¿VENEZUELA TENDRÁ PRIMAVERA?

A mitad de la página,

puede verse información actualizada sobre Venezuela

Tiempos de Dictadura

Marcos Pérez Jiménez

 

Discurso del dictador Marcos Pérez Jiménez

Maduro contó que duerme en la tumba de Chávez

Himno Nacional de Venezuela

interpretado por la Orquesta Sinfónica Simón Bolivar dirigida por Gustavo Dudamel

El vídeo muestra la letra del himno e imagen con lenguaje de señas.

Exguerrillero venezolano: “Los cubanos son los artífices del fraude electoral en Venezuela”

Víctor Flores García

28 de septiembre de 2013

 

Héctor Pérez Marcano, antiguo revolucionario venezolano repasa la penetración cubana en su país al cumplirse 50 años de la primera acción de la guerrilla venezolana, el ataque al Tren del Encanto

 

La historia de la injerencia cubana en Venezuela se remonta a los años 60, cuando Fidel Castro y Ernesto Guevara, el Che, organizaron dos desembarcos guerrilleros en 1966 y 1967 que terminaron en fracaso meses más tarde. Las travesías marítimas fueron inspiradas en la mítica expedición del yate Granma que partió de las costas de Veracruz a la isla caribeña para comenzar la revolución. Las acciones militares abiertas comenzaron en 1963, y este domingo 29 de septiembre se cumplen 50 años de la acción más recordada de la primera gran campaña guerrillera en Venezuela: el malhadado ataque al Tren del Encanto, un asalto armado al tren turístico realizado en un domingo por las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional, donde fueron ejecutados siete guardias nacionales y varios turistas fueron heridos de bala. Este es el testimonio, a través de una larga conversación telefónica, de uno de los protagonistas de aquella guerrilla, Héctor Pérez Marcano, autor del libro autobiográfico La invasión de Cuba a Venezuela. Del desembarco de Machurucuto a la revolución bolivariana. A pesar de su complicidad y confesa admiración por Fidel, este militante de 82 años se ha opuesto a la intromisión abierta de La Habana en su país, desde la era de Hugo Chávez a la actualidad.

 

Pregunta. En su libro narra que se reunió con el Che Guevara y Fidel Castro en la famosa suite privada del Hotel Habana en los años 60. ¿Cómo ocurrió aquel encuentro?

 

Respuesta. Yo formaba parte de la delegación del Frente de Liberación Nacional de Venezuela, que agrupaba a los partidos que estaban en la lucha armada a la Primera Conferencia Tri-Continental de La Habana, para unificar el movimiento revolucionario de Asia, África y América Latina, en enero de 1966. Fidel Castro se había instalado en la suite del piso 25 del Hotel Habana. Allí nos entrevistamos con Fidel para planear un desembarco conjunto. Para entonces, el ala izquierda se había separado de Acción Democrática [AD, partido socialdemócrata, fundado por el ex presidente Rómulo Betancourt], y constituido el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR, clandestino). Fui copresidente de ese congreso en Cuba.

 

P. ¿Cómo fue su primer encuentro con Fidel?

 

R. Había conversado con él por primera vez durante el Primer Congreso Latinoamericano de Juventudes que se realizó en julio de 1960 en La Habana, meses después del triunfo revolucionario. En esa oportunidad me tocó tener una entrevista con Fidel y con el Che Guevara, con motivo de un incidente que se presentó en el acto inaugural del evento. Al Che le tocó el discurso de apertura. Las relaciones de Cuba con Venezuela bajo la presidencia de Betancourt ya habían empezado a agriarse; y el Che dijo en su discurso inaugural que Betancourt era un prisionero de los militares venezolanos. La delegación del gobernante partido AD que, como todos los partidos de América Latina habían asistido, se retiró del acto en protesta.

 

P. ¿Qué hizo usted para mediar entre el Che y los venezolanos de Betancourt?

 

R. El Che quiso atribuirles una conspiración a los militares reaccionarios y golpistas del dictador venezolano Marcos Pérez Jiménez (1914-2001). Hubo que hacer una reunión con el Che, a petición de él mismo para enderezar las cosas. Es la única que vez que he sabido que el Che haya retrocedido en una posición. A Cuba le interesaba que la delegación de AD no se retirara del evento, porque eso iba a tensar aún más las relaciones entre Cuba y Venezuela, en los albores de la Revolución, que terminaron con la expulsión de Cuba de la OEA en 1962, con el voto de México en contra. En esa oportunidad el Che nos dio algunas concesiones y se retractó de lo que había dicho. Su objetivo era que la delegación venezolana de AD permaneciera en el evento de La Habana.

 

P. ¿Cómo fue aquel choque de personalidades entre Castro y Betancourt, que también tenía formación socialista?

 

R. Betancourt había empezado una política de hostilidad hacia la Revolución Cubana. Curiosamente, el primer viaje de Fidel al extranjero luego de tomar el poder fue a Venezuela. Pero ya Betancourt iba inclinando su Gobierno a ser la contraparte socialdemócrata en América Latina del revolucionario Fidel Castro.

 

P. ¿El petróleo venezolano estaba en la mira de Fidel desde su llegada al poder?

 

R. Sí, desde 1959. Fidel hizo aquí algunas peticiones, las cuales el presidente Betancourt no quiso resolver, incluido un pedido relacionado con los suministros del petróleo. Fidel entró el 6 de enero a la Habana; y en Venezuela se celebraba el 23 de enero un año de la caída del general Pérez Jiménez. Fidel vino entonces a Caracas en agradecimiento a Venezuela, que le había apoyado mucho en sus tiempos de la Sierra Maestra. Wolfang Larrazabal, presidente de la Junta de Gobierno que derrocó al dictador venezolano en 1958, le había enviado un embarque de dos aviones con armas para la revolución.

 

P. ¿Cuáles fueron los planes del Che y Fidel para Venezuela?

 

R. Al Che Guevara comenzó a hacérsele incómoda su situación en Cuba, porque no estaba de acuerdo con el rumbo de la Revolución, según lo que conversé con él. En alguna oportunidad me dijo que no estaba de acuerdo con el dominio de la penetración soviética sobre Cuba, ni con las condiciones políticas que le imponía por la solidaridad y el subsidio que le daban los soviéticos. Después, el Che quiso venir primero a Venezuela, a incorporarse a la lucha armada; pero para esas fechas el Partido Comunista de Venezuela (PCV) ya atendía la línea pro-soviética y estaba en retirada de la lucha armada. El PCV rechazó la idea de que el Che viniera a Venezuela; y Guevara se fue al Congo. Después de pasarla muy mal en África, y al no poder venir a Venezuela, decidió irse a Bolivia.

 

P. ¿Cómo organizaron ustedes con Fidel Castro los desembarcos?

 

R. Para esa época, Fidel ponía muchas esperanzas en la lucha revolucionaria venezolana; por eso adopta, atiende y chequea personalmente esas operaciones con nosotros, incluido el simulacro en lanchas. La confianza era tal que, antes de partir a Venezuela, Fidel nos hizo una revelación íntima que nos sorprendió: nos confesó que el Che estaba en Bolivia. La lucha revolucionaria en Venezuela y el proyecto del Che en Bolivia y Centroamérica, formaba parte de lo que he llamado el proyecto continental de Fidel.

 

P. ¿Cuándo termina aquella etapa de la expansión continental armada cubana?

 

R. Cuando el Che es derrotado y muere en Bolivia en octubre de 1967 y la lucha armada en Venezuela da muestras de debilitamiento y visos de derrota. Los cubanos que vinieron a Venezuela, como la primera expedición de julio de 1966 dirigida por el cubano Arnaldo Ochoa [quien llegaría a ser general, Héroe de Angola y Nicaragua, fusilado por narcotráfico en 1989 en Cuba]; y otros que vinieron con nosotros al segundo desembarco, el de Machurucuto, del 8 de mayo de 1967, comienzan a regresar a Cuba. Ese desmoronamiento hace que Fidel tenga que rendirse a las presiones soviéticas, que provocan un viraje importante. Era evidente que Fidel no había abandonado la idea, siempre buscó por otra vía el desarrollo continental de su revolución. Esa otra vía es la que ahora vemos desplegarse en América Latina en la era de Hugo Chávez y sus herederos.

 

P. ¿Fidel se anticipó a lo que pasaría en Venezuela?

 

R. Sí. Tanto es así que cuando vino a Caracas en 1989, a la inauguración del segundo mandato de Carlos Andrés Pérez, el Presidente convocó a una charla con Fidel en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela (UCV), a la cual fui invitado. Me sorprendió, en esas cinco horas que habló, el grado de conocimiento de los problemas sociales del país. Incluso llegó a decir que la revolución cubana se había mantenido por el equilibrio entre las dos potencias, Washington y Moscú; y que otra revolución como la cubana no era posible en Latinoamérica. Ocurrió una cosa en aquel banquete, cuando el presidente Pérez vio cierta efusividad en el trato de Fidel con nosotros, le dijo en tono de broma: “No los abraces mucho, porque a lo mejor tengo que volver a perseguirlos” (risas). Esto ocurrió tres años antes del golpe de Estado de Chávez. Fidel tuvo una muy buena relación con Carlos Andrés Pérez. Ambos y el general Omar Torrijos de Panamá, apoyaron el derrocamiento de la dictadura de los Somoza en Nicaragua en 1979. El 4 de febrero de 1992, Fidel condena el cuartelazo de Chávez y le da su apoyo al presidente Pérez. Cinco años después, el ojo de Fidel captó la potencialidad en el militar golpista, que lo hizo seducir políticamente a Chávez. Cuando viajó por primera vez a Cuba en 1994, Hugo Chávez era una especie de arcilla en las manos de un artesano como Fidel, tan buen orfebre.

 

P. ¿Quiénes fueron los exguerrilleros que apoyaron a Chávez en el golpe?

 

R. Sólo algunas individualidades, como Douglas Bravo, exlíder del PCV, estaban comprometidos en el golpe a través de Adán Chávez; pero la izquierda como movimiento no. Incluso algunos de ellos en el momento del golpe fueron apartados por Chávez. Ellos fueron dejados afuera de la conspiración de 1992. Después Douglas Bravo le reclamó a Chávez, que le respondió: “Es que los civiles molestan en una situación como esa”.

 

P. ¿Todo lo verde olivo le causa ahora cierta aversión?

 

R. Algo de eso hay. Por eso los dirigentes del PCV hicieron esfuerzos para que me incorporara a la campaña de Chávez en 1998 y me entrevistara con él. Y lo rechacé. Ya desde mediados de 1998 advertía lo que ocurriría y alerté del peligro.

 

P. Usted afirma en su libro que casi nadie atendió su advertencia del regreso del proyecto continental de Fidel, luego de la reelección de Chávez en 2006. ¿Cuáles fueron sus fuentes?

 

R. Así es. Nadie me hizo caso. Veía la conexión a partir de información de un agente de inteligencia cubano que trabajó en la Embajada de Cuba en Venezuela en las décadas de los años 70 y 80. Yo sabía que él era del G2 [espionaje político] en aquel tiempo, cuando yo por supuesto era solidario con la revolución cubana. Él salió de Venezuela, ya no reside en Cuba y ha seguido trabajando en Centroamérica para la inteligencia cubana; preferentemente vive en México. Viene con frecuencia a Venezuela. Esa fue mi fuente.

 

P. ¿Puede dar su nombre?

 

R. No.

 

P. ¿Qué contactos tiene en Venezuela ese espía cubano?

 

R. Viene con frecuencia a Venezuela. Tiene excelentes relaciones con los sectores políticos de Venezuela, tanto de derecha como de izquierda, con movimientos políticos de todo tipo. Es un cuadro político importante, influyente que desarrolla una labor muy útil para los cubanos. Cuando viene se entrevista con todo el mundo. Y una de las personas con la que se reúne siempre es conmigo. Fue a través de él que supe detalles de la presencia cubana, ya como una intervención en Venezuela. Me di cuenta que se estaba armando lo que califiqué de nuevo proyecto continental cubano. Teniendo el poder por la vía electoral, busca promover la expansión de estos movimientos en América Latina. Él tenía contactos con Ramiro Valdez, el sucesor de Manuel Piñeiro, Barba Roja, el principal responsable de la subversión cubana en Latinoamérica en la era de Fidel.

 

P. ¿Cuáles son sus objeciones al papel de los cubanos en Venezuela hoy?

 

R. Ellos controlan el servicio de identificación nacional de los ciudadanos venezolanos Está vinculado con el registro electoral permanente. Ese registro tiene un crecimiento que no se corresponde con el crecimiento vegetativo de la población venezolana. Allí hay varios millones de electores virtuales. Los cubanos son los artífices del fraude en Venezuela.

La Democracia en Venezuela

Entrevista a María Corina Machado

Esta pancarta fue colocada por estudiantes universitarios el miércoles 26 de junio de 2013, en el aeropuerto de Maiquetía, Caracas.

Busquemos nuevos caminos

Triángulo venezolano de la corrupción:

Cabello, Cuba y la Armada

María Corina Machado acusa a Unasur

de engañar a los venezolanos

al reconocer a Maduro como presidente

Aumenta el adoctrinamiento castrista en Venezuela

Maduro es tan ignorante

que confunde la bandera de Puerto Rico con la de Cuba

 

 

Venezuela, Nicolás Maduro: “Los capitalistas roban COMO NOSOTROS

Venezuela recibe la Navidad

sin conocer la cifra oficial de inflación

Alfredo Meza

25 de diciembre de 2013

 

El Banco Central ha retrasado quince días el dato debido a la presión del Gobierno del presidente Nicolás Maduro

 

Los venezolanos viven la víspera de la Navidad con dos expectativas: el regalo que traerá el Niño Jesús -como manda la tradición local- y la cifra de inflación del mes de noviembre. El Banco Central de Venezuela ha retrasado quince días el dato debido a la presión del Gobierno del presidente Nicolás Maduro.

 

A principios de noviembre el Gobierno decidió controlar los precios y servicios de los bienes que se ofertan en el país, mediante operativos de confiscación y remate de mercancías a “precios justos”, un eufemismo empleado por el Ejecutivo para establecer márgenes máximos de ganancia en todo lo que se venda en el país. Maduro desea que esa medida se vea reflejada en el indicador, el cual alcanzó 54,3% entre octubre de 2012 y octubre pasado, la cifra más alta de América Latina, pero los economistas consideran que esa disposición tendrá un efecto mínimo y de corto plazo.

 

La mayoría de los productos que incidían en el elevado índice son los de la cesta básica y ya están controlados desde hace varios años. “Si nosotros estamos rebajando mil por ciento los productos debería eso impactar la inflación de noviembre, de diciembre y el sabotaje económico de este año. ¿O no?”, se preguntó el mandatario venezolano el 9 de noviembre. El presidente considera que la inflación es consecuencia de la manera cómo el mercado determina los precios, pero también de un incremento inducido por los oferentes que forma parte de una guerra económica cuyo último objetivo es derrocarlo.

 

La inédita presión sobre el Banco Central de Venezuela, un organismo que se precia de haber resistido durante tres lustros los intentos de manipulación ordenados por el chavismo gracias al perfil apolítico de sus técnicos, parece haber hecho efecto a juzgar por el silencio informativo. Una resolución publicada en Gaceta Oficial en abril de 2008 obliga al directorio del BCV a publicar el reporte con el índice nacional de precios al consumidor dentro de los diez primeros días de cada mes. La falta de explicaciones sobre los motivos del retraso ha dado lugar a toda clase de interpretaciones. Una de ellas sugiere que Maduro ha completado la faena de limitar la autonomía del BCV, una labor que inició Hugo Chávez en 2005 cuando promovió la reforma de la ley del Banco Central de Venezuela, que estableció el concepto de reservas óptimas y destinó parte del dinero que sobrepasara esa cifra a fondos que maneja discrecionalmente el Ejecutivo.

 

No es la primera vez que ocurre esto en el año. En abril el BCV se dilató cinco días en dar a conocer sus cálculos, pero había una razón: la celebración de las elecciones sobrevenidas del 14 de abril para escoger al sucesor de Chávez, fallecido de cáncer el 5 de marzo.

 

El BCV se suma así al Instituto Nacional de Estadística (INE) y la Comisión Nacional de Administración de Divisas (Cadivi) que manipulan y ocultan datos esenciales para evaluar el desempeño del Gobierno. El INE, por ejemplo, modificó la manera de calcular el empleo porque ahora incluye en su cómputo a los beneficiarios de las Misiones, los programas sociales creados con asesoría cubana, y a quienes están subempleados. Eso explica el orgullo que exhibe el chavismo cuando habla de la drástica disminución del desempleo y se precia de cumplir con los Objetivos del Milenio.

 

Esto que ha ocurrido con el BCV ha sido una decisión política muy criticada por los economistas. Según un estudio de la firma Finanzas Digital citado por la agencia AFP Venezuela es el único país de América Latina que no ha publicado la cifra de noviembre. Por esta razón el 18 de diciembre 20 reconocidos economistas locales publicaron un remitido que expresaba “la preocupación por el retardo que mantiene el Directorio del BCV en publicar las cifras de inflación y escasez correspondientes al mes de noviembre de 2013”.

 

“Conviene precisar que el hecho que los datos de la inflación no se den a conocer oportunamente no hace que los precios dejen de aumentar. El efecto de tal retardo en la publicación de los índices de precios es que se afecta la credibilidad del BCV y se generan dudas acerca de la fiabilidad de sus estadísticas. El BCV y sus estadísticas son un activo fundamental de Venezuela y pieza esencial para los estudios de la economía venezolana”, afirmaron.

 

En octubre la inflación registró un avance mensual de 5,1% para un acumulado de 45,8% en los primeros 10 meses de 2013, un récord para toda la era chavista. En noviembre las cifras extraoficiales hablan de un 4%. Es la misma información que hace unos días publicó en su cuenta de Twitter el líder de la oposición Henrique Capriles. Todo un mazazo para un Gobierno que tiene en el aumento a grandes zancadas de ese indicador la amenaza más grande a su estabilidad.

 

 

¿Cuál es el verdadero costo de producción

de la gasolina en Venezuela?

Marianna Párraga

24 de diciembre de 2013

 

Un amigo periodista me decía, cada vez que me veía escribiendo una y otra vez sobre las increíbles distorsiones que ha causado el subsidio a los combustibles, que se podía contar enterita la historia de la Venezuela moderna partiendo de ahí. Pensé entonces que exageraba, pero ahora le doy la razón.

 

Tratar de explicar por qué tenemos la gasolina más barata del mundo y por qué a nadie le ha importado mucho —aparentemente hasta ahora— ha pasado a ser un tema de conversación sobre Venezuela tan interesante y acalorado como discutir si están o no operadas las venezolanas que ganan el Miss Universo o responder las clásica pregunta de qué piensa usted sobre Hugo Chávez. Los tres son un “deal breaker”: piense bien antes de contestar.

 

Pero ahora que el ministro de Petróleo, Rafael Ramírez, reveló los verdaderos números de la escala de costos de producción de un litro de gasolina, hay aun más tela de donde cortar, un mayor número de elementos para sacar conclusiones y expectativas más aproximadas a lo que podría ser un incremento progresivo de los importes en un “plazo de tres años”, como dijo el presidente Nicolás Maduro.

 

Ramírez se reservó poco este vez y dijo que para equiparar los precios finales a los costos de producción habría que aplicar un incremento de 2300 por ciento (leyó bien). Para llenar un tanque con gasolina de 91 o 95 octanos, usted necesitará más de 100 bolívares cuando se haya aplicado la totalidad del aumento. ¿Pero de dónde vienen esos números?

 

El balance financiero revisado, mas no auditado, de Petróleos de Venezuela (PDVSA) que circuló “con criterio de encriptación” entre firmas de inversión y calificadoras de riesgo en las últimas semanas revela que el costo de producción de un barril de crudo en Venezuela subió a 10,8 dólares al cierre del primer semestre, lo que deja el costo de producción de un barril de refinado en unos 16,42 dólares a la puerta de la refinería.

 

En vista de que casi toda la estructura de costos de PDVSA se calcula con base en un solo tipo de cambio, que es el oficial de 6,3 bolívares por dólar (la estatal está obligada según el convenio cambiario a vender todas sus divisas a ese precio al Banco Central, excepto lo que va al pago de proveedores foráneos y lo que se vende a través de emisiones de bonos), esos 16,42 dólares por barril significan apenas 0,65 bolívares por litro.

 

¿Cómo es que Ramírez dice entonces que el costo interno de producción de un barril de combustible está entre 2,4 y 2,7 bolívares por litro y que ese número es precisamente la meta de incremento que se plantea el Gobierno a largo plazo? Hay dos explicaciones, excluidas hasta ahora del discurso oficial:

 

1. Hay costos extra de transporte y comercialización

 

En la escala de producción de un litro de combustible para consumo doméstico hay otros dos costos posteriores a la producción: el transporte y la comercialización. La primera actividad la ejercían en forma tercerizada varias compañías propietarias de flotas de gandolas en el país, pero con la llamada “reorganización del mercado interno de combustibles” fueron expropiadas por PDVSA cuando desaparecieron también las marcas que ostentaban las estaciones gasolineras del país y que correspondían a la figura del “mayorista de combustible”, como BP, Shell, Mobil, Texaco, Trébol, etcétera.

 

Los mayoristas fueron excluidos del negocio y con ellos sus marcas dieron paso al único logotipo de PDVSA. Las gandolas las absorbió la estatal a través de la Empresa Nacional de Transporte (ENT). El costo de transporte de hidrocarburos, entonces, dejó de ser un “costo operativo directo” y pasó a ser un costo administrativo, al ser incluidos los transportistas en la nómina de PDVSA y en su contrato colectivo y pasar los activos de esas compañías a nombre de la estatal.

 

El único participante “privado” que queda en esa cadena de valor es el expendedor final o dueño de la estación, quien en la mayoría de los casos posee el terreno, la infraestructura de la bomba y, en una porción minoritaria de ellas, sólo funge de “operador”, mientras PDVSA es la propietaria de los activos.

 

Las distorsiones del precio de la gasolina son tan grandes que, como hemos dicho aquí otras veces, el precio que los conductores pagan por la gasolina y el diesel hoy en día apenas cubre una porción del margen de comercialización del expendedor. PDVSA les entrega la gasolina sin cobro de por medio y una factura que ellos sólo utilizan para calcular mensualmente la diferencia que PDVSA debe pagarles para cubrir su margen completo. Es decir, PDVSA de facto le paga al expendedor para que los conductores puedan surtirse sin cobrar ni un centavo por el producto que está dejando en los tanques.

 

Si consideráramos nuevamente el transporte como un costo operativo dentro de la cadena de los combustibles, así como el margen de comercialización que aspiran recibir los expendedores (se ajusta anualmente para cubrir el aumento del salario mínimo), el costo total de producción de un litro de combustible hasta la bomba sería de unos 0,83 bolívares por litro.

 

Todavía estamos lejos de los 2,4 a 2,7 bolívares que mencionó el ministro Ramírez. ¿Qué falta entonces? El próximo ítem.

 

2. Los costos del barril importado

 

Ramírez tampoco lo dijo esta vez y se enfurece cada vez que un reporte de prensa menciona que desde Estados Unidos, India, Rusia o cualquier otro país del mundo Venezuela importa no sólo componentes para la manufactura de los combustibles que entrega a pérdida al mercado interno, sino muchas veces productos intermedios o derivados casi terminados, una práctica que se amplió especialmente desde la tragedia de la refinería de Amuay, en agosto del 2012.

 

Tomando en consideración que Venezuela exporta casi 2,5 millones de barriles por día (bpd) de crudo y derivados, el hecho de que esté importando entre 100.000 y 120.000 bpd no debería hacer demasiado peso en sus finanzas. Pero sí lo hace. PDVSA es una empresa con un flujo de caja endeble, con una montaña de facturas pendientes por pagar a sus proveedores, con una cantidad equivalente de deudas por cobrar a sus clientes y una porción creciente de barriles puestos en garantía de financiamientos.

 

Para llegar a un costo de producción por barril de 2,4 a 2,7 bolívares por litro, habría que indexar a la cadena de comercialización de la gasolina (partiendo de que el precio del diesel se mantuviera fuertemente subsidiado, para evitar el alza del precio de los alimentos y del transporte público) unos 5.250 millones de dólares en importaciones.

 

Ese monto de importaciones, que representa unos 33.075 millones de bolívares al tipo de cambio oficial, significa un costo extra de aproximadamente 1,90 bolívares a cada litro de combustible entregado al mercado interno, lo que completa un costo de producción desde la extracción hasta la entrega del litro en la estación en torno a los 2,7 bolívares.

 

Este año, Venezuela ha importado sólo de Estados Unidos un promedio de 87.000 bpd de derivados a precio de mercado, según cifras del Departamento de Energía de ese país. Y analistas calculan que las compras totales se acercan a unos 110.000 bpd, incluyendo a otros vendedores.

 

Para un año como éste, esos barriles importados significan una factura de unos 4.700 millones de dólares a los precios actuales por el tipo de combustible que Venezuela adquiere, una cifra que cuadra con lo que refleja la balanza de pagos del Banco Central, según la cual las “importaciones petroleras” —que incluyen compras de hidrocarbruros, pero también la llegada de equipos para la industria— han subido velozmente desde 2008, hasta superar 8.000 millones de dólares entre enero y septiembre de este año.

 

De manera que los números de Ramírez tienen un trasfondo, que no es más que decir que el costo de producción en Venezuela ya no es completamente local, sino que se ha multiplicado por el monto de las (imprescindibles) importaciones, las cuales entre 2012 y 2013 se convirtieron en insostenibles para un empresa que incluso debe recurrir mensualmente al Banco Central para pedir auxilio financiero en bolívares. Así las cuentas sí dan.

 

 

Victoria pírrica en Venezuela

Carmelo Mesa-Lago

17 de diciembre de 2013

 

Desorden económico, mengua de la producción petrolera, nueve devaluaciones del bolívar en nueve años, la inflación mayor de América Latina, una ola creciente de crímenes: todo apunta a la aceleración del caos

 

En las recientes elecciones para alcaldes en Venezuela, el presidente Nicolás Maduro revirtió su previa caída en las encuestas para lograr una mayoría relativa del voto popular: 49% frente al 43% de Henrique Capriles, más el 8% obtenido por otro partido opositor. Pero debido al enorme peso de los municipios rurales donde predomina el chavismo, este ganó el 70% de los alcaldes frente a solo 20% para Capriles que, no obstante, triunfó en Caracas y otros centros urbanos clave que abarcan la mayoría de los votantes (faltan los resultados del 10% de los municipios). La abstención fue del 41%, el doble que en las elecciones presidenciales celebradas en abril.

 

Maduro obtuvo el triunfo por su control virtual de los medios de comunicación, el otorgamiento de poderes especiales por la Asamblea Nacional (aún más que bajo Chávez), la guerra económica con la ocupación, confiscación y saqueo de tiendas, la rebaja de precios de entre el 50% y el 70%, la prisión de comerciantes y la creación de una fiscalía especial contra la usura. Estas medidas agravarán la crisis, ya que los dueños de negocios no repondrán inventarios (por los obstáculos a la importación y no ser rentable vender a un precio menor al costo), lo cual provocará una escasez generalizada de bienes de consumo. Por todo ello, la política vencedora cortoplacista es pírrica, pues acelerará el caos económico.

 

Venezuela sufre una de las peores crisis económicas en su historia. Según cifras recién publicadas por la CEPAL, la tasa del PIB por habitante cayó un 0,3% en 2013 (frente a un crecimiento del 4% en 2012), la más baja de América Latina, que promedió 2,6%. El déficit fiscal global se da oficialmente como 4,3% del PIB pero representa solo una parte del déficit real, que se estima en el 20%, el mayor de la región.

 

La inflación promedió el 54% anual en noviembre, la mayor de América Latina y siete veces el promedio regional, provocada por un aumento de 64% en la emisión monetaria para cubrir el déficit fiscal, inducido a su vez por el enorme gasto público (un salto del 155% en el empleo estatal y los fuertes subsidios a empresas públicas), la venta de petróleo a precios inferiores al de mercado a 17 países de Petrocaribe, y la generosa ayuda económica a Cuba.

 

El control gubernamental de precios ha provocado una severa escasez de productos básicos

 

Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo en el mundo y aquel genera el 98% del ingreso por exportaciones, pero la producción ha menguado desde 3,3 millones de barriles diarios en 1999 a 2,5 millones en 2013; de los cuales casi un millón no genera divisas porque se exporta a China, Cuba y Petrocaribe a cambios de bienes o servicios. El precio mundial del barril ha caído de un récord de 114 euros en 2008 a 71 euros en 2013, una reducción del 38% en los ingresos petrolíferos. En 2013, el volumen de las exportaciones se contrajo el 9% (la mitad del promedio regional), el saldo de la balanza de pagos fue negativo en 2.400 millones de euros, y hubo un flujo negativo de recursos al exterior de 18.200 millones euros, el peor en la región, que tuvo un flujo positivo global de 2.400 millones. La deuda externa se cuadruplicó entre 2005 y 2013.

 

En los últimos nueve años ha habido nueve devaluaciones del bolívar: la última, en febrero pasado, fue del 32%. Es la moneda más devaluada en América Latina y la tercera en el mundo. Frente al dólar, el bolívar perdió un tercio de su valor en 2013, la tasa oficial de cambio es de 6,3, pero su valor alcanza 10 veces más en el mercado negro.

 

Las reservas globales internacionales de Venezuela (el 80% son de oro) ascienden a 15.700 millones de euros en 2013, 27% menos que en 2012 y la mitad de 2008. Las reservas líquidas han caído a su punto inferior en nueve años: 3.500 millones, suficientes solo para pagar importaciones de tres meses. A fin de seguir importando alimentos, el Gobierno se endeuda, pagándolo con bonos en dólares emitidos por la empresa estatal de petróleos PDVSA; se rumorea que el Banco Central está negociando la venta de parte del oro de su reserva. La deuda interna creció en 2013 hasta 44.000 millones de euros y además aumentó la deuda de PDVSA.

 

Por falta de inversión y mantenimiento de la infraestructura, la red eléctrica está en situación crítica, lo cual provocó en septiembre un apagón que afectó a dos tercios del país. A pesar de la enorme concentración de poderes en el Gobierno, hay una ola creciente de violencia y crimen, sin control policial, que ha convertido a Venezuela en el quinto país más violento del mundo y el tercero con mayor percepción de inseguridad; los recientes saqueos aupados por el Gobierno agravarán el clima de descontrol.

 

En el plano social, el desempleo en 2013 es de 7,8%, una bicoca para España, pero entre los tres más altos de Latinoamérica y superior al promedio de 6,3%. El salario medio real (ajustado a la inflación) ha declinado desde 2007, pero los militares han gozado de aumentos salariales superiores a la inflación para asegurar su lealtad. Los programas sociales de Chávez lograron reducir la pobreza del 49% al 27% en 2002-2008, pero esta aumentó a casi 30% en 2011 y Venezuela fue uno de los dos países en la región que sufrió un incremento. El Gobierno estableció controles de precios que provocaron una severa escasez de productos básicos, como leche, arroz, harina de trigo, aceite, medicinas, papel higiénico, pasta dentífrica y piezas de repuesto para coches. En junio pasado, Maduro anunció el racionamiento de 20 productos, aunque pronto lo suspendió debido a la fuerte crítica popular. Encuestas de noviembre mostraron que el 73% de los venezolanos era pesimista sobre el futuro económico del país, 20 puntos más que cuando Maduro fue elegido presidente en abril.

 

Maduro camina en una dirección contraria a las reformas económicas iniciadas por Cuba

 

Después del triunfo, Maduro anunció una ofensiva para implementar más recortes de precios y profundizar la revolución socialista. Sin embargo, para hacer frente al descalabro económico tendrá que tomar medidas drásticas y dolorosas, que evitó e incluso desmintió antes de la elección. Se vaticinan las siguientes:

 

— La décima devaluación del bolívar, la más drástica, que reducirá aún más el poder adquisitivo del pueblo, en particular el de personas con bajos ingresos. Aumento del precio de la gasolina y posiblemente del IVA, y disminución del gasto público. Si no se toman estas medidas se desatará la hiperinflación.

 

— Implementación del racionamiento, forzado por los recortes de precios y saqueo de tiendas con el consiguiente desabastecimiento, las estrictas regulaciones a la importación (70% de los bienes necesarios se importan) y la altísima tasa de cambio en el mercado negro.

 

— Recorte de la exportación de petróleo subsidiado a Petrocaribe. En realidad ya sucedía así: Guatemala abandonó el pacto porque Venezuela le subió la tasa de interés por el pago diferido del petróleo y el porcentaje de lo que se paga en 90 días; República Dominicana y Honduras reciben cuotas menores a las pactadas. Es probable un incremento de la exportación de petróleo a China e India, con consecuencias adversas para los países caribeños.

 

El recorte del comercio y la ayuda a Cuba sería racional, pero esta juega un papel político crucial en Venezuela. No obstante, el volumen comercial entre los dos países se desaceleró desde un aumento del 37% en 2011 a solo el 5% en 2012; y, según la CEPAL, las exportaciones de servicios profesionales cubanos, que van mayormente a Venezuela, perdieron dinamismo en 2013.

 

La gran paradoja es que Cuba está introduciendo reformas estructurales para descentralizar la economía, despedir mano de obra estatal innecesaria, expandir el sector privado, eliminar servicios gratuitos, subsidios a las empresas y gastos sociales no sostenibles, mientras que Venezuela se encamina en la dirección opuesta, que fracasó en Cuba.

 

Carmelo Mesa-Lago es catedrático emérito de Economía y Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Pittsburgh, autor de numerosos libros sobre economía y política social en América Latina, y finalista al Premio Príncipe de Asturias en Ciencias Sociales en 2009.

 

 

 

Venezuela da nuevos pasos hacia otra devaluación encubierta

Ewald Scharfenberg

17 de diciembre de 2013

 

El turismo, el petróleo y el oro dejan de regirse por la tasa de cambio preferencial mientras se prepara una subida de gasolina

 

El Gobierno de Venezuela dio este lunes la razón a los representantes del sector financiero que esperan que las medidas económicas adoptadas recientemente –las confiscaciones de mercancías en comercios de distintos ramos o la promulgación de una Ley de precios y ganancias justas, de próxima puesta en vigor- fueran decisiones coyunturales para cazar votos. Y que auguraban que, una vez pasadas las municipales del 8 de diciembre, se retomaría la senda de los ajustes, tan ortodoxos como inevitables para una economía aquejada por la mayor tasa de inflación del hemisferio occidental, una cotización del dólar negro diez veces superior al cambio oficial, improductividad y escasez crónicas, y la deuda rebajada por Standar&Poors justo el viernes pasado a “bono basura” por “sus políticas erráticas”.

 

La rueda de prensa para anunciar las medidas la protagonizaron el todopoderoso vicepresidente para el Área Económica, presidente de la petrolera estatal Pdvsa y ministro de Petróleo y Minería, Rafael Ramírez, en compañía de los demás miembros del gabinete económico. En ella se anunció que las inversiones y transacciones vinculadas a los sectores turístico, petrolero y aurífero dejarán de regirse por la tasa de cambio oficial –y preferencial- de 6,30 bolívares por dólar, para seguir la cotización de la divisa que se determine en las subastas del Sistema Complementario de Administración de Divisas (Sicad).

 

El anuncio equivale al primer paso de una devaluación que el Gobierno no se atreve a mencionar. El Sicad es un mecanismo establecido a comienzos de este año para drenar la demanda represada de divisas que, desatendida, afectó las importaciones y generó un desabastecimiento de bienes de consumo que todavía no se resuelve. El sistema, enrevesado y poco transparente, consiste en subastas que el Banco Central –subordinado al Gobierno- convoca para compradores organizados por sectores. Hasta ahora se han vendido por esa vía casi 800 millones de dólares, a una tasa promedio de alrededor de 12 bolívares por dólar –el doble de la tasa oficial-.

 

Ramírez no ocultó que el Sicad es todavía una figura de transición hacia la implantación de “un mecanismo de control y manejo definitivo de nuestras divisas”. La instancia creada en 2003 para fiscalizar las divisas (Cadivi, siglas que corresponden a la Comisión de Administración de Divisas), ya habría sido superada por la realidad, admitió.

 

A la vez, el ministro Rafael Ramírez siguió preparando el terreno para un aumento del precio de la gasolina que luce inminente. Adujo que la estatal Pdvsa pierde cerca de 12.500 millones de dólares al año por el fuerte subsidio que mantiene para el combustible, cuyo precio no varía desde hace 15 años y se tiene por el más barato del mundo (alrededor de 2 céntimos de dólar el litro, al cambio oficial). Ese precio permite a Pdvsa cubrir apenas el 12% del costo de producción de la gasolina que refina o importa para el mercado interno. Ramírez dibujó la situación con una imagen descarnada: “Hoy Pdvsa no vende gasolina en Venezuela, sino que paga para que se use la gasolina”.

 

El precio de la gasolina es un tópico que adquiere ribetes casi supersticiosos en Venezuela. La convicción popular entre los venezolanos de que los hidrocarburos constituyen una riqueza común de la que cada ciudadano debe recibir una dádiva los hace recelar de cualquier aumento en ese rubro. Que la conmoción social del llamado Caracazo, en febrero de 1989, con un saldo elevado de muertes y destrucción, tuviera su chispa inicial en un incremento de los precios del combustible contribuye poco a disipar esa cautela.

 

En 14 años de gobierno, Hugo Chávez jamás quiso oír sobre el ajuste del precio de la gasolina por más que enfrentara trances que lo hacían recomendable. Esa medida, así como las devaluaciones, suenan a las políticas neoliberales que el chavismo ha definido como sus bestias negras. Tal vez por ello, el ministro Ramírez hizo especial énfasis en aclarar que no se trata ni de un “paquete económico” –en referencia al término con que usualmente los gobiernos han llamado a sus medidas de ajuste- ni de una sugerencia de “ningún organismo internacional” –en vaga alusión al denostado Fondo Monetario Internacional (FMI).

 

Todo esto ocurre mientras el Banco Central de Venezuela continúa retrasando la presentación del reporte mensual del incremento de precios al consumidor. Es una información que, por lo regular, se difunde durante los primeros cinco días del mes posterior. Ha trascendido que la tasa de inflación para el mes de noviembre podría haber escalado al 4%, una cifra escandalosa que el ente emisor duda en exponer, después de haber sido objeto de críticas públicas por parte del presidente Nicolás Maduro.

 

 

 

Venezuela: El rompecabezas de los dólares

en un PetroEstado con escasez de divisas

Víctor Salmerón

15 de diciembre de 2013

 

Todos los meses Eudomar Tovar, Nelson Merentes, Jorge Giordani, José Félix Rivas, Armando León y José Salamat Khan se reúnen para tomar una de las decisiones que más impacta a los venezolanos.

 

En un país donde la economía es un pequeño planeta que gira alrededor del dólar, esa mañana el directorio del Banco Central de Venezuela determina cuántas divisas podrán comprar las empresas que no pertenecen al Gobierno, durante el mes en curso, al tipo de cambio oficial de 6,30 bolívares.

 

Con el voto mayoritario los directores del Banco Central de Venezuela aprueban un presupuesto para que la Comisión de Administración de Divisas (CADIVI) lo asigne, estableciendo prioridades a todas las áreas del sector privado, principalmente importaciones, pero también otras necesidades como remesas, viajes al exterior y líneas aéreas. Un detalle importante: de este mismo monto también fluyen los dólares para cubrir requerimientos específicos del Gobierno como “abastecimiento urgente en materia agroalimentaria y salud”, “pagos referidos a la seguridad pública y defensa nacional según lo determine el Presidente de la República”, viáticos de funcionarios, erogaciones por tratados internacionales y, finalmente, “gastos corrientes y de inversión del Ejecutivo en el Exterior”.

 

Las actas que registran lo que decide el directorio demuestran que el tiempo en que sobraban petrodólares quedó atrás. En los primeros ocho meses de este año, fecha hasta la que disponemos de documentos, los dólares aprobados ascienden a 22 mil 807 millones, una magnitud que versus el mismo lapso de 2008 representa un recorte de 24% y de 2% respecto al mismo período de 2012, además de constituir el monto más bajo de los últimos tres años.

 

El contraste con 2008 año en que las importaciones colmaron los anaqueles y las empresas no tuvieron restricciones de divisas para adquirir insumos, utilizar capacidad ociosa para producir y satisfacer el apetito de consumo de la población es elocuente.

 

Corte doble. En el rompecabezas de los dólares hay otra pieza clave. Existe un sistema complementario que vende billetes verdes a las empresas que no reciben divisas en CADIVI y asigna unas pocas divisas extra a la población que viaja, estudia en el exterior o necesita tratamientos médicos fuera del país. Aquí la poda es mayor.

 

Hasta febrero de este año funcionó el SITME, un mecanismo donde se adquirían divisas a través de bonos y fue sustituido por el SICAD, que cada semana coloca sobre la mesa un máximo de 100 millones de dólares a los que sólo tienen acceso empresas de sectores específicos, convocados a una subasta muy particular donde las divisas siempre fluyen al precio de entre 10 y 11 bolívares por dólar.

 

Pues bien, al tomar en cuenta lo que el SITME distribuyó a comienzos de este año y añadirle lo adjudicado en las subastas del SICAD, queda claro que las divisas entregadas a través del mecanismo complementario, hasta el 18 de noviembre de 2013, son 78% menos que en el mismo lapso del año 2012.

 

La sequía de divisas se manifiesta en la deuda que las empresas venezolanas tienen con proveedores extranjeros. El 11 de noviembre, Juan Pablo Olalquiaga, presidente de la Asociación Venezolana de la Industria Química y Petroquímica (Asoquim), admitió que las compañías del sector no han cancelado compromisos por el orden de 400 millones de dólares y por la falta de insumos la capacidad no utilizada en algunas empresas es de 85%.

 

Otra manera de aproximarse al impacto que tiene el descenso en la oferta de dólares es observar las importaciones del sector privado que, de acuerdo con las cifras del Banco Central de Venezuela, registran un declive de 13% durante los primeros nueve meses de este año con respecto al mismo lapso de 2012, algo que guarda relación con la escasez de productos básicos y el descenso de los inventarios.

 

Versión oficial. Las autoridades han abordado el tema de la asignación de dólares a través de CADIVI, pero con una visión muy diferente a lo que reflejan las actas del directorio del Banco Central. El presidente de la Comisión, José Khan, afirmó el pasado 19 de noviembre que durante los primeros diez meses de este año el organismo ha autorizado para importaciones un monto de 37 mil millones de dólares.

 

Todo un récord.

 

No obstante son vitales algunas precisiones. En este monto José Khan incluye importaciones que se realizan a través del Sucre, una unidad de cuenta que sólo utilizan los países miembros del Alianza Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA), principalmente Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia y Ecuador. Además, esta cifra contiene compras en el exterior realizadas a través del convenio ALADI, donde el comprador cancela con moneda local e importaciones públicas que no cuentan como divisas otorgadas al sector privado.

 

La expansión del peso del Estado en la economía se traduce en que las empresas manejadas por el Gobierno  ejecutan 42% de las importaciones del país, cuando en 1999 solamente realizaban el 11%.

 

Cartera corta. El sistema para la aprobación de dólares consiste en que El Banco Central le aprueba un presupuesto mensual a CADIVI y esta comisión lo asigna a las empresas para que luego el mismo Banco Central venda las divisas utilizando las reservas internacionales. Por lo tanto, para que los billetes verdes circulen en cantidades adecuadas es necesario que el tanque de las reservas tenga un nivel apropiado, justamente lo que no ocurre.

 

Al cierre del 10 de diciembre, las reservas internacionales se ubican en 20 mil 429 millones de dólares, una cifra que representa una caída de 32% en el año, pero lo más importante, incluye menos de 2 mil millones de dólares en efectivo y el resto corresponde principalmente a barras de oro.

 

El Banco Central traspasó la mayor parte de sus dólares en efectivo al Fonden, un fondo que maneja directamente el Gobierno y cubre planes de gasto, por lo que tiene poca disponibilidad para aumentar la venta de divisas al sector privado.

 

Aparte de los traspasos al Fonden, las reservas descienden porque PDVSA sólo le entrega al Banco Central la mitad de los petrodólares, el resto también va a al Fonden y a otros fondos. El precio del oro está a la baja y obliga a ajustar el valor de los lingotes. El monto a pagar por deuda externa crece, la producción de petróleo no aumenta y el país vende barriles con descuento a naciones aliadas.

 

Su propia vara. Para establecer lo que cada año el Banco Central le tiene que transferir al Fonden, el Gobierno creó el concepto del Nivel Adecuado de Reservas y estableció que los dólares que superen esta cantidad deben ir al fondo. Y en 2007 el nivel adecuado de reservas fue establecido en 29 mil millones de dólares, pero obviamente este cálculo es movible: se modifica de acuerdo con el monto de las importaciones y los pagos de deuda.

 

Si bien el método para calcular el nivel adecuado ha permanecido en secreto, es útil recordar lo que en su momento escribió Domingo Maza Zavala, quien se desempeñó como miembro del directorio del Banco Central: “El mínimo que, de acuerdo con las normas internacionales, debe tener un país en reservas para financiar importaciones en casos de emergencia, son seis meses”. Y Maza Zavala añadió a este monto lo contemplado para pagos de deuda en divisas, tanto del sector público como privado, para concluir que el cálculo de 29 mil millones de dólares, hecho público por el entonces Ministro de Finanzas, Rodrigo Cabezas, era adecuado.

 

Con base en estas variables, ¿cuál es el nivel adecuado de reservas en este momento? El economista y profesor de la Universidad Central de Venezuela, Ronald Balza, precisa que “la fórmula utilizada por Maza Zavala es discutible pero también es útil: el nivel adecuado de reservas no es constante”. Agrega que “en 2012 las importaciones sumaron 77,5 millardos de dólares y el servicio de la deuda externa 14,1 millardos, por lo que la cifra mínima tendría que haber sido 52 mil 900 millones de dólares, siguiendo la metodología empleada por Maza Zavala”.

 

Es decir: si se afina el cálculo del nivel adecuado de reservas a la realidad actual de las importaciones y los pagos de deuda, el monto tiene un déficit que ronda los 32 mil millones de dólares.

 

¿Qué esperar? Analistas consideran que en los próximos sesenta días la realidad de una economía con desequilibrios profundos obligará a devaluar la moneda. Los gastos del Gobierno superan en 15% del PIB al ingreso y, por tanto, será necesario obtener más bolívares por los petrodólares, al mismo tiempo, el haber mantenido el tipo de cambio oficial en 6,30 bolívares mientras la inflación disparaba el resto de los precios ha hecho del dólar un producto muy barato y la demanda de divisas se torna insostenible.

 

El escenario base elaborado por los economistas de Barclays Capital, Alejandro Grisanti y Alejandro Arreaza, contempla que para el próximo año el tipo de cambio al que CADIVI asigna las divisas aumentará hasta 12,5 bolívares por dólar.

 

Francisco Rodríguez, analista de Bank of America, señala que la devaluación se produciría en dos tandas: la primera llevaría el tipo de cambio de CADIVI hasta 11 bolívares por dólar y en el sistema complementario de divisas el billete verde se ubicaría en 18 bolívares, con lo que el tipo de cambio promedio estaría en 14,5.

 

Tamara Herrera, directora de Síntesis Financiera, considera que se mantendrá el tipo de cambio de 6,30 bolívares por dólar para una lista bastante estrecha de alimentos y medicinas, mientras que el resto de los productos pasaría a ser importado a 12 bolívares. “Además tendríamos un sistema complementario donde el dólar estaría entre 20 y 25 bolívares”, agrega. Ante la interrogante de si es posible esperar menos restricciones para el sector privado en el acceso a los dólares en 2014, indica que “no considero que vaya a haber mejoras en la entrega directa, pero la economía no va a crecer. Veo un año de caída y por eso habrá menos demanda de divisas”.

 

La proyección de Síntesis Financiera contempla que la economía registrará una caída de 2,5% que será acompañada por una elevada inflación de 51,8% que mermará el consumo de las familias.

 

El director de Ecoanalítica, Asdrúbal Oliveros, explica que el país está parado sobre un desajuste donde el ingreso de divisas es insuficiente para cubrir los gastos en dólares por el incremento de las importaciones tras la caída de la producción nacional, el descenso de las exportaciones no petroleras por una moneda sobrevaluada, el estancamiento de la producción petrolera y el declive en el número de barriles que efectivamente cobra PDVSA.

 

Al considerar pagos a China, el mercado interno y los compromisos de venta de petróleo a descuento con otros países el número de barriles que le generan caja a PDVSA son 400 mil menos que en 2011.

 

¿Qué esperar para 2014? Asdrúbal Oliveros proyecta que el ingreso de divisas sumará 73 mil 026 millones de dólares, mientras que los gastos totales que incluyen importaciones, pagos de deuda, servicios y salida de capitales serán de 82 mil 755 millones. Es decir, habrá un déficit de 9 mil 729 millones que tendrá que cubrirse con endeudamiento.

 

Estos números consideran que la asignación de dólares para las empresas privadas seguirá reduciéndose y las importaciones totales, realizadas vía CADIVI y a través del mecanismo complementario, registrarán una caída de 21% respecto a 2013 para ubicarse en 28 mil 888 millones de dólares.

 

 

La oposición venezolana cierra un ciclo y se dispone a reformularse

Alfredo Meza

15 de diciembre de 2013

 

Los resultados de las elecciones municipales obligan a la Mesa de la Unidad a reestructurarse y sumar a nuevos grupos

 

Es cierto: Henrique Capriles Radonski, gobernador del estado Miranda, fue quien mejor resistencia opuso a los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro en quince años. Con justicia se convirtió en el líder de la oposición cuando se impuso a otros cinco candidatos en las primarias de febrero de 2012. Pero tras cuatro procesos electorales con resultados adversos y sin nuevos comicios la oposición ha comenzado a replantearse de qué manera enfrentará al chavismo en el corto plazo.

 

En estos días sus principales voceros tratan de sacar un balance positivo de las elecciones municipales del domingo pasado, a la vez que se reúnen entre ellos para iniciar lo que Ramón Guillermo Aveledo, el secretario de la Mesa de la Unidad (MUD), la alianza de partidos opositores, ha llamado una introspección. Está claro que la estrategia pactada hace casi dos años –derrotar al gobierno por la vía electoral y subordinarlo todo, incluso la necesaria discusión sobre la visión del país, a conseguir más votos que su contraparte- ha culminado con el resultado del domingo, bueno o malo según la interesada interpretación de las cifras. Es cierto que la oposición sumó más alcaldías –de 55 pasó a 76-, que hubo un avance si se miden sus votos de esta contienda con respecto a los obtenidos en los comicios regionales de diciembre de 2012, que gobernará en 19 de las 24 provincias, pero la amplia derrota en el voto nacional obliga a reconsiderar por qué razón se volvió a ensanchar la brecha que en abril, cuando se midieron Maduro y Capriles, fue de 1.49%. Hoy la diferencia es casi la misma que obtuvo el fallecido Hugo Chávez en octubre de 2012 (55.07% versus 44.71%).

 

El viernes pasado el Consejo Nacional Electoral dio los resultados definitivos. El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y sus alianzas capitalizaron 242 alcaldías, el 72,24% de las 335 en disputa y una suma de 5.277.491 sufragios (54% de los votos). La MUD y sus aliados obtuvieron 75 alcaldías, 22.39% del total, con 4.423.897 votos (44% de las papeletas válidas). No pocos observadores atribuyen ese resultado a la desmovilización de las bases opositoras promovida por Capriles tras declararse ganador de las elecciones sobrevenidas del 14 de abril. En aquella ocasión el gobernador prefirió evitar el estallido de un conflicto civil a gran escala y continuar su reclamo por la vía judicial a sabiendas de que sería muy difícil lograr su objetivo siguiendo ese camino.

 

Hoy no está en discusión la unidad de la oposición, pero sí la estrategia para enfrentar a Maduro. Ramón Guillermo Aveledo ha colocado su cargo a la orden para repensar el futuro de la alianza. En paralelo se destaparon diferencias hasta ahora ventiladas puertas adentro. En un sintonizado programa de radio matutino Aveledo criticó a los parlamentarios que colocaron en la agenda temas que no estaban en el radar de intereses de la MUD, que se centró en señalar las consecuencias de la crisis socioeconómica legada por el modelo chavista. “Nos distrajimos en el Esequibo o la nacionalidad colombiana de Maduro”, dijo. Fue una alusión directa al trabajo de algunos diputados opositores reunidos en un grupo llamado “La movida parlamentaria”. En noviembre, en plena campaña electoral y junto a miembros del partido Voluntad Popular, los parlamentarios viajaron al Esequibo, en la frontera con Guyana, para reafirmar la soberanía sobre el territorio, protestar in situ el otorgamiento de concesiones petroleras en aguas territoriales de Venezuela y dejar en claro, especialmente a los militares venezolanos, el aparente desinterés del Gobierno por atender la silenciosa expansión de los intereses de Guyana. La líder del grupo es la diputada independiente María Corina Machado.

 

Al mismo tiempo Henrique Capriles criticó, aunque sin mencionarlo, al líder del partido Voluntad Popular, Leopoldo López, quien en un comunicado de prensa resaltó la mayoría obtenida por su organización dentro de la alianza opositora en las municipales. A la luz de esos resultados la tolda es hoy el principal partido de la oposición. “Todos los alcaldes están en sus cargos gracias al trabajo de la unidad”, dijo a la salida de la proclamación de uno de ellos, el burgomaestre de la zona metropolitana de Caracas Antonio Ledezma.

 

En esas dos diferencias públicas se asoma una grieta que divide a la oposición en dos: entre aquellos que apuestan a seguir una ruta centrada en lo electoral, donde se encuentran Acción Democrática (socialdemócrata) Copei (socialcristiano) y sus líderes, los viejos dirigentes que barrió Chávez en 1998, y quienes, sin desconocer lo previsto en la Constitución, creen que hay que estimular un desenlace en el corto plazo para evitar que las consecuencias de la profunda crisis económica del próximo año provoquen la salida de Maduro y una sucesión no deseada, que venga incluso dentro del chavismo. Ellos son los dirigentes opositores surgidos en estos últimos tres lustros. Los primeros están dispuestos a dialogar con el gobierno sin tomar en cuenta que la convocatoria pública de Maduro a los alcaldes tiene una condición: que todos ellos trabajen en sus municipios bajo los lineamientos del Plan de la Patria 2013-2019, el último programa de gobierno escrito por Hugo Chávez, convertido en ley de la República por la mayoría chavista en el Poder Legislativo a principios de diciembre. Los segundos no consideran un mal menor la supuesta colisión de este plan con la Constitución venezolana, ni la complicidad del Consejo Nacional Electoral con el ventajismo del Gobierno, y son partidarios de estimular y acompañar la protesta de los ciudadanos en la calle.

 

Es un enfrentamiento generacional de consecuencias que aún no es posible avizorar. La oposición enfrenta de nuevo una encrucijada. O se convierte en un adversario a la medida del gobierno, que cumpla con las formalidades electorales cada vez que la convoquen, porque entiende que de esa forma podrá convertirse algún día en mayoría, o se arriesga a seguir un camino incierto que puede terminar en un nuevo abismo o en una ruta inédita al palacio de Miraflores. Las apuestas están abiertas.

 

 

Venezuela: de la lucha política a la lucha social

Fernando Mires

11 de diciembre de 2013

 

Puede ser una coma y un cero, la diferencia será siempre ínfima.

 

Como si la política fuera una actividad geométrica la población electoral venezolana ya antes del 8D ha sido dividida en dos mitades casi exactas. Si a ello agregamos un cuarenta por ciento de esa ciudadanía a la que importa un rábano la política, cualquier gobierno que se diga revolucionario cualquiera menos el de Maduro debería sentirse humillado y ofendido. Porque ese es el resultado plebiscitario de las elecciones del 8D: En Venezuela es imposible una revolución. Así habló el pueblo.

 

A nadie que no resida en un manicomio, ni siquiera a un chavista cuando está a solas, se le podría ocurrir que con una mitad electoral gobiernera, con otra mitad electoral en activa oposición y con un por lo menos 40% de absoluta indiferencia, es posible imponer a troche y moche un sistema que ha fracasado en todo el mundo. O una revolución es totalmente mayoritaria o nunca será una revolución; cuando más un golpe de estado, civil o militar. O ambos a la vez.

 

Toda elección nacional es un plebiscito, se quiera o no. Mucho más plebiscitaria es cuando solo hay dos opciones. De modo que, y en contra de la opinión de tantos mariscales post-electorales, hay que decir que Capriles no inventó la idea del plebiscito. Si alguien la inventó fue Chávez.

 

No hubo ninguna elección durante el largo mandato de Chávez a la que él no hubiera conferido carácter plebiscitario. Capriles solo continuó la tradición. Debía incluso hacerlo. Si ya había cuestionado y con toda razón la legitimidad de las elecciones del 14A, cualquiera elección después de esa fecha habría tenido objetivamente un carácter plebiscitario. Y bien, ese es el punto: El plebiscito del 8D lo perdió el gobierno. Lo perdió en términos cuantitativos al no obtener mayoría absoluta, y lo perdió en términos cualitativos al ser derrotado en las ciudades más importantes del país.

 

Ahora, en cualquier país normal, cuando se produce una situación de empate, las dos partes tienden a establecer un pacto destinado a despolarizar el ambiente y crear mínimas condiciones de gobernabilidad. Pero Venezuela no es un país normal. Todo lo contrario. El discurso de Maduro del 8D fue el de un hombre que tiene detrás de sí, delirando de pasión por su persona, a más del 80 por ciento de la ciudadanía. Razón de más para pensar que definitivamente no va haber diálogo. Por el contrario, va a continuar la represión a los medios; los adversarios serán declarados delincuentes, agredidos, insultados; muchos irán presos, y las instituciones seguirán secuestradas por una secta fanática incrustada en el Estado. Así lo dio a entender Maduro.

 

El problema es que si analizamos el tema desde un punto de vista militar y no político, Maduro tiene cierta razón. Pues todo diálogo es una negociación sobre la base de relaciones de poder. Sin negociación, obvio, no hay dialogo. Y bien: ¿Qué puede negociar la oposición con Maduro? La oposición no controla ningún poder fáctico, ningún poder estatal, ningún gran medio de comunicación, ninguna central sindical, ninguna parte del ejército, y pese a que representa a la mayoría ciudadana en la Asamblea Nacional, su nominalidad es minoritaria. Solo tiene detrás de sí a una inmensa cantidad de electores, a las mentes más esclarecidas del país, a los principales intelectuales, a los mejores profesionales. Pero eso no se puede negociar. Para negociar se requieren dos partes políticas y el gobierno de Maduro es profundamente antipolítico. Ahí está la raíz. No habiendo diálogo solo puede haber confrontación.

 

Estamos hablando de una confrontación anunciada. Lo han dicho moros y cristianos. Pero es la novedad no será una nueva confrontación política pues ésta solo se da en Venezuela durante periodos electorales. Será una confrontación en el espacio social. Más evidente aún si tomamos en cuenta que la realidad económica le pasará la cuenta a las aberraciones de Maduro, sobre todo a aquellas destinadas a controlar los precios a punta de bayonetas. Escasez, pérdida de fuentes de trabajo, inflación, mercado negro, informalización cambiaria, son solo algunas de las expresiones que asumirá en 2014 la crisis económica inducida por el chavismo y el madurismo.

 

La pregunta es entonces: ¿posee la MUD, o  la oposición en general, dispositivos que le permitan conectarse con las movilizaciones sociales que ya tienen lugar en Venezuela?

 

Venezuela debe ser el país latinoamericano en donde hay más protestas sociales. Las huelgas, los paros, las tomas de calle y carreteras, las guarimbas, todo eso es pan de cada día. Gran paradoja es que Venezuela debe ser también el país latinoamericano en el cual las movilizaciones sociales tienen el más bajo nivel político. No solo no se conectan entre sí. Hay, además, una carencia casi total de organismos populares en condiciones de coordinar regional y nacionalmente las luchas sociales.

 

Si en algo tuvo éxito la administración Chávez fue haber destruido las organizaciones independientes de trabajadores convirtiendo a la mayoría de ellas en simples dependencias del Estado. Con ello rompió la espina dorsal de la sociedad venezolana. En la Venezuela de hoy no hay nada que sea parecido a lo que fue la CGT argentina, a los sindicatos automotrices de Sao Paulo, a la CUT de Chile, a la COB boliviana.

 

No se trata por cierto de suscribir la afirmación de Lenin relativa a que en cada huelga se esconde la hidra de la revolución. Pero en cada huelga sí se esconde un mínimo de potencial político. Mas no en Venezuela. Allí puede haber cientos de protestas sociales al día sin que ninguna raspe la piel del más grande empresario capitalista del país: el Estado chavista.

 

El problema es mayor si se considera que el malestar social solo ha podido, hasta ahora, articularse a través de lo político sin que lo político sea articulado a través de lo social.

 

La misma MUD creó sus fuerzas en grandes eventos electorales. Gracias a las elecciones la MUD llegó a ser la organización opositora más poderosa de todos los países del ALBA. Gracias también a las elecciones aparecieron excelentes líderes políticos pero muy pocos líderes sociales. ¿Tendrán los actuales líderes políticos capacidad para entender las demandas sociales y dar a ellas alguna orientación política? Es la pregunta decisiva.

 

Tanto más decisiva si consideramos que ante la ausencia de convocatorias políticas las movilizaciones sociales no pasan de ser simples estallidos anómicos. El Caracazo (1989) como el Bogotazo en Colombia (1948), ocurrieron como cualquier “azo”, no gracias a  la existencia de conducción política, sino a su ausencia. Estallidos que solo conducen a la militarización de las calles, o a masivas represiones cuya sangre pavimenta el camino que lleva a los gorilas al poder.

 

El desafío que enfrentará la oposición durante 2014 será entonces todavía más grande que ganar una elección.

 

La luchas del 2014 no estarán centradas en plazas citadinas sino al interior de cada fábrica, recinto comercial, dependencias públicas y asambleas populares. Será también la oportunidad para que las numerosísimas luchas sociales venezolanas adquieran ese contenido político del que hoy carecen. Y a la vez, para que la oposición desarrolle una vocación social que todavía no ha podido demostrar. Si esa oportunidad es bien aprovechada, el mismo Maduro se verá obligado a hacer lo que más detesta: dialogar.

 

En política un diálogo no se solicita: se impone.

 

 

Boris Muñoz: sobre los resultados del 8-D y el 2014

9 de diciembre de 2013

 

1. ¿Cómo interpreta usted los resultados de las elecciones del pasado 8-D?

 

El resultado es mixto. La oposición avanza y consolida su liderazgo en los principales centros urbanos del país. Las ciudades se expresan en contra del gobierno, salvo aquellas menos desarrolladas o más dependientes económicamente del Estado. El chavismo mantiene su anclaje en el oriente y el sur del país, precisamente donde la subsistencia está sujeta a la mano visible del Estado. La oposición no logró su objetivo principal que era demostrar su superioridad en el voto general. La tesis del plebiscito, por tanto, fracasó. Se supone que por el efecto directo de este fracaso debe ser el eclipsamiento relativo de Henrique Capriles Radonski y la legitimación y consolidación definitiva de Nicolás Maduro. Tomaría esta tesis con grano de sal. Los principales caballos de batalla de Maduro (Miguel Ángel Pérez Pirela, Ernesto Villegas, Winston Vallenilla y Antonio “El Potro” Álvarez) perdieron y esas derrotas son muy caras, pues eran apuestas que apelaban a abrir caminos en la clase media o a retomar importantes bastiones hoy en manos de la oposición. En términos polarizados, el PSUV aventaja a la MUD en apenas 3%, lo que implica un empate técnico con ganancias claras para la MUD frente a las elecciones regionales de 2012. De modo que no hay que exagerar el triunfo relativo de Maduro, aunque la apuesta plebiscitaria no funcionara. Al frente de la oposición, Capriles Radonski puede reclamar conquistas que son mucho más que simbólicas. Por ejemplo, haber ayudado a ganar las unidades geopolíticas que concentran la mayor cantidad de población productiva del país, sino también —aunque esto todavía no pueda oficializarse— a duplicar el número de alcaldías controladas por la oposición.

 

En última instancia, a pesar del carácter predecible de esta elección, se muestra cierto agotamiento de las estrategias de ambos bloques. La desmovilización le pasa una importante factura a la oposición que trató de vender el plebiscito sin pasar por la representación de los problemas cotidianos de los ciudadanos, algo que le hubiese servido de poderoso argumento. El PSUV logró controlar parte de los inmensos daños que sufrió el 14-A, deteniendo y hasta cierto punto revirtiendo una tendencia francamente negativa. Sin embargo, no hay un crecimiento apreciable. El balance no le da a ninguno de los dos bloques para armar una fiesta, aunque la oposición tenga buenos motivos para celebrar en medio de las reiteradas amenazas de exterminio que le ha planteado el gobierno, el cerco mediático y la orgía de abusos tolerados por el CNE.

 

Hay un dato: los resultados electorales siguen mostrando una división profunda del país. Lo significativo es que a nivel local hay liderazgos a los cuales no les interesa afiliarse a ninguno de los dos bloques y que, en base al arraigo propio, han logrado ganar sin maquinaria. La abstención también envía un mensaje. Aunque en una democracia los motivados deciden por los apáticos: hay una parte importante de votantes que, incluso en la situación más polarizada, está harta del maniqueísmo que proponen los dos liderazgos principales.

 

2. ¿Cuáles son los desafíos y oportunidades que estos resultados electorales le ofrecen al gobierno y a la oposición?

 

El gran desafío que tienen ambos bloques –así como todos los alcaldes– es hacer a los gobiernos locales competitivos, eficientes y ponerlos en sintonía con las necesidades de las comunidades que los eligieron. Es una excelente oportunidad para salir del estéril atolladero de la polarización. La oposición está obligada a replantear sus estrategias nacionales, más allá de lo electoral, puesto que no habrá citas electorales en los dos próximos años. Necesitan darle contenido y credibilidad a lo que ha llamado “la alternativa democrática” y este periodo abre un compás para hacerlo. Esto supone aumentar la organización y la movilización con objetivos específicos, como evitar la implementación del Plan de la Patria.

 

La organización, la protesta y la resistencia civil pacífica son los prerrequisitos de cualquier planteamiento de fondo. El propósito de la organización y la protesta debería ser presionar al gobierno para abrir el diálogo nacional, obligándolo a desechar las soluciones antidemocráticas. No necesariamente salir del gobierno. En ese sentido, el llamado a una Asamblea Constituyente es palpablemente prematuro y está fuera de sintonía con esta necesidad.

 

Por el lado del gobierno, Maduro ha planteado, en el ámbito local, expandir la creación de los gobiernos paralelos a la usanza de las instancias representadas por Jacqueline Farías y Elías Jaua. Estos paragobiernos son un castigo insólito y repudiable contra quienes han elegido legítimamente a sus gobernantes. Ése es un camino que debe ser abandonado de inmediato, porque sólo significa la destrucción de las capacidades y los alcances de la gestión local democrática. Es difícil que lo haga, porque la troika gobernante necesita hacerle sentir a la alianza cívico-militar que la sustenta que no tolerará ninguna amenaza que la ponga en peligro. Pero si el gobierno lee los resultados con cuidado debería anotar y prestarle oídos al recado de las ciudades: si el chavismo quiere reiventarse –si es que le da la gana, digo– tiene que cambiar dramáticamente su discurso antiurbano y anticlase media.

 

Las ciudades son los crisoles de la clase media y seguirán representando por mucho tiempo las aspiraciones de una vida mejor que el interior rural cada vez ofrece menos. Porque, pese a lo destrozadas que están las urbes venezolanas, las ciudades concentran el trabajo, los estilos de vida, el entretenimiento, la innovación, el desarrollo personal a través de la educación, las posibilidades de progreso y de realización y las sensaciones de modernidad. De ahí que la pobreza en las ciudades siga todavía representando una oportunidad, una promesa de mejora y superación personal. La oposición, al menos discursivamente, parece estar interpretando mejor esta pulsión. Pero no hay duda de que hay también ahí una oportunidad para el gobierno.

 

3. Luego de estos resultados, ¿qué espera, desde el punto de vista político, del 2014?

 

De acuerdo con todos los análisis de los gurúes, santeros, babalaos y asesores del gobierno y la oposición, 2014 será un año de grandes complicaciones económicas. El gobierno tiene muy pocas barajas con que jugar. Baraja #1: comenzar abrir el espacio de coexistencia para poder corregir la economía contando con el apoyo de la oposición (un proceso que de todos modos es muy difícil de construir). Baraja #2: profundizar la radicalización para implementar el Plan de la Patria por la vía de los poderes especiales adquiridos por Maduro, algo que llevaría a mayor conflicto y represión. Baraja #3: Mantener el statu quo maniobrando un ajuste económico gradual.

 

Los escenarios 1 y 3 cuentan con muy poco margen de realización. El escenario 2 es el más probable, de acuerdo con la lógica de la acumulación de poder que el gobierno ha venido desarrollando en todo 2013.

 

Para mantener el control de la sociedad venezolana, el gobierno plantea dar un nuevo gran salto hacia el Estado socialista implementando el Plan de la Patria. De triunfar, esta propuesta sólo traerá en un corto y mediano plazo más penurias generales, dependencia del Estado y estancamiento al país. Debo aclarar que esto no se debe necesariamente al adjetivo socialista, pues esta acepción es una antigualla trasnochada proveniente de experimentos probadamente fallidos de economía planificada, en estados totalitarios como Cuba y la Unión Soviética, que muy poco tiene que ver con una noción dinámica y democrática de socialismo. Frente a este nefasto segundo escenario, la oposición debe organizar una resistencia civil y pacífica para obligar al gobierno a descartar este objetivo y realinear la dinámica política en un rumbo constructivo.

 

 

Las elecciones en Venezuela

Fabiola Sánchez y Jorge Rueda

9 de diciembre de 2013

 

Chavismo obtiene más votos en municipales y oposición gana plazas importantes

 

El mapa político de Venezuela, teñido casi totalmente en 2008 por el rojo de la alianza dirigida por el entonces presidente Hugo Chávez, experimentó un cambio notable de color bajo el mando de su sucesor Nicolás Maduro luego que la oposición le arrebatara al oficialismo la capital del estado natal de Hugo Chávez, Barinas. La oposición también ganó las alcaldías de las cinco ciudades más pobladas del país.

 

Contabilizado el 97,50 % de las mesas de votación “con resultados irreversibles” en 18 los 23 estados venezolanos y el Distrito Capital en las elecciones municipales del domingo, los aliados de Maduro ganaron 196 municipios en disputa, mientras que los candidatos de la oposición se alzaron con el triunfo en al menos 53.

 

“La revolución bolivariana continúa ahora con más fuerza”, dijo Maduro desde la céntrica Plaza Bolívar al celebrar los resultados que consideró como una “gran victoria”, y minimizar la pérdida de las alcaldías de las ciudades grandes.

 

“No pudo la guerra económica contra nuestro pueblo”, dijo el gobernante. Durante las últimas semanas Maduro y otros dirigentes oficialistas señalaron a la oposición de estar promoviendo planes de sabotaje en la economía y el sector eléctrico, controlados por Estado, para afectar la imagen del gobierno de cara a las elecciones municipales.

 

La presidenta del Consejo Nacional Electoral, Tibisay Lucena, catalogó exitoso el proceso al reportar una participación de 58,92%.

 

En las elecciones regionales la abstención históricamente alrededor se ha ubicado en el 50%.

 

El gubernamental Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) sumó al menos 4,5 millones de votos, mientras que la llamada Mesa de La Unidad (MUD), conformada por partidos de izquierda, conservadores moderados y tradicionales, obtuvo 4,2 millones.

 

“De los 335 municipios ya tenemos irreversibles 257, lo cual representa el 77%”, dijo Lucena en un mensaje transmitido a la nación por radio y televisión.

 

“El Partido Socialista obtuvo la votación de 4.584.477 (44,16, mientras que la MUD 4. 252.082 (40, 96%). El PCV (Partido Comunista) 167.049 (1,6%) y otras organizaciones política 1.376.056 (13, 26%)”, dijo.

 

La oposición venció en la capital del estado natal de Chávez, fallecido el pasado 5 de marzo, y las ciudades de Maracaibo, Valencia, Barquisimeto, San Cristóbal, Mérida — que incluye cinco de las ciudades más pobladas del país— además el opositor Antonio Ledezma retuvo la alcaldía mayor de Caracas con 50,81% de los votos escrutados.

 

También retuvieron la capital del estado insular de Nueva Esparta, Asunción, informaron las autoridades electorales.

 

Valencia, Barinas y Barquisimeto que estaban en poder del oficialismo pasaron a manos de algunos de los más enconados adversarios del presidente Maduro. El candidato oficialista, Jorge Rodríguez, fue reelecto como alcalde del municipio capitalino Libertador, asiento de los poderes públicos venezolanos, con 474.227 votos; un 54,55% de la votación.

 

El alcalde mayor reelecto de la región metropolitana de Caracas, Antonio Ledezma, llamó la noche del domingo a un reencuentro entre los venezolanos y al respeto entre los bandos.

 

“Venezuela no quiere más odio. Nadie, ninguno de nosotros tenemos derecho a dividir a Venezuela. Este país quiere reencontrarse con su verdadera esencia”, dijo Ledezma durante un acto en el comando opositor donde estuvo acompañado de algunos dirigentes opositores. “Tenemos que comenzar por respetarnos unos a otros. Venezuela necesita de un liderazgo que la conduzca por la senda de la convivencia”.

 

En estos comicios se elegían 335 alcaldes, 2.455 concejales en la capital y los 23 estados del país, y las alcaldías metropolitanas de Caracas y del Alto Apure, en el suroeste del país.

 

Se esperaba la participación de unos 19 millones de electores en la contienda electoral.

 

Más allá de su gestión como alcalde, Jorge Rodríguez ha sido blanco permanente de las críticas de grupos opositores, que lo acusaron en su momento de ser parcial hacia Chávez cuando se desempeñaba como presidente del Consejo Nacional Electoral.

 

El funcionario dijo entonces que las denuncias eran “falsas” y tenían el propósito de desacreditar el sistema electoral.

 

Pero en las elecciones legislativas de diciembre de 2005, organizada durante su gestión, fueron manchadas por el retiro de los principales partidos opositores que argumentaron falta de transparencia en el proceso. En consecuencia, los aliados al presidente Chávez lograron entonces la totalidad de los 167 escaños de la Asamblea Nacional.

 

En diciembre de 2006, Chávez fue reelegido por abrumadora mayoría para gobernar el país hasta 2013 y un mes después de su reelección, el gobernante anunció la designación de Rodríguez como su vicepresidente, cargo que dejó en 2008 para postularse como alcalde.

 

Lucena indicó que los cómputos finales de otros cinco estados serán anunciados más adelante y que las cifras serán comunicadas cuando éstas sean “irreversibles”.

 

El certamen electoral se desarrolló de forma pacífica en todo el país con excepción de un incidente violento en el estado occidental de Trujillo, donde una mujer murió baleada pero no estaba claro si la muerte estaba relacionada con motivos políticos.

 

El proceso de votación, que estaba previsto que tardara unas 12 horas y se esperaba cerrar a las 6 p.m. hora local, se extendió en algunos centros debido a la presencia de electores en las filas, informó a la prensa un directivo del Consejo Electoral.

 

“La paz del país está garantizada”, dijo Maduro, horas antes, al informar a la prensa que el proceso electoral se estaba desarrollado con normalidad. “He tomado todas las medidas para evitar las loqueras de los que siempre conspiran”.

 

Luego de sufragar en una escuela pública del oeste de la capital, Maduro exhortó a los venezolanos a votar para “garantizar la victoria de la paz”.

 

El mandatario aprovechó para recordar al fallecido Hugo Chávez y enfrentaba por primera vez el reto político de ser el jefe del movimiento oficialista.

 

El mandatario fue electo presidente el pasado 14 de abril en unas disputadas elecciones en las que superó por 224.739 sufragios al opositor Henrique Capriles, que desconoció la victoria oficial y alegó un supuesto fraude.

 

Las elecciones se convocaron tras la muerte en marzo de Chávez, que falleció luego de casi dos años de combatir un cáncer.

 

Para hacer frente a la galopante inflación y el severo desabastecimiento de algunos alimentos y productos básicos, en las últimas semanas Maduro ha intensificado una política de control de precios, vigente desde hace una década, y ha decretado rebajas en los precios de algunos bienes.

 

“Esta es la hora de los valientes, esta es la hora de demostrar nuestro coraje, nuestra fuerza”, dijo Capriles a la prensa, a la salida de su centro de votación en el este de Caracas, al llamar a los electores a votar, y a vencer lo que consideró como “la campaña más abusiva de quienes tienen el gobierno”.

 

El líder opositor, de 41 años, criticó con dureza a Maduro, a quien acusó de incurrir en un proselitismo “descarado” al acudir a su centro de votación y aparecer ante las cámaras de televisión con los candidatos oficialistas a las alcaldías de los municipios capitalinos. “Maduro hoy hizo campaña electoral... campaña descarada”.

 

“Siempre hemos respetado los resultados cuando los resultados son el reflejo de lo que el pueblo ha expresado con sus votos, y así va hacer”, dijo Capriles, al ser preguntado si la oposición aceptará los reportes finales del Consejo Electoral.

 

 

 

La dimensión internacional del 8D venezolano

Fernando Mires

3 de diciembre de 2013

 

La radio transmitía las noticias sobre Ucrania y yo cortaba una zanahoria en trozos para aderezar al salmón, hecho que me incitó a pensar en Derrida y su concepto de la deconstrucción lo que es algo parecido a cortar en trozos una tesis para aderezar una idea.

 

La tesis excepcionalmente inteligente que transmitía la radio era que los miles de manifestantes de Kiev al luchar por el ingreso de Ucrania en la UE, luchan a la vez por la independencia nacional en contra de dos autocracias, la  de Putin y la de Yanukóvich. Es decir, se trataría, la que tiene lugar en Ucrania, de una lucha nacional, democrática y popular, con repercusiones locales e internacionales.

 

La idea contiene tres trozos: a) el ingreso a la UE de Ucrania b) su independencia nacional y c) su lucha democrática en contra de la autocracia. Pero el análisis del comentarista llegó, lamentablemente, solo hasta ese punto. Si hubiera continuado podría haber concluido en que la misma lucha de los ucranianos está teniendo lugar, bajo otras formas y condiciones, en diversos lugares del mundo. Expliquemos:

 

Hasta las postrimerías del siglo XX las luchas democráticas se dirigían en contra de dos enemigos fundamentales. En Europa del Este en contra de las Nomenklaturas comunistas. En Sudamérica en contra de las dictaduras militares. Hoy en cambio las luchas democráticas se dirigen en primera línea en contra de autocracias dictatoriales o tendencialmente dictatoriales. Dichas autocracias (también llamadas neo-dictaduras) poseen asombrosos rasgos comunes.  A riesgo de esquematizar, nombremos los principales.

 

1. La gran mayoría proviene de movimientos populares y populistas, carácter que pierden dentro del Estado, pasando a conformar una nueva oligarquía o clase políticamente dominante.

 

2. Por lo general se encuentran articuladas en torno a la figura de un caudillo carismático.

 

3. Desde el poder son destruidas las organizaciones sociales horizontales en función de la creación de un orden corporativo (vertical).

 

4. La división de poderes, rasgo más distintivo de la democracia occidental, tiende a desaparecer. En todos los casos el poder judicial se transforma en un aparato al servicio del autocratismo.

 

5. El partido del gobernante será convertido en un Partido-Estado.

 

6. Los opositores son transformados en enemigos irreconciliables. No hay lugar para el dialogo político.

 

7. El caudillo impone de modo anticonstitucional la reelección indefinida.

 

8. La prensa opositora es acallada y entregada al monopolio estatal.

 

9. El ejército es transformado en brazo militar del Partido-Estado.

 

10. Las elecciones son usadas como medio plebiscitario de legitimación del poder autocrático. No obstante y esto es lo más importante son el talón de Aquiles de las autocracias. Pues si los fraudes electorales son totales, desaparece la diferencia entre autocratismo y dictadura militar clásica. Y si son parciales, la autocracia arriesga el peligro de ser derrotada.

 

Son tantas y tan parecidas las nuevas autocracias, que resulta imposible hablar de casualidad. Ellas, además, están repartidas a lo largo del mundo. Ucrania no es el único satélite autocrático girando alrededor de la autocracia mayor: la Rusia de Putin. Hay que sumar a casi todas las naciones que ayer formaron parte del imperio soviético, exceptuando a las bálticas. Estamos, para decirlo de una vez por todas, frente a la reconstrucción geopolítica de una nueva URSS, camuflada esta vez en la forma de Unión Euroasiática. El problema es que hay naciones post-soviéticas cuya ciudadanía quiere ser más europea que asiática. Entre ellas Ucrania.

 

Putin hará lo imposible para que la europeización política de Eurasia no tenga lugar y lo más probable es que recurrirá, siguiendo la antigua línea de la URSS, a invasiones armadas.

 

Pero no se trata solo de un fenómeno post-soviético. Diferentes gobiernos africanos acusan las mismas características autocráticas. Quizás el caso más representativo es el Zimbabwe del dictador Mugabe, quien fuera, como tantos grandes asesinos del pasado reciente, amigo íntimo del presidente Chávez.

 

América Latina ha sido campo fértil para las nuevas autocracias. Durante el primer decenio del siglo XXI, la impresión generalizada era que ellas constituirían el modo de dominación hegemónico en el continente. Bajo la capitanía ejercida por los Castro y Chávez, naciones como Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Honduras, Paraguay e incluso, en parte, Argentina, adoptaban las principales formas del nuevo modelo de dominación. Así, mientras la anti-democracia del siglo XX estuvo representada por militares como Pinochet y Videla, las autocracias del Siglo XXl tenía sus principales adalides en Chávez, Morales, Ortega y en menor medida, Correa.

 

Sin embargo, el avance del autocratismo latinoamericano ha experimentado serios reveses a partir del inicio del segundo decenio del siglo XXI. En Perú la presión democrática logró la “conversión” de Ollanta Humala de acérrimo chavista a gobernante republicano. En Paraguay, después del desalojo del prolífico Fernando Lugo, volvieron a través de la vía electoral los conservadores al poder. Las elecciones legislativas del 2013 en Argentina han bloqueado las posiciones autocráticas que anidaban en el peronismo cristinista. En noviembre de 2013 la versión chavista hondureña del latifundista Manuel Zelaya fue electoralmente derrotada. Y si esa tendencia se mantiene, podría suceder que en las elecciones municipales de Venezuela, convertidas por fuerza de las circunstancias en un plebiscito, tenga lugar el frenazo decisivo. Ahí radica la dimensión internacional del 8D venezolano.

 

La posibilidad existe, pero no es todavía realidad. Dos son los grandes obstáculos que la oposición venezolana deberá vencer en los pocos días que faltan para la elección.

 

El primer obstáculo es el fraude. Un fraude que existe en los centros de votación pero no en el conteo automático, hecho en el cual han insistido los dirigentes de la MUD, verdadero Frente Popular que ya sirve de modelo a la oposición nicaragüense y boliviana.

 

El segundo obstáculo es el abstencionismo alentado por dudosos personajes enquistados en la oposición; algunos unltraderechistas y golpistas; otros, al servicio objetivo del madurismo; no faltando irresponsables y resentidos, ni tampoco mariscales sin ejército y estrategas sin pueblo. El daño que ellos podrían causar a la posibilidad democrática es inconmensurable.

 

Si la MUD y el conjunto de la oposición logran superar esos dos obstáculos, una nueva era habrá comenzado en América Latina. Una nueva era que agradecerá, antes que nadie, la disidencia democrática de Cuba.

 

¿Y si no es así? Pues, habrá que comenzar de nuevo. La democracia suele ser obra de quienes poseen el temple de un Sísifo. O, por lo menos, el de los ucranianos.

 

 

Punto de inflexión

Luis Manuel Esculpi

3 de diciembre de 2013

 

Luego de los comicios del próximo domingo, la Alternativa Democrática se encontrará frente a nuevos retos en un período donde la lucha no se desarrollará en el escenario electoral y nos exigirá actuar con mucho ingenio, firmeza y aplomo para superar la opacidad de estos años y despejar el paisaje

 

Es cierto que con la participación en las elecciones del próximo domingo “no se van a resolver los problemas del país”, como muy a la ligera argumentan algunos escépticos y abstencionistas. Nadie en su sano juicio puede imaginar tamaño disparate. Sin embargo, este proceso tiene una importancia trascendental.

 

Además de la elección de 337 alcaldes e igual número de concejos municipales, que es la razón de su convocatoria, en el actual escenario político este será un proceso, como es lógico suponer, que repercutirá decisivamente en el ámbito de la política nacional, porque en esta particular coyuntura sus resultados pueden dibujar la nueva correlación de fuerzas existente.

 

Por supuesto que el gobierno tiene conciencia de ello y por tanto ha empleado al máximo los recursos a su alcance y nuevamente ha hecho gala del grosero y abusivo ventajismo y uso de los dineros públicos en sus campañas en todo el país.

 

Las proyecciones indican que los sectores democráticos pueden triunfar en las municipios de las capitales y en algunas ciudades donde se concentra el mayor número de electores, como San Cristóbal, Mérida, Maracaibo, Coro y Punto Fijo, al igual que Barquisimeto, Barinas, San Juan de los Morros, Valencia, la mayoría del Área Metropolitana de Caracas, Barcelona y Puerto La Cruz, Ciudad Bolívar, Cumaná, Carupano, Porlamar y Puerto Ayacucho. Sin mencionar otros importantes municipios donde igualmente el oficialismo puede ser derrotado.

 

Si los resultados se aproximan a estos pronósticos la oposición puede tener una victoria contundente al alcanzar posiciones de primer orden en el Poder Municipal y obtener la mayoría en el voto nacional.

 

Ello es posible si se concurre masivamente a votar y se reduce sustancialmente la abstención en el campo opositor. Sería un punto de inflexión en el trayecto de consolidación y ampliación de la nueva mayoría, decisivo en lo adelante para asumir la lucha por el cambio en mejores condiciones y posibilitar así la salida democrática y constitucional.

 

Todo indica que la crisis general que vivimos no se resolverá en el próximo tiempo, el país requiere un cambio de rumbo, y dudamos que el actual gobierno sea capaz de emprenderlo, por lo que la tendencia será a agudizarse, sencillamente por la inviabilidad del modelo que se empeñan en imponer.

 

Luego de los comicios del próximo domingo, la Alternativa Democrática se encontrará frente a nuevos retos en un período donde la lucha no se desarrollará en el escenario electoral y nos exigirá actuar con mucho ingenio, firmeza y aplomo para superar la opacidad de estos años y despejar el paisaje.

 

Al hacerlo seremos consecuentes con el compromiso contraído en la lucha democrática para relanzar a Venezuela hacía nuevos horizontes promisorios para todos. Ello es posible, depende de nosotros, de todos nosotros. No hay que escatimar esfuerzos para alcanzar estos nobles objetivos.

 

 

Honduras en su laberinto

Carlos Malamud

1 de diciembre de 2013

 

Honduras es uno de los países más violentos de América Latina (y del mundo) y también el más pobre de la región, junto con Nicaragua, Guatemala y el caribeño Haití. Sin embargo no suele ocupar el centro de la atención informativa internacional, una norma que se rompió en junio de 2009 cuando el entonces presidente Manuel “Mel” Zelaya fue destituido de su cargo .

 

El empeño de Zelaya por modificar la Constitución hondureña y ser reelegido siguiendo un patrón continental muy en boga lo llevó a forzar las leyes y el equilibrio institucional. La deriva bolivariana hondureña marcaba también el pico máximo de expansión del proyecto hegemónico latinoamericano de Hugo Chávez y el ALBA. Contando con el apoyo económico y político de Venezuela, y posteriormente incluso del presidente brasileño Lula da Silva, Zelaya pudo enfrentarse a los poderes tradicionales de su país, de cuyo riñón, paradójicamente, formaba parte.

 

En 2011 la sui generis normalización política de Honduras permitió su retorno del exilio forzoso en que vivía. Zelaya se propuso entonces volver a ocupar el centro de la vida política nacional, ya fuera directamente o a través de su esposa Xiomara Castro. Tras un período de dudas en que no se sabía a ciencia cierta si quería conquistar el liderazgo del tradicional Partido Liberal al que había pertenecido se decidió a fundar una nueva agrupación.

 

Finalmente, en octubre de 2011 surgió el Partido Libertad y Refundación (Libre) que en febrero del año siguiente designó a Castro como candidata electoral. En ese momento partía con grandes opciones para triunfar en las elecciones presidenciales de noviembre de 2013, un punto en el que coincidían las predicciones de todas las encuestas. Comenzó así lo que parecía un paseo militar que le permitiría al matrimonio Zelaya reconquistar el poder político.

 

Dos factores distintos impidieron que semejante objetivo se llevara a cabo. Uno estrictamente hondureño. Después de la tormentosa y disputada nominación de Juan Orlando Hernández (JOH) como candidato del conservador Partido Nacional, pocos confiaban en que el presidente del Congreso pusiera orden en el partido y conquistara el favor de sus seguidores. Pero eso fue lo que hizo. A pocas semanas de la elección y después de numerosos meses de haber ido por detrás en las encuestas se comenzó a hablar de un empate técnico. Pero mientras Hernández continuaba su constante ascensión, Castro había llegado al máximo de sus apoyos.

 

El otro factor, de alcance continental, provocado por la muerte de Hugo Chávez y la terrible crisis política y económica venezolana. Muy a su pesar, el gobierno de Nicolás Maduro no se puede dar las mismas alegrías que su predecesor, incluyendo la financiación de campañas electorales latinoamericanas. Entonces eran “normales” episodios como el protagonizado por Antonini Wilson y su peculiar valija (maleta), cargada con 800.000 dólares en billetes para financiar la campaña de Cristina Fernández. Es bastante posible que en esta oportunidad y sin esos recursos vitales las opciones de Castro se hayan debilitado.

 

Tras la elección, el recuento de los votos fue sumamente lento, aunque desde la misma noche del domingo 24 de noviembre la diferencia entre los dos principales candidatos a partir de las primeras cifras oficiales consistentes anunciaba un resultado incontrovertible. Con el 96% de los votos escrutados, el 30 de noviembre el Tribunal Supremo Electoral finalmente proclamó oficiosamente a Hernández como el vencedor en la carrera presidencial. Los casi 250.000 votos que separan a Hernández de Castro, cerca de un 8%, es una distancia demasiado amplia como para hablar de fraude generalizado.

 

Cuando todavía faltan 600 mesas por escrutar, en virtud de las inconsistencias de las actas, los resultados oficiales son los siguientes: Juan O. Hernández, Partido Nacional, 1.100.324 votos (36,70%); Xiomara Castro, Libre, 862.963 (28,78%); Partido Liberal, 607.794 (20,27%); Partido Anticorrupción, 408.324 (13,62%). Los otros partidos menores obtuvieron cifras más pequeñas: Alianza Patriótica Hondureña, 6.082; Demócrata Cristiano, 5.204; Partido Innovación y Unidad, 4.541 y UD/Faper, 3.201.

 

Esta dispersión del voto se trasladó a las elecciones legislativas. Con un par de diputados que todavía pueden cambiar de grupo en función de la asignación definitiva de escaños, el Congreso tendrá 48 diputados del Partido Nacional, 39 de Libre; 25 del Partido Liberal; 13 del Partido Anticorrupción y los partidos Demócrata Cristiano, Unificación Democrática e Innovación y Unidad un diputado cada uno.

 

Este panorama no sólo certifica la defunción del sistema bipartidista tradicional, sino también dificulta la gobernabilidad del país y obliga a formar alianzas parlamentarias. Pese a sus diferencias, es bastante probable la confluencia del Partido Liberal y el Nacional oficialista, con el fin de impulsar su plan de gobierno y frenar algunas de las reformas que puedan proponer los representantes de Libre.

 

Si bien horas antes de la elección todos los candidatos se comprometieron sin reservas a admitir el resultado de las urnas, esto finalmente no fue así. La misma noche electoral Xiomara Castro se autoproclamó vencedora legítima de los comicios. Cuando comenzaron a difundirse los boletines del TSE ya emergieron las primeras denuncias de fraude. Finalmente, el viernes 29, Castro se negó a aceptar la legitimidad de un gobierno producto de un “bochornoso asalto” y pidió la “revisión y constatación acta por acta en cada una de las 16.135 mesas electorales”.

 

Si bien el TSE aún no se ha pronunciado sobre las denuncias de fraude es posible que lo haga al final de esta semana. Sería necesaria una rotunda manifestación de apoyo a la legalidad. Los serios problemas económicos, sociales y políticos del país requieren un gobierno y una oposición centrados en proponer soluciones a los mismos y a actuar en consecuencia. Si Honduras continúa ensimismada en torno a estériles denuncias procedimentales es muy difícil que algún día pueda salir del cruel laberinto en que actualmente se encuentra.

 

 

Venezuela,  Petkoff: “No nos van a intimidar”

Xabier Coscojuela

30 de noviembre de 2013

 

Una caricatura publicada en TalCual, el pasado martes, ilustrando un artículo de Marco Negrón desató las iras del madurismo. Teodoro Petkoff, director de este diario, advierte que en el caso de TalCual se equivocan de medio a medio pues seguirá diciendo las cosas claro y raspao

 

Una caricatura publicada en TalCual, el pasado martes, ilustrando un artículo de Marco Negrón desató las iras del madurismo. A Teodoro Petkoff, director de este diario, la reacción de Jorge Rodríguez le sorprende, pero la actuación de la bancada del PSUV en la Asamblea Nacional la enmarca dentro de las acciones que viene llevando adelante el Gobierno para tratar de intimidar a la prensa escrita. Aclara que en el caso de TalCual se equivocan de medio a medio pues seguirá diciendo las cosas claro y raspao.

 

–Cómo director del diario ¿qué piensa de este nuevo ataque?


­–Yo no sé qué extraño fenómeno ocurre entre muchos chavistas a quienes uno conoció como dotados de buen humor y que lo han perdido hasta extremos que los hacen irreconocibles para sus antiguos amigos. Tal es el caso de Jorge Rodríguez con quien solía mantener una buena amistad y quien ha reaccionado de manera destemplada ante una caricatura sobre él en las páginas de opinión de este diario que lo representaba atravesado por dos flechas adornadas con un pequeño corazón en alusión a su bastante cursi eslogan en el cual expresa amor por Caracas.

 

–¿Qué pretenden el Gobierno y el alcalde Rodríguez con este escándalo?

 
­–Francamente no entiendo bien qué es lo que se pretenden. Jorge tiene que estar consciente de que ante una caricatura, expresión humorística por excelencia, su reacción luce destemplada, fuera de foco, uno diría que tan humorística como la caricatura de marras. Tal vez habrá pensado Jorge que la oportunidad le brindaba la ocasión se hacerse un poco de propaganda electoral. De otro modo no se entiende una reacción tan truculenta. Es obvio que el caricaturista jamás imaginó que su ilustración pudiese dar lugar a violencia real alguna contra al alcalde y mucho menos contra su familia. En ese sentido las declaraciones de Earle Herrera llevan esto al delirio. Agreguemos que todos los personajes públicos estamos expuestos a la opinión pública de la cual forman parte el humor y la caricatura. Esto es esencial a la vida democrática. Y en Venezuela tiene una tradición muy larga, hasta en los tiempos de la atroz dictadura de Juan Vicente Gómez, Leo se atrevía a mamarle el gallo al régimen. Yo creo que a Jorge Rodríguez se le volaron los tapones.

 

–¿Y qué opina de la intervención de la Asamblea Nacional?


­–Ya esto es el colmo, el absurdo. Que supongo debe despertar cierto asombro risueño entre sus colegas de América Latina y el mundo, que un hecho tan nimio sea objeto de consideración. Se nota que la delegación habilitante los ha dejado tan ociosos que se ocupan de las cosas más triviales. Otro ejemplo de esto es la citación a comparecer ante la Asamblea al cantante Guillermo Dávila por una pita en un automercado al actor Roque Valero, valido del régimen. Habrá que recordar que tal preocupación por la banalidad contrasta con el sistemático rechazo a discutir los temas realmente importantes del país, el último de ellos nada menos que la escasez.

 

–Este es el octavo ataque oficial a TalCual...

 
­–Idéntico a los siete anteriores en su arbitrariedad y carencia de motivos serios para emprenderla contra un medio de comunicación. Así como nos enfrentamos a los siete anteriores así nos batiremos por este. En el fondo esta intervención de la Asamblea está dirigida a tratar de intimidar a la prensa crítica, por lo que a nosotros respecta se equivocan de medio a medio. Esto es parte de la intensificación de la política del gobierno de Maduro de acallar, por diversas vías, la opinión opositora. Sin duda. El ataque a TalCual no es un hecho aislado, forma parte de lo que ya luce como un plan sistemático contra la libertad de expresión que es lo que en definitiva está en cuestión. Maduro quiere una prensa sumisa.

 

 

Venezuela Embalado al comunismo

30 de noviembre de 2013

 

A 10 días del 8D, el presidente Nicolás Maduro anunció nuevas medidas en su lucha contra la “especulación” y reclamó la detención de los comerciantes que hayan subido los precios de sus productos tras ser inspeccionados.

 

Faltando poco para las elecciones municipales que la oposición ha planteado como un plebiscito a su gestión y rodeado por todo su gabinete en el Palacio de Miraflores, Maduro llamó en cadena de radio y televisión a emprender una “revolución económica”. con el fin de proteger a la “clase media productiva”.

 

“Es una revolución económica la que tenemos que hacer, un nuevo modelo económico productivo, tenemos con qué, sabemos cómo (...) y nada ni nadie nos va a detener en el impulso que tenemos de colocar como centro de nuestra gestión en este Gobierno la revolución económica”, señaló.

 

Todo esto con el objetivo de “proteger a la clase media productiva” para resguardar su “salario” y sus “condiciones de vida”, manifestó.

 

“Me quiero convertir, y ya me estoy sintiendo, en el presidente obrero protector de la clase media productiva, de la clase media decente, en el presidente de la clase media”, dijo para luego pedir a la ciudadanía que deje sus diferencias a un lado. “No podemos dormirnos compatriotas, la revolución debe cambiarlo todo, todo lo que está mal hecho debemos cambiarlo a favor de quienes trabajan”, agregó.

 

Poco antes Maduro había pedido que se detenga a los comerciantes que subieron los precios de sus productos tras haber recibido la orden de su Gobierno de bajarlos y después de las inspecciones que se han hecho para confirmarlo.

 

“A partir de mañana, sábado 30, todas las inspecciones que se hagan donde se llegue y se demuestre ampliamente que ha habido remarcaje de precios luego de la inspección o que a pesar de toda esta jornada nacional se sigue cobrando de manera fraudulenta, precios especulativos (...) se actúe con toda la severidad de la ley”, dijo Maduro.

 

El presidente exhortó a “todos los organismos del Estado que hacen justicia” a que “se proceda inmediatamente con la Fiscalía y la ley a detener a los responsables” de esos comportamientos.

 

“Hay que ser muy firmes ante los reincidentes”, dijo tras recordar que hoy se cumplen 23 días desde que inició “la ofensiva económica” para bajar los precios de los productos con la orden de ocupar una red de tiendas de electrodomésticos a la que acusó de especular.

 

Maduro ordenó entonces, además, inspeccionar las tiendas de ese ramo económico para verificar los márgenes de ganancia, algo que fue ampliando a otros sectores en los que se han ido haciendo los mismos operativos para establecer lo que el Gobierno considera “precios justos”.

 

El presidente recurrió a los poderes especiales recientemente recibidos para decretar, además, que el precio máximo del alquiler de los locales comerciales no podrá superar los 250 bolívares (39,7 dólares) por metro cuadrado.

 

Dijo que el decreto “es urgente” y de carácter transitorio hasta que se establezca una ley que regularice la materia y que “permita que se desaten las fuerzas productivas sanas de la nación (...) no fuerzas productivas especulativas y ladronas”.

 

Al mismo tiempo dejó la puerta abierta a realizar algunas “diferenciaciones”, según sea el caso. Aprovechó también su intervención para reiterar sus críticas a Consecomercio (Consejo Nacional de Comercio), a la mayor patronal del país Fedecámaras y a la Cámara Venezolano Americana (Venamcham), a quienes acusó de dirigir esta supuesta guerra “en estrecha alianza con factores de poderes económicos internacionales”.

 

En medio de la ola de consumo para aprovechar los precios rebajados, Maduro pidió a los venezolanos ahorrar. El Gobierno buscará “estimular el ahorro” con un incremento de 3,5 puntos porcentuales a la tasa actual de ahorro en las cuentas de particulares con saldos de 20.000 bolívares (3.175 dólares), cifra que, dijo, abarca al 93 % de los venezolanos. La tasa pasará de 12,5 a 16 %, muy inferior a la inflación, que ronda el 45 % en lo que va del año.

 

Entre el conjunto de medidas, el mandatario adelantó además que su Gobierno anunciará pronto una normativa para “bajar” el precio de los vehículos y acabar con la especulación en ese mercado.

 

La economía venezolana atraviesa una etapa de bajo crecimiento, 1,4 % en los tres primeros trimestres, alta inflación (45,8% hasta octubre) y escasez de bienes justo cuando el país se encamina a celebrar elecciones municipales este 8 de diciembre

 

ALQUILERES “JUSTOS”

Anunció hoy la aprobación de un decreto para regular el arrendamiento comercial que, entre otras cosas, prevé un precio máximo del alquiler de los locales comerciales de 250 bolívares (39,7 dólares) por metro cuadrado.

 

Maduro explicó que el decreto “es urgente” y de carácter transitorio hasta que se establezca una ley que regularice la materia y que “permita que se desaten las fuerzas productivas sanas de la nación (...) no fuerzas productivas especulativas y ladronas”.

 

 

El presidente venezolano indicó, al dar lectura al decreto en cadena obligatoria de radio y televisión, que los cánones de arrendamiento de inmuebles para actividad comercial “no podrán exceder de un monto mensual equivalente a 250 bolívares por metro cuadrado”.

 

Explicó que en la eventual ley, en la que trabajan con el propósito de “darle el regalo a Venezuela” de su aprobación antes de fin de año, se establecerán “todos los mecanismos para hacer las diferenciaciones del caso”.

 

“Algunos creerán que no son 250 bolívares el metro cuadrado, sino 50, está bien, vamos a conversarlo, otros creerán que es 400, no importa, diferencias siempre habrá, lo que tenemos que ir buscando es el punto de unión para la prosperidad colectiva”, dijo.

 

El decreto anunciado por Maduro prevé que los contratos de arrendamiento con cánones superiores actualmente en vigor “se entenderán automáticamente regulados en el precio indicado en este artículo”. “Estas son libertades económicas: garantizar la libertad al trabajo, garantizar la libertad de crear riquezas para el país”, señaló Maduro.

 

La norma también contempla la prohibición de fijar los cánones de arrendamiento en moneda extranjera; la valoración de activos o valor agregado intangible como valor o reputación; los ajustes periódicos del canon durante la vigencia del contrato, o los cánones o pagos sobre la base de porcentajes de ventas del arrendatario. Además, se prohíbe el arbitraje, la resolución unilateral del contrato, medidas de secuestro de bienes o la administración de esos contratos por empresas extranjeras.

 

Hace dos años, el Gobierno venezolano, entonces encabezado por Hugo Chávez, aprobó una ley de Arrendamientos de Inmuebles Urbanos rechazada por los propietarios por haber supuesto una reducción drástica de la oferta en el mercado.

 

Esa ley establecía también una serie de referencias que fijaba el valor máximo de un alquiler y la creación de una Superintendencia de Arrendamientos, por cuyo fuero pasa toda la relación entre dueños e inquilinos.

 

Maduro ha lanzado una ofensiva contra los altos precios en todos los renglones comerciales usando medidas coercitivas, incluida la ocupación por parte de militares de una cadena de electrodomésticos, para luchar contra los altos precios, que en su opinión son inflados de manera artificial por el empresariado, al que tilda de “parásito” y acusa de hacerle una “guerra económica”

 

 

Maduro conduce a Venezuela hacia el socialismo real

Alfredo Meza

30 de noviembre de 2013

 

El presidente venezolano regula por decreto alquiler de locales comerciales. Según analistas, la medida afectará a las empresas transnacionales que habían invertido en bienes inmuebles

 

El viaje hacia el socialismo real en Venezuela se profundiza. Este viernes el presidente Nicolás Maduro ha firmado un decreto que regula el cobro de alquileres en locales comerciales, los cuales, según dijo, fomentan en Venezuela relaciones feudales entre arrendadores y arrendatarios. La medida entrará en vigencia apenas se publique en la Gaceta Oficial extraordinaria antes del fin de semana y es la nueva decisión tomada en el marco de la llamada ofensiva económica del gobierno, iniciada hace tres semanas con la confiscación y remate de artículos de electrodomésticos que se venden en el país.

 

Maduro, fiel al estilo de su padre político Hugo Chávez, ordenó la difusión obligatoria de su mensaje a través de la televisión e hizo un largo prólogo de su decisión con algunas anécdotas y cifras. Comentó que en los centros comerciales se alquilan locales por precios muy elevados para la capacidad de pago de los comerciantes. Y luego, explicó, los arrendatarios cargaban a su inquilino una serie de incrementos dependiendo del volumen de ventas. “Si se retrasan en el pago del arriendo les cortan la luz. Y luego los multan si no abren a tiempo o si no cierran a la hora estipulada en el centro comercial”, agregó. El gobierno decidió entonces fijar el canon de arrendamiento en Bs 250 el metro cuadrado (29 euros al cambio oficial). El pago del condominio no podrá exceder el 25% del precio del alquiler.

 

La decisión es parte de los esfuerzos que hace el gobierno para que los precios de los bienes y servicios no escalen al ritmo de la frenética inflación (un 45,8% entre enero y octubre de 2013) ni se establezcan de acuerdo con el marcador del dólar estadounidense en el mercado negro, que multiplica por nueve el valor oficial de la cotización de esa moneda. En vez de atacar las causas que la originan el gobierno, preso de la herencia de la política económica del caudillo bolivariano, ha decidido atacar las consecuencias y pretende establecer un tope a las ganancias de los importadores y de la cada vez más escasas fuerzas productivas del país. Según cifras del Banco Central de Venezuela al cierre del tercer trimestre de 2013 apenas el 3,72% de lo que se exporta no pertenece al sector petrolero, que está controlado por el Estado.

 

En el criterio del jefe de Estado venezolano parte del aparato productivo nacional y su dirigencia, representada por los gremios Fedecamaras y Consecomercio, son “parásitos” que sólo quieren obtener dólares preferenciales para alimentar el mercado negro y enriquecerse con el diferencial cambiario. En parte eso es cierto. En Venezuela no hay estímulo para la producción debido por la apreciación de la divisa oficial, Muchos comerciantes envilecidos simulan la importación de bienes y otros sobrefacturan sus necesidades de materia prima con el objetivo de ponerle la mano a los dólares baratos.

 

Pero en ese lance el gobierno ha hecho tabla rasa y todos los empresarios y comerciantes están siendo sometidos a una cruel campaña de satanización en los medios oficiales, calificados como ladrones y usureros. La población ha recibido con beneplácito esas medidas en el entendido que en esta época, cuando pagan las bonificaciones de fin de año, el dinero les está alcanzando para comprar los obsequios de fin de año o para renovar los electrodomésticos del hogar. Los economistas advierten, sin embargo, que el jolgorio no durará muchos meses. “Y entonces se liberarán los demonios”, advierte el economista Asdrúbal Oliveros, socio director de la firma Ecoanalítica.

 

Los gremios de empresarios han respondido a esos señalamientos con un dato hasta ahora desconocido. Sólo el 2% de las empresas afiliadas reciben los dólares preferenciales de la estatal Cadivi, la instancia que autoriza la entrega de divisas a particulares y compañías. El dato hizo enfurecer a Maduro, que ha tomado la declaración de Jorge Roig, presidente de Fedecamaras, como un desafío a la ofensiva económica. “Aténgase a las consecuencias legales, señor Jorge Roig. Usted le ha declarado la guerra al país. No se declare perseguido político cuando se salga de la ley”, advirtió.

 

La medida de la regulación de la tarifa de alquileres no es nueva en Venezuela. En 2011 la Asamblea Nacional aprobó una Ley de Inquilinato que estableció topes al precio que los caseros pueden cobrar por rentar su propiedad. En la práctica esta decisión provocó que la oferta haya desaparecido, de acuerdo con los cálculos del presidente de la Cámara Inmobiliaria de Venezuela, Aquiles Martini, porque además la ley ha distorsionado la relación comercial hasta el punto de que hoy es casi imposible desalojar a un inquilino por medios legales. La ejecución de los juicios está suspendida por órdenes del Ejecutivo.

 

Esta vez la medida de poner límites al precio del arriendo afectará no sólo la construcción de nuevos centros comerciales, sino incluso a las grandes transnacionales que operan en el país. Imposibilitados de repatriar las ganancias debido al control de cambios y a la decisión de Cadivi de no aprobar esas operaciones, las filiales han optado por protegerse de la devaluación comprando locales comerciales, galpones y pisos en exclusivos edificios para luego rentarlos. A estas grandes empresas, que, de acuerdo con cálculos de la firma Ecoanalítica representan 4% del universo empresarial del país, comienza a cerrárseles lo que los economistas llaman mecanismos de cobertura. “Cada vez esas compañías nadan en bolívares con pérdidas crecientes”, advierte Oliveros. “Son más de 15 mil millones de dólares en dividendos represados desde 2009”, precisa.

 

Maduro parecía molesto por la forma cómo el empresariado ha acatado la orden de bajar los precios. Reveló que de 1.705 establecimientos fiscalizados por el gobierno apenas 1.4% había fijado precios justos, esto es, un margen máximo de ganancia de 30%. “El resto no tiene hueso sano”, explicó el gobernante con una imagen que quizás alude al cáncer que carcome a la economía venezolana. El Presidente asegura que “no está jugando” en su esfuerzo de fijar precios. Al tiempo que amenaza a los comerciantes también hace llamados más cordiales para que se acaten sus decisiones. Algo ha heredado del personaje del redentor que decía encarnar Chávez cada vez que anunciaba decisiones polémicas. “Me quiero convertir, y ya me estoy sintiendo, en el presidente obrero protector de la clase media en el país”.

 

 

Honduras o el fin del chavismo

Carlos Alberto Montaner

30 de noviembre de 2013

 

Las mejores encuestas lo advirtieron una semana antes. Juan Orlando Hernández, al frente del Partido Nacional, le sacaría entre 5 y 6 puntos de ventaja a Xiomara Castro, la mujer de Mel Zelaya, cabeza nominal del partido Libre. Y así fue: votó un 60% del censo electoral y JOH obtuvo el 35% de los sufragios. Xiomara Castro, como testaferro de su marido, recibió el 29%.

 

Los gritos de Mel son inútiles. Puede armar una permanente protesta pública, como Andrés Manuel López Obrador en México, pero el joven abogado Juan Orlando Hernández es ya el presidente electo de Honduras. Lo certificó el Tribunal Superior Electoral y le dieron el visto bueno la OEA, el Parlamento Europeo y el Centro Carter. Lo inteligente sería que Zelaya admitiera su derrota.

 

¿Por qué no lo hace? Afirman que Mel, electo diputado por su Olancho natal, está tratando de cambiar su pacífica aceptación de los comicios por la presidencia del Congreso. Si es cierto, no creo que lo logre. De los 128 diputados de la cámara –no hay senado– el partido oficial (Nacional) cuenta con 47, los zelayistas (Libre) 39, los liberales 26, Salvador Nasralla (PAC) 13 y otras 3 formaciones uno per cápita.

 

El pacto “natural” en el Congreso pudiera ser entre los nacionalistas de Juan Orlando Hernández y los liberales de Mauricio Villeda. Al fin y al cabo, esas dos formaciones, acompañadas por el Poder Judicial, acordaron desalojar del poder a Zelaya en junio del 2009, cuando Mel trató, torpemente, de llevar su país al bando chavista. Entonces, 111 de los 128 diputados —liberales y nacionalistas— votaron su destitución. Acaso vuelvan a coincidir.

 

Estas elecciones son mucho más importantes de lo que parecen. Finalmente, las preferencias políticas de los hondureños han podido contarse sin tapujos y se demostró que el chavismo, liderado por Zelaya, nunca alcanzó el 30% de respaldo popular. Era una loca y temeraria imposición tratar de arrastrar a los hondureños a un modelo político y económico rechazado por el 70% de la sociedad.

 

Como ahora se ha visto, la destitución de Zelaya no sólo respondió al ordenamiento constitucional. También expresaba la voluntad de una mayoría que no quería participar en la fallida aventura autoritaria del Socialismo del Siglo XXI.

 

Los hondureños, de algún modo, se adelantaron a su tiempo. El escandaloso mundillo de la ALBA está de capa caída tras la muerte de Hugo Chávez y el inocultable desastre venezolano. Resultó muy significativo que Daniel Ortega fuera una de las primeras voces que reconocieron el triunfo de Juan Orlando Hernández.

 

Por otra parte, Nicolás Maduro, Evo Morales, Rafael Correa y Raúl Castro se han mantenido en silencio, lo mismo que el chavismo vegetariano de la periferia democrática: Cristina Fernández de Kirchner, Dilma Rousseff y José Mujica. No han tenido la cortesía de felicitar pública y vivamente a JOH, pero tampoco se han sumado al coro de los deslegitimadores. Eso es moral de derrota.

 

Probablemente, el resultado de las elecciones hondureñas sea un ensayo general de lo que sucederá en Venezuela en la consulta del 8 de diciembre próximo. No son comicios presidenciales, sino municipales. Supuestamente, lo que está en juego son 335 alcaldías con sus aproximadamente dos mil quinientos concejales, pero, en verdad, se trata de una prueba del liderazgo y respaldo que posee Nicolás Maduro.

 

Si los venezolanos logran impedir las trampas, votan masivamente y consiguen que el gobierno no vulnere la voluntad popular —tres condiciones esenciales—, ocurrirá lo que anticipa el encuestador Alfredo Keller: el chavismo perderá por una decena de puntos y en casi todas las ciudades importantes se instalará la oposición.

 

Esa situación multiplicará sustancialmente la debilidad de Nicolás Maduro, un personaje nada respetado y poco querido por la sociedad, incluidos los chavistas cansados de un patético señor que habla con los pájaros, duerme junto a los restos de Chávez y no deja de hacer y decir tonterías. Pero la oposición, si obtiene la victoria, no puede dejar arrebatársela. Sería el fin de cualquier esperanza de salir de esa pesadilla pacíficamente.

 

 

¿Vende Venezuela el petróleo a “precio justo”?

Marianna Párraga y Enrique Andrés Pretel

29 de noviembre de 2013

 

El primer “precio justo” que obsesionó a Hugo Chávez fue el del petróleo. Mientras en casa jugaba a la ruleta rusa con la Economía, el ahora fallecido presidente venezolano no tuvo reparos en recurrir a los pecados del capitalismo salvaje que él mismo condenaba para exprimir al máximo el oscuro néctar que financiaría su revolución bolivariana.

 

“Nosotros, humildemente, creemos que ése (100-120 dólares) sea un precio justo”, fue su última estimación pública en diciembre de 2011, año en que la cesta local marcó un promedio récord de 101 dólares por barril (dpb) tras recuperarse a velocidad de vértigo del batacazo encajado en 2009 por la crisis económica global.

 

Desde hace unos años, los analistas coinciden en que la defensa del precio del crudo ya no es para Venezuela una simple cuestión de justicia, sino más bien de supervivencia.

 

Petróleos de Venezuela (PDVSA), lastrada por costos de extracción que han crecido aceleradamente, una nómina sobredimensionada y una onerosa misión política, se ha convertido prácticamente en el único sostén financiero del país caribeño.

 

Un barril de crudo pesado-medio, que es el que normalmente integra la cesta petrolera criolla, cuesta a boca de pozo el equivalente a 11,09 dólares. Ese mismo barril es vendido en puerto venezolano en unos 88 dólares, lo que deja a PDVSA una ganancia bruta en torno a un 87% si el comprador se encarga del flete.

 

Si el barril es refinado en el país, el costo de producción sube hasta los 16,71 dólares y su precio de venta en puerto, si se trata del combustible no terminado (mezcla para gasolina o diésel), se sitúa en torno a 105 dólares, con lo que la estatal obtiene un beneficio bruto cercano al 84%, según números extraídos de su balance financiero 2012.

 

De esa plusvalía, el Estado atrapa alrededor de 90% vía dividendos, regalías, aportes a los opacos fondos extrapresupuestarios y a las misiones, impuesto sobre la renta y contribución sobre los precios exorbitantes del crudo. En el ejercicio 2012, la utilidad neta que le quedó a la firma fue poco más del 3% de los casi 125.000 millones de dólares que vio ingresar a sus arcas.

 

Si la compañía no fuera PDVSA y el empresario no fuera el Estado, estas abultadas cifras llamarían la atención de cualquier fiscal de Indepabis, Sudencop y el propio Cadivi, ahora que el presidente Nicolás Maduro decretó limitar la ganancia empresarial a un rango de entre 15% y 30%, independientemente de la enorme disparidad que existe en las estructuras de costos de las diversas industrias que integran la economía.

 

 “¿Qué pasaría si aplicáramos esa misma lógica a PDVSA?”, se pregunta Richard Obuchi, director de la consultora ODH y profesor del IESA. Las multimillonarias transferencias a las misiones y los aportes sociales extraordinarios, el financiamiento a la construcción de viviendas y la compra de cientos de activos ajenos a su actividad medular son apenas tres ejemplos de gastos inexplicables o innecesarios que sobresaldrían sospechosamente si el balance de la petrolera estatal fuera analizado con la misma vara que se usa para medir a los privados.

 

Obuchi argumenta que en los países en donde se ha aplicado la regulación de ganancias por tasa de retorno para empresas de servicios públicos que operan en condiciones de monopolio natural los resultados han sido muy controversiales, pues a la larga es posible demostrar que el modelo genera sobrecapitalización.

 

Si en la economía existe la competencia, es más sano promoverla, opina Obuchi sin bemoles, pues la oferta se amplía y los consumidores tienen acceso a una mayor diversidad de productos con precios normalmente más accesibles.

 

El infinito pecio justo. El mantra del “precio justo” del crudo, que indefectiblemente siempre era superior a la cotización del momento en los mercados internacionales, se convirtió en un clásico de Chávez durante sus casi tres lustros de mandato. Pocas veces dejaba pasar el tema en las ruedas de prensa con corresponsales extranjeros, desde donde aprovechaba para decirle al mundo, una y otra vez, que la época del petróleo crudo barato llegó a su fin.

 

Sin capacidad para subir el volumen de extracción, sin voluntad para bajar costos ni posibilidades de diversificar exportaciones, el líder socialista actuó desde la más fría lógica corporativa para asegurarse el beneficio del accionista a toda costa.

 

Chávez arrancó su gobierno en 1999 con el barril rondando los 10 dólares y llegó a marcar un récord histórico de 130 dólares en 2008. Nunca objetó que esta astronómica revalorización del 1.200% fuera impulsada precisamente por los demonios que aseguraba combatir con su ecléctico socialismo del siglo XXI: la especulación en los mercados de energía, como se cansó de repetir el ministro Rafael Ramírez, y el acaparamiento de un producto que (como el papel toilette en Venezuela) es escaso y de primera necesidad en todo el mundo.

 

De hecho, el mandatario se vanagloriaba de ser artífice de la “resurrección” de la OPEP para defender, en sendo oligopolio, los alicaídos precios del crudo. Sin importar las circunstancias, siempre se opuso a subir el bombeo. No cedió ni cuando los analistas, los países consumidores y la mismísima Arabia Saudita advertían al unísono sobre el daño que ese aumento estratosférico causaría en la demanda futura, como en efecto ocurrió. Nunca era suficiente. Siempre quería más.

 

“El techo de ese precio debe ser el infinito”, sentenció en 2006, como flamante anfitrión de la cumbre extraordinario de la OPEP celebrada en Caracas.

 

¿Es eso justo?

 

Los expertos dirán que el negocio petrolero no es comparable con ningún otro. Primero, ante un recurso escaso y finito es aconsejable maximizar la ganancia antes de que se agote. Además, cualquier proyecto requiere miles de millones de dólares sólo para alumbrar los primeros barriles, a lo que hay que sumar otros miles más en ductos, almacenes, refinerías, transporte y sustantivos costos financieros. Por último, los montos de reinversión para mantener las operaciones a flote son enormes. En resumen, se gana en grande y, consecuentemente, se arriesga en grande.

 

“Estructuralmente, el petróleo es un gran negocio y por ello entre las diez primeras empresas del mundo figuran muchas petroleras. Pero también es intensivo en inversiones, con altos costos fijos y sometido a una elevada carga fiscal. Además, tiene un alto nivel de riesgo asociado con la posibilidad de no hallar reservas recuperables y a la volatilidad de los precios de venta”, explicó Obuchi.

 

Emporio bipolar. Palabra por palabra, comenzando por el “humildemente”, la última frase de Chávez sobre el precio justo del petróleo bien pudieran haberla pronunciado representantes gremiales, empresarios y productores en las esporádicas e infructuosas reuniones que durante diez años han mantenido con las autoridades para lidiar con los controles que buscan limitar sus ganancias.

 

Los precios son el núcleo de todo proyecto económico. Y, aunque todas las teorías sueñan con esa entelequia llamada “equilibrio”, cada una tiene su ruta particular para lograrlo. El milenario fracaso de todos los controles de precios conocidos y las brutales desigualdades que no ha sabido resolver la famosa “mano invisible” dan cuenta de lo lejos que estamos de cantar un eureka definitivo.

 

Mientras tanto, el empresario camina como un funambulista sobre el delgado alambre de la oferta y la demanda. Debe defender su ganancia para garantizar la continuidad del negocio, pero nivelar el precio para evitar una destrucción de la demanda, adaptándose continuamente al entorno.

 

Venezuela hace tiempo que no conoce esos bemoles. Un siglo de festín petrolero distorsionó los cimientos de una economía construida sobre el peligroso espejismo de que “todos somos ricos, tan sólo hay que saber repartirlo”.

 

La llegada del socialismo centralizado fue la vuelta de tuerca definitiva al culto del Estado providencial. Una divisa absurdamente sobrevalorada, una severa adicción a las importaciones y la multiplicación de los subsidios públicos y regulaciones privadas han sumergido al país en una crisis de justiprecios al punto que ya es difícil saber a ciencia cierta cuánto cuestan realmente las cosas.

 

No hay mejor metáfora que la gasolina más barata del mundo: la madre de todas las subvenciones.

 

Al irrisorio precio de 0,02 dólares el litro, PDVSA pierde unos 3.600 millones de dólares al año para abastecer al insaciable mercado interno, a lo que habría que sumar una cifra astronómica por el coste de oportunidad de no exportarlo. Ni siquiera hay señales de que se esté estudiando subir el precio, que lleva congelado casi 16 años. Noruega, el gran ejemplo de cómo conjurar la maldición de la abundancia petrolera, vende su gasolina a 2,53 dólares el litro, la segunda más costosa del mundo sólo detrás de Turquía.

 

Así, la petrolera estatal venezolana es clara candidata al tumbarse en el diván del psicoanálisis empresarial: mientras desde las alturas de la OPEP defiende la inviolabilidad del precio del petróleo, en casa lo regala rehusándose incluso a recuperar lo que le ha costado producirlo. Este severo cuadro de bipolaridad entre lo capitalista y lo socialista se ha extendido por todo el emporio estatal.

 

Por un lado, un grupo de corporaciones públicas gestionadas al estilo “socialista puro” —como aceros, cemento, electricidad y, cada vez más, los alimentos— afrontan severos problemas financieros y operativos al fijar sus precios bajo la premisa del monopolio estatal y el subsidio a toda costa. Por el otro, aquellas que fueron nacionalizadas pero siguieron imbricadas en el mecanismo de mercado, como Banco de Venezuela, Abastos Bicentenario, Cantv o Movilnet, funcionan relativamente bien y, en algunos casos, incluso entregan dividendos a la Nación, pero para hacerlo tuvieron que mantener sus precios en el entorno de la competencia, sin llegar a marcar la diferencia en sus respectivos sectores.

 

En el centro de la escena, PDVSA se ha convertido en el gran epicentro de la esquizofrenia de precios en la que se ha sumido Venezuela. “Capitalista por fuera y socialista por dentro”, la compañía insignia de Venezuela sobrelleva esta rara psicosis en virtud de un clásico adagio petrolero rubricado por John D. Rockefeller: “El mejor negocio del mundo es una petrolera bien gestionada. El segundo mejor negocio del mundo es una petrolera mal gestionada”.

 

 

Venezuela. Maduro ocupa otra empresa

para evitar el desabastecimiento

Alfredo Meza

27 de noviembre de 2013

 

La cadena de electrodomésticos Daka es intervenida y será administrada por tiempo indeterminado por un militar

 

La cadena de electrodomésticos Daka, donde comenzó la ofensiva económica del presidente Nicolás Maduro para combatir la inflación, ha sido ocupada temporalmente por el Gobierno a través del Indepabis, el órgano estatal para la defensa del consumidor. Son cinco sucursales ubicadas en puntos clave del país que, en lo sucesivo y por tiempo indeterminado, serán administradas por un militar, el coronel Hermes Carreño, para garantizar la reposición del inventario.

 

A medida que se profundiza la confiscación y remate de mercancías de todos los bienes que oferta la empresa privada también han bajado significativamente las existencias. El viernes pasado, en una de las sucursales de Daka, ya no quedaban televisores, lavadoras y neveras y los encargados de manejar la tienda desconocían cuándo serían repuestos. A esa escasez se añade la preocupación del Gobierno por no provocar con sus decisiones el cierre de un negocio de capital privado, mucho menos antes de las cruciales elecciones municipales que se celebrarán el próximo 8 de diciembre, que serán una prueba para medir la fortaleza del liderazgo de Maduro. Dos datos ilustran esta inquietud no reconocida. En los últimos trece años han cerrado 107.000 empresas en Venezuela. Y el número de industrias ha caído un 36% desde 1998, según cifras del Instituto Nacional de Estadística.

 

El Gobierno, a pesar de esto, ha conseguido disimular las cifras de desempleo incluyendo a los trabajadores temporales en el cálculo del índice y a aquellos sumados a la burocracia del Estado bajo la figura de las Misiones, los programas sociales fundados con la asesoría castrista desde 2003. En octubre, esa cifra mantuvo su promedio –el índice de desempleo fue de 7,6%- pero no son pocos los analistas que anticipan que ese indicador subirá si se cumple el vaticinio de cierre hecho por los gremios empresariales tras la radicalización de los controles.

 

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En lo sucesivo los empresarios se regirán por la Ley Orgánica para el Control de Costos, Precios y Ganancias y la Protección de la Familia Venezolana, que establece topes a la utilidad máxima que puede obtener un negocio. “Nosotros jamás podríamos pedirle al empresario que venda a pérdida”, ha respondido el vicepresidente Jorge Arreaza para contestar a las críticas que auguran que las decisiones del Gobierno quebrarán al sector privado.

 

Esa sola posibilidad, no obstante, ha provocado que el Ejecutivo comience a moverse para mantener las tiendas abastecidas. El mayor general Hebert García Plaza, jefe del Órgano Superior para la Economía, aseguró durante una intervención televisada en la estatal Venezolana de Televisión que el viernes la cadena volvería a abrir con suficiente oferta para que los venezolanos puedan adquirir electrodomésticos “a precios justos”.

 

“Tenemos que garantizar la continuidad laboral y el trabajo de tres cooperativas asociadas con esta empresa. Tengan la seguridad de que va a haber productos. A partir del próximo fin de semana habrá venta para todo el pueblo venezolano”, agregó. También el viceministro del trabajo estaba presente en la tienda Daka y garantizó que los trabajadores cobrarán su salario el último de noviembre y la diferencia del aguinaldo, que no incluía en el cálculo inicial el pago de comisiones sobre el salario. Todo forma parte de un latiguillo que suelen emplear los funcionarios públicos cada vez que expropian una empresa privada: “La estabilidad de los trabajadores está garantizada”.

 

Todo esto ocurre mientras prosiguen las inspecciones para obligar al comercio a rebajar los precios. Este miércoles, el brazo implacable del Gobierno llegó hasta una conocida tienda de instrumentos musicales en Caracas, llamada La piña musical, donde se presentó el ministro de Cultura, Fidel Barbarito, para denunciar el sobreprecio de los instrumentos y accesorios. “Los hombres de las artes tienen derecho a precios justos en sus herramientas de trabajo”, explicó antes de anunciar una multa al negocio. Más tarde, un grupo de visitantes de la tienda protestó contra la medida. Otros esperaban la rebaja en los precios para gastar su dinero.

 

En los últimos trece años han cerrado 107.000 empresas en Venezuela. Y el número de industrias ha caído un 36% desde 1998

 

Hay un antecedente nada auspicioso para entender la efectividad de las ocupaciones temporales. El 21 de septiembre, el Gobierno se instaló en Manpa, una empresa productora de papel higiénico, con la esperanza de regularizar el suministro de ese insumo. Al cierre de ese mes, en 79 de cada 100 establecimientos comerciales de Caracas no se conseguía ese producto, mientras que en diciembre de 2012, el número de locales desabastecidos se ubicaba en 17, según el índice de escasez publicado por Banco Central de Venezuela. Dos meses después de la decisión cuesta ubicar el producto y, cuando los clientes lo consiguen, se llevan el máximo de empaques permitidos. En Venezuela, la gente comienza a acaparar comida y bienes de cuidado personal previendo que los próximos meses serán complejos y difíciles por los bajos inventarios.

 

Para que esa sensación de desasosiego se acreciente basta escuchar los partes de los gremios empresariales. “Algo más de 30% cayeron los inventarios de las unidades durante el tercer trimestre de 2013 en comparación con el mismo período del año anterior”, informó el presidente del Consejo Nacional de Comercio (Consecomercio), Mauricio Tancredi, en el marco de un evento que celebraba el Día Nacional del Comercio y los Servicios en Caracas. Mientras los empresarios siguen sacando cuentas para evaluar la viabilidad de su negocio con las nuevas regulaciones, el Gobierno incursiona en nuevos sectores de la economía. Ahora se ha convertido en un importador de electrodomésticos. A cualquier precio quiere evitar que el fin de los inventarios arruine la promesa de los precios justos.

 

 

Sí, son feroces

Fernando Rodríguez

25 de noviembre de 2013

 

Maduro mismo ha dicho que sus adversarios creían que estaba jugando y les ha demostrado lo contrario con las contundentes acciones sobre el comercio.

 

Es posible que los mentados adversarios se basaran en el principio de que perro que ladra no muerde, dado que Maduro se la pasaba día y noche, de lunes a domingo, insultando y mintiendo, mintiendo e insultando.

 

Y el Heredero tiene razón si esa era la situación, no hay duda de que él y su tropa están dispuestos a morder, de verdad, sin soltar la presa.

 

Tanto que sería demasiado largo hacer un listado de las dentelladas recientes, contra diputados y gobernadores, contra la paz y la normativa electoral, contra los medios, contra los más elementales principios de la teoría económica (no se sabe si inspirados por el entrañable y distante bolivariano Mugabe o la muy criollita María Bolívar) y contra la Constitución, las leyes y la moral públicas. Ya de mucho de eso hemos hablado en este espacio.

 

Nos vamos a referir ahora a la Habilitante, obtenida con métodos tan torcidos que hasta el muy prudente Insulza tuvo que señalarlos.

 

Bueno, esta joya de la fusión de poderes, de postración del Legislativo, de derrota de Cabello frente a su rival, ahora literalmente repotenciado, fue expandiendo sus tentáculos, de la corrupción a la especulación, de hecho a la economía toda y, a última hora y usando cartas marcadas, nada menos que a la defensa y seguridad de la patria, contra quienes atenten contra ella.

 

Y basta oír a los diputados oficialistas en la “histórica” sesión aprobatoria que ya no se trata del Imperialismo de siempre sino de sus compañeros del Hemiciclo y la oposición en general a la que hay que atacar, el famoso “enemigo interno” que alguien había censurado en la primera y muy siniestra versión del Cesppa.

 

Represión y despotismo pues, dicho sin muchas hojas de parra. Y, decimos nosotros, preparativo para los cataclismos económicos y sociales con que vamos a entrar en el año 2014 que, a no dudar, no será feliz.

 

Pero hay algo que la jauría ha puesto como objetivo mayor, desde hace ya un buen rato, la odiada libertad de expresión. Cada vez las acechanzas y los ataques son más descarados y torpes. No bastó con las compras de amplios territorios mediáticos, justamente para mediatizarlos, o la desatada furia de las cadenas.

 

Acaban de botar al periodista Omar Lugo, que había hecho una destacada labor como director de El Mundo, por orden expresa y pública de Maduro, a la manera del Padre, a causa de un titular, por demás técnico y objetivo, que no fue de su agrado.

 

Sus compañeros de Redacción, el SNTP y el Colegio de Periodistas han protestado valientemente el atropello (¿cómo la ves, Díaz Rangel, es tu casa?) de los nuevos propietarios.

 

Y la Defensoría del Pueblo acaba de actuar judicialmente contra El Universal por una foto de unas manchas de sangre de un asesinado, apelando a la Lopna, como si los periódicos fuesen hechos para consumo infantil, como si los chamos no vieran cualquier cantidad de horrendos crímenes en la TV casera y como si en este país no matasen más de 20 mil ciudadanos cada año.

 

Sin duda se trata de amedrentar, de acallar, de hegemonizar la opinión, a la cubana. Y esa dictadura de la palabra ciertamente la han acercado mucho, por diversos caminos.

 

Hay que enfrentar esa desmesurada ferocidad. Les creemos, no son balas de salva, son de plomo. Y quieren cada vez más represión. Hasta Escarrá, ese pájaro de la noche, pide cabezas. La calle del sábado demostró, realmente, ser una buena vacuna antirrábica.

 

 

El consumismo, la guerra económica y sus consecuencias

Ángel Alayón

25 de noviembre de 2013

 

El Presidente Nicolás Maduro, junto a otros voceros, ha hecho un llamado al país a “bajarle dos al consumismo”. Estas declaraciones se ofrecen luego de que el gobierno ha encabezado la mayor operación de marketing en la historia reciente de la humanidad. En cadena nacional se anuncian en cuáles tiendas los precios de los productos bajarán. En un país donde los precios han crecido más de 1.400 por ciento en catorce años, una promoción como ésta parece demasiado buena para ser verdad, aunque con mayor exactitud deberíamos decir, demasiado buena para durar. Y los consumidores han salido de sus casas a aprovechar los “precios justos”, cumpliendo con el mandato de dejar los anaqueles vacíos. Ahora le toca al Gobierno enfrentar las consecuencias negativas de su propio éxito.

 

***

 

Colin Campbell hablaba de la “revolución consumista”, como nos recuerda Zygmunt Bauman en Vida de Consumo (2007), como una revolución que ocurre “con el paso del consumo al ‘consumismo’, cuando el consumo se torna particularmente importante por no decir central en la vida de la mayoría de las personas, el propósito mismo de su existencia, un momento en que nuestra capacidad de querer, de desear, y de anhelar, y en especial nuestra capacidad de experimentar esas emociones repetidamente, es el fundamento de toda la economía de las relaciones humanas”. Y ante una definición como ésta, es inevitable pensar que una de las consecuencias de la “guerra económica” ha sido convertir el consumo en la motivación primordial de una buena parte de los venezolanos. En las últimas semanas, los venezolanos se definen a sí mismo en el acto de consumir, de hacer colas, de esperar con optimismo confiados en la promesa del gobierno, de desesperarse en nombre del futuro, de preguntar qué hay, qué no hay o si habrá.

 

La noción de consumismo, una noción sociológica, también se asocia con el consumo de bienes no-esenciales. Difícil argumentar que un televisor de 50 pulgadas de alta definición sea un bien básico. Pero con estos bienes comenzó esta batalla que ha continuado con los automóviles, motos y repuestos, productos emblemáticos de las llamadas sociedades capitalistas, individualistas y propensas al gasto superfluo, según algunos. Digo esto para contrastar con la situación de los sectores de alimentos y medicinas en Venezuela, ambos agobiados por controles de precios que sólo han servido para desestimular la producción e incrementar la escasez relativa de bienes realmente necesarios.

 

Los sectores más pobres del país le dedican a alimentos y medicinas más del 70% de sus ingresos. El éxito de la política económica no puede medirse por el número de venezolanos que han obtenido un televisor más barato, mientras el Banco Central de Venezuela reporta un nivel de escasez en productos básicos de más de 20%, cuatro veces por encima del nivel que se considera normal. No conozco a nadie que haya sido acusado de ser consumista cuando  se trata de la canasta alimentaria.

 

Las condiciones económicas y la “ofensiva contra la guerra económica” nos han acercado a lo que Bauman llama el “ahorismo”, un elemento consustancial al consumismo. Los venezolanos tenemos el presente sobrerrepresentado. La incertidumbre nos motiva a desenfundar la cartera en defensa propia. Hay una expectativa de finitud que ahoga y nos apresura. En el ya mencionado libro Vida de Consumo, Bauman dice que:

 

“es precisamente por eso que la vida del ‘ahorista’ tiende a ser una vida ‘acelerada’. La oportunidad que pueda entrañar cada punto se irá junto con él a la tumba: para cada oportunidad en particular no existe “una segunda vez” (…). La procrastinación es la asesina serial de las oportunidades. Para quien espera atrapar una oportunidad al vuelo, toda velocidad es poca. Cualquier duda está desaconsejada ya que el castigo es duro. Como la ignorancia de qué es qué seguramente persistirá hasta que el momento ya haya agotado toda su potencia, sólo una velocidad sin frenos podría —sólo podría— equilibrar un poco de esa profusión de falsos amaneceres y falsos comienzos”.

 

En el “ahorismo” no puede haber ahorro y menos aún cuando las tasas de interés que ofrecen los bancos para remunerar el ahorro son negativas en términos reales. Es decir, ni siquiera compensan el crecimiento de la inflación. Ahorrar es sacrificar consumo presente por un mayor consumo futuro. En Venezuela ahorrar significa que en el futuro podrás consumir menos en lugar de más.

 

Hay algo de trágico cuando un economista tiene que recomendarle a la gente que para proteger su dinero debe comprar algo, debe consumir ya, debe ser “ahorista” en lugar de “ahorrista”, debe correr hacia una tienda en lugar de convertirse en inversionista. Pero ésas son las condiciones económicas de Venezuela, consecuencia de políticas económicas bajo la dirección del Gobierno Nacional.

 

El hombre nuevo responde a los incentivos tanto como el viejo. Quizás no se trate de bajarle dos al consumismo, sino de bajarle todo al populismo-electoral.

 

***

 

La utilización del consumismo como concepto desde el poder encierra peligros que deben advertirse. Alguien puede estar tentado a definir lo que debe consumirse. Alguien puede verse tentado a decidir por los ciudadanos en nombre de su propio bien. Alguien puede pensar que el problema está en la gente y no en el sistema.

 

El consumismo como concepto puede ser utilizado como una herramienta para coartar las libertades ciudadanas, si el poder considera que el consumidor está tomando decisiones incorrectas que atentan contra su propio bienestar. Será más conveniente para nuestro país que cambien las políticas económicas y se creen las condiciones adecuadas para el ahorro y la inversión, antes que el Estado pretenda imponer qué debemos comprar, bajo cuáles circunstancias y en cuántas cantidades.

 

Lo paradójico es que la preocupación en torno al consumismo de autores como Zygmunt Bauman y Gilles Lipovetsky tiene su origen, justamente, en la sociedad de abundancia y no en una sociedad de escasez.

 


Venezuela. Maduro enfrenta desafío de

validar liderazgo del chavismo en comicios municipales

Ariana Cubillos

24 de noviembre de 2013

 

En medio de una economía que muestra señales aceleradas de deterioro, el presidente venezolano, Nicolás Maduro, enfrenta un examen clave con las elecciones municipales del 8 de diciembre, en las que pondrá a prueba su capacidad para ratificar su liderazgo dentro de un chavismo sin Chávez.

 

Atrapado en un sinfín de batallas en el plano económico y político, Maduro ha tomado como banderas de campaña la lucha contra “la guerra económica” que afirma le ha declarado el empresariado en alianza con la oposición.

 

Hace dos semanas, imprimió un giro a la campaña al lanzar una fuerte ofensiva para obligar a los comercios a rebajar sus precios, una decisión que empujó a miles de venezolanos a agolparse frente a tiendas comerciales de todo el país para aprovechar las rebajas.

 

Sin ser él mismo candidato, el mandatario parece haberse cargado al hombro la campaña, con frecuentes apariciones en algunos bastiones electorales clave con el fin de apoyar las candidaturas chavistas en aquellas alcaldías donde al oficialismo le cuesta hacer pie.

 

En juego están las 335 alcaldías del país, en lo que marcará el regreso a las urnas de los venezolanos tras las elecciones presidenciales de abril, donde la estrecha victoria de Maduro frente a su rival, Henrique Capriles, abrió una crisis política que profundizó la ya tradicional división del país en dos mitades.

 

Luego de asumir la presidencia en medio de la impugnación de la oposición a su triunfo por una diferencia de apenas 200.000 votos, Maduro apuesta a una victoria de sus candidatos para dejar atrás esos cuestionamientos y terminar de desmentir a quienes aún sostienen que tras la muerte de su líder el chavismo no podrá mantenerse unido.

 

“Maduro viene de un triunfo muy cerrado en abril. La condición del presidente Maduro es diferente, es mucho más débil, incluso para controlar las fuerzas internas dentro del chavismo”, dijo el analista político Luis Vicente León.

 

Para contrarrestar esta aparente debilidad, Maduro buscará que el chavismo mantenga o amplíe el número de alcaldías en manos oficialistas y arrebate a la oposición algunos municipios emblemáticos de Caracas y de otros grandes centros urbanos, como la populosa ciudad de Maracaibo, en el occidente del país.

 

Maduro ha recurrido a algunas figuras ajenas al mundo político para intentar conquistar municipios tradicionalmente opositores y tratar de suplir la ausencia de Hugo Chávez, fallecido en marzo y quien en vida solía convertir los comicios en un plebiscito en torno a su popular figura.

 

Enfrente tendrá una oposición que ha llamado a su base electoral a volcar en las urnas su descontento con el Gobierno de Maduro, en medio de una escasez crónica de algunos bienes básicos y una inflación del 45 % en los primeros 10 meses del año que golpea su poder adquisitivo.

 

Tras ser ungido por Chávez como su heredero político, Maduro tendrá en estas elecciones una oportunidad para mostrar que puede mantener vivo el proyecto de su líder y acallar las críticas del ala más radical dentro del chavismo que recela de su liderazgo.

 

 

Con un electorado preocupado por cuestiones cotidianas como la inflación y la inseguridad, Maduro ha buscado dar además una muestra de autoridad al pedir y recibir del Parlamento poderes especiales para legislar sin control parlamentario por el plazo de un año.

 

Voces críticas del chavismo consideran que las últimas medidas han ayudado a Maduro a establecer una “reconexión” con las demandas populares tras un inicio de la campaña para las elecciones “desenfocado” con las preocupaciones del electorado.

 

También le han permitido correr la discusión desde problemas como el desabastecimiento y la inflación, por los cuales la gente culpa mayoritariamente al Gobierno, hacia la lucha contra la “especulación” y contra el sector empresario.

 

El resultado de las elecciones del 8 de diciembre podrá evidenciar si las últimas acciones desarrolladas por el presidente Maduro han sido bien recibidas o no por parte de la población venezolana, dijo el politólogo Nícmer Evans.

 

 

La oposición marcha

contra la deriva autoritaria de Maduro

Ewald Scharfenberg

23 de noviembre de 2013

 

Capriles saca a sus seguidores a la calle por primera vez desde las elecciones y carga contra el desabastecimiento

 

“Más vale una protesta pendeja que un pendejo que no protesta”. La proclama, escrita con una caligrafía dubitativa sobre un trozo de cartón por un manifestante que la exhibía este mediodía de sábado en Caracas, resume el desafío que se le presenta a la oposición venezolana, cada vez más desprovista de recursos mientras se enfrenta a un Gobierno a la ofensiva.

 

La oposición convocó para este sábado a protestas en los 335 municipios del país, buscando así poner de manifiesto su rechazo a los poderes especiales otorgados por la Asamblea al presidente Nicolás Maduro. A la vez, pretende amalgamar a sus partidarios de cara a las próximas elecciones municipales del 8 de diciembre.

 

El líder opositor y gobernador del estado de Miranda, Henrique Capriles Radonski, subrayó el significado implícito de esos comicios en un breve discurso durante la protesta de Caracas: “A quienes piensan que sólo vamos a elegir alcaldes les digo que esto se puede poner mucho peor”, advirtió. “Si el oficialismo gana el 8 de diciembre, este caos que estamos viendo ahora se va a agudizar”.

 

Capriles se refería a las filas de consumidores que persisten al frente de tiendas de electrodomésticos y otros productos de bienes de consumo esporádico a las que el Gobierno de Maduro ha ocupado y confiscado mercancía. “La gente hace cola porque sabe que quizás hoy haya, pero mañana quién sabe”. Ironizó sobre la visita que en ese momento, ocasión del cumpleaños del presidente Maduro, le hacían los reyes de Holanda, Guillermo y Máximo, al sucesor de Hugo Chávez: “Quisiera saber si ese personaje está informando a los reyes de los Países Bajos sobre cuánta gente está haciendo cola ahora para conseguir un paquete de harina o papel higiénico”.

 

El mitin, que representaba el regreso de las fuerzas opositoras a la calle desde las elecciones presidenciales del pasado abril, mostró una notoria reducción en su asistencia con respecto a los mítines de las elecciones. La convocatoria, amén de precipitada, se hizo casi boca a boca. El Gobierno busca ahogar los ímpetus de la disidencia al adelantar por decreto las fiestas de Navidad o mediante la indiferencia de los medios radioléctricos, ya por fin domesticados desde el poder. Pero también se vale de otras artimañas. Un área importante de la Plaza Venezuela —el sitio que por mera convención, más que por geografía, divide a Caracas entre el oeste obrero y el este de clase media—, donde la oposición congregó a sus simpatizantes, amaneció ocupada por una enorme tarima que instaló la petrolera estatal PdVsa.

 

También durante la madrugada, las autoridades de inteligencia militar habían detenido a Alejandro Silva, Coordinador de Giras de Capriles Radonski, bajo cargos que anoche todavía no se habían hecho oficiales. Su arresto, practicado sin orden judicial, generó vaticinios ominosos en Capriles, quien dijo: “Quizás esta sea la última oportunidad que yo tenga para dejarles estas reflexiones”. En efecto, la víspera numerosos rumores corrieron en la capital sobre un inminente arresto de dirigentes como Leopoldo López, Ismael García, Henri Falcón o el propio Capriles.

 

Sin embargo, la escalada represiva dio con Silva. Capriles acusó al Gobierno de Venezuela de usar a Silva como una diana de práctica, y al presidente Maduro, de cobarde. “Si yo soy el problema, ¿por qué no me ponen preso de una vez? ¡Ven a buscarme, Nicolás, échale piernas!”.

 

Capriles predijo que las dificultades en el abastecimiento de productos de primera necesidad se agudizarán pronto, una vez agotadas las existencias de comercios requisados. “Es una operación irresponsable de este gobierno que sólo está pensando en comprar votos para diciembre, pero no le importa lo que vaya a pasar en enero o febrero”.

 

 

Capriles denuncia la detención de un estrecho colaborador

Alfredo Meza

23 de noviembre de 2013

 

Alejandro Silva se encontraría, según la información recabada por la oposición venezolana, en la Dirección de Inteligencia Militar

 

La marcha convocada por la oposición contra la promulgación de la ley Habilitante al presidente Nicolás Maduro comenzó con los ánimos encendidos. El líder opositor venezolano, Henrique Capriles Radonski, ha anunciado a primera hora de la mañana la detención de uno de sus colaboradores, Alejandro Silva, coordinador nacional de giras del ex candidato presidencial. 

 

Silva fue sacado a empujones y golpes de la habitación donde estaba alojado, en el hotel Eurobuilding de Caracas, por funcionarios de la Dirección de Inteligencia Militar, de acuerdo a algunas versiones. Durante toda la mañana se desconocía su paradero. El diputado Julio Borges, coordinador nacional del partido Primero Justicia, al que pertenece Silva, dijo que han recorrido todas las agencias policiales indagando en su búsqueda pero no han tenido mayor información. La organización teme que pueda ser “sembrado”, un coloquialismo venezolano que significa que introduzcan drogas entre sus pertenencia.

 

Después del mediodía la diputada al Parlamento Latinoamericano Delsa Solórzano informó al diario El Universal que había hablado con Silva, quien estaría recluído en la sede de la Dirección de Inteligencia Militar en Caracas. Le dijo que se encontraba bien de salud.

 

En su cuenta de Twitter, Capriles responsabilizó al presidente Nicolás Maduro Maduro de la desaparición de su colaborador. “Con nosotros no podrás, cobarde”, escribió. El dirigente ha aprovechado la coyuntura para llamar a la oposición a volcarse a las calles de los 335 municipios del país. “Que se sienta en toda Venezuela el rechazo a estos fascistas corruptos del régimen de Maduro”, escribió.

 

Esta detención podría estar relacionada con un anuncio hecho por Maduro la noche del viernes. El presidente hizo público que había ordenado la detención de dos miembros de los partidos Voluntad Popular y Primero Justicia encargados de promover desórdenes en la manifestación con personas vestidas de rojo, el atuendo que identifica al chavismo.

 

No ha habido un comunicado oficial del Gobierno reconociendo la detención o el paradero de Silva, pero el ministro de Turismo, Andrés Izarra, también en su cuenta de Twitter, afirmó: “preso uno de los secuaces fascistas de Capriles que pretendía enlutar una vez más al pueblo venezolano”.

 

La protesta se desarrolla con una cobertura muy limitada de los medios audiovisuales. Las estaciones de televisión no están transmitiendo las incidencias en directo. Tras la venta del canal Globovisión a empresarios relacionados con el gobierno la oposición ha denunciado que sus actividades no son reseñadas como en el pasado, con reportes generosos y continuos. La televisión oficial, entretanto, cubre el desarrollo de la campaña electoral de los candidatos del gobierno a las venideras elecciones municipales del próximo 8 de diciembre, y anuncia el cumpleaños 51 del presidente Nicolás Maduro.

 

 

Conectar la protesta

Luis Carlos Díaz

23 de noviembre de 2013

 

“La oposición no será televisada” no es un documental filmado por unos extranjeros solidarios con las movilizaciones opositoras, es más bien un reality show sin cámaras, literalmente sin cámaras, cuyo desarrollo queda registrado en fotos compartidas por teléfono, mensajes en redes sociales, y un videostreaming entrecortado.

 

El orden cerrado de censura y autocensura contra Henrique Capriles Radonski y la gente que lo sigue aumenta cada día más. Incluso a veces no se habla ni mal. Por eso sorprendió que el llamado a protesta realizado por Capriles sólo apareciera en medios oficiales cuando el presidente Maduro no aguantó las ganas y lo promocionó desde su arenga frente a los jóvenes universitarios esta semana.

 

Sin embargo, el Presidente optó por mentir. Forzó las declaraciones para convertir una convocatoria de protesta en un llamado a “incendiar el país”, con el agravante de que además es “para defender a los especuladores”.

 

Se valió del control mediático y discursivo desde el aparato de comunicación estatal para crear su propia versión de una jornada de desacuerdo. El fallo de vocería que tuvo es que, a pesar de advertir de hechos incendiarios, no convocó a los bomberos, sino a arreciar la intervención de comercios, lo que desdice la gravedad fingida en torno a una movilización.

 

Reportes y riesgos. A pesar de que el tablero de juego cambió, el cerco también está fraguando una nueva generación de juglares, goliardos y multiplicadores de información que trabajan de manera autónoma para reenviar mensajes sobre los actos opositores. Pareciera la primera campaña que depende casi totalmente de las redes, y no nos referimos sólo a las digitales. Buena parte de este tejido ha germinado en los nuevos espacios de encuentro vecinal y los líderes comunitarios que han ido asumiendo la campaña por su cuenta.

 

Algo similar ha ocurrido con los ciudadanos que hacen cobertura digital de los hechos más recientes, esos que no aparecen en medios tradicionales pero generan reacciones públicas porque cada vez más gente los ve desde sus celulares (la cuarta pantalla).

 

El problema es que esta etapa agarró a la infociudadanía venezolana sin medios digitales fortalecidos, con una gran dependencia de Twitter y Facebook (un riesgo en caso de bloqueos) y con muchos derechos vulnerados. Uno de ellos, quizás el más sentido, es que a los uniformados les está gustando cada vez más detener a la gente con cámaras para borrar vídeos y fotos, retener equipos y amedrentar, siempre con excusas insuficientes que atemorizan a la sociedad para activarse como narradoras del descontento.

 

El presupuesto para las Fuerzas Armadas aumenta, junto con la represión, y la seguridad ciudadana pierde densidad civil para dar paso a los cuerpos castrenses. Con eso crecen también los abusos y la desproporción en el uso de la fuerza. Y los datos para apoyar esta interpretación ya han ocurrido:

 

-        La creación del CESPPA (un organismo de inteligencia dirigido por militares), para el control informativo, en cuya primera versión se hablaba de “enemigo interno”.

 

- La incorporación de militares en el Plan Patria Segura.


- Los casos de detención y tortura de manifestantes después de las elecciones del 14 de abril. Los casos más graves, registrados en el estado Lara, no sólo siguen impunes sino que además uno de sus esbirros aspira a la alcaldía de la ciudad.


- La inclusión en la Ley Habilitante, recién aprobada, de la creación de nuevas normas en materia de seguridad y defensa interna. Es la carta escondida en una ley que se solicitó por causas económicas.

 

Ante esas medidas de blindaje institucional de un Gobierno que teme incluso a la cámara de un celular, hay acciones que pueden fortalecerse a partir de la jornada de protesta:

 

Registro. Lo más importante para sustentar demandas, abrir procedimientos judiciales y narrar a otros lo que ha ocurrido, es dejar registro de las cosas. Eso va desde la grabación de vídeos y la recolección de testimonios hasta la realización de las denuncias ante los órganos competentes de justicia, sobre todo si el agresor es parte del mismo aparato estatal que debe procesar la denuncia. Es clave dejar evidencia de lo demandado. Los abusos de autoridad, las detenciones arbitrarias, las violaciones al debido proceso y la represión dirigida deben quedar en algo más que el cuento.

 

Sin embargo, el registro de cosas no puede vulnerar tampoco a quien esté actuando como camarógrafo ciudadano. Por eso hay que tomar algunas medidas de seguridad mínima en caso de coberturas sensibles:

 

-        Ir acompañado, además de avisar a una red mínima de contactos qué se hará y dónde. Por ejemplo: los fotógrafos de diarios avisan de sus pautas y es ideal que lleven un par de teléfonos.


- Tener batería suficiente en los equipos y memorias de respaldo. Así es posible cambiar chips y guardarlos en medio de una cobertura, o alargar la vida del teléfono en caso de detenciones.


- Tener alguna conexión redundante a Internet. Es decir, dos conexiones con servicios distintos. Si es posible, con capacidad para subir a la nube algunas fotos inmediatamente después de tomadas. Así, en caso de haber una incautación de equipos, el archivo queda en línea. Servicios como Qik (para video), Flickr (fotos) y Dropbox, se adaptan perfectamente a los celulares.

 

No comer cuento. Cualquier persona puede grabar y fotografiar lo que ocurra en la calle, desde una protesta hasta un procedimiento policial. Para hacerlo no necesita el carné de un medio ni un permiso especial. Las restricciones en “zonas de seguridad” son excepcionales y deben quedar delimitadas por la autoridad. De hecho, si los uniformados están haciendo correctamente su trabajo, les beneficia que haya muchas grabaciones, para lucirse. Es cuando exceden sus atribuciones que intentan perseguir las evidencias.

 

Colaborar con la prensa. Nuestras cuentas digitales son importantes, pero también ganamos mucho si colaboramos con la prensa. Podemos tener correos electrónicos de periodistas de confianza y proveerlos de estos registros siempre que sean fidedignos, verificables y de primera mano. La prensa tradicional sigue teniendo una gran proyección, además de proveer de métodos de verificación informativa importantes para darle más valor a un dato.

 

Activarse más allá de la cita. Una cosa es que un líder construya una sensación colectiva de encuentro y retoma de la calle como espacio de protesta y exigencia. Sin embargo, la tarea no puede ser delegada. Las redes sirven para multiplicar los conocimientos sobre un problema, encontrar a los expertos y conversar en torno a eso. Son espacios de fortalecimiento identitario, además de que permiten trabajar a más largo plazo porque mejoran las relaciones y conforman un espacio de mayor participación individual. Así que las agendas de exigencia pueden trascender la cita callejera para convertirse en cotidianidad creativa.

 

No sobrerrepresentar a los radicales. Los abstencionistas, los violentos, los rumorólogos, los torpederos de consensos y otras subespecies de la radicalidad consiguen en Internet un espacio cómodo para fingirse multitud y hacer más ruido que el resto. La realidad es que están sobrerrepresentados: parecen más de los que son y son fácilmente infiltrables.

 

Es en la coherencia entre discursos y prácticas donde se decantan los que de verdad desean lidiar con el país concreto y quedan por fuera los que sólo quieren satisfacer una agenda personal. Lo mejor es escucharlos, pero no caer en discusiones ni ceder en los no-negociables como las vías pacíficas y democráticas. Eso es lo único que le dará legitimidad a una protesta que crece y que se canaliza en redes.

 

 

La oposición venezolana vuelve a la calle

después de siete meses de espera

Alfredo Meza

22 de noviembre de 2013

La cesión de poderes legislativos durante un año al presidente Nicolás Maduro y la depauperación de la vida nacional motiva las protestas

 

La cuerda se ha vuelto a tensar en Venezuela. Después de un período de relativa calma, la cesión de poderes legislativos durante un año al presidente Nicolás Maduro ha provocado que la oposición haya decidido retomar la calle este sábado desde las diez de la mañana, hora local, para protestar no solo por esa situación, sino por la depauperación de la vida nacional expresada en lo que algunos observadores evalúan como la crisis económica más profunda de los últimos 30 años.

 

Es cierto que durante la era chavista, de casi tres lustros, jamás se ha alcanzado el récord de inflación de 1996 -103%-, pero las cifras acumuladas hasta octubre de 2013 -54,3% y 22,1% de escasez- indican que las subvenciones oficiales al dólar para detener la fuga de divisas no han funcionado. El Gobierno de Maduro parecía encaminarse en mayo hacia un manejo más pragmático de la economía, pero desde hace algunas semanas ha decidido radicalizarse y profundizar los controles y la dadivosa política exterior venezolana iniciando una etapa denominada “Ofensiva económica”, que consiste en una batida de todo el Gabinete para confiscar y rematar todos los precios de los bienes y servicios que se transan en el país. Al Gobierno no le ha interesado restablecer las relaciones con el sector privado venezolano en el entendido de que al tener el monopolio de la renta petrolera puede imponer su voluntad.

 

Tal vez la suma de esas razones haya impulsado al líder opositor y gobernador del estado de Miranda, Henrique Capriles, a pedir a sus seguidores que no acudan a la concentración que se celebrará en Caracas y los 334 municipios restantes del país con aires de fiesta. Es una convocatoria, dijo, para protestar contra la pérdida de la calidad de vida, la calamidad de los servicios públicos, la inseguridad y el desabastecimiento. Este viernes el excandidato presidencial escribió en su cuenta de Twitter: “Quince años enchufados en el poder y solo ahora se dieron cuenta del desastre económico del cual son responsables”. En una visita a San Carlos, en los llanos centrales del país, el dirigente le dio un tono dramático a la actual coyuntura: “Las cosas se pueden poner peor de lo que están. Todavía podemos seguir cayendo, todavía no hemos tocado fondo y si aquí no queremos que en nuestro país lo que veamos sean puras cenizas, nosotros tenemos que salir a protestar y a expresar lo que tenemos en el corazón”.

 

El presidente Nicolás Maduro, entretanto, ha dicho que la oposición infiltrará a personas con camisas rojas –el atuendo con el que se identifica al chavismo- para provocar caos y buscar alguna muerte. La noche de este viernes anunció que había ordenado detener a dos operadores de los partidos de oposición Voluntad Popular y Primero Justicia, supuestamente encargados de coordinar la operación. Al mismo tiempo restó importancia a la protesta garantizando que sus adversarios podían expresarse con libertad sin que eso signifique una excusa para promover la violencia.

 

Hasta esta semana Capriles había optado por recoger a sus seguidores. Luego del estrecho resultado de las elecciones presidenciales del pasado 14 de abril, los opositores se lanzaron a la calle en protesta por el resultado que le dio la victoria a Nicolás Maduro. Los desórdenes del día 15 dejaron 9 muertos y decenas de heridos, pero sobre todo la promesa de que esa cifra podía aumentar si la protesta proseguía. En una decisión polémica Capriles decidió continuar su reclamo por la vía legal, que estaba condenado al fracaso, y desconocer cualquier manifestación de sus seguidores en la calle. Con esta estrategia logró evitar un mayor número de víctimas, pero enfrío la temperatura de la protesta hasta el punto de que Maduro se afianzó en el poder y aumentó el poder que ya tenía. La apuesta le ha valido no pocas críticas de dirigentes como Leopoldo López y María Corina Machado.

 

La oposición ha vuelto así a dar un golpe sobre la mesa cuando parecía que también sería indiferente a la cesión de poderes legislativos al Ejecutivo. Concentrados en una estrategia tercamente electoral, el grueso de la dirigencia agrupada en la Mesa de la Unidad le ha dado hasta ahora un tibio acompañamiento a la lucha de los venezolanos por sobrevivir en tan incierto entorno. Ha carecido de creatividad para detener a Maduro y no han sabido capitalizar en estos meses el inmenso caudal de votos que le quitaron al chavismo en abril pasado. Siempre han apostado al desgaste en el entendido de que los delfines de Chávez no tienen la conexión emocional que éste tenía con su electorado. Esta es una lectura muy simple. El Gobierno tiene el control de la renta petrolera y ha demostrado no tener escrúpulos para comprar apoyo exacerbando el gen consumista del venezolano. La protesta de mañana luce como la calistenia previa a las elecciones municipales del próximo 8 de diciembre. Un verdadero simulacro electoral.

 

 

Maduro decreta dos leyes

para aumentar el control sobre la economía

Ewald Scharfenberg

22 de noviembre de 2013

 

El presidente de Venezuela inaugura los poderes especiales que le otorga la Ley Habilitante

Promulga una ley para contener los precios y crea organismos para la importación y exportación

 

Tal y como lo había anunciado, la noche de este jueves Nicolás Maduro promulgó sus dos primeros decretos “con rango, fuerza y valor” de ley, en el marco de los poderes especiales que le fueron concedidos 48 horas antes por la Asamblea Nacional. Se trata de la Ley Orgánica de Costos, Ganancias y Precios Justos y de la ley que crea el Centro y la Corporación nacionales de comercio exterior. Ambas normas buscan otorgar al Estado un papel de rector absoluto de la economía con el que pasa a sustituir a algunos actores mientras instrumentaliza a los restantes.

 

Maduro firmó los documentos en un acto celebrado en un barrio popular de Maracaibo, capital del estado de Zulia (costa noroeste de Venezuela). Fue el broche de oro para un día de vertiginosa actividad en el que más temprano, en un acto con delegaciones estudiantiles en el palacio presidencial de Miraflores en Caracas, el mandatario venezolano ofreció entregar una tableta electrónica gratuita a cada joven del país, así como financiar 10.000 becas de estudios universitarios en el extranjero durante el próximo año.

 

Ya en Maracaibo y apenas antes de empezar su alocución, el sucesor de Hugo Chávez se encontró con el presidente de la petrolera rusa Rosneft, Igor Sechin, un barón de la corte del presidente Vladimir Putin, que le obsequió la réplica de un icono de San Nicolás. Luego, teniendo como testigo de honor al escritor hispano-francés Ignacio Ramonet, se dispuso a explicar a los centenares de partidarios que lo esperaban el alcance de las dos leyes que decretó, no sin antes hacer un rápido examen de la conciencia política del público, al que preguntó:

 

- ¿Quién es el parásito pelucón?

 

- (Un murmullo más o menos indiscernible que quería decir “Henrique Capriles Radonski”).

 

- ¿Y quién es la parásita pelucona?- volvió a preguntar.

 

- (Otro murmullo en el que se distingue “María Corina Machado”).

 

- ¿Y el trono (un coloquialismo local que significa drogado, yonqui)?

 

-        (Otro entrevero que responde “Leopoldo López”).

-         

Sólo después de someter al escarnio al liderazgo opositor (“la trilogía del mal”, en el relato oficial), Maduro presentó las dos leyes que firmaría, cuyo objetivo único sería “proteger la libertad económica y los derechos socioeconómicos del pueblo que trabaja” y no de toda la ciudadanía, según dijo.

 

Con respecto a la Ley de Costos, Ganancias y Precios Justos, explicó que funciona como un compendio de toda la normativa ya existente en materia de protección al consumidor y “del salario del pueblo”. Aunque no abundó en detalles sobre el contenido de los artículos, trascendió que establece un techo de 30% de margen para la rentabilidad en los precios de los productos.

 

Maduro dijo que la segunda ley, que crea el Centro y la Corporación nacionales de Comercio Exterior, tiene el mismo efecto que las máquinas de afeitar de hoja doble: “Lo que a la primera se le pasa, la segunda la repasa”, citando un lema antiguo de una marca comercial de rasuradoras. El propósito principal del Centro Nacional de Comercio Exterior sería ordenar la actividad comercial de la nación y “establecer los parámetros de uso” de los dólares de la República. Mientras, la Corporación se constituye en un gran holding de importación “que traerá todo lo que Venezuela necesite”. Admitió que, en algún caso “muy especializado”, se apelará a empresas privadas - nacionales o extranjeras - para importar, pero que en tales ocasiones se les hará suscribir un contrato de fiel cumplimiento y las divisas que se desembolsen permanecerán en una cuenta bancaria en Venezuela.

 

Sin hacerlo explícito, dio a entender que las leyes pueden convertirse en una herramienta de discriminación política y económica, cuando dijo que los empresarios que “hayan malbaratado los dólares de la patria o hayan especulado (…) ni se aparezcan” en los próximos registros, que iniciarán la próxima semana, de comerciantes e importadores y exportadores. Para participar en el nuevo sistema previsto por el ejecutivo nacional, habrá que estar inscrito en esos registros.

 

El Gobierno trata de retomar la iniciativa política mientras se acercan las elecciones municipales del próximo 8 de diciembre. Aunque son unas elecciones locales, han adquirido carácter de plebiscito en la medida en que Maduro parece enrumbarse a una radicalización de su programa, por una parte, y que la oposición sigue sin reconocer el triunfo del chavismo en las pasadas elecciones del 14 de abril, por la otra.

 

En esa ofensiva, la intensa propaganda del oficialismo busca representar a la dirigencia opositora como brazo político de la “usura”, a la que habría puesto en evidencia desde hace casi dos semanas, cuando inició una oleada de tomas de tiendas y almacenes y confiscación de su mercancía para venderla de manera compulsiva “a precios justos”. Esta misma noche, en una escalada de la operación, Maduro declaró su intención de bajar los cánones de arrendamientos de los centros comerciales.

 

Maduro se burló de la convocatoria hecha por el líder opositor, Henrique Capriles Radonski, para protestar este próximo sábado en los 335 municipios del país contra la Ley Habilitante y contra las confiscaciones sumarias que afectan a los comerciantes y que, según algunos expertos, estarían agotando las existencias de productos. “No te metas con mi usurero”, se mofó, “no te metas con mi capitalista ladrón… Esas deben ser las consignas de la ultraderecha. Pero irán a chillar un mes, o un año, porque yo voy a seguir bajando los precios”.

 

De todas maneras, el presidente quiso curarse en salud acerca del volumen de inventarios. Maduro anunció que su Gobierno acaba de firmar un acuerdo por 100 millones de dólares con la empresa coreana Samsung para importar de inmediato 400.000 electrodomésticos. Además, confió en que la empresa china Haier también vaya a despachar un millón de productos al mercado venezolano.

 

Maduro, que cumplió el martes siete meses en el poder, advirtió que dirigentes opositores y en especial Leopoldo López –”el trono”, insistió en llamarlo- , líder del partido Voluntad Popular, estarían planeando generar desórdenes este sábado simulando que las manifestaciones son atacadas por simpatizantes del chavismo. A propósito de ello, aunque aseguró que los organismos de inteligencia del Gobierno ya han tomado las precauciones correspondientes, instó a sus partidarios a estar en la calle, reunidos en plazas centrales y centros comerciales, “pero trabajando. No caigan en la provocación”.

 

 

La oposición convoca una marcha

contra la Ley Habilitante de Maduro

Alfredo Meza

21 de noviembre de 2013

 

El presidente venezolano anuncia que pondrá en marcha los poderes especiales el jueves y aprobará las dos primeras leyes

 

El presidente Nicolás Maduro se estrenará como legislador el jueves, tal y como ha anunciado a través de su cuenta de Twitter. Este miércoles se ha publicado la Gaceta Oficial extraordinaria con el texto de la Ley Habilitante que le permitirá gobernar por decreto durante un año sin tener que pasar por el Parlamento. Era un formalismo necesario para avanzar en la lucha contra lo que el Gobierno ha denominado la “guerra económica”, que consiste en el incremento de los precios atendiendo a la cifra alcanzada por la inflación -que en el último año marcó 54,3%- y a una demanda desmesurada en medio de una oferta escasa. La práctica, habitual en Venezuela debido a sus condiciones macroeconómicas, ha tenido esta vez una respuesta nunca antes vista: una batida de todo el gabinete para confiscar y rematar mercancías importadas por el capital privado con precios elevados, según la consideración del Ejecutivo.

 

La ley le dará formalidad al trabajo de campo que adelanta el Gobierno desde hace dos semanas, cuando Maduro llamó a vaciar los anaqueles de una cadena de electrodomésticos (Daka) con la promesa de un recorte sustancial del costo de los productos. Todos los días hay un parte en la televisión oficial. Este miércoles, por ejemplo, el vicepresidente Jorge Arreaza anunció que seis empresarios estaban detenidos acusados de “usura al máximo nivel”.

 

Entre tanto, el mayor general Hebert García Plaza, director del Órgano Superior de la Economía, se reunía con los dueños de la mayor cadena de centros comerciales del país, la Constructora Sambil, averiguando cómo calculaban el alquiler de los locales comerciales. La sentencia es siempre la misma: los costes son elevados y deben ser regulados. No falta en este afán informativo del Gobierno el reconocimiento al trabajo propio: se está librando, dicen, una batalla contra los grandes empresarios que roban al Estado y al pueblo.

 

El comentario del día, sin duda, correspondió al diputado 99, Carlos Flores, el hombre que hizo posible que hoy el Ejecutivo esté autorizado para legislar. “Yo soy un hombre chavista, revolucionario y comprometido con esta patria. A mí no me compró ni me amedrentó nadie, mi deber político era estar al lado de lo que requiere el país y de lo que favorece al pueblo venezolano”, dijo en un programa matutino transmitido en la estatal Venezolana de Televisión.

 

más información

 

El Gobierno no reconoce ninguna responsabilidad en el rebrote de la inflación, que en un año acumula 54,3%, más del doble que lo alcanzado en 2012 y una escasez del 22,3%. Al contrario, el Ejecutivo descarga la culpa del incremento de los precios aplicados por el comercio privado. La oposición sí ha hecho énfasis en este punto en la rueda de prensa que convocó la alianza de partidos Mesa de la Unidad para comentar la concesión de poderes temporales legislativos al Ejecutivo. El gobernador del Estado Miranda y líder de la oposición, Henrique Capriles, convocó para el próximo sábado una manifestación en los 335 municipios del país. Será relativamente fácil lograr una convocatoria nutrida. El próximo domingo 8 de diciembre se celebrarán las elecciones de alcaldes y concejos municipales y todos los aspirantes están en la calle haciendo campaña electoral. “Podrán pedir mil leyes habilitantes, pero con una ley no podrán habilitar la capacidad. La incapacidad no se resuelve con una Habilitante. No va a aparecer la leche, el papel, el pollo, la carne, la seguridad”, agregó el excandidato presidencial.

 

Capriles pidió a sus seguidores capitalinos -que se concentrarán en la céntrica Plaza Venezuela de Caracas- que no asistan con espíritu de juerga, muy usual del temperamento caribeño. “Es una protesta contra el desastre del país, contra un Gobierno que controla prácticamente todo y dice que no es culpable”, aclaró.

 

Que la oposición vuelva a la calle es un hecho significativo. No lo hacía de forma masiva desde abril, cuando acataron el llamamiento de Capriles para recogerse y permanecer en casa protestando contra el estrecho y polémico resultado de las elecciones presidenciales celebradas para escoger al sucesor del fallecido presidente Chávez.

 

La declaración de la oposición pretendió contraponer dos conductas: la corrupción judicial, que en esa visión estaría encarnada por el chavismo, y la postura de los diputados de la oposición, quienes, dijo Capriles, no cedieron a la tentación de cambiar de bando para apoyar la propuesta de Maduro. “Entre nosotros hay un gran sentido de responsabilidad frente a lo que ocurre en el país”, afirmó.

 

El chavismo también ha aprovechado la ocasión para criticar la convocatoria y tratar de convertirla en un argumento a su favor. “Capriles convoca a la marcha con mi especulador no te metas”, dijo el número dos del chavismo, Diosdado Cabello, también presidente de la Asamblea Nacional. Una burla silenciosa a aquellas primeras protestas convocadas en 2001 por la clase media por la reforma del currículo educativo –llamadas Con mis hijos no te metas- y que se convirtieron en la chispa que encendió el golpe de Estado que enfrentó y derrotó Hugo Chávez en 2002. Quizás sea esa la prueba de que en este país el tiempo parece no haber avanzado.

 

 

Areté

Miguel Ángel Latouche

20 de noviembre de 2013

 

Estamos muy lejos de la virtud griega y muy cerca del oscurantismo y la barbarie. En su concepción original, los buenos ponderarían la suerte de lo común antes que su bienestar individual. Saltarse la institucionalidad, tomar atajos, termina destruyendo los espacios en los cuales convivimos

 

Del ciudadano griego se esperaba que contribuyese activamente con la vida de la ciudad. A fin de cuentas la vida civilizada estaba referida a una construcción común que se estructuraba dentro de los muros de la ciudad y a resguardo de los bárbaros. La protección de los muros era una tarea fundamental. El arte, la cultura, la literatura, la conversación pública, a fin de cuentas, los elementos que caracterizan la vida civilizada solo eran posibles bajo la seguridad que brindaban los muros protectores.

 

De un ciudadano griego no solo se esperaba que prestase servicio militar cada vez que le fuera requerido, sino que además se le solicitaba que se comportase en razón de una idea común acerca del actuar virtuoso, mediante la cual cultivase la valentía, la justicia y el equilibrio, y en razón de la cual se contribuyera a defender aquello que se consideraba como bueno, una idea de lo común que implicase la supervivencia de la ciudad y de los ciudadanos en medio de un ambiente por lo general hostil y peligroso.

 

En su concepción original, los aristoi, los buenos, actuarían en función de una concepción ética que les llevaría a ponderar la suerte de lo común antes que su bienestar individual, bien fuera que se tratase de un acto de heroísmo o de un sacrificio.

 

Aquiles no podía rehuír su suerte, el héroe no podía escapar de su destino, su vida a cambio de la caída de Troya. Leónidas debía sacrificar su vida y la de sus trescientos hombres para defender el paso de las Termópilas y salvar a una civilización en contra de una invasión extranjera.

 

Se suponía que ese ejercicio de la vida virtuosa debía ser particularmente cuidadoso en el caso de aquellos que ejercían el poder público. Sobre sus hombros se encontraba la suerte de muchos. No se trataba solamente del ejercicio retórico del discurso público mediante el cual se exponían las ideas y se ganaba adeptos para la causa; se trataba, además, de la capacidad para adelantar las acciones que fueran necesarias para garantizar la supervivencia de la ciudad y sus habitantes.

 

El gobernante es el equivalente al timonel que domina la Nao y la lleva a buen puerto. Los hombres eran responsables por sus discursos y por las acciones que de ellos derivasen.

 

No se encontraban en la disposición de achacarles la culpa a los demás. Cada quien asumía las responsabilidades que le correspondían y actuaban en consecuencia. Se trataba de una búsqueda por la excelencia, de un intento por ser cada día mejor, de la necesidad de decir la verdad, de una forma de actuar que favorece la convivencia colectiva, que se encuentra referida a un proyecto colectivo que busca lo mejor para todos y que evita causar daños a los demás.

 

LA FORMA Y EL FONDO

Muchas veces en Política, así con mayúscula, la forma es el fondo. No es cierto que el fin justifique los medios, de otro modo se podría razonar a favor de la Solución Final del Nacional-Socialismo, o cualquier otra de las muchas locuras colectivas que encontramos en la historia de la humanidad. Aquellos que ejercen lo público necesitan que existan límites a sus actuaciones. Esas limitaciones deben estar referidas al funcionamiento de las instituciones tanto como a la práctica de la virtud cívica.

 

Así, por ejemplo, el problema no es que se tenga o no una Ley habilitante, sino la manera como se manipuló el marco institucional con la finalidad de alcanzar esa meta política, allí donde no existen límites a las actuaciones del Estado corremos el riego de que se suprima la Libertad. Resolver el problema del precio de los electrodomésticos no debería pasar por la expropiación alevosa de los bienes privados. El control del dólar paralelo no debería implicar acusaciones y amenazas en contra de los venezolanos que no comulgan con este estado de cosas.

 

Saltarse la institucionalidad, tomar atajos, apurar los procesos, termina destruyendo los espacios dentro de los cuales convivimos, daña la construcción ciudadana, nos lleva por una ruta peligrosa en la cual todo está en cuestionamiento, nada se respeta, no hay límites morales, todo vale.

 

Caminamos directo a un drama hobbesiano, el Estado de Naturaleza, la confrontación de todos en contra de todos.Nos encontramos al límite de una situación límite.

 

Un país funciona mal cuando sus Altos Funcionarios transforman el cuerpo legal en papel higiénico, cuando se usan recursos públicos para hacer campaña, cuando se presiona indebidamente a los medios de comunicación, cuando se auspicia la orgía del consumismo desmedido para ganar elecciones. Estamos muy lejos de la virtud griega y muy cerca del oscurantismo y la barbarie. Vivimos tiempos difíciles.

 

 

¿Existe el CNE?

Teodoro Petkoff

20 de noviembre de 2013

 

Pareciera que no. No hay artículo de la ley que se le haya salvado Maduro. La institución, en tanto que tal, ha permanecido ciega, sorda y muda. No ve, no oye, no habla sobre lo que está ocurriendo ante sus narices. Nunca ha habido una determinación deliberada de ignorar la ley de la forma tan descarada como lo han hecho Nicolás Maduro y las cuatro señoras. Jamás

 

¿Existe el CNE? Pareciera que no. Ni siquiera Chávez violó y violentó la normativa electoral, establecida por ley, del modo como lo ha venido haciendo Nicolás Maduro. No hay artículo de la ley que se le haya salvado.

 

El país está asistiendo ¬a estas alturas, mala cosa, podría pensarse que hasta con resignación¬ a una verdadera orgía de abusos contra la legislación electoral, amparada en un decreto oficial que declara precisamente el día de las elecciones como “Día de la lealtad y amor al Comandante Supremo”.

 

Peor aún, Maduro y su combo están violentando una tradición legal venezolana, prácticamente jamás ignorada, de que durante los días de celebración de comicios no se permiten actos y/o eventos públicos, del carácter que sea, y mucho menos, si poseen significación política. Esta vez, Nicolás Maduro ha sobrepasado todos los límites.

 

Con su cara de “yo no fui” ha transformado el 8 de diciembre ¬día de las elecciones municipales¬ en una celebración pública, abierta, del PSUV.

 

Hablamos antes de “tradición” porque ya ni siquiera es necesario ejercer medidas de vigilancia y eventual coerción legal para impedir que aquella sea ignorada.

 

Los venezolanos, a punta de más de medio siglo de vida electoral, nos hemos hecho a la idea de que los días en que se escogen mandatarios, de todos los niveles, están vetados para la realización de eventos de carácter político.

 

Tan acendrada está esta composición de lugar que el CNE apenas si se limita a hacer un exhorto meramente formal, con la seguridad de que a nadie se le ocurriría, en tales días, violar la ley.

 

Pero llegó Maduro y mandó a parar. ¿Cuál es el propósito de tan estrafalaria decisión? Obviamente motorizar a los suyos con la sensiblería barata del recuerdo del difunto y, sobre todo, atemorizar a los opositores.

 

Nadie puede negar, incluso, la posibilidad de que ese día se torne harto riesgoso, dado que el mismo derecho que se abroga el gobierno para celebrar al difunto líder puede ejercerlo cualquiera en sentido contrario.

 

En este país hiperpolarizado y cargado de agresividad, la posibilidad de que las “celebraciones” den lugar “contracelebraciones” no puede descartarse en modo alguno, de tal manera que la violencia pudiera apoderarse de las calles.

 

Si de Maduro cupiera esperar un poco de sindéresis, debería dejar para mejor ocasión ese “día de la lealtad”. Pero se nota que el poder se le subió a la cabeza y, aunque no es imposible, es difícil que pueda echar atrás.

 

Y, a todas estas, ¿dónde está el CNE?, ¿qué hace el CNE ante este desafío brutal y brutal desafuero a su autoridad?; ¿existe el CNE? Con la excepción de la valiente y solitaria pelea que viene librando el rector Vicente Díaz, el resto del organismo ¬las cuatro damas¬ se muestra completamente ajeno al asunto.

 

Es decir, la institución, en tanto que tal, ha permanecido ciega, sorda y muda. No ve, no oye, no habla sobre lo que está ocurriendo ante sus narices.

 

Nunca ha habido una determinación deliberada de ignorar la ley de la forma tan descarada como lo han hecho Nicolás Maduro y las cuatro señoras. Jamás.

 

 

Al límite: Ahora veremos de qué está hecha la oposición

Luis García Mora

17 de noviembre de 2013

 

“Somos los únicos que podemos gobernar este país. ¡Más nadie!”, dijo Maduro el viernes, desnudando su real politik. “Ustedes —amenazó y, desde luego, se refería en su enésima cadena al país que lo adversa y del que se sabrá su real dimensión el 8 de diciembre— no saben lo que es el caos”. “Nosotros —dijo, y uno imagina que se refería a la Liga Socialista y Cuba donde se formó en su etapa pre-política y la que acaba de regresar— venimos del caos y de la violencia”, expresándose no como el hombre radical pero democrático que se creía que era, sino como el jefe de un ejército armado que acaba de asaltar el poder.

 

¿Acaba Maduro de asaltar el poder? No pareciera, sino todo lo contrario. Quizás el poder ha acabado por asaltarlo a él. Y en la oportunidad de confrontarnos con nosotros mismos como país, la oposición debería calibrar mejor esta situación. Sobre todo la económica y la que tiene que ver con de seguridad.

 

La situación económica en crisis abierta y total, se da fundamentalmente desde que, en 2010, el Banco Central comenzó a financiar a PDVSA emitiendo dinero sin respaldo, hasta terminar en la hora actual en la que PDVSA y el Estado dependen de la imprenta del Banco Central.

 

Ya no se trata sólo del billón de dólares que se malgastó y dilapidó en tres lustros, sino del abismo inflacionario que se abrió al lanzarse un millón de millones de bolívares (un billón de los nuestros) cuyo respaldo hoy alcanza solamente para 150 mil millones: el 15%.

 

El resto es este suplicio inflacionario que da vértigo.

 

Todo el sector público tiene un hueco del tamaño del 15% del Producto Interno Bruto. Alucinante, de acuerdo con los expertos.

 

Desde que Chávez, allá por el 2003, solicitó entre burlitas y rudeza al BCV que le facilitara “un millardito” de las reservas para financiarse políticamente ante su posible derrota moral y política con el Reafirmazo hasta hoy, el saqueo de las reservas ha sido brutal. Dicen que —entre otras razones— la destitución de Edmée Betancourt del BCV fue porque no quiso seguir imprimiendo dinero inorgánico. Por lo que las coordenadas del desastre actual (ése que Maduro llama “Guerra Económica”, ante su militarización y su retirada como civil, ante la calamidad de su fracaso) estarían marcadas por el desastre cambiario, debido a la insuficiencia de divisas, y el desastre monetario, por emitir dinero sin ningún respaldo.

 

Y ante una coyuntura político-electoral en la que concurre —por primera vez, desde 1999— sin plata y sin inventarios, y con un respaldo popular muy mermado, el chavismo al parecer comienza a entrar en una fase terminal a la que el estudioso Fernando Mires caracteriza como un modo de dominación en el que por encima de la lógica política, predomina la razón militar.

 

Y éste, amigo lector, quizá sea el dato más importante de la ecuación política actual: el 1 de octubre, Maduro anunció la reestructuración de su Gobierno con “estados mayores bien definidos” basados en el concepto de “organización militar de máximo nivel”. Por lo que el país, desde el punto de vista gubernamental, estaría imbricado en una estructura militar “superior” en la que destacarían el general García Plaza como comandante económico (que supuestamente será también el próximo Ministro de la Defensa), pero sobre todo el equivalente estratégico operacional que tiene que ver con el mundo militar: el mayor general Vladimir Padrino López.

 

Si se asume esta estructura militar stricto sensu como la dibuja Maduro, Padrino López es el jefe del aparato económico del Estado, porque en un escenario de guerra, es el hombre que coordina PDVSA, Finanzas, Cordiplán y Banco Central. Es él quien da órdenes y a él responden.

 

Padrino López. Máximo jefe del mundo militar.

 

Y los militares llevan los inventarios al día, todo planificado, porque a ellos les va a corresponder dar respuesta a ese problema de una agudización extrema del desabastecimiento.

 

Son tipos muy disciplinados, dedicados. Y tenemos 41% de desabastecimiento grave y 22% de desabastecimiento abierto. Cifras descomunales: el año pasado era de 13%. En un país en el que pasamos, como dice un experto, de las bodegas al comisariato de las compañías petroleras.

 

De manera, que en algún nivel hay control.

 

Es un mundo de jerarquía y obediencia, en el que se reconoce que ha habido un cambio social importante. Y que, para muchos, “saben que la solución del problema no es la que promueve Maduro, pero no quieren involucrarse ni dar la cara en las soluciones duras, porque si se quieren resolver los problemas alguien tiene que sentarse con las petroleras y no quieren ser ellos directamente. Quizás lo haga Ramírez, pero bajo tutoría militar”.

 

Cuando Chávez estaba vivo, el mundo era otro. Con su muerte cambia todo. Era el gran amortiguador. El gran estabilizador. Con dos corporaciones: la corporación militar y la corporación partidista.

 

Y Chávez era un militar por los cuatro costados.

 

A los militares Chávez les fue creando un mundo para el repliegue: gobernaciones, regiones económicas de desarrollo integral, zonas económicas, para que oficiales y generales fueran a ahí y se convirtieran en civiles.

 

Si es cierto lo que se observa en el panorama, se va a producir un cambio sustantivo, dicen, en las fuerzas que manejan el Gobierno. Y como en un movimiento de placas tectónicas, la placa del mundo militar no chocará con las otras.

 

Pero los bloques opositores no lo han comprendido.

 

O, ¿sí?

 

Y toman la conducción del poder porque no hay decisiones. Ninguna. Las últimas medidas constituyen una respuesta populista ante la inminencia del 8-D. Entre tanto, Maduro derogó el Parlamento y pasó a gobernar por decreto.

 

Ahora veremos de qué pasta está hecha la oposición.

 

Cráteres:

 

- Comenzó el debate abierto y democrático sobre el rol de la oposición, de la MUD, al otro día del 8-D, en lo que lógicamente deberá producirse un consenso que unifique una evaluación inteligente de la situación. Y una salida. Desde ya se destaca la proposición de Leopoldo López, quien no ve salida democrática sin una movilización de calle. “Debemos asumir todos los riesgos, porque es un gobierno que se aferra al poder. No veo una salida en la que no exista una situación de calle pacífica, democrática. Cuando se plantea una violencia de Estado, los dirigentes debemos estar en primera fila. No estamos apresurando las circunstancias. Con el voto debe venir la protesta, la articulación de un descontento con el suficiente peso como para inducir al cambio. Nosotros tenemos la responsabilidad de articular, no sólo las condiciones para que el pueblo vote, sino también para que en momentos críticos encaucemos la calle como elemento de presión. Nos corresponde a nosotros aglutinar esos movimientos en una sola protesta. No hay respuesta del Estado, por más que quiera, capaz de frenar el fenómeno de millones de personas en la calle. Y no veo a la Fuerza Armada enfrentando al pueblo en la calle”.

 

- Más: “No podemos sentarnos a esperar a que termine la ruptura de la continuidad de forma sobrevenida. Nos corresponde a nosotros darle un rumbo y un destino. Lo peor que nos puede pasar es que las circunstancias nos arropen y nuestro planteamiento sea desbordado por la realidad, por eso debemos articular respuestas. Repito: con este gobierno no veo una salida en la que no exista una situación de calle. Ellos plantean aferrarse al poder en cualquier escenario. Entonces el cambio podría estar viendo un escenario de conflicto. No es lo que queremos pero no podemos aceptar el chantaje del gobierno de que si convocamos a la calle, amparados en un derecho constitucional, el de la protesta, entonces somos responsables de la violencia. Podemos salir a la calle, pero si se llega a presentar una respuesta violenta, esa será responsabilidad del Gobierno”.

 

- Otra: “Una suspensión de las elecciones provocaría una intensa protesta proporcional en la que también participarían, estoy seguro, los disidentes del oficialismo. Nosotros estamos en una estrategia de fortalecimiento y consolidación de una mayoría creciente. Y el 8-D será un test para medir las fuerzas actuales de la continuidad y el cambio”.

 

 

Cantv nos estafa

17 de noviembre de 2013

 

De ser cierta la tesis repetida en cadenas de radio y TV: las tarifas de Internet de Cantv serían unas de las más altas y lentas del continente. Dicho de otro modo, en economías capitalistas latinoamericanas la gente paga menos por su conectividad que en Venezuela con la empresa estatal

 

En estos días de imposición cambiaria, en la que los canales oficiales como VTV y los voceros gubernamentales insisten en aclarar que el 6,30 es el único tipo de cambio vigente (incluso olvidando el Sicad), hemos visto cómo se calculan alegremente precios de televisores, celulares y neveras.

 

Si en otros momentos el país ha sido experto en oncología, en satélites o en Siria, ahora todos meten la mano en márgenes de ganancia, inventarios, aduanas, importaciones y demás. Hacen una matemática cómoda y sencilla para su bolsillo de comprador, pero ya.

 

Dadas las cifras y la insistencia en la medida única, se comprende que aún no haya suficientes dólares para medicinas y alimentos, que siguen escaseando, porque el Estado evidentemente priorizó los electrodomésticos, la ropa y otros bienes esenciales para construir el socialismo.

 

Sin embargo, hay un problema grave en imponer la tesis falsa de que todo en el país se manejaba con dólar a 6,30 y fuera de eso obedece a alteraciones económicas de parte de agentes privados: no alcanza para explicar muchos otros precios en el mercado.

 

El militante promedio, ni qué decir el beneficiado por la burocracia, es incapaz de explicar a la tasa oficial el precio del vehículo que utiliza o la casa donde vive, sin importar su clase social. Sin embargo, con esa vara miden a terceros y le mandan militares para que la batalla de las ideas se convierta en la victoria perfecta del silenciamiento.

 

Calculados a 6,30 bolívares por dólar, los autos ensamblados por empresas estatales están entre los más caros del continente. Las computadoras y celulares de empresas públicas vendidos en mercados como el Bicentenario también son hijas de la especulación y la ganancia desmedida, y eso que recibieron dólares preferenciales para su cadena de producción.

 

Entonces, de ser cierta la tesis repetida en cadenas de radio y TV: las tarifas de Internet de Cantv serían unas de las más altas y lentas del continente. Dicho de otro modo, en economías capitalistas latinoamericanas la gente paga menos por su conectividad que en Venezuela con la empresa estatal.

 

TARIFAS Y EJEMPLOS

Veamos las ofertas de la principal proveedora de Internet del país. En este momento los planes de 2mbps (megabytes por segundo) en adelante son los importantes, dado que el Observatorio Regional de Banda Ancha de la Cepal considera eso como la mínima velocidad decente de conexión. Sin embargo incluyamos el básico, que es el más concurrido:

-Aba inicio: 1Mbps - 66Bs = $10,47

-Aba productivo: 2Mbps - 260Bs = $41,26

-Aba súper productivo: 3Mbps - 400Bs = $63,49

-Aba mega productivo: 4Mbps - 499Bs = $79,20 -Aba 6 megas: 6Mbps - 600Bs = $95,23

La primera observación extraña es el insólito salto que da el servicio de Internet de 1mbps a 2mbps, es como si fuese un grandísimo esfuerzo duplicar el ancho de banda a una velocidad que es hoy en día lo mínimo para consumir contenidos de video.

 

En segundo lugar, sorprende que un servicio público de Internet cobre 95 dólares por apenas 6 megas de conexión cuando su competidor privado, la empresa Inter, ofrece una conectividad de 10 megas por 556Bs, unos 7 dólares menos por una conexión 66% más rápida.

 

Y eso que ambas empresas han estado afectadas por los retrasos de Cadivi y la bajada en la prioridad del sector telecomunicaciones para las inversiones. Se confiaron en que era un sector en constante crecimiento, demanda y ganancias, que no le inyectaron lo suficiente para tener sistemas robustos, rápidos y competitivos, como nos merecemos los ciudadanos y consumidores venezolanos. Sólo en Colombia, una empresa como Movistar cobra 30 dólares por el servicio de 3Mbps más la línea del teléfono fijo.

 

Es menos de la mitad de la tarifa de Cantv en Venezuela. En TimeWarner Cable, en EUA, una conexión de 2Mbps (la mínima para ellos) cuesta $15, cuando Cantv cobra 25 dólares más por el mismo servicio. Esa misma empresa oferta su servicio más rápido y costoso, el de 50Mbps, por 65 dólares mensuales, casi lo que cobran en Venezuela por una conexión de apenas 3Mbps.

 

Podríamos llamar al gobierno amigo de Argentina y preguntar por qué allá un servicio como Arnet cobra 20 dólares por un servicio de 6 megas, durante un año.

 

Luego el precio se duplica, pero sigue muy por debajo de los 95,23 dólares que cobra Cantv por su velocidad máxima. En cambio, para Arnet, estando tan al sur, con más cable submarino para llegar, su servicio tope es de 15 megas y cuesta 180 pesos argentinos, que en su dólar oficial son apenas 30 dólares.

 

Visto así, parece que el jueguito de acusar a los privados de no regirse por las tasas oficiales no tiene mucha explicación. Todos queremos precios más justos, así como queremos y necesitamos mejores servicios, pero se necesitan en un entorno de justicia y búsqueda de la verdad. La sustitución de la información oficial por la propaganda no ha generado más que ruido y distancia entre la realidad concreta y la campaña electoral.

 

Por otro lado, con esas tarifas es comprensible que Cantv además esté produciendo dividendos que se usan para pagar deudas de otras áreas del sector público, pero eso no justifica entonces los bajos salarios de sus empleados, las deudas de sus jubilados, el servicio técnico deficiente y el rezago en las velocidades.

 

A todos nos importa la empresa pública, pero no nos están contando el cuento completo, así como en esta locura cambiaria no están haciendo las cuentas completas.

 

 

Gobierno de seudoeventos

Andrés Cañizález

17 de noviembre de 2013

 

Como hemos sostenido en otros artículos, la lucha política contemporánea es, en realidad, la lucha por copar y modelar la agenda pública. La Venezuela chavista es un claro ejemplo de ello

 

Daniel Boorstin fue ganador de un premio Pulitzer en historia e historiador social con una muy reconocida obra. Fue bibliotecario de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y murió en Washington en 2004 a la edad de 89 años.

 

A partir de su análisis sobre el impacto de la dimensión mediática en la vida cotidiana y política de Estados Unidos definió por primera vez lo que sería el mundo del reality show y sus consecuencias sobre la agenda de discusión pública. A Boorstin se le reconoce ampliamente por introducir la noción del seudo- evento para describir acontecimientos que se organizan para conseguir cobertura en las noticias y moldear así la opinión pública.

 

Como hemos sostenido en otros artículos, la lucha política contemporánea es, en realidad, la lucha por copar y modelar la agenda pública. La Venezuela chavista es un claro ejemplo de ello.

 

El seudoevento es una noticia inventada o un acto organizado para provocar la cobertura de la prensa. En las sociedades democráticas consolidadas fundamentalmente se entiende que los seudoeventos son las propias conferencias de prensa, una ceremonia o acto oficial, etc.

 

En el trópico la cosa es mucho más ingeniosa y diversa: se puede poner varias veces la primera piedra de una obra que años después sigue sin construir, se puede dar una cadena nacional de radio y televisión para anunciar que en el futuro inmediato se anunciarán medidas económicas, se puede ordenar desde el poder la paulatina toma del sector comercial privado para rebajar los precios de los aparatos de televisión de última generación mientras siguen escaseando la leche y la harina de maíz, y acá el etcétera es tan largo como usted pueda imaginarlo.

 

Pienso que la revolución bolivariana no está tan preocupada en dar respuestas a las necesidades básicas y reales de los venezolanos, sino que en realidad es una potente maquinaria para construir seudoeventos, copar la agenda mediática y por tanto llenar de contenidos la discusión pública, todo ello con el único propósito de perpetuarse en el poder. Vivimos pues inmersos en un prolongado reality show sólo que el resultado está siendo una paulatina pero indetenible destrucción del país.

 

Las explicaciones sobre qué es un seudoevento nos dicen que se trata de obtener publicidad para la persona o causa que organiza el “suceso”, por lo que todo se planea para su conveniencia. El éxito o fracaso de muchas acciones políticas depende de la cobertura de prensa, de ahí la necesidad de crear sucesos que llamen su atención.

 

Como hemos sostenido, el término es de Boorstin, quien escribió en 1962 su libro La Imagen, Una Guía a los seudosucesos en América. Hace 50 años este autor alertaba que debido a la expansión e impacto mediático en la sociedad de masas, los “sucesos” fabricados iban tomando el lugar de los acontecimientos reales y que son diseñados para manipular y promover imagen más que para informar.

 

Resulta llamativo que estas referencias a Boorstin, que extraigo del diccionario electoral, editado en línea por el Instituto Nacional de Estudios Políticos (INEP) de México, sean acompañadas de la siguiente cita de Maquiavelo: “un príncipe sabio debe, cuando tenga ocasión, procurarse con astucia alguna enemistad, a fin de que, una vez vencida, resulte mayor su grandeza”.

 

De acuerdo con Boorstin, durante las elecciones el tema de los seudoeventos cobra mayor relevancia ya que en una campaña se busca, en la actualidad, no solamente los votos a través del contacto directo cara a cara, sino que se persigue la cobertura de la prensa, en aras también de restarle presencia e impacto mediático al adversario.

 

Los medios de comunicación masivos hacen que los actos de la campaña tengan efectos en los electores que no los presenciaron, pero que se enteran de ellos por la cobertura periodística. De esa forma muchos actos políticos, en verdad, tienen como destinatarios reales a los medios de comunicación. Con la cobertura de la prensa, se logran otros propósitos: dar mayor credibilidad a los mensajes, ya que al ser transmitidos no como propaganda sino como noticia, son más creíbles para los electores; y además, aprovechar la difusión “gratuita” de los mismos.

 

El español Lorenzo Gomis en su libro Teoría del periodismo (Paidós, 1991) igualmente reflexiona sobre el fenómeno de los seudoeventos. De acuerdo con Gomis, este tipo de acontecimientos creados para los medios son casi tan viejos como el propio periodismo, aunque obviamente en las últimas décadas la proliferación de equipos de prensa y agencias de comunicación ha disparado su utilización. De acuerdo con el propio Gomis, el número de seudoeventos recogidos en las páginas de los diarios de España se ha incrementado hasta el punto de que en algunas secciones supera al de acontecimientos surgidos realmente.

 

La lógica de gobierno en Venezuela nos copa de seudoeventos, como puede percatarse cualquiera sin necesidad de un análisis profundo. ¿Hasta cuándo tendrá éxito electoralmente esta dinámica? En mi opinión el 8 de diciembre será un buen termómetro.

 

 

 

Las colas y otras derrotas en la guerra económica

Ángel Alayón

17 de noviembre de 2013

 

“La política es la lucha de la memoria contra el olvido”

Milan Kundera

 

Las largas colas frente a las tiendas son la prueba del carácter temporal de esta “victoria” en la llamada guerra económica. Esas personas que están allí no creen que la reducción de precios sea sostenible: no creen en su perdurabilidad. Están allí porque el Gobierno les ha creado una oportunidad de recuperar su poder adquisitivo, pero no confían en que podrán despertar en enero y encontrar los productos al mismo precio. Peor aún, no confían en que podrán encontrar los productos. Hay soledad en la victoria.

 

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La escasez de productos básicos medida por el BCV está por encima del 20%. Hay colas por toda la ciudad en busca de productos de primera necesidad. En un abasto en La Campiña veo una columna de 35 personas bajo el sol. Les pregunto para qué es esa cola. Me dicen que parece que llegó la leche y el azúcar. No es casual que el gobierno haya desplegado su artillería en esta fase de la ofensiva contra la guerra económica en comercios que se dedican a importar productos que no son de primera necesidad. En los alimentos y las medicinas la escasez ya está instalada, de acuerdo con el BCV, y cualquier movimiento del gobierno allí puede ser realmente catastrófico.

 

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El racionamiento es el hijo no deseado de la escasez. Cuando la demanda no puede ser satisfecha con la oferta disponible, hay que racionar. En otras circunstancias, los precios se encargan de eso, pero en este caso el método elegido son las colas, un método con una larga tradición, sobre todo en las economías socialistas del siglo XX. Cuando se raciona mediante colas, se benefician los primeros que llegan y se compra hasta donde alcance la mercancía.

 

No sería exagerado decir que cada vez que alguien hace una cola deja en ella una parte de su vida. En las colas se paga con otra moneda: el tiempo. No es menos valiosa que el dinero. Incluso muchos dirán que vale más. Al llegar al punto de venta se paga en bolívares, pero ya el tiempo ha cobrado lo suyo. Pudiera establecerse que el precio de un producto racionado es el precio que se paga en bolívares más las horas de nuestras vidas que entregamos haciendo fila. En una economía de escasez no requieren sólo tu dinero: requieren de tu tiempo, el último de los recursos escasos.

 

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Ante el abismo, nada se gana con calcular la velocidad de la caída.

 

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El Presidente Maduro decía esta semana que, según investigaciones que han estado realizando desde el gobierno, han encontrado que en países como Estados Unidos, Chile, China y Japón, las ganancias oscilan entre 10 y 32%. Con estas cifras quería justificar la Ley de Regulación de Costos, Precios y Ganancias que sería aprobada próximamente en el marco de la nueva Ley Habilitante. Paradójicamente, en los países mencionados no existe regulación de ganancias ni controles de precios generalizados. China desmontó sus masivos controles de precios a partir de 1978, utilizando un sistema de dual-track pricing. Luego de un breve período de intento de controles de precios a principios de la década de los setenta, EEUU decidió abandonarlos. El último sistema de regulación de precios en Chile data de los tiempos de Allende y, en el caso de Japón, no se conocen controles de precios masivos luego de la Segunda Guerra Mundial.

 

Las ganancias son relativamente bajas en esos países debido a la competencia, debido a la posibilidad de que si una empresa obtiene ganancias extraordinarias aparece otra dispuesta a competir reduciendo los precios, debido a que existe la posibilidad de desplazar al competidor de la preferencia del consumidor con productos de mejor calidad y a mejores precios. Es una dinámica que implica no solamente la ausencia de regulación de ganancias y precios, sino un entorno propicio para el emprendimiento y la empresa privada.

 

Se dice que en las inspecciones recientes han encontrado comercios con márgenes de hasta de 1.000 por ciento. ¿Dónde están las empresas en Venezuela que hubieran podido aprovechar esta oportunidad y vender a precios más económicos? ¿Tendrán esos márgenes algo que ver con que, de acuerdo con información del Instituto Nacional de Estadística, han cerrado  260.000 empresas en Venezuela desde el año 2002? ¿O con que Venezuela es uno de los países donde es más difícil hacer negocios legalmente?

 

Necesitamos que el gobierno siga investigando cómo funciona el sistema precios y de competencia en EEUU Chile, China y Japón.

 

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La sonrisa de Clotilde Palomino es la del consumidor occidental. Es la alegría consecuencia de la transacción beneficiosa. Marx aspiraba que el proletariado esclavo triunfara sobre su dueño, no para sí mismo, como recuerda Aron, sino para todos, para el colectivo. Las últimas victorias de los consumidores sobre los comerciantes nada tienen del espíritu de cuerpo que exigía y esperaba Marx. ¿Hay algún triunfo más individual que la compra de un electrodoméstico?

 

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La narrativa de guerra económica desplaza la atención sobre las causas de los desequilibrios económicos. El BCV financia a PDVSA y a otras empresas estatales, incrementando el dinero que circula en la economía, mientras que la producción permanece estancada. Una receta clásica para la inflación que lleva tiempo ejecutándose en Venezuela. Mientras no se actúe sobre las causas, la inflación seguirá allí cada vez que despertemos. En el fondo, somos un libro de texto de primer año de Economía.

 

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Nadie puede acusar a un suicida de usar la ley de gravedad en su contra. Las economías socialistas del siglo XX pretendieron imponerse sobre las leyes de la Economía. Los resultados quedaron a la vista. Federico Vegas nos cuenta, pensando en Caracas como ciudad, que a veces tiene la sensación de que nuestro futuro está en el pasado. No es el caso para la economía, no puede ser. Necesitamos que nuestro futuro quede adelante y que el pasado sólo sea el recordatorio de mucho de lo que no deber ser y mucho de lo que no pudo ser. La posibilidad de desarrollo económico y superación de la pobreza y la desigualdad es también la lucha de la memoria contra el olvido. Necesitamos dejar de coleccionar futuros posibles y oportunidades perdidas.

 

 

 

¡Vacíen los anaqueles!

Mario Vargas Llosa

17 de noviembre 

 

PIEDRA DE TOQUE. La orden del presidente Maduro fue entendida como una carta blanca para el saqueo. Al tiempo que derrotaba la inflación de un puñetazo, se aseguraba gobernar al modo de los dictadores

 

Como el desabastecimiento y la carestía estaban haciendo estragos en Venezuela y aumentando el descontento popular, el presidente Nicolás Maduro, que no sabrá mucho de economía pero es hombre de pelo en pecho y bravuconerías, decidió resolver el problema en un dos por tres. Explicó a su pueblo que la alta inflación que padece el país (57%, la más alta de América Latina) es producto de una conjura maquinada por los Estados Unidos, los empresarios y comerciantes acaparadores y los partidos de oposición para destruir la revolución bolivariana o “el socialismo del siglo XXI”. Y, de un plumazo, ordenó bajar los precios de los alimentos y productos electrodomésticos en 50 y hasta 70%, a la vez que mandaba soldados y cuerpos de choque a ocupar los establecimientos comerciales y enviaba a la cárcel a buen número de “conspiradores”, es decir, los dueños de tiendas y almacenes.

 

La campaña fue lanzada por el presidente Maduro con la consigna de: “¡Vacíen los anaqueles!”. La orden fue entendida por buen número de despistados como una carta blanca para el saqueo y, sobre todo en Valencia, pero también en Caracas y otras ciudades, se produjeron asaltos y pillajes en medio de una soberbia confusión. Era patético escuchar a las sufridas amas de casa venezolanas, explicando a los reporteros de la televisión oficial lo felices que estaban con esas espectaculares rebajas que les permitirían, en adelante, renovar sus neveras y cocinas y asegurar dos comidas diarias para la familia.

 

Al mismo tiempo que derrotaba la inflación de un puñetazo en la mesa, es decir, subastando y confiscando cadenas de productos alimenticios y electrodomésticos, el presidente Maduro, mediante la aprobación de la Ley Habilitante, se aseguraba los poderes absolutos que durante un año le permitirán gobernar sin leyes, de la manera cómoda y expeditiva de los dictadores. Para conseguir este atributo, la Asamblea Nacional Venezolana procedió a retirarle la inmunidad a una diputada de la oposición, María Mercedes Aranguren, y a reemplazarla por su suplente, el diputado Carlos Flores, quien, de la noche a la mañana (y mediante generosas prebendas) se volvió chavista y votó a favor de la ley de marras.

 

En suma, pasada la ilusión que estas operaciones han creado en una opinión pública desesperada por la corrupción, el empobrecimiento y la anarquía creciente que vive Venezuela, el precio que el país tendrá que pagar por la demagogia irresponsable de estos días será muy alto. Sin duda, contrariamente a los cálculos del Gobierno, se traducirá en una nueva y más aplastante derrota del Gobierno en las próximas elecciones del 8 de diciembre, lo que obligará a aquél, al igual que en las presidenciales, a un nuevo fraude monumental a fin de mantenerse en el poder pese a su descrédito y a la ruina a la que precipita cada día más a su desdichado país.

 

Venezuela nunca tuvo una agricultura floreciente, a la altura de las enormes posibilidades agrícolas con que cuenta; pero con el chavismo, sus expropiaciones e invasiones, las tomas arbitrarias de fincas y la asfixiante burocratización imperante, la producción agraria en ciertas regiones se redujo a mínimos y en otras simplemente desapareció. El resultado de todo ello es que el país debe importar casi el 95% de lo que consume, algo que en la época del apogeo del petróleo, apenas se advertía. Pero el control revolucionario implantado por Chávez y Maduro en la industria ha rebajado la producción petrolera venezolana de manera radical, a la vez que la política de control de divisas, una de las fuentes más prósperas de la corrupción, ha convertido la obtención de dólares para los comerciantes y empresarios que necesitan importar materias primas y productos del extranjero en una verdadera pesadilla. Sólo los enchufados en el Gobierno consiguen divisas, o los que están dispuestos a pagar por ellas comisiones millonarias. Los otros deben obtener las divisas en el mercado negro, donde el dólar vale diez veces el precio oficial.

 

Esa es la explicación de la subida desmedida de los precios y del desabastecimiento generalizado. Las valientes rebajas impuestas manu militari por Maduro sólo servirán para acelerar el desabastecimiento generalizado —los anaqueles se quedarán vacíos, en efecto—, y el mercado negro, que crecerá de manera elefantiásica, estará sólo al alcance de los privilegiados, es decir, los favorecidos por el régimen o por la vertiginosa corrupción generada por la política intervencionista en la economía. En otras palabras, la política del socialismo chavista habrá contribuido a agravar las diferencias económicas y sociales que se proponía abolir.

 

Al mismo tiempo que ocurrían estas cosas en Venezuela, en Pekín, el Comité Central del Partido Comunista Chino, anunciaba una nueva política económica, ampliando los mercados libres ya existentes para asegurar una mejor distribución de los recursos y permitir una participación de empresas privadas, tanto chinas como extranjeras, en las industrias de Estado. (Advertía también, eso sí, que esta apertura económica no tendría su correspondencia política, pues el Partido Comunista seguirá siendo el árbitro supremo de la vida social). Es improbable que el Partido Comunista chino adopte estas medidas de inequívoco sesgo capitalista por una conversión ideológica y que las emprenda con felicidad. No, se resigna a ellas porque, fiel al pragmatismo tradicional de su cultura, ha comprendido que el colectivismo y el estatismo económico llevan a la ruina a los países y, además de empobrecerlos y atrasarlos, multiplican las injusticias sociales, creando una distancia creciente entre los funcionarios privilegiados de la nomenclatura, y los ciudadanos comunes y corrientes que, además de padecer la inseguridad y el temor, viven haciendo colas, ganando salarios miserables y sin la menor igualdad de oportunidades. Estas verdades elementales, que ya llegaron a la Unión Soviética antes de su desplome, y que empiezan a apuntar, aunque muy tímidamente todavía, en Cuba, parecen fuera del alcance intelectual y del olfato político del presidente Maduro y sus asesores económicos.

 

No es difícil prever, por eso, lo que depara el futuro inmediato a Venezuela, un país que dada su cuantiosa abundancia de recursos debía tener los más altos niveles de vida de América Latina. En vista de que el desabastecimiento y la carestía —que obedecen a leyes económicas y no a ucases políticos— se agravarán, el siguiente paso del régimen será proceder a la estatización progresiva de las tiendas y comercios que “conspiran” contra la revolución, especulando y hambreando al pueblo. Los pequeños espacios de economía privada se irán cerrando hasta desaparecer y caer en manos de una burocracia inepta y corrompida, de modo que la racionalización de los productos de la canasta familiar, que en buena parte ya existe, se irá extendiendo como una hidra por todos los resquicios de la economía hasta hacer de Venezuela un país tan estatizado como Cuba o Corea del Norte. Corolario inevitable de esta hegemonía estatal: la desaparición de los escasos medios de comunicación independientes que a costa de enormes sacrificios y valentía resisten todavía el acoso gubernamental.

 

¿Habrá valido la pena todo lo que ha significado en ilusiones, esfuerzos y violencias la revolución chavista? Es verdad que la democracia que ella trajo era ineficiente, derrochadora, demagógica y bastante insensible a los grandes problemas sociales. Y había generado por eso un gran descontento en un pueblo que ingenuamente vio —una vez más en la desgraciada historia de América Latina— en un caudillo carismático y lenguaraz a su salvador. El resultado está a la vista: una Venezuela empobrecida, enconada, devastada por la demagogia y la corrupción, llena de nuevos ricos mal habidos, que, una vez que recupere la libertad y la sensatez, tardará muchos años en recuperar todo lo que perdió con el desplome de su democracia.

 

 

Votos en la nevera

Raúl Rivero

16 de noviembre de 2013

 

Con los regalos de aparatos domésticos, Nicolás Maduro se propone alcanzar los votos necesarios para los comicios próximos

 

Lo que ha llevado al presidente Nicolás Maduro a poner a Venezuela en la antesala de un caos previsto y anunciado hasta por algunos ideólogos de su proyecto es su incapacidad para controlar la inflación desbocada, la torpeza congénita del socialismo a la hora de garantizar los productos básicos para alimentación y el miedo. Un miedo que no calma ni las pistolas a perder las elecciones municipales del 8 de diciembre próximo.

 

Para asumir esa crisis y sus metástasis sociales, el hombre cogió el lápiz chino que lleva en la oreja izquierda, con el que tomaba nota en Cuba de los manuales rusos y anotaba los consejos de Hugo Chávez, y sacó sus cuentas. Decidió intervenir con el ejército los negocios de productos electrodomésticos, rebajar los precios y conseguir votantes con refrigeradores y televisores ajenos. Y, al mismo tiempo, tratar de que con ese resorte del consumismo, la gente olvide provisionalmente, en el arrebato de las filas tumultuosas para comprar una batidora, que en la casa no hay ni harina para las arepas.

 

La orden de bajar los precios y arrasar con los anaqueles de esas tiendas afecta también a los establecimientos de piezas de repuestos de automóviles y a otros sectores del comercio. Estas medidas son un ensayo para el gran golpe radical que prepara Maduro para el momento en el que la Asamblea Nacional —ya está todo previsto y amarrado— apruebe una ley que le permitirá gobernar por decreto y con poderes absolutos.

 

Con los regalos de aparatos domésticos, vendidos a menos del 50% del precio real, el dirigente chavista se propone alcanzar los votos necesarios para los comicios del mes que viene. Tiene el temor de que una derrota ante la oposición reabra la polémica sobre los resultados de las elecciones presidenciales de abril pasado en las que ganó con un margen dudoso y que provocaron una campaña de protestas y exigencias para que se repitiera el conteo.

 

Si como opinan algunos especialistas, la situación se le va de las manos y el caos sale de su antesala temblorosa, Maduro tiene otra forma de ganar las elecciones porque las suspende. Hay un clamor de última hora que el presidente venezolano también sacó de sus cursos en La Habana y de los apuntes de sus charlas con Chávez. Tiene que ver con la prensa libre de Venezuela: “Yo llamo a un boicot contra estos periódicos en la calle, que el pueblo no los compre”.

 

 

El caso Daka

Alonso Moleiro

15 de noviembre de 2013

 

A nadie se le debe escapar este detalle: fue el gobierno el que promovió la presencia de la gente en el festín de los días anteriores. Elías Jaua, entre otros dirigentes chavistas, siempre tan preocupados por los excesos del fascismo, llegó a afirmar, incluso, que si un escenario general de violencia llegara a concretarse “no sería en contra de nosotros”

 

El rasgo más destacable de toda la crisis generada en el caso de las tiendas Daka no lo constituyen las colas, ni el discurso oficial, ni la engañifa pública que postula la existencia de una “guerra económica”.

 

Por encima, incluso, del nerviosismo generado en el universo del comercio, y del público en general, se me ocurre que con lo que nos tenemos que quedar es con la apropiación del discurso que justifica los saqueos y el pillaje anarquizado, y su legitimación, ejecutado en calidad de amenaza, por parte del gobierno nacional.

 

Vamos a ponerlo en estos términos: si los programas sociales de este gobierno de verdad tuvieran la efectividad que todos los estamentos del chavismo, desde Iris Varela hasta Ricardo Menéndez, desde Nicmer Evans hasta Mario Silva, postulan como una verdad revelada, en este país no se hubiera presentado un solo foco de pillaje en los episodios de la semana pasada.

 

Los programas sociales del gobierno no se están transformando en desarrollo social. Todo lo contrario: relajar las normas laborales, apurar soluciones compulsivas y no planificadas, colocar en los mandos gerenciales a personas sin solvencia moral, consagrar la impunidad en el delito, privilegiar la lealtar tribal, promover la tenencia de armas, tolerar las invasiones, agredir a la propiedad privada, le ha ido dando los toques definitivos al virus incivil que se ha apropiado con toda comodidad de la conciencia colectiva de nuestro pobre país. Ahi tenemos en las narices el comportamiento de los motorizados en las calles para cotejar lo que afirmo.

 

La posibilidad de un escenario de anarquía total expresada en saqueos no es nueva en Venezuela: tiene en la psique de todos, flotando como una eventualidad, desde el 27 de febrero de 1989. De manera implícita y explícita, sin embargo, Hugo Chávez lo asomó como una hipótesis legítima en sus primeras alocuciones públicas una vez investido de presidente.

 

Alguna vez, incluso, llegó a asomar que tal cosa, un aleccionador flujo invasivo y depredador que recorriera a Caracas del oeste hacia el este, podría tener lugar si la oposición se empeñaba en intentar obstaculizar sus proyectos.

 

Saquear no es un ejercicio legítimo de justicia, ni un pronunciamiento político con fines específicos. Ni siquiera se trata de un acto de violencia selectiva de carácter propagandistico. El saqueo es la expresión por excelencia de la Venezuela salvaje. El país sin educación, sin valores, sin límites y sin ley. Por lo tanto, sin justicia. La expresión más acabada de la violencia orgiástica, del apuro dionisíaco que habilita a una personas a disponer de bienes ajenos sin castigo y sin consecuencias.

 

No es la primera vez que tal cosa sucede. Los estallidos sociales pueden ser también fenómenos concretos que se producen en momentos de penurias económicas o tragedias naturales. Han tenido lugar en muchas naciones del vecindario latinoamericano ­República Dominicana, Argentina, Uruguay o Brasil-, y más allá, en el mundo desarrollado, como consecuencia de tensiones étnicas o sociales, en países tan civilizados como Estados Unidos o Inglaterra.

 

La diferencia respecto a lo que acabamos de vivir y los ejemplos citados es una: los desmanes de las semanas anteriores, aislados afortunadamente, concurrieron a la calle atendiendo un llamado oficial que técnicamente los hizo legítimos. Los llamados a saqueos son aplaudidos y atendidos por acomplejados y resentidos, pero también por los vivos químicamente puros.

 

A nadie se le debe escapar este detalle: fue el gobierno el que promovió la presencia de la gente en el festín de los días anteriores. Elías Jaua, entre otros dirigentes chavistas, siempre tan preocupados por los excesos del fascismo, llegó a afirmar, incluso, que si un escenario general de violencia llegara a concretarse “no sería en contra de nosotros”.

 

Finalmente, las personas que fueron vistas llevándose en sus carros bienes que no les pertenecen no parecían estar siendo objeto de alguna agresión económica, o padeciendo alguna penuria especialmente grave. Muy por el contrario. Todos pudimos verlos: se trataba de personas bien vestidas y comidas, que acudieron a aquella cita de forma oportunista, asumiendo que nada les iba a ocurrir por llevarse cosas ajenas robadas.

 

Parecían tener claro que, en Venezuela, aquel que acoja los postulados que el chavismo invoca para poder salirse con la suya jamás será objeto de ninguna sanción. Fueron encarados y enfrentados por muchos presentes en Naguanagua, un episodio que nos indica que en este país no todo está perdido.

 

Poco se dice, entretanto, de la paradoja que estamos viviendo: un momento de crisis cambiaria y fiscal en tiempos de vacas gordas, esto es, con el petróleo a 100 dólares el barril; un aparato productivo convertido en chatarra y un sistema cambiario, expresado en Cadivi, el verdadero responsable del dólar parelelo, con el cual los funcionarios del gobierno y el Estado han estado esquilmando y sobornando a cualquier ciudadano durante años. Durante los años de la Venezuela bolivariana.

 

 

Vamos de mal en peor

Teodoro Petkoff

12 de noviembre de 2013

 

Al gobierno se le está poniendo el caldo morado. La inflación se acerca ya al 50% anual (hasta octubre era de 45,8%) y la escasez supera, en ese mismo mes, el 22,4%; es decir, en los anaqueles de supermercados y en los puestos de mercado faltan más de 20 de cada cien productos, pero con el agravante de que lo que ha desaparecido es precisamente lo que la gente más demanda para su consumo. Lo peor de los dos mundos: caro y escaso. No sin razón Maduro tira patadas de ahogado.

 

Cada vez que el país ha vivido una situación como esta, en la cual se combinan carestía y escasez, en un doble “play” asfixiante, los gobiernos, y este no es la excepción, apelan al comodín de “la especulación”. Esta existe, sin duda, pero como hija natural y obligada de la inflación. Si esta no existiera, la especulación sería imposible. Pero la inflación permite “esconder” la especulación detrás de una espesa cortina. El problema real es este. Por supuesto, la equivocación en el diagnóstico conduce a terapias equivocadas. Puesto que el gobierno maneja el estribillo de la “especulación”, las medidas que toma contra ella son de carácter policial, que más ineficaces no pueden ser.

 

La novedad es que a estas últimas se han añadido disposiciones militares y tenemos a la FAN en lucha contra el alto costo de la vida, con resultados muy precarios, cuando no contraproducentes, como los saqueos en Valencia. Si centrara el enfoque en la inflación tomaría medidas fiscales y cambiarias que la enfrenten; pero no es ese el caso y por tanto yerra, porque contra el alto costo de la vida no hay policía que valga.

 

La experiencia de gobiernos anteriores no sirve de nada al actual. Maduro anuncia una acentuación y extensión de los controles a toda la economía. Son como bomberos tratando de apagar un incendio echándole gasolina a la candela. Pareciera que no han vivido en este país y jamás supieron del fracaso del mismo tipo de medidas tomadas por otros gobiernos.

 

Siempre lo mismo: controles, fijación de precios “justos” y, como colofón impepinable, amenaza de cárcel para los “especuladores”. Porque, una vez más, este gobierno no es más que una extensión de los de la república prechavista. ¡Cuántas veces no oímos los mismos conceptos en boca de los gobernantes de antes! El gobierno, que está buchón de dólares petroleros, los transforma en bolívares y con ellos invade la economía, para cubrir un gasto desorbitado. Resultado: aumento de la demanda, ante una oferta de bienes y servicios que no crece al mismo ritmo y por tanto escapada de los precios hacia los cielos.

 

Todo esto, desde luego, tiene una contrapartida política y social. Una rabia sorda se acumula en la población y el poco liderazgo que Maduro haya podido tener antes de su ascenso a la presidencia se ha esfumado cual humo en el viento.

 

Nos permitimos recomendar un regreso a los fundamentos de la economía. Lo cual implica revisar la política fiscal y la cambiaria, así como la monetaria, a fin de poner coto a las presiones inflacionarias, es lo que el sentido común aconseja.

 

Pero si persisten en creer que lo están haciendo bien, terminarán por lanzar a todo el país por un barranco económico.

 


Desesperación, controles y caos

María Teresa Romero

12 de noviembre de 2013

 

El último mes de campaña electoral para las municipales del 8 de diciembre en Venezuela, se inicia cargado de insólitas y desesperadas medidas gubernamentales para intentar recuperar el apoyo popular perdido y así lograr unos resultados electorales medianamente decentes, que no profundicen de una forma fatal la percepción de debilidad y la precaria legitimidad que el gobierno de Nicolás Maduro arrastra desde su espuria elección el 14 de abril de este año.

 

No sólo la expresión popular “Con Chávez se vivía mejor” que recorre las calles de todo el país, especialmente en los barrios pobres, sino también las más recientes encuestas evidencian cómo Maduro está perdiendo aceleradamente el capital político que heredó de Hugo Chávez. El sondeo de la empresa Datanálisis de este mes señala que el 72,6% de los venezolanos evalúa negativamente la situación del país, y el 54,9 hace lo mismo con respecto a la gestión del Presidente de la República.

 

Las insensatas medidas “revolucionarias” de los últimos 30 días de campaña se están tomando en todos los frentes. Sin duda, el frente económico ha sido el prioritario ya que los increíbles niveles a los que ha llegado la inflación, la escasez y desabastecimiento de rubros básicos, la devaluación de la moneda nacional y el mercado paralelo de divisas son los problemas que más preocupan y mantienen descontento a los venezolanos. De allí que en el marco de la ofensiva a la supuesta “guerra económica” que según el oficialismo generan los empresarios y demás sectores de la “ultraderecha” (no las erradas políticas económicas gubernamentales), se hayan establecido controles y fiscalizaciones sin precedentes.

 

El gobierno llegó al límite del endeudamiento y de la fabricación de bolívares –como lo ha reconocido el propio Banco Central- para atender los requerimientos de los entes oficiales, continuar el gasto público y satisfacer las “veleidades capitalistas” del ciudadano venezolano sobre todo a tan poco tiempo de las elecciones. Por ello tomó la efectista pero riesgosa decisión de decretar el cambio de todo el sistema de fijación de precios y de porcentajes de ganancia en todas las actividades económicas del país y emprender un gran operativo cívico-militar contra la especulación y el acaparamiento.

 

Como era de esperarse, la primera medida de control tomada –intervenir los comercios de electrodomésticos, poner presos a sus gerentes y obligarlos a vender a pérdida-, ha provocado que miles de personas se agolpen a las puertas de los establecimientos no sólo para aprovechar los precios “justos” decretados, sino también para saquearlos a la vista de los militares y otras fuerzas de seguridad que, a sólo tres días de la medida, en muchos lugares no han podido restablecer el orden. El caos ha sido tal, que el gobierno se adelantó a echarle la culpa a la oposición de los saqueos, obviando que el propio presidente Maduro incitó al hecho al acompañar la medida con el lema “dejar los anaqueles vacíos”.

 

Pero ésta y otras medidas antidemocráticas que el gobierno tomará en los próximos días amparado en una nueva Ley Habilitante que le da poderes especiales, medidas violatorias del derecho a la propiedad privada que establece la constitución nacional, pronto se revertirán contra el propio gobierno porque a mediano plazo agravará la situación económica, producirá la quiebra de miles de comerciantes y la pérdida de empleos de miles de venezolanos.

 

En el frente político, además de solicitar a la Asamblea Nacional la ley Habilitante para supuestamente acabar con la corrupción galopante en el país -la cual le es otorgada en virtud del allanamiento sin pruebas a la inmunidad parlamentaria de una diputada opositora-, las más recientes medidas incluyen mayor represión y persecución militar y policial en contra de políticos opositores, acompañadas de una campaña de incitación al odio y a la violencia sin precedentes.

 

Especial estupor ha causado la distribución de afiches donde aparecen rostros de los opositores Henrique Capriles, Leopoldo López y María Corina Machado con el texto de “reconócelos. Son la Trilogía del mal. Te quitan la luz. Te quitan la comida. Te quitan la paz”. A la vez, el gobierno, que sin rubor alguno ha confirmado públicamente que espía y conoce todos los pasos que da la oposición, continúa ahogando financieramente a las tres gobernaciones opositores, sobre todo la dirigida por Henrique Capriles.

 

En el frente ciudadano, el oficialismo sigue persiguiendo periodistas y acorralando a los medios de comunicación social y a las organizaciones no gubernamentales, así como propiciando manifestaciones oficialistas en contra sedes de gremios empresariales, mientras que lo único que se le ocurre para combatir los graves problemas de inseguridad, salud, educación, infraestructura, es la creación de un el viceministerio para la “Suprema Felicidad Social del Pueblo”, encargado de coordinar las más de 30 misiones sociales del gobierno y de atender las diversas exigencias, reclamos y necesidades de la población venezolana. Más burocracia para no hacer en realidad nada.

 

Algunas de las medidas gubernamentales son tan insólitas que no es descabellado pensar que ellas podrían también estar dirigidas a preparar un clima de caos para suspender las elecciones del 8 de diciembre, en el caso de no producirse en las últimas dos semanas de campaña electoral una recuperación significativo del apoyo popular al gobierno. Ya varios dirigentes políticos de la oposición han alertado al respecto, y recientemente el secretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), Ramón Guillermo Aveledo, aseguró tener información de que “en el gobierno se considera seriamente provocar un hecho extraordinario para suspender las elecciones municipales”, llamando la atención sobre la insistencia de Nicolás Maduro de sugerir constantemente esa posibilidad.

Saqueo ocurrido en la tienda DAKA en Valencia

9 de noviembre de 2013


Maduro intenta ‘prohibir’ la inflación

Ewald Scharfenberg

11 de noviembre de 2013

 

El presidente venezolano alienta el saqueo de las tiendas a las que acusa de disparar los precios y promete hasta 30 años de prisión para los especuladores

 

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, dio señales este fin de semana de que se propone desarrollar la doctrina económica que su par de Zimbabue, Robert Mugabe, intentó para bajar la inflación por decreto en 2007, cuando los precios tardaban 15 horas en duplicarse en esa nación del sur de África. Entonces Mugabe, básicamente, “prohibió” la inflación y procedió a cerrar los establecimientos comerciales cuyos propietarios, a quienes acusó de avaros, incrementaran los precios.

 

Apenas 48 horas después de que el Banco Central de Venezuela (BCV) informara de que en octubre los precios aumentaron un 5%, y que con ello durante un año la tasa de inflación escalaba al 54%, Maduro tomó la idea donde Mugabe la dejó.

 

El viernes por la noche, en cadena nacional de radio y televisión, anunció la ocupación de las cinco tiendas de una importante cadena de electrodomésticos, Daka, en la que se habrían detectado aumentos “injustificados” de precios. Sin aguardar a que la presunción se convirtiera en certeza, ordenó confiscar los inventarios de Daka y ponerlos de inmediato a la venta a unos “precios justos” que las mismas autoridades gubernamentales establecieron de manera sumaria.

 

La subasta de artefactos para el hogar resultó un llamado irresistible para miles de compradores que se agolparon frente a las tiendas. El tumulto derivó en saqueo en al menos una de las sucursales de Daka, en Valencia, capital del estado de Carabobo, donde se vio a funcionarios militares y policiales correr con parte del botín.

 

El sábado, Maduro extendió la operación de “ventas supervisadas” a otros minoristas de electrodomésticos. Además, anunció que algunos de los gerentes y dueños de esos establecimientos fueron detenidos por la policía política, Sebin (Servicio Bolivariano de Inteligencia), en cuyos calabozos permanecen a la orden de la fiscalía.

 

Al parecer, el Gobierno habría considerado exitosa la toma de los comercios —tanto como medida extrema de distribución de los bienes, por un lado, como freno heterodoxo de la inflación—, ya que el domingo, en una inusual cadena de radio y TV al filo de la medianoche, el presidente Maduro anunció que ayer se iniciaría una ofensiva similar contra expendios de otras categorías: alimentos, calzado, ferretería, juguetes, vehículos y ropa. “Tengan calma y confíen en el Gobierno”, instó el mandatario a los cazadores de ofertas, para que en las tiendas donde ahora se practique la toma y fiscalización no se reproduzcan las largas filas de ansiosos compradores que, aún ayer, persistían frente a los negocios de electrodomésticos. “Así iremos bajando los precios en toda la economía hasta conseguir el equilibrio”.

 

Durante su alocución dominical, Maduro no descartó que el Estado deba retener el control de algunos de los comercios intervenidos “porque sus dueños hayan huido”. A los comerciantes “que especulen” les prometió penas de 30 años de cárcel —la máxima permitida por la Constitución Nacional—, que promulgará una vez cuente con los poderes especiales para legislar que con toda probabilidad esta semana le otorgará la Asamblea Nacional, dominada por el oficialismo. También apuntó que entonces establecerá por ley márgenes “razonables” de ganancias en todos los ramos de la economía.

 

Estos vaticinios nada auspiciosos para las libertades económicas en Venezuela parecen marcar el inicio de una nueva fase de la autodenominada Revolución Bolivariana. Diversos observadores hicieron notar que las confiscaciones en Daka, así como la ocupación el mismo viernes por la noche de una distribuidora de productos lácteos, Agropecuaria Sudamericana, afectaron a comerciantes vinculados a figuras del chavismo, lo que dejaría entrever que también en la maniobra se están cobrando facturas entre las facciones internas oficialistas.

 

Pero con independencia del paso dado por el Gobierno, una resaca de quiebra moral parecía impregnar a la opinión pública que se expresa por las redes sociales. Mientras la anarquía asomaba el rostro en las principales ciudades, muchos venezolanos se cuestionaban atormentados por la débil condición cívica de aquellos que corrieron a aprovechar las gangas forzadas por el Gobierno. Que las medidas amenacen con clausurar una parte del comercio y hacer aún más escasos algunos bienes de consumo que ya faltan con regularidad, de ningún modo contribuía a sembrar la calma.

 

No debe ser mera coincidencia que también el presidente Maduro otorgue una categoría espiritual a esta batalla que libra en medio de lo que viene llamando “la guerra económica”. Aseguró que no hay ningún motivo de índole económica que explique la continua escalada de precios, que imputa, en cambio, a un plan diseñado por Estados Unidos y la oposición para desestabilizar a su Gobierno, y al muy humano afán de riqueza.

 

Tal vez por eso y porque era domingo, Maduro hizo las veces de telepastor y dedicó la parte final de su intervención a referencias ecuménicas del islam, el judaísmo y hasta del taoísmo, que condenan la usura y la codicia. “A los especuladores les haremos llegar las leyes”, dijo, mientras sostenía un ejemplar de la Constitución venezolana, el mandatario, reconocido seguidor del gurú hindú Sai Baba, aunque en su discurso oficial se asuma como católico. “Pero tengan por seguro que de las leyes de Dios no se podrán escapar”, dijo.

 

 

 

Venezuela: Maduro y los efectos sobrenaturales

Pablo Stefanoni

10 de noviembre de 2013

 

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, parece haber decidido que a las críticas por sus giros ridículos se responde con más ridículo. Sus intervenciones desde el famoso pajarito hasta acá parecen ser una serie de regalos a los medios de comunicación y al antichavismo mundial. No sé si los estrategas bolivarianos habrán evaluado los costos y beneficios de tales escenificaciones, pero lo cierto es que las cifras muestran una economía que no estalla sólo por el flujo constante de los ingresos petroleros (el propio Hugo Chávez habló en una oportunidad de “socialismo petrolero”), pero que se degrada día a día.

 

La semana pasada, Maduro exhibió, como si se tratara de las apariciones de vírgenes, una foto de la pared de un túnel en la que se ven unas líneas que parecen dar forma a un rostro humano, según él del mismísimo Hugo Chávez. “Abre la toma, camarada”, dice el Presidente al camarógrafo mientras hace el anuncio en la televisión. “Es la mirada de la patria, que está en todos lados, inclusive en fenómenos que no tienen explicación”, prosiguió. La foto “fue tomada por trabajadores a las dos de la mañana”; luego la imagen desapareció como había aparecido, sin dejar rastros.

 

Este tipo de culto a la personalidad, con tintes sobrenaturales, sólo existe en Corea del Norte. La biografía oficial de Kim Jong-il asegura que dos arco iris y una nueva estrella de gran brillo anunciaron su llegada al mundo, “enviado por los cielos”, el 16 de febrero de 1942 en una cabaña de un campamento guerrillero secreto en la falda del Monte Paektu, un lugar sagrado donde se supone que su padre estaba luchando contra los invasores japoneses. Cuando murió, en 2011, “una furiosa tormenta de nieve hizo una pausa, el cielo brilló con un deslumbrante color rojo sobre el Monte Paektu”. En la ciudad de Hamhung, una grulla de Manchuria voló en círculos sobre la estatua de Kim Il-sung (padre de Kim Jong-il y presidente eterno), se posó en un árbol, inclinó la cabeza (un gesto de respeto) y echó a volar de nuevo, camino de Pyongyang. El problema es que la sociedad venezolana está a años luz, en las antípodas, de la norcoreana, desde cualquier punto de vista que se considere.

 

Con este tipo de apelaciones a un Chávez sobrenatural, Maduro busca un doble objetivo: consolidar su poder, que es un poder “derivado” del propio Chávez y confirmado por las urnas por estrecho margen, y enfrentar una severa situación económica, en la que las cifras de inflación bordean el 50% anual. Los chistes no se hicieron esperar: es más fácil que aparezca Chávez que los productos de primera necesidad que escasean.

 

Cuando pensábamos que ya estaba todo dicho, esta semana nos enteramos de que Maduro “adelantó la Navidad”, preocupado por las elecciones municipales del 8 de diciembre. Y la cosa no se quedó en palabras, el Gobierno montó una imponente feria navideña en el Parque Los Caobos, en Caracas. “Hoy, viernes 1 de noviembre, quisimos decretar la llegada de la Navidad porque queremos la felicidad para todo el pueblo, la paz para todos. La Navidad temprana es la mejor vacuna para cualquiera que quiera inventar bochinches y violencia”, dijo Nicolás Maduro durante un recorrido por el parque temático, en medio de denuncias de golpes y conspiraciones opositores. Pero, ¿hacía falta todo eso para adelantar el pago de los aguinaldos?

 

Esto es la continuación de la creación del Viceministerio de la Suprema Felicidad, que parece combinar utilitarismo liberal del siglo XVIII y XIX con la neolengua orweliana en 1984.

 

No es necesario reivindicar un socialismo iluminista tipo Bernstein para sentirse incómodo con estas actuaciones del Presidente venezolano. La dificultad es que la “alternativa” interna es Diosdado Cabello, un representante de la boliburguesía y de sectores militares.

 

Hay mucho en juego en Venezuela, y el riesgo de que termine como el sandinismo en 1990 -con una derrota política y moral- es cada vez más real. Pero ese desmoronamiento sería un retroceso para toda América Latina y para el conjunto de la izquierda.



 


Las deudas de Venezuela amenazan

al segundo puerto libre del mundo

José Meléndez

4 de noviembre de 2013

 

La zona comercial de Colón, en Panamá, se enfrenta a una desaceleración del 10% este año

 

Si las economías de Venezuela y de Colombia empiezan a estornudar, la Zona Libre de Colón (ZLC), estratégico enclave comercial en el sector caribeño de Panamá, puede sufrir gripe y caer en severa y profunda crisis en cualquier momento. Y así parece estar pasando. La ZLC, que es el segundo puerto libre más importante del mundo, después de Hong Kong, registra el efecto dominó de la devaluación en Venezuela y de un incremento de aranceles en Colombia.

 

Los importadores venezolanos que compran en la ZLC deben más de 700 millones de dólares a sus proveedores panameños, una cifra que otras fuentes elevan a 1.200 millones. El fenómeno es inquietante para Colón, porque Venezuela es su principal cliente con adquisiciones que equivalen a un promedio aproximado al 30% de sus operaciones totales al año. El problema se generó sobre todo con el abaratamiento del bolívar frente al dólar, que dificulta a los empresarios venezolanos acceder a la moneda estadounidense para pagar sus importaciones.

 

“La deuda de Venezuela sigue igual. El tema es crítico por las cuentas que tiene que pagar Venezuela con una multitud de acreedores. Nosotros en la lista (de pagos de Venezuela) seremos baja prioridad, me imagino”, advirtió el empresario Surse Pierpoint, expresidente de la Asociación de Usuarios de la Zona Libre de Colón. “Nadie sabe con certeza de cuanto es la deuda, porque eso no es algo que se publica ni hay una bolsa de cuentas por cobrar, pero la cifra que he escuchado repetir es de 700 millones de dólares”, agregó en una entrevista con EL PAÍS.

 

La ZLC, que opera desde 1948 regida por un mecanismo de excepción fiscal, factura más de 29.000 millones de dólares al año y funciona cerca del Canal de Panamá, también se ha resentido del impacto de la decisión de Colombia de imponer en marzo un sobrearancel a la importación de calzado y textiles. Los compradores colombianos mueven cerca del 10% de las operaciones anuales de la ZLC. “Con Colombia estamos igual [que con Venezuela]”, explicó Pierpoint. “No muestra ninguna señal de relajar la medida a pesar de que la OMC (Organización Mundial de Comercio) ha fallado en su contra. En agosto presentamos una demanda ante la OMC y fue acogida, con lo que el organismo encuentra motivos para analizar el nuestro reclamo”.

 

Con este panorama, las perspectivas de la Zona Libre de Colón no son muy halagadoras. La situación es “preocupante y crítica”, subrayó Piperpoint. Las operaciones de la ZLC con Venezuela y Colombia se han acercado en los últimos años a los 5.000 millones de dólares, por lo que el impacto de las decisiones adoptadas en Caracas y Bogotá repercute directamente en los vendedores panameños. Y en cifras, el efecto sobre la Zona Libre por las medidas en esos dos países sería una desaceleración cercana al 10% al cierre de 2013, según pronósticos preliminares.

 

“Es un ciclo económico negativo”, dijo el empresario panameño Severo Souza, otro expresidente de la Asociación involucrado en el lío del débito de Venezuela. “Con Venezuela va muy lento el proceso de pago. Se han hecho esfuerzos, se ha recibido alguno que otro pago pero muy poco y de forma muy lenta”, narró a EL PAÍS. “Muchas compañías, medianas sobre todo, no pueden aguantar tanto tiempo porque tienen compromiso con bancos y con proveedores y esto las está afectando grandemente. No están pudiendo reponer inventarios para vender a otros lugares. Al no poder vender a Venezuela, algunos están liquidando o vendiendo a otros destinos”, relató.

 

La crisis con los compradores venezolanos provocó que el presidente de Panamá, Ricardo Martinelli, viajara en julio pasado a Caracas, para tratar de negociar una solución directamente con el presidente venezolano, Nicolás Maduro. Venezuela devaluó su moneda en febrero de este año, en un proceso de encarecimiento del dólar que dificulta a los empresarios pagar sus compras en el exterior con la moneda estadounidense. Los dos gobernantes crearon una comisión técnica para resolver los problemas, pero la situación se prolongó y llegó al último trimestre del año, considerada una temporada crucial para los negocios de la ZLC. El control de divisas impuesto por el gobierno venezolano retrasó los pagos a los comerciantes panameños y “eso ha causado una disminución del comercio” en la zona y del movimiento portuario, dijo Martinelli.

 

En el caso colombiano, Panamá y Colombia firmaron en septiembre de este año un Tratado de Libre Comercio, pero las diferencias sobre los aranceles establecidos por Bogotá sigue pendiente de solución. Colombia debe adaptarse a las leyes comerciales externas y definir aranceles acordes con esas regulaciones, aseguró el Ministerio de Comercio e Industria de Panamá. La solución con Colombia, aseguró Souza, “también es lenta”.

 

 

Cuban Culture Club

Gisela Kozak Rovero

22 de octubre de 2013

 

Porque, ya no es juego, Cubazuela es un hecho. Ya no se trata de histerias de la Plaza Altamira, golpes de pecho en Globovisión de señores bien vestidos ni de bailoterapia para combatir al dictador. No asere, no panita, no comae: ahora es verdad

 

A mis panas cubanos

 

¿Conocen la canción “Ay mi Cuba”? La versión de Celia Cruz, Tito Puente y Héctor Casanova es una maravilla. Un lamento por Cuba, un homenaje al gran Benny Moré. Celia es la más grande cantante que hayan dado estas tierras de América Latina, plena de cantoras de todos los ritmos y tesituras, y nació, sí, en esa Cuba de nuestros tormentos.

 

Porque, ya no es juego, Cubazuela es un hecho. Ya no se trata de histerias de la Plaza Altamira, golpes de pecho en Globovisión de señores bien vestidos ni de bailoterapia para combatir al dictador. No asere, no panita, no comae: ahora es verdad.

 

Viajar fuera del país es un lío, largas colas para todo, no se consiguen repuestos para electrodomésticos y automóviles, la oferta de productos de toda especie disminuye. La amenaza es permanente: te cierro, te compro, te expropio, te jodo.

 

La religión comunista, con más de 150 años como diría el gran humanista Tzvetan Todorov, cierra el entendimiento de los chavistas, es imposible argumentar con un mínimo de lógica.

 

La culpa del desabastecimiento es de, textual, “las viejas que compran demasiado”; la responsabilidad de la falta de dólares es de los que raspan las tarjetas en los aviones; los automóviles y viviendas están por las nubes por culpa de cuatro burgueses que encarecen todo; no hay apartamentos en alquiler porque la gente es egoísta, no quiere cobrar lo “justo” ni tiene piedad con los inquilinos que no pueden pagar; la delincuencia desatada y los crímenes horrendos son consecuencias del capitalismo; la inflación es por culpa del portugués de la esquina que es un especulador; no hay oferta variada de libros porque las transnacionales odian a Venezuela y los editores privados desprecian al pueblo y no quieren que lea.

 

Por Chávez hay cine, música y lectura en Venezuela, lo que pasa es que nosotros, los enemigos de la patria, no valoramos nada porque suspiramos por Disney World y Hollywood.

 

La verdad es un trapo y las consignas son las letanías diarias. Tratar de argumentar que en otros países, incluido Ecuador y Bolivia, no pasa lo que ocurre aquí es inútil; apelar a la historia del socialismo del siglo XX, es inútil. Las libertades individuales y los derechos humanos no valen nada frente a los bloques de la Misión Vivienda, los camiones de comida de Mercal, cada vez más escasos, y las ediciones de libros de El perro y la rana.

 

Vista esta situación tenemos que apelar a los camaradas cubanos: que nos enseñen a arreglar peroles sin repuestos; a comer lo que haya; a estudiar con tres libros; a no salir al exterior. Porque de salir del autoritarismo no saben nada pero de sobrevivir en él saben... con la excepción de la gente digna que resiste dentro de esa isla o emigra.

 

La gente como nosotros, los que resistimos esta humillación permanente. Los cubanos no son el enemigo, son los chavistas de allá y los fidelistas de aquí los que nos han erigido como sus enemigos porque necesitan del miedo para alimentar su poder.

 

@giselakozak

 

 

Fortuna de Chávez, miseria de Venezuela

Alek Boyd

21 de octubre de 2013

 

Es difícil explicar cómo el país ha podido dilapidar una fortuna más de 15 veces mayor a la requerida para la reconstrucción de Europa después de la Segunda Guerra

 

La gran fortuna de Hugo Chávez fue que le tocó gobernar en una era en la cual el barril de petroleo ha estado rondando -hacia arriba o abajo- los 100 dólares. Su popularidad soportó exitosamente los embates del tiempo no debido a su carisma, o a sus dotes oratorias, sino gracias a que disponía con absoluta discreción de una cantidad ingente de dinero público, que gastaba como, donde y cuando le daba la gana. Y en ello, fue único, hay que decirlo: el club de los petro-dictadores tiene pocos miembros, y ninguno tan derrochador como lo era Chávez, durante cuyo mandato los ingresos de Venezuela fueron más cuantiosos que aquellos recibidos en los 40 años que le precedieron, según cifras del Banco Mundial.

 

El malgasto del dinero público en Venezuela será objeto de estudio por muchos años, por cuanto es difícil explicar cómo un país de menos de 30 millones de habitantes ha podido dilapidar una fortuna más de 15 veces mayor a la requerida para la reconstrucción de Europa después de la Segunda Guerra, y encontrarse en la miserable depauperación en la que está Venezuela.

 

Citaré dos ejemplos, uno de negligencia y otro de derroche injustificado. Según estadísticas de la Cámara Venezolana de la Construcción, y de la Cámara Inmobiliaria de Venezuela, entre 1969 y 1998 se construyeron 2.033.481 viviendas:

 

    655.699 entre 1969 y 1978

 

    759.632 entre 1979 y 1988

 

    618.150 entre 1989 y 1998

 

¿Cuántas viviendas construyó el régimen de Chávez entre 1999 y 2010?

 

    296.047 unidades habitables

 

Dicho de otro modo, el chavismo construyó (hasta 2010) un 14% de las viviendas construidas en décadas anteriores, por gobiernos que contaban con presupuestos ínfimos en comparación. Cabe afirmar: el producto interno bruto combinado de los gobiernos de la democracia, pre arribo del caudillo al poder, fue de 1,6 billones de dólares aproximadamente; el producto interno bruto del régimen de Chavez hasta el 2011 había sido 1,8 billones de dólares aproximadamente, y eso sin contar deuda interna y externa adquirida. El gráfico adjunto ayuda a poner de relieve el inobjetable fracaso en ese aspecto.

 

Las cifras demuestran que el chavismo ha fracasado rotundamente en utilizar los ingresos percibidos para cubrir el déficit de viviendas que hay en el país. Entonces, en qué se ha gastado el dinero? Pasemos al ejemplo de derroche injustificado, que ningún beneficio aporta a la población: el gasto en armamento.

 

Según cifras del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI por sus siglas en inglés) entre 1999 y 2013, el chavismo adquirió armas por un valor de 80.158 millones de Bolívares (12.000 millones de dólares), mientras que cifras de la misma fuente indican que el gasto hasta 1999 había sido de 2.444 millones de Bolívares. El único lugar donde Venezuela se encontraba en estado de guerra -lo cual explicaría tal absurdo malgasto- era en la mente obnubilada de Chávez. Las reservas internacionales de Venezuela en el periodo 1999-2013 se han mantenido -salvo picos excepcionales- entre 15.000 y 30.000 millones de dólares. Aun así, el chavismo no ha puesto reparo en destinar dicho monto en adquisición de material bélico, convirtiendo a Venezuela, quizás único país en la región que no ha sufrido ningún tipo de conflicto armado interno o externo en más de un siglo, en el mayor comprador e importador de armas en la región. ¿Para qué tal despilfarro? ¿Cuántas casas para familias de escasos recursos se habrían podido construir con esos 80.158 millones de bolívares?

 

 

¿Golpe militar en Venezuela?

Fernando Mires

20 de octubre de 2013

 

En Venezuela hay excelentes analistas políticos. Pero a ninguno sigo con tanto interés como a Teodoro Petkoff. Lo ameritan una larguísima experiencia, una probada sensibilidad política, y por cierto, un alto nivel de información. Por eso leí con suma preocupación su Editorial en Tal Cual del 17 de Octubre de 2013 titulado “Manu Militari” en el cual afirma que el ejército, mediante la fundación de CESPPA (Centro de Seguridad y Protección a la Patria) se ha situado definitivamente por sobre el gobierno mediante un “golpe frío”.

 

Gracias a CESPPA ha quedado claro que la política de Venezuela enfrenta un problema muy serio. Quizás el más serio de los últimos quince años.

 

CESPPA es un organismo militar anticonstitucional que pone bajo su tutela los ministerios del Interior, Justicia y Paz; de Relaciones Exteriores y de Defensa. Más todavía. Una junta militar decidirá cuanto y cuando deberá ser informada la opinión pública. Y por si fuera poco, CESPPA determinará acerca de cuales informaciones deberán ser entregadas al propio Presidente de la República.

 

En otras palabras, CESPPA es un “poder sobre el poder”, una instancia supraestatal situada sobre el Ejecutivo. Su cometido no es otro sino subordinar el poder político al militar. Razón por la cual deduce Petkoff: “El Presidente está literalmente en manos del CESPPA. Y con él todos nosotros, los venezolanos”.

 

Si el consumado por el CESPPA es un golpe, se trataría entonces de uno de los más refinados de América Latina, tierra de golpes y golpistas.

 

Lejos están los tiempos en que los militares bombardeaban palacios gubernamentales, llenaban de prisioneros los estadios, abrían campos de concentración y establecían centros de tortura. Hoy en cambio ha sido creado en Venezuela un gobierno militar situado por sobre las instituciones públicas, incluyendo la propia presidencia de la república.

 

CESPPA ha asumido el poder real reduciendo al gobierno a instancia puramente formal. En lugar de la “dictadura del proletariado” ha sido instaurada la “dictadura del militariado”. Como en Irán, en donde el gobierno civil se encuentra bajo las instituciones religiosas, el de Venezuela -caso peor- ya se encuentra bajo las instituciones militares. CESPPA ha convertido el Estado político en un Estado militar. Eso quiere decir simplemente que la verdadera ley habilitante reside en manos de CESPPA. O lo que es igual, frente a CESPPA Maduro es un simple inhabilitado.

 

Por supuesto, el de Chávez también era un gobierno militar. La mayoría de los puestos decisivos estaba en manos militares. La ideología de gobierno era militarista y no política. El lenguaje de Chávez, aunque no tanto como el de Maduro, era un lenguaje militar. Chávez mismo era militar. Pero no sólo era eso.

 

El gobierno de Chávez era, además, un gobierno popular.

 

La legitimidad de Chávez no provenía de las armas sino de las masas que lo apoyaban. No es el caso del gobierno de Maduro.

 

Con Maduro cambió definitivamente el carácter del gobierno chavista. En lugar de ser el del primero un gobierno populista militar pasó a ser simplemente un gobierno militar; así, a secas. Del antiguo populismo solo quedan frases sueltas, paganas ceremonias mortuorias, ritos patrioteros, falsos remedos, y muy poco más.

 

Maduro tenía con la exigua y dudosa mayoría que alcanzó el 14A dos posibilidades. La primera, concertar un dialogo, si no con toda la oposición, por lo menos con parte de ella. La segunda, seguir los llamados del sector más radical del chavismo. Evidentemente intentó sin éxito la primera al establecer contacto con Lorenzo Mendoza, este último en representación informal de fracciones del empresariado venezolano. Con el nombramiento del pragmático Merentes en contra del fundamentalista Giordani, Maduro pareció, además, inclinarse por soluciones destinadas a controlar la crisis económica desatada por Chávez. Pero de modo paralelo Maduro trataba de contentar al núcleo duro del chavismo, embruteciendo al máximo su ya, de por sí, brutal lenguaje. De esta manera Maduro cerró las posibilidades de dialogo. Víctima de sus vacilaciones no fue capaz de iniciar un “gran viraje”. ¿Le faltaron fuerzas, personalidad o simplemente agallas? A estas alturas, el tema ya no tiene importancia.

 

De nada servirá a Maduro después de la toma del poder de CESPPA, con una habilitante corruptamente adquirida, controlar a un parlamento que de hecho controlaba. De nada le servirá tampoco “meter preso” a Capriles, o a López o a quien sea, con el objetivo de provocar una rebelión popular y dar paso definitivo a una intervención militar, posponiendo las elecciones del 8D que tanto lo amenazan. Suceda lo uno o lo otro, Maduro solo será un simple mayordomo del palacio militar. Si es que ya no lo es. Eso bastará sin duda para que Insulza y otros invertebrados de la OEA apoyen al nuevo gobierno militar venezolano.

 

Afortunadamente la mayoría de la oposición democrática venezolana ya ha advertido el peligro. Henrique Capriles ha reiterado continuamente su oposición a todo golpe de estado, venga de donde venga. ¿Será esa la razón por la cual Cabello quiere “meterlo preso”? Todo así lo indica.

 

Transformar las elecciones del 8D en rebelión democrática y popular sin que dejen de ser elecciones, es el difícil camino emprendido por la MUD y Capriles. ¿Lo lograrán? Algunos candidatos ya están llamando, en buena hora, a detener al golpismo a través de la campaña electoral. Es sin duda la tarea más importante del momento. Mucho más, por supuesto, que discutir sobre la nacionalidad de Maduro.

 

Queda todavía la esperanza de que chavistas opuestos a una salida militar —si es que los hay— hagan oír alguna vez su voz y establezcan en ese punto —solo en ese punto— una convergencia mínima con sectores de la oposición democrática, una destinada a cerrar el paso al golpismo, sea antes o después del 8D. Después de todo, quienes estuvieron en el 2002 en contra del “carmonazo” no tienen ninguna razón, ni moral, ni lógica, y mucho menos política, para estar en el 2013 a favor del “cabellazo”, del “madurazo”, o simplemente de un mero “cuartelazo”.

 

 

 

La crisis económica rompe al chavismo

Alfredo Meza

11 de octubre de 2013

 

El enfrentamiento entre el ministro de Finanzas, favorable a la apertura, y el de Planificación, del ala dura socialista, agudizan el desabastecimiento venezolano

 

Recién el jueves, 10 días después de comenzado octubre, el Banco Central de Venezuela reveló los indicadores económicos de septiembre. Fue un golpe duro para un Gobierno que se precia de mandar por y para los pobres y tal vez por ello costó tanto darlo a conocer. La inflación avanzó un 4,4% el pasado mes y acumula un aumento del 38,7% en lo que va de año. Cálculos del economista Jesús Casique revelan que en el estrato más pobre de la sociedad, donde se asienta buena parte de la parcialidad chavista, la inflación anualizada trepó por encima del 50%. Todo un récord para la era chavista que aún se consuela con el máximo alcanzado en 1996 durante el gobierno de Rafael Caldera, del 103%.

 

Algunos analistas atribuyen el mal desempeño a las erráticas políticas económicas iniciadas hace 10 años con un severo control de cambios. Pero a las fallas estructurales del modelo debe agregarse ahora un enfrentamiento entre el ministro de Finanzas, Nelson Merentes, y el titular de Planificación, Jorge Giordani por el rumbo que debería tomar la economía. Merentes, más pragmático, es partidario de flexibilizar el acceso a las divisas y establecer un sistema que permita más libertades a los empresarios para las importaciones, sin que eso signifique el fin de los controles. Eso permitiría detener el sistemático incremento de la moneda estadounidense en el mercado negro —que vale siete veces más que el oficial— que es utilizado como marcador por buena parte de los comerciantes para calcular el costo de reponer la mercancía.

 

Giordani, en cambio, cree que es la hora de seguir profundizando la autodenominada revolución bolivariana reservando al Estado y a los particulares supervisados y regulados la importación de rubros prioritarios mediante la arbitraria asignación de divisas a precios preferenciales —6,3 bolívares por dólar— a través de Cadivi, el órgano creado a tales fines. Giordani ha declarado en el pasado que en el apogeo de la escasez se encuentra la esencia del socialismo. El actual panorama le ofrece las condiciones para imponer un modelo de inspiración cubana donde el Estado restrinja la oferta de divisas. Con esa idea pretenden estimular la producción nacional.

 

El martes el grupo de los ideólogos tomó la delantera al anunciar a través de uno de sus más conspicuos representantes, el vicepresidente Jorge Arreaza, yerno del fallecido Hugo Chávez, que sólo se entregarían dólares para alimentos y medicinas, lo que equivaldría a dejar por fuera de las asignaciones a 22 sectores económicos y a las personas que desean viajar fuera del país. Ese mismo día Merentes también quedó fuera de la vicepresidencia del área económica y fue sustituido por otro hombre cercano a Giordani, el presidente de la estatal Petróleos de Venezuela Rafael Ramírez. Pero en una prueba de que nada está decidido, los pragmáticos recobraron el aliento. El jueves Maduro hizo una defensa de las propuestas de Merentes al reivindicarlo como el responsable de toda la ingeniería financiera que garantizaría la viabilidad fiscal en lo que resta de 2013. Fue de alguna forma un llamado de atención a la temprana victoria que cantaron los ideológicos. Maduro también anunció que se reiniciarían las subastas de dólares a través del Sistema Complementario de Administración de Divisas, una propuesta del titular de Finanzas, de modo de cumplir las demandas de un país que importa 96% de lo que consume. Serán unos 100 millones de la moneda estadounidense (76 millones de euros) que saldrían a subasta cada semana, insuficientes, sin embargo, para satisfacer las necesidades.

 

Pero la pregunta sigue siendo si el Gobierno tiene dinero para honrar esos anuncios. Maduro asegura que sí, pero el bajo nivel de las reservas líquidas —apenas alcanza para cuatro días de importaciones— deja dudas sobre la viabilidad de la propuesta. “Lo que hay es una feroz ofensiva de los medios de comunicación contra nuestra economía”, dijo Ramírez al fijar el reinicio de las subastas para el próximo miércoles. El jefe del Estado luce cercado por esas dos antagónicas posturas y aún no termina de tomar una decisión. Seguir el camino de Giordani y compañía lo llevaría a prolongar la escasez y el descontento entre sus bases. En septiembre el índice de escasez promedio en el país repuntó a 21,2%, 1,2% más que en agosto. Seguir el camino de Merentes implicaría traicionar el legado de Hugo Chávez y alimentar a lo que con desprecio llaman la burguesía parasitaria. Las consecuencias se verán en las próximas elecciones municipales del 8 de diciembre donde el chavismo pretende copar la mayor cantidad de alcaldías y representantes en los concejos municipales.

 

 

Guerra a los ‘enemigos internos’

 

El Gobierno ha creado el Centro Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria (Cesppa) para monitorear y “neutralizar potenciales amenazas de enemigos internos y externos”. El primer “enemigo interno” es el tabloide popular 2001, del Bloque de Armas, que en la edición del jueves tituló en portada La gasolina la echan con gotero.

 

El artículo hablaba de las largas colas para abastecer a los vehículos de combustible, una consecuencia, entre otras razones, de las pocas gasolineras disponibles en el país. Ya no es un negocio rentable debido a que los precios del carburante no se han incrementado desde 1996. Un enfurecido Maduro blandía el jueves un ejemplar del diario en la mano y pedía la máxima pena posible para el responsable del titular. “Es un titular cochino y grosero”, dijo la Fiscal General Luisa Ortega Díaz, aliada del Gobierno, investigó el asunto y contó que ella misma había constatado la falsedad de la nota al recorrer cuatro gasolineras y observar filas normales.

 

La falta de resultados en el combate contra la inflación y el desabastecimiento ha llevado al Gobierno a responsabilizar a los medios de difundir el pánico entre la población al reseñar esas noticias. El nuevo organismo tendrá entre sus funciones decidir qué información pública quedará reservada.

 

La reacción de los defensores de la libertad de expresión no se hizo esperar y vaticinaron que con ese organismo se limitará el derecho de estar informados veraz y oportunamente según los términos de la Constitución. “¿De qué se puede hablar públicamente sin correr el riesgo de padecer la eterna acusación de desestabilizar al país o de atentar contra la seguridad nacional?”, se preguntó la organización Reporteros Sin Fronteras.

 

Todo indica que el Gobierno limitará todavía más las oportunidades que tiene la prensa no oficial de obtener información oficial. Aquel que se salga de la horma corre el riesgo de sanciones. La investigación contra 2001 se une a otra contra el canal Globovisión, que también mostró las consecuencias de la escasez en un programa.

 

 

¿Quién habilita a la Habilitante?

Fernando Mires

10 de octubre de 2013

 

El tema de Octubre en Venezuela ha sido la petición del mandatario Nicolás Maduro a la Asamblea Nacional para que se le conceda una Ley Habilitante a fin ―dice él― de luchar en contra de la corrupción y practicar la guerra económica declarada ya no se sabe a quién. Tanto desea la Habilitante Maduro, que no trepidaría en aceptar la compra de algún parlamentario suplente, expediente de por sí tan corrupto que en cualquier país normal inhabilitaría moralmente a cualquier habilitado.

 

¿Para qué una Habilitante? Es la pregunta que nos hacemos desde fuera quienes estamos preocupados por el acontecer venezolano. ¿No es el de Venezuela el gobierno que cuenta con más poder fáctico en todo el continente latinoamericano?

 

Todos los poderes públicos en Venezuela han llegado a ser habilitantes; toda la prensa televisiva es habilitante; todo el aparato represivo es habilitante. Todo el Estado venezolano está habilitado para satisfacer los deseos del gobernante, quien, por si fuera poco, ha terminado por militarizar hasta los supermercados  ¿Para qué una Habilitante entonces?

 

Creo que la respuesta más acertada ha sido dada por Simón Bocanegra, en un artículo publicado en TalCual. La Habilitante no concede poder de facto porque, de hecho, el ejecutivo lo tiene todo, pero sí concedería ―supuestamente― poder simbólico.

 

¿Qué es el poder simbólico en política?

 

A diferencia del poder de facto, que es el que se tiene, el poder simbólico es el que se representa, aunque no se tenga. Eso quiere decir que el inmenso poder fáctico de Maduro carece de consagración simbólica. Pues bien, en política el poder simbólico tiene una enorme importancia.

 

De tal manera, lo que Maduro quiere conseguir no es tener poder por sobre la Asamblea, que de hecho lo tiene, sino que la Asamblea le conceda “legalmente” el poder que esa misma Asamblea no tiene. Así Maduro emergería bajo la luz pública ostentando el certificado de un poder situado por sobre el poder, por sobre la Asamblea, por sobre Diosdado Cabello (éste parece ser un objetivo muy importante), por sobre la Constitución, por sobre la Ley, por sobre todo. En otras palabras, Maduro aparecería representando definitivamente el poder que una vez tuvo Chávez. Un presidente hecho monarca por desgracia de Dios.

 

Si ésa es la lógica del gobierno, y parece que ésa es, hay que consignar una diferencia notable con las habilitaciones que recibía periódicamente Chávez de esa Asamblea sobre la cual ejercía absoluta dominación. La diferencia es que el poder simbólico de Chávez no venía de una Habilitante, sino de una inmensa mayoría popular que lo respaldaba. Las Habilitantes obtenidas por Chávez eran, en ese sentido, sólo la certificación institucional de su habilitación popular. Y bien, Maduro ―un populista sin pueblo― recorre el mismo camino, pero al revés: en lugar de conquistar el poder popular para luego habilitarlo constitucionalmente, intenta conseguir la Habilitante para desde ahí, a fuerza de golpes, obtener el poder popular. Y todo eso a menos de dos meses de las decisivas elecciones de diciembre.

 

De tal modo, con la petición de una Habilitante, Maduro intenta sustituir pro-forma un poder que Chávez obtenía directamente del pueblo. O dicho en estilo más fino: mientras las Habilitantes de Chávez formalizaban un poder popular que se tenía, la Habilitante de Maduro formalizaría un poder popular que no se tiene. La Habilitante entonces, sólo sería un símbolo vacío, pero un símbolo al fin. ¿O será la Habilitante que exige Maduro un instrumento destinado a aplicarse en contra de sus enemigos endógenos? Hay cosas que solo sabe el Diablo.

 

Sin embargo, hay algo en Venezuela que todos saben. La única Habilitante que tendrá vigencia será la que surja del mandato popular expresado el 8-D.

 

La oposición organizada desde la MUD y liderada por Capriles ya ha trazado su camino. Las condiciones históricas para la habilitación política de una nueva mayoría ya están dadas. La crisis económica producida por las locuras ideológicas del régimen ha alcanzado sus más altos niveles. Lo mismo ocurre con la corrupción generalizada en los estamentos estatales, tan grande debe ser que el mismo Maduro la dio a conocer en su discurso en la Asamblea, atacando uno de los bastiones de la economía chavista, el CADIVI (para los no venezólogos, “Comisión de Administración de Divisas”).

 

La unidad en torno a la MUD, en cambio, es casi perfecta. Y si el descontrolado presidente continúa insultando a más de la mitad del país, esa mayoría que según toda encuesta clama por una reconciliación nacional le va a pasar la cuenta. De tal modo, si es que no hay una desgraciada interrupción anticonstitucional ―bajo el post-chavismo todo es posible― se cumplirán en diciembre las palabras escritas en una pared de un barrio de Caracas: “Con Habilitante o sin Habilitante, seguiremos adelante”. Pudo haberlas escrito un chavista. Da lo mismo.

 

 

Arde la estatal Petróleos de Venezuela

Maye Primera

25 de agosto de 2013

 

Los accidentes en las refinerías, los despidos y la multiplicación de la deuda amenazan a la industria petrolera

El sector aporta más del 60% del presupuesto nacional

 

El 30 de junio 2013, una explosión en el Complejo Criogénico José Antonio Anzoátegui de Barcelona, al este de Venezuela, levantó una llamarada de 50 metros que, según las autoridades, fue controlada en 20 minutos sin reporte de heridos. El 11 de agosto, el impacto de un rayo incendió la laguna de desechos de la refinería Puerto La Cruz, también en el oriente. “Tenemos el incendio confinado en la laguna”, informó entonces Asdrúbal Chávez, vicepresidente de Refinación, Comercio y Suministros de la estatal Petróleos de Venezuela y primo del difunto mandatario Hugo Chávez. El 20 agosto, otro rayo encendió fuego en una chimenea de la refinería de Amuay, una de las dos plantas que conforman el Complejo Refinador de Paraguaná, el mayor del país, donde hace exactamente un año se produjo un estallido por fuga de gas que mató al menos a 42 personas. El Gobierno suele quejarse de que “la derecha” utiliza estos accidentes como “elemento de terrorismo mediático”.

 

En el último año, la estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa) ha reportado 24 incidentes en sus refinerías: incendios, cortes eléctricos, paralizaciones no programadas, fugas de gases y combustibles. La mayoría de ellos ocurrieron en las plantas de Amuay y Cardón, que integran el Complejo Refinador de Paraguaná: hubo cuatro en mayo, uno en junio, uno en julio y cuatro más en los días transcurridos de agosto de 2013. Los vecinos de los barrios aledaños, que perdieron sus casas o los vidrios y marcos de las ventanas con la explosión del 25 de agosto de 2012, replican el espanto de entonces cuando ven lenguas y columnas de humo saliendo de las instalaciones de la petrolera. 

 

“Los trabajadores se persignan cuando entran, muchos no quieren estar allí”, dijo uno de ellos, Juan Montero, al diario caraqueño El Nacional, en un informe que denuncia la fuga de mano de obra calificada a Colombia debido a los bajos salarios y a las fallas de seguridad en las refinerías de Venezuela. Este goteo migratorio de petroleros venezolanos se suma a la gran desbandada que comenzó en 2003, cuando el presidente Hugo Chávez ordenó el despido de 12.000 profesionales de la industria. Estos se sumaron al paro general en su contra, convocado en diciembre de 2002 por la patronal Fedecámaras y los sindicalistas de la CTV. Muchos de ellos fueron a parar a las petroleras y contratistas de México, Canadá, Estados Unidos, Brasil, Catar, Arabia Saudí, Aruba y Curaçao para burlar el veto impuesto en los sectores público y privado de la industria de Venezuela. 

 

La estatal venezolana opera un total de 24 refinerías: seis de ellas están ubicadas en Venezuela y las 18 restantes, en Aruba, Curaçao, Cuba, República Dominicana, Jamaica, Estados Unidos, Suecia y Gran Bretaña.

 

En 2012, las operaciones de Refinación, Comercio y Suministro reflejaron pérdidas por 7.795 millones de dólares. Esta viceprepresidencia ha sido dirigida desde mayo de 2007 por Asdrúbal Chávez: ingeniero químico, con 28 años de carrera dentro de Pdvsa y primo hermano del expresidente Chávez. Según los sindicatos petroleros de oposición, los accidentes constantes y las pérdidas en el área de refinación son consecuencia de la falta de inversión en las operaciones de la industria, especialmente durante 2011, cuando los “aportes al desarrollo social” entregados por Pdvsa superaron en casi 50% el monto en inversión. Pero según el Gobierno venezolano, los números rojos del último año y medio en el área de refinación se deben a la explosión de Amuay, a los rayos, las tormentas eléctricas y otros fenómenos naturales.

 

Los combustibles que Venezuela ha dejado de producir los compra en Estados Unidos. En abril de 2013, las compras venezolanas de diesel, gasolina, gas licuado, fuel oil y otros productos refinados en el mercado estadounidense aumentaron en 138,8% respecto al mismo mes del año anterior, según cifras del Departamento de Energía. En los primeros cuatro meses del año, promediaron 129.000 barriles diarios. De acuerdo al mismo informe, fechado en junio de 2013, las exportaciones de Pdvsa a Estados Unidos sumaron 847.000 barriles diarios: un 4% eran combustibles y el 96% restante, petróleo crudo. Esta porción representa un 52% de la producción total de Venezuela y es la única parte que se vende a precio del día y se paga con dinero líquido. El resto se vende subsidiado en el mercado interno; a crédito, a países amigos; o se utiliza para pagar préstamos de dineros ya gastados, otorgados por China.

 

La deuda de Petróleos de Venezuela sumó en el año pasado 40.026 millones de dólares, 14,7% más que en 2011, a pesar de que los precios de la canasta petrolera venezolana se mantuvieron en el rango de los 100 dólares por barril. En 1998, antes de que Chávez ganara sus primeras elecciones y cuando el barril venezolano llegó a costar 9 dólares, el saldo de la deuda rondaba los 3.000 millones de dólares. La industria petrolera ha sido el pilar económico del gasto social y del dominio político en Venezuela, pero especialmente durante la última década. El grueso del dinero que Pdvsa produce o solicita en préstamos ha sido destinado a financiar actividades distintas al negocio petrolero: a subsidiar el mercado cambiario, férreamente controlado por el Gobierno desde 2003; a la compra de alimentos que se venden a menor precio en mercados populares; a sostener las “misiones sociales”, que funcionan como ministerios paralelos en las áreas de salud, educación y militar. Es por eso que, pese a los altos precios del petróleo nacional, el patrimonio de Petróleos de Venezuela se mantiene estancado y en riesgo. 

 

La maquinaria petrolera que durante la era del chavismo ha aceitado la diplomacia venezolana y ha financiado la satisfacción de las necesidades inmediatas de las clases populares -que no por ello han superado la pobreza- da señales de agotamiento. De acuerdo a cifras aportadas por el Gobierno venezolano a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep), la producción total de crudo de Pdvsa entre enero y mayo de 2013 fue de 2,7 millones de barriles por día, un 2,92% menos petróleo del que producía en agosto de 2012. Estas cifras están muy por debajo de la meta que Hugo Chávez se había fijado en vida. “Para el 2014 debemos estar llegando a cerca de cuatro millones de barriles diarios. Para el 2019 debemos estar en seis millones de barriles diarios de crudo. Somos uno de los pocos países del mundo con esa gran capacidad de crecimiento de la producción”, dijo el presidente en septiembre de 2011, el año que Pdvsa gastó más dinero en mantener al pueblo contento.

Dios en la portería

Raúl Rivero

17 de agosto de 2013

 

Lo que vende ahora en América Latina, una región con más demagogos que esperanzas, es Dios, el fútbol y los personajes de la televisión

El cantante Antonio ‘El potro’ Álvarez y el actor de telenovelas Winston Vallenilla, los artistas que, según el presidente Maduro, tienen derecho a regir “los destinos de la patria”

 

Los populistas en América Latina no tienen fronteras. Tienen pasión por el poder. Para ejercerlo con sus vanidades sin una quemadura y el barullo de sus ideologías ya no se conforman con cargar niños pobres, abrazar a unos trabajadores o saludar de lejos a los limosneros. Lo que vende ahora en aquella región con más demagogos que esperanzas es Dios, el fútbol, los personajes de la televisión y la derrota de la corbata.

 

El empeño por ganar un voto, seducir y engañar es más poderoso que las ideas y está por encima de la inclinación política de los personajes. Cristina Fernández de Kirchner fue a Brasil con un fotógrafo entrenado para que la retratara, junto a su delfín, en una conversación de amigos con el Papa Francisco. Luego, durante la campaña para los comicios que acaba de perder estrepitosamente, los cristinistas tapizaron Buenos Aires con la imagen de los tres cristianos.

 

Para las elecciones de alcaldes y concejales que se realizarán en Venezuela en diciembre, Nicolás Maduro ha designado como candidatos a un grupo de figuras de la televisión. Entre ellos nombró a un actor de culebrones llamado Winston Vallenilla y a un cantante popular conocido como El Potro. El presidente venezolano dijo a la prensa que con esa decisión se suma a los ciudadanos que defienden el derecho de los artistas “a regir los destinos de la patria”.

 

La alegre y fervorosa izquierda sudamericana no está sola en esa contienda. En Paraguay, el flamante presidente Horacio Cartes, un millonario que apareció como un ciclón, ha llegado para enseñar las cualidades del populista de derecha.

 

Liberados del obispo Fernando Lugo, un cantamañanas zurdo en la línea de Hugo Chávez y el castrismo, los paraguayos tienen que confiar en que Cartes, como ha dicho, le dé un nuevo rumbo a ese país. El hombre, además de un empresario poderoso, es el presidente del club de fútbol Libertad y ha comparado su consejo de ministros con una selección nacional de ese deporte.

 

A Cartes le gusta usar ese lenguaje, evoca con frecuencia a Dios y a la Virgen y quiere que se le tenga por un individuo espontáneo, informal, casi como un descamisado. Por ser rico, donará su salario para asuntos sociales, como lo dona José Mujica, el uruguayo, por ser pobre.

 

Por allá nadie corre los riesgos del equilibrio.

 

 

Maduro en manos de la oposición

Fausto Masó

17 de agosto de 2013

 

Chávez provocaba a la oposición a lanzarse a la piscina vacía. Ahora Maduro quiere repetir la historia de 2002 en 2014. Después de la victoria de diciembre la presión de sus seguidores puede obligar a la MUD a precipitar el final y darle la excusa a Maduro para asfixiar a la oposición. Si los vientos que soplan no cambian el chavismo se volverá una minoría patética, pero cierta gente no aguanta ni siquiera hasta diciembre, quieren evitarle a Maduro el tsunami económico y político que le viene encima.

 

A Maduro lo escogió el dedo de Chávez, recibió una herencia envenenada. Su primera gran decisión fue la remoción de jefes militares, con la destitución de la presidenta del Banco Central mostró que no acepta una señal de desobediencia, pero mientras un hombre de su confianza no presida Pdvsa, no dominará la fuente de recursos en Venezuela. La posible premoción de Ramírez facilitaría el diálogo con las multinacionales, imprescindibles para aumentar la producción y conseguir dólares.

 

En 2012 para ganar las elecciones Chávez nos endeudó con 20.000 millones de dólares, ahora no alcanzan los ingresos para pagar importaciones imprescindibles. El sistema chavista dependía de los préstamos y de que los ingresos petroleros aumentasen año tras año, hoy solo un gran conflicto en el Mediano Oriente, aliviaría por unos meses las finanzas venezolanas.

 

Tímidamente el gobierno intenta abandonar el modelo chavista, temeroso de que lo acusen de derechista, le ocurre igual que a Raúl Castro que quiere abrir la economía sin privatizar, como declaró recientemente Abel Prieto en La Habana. Maduro está flexibilizando el sistema cambiario a paso de tortuga.

 

Quizá Maduro consiga hacer una emisión de bonos pero no generará como su antecesor una ilusión de prosperidad a billetazos. Venezuela llegó al llegadero y no hay soluciones indoloras, incluso de ocurrir un cambio de gobierno. A Maduro no le funciona ya este socialismo del consumo desaforado y teme girar abiertamente hacia fórmulas de mercado liberales. Lo hará, tarde.

 

Contra la pared, el chavismo quiere descabezar a Primero Justicia, persigue a sus principales operadores. No logra dividir a la oposición, solo consigue volver a PJ el principal partido de la MUD. Pierde el tiempo.

 

Encuestas que miden el descontento social y que circulan en privado revelan que no estamos al borde de una explosión social pero que marchamos hacia allá a toda máquina.

 

¿Cuál sería la tabla de salvación de Maduro? Una jugada precipitada de la oposición que lo librase del calvario que sufre y justificara un paso hacia lo desconocido, la dictadura. Maduro también con razón teme a los chavistas que están a su lado, los que en medio de una crisis lo sacrificarían para salvarse a ellos mismos.

 

A Maduro no hay que ayudarlo a salir del hoyo, cosa que haría la oposición si apresurara los tiempos, lo que no impide respuestas vigorosas como la de la diputada Dinorah en la Asamblea.

 

Las cosas van demasiado bien, solo hay que evitar la impaciencia, huir de cualquier salida militar y aferrarse a las vías democráticas. No es una nada fácil, rechazar las soluciones mágicas, evitar los atajos, y confiar en el deterioro de chavismo que se acelerará mes tras mes.

 

Un error en 2002 salvó a Chávez, otro en 2014 haría lo mismo con Maduro.

 

Y para terminar le decimos hasta luego a Chúo Torrealba, no adiós.

Show y radicalización en la Asamblea

Luis Vicente León

14 de agosto de 2013

 

Es necesario analizar por qué el debate en la Asamblea Nacional, tal como quedó demostrado en la sesión de ayer, es llevado por las filas del PSUV hacia una radicalización que ya excede el plano de las denuncias sobre corrupción —infundadas o no— y apunta hacia lo individual y los espacios de la reputación personal de sus adversarios políticos.

 

El primer elemento que debe considerarse es que, dentro del modelo bipolar de radicalización política y moderación económica que ya hemos comentado en artículos anteriores, al gobierno de Nicolás Maduro le ha resultado muy difícil conseguir algún éxito en el marco de lo económico. La mayoría de las decisiones, que ya resultan urgentes en ese plano, son poco populares y representarían un costo político específico que tiene que pagar. ¿Pero qué pasa si no quieres pagarlo —o no puedes—, porque tu capital es estrecho y está amenazado por unas elecciones municipales que han adquirido un nivel de plebiscito en la opinión pública? Pues que el margen de maniobra disminuye considerablemente y debes distraer la atención del electorado.

 

El gobierno no ha tenido las bolas de avanzar en la apertura del mercado cambiario, las negociaciones para sincerar los precios y la solución del pasmo en el que se encuentran las empresas expropiadas en estos últimos 14 años. El miedo a los costos políticos le ha dejado preso de medidas populistas tradicionales que podrían maquillar la crisis durante la campaña. Es más fácil quemar las reservas internacionales, el flujo de caja petrolero y asumir más deuda para crear una ilusión de bienestar con dólares regalados de CADIVI, antes que ser serios en un programa de ajuste que atienda el fondo del asunto en medio de la campaña electoral. Pero el populismo económico no es suficiente. Tiene que apelar también al show político mediático, basado en la radicalización extrema contra el adversario, con dos objetivos claros.

 

El primero es generar la idea de que el gobierno de Maduro es fuerte, haciendo ver que está dispuesto a destruir al adversario, neutralizar a los contrincantes futuros y atemorizar a los posibles financistas de la campaña opositora. ¿Quién se atreve a entregar recursos a una oposición sometida a un ataque hecho mediante acciones que mezclan referentes reales, exageraciones y también mentiras? Atemorizar a los proveedores de recursos y a los políticos es una meta que tiene como blanco a toda la oposición y a quienes quieran ayudarla.

 

El segundo objetivo es desprestigiar a la oposición en la mente de los electores. Piensan conseguirlo haciendo que sus conectores con ese liderazgo se debiliten: es como una persona que no logra enamorar a otra por sus propios méritos, así que pasa a destruir la reputación de su contrincante. Y como el apoyo electoral de la oposición en las pasadas elecciones les resulta peligroso, deciden señalar hacia el otro lado diciendo “Mira de qué malandro te estás enamorando”.

 

Pero tomar la bandera de corrupción no es suficiente. El venezolano está acostumbrado a convivir con ella. El electorado presume que hay casos de corrupción y malversación verdaderos en lo público y en lo privado, en el gobierno y en la oposición, en todas partes. Más aún: sabe que la mayor corrupción sólo la pueden llevar a cabo quienes controlan el poder y que ellos son quienes afectan abiertamente al pueblo, algo que contraviene los objetivos mencionados. Y así es como llegamos a este nivel de debate sobre temas personales y privados.

 

La lucha contra la corrupción deja de parecer una acción de gobierno y se convierte en una excusa para atacar uno de los puntos negros que podría tener algún adversario político, pero además se exagera y se “enriquece” con referentes creados y manipulados, contando una historia que el PSUV espera que cuele gracias al morbo de una población que es desconfiada por naturaleza. Entonces muestran y construyen elementos que luego son amplificados bajo la premisa del “habla mal que algo queda”, un elemento estratégico que ya habían usado en campaña, mezclado con el escarnio moral.

 

En política, resolver los problemas de la gente y construir un modelo exitoso es más difícil que desprestigiar al contendor y ganar votos por contraste. Llegan incluso a la contradicción de articular ideas que pueden leerse como nosotros no somos homofóbicos, pero este tipo es un maricón. El tema de la prostitución y las drogas es utilizado como vehículo para desembocar en la acción final: utilizar el recurso bastante primitivo del tema homosexual para desprestigiar a un sector político, con la intención de incidir en una sociedad que ellos perciben como conservadora. Un evento como el de ayer sería un escándalo político en cualquier democracia contemporánea.

 

Pero esto también pone en evidencia el miedo a una fuerza electoral que ya se ha mostrado como, al menos, del mismo tamaño que la suya. Por eso toman estas acciones: porque creen que el elemento de la homosexualidad contribuye a romper la conexión de la oposición con la gente, así como ya antes han aprovechado elementos como que Henrique Capriles no es casado para generar la percepción de que el líder opositor es gay, lo que, por cierto, es un tanto contradictorio con las acusaciones de uso de prostitución convencional que también le endilgan.

 

Es una estrategia que puede resultar muy costosa para el país en el futuro: estamos hablando de violaciones a la Constitución y a los Derechos Humanos, así como una muestra de primitivismo salvaje. Sin embargo, no estoy seguro de que no tenga un impacto político en una sociedad como ésta. Estas acciones parten, repito, de una confianza que tienen los estrategas del PSUV en que nuestra sociedad tiene una posición conservadora e inmadura políticamente… y eso podría ser cierto.

 

Ya es malo que el debate se haya radicalizado y tienda al show mediático con la intención de distraer a los electores de la crisis. Pero es aún peor que se intente utilizar elementos como la preferencia sexual para fomentar la discriminación, una acción completamente contradictoria con la búsqueda de la libertad que está plasmada en la Constitución que el mismo Chávez promovió.

 

Da tristeza ver ese espectáculo en lo que debería ser la casa de todo el pueblo. Yo tendería a pensar que a la gente, bastante empobrecida, le interesa mucho más un debate en la Asamblea Nacional sobre las bolas que debería tener el gobierno para tomar decisiones que enfrenten la crisis económica antes que grandes discusiones y alharacas sobre el trasero de la oposición.

 

 

¿Es constitucional la homofobia en Venezuela?

José Ignacio Hernández

14 de agosto de 2013

 

La homofobia puede ser definida como toda práctica consistente en el trato peyorativo y discriminatorio basado en la homosexualidad y, en un sentido más amplio, basado en la orientación sexual del individuo. Esa práctica puede estar presente en la sociedad e, incluso, consistir en una política de Estado. Y cuando examinamos los regímenes totalitarios, encontramos varios ejemplos. Pero para mencionar un solo caso, en la Alemania nazi se aplicó el párrafo 175 del Código Penal como herramienta de persecución de los homosexuales, incluso, por razones políticas. Para muchos, la caída de Ernst Röhm, en el marco de la noche de los cuchillos largos, fue precisamente una represalia política fundada en su condición reconocida y aceptada de homosexual.

 

En Venezuela, la homofobia es inconstitucional por consistir en una discriminación contraria a la Constitución y, más allá, un trato ofensivo a la dignidad humana. Así incluso lo ha reconocido la Sala Constitucional en su sentencia N° 190/2008, cuando concluyó que no cabe la discriminación por la inclinación sexual del individuo.

 

Mucho más grave es la homofobia como parte del discurso político. Es ya común ver intentos de desprestigiar al oponente político tildándolo de homosexual. Lo censurable de esa práctica es que se utiliza el término homosexual en un sentido peyorativo, considerándolo como un insulto y no como la simple descripción objetiva de la identidad sexual de un individuo.

 

Calificar a alguien de homosexual no es ni un insulto ni un trato discriminatorio, en tanto se emplee el término como descripción objetiva. Decir que Oscar Wilde era homosexual, por ejemplo, es un dato objetivo que nada dice sobre la calidad humana ni literaria de ese gran escritor quien, por cierto, sufrió duras represalias debidas a la homofobia.

 

Muy distinto es desvirtuar el término homosexual para emplearlo como insulto y descalificar, lo que es doblemente inconstitucional: por afectar la dignidad humana y por ser trato discriminatorio. Incluso, la legislación ha llegado a prohibir el uso de expresiones que, a pesar de no ser un insulto, pueden ser utilizadas peyorativa y discriminatoriamente. Por ejemplo, negro o negra. En la sociedad venezolana esa expresión es muy usada, en especial, como muestra de cariño o aprecio. Común es llamar a la niña pequeña de la casa la negrita, lo que en modo alguno puede ser tenido como insulto. Pero usar los términos negro o negra como un insulto, para denigrar a la persona, es un trato discriminatorio prohibido la Ley.

 

La decadencia del discurso político en Venezuela ha llevado a sustituir la razón por el insulto. A falta de argumentos, se insulta y se discrimina al oponente. Esa práctica, además, afecta uno de los valores esenciales de toda democracia: el pluralismo basado en el respeto a la dignidad humana. En una democracia que se precie de tal, este tipo de conductas no sólo deben ser rechazadas sino, además, severamente sancionadas.

 

 

Homofobia en la Asamblea Nacional

Willy McKey

14 de agosto de 2013

 

El sueño es una experiencia más común y también más universal que la locura

Jacques Derrida

 

Se habla en la señal abierta del canal de televisión de la Asamblea Nacional de Venezuela de homosexualidad durante una sesión parlamentaria, pero no para legislar sobre la unión civil igualitaria, sino para avergonzar al otro en una performance falocrática, homófoba, desmedida.

 

El poder se supera a sí mismo, abismándose.

 

El diputado dice que “esto es vergonzoso, pero hay que decirlo porque ya no encontramos manera de desenmascararlos y enrostrarles lo que están haciendo”. El enunciado, al salir de su boca, lo abandona y se convierte en un resumen de este despropósito homofóbico en vivo y directo, este exceso que será la noticia del día siguiente.

 

Las mismas manos que le ofrecen asilo político a Edward Snowden disparan contra la privacidad de un ciudadano en la televisión pública, mostrando fotografías extraídas de alguna de sus redes sociales, quizás. Su munición es la moral revolucionaria. Todo sucede en las mismas coordenadas y con el mismo país allá afuera, ése del que no se habla en el Capitolio y al que le acaban de engrapar al cuello una Ley de Cultura y otra más sobre la compra y venta de vehículos.

 

Todo a la vez. Todo hoy.

 

El concepto mecánico de una revolución es dar una vuelta, caer en el mismo lugar, la paradoja de retroceder hacia adelante. En el siglo pasado, la Revolución Cubana etiquetó a homosexuales como el escritor Reinaldo Arenas bajo la clasificación de “peligro social”. Arenas salió de su país, luego de haber sido encarcelado por sus “desviaciones contrarrevolucionarias”, en el histórico éxodo de El Mariel, en 1980, cuando se fueron de Cuba quienes sentían algún desencuentro con el futuro planeado por un poder que se había instalado veintiún años antes.

 

El mismo día en que Fidel Castro cumple 87 años, un diputado venezolano sigue exhibiendo la vida ajena y plantándose en el atril de la vergüenza, en lo que podría ser la intervención de un funcionario cualquiera de alguno de los cuatro ministerios de 1984, la novela de George Orwell. Del Ministerio del Amor, quizás, encargado de las torturas y la reeducación de los ciudadanos que sólo deben amar al Gran Hermano.

 

Una de las cosas que más desentona en su perorata es el fingimiento, porque la moral revolucionaria es una de esas cosas que no pueden ser mostradas en política sino como el simulacro de sí mismas. El diputado se abochorna, se escandaliza ante unas imágenes que trajo para exhibir y recontextualizar en ese espectáculo feroz en que se nos ha convertido la política.

 

La homofobia y la discriminación en la programación del canal del Poder Legislativo. Un fusilamiento moral está siendo televisado, financiado en parte con los impuestos de una ciudadanía sexodiversa.

 

La moral revolucionaria es capaz de ver redes de prostitución y de drogas en una imagen de dos hombres que se ponen demasiado cerca. No se sospecha del abrazo simulado entre líderes políticos con intereses cruzados, no se pone en tela de juicio el acantonamiento militar y los soberbios excesos autoritarios, no se exponen fotos de armas y yates que pertenecen al mismo inventario individual.

 

La potencia de lo diverso convertida en agresión a las buenas costumbres. El miedo enmascarado en la inquina, para que no se note. Una peluca y un chal vistos como armas de destrucción masiva, con la complicidad silente de varios colectivos de LGBT que temen el fin de asignaciones presupuestarias. Y el de sexodiversos que temen decir lo que piensan justo ahora, para no ver frustradas sus asignaciones o sus carteras ministeriales. Compatriotas obligados a callar porque el Ministerio del Amor se encuentra en sesión permanente.

 

Camaradas que guardan un minuto de silencio, porque saben que hoy a ellos también los están matando un poco.

 

Si “el sueño es una experiencia más común y también más universal que la locura”, los únicos que pueden oponerse son quienes han enloquecido por su propia pesadilla: saber que hay alguien más y que no obedece las normas de su universo.

 

“Guerra es Paz. Libertad es Esclavitud. Ignorancia es Fuerza”. Los lemas del partido orwelliano parecen ser los nuevos motores, que avanzan a una revolución por siglo. Porque la agresión verbal, el juicio moral y la intimidad transformada en vilipendio han sido utilizados como punto de partida para no pocas desapariciones físicas, sean por la expulsión o por la pólvora.

 

Los poderosos están cazando gente y la vergüenza legislativa ha sido programada en el prime-time moral de la historia revolucionaria.

¿Un colombiano al mando de los venezolanos?

Zoe Valdés

3 de agosto de 2013

 

Cuando ya parecía que habíamos oído todo acerca de Nicolás Maduro, que si boda people secreta, que si la mujer lo domina, después de los Castro, claro, que si ve visiones aviarias, ahora nos sale con que Madurito Pajarito no es venezolano, es colombiano.

 

Nada tuviera esto de malo si no fuera porque se trata del presidente de los venezolanos, del que ellos votaron, por supuesto, sin conocer, claro está, que no estaban eligiendo a un venezolano nacido como ellos en Venezuela, tal como requiere la constitución, sino que estaban aceptando con su voto a que tomara la presidencia un colombiano.

 

El caso es que la oposición empezó a investigar acerca del tema, y llegó a una conclusión: Nicolás Maduro es colombiano. Y hasta los colombianos lo reafirman entre orgullosos y desconfiados, ya saben como son los colombianos, algunos, no todos.

 

Pero llegó entonces el presidente colombiano, el señor Juan Manuel Santos, y detuvo la investigación con un ordeno y mando. El señor presidente de Colombia es un caso curioso, parece más el presidente de las FARC y su “proceso de paz” que el de toda Colombia. No sé si este “camarada de derechas” está batiéndose por su país o por el Premio Nobel de la Paz, el que tendrá que compartir, qué duda cabe, con los guerrilleros y con Fidel y Raúl Castro. Y ya es sabido que a estos dos últimos no les gusta compartir nada de nada, de modo que lo veo compuesto y sin Nobel.

 

¿Cómo es posible que el presidente de Colombia interfiera en una investigación tan sumamente necesaria para la legalidad constitucional y la democracia en Venezuela? Una de tres: o le importa poco Venezuela, o este presidente supuestamente de derechas, le canta La Pasionaria muy por debajo de la bata de casa, o por algún lado lo tendrán chantajeado. En cualquier caso, se me está pareciendo a Obama, y dicho por mí no tiene ningún beneficio.

 

La nacionalidad de Nicolás Maduro deberá ser esclarecida, como la de Obama desde hace rato, por otra parte... Pero claro, el mundo está dominado por los Castro, uno pichón de gallego y el otro pichón de chino. Con perdón de los gallegos y de Rosalía de Castro, y de los chinos, ¡qué “Confucio”, madre mía, con lo que trajo el barco!

Alucinación y ocaso

Raúl Rivero

3 de agosto de 2013

 

La única virtud que mantiene intacta la política es su capacidad para asombrar. La magia oculta en su programación genética que produce de repente, en la densidad de la vida cotidiana, una sorpresa, una situación rara, extravagante o surrealista. Lo ha demostrado en América Latina con el uso de sus dones para alterar el tiempo. Mató primero al socialismo del siglo XXI que al del siglo pasado, que sigue en Cuba trastabillando con un suero en vena administrado por una dictadura militar.

 

Esta semana se reunieron en Guayaquil, Ecuador, los principales promotores de aquella invención en una cumbre de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). El texto final de la cita, un enorme panfleto en el que hay un espacio exacto para cada lugar común del populismo, menciona solo una vez al socialismo del siglo XXI y lo deja enterrado.

 

No se dispone ahora de recursos para ese delirio que copió de Europa y asumió Hugo Chávez en el año 2005, cuando se paseaba por la región en tres aviones oficiales, todo el dinero del petróleo de los venezolanos en el equipaje y la carpa de un circo que armaba en cualquier sitio.

 

Los representantes de la avanzada del socialismo andino, Nicolás Maduro, Rafael Correa, Evo Morales y Daniel Ortega se vieron en Guayaquil, junto a delegados de ocho naciones del área, para resucitar el ALBA, otro aporte de Chávez, fundada en La Habana, en 2004, con similar palabrería pero con el foco en el intercambio económico.

 

La cita de Guayaquil les dio la misión de combatir a muerte “el imperio del capital” y asumir una posición de unidad para defenderse del programa norteamericano de vigilancia global que hizo público el exagente de la CIA Edward Snowden.

 

Hay otros temas en la nueva agenda. Y uno, muy importante que los obsesiona, la tarea de desacreditar y oponerse, en pandilla con otros bloques, a la poderosa Alianza del Pacífico. Ahí están México, Chile, Perú y Colombia, y es hoy la novena economía del mundo.

 

El ALBA le declaró la guerra a sus cuatro vecinos. Correa fue el vocero. “Se enfrentan dos visiones del mundo: el neoliberalismo y aquellos que creemos en el socialismo”, dijo. No aclaró si tuvo una crisis de nostalgia por la utopía. O hablaba de la dictadura cubana.

El declive de la ALBA

Kenneth Ramírez

31 de julio de 2013

 

Los mandatarios de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) se reunieron en Guayaquil este martes 30 de julio para celebrar su XII Cumbre Presidencial. Dicha Cumbre estuvo llena de significación, ya que fue la primera tras la muerte de Chávez -su carismático líder fundador-, quien fue capaz de influir en los destinos de la región y atraer los reflectores de la prensa mundial.

 

En consecuencia, lo más importante de esta Cumbre de Guayaquil fue que dejó entrever la falta de liderazgo político y capacidad económica para movilizar a otros actores en torno a este proyecto alternativo. Rafael Correa ha tratado de erigirse en el nuevo líder, y cuenta con la formación, la base política y cierto carisma para evitar que la ALBA quede huérfana, pero le faltan los recursos económicos. Evo Morales y Daniel Ortega adolecen de todos los requisitos; mientras Cuba debe ocuparse de su propia transición política, con el anunciado cambio en la cúpula dirigente en el próximo lustro. En el caso de Nicolás Maduro, la cuestionada victoria en las elecciones del 14-A, la crisis económica que atraviesa Venezuela, el estancamiento de la producción de PDVSA y unos precios del petróleo que apuntan a niveles de 85-90 $/Bl para 2016 debido a la producción de petróleo de esquistos en EEUU, no favorecen el que asuma el liderazgo internacional que dejó Hugo Chávez. Tampoco tiene la figura y carisma de aquél; pero aún la ALBA cuenta con los recursos petroleros venezolanos para mantenerse a flote.

 

En este sentido, lo que hemos visto en Guayaquil ha sido una soterrada rivalidad entre Rafael Correa y Nicolás Maduro por la herencia internacional de Chávez y el liderazgo de la ALBA, al tiempo que colectivamente han intentado demostrar unidad, y que este mecanismo de coordinación política e ideológica sigue teniendo vigencia y sentido. En este contexto, la crítica de Correa a la “tibieza” del borrador de Declaración preparado por los Cancilleres y sus equipos, y su discurso apasionado, recordó más al finado Chávez que el propio Maduro. Quizás sea que Correa tiene su propio perfil dentro del “socialismo del siglo XXI” o quizás sea que tiene mayor carisma y elocuencia, pero lo cierto es que resulta más atractivo a la prensa mundial -y pareciera que hasta al mismo Fidel Castro-, que un Maduro que intenta mimetizar a la saciedad las palabras y gestos de Chávez.

 

Por otra parte, y como era de esperarse, en Guayaquil se agitó el caso Snowden como punta de lanza contra el “imperialismo” de EEUU, el “neocolonialismo de sus transnacionales” y su “red mundial de espionaje” como manifestó el presidente Correa. También fue aprovechada la ocasión para respaldar una vez más a Evo Morales, por la desafortunada e irrespetuosa forma en que se denegó el espacio aéreo a su avión presidencial en Europa. Pero resultó aún más interesante el que los países de la ALBA han encontrado un nuevo enemigo: la “Alianza del Pacífico”.

 

Recordemos que la Alianza del Pacífico creada en 2011, es un tratado de libre comercio entre México, Colombia, Perú y Chile –Costa Rica se encuentra en proceso de adhesión-, que constituye el 42% del PIB de América Latina –segunda economía de la región después del MERCOSUR-, cuyos miembros tienen a su vez tratados comerciales con EEUU, la Unión Europea y países de Asia-Pacífico. Por ello, este mecanismo ha llamado la atención mediática y política a nivel mundial, viviendo uno de sus momentos estelares en la VII Cumbre Presidencial celebrada en Cali en mayo de este año. Además, el pasado 5 de julio, los países suramericanos de la Alianza del Pacífico evitaron darle carácter de “Cumbre” a la Reunión de UNASUR efectuada en Cochabamba para desagraviar a Evo Morales por el incidente con su avión presidencial en Europa, ya que quisieron evitar una escalada con sus socios europeos. Esto fue duramente criticado por el presidente Correa quien les invitó a “graduarse de colonias”.

 

Es decir, la ALBA ha anunciado en Guayaquil que aprovechará la presencia de la Alianza del Pacífico en la nueva cartografía de la integración regional para polarizar y movilizar al resto de los actores de la región. No en balde titularon el documento final como “Declaración de la ALBA desde el Pacífico”: toda una manifestación de propósitos. En palabras del presidente Correa “se enfrentan dos visiones del Mundo: el neoliberalismo, el libre comercio, y aquellos que creemos en el socialismo, en garantía de derechos, en zonas libres pero no para el libre comercio, sino libre de hambre, libre de pobreza”. Aun así, no será tarea fácil re-polarizar la región, ya que en Washington gobierna Barack Obama y no George W. Bush; y los presidentes de la Alianza del Pacífico tienen posturas pragmáticas hacia la ALBA, y en el caso de los mandatarios mexicano y el peruano, son de centro-izquierda y han manifestado admiración por el expresidente Lula, quien les ha enviado incluso asesores. Esto por no hablar de una posible victoria de Michelle Bachelet en Chile en las elecciones del próximo 17 de noviembre.

 

Además, otro hecho que fue destacado en la Cumbre de Guayaquil fue el ingreso de Santa Lucía a la ALBA, ante lo cual el presidente Maduro exclamó “ahora somos nueve países”. Empero, lo cierto es que debido a su situación económica, Venezuela ha manifestado que aumentará los intereses de la factura petrolera financiada en PETROCARIBE a partir del mes de octubre, salvo a socios especiales –léase miembros de la ALBA- como Cuba y Nicaragua. Es decir, el paso dado por Santa Lucía ha sido absolutamente calculado y no ideológico.

 

En definitiva, la ALBA ha entrado en una fase de declive. La nueva geopolítica regional está marcada por la Alianza del Pacífico y el MERCOSUR. No obstante, esto no implica que la ALBA vaya a desaparecer de manera inmediata. Por lo pronto, seguirá estando presente en la región con una capacidad mermada, y ocupando un rol crítico a la Alianza del Pacífico como “retorno del ALCA” y los posibles excesos que pueda cometer Washington. En esto, la ALBA seguirá siendo utilizada de manera sofisticada por Brasil para desgastar la influencia de EEUU en la región, al tiempo que mantiene un diálogo estratégico y una cooperación pragmática con Washington a nivel bilateral, y Dilma Rousseff efectúa su anhelada visita de Estado a la Casa Blanca para octubre próximo, donde será recibida como líder de una potencia emergente y árbitro regional. Bien le vendría a Venezuela más realismo en su política exterior.

Fiesta de pobres

Raúl Rivero

27 de julio de 2013

 

En los primeros 100 días de gobierno de Nicolás Maduro el país perdió 3.240 millones de dólares, se duplicó la inflación, la escasez se incrementó en un 33 por ciento y se produjo un homicidio cada media hora.

 

Los venezolanos no hallan entusiasmo por ninguna parte para celebrar los primeros 100 días de gobierno del presidente Nicolás Maduro. El país perdió en esa etapa 3.240 millones de dólares, se duplicó la inflación, la escasez se incrementó en un 33 por ciento y se produce un homicidio cada media hora. Además, no hay harina para el pastel ni huevos para el merengue y el principal homenajeado anda de paseo por Cuba con la familia y unos amigos.

 

La fecha le ha servido a un grupo importante de expertos para un convite amargo y realista. Ellos, economistas y catedráticos de renombre, pusieron sobre la mesa esas y otras cifras desoladoras junto a la certeza de que grandes sectores de la ciudadanía han dejado atrás la pobreza y están atrapados en un quicio en el que carecen ya de lo mínimo para vivir.

 

El acontecimiento se recibe en el escenario de un país atascado como una carreta en un pantano, acosado por la ineficiencia, la corrupción y el despilfarro proverbial heredado de Hugo Chávez cuya imagen de santo, por cierto, se desplaza con discreción y premura de los altares principales a las sacristías de las iglesias.

 

A este panorama, hay que añadir que Maduro y compañía han anunciado la creación de unas Redes Estratégicas de Defensa Integral que dejarían a Venezuela dividida en regiones dirigidas por altos jefes militares. Los oficiales tendrán mayor poder que los gobernadores electos en los comicios. Si esta decisión no es para garantizar la calidad de un trabajo represivo ante posibles actos de rebeldía, es, por lo menos, una forma de enseñarle a todos el pavón de los fusiles.

 

Para quienes conocen bien el paño, esa estructura es una copia del modelo del país donde el joven sindicalista Maduro aprendió a repasar los manuales soviéticos. Unos libros densos en los que aquellos teóricos de apellidos duros, con demasiadas consonantes, aseguran que el ejército es el pueblo uniformado.

 

El brindis privado que preparó para el ágape Diosdado Cabello, presidente del parlamento, fue tétrico y también de resonancia cubana. Juró que tiene pruebas de que se prepara un atentado para asesinar a Maduro y otro para matarlo a él. “¡Ay, que no nos pase nada a ninguno de los dos!”, advirtió el teniente retirado.

 

En la fiesta de los primeros 100 días es peligroso sacar un cuchillo para la tarta. Y no se sabe si quedan velas en el mercado.

Cien días de discordia

27 de julio de 2013

 

Las reacciones destempladas de Maduro alejan cualquier solución a la grave crisis venezolana

 

Nicolás Maduro se dispone a celebrar mañana, por todo lo alto, sus 100 días en la presidencia de Venezuela. Sin embargo, instalado en una línea de confrontación permanente, el heredero de Hugo Chávez no ha logrado construirse en estos meses una imagen de gobernante, si no ya legítimo, sí por lo menos creíble.

 

Lejos de buscar una salida a la grave crisis política abierta tras las cuestionadas elecciones del 14 de abril, el Gobierno se afana por achicar los espacios a una oposición que crece incluso entre las antiguas bases chavistas, asediando a sus dirigentes con procesos judiciales, desatando una caza de brujas entre empleados públicos sospechosos de simpatizar con Henrique Capriles y cerrando los espacios en los medios y en la propia Asamblea Nacional.

 

La misma pauta destemplada aplica en el exterior. El reciente incidente con el avión del presidente boliviano, Evo Morales, provocado por la torpeza inaceptable de varios Gobiernos europeos y resuelto, como no podía ser menos, por la vía diplomática, dio pie a Maduro para arremeter contra Mariano Rajoy, al que llamó “indigno” y “abusador”. Esta misma semana se ha referido al presidente español como “corrupto” y “padrino político de la derecha fascista venezolana”. Lo mismo ha dicho de Barack Obama. Y acaba de romper el diálogo abierto con EEUU después de que la nueva embajadora ante la ONU, Samantha Power —a quien llamó “loca”— aludiera a la represión en varios países, entre ellos Venezuela. En su corto mandato no han faltado tampoco graves tensiones con Perú y Colombia. Las reacciones desproporcionadas de Maduro suelen encontrar el silencio por respuesta, lo cual podría interpretarse como que, finalmente, los líderes internacionales prefieren ignorar a su homólogo venezolano como se esquiva a un vecino pendenciero. Y eso resulta muy poco alentador.

Estadísticas opacas

Vladimiro Mujica

25 de julio de 2013

 

Venezuela ha recibido elogios internacionales por reducir la pobreza y mejorar las condiciones de vida de las mayorías. La alternativa democrática tiene que revelar la dimensión de la manipulación y la desinformación.

 

El reciente reconocimiento de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) a Venezuela por, según reza el anuncio oficial,”progresos notables y excepcionales en la lucha contra el hambre”, puede alternativamente ser interpretado como una burla en momentos en que el país se debate en una dura crisis económica y social que afecta sobre todo a los sectores de menores ingresos, o como algo muy revelador de la forma en que se manejan las estadísticas a nivel internacional. En este contexto no deja de llamar la atención que en el mismo anuncio se señala que “Según las estimaciones más recientes de la FAO, Venezuela forma parte del grupo de 18 países, entre los que se cuenta Cuba, Guyana, Nicaragua, Perú, San Vicente y las Granadinas, que han realizado progresos excepcionales, al haber reducido la prevalencia de la subnutrición del 13,5% en el periodo 1990-1992 a menos de 5% en el periodo 2010-2012 y haber alcanzado así la meta del Objetivo de Desarrollo del Milenio (ODM) 1 referente al hambre” Al reconocimiento de la FAO hay que añadirle el premio Handam de educación de la Unesco en 2012 a Nepal, Sudáfrica y Venezuela; y la lista no termina allí. Venezuela también ha recibido elogios internacionales por reducir el desempleo, por tener una distribución del ingreso más equilibrada y, en general, por reducir la pobreza y mejorar las condiciones de vida de los sectores de menores ingresos.

 

La pregunta termina por ser inescapable ¿Sobre qué datos reales se sustentan estas afirmaciones? Uno puede escoger la ruta fácil, que consiste simplemente en pensar que estas distinciones se compran con el dinero petrolero y que los premios y reconocimientos internacionales a Venezuela son parte de una conspiración internacional de los aliados del chavismo para transformar mentiras en verdades. Pero lo extenso y complejo del tema exige una revisión con mayor profundidad.

 

En primer lugar, es indispensable reconocer que hay un ingrediente innegable de manipulación de las estadísticas y de falsificación organizada de la realidad de nuestro país que el gobierno y sus aliados internacionales realizan de manera continua y en múltiples escenarios. Uno de los espacios donde la opacidad es dominante es el tema petrolero. Las cifras oficiales presentadas por Pdvsa no son auditables y la única manera más o menos realista de hacerle seguimiento a temas de vital interés para el país, como la magnitud de la producción petrolera, la proporción entre producción nacional y extranjera, etc., es recurrir a los organismos internacionales que monitorizan el flujo de crudo.

 

La distorsión de información le permite al Gobierno presentar la nacionalización de la industria como obra de la revolución chavista, cuando la realidad es que hoy la producción de empresas extranjeras excede con mucho la producción de Pdvsa. Es decir, que en la práctica se ha ido desnacionalizando la industria y se ha aumentado de manera descomunal la deuda de la empresa hasta hacerla insolvente.

 

Otros terrenos en que la opacidad y la desinformación son sistemáticas son los relacionados con la educación y el desempleo. Pero aquí es necesario detenerse un poco porque los indicadores que maneja el gobierno en los organismos internacionales sobre la forma de calcular el desempleo, teniendo en cuenta el así llamado empleo informal, han introducido un grado considerable de discusión, inclusive entre los expertos. Otro tanto se puede decir sobre el tema educativo, donde el Gobierno presenta cifras de crecimiento de la matrícula, alfabetización y acceso al sistema educativo que se prestan a ser interpretados como índices positivos de la gestión gubernamental.

 

Una conclusión importante es que las fuerzas de la alternativa democrática tienen que hacer un esfuerzo deliberado y por disciplinas, no solamente para revelar la dimensión de la manipulación y la desinformación, sino para contrarrestar con argumentos técnicos y datos sólidos, en los casos en que ello sea necesario, cada una de las interpretaciones sobre indicadores sociales y económicos que se introducen a conveniencia del Gobierno venezolano.

 

A los venezolanos no es necesario convencernos del fracaso de esta larga década de desgobierno. Produce una gran indignación el contrastar el supuesto paraíso en que se ha convertido Venezuela, según algunas organizaciones internacionales, y el infierno de la vida cotidiana y la destrucción del país que se respira a lo largo y ancho de nuestra geografía. Cada vez que un líder del chavismo vocifera “No hay papel tualé, pero tenemos patria” mueve a coraje el cinismo de una oligarquía enchufada en el poder. Pero ninguna de estas reacciones puede reemplazar el estudio disciplinado y profesional que es necesario realizar como soporte a las posiciones del liderazgo de la alternativa democrática. Mucho se ha avanzado en esta dirección, pero esta es una pelea que requiere atención continua, porque los ojos de otros países son muy sensibles a lo que opinan organizaciones que gozan del respeto internacional como la FAO y la Unesco. El chavismo lo sabe, y por eso manipula, y nosotros bien haríamos en también entenderlo a cabalidad.

Tomar una indecisión

Carlos Augusto González

24 de julio de 2013

 

Capriles es el líder porque se lo ha ganado, pero justamente allí está una parte del problema: por lo que se ve, estamos acostumbrados, como pueblo, a que sea el líder el que dicta la pauta. El pasado reciente nos muestra lo inconveniente de ese estado de cosas

 

Los columnistas de prensa pueden ser clasificados en dos grandes grupos: por un lado están los que se limitan a señalar fallas (muchas) o “éxitos” (difícilmente perceptibles) del régimen cuasi dictatorial que nos desgobierna y por el otro está los que, en vista del deterioro de la situación en todos los órdenes de la vida venezolana, claman por acción. Estos últimos pueden a su vez ser subdivididos en dos clases principales: los que quieren acción inmediata y los que piensan que hay que tener paciencia.

 

Por mi parte, ya la indecisión está tomada: según las noticias que oigo, me cambio de grupo: unas veces quiero ver una gran manifestación de repudio a este desastre, con huelga general incluida, es decir, la “vía rápida” y otras pienso que hay que “sentarse en la puerta de la casa para ver pasar el cadáver del enemigo”.

 

“La oposición es variopinta”. Perogrullo. Sí. Pero dado que el problema que enfrentamos es real, hay que ponerse de acuerdo en que para lograr el objetivo de regresar a la civilización hay que tener un solo comando, con su táctica y estrategia.

 

Capriles es el líder porque se lo ha ganado, pero justamente allí está una parte del problema: por lo que se ve, estamos acostumbrados, como pueblo, a que sea el líder el que dicta la pauta. El pasado reciente nos muestra lo inconveniente de ese estado de cosas.

 

El líder debe ser un primus inter pares y estar dispuesto a la alternabilidad en el liderazgo formal, si bien el liderazgo carismático, psicológico, no es endosable, como lo estamos viendo y sufriendo con el pobre Nicolás.

 

¿Es posible que el pueblo venezolano se deje llevar mansamente a sufrir el modelo cubano? Me refiero a ese modelo comunista estalinista, en el cual unos pocos disfrutan del poder y la mayoría sufre racionamiento y represión. Eso murió con el Muro de Berlín y sin embargo allí está Cuba, como un zombi.

 

Francamente, dudo que Venezuela llegue a eso. Creo firmemente que en algún punto del futuro cercano (en términos de ocho a doce meses) nuestro país va a cambiar de rumbo. La cuestión está en saber quién va a dar el golpe de timón, porque al ese respecto es fácil ver que hay varias posibilidades.

 

Está un golpe militar, estilo Egipto, con promesa de elecciones libres a corto plazo. Está una conmoción por el estilo del 27F que lleva a lo anterior. Está la posibilidad de que Nicolás agarre la sartén por el mango y mande al carajo a los cubanos y su modelo.

 

Está la de seguir como vamos, acumulando fuerza electoral hasta lograr el cambio. Está la de un salto de talanquera de rojos rojitos que vean la luz, con las consecuencias previsibles. Y hay otras, hasta la escalofriante de una guerra civil, tipo Siria.

 

Hay demasiada impaciencia causada por la ineptitud del Gobierno, que desespera al más pintado. Hay que tomar una indecisión y sea cual sea, todos tenemos que remar juntos hacia allá. En fin de cuentas, la cuestión es cuánto tiempo se puede esperar para no dejar de ser un país civilizado. Digo seis ¿Días, semanas, meses, años, lustros?

 “La Unasur tiene que funcionar para todos”

Jacqueline Fowks

21 de julio de 2013

 

El excandidato presidencial venezolano, Henrique Capriles, recibió el respaldo de políticos peruanos pero Ollanta Humala no estuvo disponible

El opositor comentó que al ya conocer los vicios de las elecciones presidenciales estarán mejor preparados para las municipales de diciembre

 

El líder de la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) de Venezuela, Henrique Capriles, llegó a Lima para reunirse con políticos peruanos que simpatizaron con su candidatura y, también, recordarle al presidente de Perú, Ollanta Humala, líder temporal de la Unión Sudamericana de Naciones (Unasur), los compromisos que ese bloque regional asumió en una reunión de emergencia en abril, cinco días después de las elecciones presidenciales en Venezuela. Sin embargo, el jefe de estado peruano no lo recibió.

 

“Vamos a esperar”, respondía con optimismo el gobernador del Estado de  Miranda cuando los periodistas le preguntaban si estaba decepcionado de que no llegara la respuesta del presidente. “Lamentaríamos mucho que no nos dispensara unos minutos en su condición de presidente de la Unasur”.

 

La madrugada del 19 de abril, los presidentes de Unasur firmaron una declaración en la que respaldaban “una auditoría total de las mesas electorales” de las presidenciales, anunciaban una comisión que investigue los hechos de violencia al día siguiente de los comicios, e invocaban a un clima de diálogo en el país.

 

“Unasur acordó una auditoría, pero no se hizo en los términos en que se hace una auditoría; impugnamos la elección y creemos importante que los acuerdos se cumplan y le haga seguimiento a los procesos, al funcionamiento de las instituciones”, reclamó Capriles en una conferencia de prensa en un hotel.

 

Humala partió la mañana del sábado a Puno, sierra sur del país, y su retorno a Lima estaba previsto al inicio de la noche. Sin embargo, al final de la tarde, la canciller Eda Rivas indicó que el presidente y los ministros permanecerían hasta el domingo fuera de la capital y que encargó a un funcionario del ministerio de Relaciones Exteriores llevar el saludo del gobierno al político venezolano. El 17 de julio Capriles había solicitado formalmente una cita con Humala.

 

“Unasur y las instancias internacionales no pueden ser clubes de gobiernos. Me preocupa que las instancias internacionales se conviertan en clubes de jefes de estado pero, cuando el pueblo demanda algo, no hay respuesta. Tienen que ser un espacio para todos”, acotó Capriles, en una alusión a la reunión de algunos presidentes en Cochabamba luego del episodio que sufrió el jefe de estado boliviano, Evo Morales, cuando se le impidió el uso del espacio aéreo a su avión en Europa.

 

Capriles también criticó a la Organización de Estados Americanos. “A la OEA la está tragando la burocracia. Al secretario Insulza, con quien hablamos, parece que para que preste atención tiene que haber conflictividad en la calle”, añadió.

 

“No puede dejar a la mitad del país sin voz”

 

Al cumplirse tres meses de gestión del presidente venezolano Nicolás Maduro, EL PAÍS preguntó al excandidato presidencial cómo lo afectan las acusaciones del Gobierno sobre el supuesto incumplimiento de sus funciones como gobernador de Miranda. “No me afectan en lo más mínimo, son como picadas de mosquito. El gobierno tiene miedo a que yo venga acá y me siente fuera del país a hablar, a contar la historia”, respondió. Capriles reclamó que Maduro “no puede dejar a la mitad del país sin voz” y que ese encuentro con la prensa no era posible en su país debido a las presiones del gobierno para que no circule información, por ejemplo, sobre sus actividades en Chile, donde estuvo un día antes de llegar a Perú.

 

También declaró que el gobierno usa escándalos para tapar los graves problemas que tienen los venezolanos . “Todo lo que usted ve en Venezuela, como el asilo al señor Snowden son casos para escandalizar. La inflación hasta junio fue de 25%. Nuestro salario mínimo es el segundo más bajo de América Latina, después de Cuba. Es el quinto país con mayor violencia en el mundo. Tenemos problemas para que nuestro pueblo pueda conseguir productos: casi el 80% son importados en un país que tiene las reservas petroleras más importantes”.

 

Acerca de la participación de la MUD en las próximas elecciones municipales, Capriles indicó que “todos los vicios que hubo (en las presidenciales) el 14 de abril, se conocen: gracias al 14 de abril se va más preparado al 8 de diciembre. Cada obstáculo se tiene que sortear hasta que se logre el objetivo. La única forma de ganar una elección en Venezuela es que la diferencia tiene que ser suficientemente grande para que no se la roben”.

 

El gobernador del estado Miranda dialogó por la mañana en un salón del hotel Country Club, del exclusivo distrito de San Isidro, con políticos que formaron el grupo ‘Amigos de Venezuela’. Entre ellos, la excandidata presidencial del Partido Popular Cristiano, Lourdes Flores Nano; el exprimer ministro del gobierno de Alejandro Toledo, Luis Solari; el abogado Alberto Borea; la congresista de Perú Posible, Cecilia Tait; el exparlamentario aprista Jorge del Castillo; y el concejal de Lima Fernán Altuve, simpatizante del fujimorismo. Horas más tarde se reunió en privado con el expresidente aprista Alan García, por cerca de una hora.

 

Su última actividad del sábado fue una conferencia ante unos 500 venezolanos y estudiantes en una universidad privada. Antes de partir a ese evento, al pie de una camioneta, regaló algunas gorras con los colores de la bandera de su país a simpatizantes venezolanas. “Esto vale oro”, dijo una de las mujeres emocionadas, quien seguía las actividades de Capriles y se dirigía luego hacia la universidad. El exembajador de Perú en Venezuela, Luis Raygada Souza, conocido por su identificación con el chavismo, reportó vía Twitter que no se le permitió el acceso al evento y comentó que los organizadores querían evitar preguntas incómodas.

 

Capriles indicó que aún no tiene fecha para visitar Brasil, aunque tiene ese viaje previsto en coordinación con el expresidente Fernando Henrique Cardoso. Reconoció los logros de ese país en la superación de la pobreza, pero criticó la soberbia y la hegemonía partidista.

Capriles en Chile

Fernando Mires

20 de julio de 2013

 

Pasó lo que tenía que pasar. Hubo un no-encuentro con Michelle Bachelet, un semi-encuentro con Piñera y un encuentro con Carolina Tohá, este último dedicado a conversar sobre un tema que ni a Capriles ni a Tohá interesaba en esos momentos, el de la descentralización administrativa (¡!). Fotos, discursos de cortesía, entrevistas (ninguna importante), encuentro con alguna momia del viejo pasado, y las consabidas demostraciones públicas de la izquierda rabiosa, la misma turba que vociferaba siguiendo el mandato de la dictadura cubana en los países que visitó la disidente Yoani Sánchez, esta vez en contra del “espía de la CIA, el neoliberal, el asesino, el cerdo Capriles”.

 

Quizás lo más importante de la intempestiva visita fue el no-encuentro de Capriles con Bachelet, hecho que ha despertado el mal del cólera entre quienes imaginan que la política, como suele ocurrir en la vida privada, se rige por sentimientos de amor y de odio. Afortunadamente no es así, y eso lo experimentó muy fuerte Cristina Fernández cuando su vecino Pepe Mujica se refirió a ella, en privado, como a “la vieja”. Mas, quien entienda un milímetro de política sabe que todas esas cosas no cuentan. En política solo cuentan proyectos e intereses cuando están orientados hacia ese punto omega sin el cual la política no existiría: El punto del poder. En política como en la guerra -lo he dicho siempre- no hay amistades, o solo amistades políticas y esas no tienen nada que ver con las amistades entre amigos.

 

Las amistades políticas son ocasionales e instrumentales y suelen aparecer cuando dos o más bandos se unen en contra de otro. Para decirlo con un ejemplo histórico, Churchill y Stalin fueron amigos políticos hasta que vencieron al monstruo alemán. Después de ese acto de salvación, ambos volvieron a ser lo que habían sido siempre: enemigos a muerte.

 

Por supuesto, un encuentro Bachelet- Capriles habría sido fabuloso para Capriles. Pero no para Bachelet. A la vez, un encuentro oficial de alto rango entre Capriles y Piñera habría sido -si Piñera fuera el gran político que no es- excelente para Piñera y malo para Capriles. Dos afirmaciones que deberé fundamentar.

 

El encuentro con Bachelet habría sido fabuloso para Capriles no solo porque le habría permitido sintonizar con la futura presidenta, sino porque habría roto con la imagen del candidato de ultraderecha, neoliberal y reaccionario que busca exportar el post-chavismo madurista. Es decir, para Capriles -un socialdemócrata como Bachelet- habría tenido un gran significado simbólico. No obstante, ese mismo encuentro habría sido negativo para Bachelet pues su objetivo del momento era unificar lo que solo ella y nadie más puede unificar: un estofado donde hay un sector político muy decente y moderado, socialistas que viran para allá o para acá, comunistas siempre amigos de dictaduras extranjeras, hasta llegar a un lumpenaje chavista-navarrista ya enquistado en el futuro gobierno. En fin, una reunión con Capriles habría revuelto las aguas justo en los momentos en que Bachelet, por conveniencia electoral, intentaba apaciguarlas.

 

En cualquier caso la negativa a recibir a Capriles fue el anticipo de lo que será el próximo gobierno de Bachelet. La pobre señora pasará cuatro años de su vida haciendo piruetas para que Nueva Mayoría no se convierta en nueva minoría y así no va a tener tiempo para gobernar a nadie. Segundas partes –no sé si Bachelet leyó el Quijote- nunca fueron buenas: ni en la literatura ni en la política.

 

Un encuentro de alto rango en la misma Moneda, habría sido, sin embargo, muy bueno para Piñera. Justo en los momentos en que la coalición de la derecha se muestra sin programa, sin ideas, sin candidatos, sin nada, Piñera habría podido perfilarse en los últimos tramos que restan a su gobierno, como un estadista que rinde culto a los derechos humanos en contra del fraude electoral venezolano, o como un amigo de la democracia y enemigo de toda autocracia. Afortunadamente para Capriles, Piñera tiene menos luces que las ciudades venezolanas.

 

¿Por qué afortunadamente? Porque un encuentro de alto rango con Piñera habría permitido a la autocracia post-chavista mostrar a Capriles en estrecha alianza con uno de los representantes más dilectos de la “derecha imperialista, neoliberal y fascista”, es decir, precisamente la imagen electoral que Maduro requiere para que Capriles no siga atrayendo más chavistas hacia el campo democrático. No olvidemos que en política el símbolo es siempre más importante que el objeto simbolizado.

 

Así miradas las cosas, el encuentro más importante de Capriles en Chile fue el que tuvo con la alcaldesa Carolina Tohá, aunque ambos se hayan aburrido hasta el infinito.

 

Ahora bien, si dejamos de lado a quienes injurian a los políticos que han desairado a Capriles y están dispuestos a recibir con grandes honores a Maduro, como lo hizo el argentino papa, tenemos que abordar un tema ineludible, y es el siguiente: Maduro, nos guste o no, es reconocido internacionalmente, incluso por los EE UU, como el presidente de hecho de Venezuela.

 

Presidente de hecho no quiere decir presidente de derecho y probablemente todos los presidentes del mundo, incluidos Humala y Peña Nieto, saben que Maduro faltó al derecho al haberse nombrado presidente impidiendo un recuento honesto (cuadernos en mano) de la votación. Pero esa diferencia, reitero, no cuenta en política internacional. Para poner un ejemplo, cuando gobiernos del mundo occidental reciben al mandatario chino, no se preocupan si éste cuenta o no con la legitimidad constitucional. O cuando Gadafi era recibido con los más grandes honores que se le puede dispensar a un mandatario, nadie pensaba que ese asesino era un gran demócrata. Pero sí era el presidente de hecho de una república petrolera de hecho. Por supuesto, sería ideal que los presidentes de hecho fueran además presidentes de derecho. Mas, hay que convenir que el mundo en el cual vivimos es desde un punto de vista político más salvaje que el que deseamos. Y por el momento no hay otro. Con ese mundo tendrá que contar Capriles. El aprendizaje, creo, ha sido duro.

 

Mas, quien sabe si llegará el día, cuando Capriles sea presidente (y lo será, se lo firmo) una señora chilena con poco poder de hecho llamada Bachelet, le pedirá una entrevista. Entonces Henrique mirará en su agenda, y recordando el pasado, se la otorgará con todos los honores que él una vez, sin contar con el poder de hecho pero sí con el de derecho, también se merecía.

Después de Chávez

Boris Muñoz y Alfredo Meza

Julio de 2013

 

Diez días duraron las honras fúnebres del presidente Hugo Chávez en 12 Academia Militar de Venezuela; diez días durante los cuales cientos de miles de personas formaron una procesión kilométrica para demostrar su gratitud y devoción hacia al caudillo, declarado muerto el cinco de marzo a las 4:25 de la tarde, a los cincuenta y ocho años de edad.

 

La noche del seis de marzo, después de una procesión que duró siete horas, miles de venezolanos llegaron a la Academia Militar de Venezuela, donde estaba expuesto el cuerpo del Chávez. Mientras hacíamos una larga cola para verlo, de una colina de El Valle, una parroquia vecina, bajó una riada de gente vestida con franelas rojas y con velas encendidas. A nuestras espaldas había un grupo de cinco mujeres que habían dejado todo dispuesto en sus casas para ver al comandante. Pasarían la noche en vela si era preciso. Mientras la multitud crecía segundo a segundo, las mujeres mantenían una conversación que retrataba la dimensión del sentimiento del chavismo popular. Una de ellas se dirigió al grupo: “Vamos a ver si ahora estos escuálidos hijos de puta siguen diciendo que a nosotros nos pagan por seguir a nuestro presidente”.

 

El presidente tuvo unas exequias a la altura de su leyenda. Pero no sólo por su escala faraónica del culto a la personalidad, sino también por el característico color local. Todas las apariciones masivas de Chávez estaban a medio camino entre el mitin político y la romería, el espectáculo y el concilio religioso. El funeral no fue la excepción. Los dolientes se lamentaban y lloraban pero un momento después insultaban a la oposición, mamaban gallo y bailaban.

 

Muchos decían sentirse agradecidos por lo que Chávez les había dado. El recién fallecido líder era el hombre que los enamoró dándoles identidad política, es decir, dirección a sus anhelos y sus resentimientos. Y no querían que por nada del mundo quedara ninguna duda sobre eso.

 

A donde se dirigiera la vista se veían imágenes de Chávez y se escuchaban sus discursos repetidos hasta el infinito por parlantes instalados a lo largo de los más de dos kilómetros de cola. Casi todos los presentes llevaban camisetas rojas que representaban su adherencia al proyecto revolucionario chavista. Chávez era un espectro ubicuo que le daba al peregrinaje un impresionante aire de campaña electoral. Y todo esto creaba un estremecedor efecto de déjá vu. ¿Era un funeral, un acto de campaña o ambas cosas Treinta horas después la gente seguía allí, esperando en disciplinada formación ver a su líder aunque fuera por dos o tres segundos. Tres mujeres con una niña habían logrado ver a Chávez y volvían de la Academia Militar bañadas en llanto. Justo en ese momento pasaba una delegación de haitianos cantando vivas a Chávez con un vigoroso creole. Eran pobres de recursos pero derrochaban simpatía y gratitud. Dos de las mujeres estaban vestidas con camisetas rojas y la otra llevaba una gorra que decía “Chávez Corazón del Pueblo”, eslogan de su última campaña presidencial. Venían de Guarenas, cuna de la revolución, dijeron, refiriéndose a la ciudad satélite a cuarenta kilómetros de Caracas donde se inició la explosión social conocida como el Caracazo. en 1989.

 

¿Quién era Chávez para ustedes —preguntamos.

 

1Las tres se miraron con complicidad unos segundos, corno dándose permiso entre ellas para tomar la palabra. Luz Marina, la más joven, respondió con una emoción desbordada.

 

—Él —dijo—, era mi padre, mi hermano, mi amante, mi esposo, mi protector.

 

Esta respuesta transmitía un mensaje ya conocido, porque pocos meses antes, en la campaña presidencial, se le podía escuchar a mujeres repetir la misma idea expresada con precisión mnemotécnica, como el acto reflejo de un profundo adoctrinamiento.

 

—¡Chávez era todo! —completó Laya, gimoteando.

 

Detrás nuestro, la muchedumbre coreaba: “Chávez te lo juro: yo voto por Maduro”.

 

Y, en efecto, Chávez era todo. “Un muerto ganará las elecciones”, sentenciaban durante el funeral los chavistas confiados en que, transformado en icono electoral, Chávez llevaría a Maduro a derrotar fácilmente a Henrique Capriles Radonski, el tenaz candidato opositor. Maduro, entretanto, basó su campaña en la identidad absoluta entre él y el líder fallecido. Como si se tratara de una consustanciación divina, repitió miles de veces que él mismo era Chávez o el hijo de Chávez. Pero cuarenta días después, el poder de Chávez corno mito demostró sus límites y Maduro demostró no ser Chávez.

 

Casi todas las encuestas mostraban a Maduro ganando el 14 de abril por márgenes generalmente holgados de entre 8 y 16 por ciento. Sin embargo, pocos días antes de celebrarse las primeras elecciones sin Chávez en tres lustros, Luis Vicente León, director de Datanálisis, una de las encuestadoras más respetadas del país, nos dijo que Capriles estaba descontando distancia de un modo acelerado, lo que mejoraba sus probabilidades estadísticas de ganar. León evaluó el súbito desgaste de Maduro como obra de una mala estrategia de campaña. Y aunque aún no veía al candidato de la oposición como seguro ganador, cerró su análisis con una frase cargada de presagio: “Si Capriles gana será una sorpresa, pero no un milagro”.

 

Al acercarse la medianoche del 14 de abril, la presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE) anunció que el candidato chavista había ganado por un margen de 1.6% —luego del escrutinio final esta diferencia se redujo a 1.4% (7587532 votos para Maduro y 7363264 votos para Capriles, una diferencia de 224268 votos). Unos minutos después, Maduro ofreció un desangelado discurso en el cual reveló que Capriles Radonski lo había llamado para decirle que sus resultados diferían de los anunciados y pedía una auditoría del proceso electoral. El recién proclamado presidente electo advirtió a la oposición que supiera administrar su derrota, pero dio la bienvenida a la auditoría. “Yo le solicito al Consejo Nacional Electoral la realización de una auditoría de cara al país para que no quede duda del resultado —dijo y minutos después, sumó—: Alguien, el rector Vicente Díaz, propuso que se abrieran cien por ciento de las cajas. ¡Que se haga la auditoría! ¡Vamos a hacerlo! ¡No tenemos miedo! Que las cajas hablen y digan la verdad. Esta verdad de esta victoria. ¡Cuidado si supera esta que se ha anunciado!”.

 

Pasada la medianoche, Capriles Radonski, en una fiera alocución, denunció que la campaña y el proceso electoral habían estado marcados por abusos del gobierno ante los cuales el CNE se había hecho de la vista gorda. Denunció a Maduro como ilegítimo y exigió un recuento a fondo con todos los elementos del voto (comprobantes, cuadernos de votación, revisión de los sistemas) pidiendo que se procesaran 3200 irregularidades registradas por la oposición.

 

Pero al día siguiente Maduro reculó arguyendo que ya el CNE había auditado 54% de las cajas y que sólo aceptaría abrir el 46% restante. Capriles llamó a una movilización para protestar de manera pacífica que luego canceló ante la amenaza de disturbios y violencia. Luego intervino el Mercosur recomendando que se llevara a cabo una auditoría dentro de los parámetros establecidos por la ley. Y el CNE aceptó, enfatizando que eso no cambiaría el resultado.

 

Hasta ese entonces, que Capriles le llegara tan cerca a Maduro —o que ganara— era sólo una probabilidad estadística que muy pocos tomaban en serio. Pero en una campaña manchada por la connivencia de la autoridad electoral con el ven tajismo del chavismo y el uso abusivo de los recursos del Estado, el estrecho margen entre ambos candidatos y las ambigüedades del equipo de gobierno dieron pie a que sobre el resultado cayera la sombra de la duda.

 

Los venezolanos han visto ya muchas cosas en quince años de polarización, pero no estaban preparados para tal escenario. Desde el 14 de abril el país ha entrado en un espiral de turbulencia política. En los días inmediatos a la elección hubo disturbios en varios lugares del país que dejaron un saldo de once muertos por causas y en condiciones todavía no del todo claras, pero que Maduro y los líderes oficialistas achacaron directamente a Capriles y su equipo. Luego, un grupo de diputados opositores decidió desconocer la legitimidad de Maduro como presidente. En respuesta, Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, un teniente retirado que controla buena parte del poder chavista y segundo hombre en la línea de poder del chavismo sin Chávez, respondió suspendiendo el derecho de palabra de los diputados y expulsándolos de las comisiones de las que formaban parte. La golpiza del 30 de abril en la Asamblea Nacional, que dejó como saldo once diputados opositores heridos, circuló por todo el mundo, haciendo patente el grado de salvajismo al que puede llegar una política de hostigamiento promovida desde el poder. Algunos chavistas restaron importancia al hecho diciendo que en muchos parlamentos del mundo hay peleas a trompadas. Sin embargo, no pasaron por alto un hecho más preocupante aún. Cabello mostró un talante autoritario que ni siquiera Chávez exhibió en sus momentos más arbitrarios. “Mussolini hizo lo mismo en el congreso italiano. Les negó el derecho de palabra a los diputados y luego los hizo presos. ¿Es esto una democracia”, comentó un ex parlamentario chavista que prefirió mantener su nombre en la reserva para evitar represalias.

 

La primera de las dos conversaciones con este ex parlamentario, que prefirió el anonimato, giró alrededor de las luchas de facciones dentro del chavismo y las perspectivas del gobierno a mediano plazo. No hubo grabadora, sólo unos pocos apuntes en una libreta. Para el ex parlamentario, el pequeño grupo de chavistas que hoy dirige al país no ha captado una nueva realidad que se originó con la muerte del caudillo. “Chávez representó un ciclo histórico que se inició con la rebelión popular del 27 de febrero de 1989, que puso al descubierto el colapso del régimen anterior. Chávez fue el intérprete del sentimiento popular. Él le dio cauce político marcando toda una época. Ese ciclo finalizó con su muerte. Entramos ahora en la etapa de los distintos chavismos sin Chávez parecida a la del peronismo sin Perón, pues el chavismo, que antes era una corporación bajo el mando de Chávez, hoy es más bien un archipiélago de intereses muy distintos que pueden entrar en conflicto. Quienes dirigen el gobierno no han entendido que, independientemente de quién ganó el 14 de abril, hubo un voto de castigo que expresa un deseo de cambio. Si no, ¿cómo se explica que perdiéramos casi un millón de votos desde las elecciones de octubre No se ve claro para dónde va la vaina”.

 

A mediados de mayo, el tema que obsesionaba a los caraqueños era la sensación de limbo y callejón sin salida en la que habían quedado después del 14 de abril. Nadie dudaba que el conflicto abierto entre el gobierno y la oposición, que ya es una crisis política de envergadura internacional, pudiera afectar el futuro de la democracia en Venezuela.

 

Nicmer Evans, un patólogo que conduce un programa de radio en Noticias24, el portal informativo más visitado del país, ha sido uno de los más activos críticos del modo en que el chavismo ha sido conducido desde la ausencia y muerte de Chávez. Nos reunimos en la terraza de Noticias24, ubicado en el piso doce de una torre financiera en Chacao. De la calle subía el ruido del tráfico apocalíptico, pero a la altura donde conversábamos el aire era surcado constantemente por pequeños aviones y helicópteros que se aproximaban al aeropuerto La Carlota, la pequeña base aérea que funciona en pleno corazón de Caracas.

 

Evans es de cuerpo menudo y de apariencia juvenil. Esa mañana llevaba puesta una chaqueta oscura que lo hacía ver un poco más corpulento. Su estilo es pausado y meticuloso. Al hablar se toma el tiempo que sea necesario para explicar sus opiniones dentro de un contexto que permita entenderlas sin ambigüedad. El tema que nos ocupaba era por qué ser crítico ahora y no cuando Chávez estaba vivo. Evans lleva meses señalando errores del chavismo que han complicado su predominio político y afectado su cohesión interna. Dijo que la campaña había usado cebos para atraer a los sectores blandos de la oposición. Con “cebos” se refería al uso proselitista de conocidos actores de telenovela y animadores de concursos que salieron del clóset para expresar su apoyo al chavismo de la manera más resuelta: “rodilla en tierra”, o lo que en el léxico chavista equivale a decir a sangre y fuego. Sus reservas han sido repelidas con acidez por prominentes voceros chavistas, como el ministro de Relaciones Exteriores, Elías Jaua. Por medio de emisarios y por su propia cuenta de Twitter, el ministro, considerado como la quinta pata de la mesa del actual poder chavista y la cabeza del sector más radical, le pidió a Evans dirigir los esfuerzos de su pluma hacia causas más nobles.

 

Evans tiene fresco el recuerdo de los ataques que ha recibido de sus propios correligionarios por sus valientes críticas y la rabia que le produjo que lo mandaran a callar desde lo más alto del gobierno. “Fui un chivo expiatorio de los errores de la campaña. Confunden la campaña con el mercadeo político. A Chávez le decían que se vistiera de azul y se vestía de rojo. Era un irreverente con el marketing”. Sus críticas también se extienden a los tropiezos de la maquinaria electoral como causa del pobre resultado obtenido por Maduro en el momento en que se suponía que debía salir victorioso por una gran ventaja. Por ejemplo, el “Uno X 10”, que es el compromiso de cada militante del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) de aportar diez votantes al proceso electoral, no funcionó.

 

Evans dice que está de acuerdo con que los trapos sucios deben lavarse en casa, pero se pregunta: “¿Dónde están las bateas del PSUV para lavarlos Mientras no exista la posibilidad de diálogo interno, seguiré lavando los trapos sucios donde me sea posible”. Fue el corolario del punto en que se había iniciado nuestra conversación. Evans sostiene que el liderazgo de Chávez impidió la autocrítica alentando la incondicionalidad. “Aunque él mismo era el principal crítico del gobierno, eso no ayudó a un proceso dialéctico”, dice. Esto implica que el partido y los chavistas se acostumbraron a obedecer de forma vertical. La ausencia de Chávez no ha hecho sino empeorar la situación.

 

Pausadamente, pero con obstinación, como un torero avezado. Evans clavó otra banderilla en la cúpula chavista. “En el sector más poderoso de la dirección del partido, el estalinismo es la manera más rápida de resolver las diferencias. Esto contradice el libro rojo del PSUV, que propone el socialismo a través de la democracia participativa. El liderazgo actual está vencido”, dijo.

 

Sin embargo, su mira está no está puesta sobre el hostigamiento en su contra o en el señalamiento de los culpables, sino en los estragos a largo plazo que los problemas actuales pueden causar en el chavismo. Para Evans, las decisiones deben adoptarse horizontalmente a través de la consulta popular y con los otros sectores de la izquierda venezolana que forman parte del chavismo. De lo contrario, la revolución quedaría atrapada en el modelo imperante de reparto de cuotas de poder por medio de actores políticos, heredado de los 40 años de bipartidismo anterior a Chávez.

 

EL ENIGMA DE MADURO Hace algunos meses circuló por Twitter la imagen de un joven de piel tostada, alto, greñudo y bigotudo con una guitarra eléctrica terciada sobre su pecho. La foto fue posteada por Félix Allueva, algo así como el cronista oficioso del rock venezolano y director de la Fundación Nuevas Bandas, el viejo semillero de debutantes en la escena roquera, y le descubría a sus compatriotas una imagen inédita de su nuevo presidente: la de músico de rock de la banda Enigma.

 

Aunque hace años que sus propias greñas cedieron a una alopecia temprana, Allueva todavía conserva intacto el entusiasmo atemporal de los fanáticos de Led Zeppelin, a la par de un agudo entendimiento de las conspiraciones y dinámicas de poder que rigen cualquier banda, incluyendo las bandas de rock y los gobiernos.

 

Conversamos con Allueva una mañana nublada porque podía darnos luces sobre el pasado desconocido de Maduro. Él había publicado la foto en Twitter, lo que se había vuelto una noticia de primer orden en las redes y fuera de ellas, porque hasta entonces todas las gráficas de Maduro estaban relacionadas con su vida política: al lado del comandante cuando salió de la cárcel en 1994; discretamente apostado en la esquina de la tarima de algún pueblo de la provincia mientras el comandante predicaba, como un vendedor de Biblias, la abstención como forma de lucha; o ya como encumbrado dirigente político, presidente de la Asamblea Nacional o ministro de Relaciones Exteriores.

 

Para nuestra sorpresa, Allueva no se sentía especialmente orgulloso de revelarle al mundo al primer presidente roquero de Venezuela, pues la foto había terminado siendo una farsa originada en una equivocación. Advertido por colaboradores del medio musical que afirmaban que, a principios de la década de los ochenta, Maduro había formado parte de una banda llamada Enigma, un trío que ejecutaba piezas a medio camino entre el hard rock y el heavy metal, el productor hurgó en su archivo hasta que encontró una fotografía de la banda y un video grabado en 1981 para el viejo programa de Venevisión —el canal del magnate Gustavo Cisneros— El show de Richard. El guitarrista era un hombre alto, con el cabello aindiado y que usaba un bigote a lo Tom Selleck, el actor que interpretaba al detective Magnum en la serie de televisión Magnum P.I. De inmediato lo relacionó con el delfín de Hugo Chávez y así lo publicitó en las redes sociales.

 

Allueva contó que Enigma nunca grabó un disco propio. Apenas participó con un tema de su autoría, “La carrera del viajero”, en un vinilo titulado Venerock, que salió a la venta en aquellos años. Todos los grupos que participaron desaparecieron de la escena local devorados por la industria musical estadounidense y quizá por su propia falta de talento. Sin embargo, hasta ese momento estaba seguro de que tenía una primicia entre manos. Lo llamaron emisoras de radio ubicadas entre el Río Grande y la Patagonia deslumbrados con el hecho de que Venezuela tuviera un presidente con esas credenciales. Pero no fue más que un malentendido —o una fantasía— que se vino abajo cuando el elenco de Enigma, hoy señores cincuentones, le advirtió que el guitarrista de la foto no era Nicolás Maduro sino uno de los líderes de la formación llamado Carlos Carrillo. El propio jefe de Estado lo reconoció en una entrevista con Telesur a principios de marzo, aunque sí insistió que él tocaba la segunda guitarra del grupo, afirmación que, según Allueva, también fue desmentida por los músicos.

 

El nuevo presidente ha mantenido una buena parte de su vida bajo el agua, dejando ver sólo los años más brillantes. A muchos les sorprende, con razón, que haya logrado heredar a Chávez sin hacer gala de una épica personal tan cara a la izquierda. Sin embargo, el pasado de Nicolás Maduro no es tan enigmático como se ha querido hacer ver.

 

Nacido en Caracas el 23 de noviembre de 1962, se presenta como un hijo de Hugo Chávez y cada discurso suyo es un tributo a su padre político. La oposición dice que la suya es una impostura ridícula. En realidad es hijo de Nicolás Maduro, un dirigente sindical que militaba en las filas del Movimiento Electoral del Pueblo, partido nacido de la tercera división de Acción Democrática, la franquicia partidista creada por Rómulo Betancourt, considerado el padre de la democracia venezolana, que dominó la hoy llamada IV República. Los Maduro vivían en un apartamento de dos habitaciones en San Pedro, una parroquia del sur de Caracas. Sufrían estrecheces pero no eran pobres, sino que pertenecían a una clase media trabajadora que luchaba por ascender socialmente.

 

Eran los años setenta, cuando Venezuela comenzaba a vivir la primera gran bonanza petrolera y el país se encontraba inmerso en un frenético desarrollismo. Caracas tenía toda la ambición de ser una metrópoli del primer mundo. Al cruzarla por sus modernas autopistas se vislumbraba un horizonte de progreso simbolizado por las abundantes grúas de construcción que alumbraban torres financieras de cristal, infelices imitaciones del estilo internacional de Houston y Chicago. Pero Caracas y el país tenían deudas no resueltas, asuntos que años más tarde volverían por su inusitada revancha. Por ejemplo, en los sesenta, contagiados por el espíritu de la Revolución cubana, habían surgido movimientos armados de liberación que buscaban cambiar el predominio político de un sistema bipartidista.

 

En la visión de estos grupos, los gobernantes de la llamada democracia representativa —una sucesión de socialdemócratas y democristianos entre 1958 y 1998— habían traicionado los ideales de libertad y soberanía defendidos a un enorme costo de vidas contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, en la década de los cincuenta. Rómulo Betancourt había forjado un pacto para excluir a la izquierda de la conformación del nuevo sistema político. Peor aún: se había aliado con el “imperialismo yanqui” para frenar el avance del modelo cubano y la vía revolucionaria en América Latina.

 

Aunque a fines de los sesenta muchos grupos armados habían rendido sus fusiles para integrarse al juego democrático, siempre persistieron de manera soterrada facciones que se mantuvieron en armas. Uno de esos grupos era Ruptura, que fungía de fachada legal del Partido de la Revolución Venezolana (PRV), que era, a su vez, el aparato político de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional, dirigido por el legendario guerrillero Douglas Bravo y que buscaba la “liberación nacional y el socialismo” por la vía de las armas y la agitación popular. Todos estos diferentes grupos tenían como horizonte la lucha por un “proyecto utópico herético para la creación de una nueva civilización”. Ruptura se encargaba de la formación de cuadros para la organización de la revolución en el frente urbano.

 

Maduro estableció contacto con Ruptura cuando entró en el Liceo Luis Urbaneja Achelpohl, un instituto de educación media centrado en el conocimiento aplicado. Román Chamorro era su compañero de aula y fue el encargado de captarlo para la formación y las actividades políticas de Ruptura. Parte de la formación consistía en leer y conversar. “Comenzábamos leyendo el Manifiesto comunista, por supuesto, y luego leíamos ¿Qué hacer, de Lenin”, recuerda Chamorro mientras tomamos un café en el este de Caracas.

 

La pasión política que Chamorro demostró cuando fundó, siendo un adolescente, con Maduro, Xariel Xarabia, Pedro Calzadilla y Yuri Muñoz el Frente Estudiantil Luis Urbaneja Achelpohl (FELUA) no se ha extinguido, sólo se ha hecho más reposada. Chamorro es hoy un exitoso asesor político que presta sus servicios a líderes locales y nacionales del gobierno y la oposición, y consintió hablar con nosotros a condición de referirse solamente a los años juveniles del presidente de Venezuela. Mientras los recuerdos de la militancia juvenil fluyen en sus ojos se aviva el brillo de las pequeñas hazañas de esos años, como las pintas en las paredes contra el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez (1974-1979) y la distribución de propaganda clandestina en centros educativos y barrios. La propaganda se basaba en las ideas cardinales de Ruptura, que tenían que ver con rechazar la influencia de Estados Unidos en el destino del país y lo que Chamorro denominó “la traición a los ideales de la generación de 1958”, refiriéndose a quienes sufrieron carcelazos y torturas durante la dictadura de los años cincuenta. Dos de los episodios que mejor recuerda son las protestas organizadas por el asesinato del dirigente Jorge Rodríguez, secretario de la Liga Socialista, en julio de 1976, y contra la visita del dictador argentino Jorge Rafael Videla a Caracas, en mayo de 1977, condecorado por Carlos Andrés Pérez, y que ocasionó graves disturbios.

 

En aquel tiempo, el PCV discutía la incorporación a la vida política, pero sus miembros más jóvenes mantenían en alto la utopía y lo demostraban fajándose con el trabajo de formación en los barrios más pobres de la ciudad. En el Urbaneja Achelpohl, mientras tanto, la fama de revoltosos y estudiantes problemáticos que cargaban encima los dirigentes del FELUA les acarreó sanciones que tendrían efectos duraderos. Cuando Maduro, Chamorro y Muñoz iban a ingresar al ciclo diversificado, la directiva les negó la posibilidad de inscribirse. La expulsión indirecta los mandó a cada uno a lugares muy distintos y, en buena medida, disolvió el grupo.

 

Maduro recaló en el Liceo José Ávalos, de la parroquia trabajadora El Valle, en el suroeste de Caracas, donde coincidió con otros amigos de Ruptura y entró en contacto con Juan Barreto, uno de los principales intelectuales del chavismo, quien también, como Maduro, sería diputado y más tarde Alcalde Metropolitano de Caracas. Los años setenta cerraban, pero para Maduro era el inicio de una nueva militancia en la Liga Socialista, otro brazo político de la izquierda insurreccional. A diferencia del PRV, que se originó en el Partido Comunista de Venezuela, la Liga Socialista era un desprendimiento del Movimiento de Izquierda Revolucionaria cuyos fundadores provenían mayoritariamente de Acción Democrática. La Liga Socialista tuvo fuerte arraigo en el campo estudiantil y fue allí donde acumuló fuerzas que le permitieron sobrevivir durante 20 años aun siendo una agrupación muy minoritaria.

 

A mediados de los ochenta Maduro llega a La Habana para un entrenamiento doctrinario y militar. Durante un año será formado en el pensamiento de la Revolución cubana. Fue una oportunidad que obtuvo gracias a esa enorme capacidad para el trabajo con las organizaciones populares, un aspecto que captó Jesús Martínez, su mentor dentro de la organización. “Él nos decía que debíamos trabajar con la comunidad e incorporarnos a las asociaciones de vecinos”, recuerda Carlos Herrera, ex diputado y compañero de Maduro en aquellos años.

 

Las asociaciones de vecinos eran controladas por Acción Democrática y el Comité de Organización Política Electoral Independiente (COPEI), los partidos representativos de la democracia venezolana, que por esos años empezaban a acusar el desgaste de sus malas gestiones. Sin mucho éxito, la Liga Socialista entendió que podía tener alguna posibilidad de tomar el poder si acompañaba en sus luchas a esas agrupaciones de base. Maduro trabajaba con la base en El Valle, organizando juegos de béisbol, excursiones y charlas de formación política.

 

A juzgar por lo que vendría después —la revuelta popular de 1989 contra el paquete neoliberal impuesto por el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez (19891993) y el golpe de Estado del cuatro de febrero de 1992 encabezado por el comandante Chávez— el trabajo de la izquierda con las organizaciones de base contribuyó con algunos resultados concretos en la caída de los partidos socialdemócrata y democristiano. Pero a mediados de los ochenta la posibilidad de esa revuelta era apenas un sueño. En la Universidad Central de Venezuela (UCV) los grupos de la ultraizquierda sí protestaban con algo más que consignas contra los gobiernos de la época. Los jueves cerraban vías acceso a la UCV, por la plaza Las Tres Gracias y la Plaza Venezuela e incendiaban camiones para protestar por el alto costo de la vida, o por el intervencionismo yanqui en América Central. Nicolás Maduro colaboró imprimiendo los panfletos que los encapuchados entregaban en la protesta.

 

Tras regresar de Cuba trabajó en una imprenta. “Era una fachada para su trabajo de agitación política”, afirma el periodista Roger Santodomingo, autor de De verde a Maduro, una biografía no autorizada del mandatario (que permanece sin distribuirse en Venezuela). No era, pues, un hombre de acción, sino un operador que buscaba afianzar los lazos de los movimientos sindicales con la ultraizquierda revoltosa de la UCV para impulsar un cambio de modelo de país. En cierta forma lo consiguió. El país ya acusaba los signos de la hecatombe económica de la devaluación que en 1983 echó por tierra los sueños primer mundistas de la clase media y alta del país. Al volver la mirada hacia la década anterior, se desvanecía el espejismo del país del futuro que proyectaban los rascacielos construidos con chorros de petrodólares. El empobrecimiento crecía a la vista de todos. Poco a poco, el propio sistema democrático mostraba un resquebrajamiento que no era económico sino también moral y se hacía evidente en las feas verrugas de la corrupción que estallaba en titulares de prensa cada vez más escandalosos. La universidad siguió siendo el foco de sus acciones políticas promovidas por el Comité de Bachilleres sin cupo y el Movimiento 80 —que aportó, años después, numerosos cuadros profesionales al chavismo—, de los que Maduro fue cercano, aunque nunca haya cursado formalmente una carrera universitaria. “No llegó a la universidad a estudiar, sino a agitar”, afirma Santodomingo.

 

Pero ésa era la consecuencia lógica de su ciclo vital. Maduro había sido formado para cambiar al mundo mediante una revolución y no para encajar dentro de los esquemas de la academia burguesa. La ocasión de tener un trabajo más estable llegó en 1989 en el metro de Caracas una compañía estable e irónicamente un modelo para toda la burocracia estatal. El metro estaba por iniciar las operaciones comerciales de su segunda línea, así como de una red de rutas con autobuses propios. De acuerdo con Santodomingo, Maduro se presentó a las pruebas para conducir los vehículos después del visto bueno de su partido y entró a trabajar. “Era la posibilidad de continuar el trabajo político y penetrar el sindicato”, explica el periodista.

 

Tres años después, en 1992, se produjo el golpe de Estado contra Carlos Andrés Pérez liderado por el comandante Hugo Chávez. Maduro, dice Santodomingo, resultó sorprendido por la intentona golpista, pero luego entusiasmado como tantos otros por el gesto, se sumó a las riadas que visitaban a Chávez en la cárcel donde estaba preso. Sin embargo, otras personas consultadas dicen que Maduro sí estaba al tanto de la conspiración y que estaba ya cerca de Chávez, aunque no haya participado en las acciones militares del golpe de Estado del cuatro de febrero de 1992. Lo que es cierto es que desde esa fecha, y hasta el ocho de diciembre de 2012, cuando, en su última alocución, el caudillo visiblemente conmovido lo nombró como su delfín, Maduro demostró una increíble capacidad para resistir intrigas y posicionarse a la diestra del padre con discreción y sin demostrar nunca ambiciones personales. Tan discreto que hasta hoy la mayor parte de su pasado ha permanecido a la sombra, como la masa de un iceberg.

 

Maduro fue el vocero de Chávez en el mundo. Es cierto que en ese sentido le tocó respaldar a tiranos impresentables como Muamar el Gadafi, Robert Mugabe o Bashar AlAssad y trabar controvertidos lazos, no sólo económicos sino también políticos, con Mahmud Ahmadinejad. Pero también ayudó a la articulación de nuevos bloques políticos y económicos regionales como Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). Personalmente, Maduro ayudó a restablecer la dañada relación con Colombia (hoy de nuevo en peligro) y forjó a pulso la entrada de Venezuela en Mercosur de la mano de Brasil, aunque esto lo llevó a exponerse más de la cuenta, como lo muestra un video captado mientras arengaba a militares paraguayos a alzarse contra la destitución de Fernando Lugo de la presidencia.

 

“Fue un hombre disciplinado y efectivo para los fines de Chávez, obsecuente quizá. Pero no es poca cosa que haya durado más de seis años como canciller —concede Santodomingo—. Estar tan cerca de él le permitió hacerse su mejor amigo, su confidente. Él vive una gran tragedia porque fue formado como cuadro, no para ser líder. Pero a la vez no se lo puede subestimar. Es fácil hacerlo por sus constantes equivocaciones —tiene problemas serios con la geografía: ha confundido nombres de islas con estados o dicho que la capital de Finlandia es Copenhague—. Lo recomendable es conocerlo antes de evaluarlo. Es una persona compleja”.

 

Quienes lo han conocido en distintas etapas y en distintas facetas, confirman esta apreciación. Aseguran que detrás del hombre que, embutido en la bandera venezolana, jura amor constante a Chávez más allá de la muerte, vocifera consignas radicales y regurgita insultos contra Capriles, hay en verdad un político razonante y, hasta cierto punto, moderado. Una fuente cercana a él durante luchas políticas de los ochenta, confirma que en privado Maduro no es el personaje simplón que se ve en público. Lo describe como un hombre agradable con talento para la conciliación pero también para la componenda y la conspiración. “Es un armador de juego que obra tras bastidores. Es astuto y más pragmático de lo que se cree”.

 

Hasta hace muy poco tiempo —y todavía hoy— era uno de los políticos chavistas más menospreciados por los poderosos sectores clasistas y recalcitrantes de la oposición. No tragaban que hubiese ascendido de chofer de autobús a diputado y de ahí a ministro de Relaciones Exteriores. Lo repudiaban por ser en exceso apegado a Chávez y carecer de un perfil político propio. Cuando Chávez anunció en su última alocución que Maduro sería su sucesor, estas fobias se activaron con saña en las redes sociales. Pero su desempeño en los últimos meses indica que Maduro ha tenido habilidad para reunir en torno suyo a las facciones chavistas, posponiendo una fractura que puede resultar letal y superando la dura prueba de la pérdida de Chávez.

 

Román Chamorro interpreta la designación de Maduro como un acto de inteligencia de Chávez. “Es el paso de la presidencia de las manos de un militar a un civil”. Pero prefiere dejar de lado la evaluación de lo que hasta ahora se mostrado de gestión e insiste en que, en el plano personal, tiene que apostar al éxito de su generación.

 

Hasta el momento, Maduro ha escogido un camino que no parece el más adecuado para su perfil. A Chávez le venían bien los desplantes y tenía una influencia en la región, no sólo entre la gente que imantaba. Chávez fue un político pop y un publicista consumado, con gran astucia callejera para viralizar su forma de vestir y de hablar, convirtiendo cada prenda en un símbolo y cada frase en una gema. Hasta ahora el empeño de Maduro de transfigurarse en el comandante ha sido estéril. No tiene a sus espaldas una épica personal —por discutible que sea— ni el talento para la provocación. Pero, sobre todo, no ha mostrado la inspiración ola locura necesarias Para hacer apetecible la visión utópica, milenarista y egocéntrica de la historia venezolana y de su propia biografía que caracterizó a su predecesor. Un discurso de Maduro es una diaria decepción, atiplada por una alta dosis de incredulidad y de bostezos. “Maduro no debe exponerse demasiado, él no tiene la simpatía ni el carisma de Chávez. Nunca los ha tenido”, confirmó un amigo de la juventud.

 

La pregunta razonable que muchos se hacen hoy en Venezuela es si el legado de Chávez es sustentable. Se trata de un sueño tan complejo, que va desde remodelar el mapa geopolítico latinoamericano hasta Ciudad Caribia, una nueva ciudad con casas para los chavistas en las afueras de Caracas. Pero también muy costoso. Sin considerar la multitud de programas sociales, las arcas del Estado venezolano se desangran en enormes gastos que el gobierno carga sobre sus hombros, incluido el subsidio indirecto a Cuba como contraprestación por médicos y entrenadores deportivos, cuyo monto se estima en más de cinco mil millones de dólares por año. O el subsidio de a la propia gasolina venezolana —estimado en más de diez mil millones de dólares—, que permanece sin aumentar desde hace diecisiete años y es, de lejos, la más barata del mundo.

 

Aun así, Maduro, a partir de señales ambiguas, ha ido configurando un nuevo juego político. Por un lado va el discurso público, basado en un guión dirigido al llamado chavismo duro —entre 35 y 40% de los votantes— y por el otro discurre la real polka, hecha de un realineamiento de las políticas económica y exterior. Ha habido, por ejemplo, gestos públicos para hacer arreglos con los grandes capitalistas venezolanos y los medios de comunicación, representados por Lorenzo Mendoza, presidente del gigante de alimentos Polar, y el magnate Gustavo Cisneros, dueño de la principal televisora Venevisión, ambos acérrimos adversarios de Chávez. Fuentes cercanas al gobierno confirmaron que detrás de estos gestos había pactos de no agresión y acuerdos políticos y económicos de largo alcance. A pesar de las pataletas por la reunión de Capriles Radonski con el presidente colombiano Juan Manuel Santos, las relaciones exteriores han apuntado hacia la moderación. La mejor prueba es la reunión entre el canciller Elías Jaua y el secretario de Estado estadounidense, John Kerry. No es casual que el ex diputado chavista nos haya confesado, con desdén pero también con realismo: “Maduro hará un gobierno de centroderecha”.

 

Pero el éxito o fracaso del sucesor de Chávez dependerá de factores que van más allá de su signo ideológico. En este momento Venezuela es presidida por Maduro, pero en realidad está gobernada por un equipo de rivales. Por eso, la unidad del propio chavismo es uno de los factores más importantes. Durante un desayuno, un viejo amigo de conversaciones literarias comentó que la aparente radicalización de Maduro obedecía a la necesidad de evitar una fractura total de la unidad oficial, asediada por conflictos intramuros y querellas de las fuertes personalidades, principalmente entre los jefes que dominan los diferentes espacios de poder.

 

“Chávez era el Krazy Glue que pegaba cosas que nunca estarían unidas: radicales de izquierda con militares de derecha, gente honesta con grandes corruptos, personajes legendarios de la IV República con líderes comunitarios” —dijo Julio Borges, uno de los diputados agredidos de manera salvaje en el hemiciclo de la Asamblea Nacional por una pequeña pandilla supuestamente a las órdenes de Diosdado Cabello. La tarde en que conversamos en la sede del comando Simón Bolívar, el rostro de Borges tenía un enorme hematoma, que abarcaba la sien y el ojo izquierdo, producto de la paliza—. “Con Chávez —señaló Borges parafraseando a Shakespeare— se podía decir: “aunque sea una locura hay un método en ella”. Pero el chavismo está sumido hoy en una pelea de facciones y hay una evidente falta de criterio, que era lo que poseía Chávez. Eso los hizo perder casi un millón de votos. Al chavismo le toca estabilizar un avión que está incendiándose, pero no tiene ni rumbo ni piloto. No pueden dirigir esto [el país] y de ahí su respuesta: violencia y represión”.

 

Borges se refirió al proceso de impugnación de las elecciones presidenciales impulsado por la oposición y que ha transcurrido como una carrera de obstáculos. Por una parte, el CNE sólo admitió hacer una auditoria pardal sin incluir el cotejo del registro de las huellas dactilares de las máquinas captahuellas con las huellas impresas en los cuadernos electorales. Nadie se sorprendió cuando el CNE informó que la auditoría había dado cero error y ratificaba la victoria de Maduro por L5%, lo que pasó por alto las irregularidades denunciadas por el equipo de Capriles.

 

La oposición insistió en que el Registro Electoral que no pudieron manejar permitió que votaran más de doscientos mil ciudadanos ya muertos. Por otra parte, al cierre de esta crónica, la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Venezuela tampoco había admitido ni negado la solicitud de nulidad de las elecciones hecha por Henrique Capriles Radonski y las solicitudes de nulidad parcial de la Mesa de la Unidad Democrática, el órgano coordinador de la alianza opositora. “Maduro necesita gobernabilidad para no estrellar el avión. Tiene poder pero no legitimidad ni autoridad”, concluyó Borges.

 

La legitimidad no se consigue dentro de una caja de cereal, ni tampoco está garantizada por una urna electoral. Maduro no es considerado ilegítimo por amplios sectores sólo por la suposición de un fraude que alteró el resultado final, sino también por la forma ventajera en que se desarrollo la campaña. Es por eso que ha trabajado incesantemente en varios frentes para conseguir la legitimidad que, a los ojos de esos sectores, el resultado electoral —aun siendo correcto— no le confirió.

 

Uno de los frentes donde ha estado más activo es el llamado “gobierno de calle”, una especie de prolongación de la campaña con el fin de darse a conocer mejor en las comunidades populares, que también tiene el propósito de apagar muchos pequeños fuegos que se han prendido a lo largo y ancho del país. Pero a medida que el gobierno de calle transcurría comenzaron a estallar una seguidilla de escándalos que manchaban la reputación del gobierno.

 

El más relevante es el audio de un grabación entre Mario Silva, quien fuera el más temido sicario mediático de Chávez, hombre de verdadero poder, y el general cubano Aramis Palacios. El destinatario del reporte de Silva, que fue revelado por la oposición, no es otro que el comandante Fidel Castro. El contenido compromete directamente a Silva en espionaje a favor de un país extranjero. El audio confirma rumores y sospechas sobre las mentiras en torno a la enfermedad de Chávez, alude a las querellas intestinas del chavismo que podrían enviar la revolución al traste y abunda en pormenores sobre conjuras golpistas orquestadas supuestamente por Diosdado Cabello en complicidad con los mandos militares más altos. Esto de por sí es algo muy grave. Pero el aspecto más escandaloso de las revelaciones de Silva fue una descripción detallada de la gran mafia de corrupción dirigida por el mismo Cabello.

 

Fuentes ligadas al gobierno y la oposición coincidieron en que la filtración de la grabación provenía del mismo entorno de Silva. “Uno de los suyos sacó la información de una de las computadoras para joderlo”, dijo la fuente de gobierno. “Silva, como Chávez, ha dejado regadas muchas facturas pendientes, incluso en su entorno”, dijo la fuente de oposición. Aunque el Ejecutivo se desentendió olímpicamente del asunto, el audio ha tenido repercusiones evidentes. La más notoria ha sido la salida del aire de La Hojilla, el show dirigido por Silva en el canal del Estado Venezolana de Televisión. La Hojilla era uno de los frentes más prominentes de la guerra mediática entre el gobierno y la oposición, pero también era el equivalente a un cadalso público al que Chávez enviaba a sus enemigos a ser despescuezados mediáticamente. Otra consecuencia directa fue una citación de la Fiscalía General de la República a comparecer para ser interrogado en relación con lo que el audio dice y demuestra. Pero tal vez una de las más significativas fue la gira al exterior iniciada por Diosdado Cabello a principios de junio, para bajarle el perfil a su controvertida y repudiada imagen.

 

La oposición apuesta a que la podredumbre del régimen seguirá reflotando y que, junto con la inflación, la escasez, la inseguridad y el desgobierno general, provocará la caída de Maduro. Capriles Radonski es uno de los que más cree que será así.

 

“¡Ganamos!”, dijo Capriles al entrar en la anodina sala de reuniones, ofreciendo enseguida un enérgico apretón de manos coronado con una amplia sonrisa. Fue la primera palabra que usó durante una larga entrevista que le hicimos a principios de mayo. Destapó una CocaCola dietética y en seguida preguntó si queríamos una y fue por ella.

 

A manera de introducción explicó los cálculos que lo llevaron a participar en la elección del 14 de abril, a pesar de que la mayoría de los analistas apostaba en su contra. “Las elecciones del dieciséis de diciembre dejaron una reflexión: cuando Chávez no es el candidato hay una gran merma de la votación”. Luego explicó lo que a su juicio fue un conjunto de trucos y violaciones al juego electoral para hacer ganar a Maduro. “No me dan los cuadernos de votación porque se cae la elección. Logré romper el candado”, dijo aludiendo a la noción de que los chavistas no votarían por un opositor. En varias oportunidades recalcó que no tenía ninguna duda de su victoria por un margen de cuatrocientos a quinientos mil votos, de acuerdo con los modelos estadísticos y los conteos rápidos de la oposición. A los breves minutos de la entrevista era ya evidente que el estilo moderado que exhibió la campaña con Chávez había sido reemplazado por un tono asertivo y sin concesiones.

 

Capriles iba vestido esa tarde con zapatos y pantalones de excursionista, una camisa blanca, una chaqueta deportiva negra con franjas doradas —marca Adictas— y, por supuesto, la gorra con el tricolor venezolano que se ha convertido en su seña de identidad. A esa hora, la sombra de la barba ya le cubría el rostro cansado. Dijo que había estado toda la mañana en Los Teques, donde queda la gobernación de Miranda, y que en estos días estaba trabajando turno doble porque quiere demostrar que ganó las elecciones. Aunque es pesimista frente a la respuesta del Consejo Nacional Electoral y el Tribunal Supremo de Justicia a las denuncias y reclamos sobre las elecciones, sostuvo sin titubeos: “Me empeñaré en demostrarlo porque la verdad no se desgasta”.

 

Su opinión sobre la presidencia de Maduro fue categórica: “Este gobierno va a caer” —le preguntamos cómo, ¿por vía de un golpe o un levantamiento—. Maduro no ha sabido leer su falta de liderazgo. Saldrá mediante mecanismos constitucionales”. Más adelante recordó una frase que atribuyó a John F. Kennedy: “Una cosa es ganar con la mitad y otra gobernar con la mitad en contra. El gobierno está marcado por la sombra de la ilegitimidad”, dijo antes revelar que lo electoral forma parte de un conjunto más amplio de cosas, pero excluyendo la vio lencia como una opción para la toma del poder. Capriles fue elocuente y generoso con su tiempo dando la oportunidad a un diálogo sin rodeos y respondiendo con detalle muchas inquietudes. Al final recordó que la caída de Fujimori había tomado un año y que estaba estudiando a fondo cómo se había desarrollado, por lo que hablaría con Alejandro Toledo para asesorarse con él.

 

Sin embargo, Capriles comenzará a sentir por todos lados los kilotones de presión para estar a la altura de su grandiosa retórica y de los anhelos de la oposición. Venezuela es un país que vive a un ritmo tan frenético que los desastres naturales más terribles, las hambrunas más crueles, los escándalos de corrupción más grandes, las decisiones de gobierno más patéticas o los escamoteos electorales se olvidan en cuestión de minutos como tragados por un agujero negro, para dar paso a una nueva situación, aparentemente más insólita, irracional y estupefaciente. Incluso el mito de Chávez que hace apenas tres meses prometía proyectarse en el día a día de los venezolanos, ha mermado también de manera asombrosa. La aceptación colectiva de esa inercia, en aleación con un deseo de tranquilidad y estabilidad, es un enemigo tan formidable de Capriles como el propio Maduro y los chavistas.

 

Francisco Kico Bautista vive en una pequeña casa sobre una colina en el sureste de Caracas. Desde allí, en los días despejados, se aprecia una hermosa vista del valle y de la montaña madre de la ciudad, el cerro Ávila, un muro de color malva que separa a la capital de Venezuela del Mar Caribe. A finales de mayo, Bautista convocó a su casa a varios periodistas para confirmar que la directiva de Globovisión, el pequeño canal de noticias hasta entonces frontalmente opositor con una gran empatía para formar opinión, le había despedido por desobedecer la orden de no transmitir discursos del ex candidato Henrique Capriles y por solidarizarse en su cuenta de Twitter con un compañero de trabajo, el diputado Iámael García, relevado días antes de la conducción de un programa dominical en la misma planta.

 

La mañana que lo visitamos, Kico estaba agitado por su intempestiva salida porque sentía que se estaba cerrando la última ventana para que la oposición se expresara con libertad. A Kico le molestaba que su programa, Buenas Noches —un late show que presentaba junto a Carla Angola, Pedro Luis Flores y Roland Carreño—, fuese considerado por los nuevos dueños como un espacio conducido por operadores políticos más que un programa periodístico. “Eso era así porque le dábamos cabida a quien no tiene oportunidad de expresarse en los medios oficiales”, replicaba.

 

Parecía un poco injusto calificarlo así sin tomar en cuenta el contexto en el que ese programa se había creado siete años atrás, en 2006, la opinión que tenía Hugo Chávez de la prensa libre y las circunstancias para el ejercicio de la profesión en Venezuela. El gobierno era —es—muy sensible a la crítica y después del golpe de Estado de 2002 —cuando Chávez fue depuesto durante setenta y dos horas con la gran colaboración de la televisión venezolana— decidió no aceptar nunca más entrevistas en medios privados hostiles como Globovisión. Chávez concebía a los medios como trincheras de lucha que sólo transmiten propaganda. El caudillo tildó de enemiga a toda la prensa que no se doblegaba ante sus intereses y se refugió en el canal del Estado, al que convirtió en el brazo mediático de las acciones de su gobierno. A partir de entonces, creó una enorme plataforma comunicacional, pero aun así, la pegada que tiene la prensa independiente, de menor alcance pero más creíble, es mucho más poderosa. Kico entendió que la manera más eficaz de oponerse al gobierno era compensar a la audiencia mostrando la otra cara de la luna y comportándose en muchas ocasiones como una oficina de relaciones públicas de la oposición. Así se creó una ilusión de contrapeso. La audiencia fue la principal afectada.

 

Ese estilo inquisidor y casi militante está de salida ahora que el presidente Chávez murió. Globovisión era el último medio que enfrentó de forma tan pugnaz al gobierno y ha comenzado a desandar el camino en lo que luce como el inicio de una subordinación que conviene al éxito del negocio y a la estabilidad del débil gobierno de Maduro. Después de las cuestionadas elecciones del 14 de abril, la planta vendió todas sus acciones a Raúl Gorrín, Juan Domingo Cordero y Gustavo Perdomo, propietarios de Seguros La Vitalicia, con apenas 0,13% de participación de mercado asegurador.

 

La compra del pequeño pero enormemente influyente canal corona el regreso triunfal de Cordero a la primera plana, después de episodios muy oscuros en su carrera, como una condena por fraude con fondos públicos cuando era tesorero del Banco Barinas o como director general de la casa de bolsa Interbursa.

 

El pasado turbulento de Cordero ha alimentado toda clase de especulaciones acerca del verdadero comprador del canal. Dos de los periodistas con los que conversamos para analizar el impacto de la venta y su propio futuro laboral no tenían mayores detalles de su nuevo jefe, ni tampoco asomaron el nombre del sospechoso habitual de estos negocios: Diosdado Cabello. Sin embargo, uno de ellos dudaba que Cordero tuviera el músculo suficiente como para comprar una marca poderosa, cuyo precio de venta fue cerrado en sesenta y ocho millones de dólares.

 

La decisión de despedir a Kico Bautista e Ismael García traza la nueva hoja de ruta para la empresa. Los actuales dueños pasaron la página de la lucha sin cuartel contra el gobierno, en la que algunos pocos periodistas fungen como operadores políticos. El cambio ha traído mucha polémica. Por ejemplo, el director designado por los nuevos accionistas, el periodista Vladimir Villegas, no aceptó asumir el cargo por diferencias acerca del alcance de su gestión. Una fuente allegada a la negociación comentó que detrás de la venta sí estaría Diosdado Cabello y que el presidente de la Asamblea Nacional había objetado a Villegas.

 

El cambio de línea editorial comenzó a ser más evidente después de una reunión de la nueva directiva con el presidente Maduro a mediados de mayo. Interrogado por un periodista que cubría la visita al palacio de Miraflores por los resultados, Cordero dijo: “Este canal nunca más volverá a comportarse como un partido político”. Apenas desembarcó en la planta, Raúl Gorrín comunicó a los periodistas que era muy amigo de Alejandro Andrade, ex tesorero del gobierno de Chávez y su primer secretario privado. Andrade acumuló mucho poder en el sector financiero hasta que, en 2010, el gobierno cerró el mercado bursátil. Lysber Ramos Sol, otra periodista de Globovisión, contó que cuando conoció a Gorrín, que posee 96% de las acciones, y le preguntó por qué quería adquirir un medio de comunicación, éste respondió que pretendía tener poder “porque a él lo habían jodido mucho”.

 

Esos episodios, conocidos tras la venta, son reveladores de los dramáticos cambios que se están produciendo en Venezuela. Entre 2004 y 2010 el gobierno había logrado que Venevisión, Televen y el circuito Unión Radio redujeran su críticas despidiendo periodistas y reduciendo al mínimo sus espacios de opinión. Globovisión era la gema que faltaba para terminar de armar la corona.

 

La oposición ha perdido la ventana incondicional para la transmisión de sus mensajes. De ahora en adelante tendrá un acceso muy reducido a la televisión, un chavismo en pleno control del gobierno y las instituciones públicas y un aplastante predominio en las gobernaciones. Hasta Capriles se pronunció por esa baja. Sus palabras fueron casi el epitafio de un canal que se caracterizó por su estilo combativo. “A los trabajadores de Globovisión mi eterno agradecimiento por habernos permitido una ventana para hablarle a nuestro pueblo”.

 

En realidad, el caso de Globovisión es apenas una muestra de lo que está pasando con los medios en Venezuela. A fines de mayo, la opinión pública fue sorprendida con el anuncio de la venta de la Cadena Capriles, un grupo de periódicos de gran tradición en el país y que incluye a Últimas Noticias, el diario de mayor circulación nacional. Se le atribuyó la compra a Víctor Vargas, un multimillonario banquero aficionado del polo. Vargas desmintió esto argumentando que las leyes venezolanas prohíben a los barones del sector bancario participar en medios de comunicación. ¿Si no fue Vargas, quién compró entonces la Cadena Capriles La venta de ese poderoso medio se parece a un baile de máscaras. Fuentes consultadas por Fabiola Zerpa, reportera de El Nacional, atribuyeron la compra al empresario Samark López, quien está ligado a la petrolera estatal Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA) y fue señalado en el caso PDVAL (Productora y Distribuidora Venezolana de Alimento) —o PudreVAL, por tratarse de la descomposición de miles de toneladas de comida importada—, el mayor escándalo de corrupción de la era chavista. Periodistas ligados a Últimas Noticias contaron, sin embargo, que así como Vargas sería el testaferro de López, éste estaría actuando a nombre de Diego Salazar, uno de los mayores operadores de PDVSA. ¿Estará Salazar encubriendo o actuando en sociedad de algún otro jerarca de la troika gobernante ¿Se concretará el augurado y temido pase a manos chavistas del diario conservador El Universal, uno de los más antiguos del país, y de Televen, la segunda televisora de señal abierta, ya dados por hecho en el mundo de la política y los negocios ¿Terminarán los potentados nuevos ricos del poder chavista siendo dueños de los mayores medios privados y, por esa vía, los controladores de la opinión pública en Venezuela Chávez no vivió para ver la capitulación total de los medios privados, pero su sucesor ha sido el gran gestor de un reacomodo que impactará de modo decisivo lo que se dice y no se dice en el país. Le preguntamos a Leopoldo Castillo, el popular presentador del programa Aló, Ciudadano, si valía la pena trabajar con dueños que recién llegaban al negocio y con todos esos antecedentes. En el rato que estuvimos sentados escuchando sus análisis sobre la Venezuela poschavista jamás le pasó por la cabeza la idea de renunciar. “Yo no me voy. Y si es así, que me liquiden doble”.

 

LOS BLADE RUNNERS Adiestrados a vivir en una tragicomedia del absurdo, un mundo de realismo mágico donde lo irracional es la norma, los venezolanos pueden llegar a convivir con la escasez de papel higiénico y aceite de freír mientras puedan seguir llenando de gasolina el tanque de su carro por todo un año por el equivalente a lo que cuesta un café capuchino en un Starbucks de Miami o Nueva York. En otras palabras, aunque la situación económica corroe cada día el salario del venezolano y se gobierna a través de decisiones disparatadas, pareciera que el débil liderazgo de Maduro se afianza gracias a la fuerza de la costumbre y la rutina.

 

Venezuela parece navegar como el barco ebrio del poema de Rimbaud. Sin embargo, al dar dos pasos hacia atrás se aprecia con más claridad que el gobierno hace intentos torpes pero denodados para amarrar los muebles del barco y evitar el naufragio. Hay temas de urgencia nacional, como la inseguridad o la crisis de la educación superior, en torno a los que Chávez solía escurrir el bulto. Maduro, en cambio, se ha visto obligado a responder más resueltamente. Hace pocas semanas, el 'gobierno zanjó en cosa de cuarenta y ocho horas tres asuntos cuya resolución estaba pendiente desde hacía demasiado tiempo: aprobó un considerable aumento de sueldos del personal universitario, promulgó la ley de desarme y otorgó libertad condicional, después de tres años y medio, a la jueza María Lourdes Afiuni, llamada “la presa del comandante”, el símbolo más diáfano del abuso de poder y el autoritarismo de Hugo Chávez. Los problemas de la educación, la seguridad y la justicia están muy lejos de resolverse, pero hay que darle crédito a Maduro por reconocerlos, así sea porque no tiene más remedio y se refiriera a ellos con una retórica anacrónica, radical, fangosa.

 

En la tarde del quince de junio, una mujer entró en el ascensor de un hotel de la zona céntrica de Caracas rodando una enorme maleta y con dos bolsas en la mano. Su cara irradiaba alegría. No era una turista típica. Sus bolsas no contenían las compras de una boutique de lujo, sino varios kilos de café y harina pan, la base de las arepas. “En la maleta tengo aceite, papel higiénico y servilletas”, dijo con una inesperada explosión de júbilo como si regresara de una piñata con el cotillón lleno. Ese día había enormes colas para entrar a los supermercados, porque los productos largo tiempo codiciados habían por fin llegado a los anaqueles.

 

El carácter de la transición que vive Venezuela es esquivo porque está formado por múltiples signos ambiguos y contradictorios. Sin embargo, al sumarse esos signos indican un cambio aún tímido pero también ostensible frente la era Chávez. “Chávez era como una pantalla que absorbía tanto los elogios de los chavistas como los ataques de la oposición. Él era el centro de todo y, sin él, quienes hicieron tantas cosas detrás de esa pantalla se ven expuestos, deben tomar posiciones y negociar”, comentó María Fernanda Palacios, una afamada profesora de literatura y crítica cultural. “Los chavistas abusaron de la instrumentalización del mito pensando que un mito se puede manipular políticamente. Si un mito es tal no lo puedes manipular. Por eso, las mitos funcionan en el plano de la imaginación popular”, comentó.

 

Después de catorce años de predominio político, no hay hoy en el chavismo un factor unificador más allá de la idea de conservar el poder por el poder o, en el mejor de los casos, de llevar adelante una confusa idea de revolución pero sin tener un mapa de ruta apto para una era posChávez. “En las transiciones, las cosas cambian pero no en un solo lado, sino en todos. Así que el caos lo estamos viviendo y sintiendo todos. Esto no es nuevo. La novedad es que ese caos ya no se somete a una sola visión, la visión de Chávez. Los chavistas deben ahora pensar por ellos mismos y descubren que no piensan igual” Más allá del debate sobre quién realmente ganó en los comicios presidenciales del 14 de abril, el péndulo osciló de modo inapelable en favor de la oposición. Sin embargo, la unidad opositora deberá vérselas con el implacable paso del tiempo y el desgaste que produce tener que ir a elecciones con un árbitro que no pita la multitud de golpes bajos del contrincante más poderoso.

 

Maduro y Capriles Radonski corren hoy sobre el filo de una navaja. Ambos son blade runners y cada uno, a su modo, lucha por una supervivencia política asediada por obstáculos y amenazas. Maduro se afianza como gobernante pero en virtud de un poder heredado cuya legitimidad seguirá siendo cuestionada, al menos hasta las elecciones municipales del próximo diciembre. Capriles trata de mantener viva la pasión opositora de los votantes que lo apoyaron en las urnas. Su método ha sido insistir en la deslegitimación de la presidencia de Maduro, llamada por él “una presidencia espuria”. No obstante, ese método no ha sido del todo eficaz.

 

En nuestra conversación de principios de mayo, Capriles dijo sacar arrestos de los ejemplos de Nelson Mandela para poner fin al régimen de apartheid y Mahatma Gandhi para liberar a la India del yugo colonial británico. “Estoy en una lucha gandhiana y pacifista”. La caída del gobierno vaticinada por él sería el producto del hartazgo ante la corrupción, la crisis económica y la ineficiencia del gobierno, y sería manejada por los canales previstos en la Constitución. Para terminar, aseguró que a la postre los afanes de los sectores democráticos contra la autocracia chavista se convertirían en un poderoso símbolo de la lucha por la democracia en Latinoamérica. Pero la posibilidad de un cambio de juego que, en un corto o mediano plazo, saque al chavismo de la presidencia dentro de esos parámetros institucionales está cada día más cerca de caer en el vacío. La reciente negativa del presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, a recibirlo “porque el gobierno de México ha reconocido al gobierno formado en Venezuela y no podemos ser parte de un conflicto interno”, es sólo un boton de muestra.

 

Maduro y Capriles corren hoy sobre el filo de una navaja. El que sobreviva de los dos tendrá la oportunidad de escribir un nuevo capítulo en la historia venezolana y, muy posiblemente, latinoamericana.

Amores y batallas

Raúl Rivero

20 de julio de 2013

 

Nicolás Maduro se casa, publicita la ceremonia y hace verdaderos aportes al periodismo rosa de su país.

 

Los graves problemas de transporte del socialismo de todos los tiempos —el avión de Evo Morales empantanado en Viena, sus metástasis diplomáticas, y el barco norcoreano apresado en el canal de Panamá con azúcar de Cuba y cohetes rusos en sus bodegas— le han dado el chance a Nicolás Maduro de revolucionar el lenguaje de la prensa venezolana del corazón. Lo ha hecho mediante la reseña de su boda con la exprocuradora general del país, la abogada Cilia Flores.

 

El presidente aprovechó también para desviar la atención de la crisis de Venezuela que cada día se hace más aguda para los ciudadanos. Trató de vender un panorama de estabilidad y sosiego. Y entró con resolución y sin sonrojos a reformar la cursilería tradicional de la crónica social por una fanfarria patriótica que copió en Cuba, donde a las personas del servicio doméstico de los jefes se les llama “compañeros que ayudan en la casa”.

 

El aporte de Maduro al periodismo rosa de su país comenzó por la figura del funcionario que realizó la ceremonia de su enlace matrimonial con la mujer con quien vive en pareja desde hace 19 años. Así, el alcalde del municipio Libertador de Caracas, el siquiatra Jorge Rodríguez, es, a partir del 15 de julio, fecha de la firma de los documentos legales, “el casamentero oficial de la Revolución”.

 

La señora Cilia Flores no es la primera dama. Es “la primera combatiente de la República”. Otra contribución del dirigente sudamericano es una frase que debe estar al final de cada nota de casamientos entre chavistas de raza. La pensó Maduro solo, sin la ayuda de ningún asesor y la dijo frente a las cámaras de los canales oficiales de televisión: “¡Qué bonito construir patria desde el hogar!”

 

Un homenaje verbal a la superficialidad y una muestra de manipulación en una Venezuela donde no se detiene la inflación, no hay dinero ni para pagar las pensiones, aumenta la escasez y la inseguridad, se reprime, se imponen las ideas, se acosa y se amordaza a los comunicadores y los ingresos de los ciudadanos no dan para llegar a fin de mes.

 

Maduro afirma que con su boda quiere mandar un mensaje muy claro de fortalecimiento de la familia venezolana. El recado le llegó a su familia, a las de sus panas de la nomenclatura y a las de los empresarios ricos de la llamada boliburguesía. A nadie más.

Maduro se afianza en el poder venezolano

Alfredo Meza

19 de julio de 2013

 

El presidente logra sobrevivir tres meses en el cargo pese a la crisis económica y la escasa legitimidad política

La oposición, acosada por el Gobierno, se debilita

 

Hace tres meses Nicolás Maduro asumió la presidencia de Venezuela en medio de una grave crisis política. Contra todos los pronósticos, su rival, Henrique Capriles, había obtenido una votación histórica para la oposición en tres lustros. Apenas lo separó de la victoria un ínfimo porcentaje de votos (una distancia de un punto y medio) que derivó en sospechas de fraude. Solo las inequidades del proceso electoral venezolano —la parcialidad del Consejo Electoral, el descarado uso de los recursos del Estado con fines proselitistas o la amenaza de represalias a los beneficiarios de los programas sociales— y las irregularidades en el día de la votación habían impedido un histórico relevo en el palacio de Miraflores.

 

Esa ajustada derrota colocaba al chavismo frente a un gran revés político. Un mes antes, el 5 de marzo de 2013, cuando fue declarado muerto el presidente Hugo Chávez, sus herederos parecían destinados a sucederlo sin mucha resistencia. La derrota provocó nuevas lecturas. Se dudaba entonces de la capacidad que tendría el Gobierno de mandar sin convocar a la mitad que le había votado en contra. Para la segunda semana de mayo, una encuesta del Instituto Venezolano de Análisis de Datos (IVAD) mostraba que 51,3% de los ciudadanos tenían una opinión negativa de la situación del país. La percepción del aspecto político era incluso peor. Seis de cada 10 pensaban entonces que la situación era inestable.

 

Tres meses después, mientras el recuerdo de Chávez se diluye en la rutina de una vida compleja, que no deja espacio para el culto al héroe, Maduro se afianza y la oposición se debilita entrampada en su propia estrategia, que consiste en esperar que prospere la impugnación de las elecciones ante el Tribunal Supremo de Justicia, mientras apuesta al desgaste de un Gobierno que no tiene el imán de Chávez y a ganar más espacios en las municipales del próximo 8 de diciembre. Ya sufrieron su primera derrota. A mediados de semana la Sala Constitucional desestimó una recusación de los abogados de Capriles para impedir que los siete magistrados titulares de la sala, chavistas confesos, intervinieran en la causa.

 

La oposición sigue sin darle dirección política a las recurrentes protestas y demandas sociales. Hace una semana Capriles dijo que la gente no debía esperar el visto bueno del líder para organizarse y buscar soluciones a sus problemas. En ese escenario de voluntaria desmovilización Maduro ha administrado el caos y se ha afianzado en el cargo. Valgan estas cifras para ilustrar la crisis económica de este país: entre diciembre y junio la moneda local, el bolívar, se ha devaluado un 172%; las ventas petroleras del primer trimestre del año —el 96% de los ingresos— cayeron a 21.300 millones de dólares, un 13,41% menos que en el mismo periodo de 2012, y el índice de desabastecimiento de productos básicos llegó al 20,5% en mayo, una cifra jamás alcanzada en tiempos de Chávez. Hasta el 11 de julio las reservas internacionales habían caído en 5.363 millones con respecto al mismo periodo del año pasado. Solo se contaba con dinero contante y sonante para 15 días de importaciones, según los cálculos del economista Pedro Palma.

 

La tasa de inflación acumulada en el primer semestre es la expresión más concreta de todos los malestares del venezolano. La cifra de 24,99% superó al marcador de todo 2012 (20,09%). El Gobierno supo entender que la crisis se agudizaría si no generaba las condiciones para que la empresa privada pudiera trabajar sin tantas restricciones. Una reunión con el empresario Lorenzo Mendoza, dueño de Empresas Polar, la segunda fortuna del país, simbolizó la cohabitación por la que el Gobierno apostó en aras de suavizar un modelo socialista que luce agotado y de su propia supervivencia.

 

En aquellos días, cuando la escasez apremiaba y Venezuela era el centro de la atención del mundo por la falta de papel higiénico, Maduro acusó a Mendoza de ser el principal responsable del desabastecimiento al no producir al máximo. Tras esa cita la comunicación con los empresarios comenzó a fluir, aunque estos no están satisfechos con los acuerdos alcanzados con el Gobierno.

 

Para cumplir con esos acuerdos se reformó el gabinete económico. Maduro relevó entonces al dogmático Jorge Giordani del Ministerio de Finanzas y lo sustituyó por Nelson Merentes, que ha diseñado un mecanismo alternativo a la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi) para obtener dólares de forma legal (en Venezuela rige un control de cambios desde febrero de 2003). Aunque apenas se han efectuado dos subastas en el año, se espera que se convoquen nuevas pujas con regular periodicidad. Al Gobierno le urge corregir la reducción del 87,7% de la oferta de dólares por vías alternas a Cadivi en el primer semestre de 2013. Este año se adjudicaron apenas 639 millones comparados con los 5.197 millones del primer semestre de 2012.

 

Todas esas concesiones al sector privado no se corresponden con la estrategia asumida para enfrentar a la oposición. Contradiciendo lo que vaticinaban los analistas el 15 de abril —que sería imposible gobernar sin acuerdos políticos—, el chavismo se ha seguido comportando como si el otro no existiera y ha estrechado el cerco sobre sus rivales. Dos de los tres gobernadores de la oposición están siendo investigados por la Asamblea Nacional por malversación de fondos. Sobre la espalda del restante, Henrique Capriles, se cierne la presunta responsabilidad de las nueve muertes ocurridas tras el rechazo del estrecho resultado de las elecciones. El Gobierno amenaza cada tanto con enjuiciarlo por ese hecho. Eso tal vez nunca ocurra, pero sí ha logrado que el dirigente prefiriera seguir su reclamo en los despachos de los tribunales y no en la calle.

 

Otros dos diputados, María Corina Machado y Richard Mardo, serán investigados también. La antigua candidata presidencial, por una escucha difundida por el Gobierno en la cual criticaba a sus compañeros de la Mesa de la Unidad por la estrategia seguida después de las elecciones. Mardo lo tiene mucho más difícil. El Supremo encontró motivos para quitarle la inmunidad parlamentaria y enjuiciarlo por blanqueo de capitales y defraudación tributaria.

 

El Gobierno asegura que está haciendo una lucha sin cuartel contra la corrupción sin distinciones políticas. Pero en el chavismo solo caen peces chicos: 7 funcionarios de migraciones en el Estado de Táchira, 14 ciudadanos acusados de cobrar beneficios para entregar ayudas sociales, otras 7 personas relacionadas con el desfalco al Fondo Chino. Maduro ha usado ese ejemplo para aleccionar a los suyos. En eso sí se parece a Chávez, pero también en otros aspectos: copiosas intervenciones en la cadena de televisión del Estado, largas caminatas por la provincia para cumplir con el denominado “Gobierno de calle” y bailes con la comunidad. El pasado domingo también agregó otro hito al anunciar su primera expropiación. Sucedió en el Estado de Apure, donde anunció la toma de un terreno para construir viviendas. Poco antes anunciaba que había logrado “estabilizar la revolución”.

Capriles, un huésped incómodo

Abraham Zamorano

18 de julio de 2013

 

Henrique Capriles vuelve esta semana a la escena internacional y, vista la polvareda que está levantando en Chile el mero anuncio de su visita, parece que se consolida, sí, pero como un huésped incómodo.

 

La controversia alrededor de Capriles, en cierto modo, lo que hace es pasear por el mundo el reflejo de la alta polarización venezolana, el “conmigo o contra mí” en que está planteada la política de su país.

 

Además, los gobiernos, por naturaleza, tienden a cuidarse de no inmiscuirse en asuntos internos de los otros. Y Capriles a lo que va es nada menos que a denunciar el supuesto fraude electoral del presidente Nicolás Maduro, cuya legitimidad no reconoce.

 

Por su parte, el gobierno venezolano, al tratar como afrenta golpista cualquier entrevista de una autoridad extranjera con el gobernador de Miranda, hace que su anfitrión sienta que al recibirlo se está posicionando en la polémica interna que vive el país petrolero.

 

Y así se lo están tomando en Chile quienes defienden recibirlo porque el chavismo no puede imponer sus reglas, quienes consideran un error diplomático fotografiarse con él y quienes van más allá y lo tachan de “antidemocrático y golpista”.

 

Sí, pero no en La Moneda

 

En Chile, la intención de Capriles es celebrar un encuentro con el presidente, Sebastián Piñera, y la candidata socialista a volver a la presidencia, Michelle Bachelet.

 

Piñera ya mostró su intención de recibirlo, aunque fuera del Palacio de La Moneda, lo que le ha valido críticas de todos lados. De la izquierda, por aceptarlo y de la derecha, por no recibirlo dentro de la sede presidencial.

 

El ministro de Relaciones Exteriores, Alfredo Moreno, aclaró que eso no significa un cambio respecto a su reconocimiento del resultado de las elecciones y a Maduro como presidente.

 

“La posición de Chile es que el gobierno de Venezuela es el que representa a Venezuela”, afirmó este miércoles.

 

Bachelet, por su parte, alegó lo apretado de su agenda para justificar que no va a encontrarse con Capriles.

 

Una de las razones por las que recibir a Capriles puede resultar tan incómodo es por el ambiente de fuerte división entre el oficialismo y la oposición que sigue viviendo su país.

 

Un ejemplo de eso está en que Capriles se refiere a Maduro como “el enchufado mayor” y el presidente no duda en llamar “asesino”, “fascista” o “golpista” al que fuera candidato derrotado tanto en los comicios del pasado octubre (por 11%) como en los de abril (1,49%).

 

Según el analista Carlos Luna, profesor de la Universidad Central de Venezuela (UCV), la polémica que levanta el paso de Capriles por otros países no es más que “un reflejo de lo que está pasando en Venezuela”.

 

“Recibir a Capriles, en un ambiente de tanta polarización como el venezolano, significa estar alineado ‘con’ o ‘en contra’ del gobierno nacional. Con base en esa percepción, los Estados se cuidan mucho de aparecer en la foto con Capriles”, agregó Luna.

 

Asuntos internos

 

Otro elemento importante a la hora de convertir a Capriles en un visitante incómodo está en que los gobiernos se cuidan de no entrar en asuntos internos de otros países.

 

“Más aún cuando está abierto todavía el proceso de impugnación de las elecciones del 14 de abril. Entonces se manejan con mucha mano izquierda en el sentido de que sean los venezolanos quienes decidan sobre su destino”, afirma el profesor Luna.

 

En ese sentido, un ejemplo claro fue el del presidente de México, Enrique Peña Nieto, quien en su momento declinó recibir al líder opositor venezolano por no querer entrar en asuntos internos del país sudamericano.

 

“No lo habré de recibir porque el gobierno de México ha reconocido al gobierno de Venezuela y no podemos ser parte de un conflicto interno ni tomar posición al respecto”, se justificó Peña Nieto.

 

El ejemplo colombiano

 

De momento, Capriles aguarda una respuesta del Tribunal Superior de Justicia respecto a su impugnación de los comicios. A nivel político, continúa denunciando el hecho tanto interna como externamente.

 

El gobierno, por su parte, contraatacó con las giras internacionales de Maduro, que ha visitado varios países de la región y Europa, así como criticando duramente a quienes pudieran llegar a recibir a Capriles.

 

Eso pasó cuando el gobernador de Miranda se entrevistó con Juan Manuel Santos en Bogotá. El gobierno llegó a acusar al mandatario colombiano de conspirar para favorecer un golpe de Estado.

 

Respecto a su visita a Chile, es de prever que el gobierno de Maduro exprese su disgusto con quienes reciban al líder opositor. “Es una política”, opina Carlos Romero, politólogo de la UCV.

 

“Maduro no distingue si son amigos ideológicos o receptores de petróleo, simplemente hay una política de evitar que Capriles sea recibido por presidentes independientemente del tipo de relación que tienen con Venezuela”, le dijo Romero a BBC Mundo.

 

Así es que, con el gobierno presionando para que no lo reciban y arrastrando la mochila de la enorme polarización que vive su país, Capriles tiene muy complicado consolidarse como un líder internacional que no sea otra cosa que un huésped bastante incómodo. Su próxima parada será Perú.

Mercosur: entre la bronca del discurso antiimperialista y el proteccionismo nacional-bolivariano

Carlos Malamud

14 de julio de 2013

 

Mercosur está atravesando uno de los momentos más críticos de su historia y ni la reciente Cumbre celebrada en Montevideo pudo acallar los problemas de fondo que se arrastran de una Cumbre a otra. Ya no se trata sólo de aquellos que enfrentaban (y lo siguen haciendo) a los países pequeños con los grandes (Uruguay y Paraguay versus Argentina y Brasil). Ahora han emergido cuestiones mucho más serias que amenazan la pervivencia del otrora modélico proceso de integración subregional de América Latina.

 

Hoy hay en juego temas mucho serios, como el proteccionismo a ultranza de Argentina, considerablemente reforzado tras el ingreso de Venezuela, que amenaza la inserción internacional de Mercosur. Y no es que Brasil o Uruguay no sean proteccionistas, pero las diferencias con los otros son abismales. Estas pulsiones contrarias a la libertad de los intercambios comerciales se reflejan en el breve listado de tratados de libre comercio (TLC) firmados por Mercosur: Israel, Palestina y Egipto. Con la UE la negociación está en un limbo de muy difícil retorno y con EEUU no hay noticias de preconversaciones de ningún tipo.

 

Para hacer más difíciles las cosas los países del Mercosur no pueden negociar tratados de forma individual sino colectivamente. Uruguay quiso abrirse camino con un acuerdo de inversiones con EEUU y fue severamente reprimido y reconducido disciplinadamente al redil. Ahora le ha llegado el turno a Brasil, que ve con una preocupación en aumento como el crecimiento económico basado en el desarrollo del mercado interior ha tocado techo y es necesaria una nueva oleada aperturista. Pese al coqueteo europeo, o proveniente de otras latitudes, Brasil no puede dar pasos en solitario salvo que esté dispuesto a acabar con Mercosur.

 

Hasta ahora, los gobiernos de Brasilia han apostado por la “paciencia estratégica” con Argentina, aguantando todo, y más, en aras de la supervivencia del bloque, considerado un proyecto estratégico. Sin embargo, ante los nuevos aires que invaden la economía global, con macro TLC en discusión, como el TPP (Trans Pascific Partnership) o el TAFTA (Trans Atlantic Free Trade Agreement), son cada vez más las voces brasileñas que claman por que Brasilia negocie por su cuenta y luego que se sume el que quiera, o por enterrar a Mercosur y dejar librada a Argentina (y al kirchnerismo) a su suerte. Entre las voces más poderosas destacan la de los industriales paulistas de la FIESP (Federación de Industrias del Estado de Sao Paulo) o los grandes agricultores, que ven que de mantenerse el actual rumbo comercial y el aislamiento global el futuro del país estaría condenado.

 

En la Cumbre de Montevideo se prestó más atención al azaroso vuelo de Evo Morales , a las desventuras de Edward Snowden o al espionaje masivo de EEUU en América Latina que a los problemas reales del bloque. Es más, estaba prevista una reunión bilateral a “agenda abierta” entre Dilma Rousseff y Cristina Fernández, al margen del programa oficial, pero por determinados problemas no suficientemente aclarados debió cancelarse. Después del último encuentro de ambas presidentes, que según fuentes brasileñas terminó fatal, era necesario aquietar las desavenencias mutuas, pero mal debían estar las cosas para que ni siquiera pudieran reunirse y conversar amigablemente.

 

Tampoco hubo una discusión profunda y al más alto nivel sobre los impactos económicos que para la región supondrían el TPP y el TAFTA. Para algunos gobiernos del Mercosur el libre comercio sigue siendo un tabú. En su momento Venezuela impulsó el ALBA (inicialmente Alternativa Bolivariana de las Américas) frente al ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas), el proyecto estadounidense de crear un gran mercado desde Alaska a Tierra del Fuego. La Venezuela de Hugo Chávez impulsó en su momento, junto a Cuba y Bolivia, el TCP (Tratado de Comercio de los Pueblos), en un documento que literalmente satanizaba al libre comercio como herramienta imperialista de dominación y explotación de los pueblos latinoamericanos.

 

Es verdad que Rousseff señaló en la Cumbre que: “Mercosur debe tener una política externa que refleje todas nuestras potencialidades. En este espíritu creo que una nueva agenda de inserción externa para el Mercosur podría contemplar cronogramas más acelerados para la negociación comercial entre el Mercosur y otros países de América del Sur y también con la Unión Europea”. Pese a ello, las respuestas no fueron demasiado ilusionantes y no permiten pensar, a corto plazo, en un cambio de tendencia.

 

El otro problema al que no se dio solución ninguna, ni se profundizó en la discusión de cómo debían hacerse las cosas para hacerlas bien, fue el retorno de Paraguay. Tanto el presidente saliente como el entrante han coincidido en que para facilitar el regreso de su país a Mercosur el gobierno de Asunción debería ostentar la presidencia pro témpore rotatoria en lugar de Venezuela. En lugar de dar una respuesta adecuada, todos los presidentes presentes en Montevideo invocaron nuevamente su profundo amor por Paraguay pero ninguno quiso reconocer el error cometido al apartarlo de la disciplina del Mercosur. Es más, dando una clara idea de por dónde iban a ir las cosas en un contexto de creciente autoritarismo, el ministro argentino de Exteriores, Héctor Timerman dijo: “Paraguay va a volver al Mercosur… [pero] la vuelta implica la aceptación de todo lo que hemos hecho hasta ahora”, comenzando por la incorporación de Venezuela.

 

El ingreso de Venezuela en Mercosur ha tornado en inevitable lo que era previsible, el predominio de la política sobre la economía y el comercio. Si bien sin política no se puede avanzar en la integración regional, tampoco se irá muy lejos sólo con declaraciones altisonantes de corte imperialista. La presencia de Evo Morales en la cita de Montevideo dotó al encuentro de una gran carga emotiva y sirvió de cauce a los retóricos discursos presidenciales. A su vez, y esto es lo grave, fue la gran excusa para no hablar de los graves problemas, como el proteccionismo nacional-bolivariano, que están hipotecando gravemente el futuro del bloque.

¿Para dónde va Henrique?

Luis García Mora

7 de julio de 2013

 

Lo peligroso de “electoralizar” la política es que se pierden las perspectivas y te entrampas.

 

Y a la oposición, amigo lector, se la mira otra vez “entrampada”.

 

Ojalá uno se equivoque pero, más allá de su objetivo inmediato de asistir e intentar barrer al chavismo en los comicios locales de diciembre, no se le observa ningún otro objetivo estratégico definido.

 

Luce desmovilizada. Paralizada.

 

La política es mucho más que votar, por lo que la última elección presidencial del 14-A, al margen de haber encerrado o no una trampa que le quitó la victoria a Henrique Capriles, ya está sobrepasada por la vía de los hechos. Y sólo debe servir para avanzar en una política, no para estancarla. Igual debe ocurrir con las próximas elecciones locales.

 

Son pasos, sólo pasos. Momentos que jamás deben sacrificar una visión política superior, como lo es aventajar el establecimiento de este sistema sectario, esencialmente basado en la exclusión del oponente, en la argucia ideológica que convierte a los miembros de la oposición, activistas o manifestantes enfrentados a su política, en traidores a la patria o en fascistas, espejeándose con los regímenes fundamentalistas islámicos, como el egipcio que acaban de defenestrar.

 

Maduro, hasta este momento, al igual que su antecesor, se comporta como el presidente Morsi: en lugar de constituir un gobierno incluyente que sirva a los intereses de la sociedad venezolana, sólo está al servicio de su hermandad, una hermandad que (antidemocráticamente) ha asumido el voto, el respaldo ciudadano, como un vulgar cheque en blanco para hacer su soberana gana.

 

No. Ante esto, ante la necesidad de superar esta situación soportada sobre una crisis descomunal (política, económica, judicial), la ausencia de una visión estratégica opositora, bien por falta de visión política, por incompetencia o por voluntad de inmovilismo, se está haciendo demasiado inquietante.

 

El Gobierno ahonda la polarización.

 

Maduro abre espacios al diálogo económico y financiero, pero margina quirúrgicamente lo político, al tiempo que la presión fundamentalista lo cerca.

 

Jaua, como orador de orden de la Sesión Solemne del Día de la Independencia, amenaza con una “rebelión total” ante las actuaciones “fascistas” (repitiendo las necedades del magnicidio y el golpe) de una oposición que no se mueve, y advierte que si esa oposición desborda “el marco de la legalidad democrática”, la revolución bolivariana tendría “otro carácter y la forma de lucha principal sería diferente a la de los últimos años”.

 

¿Y Diosdado Cabello? Para remarcarle el radicalismo a Maduro, también agita el hacha de guerra y amenaza a la oposición inmóvil con una respuesta “extremadamente contundente”. Algo como “una declaración de guerra” o, más aún, “un acto de guerra”.

 

Mientras la oposición luce sumergida más y más en los vericuetos jurídicos de una impugnación en la que no le queda más salida que acusar a la Sala Constitucional de abusar de sus funciones —¿qué más, si ese es un juego trancado?— mientras que, apresado en ese laberinto judicial, Capriles recusa a todos los magistrados de la Sala y nos recuerda la naturaleza ministerial del TSJ.

 

¿Hasta ahí? ¿Hasta ahí llega el vuelo opositor?

 

Como me dice un opositor angustiado: “Tenemos un plan político de gobierno. Tenemos un liderazgo. Un estilo. Lo reconocen las encuestas. Henrique tiene gente que lo acompaña con expectativas, pero parece que no sabemos hacia dónde vamos ni, peor aún, cómo llegar”.

 

¿Se le teme realmente a movilizarse?

 

El Gobierno está sumamente nervioso. Indirecta o directamente, le ha cercado al liderazgo de Capriles y a la oposición el acceso a los medios radioeléctricos audiovisuales. Por lo que el panorama se puebla de interrogantes.

 

¿Se tiene claro cuál es el objetivo movilizador? Es decir: ¿para qué movilizarse? Concretamente.

 

No puede ser una movilización hacia lo teórico, hacia lo abstracto, como un objetivo jurídico, judicial, como imponer la impugnación del 14-A. Hay una crisis mayúscula que la sobrepasa, para reducir una movilización a una cosa esencialmente judicial.

 

No.

 

Hay demasiada materia crítica en el conflicto venezolano.

 

Entonces: ¿cuál es el objetivo general de la política opositora? ¿Salir de este Gobierno? ¿Cuándo? ¿En 2016? ¿En 2019? ¿Cambiar este modelo? ¿Hacia dónde dirigir el movimiento? Las elecciones locales concitan la resolución de problemas y necesidades locales, circunscritos. Pero por encima de ellos está evidentemente el conflicto nacional que los sobrepasa. El desabastecimiento —alimentario y no alimentario—, la inseguridad personal y social que alcanza niveles salvajes, la inflación galopante. Es el fracaso de un modelo de gestión. De un estilo de gobernar.

 

La criminalidad organizada.

 

La amenaza de disolución social.

 

Y lo que le preocupa al Gobierno: la indignación. Ésta es la angustia del Gobierno. La escasez. Las colas.

 

¿Puede Capriles conducir esta indignación? ¿Para dónde va Henrique?

 

***

 

Cráteres

 

- O Capriles es un buen estratega, que lleva el pulso y gradúa el objetivo principal, o no sabe qué hacer. Y esto sí sería preocupante. O esta oposición es preocupante, por lo que la masa opositora se pregunta: ¿Quo Vadis, Domine? ¿Adónde vas, Señor? ¿A la Asamblea Nacional Constituyente? ¿A la reforma puntual de la Constitución, que disminuya el período presidencial y elimine la reelección indefinida? ¿A adelantar las Parlamentarias? ¿O a seguir el ritmo y ver cuándo se puede hacer el Revocatorio Presidencial? Como dice otro opositor: “Estás en la autopista. Vas a la presidencia en 2019, pero no sabes cómo. Nosotros tenemos que creer que el silencio es por una definición estratégica. Pero, amigo, sí es necesario apurar el tono”. Y responder a aquella pregunta de Pedro.

 

- El país está entrampado, pero se dice que el gobierno aún tiene capacidad de reacción. Hicieron las auditorias de todos los entes paraestatales, Fonden y otras instituciones y bancos del Estado en operaciones grises y, al parecer, han encontrado en la oscuridad entre 7 mil y 17 mil millones de dólares. Así que podrán acudir a un programa de subastas seguidas en las que si tiran 5 mil millones de dólares se chupan del mercado una pelota de bolívares y secan la liquidez desaforada (900 mil millones de bolívares), resolviendo por ahora el desabastecimiento y el disparo del innombrable.

 

- Ya la devaluación se dio. Hoy se compra todo a 30 bolívares por dólar. O sea, que el impacto de las subastas estaría absorbido. El problema es cuánto dura la bombona de oxígeno, porque no hay nada mas caro que el desabastecimiento. ¿Duración del parche? Un año. Amén de que después de un año, ¿a cómo estará el barril de petróleo? Lo que los favorece es que no hay pago importante de deuda externa hasta 2017.

Poco a poco, rumbo a Cuba

Elides J. Rojas L.

7 de julio de 2013

 

No es Cuba, es verdad. Tampoco el difunto no fue Fidel Castro ni Maduro es Raúl. Las diferencias son sustanciales. Más grande, más habitantes, mejor formación en general. Un ingreso petrolero bestial, aunque lo desperdicien y se lo roben. Hay materias primas y una inmensa cantidad de tierra cultivable. Hay agua suficiente, zonas turísticas de alta competencia, un recurso humano extraordinario, una extensa costa rica y explotable. Todo lo que se ha dicho siempre. Todo eso que se queda en triste potencial. Y ahora más todavía.

 

Estamos entrando en la cubanización, muy a pesar de las grandes diferencias. Todo se debe al empeño del finado por entregarle el país a los Castro, a la continuidad del clan con los mismos planes. Y, claro, a lo que ha ocurrido del otro lado, del lado democrático de esta cancha. Se dice que no se pelea y que la gente está entregada. Eso puede ser cierto, o parecer cierto. Hay que recordar las grandes luchas y enfrentamientos pacíficos (y otros no tanto) con los castrocomunistas. Tanto fue el esfuerzo que hasta el difunto cayó, solo que el infiernito venezolano lo trajo de regreso. Y ese infiernito está ahí mismo. No se ha ido. Apenas se ha permitido que exista una unidad más o menos razonable, suficiente para recuperar espacios y hasta ganar elecciones. Suficiente para hacer presión, pero de ahí a un cambio, con la dictadura cubana manejando los hilos del poder, la cosa se pone demasiado peluda. Como ahora mismo está. Por una parte el gobiernito no tiene piso, no posee credibilidad y, por tanto, es una muestra ambulante de ingobernabilidad. Pero por la otra hay una alternativa democrática amarrada con hilo de coser y una sociedad en general desmovilizada y, en muchos casos, sin esperanzas de salir de esto. Lo escuchamos a cada rato. La mano peluda de la represión, la persecución y la magistral propaganda cubana están detrás de todo esto. Por eso los muchachos de Barquisimeto reciben la paliza del siglo. La siguiente vez no saldrán a la calle. Ellos mismos sentirán miedo y sus padres se lo impedirán. Esa es la estrategia. Lo mismo en Barinas donde tienen a un montón de gente presa desde abril para que aprendan a comportarse ante el monstruo de Cuba. Por ahí van bien. Y en la desmovilización también. Un grupo de matones de la Guardia Nacional le dispara a mansalva más de 50 proyectiles a una familia matando a la madre, a una hija y dejando a las otras dos hijas gravemente heridas; y no pasa nada más allá del reclamo de los partidos y algunos diputados de oposición. Ya le dicen al país no hay papel, pero hay patria. Se atreven a mentir diciendo que no hay desabastecimiento. Dicen qué radio se debe escuchar, qué televisión se debe ver y qué prensa se debe leer. No hay dólares, igual que en la madre patria de Cuba. Colas y colas para todo. Venezuela es un país pobre y va para peor. No es Cuba, es verdad; pero va para allá derechito. Lástima. Se perdió una gran oportunidad con ese dineral que se han robado los Castro y sus mandaderos locales

 

Twitter: @ejrl

Google conmemora

la independencia de Venezuela con un doodle

5 de julio de 2013

 

Este viernes Google le dedica un doodle a Venezuela con motivo de la celebración de los 202 años de su independencia.

 

La imagen que se puede observar al entrar en la página del mencionado buscador, es la de un turpial al vuelo con una bandera venezolana en el pico.

¿Exportación de servicios, o subsidios?

Roberto Álvarez Quiñones

5 de julio de 2013

 

Las ventas externas cubanas son hoy inferiores a las de hace 30 años. Sin las subvenciones venezolanas la economía colapsaría

 

Uno de los mayores éxitos propagandísticos que ha tenido hasta ahora el Gobierno de Raúl Castro es presentar los subsidios recibidos de Venezuela como “exportación de servicios” y anunciar aumentos en el valor de las ventas externas cubanas al tiempo que el país exporta menos bienes que hace tres décadas.

 

Los funcionarios y economistas del régimen asumen que los corresponsales extranjeros acreditados en Cuba y quienes leen los despachos noticiosos que ellos envían desde La Habana no tienen tiempo ni ganas de hacer cálculos con las escasas cifras que les ofrecen, casi todas porcentuales. Pero si alguien se toma el trabajo de sacar cuentas le ve las costuras al sofisma.

 

Según un informe del Ministerio del Comercio Exterior de Cuba, en 2012 la exportación de servicios reportó a la Isla ingresos por unos 11.000 millones de dólares. A eso se le restan los $2.613 millones generados por el turismo, los $1.572 millones correspondientes al pago del 50% de los 37 millones de barriles de petróleo venezolano recibidos (el otro 50% se paga en un plazo de 25 años) y se sustraen también unos $80 millones que pueden reportar a Cuba los servicios técnicos y de salud prestados en otros países.

 

La cifra resultante es de $6.735 millones, que son los que regala Caracas a la dictadura. Agréguese a eso otros $2.500 millones entregados por el gobierno chavista mediante decenas de convenios de colaboración y “solidaridad”, seguridad, e inversiones en suelo cubano, y tenemos el volumen total de las subvenciones venezolanas: $9.235 millones.

 

Pero hay una vía más fácil para detectar el truco de la “exportación de servicios”. Caracas y La Habana aseguran que en territorio venezolano hay 45.000 médicos y otros profesionales cubanos contratados. Eso arroja un costo de 184.600 dólares anuales por cada colaborador cubano, equivalentes a un salario de 15.383 dólares mensuales, 31 veces lo que percibe un médico venezolano. Lo triste es que los galenos cubanos reciben unos 300 dólares mensuales y el resto va a los Castro. En pleno siglo XXI.

 

Lo que revelan estas estadísticas es el afán del gobierno raulista de disimular el carácter parasitario de la economía de la Isla, que colapsaría sin las subvenciones de un rico mecenas dadivoso. Nunca la “revolución” admitirá que recibe subsidios.

 

Fidel Castro calificó siempre de “comercio justo entre países hermanos” el torrente de dinero que recibía de la Unión Soviética, que pagaba a Cuba 45 centavos la libra de azúcar cuando el precio en el mercado mundial era inferior a 5 centavos la libra, y enviaba prácticamente gratis a la Isla todo el petróleo que consumía la nación, los equipos de transporte, las materias primas, los insumos para las industrias, y armamentos de todo tipo, incluyendo tanques de guerra y sofisticados cazabombarderos.

 

Menos que en los 80

 

De acuerdo con los pocos datos, dispersos y contradictorios, ofrecidos por el Gobierno, y descartando algunas cifras infladas —supuestamente por “error”—, reveladas por algunos medios cubanos y venezolanos, el valor real de las exportaciones de bienes de Cuba en 2012 al parecer no llegó a los $3.500 millones. O sea, fue muy inferior a lo que exportaba el país en los años 80.

 

De 1983 a 1990 la exportación de mercancías de la Isla superó anualmente los $5.000 millones, suma que ajustada a la inflación sería muy superior en la actualidad. Pero al desaparecer la URSS y las prebendas del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) dichas ventas externas cayeron a $1.619 millones en 1992, y a $1.241 millones en 1993. Desde entonces, Cuba nunca ha llegado a tocar la cota de exportaciones de mercancías que logró durante el período de “vacas gordas” alimentadas por Moscú.

 

Hace ya medio siglo que el país dejó de exportar café, piña, carne, toros sementales de la raza cebú, frutas diversas y otros productos agropecuarios que en los años 50 hacían de Cuba un importante exportador de alimentos. Hoy no solo no se exporta, sino que se tiene que importar. En 1957 la Isla importaba el 29% de los alimentos que consumía, hoy importa el 80%.

 

Quinto exportador en 1958

 

El contraste con el antes y el después es dramático. En 1958 Cuba fue el quinto mayor exportador de América Latina, con $732 millones, solo cuatro millones de dólares menos que las exportaciones de México, que ocupó el cuarto lugar tras Brasil, Argentina y Venezuela, según estadísticas del Fondo Monetario Internacional.

 

Ese año anterior a la llegada de Castro al poder las exportaciones cubanas de bienes superaron el valor conjunto de todas las exportaciones combinadas de cinco naciones latinoamericanas: Perú ($291 millones), Uruguay ($139 millones), República Dominicana ($136 millones), Ecuador ($95 millones) y Bolivia ($65 millones).

 

Pero la más impactante comparación es entre Chile y Cuba. Ambas naciones tuvieron un Producto Interno Bruto muy similar en 1958 (Chile, $2.580 millones, y Cuba, $2.360 millones), pero la Isla duplicó los $389 millones exportados por Chile. Sin embargo, 54 años después, el país austral, con la economía más liberal y abierta de Latinoamérica, que no expropió a la burguesía ni a las “transnacionales imperialistas”, ni estatizó la economía, vendió al mundo productos por valor de $78.813 millones, 22 veces más que la Cuba comunista.

 

El colmo es que los Castro convirtieron a Cuba en un país importador de azúcar luego de haber sido el mayor exportador mundial de ese alimento desde fines del siglo XVIII hasta los años 70 del siglo XX. En los últimos 10 años la Isla ha importado azúcar de Brasil, República Dominicana, Colombia, Estados Unidos y hasta de Europa (Bielorrusia), para poder cubrir el consumo nacional y cumplir sus compromisos de exportación.

 

Improductividad crónica

 

Como resultado de la revolución socialista, las exportaciones de bienes cubanos están hoy menos diversificadas que en la década de los 50, y se concentran en solo cuatro productos básicos: níquel, azúcar, tabaco y ron, así como productos farmacéuticos (16% del total), el único rubro exportable con valor agregado que ha logrado incorporar el régimen en cinco décadas.

 

En cítricos, con financiamiento soviético, la Isla produjo en 1990 un millón de toneladas, de las cuales exportó 456.689, por valor de $145 millones. Pero luego la producción se derrumbó. Y actualmente las cosechas citrícolas son tan bajas que representan menos del 2% de las exportaciones de bienes. De acuerdo con la FAO, en los últimos 20 años la producción mundial de cítricos se duplicó, pero la de Cuba disminuyó en un 70%.

 

En general, el valor de las exportaciones de productos cubanos en 2012 fue 2.6 veces inferior al de República Dominicana, que superó los $9.000 millones según el Centro de Exportaciones e Inversiones de República Dominicana (CEI-RD), y 3.1 veces más bajo que los $11.000 millones exportados por Bolivia, e inferior a las ventas externas de algunos de los países más pobres del mundo, como Chad, Zimbabue y Mauritania.

 

En fin, es asombrosa la involución de Cuba. Y la incapacidad productiva socialista continuará agravándose. Si el régimen militar no libera en serio las capacidades creadoras de los ciudadanos, hasta ahora asfixiadas, el atraso económico, social y tecnológico seguirá erosionando los cimientos de la sociedad.

Las verdades de María Corina

Pedro Corzo

5 de julio de 2013

 

La diputada venezolana María Corina Machado ha demostrado defender sus puntos de vistas sin importar las consecuencias. Posee convicciones y valor para luchar por lo que cree, lo que la convierte en un ejemplo de ciudadano.

 

María Corina enfrentó al difunto déspota en plena Asamblea Legislativa y le dijo en la cara que su gobierno era un fracaso absoluto y que se había dedicado a “expropiar y que expropiar es robar”.

 

Después fue brutalmente agredida por los sicarios chavistas que heredó Nicolás Maduro, que fingen ser diputados en el órgano legislativo nacional, lo que tampoco la arredró.

 

Y recientemente ha criticado con mucha razón a los gobiernos latinoamericanos cuando expresó: “Nos sentimos absolutamente traicionados. No es comprensible ni aceptable que estados que han suscrito la Carta Democrática Interamericana no tengan una respuesta clara y firme. Es una vergüenza que el secretario general de la OEA, que ha recibido de nuestra parte múltiples comunicaciones, no tenga ninguna reacción. No es una traición solo a los venezolanos, es una traición a los principios democráticos”.

 

Las declaraciones de la diputada Machado son consecuentes con la realidad que ha vivido este hemisferio, al extremo que se puede afirmar que con la desaparición del presidente Rómulo Betancourt se extinguió la visión de un continente comprometido con la democracia, los derechos humanos y las libertades públicas.

 

El desaparecido mandatario era capaz de correr los riesgos que fueran necesarios para defender la democracia mas allá de las fronteras nacionales, lo que no deja de ser una paradoja porque fue el presidente Hugo Chávez, otro venezolano, quien impulsó la solidaridad hemisférica entre gobernantes populistas y autocráticos.

 

Cuando las dictaduras militares ensombrecían el continente, fueron pocos los gobiernos democráticos que mostraron preocupación por lo que ocurría en la casa del “hermano” y si lo hacían, era con extrema timidez.

 

Las contadas ocasiones en que un mandatario demócrata de América Latina ha prestado apoyo a sectores opuestos a otro gobierno latinoamericano, han sido por complacer a Estados Unidos, por compromisos ideológicos o por algún otro motivo, muy encriptado en su decisión, por lo que valdría la pena conocer si en alguna ocasión la solidaridad fue consecuencia de las convicciones democráticas del gobernante.

 

Nuestros líderes tienen conciencia teórica de que la democracia debe ser solidaria y que el despotismo es una especie de virus para el que ningún pueblo está vacunado y en consecuencia han suscrito documentos como la Carta Democrática Interamericana y la Declaración de Viña del Mar, que apunta: “Reafirmamos nuestro compromiso con la democracia, el estado de derecho y el pluralismo político, el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales, el imperio del Derecho Internacional y de los principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas”, pero lamentablemente no practican los compromisos que contraen en los documentos que suscriben.

 

Sin embargo, aparte de la Venezuela que desgobernó Chávez y que destruye Maduro, están entre otros, los ejemplos de Haití y Cuba, casos en los que la solidaridad latinoamericana ha brillado por su ausencia.

 

Haití padeció la dictadura de los Duvalier por décadas, y lo más que hacían los gobiernos del hemisferio, y no todos, era darles refugio a quienes huían de los esbirros conocidos como tonton macoutes.

 

La desidia e intereses de José Miguel Insulza le llevan a ignorar las múltiples violaciones de los gobiernos de Venezuela a su propia constitución y a los convenios internacionales, pero ese mismo Insulza fue quien promovió que Cuba fuera de nuevo aceptada en la Organización de Estados Americanos sin que el gobierno de ese país respete los postulados de la Carta Democrática Interamericana.

 

Cuba ha participado en todas las Cumbres Iberoamericanas de Jefes de Estado y de Gobierno sin haber acatado los Acuerdos de Viña del Mar. Aún más, fue sede de uno de esos eventos, al que asistió la mayor parte de los presidentes del continente legítimamente electos.

 

Después, en la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, con la complicidad de todas las democracias del continente, Raúl Castro fue elegido para dirigir el organismo y ahora como colofón esas mismas democracias están impulsando que el gobierno de La Habana sea invitado a la Séptima Cumbre de las Américas, a celebrarse en Panamá en el 2015, a pesar que en la declaración de principios aprobada en su primer encuentro en Miami en 1994, afirma: “Los Jefes de Estado y de Gobierno elegidos de las Américas estamos comprometidos a fomentar la prosperidad, los valores y las instituciones democráticas y la seguridad de nuestro Hemisferio”.

 

María Corina Machado tiene toda la razón, la doble moral asfixia la democracia y nuestros políticos deberían asumir sus responsabilidades y defender la verdad como lo hace la diputada venezolana.

Maduro y su servilismo hacia La Habana

Angélica Mora

4 de julio de 2013

 

La ambición de Raúl Castro, que Venezuela y Cuba sean una sola nación, parece que hace tiempo que dejó de ser un sueño para tornarse una realidad.

 

Lo demuestra el acto de sumision de Nicolás Maduro, de ir regularmente a rendir cuentas a la Habana. Su última visita a Cuba fue a principios de julio, en una corta escala, antes de su regreso a Caracas, luego de su gira por Moscú y Minsk, la capital de Bielorrusia.

 

La oposicion venezolana estima como alta traición éste y otros gestos de entrega y sumisión del mandatario venezolano, de quien se duda su autenticidad electoral e incluso su nacionalidad.

 

“Nicolás hizo su paradita en Cuba antes de regresar de su paseo, motivo: revisar ascensos con su Jefe Raúl Castro”, escribió Capriles en su cuenta en Twitter.

 

Agregó: “Es inaceptable que el Sr. Raúl Castro y fuerzas militares cubanas revisen ascensos de nuestros militares venezolanos”.

 

Los ascensos a los militares han sido un tema muy delicado desde los tiempos de Hugo Chávez, quien sabía -junto a La Habana- que un nombramiento erróneo y un jefe de la fuerza armada equivocado podría ser catastrófico para la estabilidad del Gobierno de Miraflores.

 

Hoy lo más delicado, para mantener a los militares detrás de Maduro, es conciliar al grupo que apoyaba a Hugo Chávez en su intentona golpista contra Carlos Andrés Pérez en 1992 (estos ven a los cubanos como intrusos y sus órdenes como una injerencia en los asuntos venezolanos) y las fuerzas actuales, manipuladas directamente desde La Habana, en la persona de Nicolás Maduro.

 

-“Hoy hay más caciques que indios, me comentaba Marcos, un ex periodista venezolano, desde Caracas. Doscientos generales, contra los 12 que había antes de la llegada de Chávez al Poder en 1999”.

 

Maduro, en esta era de escuchas y espionaje, prefiere oir directamente las órdenes del propio Raúl Castro, quien, según la oposición venezolana será quien nombrará al próximo ministro de la Defensa de Venezuela.

Cuba, tremendo socio

Elides J. Rojas L.

3 de julio de 2013

 

El sueño del finado se está cumpliendo. La isla de la felicidad se siente en Venezuela

 

Una de las afirmaciones más famosas del comandante fallecido fue “La economía venezolana está blindada. Aquí no entra ni coquito”. Soberbia aparte, estábamos en los tiempos de la crisis de Estados Unidos y, como era de esperarse, el coletazo también pegó duro por aquí. Esa visión de blindaje solo es válida en países como Cuba o Corea del Norte que en medio de la ruina no les puede pasar ya más nada peor.

 

Pero en Venezuela, a pesar de la montaña de billete que ha pagado ingresado por petróleo, la ruina llegó y con ganas de quedarse por bastante tiempo. Pues, sin ninguna duda, el finado dejó un país en estado de disimulo, quebrado y en problemas, pero a punta de propaganda y mucha plata botada en elecciones, disfrazado de bienestar. Falso bienestar. Salvo para el clan de enchufados, los militares de alta alcurnia y los corruptos de ayer y de hoy, el resto del país está pasando casi tanto trabajo como un colega súbdito de la Cuba de los Castro.

 

¿Cómo hacen en Cuba para comer? Importan alimentos con la plata que les regala Venezuela. Se calcula que Cuba invierte más o menos 2.000 millones de dólares cada año en compra de alimentos para que sus presos ideológicos medio coman. Venezuela, más grande y con más habitantes, gasta 60 mil millones en lo mismo. Unos 20 mil se quedan en los bolsillos de los ladrones, los mismos cubanos tracaleros, la camada de vivos revolucionarios y sus empresas de maletín. Un país que gasta cada año más de lo que le ingresa, sin entrar en mayores profundidades va directo al hueco. Eso es lo que está ocurriendo en la Venezuela que heredó Maduro y que le tocará administrar con los mismos hombres que provocaron la debacle y los mismos cubanos detrás del trono.

 

Cuba y Venezuela ya son un ente corporativo similar, del mismo alcance. La única diferencia, y eso por ahora, es el ingreso petrolero que se salva por los altos precios, pero que tampoco alcanza para saciar la voracidad del clan socialista y todos los países satélites que viven de Pdvsa. ¿Ambos ruinosos tienen suficiente producción agrícola? ¿Los dos países en la carraplana tienen una buena capacidad industrial? ¿Tienen las dos islas de la felicidad un fuerte sector exportador? ¿Cómo está la capacidad de generación de empleo de las dos naciones? ¿Y cómo les va a estos revolucionarios binacionales en materia de captación de inversiones? ¿Se sienten satisfechos los pobres socios socialistas en materia de libertades económicas? ¿Están listos tanto los Castro como los herederos del finado para ingresar a la lista de las naciones más desarrolladas en los próximos años a punta de controles, confiscaciones, corrupción, persecuciones y elecciones trucadas?

 

Mañana mismo.

 

erojas@eluniversal.com / Twitter: @ejrl

¿No les bastó con la estulticia del 24?

Humberto Seijas Pittaluga*

1 de julio de 2013

 

Parece que no se conformaron con la extravagancia chocarrera del 24 de junio, en lo que se suponía una rendición de honores a quienes en el año 21 nos dieron la libertad en ese campo, pero que devino en pachotada con malandros en moto y franelas partidistas, con profusión de banderolas y alabanzas que buscaban darle legitimidad a Por Ahora arropándolo con un muerto, y con un alto oficial haciendo descarada propaganda partidista encaramado en la torreta de un tanque. Este último solo se diferenciaba de los primeros, en que aquellos llevaban las consignas por escrito es sus camisetas y este las vociferaba en cadena nacional a sabiendas de que estaba cometiendo una felonía al desoír voluntariamente lo que pauta el Art. 328 de la Constitución: que la Fuerza Armada Nacional es una institución “sin militancia política” que “en el cumplimiento de sus funciones está al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna”.

 

Razón tiene Chúo Torrealba al comparar a esos altos mandos con los malandros que desde las escaleras que conducen al cerro despojan de sus pertenencias a los que transitan por ellas: unos y otros actúan basados en que tienen la fuerza y a sabiendas de que nada les va a pasar por esos delitos. O, por lo menos, eso creen; porque saben que el Ministerio Impúdico y el Tribunal de la Suprema Injusticia se hacen los locos con esos desmanes… Razón también tenía Pascal al aseverar aquello de que “la fuerza, sin el freno del derecho, es despótica”.

 

Pero, repito, pareciera que al régimen y sus comparsas no les fue suficiente con ese “acto”. Que llenó de vergüenza a quienes portan, y portamos alguna vez, uniformes con la certeza de que solo mediante la recta institucionalidad de sus integrantes es que la institución armada puede ser garantía de verdadera patria. Por las muestras que dieron el domingo durante las ceremonias de ascensos a grados medianos del escalafón, ya se puede suponer qué es lo que devendrá durante la ceremonia de ascenso a generales y almirantes, y el desfile del cinco de julio. Inicialmente, había escrito “el Día de la Independencia”, pero lo borré porque ya la perdimos, ofrendada por el comandante dizque “eterno” y sus sigüíes —con la complicidad de los altos mandos— a sus amados Fidel y Raúl…

 

Si ya el tal MinPoPoDef, en uno de los actos del domingo, tuvo la avilantez de afirmar que el deber de la FAN es “mantener incólume la lealtad a la revolución”, ¿qué otra afrenta al honor militar no cometerá en los actos por venir? Los galones de almirante en jefe les quedan grandes a ese que no parece oficial sino operador político. Los oficiales de la Armada deben estar tragando muy grueso al ver que, en 200 años de historia naval venezolana, la única persona que porta (“detenta”, sería mejor verbo) ese grado no es un marino sino un infante que marea abordo. Pero, ¡bueno!, este es el país donde Dios le dio cachos al burro…

 

Y el Ilegítimo, no se quedó atrás, demostrando por qué todo el mundo lo conoce como Inmaduro. Adornado (o eso cree él) con una boina roja —si al difunto le gustaba más un micrófono que una mujer desnuda, a este le gusta más un cubre-cabeza que una ídem—, tuvo la osadía de auspiciar “…una Fuerza Armada antiimperialista, socialista, (…) y profundamente chavista”. Y lo remachó “Cuando decimos que tenemos una FANB profundamente chavista” y blablablá…

 

A los militares de pundonor —que deben abundar, pero que se han visto obligados a mantenerse desenfilados— esas arengas les resbalan. O, cuando mucho los hacen surgir soflamas en la cara. Pero a los otros, los asustadizos, hay que recordarles la forma sacramental por la cual se juramentaron como oficiales: “Prometéis a Dios y a la República, en presencia de la bandera, defender la Patria y sus instituciones…” Por ninguna parte aparecía: “el partido de gobierno y sus malhechores”.

 

Remato, “fusilando” una vez más a un amigo a quien reconozco muchos méritos en defensa de lo correcto, Luis Betancourt Oteiza: “Queremos pensar que nuestros generales y almirantes son más fanáticos que bandidos; más convencidos que corruptos. No puede haber otra explicación para una traición tan deleznable por evidente; tienen que explicar a sus mujeres e hijos que lo que hacen es por un ideal y no por un beneficio. Lo contrario sería denostar de su condición de soldados y confesar su ruindad personal. Pero ¿y si no es así? ¿Y si actúan movidos por miedo? ¿Por el miedo a perder sus posiciones y favores inherentes? ¿Por no ser tomados como fieles serviles al mandón? ¿Qué cuerpo de generales y almirantes tenemos en nuestras FAN?”

 

Yo creo que son más lo segundo que lo primero, don Luis…

 

*El autor es General de División (FAR), en situación de retiro.

Universidad y tramposos

Fernando Rodríguez

1 de julio de 2013

 

Las universidades libres, autónomas, del país han rechazado desde sus inicios y de manera masiva, profesores y estudiantes, las barrabasadas de este Gobierno de sargentos y bucaneros; todas las elecciones lo han demostrado

       

Las maneras como se ha manejado la cuestión universitaria en la era de Chávez es un modelo de mala fe moral y política de alta intensidad. El drama permanente, como se sabe, es simple.

 

Las universidades libres, autónomas, del país han rechazado desde sus inicios y de manera masiva, profesores y estudiantes, las barrabasadas de este Gobierno de sargentos y bucaneros; todas las elecciones lo han demostrado.

 

Lo cual es una grave lesión para una sedicente revolución, sin juventud ni vanguardia intelectual. Bueno, ésta ha hecho todo por revertir tan poco gallarda situación. Trató de tomar la UCV a las patadas, al inicio del gobierno, y a las patadas fueron echadas las brigadas fascistas.

 

De allí quedaron unas bandas armadas que durante más de un decenio han maltratado sistemáticamente las instalaciones y la paz de sus moradores no logrando otra cosa que hacer crecer el repudio hacia su calaña de matones a sueldo.

 

Por otra parte intentaron una ley de universidades, verdadero estercolero de populismo, que el Eterno tuvo que vetar por razones muy tácticas, al fin y al cabo la Universidad tiene un enorme poder en el país, por generar sus élites imprescindibles, por los millones de venezolanos que giran en torno a ella y por su tradición de luchas.

 

Pero, muy en su estilo, poco después se trasladó arteramente un artículo de la Ley Orgánica de Educación para obligarla, sadismo calculado, a autoaplicarse un sistema electoral que acababa con el principio universal y necesario de su estructura meritocrática. Lo que ha hecho que en años no pueda renovar sus autoridades.

 

No hay porque insistir, mucho se ha hecho en estos días, en el bestial cerco hambreador que redujo al absurdo los salarios de profesores y empleados y las ayudas estudiantiles.

 

Cercenando de paso sus niveles de calidad docente, con una importante fuga de cerebros, y la posibilidad de cumplir fundamentales funciones, tan vitales como la investigación o la extensión.

 

Pero el Gobierno se dedicó a una labor muy sui generis. Crear universidades, supuestamente inclusivas y populares, que son una verdadera estafa a sus usuarios y que sólo el nombre tienen en común con esas complejas entidades.

 

En un país en que toda la educación es un desastre, con una alta deserción temprana y en el que ni siquiera hay personal para cubrir asignaturas esenciales de la educación secundaria, resulta que triplicamos los universitarios brasileños, sexta economía del mundo y con uno de los más vertiginosos desarrollos científicos y tecnológicos del planeta y doblamos la media del subcontinente.

 

Y proporcionalmente tenemos más estudiantes de educación superior que Estados Unidos, China, Francia, Japón o España, entre muchos otros.

 

Somos el quinto país del mundo, una potencia como pide el Plan de la Patria. No hay que hacer muchos comentarios para caer en cuenta de la aberrante farsa que se ha montado, triste circo para el consumo clientelar. Payasada planetaria.

 

Pero que ahora se utiliza, con aberrantes manipulaciones legales, como trasgredir normas constitucionales y firmes disposiciones legales en una contratación colectiva, algunos devaluados churupos de por medio, para demostrar que las verdaderas universidades (todavía) son un minoritario 15% de la educación superior y una bagatela numérica si sumamos empleados, obreros, egresados y hasta consejos comunales y vendedores de chucherías.

 

El resultado de todo esto no será otro, si no nos oponemos como lo estamos haciendo, que la desaparición de lo más entrenado y funcional de la inteligencia venezolana y su conversión en una sórdida noche donde todos los gatos son pardos. Y el país no en una potencia, sino en una parranda de ignaros.

Estambul, sí; Río, sí…

¿Por qué todavía no, en Caracas y en La Habana?

Mario J. Viera

30 de junio de 2013

 

Hay muchos que se interrogan el por qué se han producido protestas masivas en Estambul y en Río de Janeiro, en tanto que en Caracas y en La Habana, donde existen mayores razones para el estallido de una protesta popular, estas no se han producido de manera masiva y consistente. Tal vez muchos culpen la aparente falta de combatividad de cubanos y venezolanos a una carencia de civilismo, a un estado de apatía y desidia generalizado, e, incluso, a la cobardía social.

 

Quizá esto sea cierto, pero solo en parte y solo dentro de determinadas condicionantes.

 

Henrique Capriles ve una gran diferencia entre las posiciones del gobierno brasileño y las del gobierno de Venezuela. Según el líder opositor venezolano: "Brasil tiene una presidencia que reconoce a la oposición pero en (Venezuela) la protesta universitaria por ejemplo ha tenido como respuesta el desconocimiento a los profesores, a los estudiantes y tildarlos de conspiradores".

 

Esto también es cierto pero solo dentro de un marco específico de la realidad y solo en parte.

 

Fernando Mires analizando la razón de que en Venezuela no se haya realizado una fuerte protesta masiva, la encuentra en la condición estatista del chavismo; es decir en “un proceso de toma del poder, pero no por una clase social externa al estado, sino por un partido identificado cien por ciento con el estado” lo que dicho con otras palabras: “se trata de un proceso de doble toma de poder. Por una parte, la toma del estado por el gobierno. Por otra, la toma de la sociedad por el estado”.

 

Este criterio puede aplicarse al régimen castrista; primero los rebeldes de la Sierra Maestra tomaron el gobierno y acto seguido, asaltaron el Estado. La llamada Revolución Cubana tuvo como objetivo la estatización de toda la vida social del país, primero suprimiendo el Congreso cuando le dio la capacidad legislativa a la junta de gobierno que estableciera, posteriormente el asalto al poder económico colocando toda la economía bajo el imperio y las directrices del Estado para continuar suspendiendo el ejercicio electoral e impulsar la creación de un Partido de gobierno desde el propio Estado.

 

No se equivocó Mires cuando afirmó que “ahí donde crece el estado no nace la sociedad”. El estatismo conduce inevitablemente al totalitarismo y los grupos sociales se masifican en un ente colectivo, irresponsable e ignorante. Ese fue el trabajo sistemático de Fidel Castro durante su liderazgo al frente de su gobierno usurpador: colocar a toda la sociedad bajo la hegemonía del poder estatal y ejercer la represión selectiva para acallar cualquier tipo de protesta o expresión de malestar. El castrismo logró, lo que intenta alcanzar el chavismo, “quebrar la columna vertebral de la sociedad” de tal modo que se hiciera prácticamente imposible “una comunicación de tipo horizontal entre diversas organizaciones sociales”. Quien no comprenda este acierto posee una ignorancia supina de la sociología más elemental.

 

Como dijera recientemente Henrique Capriles: “La protesta tiene que ser expresión del pueblo, sobre la base de problemas concretos”. Como bien señalara Gustave Lebon en “Psicología de las revoluciones”: “La masa constituye un ser amorfo que no puede hacer nada y no hará nada sin una cabeza que la conduzca”.   Para que se inicie una protesta se requiere la conducción de las multitudes por agitadores decididos, que tomando como consigna un problema concreto de la sociedad inciten a una acción resuelta por parte de la población. Pero para lograr esa respuesta hay que vencer al miedo latente en las poblaciones sometidas a regímenes policiacos. El miedo se vence con el ejemplo, con la obstinación casi suicida de activistas decididos. Ningún movimiento de protesta es espontáneo, requiere de todo un proceso previo de preparación y concientización.

 

En Brasil, en Turquía no existe un estado policiaco; el gobierno no es todo el estado y existe la separación de poderes. Donde el gobierno es el que legisla y al mismo tiempo domina y controla los poderes judiciales, iniciar una protesta masiva es un acto de suprema desesperación. Todo el poder del Estado contra la población. Si a esto agregamos, como sucede en Cuba bajo el castrismo, que no existen fuertes y bien estructuradas organizaciones de la sociedad civil, donde las organizaciones sociales, como los sindicatos y las organizaciones estudiantiles están bajo el poder del gobierno-estado, donde no existen partidos legalizados de la oposición, donde los medios de comunicación masivas están bajo el poder monopólico de los órganos del estado, la movilización de las multitudes se convierte en prácticamente irrealizable.

 

Existe descontento en Cuba, como existe en Venezuela; pero el descontento para que impulse a la acción desesperada de las protestas masivas tiene que ser, como dijera Lebon, universal y excesivo, requiriéndose “la continua o repetida acción de dirigentes”. En Venezuela, aún el descontento no se ha hecho universal, aunque existen activistas opositores que cuenta con más o menos capacidad de activismo. En Cuba, el descontento se está haciendo universal, pero los líderes que pudieran canalizar de modo efectivo ese descontento están ostensiblemente limitados por el control policiaco.

 

Pretender desde el exilio una rebelión en Cuba que asalte la Plaza de la Revolución como si fuera la Plaza Tahrir en el Cairo es no tener la menor idea sobre la dinámica social. Algún discrepante que hace de la discrepancia un oficio, lanzará rayos olímpicos sobre el pueblo cubano, exigiéndole acción frontal contra el régimen y acusándole de complicidad con sus tiranos. Desde el exilio no tenemos la moral para exigirle a los que están en la isla la comisión de actos desesperados. Muchos nos enfrentamos al régimen pero abandonamos el país para acogernos al exilio. Lo que no pudimos o no fuimos capaces de hacer en Cuba no debemos exigirlo para que de manera espontánea La Habana se convulsione en una serie de protestas callejeras que desestabilicen al gobierno.

 

Nuestra labor desde el exilio es denunciar los crímenes de la dictadura, buscar apoyo para el movimiento opositor dentro de Cuba y apoyar sin exclusiones a sus activistas, sin imponerles directivas.

 

Ya muchos en Cuba manifiestan su descontento, todavía de manera tímida, pero actuando en la pasividad. Muchos cubanos ya no participan en los simulacros electorales del régimen o van al colegio electoral y anulan la boleta o la entregan en blanco. Las elecciones son también, como ha dicho Mires, otro modo de protestar. Muchos activistas de derechos humanos y de la oposición ya se atreven a salir a las calles y hacer protestas enfrentando a los represores y sin el apoyo inmediato de la ciudadanía que, no obstante, con su silencio manifiesta su apoyo a los valerosos activistas.

 

El descontento crece en Venezuela; el descontento es ya enorme en Cuba, solo falta el momento propicio, la oportunidad de un instante, para que tanto en La Habana como en Caracas las plazas públicas y las calles se conviertan en un hervidero de furiosas protestas reclamando la caída de un gobierno incompetente, corrupto y represor.

¿Es Capriles demasiado blando?

Antonio María Delgado

adelgado@elnuevoherald.com

29 de junio de 2013

 

La oposición venezolana parece estar atravesando simultáneamente por su mejor y peor momento, con el oficialista régimen de Nicolás Maduro tambaleándose bajo una crisis de legitimidad y los efectos de una economía en bancarrota, pero con un liderazgo que comienza a ser cuestionado por su pasividad y por tratar al chavismo como si compitiera dentro de una democracia suiza.

 

Analistas consultados dijeron que un número cada vez mayor de voces han comenzado a cuestionar la estrategia adoptada por el candidato opositor Henrique Capriles ante la impugnación de los resultados electorales del 14 de abril, señalando que la negativa del dirigente de protestar en la calle el robo de la elección dio tiempo para que la comunidad internacional se acostumbrara a ver a Nicolás Maduro en el poder.

 

Capriles ha explicado que su negativa se debe al deseo de evitar choques violentos que podrían haber dejado decenas de muertos.

 

No obstante, otros lo ven como un incumplimiento por parte del joven dirigente del papel histórico que le tocaba jugar, bajo el argumento de que una eventual victoria electoral en Venezuela, contra un régimen autoritario que solo cree en el uso de las instituciones democráticas como una falsa coartada, implicaba la adopción de una mayor firmeza para hacer respetar la voluntad popular.

 

“Cuando uno asume un compromiso de ese nivel, se debe estar dispuesto a darlo todo, incluso la vida”, comentó el asesor político Esteban Gerbasi.

 

“Henrique demostró que no estaba a la altura de las circunstancias. Ganó las elecciones y no supo cómo asumirlo”, agregó.

 

Según Gerbasi, la lucha contra el régimen bolivariano controlado desde La Habana por los hermanos Castro requiere de ese tipo de compromiso.

 

“No se puede tratar la lucha por el poder en Venezuela como si se tratase de una democracia europea. En el país lo que hay es un régimen totalitario, controlado por otro régimen totalitario que tiene más de cinco décadas de experiencia en la represión y el control social”, comentó Gerbasi.

 

Funcionarios del gobierno venezolano no estuvieron disponibles esta semana para conversar sobre las acusaciones de autoritarismo y sus vinculaciones con el régimen de Raúl Castro.

 

Los cuestionamientos a Capriles son formulados en momentos en que la impugnación introducida por Capriles de los resultados electorales ante las cortes chavistas parece haber llegado a un punto muerto, bajo la mirada indolente de la comunidad internacional.

 

La reciente decisión de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) de quitarle la impugnación a la Sala Electoral es un paso para acelerar el proceso de pronunciarse en contra de la oposición, explicó el analista e investigador Antonio De La Cruz.

 

“[Con la decisión], la Sala Constitucional podrá empaquetar los seis procesos en uno, y darle una sola sentencia bajo la racionalidad de que el Poder Electoral determinó que la auditoria había ratificado los resultados electorales del pasado 14 de abril”, dijo De La Cruz, al enfatizar que Maduro se muestra ansioso de cerrar el capitulo electoral para poner así fin a las acusaciones de que se robó las elecciones.

 

“Erradicar los procesos introducidos por Capriles ante la Sala Electoral del TSJ a la Sala Constitucional le permitiría al gobierno de Maduro resolver la situación de ilegitimidad de origen”, sostuvo.

 

Una decisión del TSJ, agrupación que es controlada totalmente por el chavismo, podría fin a la impugnación electoral, lo que dejaría a la oposición venezolana acudiendo a las esferas internacionales para tratar de obtener algún tipo de respaldo simbólico.

 

No obstante, la crisis de legitimidad no es el único dolor de cabeza que aqueja a Maduro, quien sucedió al fallecido Hugo Chávez a la cabeza de la “revolución bolivariana” para enfrentar una larga hilera de problemas.

 

El mayor de ellos reside en el gradual colapso de la economía venezolana, provocada por 14 años de políticas hostiles al empresariado que han destruido el aparato productivo generando escasez y miseria en el país con las mayores reservas petroleras del mundo.

 

Y son precisamente esas contradicciones provocadas por los fracasos del chavismo lo que lleva a muchos analistas a concluir que el régimen de Maduro tiene sus días contados, incluso aún ante la esperada negativa a la impugnación.

 

“Aquí en Venezuela lo que está planteado es un reventón”, comentó el asesor político Orlando Viera-Blanco.

 

“En Venezuela no hay papel higiénico, en Venezuela no hay dólares, en Venezuela el [tipo de cambio] paralelo está en 35 bolívares, la inflación está acabando con el bolsillo de la gente, no hay empleo estable, y a esto hay que agregarle el aderezo de entre 20.000 y 25.000 muertos al años [a manos del hampa]”, explicó Viera-Blanco.

 

Es una situación que es insostenible y que podría provocar un estallido social que no estaría necesariamente protagonizado por los millones de electores que votaron a favor de Capriles en abril.

 

“Aquí puede venir un reventón inclusive de la propia sociedad de los más desposeídos, quienes tradicionalmente han pagado los platos rotos, que son los pobres, que podrían estar atravesando en este momento por un momento de decepción y hasta de duda respecto a la capacidad del señor Maduro, o de la revolución, o del partido de gobierno, para seguir regentando los destinos del país”, señaló.

 

Pero si bien el chavismo parece tener en este momento las fuerzas de la historia en su contra, también es cierto que es mucho el camino que le queda andar a la oposición para poder posicionarse en las preferencias de aquellos sectores de la población que tradicionalmente han respaldado al oficialismo.

 

Viera-Blanco defiende a Capriles señalando que su actuación ha sido responsable en un juego donde su espacio de maniobra es bastante limitado y donde la oposición, pese a haberse convertido ya en la primera opción electoral en Venezuela, aún no cuenta con estructuras sólidas dentro de cada una de las comunidades venezolanas para ayudar a activar a la ciudadanía.

 

“Para uno activar un proceso de base, uno tiene que crear redes. Eso ciertamente es una tarea que la oposición debe ir perfeccionando, y creo que Capriles está tratando de hacerlo en este momento. El sigue recorriendo el país”, comentó el asesor político.

 

“La oposición debe dejarse de patinar en el tema electoral y concentrarse en la realización de un trabajo político que genere reflexión, que vaya más allá de la campaña electoral y que comience a activar no solo a los distintos actores del poder, sino a la ciudadanía”, agregó.

 

Ese trabajo de “anclaje político” es necesario para poder terminar de pasar el capítulo que el chavismo, y la activación política debe ser asumida por cada uno de los ciudadanos deseosos de ver un cambio en el país, independientemente de lo que haga el liderazgo político.

 

“Esto no está en lo electoral. No vamos a tener salidas electorales en Venezuela. Y creo que esa es una preocupación que no solamente se agota en los actores políticos, y en el líder político, sino que también requiere de una reflección profunda de la sociedad venezolana, y de una activación de cada uno de sus ciudadanos”, dijo.