nos dice José de la Luz y Caballero (1800-1862): “Que otros amen la ira y la tiranía: el cubano es capaz del amor, que hace perdurable la libertad”.

 

Los que estudiamos en las escuelas cubanas antes de que Fidel Castro se apropiase de ellas, podemos dar fe de que se nos enseñaba que a una mujer no se le golpeaba ni con el pétalo de una rosa. Cuando el tirano Batista no respetó esa forma de ser del pueblo cubano, los medios de comunicación lo denunciaron. El periódico santiaguero Diario de Cuba publicó el 5 de enero de 1957: “Desfilaron mil damas en Santiago para demandar cese de las muertes ocurridas al margen de la justicia”.

 

En la prensa de la época pueden verse las fotos de las mujeres que protestaban en las calles de las principales ciudades cubanas. Un año antes de que se produjera el triunfo de la Revolución cubana, en Santiago de Cuba, la segunda ciudad cubana, un grupo de damas vestidas de negro se presentó ante el embajador norteamericano en Cuba, Earl Smith, llevando una tela con el texto: “Cesen los asesinatos de nuestros hijos”.

 

Las damas vestidas de negro eran familiares de miembros del Movimiento 26 de Julio (M-27-7), que habían sido asesinados por combatir a la tiranía de Batista. El M-27-7, creado y dirigido por Fidel, fue una organización terrorista, como lo demuestran las palabras del comandante Faustino Pérez, jefe nacional de Acción y Sabotaje del M-26-7: “Otro gran impacto se produjo una noche en la capital: las nueve de la noche, exactamente a una hora, cien bombas en la capital (…) aquí una vez se voló un registro de electricidad: se alquiló una casa, se hizo un túnel desde la casa hasta la calle, hasta el registro de electricidad, se coloca una bomba, y estuvo tres días sin electricidad la mayor parte de la capital”.

 

Aunque Batista era un criminal, no reprimió a las damas vestidas de negro que se manifestaron ante al embajador norteamericano en Cuba. Nadie las acusó de estar al servicio del imperialismo, como hacen con las Damas de Blanco los medios de comunicación pertenecientes a Fidel Castro y los estalinistas que anidan en la izquierda mundial.

Cubanas destacadas

 

Antes que comenzara la tiranía de los hermanos Castro, el pueblo cubano había alcanzado un nivel socioeconómico superior al existente en Portugal, España y la mayor parte de América Latina. En ello desempeñó un papel muy importante la mujer cubana. No hay un campo de la actividad humana donde no nos encontremos con al menos, una mujer cubana que se haya destacado

Dra. Martha Frayde


 jueves, 31 de enero de 1980

Martha Frayde, castrista de primera hora: 

Sigo siendo una revolucionaria

 

 

Encarcelada por el régimen cubano y actualmente exiliada en Madrid

 

José Miguel Ullan 31 ENE 1980

 

Nacida en La Habana (Cuba) en 1921, Martha Frayde fue una de las participantes más activas en el proceso revolucionario cubano. Amiga de Fidel Castro desde 1950, éste la nombra, al triunfar la revolución, directora del Hospital Nacional de La Habana y presidenta del Movimiento de la Paz. Más tarde es enviada como delegada ante la Unesco. En 1976 es detenida y condenada a veintinueve años de prisión. Finalmente, el 17 de diciembre de 1979, llegaba, en libertad, a Madrid. Ahora, después de un largo silencio meditativo, ha hecho estas declaraciones a EL PAÍS en su domicilio madrileño, las primeras que concede desde que salió de la cárcel cubana Nuevo Amanecer, en las que se reafirma como mujer revolucionaria.

 

Pregunta. ¿Cuándo y en qué condiciones recobró usted su libertad?Respuesta. Tras una serie de negociaciones con la comunidad cubana en el exilio, el 8 de diciembre de 1978 Fidel Castro firmaba un plan de amnistía, mediante el cual quedaba asegurada la liberación de 450 presos por mes. En realidad, ese plan no fue respetado a raja tabla; pero siempre se mantuvo la firme promesa de que las cincuenta mujeres que seguían encarceladas por razones políticas iban a obtener su libertad. Entre éstas, naturalmente, me encontraba yo. Las liberaciones empezaron el 30 de diciembre de 1978. A mí, en cambio, no me llegó la hora tan esperada hasta el último indulto, que fue el 12 de noviembre de 1979 y que pasó a ser efectivo dos días después. Salí con las últimas compañeras que quedaban. Una llevaba presa diecinueve años; las otras, quince y dieciséis. Claro está que en la cárcel los años son determinantes, pero eso no impide que también un período muy corto sea pródigo en tensiones y experiencias extremas.

 

P. Nada más abandonar la cárcel, ¿qué hizo usted?

 

R. Una vez liberada, me dieron la oportunidad de hacer todos los trámites burocráticos necesarios para arreglar mi salida de Cuba. Yo pude salir rumbo a Estados Unidos o Costa Rica, pero confieso sentirme muy española por mis raíces. Durante mi experiencia carcelarla resultó determinante cuanto le debo a España a través de mis antepasados: mi lengua, mi fe, mi cultura, mis costumbres... Eso, unido a lazos amistosos y familiares, fue lo que me impulsó a elegir España como tierra de asilo. Fui, pues, a la embajada de España en La Habana y allí se me atendió con gran amabilidad y eficacia. Esto fue un miércoles. Al lunes siguiente me llamaban para comunicarme que el Gobierno español me había concedido el visado. Entonces me presenté ante las autoridades cubanas con pasaporte, visado y pasaje. Y tengo que reconocer, como contrapunto a un calvario infrahumano, que allí me dispensaron una acogida correctísima e, incluso, se me dio la opción de que determinase, según mis deseos, la fecha de mi propia partida.

 

El cariño de los amigos

 

P. Reencontrarse libre entre los habitantes de La Habana, ¿qué efecto le causó?R. Cuando uno va a salir de la cárcel siente que a la alegría natural se adhiere un sentimiento de inquietud muy fuerte acerca de la forma en que va a ser recibido en el exterior. Al toparme de nuevo con la gente, esa inquietud se disipó enseguida. Recibí el cariño de los amigos fieles. Y tuve la gran sorpresa complementaria de que inclusive me paraban por la calle personas para mí desconocidas, que me recordaban de mis tiempos de doctora y que me demostraban su alegría y su solidaridad por mi puesta en libertad. Lo que me sorprendió fue esa naturalidad, esa falta de miedo a pesar de la represión del sistema y de todas las leyendas oficiales tejidas en torno a mí. Al mismo tiempo, había algo muy dramático -al menos, para alguien que, como yo, haya luchado siempre con el anhelo de que mi país viviese en paz, desarrollo y felicidad- cuando se me acercaba alguien y me decía: «Ojalá que yo hubiera sido preso político. Eso me permitiría ahora salir de Cuba.» Esto me pareció espantoso. Porque, si hay tanta gente que quiere abandonar su país de manera definitiva, esa es la señal más patente de que el país no marcha bien. Y hay que ver a esa multitud de cubanos que ansiosamente esperan, en los umbrales de las embajadas, el milagro dudoso de un visado. Esa visión me golpeó hondamente la conciencia.

 

P. La pérdida del miedo por parte de la población, ¿es un fenómeno nuevo?

 

R. El pueblo cubano, incluso sometido a la represión, siempre se ha caracterizado por una gran generosidad y por una clara apertura de temperamento en lo comunicativo. No obstante, es verdad que hubo presos anteriores que contaron tan sólo con el apoyo familiar. Hoy, en cambio, esa solidaridad con los presos está a la orden del día. La gente se ha vuelto insensible a la atmósfera fabricada en torno a personas oficialmente consideradas peligrosas para la nación, contrarrevolucionarias, gusanos. Nadie comulga ya con tales ruedas de molino.

 

Un gran esfuerzo de memoria

 

P. ¿Intentaron conectar con usted las autoridades cubanas?R. No puedo decir que sí de manera tajante. Pero abundaron las invitaciones de personas perfectamente identificadas con el régimen, sensibles a la hora de valorar mi estado de ánimo, cuadros intermedios que, a buen seguro, se acercaban a mí para cumplir una misión informativa. Yo sabía eso pero les respondía de manera cordial, sin odio. Sí, yo sé también que el odio ha sido algunas veces para el hombre un mecanismo defensivo, pero yo soy, en ese aspecto, una persona totalmente antirrepresiva El odio no cabe dentro de mí.

 

P. ¿En qué estado llegó usted España?

 

R. Yo ya sabía, a causa de m condición de exiliada en México por haber combatido contra e régimen de Batista, lo que significaba dejar el país y aceptar el destierro. Claro, la situación primera fue muy diferente. Una era más joven y estaba convencida de que iba, a regresar pronto a su país. Esta partida, en cambio, es más dolorosa, dado que la situación presente en Cuba permite escasas esperanzas. Por eso, al salir hice un gran esfuerzo de memoria. Para aprisionar todos los recuerdos que me podía llevar de mi país: afectivos, históricos, materiales... Así que, cuando llegué a Madrid, me encontraba bastante cansada, física y mentalmente. Llegué muy silenciosa, porque consideré que era mejor asentar un poco mi estado anímico antes de hacer estas declaraciones. En primer lugar quise cumplir con un deber moral muy grande de agradecimiento hacia un grupo de intelectuales europeos, a cuya cabeza sitúo al escritor Juan Goytisolo, viejo amigo mío, por la solidaridad que tuvieron conmigo durante estos años de prisión. No ignoro que algunas personas, entre las que puedo citar a Alejo Carpentier, solían comentar que esta solidaridad exterior era contraproducente y nos perjudicaba a los presos. Eso es puro fariseismo. Yo sé, por haberlo vivido desde dentro, que el eco solidario internacional pesa muchísimo en las decisiones finales de las autoridades cubanas.

 

P. En 1976 es usted detenida bajo la acusación de llevar a cabo actividades contrarrevolucionarias. ¿En qué consistían?

 

R. En criticar cuanto estimaba erróneo. Y luego, harta de predicar en el desierto, en manifestar que deseaba irme de Cuba. Durante años y años se me negó el permiso de salida. Dentro de esa situación desesperada, me uní a diferentes personas; algunas, por lo que supe más tarde, tal vez sí tenían una actividad conspirativa. Eso fue para mí una auténtica novedad. Las autoridades cubanas no lo ignoraban, pero consideraron que había llegado el momento de castigarme por todos esos años de rebeldía y me condenaron a veintinueve años de prisión. Se comprenderá que, en un país democrático, condena semejante no la merece nadie cuyo delito consista en querer abandonar ese país. Y, a mi edad, pues ni que hubiera tenido piel de paquidermo para resistir durante veintinueve años en la cárcel... Pero en Cuba se juega con los años y con la vida humana como si uno fuese un personaje bíblico.

 

P. ¿Cómo soportó la experiencia carcelaria?

 

R. Al llegar a una situación tal, considero que sólo caben dos posiciones: la del suicida -cosa heroica- y la del que sitúa su meta en salir un día. Y yo soy una mujer que creo, como Stendhal, que el que tiene imaginación no se suicida. Además, pienso que de la cárcel hay que salir como sea. Esa fue una lección que aprendí en la lucha anterior contra Batista. Así que puse a florecer mi imaginación para soportar tanto horror. Al principio, a mí me situaron en un cuarto que era de cinco por seis metros. Y allí teníamos que dormir 32 mujeres. Aquello parecía más un hospital de dementes que una cárcel.

 

P. ¿Le quedan grandes posos de amargura?

 

R. No puedo decir que no. Pero soy una mujer optimista, que desea para Cuba una pronta reconciliación nacional. Creo, no obstante, que tengo que empezar a sentirme española por los cuatro costados.

 

P. ¿Y dice adiós a la revolución?

 

R. No. Como tampoco lo han hecho Matos o Franqui. Yo sigo considerándome revolucionaria, tanto en el campo político como en el científico.

Palabras de la Dra. Martha Frayde

en el sexto aniversario de la Primavera Negra

En defensa de Martha Frayde

Juan Goytisolo 10 DIC 1978

 

"Estar preso es estar condenado al silencio forzoso, a escuchar y leer cuanto se habla y escribe sin poder opinar, a soportar los ataques de los cobardes que se aprovechan de las circunstancias para combatir a quienes no pueden defenderse y hacen planteamientos que, de no encontrarme imposibilitado materialmente, merecerían mi inmediata réplica". En un artículo reciente (EL PAÍS, 8 de diciembre de 1978) evocaba el caso indignante de la luchadora independentista puertorriqueña Lolita Lebrón, detenida desde hace veinticuatro años en una prisión federal estadounidense en flagrante violación de los derechos humanos proclamados en la Carta de las Naciones Unidas y nominalmente defendidos, de puertas afuera, por la administración de Jimmy Carter. Hoy quisiera tocar un nuevo ejemplo de injusticia igualmente clara que afecta a otra mujer de conducta revolucionaria intachable: me refiero a la doctora cubana Martha Frayde, recientemente condenada a veintinueve años de cárcel por un presunto delito de espionaje por las autoridades de su país. Martha Frayde, nacida en 1921, titular de la cátedra de Obstetricia y Ginecología de la Universidad de La Habana, conocida internacionalmente en los medios profesionales por sus cursillos en diversos hospitales y facultades médicas de Canadá y Europa occidental, intervino desde muy joven en la vida política cubana, militando en la década de los cuarenta en el ala izquierda del Partido Ortodoxo, a la que pertenecía, asimismo, Fidel Castro. Al producirse el golpe militar batistiano de marzo del 52, colaboró activamente en la lucha contra el dictador. Militante anti-imperialista, miembro del Comité América Latina Libre y del Comité pro Guatemala, creado en defensa de Jacobo Arberiz, fue detenida por la policía de Batista a causa de sus contactos con la organización clandestina del Movimiento del 26 de Julio, que, paralelamente a la lucha guerrillera en Sierra Maestra, fomentaba huelgas, sabotajes y atentados en los centros urbanos. Obligada a exiliarse, sirvió de enlace, en razón de sus simpatías marxistas, entre el movimiento de Castro y el viejo Partido Socialista Popular de Blas Roca, Carlos Rafael Rodríguez y Aníbal Escalante. Nombrada directora del hospital Nacional de La Habana a la caída, de la dictadura, acompañó a Fidel Castro en su gira por Estados Unidos en la primavera de 1959. Vicepresidenta de la Asociación de Amistad Chino-Cubana, fue elegida presidenta del Consejo de la Paz, y a este título condecoró personalmente al Líder Máximo con la orden de Lenin. Delegada de Cuba en la UNESCO con el rango de ministra. consejera, permaneció en París desde 1962 a fines de 1964. En 1965 regresó a La Habana y fue cesada en todos sus cargos oficiales, reintegrándose en el ejercicio privado de su profesión. Invitada por la facultad de Medicina de Madrid, solicitó en 1967 un permiso temporal de salida de la isla; unos días antes de la fecha fijada para el viaje recibió una llamada telefónica del comandante Abrahantes comunicándole que por orden personal de Fidel Castro, y obedeciendo a «razones de seguridad», no podía abandonar el territorio cubano. En 1970 reiteró su petición de salida de Cuba, esta vez de forma definitiva. Su demanda fue rechazada de nuevo invocando pretextos burocráticos. En junio de 1976 la policía de la seguridad cubana detuvo a Martha Frayde: su piso fue sellado, su automóvil y material médico confiscados, sus muebles y enseres destruidos. Trasladada a la cárcel de mujeres Nuevo Amanecer, en la sección de presas comunes, enfermó gravemente a causa de las condiciones reinantes y obtuvo su traslado a la cárcel Benéfica con el estatuto de presa política. En 1972 fue juzgada secretamente y condenada a veintinueve años de cárcel por un supuesto crimen de «espionaje».

 

Conocí personalmente a Martha Frayde en París, en 1962. Desde su puesto de delegada de Cuba en la UNESCO realizaba una magnífica labor de acercamiento entre los escritores, artistas e intelectuales franceses y la Revolución. Inteligente, apasionada, persuasiva, abierta, fue la mejor abogada de la causa de su país en las horas difíciles de la crisis de los cohetes y supo crear relaciones de amistad y confianza con quienes, como yo entonces, veíamos en una joven revolución llena de promesas el único rayo de luz para los pueblos de habla hispánica, víctimas de la opresión, violencia y rapacidad endémicas de sus propias clases dirigentes, instrumento dócil a su vez de los intereses económicos de las multinacionales y la política hegemónica del State Department.

 

Al igual que Carlos Franqui y numerosos intelectuales progresistas cuyo nombre callo por hallarse en la isla en condiciones precarias, Martha Fravde era plenamente consciente de que -como dice la carta de protesta contra su detención, encabezada por Jean Paul Sartre- «los peligros que amenazan a una revolución no son sólo exteriores (reacción imperialista, labor contrarrevolucionaria de la burguesía desposeída), sino igualmente internos (burocratización, totalitarismo, confiscación del protagonismo popular por un pequeño núcleo de dirigentes)». Resuelta a combatir en ambos frentes, no ocultaba sus inquietudes acerca de la paulatina sovietización de la que fue en sus orígenes una revolución profundamente popular y democrática. Recuerdo que en la víspera de uno de mis viajes a Cuba, Franqui y ella me comunicaron un hecho que me llenó de consternación: la recepcionista de la embajada de Cuba en París -una mujer delgada, cabello blanco, riguroso perfil de medalla, con quien había conversado alguna vez y que, al enterarse de mi origen barcelonés, me había hablado de Cataluña con evidente nostalgia- era nada menos que Caridad del Río, madre de Ramón Mercader, el asesino de Trotski. Caridad del Río había sido puesta allí directamente por la KGB, y tanto Franqui como Martha Frayde estaban convencidos de que el Ministerio cubano de Asuntos Exteriores ignoraba totalmente el hecho. La cuestión era grave tanto cuanto corría el riesgo de divulgarse y ser explotada por la prensa sensacionalista y reaccionaria francesa para una posible campaña contra Cuba. Dado el cargo oficial que ocupaban, cualquier intervención personal suya corría el riesgo de volverse contra ellos, y convenimos con Franqui en que el encargado de alertar al servicio diplomático cubano fuese yo. Unas semanas más tarde, en La Habana, solicité una entrevista con Raúl Roa, entonces ministro de Asuntos Exteriores y le expuse la potencial explosividad del asunto. Raúl Roa se mostró sinceramente sorprendido y dijo que se ocuparía inmediatamente de ello. Días después me crucé con Caridad del Río en el vestíbulo del hotel Habana Riviera y pasó junto a mí sin saludarme. El encargo había surtido efecto, e imagino que fue destinada por sus patrones a un puesto de menor exposición y peligrosidad pues desapareció para siempre de la embajada.

 

Volví a ver a Martha Frayde poco antes de su regreso a Cuba. Me pareció vivamente preocupada por las noticias de la creciente represión intelectual y la campaña desencadenada contra los homosexuales, y me manifestó su propósito de discutir de ello con el propio Fidel. Aunque ignoro si esta discusión tuvo lugar, lo cierto es que a su regreso fue «liberada» de todas sus responsabilidades oficiales. Cuando visité Cuba por última vez, en el verano de 1967, junto con los intelectuales y artistas del Salón de, Mayo, Martha Frayde se había convertido en una figura conflictiva, cuyo contacto todo el mundo evitaba para no comprometerse. En un momento en que los intelectuales se encastillaban en un silencio prudente o hablaban de la situación con murmullos, ella seguía expresando leal y abiertamente sus puntos de desacuerdo con la nueva línea de la Revolución. Un viajero que la vio después de haber sido rechazada su primera solicitud de salida de la isla me dijo que llevaba una vida retirada, totalmente entregada a su profesión médica y que «callaba como los demás». Esta fue la última noticia que tuve de ella hasta la monstruosa nueva de su detención y condena.

 

Los procesos por espionaje y «actividades al servicio del imperialismo» son una excrecencia fatal del mal llamado «socialismo» en el poder. Desde el fusilamiento de la vieja guardia bolchevique en los años treinta hasta la reciente condena de los militantes pro derechos humanos en la URSS, la «inteligencia con el enemigo» sigue siendo el expediente favorito del sistema para desembarazarse de quienes, por una razón u otra, disienten del pensamiento oficial. Pero los tiempos han cambiado, la opinión democrática mundial empieza a abrir los ojos y el aparato burocrático soviético-cubano se ha visto obligado a camuflar sus métodos represivos. En lugar de manifestaciones multitudinarias con antorchas para celebrar la ejecución de los «enemigos del pueblo», operan ahora en silencio, en estricta clandestinidad. La noticia del juicio y condena de Martha Frayde llegó a sus familiares y amigos con varios meses de retraso. Ni el secreto inquisitorial estaba tan bien guardado.

 

Como dicen los firmantes de la carta antes mencionada, «es absolutamente inconcebible que una mujer con el pasado revolucionario de Martha Frayde, tras haber manifestado honradamente su desacuerdo con el modelo soviético impuesto a la revolución cubana y solicitado oficialmente el permiso de salida, haya podido entregarse a actividades de espionaje al servicio del imperialismo». Los verdaderos espías y agentes de la CIA no exponen públicamente sus ideas ni piden el permiso de emigración: son, al revés, funcionarios de apariencia modélica, como aquel misterioso y temido señor Castro -ninguna conexión con el Líder Máximo- que, oficialmente encargado de los servicios de seguridad de la representación diplomática cubana en Francia, a fines de la pasada década, apareció un buen día en Washington, tras haber entregado a los servicios secretos estadounidenses la lista completa de los revolucionarios latinoamericanos que recibían sus propias instrucciones en los locales de la embajada. Si de espías se trata, las autoridades de La Habana harían mejor en desconfiar menos de los intelectuales y más de sus mismos agentes.

 

Con ocasión de la próxima visita de Fidel Castro a España, los medios de comunicación y partidos políticos de izquierda tienen el deber moral de plantearle el caso de Martha Frayde, del comandante Huber Matos, del ex embajador Gustavo Arcos, del poeta Armando Valladares y muchos otros presos políticos que combatieron en las filas de la Revolución y son hoy víctimas de su sistema carcelario.

 

La reciente promesa del primer ministro cubano de liberar a 3.000 presos políticos muestra que la presión internacional en favor del respeto de los derechos humanos está dando sus frutos. Dicha presión debe mantenerse hasta conseguir que las personalidades citadas obtengan el permiso de salida de la isla. El tabú político que las envuelve -tan semejante al que cuarenta años atrás envolvía a los presos políticos en la U RSS- ha de desaparecer de una vez. Que nadie nos venga ya con la monserga de la «inoportunidad» del tema o el peligro de «suministrar armas al enemigo». El derecho a la libre opinión exige un acatamiento universal, y pensar lo contrario es proceder -como los testigos silenciosos de los crímenes del estalinismo- a un lamentable y aberrante humanitarismo selectivo.

 

Fidel Castro, prisión de Isla de Pinos, 1955.

 

 

Por la liberación de Martha Frayde

Jean-Paul Sartre Michel Foucault, Simone de Beauvoir, Claude Roy, Philiippe Sollers, José Angel Valente, José María Casteller, Juan Goytisolo, Fernando Claudín, José Luis Aranguren, Joaquín Ruiz Jiménez, Rossana Rossanda. 8 OCT 1978

La biografía de Martha Frayde habla por sí misma. Luchadora consciente de que los peligros que amenazan a una revolución no son sólo exteriores (reacción imperialista, labor contrarrevolucionaria de la burguesía desposeída), sino igualmente internos (burocratización, totalitarismo, confiscación del protagonisnio popular por un pequeño núcleo de dirigentes), su vida muestra de modo ejemplar su valerosa decisión de combatir en ambos frentes.Es absolutamente inconcebible que una mujer con el pasado revolucionario de Martha Frayde, tras haber manifestado honradamente su desacuerdo con el modelo soviético impuesto a la revolución cubana y solicitado, oficialmente el permiso de salida de la isla, haya podido entregarse a actividades de «espionaje» al servicio del imperialismo.

Los abajo firmantes denuncian la siniestra farsa judicial de que ha sido objeto y exigen su liberación inmediata por parte de las autoridades cubanas.


Los derechos humanos en Cuba

Martha Frayde

 

Como defensora de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, siempre me ha preocupado acercar sus artículos a la realidad social, en este caso a mi país: Cuba, para que no queden los mismos en teoría intelectual, a sabiendas aún de lo que ha crecido la lucha a favor de éstos. Por ello, cuando me piden que los analicemos me parece que lo más certero es repasar brevemente las violaciones del régimen cubano al articulado de los Derechos Humanos en su referencia a cada uno de ellos.

 

Art. Primero.

En Cuba sólo son relativamente libres e iguales los ciudadanos sometidos a las exigencias del partido único.

 

Art. Segundo.

La religión, las ideas políticas, el origen social, ciertos peligrosos vínculos familiares pueden hacer perder los derechos y libertades a un gran número de cubanos.

 

Art. Tercero.

Los cubanos carecen de seguridad personal y su vida y su libertad dependen de una caprichosa administración de la justicia. Una justicia sometida al poder político y que no reconoce el ejercicio libre de la abogacía.

 

Art. Cuarto.

Los ciudadanos cubanos están forzados a rendir trabajo obligatorio no remunerado, cínicamente llamado "trabajo voluntario" y cuyo incumplimiento implica la pérdida de sus derechos como ciudadanos.

 

Art. Quinto.

Los múltiples testimonios llegados desde las cárceles evidencian que en Cuba se ejerce la tortura y el mal trato en las prisiones. El filme documental de Néstor Almendros, Nadie escuchaba, recoge escalofriantes relatos de ex presos políticos.

 

Art. Sexto.

La legislación cubana desconoce la personalidad jurídica integral de sus ciudadanos en tanto que no participen de los ideales absolutos en que se sustenta el Estado.

 

Art. Séptimo.

Los cubanos no son iguales ante la ley. La nomenklatura vive en un status supralegal. Por otra parte, el Estado proclama que los que se apartan de la ortodoxia marxista-leninista traicionan así la patria y no son merecedores de la supuesta igualdad.

 

Art. Octavo.

Los recursos efectivos ante los tribunales nacionales están viciados de origen en Cuba por el carácter partidario de sus jueces.

 

Art. Noveno.

Las encarcelaciones arbitrarias y las detenciones por figuras delictivas tan imprecisas como "dudosa moralidad", "comportamiento antisocial", "complicidad con el enemigo", "traición a la patria", etc., llenan los expedientes del Comité Cubano. Otro filme documental de Néstor Almendros, Conducta impropia, es una excelente denuncia de esta peculiar conducta policial.

 

Art. Décimo.

No existe en Cuba ningún tribunal independiente e imparcial ante el que los ciudadanos pueden ser oídos públicamente, pues el propio Estado ha generado un aparato judicial que se proclama dependiente de la voluntad hegemónica del partido único.

 

Art. Undécimo.

La presunción de inocencia ha sido borrada de los códigos cubanos y todo detenido debe probar su inocencia, sucediéndose así unas prácticas judiciales que ofendían ya en el siglo xviii los principios racionalistas de Cesare Beccaria.

 

Art. Duodécimo.

Todo cubano está expuesto a las injerencias constantes del estado totalitario y sus organismos ejecutores en su vida privada, su familia, su domicilio, su correspondencia, y su honra y su reputación pueden ser atacadas por los mismos sin que el ciudadano tenga capacidad alguna de defensa o respuesta. La actividad vigilante de los Comités de Defensa de la Revolución, uno por cada manzana, los actos de repudio, las denuncias abiertas en los medios de comunicación y la propia actividad de la policía política del Estado cubano violentan constantemente la intimidad de los ciudadanos cubanos sospechosos de heterodoxia política.

 

Art. Decimotercero.

Los cubanos carecen del derecho a elegir libremente el lugar de residencia en el país y su derecho de salir de su país o de regresar libremente a él están severamente constreñidos por una legislación sumamente restrictiva.

 

Art. Decimocuarto.

El derecho de asilo está impedido para los perseguidos políticos cubanos. Sucesos como los de la embajada de Ecuador en los años 60 y los más recientes en las embajadas de Perú y España, entre otras, ponen de manifiesto cómo el régimen cubano es capaz de violar la inmunidad diplomática y el principio de extraterritorialidad para coartar este derecho. Por otra parte, todas las embajadas de La Habana sufren una custodia permanente por parte de la policía política, no para la protección de los diplomáticos sino para impedir el acceso a las mismas de posibles asilados.

 

Art. Decimoquinto.

El régimen cubano ha impedido en numerosas ocasiones el ejercicio de la nacionalidad cubana a los ciudadanos que han abandonado la isla y se imponen arbitrarias medidas para que les sea impedida a aquellos que, aún residiendo en Cuba, deseen optar por la nacionalidad de sus mayores.

 

Art. Decimosexto.

La familia, como elemento natural y fundamental de la sociedad, está gravemente amenazada en Cuba por la asfixiante politización de la vida nacional. Situación que ha conducido a la fragmentación irreconciliable de numerosas familias cubanas en unos casos, y en otros a una separación física indefinida.

 

Art. Decimoséptimo.

La definición del Estado cubano impide el derecho a la propiedad privada, individual y colectivamente, y sólo reconoce la propiedad del Estado.

 

Art. Decimoctavo.

El carácter hegemónico del Partido Comunista Cubano, eje articulador del Estado, impide el derecho de los cubanos a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión. Toda forma de pensamiento no acorde con los principios marxistas-leninistas del Estado es confinado hacia los imprecisos y peligrosos límites de las llamadas actitudes antisociales o la calificación, más insólita aún, de "enemigo de la patria".

 

Art. Decimonoveno.

El pueblo cubano carece del derecho a la libertad de opinión y de expresión, y está impedido de investigar, recibir o difundir opiniones distintas a las de la doctrina oficial. Los medios masivos de comunicación, en su totalidad están en manos del Estado que los somete a una rígida censura a través de los organismos creados al efecto y sometidos sólo al Comité Central del Partido Comunista.

 

Art. Vigésimo.

Los ciudadanos cubanos carecen del derecho a la libertad de reunión y de asociación pacífica. Por citar sólo un caso, la prensa internacional conoció del acoso y asedio a las viviendas de los hermanos Arcos Bergnes por el único delito de estar reunido un grupo de amigos para dialogar en torno al estado de los derechos humanos en Cuba. En cambio, los ciudadanos cubanos están forzados a pertenecer a las llamadas organizaciones de masa, creadas por el régimen para ejercer un minucioso control de la población. La no pertenencia a estas organizaciones implica la automática conversión del ciudadano en un "peligroso sospechoso".

 

Art. Vigésimo primero.

El gobierno se ejerce en Cuba a través de los órganos selectivos controlados por el Partido Comunista, lo que impide que una enorme mayoría de los cubanos pueda ejercer su derecho a participar en el gobierno de su país. Las elecciones en Cuba para los distintos niveles del llamado Poder Popular carecen de autenticidad por ser únicamente promovidas por el Partido Comunista y sus organismos anexos, sin posibilidad de que candidatos con ideologías diferentes a la dominante pueden promover candidaturas propias.

 

Art. Vigésimo segundo.

El ejercicio de una economía estatal y centrada en el poder hegemónico del Partido Comunista, la total propiedad estatal de los medios de producción, y la planificación ejercida únicamente por los criterios personales de Fidel Castro, han convertido al país en un ruinoso fracaso que manifiestamente privan a los cubanos de los derechos económicos, sociales y culturales indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad.

 

Art. Vigésimo tercero.

La actividad laboral en Cuba depende únicamente del Estado y éste selecciona y promueve solamente a los que de manera inequívoca les muestran su fidelidad. El trabajador cubano está sometido a una ilimitada discriminación en su trabajo, tanto de carácter ideológico como religioso. No hay más forma de promoción que la del Estado y éste exige, para su cumplimiento, la servidumbre ante la ortodoxia. No existe en Cuba más sindicato que el promovido por el aparato del Partido Comunista, sindicato único y de afiliación forzosa. El resto de los sindicatos existentes hasta los primeros años 60 fueron abolidos y la mayor parte de sus dirigentes, encarcelados.

 

Art. Vigésimo cuarto.

Los ciudadanos cubanos carecen del derecho al descanso, pues constantemente son movilizados, bien militarmente, o bien por las organizaciones de masa para realizar el mal llamado "trabajo voluntario". Durante el período vacacional, en los fines de semana o durante las guardias nocturnas de los Comités de Defensa de la Revolución, los cubanos consumen la práctica totalidad de su tiempo de ocio.

 

Art. Vigésimo quinto.

La economía estatal de planificación centralizada ha permitido que desde las más altas instancias del poder se hayan cometido gravísimos errores económicos, constatados por investigadores tan objetivos como los profesores René Dumont o Carmelo Mesa Lago. Errores que han afectado gravemente el derecho de los cubanos a la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios. Durante casi dos décadas el régimen cubano contó con los favores de una economía subvencionada por la Unión Soviética, recibiendo más ayuda que ningún otro país hispanoamericano. Los planes faraónicos y disparatados de Fidel Castro, así como su política expansionista en Asia, África y Latinoamérica han impedido que los cubanos alcanzasen un nivel de vida mínimamente satisfactorio.

 

Art. Vigésimo sexto.

La educación generalizada y gratuita en Cuba está sometida a la hegemonía intolerable del Partido Comunista cubano. Los padres cubanos carecen del derecho a elegir el tipo de educación para sus hijos. La instrucción técnica, profesional y superior queda reducida exclusivamente a aquellos estudiantes que aporten un expediente político limpio de toda mácula sospechosa y libre de cualquier sombra de heterodoxia.

 

Art. Vigésimo séptimo.

La vida cultural cubana conoció un sorprendente esplendor en los primeros años de la revolución, pero, a medida que el régimen se enclaustraba más en su rígida ideología, los mecanismos de autocensura y de represión coartaron la libertad de expresión de los creadores. No es de extrañar, pues, el alto número de intelectuales, artistas y científicos cubanos que se han visto forzados al exilio. En Cuba no se pueden proteger otros intereses morales y materiales en el ámbito de la creación intelectual, artística o científica que los que coincidan con la ortodoxia de Estado.

 

Art. Vigésimo octavo.

El derecho a defender el establecimiento de un orden social donde los Derechos Humanos se hagan efectivos ha sido pagado con la cárcel y el enclaustramiento por los miembros del Comité Pro Derechos Humanos en Cuba y de otras organizaciones de fines similares.

 

Art. Vigésimo noveno.

En el ejercicio de sus deberes hacia la comunidad en que viven y basados en el respeto de los derechos y libertades de los demás, son muchos los cubanos que han padecido y padecen cárcel y represión.

 

Art. Trigésimo.

Basado en una defensa de los llamados "derechos reales", el Estado cubano niega el cumplimiento de la totalidad del articulado de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Argumentando falazmente que todos los cubanos tienen trabajo, educación y salud pública, sin detenerse a matizar el contenido efectivo de estos bienes, el Estado cubano viola este artículo trigésimo con el que termino mi relación. 

 

 

La década ominosa: Martha y su doble

Juan Goytisolo 31/07/2007

Una reciente conversación con la exiliada cubana Martha Frayde retrocedió las agujas del reloj a un episodio acaecido casi treinta años antes. En EL PAÍS del 8-12-1978 publiqué un artículo de opinión en el que, a raíz de la detención y condena de mi amiga por las autoridades de la isla, evocaba su carrera médica y luchas políticas contra la dictadura de Batista y a favor del Movimiento del 26 de Julio encabezado por Fidel Castro. Delegada de su país en la Unesco con rango de ministra consejera, realizó una magnífica labor de acercamiento entre los escritores, artistas e intelectuales franceses y la Revolución. Me reuní con ella a menudo a lo largo de 1962 y 1963, y su franqueza y libertad de expresión me sorprendieron gratamente: no ocultaba sus inquietudes acerca de la paulatina sovietización de un programa político que en sus orígenes apostaba por las libertades cívicas y vías democráticas. En razón de ello fue cesada abruptamente de todos los cargos oficiales y, de vue! lta a C uba, reanudó el ejercicio privado de su profesión: sus demandas posteriores de un permiso de salida, primero temporal y luego definitivo, toparon con una tajante negativa por motivos "de seguridad". En 1976 fue detenida y condenada a 29 años de cárcel como supuesta agente de la CIA. Conforme sostenía en mi tribuna de EL PAÍS, la acusación era absurda: ¿cómo podía ser espía del enemigo alguien que, como ella, exponía abiertamente su disidencia respecto a la línea oficial?

Mi artículo no mereció réplica alguna de parte del régimen cubano, pero fue la semilla de un relato de suspense y aventuras propios del género policíaco protagonizado por un puñado de amigos y conocidos. Una delegación de la Asociación de Amistad Hispano Cubana, con José María Mohedano y Jaime Sartorius, viajó a la isla unos días después de su publicación. En su primer encuentro con dirigentes y funcionarios del partido, uno de los delegados sacó a relucir mi artículo y preguntó por Martha Frayde. Los anfitriones manifestaron su asombro con perfecta naturalidad. No sabían quién era ni oído hablar del asunto, pero se comprometieron a averiguarlo y a responderles en cuanto obtuvieran datos fidedignos. Las pesquisas no duraron mucho: el día siguiente comunicaron a sus colegas españoles que Martha Frayde no estaba presa, sino que vivía confortablemente en una villa de las afueras de La Habana, en un amable retiro por cuenta del Estado. Sartorius les agradeció la información y! prometió que, de vuelta a España, rectificaría el contenido de mi artículo y pondría las cosas en su lugar.

Sin darse por satisfechos de la aclaración, dos miembros de la delegación, la escritora Fanny Rubio y el periodista Fernando Serra, repitieron la pregunta a Roberto Fernández Retamar en su despacho de Casa de las Américas. La sorpresa del poeta fue idéntica: no entendía cómo yo había podido escribir aquello... Martha Frayde vivía algo apartada, pero en entera libertad... Si querían verificarlo, podían llamarla por teléfono... Su número debía figurar en el listín...

Figuraba, en efecto, y cuando lo marcaron desde el hotel se puso inmediatamente al habla. Eran amigos míos, le dijeron y deseaban una entrevista. Pese a que andaba muy atareada para recibir visitas, se avino a responder a sus preguntas: Juan, claro que sí, qué tal me iba, aunque me había vuelto un poco "gusano", me quería mucho, no sabía quién le había ido con el cuento de que la tenían presa, etcétera. La presunta doctora parecía recitar una lección, y ni la fonética popular habanera ni ciertas incoherencias expresivas respondían al perfil que había trazado de ella en mi artículo: delegada en la Unesco, amiga de Sartre, Simone de Beauvoir, Nathalie Sarraute... Serra le preguntó dónde nos habíamos conocido, y vaciló: "En La Habana". "¿No fue en París?". "Bueno, quizá sí". "Pero ¿no era usted diplomática allí?". Le habló entonces en francés y no supo responder. Manifiestamente, ignoraba la lengua. Al colgar el auricular, mis amigos permanecieron en un estado de incredulidad! rayano en el sonambulismo. ¿Quién era la doble con la que habían hablado? ¿Cómo podía estar al corriente de mi existencia si articulaba mal mi apellido y no tenía la menor idea de la Unesco ni del mundo intelectual parisiense?

Mientras barajaban hipótesis sobre aquel montaje y el probable escenógrafo del mismo, Fernando Serra tuvo la feliz idea de consultar una guía telefónica antigua y dieron con otras señas: Martha Frayde, Calle 19, 255 bajos, Vedado. El número que marcaron no funcionaba. Sólo entonces, al cotejar un listín con otro, advirtieron que el nombre de quien desempeñó el papel de mi amiga no era Frayde, sino Fraide. Excitados por el enigma y la sucesión de ardides tan cuidadosamente hilvanado, se trasladaron a Vedado, y se detuvieron en el 255 de la Calle 19, entre I y J. El piso bajo parecía deshabitado. Como recuerda Fanny Rubio al cabo de los años, los cristales de las ventanas estaban rotos; las plantas de las macetas, secas y acartonadas. Un sello en la puerta aclaraba la razón de tal abandono: la casa había sido precintada por los Comités de Defensa de la Revolución, encargados de la seguridad y vigilancia del barrio. Mientras escudriñaban el lugar en busca de un lábil signo d! e vida, unas vecinas se asomaron a preguntarles: "¿Buscan a alguien?". "A la doctora Martha Frayde". "Está presa", dijo una de ellas, y para romper el silencio que siguió a sus palabras añadió: "Era una 'gusana' tremenda. Se pasaba el día criticando a la Revolución e iba a rezar a la iglesia. Nosotros la teníamos bien chequeada. Por fin la agarraron y está en la cárcel Benéfica".

Decididos a aclarar la verdad, mis amigos fueron a la iglesia del barrio y se entrevistaron con el párroco. Éste les confirmó que conocía a la doctora Frayde y que estaba entre rejas. Dado lo comprometido del asunto, se excusó por no poder procurarles mayor información.

Sin salir de su estado de perplejidad, Fanny Rubio y Fernando Serra contaron lo sucedido a los restantes miembros de la delegación. De vuelta a Madrid, Sartorius no escribió la anunciada réplica a mi artículo, y Fanny y Fernando Serra, después de exponerme la trama de aquella aleccionadora novela de intriga, se dieron de baja de la asociación en la que con tanta ilusión juvenil se habían inscrito.

No referí entonces las vicisitudes de mis amigos para no perjudicar a Martha Frayde y sus próximos, y lo hago hoy con imperdonable retraso. El titiritero que movió los hilos de la farsa goza al parecer de buena salud y ha ascendido por sus grandes méritos a la cúpula del Comité Central del Partido. En cuanto a la escamoteada por sus artes, purgó aún un año de su pena y, poco después de ser liberada, obtuvo su visado para España en diciembre de 1979. En nuestro reencuentro en Madrid le conté por lo menudo los lances de este Retablo de las maravillas, en su nueva y edificante escenografía al servicio de la Verdad Oficial.

Juan Goytisolo es escritor.

Mujeres muertas o desaparecidas bajo la tiranía de los hermanos Castro

 

ARACELIA ARIAS GÓMEZ

Fecha: 30 de enero de 1964. Lugar: Oficina de la Seguridad del Estado en Marianao, Habana. ASESINADA estando bajo arresto, víctima de brutalidad policíaca.

 

MARÍA CAPIRO (MARÍA CATIL)

Fecha: 17 de septiembre de 1986. Lugar: Oficina de la Seguridad del Estado, Arroyo Naranjo, Habana. ASESINADA estando bajo arresto, víctima de brutalidad policíaca.

 

SRA. CARDONA

Fecha: Diciembre de 1961. Lugar: Esmeralda, Camaguey. ASESINADA CON SU ESPOSO Y DOS PEQUEÑOS HIJOS, víctima de brutalidad policíaca.

 

GLORIA CASAÑAS HERNÁNDEZ

Fecha: 20 de junio de 1965. Lugar: Oficina de Seguridad del Estado. DESAPARECIDA luego de haber sido arrestada al salir de una demostración de derechos humanos.

 

DOLORES CORREOSO (LOLÍN) – Edad: 55. Fecha: 13 de agosto de 1978. Lugar: Cárcel Nacional de Mujeres, Guanajay, provincia de Pinar del Río. Mientras cumplía una condena de 20 años, se le declaró cáncer del seno y SE LE NEGÓ TRATAMIENTO MÉDICO.

 

AMALIA CORA CORZO

Fecha: 15 de enero de 1962. Lugar: Aguas territoriales cubanas, entrada al canal de Barlovento, Jaimanitas, Habana. ASESINADA en un intento de salida cuando una lancha patrullera cubana ametralló la embarcación de 31 pies Pretexto en la que viajaba con 28 otras personas. 5 murieron ametrallados y los 24 sobrevivientes recibieron condenas de 20 años de prisión.

 

JUANA MARÍA DIAZ – Edad: 25.

Fecha: 17 de mayo de 1961. Lugar: Prisión Nacional de Mujeres, Guanajay, provincia de Pinar del Río. FUSILADA por cargos de conspirar para asesinar a un alto oficial del gobierno de Castro.

 

OBDULIA DUAREZ SUÁREZ – Edad: 19.

Fecha: 04-22-75. Lugar: Fortaleza de la Cabaña. FUSILADA.

 

HERMANA MARÍA CARIDAD ECHEVARRÍA Fecha: 4 de abril de 1961. Lugar: Santiago de Cuba, provincia de Oriente. (Hermana de una orden religiosa católica.) ASESINADA estando bajo arresto luego de una brutal paliza inflingida por un agente de Seguridad del G-2, Luis Padrón Acosta.

 

LUISA MARÍA ESCOBAR

Fecha: 7 de octubre de 1962. Lugar: Victoria de la Tunas, provincia de Oriente. FUSILADA.

 

ASELIA FERNÁNDEZ

FECHA: 13 de septiembre de 1982. Lugar: Morón, provincia de Camaguey. ASESINADA por brutalidad policíaca.

 

OLGA DIGNA FERNÁNDEZ CAÑIZARES DE ARUFE

Fecha: 18 de abril de 1961. Lugar: Calle en la ciudad de la Habana. ASESINADA JUNTO A SU ESPOSO, Marcial Arufe, cuando trataban de llegar a la Embajada de Argentina para solicitar asilo.

 

AMELIA FERNÁNDEZ GARCIA

Fecha: 17 de abril de 1961. Lugar: Fortaleza de La Cabaña, Habana. FUSILADA.

 

DRA. BERTA FERRER

Fecha: 1960. Lugar: Santiago de Cuba, provincia de Oriente. FUSILADA.

 

JUANA FIGUEREDO DÍAZ

Fecha: 24 de diciembre de 1961. Lugar: Arroyo Blanco, provincia de Oriente. EMBARAZADA DE SEIS MESES, FUSILADA por colaborar con guerrillas anticastristas.

 

ANA MARTA GARCÍA DELGADO

Fecha: 21 de septiembre de 1986. Lugar: Oficina de Seguridad del G-2 en Santa Cruz del Norte, provincia de la Habana. EMBARAZADA DE SEIS MESES, ASESINADA estando bajo arresto, víctima de brutalidad policíaca.

 

ELIDA GARCÍA LÓPEZ – Edad: 27.

Fecha: 26 de octubre de 1961. Lugar: Marianao, Habana. ASESINADA (a tiros) por el miliciano Rodolfo Roque Febles.

 

OLIVIA AIDA GARCÍA SOLER

Fecha: 26 de abril de 1965. Lugar: Oficina del G-2 de la Seguridad del Estado en Santiago de Cuba. (Empleada de la Compañía Cubana de Electricidad y líder sindical.) ASESINADA estando bajo arresto, víctima de brutalidad policíaca.

 

MÓNICA GARCÍA – Edad: 15.

Fecha: 8 de septiembre de 1993. Lugar: Calle 1ra y E, Reparto Poey, Habana. ESTUDIANTE DE SECUNDARIA, ASESINADA. Muerta a tiros por el policía Carlos Pérez, quien disparó indiscriminadamente a un grupo de jóvenes que le proferían gritos de “esbirro”.

 

JULIA GONZÁLEZ ROSQUETE

Fecha: 10 de enero de 1962. Lugar: Prisión Nacional de Mujeres, Guanajay, provincia de Pinar del Río. ASESINADA. Guardias penales le propinaron una paliza que le indujo una infección bucal. SE LE NEGÓ ASISTENCIA MÉDICA, y falleció de septicemia.

 

JULIA GONZÁLEZ DE MÉNDEZ

Fecha: 1 de junio de 1973. Lugar: Oficina de Seguridad del Estado, Alquizar, provincia de la Habana. ASESINADA estando bajo arresto, víctima de brutalidad policíaca.

 

ROSA GONZÁLEZ

Fecha: 27 de diciembre de 1963. Lugar: Aguas territoriales cubanas. ASESINADA. Ametrallada durante un intento de salida del país.

 

LUISA GUERRA

Fecha: 1962. Lugar: Ciudad de Camaguey. ASESINADA. Víctima de brutalidad policíaca.

 

ESTRELLA GUTIÉRREZ

Fecha: 22 de junio de 1962. Lugar: Oficina  de Seguridad del Estado en Perico, provincia de Matanzas. ASESINADA estando bajo arresto. Víctima de brutalidad policíaca.

 

LIVIA GOUVERNIER – Edad 20.

Fecha: 11 de diciembre de 1959. Lugar: Oficina de Seguridad del Estado, ciudad de la Habana. (Estudiante universitaria.) ASESINADA estando bajo arresto. Víctima de brutalidad policíaca.

 

MARITZA GUTIÉRREZ

Fecha: 1988. Lugar: San José de las Lajas, provincia de la Habana. DESAPARECIDA.

 

SRA. ALBERTO LAZO PASTRANA

Fecha: 1971. Lugar: Mar Caribe. ASESINADA durante un intento de salida del país. Embestido por una embarcación de la Marina de Cuba, su bote se hundió, ella cayó al mar y fue devorada por tiburones. Sus tres hijos desaparecieron.

 

SONIA LÓPEZ GONZÁLEZ

Fecha: 1991. Lugar: Mariel, provincia de Pinar del Río. DESAPARECIDA.

 

ROSARIO MÁRQUEZ

Fecha: 5 de mayo de 1952. Lugar: Oficina de Seguridad del Estado, Miramar, Habana. ASESINADA estando bajo arresto. Víctima de brutalidad policíaca.

 

SARA MARTÍNEZ GONZÁLEZ – EDAD: 47.

Fecha: 23 de diciembre de 1996. Lugar: Fortaleza de la Cabaña, Habana. (Gerente del Ministerio de Azúcar a cargo de la zafra, miembro del grupo clandestino Frente de Liberación Cubana.) FUSILADA.

 

ORELVIS MARTÍNEZ LIMONTA

Fecha: 7 de julio de 1992. Lugar: Santa Clara, provincia de Las Villas. ASESINADA estando bajo arresto por el agente de la Seguridad del Estado Osvaldo Osenes.

 

ISABEL MARTÍNEZ

Fecha: 1993. DESAPARECIDA.

 

MARÍA ELENA MIRANDA

Fecha: 1994. Lugar. El Caney, provincia de Oriente. DESAPARECIDA.

 

ADELAIDA MIRAVÉN

Fecha: 3 de abril de 1978. Lugar: Fortaleza de La Cabaña. FUSILADA.

 

MARÍA DEL CARMEN MURO

Fecha: 1993. DESAPARECIDA.

 

LOURDES NADAL

Fecha: 1971. Lugar: Fortaleza de La Cabaña, Habana. FUSILADA.

 

DELIA NAVARRO – Edad: 39.

Fecha: 3 de agosto de 1962. Lugar: Oficina de Seguridad del Estado en la Habana. Se volvió loca después de ser torturada y se SUICIDÓ estando bajo arresto.

 

SARA OQUENDO HERNÁNDEZ

Fecha: 16 de marzo de 1985. Lugar: la Lisa, Habana. ASESINADA. Víctima de brutalidad policíaca.

 

CARIDAD PAVÓN RODRÍGUEZ

Fecha: 27 de febrero de 1982. Lugar: Cuartel General del G-2 de la Seguridad del Estado en la Habana. Líder del grupo opositor Zapata. ASESINADA durante un interrogatorio al sufrir torturas y palizas. El gobierno de Castro informó que se había suicidado.

 

RAQUEL PERDOMO

Fecha: 20 de enero de 1963. Lugar: Oficina del G-2 de la Seguridad del Estado. ASESINADA estando bajo arresto. Víctima de brutalidad policíaca.

 

LYDIA PÉREZ LÓPEZ – Edad: 25

Fecha: 7 de julio de 1961. Lugar: Prisión Nacional de Mujeres, Guanajay, provincia de Pinar del Río. ASESINADA, EMBARAZADA DE OCHO MESES. Fue pateada en el vientre por un guardia carcelero, perdiendo su bebé y negándosele una transfusión de sangre y atención médica.

 

HERMANA AIDA ROSA PÉREZ – Edad: 42.

Fecha: 12 de diciembre de 1967. Lugar: Pabellón en el Hospital Militar de la Seguridad del Estado . Religiosa de la orden Hermanas de la Caridad, ordenada en Francia. Sufría de una lesión cardíaca congénita (se dice que había renunciado a la orden religiosa por motivos de salud). En el 1965 regresó a Cuba en una visita familiar, fue detenida en varias ocasiones por expresar ideas anticomunistas y finalmente fue sentenciada a 12 años de prisión. Después de cumplir 2 años, murió de un ataque al corazón al realizar faenas agrícolas forzadas.

 

CARIDAD PLASENCIA

Fecha: 15 de septiembre de 1975. Lugar: Oficina de Seguridad del Estado en el Reparto Lawton en la Habana. ASESINADA. Víctima de brutalidad policíaca.

 

YALINA REAL GORT – Edad 22.

Fecha: 13 de mayo de 1995. Lugar: Estrecho de la Florida. ASESINADA durante un intento de salida del país cuando un patrullero guardacostas embistió y hundió su embarcación en alta mar.

 

DORA VICTORIA REYES

Fecha: 30 de agosto de 1984. Lugar: Cuartel General de Seguridad del Estado en la Habana. Después de servir una condena en prisión, se le dio permiso para visitar a familiares en la Habana. Allí fue arrestada por la Seguridad del Estado y MURIÓ ESTANDO BAJO ARRESTO EN CIRCUNSTANCIAS QUE NO HAN SIDO ESCLARECIDAS.

 

ESTRELLA RÍOS – Edad : 35.

Fecha: 20 de octubre de 1999. Lugar: Aguas territoriales cubanas, 12 kilómetros al norte de la Habana. ASESINADA CON SU HIJO DE 6 AÑOS, Ernesto Márquez Ríos. Intentando salir del país, su bote de 7 metros fue embestido y hundido por un guardacostas patrullero cubano.

 

SARA RODRÍGUEZ ALEMÁN

Fecha: 24 de septiembre de 1992. Lugar: Oficina de Seguridad del Estado en la Habana. ASESINADA. Víctima de brutalidad policíaca.

 

MARÍA ISABEL RODRÍGUEZ

Fecha: 1993. DESAPARECIDA.

 

MIREYA RODRÍGUEZ

Fecha: 1990. Lugar: San José de las Lajas, provincia de la Habana. ASESINADA. Víctima de brutalidad policíaca.

 

TERESITA SAAVEDRA PÉREZ – Edad: 24.

Fecha: 21 de abril de 1961. Lugar: Su hogar en Santi Spíritu, provincia de las Villas. (Líder católica y de la resistencia). Fue apresada, torturada y violada por su antiguo amigo el capitán Bernardo Arias Castllo, Jefe de la Seguridad del Estado de Santi Spíritu, y otros cinco oficiales. Después de ser liberada se SUICIDÓ, prendiéndose fuego al saber que se había dado orden para su arresto nuevamente.

 

JOSEFA SAN ROMÁN

Fecha: 17 de mayo de 1964. Lugar: Provincia de Pinar del Río. (Campesina.) FUSILADA el mismo día que otros miembros de su familia por colaborar con guerrillas anticastristas.

 

MARÍA LUISA SÁNCHEZ

Fecha: 1980. ASESINADA. Víctima de brutalidad policíaca.

 

ALBA SERRANO – Edad: 25.

Fecha: 30 de octubre de 1967. Lugar: Prisión Nacional de Mujeres, Guanajay, provincia de Pinar del Río. Sentenciada a prisión por actividades en el mercado negro, fue enviada como castigo a un bloque de celdas de lesbianas. Sus familiares reaccionaron muy negativamente a esto y, no pudiendo soportar la humillación, se SUICIDÓ ahorcándose en su celda.

 

DRA. EDMUNDA SERRAT BARRIOS Edad: 70. Fecha: 6 de septiembre de 1981. Lugar: Cuartel General Policiaco de la Seguridad del Estado en Villa Marista, la Habana. (Abogada). ASESINADA. Arrestada en agosto del 1981 por criticar las reformas en la educación, fue salvajemente golpeada. Su cuerpo ensangrentado sin vida apareció en un hospital militar en la Habana.

 

BERKIS TERCIO (LA MARIPOSITA) – Edad: 19. Lugar: Finca Agrícola Penal No. 5, provincia de Camaguey. SE SUICIDÓ, ahorcándose tres días después de haber sido asaltada por un guardia penal de nombre Norquis.

 

MARÍA ISABEL TORRADO

Fecha: 3 de agosto de 1963. Lugar: Oficina de Seguridad del Estado en San Cristóbal en la provincia de Pinar del Río. FUSILADA.

 

CONSUELO VIAL SÁNCHEZ

Fecha: 1980. Lugar: Habana. ASESINADA. Víctima de brutalidad policíaca.

 

TRES HERMANAS VINIGO

Fecha: 1962. Lugar: Colón, provincia de Matanzas. ASESINADAS. Víctimas de brutalidad policíaca.

 

MARGARITA YERO

Fecha: abril de 1995. Lugar: Guantánamo, provincia de Oriente. DESAPARECIDA tratando de llegar a la base naval de EEUU en Guantánamo.

Gertrudis Gómez de Avellaneda y Ana Betancourt Agramonte

Gertrudis Gómez de Avellaneda
Gertrudis Gómez de Avellaneda

Gertrudis Gómez de Avellaneda y Arteaga, conocida como ‘la Avellaneda’, nació en Camagüey, el 23 de marzo de 1814. Cuando tenía nueve años, murió su padre; su madre volvió a casarse con un oficial español.

 

En 1836, a los 22 años, partió con su familia hacia España. Se instalaron en La Coruña, un lugar demasiado conservador para su gusto. Pronto ella y su hermano dejaron a la familia y se establecieron en Cádiz y luego en Sevilla. Cuando llegó a España, la Avellaneda ya era reconocida como una escritora de talento.

 

Su primera novela, Sab, publicada en 1841, ha sido comparada con La cabaña del tío Tom; ambas constituyen una protesta literaria contra la esclavitud. Sab fue prohibida en Cuba por su visión poco convencional de la sociedad y sus problemas. Su contenido abolicionista y su crítica al matrimonio fueron considerados subversivos. Otras de sus obras también se consideraron escandalosas por los temas recurrentes de amor interracial y divisiones sociales.

 

Según la biblioteca virtual Miguel de Cervantes

 www.cervantesvirtual.com

 

Gertrudis Gómez de Avellaneda fue considerada en su tiempo como una de las mejores expresiones del movimiento romántico. Su vida y su obra siguen interesando a los estudiosos actuales, tal como se aprecia en los numerosos trabajos de investigación publicados en estos últimos años. Sus personales circunstancias biográficas, su apasionado carácter, su generosidad y su marcada rebeldía frente a los convencionalismos sociales, que la llevó a vivir de acuerdo con sus propias convicciones, la apartan de la mayoría de las escritoras de su época, convirtiéndola en precursora del movimiento feminista en España”.

 

La Avellaneda fue elogiada y criticada por su obra. Inspiró a hombres y mujeres con sus historias de amor, feminismo y un mundo diferente.

 

En 1864 salió de Cuba -para no volver más- en un viaje a Estados Unidos; de allí pasó a España, donde estableció su residencia. Fue propuesta para ingresar en la Academia de la Lengua, pero no lo logró por ser mujer. Murió el 1 de febrero de 1873 a los 58 años de edad.

 

Ana Betancourt Agramonte (1832-1901)

 

Ana Betancourt Agramonte nació en Camagüey, el 14 de diciembre de 1832, en el seno de una familia acaudalada. Recibió la instrucción que correspondía a las mujeres de esa época y posición económica: religión, labores de costura, bordado, tejido, música y economía domestica.

 

Ana se casó el 17 de agosto de 1854 con Ignacio Mora y de la Pera, quien según Ana, fue su maestro y su mejor amigo.

 

Ignacio ayudó a Ana a emanciparse de la ignorancia en que se encontraba sometida la mujer de esa época. Le enseñó idiomas e historia.

 

Ignacio se alzó en armas, al producirse el levantamiento de los camagüeyanos en Las Clavellinas, el 4 de noviembre de 1868, menos de un mes después de haber comenzado la Guerra de los Diez Años. Ana lo despidió y alentó: “Por ti y por mí, lucha por la libertad”.

 

Ana convirtió su casa en centro de conspiración contra los colonialistas. Allí se guardaban armas y ropas que posteriormente eran enviadas a los insurrectos, se hospedaban emisarios procedentes de Oriente, se preparaba la propaganda y se recogía información sobre el movimiento de las tropas españolas.

 

Tanta era la actividad revolucionaria de Ana que fue designada agente del Comité Revolucionario del Camagüey, lo que llegó a oídos del gobernador de la ciudad, que ordenó su detención. Ana fue avisada y pudo huir a la manigua, el 4 de diciembre de 1868.

 

Según el historiador Manuel Pena Benavides: “Y ya para marzo del 69 se encontraba viviendo en Guáimaro junto con su esposo que estaba muy delicado de salud”.

 

Entre el 10 y el 12 de abril de 1869, en Guáimaro, Camagüey, se produce la Asamblea Constituyente de la República en Armas.

 

Según nos dice el historiador Gonzalo de Quesada, Ana Betancourt Agramonte pudo hablarle a la Asamblea:

 

Ciudadanos:

 

La mujer cubana en el rincón oscuro y tranquilo del hogar esperaba paciente y resignada esta hora sublime en que una revolución justa rompe su yugo, le desata las alas.

 

Todo era esclavo en Cuba: la cuna, el color, el sexo.

 

Vosotros queréis destruir la esclavitud de la cuna, peleando hasta morir si es necesario.

 

La esclavitud del color no existe ya, habéis emancipado al siervo.

 

Cuando llegue el momento de libertar a la mujer, el cubano que ha echado abajo la esclavitud de la cuna y la esclavitud del color, consagrará también su alma generosa a la conquista de los derechos de la que es hoy en la guerra su hermana de caridad, abnegada, que mañana será, como fue ayer, su compañera ejemplar”.

 

Según el historiador Manuel Pena Benavides, Ana Betancourt no participó en la asamblea de Guáimaro, a donde sólo asistieron los 15 delegados electos a la convención; ni Ana ni su esposo eran delegados. Afirma que aunque Ana no participó en la Asamblea, sí reclamó los derechos de la mujer el 14 de abril de 1869, en un mitin celebrado en horas de la noche, en una callecita de Guáimaro.

 

Tras celebrarse la Asamblea Constituyente, los españoles planearon tomar la ciudad; los cubanos prefirieron quemar todas las edificaciones antes de dejarlas en manos del Ejército Español.

 

Junto con Ignacio, Ana se va a vivir a la manigua insurrecta. En 1871 su esposo enferma y deciden trasladarse a la finca ‘Rosalía del Chorrillo’. El 9 de julio son sorprendidos, Ana hace que Ignacio huya solo; nunca más se verían.

 

Ana es capturada por el Ejército Español y enviada prisionera a La Habana, hasta que por gestiones de sus familiares logra embarcar a Estados Unidos donde permanece un año, luego a Jamaica, donde trabaja enseñando a niñas cubanas. Pasa por El Salvador, donde dirige una escuela y recibe una hermosa misiva del esposo en la cual le alienta: “Bien, mi Anita, principias a recoger el fruto de tu bella inteligencia”.

 

En 1875 conoce la noticia del fusilamiento de Ignacio.

 

Regresa a Cuba después del Pacto del Zanjón (1878). Ana vuelve a conspirar por lo que es deportada a España.

 

Establece contacto con el general Calixto García y le entrega los pocos fondos de que dispone, para la nueva gesta –la Guerra Chiquita (1879)-, se mantiene atenta a las salidas de tropas españolas de lo que informa a los emigrados cubanos en Estados Unidos. Realiza apuntes biográficos sobre patriotas de la Guerra de los Diez Años y los envía a los exiliados para su publicación.

 

Contacta a su sobrino Gonzalo de Quesada a quien le escribe constantemente, dándole noticias de la situación de España. Cuando conoce del fracaso de la expedición de La Fernandina, Ana le escribe:

 

La mala suerte nos persigue y esos perros yanquees nos hacen todo el mal que pueden... mas no hay que desalentarse por ello...”.

 

Ana conoció a José Martí, de quien escribió: “Mediante su palabra vibrante, transmitía al alma de sus oyentes sus sentimientos…

 

Cuando se disponía a regresar a Cuba, Ana Betancourt Agramonte falleció en Madrid, el 7 de febrero de 1901, de una bronconeumonía. Sus restos estuvieron en España hasta 1968, que fueron trasladados a La Habana. Actualmente reposan en un panteón erigido en su memoria en Guaímaro, en el mismo lugar donde su voz se alzó proclamando los derechos de la mujer cubana.

María Luisa Dolz,

una educadora y feminista habanera

Matilde Salas Servando

 

Junto a la pila bautismal de la iglesia habanera del Espíritu Santo, el presbítero don José Casado bautizó y puso los santos óleos a la niña María Luisa Francisca Dolz Arango, quien nació en la capital cubana el 4 de octubre de 1854.

 

Procedente de una familia acomodada, no identificada con la política colonial, recibió una esmerada educación que completó con el estudio de los idiomas inglés, francés y alemán, además de ciencia y música, y se destacó como feminista y educadora.

 

Cuando era una adolescente, empezó a dar clases en el colegio Nuestra Señora de la Piedad, y por su interés en esa labor obtuvo el título de maestra primaria elemental en 1876; al año siguiente ya era maestra de instrucción primaria superior.

  

María Luisa Dolz fue la primera graduada como licenciada en Ciencias Pedagógicas y en el curso posterior concluyó, con notas de sobresaliente, el doctorado en Ciencias Físico-Matemáticas, para convertirse en la primera cubana que logró esa calificación en la Universidad de la Habana.

 

Ya diplomada, continuó su labor docente en el colegio Isabel la Católica, que compró en 1879 y al que luego le puso su nombre. Ese centro fue modelo entre los de su tipo en el nivel primario y revolucionó la enseñanza en esos tiempos, con la práctica de la Educación Física y juegos corporales para las adolescentes y niñas. También introdujo los estudios de Segunda Enseñanza, con la incorporación de las jóvenes alumnas al Instituto de La Habana en 1886.

 

Luchó por la abolición de los castigos corporales que se aplicaban a las estudiantes, y fue la primera maestra cubana que obtuvo menciones honoríficas en universidades y academias extranjeras.

 

Por más de medio siglo, la pedagoga María Luisa Dolz puso todo su empeño y conocimientos para lograr lo que calificó como una “educación enciclopédica y completa para la mujer”, que incluía la enseñanza de idiomas modernos además de la lengua materna; y aunque en el colegio les inculcaran la fe cristiana, de acuerdo con las costumbres existentes, no se impartían clases de religión.

 

Sobre la educadora dijo el patriota cubano Enrique José Varona: “A la señorita Dolz no le ha faltado el estímulo del aprecio público, pero los que la hemos seguido de cerca, en el camino de sus progresos y en el desarrollo perseverante de sus planes, sabemos que el verdadero resorte de su espíritu ha sido su carácter entero, reposado e infatigable”.

 

Uno de los postulados de la Dra. Dolz aparecido en la compilación de sus discursos de fin de curso, expresa: “Enriquezcamos a la mujer con una educación enciclopédica y completa que reasuma el fin primordial y esencial de su existencia, la prepare para la alta misión de que está investida en el hogar, y le proporcione los medios para sobrevivir a las exigencias naturales de la existencia dándole un instrumento hábil y decoroso de librar la vida”.

 

Hay que señalar que no solo se destacó en el campo de la educación, sino también entre las primeras feministas de su tiempo, pues como señala el historiador Fernando Portuondo, supo poner en alto “la justicia de las aspiraciones femeninas a la igualdad jurídica con el hombre”.

 

La notable pedagoga percibió a tiempo que la mujer debía preparase convenientemente, para poder reclamar ante la sociedad los derechos de igualdad con el hombre, de ahí que se dedicara a formar “mujeres de acción, sanas, robustas, (y) equilibradas”. Sus alumnas le rindieron un justo y merecido homenaje en 1924, en la sede de la Academia de Ciencias. Esa fue la última ocasión en que usó de la palabra en público para señalar:

 

“Pienso que si el cielo me ha otorgado un cerebro que alberga alguna idea, una voluntad que supo encauzarla e impulsarla, y una energía que venció las barreras del camino, esos dones no han sido para mi orgullo ni para mi envanecimiento, sino para que los devolviera en beneficios a la sociedad en que convivo”.

  

La habanera María Luisa Dolz Arango falleció en su casa del municipio habanero de Marianao, el 27 de mayo de 1928.

 

Bibliografía

 

   Antuña, Vicentina. Revista Lyceum. Volumen 40.La Habana 1955. PP 65-81.

     Chacón y Calvo, José María. Diario íntimo de una Gran Educadora.Hechos y comentarios. Diario de la Marina.La Habana. 28 de junio de 1954.Pág. 4-A .

   Marquina, Rafael. En el centenario de una gran educadora. María Luisa Dolz. (Correo semanal de las Artes y de las Letras).Periódico Información. La Habana, 10 de octubre de 1954. F-8 .

   Maza, Piedad. Revista Lyceum (Conferencia) María Luisa Dolz, educadora cubana. La Habana, 1955. Volumen 40. PP 47-64.

   Portuondo, Fernando.Estudios de Historia de Cuba. Editorial de Ciencias Sociales. Centenario. Instituto Cubano del Libro. La Habana. 1973. Pp.240-250

Luchas y conquistas de la mujer cubana durante la República

Magdalena Peñarredonda Doley
Magdalena Peñarredonda Doley

Las Constituciones independentistas de Guáimaro, Jimaguayú y La Yaya, las bases del Partido Revolucionario Cubano (PRC) y el Manifiesto de Montecristi no tuvieron en cuenta las reivindicaciones de la mujer; de forma arbitraria, fueron excluidas de su derecho a ser ciudadanas con derechos políticos.

 

En la Convención Constituyente inaugurada el 5 de noviembre de 1900 –durante la primera intervención norteamericana- la controversia sobre el sufragio universal traería encolerizados encuentros entre los constituyentes, que no se pondrían de acuerdo en un asunto tan importante. En la sesión nocturna del 29 de enero de 1901, donde se discutieron las enmiendas relativas al sufragio, el delegado por La Habana, Miguel Gener, sorprendería con el reclamo del sufragio para las mujeres:

 

La enmienda que se ha propuesto, es una enmienda que aunque parece amplísima, es restrictiva, y es restrictiva en una Constitución que con dificultad puede reformarse. Verdad es que en la enmienda se pide el sufragio universal, pero es el sufragio universal falso, no es el verdadero sufragio universal. Hasta ahora tenemos por sufragio universal el sufragio de que gozamos los hombres, pero no se cuenta para nada con las mujeres”.

 

Gener continuó su intervención fundamentando que en algunas regiones de Estados Unidos, ya se había considerado el voto para las mujeres, y advirtió las consecuencias que tendría para Cuba, cuando este derecho se exigiera, que no se pudiera hacer por una ley, sino por una reforma a la Constitución, lo que haría el proceso muy complicado.

 

La propuesta de Gener fue rebatida por Manuel Sanguily quien adujo una serie de razones conceptuales sobre el sufragio universal y las nefastas consecuencias de no limitarlo. En una parte de su intervención señaló:

 

“...el voto femenino no existe en todas partes, nace de las costumbres, de las circunstancias especiales de determinadas localidades, pero ya ha empezado a considerarse y aceptarse, lo que representa el primer paso que se da en una evolución que luego culminará, pero que no está maduro el pueblo cubano aún para aceptar esa forma de sufragio, este no es oportuno, no es momentáneo, no urge, no interesa en estos momentos. Mañana que haya un movimiento feminista, primero entrará la idea en las costumbres y así vendrá a las leyes, y más adelante a la Constitución”.

 

La opinión de Sanguily tuvo más seguidores que la de Gener. La moción de sufragio femenino fue desaprobada por 9 votos a favor y 17 en contra.

 

La adición de una base a la sección correspondiente al sufragio fue firmada por Miguel Gener, Salvador Cisneros y José Lacret Morlot. El texto decía: “Las mujeres como los hombres, tienen derecho a votar según el Sufragio Universal y las Leyes Electorales que se establezcan”.

 

El 20 de mayo de 1902 se constituyó oficialmente la República de Cuba. Su primer mandatario, Tomás Estrada Palma, había tenido vínculos muy directos con miles de emigradas que habían pertenecido a los clubes afiliados al disuelto PRC, organización en la cual Estrada Palma ocupó el cargo principal, el de Delegado, después de la muerte de José Martí.

 

Estas cubanas le hicieron pedidos en cientos de misivas donde le expusieron diversas inquietudes. La patriota Clemencia del Castillo de Mola le diría en una carta: “Suplico a V. se sirva si tengo derecho a representar mis intereses pues tengo bienes y no los puedo administrar, y sobre todo adquirir poderes para mi defensa”. También le recordó su pasado patriótico para ayudar a alguna compañera de su antiguo Club “...se encuentra tres años en nuestra patria redimida, sin que su esposo haya encontrado adonde ganar el sustento”.

 

Sin embargo, el esfuerzo fundamental realizado por el primer gobierno republicano se dirigió a la superación de maestros. Los cimientos de este proyecto de instrucción pública habían sido creados durante la primera intervención estadounidense, cuando se enviaron 1.256 maestros a la Universidad de Harvard a pasar gratuitamente, un curso de verano. De este grupo, 601 eran mujeres, que tuvieron en su programa contactos con los Women Clubs de Boston, con el objetivo de conocer sus estatutos para que “...sean establecidos allí para mejorar la cultura si cabe entre las familias cubanas”.

 

Estos viajes serían decisivos para que resurgiera el feminismo en Cuba y se discutiera cómo debían insertarse las mujeres en la sociedad cubana.

 

La fuerza ganada por las sufragistas en Estados Unidos y Europa asustó a los políticos de la época, quienes sugirieron que la incorporación podría significar cooptación, con la asimilación de formas negativas del comportamiento masculino y la pérdida de los valores femeninos.

 

A comienzos del siglo pasado, Cuba tuvo un movimiento feminista dinámico. Fundó periódicos y revistas, y creó organizaciones, permitiendo su cohesión y fortaleza. Se caracterizó por un profundo sentimiento anti-imperialista.

 

Antes de la Primera Guerra Mundial, las mujeres cubanas utilizaron la prensa escrita para cuestionar el círculo hegemónico masculino del poder. Una de las más combativas en este inicio lo fue la independentista Magdalena Peñarredonda, quien en un artículo titulado ‘El Feminismo en Cuba’ diría:

 

¿Por qué no han de ser las mujeres electoras y elegidas? ¿No son abogados, médicos, farmacéuticos, etc., etc.?

 

En noviembre de 1912 se constituyó en La Habana el Partido Popular Feminista, con Emilia Pérez de Viñas en la presidencia.

 

En diciembre de 1912 se crearon el Partido de Sufragistas Cubanas, presidido por Digna Collazo, y la organización feminista más importante: el Partido Nacional Feminista, en la casa de Amalia E. Mallén, en El Vedado.

 

El Partido Nacional Feminista pidió el voto femenino y otras reivindicaciones para las trabajadoras.

 

El 31 de marzo de 1913 se acordó la fusión del Partido Nacional Feminista y el Partido Popular Feminista, fusión a la que se integraría, el 23 de noviembre de 1914, el de Sufragistas Cubanas, dando lugar al Partido Nacional Sufragista, que tendría en la presidencia a Mallén.

 

Con la ampliación de la organización feminista en el Partido Nacional Sufragista, también se lograría un mayor prestigio e intercambio con personalidades e instituciones extranjeras, como la destacada escritora feminista española Aurora Areis y Rico, quien recibió una misiva en diciembre de 1915 de la periodista María Collado, en la que señalaba:

 

“Dice usted entre otras cosas, que por fortuna las cubanas somos entusiastas defensoras de nuestra causa, o sea del feminismo. Pues... sí, tiene razón, la cubana de hoy es feminista aun sin saberlo, y digo sin saberlo porque, aunque somos un grupo muy reducido, dada la gran población femenina que hay aquí, las que nos atrevemos a decir en alta voz, ‘soy feminista’; basta ver cómo ha invadido la mujer en Cuba, la industria, el comercio, las oficinas y todas aquellas empresas que dan vida al país para comprender que son feministas, basta ver como acuden a los colegios, a los institutos, a la Universidad, para comprender que son feministas”.

 

En 1916 se promulgó la Ley de Accidentes de Trabajo.

 

Se logró la aprobación de leyes que habían suscitado innumerables polémicas: la Ley de la Patria Potestad (18 de julio de 1917) y la Ley del Divorcio (30 de julio de 1918).

 

Cuba se convirtió en el primer país iberoamericano en tener leyes tan progresistas.

 

La primera de estas leyes, la de la patria potestad, permitió a las mujeres liberarse de la tutela de padres y esposos para administrar sus bienes según expresaba el artículo segundo: “En ningún caso será necesaria la licencia del marido”.

 

En 1918 se promulgó la ley que estableció el divorcio con disolución del vínculo matrimonial, liberando a los cónyuges para contraer nuevas nupcias. Es decir, cincuenta y dos años antes que Italia (1970) y sesenta y tres años antes que España (1981).

 

El 21 de marzo de 1918 ocurrió un hecho trascendental para las mujeres cubanas: se fundó la organización feminista más importante: El Club Femenino de Cuba, que se dio a conocer, oficialmente, el 3 de julio de 1918, en una sesión publica en la Academia de Ciencias, que tuvo como oradora principal a Dulce Maria Borrero.

 

La procedencia social, cultural y política hizo del Club Femenino de Cuba el grupo más heterogéneo conformado hasta entonces en nuestra patria. Compuesto por intelectuales de las letras, periodistas, pedagogas, abogadas y pintoras, esta asociación animó un debate feminista superior, igual al que se realizaba en Europa y Estados Unidos.

 

Aunque tenía una presidencia formal, el liderazgo del Club Femenino de Cuba fue realizado por Pilar Jorge, Enma López Seña, Hortensia Lamar, Rosario Guillaume y Dulce María Borrero, asistidas por reconocidas personalidades femeninas como Maria Luisa Dolz, Lola Borrero y Dulce María Sainz de la Peña.

 

La integración tan diversa del grupo complicaría sus relaciones con el resto de las agrupaciones feministas del país, de quienes recibieron críticas ante cualquier desliz. Uno de los primeros cuestionamientos fue el de no pronunciarse a favor del voto femenino y su negación a mezclarse en la política. Un poema aparecido el 23 de septiembre de 1918 en El Fígaro, le daría crédito a sus opositoras:

 

“¿Política? No señor

 

ella nos causa temor

 

por los frutos que nos da

 

gusta más al corazón

 

prodigar ilustración

 

fe, esperanza y caridad”.

 

Estas declaraciones iniciales nunca dejaron de ser criticadas, aún años después: “(...) y entonces, ante la evidencia de un posible triunfo, el Club Femenino de Cuba olvidó sus escrúpulos pasados y se declaró también partidario del voto femenino que a toda costa quería ser él quien lo conquistara”.

 

Sin embargo, los artículos posteriores de sus integrantes demostraron lo contrario. Veamos lo que expuso Mariblanca Sabas Aloma:

 

“Creen los hombres inferiores que nosotras queremos usurparles sus derechos, que queremos descender a la prosa de la vida, a endurecer nuestros sentimientos en ella, creen que las teorías que sustentamos las tenemos que defender con pantalones, cuello y corbatas, alzando los puños y endureciendo el gesto; que queremos el voto para hacer de él lo que hacen los hombres vulgares: un motivo para guaperías y egoísmo; todo eso, y mucho más opinan de nosotros. Los ilustres hermanos de D. Juan”.

 

Una declaración de Loló de la Torriente, una de las integrantes más jóvenes del Club Femenino de Cuba, abundaría sobre méritos reconocidos ya que “(…) el Club Femenino se había nutrido. Ofrecía clases y daba conferencias, conciertos y actos culturales empleando sus mejores cuadros en la campaña pro-sufragio femenino”.

 

El Club Femenino de Cuba significó un gran adelanto en el movimiento feminista nacional, al superar el discurso tradicional en relación con las mujeres y desarrollar intensas campañas más allá del sufragio femenino. Fundó escuelas nocturnas para obreras y para la enseñanza del comercio, y creó la primera institución de niñeras que funcionó en Cuba.

 

También solicitó la promulgación de importantes leyes, como la de la silla -le permitiría a las empleadas que trabajaban más de 6 horas disponer de éstas para cuando no fuera necesario permanecer de pie-; la ley del 50% de empleadas donde se vendían artículos femeninos, y otras de carácter social, como la lucha contra la mendicidad infantil, las drogas y la prostitución.

 

Una de las obras sociales más importantes del Club Femenino de Cuba fue en la cárcel de mujeres de Guanabacoa, donde se reeducaron reclusas, a las que se les ofrecían cursos de instrucción primaria, y de corte y costura, además de garantizarles camas, ropas y alimentos.

 

Esta relación entre mujeres intelectuales y reclusas fue bastante sui-géneris en un momento de profundas divisiones sociales entre ‘Las Honradas’ y ‘Las Impuras’, títulos de dos célebres novelas de Miguel de Carrión, quien asistía a las reuniones literarias del Club Femenino de Cuba.

 

La participación de personalidades masculinas de la cultura en las veladas del Club fue una constante. Frecuentaban estas reuniones Enrique José Varona, Carlos Loveira, Miguel de Carrión, Gustavo Sánchez Galarraga y Arturo Montori, entre otros.

 

En 1921, por iniciativa del Club Femenino, se creó la Federación Nacional de Asociaciones Femeninas de Cuba, que estuvo compuesta inicialmente por cinco asociaciones: Club Femenino de Cuba , Congreso Nacional de Madres, Asociación de Católicas Cubanas , Asociación Nacional de Enfermeras y Comité de la Creche Habana Nueva. Estas agrupaciones representaban a 8 mil mujeres.

 

La Federación Nacional de Asociaciones Femeninas de Cuba convocó el 11 de octubre de 1922, a la celebración del Primer Congreso Nacional de Mujeres, que tuvo lugar del 1 al 7 de abril de 1923 en la Academia de Ciencias de La Habana

 

En el acto inaugural, Pilar Morlón pronunció un discurso donde ella misma se sorprendía de que el Congreso fuera ideado y financiado por las mujeres:

 

“Una revolución, si, efectivamente es, revolución pacífica o evolución, no importa el nombre, pero algo nuevo, algo desconocido entre nosotros, donde hasta hoy la mujer tuvo sus actividades limitadas a un papel humildemente pasivo, algo cambiado inexorablemente en la marcha habitual de nuestras cosas (...) Es ésta nuestra Revolución”.

 

Las palabras de Morlón no estuvieron lejos de lo que pasó, se habló de temas ecológicos, nacionalistas, sociales, políticos, económicos y de legislación obrera.

 

De las conclusiones aprobadas, la primera fue:

 

“(…) que se emprenda por todas las mujeres de la República una campaña intensa para obtener el voto, como primera medida de profilaxis social”.

 

Y la última:

 

“Trabajar intensa y eficazmente, con todos los medios lícitos a nuestro alcance y sin contraer compromisos con ningún partido para obtener el derecho al sufragio”.

 

El Primer Congreso Femenino llamó la atención de la prensa y permitió que un grupo de mujeres empezara a realizar un nuevo tipo de periodismo, alejado de los “recetarios de cocina y atenciones domésticas”; ayudaba así en la formación de una esfera pública en la que estas periodistas opinaban y cambiaban el estereotipo banal que se les otorgaba. Entre ellas destacó quien asistió como delegada a este Primer Congreso: la periodista Mariblanca Sabas Aloma.

 

Las constantes críticas a la República y al sistema eleccionario se hicieron presentes en el debate cubano del primer cuarto de siglo. La elección del general Gerardo Machado como mandatario del país, para el periodo 1925-1929, creó expectativas en un buen número de personas.

 

En 1925 se promulgó la Ley de Protección de la Mujer Trabajadora, que reguló las condiciones sanitarias en el lugar de trabajo, el derecho a silla para el descanso y estableció períodos de lactancia para madres con bebés.

 

En 1925 se realizó el Segundo Congreso Nacional de Mujeres, del 12 al 18 de abril de 1925; contó con la presencia de Gerardo Machado, el presidente electo, lo que auguró un nuevo impulso para el sufragio femenino, que era la demanda fundamental de este Congreso. En la sesión solemne de apertura, en un breve discurso, afirmó Machado:

 

“(...) que la mujer tiene derecho a ejercitar las funciones cívicas, ya que ese derecho aparte de la razón humana y universal que lo abona, surge también legítimamente, de los esfuerzos que la mujer cubana realizó en la lucha larga y terrible por la conquista de la República Cubana”.

 

En el Congreso participaron 76 hombres denominados ‘congresistas adictos’, entre los cuales había políticos ortodoxos e intelectuales simpatizantes como Fernando Ortiz, Juan Marinello, Enrique Loynaz del Castillo y Ramiro Guerra.

 

María Collado sería de las más aclamadas con su declaración:

 

“El voto es, señoras congresistas, un arma poderosísima en las manos de quien sabe ejercitarlo, él es también como un lazo de unión entre el ciudadano y la patria. Por mediación del voto demuestra el elector su civismo, su amor al suelo en que nació y su preparación para la vida pública, pues según el sepa elegir, demostrará que sabe sentir, que sabe pensar y que sabrá mantener, por sobre toda consideración el amor a su bandera”.

 

La intervención final del viernes 17 de abril, en su sesión nocturna, fue para Ángela Zaldívar, quien con un discurso agresivo cuestionó que la mujer hubiera sido alguna vez ciudadana en Cuba. “Yo entiendo que no lo es (...) la mujer no pertenece a la clase de ciudadanos”.

 

Las palabras finales de Zaldívar fueron para pedir que siguieran “serenas y tranquilas” ante la ignorancia de los hombres que las excluían “(..) no podemos a los seres que hagan gala de aquello que les falta (...) el dique no detiene la corriente que puede derribarlo o que lo salta”.

 

El Club Femenino y las delegadas de tres provincias se retiraron del Congreso ante la presencia de organizaciones religiosas, que fueron presentadas como oficiales para contrarrestar los temas más polémicos, como lo era el reconocimiento de los hijos ilegítimos.

 

El Segundo Congreso contó con la presencia de la mujer negra trabajadora, representada por Inocencia Valdés, veterana luchadora del Gremio de Despalilladoras, y la presentación de temas candentes como la condena contra el aumento de la pornografía en anuncios, libros, periódicos y espectáculos.

 

Para la Presidenta del Congreso, Pilar Morlón, nada de lo sucedido era síntoma de un debilitamiento:

 

“Indudablemente todas no pensáis de igual modo, pero eso no es un mal. No dais vuestra adhesión a los mismos sistemas, pero tampoco eso es un mal. No es un mal otorgar su preferencia a unos métodos sobre otros. Tanta variedad en el pensamiento es signo de vitalidad y no solo no es malo, es bueno, es útil”.

 

En 1925 se fundó la Confederación Obrera de Cuba.

 

En 1925 nació la Organización Nacional de Asociaciones Femeninas, que agrupó a o­nce entidades y realizó campañas en favor de la educación de las mujeres.

 

Como el gobierno de Machado incumplió con su promesa del sufragio femenino, la Alianza Nacional Feminista y la Unión Laborista de Mujeres salieron a las calles a enfrentarse a la tiranía machadista.

 

El gobierno provisional surgido de la Revolución de 1933 decretó varias medidas progresistas: reforma agraria, intervención -es decir, el control gubernamental- de la empresa norteamericana que producía la energía eléctrica y el sufragio femenino (enero de 1934). En cuanto a la legislación laboral, en 1934 se aprobó la legislación que garantizó el salario mínimo, la jornada de ocho horas, el derecho a huelga, la estabilidad en el empleo, el derecho a vacaciones pagadas, y las licencias retribuidas por enfermedad y por maternidad.

 

Estas conquistas del movimiento obrero y el movimiento feminista fueron refrendadas por la Constitución de 1940. Se la puedo enviar a quien me la solicite.

 

En cuanto al sufragio femenino, en América Latina sólo Ecuador (1929) lo tuvo antes que Cuba (1934). Según tengo entendido, España lo tuvo en 1931, pero el franquismo lo eliminó. Desde 1947 sólo los padres de familia podían votar en sufragios parciales; en 1977, se reintrodujo el sufragio universal. Por favor, les solicito a los lectores de España que me aclaren al respecto.

 

En 1934 se creó la Unión Nacional de Mujeres.

 

En 1939 se realizó el Tercer Congreso Nacional de Mujeres, que planteó reivindicaciones para las obreras y campesinas, demandó el reconocimiento de derechos laborales, civiles y políticos para las mujeres y reclamó leyes y medidas sociales avanzadas para la época.

 

Las luchas realizadas por el movimiento obrero y el movimiento feminista condujo a que en 1939, 1.500 delegados en representación de 789 asociaciones obreras se reunieron en La Habana para dejar constituida la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), y a que en ese mismo año el arquitecto Emilio de Soto Segura recibiera la tarea de confeccionar el proyecto de edificación de una clínica provincial en La Habana, concebida para prestar asistencia médica de maternidad a las trabajadoras y las esposas de los trabajadores.

 

Aunque comenzó a prestar servicios el 1 septiembre de 1941, quedó oficialmente inaugurada el 20 de septiembre de 1941 la Clínica de Maternidad Obrera de La Habana, situadaen la Calzada de Columbia -actualmente Avenida 31- y calle 84, Marianao. Sería conocida coloquialmente como Maternidad Obrera.

 

Los servicios que se brindaban en Maternidad Obrera por notables especialistas eran: Obstetricia y Ginecología, Medicina, Cirugía ginecológica, Cirugía infantil, Otorrinolaringología, Pediatría, Cardiología, Dermatología y Sifilografía, Odontología, Urología, Servicio Social y Esterilidad.

 

Al inaugurarse, Maternidad Obrera disponía de 250 camas, de las cuales 160 se destinaron a las trabajadoras y las esposas de los trabajadores, y el resto era para la atención privada.

 

El primer director de Maternidad Obrera fue el doctor Alfredo Comas Calero, fiel servidor de Batista; como administrador se eligió a Luis M. Chappy; como jefe de personal a Otto Giner Frías y como jefa de enfermeras a Eloísa Frías. Manuel J. Moreyra dirigió en principio el departamento de Contabilidad; el doctor Federico Fusté el departamento de Anatomía patológica; el doctor Felipe Carbonell se hizo cargo los servicios de estadísticas de maternidad obrera; Ofelia Cuervo asumió la jefatura de las consultas externas de enfermería y el doctor Jorge A. Domenesis la de la farmacia. Con el servicio de Rayos X se responsabilizó al radiólogo José R. Lambert, con el Laboratorio clínico al doctor Ernesto Velarde y con los servicios internos a Juan Cuadros.

 

Maternidad Obrera tenía un museo anatómico y fotográfico, donde se exhibían piezas de tamaño natural trabajadas en cera, en las cuales se representaban los meses del embarazo y también el parto fisiológico. En el museo se mostraban además piezas teratogénicas de malformaciones fetales y de recién nacidos, así como de órganos extirpados en operaciones ginecológicas.

 

En 1941 Maternidad Obrera tenía los equipos más modernos de la época, llegando a ser una de las mejores clínicas de maternidad a nivel internacional. Puede leerse lo que escribió JD. Cubás: El seguro de maternidad. La institución que admira el continente. La Habana: Prensa Indoamericana; 1944.

 

Nací en Maternidad Obrera, el 7 de febrero de 1949. El Dr. Yero –estaba considerado el mejor obstetra cubano de la época- fue el que atendió a mi madre, que era obrera en un taller de confecciones textiles.

 

Mi madre me contaba que en Maternidad Obrera le permitían escoger el desayuno, el almuerzo y la cena de cada día, de un menú que le presentaban el día anterior.

 

Gracias a las luchas realizadas por el movimiento obrero y el movimiento feminista, desde finales de la segunda década del siglo pasado, el pueblo cubano alcanzó un nivel socioeconómico superior al existente en Portugal, España y la mayor parte de América Latina.

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José Martí: El que se conforma con una situación de villanía, es su cómplice”.

Mi Bandera 

Al volver de distante ribera,

con el alma enlutada y sombría,

afanoso busqué mi bandera

¡y otra he visto además de la mía!

 

¿Dónde está mi bandera cubana,

la bandera más bella que existe?

¡Desde el buque la vi esta mañana,

y no he visto una cosa más triste..!

 

Con la fe de las almas ausentes,

hoy sostengo con honda energía,

que no deben flotar dos banderas

donde basta con una: ¡La mía!

 

En los campos que hoy son un osario

vio a los bravos batiéndose juntos,

y ella ha sido el honroso sudario

de los pobres guerreros difuntos.

 

Orgullosa lució en la pelea,

sin pueril y romántico alarde;

¡al cubano que en ella no crea

se le debe azotar por cobarde!

 

En el fondo de obscuras prisiones

no escuchó ni la queja más leve,

y sus huellas en otras regiones

son letreros de luz en la nieve...

 

¿No la veis? Mi bandera es aquella

que no ha sido jamás mercenaria,

y en la cual resplandece una estrella,

con más luz cuando más solitaria.

 

Del destierro en el alma la traje

entre tantos recuerdos dispersos,

y he sabido rendirle homenaje

al hacerla flotar en mis versos.

 

Aunque lánguida y triste tremola,

mi ambición es que el sol, con su lumbre,

la ilumine a ella sola, ¡a ella sola!

en el llano, en el mar y en la cumbre.

 

Si desecha en menudos pedazos

llega a ser mi bandera algún día...

¡nuestros muertos alzando los brazos

la sabrán defender todavía!...

 

Bonifacio Byrne (1861-1936)

Poeta cubano, nacido y fallecido en la ciudad de Matanzas, provincia de igual nombre, autor de Mi Bandera

José Martí Pérez:

Con todos, y para el bien de todos

José Martí en Tampa
José Martí en Tampa

Es criminal quien sonríe al crimen; quien lo ve y no lo ataca; quien se sienta a la mesa de los que se codean con él o le sacan el sombrero interesado; quienes reciben de él el permiso de vivir.

Escudo de Cuba

Cuando salí de Cuba

Luis Aguilé


Nunca podré morirme,
mi corazón no lo tengo aquí.
Alguien me está esperando,
me está aguardando que vuelva aquí.

Cuando salí de Cuba,
dejé mi vida dejé mi amor.
Cuando salí de Cuba,
dejé enterrado mi corazón.

Late y sigue latiendo
porque la tierra vida le da,
pero llegará un día
en que mi mano te alcanzará.

Cuando salí de Cuba,
dejé mi vida dejé mi amor.
Cuando salí de Cuba,
dejé enterrado mi corazón.

Una triste tormenta
te está azotando sin descansar
pero el sol de tus hijos
pronto la calma te hará alcanzar.

Cuando salí de Cuba,
dejé mi vida dejé mi amor.
Cuando salí de Cuba,
dejé enterrado mi corazón.

La sociedad cerrada que impuso el castrismo se resquebraja ante continuas innovaciones de las comunicaciones digitales, que permiten a activistas cubanos socializar la información a escala local e internacional.


 

Por si acaso no regreso

Celia Cruz


Por si acaso no regreso,

yo me llevo tu bandera;

lamentando que mis ojos,

liberada no te vieran.

 

Porque tuve que marcharme,

todos pueden comprender;

Yo pensé que en cualquer momento

a tu suelo iba a volver.

 

Pero el tiempo va pasando,

y tu sol sigue llorando.

Las cadenas siguen atando,

pero yo sigo esperando,

y al cielo rezando.

 

Y siempre me sentí dichosa,

de haber nacido entre tus brazos.

Y anunque ya no esté,

de mi corazón te dejo un pedazo-

por si acaso,

por si acaso no regreso.

 

Pronto llegará el momento

que se borre el sufrimiento;

guardaremos los rencores - Dios mío,

y compartiremos todos,

un mismo sentimiento.

 

Aunque el tiempo haya pasado,

con orgullo y dignidad,

tu nombre lo he llevado;

a todo mundo entero,

le he contado tu verdad.

 

Pero, tierra ya no sufras,

corazón no te quebrantes;

no hay mal que dure cien años,

ni mi cuerpo que aguante.

 

Y nunca quize abandonarte,

te llevaba en cada paso;

y quedará mi amor,

para siempre como flor de un regazo -

por si acaso,

por si acaso no regreso.

 

Si acaso no regreso,

me matará el dolor;

Y si no vuelvo a mi tierra,

me muero de dolor.

 

Si acaso no regreso

me matará el dolor;

A esa tierra yo la adoro,

con todo el corazón.

 

Si acaso no regreso,

me matará el dolor;

Tierra mía, tierra linda,

te quiero con amor.

 

Si acaso no regreso

me matará el dolor;

Tanto tiempo sin verla,

me duele el corazón.

 

Si acaso no regreso,

cuando me muera,

que en mi tumba pongan mi bandera.

 

Si acaso no regreso,

y que me entierren con la música,

de mi tierra querida.

 

Si acaso no regreso,

si no regreso recuerden,

que la quise con mi vida.

 

Si acaso no regreso,

ay, me muero de dolor;

me estoy muriendo ya.

 

Me matará el dolor;

me matará el dolor.

Me matará el dolor.

 

Ay, ya me está matando ese dolor,

me matará el dolor.

Siempre te quise y te querré;

me matará el dolor.

Me matará el dolor, me matará el dolor.

me matará el dolor.

 

Si no regreso a esa tierra,

me duele el corazón

De las entrañas desgarradas levantemos un amor inextinguible por la patria sin la que ningún hombre vive feliz, ni el bueno, ni el malo. Allí está, de allí nos llama, se la oye gemir, nos la violan y nos la befan y nos la gangrenan a nuestro ojos, nos corrompen y nos despedazan a la madre de nuestro corazón! ¡Pues alcémonos de una vez, de una arremetida última de los corazones, alcémonos de manera que no corra peligro la libertad en el triunfo, por el desorden o por la torpeza o por la impaciencia en prepararla; alcémonos, para la república verdadera, los que por nuestra pasión por el derecho y por nuestro hábito del trabajo sabremos mantenerla; alcémonos para darle tumba a los héroes cuyo espíritu vaga por el mundo avergonzado y solitario; alcémonos para que algún día tengan tumba nuestros hijos! Y pongamos alrededor de la estrella, en la bandera nueva, esta fórmula del amor triunfante: “Con todos, y para el bien de todos”.

Como expresó Oswaldo Payá Sardiñas en el Parlamento Europeo el 17 de diciembre de 2002, con motivo de otorgársele el Premio Sájarov a la Libertad de Conciencia 2002, los cubanos “no podemos, no sabemos y no queremos vivir sin libertad”.