REPRESIÓN  A  LA  LIBERTAD  DE  EXPRESIÓN

EN LA CUBA DE FIDEL CASTRO

José Martí:

El respeto a la libertad y al pensamiento ajenos, aun del ente más infeliz, es mi fanatismo: si muero, o me matan, será por eso”.

 

 

Artículo  19  de la  Declaración Universal de Derechos Humanos:

Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.

Cuba, un país donde están penalizadas la discrepancia y la opinión

Policía tapa un grafiti de “Abajo Fidel”

 

 

Las Damas de Blanco son reprimidas

 

Anciana actriz es golpeada salvajemente

Véase

El lenguaje y el totalitarismo*

Carlos Alberto Montaner

6 de septiembre de 2013

 

Gracias por invitarme a colaborar con este foro sobre la libertad de expresión.

 

No voy a entrar en los asuntos concretos de Venezuela porque aquí hay expertos que conocen el tema mucho mejor que yo.

 

En realidad éste es un viejo debate que comenzó hace muchos siglos.

 

Tal vez en el siglo XIII, en la Universidad de Oxford, cuando unos franciscanos defendieron la idea de que las autoridades religiosas no tenían el monopolio de interpretación de la realidad.

 

Hasta ese momento reinaban el método y la visión escolásticos. Todas las verdades ya habían sido descubiertas por las autoridades de la Iglesia y al conjunto de la sociedad sólo le correspondía verificar lo que ya se había establecido.

 

El totalitarismo es la expresión actual de aquel monstruoso ataque a la razón.

 

Los venezolanos que, durante al menos 40 años, disfrutaron de un lenguaje político plural, hoy contemplan, justamente horrorizados, cómo el régimen chavista, que es una expresión del totalitarismo, va adueñándose de todas las palabras.

 

Me explico. Un régimen totalitario no es sólo aquel que acapara todas las empresas e instituciones.

 

Antes de llegar a ese punto, el régimen totalitario debe construir una especie de telaraña verbal para sujetar al conjunto de la sociedad.

 

Por encima de todo, el régimen totalitario es el que impone por la fuerza un relato único, una sola voz de mando, una indiscutible interpretación de la realidad.

 

La cúpula totalitaria lo sabe todo, es dueña de verdades absolutas y a partir de ese convencimiento genera un tipo de relación autoritaria que somete a la sociedad a los caprichos de la dictadura.

 

¿Cómo se forma parte de la dictadura? Quiero decir, más allá del voto ritual en las elecciones amañadas, ¿cómo se manifiesta la adhesión al totalitarismo?

 

Muy sencillo: suscribiendo el relato y repitiendo el discurso oficial.

 

Los regímenes totalitarios son dictaduras corales. El coro tiene que estar afinado. Quien emite una nota discordante es un disidente.

 

Si su disidencia consiste en aportar una interpretación distinta del pasado, es un revisionista.

 

Si su disidencia es un juicio severo sobre alguna lacra del presente, es un hipercrítico que actúa movido por oscuros intereses económicos.

 

Si la disidencia radica en predecir un futuro diferente, la acusación es desviacionismo.

 

Para lograr la unanimidad del discurso, para conseguir el coro perfecto, el régimen totalitario arma jaulas institucionales.

 

El presidente o sus portavoces seleccionan y desacreditan públicamente a los enemigos de la unanimidad.

 

El parlamento legisla para crear reglas que castigan a estos temerarios que disienten.

 

Los tribunales se encargan de convertir esas reglas en sentencias.

 

Las fuerzas del orden público castigan a las voces rebeldes que han roto el perfecto afinamiento del coro.

 

Los medios de comunicación durante el proceso, han difamado y desacreditado al adversario.

 

Cuando ya está exiliado o preso, si no lo han liquidado físicamente, esos medios salen al campo de batalla para rematarlo moralmente.

 

El acto final es darles el tiro de gracia moral a los heridos.

 

Los llaman terroristas, fascistas, agentes de la CIA, burgueses despreciables que medran con la pobreza de los necesitados. Cualquier ofensa es conveniente y útil para sus planes.

 

El lenguaje de los medios de comunicación al servicio del totalitarismo tiene que ser siempre descalificador.

 

El opositor jamás es una persona que tiene una opinión diferente. El adversario es siempre un canalla guiado por los peores intereses.

 

Quien se opone es un malnacido, un tipejo al servicio de poderes extranjeros.

 

Ese lenguaje de odio es esencial para poder destruir físicamente a los adversarios. Hitler llamaba gusanos a los judíos que se proponía exterminar.

 

Fidel, Raúl y los medios de comunicación de ese régimen totalitario llaman del mismo modo a los cubanos que se le oponen.

 

La agresión siempre comienza por el lenguaje.

 

La consecuencia de este clima de inmensa hostilidad verbal, seguido de instituciones totalitarias dedicadas a construir sociedades corales, es la desaparición gradual de la rebeldía y el oscurecimiento de la realidad.

 

La verdad oficial sustituye a la verdad real.

 

Las personas, aterradas, comienzan a repetir mecánicamente el discurso oficial. Eso es lo seguro.

 

Aprenden a callar sus verdaderos criterios y a esconder sus emociones para poder sobrevivir.

 

Pero hacen algo todavía más grave: enseñan a sus hijos a mentir. Los convierten en mentirosos para que no corran peligros ante la saña del estado totalitario.

 

Cuando eso sucede, ya es muy difícil zafarse el nudo dictatorial.

 

El mecanismo es diabólico: una vez que la persona asume el relato oficial y repite el discurso de los amos del poder, se desata el proceso de la disonancia.

 

Quien la padece vive la incomodidad tremenda de creer una cosa, decir otra y hacer, cuando puede, algo diferente.

 

La disonancia, esa incoherencia moral lastima profundamente. Los seres humanos están sicológicamente predispuestos para la coherencia, para decir la verdad.

 

Lo he repetido muchas veces: ¿están conscientes quienes me escuchan de las reacciones fisiológicas que ocurren cuando mentimos?

 

Nos sudan las manos y las axilas, nos cambia la voz, se dilatan las pupilas, el corazón se acelera, la piel se enrojece. Hay toda una reacción fisiológica, como si el organismo se rebelara.

 

Y es que se rebela. Se rebela tanto, que al cabo del tiempo, esa rebelión se somatiza como una gran tristeza, como una pena infinita.

 

Entonces ocurre el fenómeno psicológico que espera y beneficia a la dictadura: surge una de las variantes del Síndrome de Estocolmo.

 

Es tanto el miedo, es tan grande el pesar, que se presenta una especie de docilidad voluntaria, incluso de afecto por el que nos hace daño.

 

En ese punto, se ha cerrado la última reja de la jaula. Los totalitarios han domado a sus víctimas con el lenguaje.

 

Naturalmente, las consecuencias de ese terrible fenómeno es la pobreza material creciente de la sociedad y la pobreza moral, también creciente.

 

Del empobrecimiento que produce la falta de libertad, no hay que hablar. Lo conocemos todos.

 

El empobrecimiento moral es otra cosa. Es la anomia, que dicen los sociólogos. Sometidos todos a unas reglas absurdas y falsas, secretamente se va gestando una sociedad sin normas, en la que todo vale. Eso es la anomia. Algo así como la ley de la selva.

 

Es asombroso que ese devastador proceso comienza cuando nos roban las palabras, pero es así. Lo hemos visto mil veces. Por eso es tan dañino el totalitarismo.

 

* Texto leído en el foro “El socialismo del siglo XXI y sus repercusiones en la libertad de prensa”, organizado por la Asociación de Periodistas Venezolanos en el Extranjero. Miami Dade College. CLACI. 6 de septiembre de 2013.

Las verónicas del intercambio

Alberto Sánchez

24 de enero de 2014

 

La última vez que el cantautor cubano Pedro Luis Ferrer vino a cantar a Miami, le pregunté si El abuelo Paco, una canción de principios de los años 1990, se la había dedicado al dino-gobernante Fidel Castro. Pero Pedro Luis me dijo que no, que estaba dedicada a su abuelo Paco. Días antes había dicho lo mismo en el programa Esta noche tu Night, que conducía entonces Alexis Valdés, en el canal Mega TV.

 

La respuesta me sorprendió porque había escuchado la canción en uno de sus conciertos en Cuba, donde me divertí a rabiar con sus ocurrencias. Esa noche Pedro Luis, ingenioso como siempre, habló de que estaba actualizando Ay mamá Inés, la famosa canción de Eliseo Grenet. Cambió el estribillo que dice “Todos los negros tomamos café”, por “Ay mamá Inés, ay mamá Inés, ya ni los blancos tomamos café”. No tuvo que explicar nada: todo el mundo rompió a reír, excepto un señor, sentado dos asientos a mi izquierda, con guayabera, cara de aburrido y el discreto aspecto de esos agentes de la inteligencia cubana, que asisten a los conciertos para escuchar e informar.

 

Y aquella vez, con El abuelo Paco, tampoco hizo falta explicaciones. Todos en el teatro aplaudieron convencidos de que estaba dedicada a Fidel Castro. La canción se refiere a un viejo malas pulgas, recalcitrante y cascarrabias, opuesto a cualquier cambio, renuente a cualquier idea diferente a las suyas, al que es muy peligroso contradecir. ¿A quién más se podía parecer?

 

Luego, en el concierto en Miami, cuando introdujo El abuelo Paco, el público lo aplaudió y Pedro Luis con una sonrisa muy suya, entre lo pícaro y lo cómplice, comentó con la frase: “Bueno, al que le sirva el sayo, que se lo ponga”, a lo que se le podría agregar que a buen entendedor con pocas palabras bastan.

 

La anécdota de Pedro Luis Ferrer se ha repetido de alguna u otra manera, con sus matices, con otros cantautores cubanos que vienen a Miami y se enfrentan a un tipo de periodismo al que no están acostumbrados. Aunque luego, en honor a la verdad, en el teatro se vuelven más explícitos, más extrovertidos, menos “preservativos”, para utilizar un término del propio Pedro Luis.

 

Así ocurrió con Carlos Varela. Cuando lo entrevisté me definió de manera muy ingeniosa la realidad cubana de hoy: “Los cubanos no quieren el pan, quieren la panadería”. Para ser justos, en un momento de su concierto, el autor de Retrato de familia y Guillermo Tell, gritó “¡Viva Cuba libre!” Y el teatro se vino abajo en vítores y aplausos.

 

Un poco más acá, el cantautor Polito Ibáñez apareció en el programa El espejo, que conduce Juan Manuel Cao en América Tevé. Polito había llegado a Miami por los días en que el cantante Robertico Carcasés estaba en la mirilla de las autoridades culturales cubanas, y Silvio Rodríguez mediaba para que no le suspendieran sus actuaciones. En una presentación en La Habana había pedido su derecho a comprar un carro, a elegir directamente a su presidente, libertad para María –nunca dijo quién era ella– y para (por si las moscas) a los cinco héroes (del español espías), presos en Estados Unidos.

 

En la entrevista Cao, quien presentó como rebelde y un tipo buena gente al autor de Sombras amarillas, lo invitó a cantar una canción para su amigo Robertico Carcasés, o a dedicarle alguna en el concierto que iba a dar por esos días. Ibañez eludió la respuesta con argumentos muy similares al movimiento de una verónica, ese pase clásico y elegante con el que el torero se para de frente, y evita la arremetida del pobre toro, ya condenado a muerte de antemano. En un castellano más común a eso le dicen “pasarse con ficha”, una expresión cubana que define el humillante e imperdonable error de los pésimos jugadores de dominó que tienen una ficha y olvidan ponerla en juego. También se utiliza para los que evitan dar una respuesta concreta.

 

Muchas de estas interpretaciones son el resultado de tantos años de censuras y de tener cuidado con lo que se dice o lo que se piensa en Cuba. Los cubanos se han vuelto sutiles, dados a las segundas y terceras lecturas en cualquier cosa, hasta en las canciones populares. Ni el mismo Silvio Rodríguez pudo escapar de este fenómeno: durante mucho tiempo se pensaba que Ojalá (“…pase algo que te borre de pronto, ojalá por lo menos que te lleve la muerte, para no verte tanto, para no verte siempre…”) se la había compuesto a Fidel Castro.

 

Así ocurrió también con Ese hombre está loco, de la rockera Tanya. Agua de coco, de Monte de Espuma, se interpretaba como una alusión a la escasez de alimentos, y Nos estamos quedando solos, de Arte Vivo, se convirtió en una suerte himno de los balseros que emigraron a la base de Guantánamo en agosto de 1994. Hasta María Cristina (“me quiere gobernar, y yo le sigo, le sigo la corriente…”), la famosa guaracha de Ñico Saquito, sirvió alguna vez para referirse con sorna y disimulo a Fidel Castro.

 

Hace unos años, días antes que llegara a Miami, le pregunté al salsero cubano Paulito FG si le gustaría compartir el escenario con algunos de los cantantes cubanos residentes en Miami, especialmente con Manolín, con quien llevaba una falsa controversia en Cuba. Su respuesta fue que solo venía a cantar, sin pretensiones de crear polémicas de otro tipo. Ya en la ciudad del sol, la periodista Patricia Arbulú lo presionó un poco en su programa de GenTV, y Paulito terminó diciendo que durante toda su vida “había creído en el comandante”, refiriéndose a Fidel Castro. Cuando la entrevista se ponía mejor, a falta de un árbitro con una campana cerca, el encargado de sus presentaciones lanzó la toalla, y lo sacó del estudio antes de que la cosa se le complicara más.

 

El incidente desató el rumor de que se suspenderían las presentaciones, de La Covacha y la discoteca Krystal, y provocó una modesta protesta de la organización de Vigilia Mambisa. Luego en Cuba, Paulito diría que fue víctima de la ambición de publicidad de sus promotores en Miami.

 

A estas alturas no sé si aquello sirvió para promocionar las presentaciones del salsero cubano o para hacernos ver que existen personas en Miami capaces de abarrotar un centro nocturno para ir a ver un cantante cubano residente en Italia, que dice simpatizar con el legado de los Castro. Quizás esas declaraciones en Minesota o Nueva Dehli no tengan un gran significado, pero en Miami lastiman mucho.

 

¿Fue sincero? Eso habrá que preguntárselo después, ahora sería como perder el tiempo. Creo que habrá que esperar para saber si dijo la verdad. Al menos hasta que no haya necesidad de que Silvio Rodríguez tenga que mediar por un cantante al que pretendan censurar por pedir que liberen a María. Algo por allá todavía no anda bien, cuando los artistas tienen que seguir ejecutando verónicas para evitar una cornada.

 

albertosanchez415@yahoo.com

 

 

 

Una temporada en el limbo: Cuba, 1965

Diego A. Manrique

23 de noviembre de 2013

 

Ya saben de la última perla hallada en el océano de textos dejados por Guillermo Cabrera Infante en su casa londinense. Mapa dibujado por un espía (Galaxia Gutenberg) es la crónica de un período de callado dramatismo en la peripecia del autor cubano. GCI ha creído alejarse del fragor caribeño, de las luchas intestinas de la Revolución, al instalarse en Bruselas, donde ejerce de agregado cultural (*). En Bélgica está Miriam Gómez, su esposa, también empleada de la Embajada de Cuba. Hasta que retorna a Cuba para el entierro de su madre.

 

Al píe del avión que le llevaría de vuelta a Europa, en compañía de sus dos niñas, fruto de su primer matrimonio, le ordenan permanecer en la isla. Lo que sigue es una pesadilla: cuatro meses varado en La Habana, temiendo un zarpazo del castrismo, que le considera un disidente, aunque Cabrera Infante sea públicamente el más prudente de sus amigos. Tiempo suficiente para apreciar la pobreza general, el surgimiento de las jineteras, la degradación urbana y, sobre todo, el miedo que atenaza a los círculos artísticos e intelectuales.

 

Crece la tensión. Si le niegan el pasaporte, pocos le van a echar de menos: todavía no ha salido su magno Tres tristes tigres, que le universalizará. El autor sabe que se le acaba el tiempo: su hermano Sabá, destacado en Madrid, va a solicitar el asilo político. Y también surgen razones para no moverse: entre sus abundantes lances eróticos, se enamora de una jovencita llamada Silvia. Pero, signo de los tiempos, llega a temer que esta sea una agente de Manuel Piñeiro, alías Barbarroja, gran señor de los servicios secretos, que desconfía de los hermanos Cabrera Infante, aunque sean hijos de comunistas.         

 

Mapa dibujado por un espía es un texto inacabado. No fue reelaborado literariamente por el autor, lo que seguramente impidió que se colaran valoraciones a posteriori, anatemas para tantos amigos que se quedaron y se envilecieron. Hay seudónimos y nombres dejados en blanco: Cabrera Infante no va a ejercer de chivato. Lo que encontramos aquí es el día a día, las frustrantes minucias, los encuentros en distancias cortas.

 

Vemos a un Nicolas Guillén indignado de que Fidel Castro haya usado una visita a la Universidad para atacarlo -”¡ese es un haragán!”- y afirmar su preferencia por Alejo Carpentier. Un Guillén seguramente intimidado: el poder de Fidel es total, sin necesidad de juicios. Puede castigar a un colaborador que llega tarde: encierra al tardón en una caseta durante dos semanas; ninguna broma en un clima tropical.

 

Una Haydée Santamaría, de alguna manera beatificada tras su suicidio en 1980, aparece aquí mucho menos risueña de lo que nos cuentan. Y luego está la variación bolchevique del fan fatal: Enrique Oltuski, guevarista, preso tras confirmarse un desastre agrícola sobre el que ya había avisado, o Walterio Carbonell, caído en desgracia por sugerir un black power a la caribeña. Ambos resistirán en la Isla Grande, incapacitados para romper con la Revolución, demasiado cubanos para aceptar la posibilidad de exiliarse.

 

Arropado por familia y amigos, Cabrera Infante va comprendiendo la profundidad de la represión. Vean la portada de una revista de 1965: el perro Pucho, mascota de la Revolución, pisotea a homosexuales, intelectuales, melenudos. Guillermo se entera de las penalidades del chaval de 18 años al que están haciendo la vida imposible en el servicio militar al saberse que escucha música pop; expresamente prohibida en la radio o en la TV, también está mal vista su audición privada. Igual que hicieron los stilyagi (“modernos”) en la Unión Soviética, los aficionados cubanos aprenden a fabricar discos caseros con las placas de rayos X. Gracias a la cercanía con La Florida, es posible captar emisoras estadounidenses y grabar en cinta las últimas novedades.

 

Para el régimen cubano, la música pop en inglés es intolerable: contaminación ideológica. Hay diferentes grados, es cierto: está un poco mejor visto el pop británico que el estadounidense (hasta que ambos son vetados).

 

Con su habitual cintura, Castro da el visto bueno al pop español, que resulta inmensamente popular a través de Nocturno, un programa de Radio Progreso. Entran en tromba Los Brincos, Juan & Junior, Los Mustang, Los Bravos, Fórmula V, Los Diablos (hasta tiempos recientes, algunos de estos conjuntos se reunían regularmente para actuar en Miami, ante públicos de exiliados cubanos atacados de nostalgias nocturnas).

 

También está mal considerado el jazz. Preparando su huida, Guillermo pone en venta sus discos y alguien le encuentra comprador. Felizmente, esquiva una invitación para conocer al nuevo propietario y su amplia colección. Esa misma noche, entra la policía y pillan al jazzero fumando marihuana: le ha denunciado su mujer. Cuatro años de cárcel.

 

Cabrera Infante aprende que urge cortarse el pelo y evitar los pantalones estrechos. La disidencia estética es señal de desafecto política, lo que puede significar un billete de ida para los trabajos forzados en las Unidades Militares de Ayuda a la Producción, las brutales UMAP. La revolución ha desarrollado un machismo-leninismo muy estridente, que persigue con saña “la mariconería”. Es la obsesión de Lacras Sociales, una sección de la policía política empeñada en cazar homosexuales o, al menos, tenerlos fichados para cuando sea necesario actuar contra ellos. 

 

Gran paranoia. Un héroe de la Revolución sermonea a los universitarios: “les había dado consejos de no andar con un libro bajo el brazo y vestir a la moda y calzarse con sandalias. Esas tres características, según Chomón, conducían a lo peor: a la mariconería y por tanto a la contrarrevolución”. Se lo cuentan a Cabrera Infante y puede estar exagerado pero da idea del clima moral que se impone.

 

El autor también se desencanta con la música cubana de la Revolución. Da un aprobado raspado a Los Zafiros: “aunque estaban atrasados con respecto a la música que se oía en Europa Occidental, tenían buenas voces y se agrupaban, a veces al unísono, otras en contrapunto, con bastante buen gusto”. Por el contrario deplora el ritmo mozambique, propugnado por Pello El Afrokán y su conjunto, que “hacían un ruido infernal sin jamás organizarlo en música”.

 

Su mejor experiencia ocurre en una reunión en casa del compositor Harold Gramatges, donde canta Ela O'Farrill y toca Frank Emilio: “canciones de la época del feeling, muy anteriores a la Revolución; exceptuando los himnos, no había una canción revolucionaria que valiera la pena”.

 

Al final, esos meses de purgatorio quedan identificados musicalmente con el jazz. El de Dave Brubeck, que acompaña las sesiones amorosas con Silvia. Y el elepé Lady in satin, de Billie Holiday, un favorito igualmente de Silvia. Fatalmente, se pierde: lo dejan en un taxi, camino de una fiesta. Un aviso de Eleggua: es la hora de partir.

 

(*) No se crean que la Embajada de Cuba en Bélgica era una balsa de aceite. El primer secretario, Juan José Díaz del Real, sacaba la pistola cuando se sentía ofendido. Y sabía usarla: siendo embajador en la República Dominicana, asesinó a un exiliado cubano. Por el edificio de la embajada rondaba también Aldama, un seguroso encargado de informar a La Habana sobre “actividades de los contrarrevolucionarios”.

 

 

Quién está autorizado a opinar y quién no

Verónica Vega

11 de noviembre de 2013

 

Si se observa la historia de la revolución cubana a través del panorama del arte, quedan al descubierto excesos de una irracionalidad que ni aún los acérrimos defensores de ella pueden enfrentar sin caer en el plano de la ingenuidad o el descrédito.

 

Férreos prismas instaurados en la crítica que asfixiaron la cultura y condenaron al exilio o al más inmerecido ostracismo a figuras que han puesto en alto (a pesar de la omisión oficial interna), el nombre de esta atormentada isla.

 

Y un termómetro aún más exacto es el funcionamiento de la contracultura. Sucesos como el Hip Hop, estigmatizado en su origen con el sello de “diversionismo ideológico”, fue herido en el mismo núcleo que había logrado aglutinar lo mejor del movimiento del país: el Festival de Rap de Alamar.

 

Al ser intervenido en 2001 por la  AHS (Asociación Hermanos Saíz), ya había llamado la atención del músico Harry Belafonte y el actor Danny Glover y de activistas norteamericanos que apoyaban el evento y se autodenominaban “Agosto Negro”, aludiendo a hechos significativos vinculados con la lucha de los derechos civiles de la raza negra, y también a esta fiesta que tenía lugar en lo más álgido del estío cubano.

 

Rodolfo Rensoli, coordinador de GRUPOUNO (proyecto gestor del legendario festival), accedió a compartirme una reciente tarde su visión de este antiquísimo e inextricable fenómeno que es la censura.

 

Rensoli: Yo pienso que el sistema tiene instalado un parámetro, una especie de frontera de lo que se debe decir, y más importante que eso: quién lo puede decir. Esa instancia subjetiva yo la viví en mi propia casa. Me di cuenta de que mi hermano, por ser miembro del partido podía hablar, y yo no. Es algo que todavía no sé si he logrado rebasar.

 

Ahora, como mis sobrinas han generado debates que tienen que ver con la experiencia de una generación incluso más irreverente que la mía, el asunto ha cambiado y ellas han ido pasado a la ofensiva. Pero a mí me fue muy difícil establecer un diálogo.

 

Que el hombre piensa como vive es una realidad casi absoluta. Y ¿quiénes eran los raperos, quiénes éramos nosotros (que no estábamos avalados por ninguna academia distinguida), para emitir o permitir que se emitiera una opinión? Tal como le pasó a la Nueva Trova, como le pasa a cualquiera que no venga de una escuela de cuadros del PCC, NO está autorizado a opinar.

 

HT: Y cuando ustedes hacían el festival, ¿cómo percibían la censura? ¿Había restricciones explícitas, se les exigía mostrar de antemano los textos de los raperos?

 

Rensoli: Esa es una pregunta muy interesante. Nosotros gozamos de bastante libertad, ¿por qué? Creo que fue una circunstancia coyuntural. Primero, habíamos generado y sosteníamos algo que la institución no estaba dispuesta a hacer. Segundo, en un principio nos avaló la propia AHS. Es posible que Fernando Rojas viera en mí la posibilidad de tender un puente entre el arte callejero y la presión institucional.

 

Y es cierto que gozamos de relativa libertad pero de todos modos era incómodo. Cuando nos poníamos a discutir, uno sentía eso, es como una cámara invisible que está ahí, permanente, y se convierte en una especie de vigilante, de controlador automático, hasta el punto de que llega el momento en que puedes hablar libremente y ya no te lo crees.

 

HT: ¿Solamente el criterio de ser miembro del partido determina la acción de la censura?

 

Rensoli: Bueno, también hay arraigados ciertos códigos, como lo que ellos entienden por idiosincrasia, cultura… como lo “permisible”. Mira, el número ese, “Cerro cerrado”, del reguetonero El Insurrecto, dice cosas que jamás se le hubiesen permitido decir a un rapero, y que quizás aún hoy no se le permitan en un espacio institucional.

 

El rapero es un formador crítico, y a eso le tienen terror. Cuando se percatan de que en una persona hay un background de propuestas de transformación social, yo te diría que el veto es casi total. Por eso pienso que esta sociedad tiene que aprender a vivir con lo nuevo, con el que difiere, con el que critica, con el que propone.

 

HT: Pero el robo del festival, ¿no fue un ejemplo concreto de cómo opera la censura?

 

Rensoli: Absolutamente.

 

HT: ¿La Asociación Hermano Saíz les dio algún argumento de por qué se lo quitaban?

 

Rensoli: Lo más parecido a un argumento fue aquello de que: “el festival sobrepasaba nuestras posibilidades”, pero hubo muchas cosas ambivalentes. Además, ¿qué derecho tenían a sustituir un evento sin ser sus creadores, sus protagonistas? Eso sin contar que no hubo ningún ejemplo, (desde los términos que ellos sostienen), de posición “opositora”, ni siquiera política. En todo caso hubo una reacción pero hacia ellos, con el cartel de Justicia Social de Papá Humbertico.

 

Y siempre es así: ellos manejan los presupuestos libertarios. Cuando surge una peña, algo que no tiene mucha repercusión comunitaria, puede haber un margen de apertura, pero todo sigue siendo relativo. Incluso una manifestación artística abstracta puede caer bajo el prisma de la sospecha, y eso es una enfermedad.

 

HT: Ahora tú mismo trabajas como programador en el municipio de cultura, ¿has notado alguna evolución en el enfoque de la censura desde aquellos tiempos?

 

Rensoli: Sí… pero es una evolución muy cómoda. El arte es un fenómeno expansivo e influye sobre mucha gente. Y sí ha habido algún cambio, por ejemplo: (esto es a la inversa pero forma parte del mismo criterio), que se tome ahora el día de los Derechos Humanos como una ocasión propicia para actividades culturales es un hecho extraordinario. Porque las meras palabras “derechos humanos” llegaron a ser contestatarias.

 

Yo veo el totalitarismo como un estado mental. En los tiempos de la revolución francesa la palabra “libertad” podía acarrear la decapitación. La gente que se cree paradigma de una supuesta verdad en ejecución, llega a esa ambivalencia tan extrema y desastrosa.

 

Mira, yo escribí una serie de artículos para un libro sobre el Hip Hop que está haciendo el  Centro de Investigación de la Música Cubana, y hay uno donde hablo de la “puñalada de Alpidio…” (director de la ASH en el momento de la apropiación del festival).

 

 

HT: Esa historia nunca ha sido contada por los miembros de GRUPOUNO, y esto ha dado lugar a muchas leyendas, en la mayoría se les acusa de negligencia…

 

Rensoli: Sí, se habla de los “errores” de GRUPOUNO, como se habla de los “errores del socialismo”. Pero nadie dice que fue una estrategia concreta, una cosa espuria, fabricada. A un organismo hay que dejarlo desarrollarse, tanto en la naturaleza como en la sociedad, es el mismo proceso. Desde el punto de vista de los creadores, ¡todo estaba bien!, nosotros estábamos experimentando y la función de la institución era darnos el auspicio para seguir creciendo de forma natural.

 

Y se aprovecharon de la inmadurez de los que no tenían siquiera conciencia de lo que habíamos logrado. Nosotros internacionalizamos Alamar, ¡Alamar salió en una revista de Quincy Jones! Y los compraron con viajecitos, jóvenes con talento verdadero y hasta con presupuestos teóricos importantes para la sociedad, pero muy inconsecuentes. Es una pena.

 

Después incluso hubo un congreso para sacar a la parte ortodoxa de la AHS, no a GRUPOUNO, sino a toda una generación que entonces definía qué era la AHS. Yo creo que la visión del gobierno sigue siendo errada, y confusa, ven lo alternativo como una lacra social.

 

HT: Esta pregunta se la he estado haciendo a varias personas, y es parte de una observación. Yo veo un peligro potencial en el tiempo y en el hecho de que los grupos no se identifiquen o incluso no aprendan con la experiencia precedente. Porque pasó lo del Festival de Rap, ustedes no se lo esperaban lógicamente, luego vi lo que pasó con OMNI y tampoco se lo esperaban, ellos se sentían mejor integrados y hasta más alertas, pero igual los sacaron del taller, y fue más escandaloso porque la censura también está obligada a mutar. Entonces vino lo de Rotilla, que aunque fue distinto porque publicaron una carta donde acusaban de plagio al ministerio de cultura…

 

Rensoli: Sí, es que tenían un marco de legitimidad jurídica, en ese sentido ellos avanzaron más que nosotros.

 

HT: Anjá, y lo que quiero decir, ¿no es importante que haya una unidad en la visión porque todos estamos por la misma causa?

 

Rensoli: Yo fui al Poesía sin Fin que OMNI hizo en coordinación con Matraka, recuerdo que nos saludamos y había una afectividad, es como en los velorios, ese dolor compartido. Porque yo vi venir lo que les pasó, como vi venir lo de OMNI, porque ya lo había vivido.

 

Festival de Rap de GRUPOUNO, Poesía sin Fin de OMNI y Rotilla de Matraka, son expresión de organización, convicción y poder de convocatoria del movimiento alternativo. No es que el estado los “permita”, es que irrumpen, suceden.

 

Mi generación fue como el albacea del legado de los hippies y rastas de los 60s, y por supuesto, logramos cosas que ellos no lograron frente al criterio totalitario y represor de toda manifestación universalista, porque el enfoque oficial era que el nacionalismo hacía falta.

 

Algunos artistas consiguieron insertarse alcanzando cierta notoriedad, por ejemplo los Van Van, pero NO como propuesta de pensamiento. No convenía entonces ningún pensamiento que no fuera el marxismo leninismo, como ahora mismo no conviene. Ellos lo ven como un hueco en el dique.

 

Y el control es expresión de un ejercicio de poder que lleva mucho tiempo en esa experiencia y también les representa un aprendizaje. Cuando intervienen un evento como el de Rotilla observan los elementos de éxito, para intentar reproducirlos.

 

Los americanos se ocuparon de eso hace mucho tiempo, porque siempre han fabricado las alternativas como hicieron con Elvis Presley. No de-construyen, no barren: manipulan, reemplazan. Y así han logrado cierto nivel de diálogo con el movimiento alternativo, el socialismo ha sido muy inflexible.

 

Y lo que te decía sobre el peso del partido aún incide. Te voy a poner un ejemplo simple: en la elección de candidatos a delegados no hay ninguna posibilidad de que alguien que no sea del PCC llegue a ser delegado. Hay una maquinaria silenciosa que trabaja para que no se filtre nadie que no cumpla con este requisito y pueda tener alguna popularidad.

 

Así que en ese sentido no creo que haya cambiado nada. No existe la intención de que en  la Mesa Redonda haya un día alguien que represente, no a la oposición fíjate, alguien como tú y yo, cualquiera, simplemente alguien que represente al pueblo.

 

 

 

Dos intelectuales oficialistas

protestan por la prohibición de los cines privados

(Se conservan las faltas gramaticales de sus autores)

 

Carta del poeta y ensayista Víctor Fowler a propósito de la suspensión del 3D en el sector privado

6 de noviembre de 2013

 

A la UNEAC

 

ICL

 

MINCULT

 

ICAIC

 

He leído con atención la nota oficial publicada en el periódico Granma el día 2 noviembre 2013 y en la cual se avisa de la decisión tomada por el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros en cuanto a prohibir, con efecto inmediato, toda actividad de las salas de proyección de películas en 3D operadas por propietarios privados, así como de los salones de juegos de computadoras. El presente mensaje breve que les envío tiene que como objeto el expresar –pese a que no tenga importancia alguna para algo que ya se decidió y aplicó- mi desacuerdo con la medida, en particular todo lo que en ella propone -a propósito del consumo cultural – una suerte de oposición entre los conceptos calidad y banalidad dado las inquietantes consecuencias que ello tiene a nivel social.

 

Pienso que si bien cualquier Estado tiene el derecho y la obligación de regular y normar las actividades económicas que en el territorio que abarca son realizadas, ninguno lo tiene para decidir (y esto es de lo que principalmente trata el conflicto) cuál debe de ser el consumo cultural de sus nacionales. Al Estado le corresponde la obligación de facilitar una mejor educación y disfrute de la cultura realmente universales, durante la ejecución de sus proyectos esboza y presenta la meta de aquello que considera la virtud ciudadana respecto a la relación entre el individuo nacional y la cultura; pero como tal el Estado no es un maestro ni la sociedad un conjunto de estudiantes sentados en los pupitres de un aula permanente, sometido a exámenes periódicos de habilidad y temeroso de obtener bajas calificaciones o de una vez por todas suspender. Dicho de otro modo, el Estado es un enorme facilitador, no un juez severo (lo cual queda para el mundo sangriento de la guerra)..

 

Tan continuada insistencia en el tema de la banalidad, fantasma que en las más diversas intervenciones sobre cultura nacional aparece una y otra vez, hace pensar que en algún punto existe (o tendría que existir) algo así como el ser banal, especie de arquetipo negativo del consumidor cultural. En este punto, lo más difícil de entender (y aceptar) es que –coexistiendo con el consumo cultural de (o con) calidad- igual debe de existir espacio de existencia para el consumidor “banal”.

 

En este sentido, ser banal es una más entre las opciones de realización que una sociedad sana tiene para sus sujetos y los individuos poseen todo el derecho a consumir, sin la interferencia del Estado, los productos culturales del nivel jerárquico que así deseen, en especial los del nivel más bajo desde el punto de vista de la estética. Esto último resulta fundamental, ya que la efectividad de una democracia se prueba en la capacidad de acción (de realización, de vida) que de manera concreta existe para aquellos portadores del límite negativo del proyecto.

 

Más allá de esto, y acaso lo principal, es que el fantasma de la banalidad fabrica una figura de supuesta alienación y que, prácticamente, equivale a un nuevo enemigo social, puesto que se trata de alguien que insiste en mantenerse “externo” a la supuesta corriente sana de la calidad en el consumo; entonces, contrario a ello, no sólo es necesario defender el ser banal como un derecho humano, sino denunciar la falsedad de establecer equivalencias entre la calidad del consumo cultural de la persona y el altruismo, sentido solidario y valor de su aporte social.

 

Se pierde la brújula cuando –en lugar de orientar la discusión hacia la erosión de la solidaridad, los logros en el trabajo, la pérdida de amor o bondad en el trato entre las personas, el aumento del egoísmo, etc.- la energía se moviliza para extraer, de la “calidad” del consumo cultural, indicadores que alumbren la dinámica de los flujos sociales; como si la pregunta al reflejo pudiese sustituir el encuentro con el objeto.

 

Para mayor confusión, mientras que en una entrevista a Fernando Rojas, vice-ministro de Cultura (27/10/2013) este afirma que el Ministerio de Cultura estudia medidas que aplicar para que las salas 3D tributen a la política cultural de la Revolución, política cultural que Rojas señala que es una sola, en la nota oficial del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros (2/11/2013), apenas una semana más tarde, es ordenado el cierre inmediato de tales salas y nada deja entrever que vayan a ser reabiertas. Con esto, y por más que la nota insista en que la medida no constituye un retroceso en la nueva política económica del país, de forma implícita acaba de consagrar el principio de que ningún nuevo oficio tiene posibilidades de existir hasta tanto no sea imaginado y comprendido por las más altas autoridades político-económicas del país.

 

Vale la pena señalar que -a reserva de algún descubrimiento- las películas proyectadas en las salas de video 3D (he asistido a tres diferentes) son las mismas que en cualquier sala de video del circuito estatal o en la televisión. Realmente es difícil entender de qué se habla cuando de la intervención de Rojas se deriva que lo normal de estas salas de video 3D es promover “mucha frivolidad, mediocridad, seudo-cultura y banalidad, lo que se contrapone a una política que exige que lo que prime en el consumo cultural de los cubanos sea únicamente la calidad.”

 

Por desgracia, la ecuación entre frivolidad, mediocridad, seudo-cultura y banalidad en absoluto es clara en el presente en que vivimos y hace ya más de 20 años que un conocido teórico cultural llamaba la atención acerca de que, en modo alguno, un espectáculo de Madonna (trabajado a un altísimo nivel organizacional, profesional y tecnológico) podía ser considerado “baja cultura”; cuando un fenómeno como el Cirque de Soleil hace de ese viejísimo entretenimiento una nueva forma de arte; cuando la amplia gama que va de la computadora al teléfono digital cambia la comunicación, el entretenimiento e incluso las formas de producir y consumir arte; cuando el refinado arte de la ópera encuentra, gracias a la canción popular, nuevos públicos.

 

Todo ha cambiado, incluso las bases en las cuales encuentra su apoyo el diseño de las políticas culturales.

 

Las prohibiciones constituyen cierres que niegan todo camino al diálogo, tanto en el presente como en un futuro situado a distancia razonable (préstese atención a la fuerza que en la nota oficial cobra el adverbio ‘nunca’) y, al cortar esa posibilidad, de inmediato dirigen la intensidad del poder (la enormidad del aparato administrativo y discursivo que lo conforma) en contra de procesos, actitudes y cosas.

 

Lo sorprendente que presenciamos aquí es la deriva según la cual una política pública (en este caso la “política cultural”), de servicio, cobra autonomía y se constituye en un objetivo en sí misma, por encima de los cambios que hayan tenido lugar en la temporalidad; es por eso que, aunque débil e incompleta, alguna explicación es ofrecida en cuanto a la prohibición de las salas de video 3D, a la vez que prácticamente nada es dicho acerca de la prohibición de los salones de juegos de computadora. En este punto queda la amarga sensación de que la retórica (vieja) ha sido incapaz de elaborar algún discurso coherente para enfrentar a la (nueva) realidad.

 

Al final, y esta es la parte más nociva de las prohibiciones, es que actúan como si lo único que existiese fuesen las normativas y el control de un lado, mientras que del otro el objeto o la práctica que eliminar; de tal modo, puesto que no se discute, queda privado de voz (sin que tampoco se le ofrezca respuesta alguna) lo que –a mi entender- es lo más importante: la alegría. Dicho de otro modo, el hecho de que la cantidad de alegría que a diario se manifestaba en los lugares ahora cerrados (salas de video 3D y salones de juegos de computadoras) proviene de miles de personas concretas que allí gozaban de su tiempo libre, mis hijos, mi esposa y yo entre ellas. A estos les ha sido negado algo que, muy rápidamente, aprendieron a considerar como parte del disfrute y a cambio reciben absolutamente nada.

 

Puesto que, junto con todo lo hasta aquí dicho, es loable exponer a la más severa crítica pública todo producto cultural que estimule el racismo, el machismo, el sexismo, la violencia, la prevalencia del dinero y sus formas de generar dominación por sobre la amistad, la solidaridad o el amor, pienso que, entre otros muchos temas, varios de los que motivan la presente intervención merecen ser discutidos en algunas de las Comisiones que realizarán su trabajo durante el venidero Congreso de la UNEAC. Por tal razón comparto preocupaciones y dudas con quienes, como ustedes, son mis colegas. Es algo que hago con la convicción de que debemos de discutir mucho, pero no con las pasiones de la agitación y propaganda, sino con la desgarrada profundidad de la ciencia.

 

Víctor Fowler Calzada

 

 

El crítico de cine Gustavo Arcos apoya la carta de Víctor Fowler a propósito de la suspensión del 3D en el sector privado

6 de noviembre de 2013

 

Amigo Víctor,

 

Estoy totalmente de acuerdo contigo. El asunto tiene múltiples aristas y merece un análisis ¿en tres dimensiones?. El Congreso de la UNEAC pudiera ser un lugar, pero creo que es un debate que debe hacerse ya y en todos los espacios o medios posibles. También debe escucharse la voz de los afectados, conozco algunos y sé que tienen cosas que decir e incluso propuestas que hacer.

 

En efecto, creo que debe existir alguna regulación o disposición tributaria para los que deseen dedicarse a estos menesteres. Según el Estado, lo estaban haciendo bajo una figura (Operador de equipos de recreación infantil) que no los comprendía. Bueno, la dinámica del mundo real te indica que debes crearla. Si la actividad prolifera y tiene éxito e impacto social, por algo será. Pero se optó por Prohibir. En este caso, un mala señal emitida desde las instancias superiores.

 

En definitiva, ¿qué se entiende por equipos de recreación infantil?. Bajo esa consideración caben múltiples cosas y una de ellas pudiera ser, justamente, la de habilitar espacios privados para exhibir filmes en 3D o propiciar salones con juegos de computadoras. En ambos casos se utilizan equipos y ofrecen un servicio de recreación infantil. La medida se vuelve aún más absurda cuando se sabe que para operar dichos locales, los dueños debían mostrar a los inspectores una licencia emitida desde hace varios años por las propias instancias estatales. Si el Estado se equivocó al otorgárselas bajo una figura tan ambigua, por qué deben los particulares, que tan grande inversión hicieron para preparar y disponer de sus locales, quedarse de buenas a primeras y sin mediar ningún tipo de aviso, estigmatizados, con sus negocios cerrados y enfrentando enormes pérdidas. En este caso creo que tal acción se parece demasiado a las medidas radicales contra los ciudadanos, que tanto nuestros medios critican y que se toman en otras partes del mundo.

 

El tema de la banalidad, de lo que debe o no, ver “el pueblo” y las preocupaciones institucionales por “salvar la identidad y cultura nacional” no es nuevo y sus raíces podemos hallarlas, al menos en el período revolucionario, desde el mismo año 59. Algunas de esas “inquietudes morales” aparecen muy bien recogidas en el libro de la Dra Pogolotti, Polémicas culturales de los 60. Sin embargo, en el campo del cine y los medios hemos tenido una y otra vez que volver sobre ellas. En los 70 con el quinquenio gris, en el 81 tras el estreno de Cecilia de Humberto Solás, en el 91 con la histeria desatada por el filme Alicia en el pueblo de maravillas o en el 95 con Guantanamera. Pero también hemos conocido de relevantes filmes cubanos cuya exhibición en la Tv nacional fue prohibida durante largos años porque alguien estimó que eran “incómodos” o no apropiados para nuestro pueblo. Fueron las mismas voces extremistas que malinterpretaron un corto estudiantil como, El grito, exhibido en la Tv local de Bayamo, acusado de pornográfico y cuyo caso llegó a discutirse hasta en el Tribunal Supremo. Y bueno, qué decir sobre la banalidad, si nuestros medios informativos y televisivos han sido durante décadas reyes en emitir contenidos banales, intrascendentes y de escaso valor cultural o social.

 

En aras de salvar la identidad y cultura nacional nuestra TV ha retardado o prohibido no pocos dramatizados generados por ella misma, donde por cierto, encuentran escasa exhibición las mejores obras audiovisuales realizadas por los jóvenes. Hace muy pocos años, recordarás los enrarecidos criterios que rodearon las puntuales exhibiciones de documentales como Fuera de Liga o Revolution. La lista de las acciones emanadas por estos fundamentalistas de la cultura, estos custodios de la moral ciudadana y las buenas costumbres puede ser muy larga y no sé por qué me parece, que esta radical prohibición que ahora contemplamos, no difiere mucho de las anteriormente mencionadas. Las justificaciones son las mismas y el objeto de atención también es el mismo al volcarse sobre un espacio social, la sala de cine, perteneciente al universo del consumo y las industrias culturales. Más allá de argumentos legales o de interpretaciones sobre el ejercicio de la actividad privada en el país, estoy seguro que aquí se halla la mano del dogmatismo, del necio con poder, que sigue viviendo en una dimensión primaria, cuando el mundo, ya va llegando a la cuarta.

 

Por otra parte cualquiera que se hubiese acercado a los programas que ofrecían estas salas de 3D, sabe, que en la mayor parte de ellas se exhibían los mismos filmes de la Tv nacional o el circuito de estreno, solo que en versión estereoscópica, un cambio no de contenidos sino de forma, aprovechando las virtudes de una nueva tecnología. Qué alguien puso un material “inadecuado”. Bueno, hay que ver el caso, qué es hoy en día lo inadecuado, pero, ¿prohibir?.

 

Finalmente, el extraordinario impacto social que estos locales han producido, debe ser motivo de reflexión, no de olvido y silencio. Es preocupante, como un grupo de personas con sus iniciativas, ha sido capaz de poner en jaque al Estado que cuenta con una fuerza financiera, poder administrativo y recursos, mil veces mayor. ¿Por qué tantas familias y comunidades han acogido tan favorablemente las propuestas de esta tecnología? ¿Qué alternativas sustentables y viables ha creado el aparato del Estado para el consumo popular o comunitario de imágenes audiovisuales?. Nuestras salas de cine y video apenas existen. Las que funcionan no ofrecen propuestas atractivas y la calidad de exhibición es bastante lamentable. En el terreno de los videojuegos, ¿dónde están las ofertas cubanas? ¿Dónde, las tiendas o locales para que los jóvenes puedan adquirirlas?. Si hay juegos “nocivos”, ¿dónde están los “saludables”?. El camino de la imposición, sin diálogo, nunca salvará la cultura nacional. Pensar que la actual sociedad cubana se erige según los criterios o la voluntad de unos “sabios”, quienes siguen determinando verticalmente lo que vemos, escuchamos o consumimos, es vivir decididamente en otro dimensión.

 

Un saludo para ti,

 

Gustavo Arcos.

 

 

 

La linterna mágica se apaga

Yoani Sánchez

6 de noviembre de 2013

 

Roberto está rematando su cine 3D. Le ha puesto precio al proyector, a las gafas e incluso a la máquina de hacer palomitas de maíz. Sólo estuvo en el negocio tres meses y ya sabe que no podrá recuperar la inversión. Una nota informativa en la prensa oficial cubana terminó con sus planes de empresario. Se vio obligado a cerrar la misma semana que planeaba inaugurar una cartelera infantil en su sala climatizada y de butacas mullidas.

 

De los más de 442 mil trabajadores por cuenta propia que existen en el país, una buena parte se ha visto afectada en las últimas semanas por nuevas restricciones legales. El periódico Granma anunció el cierre inmediato de las salas de videojuegos y de los cines privados, aludiendo a que estos nunca habían estado permitidos. Ciertamente el listado de las más de 201 licencias particulares no incluye la proyección cinematográfica, ni las salas con computadoras en función lúdica. Sin embargo, los emprendedores se habían aprovechado de una pequeña grieta en la legalidad, para operar. En poco tiempo a lo largo de todo el país comenzaron a aparecer estos “cines de barrio” algunos lujosamente equipados, otros muy modestos.

 

Quizás algo que molestó al Estado es que las proyecciones tridimensionales llegaran al país de la mano del sector privado. O sea que el otrora poderoso Instituto Cubano de Arte e Industrias Cinematográficos (ICAIC) viera como unos pequeños empresarios, se les adelantaran en implementar en la Isla tan novedosa tecnología. El aparato estatal se vio amenazado de perder el monopolio sobre la difusión de material audiovisual y los locales donde ésta ocurría. Por otro lado las salas 3D privadas devolvieron a muchos el concepto del cine de barrio. Por ejemplo, a mediados del siglo veinte La Habana –incluyendo los municipios Regla, Guanabacoa y Marianao- llegó a tener 134 cines. Algunos de ellos tenían entre 1.000 y 2.500 butacas, contando lunetario y balcones. Los principales llegaron a poseer hasta más de 5.000 asientos, como el Payret, el Radio Centro (actual Yara), el Metropolitan, el Blanquita (hoy Karl Marx). De ellos sólo quedan en activo 12 cines, especialmente en las zonas más céntricas de la ciudad. El concepto de un lugar cercano e íntimo, donde ir a ver una buena tanda los domingos, resultaba desconocido para los cubanos menores de 30 años. Por eso la apertura de los cines por cuenta propia, despertó los recuerdos de algunos y las sorpresas de otros.

 

La programación de estos nuevos espacios, se basó fundamentalmente en películas de acción, de terror y animados. La noche de Halloween, 48 horas antes de la prohibición que las cerraría, las salas 3D hicieron gala de un amplio surtido de filmes de pesadilla. Era un adelanto premonitorio de lo que vivirían dos días después sus propietarios. Desde Spiderman, Avatar, pasando por Jack y los gigantes, fueron algunas de las producciones que desfilaron por las pantallas privadas. Un cine de entretenimiento, sin grandes vuelos artísticos, pero muy popular entre los jóvenes y niños cubanos.

 

En el último congreso de la oficialista Asociación Hermanos Saíz –organización de jóvenes artistas- uno de los más llamativos planteamientos se lanzó contra la “cartelera de la frivolidad, la banalidad y el consumo” que promovían los cines por cuenta propia. Hay que “volver a los principios de la política cultural de la Revolución”, clamaron algunos. Era sólo cuestión de tiempo que la prohibición gubernamental cayera sobre ellos. Porque era sabido que el gobierno cubano, puesto a elegir entre ampliar los límites de la actual legalidad o mantenerla a pesar de la realidad, optaría por lo segundo.

 

Miedo a la difusión independiente de información, gesto político para probar fuerza, paso atrás en las reformas económicas. Todo eso y más se esconde tras las nuevas restricciones contra las salas 3D y de videojuegos. Sin embargo, resulta difícil controlar un fenómeno que ha ganado en popularidad y cuya infraestructura tecnológica está ya en manos de tantos cubanos. Muchos, a diferencia de Roberto que está rematando sus equipos, planean pasar al clandestinaje. La linterna mágica brillará de nuevo pero a puertas cerradas, más discretamente, sin anuncios lumínicos y sin el olor a palomitas de maíz esparciéndose por la sala.

 

 

Atrás ni para coger impulso

Rebeca Monzó

6 de noviembre de 2013 

 

Una vez más esta frase, tan repetida hace ya más de cinco décadas, vino a mi mente, al enterarme de otra nueva marcha atrás, dada por quienes lanzaron como sentencia esta máxima en los albores de los años sesenta.

 

De nuevo otro gran retroceso, pero esta vez en pleno Siglo XXI y en el marco de las famosas “reformas raulistas”: Cerradas las salas de Cine 3D y ultimátum dado hasta el 31 de diciembre del presente, a los cuentapropistas vendedores de ropa importada. Todo esto ha generado mucho descontento, pero hasta ahí. Todos los afectados están tratando de ver cómo liquidan parte de las existencias y recuperan algo de las grandes inversiones hechas, como en el caso particular de las salas 3D, donde fueron importados equipos y muebles, generalmente a través de Panamá. Todos se están “devanando los sesos”, pero nadie va a increpar al Estado y éste lo sabe perfectamente.

 

Parece que este pueblo, debido a la precaria alimentación padecida durante décadas, tiene afectada la zona de su cerebro concerniente a la memoria. Ya pasamos, allá por los años ochenta, por la llamada “Operación pitirre”, cuando los artesanos de la Plaza de la Catedral, a quienes todos, hasta los propios dirigentes, compraban, por la calidad, originalidad y variedad de los artículos ofertados, confeccionados por ellos mismos, fueron perseguidos. Muchos terminaron presos y otros partieron hacia el exilio, en busca de libertad y nuevas oportunidades. Así se disolvió, de la noche a la mañana, un mercadillo que daba vida a la ciudad y la abastecía de artículos que no existían en las tiendas estatales, propiciando a muchos una manera de ganarse la vida.

 

Después, en los años noventa, vino de nuevo otra ofensiva, la famosa “Operación maceta”, que acabó con el Mercado Libre Campesino, que era el que estaba paliando en esos momentos las grandes escaseces de alimentos, acusando el gobierno de “enriquecimiento ilícito” a sus proveedores. Muchos de estos productores fueron hechos prisioneros y confiscados sus bienes, al igual que ocurrió años atrás con los artesanos.

 

Tampoco debemos olvidar aquella otra gran cruzada contra los primeros Paladares de doce sillas, a finales de los años noventa, de la que sólo pudieron sobrevivir los más fuertes o “suertudos”.

 

Por lo visto, la falta de memoria de nuestros ciudadanos, o los desesperados intentos de salir del estancamiento económico, han sido los que han hecho arriesgarse una y otra vez a aquellas personas más “optimistas”, que no acaban de darse cuenta que es muy difícil “jugar al capitalismo”, dentro de un régimen dictatorial de más de medio siglo instalado en el poder.

 

Por ello, y para que no se equivoquen, el gobierno hace este tipo de “operaciones” cíclicamente, para que nadie olvide “quien es el que manda”. Solamente en un futuro país libre y democrático, es que habrá seguridad para aquellos que quieran emprender sus propios negocios. Entonces y sólo entonces, es que prosperarán las iniciativas privadas. Quizá en un futuro no ya tan lejano, le demos otra connotación a esa tristemente célebre frase de: “Atrás ni para coger impulso”, porque evidentemente nadie querrá repetir estos errores.

 

 

Canto de cisne

Regina Coyula

4 de noviembre de 2013

 

El jueves el 3D Adrenalina terminó de instalar una vistosa marquesina como la de los cines de antes; dos días después se enteraban por el periódico que no podrían mantenerse abiertos ni hasta este fin de semana. Los de Adrenalina decidieron abrir esa noche del viernes. Como Scarlett O’hara lo pensarían mañana. Por teléfono confirmaron que solo ellos y un 3D en Alamar ofrecerían funciones luego de la prohibición vía nota periodística. El de Alamar se dispuso a esperar a que fueran las autoridades a cerrárselo. Un matrimonio de la barriada de Lawton estaba desesperado porque planearon la apertura de su 3D precisamente para el viernes del cierre y no pudieron siquiera recuperar una ínfima parte de la inversión.

 

La medida, era una guerra avisada. La razón, obviando la socorrida inexistencia del permiso para ejercer dicha actividad, está en la política cultural de la Revolución, según la cual se debe educar y cultivar a nuestro pueblo con espectáculos que eleven su sensibilidad y acervo cultural, etcétera, etcétera, etcétera. Dicho así, no parece tan terrible, pero es sospechoso que la televisión estatal y única, ofrece cada “productos” que uno se pregunta quién aprueba ciertos guiones y destina presupuesto para programas inolvidables por espantosos. Esa misma televisión nos tiene al tanto de las maravillas Made in Bollywood y hay cada enlatados, recuerdo uno sudcoreano que pretendía ser una comedia; debe ser que el humor nuestro no tiene que ver con ellos, lo cual explica que el noticiero de la televisión norcoreana me resulte hilarante; luego entonces la política cultural de la Revolución tiene diferentes unidades de medida.

 

Muchas personas con la aparición de estos cines particulares vio la posibilidad de recuperar el gusto por ir a ver una película más allá de la pantalla casera. Salvo el Chaplin, la Cinemateca y acaso algún otro cine del circuito de la calle 23, los muy mermados cines sobrevivientes en la debacle nacional exhiben su abandono con butacas raídas (cuidado con las alimañas), aire acondicionado deficiente (si todavía tienen), equipos de proyección y audio en mal estado, todo lo que hace de una visita al cine algo muy alejado de una experiencia placentera. Así que la recuperación del gusto, tendrá que esperar.

 

La perla, para el final. Una conversación de vecinas a propósito de ver a los alicaídos ya sin adrenalina que cantar, desmontando su marquesina. Una decía a la otra: --Sabes qué pasa, que en algunos lugares de esos, le han puesto pornografía a los niños. La otra mujer asentía impresionada, pues la más joven, que llevaba la voz cantante, hablaba con mucho convencimiento. Pero no fue suficiente y remató confidencial refiriéndose a las salas de juego de computadoras en red: --De buena tinta me han dicho que los siquiátricos están llenos de muchachos loquitos por jugar esas cosas. Tanta bobería condensada me colmó la paciencia y en mi mejor modo le dije que no repitiera esas cosas sin fundamento, que parecía un argumento del gobierno para rodear de un ambiente malsano estos lugares. La mujer negaba con las manos y con la cabeza y se apuró a decir: --No no, ¿yo?, gobierno?, ¡qué gobierno si yo acabo de anotarme en el bombo por tercera vez!

 

 

‘Lenguaje de mudos’: la poesía como negación

Yoandy Cabrera

30 de septiembre de 2013

 

El libro de Delfín Prats fue censurado y destruido. Su autor fue anulado por décadas, mientras los jóvenes poetas conocían de memoria sus poemas. La editorial madrileña Betania acaba de reeditar este libro maldito, que puede descargarse gratuitamente aquí, en la pestaña “Ebook”

 

Lenguaje de mudos es un título maldito, un sintagma que ha sido más literal en la vida y la obra de su autor de lo que nos hubiese gustado a muchos de sus lectores y a él mismo. Tal vez por eso Delfín Prats conoce sus poemas de memoria, con pausas y ademanes precisos, como mismo aprendieron el texto homérico los rapsodas antiguos o como Ósip Mandelstam burló el silenciamiento estalinista. Cierta censura del siglo XX ha potencializado la milenaria tradición oral como vehículo de conservación poética. En el silencio, en la soledad, Delfín Prats ha masticado cada sílaba escrita y concebida como expresión de su pensamiento y sus vivencias. Basta verlo recitar alguno de sus poemas para no tener duda alguna de ello. En la voz de Delfín sus versos logran la consistencia que ninguna edición le ha dado por décadas.

 

El mutismo metafórico (signo de un Eros desenfadado, urbano y pandémico) que se lee en su primer poemario se hizo realidad inversa, dura y amarga cuando el libro fue satanizado, maldito, hecho pulpa literalmente, destruido por las autoridades políticas y culturales del momento (1968-69). Al Eros de lo furtivo, la mirada y un lenguaje distinto a las palabras, se opuso desde entonces otro silencio impuesto, autoritario, la otra cara heraclitiana de las fuerzas que mueven al mundo: cierta rivalidad y un odio, pero esta vez excluyente y mezquino, nada creador ni complementario.

 

Ante la negación de su obra y la destrucción de sus libros, Delfín optó también por el silencio que con el paso de los años pasó de imposición a ser estilo de vida, supo crear de la sombra un arma, posiblemente sin pretenderlo siquiera; lo cierto es que a pesar de una edición de Lenguaje de mudos fantasma, de las innumerables erratas en sus libros posteriores que parecieran acentuar como destino la imposibilidad de conocer su obra, a pesar de no contar su poesía con los estudios y el reconocimiento que merece, buena parte de la Generación del Noventa y de los jóvenes autores de hoy leen y recitan con un fervor casi iniciático y eleusino poemas como “Humanidad”, “No vuelvas a los lugares donde fuiste feliz” y “Pero en el viento su rumor llegaba”. 

 

A pesar de esa negación obligada y/o autoelegida, los jóvenes poetas y lectores cubanos conocen los textos de Delfín (cosa que no se puede decir de casi ninguno de sus contemporáneos) como si fuesen himnos délficos, como si en ellos se encerrase, en medio del mutismo, el misterio de los sagrado, la esencia órfica de los elementos naturales: “el fuego, todo el fuego”, “toda la luz de abril”, “el espeso muro de las aguas”, “en el viento su rumor”, “las furiosas soledades de la tierra”. Prats rescata entre nosotros un neobucolismo que es prolongación de su estilo de vida, de su percepción del entorno, de la búsqueda por anular el yo. En gran medida esa mirada hacia la naturaleza, hacia los elementos trascendentes y opuestos al odio y la censura lo ha salvado y lo sostiene hasta hoy.

 

‘Apestados’ que hoy son paradigmáticos

 

Si realizamos una mirada diacrónica desde el presente, si apartamos la muchísima hojarasca del coloquialismo oficialista, ancilar y anquilosado de los años sesenta y setenta en Cuba, el canon de esa etapa hay que buscarlo en los márgenes, en los “apestados”, en los autores malditos de esos tiempos: Isel Rivero, Lina de Feria, Heberto Padilla (que pagó más caro que muchos su equivocación y su primera etapa de defensa del proceso del 59), Delfín Prats, Reinaldo Arenas... La mayoría de los demás autores de la época (escritores como Guillermo Rodríguez Rivera y Pablo Armando Fernández) demuestran que el coloquialismo tiene un valor muy circunstancial (sincrónico) y en un alto grado insustancial. La dependencia de un proceso político determinado y puntual marcaba desde su génesis el fatum que con claridad hoy leemos como episódico y forzado en gran parte.

 

En ciertos períodos de la literatura cubana, las obras canónicas (estilísticamente hablando) son aquellas que rompen con el orden impuesto; los hoy “dinosaurios” de la Generación del Cincuenta poco tienen que enseñar y decir. Más bien muchos de ellos parecen disfrutar con holgura de su posición de víctimas oficialistas, de la rentabilidad que han sacado de la marginación sufrida unas décadas atrás. A ello creo que se debe en gran parte la nulidad de sus obras en el presente. Los autores que más podían prometer de esa generación no han sido para los más jóvenes lo que alguna vez parecieron. La norma estética de dicha promoción es, vista desde el presente, la más estéril y anacrónica del panorama cultural cubano del siglo XX.

 

Por ello mismo, los poetas que han trascendido (vivos o muertos) continúan siendo unos desplazados, unos inadaptados, dentro o fuera de Cuba. Y son precisamente ellos los mejores representantes de la negación y la ruptura con los principales presupuestos temáticos y formales de la Generación del Cincuenta, sin que por ello esté ausente de sus obras cierto carácter conversacional que siempre han tenido (Casa que no existía, Lenguaje de mudos, La marcha de los hurones, Fuera del juego). Por tanto, la división entre conversacionalismo y tropologismo o subjetividad es uno de los más grandes desaciertos en la historia y crítica de la literatura. Ya sabemos que dicho esquema disparatado responde a otros órdenes excluyentes que no son en realidad estéticos.

 

Las tendencias artísticas que nacen en libertad y de forma espontánea en diálogo estrecho con los cambios sociales, lamentablemente suelen derivar (como las “revoluciones” que las propician) en dictaduras estéticas que niegan su propio carácter genésico, espontáneo y libre, con frecuencia se vuelven instrumentos de represión en manos de gobiernos totalitarios, desde el imperio de Augusto al realismo socialista, de la expulsión de Ovidio al destierro de Brodsky y al juicio de Heberto Padilla. Cuando ello sucede, no podemos llamar “estética literaria” o “movimiento literario” a fenómeno represor semejante; estamos más bien en presencia de un monstruo que aniquila en masa todo lo que se le opone, y eso no es literatura, no responde a una poética, sino a una política excluyente y discriminatoria, a un partidismo obcecado. Tributar a ello es alimentar y participar de la barbarie. Algunos pocos como Jesús Díaz tuvieron la decencia de reconocer su error de esos años, otros no lo han hecho hasta hoy.

 

Al contrario de ello, Delfín Prats y Lina de Feria demuestran, desde sus primeros libros, que no hay tal división maniquea, estéril y esquemática entre el coloquialismo y el tropologismo; ello fue más bien política de Estado, de un Gobierno que desechó y discriminó todo aquello que no respondiese a un utilitarismo social y masificador que lastró en gran parte la poesía de la época. Visto desde el presente, es lamentable que a esa política hayan tributado de forma ancilar no (solo) con sus textos sino con sus opiniones autores como Manuel Díaz Martínez y Félix Pita Rodríguez en las páginas de publicaciones como la revista Verde Olivo. E insisto que el problema no fue el coloquialismo en sí, como tendencia o corriente poética, sino la correspondencia monolítica, equivocada y excluyente que se estableció entre creación y política, así como la intolerancia, el cuestionamiento y el desprecio hacia cualquier otra forma de creación.

 

Los “apestados” de los sesenta son hoy nuestros autores paradigmáticos, los que marcan y anunciaban desde entonces las líneas poéticas fundamentales que en eclosión e inevitablemente se impusieron a partir de los años ochenta a través de autores como Damaris Calderón, Osvaldo Sánchez, Reina María Rodríguez, Raúl Hernández Novás, Ángel Escobar, Sigfredo Ariel, entre otros. El talento de los silenciados, su fluida coherencia, la defensa de lo que pensaban en épocas donde la subjetividad y la introspección eran consideradas problemas ideológicos, han sido descubiertas, leídas, reverenciadas también por los jóvenes poetas nacidos a partir de los años setenta en Cuba, los que comenzaron a publicar en los años noventa, después de la caída del campo socialista.

 

Heberto Padilla inaugura en medio de la efervescencia política de los sesenta el cuestionamiento al archiheroísmo, al sacrificio, la mirada crítica e irónica ante el legado histórico y revolucionario (temática que es reconocida como una de las más importantes entre los poetas de los ochenta y noventa y entre los narradores conocidos como “novísimos”); Isel Rivero con su libro sibilino La marcha de los hurones (1960) prevé el desastre, analiza y expone el carácter circunstancial de todo movimiento político, logra ver (desde una postura existencial y filosófica) a dónde conducía la marcha forzada de unos hurones ante un amanecer que ha de acabar irremediablemente, que ha de cumplir su ciclo. Lina de Feria comienza su primer poemario (Casa que no existía, 1967) cuestionando el canto social, denunciando la violación del espacio personal, propio, de la habitación íntima: “Han tomado mi casa”; pérdida de toda identidad, del espacio interior a favor de una pluralidad que, si bien es generalizada en esos años, también es cuestionada por más de uno de los autores. Delfín, por otra parte, anuncia cierto (homo)erotismo de los años noventa; algunas zonas de la poesía de Norge Espinosa, Nelson Simón y José Félix León, por ejemplo, así lo evidencian.

 

Heberto Padilla, Delfín Prats y Lina de Feria tienen en su obra una (con)fluencia, una naturalidad que confirman la “inevitabilidad poética”. Parece que en Cuba ciertos autores han de pasar por una reclusión forzada, por un silenciamiento prolongado y cruel. La lista podría ser extensa. Me gustaría creer que ciertos tiempos han pasado, que la alienación contra los artistas es cosa de otro tiempo en Cuba. Ciertas acciones y amagos del presente me lo impiden. Al menos ha sido inevitable que con el tiempo y con la lectura de las nuevas generaciones algunos de estos poetas que una vez fueron los apestados, los corrompidos, hoy tengan el lugar que merecen dentro del canon poético insular.

 

La soberbia totalitarista lamentablemente llega y pervive en algunos autores jóvenes que echan por tierra todo lo que les antecede, que se refieren a los críticos y autores de otras generaciones y tendencias como “perros que ladran”, que desestiman con desprecio toda poética diferente a la suya, que son intolerantes, mediocres y descuidados, que hacen renacer el coloquialismo más burdo y grosero de los años setenta (y que algunos pensábamos superado ya). El problema vuelve a ser no sus obras o su estética, sino las opiniones discriminatorias que lanzan contra todo aquel que no escriba de modo semejante a ellos.

 

A esa soberbia totalitarista de ayer y de hoy se opone el talento, la labor, la honestidad intelectual y vital de autores como Lina de Feria, Magali Alabau, Isel Rivero y Delfín Prats, y es lo que hace que a la larga Virgilio Piñera esté más vivo literariamente que Antón Arrufat (a pesar de que el propio Arrufat se atreva en su libro Virgilio Piñera entre él y yo a hablar de la supuesta esterilidad creativa de su amigo Piñera, como si la esterilidad tuviese que ver con la cantidad de cuartillas que se escribe),  o que Heberto Padilla tenga más vigencia y lecturas que César López hoy mismo.

 

Vivos y muertos, Delfín Prats y Heberto Padilla, Lina de Feria e Isel Rivero, son supervivientes de un entorno que los cuestionó y los marginó. Tildados de desfasados, de no adaptarse al tiempo en que vivían, de anacrónicos (como si ser poeta e inadaptado fuese un delito, menudo disparate), esos mismos calificativos se vuelven hoy contra los que los erigieron en los años sesenta y setenta: baste leer un poema de Guillermo Rodríguez Rivera hoy, del Nicolás Guillén de esos años (el poema “Tengo” se ha vuelto una mueca amarga y burlesca, una caricatura de lo que cantó), o alguno de los textos y opiniones más circunstanciales de Fernández Retamar.

 

Su destrucción ha sido su fe

 

Regresar a Lenguaje de mudos en esta edición de 2013 realizada por Felipe Lázaro en la editorial Betania es sin duda un acto de justicia que merece la obra de Delfín Prats y que vergonzosamente hemos aplazado demasiado tiempo. El soporte digital, el libro electrónico permite burlar también todo tipo de frontera política, de limitación espacial y nacional, hace más difícil que alguien pueda hacer pulpa un libro que no existe en papel, que, como un fantasma cibernético, electrónico, se mueve por los blogs, los correos, los ordenadores de dentro y fuera de la Isla.

 

La invisibilidad, la transparencia, la sombra que se le impuso al verso de Delfín  en su momento es hoy ganancia, arma a su favor; desde esa misma y aparente inmaterialidad, o desde la transfiguración que permite el soporte digital Delfín y su lenguaje se multiplican, burlan todas las cárceles, los grilletes que le impusieron desde su nacimiento.

 

Con el tiempo, parafraseando un verso de Norge Espinosa, su destrucción ha sido su fe. Tal vez destruir, como nos enseña el Popol Vuh, es el modo más genuino de poseer, algo que no previeron sus detractores. Los años, los lectores, el peso de lo sustancial ha dado a Delfín Prats el lugar que la oficialidad cubana le ha negado muchas veces. Delfín mismo ha sabido hacer de la negación un estilo de vida, un credo. Negación hecha de paciencia, de humildad, cuestionando y rechazando siempre la condición de “intelectual”, de “escritor”, de “poeta”, alejado de toda pose y todo falsa vanidad creativa, anulándose él mismo, ayudando a sus contrarios para llegar a la esencia.

 

El orden de los poemas en esta edición no se corresponde con la de 1969 de Ediciones Unión ni con la de Ediciones El Puente de 1970 hecha por José Mario en Madrid. Todavía el carácter maldito de este título se intuye en esta última entrega betaniana donde se llama “Discurso entre dedos” al texto que en las primera y segunda ediciones el autor denominó, precisamente, “Lenguaje de mudos” y daba nombre al libro.

 

Aún en 1973 Orlando Rodríguez Sardiñas (Orlando Rossardi) en su antología La última poesía cubana publica el poema con su título original. Ya en Para festejar el ascenso de Ícaro de 1987, Delfín publicó ocho poemas de Lenguaje..., estos aparecen en el orden siguiente: “Humanidad”, “Canción georgiana”, “Sitio predilecto”, “Saldo”, “Gestos”, “Lentes”, “Litografía”/”Animal extraño” y “Entrega”.

 

Desde Para festejar... es común ver como primer poema de la obra de Delfín Prats el texto “Humanidad”, una de sus composiciones más conocidas, casi un himno de iniciación entre los poetas de la década del noventa en Cuba. Así mismo, en la edición de Betania “Humanidad” es el primer texto que aparece, mientras que en la primera (1969) era “Canción georgiana”. A partir de Abrirse las constelaciones (1994) el poema “Lenguaje de mudos” recibe el nombre de “Discurso entre dedos” y “Animal extraño” se denomina “Litografía”, títulos que mantiene en esta nueva revisión de Betania.

 

Cuando en 1994 aparece por Ediciones Unión el volumen Abrirse las constelaciones, la primera sección del mismo recoge íntegramente (aunque con una nueva organización) los trece textos que conforman su primer poemario Lenguaje de mudos. Este fue el modo que el autor encontró para burlar la censura, para trascender ciertos moralismos y determinadas posturas partidistas por encima de las que siempre ha estado. Su poesía tiene una vigencia y un valor que van más allá de posturas políticas desacertadas y de imposiciones absurdas, denigrantes y pasajeras.

 

Las UMAP, las cuales padeció el propio Delfín, son hoy una razón de vergüenza y descrédito hasta para los que las organizaron y llevaron a cabo, tanto así que es aún un tema en la sombra, sin esclarecer ni afrontar por los dirigentes del país; los artículos contra Arrufat, Delfín Prats y Heberto Padilla en los años setenta hoy quedan como testimonio de un período oscuro, erróneo, como textos de un extremismo grotesco y bochornoso; sin embargo, los poemas que quisieron destruir desde la oficialidad y su ortodoxia restrictiva e infamante, los cabellos de Kolia como la vodka rusa, el animal extraño que se deslizaba desde el closet hasta la masturbación compartida, el amor entre hombres, La Habana nocturna y convivial que nos ha sido negada siguen intactos en estos versos que, como un conjuro, repiten de memoria su autor y muchos de sus lectores.

 

Esa es su victoria: desde “un lugar llamado humanidad” y desde el don amargo de la paciencia y la perseverancia, Delfín ha sabido encauzar la anulación padecida en su visión del mundo; la negación de su propio yo, de su condición de intelectual (la cual le fue impedida en su momento y hoy él por decisión propia rechaza constantemente) lo ha convertido en uno de los hombres más sinceros, consecuentes e importantes de la cultura cubana. El soslayo (propio o gubernamental) es en él confirmación inevitable de su vocación poética, entendiendo la Poesía no como un mero oficio, sino relacionada directamente con el entorno, la naturaleza, como la entendieron los antiguos griegos y los autores románticos.

 

Como los líricos arcaicos, Delfín ha sabido entregarnos en sus versos la esencia, la pulpa de su ámbito natural y de la noche festiva y urbana; va en su poesía del junco sáfico al convivium anacreóntico, es, sin dudas, hijo de Eros y Dionisos, y hacia ellos se encaminan sus versos.

 

Hoy estos trece poemas podrían parecer inofensivos y, sin embargo, a pesar de la censura, han sabido abrirse espacio y vía desde el silencio hacia el lector futuro, no han perdido color ni juventud. En la actualidad el cubano y el ser humano en general siguen hablando con el lenguaje y el mutismo de un Eros fraguado en la sombra, en el flirteo, en la búsqueda y a pecho abierto. Simultáneamente seguimos luchando contra ese otro mutismo impuesto por la intolerancia que demora e impide el reconocimiento de una obra valedera y trascendente.

 

Desde Lenguaje de mudos es visible la importancia de los elementos naturales en la lírica de Delfín. “Humanidad”, leído hoy, evidencia cuál era/es la meta de este escritor, qué persigue con su silencio, con su verso desenfadado y prístino. Vale la pena callar, desentendido de los extremismos pasajeros y esperar pacientemente para contemplar este locus amoenus, “la época nueva de la siembra”, “un amor distinto”, amor que inaugura con “Canción georgiana” una de las líneas temáticas más importantes dentro de la poesía de Prats: la (homo)erótica. A este se unen “Lenguaje de mudos”/”Discurso entre dedos”, “Animal extraño”/”Litografía” y se le suman poemas paradigmáticos posteriores como: “Pero en el viento su rumor llegaba”, “No vuelvas a los lugares donde fuiste feliz”, “Tus juegos y tus manos animales”. 

 

La buena poesía está en la negación, en el silencio, esa es posiblemente la lección más clara y lacerante de Lenguaje de mudos como texto y como hijo/aborto de sus circunstancias, una lección que, por el afán mediático, por el oportunismo político (tan común y al día en ciertos referentes de la disidencia “literaria” actual), no acabamos de aprender. Ojalá al releer estos trece poemas sepamos callar a tiempo y hagamos una pausa para contemplar desde las palabras ese lugar imposible, onírico, atópico y a la vez necesario llamado “humanidad”.


Delfín Prats, Lenguaje de mudos (Betania, Madrid, 2013)

El libro puede descargarse gratuitamente aquí, en la pestaña “Ebook”.

*********************************************************

Nota de Manuel Castro Rodríguez: El autor Cabrera parece desconocer que Lina de Feria tuvo un comportamiento que deja mucho que desear respecto a su “honestidad intelectual y vital”, ya que después de haber denunciado en Miami y México al régimen imperante en Cuba, regresó a la patria y declaró que había sido manipulada. Véase aquí y aquí.

 

 

 

Edmundo y Robertico: El oportunista y el oportuno

Miriam Celaya

23 de septiembre de 2013

 

Edmundo García, acérrimo defensor y soldado extraterritorial de la dictadura cubana,  conduce en Miami –¡nada menos que en Miami!– un programa de radio que constituye una extensión de la Mesa Redonda. Sus denuestos contra el imperialismo y contra los “contrarrevolucionarios anticubanos”, así como sus rendidas loas al castrismo, son la demostración más fehaciente de que el inefable Edmundo goza de las oportunidades que la libertad de expresión propia de un país democrático le permiten, las que no disfrutamos los opositores pacíficos en Cuba, porque el régimen que tanto él defiende nos las niega.

 

Edmundo desbarra públicamente contra los críticos del castrismo, visita la Isla para solazarse en restaurantes e instalaciones turísticas en las que la mayoría de sus “compatriotas” no tienen la posibilidad de asomar siquiera la nariz y, tan fresco como una lechuga, se pasea por aquellas norteñas y estas sureñas calles sin ser detenido o reprimido, lo cual –dicho sea de paso– me parece muy bien.

 

Muchos cubanos se preguntan qué razones impulsarían al señor García a marcharse de su país natal, donde –a juzgar por sus propias declaraciones– rigen el sistema más justo del mundo y el gobierno que cualquier nación democrática envidiaría, para instalarse justamente en la nación más infernal e imperfecta del planeta donde, para más señas, campean rampantes los terroristas y gobiernan los peores enemigos de la Humanidad y de Cuba. Pero esto parece ser un misterio que solo podrían develar el propio bilioso alabardero y –por supuesto– el gobierno cubano. Mientras, Edmundo continúa predicando en calzoncillos, porque él es la viva encarnación del oportunista.

 

Es por eso que se proyecta en otros y califica de “desafortunada”, “oportunista” e “irrespetuosa” la actuación del artista Robertico Carcassés en la recientemente celebrada gala por la liberación de los espías cubanos que cumplen largas condenas en EE.UU. En la improvisación, Carcassés declaró sus deseos de tener libre acceso a la información, del fin del bloqueo y del auto-bloqueo, de poder elegir al presidente de manera directa (“y no por otra vía”) y pidió “libertad para los cinco y también para María”, lanzando también una frase altamente radiactiva en Cuba: “ni militantes, ni disidentes, cubanos todos con los mismos derechos”.

 

La audacia del artista consiste no solo en el hecho de haber expresado públicamente los deseos de la inmensa mayoría de los cubanos, sin que ello signifique pertenencia al sector opositor o constituya alguna trasgresión de la legalidad –todo un flagrante desafío a las autoridades de la Isla–, sino en haberlo hecho precisamente en el Protestódromo, frente a la SINA, el escenario castrista-antimperialista por antonomasia, y en el marco de una “actividad” convocada con antelación y con gran fanfarria por los medios oficiales, en la que supuestamente todo el elenco debería responder con fidelidad absoluta a las directrices de la cúpula gobernante.

 

Y, por supuesto que Robertico Carcassés no fue por ello un oportunista. Muy por el contrario, fue maravillosamente oportuno. Tanto, que –con independencia de que en algún futuro mediato los testaferros del régimen, haciendo uso de sus habituales recursos de convencimiento ideológico, lograran que se desdiga públicamente– sus (nuestras) verdades, grandes como templos, ya fueron dichas. Más aún: es la primera vez que tanta esperanza contenida y tantos anhelos compartidos por millones de cubanos son dichos de viva voz y tan claramente en un escenario oficial. Y esto es lo más peligroso para los dueños de Edmundo García. Si la oposición hubiese tenido el micrófono, no lo hubiese hecho mejor.

 

Porque, y he aquí lo que debe ser una lección para todos, nada resulta tan impactante y efectivo como expresar sencilla y llanamente las esperanzas de toda una nación, no desde el encendido discurso patriotero o desde los sectores de la oposición –tan demonizados y temidos por el gobierno como poco conocidos por la sociedad–, sin menoscabo del derecho que a éstos les asiste, sino desde la valentía y la vergüenza de un individuo no sujeto a compromisos ideológicos. Eso es honestidad, todo lo contrario del oportunismo. Nos hacen falta en Cuba muchos  Roberticos Carcassés, con o sin micrófonos.

 

Por unos breves minutos, este artista demostró, quizás sin proponérselo, que las calles, las plazas, las tribunas y los micrófonos no son “de los revolucionarios”, sino de los cubanos. Si solo para eso hubiera valido su audacia, realmente mereció la pena. ¡Bendita sea su manera de aprovechar la oportunidad! Por el regalo de esos instantes de libertad pública ejercida desde los medios oficiales habría que dar las gracias al joven Carcassés, de todo corazón.

 


El cumpleaños de un héroe

Wendy Guerra

21 de septiembre de 2013

 

Estoy a punto de volar de Italia a España y el teléfono debería ser apagado. Tomo una llamada de una amiga, llama de La Habana y me previene: 

 

-¡Roberto Carcassés, algo pasa, intenta ver allá que hay mejor internet...!

 

- ¿Qué le pasó a Robertico? Grito desesperada. La tripulación reacciona. Me piden que apague el teléfono. Lo apago. El tramo lo hago encerrada en el vuelo. Escucho hablar a dos autoras catalanas, hago cuentos, intento no pensar en nada malo. Las colegas me ven nerviosa, yo les digo que es normal, en realidad soy una mujer nerviosa.  Cierro los ojos. Pido un vino. Busco en mi memoria- Robertico es mi amigo, el hermano de Aurobindo (el único ángel que conozco) Robertico es el hijo de la dulce Cecilia y el gran Bobby Carcassés. El padre de dos hermosos hijos. Uno en Cuba y otro en Miami, como ya es costumbre en nuestras vidas.

 

Robertico sigue siendo aquel adolescente hermoso, con aires de poeta romántico, alto y relajado, ese cándido y risueño muchacho que conocí junto a X Alfonso, aquel verano del 84 en el que no teníamos más opción que bañarnos en la costa y ser felices con el sabor a  mantecado y menta chip de Coppelia, de ahí a los conciertos de Síntesis al que nos llevaban (los padres de X) En septiembre empezaba la escuela de música y la obligación de doblarse ante el piano, para conseguir ser (talento y genes mediante) el artista que es hoy  Roberto Carcassés.

 

¿Lo han escuchado? ¿Han visto su trabajo como pianista y como arreglista? Es maravilloso. Creo que finalmente Cecilia y Bobby lograron que se sentara a estudiar.

 

Pienso en todos nosotros: ¿Dónde estamos los de mi generación? Seguimos recostados al árbol, los ojos tapados, contando hasta mil, desperdigados por el mundo, jugando a los escondidos. Buscándonos a ciegas en la inmensidad.

 

Habría que comprarse un mapamundi para localizarnos. Afortunadamente X, Roberto y yo seguimos en La Habana, viviendo, trabajando, celebrando, disfrutando, luchando, discutiendo y encontrándonos cuando podemos.

 

Por fin, ya en Barcelona, leo las declaraciones de Roberto. No ha dicho nada que no piensen y no digan muchísimos cubanos. Escucho lo que cantó acompañado de sus músicos en plena plaza pública.  Dicen que fueron hechas en mal lugar y en mal momento, es cierto que no era el momento o el lugar, ente otras cosas porque para decir eso aquí no existe un espacio, ni un lugar. Se habla de respeto. Se habla de solemnidad, se habla de ser coherentes con nuestra historia. Hay un lugar y un momento para todo, para no ofender o atropellar la obra de los otros, no fuimos educados en ese detalle, y por favor, no lo nieguen. Nuestra generación no tuvo rituales, el cumpleaños de un héroe (muchas veces) fue más importante que el nuestro y nuestros padres salieron corriendo a llorarlos u homenajearlos en colectivo mientras nosotros celebramos solos y en casa, centrados en la luz de la vela. Eso es también muy cierto...  pero... aquí me detengo... por mi cabeza pasan una ráfaga de acontecimientos históricos hechos sin pedir permiso. Atacando cuarteles y entrando por las puertas lacradas con la razón que otorga un ideal y un sentimiento... hondo muy hondo. Cada uno tiene sus razones, paga por ellas pero son sus razones.  ¿Qué pensó la pedagoga uruguaya Paulina Luisi cuando su conferencia fue inundada por los jóvenes revolucionarios en marzo de 1923, durante La protesta de los 13? No se ha visto esto como un gesto anti feminista, nunca se ha visto así. A lo largo de su vida Paulina pudo comprobar todo lo que eso implicaba para nosotros. Hay miles de ejemplos, seguramente mejores. No quiero establecer comparaciones absurdas, desatinadas, sobredimensionadas o alejadas a un tema que se hizo público por una sola razón:

 

Era un programa en vivo.

 

1-  Robertico siempre le ha dicho lo que piensa a la prensa y  TV cubana, pero las cosas al aire no hay cómo maquillarlas.

 

2-  Si no lo dice al aire, nadie lo sabrá nunca.

 

3- Robertico no es un héroe, no tiene ningún interés en serlo, es un ser sensible que dijo simplemente lo que piensa con las herramientas que le fueron ofrecidas. La música y el público. Para cualquiera puede ser una locura. Para él es un acto de naturalidad con su alma sincera, clara. Ese es Roberto.

 

A los músicos será muy difícil acallarlos, eso pensé y eso sigo pensando. La música no es la literatura. No puedo imaginar a Roberto encerrado en una casa, como Lezama en la calle Trocadero. Llegarían todos a formar una rumba tan grande que se convertiría en una conga gigante de artistas. Robertico es el grito, pero no el eco.

 

Me pregunto qué piensan los familiares y los homenajeados “Los cinco”... aquellos de los que tenemos noticias cada día en los medios y que aquí pueden expresan sus opiniones, aun estando lejos, desde su prisión. Me gustaría mucho conocer qué piensan. A lo mejor es un gesto que para ellos, visto desde su contexto, a la distancia carece de importancia y nos hemos calentado la cabeza solo por el acto de una amonestación que, por suerte, ha sido retirada a tiempo, inteligentemente.

 

Quiero agradecer a Silvio por seguir invitándonos a todos los artistas cubanos a su espacio en los barrios. En mi caso: LA JATA. Guanabacoa. Lugar en el que doné libros de varios autores a sus habitantes. Silvio no pregunta si te dejan tocar o editar en Cuba. Silvio cree en el arte cubano. Por ese motivo Isaac Delgado fue parte  también de este compromiso de tocarle al pueblo de Cuba, una vez más y para siempre. Los invito a escuchar el  hermoso trabajo de Robertico con Silvio, aquel que vienen realizando desde hace dos o tres años.

 

Vuelvo a repasar los nombres de todos los muchachos de mi generación. William Navarrete en París, Alexander Arrechea en New York, Hector Agüero y 'Picadillo' en Madrid, Marco y Dago ‘Los Carpinteros en Madrid’, Karla Suarez en Portugal, Lorena y Lorna Feijó en Estados Unidos, Carlos Acosta en Londres y...  a los conocidos y todos los que no lo son pero forman parte de una generación de artistas cubanos que, llegando a la  mayoría de edad decidió partir. Eran los años 90, Período Espacial crudo y duro, momento en que algunos se lanzaron al mar y otros se escaparon con reales o falsos contratos de trabajo. No quiero seguir citando porque me pongo muy triste al no encontrarlos aquí, este lugar donde nacimos y donde seguimos juntos X, Robertico y yo, donde crecen sus hijos y donde crecemos juntos con nuestros errores y nuestros dolores. En nuestros gritos y nuestros soliloquios.

 

Quiero despedirme hoy citando tres textos que siempre,  me acompañan, voces de poetas y compositores que anteceden a nuestra generación y nos legaron su carga simbólica, la banda sonora de una vida y el patrimonio poético de un país que durante siglos no pidió permiso para hacer lo que sintió.  Que hablen los poetas:

 

“(...) absurdo suponer que el paraíso / es sólo la igualdad las buenas leyes /

/ el sueño se hace a mano y sin permiso / arando el porvenir con viejos bueyes / viejos bueyes...”

Silvio Rodríguez

 

“Los amigos no me entienden / por qué cierro la ventana. / Sé que pasan las estrellas,/pero de ti, no sé nada. / El lobo y el  / siguen juntos a mi lado,/mas como se disfrazan/nunca sé con quién he hablado. (...) / Menos mal que no estoy solo: / tengo el té y la fantasía. / Hay muchos que andan buscando, / y así se nos va la vida”.

Carlos Varela

 

GENERACIÓN / Ramón Fernández Larrea

Nosotros los sobrevivientes

a nadie debemos la sobrevida

todo rencor estuvo en su lugar

estar en Cuba a las dos de la tarde

es un acto de fe

no conocía mi rostro el frank con su pistola

yo tampoco conozco la cara

de quien va alegremente a joder en mi cama

en mi plato sin la alegría que merece

o que merecería si soy puro

viejo tony guiteras el curita los tantos

que atravesaron una vez la luz

no pensaron que yo sería ramón

sudaron porque sí porque la patria gritaba

porque todas las cosas estaban puestas al descuido

este es mi tiempo lleno de alambres y beirut

de esa bomba callando

era verdad lo que juanito dijo

la felicidad es una pistola caliente

un esplendor impensado una rosa

todos tenemos alguna estrella en la puerta.

 

 


Dímelo cantando: música y política en Cuba

Nora Gámez Torres

20 de septiembre de 2013

 

La actuación del músico cubano Roberto Carcassés, pianista y líder del proyecto Interactivo, en la conocida Tribuna Antimperialista, durante el reciente concierto dedicado a cinco agentes cubanos presos en EEUU ha sorprendido a muchos. La improvisación de Carcassés ejemplifica uno de esos “raros momentos de electricidad política” en los que “el guión oculto” (hidden transcript) de los grupos subordinados llega a la arena pública y es “hablado” frente al poder (J. Scott, Domination and the Arts of Resistance: Hidden Transcripts, Yale University Press, 1990).

 

Un gesto como ese, transmitido en vivo por la televisión, habría sido impensable hace una década, en circunstancias de mayor hegemonía política del Estado. Sin embargo, la politización de la música popular en Cuba es un fenómeno creciente en los últimos años. En la Isla los medios de comunicación y las instituciones están bajo estricto control estatal y el debate sobre temas como los tratados por el músico, están restringidos “al lugar y al momento oportunos”, siempre por venir. En consecuencia, las artes, y la música popular en particular, han reemplazado a los medios de comunicación tradicionales en la discusión de temas medulares que son silenciados por el discurso oficial.

 

Para explicar este proceso, es útil entender a la música popular no como un “reflejo de la realidad” sino como un medio de comunicación que contribuye a la interpretación y construcción de dicha realidad social. La música popular funciona como un medio de comunicación afectivo y eso le permite traducir problemas sociales e ideas políticas al idioma más accesible de la vida cotidiana.

 

La música popular acompañó a los cubanos en los años difíciles del “periodo especial”, cuando apenas circulaban periódicos y las horas de transmisión televisiva eran escasas.  Canciones como “La política no cabe en la azucarera” o “Guillermo Tell” del trovador Carlos Varela resumían en un código compartido la crisis generacional y económica que estaba enfrentando el país.

 

La tradición de música con contenido político en Cuba no es un fenómeno exclusivo de ese periodo. La Nueva Trova podría definirse como “la banda sonora de la Revolución” (Frank Delgado, entrevista con la autora, 2007). Sin embargo, los trovadores de la llamada Novísima Trova utilizaron esa misma tradición para cantar sobre el desencanto, la incertidumbre que invadió al país luego de la caída del campo socialista y los problemas de la vida cotidiana.

 

Según Frank Delgado, en la década de los 90, los trovadores vinieron a llenar el vacío que dejaron “las instituciones cubanas de discusión”. De este modo “los trovadores se convirtieron poco a poco en los únicos tribunos que podían hablar lo que les daba la gana, porque hay una tremenda doble moral, gente que se paraba en una asamblea del Poder Popular, y aunque quisiera decir millones de cosas no las decía, o si quería decirlas se quedaba callado, o si alguien las decía venía otro que se paraba y le decía que era un contrarrevolucionario…”

 

Y también el reguetón

 

En la última década, músicos de varios géneros, sobre todo aquellos que constituyen la escena de la música alternativa y el pop-rock —Habana Abierta, Interactivo, X Alfonso, David Torrens, Raúl Paz, Nassiry Lugo, entre otros— cuestionaron la política migratoria existente y pusieron a circular en sus canciones una idea de cubanidad basada en una comunidad cultural y emocional que trasciende fronteras y militancias políticas.

 

Esta redefinición de la identidad nacional permite acomodar a la diáspora y romper con un marco binario de interpretación de la emigración, el dilema entre irse o quedarse, el síndrome de “la otra orilla” que reaparece entre los críticos de Carcassés. Esta nueva cubanidad se ha concretado en proyectos musicales como Habana Abierta, Havanization, el Cuba NU Wave Festival o el propio Interactivo, que han agrupado a músicos asentados en Cuba, fuera de la Isla, o que son propiamente sujetos transnacionales.

 

No hay dudas de que el poder de comunicación de la música, la propia práctica de los emigrados y sus familias, así como la presión de muchas otras voces, contribuyeron al cambio reciente de la ley de emigración.

 

Por su parte, el hip hop cubano también ha mostrado un fuerte compromiso con la realidad social del país. Como ningún otro género, el hip hop se ha constituido en un espacio de debate racial y rearticulación del activismo negro en Cuba (S. Fernandes, Cuba represents! Cuban arts, state power, and the making of new revolutionary cultures, Duke University Press, 2006.). El rap ha cuestionado el mito nacional del “mestizaje” como recurso simbólico para borrar el tema racial de la agenda pública. Más recientemente, el hip hop se ha radicalizado y grupos como Los Aldeanos y Escuadrón Patriota sistemáticamente y de modo abierto, han criticado las políticas del Estado y sus líderes.

 

Incluso, géneros supuestamente banales como el reguetón no pueden interpretarse al margen de la política pues permiten “escuchar el cambio” en la Cuba contemporánea (Gámez Torres, “Hearing the change: reggaeton and emergent values in contemporary Cuba”, Latin American Music Review, 33, 2). El reguetón no se sitúa más allá de toda ideología. Al enarbolar con entusiasmo valores como el consumismo, el reguetón desafía una ideología oficial que hace constantes llamados al sacrificio, la resistencia y el ahorro. Así, esta música construye un espacio de resistencia en el cual los deseos y valores de sectores desclasados y de otros grupos sociales, son simbólicamente proyectados y celebrados. El reguetón hace visible la existencia de un sujeto social que poco tiene que ver con el proyecto del Hombre Nuevo o el sujeto revolucionario.

 

Paralelos en el Este

 

Es posible encontrar paralelos entre el caso cubano y las críticas al socialismo en la Unión Soviética y Europa del Este.  De acuerdo con Anna Szemere, en Hungría el rock también creó un espacio social y cultural alternativo que contribuyó a socavar el socialismo, al hacer posible la dramatización de la severa crisis cultural y moral prevaleciente en la sociedad húngara de la época (“The politics of marginality. A rock musical subculture in Socialist Hungary in the early 1980s”, en Rockin´the boat: mass music & mass movements, South End Press, Boston, 1992).

 

En la República Democrática Alemana, rockeros y cantautores se involucraron directamente en la política y realizaron una declaración que demandaba el diálogo público y expresaba preocupación por el éxodo masivo que antecedió la caída del Muro de Berlín (D. Pollack, “Mass pressures, elite responses—roots of democratization: the case of the GDR”, Communist and Post-Communist Studies, 2002).

 

Como en el caso cubano, en estos países se observaba una nueva generación de músicos que eran demasiado jóvenes, muy ambiciosos en términos artísticos o demasiado marginales para ser cooptados por el sistema. Del mismo modo, en los tres países, el propio Estado politizó el campo musical a partir de prácticas como la censura, la música política por encargo o los actos políticos oficiales con participación de músicos populares. Desde el principio, Carcassés estaba haciendo política, pues estaba actuando en un evento oficial, de modo que el argumento de que el músico es “un excelente pianista” y por lo tanto “debería dedicarle más tiempo a las teclas y dejarles los discursos en la tribuna y las cartas en la web a los políticos” no se sostiene.

 

Históricamente, el Estado cubano ha empleado un conjunto de estrategias para contrarrestar los discursos críticos en la música popular —que se encuentran tanto en aquella producida por músicos apoyados por el Estado, por ejemplo Buena Fe, como por aquellos que se denominan “underground”. Ese conjunto va desde la represión abierta a grupos como Porno para Ricardo, la censura, las sanciones, políticas de promoción de “bajo perfil” hasta la asimilación o “apropiación cultural”. Este es un proceso a través del cual “las prácticas culturales…que amenazan con perturbar el status quo…son atendidas y transformadas por intervención directa de las elites con el objetivo de difuminar su poder social transformativo” (Cushman, Notes from the underground. Rock music counterculture in Russia, State University of New York Press, 1995). La creación de agencias estatales de rap y rock serían buenos ejemplos.

 

Lo que está en discusión

 

Como respuesta a la actuación de Roberto Carcassés, el Instituto Cubano de la Música impuso, casi inmediatamente, una sanción que implicaba “la separación del sector por tiempo indefinido” según explicó el propio músico en su página de Facebook. Como ya va siendo habitual en estos casos —estoy pensando en las críticas de Pablo Milanés y el artículo de Roberto Zurbano en The New York Times— a la trasgresión, le siguen respuestas semi-oficiales en blogs y páginas digitales que provienen de músicos, académicos (en dependencia del gremio), periodistas y blogueros. En el caso de Carcassés, las críticas más comunes son variaciones sobre el mismo tema del “lugar y momento apropiados”. Como también es común en estos casos, pocos críticos se refirieron directamente a las ideas expresadas por el músico y el debate se desplazó a la forma (el cómo, el cuándo) y no al contenido (qué dijo, es válido o no), mucho menos al por qué lo dijo.

 

Sin embargo, el punto de inflexión aquí estuvo marcado por el intenso debate y la solidaridad con el músico que rápidamente se generaron en las redes sociales, incluso en la limitada red de la Isla. En pocos días, el grupo puertorriqueño Calle Trece hacía pública en Twitter una carta abierta dirigida al presidente Raúl Castro para pedir la eliminación de la sanción. El trovador Silvio Rodríguez también intervino y fijó una posición intermedia al criticar tanto “la torpeza” de Carcassés como la sanción al músico.

 

La solución discursiva de Silvio Rodríguez permitió darle una salida al asunto. Es probable que él, o cualquier otro mediador cultural, haya intervenido para convencer a las autoridades de revocar la medida y ensayar políticas de asimilación que permitan diluir rápidamente el conflicto. La noticia sobre la sanción había llegado al Washington Post y la  revista Billboard. La intensa actividad en las redes podía provocar una reedición de las discusiones suscitadas en la “guerrita de los emails”, esta vez de más difícil manejo por la instantaneidad de Facebook y Twitter y la imposibilidad de contener localmente el debate.

 

Comentaristas menos sagaces han intentado enmarcar los debates en la red como “escandalillos” en “un país donde pareciera que nadie tiene nada mejor que hacer que meter la cuchareta, y darle relevancia a cosas intrascendentes”.

 

Silvio Rodríguez, las autoridades, Roberto Carcassés y todos los demás involucrados en este debate saben, por supuesto, que el tema no es intrascendente. Lo que está en discusión hoy son los límites entre música y política, los límites de lo que puede ser dicho públicamente, así como la capacidad de los cubanos de todas partes para opinar y actuar en las redes sociales y, eventualmente, más allá de ellas. No hay que olvidar que la “improvisación” de Carcassés implica un reclamo urgente de extender la reforma promulgada por Raúl Castro hacia el terreno político. En ese sentido, la esfera pública cultural construida por y a partir de la música popular puede ser vista, no solo como espacio de ensayo de la política, de búsqueda de soluciones imaginarias a problemas reales, como diría George Lipsitz (Dangerous Crossroads: popular music, postmodernism and the poetics of place, Verso, New York, 1994), sino también como una práctica política en sí misma, como un modo de reconfigurar y encauzar las prácticas individuales y colectivas. En este marco debemos leer la improvisación de Roberto Carcassés.

 

 

Pido la palabra por los hermanos Camejo

Camilo Ernesto Olivera

20 de septiembre de 2013

 

Recuerdo bien la primera vez que fui a un teatro. Llegué, de la mano de mi madre, a la pequeña salita del Guiñol, en los bajos del edificio Focsa, en El Vedado. Vi la puesta de una versión, para títeres y actores, de la novela Gulliver en el país de los enanos, de Jonathan Swift. Pero hasta mucho tiempo después no conocería quiénes fueron los fundadores de aquel grupo teatral, ni tampoco supe del calvario que debieron atravesar en los oscuros años setenta.

 

En los cincuenta, estos fundadores, los hermanos Camejo (Caridad Hilda –Carucha- y José Ramón -Pepe), habían llevado sus títeres a los televisores en la isla. Durante la primera mitad de esa década, dieron vida en la CMQ a personajes como la negrita Libélula, Mascuello o el muy recordado Kiki Televiki.

 

Los Camejo venían de participar en las denominadas Misiones Culturales, auspiciadas por el Ministerio de Cultura. Junto a otros artistas, llevaron su retablo por toda la isla. En 1952, el dramaturgo José (Pepe) Carril, fundó el Teatro de Muñecos, en Holguín. Precisamente, junto a los hermanos Camejo, Carril se convertiría más adelante en uno de los tres directores artísticos del Guiñol Nacional de Cuba, luego Teatro Nacional de Guiñol.

 

En la segunda mitad de los cincuenta, subió a escena Pelusín del Monte, diseñado a cuatro manos entre Pepe Camejo y Dora Alonso. El jacarandoso guajirito y sus andanzas tuvieron un espacio en la televisión. En 1961, salió al aire la serie titulada Las aventuras de Pelusín del Monte, que se mantuvo en CMQ (luego Canal 6) hasta 1963.

 

Durante esos años, se incorporaron al Guiñol Carlos Pérez Peña, Mabel Rivero, Ernesto Briel, Ulises García y Silvia Barros. También en ese periodo, el Guiñol definía su dramaturgia en función no solamente de los niños. En 1963, fue reconfigurada una sala de cine que estaba ubicada en los bajos del edificio Focsa. En ese sitio estableció su sede el ahora denominado Teatro Nacional de Guiñol.

 

El primer estreno, en su nueva sede, tuvo lugar el 14 de marzo de ese año. El Guiñol desarrolló un formidable trabajo, que abarcaría desde versiones de cuentos de la herencia literaria universal, hasta la representación de textos provenientes de la tradición afrocubana. En 1965, Carucha Camejo realizó una innovadora versión del Don Juan Tenorio de Zorrilla. Por su parte, Pepe Carril estrenó la exitosa versión al clásico de Aristófanes Asamblea de Mujeres. Igualmente fueron puestas en escena las versiones al El Pequeño Príncipe, de Exupery, La Caperucita Roja, y, entre otras,  la visión de un Patakín (fábula de la tradición Yoruba) titulada Ibeyi Aña.

 

En 1969, el Teatro Nacional de Guiñol realizó una exitosa gira por Europa. Con ellos viajó Esteban Torres, un funcionario del Consejo Nacional de Cultura, quien, obedeciendo órdenes de arriba, coartó el desenvolvimiento de la gira e impidió la presentación del grupo en la URSS. Posteriormente, entre 1971 y 1973, este funcionario estaría en el grupo con Armando Quesada al frente, que ejecutó (para teatristas) la política homofóbica conocida como Parametrización.

 

La cacería de brujas desatada a partir del Congreso Nacional de Cultura, de abril de 1971, arrasó con el Guiñol. Pepe y Carucha Camejo fueron sacados de su trabajo como directores. Pepe, víctima de la oficialista  Ley contra la Vagancia, fue a prisión. Carucha, sometida a una presión infernal, enfermó de los nervios. La mayoría de los integrantes del grupo resultó parametrada. Varios proyectos de puestas en escena quedaron truncos, entre ellos Cecilia Valdés, Venus y Adonis, El reino de este mundo y otro acercamiento a la tradición afrocubana, bajo el título de Tres rituales por siete para Babalú Ayé.

 

La vanguardia del teatro cubano de títeres quedó sepultada bajo la avalancha represiva del régimen. A finales de la década del setenta, los hermanos Camejo se fueron de Cuba. Un poco antes, sus muñecos fueron incinerados en un episodio del que no se tiene acta veraz todavía.

¿Tienen luz verde los esbirros en Cuba?

Oscar Peña

19 de septiembre de 2013

 

No sé si es falso o cierto. Existe una leyenda que los atropellos, torturas y crímenes que se dieron en el último gobierno de Fulgencio Batista –1952/1959 por medio de un golpe de estado– eran acciones ajenas a él que ejecutaban por su cuenta esbirros que estaban en los cuerpos de la policía, el ejército y la marina del país que él no podía controlar. Incluso personas muy cercas de él me han exteriorizado que llegó a confesar que fueron los culpables directos de su caída. Me pregunto: ¿Está hoy también el general Raúl Castro ajeno a las barbaries que están haciendo sus cuerpos?

 

Ante la anterior interrogación y para no dejar lagunas, ni espacio para fábulas mañana, pongo en conocimiento del gobernante cubano Raúl Castro la monstruosa, sádica y premeditada acción de golpiza ejecutada por unos esbirros contra con la actriz cubana Ana Luisa Rubio para llenarla de pánico y terror por estar dando opiniones disidentes. Ha sido algo incalificable con palabras que ha provocado mucha indignación.

 

Debían saber los jefes que enviaron a estos esbirros a ejecutar este crimen de atropellar salvajemente a una mujer por tener solo opiniones diferentes que el propio Fidel Castro le debe la vida al señor Pedro Sarría Tartabul, teniente del ejército de Fulgencio Batista, quien impidió que sus soldados le dieran muerte cuando lo capturaron después de atacar el cuartel Moncada. “Las ideas no se matan”, le expresó el teniente Sarría a los esbirros y presentó al acusado ante un tribunal civil e imparcial.

 

El caso de Ana Luisa Rubio y otros muchos atropellos y abusos que están sucediendo hoy dentro de todo nuestro territorio nacional es doblemente más grave que aquel hecho con Fidel Castro y su gente porque los luchadores cubanos de hoy hacen oposición de manera cívica. Ana Luisa Rubio y ningún disidente cubano asaltó un cuartel, mató a un policía, ni puso una bomba como hacía el movimiento fidelista 26 de Julio.

 

Han pasado más de 50 años y es hora que la dirección de Cuba acabe de concluir que la generalidad de los países viven con un arco iris de diferencias, puntos de vista, opiniones y derechos para todos y que Cuba no puede ser la excepción. Es antinatural.

 

Si el general Raúl Castro no sabe nada de estas sucias acciones al más bajo estilo mafioso tiene ahora con esta información directa en sus manos la oportunidad de demostrar rasgos de buena voluntad nacional para no dejarlas impunes, como está sucediendo con los agresores que actúan en ellas, los cuales en cada caso están siendo identificados y acusados por los activistas en las estaciones de policía y la Fiscalía, pero hasta ahora nadie ha sido acusado, ni detenido, lo cual obliga a inferir que estos atroces actos tienen luz verde de altas autoridades del país.

 

El gobierno de Cuba está ante un dilema delicado hoy: enjuician a estos violentos ciudadanos porque no hacerlo sería admitir que se hace por órdenes de ellos. La salvaje golpiza contra Ana Luisa Rubio y otros muchos ciudadanos con opiniones diferentes no debe quedar impune.

 


Violeta Rodríguez Chaviano, hija de Silvio Rodríguez, denunció represión contra Robertico Carcassés

 

Aunque ya la tiranía le levantó la censura a Robertico Carcassés, no puede pasarse por alto esta denuncia de la hija de Silvio Rodríguez, Violeta Rodríguez Chaviano,  quien denunció que a su pareja, el músico Oliver Valdés, se le recriminó por mencionar el nombre del artista sancionado en la televisión.

 

“A Roberto no solo lo castigaron a no tocar, tampoco lo dejan entrar a lugares públicos donde se hace música en vivo y ni siquiera se puede hablar de él en TV. Hoy estuvo Oliver [Valdés] en Mediodía en TV, anunciando el lanzamiento de su DVD en Casa de las Américas, y lo regañaron directivos del ICRT por decir en cámara que Roberto no iba a tocar en el evento.”, escribió este lunes 16 de septiembre Violeta Rodríguez en su página de Facebook.

 

Valdés, un conocido baterista que ha trabajado con Interactivo y también con su suegro, Silvio Rodríguez, estaba “dando una disculpa al público porque Roberto, al contrario de como estaba anunciado, no tocaría en el concierto”, señaló la mujer. “Pero, ¿en qué acápite de la constitución dice que alguien no puede entrar en algún lugar? ¿Dónde está esa ley? ¿Dónde está escrito el glosario de las palabras que podemos o no decir en los medios? Roberto no ha cometido ningún delito, ni está esperando un juicio bajo prisión domiciliaria. ¿Y tampoco podemos mencionar su nombre en la TV? ¿Pero qué es esto? ¿Cómo pueden tener ese derecho?”.

 

A continuación el mensaje publicado por Violeta Rodríguez Chaviano:

 

“¿Vivimos en una república o en una escuelita? Solía decir un viejo amigo mío. Definitivamente insistimos en ser una escuelita. Mientras sigamos viviendo en la Edad Media no tendremos República y sí La Inquisición. Creo, que lo más terrible de la “medida disciplinaria” (como en la escuelita) que han tomado con Roberto Carcassés, alejarlo por tiempo indefinido de la música y de su proyecto Interactivo es, sobre todo, la constatación para todos los artistas cubanos de que efectivamente vivimos en una escuelita y que en cualquier momento la maestra nos manda para “la dirección” y nos supenden de la actividad que, en definitiva, nos da vida. Alejar a un músico de su instrumento, de su música, a un artista de su arte es confinarlo “al hueco” y en el caso de Roberto a cadena perpetua con aquello de: por tiempo indefinido. ¿No se había acabado el pavonato? ¿Quién da estas órdenes? Estamos todos expuestos a medidas como estas. A Roberto Carcassés lo han condenado a morirse de hambre. ¿De qué va a vivir Robertico y su familia si no puede tocar? Somos nosotros mismo los que fabricamos a los discrepantes. Somos nosotros mismos los que les ponemos en bandeja de plata nuestros artistas, nuestra gente, al sediento enemigo.

 

A Roberto no solo lo castigaron a no tocar, tampoco lo dejan entrar a lugares públicos donde se hace música en vivo y ni siquiera se puede hablar de él en TV. Hoy estuvo Oliver en Mediodía en TV, anunciando el lanzamiento de su DVD en Casa de las Américas, y lo regañaron directivos del ICRT por decir en cámara que Roberto no iba a tocar en el evento. Simplemente dando una disculpa al público porque Roberto, al contrario de como estaba anunciado, no tocaría en el concierto. Pero, ¿en qué acápite de la constitución dice que alguien no puede entrar en algún lugar? ¿Dónde está esa ley? ¿Dónde está escrito el glosario de las palabras que podemos o no decir en los medios? Roberto no ha cometido ningún delito, ni está esperando un juicio bajo prisión domiciliaria. ¿Y tampoco podemos mencionar su nombre en la TV? ¿Pero qué es esto? ¿Cómo pueden tener ese derecho?

 

Repito, lo que más me impresiona y preocupa del hecho es, sobre todo, este punto: estamos todos expuestos a esta censura. A que nos regañen simplemente por mencionar un nombre, a que un día no nos permitan tocar, actuar, pintar, bailar, escribir. A que de pronto no nos permitan acceder a un centro nocturno, a un teatro. A que no podamos mencionar a nuestros compañeros de trabajo en los medios. Me parece que eso a estas alturas es una problema infinitamente grave. Eso sí que da miedo.

 

Conozco a Roberto desde que era una niña y si algo lo identifica es su espíritu pacífico, creo que eso quedó muy claro en el notorio y penado coro. Pensar que Roberto puede representar una amenaza es lo más ridículo que he escuchado en mi vida. Vi en vivo, desde mi casa, el reclamador coro del Robert, me pareció un desatino tremendo sobre todo porque presentí lo que se avecinaba y aunque sigo pensando que ese no era el contexto adecuado para desplegar su pregón, hoy por hoy creo que han sobredimensionado el hecho los Torquemada que nos cobijan. Yo también pensé, como Robertico, que estábamos en una Cuba mejor.

 

Creo que el problema más grande no lo tiene ahora mismo Robertico Carcassés, el problema más grande, gordo, complicado y difícil de componer lo tiene ahora mismo son los autores de esta medida, porque lo único que han sí han hecho y con creces es destapar una intrincada, profunda e interminable caja de Pandora. Vamos a ver si logran cerrarla.

 

No pierde Roberto Carcassés a su patria, a Cuba, esa no hay quien se la arranque. La pregunta es: ¿Quiere Cuba perder a su tremendísimo músico Roberto Carcassés? ¿Quiere esta escuelita perder a uno de sus más destacados alumnos?”.

 


¿Felicitamos a Silvio Rodríguez?

Haroldo Dilla Alfonso

22 de septiembre de 2013

 

Como era de esperar de un hecho tan sonado como el uso de un acto multitudinario para pedir cambios políticos en Cuba, Roberto Carcassés (RC) ha pasado de ser lo que realmente es, un artista brillante e innovador, a un test case de las militancias políticas.

 

Por supuesto que los primeros en salir a la palestra fueron los cancerberos del sistema apoyando las sanciones administrativas contra RC. Ello incluyó artistas compelidos –por convicción o por conveniencia- a apoyar todo lo que el régimen hace y a los cada vez más estériles e intrascendentes blogueros mal-pagados. Pero entre ellos hubo un sector que me llamó la atención: el bolsón procastrista de Miami.

 

El primero fue un locutor de radio que animaba en Cuba un programa de enlatados de musicales cultos y ahora milita con pleno derecho en una franja de difamación y chanchullos que cobija a varias tendencias políticas aparentemente enemigas, en realidad mutuamente imprescindibles.

 

Y luego Max Lesnik, a quien menciono y cito solamente para mostrar el atraso y la decadencia ideológica del procastrismo. Pues para Lesnik el principal problema de RC es que pidió la legalización de la mariguana, “…para fumarla, dijo, en plena gozadera de vicio y corrupción, que por supuesto que tal cosa no significa libertad. Y en eso de la Mariguana por ‘la libre’ no estoy de acuerdo yo”.

 

Es decir, que Lesnik habla muy mal de si mismo cuando despacha con tal procacidad un ramillete de temas tan complejos como el planteado por RC. Que incluye el candente asunto de la legalización del uso de las drogas, un debate muy serio a nivel mundial que este analista político (todo en minúsculas) diluye en “gozaderas” y libertinajes.

 

Debo aclarar que cuando escribí mi artículo sobre el tema la pasada semana yo no sabía lo que significaba María. Ahora que lo sé, yo, que tengo otras maneras de diversión que no pasan por el uso de las drogas, encuentro en ello otro motivo para felicitar a RC.

 

Luego, los apoyos, que dentro de Cuba se han limitado fundamentalmente a una solidaridad gremial, es decir al derecho o no de un artista a usar una tribuna. Y que en casi todos los casos han coincidido en regañar a RC por usar la liturgia de los cinco-héroes-prisioneros-del-imperio para un fin diferente.

 

Son dos presuposiciones equívocas y de bajos vuelos.

 

Por un lado, creo que hay que defender el derecho de los artistas a expresarse como les venga en gana –con un discurso o con una canción- pero también de todos los ciudadanos. RC lo hizo y cuenta a su favor con una fama bien ganada por su talento y trabajo que de alguna manera lo inmuniza.

 

Otras personas son apaleadas cuando intentan hacerlo, o tienen que abandonar el país, o les pasan la factura en alguna comisaría. La única posición democrática, justa y patriótica sería defender el derecho a la expresión de todos los ciudadanos(as), incluyendo aquí a prominentes intelectuales  como son, entre otros, Cuesta Morúa, Yoani Sánchez, Miriam Celaya, Regina Coyula y  Antonio Rodiles, que no pueden acceder a las tribunas.

 

Por otro lado, creo que hay que desacralizar todo lo público, refiérase al tema que se refiera. Pues lo que es sagrado para unos, no lo es para otros, y todos somos cubanos. Y tras el tema de los agentes presos –cuyas liberaciones también yo apoyo- hay todo un andamiaje de manipulación patriotera que merece ser develado, incluso en beneficio de nuestros compatriotas encarcelados.

 

La figura más visible del apoyo mediatizado, que antes explicaba, ha sido Silvio Rodríguez. En lo fundamental lo que ha dicho el viejo trovador es que RC fue torpe al usar esta tribuna para ese fin, pero que el castigo que le querían propinar era también torpe.

 

Es decir, dos torpezas sobre las cuales se erguía olímpicamente el propio Silvio, proponiendo que RC lo acompañara en unos recitales barriales y gestionando otra reunión donde se dice levantaron las sanciones.

 

Esto último es bueno, pero no creo que sea lo más importante. Al final RC es joven, conocido y talentoso, y podrá superar cualquier sanción mezquina, que sería finalmente muy costosa para el gobierno.

 

Lo más importante es que si hacemos una lectura benigna de lo que ha dicho Silvio Rodríguez, se pudiera concluir que esta figura paradigmática de la cultura cubana posrevolucionaria está moviéndose hacia posiciones de mayor tolerancia y pluralismo. De lo cual ha carecido en su pasado conocido. Y si es así, lo felicito.

 

Silvio ha dicho, por ejemplo, que él apoya la idea de que los artistas expresen sus criticas por diferentes vías, aunque no en un acto por los cinco, que es, dijo “sagrado”. Ha planteado su desacuerdo “con la sanción desmedida de prohibirle a un músico realizar su función social”.

 

Si corremos el tema solamente unas pulgadas y aplicamos pura lógica, entonces Silvio Rodríguez tendría que reconocer que se opone a que médicos, profesores, sociólogos, antropólogos, periodistas, etc., sean separados también de su “función social” cuando son expulsados de sus trabajos, o sometidos a hostigamientos que hacen imposibles sus permanencias.

 

Si está de acuerdo con condenar “sanciones desmedidas”, entonces ya está listo para condenar los atropellos contra los activistas opositores, incluso contra las personas que ejercen la crítica sin pretender cambiar al gobierno, como ocurre con trágica frecuencia.

 

Más aún, imagino, cuando se trate de las celebraciones que hacen los disidentes el día mundial de los derechos humanos, que para ellos –y son cubanos- es sagrado.

 

Por supuesto que algunos lectores van a considerar que estoy soñando. Pero yo quiero creer que no. Y por eso quiero ver como Silvio Rodríguez se coloca por encima de sus propias torpezas –como ahora sobre las torpezas de los otros- y se retracta de haber firmado hace solo diez años un documento justificando el fusilamiento sin garantías legales mínimas y por hechos menores, de tres jóvenes pobres y negros.

 

Obsérvese que no digo que se retracte de sus posiciones políticas, ni de sus preferencias por Fidel, Raúl o Machado Ventura. Posiciones como esas son parte de nuestro presente y lo serán de un futuro pluralista donde todas las posiciones políticas deben caber.

 

Lo que sugiero a Silvio Rodríguez es que se separe de un hecho criminal, para que podamos creerle definitivamente y para que otro hecho como ese no vuelva a suceder.  Pues si bien es cierto que los tres jóvenes negros y pobres no eran artistas, sí eran, Silvio Rodriguez debe saberlo, tan personas y compatriotas como Carcassés y los cinco héroes.

 

 

Carcassés: ¡qué bueno canta Ud!

Haroldo Dilla Alfonso

16 de septiembre de 2013

 

Que un cantante use una tribuna en un espacio público, y ante miles de espectadores, para pedir reformas políticas, es otro mundo

 

Cuando dos noches atrás, en un hotel de la frontera dominico/haitiana, escuché a Roberto Carcassés cantando en el recital masivo por los agentes cubanos presos en Estados Unidos, lo primero que se me ocurrió fue que estaba perdiendo agudeza auditiva y confundiendo deseos con realidad.

 

Las cámaras, estrictamente concentradas en el escenario, no me permitieron observar las reacciones de los asistentes. Ni de los que estaban en la primera plana: familiares de los agentes presos, altos funcionarios y unas chicas que parecían como puestas allí para mostrar alegría. Ni del resto del público que se desplazaba por una plaza que antaño fue un elegante paseo y hoy es una explanada del peor gusto con la una estatua vejatoria dedicada a Martí. Pero estoy seguro que si entendieron en medio del bullicio, debieron sentirse en otro mundo.

 

Porque, que un cantante use una tribuna en un espacio público, y ante miles de espectadores, para pedir reformas políticas, es otro mundo. Al menos un mundo diferente al de los espectáculos totalitarios, del nacionalismo chabacano y de las liturgias enfermizas que ha practicado el gobierno cubano por décadas. En unos casos, a pulso, y en otras mezclando el discurso con la música, buena y mala.

 

Carcassés, arropado por el contagioso estribillo de “Quiero, acuérdate que siempre quiero”, pidió libertad para los cubanos presos y para María —que imagino puede ser cualquiera que esté preso(a)— el fin del bloqueo y del autobloqueo, la libertad de información para poder tener una opinión y la posibilidad de elegir al presidente. No pidió derrocar al gobierno, ni sonrió a Estados Unidos, ni dio la razón a los disidentes, a los que solo quiso equiparar en derechos a los militantes. Un principio básico de toda democracia y del sentido político común en el este siglo XXI.

 

Carcassés no presentó un programa político coherente antigubernamental, y eso fue lo mejor. Se limitó a decir dos o tres cosas que la abrumadora mayoría de los cubanos desean, y que no pueden decirlo porque carecen de la oportunidad de la tribuna o de sobrevivir después de la tribuna. Su grupo escenificó en público lo que está pasando todos los días en la Isla: la emergencia de situaciones de resistencia al poder autoritario que sigue pidiendo lealtad a cambio de pobreza, inseguridad y corrupción. Y que los dirigentes cubanos se obstinan en llamar malos hábitos en algunos casos y mercenarismos en otros.

 

Por todo esto, hay que saludar este gesto valiente de Carcassés y sus acompañantes, que esa noche cantaron por todos los cubanos, de adentro y de afuera, de derecha y de izquierda, politizados o apolíticos.

 

En principio la prensa ha reportado las algabarabías de los burócratas infecundos y algunas acciones coactivas administrativas. Temo que se produzca una escalada, pues la clase política cubana parece decidida a demostrar que frente a la crítica no autorizada, solo caben la represión y la violencia, desde los medios oficiales o en convivencia con ellos. Una violencia ejercida por una clase política que se comporta como un ejército de ocupación. Y que ya parece constituirse —junto con las casas en ruinas, los salarios miserables y los hospitales cayéndose a pedazos— en parte del paisaje nacional.

 

 

Un hombre frente al micrófono

Yoani Sánchez

15 de septiembre de 2013

No sirvieron de nada los filtros. Los tantos ojos frente a los monitores en “el máster”, con dedos ágiles para cortar una señal, quitar el audio, descartar una cámara y pasar a otra que tome a la multitud… o al cielo. No sirvieron de nada los profesionales entrenados en la censura televisiva, en colocar el patrón de prueba o poner una cortinilla musical mientras se saca a ese “espontáneo” que dijo lo que no debía en una transmisión en vivo. No sirvieron de nada, porque un hombre frente al micrófono tomó una decisión de vida. Resolvió que primara la honestidad por sobre su propia carrera artística.

 

Robertico Carcásses estuvo en el momento justo y en el lugar indicado. No desaprovechó la ocasión y le soltó a la plana principal del régimen cubano lo que tantos pensamos.

 

Gracias Bobby, por el valor, la originalidad y por haberte dado cuenta de la gran oportunidad que tenías con tu voz y con tu arte.  ¡Gracias!

****************************************************

El régimen sanciona “indefinidamente” a Robertico Carcassés

 

El músico declina confirmar la suspensión oficial, pero promete explicar la situación a través de una carta pública.

 

El músico Robertico Carcassés ha sido “separado del sector” por tiempo indefinido, como represalia a sus comentarios críticos con el régimen durante un concierto dedicado a los cuatro espías presos en Estados Unidos, informaron fuentes del grupo Interactivo.

 

El grupo dijo que no podría presentarse el sábado en el Café Miramar, ni el miércoles en el Brecht, debido a una decisión de las autoridades.

 

“Nos citaron ayer a todos a una reunión al Instituto Cubano de la Música, donde se nos informó que Roberto queda ‘separado del sector’ por tiempo indefinido. Quiere decir que no se puede presentar solo, ni con Interactivo, en ningun lugar estatal”, informó la página del grupo en Facebook.

 

Una hora después, el mensaje fue modificado y ahora se limita a informar sobre la suspensión de los conciertos.

 

Carcassés pidió el jueves “libertad de información”, “elección directa del presidente” y el “fin del bloqueo y del autobloqueo”, durante un concierto por la libertad de los cuatro espías presos en Estados Unidos.

 

Dos periodistas de DIARIO DE CUBA lograron hablar con Carcassés, este sábado al mediodía (hora local), cuando se conocieron los primeros rumores sobre una posible sanción gubernamental.

 

En ambas llamadas, el músico declinó confirmar o desmentir si el Instituto Cubano de la Música lo había suspendido, pero prometió escribir una carta pública la próxima semana.

 

“¿Y así quieren que la gente hable de los problemas? Eso no se lo cree ni el que lo dijo”, respondió en Facebook un seguidor de Interactivo. Inmediatamente el músico represaliado recibió decenas de comentarios de apoyo.

 

La isla del mutilado Conan Doyle

Wichy García Fuentes

11 de septiembre de 2013

 

Televisión cubana y camisas de fuerza: los policíacos del MININT (I)

 

Qué tan diferente hubiera sido si Arthur Conan Doyle, al presentar su manuscrito de Estudio en escarlata a la editorial Ward, Lock & Co., hubiese escuchado de boca del editor, como condición para su publicación, que el envenenamiento de Drabber no debía ser resuelto por Holmes y Watson –unos cuentapropistas sin trayectoria política– sino por el inspector Lestrade, de Scotland Yard, alguien debidamente autorizado; que la herida de guerra con la que Watson comienza la historia debería ser más bien por un accidente doméstico, pues no conviene mencionar que el imperio británico estuvo involucrado en una guerra precedente; que la palabra escrita con sangre, clave de la historia, “rache”, es un término alemán que además significa “castigo” y no, qué va, compañero, Alemania es una nación problemática, así que mejor sería usar “caresse”, que en francés significa “caricia”; que Watson no debería ser médico, porque pudiera parecer que los médicos ingleses no trabajan y que se pasan el día jugando a los detectives, y que, definitivamente, Sherlock Holmes no puede tocar el violín, porque parecería débil –vaya, homosexual, se entiende– mucho menos tener adicciones, porque eso sería dar un mal ejemplo a la juventud y al new man británico.

 

Esas delirantes suposiciones, que nos llevarían sin remedio a la destrucción del clásico de Sir Arthur Conan Doyle tal y como hoy lo conocemos, han sido, por décadas, el pan nuestro de cada día en la realización de programas policíacos en la televisión cubana.

 

Mientras la literatura policial, narrada por escritores como Padura o el uruguayo aplatanado Daniel Chavarría, goza de mucha mayor libertad –más bien una especie de aceptación oficial, a tenor de la copiosas ediciones en el extranjero y la relativa cortedad de las tiradas internas-, la producción del policíaco en la televisión sigue reglas demasiado estrictas y mutiladoras como para permitir un florecimiento del género. Cada episodio de programa policíaco concebido dentro de la isla lleva, desde su génesis, el sambenito de la perenne censura, la vigilancia, el control y las adecuaciones de una institución que no tiene nada que ver con el arte audiovisual, a no ser como arma ideológica y propagandística: el Ministerio del Interior.

 

Un guión policíaco que involucre a las fuerzas policíacas actuales –y por ende, que proponga el uso de uniformes, armas, vehículos e instalaciones reglamentarias– no permanece mucho tiempo en manos de los asesores de la División de Programas Dramatizados, los encargados de producir series, telenovelas y telefilmes, y sobre quienes suele caer injustamente la culpa de cada pifia del género. La jurisdicción de dichos especialistas se limita a observaciones dramatúrgicas, a las propuestas, en tanto el visto bueno final debe ser dado por una serie de oficiales del MININT, encargados de velar por la imagen inmaculada de su institución y de sus miembros.

 

Y ni siquiera se trata de un comité unificado con reglas estrictas de censura. A menudo un guión “complicado” puede perderse en una madeja de figuras militares en las que unos aceptan que es viable determinada historia, pero que no se atreven a autorizarlo hasta tanto estar seguros de que sus inmediatos superiores, o sus no tan inmediatos superiores, estén de acuerdo con ellos. Para evitarse esos problemas con los molestos asesores de la televisión nacional, el ministerio optó por crear su propio mecanismo de producción sin contar con la anuencia del ICRT, aunque usando sus canales para transmitirlos: los Estudios Taíno –herederos espirituales del ECITV FAR (Estudios Cinematográficos y de Televisión de las FAR, aparecidos en 1978)-, donde ya el show policíaco viene enlatado con todos los ingredientes oficiales, y podado automáticamente desde su misma concepción.

 

CSI a la cubana

 

El fruto más conocido de esta producción maniquea, aburrida y pedante, lo ha sido sin lugar a dudas la serie Tras la huella, un engendro que, a la larga, deviene en archivo oficial medianamente dramatizado, en descripción documental de casos y no tanto en intriga policial elaborada con presupuestos dramáticos serios y caracterizaciones interesantes.

 

Aún así, no pocos guionistas, asesores y directivos de la sección dramatizada de la televisión han tratado, por años, de acomodar sus proyectos a los gustos y exigencias de la inquisición política. Conseguir una serie policíaca en donde los investigadores lucieran como seres humanos, con defectos y virtudes, donde los violadores de la ley no fuesen siempre vistos como villanos marginales y donde fuese posible contar historias independientemente de su conveniencia político-ideológica o la pertinencia en determinado “momento histórico”, sigue siendo una labor de Sísifo para los profesionales del medio que sueñan con producir series tan entretenidas o consistentes como Law and Order o CSI, que sí se transmiten en la televisión abierta de la isla, presumiblemente porque, entre otras cosas, reflejan una realidad ajena en un mundo de corrupción y crimen que nada tiene que ver con nuestros “valores socialistas”, o para aquellos que en otros tiempos disfrutaron de las licencias y libertades creativas permitidas durante el mando del general José Abrantes.

 

Mucha gente aún recuerda con regocijo la serie Su propia guerra (en el espacio Día y Noche), con un carismático Jorge Villazón como investigador principal y un joven Albertico Pujols metido en la piel y los huesos del controvertido Tavo, colaborador de la policía infiltrado en el hampa habanera.

 

Aquellos tiempos –los liberales ochentas– terminaron con la defenestración y muerte sospechosa del ministro Abrantes, y para comienzos del siglo XXI ni siquiera estaba permitido volver a transmitir aquellos viejos episodios en la programación habitual. Las estrategias del oficial que representaba Villazón, las libertades que se tomaba el seguroso con jeans y camisa negra de César Évora, o la pendencia barriotera entre el Tavo y el Puri, veinte años más tarde ya se habían vuelto demasiado subversivas y morbosas para los sustitutos de Abrantes, los nuevos inquisidores del ministerio. De hecho, la retransmisión de un sólo episodio de aquella inicial Día y Noche, en el aniversario XX de su aparición, tuvo que pasar por largas sesiones de debate antes de ser vuelta a ver, de manera excepcional, en los televisores cubanos.

 

En aquel episodio, el personaje de Villazón, oficial a cargo del equipo investigador, tenía una sutil aventura amorosa con una simpática mafiosa (Yolanda Ruiz), antes de que esta fuese descubierta. Aquello significaba un comportamiento demasiado disoluto para los dignos cuadros del MININT.

 

La aparición de Forense, dirigida por el ya fallecido Vicente González Castro, fue un intento de prescindir de la omnipresente y omnipotente “colaboración” del MININT, al descubrirse el milagro de que el departamento de Medicina Legal no se subordinaba a dicho Ministerio del Interior, sino al de Salud Pública (MINSAP). La producción tuvo entonces que confrontar una contradicción inevitable: no aparecerían policías ni patrullas, sólo los médicos forenses que analizaban y dictaminaban los casos. Si en la realidad no es posible un operativo que desligue a ambos departamentos, en la versión para la televisión –producida por la redacción de dramatizados prescindiendo de la aprobación de la policía– así tuvo que ser. No hubo más remedio que parchar la intervención policial con referencias verbales, con algún forense que “contaba” lo que habían dicho o hecho los uniformados. Ello mutiló también el producto, y el resultado nunca pudo emular con los CSI norteamericanos, en los cuales luce tan normal y orgánica la colaboración entre forenses e investigadores de la policía.

 

Una serie jamás realizada

 

A veces se usaba el recurso del policía vestido de civil, como en un personaje de telenovela que, luego de pasar muchos episodios trabajando de “amarillo” en una parada del camión y viviendo en un solar, resultaba ser un policía encubierto. A la hora de apresar al viejo criminal que encarnaba Mario Limonta, aparecieron unos tipos de paisanos, lo metieron en un Lada y listo, la siguiente escena ya era el interrogatorio en oficina con fotos de líderes revolucionarios y con el policía, ya destapado pero todavía de civil, sermoneando al delincuente apresado.

 

Uno de los tantos intentos frustrados fue una serie jamás realizada, Jaque Mate, en la que un investigador con antecedentes de alcoholismo, fanático del ajedrez, resolvía casos usando la lógica de su juego favorito. Como el hombre era propenso a no seguir las reglas, el proyecto de inmediato se estancó en alguna gaveta del Ministerio del Interior. No era posible un investigador humano, con defectos, como tampoco era posible reflejar aspectos de la criminalidad urbana sin una sentencia aleccionadora, sin un mensaje afianzado en la “moral socialista”. Finalmente, la redacción no tuvo más remedio que transformar el episodio piloto y convertirlo en un telefilme, no sin antes situar la acción en Santiago de los Caballeros, República Dominicana. El telefilme Karma fue muy bien recibido por la audiencia en el verano del 2006, y reconocido por la crítica en Juventud Rebelde como un modelo a seguir para la producción policíaca nacional. Sin embargo, fue un hecho aislado que no cristalizó, dado que no es factible pretender un desarrollo del policíaco propio situando siempre la acción en otro país.

 

La fabulación a costa de Sir Arthur Conan Doyle, con la que comenzó este artículo, quizás fuese algo hiperbólica, dado que el escritor murió en 1930, siete años antes de que apareciera la televisión en el Reino Unido, pero no tan exagerada resultaría la posibilidad de que un guionista con talento para el policíaco, dotado con habilidades para la intriga detectivesca similares a las del maestro escocés, luego de presentar su proyecto en el sexto piso de la televisión cubana, acabase frustrado y escribiendo cualquier otra cosa menos problemática.

 

Hace unos pocos años, recibí por correo electrónico la invitación a participar de un curso que impartiría en cierta universidad hispana el guionista y productor David Black, reconocido por su trabajo en Law and Order, CSI Miami, Monk y otros policíacos norteamericanos. Pensaba entonces que, aún a pesar de la rigurosa selección para el curso y que, de las muchas solicitudes que se recibiría sólo se admitirían a veinte optantes, a ningún guionista de la televisión cubana le serviría para algo aquel caudal de conocimientos, de haber tenido oportunidad de cursarlo. El señor Black no habría podido ver en pantalla un solo episodio de sus famosas series, si para producirlas hubiese tenido que depender de un supuesto alto mando policial (supongamos, el NYPD), metiche y autoritario, decidiendo, sin apelación posible, la manera impoluta en que deben verse sus policías, investigadores y burócratas. En ese supuesto, la atractiva y ya universal oferta de series policíacas americanas sería, sin duda alguna, tan aburrida y esquemática como la nuestra.

 Premio Sajarov 2010 es golpeado y detenido

Detenido en Cuba el disidente Guillermo Fariñas

Maye Primera

11 de septiembre de 2013

 

La Unión Patriótica, a la que pertenece el opositor, denunció 547 detenciones arbitrarias en agosto, el peor mes para la disidencia en lo que va de 2013

 

Un grupo de doscientos cocheros de la ciudad de Santa Clara, en la región central de Cuba, se congregaron este martes por la mañana frente a la sede de la Asamblea Provincial para pedir la rebaja de los impuestos que deben pagar a La Habana ahora que se han declarado trabajadores por cuenta propia. El disidente cubano Guillermo Fariñas, junto a una decena de militantes de la Unión Patriótica de Cuba (Unpacu), acudieron a darles su apoyo y fueron detenidos y golpeados por la policía. Bajo las mismas circunstancias fueron arrestados 547 disidentes en agosto, en toda la isla: en protestas sociales contra medidas adoptadas por el Gobierno de Raúl Castro, que acabaron en represión policial. De acuerdo a cifras de la ONG Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, agosto ha sido el peor mes para la disidencia en Cuba.

 

Guillermo Fariñas es psicólogo, periodista, vocero de la Unión Patriótica de Cuba y una de las figuras más emblemáticas de la oposición que aún vive en la isla. Se ha declarado en huelga de hambre más de una veintena de veces, para reclamar la apertura del sistema o la liberación de presos políticos, y en la última de ellas estuvo a punto de morir. Realizó una gira de poco más de tres meses por Estados Unidos, Europa y Centroamérica y regresó a Santa Clara, su ciudad natal, el pasado 21 de agosto. A su paso por Estrasburgo, en julio, recogió el Premio Sájarov a la libertad de conciencia que le otorgó en 2010 el Parlamento Europeo y que antes, cuando tenía prohibido salir de la isla, no pudo ir a recibir.

 

Fariñas ha sido arrestado a las 12:30 de este martes (hora de Cuba), de acuerdo a la versión de sus compañeros. “Estuvo detenido durante dos horas en una patrulla (de la policía), bajo el sol, en la carretera que circunda la ciudad de Santa Clara. Luego lo llevaron hasta su casa. Cuando lo bajan de la patrulla, Fariñas se acuesta delante de las gomas de la patrulla en protesta por lo que ha acontecido y ahí mismo se comienzan a congregar una serie de vecinos y de activistas, y ocurre el arresto de todos”, ha contado Félix Navarro, coordinador general de la Unpacu, a EL PAÍS a través de una llamada telefónica. En total, más de 20 manifestantes, vecinos y activistas que participaron de la protesta se encuentran ahora en la quinta unidad de policía de Santa Clara.

 

Cada mes ocurren decenas de operativos como este en toda la isla, pero agosto ha sido el peor de ellos. Durante ese mes, 547 disidentes fueron detenidos temporalmente, en forma arbitraria y por motivos políticos; otros 337 fueron víctimas de diversas acciones de hostigamiento y de amenazas policiales; 288 de ellos recibieron agresiones físicas y 172, fueron objeto de “actos de repudio”, de acuerdo al más reciente informe de la ONG Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional. “Estamos profundamente preocupados por el aumento de la violencia represiva, tanto física como verbal, contra las Damas de Blanco y otros disidentes pacíficos”, ha alertado la Comisión.

 

Las integrantes de la asociación civil Damas de Blanco, que desde 2003 recorren las principales ciudades de la isla después de la misa de cada domingo, han llevado la peor parte del endurecimiento de las medidas de fuerza. “En la provincia de Matanzas llevamos nueve semanas de represión violenta contra ellas. Ha habido fracturas de costillas, heridas en la cabeza, patadas, bocas partidas, ojos amoratados, por parte de la policía política, de la policía nacional y de las turbas que el Partido Comunista entrena”, afirma el coordinador general de la UNPACU. Para la disidencia, esta es una señal de que el Gobierno de Raúl Castro no en disposición de mejorar, en un futuro cercano, “la pésima situación de los derechos civiles y políticos que prevalece en la isla, al tiempo que se acentúa el deterioro de la situación de los derechos económicos, sociales y culturales de las grandes mayorías”.

Tres informes

de la Escuela Internacional de Cine y TV

 

Carta del Director General de la EICTV, Rafael Rosal, a Raúl Castro (1 de mayo de 2013).

 

Comunicado del Director General.

 

Plan de emergencia EICTV 2013.

Eliécer Ávila invita a Ricardo Alarcón

 

Respuesta a Ricardo Alarcón

Eliécer Ávila

16 de julio de 2013

 

Ricardo Alarcón, expresidente de la Asamblea Nacional, se quejó de que no le permitieron continuar su debate con Eliécer Ávila. En esta carta, Ávila le propone diálogo a Alarcón

 

Esta mañana me despertó la llamada de una amiga para decirme que por fin el señor Ricardo Alarcón había pronunciado palabras referentes a nuestro encuentro. De inmediato comencé a hacer gestiones para ver dónde podía descargar ese post, pero nada resultó. Ya cerca de las 11:00, la curiosidad me hizo tomar una decisión dolorosa: gastar el equivalente a varios metros de repello de mi casita en una tarjeta para consultar internet en el Hotel Nacional.

 

Señor Alarcón:

 

Quiero agradecerle primeramente que se haya dirigido a mí en un marco de respeto. Ya era hora de que alguien reciprocara esa conducta.

 

Me veo obligado, sin embargo, a aclarar algunas cuestiones.

 

Primero: Al final de aquel encuentro, yo salí por otra puerta, casi en brazos de muchos de mis compañeros, que me invitaron a comer pizzas para celebrar y agradecerme que los hubiera representado. Usted no conversó conmigo, nunca más lo vi.

 

Luego, intentaron destruirme de muchas maneras y si no fuera por el voto y las opiniones de mis compañeros, jamás me hubiera graduado. Entre las represalias también estuvo denegarme la posibilidad de vivir y trabajar en La Habana. Encabronado por eso, fui a hablar con usted a la sede de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Su personal no me permitió verlo.

 

Profe: Yo me asombro y me maravillo de escucharlo a usted decir que fue censurado y que a mí se me dio la ventaja del argumento. Yo estuve por más de dos años sin ninguna posibilidad de hablar, jamás un medio cubano me ha permitido expresarme, con la excepción del material de Cubadebate que filmaron cuando aún no me había pasado nada y me necesitaban para desmentir lo que después sería cierto.

 

Usted era el presidente del Parlamento. Cualquiera que ocupe un cargo como ese en el mundo, puede citar a toda la prensa nacional o internacional y hacer las declaraciones que quisiera. En un segundo sus palabras le hubieran dado la vuelta al globo. ¿Quién no se lo permitió? Me alegra saber que no he sido yo.

 

Por otro lado, debo decirle que mi viaje me lo debo a mí mismo. Y, en todo caso, a los cubanos decentes y trabajadores que me invitaron uno tras otro a compartir con sus familias en diferentes latitudes.

 

Uno de ellos, quien me hizo la invitación principal, y con cuya esposa e hijos compartí la mayor parte del tiempo, fue expulsado como un perro de aquí, de su propio país, acompañado incluso de su niña de un año, solo por visitarme en mi campito natal y compartir con mi familia. ¿Nadie le contó sobre eso?

 

En otro orden, le cuento que ya todo el que quiso en Cuba y fuera de Cuba vio el video completo: está disponible en todos lados, completo. No solo sus palabras y las mías, sino las de los otros muchachos que intervinieron. Por cierto, uno de ellos, otro guajiro de Baracoa, ha pasado casi por lo mismo que yo, incluso calabozos, y ahora ha creado  una organización para oponerse también a la gestión de este Gobierno.

 

Volviendo al video, según me han referido miles de personas desde aquellos días, ver un fragmento o verlo completo les dejó la misma impresión…

 

Aprovecho estas líneas para darle el recado de varios cubanos de piel negra que viven en Nueva York. Ellos me llevaron a recorrer la Quinta Avenida para mostrarme, no solo que nadie los expulsa, sino que muchos de los dueños de esas tiendas son negros o emigrantes de las más disímiles etnias y colores… El mensaje de esos cubanos fue: “Por favor dígale a ese señor que no nos ofenda y que deje de confundir a la juventud cubana”. (Lo traigo escrito.)

 

La cuestión del viaje a Suecia y no a Bolivia de verdad que es pesadita y demuestra el bajo nivel de quien lo plantea. Es obvio que yo no puedo ir a un aeropuerto y viajar a donde yo quiera. ¡Ojalá! En cuanto alguien en Bolivia me invite y me pague el pasaje, iré con gusto.

 

Mire, le voy a ser sincero, a mi tampoco me gusta mucho cuando a cada paso me dicen en la calle: “Chama, ¿tú eres el muchacho de Alarcón?”. Pero, por suerte o por desgracia nuestros nombres pasarán a la historia atados por un lazo muy fuerte.

 

Fuera de Cuba, cada vez que un periodista me lo permitió, le dije: “¿Puede usted hacerme el favor de no preguntarme lo mismo sobre Alarcón?”. Siempre me siento más cómodo hablando sobre lo que pienso que debemos hacer para tener el país que deseamos. Yo he sido el cubano que menos ha opinado sobre usted, porque aunque no lo crea, no me gusta aprovecharme de los errores ajenos, sino avanzar por méritos propios.

 

Veo también que le gustan los souvenires. De haber yo tenido la dirección de su casa, o su teléfono, o su mail o algo… seguro le hubiese llevado de regalo uno de los excelentes libros que me obsequiaron durante el viaje. Ah no, que lástima, ahora que recuerdo: me los quitaron en el aeropuerto… Ni sé quién ordenó que me los quitaran. ¿No sería el mismo que no lo dejó hablar a usted? Si lo desea podemos ir a reclamar juntos, quién sabe si nos escuchan…

 

Pero bueno, aquí le dejo mi teléfono para que me llame cuando quiera y sin interés de publicidad alguna podemos tomar un café y conversar muchísimo en un ambiente de decencia, cultura y respeto…

 

Eliécer Ávila Cicia

52362995

leocuba001@gmail.com

 

Saludos.

Diario de un poeta en la central nuclear

Armando Valdés-Zamora

23 de agosto de 2013

 

Mi travesía nocturna en un barco de pasajeros por la bahía de Cienfuegos me hizo recordar el día y el momento en que fui nombrado asesor literario de la central nuclear. Fue una mañana de septiembre de 1987, cerca de la estatua de Martí y del parque que lleva su nombre, en la sede del Ministerio de Cultura de Cienfuegos.

 

Yo había acabado de terminar mis estudios de filología en la Universidad Central de Santa Clara y, al ser el primero de mi promoción, me enviaron obligado (en Cuba se le llama “servicio social” a esa orden) a trabajar a orillas del mar. Fue un error, no es en Cienfuegos donde usted va a trabajar, me dijo la jefa de personal del ministerio, sino en la ciudad nuclear. ¿Dónde? Yo creía haber oído mal. En la CEN, chico, en la CEN… replicó ella, que perdió su paciencia cuando le pregunté (tan mal que llevo siempre eso de las siglas), si se trataba de un centro de investigaciones literarias:

 

—Díganle a este muchacho dónde se coge el barco pa’ ir pa’ la candela esa, gritó desesperada a otras personas que escuchaban la conversación a nuestro lado.

 

Como se sabe, el único problema de la única central nuclear cubana es que nunca ha existido. El resto sí. Quiero decir que sobreviven las ruinas de lo que fue el proyecto. Antes que anochezca son todavía visibles desde el bello malecón de la bahía de Cienfuegos: en lontananza, y por donde un día pasara una carabela de Colón, se puede distinguir la sombra del esqueleto del reactor oxidado junto al mar.

 

Caminando como un turista por el malecón cienfueguero, elegante remedo del habanero, veo aparecer ante mí la susodicha silueta del reactor, y me paro a mostrársela como prueba a G., que lleva tiempo, la pobre, soportando el recuento de mis años de pesadillas nucleares.

 

Y se me ocurre, en un gesto masoquista que todavía no entiendo, que debo volver de incógnito a ese sitio para ver en qué se ha convertido. Eso sí, esperaré que G. regrese a París, pienso, porque si le propongo que me acompañe es capaz de armarme un decente escándalo a la francesa: A ese lugar vas tú solo y después me cuentas, d’accord?, hubiera dicho.

 

(Por cierto, los franceses que oyen mis cuentos sobre mi vida en una central nuclear cubana enseguida temen que yo pueda estar contaminado como un sobreviviente de Chernóbil. Yo alargo y alargo mi cuento para verlos alejarse con disimulo en sus butacas de mi contacto, hasta que, al decirles al final de la anécdota que nunca funcionó nuestro solitario reactor, los siento respirar aliviados y sonreír a coro con higiénica tranquilidad).

 

Al llegar al muelle del pintoresco pueblo de pescadores me indicaron dónde estaba la ciudad nuclear. Supuse lo que después se confirmaría: el olor del mar y de peces tostados sobre los arrecifes sería un refugio para soportar mi obligatoria misión. Se pasaba a un costado del Castillo de Jagua (entonces abandonado a la hierba y a las penumbras como el de Kafka), y se marchaba unos cuantos minutos por un terraplén si se quería llegar más rápido. Aparecía así al caminante, de golpe y detrás de espinosos marabúes, la ciudad: un monolítico grupo de edificios de prefabricados alineados sobre un promontorio.

 

Tocando de puerta en puerta y preguntando, con mi maleta a cuestas, me recibió Julio César, el director de la Brigada Artística “Tercer Congreso del Partido”: así se llamaba el grupo en el cual yo fungiría como asesor literario. La llamada Brigada Artística era un conjunto de actores y músicos recién graduados de escuelas de arte que tenía como misión servir de bufones a la hora del almuerzo para los soviéticos, los ingenieros e incluso, los obreros, casi todos orientales, que trabajaban en las obras. El grupo iba al mediodía a los comedores obreros o al restaurante de ingenieros rusos, cantaba canciones de la trova o representaba algún sketch para aligerar las digestiones.

 

A su vez, tratando de no hacer todo el tiempo el ridículo, los artistas daban clases y formaban por las noches grupos de aficionados con la esperanza de ambientar aquel páramo de bloques grises y empolvados pedregales, donde pululaban miles de zombis culpables de un error desconocido, pero con fecha de vencimiento: al cabo de dos años podríamos salir de allí para siempre.

 

Para el alivio de mi supervivencia, existía ya un taller literario cuyo nombre me encantaba. “Ana Frank” se llamaba. Al parecer ese nombre había sido una tímida tentativa subversiva de alguien que ya había tenido el derecho de volver a La Habana. Eso me contaron Pascual y Rodolfo, dos tipos que parecían haberse leído todo, y que trataron de trajinarme al principio como el recién graduado a la vez académico y desorientado que pensaban (con cierta razón) que yo era.

 

—¿Qué has leído de Milan Kundera? ¿Y de Vargas Llosa?, me lanzaron como prueba de admisión a su cenáculo. Y ante mis titubeos me desafiaron a cumplir uno de los ejercicios intelectuales más exaltantes que he conocido: leer un libro por día.

 

Cada miembro de la Brigada fue conmigo de una extrema generosidad, justo es reconocerlo, y sus consejos ayudaron mucho a mi adaptación a aquel lugar. Por ejemplo, Lázaro, el guitarrista (que ahora triunfa en un show de la televisión de Miami), me aseguró que el castigo de estar allí se atenuaba con el consuelo de una promiscuidad desaforada. Para empezar, me dijo, te voy a presentar a las empleadas que hacen striptease por cinco pesos. Otros me mostraron la segunda compensación de aquel lugar: poder pasarse el día escondido del trabajo en clandestinas playas nudistas. En realidad, este placer parecía una variación del anterior, pero pasado por aguas transgresoras.

 

Yo, fingiendo un dinamismo que nunca me ha caracterizado, me apresuré a hacer un boletín que se llamaba así: “Ana Frank”: Suplemento Literario de la Central Nuclear. (Si alguien conoce de otro ejemplo parecido en la historia literaria, que me lo diga, porque todavía hoy vivo orgulloso de ser en eso un fundador universal). Fue todo un éxito, por cierto, el suplemento. Como lo distribuíamos gratis por la ciudad, de todas partes fluían técnicos de soldadura, enfermeras, traductores, plomeros, empleadas del círculo infantil, choferes de guagua, camareros de la heladería Coppelita, etc, que escribían cuentos y poemas a escondidas y querían dejar de ser inéditos.

 

A otros colaboradores fui a buscarlos yo mismo. Me decían de alguien que se inspiraba en solitario y allá yo iba. Así fue como pasé a máquina uno de los cuentos fantásticos más extravagantes jamás escrito por un cubano: “El hombre que quería subir al cielo” de Rogelio Riverón (el actual director de la editorial Letras Cubanas), ganador del premio nacional de talleres literarios otorgado por Rafael Alcides.

 

—Leer ese cuento aquí en la central nuclear ayuda cantidad, me dijo una vez con un suspiro Anabel, una arquitecta graduada de la CUJAE. Chico, eso es una metáfora del deseo colectivo de todos los que estamos apresados aquí… ¿no te das cuenta?

 

Darme cuenta poco a poco de la dañina desolación de aquella aldea, me incitó a programar, con más deseos de provocar que de consolarme, una semana de cine independiente. En medio de un debate que siguió a la primera proyección se escucharon los ruidos de sirenas desde la calle. Era la policía. Se llevaron presos y de vuelta a La Habana a los artistas invitados. A mí me convocaron a una reunión. Y me ordenaron largarme de allí por tener, dijeron, “problemas ideológicos”. Aterrado, les pedí con un susurro una explicación semántica de aquella imputación.

 

—Tú te atreviste a pasar esas películas raras aquí en una obra de choque de la revolución, y como si no fuera poco, has puesto unos poemas de la María Elena Cruz Varela esa en tu boletín literario. Hace tiempo que nos tienes ya cansados con tus gusanerías y tu pelo largo…

 

II

Pregunto el horario actual de los barcos en el muelle y me alegra que haya algunos turistas despistados que quieran atravesar conmigo la bahía hasta el pueblo del Jagua. He preferido ir al atardecer. Eso sí, me informo sobre el último barco de regreso para no quedar atrapado. Pasamos Cayo Carenas donde antes veraneaban opulentos burgueses cienfuegueros y ahora sobreviven de la pesca unas 30 personas. Al saltar al muelle del pueblo, protegido del golpe del barco por huecas gomas de camión, reconozco los dos almendros del minúsculo parque donde tantas tardes me senté a esperar respirando el salitre y el olor de escamas calcinadas. Contrario a lo imaginado en mis pesadillas, todo el poblado aparece ante mí recién pintado y reluciente.

 

—Están restaurando el Castillo de Jagua, pero el reactor nuclear lo han dejado abandonado a los hierbazales y las vacas, me explica un hombre ya mayor que se abanica con un cartón sentado no lejos de la entrada de la fortaleza. Y usted ¿de dónde viene, señor?

 

Me asomo al interior del castillo hasta donde me lo permite una palizada que lo protege de los curiosos. Todo parece a la vez pulcro y en vías de alcanzar el orden requerido para mostrarlo a turistas. Nada que ver los dos cañones refulgentes de la entrada y las rocas calizas pulidas de las almenas, con la herrumbre, los charcos del aljibe y las zarzas entre las que buscaba por las tardes un lugar donde leer y escribir al abrigo del sol y de intrusos.

 

Yo escribía en aquella época con un frenesí terapéutico y soñaba con poder ganar un día el Premio David de poesía, que entonces era lo máximo en la farándula ilustrada de la isla. Ya en mi época de estudiante había visto pasar con melenas y alpargatas a los entonces iconoclastas poetas de Santa Clara que poco después figuraban en la lista de antologías y revistas. Al menos como carta de presentación para conquistar muchachas aquello era infalible, lo había comprobado con muchos de los premiados que ni eran lindos ni escribían nada extraordinario, pero después de los premios tenían novias esplendorosas, la verdad. En todo caso mi insistencia estaba dando sus frutos y de seguir a ese ritmo, acompañado a la vez de un desamparo existencial y de librescas amistades, pronto tendría listo mi poemario escrito entre la ciudad nuclear y una fortaleza colonial abandonada.

 

Las peñas literarias que cada jueves reunían a los condenados culturosos de aquel manicomio también eran un éxito rotundo. Eufóricos por oír poemas, monólogos, escuchar trovadores, o ver a las bailarinas de nuestra brigada hacer coreografías en trusa, el público se sentaba a aplaudir con delirio y a cantar, al tiempo que se distribuía un té que los los bolos (denominación de los rusos en Cuba), en un gesto solidario, nos habían dejado comprar en las selectas tiendas en divisas de la ciudad a la que sólo ellos tenían acceso.

 

Porque la geometría de la ciudad era muy sectaria, por cierto. De un lado (en un suburbio alejado que llamaban “La Loma”) vivían los obreros. En la ciudad, los rusos y los ingenieros cubanos. Pero a los rusos les estaba reservado el sector más elegante de la ciudad: disponían de un anfiteatro gigantesco, de un mercado de frutas y hortalizas y de una tienda refrigerada donde se podía encontrar de todo.

 

Me detengo ante una mole de cemento que resurge detrás de una cuesta y trato de reconocer esos mismos lugares 23 años después. Me sorprende, por haberlas olvidado, la altura de dos torres de apartamentos que en la época estaban reservadas a una élite de dirigentes. Y me dejo llevar por calles que como entonces siguen solitarias y alumbradas a medias: de un golpe (como ocurre en el trópico) cae la noche, y se oyen a mi lado el chirrido de los grillos, los silbidos de las cigarras y el revolotear de otros insectos. El ruido de mis sandalias sudadas alterna con el susurro molesto de esos aleteos en mis oídos que, por suerte, apagan a veces ráfagas de la brisa que viene del mar.

 

A estas alturas me doy cuenta que no podré ir hasta el reactor nuclear, olvidado a unos cinco kilómetros de aquí. Subo la cuesta para llegar a la calle principal. A ambos lados se despliegan las dos hileras de edificios con tanques de fibrocemento como coronas donde se almacena el agua potable, y que han tratado de conservar colores desteñidos tal vez por la lluvia, el sol, el salitre, y sobre todo el olvido.

 

Escucho voces que alternan con el zumbido de insectos y salen, como las intermitentes luces de un pálido neón, por orificios que supongo son las ventanas y balcones de los apartamentos. La sensación de estar a la vez en un lugar fantasmagórico y habitado por seres que se esconden detrás de las paredes descoloridas a la espera de algo me produce una zozobra que crece a medida que camino sin dirección precisa por el centro de la calle.

 

No sé si me lo pregunto, para convencerme de que fue cierto, o si me lo confirmo como repetición de algo que me parece alucinante: “Aquí pasaste tú tres años de tu vida”, digo en alta voz.

 

Por temor a un traspié no me alejo más allá del límite de las calles asfaltadas. Desorientado por el tiempo que llevo dando vueltas, busco a quién preguntar por el sitio exacto dónde estaban los apartamentos de la Brigada Artística y que ahora no encuentro. Es entonces que veo venir a un niño. Está en short y sin camisa. Camina dando saltos y tarareando algo que no entiendo:

 

—Robeisy va a llegar esta noche con el oro de Londres. Eso va diciendo el niño a quien de tan apresurado, no tengo tiempo de preguntarle algo al pasar por mi lado. Robeisy va a llegar esta noche con el oro de Londres, repite sin cesar… Robeisy…

 

Creo haber oído mal. Por el nombre incomprensible que menciona, por lo del oro, por lo de un Londres mencionado aquí, en esta tierra baldía que ni siquiera posee un gentilicio para sus descendientes. Me quedo otra vez solo y a tientas vuelvo sobre mis pasos para no perderme porque, contrario a lo que pensaba, no me ubico bien ni logro encontrar lugares que fueron importantes para mí y ahora están convertidos, imagino, en oficinas, o almacenes, o abandonados, como el reactor.

 

Veo mi sombra en el asfalto agrietado, pero no es el sol sino una luna llena quien la deforma a mi lado.

 

Es entonces que se produce el estruendo. Como impulsados por un mandato colectivo, salen de los apartamentos turbas de personas que gritan algo incomprensible, al tiempo que levantan los brazos, suenan cacerolas, se abrazan y se besan, aplauden; trata cada uno, como sus vecinos, de hacer el mayor ruido posible. La algarabía se propaga. Descienden de los apartamentos uno, dos, decenas de enjambres de grupos en short y chancletas, muchos sin camisas, semidesnudos, y todos vociferando algo que supongo provoca la improvisada manifestación de júbilo. Porque de eso se trata: de un repentino y desordenado alboroto festivo.

 

Escucho de nuevo las sirenas en este lugar, como aquella tarde en que las imágenes de un cortometraje en una pantalla improvisada fueron cortadas de un golpe por decenas de uniformes, y la llegada de una patrulla en un jeep militar soviético. Corre con gran desorden el hervidero de alocados por la calle principal en la que estoy. Al parecer van en dirección a la entrada de la ciudad que se ilumina de fuegos artificiales. Alguien vocea con una bocina en la mano desde la altura de un poste eléctrico de cemento. Todos saltan, gesticulan, braman a la manera del preámbulo de una ceremonia ritual. Y, como si fuera poco, se propagan por altavoces que se activan los acordes de un reguetón que incita a la multitud a comenzar una danza desaforada al mismo tiempo que caminan hacia lo que supongo es el punto de reunión.

 

Me atrapa la marea de la procesión y en medio de los golpes a cazuelas, cubos, machetes y guatacas, del claxon de la sirena que no se apaga y alterna con voladores y el reguetón, logro preguntarle a una muchacha qué ocurre. (El minúsculo short que deja ver la punta de sus nalgas me distrae un momento del jolgorio haciéndome recordar las tórridas aventuras sexuales de mi época de asesor literario y editor de escritores aficionados). La muchacha me repite, mirándome con extrañeza de arriba abajo, como el viejo caluroso del castillo de Jagua, lo mismo que el niño. Un boxeador de aquí, compañero, que ganó el oro en la Olimpiada de Londres hace unos días, Robeisy Ramírez se llama, añade más bien molesta cuando insisto, ya llega, lo recibimos… Y usted ¿de dónde viene?, ¿de dónde salió usted, compañero?

 

Me doy cuenta que no tiene sentido quedarme más tiempo en este lugar. Me deslizo con dificultad en medio de un grupo que al percatarse de mi presencia, me examina con una mezcla de sorpresa y de desconfianza. Busco uno de esos senderos torcidos y pedregosos que conozco y que permiten ganar tiempo en la vuelta al poblado de Jagua. Pero ya la masa de gente ha crecido tanto que me arrastra con empujones al tiempo que bloquea las salidas de la calle a los marabuzales.

 

Tratando de encontrar una fisura entre los tumultos agitados, me doy cuenta que me acerco por inercia a la entrada de la ciudad, de donde podré liberarme y correr al castillo. Llegar a esa fortaleza colonial es mi salvación de las hordas de la ciudad nuclear. Sobre todo a estas horas en que se prepara a zarpar el último barco nocturno que atraviesa la bahía hacia Cienfuegos.

 

En eso estoy cuando la proyección de dos inmensos faros de un jeep soviético al centro del cual viaja, de pie, un muchacho con cara de resignación, envuelto en una bandera cubana y con algo que debe ser una medalla colgada al cuello; me da en pleno rostro y me encandila. Al ver la multitud al repentino ídolo local, el ruido llega a su apogeo porque el jeep soviético se une solidario al estrépito accionando sus cláxones, y la turba que lo rodea reacciona gritando desafinada: ¡Robeisy campeón!, ¡Robeisy campeón!, ¡Robeisy campeón!

 

La escena se eterniza ante mis ojos porque durante unos minutos no hay escapatoria posible del epicentro de la muchedumbre. Ya me consuelo a soportar los alaridos en honor del púgil local, cuando llega a su colmo mi desamparo al oír a escasos metros otro grito que desentona con el canto a la gloria boxística:

 

—Ese es el poeta, el que botaron de aquí hace tiempo, dicen que se fue pa’fuera… ¡Ataja!

 

El grito viene de un grotesco perfil que al acercarse se convierte en un brilloso rostro ovalado, sin dientes, y rematado por un pañuelo de flores que trata de cubrir sin éxito unos rolos de cartón humedecidos quién sabe si por el sudor. A la mujer se une un hombre que supongo es su marido y después otros enardecidos colaboradores. Y la persecución comienza. Porque aprovechando un espacio libre detrás del jeep soviético del gladiador londinense, empujo y salgo a correr loma abajo entre las zarzas y los guijarros. Siento las lascas de las piedras penetrar por las suelas de mis sandalias, las espinas de marabú rozar mis brazos y agujerear mi camisa, al tiempo que mi bolso trota y salta conmigo sobre mi espalda, y el jadeo se corta con el aire del salitre que viene del embarcadero y entra con su sabor amargo por la nariz y la boca seca.

 

Por suerte o por desgracia el pueblo de pescadores tiene todas sus luces encendidas. Parte del Castillo de Jagua, gracias a unas bombillas, muestra también al cielo estrellado y a la luna llena sus murallas recién aderezadas. Atravieso el parque de la casona de madera que linda con el castillo, sigo a toda velocidad ante la mirada asombrada del mismo viejo que no deja de abanicarse con un cartón y me hace un gesto, no sé de adiós o de saludo, cuando escucho el silbido del barco que previene a los viajeros atrasados de su eventual partida antes de soltar sus amarras. Salto. Sin dudarlo salto desde el muelle y caigo en la cubierta con ayuda de unos adolescentes que ante el desconcierto tienden, por suerte, a darme una mano para que no caiga al mar.

 

Me vuelvo un momento a mirar al muelle. La luz de una farola alumbra la silueta de la mujer ahora sin el pañuelo, exhibiendo los cilindros de los rolos atados a su cabeza, en short y descalza, haciendo gestos desesperados por retener al barco mientras, supongo, grita algo que apagan las olas y la brisa.

 

Miro entonces desde la cubierta más allá, por encima del puente levadizo y la torre del Castillo del Jagua, y se ve iluminada —se diría por una hoguera gigante que parpadea— la ciudad nuclear. Más lejos, sin embargo, y a pesar de fijar bien la vista bajo una radiante luna llena, ninguna sombra ovalada se percibe en la noche de los escombros de concreto del reactor que nunca llegó a funcionar.

 


Jaime Bayly entrevista

al bloguero Orlando Luis Pardo Lazo

Decenio gris contra Martínez Furé

Luis Cino

8 de julio de 2013

 

Ibeyi Añá, escrita por el poeta y folklorista Rogelio Martínez Furé, con música incidental de Héctor Angulo y cantos litúrgicos afrocubanos, fue la primera obra para niños que trató el tema de los orishas. Adicionalmente, el autor integró poemas anónimos africanos. Fue estrenada en 1968 por el Teatro Nacional de Guiñol. Desde entonces, no ha sido repuesta ni forma parte del repertorio de ningún grupo teatral cubano.

 

A partir de 1971, junto a los hermanos Carucha y Pepe Camejo y Pepe Carriles, Martínez Furé fue víctima del capítulo del Decenio Gris que llaman El Quesadato, por el apellido del draconiano teniente que casi consiguió acabar con el teatro cubano.

 

A diferencia de Luis Pavón, el del Pavonato, comisario encargado de la represión en el Consejo Nacional de Cultura, que al menos tenía pretensiones literarias que desahogaba en mediocres poemas y artículos en la revista Verde Olivo –con el seudónimo de Leopoldo Ávila y la ayudita del profesor Portuondo, que a veces le llevaba la mano-, Quesada era un energúmeno uniformado en el cumplimiento a rajatabla de la voluntad del Máximo Líder –o lo que él interpretaba como tal-; no disimulaba sus prejuicios raciales y anti-religiosos.

 

Para el comisario Quesada, todo lo que tuviese que ver con los credos de origen africano era brujería, santería, “atraso, cosas de negros”, contra las que había que arremeter enérgica y revolucionariamente.

 

Entre los muñecos y títeres del Guiñol que el teniente Quesada ordenó quemar, al estilo nazi, los primeros fueron los que representaban a orishas y otros personajes de los patakines y que se utilizaban en Ibeyi Añá y otras obras como Chicherekú y La loma de Mabiala, de Silvia Barros, y Shangó de Imá, de Pepe Carril.

 

Así, fue brutalmente interrumpido por la saña de un represor pirómano, inculto y prejuicioso, el valioso trabajo que desarrollaba Martínez Furé desde hacía casi una década en el Guiñol Nacional, donde asesoraba a los Camejo y a Pepe Carril en las obras de tema afrocubano, componía música incidental para ellas, cantaba acompañado por los tambores batá de Jesús Pérez, y daba clases de canto y de baile a los artistas.

 

No en vano, Martínez Furé no vacila en calificar el Quesadato de “período horrendo”.

 

Hoy, que tanto se habla de acabar con el racismo y tan poco se hace al respecto, por muchas comisiones y cofradías que existan, es bueno destacar que no solo hubo homofobia y represión ideológica en ese período que llaman el Decenio Gris (se conoció originalmente como el Quinquenio Gris) y que en realidad duró más de una década porque se inició al menos cuatro años antes del Pavonato, el Quesadato y el discurso de Fidel Castro en el Congreso de Educación y Cultura que originó todas aquellas barbaridades: también hay que recordar que tuvo un fuerte componente racista y anti-negro. Si hay dudas, que le pregunten a Rogelio Martínez Furé. Si es honesto –y creo que lo es-, él puede decirles.

 

luicino2012@gmail.com  

 

 

¿Revolucionario y crítico?: el dilema

de la bloguera Elaine Díaz

Rolando Cartaya

12 de junio de 2013

 

En su blog La Polémica Digital ha sido franca sobre temas como la crisis de la educación, el derecho a viajar y la cuestionable representatividad de los diputados. Pero Díaz se debate en la cuerda floja de lo que muchos en Miami llaman “la milla 45”.

 

El diario The New York Times publica un artículo sobre la bloguera oficialista y profesora de periodismo cubana Elaine Díaz, de quien –dice— está abriendo una tercera vía en un país donde por 50 años el gobierno sólo ha ofrecido a sus ciudadanos dos opciones: con nosotros o contra nosotros.

La articulista, Natalie Kitroeff, cuya bitácora radica en el Times, dice que a la bloguera –quien visitó Nueva York la semana pasada-- le conviene este punto de vista, porque el gobierno paga su salario como catedrática de la Universidad de la Habana. Pero el hecho de ser asalariada del Estado no le ha impedido escribir con franqueza en su blog  “La Polémica Digital” sobre los desafíos de la vida cotidiana en Cuba.


La disyuntiva de Díaz como la plantea Kitroeff, es que es “ferozmente leal al gobierno” y al mismo tiempo “está decidida a reformar un sistema socialista que, para ella, ya no funciona tan bien como antes para el cubano de a pie”.

Escribiendo sobre Díaz en su laureada bitácora Generación Y, la bloguera alternativa Yoani Sánchez enumeró temas de sus posts más críticos: la corrupción en un preuniversitario en el campo, incluyendo señalamientos sobre la calidad educativa y la pérdida de valores de profesores y alumnos; el daño social y ambiental causado en su poblado por los grupos electrógenos promovidos por Fidel Castro; y un atrevido “llamado a #nolesvotes en Twitter para impedir que los electores avalaran a los miembros de una Asamblea Nacional que no representa los intereses del pueblo”.

 

La milla 45


Durante su estancia en la Gran Manzana la comunicadora procastrista definió así su enfoque crítico: “Cuba tiene mucho que cambiar, pero no creo que se necesite destruir el sistema para crear algo nuevo”.


Comentando en su blog el artículo del Times, el filósofo exiliado Emilio Ichikawa señala que Díaz se ubica desde el punto de vista de la crítica al castrismo en un posicionamiento fronterizo que en Miami se conoce como “la milla 45” (a mitad de camino de las 90 millas que separan a Cuba y EE.UU).


Pero a ella no se le escapa lo delicado de tal equilibrismo: “Temo  que algo que yo escriba sea mal interpretado y que me castiguen por ello, o pierda mi trabajo”, le dijo a Kitroeff.

De hecho, ha sido criticada por colegas más radicales que la han acusado de “coqueteos” que “solo conducen a la rendición ideológica del ideal revolucionario”.


No obstante, Kitroeff apunta que el gobierno cubano ha sido sorprendentemente tolerante con Díaz y sus colegas libremente afiliados en la plataforma Bloggers Cuba, un hecho que “algunos expertos atribuyen a la voluntad de auto-censura del grupo”.


El artículo cita a Ted Henken, estudioso de los medios de comunicación social cubanos, quien describe a estos blogueros más jóvenes como “disidentes silenciosos”, y señala que “su gran problema es que se están mordiendo constantemente la lengua”.


Jugar con la cadena, no con el mono


En agosto pasado Díaz dejó de repente de escribir en su bitácora, lo cual blogueros independientes como Yoani Sánchez interpretaron como que ella “había transgredido los límites de la crítica admisible para un empleado del Estado”. Pero la blogger de “La Polémica Digital” insiste en que se tomó ese receso sólo para concentrarse más en la docencia, y que ya ha reanudado su blog.


Díaz reconoce que en Cuba hay temas tabú, como la situación de la educación y la salud pública, asuntos de los que --apunta Kitroeff-- se resiste a hablar de manera informal. “Si voy a un hospital y está sucio, no voy a escribir de eso, porque estoy comprometida con el sistema”, admitió con franqueza. La articulista recuerda que son “logros” de la revolución que deben permanecer intactos, “no importa si se trata de mitos que se desgastan rápidamente”.

 

Fidel Castro es también una figura “sagrada” para Elaine Díaz y sus colegas oficialistas, a quienes --según la bloguera-- les inspira “respeto y gratitud”.

 
El profesor Henken, citado por Kitroeff, destacó la importancia de que personas que se proclaman revolucionarias expresen sus críticas, porque según él, “no pueden ser tan fácilmente descalificadas como los que están claramente en la oposición”

 

Despertando del sueño de la razón


En todo caso, la visita a “territorio enemigo” ha ayudado a cambiar ciertos prejuicios que traía la bloguera oficialista. Díaz le confesó a Kitroeff que “ha habido momentos que han cambiado mi vida, y casi me han hecho llorar”.

Recordó que en el Aeropuerto de Miami un extraño le prestó un celular, y en Nueva York otro se ofreció a llevarla hasta el lugar donde se alojaba, después de verse perdida en un mar de edificios de apartamentos.


“Tenía la impresión de que en los Estados Unidos a nadie le interesaba lo que uno tenía que decir, nadie te hablaba, cada cual estaba en lo suyo”, admitió Díaz. “Pero esa imagen de una cultura sumamente individualista no fue la que encontré”.

Autorizados para discrepar…un poquito

Luis Cino

23 de mayo de 2013

 

Recientemente, Fernando Rojas, viceministro de Cultura, en una entrevista que concedió a La Joven Cuba, aseguró que “los blogs son el embrión de la prensa alternativa que necesitamos”.

 

La Joven Cuba es un blog en el que a veces aparecen reflejadas posiciones críticas, aunque bajitas de sal y “dentro de la revolución”.

 

Por estos días, en dicho blog apareció una foto en la que el vicepresidente Miguel Díaz Canel, posa (esa es la palabra) amable y sonriente, con los blogueros.

 

Varios de estos jóvenes blogueros que fueron invitados por la Asociación Hermanos Saíz a las Romerías de Mayo, en Holguín, declararon a los servicios informativos de la TV que en un país tan diverso como Cuba, no puede primar la uniformidad en la blogosfera.

 

Hace poco, Díaz Canel, que es el encargado del departamento ideológico del Partido Comunista, se pronunció a favor del debate en la sociedad cubana y declaró que bloquear la información, en tiempos de Internet, es “una quimera imposible”.

 

Parece que el régimen, para copar las redes sociales y enfrentar a los blogueros disidentes y periodistas independientes, empieza a conceder más espacio a los blogueros no abiertamente oficialistas.

 

En definitiva, a los demasiado disciplinados y obedientes Rosa Miriam Elizalde, Iroel Sánchez, Enrique Ubieta, Lagarde y el seguroso Yohandry –que parece haber cerrado su blog- nadie les hace mucho más caso que al periódico Granma.

En la nueva estrategia del régimen por tupir la blogosfera, la ciber-guerrilla -como Enrique Ubieta gusta llamar a la tropa oficialista, atrincherada y demasiado cargada de impedimenta- serían los blogueros de La Joven Cuba y otros similares que aparecerán. Atrevidos, desenfadados e irreverentes, clamando por un sistema más participativo, tratarán de resultar más creíbles que los insidiosos parlanchines oficiales.

 

Habrá que ver si la jefatura está dispuesta a concederles más movilidad, autonomía y mentalidad ofensiva.

 

Va y no exageró demasiado el viceministro Rojas, y en un futuro logran armar un amago de prensa alternativa con estos blogueros, quienes serían complementados en el empeño por publicaciones como Espacio Laical, que ya hasta se arroga el derecho de hablar absolutamente a nombre de todos los cubanos y de determinar cuáles de ellos son patriotas y cuáles no.

 

Por lo pronto, los blogueros no disidentes ganan espacio y visibilidad, aunque sea con boberías. Y puede que hasta con temas serios como la cultura, la discriminación racial, la ecología y la diversidad sexual. Cuando el régimen los precise, ahí estarán sus tuitazos por la revolución, que para algo les pagan sus cuentas de Tweeter y Facebook.

 

No nos dejemos confundir: estos blogueros no son oficialistas por cuenta propia, eso no existe. Solo están autorizados para discrepar un poquito. Solo lo necesario para copar y confundir.

    

luicino2012@gmail.com

Bombas de papel

Julio César Álvarez

22 de mayo de 2013

 

No es extraño que aparezcan en calles y avenidas de La Habana octavillas con estos mensajes: ‘Abajo la dictadura’, ‘Democracia para los cubanos’, ‘Abajo Fidel’, ‘Abajo Raúl’.

 

Pedir democracia en una hoja de papel y lanzarla en una calle cualquiera, puede costar en Cuba años de cárcel. El Estado cubano asigna recursos para atrapar a los autores de esos hechos, considerados delitos, y tipificados en el código penal con el nombre de “propaganda enemiga”.

 

No es extraño que aparezcan en calles y avenidas de La Habana octavillas con mensajes escritos con crayola, tinta o simplemente con lápiz. “Abajo la dictadura”, “Democracia para los cubanos”, “Abajo el tirano”, “Abajo Fidel”, “Abajo Raúl”, son algunos de los mensajes que portan esas hojas de papel.

 

También esos mensajes aparecen en grafitis, sobre paredes de casas y escuelas, algunos pintados al lado de mensajes oficialistas como “Viva Fidel” o “Socialismo o muerte”.

 

“Las octavillas se retiran rápido de las calles para que el menor número de personas logre leer el mensaje, o contamine las huellas que pudiera dejar quien las lanza. Los carteles en las paredes se tapan hasta que el departamento de Criminalística tome fotos del mismo. Esto se hace para que los peritos en caligrafía puedan después cotejar la letra del cartel u octavilla con alguna muestra de letra de algún sospechoso”, asegura Jesús, un expolicía de la estación de Acosta, en el municipio Diez de Ooctubre.

 

Raúl es el nombre ficticio de un hombre que confeccionó y lanzó octavillas como esas, y pasó un año en prisión. No quiere publicidad, le va bien como trabajador por cuenta propia, y no quiere revolver viejos asuntos. Asegura que antes de su arresto nunca perteneció a ninguna organización opositora, ni manifestó en público lo que pensaba. “Siempre quise mantenerme fuera del alcance del radar”.

 

La idea de lanzar octavillas le vino de unas que vio en la calle. Pensó que era una forma efectiva de decir lo que pensaba y transmitírselo a muchas personas. Nadie lo había identificado aún como un desafecto a la revolución. Pensó que con esa fachada podría pasar desapercibido, y llenar de octavillas las calles de La Habana.

 

“Los órganos represivos, la Seguridad del Estado en particular, llaman ‘iniciativistas’ a ese tipo de personas. Las consideran muy peligrosas, pues son solitarios, y les resultan difíciles de detectar y neutralizar”, afirma el expolicía.

 

Cuenta Raúl que la primera vez que confeccionó y lanzó octavillas sintió mucho miedo. A pesar de que la calle estaba desierta, y de que nadie parecía haberlo visto, pensó que se desmayaría antes de alejarse del lugar.

 

Con el tiempo perdió el miedo, y perfeccionó sus tácticas. Salía vestido de madrugada, con pantalón del Ministerio del Interior, botas rusas y un pulóver con la imagen del Che Guevara. De esa forma creía que podría transportar las octavillas en su mochila sin levantar sospechas. Unas veces las lanzaba desde su bicicleta, otras a pie. Así estuvo por espacio de seis meses.

 

Un día lo citaron a la estación de policía. Le tomaron huellas, y le indicaron que escribiera en un hoja en blanco lo que había hecho la noche anterior, pues lo habían visto merodeando cerca del lugar de un robo.

 

Todo fue un montaje para tomarle una muestra de letra, y las huellas. A los quince días lo detuvo una patrulla de Villa Marista (Departamento de Seguridad del Estado), y lo acusaron formalmente del delito de “propaganda enemiga”.

 

Según la acusación de la fiscalía, el jefe de vigilancia de la cuadra había denunciado que Raúl se comportó de forma sospechosa un día en el que aparecieron en el barrio centenares de octavillas. Según el laboratorio de criminalística las huellas en el papel y el trazo de las letras coincidían con las de Raúl. Fue sancionado a dos años de cárcel.

 

Raúl está convencido de que jamás dañó a la sociedad con aquellos papeles escritos. Cuando más, le tocaba una contravención por arrojarlos en la calle.

 

Aún está fresco en su memoria el despliegue de fuerzas para capturarlo. “Parecía que venían a detenerme no por lanzar hojas, sino bombas de papel”.

Reporteros sin Fronteras pide rápida liberación de

Ángel Santiesteban-Prats y Luis Antonio Torres


Llamado a la liberación del bloguero Ángel Santiesteban-Prats, encarcelado desde hace dos meses

Publicado el Lunes 29 de abril de 2013.

 

Reporteros sin Fronteras pide a las autoridades cubanas que pongan en libertad lo antes posible a Ángel Santiesteban-Prats, escritor y autor del blog Los hijos que nadie quiso, quien se encuentra encarcelado desde el 28 de febrero de 2013. El prisionero, actualmente en huelga de hambre, fue ubicado en una celda de aislamiento cuando fue traslado a la cárcel, a inicios del mes de abril.

 

“El mismo día en que las autoridades accedieron a poner en libertad al periodista disidente Calixto Ramón Martínez Arias, Ángel Santiesteban-Prats fue trasladado a la prisión 1850 y sometido a un régimen de máxima severidad. Esta detención es a la vez absurda y cruel. Las autoridades, que creen que esto servirá de ejemplo, nunca podrán impedir la expresión pluralista entre la población. Ángel Santiesteban-Prats debe ser liberado sin demora”, declaró Reporteros sin Fronteras, que no deja de incitar al bloguero a que cese su huelga de hambre.

 

“El gobierno cubano, que en enero de 2013 asumió la presidencia pro tempore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), tarda en cumplir sus compromisos internacionales en materia de derechos humanos y de las libertades fundamentales. Los países miembros de la CELAC deben recordarle esta exigencia”, agregó la organización.

 

El bloguero, que fue trasladado el 9 de abril pasado a la prisión 1850 de San Miguel del Padrón (La Habana), inició una huelga de hambre poco después de que llegó a la prisión, antes de que lo ubicaran en una celda de aislamiento, sin luz ni agua. Sólo se le autoriza hablar por teléfono unos minutos al día. El 22 abril Ángel Santiesteban-Prats denunció que fue agredido por los guardias de la prisión. Inmovilizándolo, lo obligaron a que tragara un líquido pestilente que lo hizo enfermar.

 

Ángel Santiesteban-Prats fue condenado a cinco años de prisión el 8 de diciembre de 2012, oficialmente por “violación de domicilio y lesiones”, tras un proceso expeditivo. El escritor, que ha recibido varios premios literarios importantes, ya había sido detenido varias veces antes de esta última comparecencia, debido a su postura política. Se le persiguió de manera redoblada desde que creó su blog, independiente y crítico del gobierno.

 

Además de Ángel Santiesteban-Prats, en Cuba hay otro actor de la información encarcelado, se trata de Luis Antonio Torres, empleado del diario oficial Granma, quien fue detenido en 2011 y condenado en julio pasado a catorce años de prisión por “espionaje”, cargo que nunca se comprobó. Reporteros sin Fronteras también pide su rápida liberación.

Interferencias cubanas en la ONU

Mary Anastasia O'grady

29 de marzo de 2013

 

Más de medio siglo después del triunfo de la revolución cubana, la imagen de Fidel Castro en vestimenta de soldado sigue siendo un símbolo del machismo de la dictadura militar. Pero la semana pasada cuando la más famosa bloguera disidente de Cuba, que luce como si se la pudiera llevar el viento, se presentó en las Naciones Unidas para dar una conferencia de prensa, los cubanos aguerridos sufrieron una crisis emocional.

 

Estaba programado que Yoani Sánchez hablara ante la Asociación de Corresponsales de la ONU. Lo que iba a decir no era un misterio. Durante casi seis años ha estado publicando en secreto, desde La Habana, observaciones sobre la vida cotidiana en el paraíso revolucionario desde su blog Generación Y. Sánchez es una escritora dotada que describe lo que se siente ser una madre que no puede conseguir leche para su bebé o una persona joven a la que se le prohíbe hablar de un sueño no aprobado por el gobierno o incluso conectarse a Internet. Tampoco es tímida al describir la hipocresía de la buena vida de los miembros de la estructura política. No sorprende que cuando la misión cubana en la ONU se enteró que esta mujer inconformista tendría una audiencia con periodistas en Turtle Bay, se pusieron furiosos.

 

Cuba había organizado protestas en Brasil contra Sánchez durante su visita allí poco antes. Y se sospechaba que hizo lo mismo en otros lugares en Nueva York en donde se presentó. Pero según el Miami Herald, las quejas de diplomáticos cubanos en la ONU “marcaron la primera vez en que se confirmó que las autoridades del gobierno comunista intentaron interferir con una presentación pública de Sánchez”.

 

La prueba de ese intento fue reportado por la agencia de noticias AFP, que indicó que había obtenido una copia de una carta de protesta enviada al secretario general Ban Ki Moon por el embajador cubano Rodolfo Reyes. El diplomático escribió que la conferencia de prensa de Sánchez sería “anti-cubana” y, según AFP, un “'ataque grave' contra el clima de cooperación de las Naciones Unidas”. El secretario general no debería “permitir que las esferas de la organización sean manchadas y que su uso sea manipulado por intereses espurios”, según la carta.

 

El sabotaje exitoso sólo fue en parte. Sánchez no pudo presentarse en el gran auditorio donde normalmente se realizan las conferencias de prensa y en lugar fue desterrada a una zona reducida no apta para el tamaño del público que fue a escucharla. Pero eso no la desalentó. “Si esta reunión fuese en el foso del ascensor, estaríamos más libres que en Cuba”, dijo. “Estoy orgullosa de que mi primera vez en este edificio tan significativo de Naciones Unidas sea con mis colegas periodistas”.

 

También ofreció algunas palabras bien seleccionadas para la ONU. Según el Herald, “Sánchez denunció las quejas cubanas durante su conferencia de prensa y dijo que era hora de que la ONU ‘salga de su letargo y reconozca que el gobierno cubano es una dictadura’”.

Monte Rouge

Instalación de micrófonos escucha

en la casa de Nicanor

Una vergonzosa puñalada en la espalda

Amir Valle

9 de enero de 2013

 

La estrategia de la UNEAC y ciertos escritores “desinformados” contra Ángel Santiesteban.

 

Otra vergüenza más cae sobre la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Esta vez, la vergüenza es un ataque sucio, manipulador y desleal contra Ángel Santiesteban.

 

Lo he leído en el blog La isla desconocida, del ensayista y periodista cubano Enrique Ubieta y aparece firmado en principio por ocho mujeres, entre las que se encuentran algunas escritoras a las que admiro por su obra. Pero más que esas firmas llama mi atención que aprovechándose de la acusación contra Ángel Santiesteban hagan un llamado a luchar contra la violencia contra las mujeres e inicien con este artículo (bochornosamente manipulador) una campaña de recogida de firmas.

 

Es, en definitiva, otro paso más en la campaña de criminalización de Ángel Santiesteban.

 

Las preguntas iniciales que les hago a las firmantes es esta: ¿las personas o personas que han urdido esta campaña, han tenido la decencia de darles a ustedes acceso a los documentos que tanto la fiscalía como el abogado utilizaron en el juicio? Yo, desde Alemania, sólo tuve que pedir que me enviaran todo por email y me bastó leer ambos expedientes: Acusación y Defensa, para sumarme al llamado que hemos hecho internacionalmente otros colegas y amigos a favor de alguien como Ángel Santiesteban.

 

Escribo estas palabras desde el profundo respeto que siento por la mujer, a la que como cristiano considero la más perfecta creación de Dios. Lo he demostrado en la vida y en mi carrera profesional. Justo ese 8 de marzo en que ustedes firmaban el documento, yo cumplía 16 años de matrimonio con una mujer a la que considero responsable de todos las cosas buenas que he hecho desde que la conozco. Y justo mientras ustedes firmaban, yo ofrecía una conferencia sobre la literatura escrita por mujeres en Cuba, en la cual, por cierto, mencioné a algunas de ustedes, orgulloso de haber sido testigo de una de las literaturas más sólidas escritas por mujeres en lengua española; y orgulloso además de ser, hasta hoy, el único escritor cubano que se decidió un día a descubrir, promover y antologar en cuatro antologías la obra de las narradoras cubanas. Como ustedes seguro saben, me enorgullece decir que muchas de las más importantes narradoras cubanas de la actualidad vieron sus primeros cuentos publicados en mis antologías.

 

La mentira es coja

 

“La verdad siempre alcanza a la mentira, por mucho que ésta corra”.

 

Creo en esa máxima. Conozco el mecanismo para solicitar este tipo de firmas: solicitan firmar contra algo o alguien sin poner todas las cartas de la verdad encima de la mesa; quieren que te pronuncies contra algo o alguien sólo explicándote la versión oficial, la parte que les conviene, de los hechos. Por esa razón es que he decidido escribirles a ustedes (y a quienes quieran leer este artículo), invitándolas (invitándoles a todos), a responder con dignidad y limpieza estas preguntas.

 

Una breve introducción

 

Soy de las pocas personas que pueden dar testimonio directo desde sus inicios de la relación de pareja entre Ángel Santiesteban y Kenia Rodríguez, la madre de Eduardito, ese niño que ambos concibieron. Por ese entonces, yo vivía en casa de Ángel y estuve muy cerca del comienzo de esta historia de amor derivada hoy, tristemente, en odio. Recuerdo que Ángel solo agregó virtud y mejor vida desde que iniciaron su relación. Kenia trabajaba como gastronómica en un restaurante de comida china, y gracias a la tenacidad de Ángel, logró que ella comenzara un curso de Productora de Teatro en la UNEAC. Años después vi a Kenia viajar al exterior acompañando a Ángel en sus viajes culturales.

 

Ahora Kenia es la denunciante en la causa con que se le ha sancionado. No sé qué tipo de águila pasó por el mar o por la mente de Kenia para que, dos años y medio después de su separación como pareja, se decidiera a iniciar una serie de acusaciones personales, “curiosa y coincidentemente” poco después de que Ángel abriera su blog “Los hijos que nadie quiso” y de que su ex marido comenzara una relación amorosa estable con una conocida artista. Aquí sería bueno tener en cuenta que Kenia, incluso reconociendo públicamente que Ángel era un padre excelente, prohibió cualquier relación del niño Eduardo Ángel con su padre, pero como ya se sabe, a ocultas de su madre,  Eduardo Ángel buscó a su padre apenas alcanzó sus 15 años de edad.


Conociendo a Kenia como la conozco, me gustaría apelar a su conciencia para que encuentre la luz, para que diga y defienda la verdad, sin prestarse a manipulaciones de ningún tipo, sobre todo por el bien del hijo que nació de ese amor; apelo a que los tribunales retomen un caso que, como demostró el abogado defensor, debiera ser legalmente anulado por la gran cantidad de irregularidades procesales y judiciales cometidas; y apelo a la decencia de quienes han lanzado desde sus oficinas o de quienes se han sumado ingenuamente a esta campaña de criminalización sin valorar la pura verdad de los hechos.

 

Desde mi punto de vista, he notado en todo el proceso contra Ángel Santiesteban suficientes evidencias como para afirmar contundentemente que se trata de una absurda y burda estrategia de la Seguridad del Estado por acallar su voz, temerosos del impacto que puedan tener sus críticas al ser pronunciadas por un escritor de su valía y reconocimiento.

 

Si yo tuviera un solo elemento de peso que demuestre la culpabilidad de Ángel en los delitos que se le imputan, jamás hubiera levantado la voz del modo en que lo he hecho. Incluso he escrito que si Ángel es culpable de algo, debe ser condenado por ello. Pero resulta que lo que hemos visto, tanto en el procedimiento policial como en el judicial, está tan lleno de fraudes, irregularidades, violaciones e intentos de sobornos y mentiras contra Ángel Santiesteban, que seguiremos alzando nuestras voces para denunciar este atropello.

 

Hemos convencido a prestigiosas instituciones (la mayoría de ellas no políticas) a que se sumen a nuestra defensa. Y lo hemos hecho con las pruebas en las manos. Animo entonces, a quien lea este artículo a que ofrezca respuestas fundamentadas en la verdad a las siguientes preguntas:

 

  • ¿Por qué las denuncias no fueron coherentes desde un inicio y se demoraron más de un mes entre la primera y la última acta, cuando según la denunciante se trató de una secuencia de hechos ocurridos el mismo día? ¿Un mes después recordaba detalles que se supone, de ser ciertos, estarían perennes en su memoria?

 

  • ¿Por qué la denunciante presentó el certificado médico con fecha anterior al de la denuncia?

 

  • ¿Por qué el médico que supuestamente firmó el certificado, según declaración que consta en el expediente investigativo, no recuerda haberla atendido ni siquiera recuerda el caso?

 

  • ¿Por qué la denunciante mintió el día del juicio, al asegurar que fue llevada al hospital, acompañada de un policía, luego de hacer la denuncia, si la fecha del certificado descubre que se confeccionó un día antes?

 

  • ¿Por qué el Tribunal Provincial aceptó estas mentiras, a pesar del reclamo del abogado en su declaración del cierre de la vista oral? ¿Por qué tampoco respondió el Tribunal Supremo, que se supone es la instancia que se ocupa de velar porque no ocurran esas violaciones?

 

  • ¿Por qué, como se comprobó luego, el Mayor Pablo, Jefe de los jefes de Sectores del municipio Plaza, que mantenía una relación amorosa con la denunciante, presionó al testigo de la Fiscalía para que no se retractara y por qué motivos asesoraba a Kenia Rodríguez, según la misma denunciante confesara delante de Ángel y su hijo?

 

  • ¿Por qué fue extrañamente retomado el expediente después de haber sido archivado en el mismo inicio, al determinarse que no existían elementos para ser enviado a la Fiscalía y entablar un pleito legal?

 

  • ¿Por qué se retoma un expediente cuando jamás antes se tomaron en serio las acusaciones Kenia (realizando sólo el trámite burocrático de escucharla) al ser evidente, según palabras del propio Investigador, el desorden nervioso de Kenia y la constante impostura y cambios en sus declaraciones? ¿Por qué la denunciante comete gazapos entre una y otra declaración cuando se refiere a lo mismo?

 

  • Si no son razones políticas, ¿por qué se intenta convertir en un monstruo público a un hombre considerado un ciudadano ejemplar y un destacado escritor hasta el momento en que decide publicar sus críticas sobre la realidad política cubana a través de su blog? ¿Por qué esta campaña de criminalización coincide también con su marginación de la cultura nacional?

 

  • ¿Por qué el expediente estuvo olvidado (archivado) justo hasta que llegó la invitación al Primer Festival de la Palabra en Puerto Rico, donde Ángel Santiesteban participaría junto a un grupo de intelectuales (de izquierda pero con posiciones críticas hacia la realidad política en Cuba)? ¿Por qué “casualmente” lo citan con urgencia y deciden imponerle una fianza de $1 000 (mil pesos), evitando así su participación en dicho evento de prestigio internacional en el ámbito literario? ¿Por qué justo en ese momento en que crecía el impacto internacional de su blog y justo cuando podría disfrutar de promoción a su obra y a su labor crítica como bloguero en un festival internacional es que se decide imponerle la medida cautelar?

 

  • ¿Por qué enviaron al Investigador del caso (sí, al mismo que había archivado el expediente) a un curso sorpresivo, y de manera misteriosa extrajeron el expediente para llevarlo a otra unidad policial con otro Investigador? ¿Por qué ese Investigador retomó todo intentando involucrar a Santiesteban durante tres años, sin poder encontrar el más mínimo asomo de evidencia que relacionara a Ángel con los hechos? ¿Qué obligó a  este Investigador a presionar, chantajear y hostigar a los testigos de Santiesteban, investigándolos en sus vecindarios y regando entre los vecinos la información de que se les investigaba por estar involucrados en el asesinato de un extranjero? ¿Por qué, como confesaron estos testigos, fueron presionados para que desistieran de su decisión de hacer justicia a favor de Ángel?

 

  • ¿Por qué se tardaron tres años y medio para realizar la vista oral? ¿Por qué después de citados a Juicio, el día 3 de abril de 2009, suspendieron la vista? ¿Por qué se violó de este modo flagrante el Código Penal que establece que una vez ratificada y notificada una fecha a las partes, no puede suspenderse y regresar a investigación, salvo que en la vista oral misma surjan nuevas evidencias que el Tribunal necesite investigar? ¿No sería que comprendieron que no existen elementos para juzgar al acusado y sancionarlo, como finalmente hicieron? ¿Comprendieron que era demasiado obvio que cometerían una imprudente injusticia y luego, si no la preparaban bien, no podrían justificar la sanción por la falta de elementos probatorios?

 

  • ¿Por qué el expediente viajó varias veces al Tribunal Provincial, siendo rechazado todas y cada una de esas veces?

 

  • ¿Por qué tuvieron que amenazar a la primera abogada, como ella misma reconoció, obligando a Ángel a buscar otro representante legal que no se dejara presionar?

 

  • ¿Por qué la Fiscalía, policía y denunciante (en mi opinión incentivados por la impunidad que sentían al ser apoyados por la Seguridad del Estado), construyeron un “testigo” falso que, gracias a la astucia de amigos de Santiesteban, lograron desenmascarar? ¿Por qué los jueces no desestimaron un caso evidentemente inventado, ante la aplastante evidencia de ese video donde este falso testigo relata la presión que recibió de la policía para que aceptara declarar en contra de Santiesteban? ¿Por qué Kenia, si está en poder de la verdad, necesitó sobornar a este testigo, como puede comprobarse en ese video donde el propio testigo exhibe los regalos que recibió como soborno?

 

  • ¿Por qué a partir de que Santiesteban diera a conocer el video (autentificado como real y válido por un perito oficial), la Fiscalía se vio obligada a retirar esas burdas acusaciones que, entre todas, acumulaban la exorbitante suma de 54 años de cárcel por la extensa y delicada lista de falsas acusaciones? ¿Por qué, al verse descubiertos de forma tan clara, tuvieron que echar atrás su injusta maquinaria y desechar los 15 años que pedía la Fiscalía como sanción conjunta de todos los supuestos delitos?

 

  • ¿Por qué a partir de ese momento, en vez de anular el caso por tamaña irregularidad (perjurio de la denunciante y demostrada su intención de dañar a Ángel a toda costa), decidieron regresar el expediente a la fase investigativa para reajustarlo y continuar con su malévolo plan? ¿Por qué y para qué lo estudiaron varios meses en la unidad policial, luego en la Fiscalía Provincial?

 

  • Importante y sospechoso: ¿Por qué el expediente fue solicitado desde la Fiscalía General de la República?

 

  • Otro importante y sospechoso: ¿Por qué en el expediente consta, en una nota firmada y acuñada por el Investigador policial, “Interés urgente del Ministro”? ¿Por qué un supuesto caso de “violencia doméstica” se manejaba a la más alta instancia del Ministerio del Interior?

 

  • Todavía más importante y más sospechoso: Si no hay tal trama política detrás de todo esto, ¿por qué desde la Fiscalía General el expediente fue enviado al Cuartel General de la Seguridad del Estado en Villa Marista, según informaron al abogado de Ángel santiesteban en la propia Fiscalía General? ¿Por qué, si la Fiscalía General de la República decía que el expediente se encontraba en Villa Marista, cuando el abogado de la defensa se personó en Villa Marista, negaron que dicho expediente se encontrara allí? ¿Qué había que ocultar?

 

  • ¿Por qué se continuó con esta patraña, si el Investigador, a pesar de su denuedo por involucrar a Santiesteban, no pudo lograrlo, aunque hiciera trampa al respecto?

 

  • ¿Por qué la Fiscalía, a partir del video antes citado del falso testigo, se vio obligada a retirar las denuncias, dejando sólo las menos peligrosas: “violación de domicilio y lesiones”? ¿Por qué se mantuvieron con estas acusaciones, si ya estaba probado con el propio video que Kenia Rodríguez mentía, por lo cual se le podía procesar por el delito de perjurio, cosa que tampoco se hizo?

 

  • Si se trataba de un supuesto delito común, ¿por qué celebraron el Juicio en la Sala Primera de la Seguridad del Estado, en su sede especial en Carmen y Juan Delgado? ¿Por qué miembros de la Seguridad del Estado hicieron un despliegue operativo en los alrededores? ¿Por qué, como muchos testigos pudieron comprobar, distribuyeron guaguas “con el pueblo aguerrido y entusiasta, que espontáneamente accede a defender su revolución”?

 

  • ¿Por qué el Tribunal sumergió a Santiesteban en la total indefensión al no tener en cuenta sus testigos? ¿Por qué, en cambio, mantuvo los endebles “testigos” de la Fiscalía, todos funcionarios del Estado y militares, confabulados evidentemente para intentar darle alguna credibilidad a la sanción que, infaliblemente, ya estaba dictada?

 

  • ¿Cómo es posible que un Tribunal acepte como prueba contundente a la perito grafológica que asegura que Ángel es culpable por “el tamaño y la inclinación de su letra”, cuando el abogado de la defensa demostró científica y legalmente que la grafología, según norma internacional, no puede ser considerada jamás una prueba contundente?

 

  • ¿Por qué se desestimó  al testigo de la defensa que,  gracias a la amistad que lo une a la denunciante, pudo afirmar que Kenia Rodríguez le había dicho en varias ocasiones sus intenciones de perjudicar al padre de su hijo, es decir, a Ángel? ¿Por qué también dejaron sin efecto las declaraciones de la maestra del menor (Directora de la escuela donde estudia el niño, es decir, persona confiable según las normas), quien aseguró que el niño le confesó que su mamá lo obligaba a mentir sobre su padre para dañar su imagen pública? ¿Por qué también, “curiosamente”, se desestimaron los testimonios de otros tres testigos, que demuestran que Ángel Santiesteban se encontraba en otro lugar justo en el momento en que Kenia, supuestamente, era abusada por Ángel?

 

  • ¿Por qué los profesionales, que asistieron como público al acto oral: abogados, ex fiscales, intelectuales, luego de escuchar las partes, coincidieron en que Ángel era inocente y por ende debían absolverlo, pues no se pudo presentar absolutamente nada que lo incriminara, salvo la declaración de la Teniente Coronel (périto calígrafa) que asegura es culpable por su letra inclinada?

 

Basta apelar a un poco de decencia, a una pequeña cuota de ética para, ante estas terribles irregularidades, concluir que todo esto, aunque parece un chiste, es una bochornosa y alucinante pesadilla.

 

Pero, por si no fuera aún suficiente, quiero que respondan algunas preguntas más:

 

  • Importante y probatorio de la infamia: ¿Por qué el oficial de la Seguridad del Estado conocido como Camilo, luego de propinarle una golpiza a Ángel Santiesteban, el 8 de noviembre de 2012, le dijo estas palabras: “¿no te bastan los 5 años que te vamos a echar”??. Delante de un testigo, el opositor Eugenio Leal, Ángel le contesta: “algún día vas a pagar tus abusos”, y el oficial Camilo, le responde: “cuando me toque pagar, ya tú lo habrás hecho”. ¿Por qué Ángel Santiesteban, gracias al agente Camilo, pudo dar a conocer internacionalmente la sentencia a la cual había sido condenado de antemano, un mes antes de que el “Tribunal” dictara sentencia?

 

  • ¿Por qué la sanción fue excesiva, como demostró la defensa en el Recurso de Casación, si el “Tribunal” reconoce a Santiesteban como un ciudadano destacado en su labor intelectual, nacional e internacionalmente, y no le constan antecedentes penales, detalles que según la legislación cubana son atenuantes que podrían reducir drásticamente cualquier sanción?

 

  • ¿Por qué existen múltiples casos en ese mismo Tribunal, procesados por el mismo supuesto delito, a veces con arma blanca y en personas con un amplio historial delictivo, y en ninguno de los casos las sanciones dictadas se aproximan a 5 años de privación de libertad?

 

  • ¿Por qué, otra vez “curiosamente”, el Tribunal se equivocó en el inciso 2, que agrega un año más de sanción a la condena? ¿Por qué razón no se anula esta sanción como establece la ley para ese tipo de “errores” procesales?

 

  • ¿Por qué el Tribunal Superior, que tuvo la decente oportunidad de enmendar tamaña injusticia, catalogó de “Sin lugar” (es decir, no aceptó valorar) el acucioso expediente presentado por el abogado como Recurso de Casación, ante la enorme lista de irregularidades cometidas en este caso.

 

Tengo otras muchas preguntas. Sólo pido a quien lea este artículo que no juzgue sin tener las pruebas. A los firmantes presentes y futuros de ese llamado de firmas “Tolerancia Cero a la violencia contra las mujeres”, que la UNEAC esgrime ahora, engañosamente, aprovechando el caso de Ángel Santiesteban, les recuerdo que ya en la historia de nuestra patria los intelectuales hemos sido partícipes de muchas injusticias simplemente por no buscar la verdad y conformarnos con lo que nos dicen desde los puestos oficiales de nuestro gobierno.

 

Yo, convencido por las pruebas de la inocencia de Ángel, sigo haciéndome estas preguntas. No pido que las respondan. Aunque tal vez debieran hacerlo:

 

¿Por qué Kenia Rodríguez, la supuesta víctima, si estaba convencida de la solidez de sus pruebas acusatorias, le dijo a ese hijo que ella concibió con el amor de Ángel “que nunca pensó en ganar el pleito”?

 

¿Por qué y quién, otra vez “casualmente”, decidió y autorizó esperar a que culminara la Feria Internacional del Libro de La Habana para encarcelar al escritor Ángel Santiesteban si la sentencia ya estaba dictada?

 

¿Por qué no claudica ahora Ángel Santiesteban, si es un hombre inteligente y humilde, a quien otras veces he visto reconocer públicamente sus equivocaciones en su vida personal y profesional?

 

¿Por qué se siente tan orgulloso de encontrarse en prisión?

 

¿Por qué ha decidido darle a la Seguridad del Estado una lección de principios y lealtad a sus ideas, recordándoles con su actuación y sus escritos que esta jugada en su contra es simplemente un escarmiento, un mensaje solapado del poder a los intelectuales cubanos sobre el calvario que pueden sufrir quienes decidan rebelarse contra lo establecido?

 

Hagan lo que hagan contra Ángel, estoy seguro, la historia lo recogerá alguna vez como uno de los intelectuales más limpios, transparentes y valientes luchadores de su tiempo dentro de Cuba en estos tiempos tan convulsos que vivimos los cubanos. Yo lo conozco con sus virtudes y sus defectos. Y me siento orgulloso de ser miembro de su generación de escritores; me enorgullezco de su hermandad, y siento orgullo de ser amigo de uno de esos cubanos que, desde la isla, luchan porque todos tengamos el derecho de pensar con cabeza propia, el derecho de que se respeten nuestras diferencias, el derecho de expresar nuestras críticas e inconformidades políticas, sin que el poder nos catalogue con las clásicas y gastadas etiquetas denigratorias que hasta hoy han utilizado quienes defienden el pensamiento totalitario que, por suerte, cada día que pasa tiene más grietas en Cuba.

Carta de Rafael Alcides a Ángel Santiesteban

27 de febrero de 2013

 

Lamentaciones y esperanzas por un nuevo escritor encarcelado

 

Querido Ángel:

 

Me cuentan que a partir de pasado mañana, jueves 28, pasarás a engrosar la larga lista de personalidades que en diversas épocas y circunstancias de nuestra historia nacional han sido condenadas a años de cárcel, y lo lamento.

 

En tu caso no ha sido por razones políticas, según he oído. Ni tampoco ha sido por desfalcar la caja de un banco, por matar, por tráfico de drogas, por robo de secretos de Estado, por usura, por chantaje, por prostitución, por venta de visas falsas o no, nada de eso. En tu caso ha sido por una simple riña con tu ex mujer y madre de tu hijo. O sea, nada nuevo en el mundo. Una de tantas disputas entre parejas que dejaron de serlo, magnificadas por las mismas pasiones que a ellos los dejaran al garete, y lo lamento Ángel. Lo lamento por ti y por tu ex mujer y por tu hijo.

 

Lamento, asimismo, que esta curiosa fórmula de la que tan gloriosas reconciliaciones salieron a menudo, no haya sido tenida en cuenta por los instructores que se encargaron de tu caso, ni por los magistrados que te sancionaron en la Audiencia a cinco años de prisión, ni por el Tribunal Supremo.

 

Todo esto lo lamento, Ángel, pero me quedan las esperanzas.

 

Tengo la esperanza de que los escritores del mundo entero hagan suya tu causa cuando se conozcan los hechos, despojados de la magnificación que le dio la parte acusadora, a lo mejor manipulada por personas que no te quieren, pues en este mundo donde sobra la bondad, no falta la envidia. Párate en una esquina e interroga a la gente en ese sentido. Haz ese ejercicio.

 

Tengo la esperanza de que junto a los escritores se pronuncien los gobiernos, ¿por qué no?, la ONU, el Papa, Dios mismo que tan discreto pero efectivo a la vez suele ser en estas cosas.

 

Tengo la esperanza de que a todo aquel a quien en este planeta le sobre un dólar lance un tuit dirigido al presidente Raúl Castro informándole de esta arbitrariedad o tal vez exceso de pasión del poder judicial, o deje su protesta consignada en una página web que acaso se le ocurra abrir y administrar a alguno de tus lectores del extranjero…

 

Pero tal vez nada de esto sea necesario. Pues también tengo la esperanza de que la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, nuestra querida UNEAC, Ángel, nuestra UNEAC, por espíritu de justicia y por cautela, consciente de la tremenda polvareda a que en el mundo pueda dar lugar el desacierto (incompetencia, y aun fraude le han llamado algunos, yo no) de los magistrados que manejaron tu causa, se movilice en el acto, acuda al Buró Político, exponga allí las partes sensibles de este delicado asunto que nunca debió exceder el ámbito de la cuadra. Sí, Ángel, confiemos en la justicia de los hombres y en la de Dios sobre todo. Dicha por la ley la última palabra, ahora le toca a la justicia hacer su entrada en escena. Yo confío en ella.

 

No serías el primero en obtener sus favores. Caso que no te indulten, lo que en Cuba no es costumbre, podría el gobierno darle un carácter simbólico a tu sanción, o digamos, reducida al mínimo, mandarte a cumplirla en tu casa, de modo que puedas seguir escribiendo y recibiendo a tus amigos sin desautorizar del todo a tus desacertados magistrados.

 

Se ha hecho con otros. Que yo recuerde, se habló una vez de alguien que en uno de esos malos momentos que suelen tenerse en la vida, sacó raudo su pistola y le voló la tapa de los sesos a un imprudente; otra vez oí de un automovilista que yendo por una carretera de la antigua provincia de Oriente tomado y a exceso de velocidad mató a alguien, y se le echó polvo a eso; y sé de más de uno que por azares, porque les tocó, atropellaron o mataron a alguien a quien no vieron o que se les metió delante del automóvil, y tampoco pasó nada. Y ya en el drama de carácter folklórico que tan divertido suele ser, pero que drama al fin no deja de sacar lágrimas, no puedo olvidar a cierto amigo, ya difunto, que por una disputa con su mujer, empeñada, con esa inocente coquetería de las mujeres, en ponerse una trusa que él entendió intolerable, en el colmo de una cólera más temible que la de Aquiles, atacó su casa con bazuca y todo, dispuesto a no dejar allí ni el recuerdo de aquella trusa malvada. Y es famoso el caso de un deportista que pusiera una bomba en el motor del automóvil del marido de su ex mujer.

 

¿Favoritismo? ¿Venalidad? ¿Abuso de poder? No lo creo así, Ángel. Son, sí, de hecho, acciones de antemano condenadas por la ley, Pero la ley es sorda, es ciega, la ley sólo tiene boca para dictar sentencia y manos para agarrarte y llevarte al paredón en ocasiones..

 

La justicia, en cambio, puede mirar, y mira si es justicia de veras, lo que la ley no podría ver. La ley juzga a la criatura por su peor momento, el que la llevó a comparecer ante ella; la justicia en cambio la juzga por su mejor momento.

 

Carlos Manuel de Céspedes fue a menudo autoritario y aun tiránico, y en ocasiones solapadito. Pensar en su golpe de estado a Aguilera, pensar en los esclavos a los que les dio la libertad en la noche de su alzamiento en el ingenio La Demajagua. No le dio la libertad a nadie. Los esclavos no eran suyos puesto que tampoco lo era el ingenio. Era de su hermano Eduardo quien por cierto lo tenía perdido en deudas de juego, y además —¡además!—, aquellos esclavos de su gesto para la galería eran unos ancianos ya. Empero, ni por estas astucias ni por aquella alevosía inicial podría calcularse el alma de Carlos Manuel de Céspedes sino por por su postura cuando el enemigo español le toma prisionero a su hijo Oscar, porque es allí, en ese momento, cuando el pequeño hombre ambicioso de gloria se levanta de pronto en su estatura de Padre de la Patria de los cubanos para todos los tiempos.

 

Los favorecidos que te mencionaba a manera de breves “botones de muestra” (como solía decirse cuando yo era niño) merecían justicia, Ángel Santiesteban, la merecían: esto es comprensión, reconocimiento —no perdón, no caridad, no: reconocimiento—, por su vida de servicios a la nación a cuya gloria habían contribuido. Estuvieron en la Sierra o fueron asaltantes de Palacio o trajeron títulos mundiales para Cuba. Tú, desde luego —lo sabemos—, no eres deportista, ni tampoco estuviste en la Sierra. La escuela de comandantes de la Sierra cerró muchos años antes de que nacieras. Pero eres un héroe de la cultura, eres un autor laureado, un hombre que ha dedicado ya más de la mitad de tu vida a escribir, y a ganar premios que honran al país, a la patria, esa entidad mayor y para siempre, porque los gobiernos pasan, Ángel, pasan, pero la patria permanece.

 

Tengo por eso la esperanza de que no te den menos de lo que a otros héroes se les dio. El hecho de que se dé la casualidad de que también seas disidente, hombre de la oposición política, no creo que cuente. La oposición es el partido más numeroso del mundo, en todos los países el sesenta o setenta por cierto de la población pertenece a la oposición sin que eso se considere un demérito. En definitiva, todos los que después fueron poder estuvieron antes en la oposición. Mira al pobrecito Mandela.

 

En todo caso, mi querido amigo Ángel Santiesteban, estamos hablando de justicia, no de política. De justicia. Y mi memoria del porvenir, y mi experiencia de ochenta años de vivir en este mundo —los que cumpliré ahora en junio si Dios me lo permite—, me dicen, me están diciendo que se te hará justicia, Ángel, que saldrás bajo un régimen de prisión domiciliaria a purgar esa riña familiar, con una pena acorde a lo que dentro de unos años, después de todo, será folklore en el barrio, chiste incluso de tu ex esposa: “El susto que le hice pasar”, la oigo diciendo mientras ella allá en esos días de entonces juega dominó o le sirve té a las visitas y yo en esta madrugada del 27 de febrero del 2013, termino de escribir estas lamentaciones y esperanzas, que también serán folklore.

Detenida la bloguera Yoani Sánchez

y golpeado el escritor Ángel Santiesteban

¡Libertad para

el periodista Calixto Martínez!

Los hijos que la revolución no quiso

Víctor Manuel Domínguez

13 de febrero de 2013

 

La historia se repite. Otro escritor cubano será enviado a prisión. Ángel Santiesteban, autor del blog Los hijos que nadie quiso, fue condenado a cinco años de cárcel bajo el supuesto delito de violación de domicilio y lesiones. El Tribunal Supremo Popular ratificó la sanción.

 

De acuerdo con lo expresado por Santiesteban a martíoticias.com, en el juicio no se mostró evidencia alguna sobre su culpabilidad. Una de las supuestas pruebas descansa en la declaración de una teniente coronel del régimen, quien argumentó que su caligrafía indicaba culpabilidad.

 

El laureado escritor (por libros como Sueño de un día de verano, Premio UNEAC 1995, Los hijos que nadie quiso, ganador del Alejo Carpentier 2001, y Dichosos los que lloran, galardonado en Casa de las Américas 2006), declaró que ante su condena a prisión sin pruebas procesales, sus ex colegas dentro de Cuba guardan un silencio cómplice, con tal de preservar pequeños privilegios.

 

No es de extrañar. Tanto el encarcelamiento de algunos escritores que disienten de la ideología oficial, como el silencio y la complicidad de los intelectuales ante las arbitrariedades de la política cultural cubana, han sido una constante en más de medio siglo de revolución.

 

Desde su fundación, el 22 de agosto de 1961, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), no ha sido más que un “cascarón de figurones”, como la definiera el poeta Heberto Padilla en su polémica con el escritor Lisandro Otero, a través de las páginas del suplemento cultural El Caimán Barbudo.

 

Ya en 1965, el “sálvese quien pueda” corrió por los pasillos de la UNEAC, y el silencio cómplice y ominoso se instaló como huésped permanente entre sus integrantes, quienes no levantaron la voz ante el envío a las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), del poeta José Mario Rodríguez, acusado de “disoluto y liberaloide”, junto a otros integrantes de Ediciones El Puente.

 

Tampoco lo hicieron luego de un discurso pronunciado por Fidel Castro, en marzo de 1966, donde arremetía contra los homosexuales de la UNEAC y los amenazaba con enviarlos a trabajar a la agricultura. Mucho menos alzaron su voz los escritores y artistas cuando, en el denominado “Quinquenio gris”, también fueron encarcelados los poetas Lina de Feria y Heberto Padilla, y los escritores José Lorenzo Fuentes, Reinaldo Arenas y Manuel Ballagas, por supuestas difamaciones contra la revolución o por escribir textos subversivos.

 

Fueron los integrantes de la UNEAC quienes en el prólogo de los libros Los siete contra Tebas (teatro) de Antón Arrufat, y Fuera de Juego (poesía) de Heberto padilla, galardonados con el premio de esa organización, en 1968, los denunciaron como “contrarios ideológicamente a nuestra revolución”.

 

¿Acaso los miembros del “cascarón de figurones” le salieron al paso a las acusaciones lanzadas desde la revista Verde Olivo contra Antón Arrufat, Heberto Padilla, Guillermo Cabrera Infante y José Triana, entre otros escritores, por un censor oculto bajo el seudónimo de Leopoldo Ávila?

 

El sentimiento de pecado que les sembró el Che a los intelectuales cubanos que no lucharon contra la dictadura de Fulgencio Batista, más su cobardía personal y algunas prebendas astutamente otorgadas por el régimen, los convirtió en dóciles amanuenses que sólo escriben al dictado del amo.

 

Los escritores que caen en desgracia son como apestados de los que se alejan los demás, y no sólo se les saca del gremio, sino también del círculo de amistades, hasta que sean reivindicados, si llegan a serlo en vida, por lo que algunos llaman rectificación de la política cultural. Este acto de bajeza lo ilustró el escritor Eduardo Heras en sus memorias sobre las purgas intelectuales, recogidas en una conferencia titulada “Quinquenio gris: testimonio de una lealtad”, dictada como exorcismo contra la censura en el Instituto Superior de Arte (ISA) en 2007.

 

La prueba de “lealtad”, según Heras, se da cuando se cruza cada día, al regreso del trabajo, con otro señor. Se miran, pero nunca se saludan. Lo único que los une en ese malhadado año 1971, es que ambos son escritores y cumplen un insólito castigo por escribir libros calificados como contrarrevolucionarios. Sin embargo, añade, sólo los unía en ese instante crucial de sus vidas, la capacidad de resistencia ante la injusticia.

 

De modo que, de acuerdo con lo escrito por Heras León, aguantar humillaciones, abusos, callarse y no tener valor siquiera para saludar a otro marginado, es un acto de unidad. ¿Unidad en la miseria? ¿En la desgracia humana?

 

Sin embargo, más tarde, ya reivindicados, ¿no firmaron el propio Heras, Arrufat, Arango, Pablo Armando Fernández, César López, Miguel Barnet, Nancy Morejón y compañía, la Demanda de la UNEAC contra la Carta de los Diez intelectuales que pidieron reformas al régimen, el 31 de mayo de 1991?

 

Según expresaban en sus años de angustia Heras y otros integrantes de la UNEAC, los firmantes de la Carta de los Diez, más que colegas, eran amigos, y compartieron las buenas y las malas en ese proyecto social abierto y democrático que después los devoró. Entonces, ¿por qué apoyaron con su firma el ataque y marginación a colegas de reconocida trayectoria literaria como Manuel Díaz Martínez, Raúl Rivero, Manuel Granados, José Lorenzo Fuentes y Bernardo Marqués-Ravelo? ¿Les tendieron la mano alguna vez? ¿Los volvieron a saludar? ¿Se atrevieron Heras León o Antón Arrufat a levantar la voz por María Elena Cruz Varela, Roberto Luque Escalona, Fernando Velázquez Medina, Víctor Serpa Riestra y Nancy Estrada Galván, también firmantes de la Carta de los Diez?

 

Cuando, dos años después, una turba instigada por la Seguridad de Estado obligó a María Elena Cruz Varela a tragarse sus poemas, y fue condenada a dos años de cárcel por firmar la Carta de los Diez y crear el movimiento Criterio Alternativo, ningún miembro de UNEAC protestó. Tampoco lo hicieron cuando el poeta Raúl Rivero fue condenado a veinte años de prisión, en el año 2003, por ejercer un periodismo libre. Todo lo contrario: condenaron en una Carta Abierta todos estos actos que denominaban conspirativos y en contra de la revolución.

 

Por ello, aunque demuestre ser inocente, el escritor Ángel Santiesteban será enviado a prisión, único sitio, junto al exilio, adónde van a parar los hijos que la revolución no quiso ni querrá. Sus compañeros de la UNEAC, en el mejor de los casos callarán una vez más, si es que “de arriba” no les “orientan” firmar algún documento condenatorio.

 

vicmadomingues55@gmail.com

De la censura y la blogoferia

Om Ulloa

5 de febrero de 2013

 

Desde el 2008 —Año de la RebloGución Yoani, no se olviden— soy más o menos parte de ese bicho raro de la “diáspora” cubana, la “blogoferia”, zoológicos ambos por donde transitan observadores y observados. Con el pudor y el tacto ya gastados, y el deseo de ser parte de algo que se vislumbraba histórico —por lo caótico “de lo cubano” y prometedor de la tecnología—, renací entonces en Blogger como “la sonora matancera”, por ruidosa y musical y haber nacido en esa impostora Atenas venida a menos. Empecé a postear intereses musicales, escritos y cosas relacionadas con Cuba en medio de complicados proyectos de trabajo, pagos de hipoteca, padres enfermos y mi reloj biológico avisando “pa-qué-si-no-cambia-nada”. Bue, porque todo cambia, todo.

 

Poco a poco me familiaricé con los blogs de “tema cubano” que fui encontrando. Al principio fui observadora, sintiéndome pez-fuera-del-agua por no ser parte de ninguno de los grupitos de que se componían, yo exiliada “exiliada” del exilio. Exploré y hallé de todo: conflicto, cursilería, rivalidad, lisonjas mojigatas, como también buena música, escritores, arte, humor y sátira… y todo lo contrario. Aprendí de excelentes posts, música y literatura cubana que desconocía o conocía superficialmente. Me enorgullecía encontrar tanto talento, tantos cubanos en flor a pesar de todo, a pesar de las ruinas, a pesar de sus pasados. Cuando tenía tiempo, leía cómo se desarrollaban las opiniones en los diferentes blogs, pero sin participar porque no me motivaba embarrarme en los pleitos. Al cabo de unos meses empecé a comentar con más o menos frecuencia (como sonora y matancera y con otros nombretes), pero sólo en tres o cuatro blogs con los que me identificaba: tumiamiblog, por lo funky y liberal; Penúltimos Días, por lo funky y conservador; Guamá, por lo funky e irrespetuoso tanto con lo liberal como lo conservador; y a veces en Cubaencuentro y el Diario de Cuba más tarde, para mencionar los que más visito. Luego empecé a colaborar en algunos sin conocer en persona a ninguno de los creadores respectivos, cosa que me agradó mucho. Por primera vez me estaba embarrando “de lo cubano”, y me gustaba a mi pesar.

 

Mientras analizaba los gustos editoriales de los blogs y sus comentaristas, empecé a notar la Censura. Me interesaba participar, pero sólo con total libertad de expresión. Que blogs cubanos de “afuera” tuvieran censura me mortificaba. No, mejor dicho, me sacaba de quicio aunque comprendiera que en algunos casos había mucha paja suelta, mucho loco con tiempo que botar, mucho spam automático y muchos “trolls en misión”. Me planteé un experimento: Empezaría a comentar yo de manera que pusiera a prueba esta inadmisible “censura” en la blogoferia cubana, un medio comunitario que nos daba a todos libertades que obviamente ansiábamos. También leía los comentarios de blogs “de adentro”, donde la Censura se notaba aún más por la parcialidad aplastante del tono, como los de Bloggers Cuba, Elaine Díaz (La Polémica Digital), La Joven Cuba, Voces Cubanas y Havana Times. El que más llegué a visitar fue HT, que es el único donde comentaba esporádicamente después de ser observadora de la transición izquierda-centro que precisamente en el 2012 surgió con más fuerza entre los colaboradores de ese espacio al mismo tiempo que BC, ED, LJC se autocensuraban, abrían y cerraban mientras algunos de los blogueros iniciales de VocesCubanas iban desapareciendo sin explicaciones, convirtiéndose en viajeros secretos antes de “la reforma” enigmatoria. Pero al grano. Aparte de las afinidades o diferencias políticas que existen dentro y fuera de Cuba en este momento entre los creadores de blogs , digamos todos seres pensantes e inquietos, diferencias que sin duda se trasladarán a una Cuba futura aunque con más respeto —espero—, creo que para todos en la blogoferia la libertad de expresión y prensa es uno de los requisitos indispensables para una futura y democrática Cuba. Dicho lo anterior, no entiendo ni acepto la Censura por ningún motivo y en ningún lado.

 

Voy entonces a confesar que durante “mi experimento” como comentarista vulgar y buscapleitos he sido regañada, censurada y editada en más de una ocasión en CE, DDC, PD, tmb y en HT, y otros que no vienen al caso. Siempre ha sucedido cuando se me suelta la lengua y digo “malas palabras” o critico adrede a nivel “personal” a amiguetes o personalidades, nunca cuando me enredo en disparates lingüísticos e invento y levanto el polvo de convalecientes diccionarios. Me alegro que permitan mi creativitidad, pero me azora tanto pudor, cosa que me hace reír del horror porque una prensa cubana pudorosa equivale a la bazofia puritana del Granma y medio siglo sin libertad de prensa. ¿O no? Me ha sucedido en HT, donde el pudor y bitonguería comuñanga aún renace a veces, pero donde afortunadamente los rebuscados textos con lenguaje decimonónico de algunos de sus colaboradores han dado paso a buenos posts sobre la realidad que allí o fuera viven estos “aún” idealistas del cambio dentro del cordón impuesto por el círculo infantil castrista. Los TuMayamBaneros, por su parte, me han callado pocas veces antes de que abrieran el telón del todo para luego cerrarlo otra vez, pero siempre bajo algún pseudónimo de los que tanto me gustan y tras los cuales he dicho sandeces en busca de reacción. De nuevo, la vulgaridad en exceso no pasa, cosa que entiendo pero no me gusta. En el Guamá nunca me habían lavado la boca ya que no censuraban. De hecho, dejaban que todo mequetrefe se sonara allí la piltrafa y se incendiara su propia paja, mientras que no fuera muela comunistoide. Sin embargo, recientemente empezaron a moderar comentarios y me han censurado algunos agresivos “experimentos”, para mi inmensa sorpresa guamañanga. Et tu, #BrutusPingaRepingaDelMundoMundial?

 

Por otra parte, los comentaristas de la blogoferia sí se censuran, critican y atacan ferozmente entre sí, fenómeno que hay que admitir divierte, pero que se puede convertir en chusmería repetitiva sin nada que ver con el post. En PD, el penúltimo príncipe administra con mano de hierro y durante mis experimentos no me ha permitido ataques personales aunque me deja pasar vulgaridades leves. Cuando colaboro, tampoco tiene piedad conmigo y permite que sus fieles me zarandeen con gusto y deleite. Que también se vale, todo se vale en este experimento, me digo. En el DDC son prudentes, dejan pasar alguna que otra palabra soez, pero se demoran en filtrarla, como si lo estuvieran pensando o esperando órdenes. Sin embargo, permiten un montón de enajenados discursos políticos. Y bien, me digo, es eso buena o mala señal, ese fantasma de nuestra pasada y futura politiquería en tribuna, pero… ¿oradores para qué, ay para qué? En CE comento a veces, y siempre disparates. Por lo general no me pasan el comentario aun cuando ya haya otros peores que el mío, censura que en realidad no entiendo. Y luego hay otros blogs donde me han reescrito comentarios a tal punto que ni los reconozco luego, tipo ENH, y el colmo de la Censura en la blogoferia: Ichikawa, salpicándonos de sus sabidurías entretejidas de cuerdas flojas y equilibrio zen e imponiendo censura de facto y absoluta al no permitir… ni un chist. Quédese quieto compay y mire cómo en 1930… y aprenda, pero no hable.

 

Dado todo esto, entonces ¿por qué existe la Censura —de cualquier tipo— en los blogs de temas cubanos, que se han convertido en la verdadera prensa libre que representan la variedad cubana —de cualquier tipo— de todas las orillas? En estos blogs radican las raíces de un futuro que algún día será, y si ya hoy aceptamos los filtros y la falta de transparencia, ¿llegará otro día en que volvamos a aceptar otra nueva mordaza?

*****************************************************

Nota de Manuel Castro Rodríguez: Para mí la libertad de expresión es una cuestión de principio, a la cual nunca renunciaré ni dejaré de reclamar. Antes que los hermanos Castro se adueñaran de las escuelas cubanas, en ellas se defendía la libertad de pensamiento y se estimulaba el pensamiento crítico.

 

Veo con suma preocupación cómo la censura se ha hecho endémica entre los cubanos, aunque sean opositores a la tiranía de los hermanos Castro. A la primera oportunidad, sale a relucir el policía del pensamiento que muchos llevan dentro.

 

Havana Times, Cubaencuentro y Diario de Cuba censuraban mis comentarios. Según tengo entendido, Cubaencuentro y Diario de Cuba están subvencionados por el Estado español, ¿cómo van a censurar si ningún medio hispano lo hace?

 

Como Havana Times, Cubaencuentro y Diario de Cuba censuraban mis comentarios, dejé de participar en los mismos. Si todos hiciéramos igual, los editores lo pensarían dos veces antes de censurar. ¿O no?

 

Entrevista a Ángel Santiesteban

 

El escritor Ángel Santiesteban es entrevistado por el periodista independiente William Cacer, del centro de información Hablemos Press.

El policía del pensamiento que muchos cubanos llevan dentro


Me sorprendió la forma grosera en que Eduardo del Llano respondió una crítica del bloguero y escritor disidente Orlando Luis Pardo a su película Vinci. Del Llano publicó su diatriba en el sitio oficialista La Jiribilla –que pertenece al Ministerio de Cultura-, lo cual sería inconcebible en otro país, dado que Del Llano utilizó insultos tales como: “Malnacido”, “pederasta”, “labrador nordestino sodomizado” y autor de “bravatas pajeras”.

http://www.lajiribilla.cu/2012/n563_02/563_55.html

 La noche y el día

Eduardo del Llano • La Habana

Vaya, qué original. Perdido en Del Llano, qué elevado juego de palabras.

Y eso lo dice un tipo que ni siquiera tiene unas iniciales con swing: las suyas suenan como siglas de alguna oscura entidad regional. Organización Latinoamericana de Pederastas Linfáticos.

En esencia, la principal objeción que OLPL hace a Vinci es ser una película cubana. No me sorprende: es el mismo reparo que pone a cualquier otra.

Para apuntalar su fundamentalismo, necesita creer que toda obra nacida en la Cuba de hoy y no firmada por él o sus adláteres viene con estigma y está condenada al fracaso. Objeción he dicho, que no crítica, porque OLPL es sin duda un opositor, tal vez un periodista y seguramente un mediocre, pero desde luego no un crítico de cine. He malgastado mi tiempo leyendo algunos de sus libelos acerca de producciones recientes; sin excepción, se trata de textos plagados de chismes y ataques personales, sin el más leve atisbo de real análisis crítico.

Empecemos por el principio. Yo dije que mi película estaba buenísima en una carta de protesta dirigida al Comité Organizador del Festival de La Habana.

Copié la carta, además, a una serie de personas e instituciones que hubieran podido influir entonces en una revisión del criterio selectivo aplicado por el Comité. Por más que el concepto le resulte raro a un periodista independiente cegado por la rabia, yo no pretendía generar un episodio sensacionalista, sino reparar o al menos denunciar una injusticia. La increíble respuesta del Comité Organizador aclaraba que “La decisión de que tu filme Vinci no haya sido seleccionado para competir en el Festival, no obedece a valoraciones artísticas ni de otra índole, sólo temáticas”.

Dicho de otro modo: “tu película no es mala, ni siquiera nos tomamos el trabajo de juzgar su calidad, pero no toca un tema latinoamericano”. Puede, en efecto, que el intercambio de emails que se generó en ese momento no tenga mayores consecuencias en el campo cultural cubano; en ese sentido, es de ponderar la virtud de OLPL para el vaticinio a corto plazo. Por lo pronto, he leído al menos a dos críticos (Juan Antonio García Borrero y Joel del Río) que, a partir de lo ocurrido, llaman a cuestionarse si lo latinoamericano debe excluir lo universal, y llaman al Festival a repensar su política.

¿Qué objeciones le hace OLPL a Vinci? Bueno, algunas tan profundas y sólidas como que se filmó en la fortaleza de La Cabaña, gastada, según él, por aventuras televisivas de época. Si esa es su preocupación, puede estar tranquilo: los breves planos iniciales en que Leonardo es conducido a la mazmorra son los únicos en que se ve algo de la fortaleza de La Cabaña.

La celda como tal era un gran cañón de cuarenta metros de largo, revestido de yeso que ocultaba a su vez cascotes de ladrillo; el equipo de escenografía construyó todo el entramado de bloques de piedra que constituye la piel visible de la mazmorra. O sea, que después de la secuencia de créditos no se ve un solo centímetro cuadrado de La Cabaña. Si OLPL la vio de todas maneras, sería desde luego en otra película.

Hay una camada de inexactitudes que demuestran la poca seriedad –y esto es ser generoso- del libelo de los Pederastas Linfáticos. La gigantografía no dice que Vinci sea del autor de Monte Rouge, sino del Decálogo de Nicanor.

La película tiene final feliz porque a Leonardo lo soltaron en la vida real.

¿O es que querías que el muchacho se muriera al final? Las producciones Sex Machine no tenían letreros diciendo que se prohibía su exhibición en Estados Unidos, sino lo siguiente, como será fácil comprobar: Copia exclusivamente para promoción. La venta, copia, distribución y difusión mediática viola los derechos de los autores. ¿Podría OLPL sacarse por un minuto los Estados Unidos de la cabeza? Y no incluí algo como eso porque Vinci es una producción del ICAIC, no independiente, lo que significa que es el ICAIC y no yo quien tiene que preocuparse si la película es pirateada. Puede –en esto lleva razón el Pederasta- que no lo sea nunca: uno de los riesgos que asumimos al producir Vinci era crear una película de tema y sabor universales, cuando los distribuidores y buena parte del público solo esperan de Cuba crítica feroz, predicciones agoreras y música salsa.

OLPL dice que la película es un bluff, una obra de principiante. ¿De veras, asere? Osvaldo Montes elogia la película. Raúl Pérez Ureta, lo mismo.

Actores como Enrique Molina, cineastas como Chijona o Díaz Torres, críticos como Frank Padrón y Joel del Río. Ah, pero es OLPL quien tiene la verdad, aunque no haga nada por argumentarla: lo dice él, y punto. Linfático, tú no reconocerías el talento, el genio y la auténtica audacia ni aunque te los pusieran enfrente pintados de azul con globitos amarillos. Si tu maniqueísmo ramplón es lo mejor que el pensamiento artístico de la oposición tiene que ofrecer, estamos muy jodidos.

¿Que el personaje de Gonzalvo está diseñado con humor estilo Pateando la lata? Por favor, Pederasta, ten al menos la decencia de enumerar dos o tres de esos chistes de baja ralea para darle alguna gravidez a tu despropósito.

¿Qué los personajes están sobreactuados? Alguna vez leí algo tuyo –discúlpame por no recordar qué ni dónde, no presto a tu obra la misma cuidadosa atención que prestas a la mía- donde afirmabas que los actores cubanos te suenan falsos y sobreactuados. Todos. Y luego… ¿de verdad te vas a meter con Fabelo, compadre? ¿Con Fabelo? Uno se pregunta qué clase de amor sientes por el país que afirmas defender, cuando desprecias de ese modo a sus artistas. Uno se pregunta cómo se puede ser tan arrogante, en especial si la arrogancia se edifica sobre la grisura e ignorancia absolutas. Uno quisiera saber, además, por qué me rogaste con tanta insistencia –un par de emails, solicitud personal en plena calle, recado con tercera persona- que te autorizara a publicar dos artículos de mi blog en la revista Voces.

Los pies limpísimos de Leonardo... Mira, Pederasta, esa escena ocurre durante la segunda noche del artista en la celda; hasta ahora no se ha descalzado. Justamente se quita las botas, de pie sobre la esterilla que le sirve de lecho, un par de minutos antes de revelar las plantas de los pies cuya pulcritud tanto parece haberte impresionado. No podía tenerlos sucios pues aún no había pisado la inmundicia de atrezo de su celda; ten la vergüenza de comprobar, al menos, lo que escribes. Por cierto, que la inmundicia sea de atrezo es lo correcto; espero que no creas que en una película americana pondrían a Brad Pitt a pisar mierda auténtica.

¿Que bordeo la indigencia? Cada elemento en Vinci está pensado y asumido luego de largas reuniones creativas con los mejores profesionales que conozco, y si hubiera rodado la película en Hollywood y no en La Habana (¡cómo la elogiarías entonces, Linfático!) hubiera buscado y conseguido exactamente la misma imagen que tiene ahora.

¿Qué mi cameo es ridículo? ¿Se puede saber por qué, Pederasta? A un espectador que no sepa que soy yo, ¿también le parecería ridículo? ¿Quizá te verías mejor tú, con tu aspecto de labrador nordestino sodomizado, bajo la armadura? Por cierto, luego de lo mucho que te aplicas en denostar de la visualidad de la película, le haces un favor inconsciente al decir que la que llevo es una armadura de museo. En realidad es de cartón, pintada con polvo de grafito.

Miren, otro juego de palabras: La vida de los otros, La vida de NOS-Y-OTROS. En verdad harías mucho por la cultura cubana dedicándote a escribir un ensayo sobre lo que fue GNYO, que cuando hacía poco que tú habías (mal)nacido, ya ponía en escena textos mucho más inteligentes y audaces que tus bravatas pajeras. Porque, entendámonos, OLPL, la gente se queja de que lo que escribes es a menudo ininteligible no porque tu estilo sea muy profundo o muy culto, sino porque es malísimo, hinchado y artificioso, el único verdadero bluff en todo esto.

A ver, OLPL, en tu libelo no hay una sola razón contra Vinci. Vinci es una buena película, que tu alergia contra lo cubano no alcanza a empañar. Por demás, no creas que voy a honrarte con una polémica. Cuanto tenía que decirte acaba aquí: no me molestaré en contestar cualquier nueva sarta de tonterías que se te antoje pergeñar. No tienes estatura para mí, OLPL. No eres un contrincante digno. De aquí en cincuenta años, cuando le cuentes a tus (improbables) nietos lo que ha sido tu patética vida, lo único que vas a poder referir con orgullo es que alguna vez yo, Eduardo del Llano, dediqué tres cuartillas a desenmascararte e insultarte. Mis insultos serán tu única herencia, Pederasta.

Amnistía Internacional

le exige al régimen militar cubano

la liberación

del periodista Calixto Martínez

30 de enero de 2013

 

Amnistía Internacional reconoció este miércoles como “preso de conciencia” al periodista cubano Calixto Martínez, encarcelado desde el 16 de septiembre pasado, e instó a las autoridades castristas a que le devuelvan la libertad.

 

http://www.amnesty.org/en/for-media/press-releases/cuban-journalist-named-prisoner-conscience-2013-01-30

 

Amnistía considera “preso de conciencia a toda persona encarcelada o sometida a otras restricciones físicas por sus convicciones políticas, religiosas o cualquier otro motivo de conciencia (...) siempre que esa persona no haya recurrido a la violencia ni propugnado su uso”.

 

Según Amnistía, Martínez, corresponsal de la independiente agencia de información Hablemos Press, fue detenido en La Habana mientras investigaba la posible retención en el aeropuerto de un cargamento de medicamentos enviado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para combatir un brote de cólera anunciado en julio. Desde entonces, está preso.

 

Mientras estaba en el aeropuerto telefoneó a sus colegas de Hablemos Press para informarles de que había tomado fotografías y entrevistado a trabajadores del aeropuerto. Fue arrestado poco después”, señaló la organización de defensa de los derechos humanos en un comunicado difundido en Londres.

 

El periodista independiente “no ha sido acusado formalmente ni juzgado, pero la policía considera que ha cometido una falta de respeto contra el presidente Raúl Castro y su hermano Fidel”, afirmó la subdirectora para las Américas de Amnistía, Guadalupe Marengo.

 

El encarcelamiento de Calixto Martínez demuestra que las autoridades en Cuba están lejos de aceptar que los periodistas tienen un papel que jugar en la sociedad, incluso investigando posibles delitos”, declaró Guadalupe Marengo, directora adjunta del programa de Amnistía Internacional para América, citada en el comunicado.

 

El Estado cubano mantiene un monopolio respecto a todos los medios de comunicación del país, incluida la radio, la televisión, la prensa y los proveedores de internet”, dijo la responsable de Amnistía.

 

La organización humanitaria apuntó que Martínez “ya había sido detenido sin cargos en diversas ocasiones en 2012, siempre en relación con su trabajo como periodista”.

 

Martínez fue el reportero que destapó en junio de 2012, la existencia de una epidemia de cólera en el Oriente de Cuba.

Eliécer Ávila y estudiantes de la UCI

versus Ricardo Alarcón

Cronología kafkiana en la isla Utopía. Ángel Santiesteban

Wichy García Fuentes

25 de enero de 2013

 

Un escritor cubano acaba de ser condenado a cinco años de prisión por un delito que jamás cometió. Acaba de ser mandado nuevamente a galeras por aquella mala manía que tienen algunos de desear que cien, cincuenta, diez, cinco o uno, tengan el mismo derecho a pensar y elegir que los otros millones de cubanos.

 

Hace diez años ya de aquella presentación de Ángel Santiesteban en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, a donde fue llevado por las autoridades culturales cubanas tras haber ganado el premio Alejo Carpentier por su recopilación de cuentos Los hijos que nadie quiso. Hace diez años Ángel Santiesteban se atrevió a ser la voz disonante de una delegación que, a la pregunta constante de los universitarios sobre la situación de los derechos humanos en Cuba, sólo podían repetir las cantilenas fidelistas que, durante medio siglo, han acusado a cualquier persona de ideas propias como “mercenario al servicio del imperialismo”, y sin poder aguantarse, aquel brillante narrador nacido en 1968 dijo públicamente que “cien, cincuenta, diez, cinco o uno, tenían los mismos derechos a pensar y elegir que los otros millones de cubanos”, recibiendo el aplauso de la joven audiencia, un aplauso que mucho molestó a los representantes del régimen en la FIL y que repercutió en que, el resto del evento, lo apartaran a propósito y sin disimulo de las actividades que tenía programadas.


Ángel Santiesteban había recibido el premio Carpentier luego de notorias escaramuzas con la Casa de las Américas, que ganó finalmente luego de dos intentos en los que el jurado recibió presiones de las autoridades para hacerlo a un lado a como diera lugar —en esas dos ocasiones (1992 y 1994) los ganadores fueron, según Amir Valle, “dos de los libros más flojos premiados en la historia de ese concurso en el género cuento”—, y aunque para 1995 ya pudo alzarse con el premio de la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba) y el Carpentier para el 2001, sólo hasta el 2006 fue reconocido por Casa de las Américas, en una dudosa retribución, no exenta de coacciones oficiales al jurado, y que apenas le permitió disfrutar de controladas ediciones a Dichosos los que lloran. Sin embargo, sus libros, por lo general editados con diseño mediocre, se agotaban de inmediato en las Ferias del Libro de La Habana. Se escapaban en las manos ávidas de los mismos lectores que dejaban mosqueados en las estanterías a los volúmenes más favorecidos por la oficialidad.


Ángel Santiesteban ya había sufrido prisión. Aunque absuelto después de que un tribunal reconociera que no había delito alguno en despedir en la costa a su hermana —quien abandonaba la isla ilegalmente— de igual manera tuvo que sufrir catorce meses en los calabozos del régimen antes de ser reconocida su inocencia en el supuesto delito de “encubrimiento”. De aquella experiencia emergió literatura, emergió la traducción al verbo escrito de la hambruna y el trato inhumano de las cárceles cubanas.


Pero el régimen neoestalinista no podía permitir lo que vino después. Ángel, ya delimitada su línea ética con respecto al oficialismo, optó por escribir sus opiniones y publicarlas en la naciente blogosfera cubana independiente. Un viejo amigo, el poeta Camilo Venegas, lo instruyó en los avatares de la internet y el blogspot. Como buen cubano semianalfabeto de la 2.0, machacó la red y sacó a la luz el blog Los hijos que nadie quiso, domesticando las limitaciones de conectividad isleñas y posteando cada vez que podía sus escritos críticos, sus verdades y su riesgo explícito.

 

Ángel Santiesteban, dado que los medios y la poca red virtual de Cuba permanecen bajo estricto control de sus captores, necesita del apoyo internacional, necesita de la solidaridad de sus colegas y de cuanta gente decente quiera sumarse al reclamo de las redes sociales por su libertad.

 

Para fines de 2011 ya tenía Ángel un proceso legal construido a propósito, un mecanismo kafkiano que intentó pedirle condena de hasta cincuenta años por supuestos delitos de violación, robo, intento de homicidio, amenaza, asedio, lesiones y atropellar a un menor en la vía pública. Todo en un libreto muy mal escrito en el que su exesposa se aliaba a un oficial de la policía política para causarle el mayor daño posible.


Las pruebas falsas fueron cayéndose poco a poco y sólo ya casi terminando el 2012 —y después de que el escritor y otros activistas pacíficos fuesen brutalmente reprimidos frente a una sede de la Seguridad del Estado en La Habana, golpeados y encerrados por varios días— el infame proceso se retoma y Ángel Santiesteban, otra vez sin pruebas y con suficientes testigos a su favor, es llevado ante los “tribunales revolucionarios” y condenado a cinco años de prisión por los descaradamente fabricados delitos de “violación de domicilio y lesiones”.


No es, ni con mucho, el primer cubano reducido por cargos amañados, fabricados torpemente por la dictadura castrista. Muchos otros han sido sistemáticamente desacreditados por la publicidad oficial, enviados a la cárcel bajo cargos inmorales, pero hasta hace poco tiempo la disidencia se movía casi compulsivamente en terrenos de la protesta física, con poco manejo de la filosofía o el análisis sociológico. Ángel, en su carácter de narrador prestigioso, se incorporó a las mesas de debate que otro intelectual, Antonio G. Rodiles, había abierto en su propia casa. Estado de Sats se dio en llamar a aquel espacio de inclusión, de conceptualización, de proyección cívica que tanto necesitaban las nuevas generaciones para compartir sus diferencias de pensamiento.


El gobierno no ha podido endilgarle relación, siquiera superficial, con la CIA o con la Oficina de Intereses de los Estados Unidos en Cuba. No encontró manera viable de encauzarlo por “mercenario al servicio del imperialismo”, así que se imponía un escarmiento por vías extraoficiales. La acusación falsa de cargos exacerbados podía ser la respuesta, pues entre tantos supuestos delitos alguno podría funcionar. Y funcionó.


Un escritor cubano acaba de ser condenado a cinco años de prisión por un delito que jamás cometió. Acaba de ser mandado nuevamente a galeras por aquella mala manía que tienen algunos de desear que cien, cincuenta, diez, cinco o uno, tengan el mismo derecho a pensar y elegir que los otros millones de cubanos.


Jóvenes universitarios aplaudieron hace diez años a Ángel Santiesteban Prats durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Hoy el escritor necesita de ellos, y de los intelectuales mexicanos que ya distinguen entre la utopía revolucionaria y la decadente tozudez de un régimen totalitario que nos embaucó a todos por igual. Ángel Santiesteban, dado que los medios y la poca red virtual de Cuba permanecen bajo estricto control de sus captores, necesita del apoyo internacional, necesita de la solidaridad de sus colegas y de cuanta gente decente quiera sumarse al reclamo de las redes sociales por su libertad.

Del mundo virtual al mundo real

Yoani Sánchez

23 de enero de 2013

 

La pantalla ilumina su rostro mientras sus dedos se deslizan veloces sobre el teclado. Afuera la vida transcurre, los autos tocan el claxon y un perro pasa de prisa frente a la puerta. Tal pareciera que al cruzar el umbral de la casa la vida tecnológica tendría que ceder ante la realidad, pero a principios de este tercer milenio ya es imposible deslindar el mundo virtual de este otro concreto y físico que nos rodea. Caminar por las aceras, asomarse a las esquinas, intercambiar palabras con los amigos, siempre tiene algún que otro componente anclado a ese universo de píxeles y kilobytes.

 

Un blogger es una criatura mestiza, parada entre dos dimensiones: la superficie donde habita y un ciberespacio de infinitas posibilidades para la expresión y la creación. Es un eslabón perdido entre tantos fenómenos: el periodismo y la escritura digital; la era de los expertos de Internet y la de los advenedizos de la red; la protesta de adoquín en mano y las nuevas demandas cívicas vía Facebook o Change.org. El dilema entre vivir o narrar lo que nos pasa vía Twitter; observar o hacer clic con la cámara del iPhone; amar o enviar un emoticón de rostro sonriente al móvil de nuestra pareja. La disyuntiva de si comportarnos sólo como ciudadanos en la gran telaraña mundial o hacerlo también en este mundo de cláxones que suenan, perros que pasan y cuerpos que sienten.

 

Cuando hablamos de ser un internauta en este siglo XXI, estamos incluyendo en esa palabra el concepto de responsabilidad. La responsabilidad de asumir una voz pública aunque nos escondamos detrás de un seudónimo. La responsabilidad de exponer nuestras opiniones a la mirada de millones de potenciales lectores. El costo personal y social de tamaña osadía comienza a sentirse de inmediato en mayor o menor grado. El vecino que nos dice “te leí” mientras esboza una sonrisa de complicidad, el contrincante que desvirtúa nuestras palabras para presentarlas como lo contrario y hasta los aludidos en nuestro escrito que dirán “¿y a ti por qué te ha dado por contar todo eso?” Una vez que pasamos esa línea sutil entre el silencio y la expresión en la red de redes ya no habrá paz… pero tampoco aburrimiento.

 

Si encima de eso nuestra voz en la web incomoda a algún poderoso, dígase un gran grupo empresarial o un gobierno autoritario, entonces los efectos pueden ser más serios todavía. Tendemos a ser el eslabón más frágil por el que se rompe la cadena. Aunque presentarnos sólo como víctimas no se ajusta siempre a la verdad. Ver al blogger como un pequeño David enfrentado a la fuerza descomunal del Goliat del oficialismo o de los monopolios corporativos ha generado un esquema del que es necesario salirse. La tecnología no tiene una ética en sí misma, de ahí que adopte parte de la personalidad y del comportamiento de quien la usa.  En los blogs encontramos de todo: desde loables proyectos altruistas hasta las más bajas pasiones humanas. Hemos hecho el ciberespacio a nuestra imagen y semejanza, plagado de claros y oscuros que retratan nuestras bajezas y nuestros más elevados gestos de bondad.

 

Ciudadanos 2.0 versus regímenes 0.2

 

Dedos deformados de tanto teclear, pensamientos que se expresan en trozos de 140 caracteres, multitasking, habilidad para leer en diagonal y una mirada extraviada si la vida no se comporta como ventanas que se cierran y abren, con papelera de reciclaje incluida. Cualquiera que sea un internauta consumado se ha transformado en una suerte de mutante, en un ser atrapado entre la universalidad de sus espacios virtuales y la condición local de su existencia.

 

Los blogs constituyen hoy un conglomerado de pluralidad temática y formal difícil de definir y clasificar. Desde fabulosos coleccionistas de recetas de cocina, pasando por escritores frustrados que colocan cada semana textos sublimes o ridículos, fanáticos del beisbol que defienden en cada post las jugadas de su equipo preferido, hasta los olvidadizos que un día crearon un sitio en Blogger.com o en WordPress y apenas tienen colgado en él un “Hola Mundo”. Y sobre todo, hay blogs en los que nos jugamos la vida y la libertad; blogs del todo por el todo, del riesgo que crece con cada palabra publicada.

 

En países donde existe un férreo monopolio gubernamental sobre la prensa, los informadores independientes somos tomados por la propaganda oficial como enemigos, apátridas, mercenarios. Coincidentemente, en esas sociedades suele ocurrir que el acceso a Internet está restringido y severamente controlado. Son, en su mayoría, naciones donde la conectividad es un privilegio que se otorga a los más confiables o donde la web termina siendo un esperpento de sitios filtrados, cortafuegos sofisticados y disciplinados soldados tecnológicos que pesquisan en foros y portales. Nos queda la impresión de que exponerse a tener un blog informativo o de opinión en regímenes de naturaleza totalitaria sería como dispararse uno mismo un tiro en la sien; como señalarse al propio rostro cuando pasa cerca el policía y gritarle: ¡Sí, he sido yo! Sin embargo -vaya paradoja- en países así, expresarse en el ciberespacio puede tener más probabilidades de éxito que en la vida real.

 

La reprimenda contra los bloggers disidentes tiende a ocurrir,  la mayoría de las veces, en el mundo físico. Vigilancia, persecución, cárcel y, en los casos más dramáticos, la muerte como castigo por la osadía de opinar o informar. También hay otras estrategias para intentar destruirnos en vida: fusilamiento mediático en la prensa oficial, lapidación de nuestra imagen pública a través de la difamación, intimidación a los amigos que nos rodean para que no se acerquen y ciertas amenazas dichas al oído de la personas que más queremos tienden a completar el cuadro “disuasorio” que ha llevado al cierre de más de un sitio contestatario. Donde las policías del pensamiento se han hecho especialmente sofisticadas es en la batalla en el ciberespacio. Allí contratacan, lanzando sobre los ciberactivistas oleadas de kilobytes descalificatorios en respuesta a nuestras críticas y denuncias.

 

Es en ese punto en que podemos ceder al impulso de responder al insulto con insultos, al grito con gritos y con esa estrategia los intolerantes nos habrán arrastrado al sendero de la violencia verbal. Puede ocurrir que en lugar de acudir al ataque como protección, empecemos a dedicar una buena parte de los textos que escribimos a justificarnos y tratar de limpiar nuestra imagen. Los anónimos acusadores habrán logrado entonces sacarnos del camino social para encerrarnos en el laberinto de la autodefensa. La responsabilidad se impone con más fuerza en dicho caso. Muchos hemos pasado por circunstancias de ese tipo, sabemos que se convierten en momentos en los que nos preguntamos realmente para qué y por qué un día nos asomamos a un ordenador, tecleamos un par de frases y publicamos nuestro primer post. Instantes que se volverán cada vez más frecuentes a medida que los ciberactivistas seguimos reportando. Cada día nos cuestionaremos si vale la pena pagar tan alto precio público y personal en aras de contar lo que ocurre en nuestros respectivos países. Más de un fragmento de ese camino de dudas y miedos lo transitaremos en solitario. Miles de bitácoras abandonadas o con el cartel de “cerrado” -colgado en su portada- dan fe de ello. Bloguear es una carrera de resistencia colmada de obstáculos. Es más frecuente quedar enredado en uno de esos escollos que seguir en la pista. Se necesitará una buena dosis de voluntad para lograrlo, pero la solidaridad de otros será determinante.

 

Cada vez se le hace más difícil a los regímenes autoritarios emprenderla contra los disidentes y defensores de derechos humanos sin provocar con ello la repulsa en la web. Una etiqueta repetida hasta el cansancio en Twitter, una petición que llegue a miles de firmas por la liberación de un individuo, un aluvión de mensajes de demandas en las webs oficiales de cierto gobiernos, son estrategias que están dando resultado. Las herramientas virtuales inciden en la realidad y la hacen cambiar. La Plaza de Tahrir en Egipto tal vez sea el ejemplo más acabado de esa conexión. La insatisfacción ciudadana con un gobierno autoritario de tres décadas encontró en las redes sociales, los blogs y los teléfonos móviles las herramientas vitales para aglutinar y convocar.

 

En las revoluciones árabes, las pantallas y los teclados fueron un canal para la rebeldía, pero el punto de ebullición se alcanzó codo a codo, cuerpo a cuerpo, en las calles. El mundo virtual arrojó a todos esos jóvenes de vuelta a la realidad, más fortalecidos, más ciudadanos.

FORBIDDEN VOICES FILM TRAILER

Un homenaje a tres blogueras excepcionales

El 10 de mayo de 2012 se estrenó en Suiza la película "Forbidden Voices". Tras más de dos años de trabajo, su directora, Barbara Miller, logró destacar la relación entre la libertad de información y el poder de la web, mostrando la lucha emprendida por tres valientes blogueras originarias de Irán, Cuba y China, tres países que se encuentran en la lista de “Enemigos de Internet” publicada cada año por Reporteros sin Fronteras.

Radicada en La Habana, Yoani Sánchez (@yoanisanchez) creó su blog Generación Y en abril de 2007, el cual adquirió rápidamente una gran popularidad y fue premiado en 2008 por el diario español El País. El número de visitantes del sitio –la mayoría del extranjero– no ha dejado de crecer. Yoani Sánchez aborda de manera crítica las dificultades económicas y sociales que enfrentan a diario los cubanos. La difusión de sus artículos en Cuba, donde la población se encuentra relegada a un Internet ultracensurado, requiere de creatividad: se hace a través de memorias USB, de CD, etc. Yoani Sánchez padece de lleno la estricta censura del régimen, las campañas de difamación emprendidas por los medios de propaganda del Estado e incluso ha sido víctima de una agresión física. En 2008 Time Magazine la incluyó en su lista de las 100 personas más influyentes del mundo, al igual que a Zeng Jinyan, en 2007.

Zeng Jinyan(@zenjinyan) es esposa del conocido defensor de los derechos humanos, Hu Jia, famoso por haber denunciado el trato que se da a las víctimas del sida, así como los problemas medioambientales. Desde 2006 esta bloguera y activista china ha relatado su vida, la encarcelación y después la liberación de su marido, a través de su blog o en Twitter, a pesar de la censura y la represión de las autoridades. Cuando su marido fue detenido, Zeng Jinyan fue ubicada bajo arresto domiciliario, junto con su bebé. Aunque los guardias le impedían salir de su casa, Zeng continuó luchando por las libertades fundamentales en el país. A finales de abril de 2012, cuando Chen Guangcheng, el ‘abogado descalzo’, se refugió en la embajada estadounidense, cansada de las condiciones de su arresto domiciliario y de la violencia contra su familia, denunció las presiones ejercidas sobre sus allegados durante el altercado con Estados Unidos y puso en tela de juicio la versión oficial de los acontecimientos.

La bloguera y ciberfeminista iraní Farnaz Seifi fue censurada, amenazada y, al final, se vio obligada al exilio. Actualmente reside en Alemania. Miembro del movimiento we-change.org, que trabaja por la abrogación de las leyes que discriminan a las mujeres, Farnaz y los activistas que defienden los derechos de las mujeres son un ejemplo de que la influencia de la Red tiene un impacto certero en los gobiernos. Creado por una veintena de mujeres, la mayoría de ellas blogueras y periodistas, el sitio Cambio por la Igualdad (enlace en árabe: www.we-change.org) nació en septiembre de 2006 con el fin de difundir una campaña de movilización contra las leyes que discriminan a las mujeres. Este sitio web se ha convertido en una fuente informativa de referencia sobre el derecho de las mujeres en la sociedad iraní. En un país de gobierno fundamentalista, la actividad de estas “ciberfeministas” permitió, por ejemplo, cuestionar un proyecto de ley que facilitaba la poligamia y desarrollar la sociedad civil iraní. Hasta la fecha, cientos de activistas han sido citadas, detenidas y encarceladas.

En estos últimos años se ha confirmado el papel de las redes sociales y de la Web como herramientas de movilización y de difusión de información.

Estas mujeres han demostrado que los nuevos medios de comunicación continúan superando los límites de la censura. Los netciudadanos se encuentran en el corazón de los cambios políticos que afectan al mundo y siguen esforzándose para que el intento de imponer el silencio fracase; no obstante, lo pagan muy caro en los regímenes que no toleran las voces disidentes. "Forbidden Voices" muestra hasta qué punto Internet se ha convertido en una herramienta formidable para combatir la propaganda de los regímenes dictatoriales, pero también los riesgos que corren estas mujeres por su compromiso común a favor de la libertad de expresión en línea.

La película fue producida por Philip Delaquis y Das Kollektiv für, audiovisual Werke GmbH, y distribuida por Filmcoopi.

Villa Marista en plata:

arte, política, nuevas tecnologías

Néstor E. Rodríguez

     

En la novela El proceso, Joseph K es señalado por las autoridades para comparecer ante un terrible y desconocido tribunal que ha de juzgar sus no menos oscuros “delitos.” Justamente, el problema mayor de Joseph K consiste en averiguar de qué se le acusa, pero lo que descubre en esa brega es el acoso creciente de una esfera invisible que todo lo alcanza. En la adaptación fílmica de este clásico de Kafka realizada por Orson Welles, la voz en off del director señala con crudeza que la historia de El proceso tiene la “lógica de un sueño o de una pesadilla.” Villa Marista en plata: arte, política, nuevas tecnologías, el más reciente libro de Ponte, revestido de una crudeza a ratos desgarradora, recrea el marco asfixiante de la narración de Kafka en su descripción de un individuo despojado de toda existencia política, pero sobre todo desde la aporía que Welles añade como coda a su famosa adaptación de 1962. En efecto, se puede argüir que Ponte hilvana su historia en torno a los circuitos represivos del Estado cubano enfrentando el sueño de la Ciudad Revolucionaria y sus arcontes a la pesadilla que viven los artistas cubanos que osan ejercitar su oficio con independencia de criterio.


     Ponte explica en el prólogo que su intención en Villa Marista en plata ha sido examinar la “visibilización de la violencia ejercida por el régimen cubano” (9) en años recientes. Hay que destacar de entrada que en este libro el autor no recurre al estilo híbrido que ha caracterizado su dicción en obras como Un seguidor de Montaigne mira La Habana, Las comidas profundas y La fiesta vigilada. En Villa Marista en plata, por el contrario, Ponte describe su trabajo como el de un “escucha secreto” (11). Establecidas estas coordenadas, el autor procede a relatar con lujo de detalles diversos episodios de represión, censura y manipulación experimentados por artistas de diversas áreas de la cultura. La profusión de datos rigurosamente documentados en torno a las manifestaciones de un gobierno interventor a todos los niveles es de una contundencia asfixiante; tanto es así, que uno llega a preguntarse si es posible que la literatura, y el arte cubano en general, pueda superar la perfección y perversión de las intrigas que se urden desde las instituciones estatales.


     La primera parte trata de “cómo los órganos estatales de represión se han convertido en tema para algunos artistas” (9). Ponte rastrea aquí las peripecias de la obra reciente del cineasta Eduardo del Llano y los artistas plásticos Yeny Casanueva, Alejandro González y Carlos Garaicoa. Del primero Ponte se enfoca en la recepción de su cortometraje independiente Monte Rouge (2004), que narra la historia de un individuo que ve interrumpido su café mañanero por la visita de dos agentes de la Seguridad del Estado. Los agentes llegan con la encomienda de instalar unos micrófonos en la casa del implicado, específicamente en el baño, para que éste pueda expresar sus ideas en contra del gobierno. El absurdo de la historia rezuma un humor urticante y bien pensado; sin embargo, la broma colosal se desataría tiempo después, cuando la distribución furtiva del cortometraje a través de internet y dispositivos portátiles de memoria hizo que Monte Rouge se pasara hasta por la televisión miamense. Del Llano se vio de pronto en aprietos, y hasta hubo de pactar con la editora de La Jiribilla la realización de una entrevista en la cual evitó abordar el tema del obvio carácter crítico de su pieza para enfatizar en cambio la canallada de que la televisión del enemigo se apropiara de su obra sin permiso.


     El absurdo de la historia de Monte Rouge y los eventos que este cortometraje desencadenó resultan poca cosa cuando se confronta con los intríngulis del proyecto Obra-Catálogo #1, de Yeny Casanueva y Alejandro González. Obra-Catálogo #1 es un archivo digital distribuido a través del correo electrónico que contiene diversos informes de agentes de la Seguridad del Estado en torno a las actividades de Casanueva y González, junto con material relacionado con la producción de estos artistas, específicamente sobre sus actividades y contactos en la Bienal de Artes Plásticas de La Habana. Los documentos policiales llegan a mano de Casanueva y González luego de que el agente Douglas, uno de los encargados de vigilar sus actividades artísticas, les entregara “un dispositivo de memoria digital para que le copiaran en él imágenes de obras suyas” (38). Casanueva y González obedecen la orden, no sin antes apropiarse de todo lo que contenía la memoria USB del agente Douglas. El hallazgo permitió a los artistas descubrir, entre otros archivos de inteligencia, los ocho documentos que integran su propuesta artística digital.


     No menos funesta es la historia de la exposición de Carlos Garaicoa en el Museo Nacional de Bellas Artes en 2009, que incluía ocho maquetas fundidas en plata bajo el sugestivo título de Las Joyas de la Corona (2009). Las piezas representaban diversos ejemplos de espacios en donde primaba como norma el estado de excepción: el Pentágono, la base de Guantánamo, la sede de la KGB, el Estadio Nacional de Chile, la Escuela de Mecánica de la Armada (Argentina), el asiento del Ministerio de Seguridad del Estado en la Alemania del Este (Stasi) y, en La Habana, las instalaciones de la Dirección General de Inteligencia (DGI) y Villa Marista. Ponte describe elocuentemente el alcance de la osada propuesta de Garaicoa: “Las sedes de la inteligencia y contrainteligencia cubana eran consideradas a la par que los centros de tortura de las peores dictaduras sidamericanas, y ninguna disculpa humanística venía a relativizarlas. No cabía la excusa del pequeño país sitiado por el gigante enemigo. Nada de guerra necesaria, nada de calabozos imprescindibles. Todos los ejemplos compartían con la Base Naval de Guantánamo la condición de limbo jurídico, de hueco negro de la legalidad” (31). La exposición de Garaicoa contenía suficientes elementos críticos de la Ciudad Revolucionaria, pero por su nombradía internacional y la coyuntura de la Bienal, la imprudencia del artista no podía ser censurada.


     La segunda parte de Villa Marista en plata es la más extensa de las tres, y trata precisamente de la “discusión de escritores y artistas a propósito de la censura y la represión estatal” (9). La aparición, en 2006, de tres siniestras figuras de la década del setenta en importantes foros televisivos activó una indignación generalizada entre la clase artística e intelectual cubana. Los causantes de esa repulsa eran Jorge “Papito” Serguera, responsable, como director del Instituto Cubano de Radiodifusión, de la censura en la televisión y la radio de la década mencionada; Armando Quesada, “encargado de implantar purgas y censuras en el campo teatral” (53) desde su puesto en el Consejo Nacional de Cultura, y en particular su jefe, Luis Pavón, presidente de esa cartera, quien cuenta con una nómina de atropellos tan dilatada que su intendencia ha pasado a la historia como el “pavonato.” La sorpresa y preocupación por la vuelta a la palestra pública de figuras abominables que supuestamente habían sido sepultadas con el “quinquenio gris” provocó un insólito debate que arrancó con el intercambio de mensajes de correo electrónico en el servidor estatal Intranet, pero que muy pronto trascendió esos linderos para incluir escritores y artistas del exilio. Surgía así la manifestación de un espacio de debate que empezó a trascender el comentario en torno a viejos comisarios políticos para ventilar asuntos más profundos, como la adecuación de esa cultura de la vigilancia a los tiempos que corren y, en consecuencia, la ausencia de una esfera pública en Cuba. Ponte reconstruye la historia de ese repentino atisbo de una “crítica seria, hecha a profundidad” (91) desde un espacio de debate público inédito y autónomo; se detiene en cada uno de sus protagonistas, pero sobre todo desmenuza un suceso que a pesar de haber nacido de la más absoluta espontaneidad y voluntad aperturista por parte de actores de diversas posturas ideológicas, termina viciado por la intervención directa de los arcontes de la razón de Estado.

 
     La tercera parte Villa Marista en plata trata de la “manifestación de la violencia” estatal (10), especialmente contra la creciente comunidad de blogueros independientes en Cuba. Ponte establece un interesante paralelismo entre los estudiantes de la flamante Universidad de las Ciencias Informáticas de la Habana, fundada en 2002 para hacer de la isla “una potencia cibernética a nivel mundial” (180), y blogueros independientes como Yoani Sánchez, Claudia Cadelo y Luis Felipe Rojas Rosabal. Sobre los estudiantes que constituían la vanguardia revolucionaria en el terreno de la informática y los blogueros pesaba la misma limitación en lo tocante al libre acceso y distribución de información por vía electrónica en Cuba. En semejante estado de cosas, los blogueros llevaban la peor parte, puesto que contra ellos se ensañaba con particular crudeza el aparato policial y de inteligencia de la Ciudad Revolucionaria. Ponte describe este desalentador panorama en los siguientes términos: “La Habana se había convertido en una ciudad abiertamente vigilada. No sólo se trataba de policías uniformados y policías secretos. No sólo se trataba de cada uno de los Comité de Defensa de la Revolución dispuestos en cada cuadra. Era vigilancia tecnológica, cámaras de vigilancia por todas partes” (217-18). Lo curioso de esta avanzada tecnológica oficialista es que la sofisticación de sus recursos disciplinarios empieza a ser usada por los propios vigilados. Colectivos como las Damas de Blanco, blogueros, periodistas independientes y ciudadanos de a pie han empezado a ripostar armados de teléfonos móviles y del poder de diseminación instánea de las redes sociales. El efecto de estas acciones ha logrado poner al descubierto la crudeza de la violencia de Estado. Salido de la mano de uno de los escritores cubanos más importantes de hoy, Villa Marista en plata es un libro a la vez amargo y contundente llamado a convertirse en lectura imprescindible para comprender las maquinaciones actuales del poder político en Cuba.

Villa Marista en plata

Margarita Pintado Burgos

23 de octubre de 2011

 

Antonio José Ponte ha escrito un texto experimental, y un modelo a seguir para quienes pretendan documentar el presente.

 

¿Puede la revolución cubana resistir el embiste de la revolución mediática? ¿Pueden los “oficiantes del miedo” continuar con sus trabajos de vigilancia, y de persecución ante la posibilidad de ser fotografiados, o grabados por cualquiera de sus vigilados? ¿Puede una cámara impedir el golpe, frenar el abuso, erradicar una injusticia? ¿Puede la ciudadanía, con su artillería tecnológica, desestabilizar el orden sagrado que con tanto celo ha guardado el gobierno cubano? El escritor y crítico Antonio José Ponte asume el rol de “escucha secreto” para abordar estas y otras interrogantes en su nuevo libro, Villa Marista en plata. Arte, política, nuevas tecnologías.

 

Para armar este libro, enfocado en la siempre compleja relación entre el Estado y los artistas, Ponte ha tenido que bajar la voz, enmudecer a ratos, y dejar que sea el rumor mismo el que vaya narrando estas páginas. El autor intenta limitarse a referir en el texto los pedazos de información que le llegan a través de “mensajes electrónicos que otros se cruzaron, de imágenes captadas in situ por teléfonos móviles ajenos, de grabaciones de audio, y hasta de un expediente de seguimiento policial. Entradas de blogs, frases de Twitter, videos en YouTube, archivos digitalizados…”.

 

Partiendo de la premisa de que el medio es el mensaje, el escritor “escucha” construye un libro que habla solo, un libro sordo, y parlanchín, en donde cada párrafo aparece sostenido por el flaco hilo de la inmediatez, y de las reacciones en cadena generadas al filo de algún debate entre vigilantes y vigilados. Villa Marista en plata se llena de voces extra oficiales dispuestas a convertir el secreto en información, el rumor en noticia, la intervención del Estado en denuncia. La articulación de ese reguero de voces como el centro estructurador, hacen de éste un texto experimental, y un modelo a seguir para aquellos que emprendan la difícil tarea de documentar el presente con los precarios materiales que ese presente ofrece.

 

En palabras del autor, el libro se ocupa de “la visibilización de la violencia ejercida por el régimen cubano” durante los últimos años. La primera parte gira en torno al trabajo de artistas que han hecho de los órganos estatales de represión el tema fundamental de sus obras. Ponte transcribe el guión del cortometraje Monte Rouge (2009), de Eduardo del Llano, en donde se narra el momento en el que dos agentes de la policía secreta llegan a la casa de un hombre para instalar allí unos micrófonos. Lo raro del caso no es la instalación de micrófonos en una residencia privada, sino el hecho de que los agentes no escondan su propósito. Con más descaro que honestidad, estos representantes del Estado sientan las bases de una nueva relación entre el poder y la ciudadanía: “En adelante, ellos se harían más visibles, trabajarían en conjunto con sus vigilados. Los nuevos tiempos traían algo más que innovaciones tecnológicas liberadoras… Se hacía necesario un convenio de nuevo tipo entre vigilados y vigilantes, un clientelismo policial de nuevo cuño”.

 

A pesar de no contar con el apoyo del instituto oficial de cine, y de no haber sido admitida en distintos festivales de cine cubanos, Monte Rouge se convirtió en un fenómeno mediático. El cortometraje se exhibió en la televisión de Miami, y “avivó el escándalo ante la omnipotencia del régimen policial, ante la intromisión del Estado en las vidas privadas”. Eduardo del Llano  se vio obligado a explicarse, y a retractarse, poniéndose siempre del lado del gobierno cubano antes que de las fuerzas miamenses. Sus posicionamientos políticos daban fe de cómo los nuevos medios de circulación no solo afectaban la recepción del público, sino la relación que el artista establecía con su obra una vez ésta se le salía de las manos.

 

A la historia de los micrófonos se une la historia de la exhibición de la obra del artista plástico, Carlos Garaicoa, en el Museo Nacional de Bellas Artes. Las maquetas del artista representaban, en sus propias palabras, “el espacio privativo de los Estados, estos lugares oscuros, centros de inteligencia, centros de tortura”. Entre las piezas se encontraban: la sede de Stasi, la Base Naval de Guantánamo, el Pentágono, y Villa Marista, prisión habanera de Seguridad del Estado. La exhibición de una obra con tantas connotaciones políticas en el Museo Nacional era otra prueba de cómo las relaciones entre arte, y política en el contexto cubano habían entrado en una nueva fase. Garaicoa era unos de los artistas plásticos cubanos de mayor renombre a nivel internacional, con una obra que había recorrido las galerías de distintos países. La presentación de su obra en la Habana era un modo eficaz, aunque humillante, de fingir apertura política: “Ministro y otras personalidades del gobierno debieron mantener la calma al pasar junto al expositor con las piezas de plata. Debieron detenerse delante de ellas con tal de mostrar su inmunidad”.

 

La segunda parte del libro, centrada en la “discusión de escritores y artistas a propósito de la censura y la represión estatal”(comienza con la retirada de Fidel Castro del ojo público, y la aparición de tres fantasmas en la televisión nacional: Jorge “Papito” Serguera, descrito por Ponte como “el principal responsable de la censura en la televisión y en la radio nacionales hasta 1973”, Luis Pavón, uno de los responsables del Caso Padilla, y Armando Quesada, “encargado de implantar purgas y censuras en el campo teatral”. El súbito retorno de estas figuras —tan representativas de la violencia estatal— en la televisión cubana desató una reacción en cadena, sobretodo por parte de los artistas, quienes aún recordaban cómo sus carreras fueron fulminadas de un día para otro: “Muchos de los que miraban aterrados o incrédulos las pantallas de sus televisores habían logrado salir del castigo y retomar, mal que bien, sus vidas profesionales (…) Tenían incorporado, sin podérselo borrar, el reflejo de encogerse ante cada movimiento brusco de los alrededores, una reacción propia de los perros que han sido apaleados. Y ahí estaban, en un programa de televisión tras otro, los responsables. Ahí estaban quienes no habían sido castigados nunca, quienes no recibieron sanción, y regresaban indemnes, dispuestos a alardear de cuánto hicieran, empecinados en sus equivocaciones”.

 

Pero esta vez, la televisión, medio de comunicación controlado por el Estado, tendría que vérselas con otros medios, más propicios a la subversión: “Los mensajes electrónicos conformaron un torbellino que giró y giró. Los listados de direcciones crecían exponencialmente (...) El flujo de opiniones exigió una aclaración oficial (...) Dejó de atravesar los canales usuales, fundó una nueva manera”. La amenaza que lanzaba el gobierno al traer de vuelta aquellos personajes, justo en el momento en el que Fidel Castro dejaba la platea pública, quedaba truncada, ahogada en un mar de preguntas y opiniones que conformaban un frente común en contra de la violencia, y de la manipulación ejercida por el gobierno para controlar, mediante el miedo, al pueblo cubano.

 

En la tercera parte del libro, Ponte da cuenta de la existencia de la UCI (Universidad de las Ciencias Informáticas), lugar en el que decenas de miles de estudiantes cubanos se entrenan en el arte de la persuasión, y de la defensa de los ideales revolucionarios. Los estudiantes de la UCI participan en foros virtuales extranjeros, interrumpen conversaciones en donde el nombre de Cuba se convierte en la razón del debate, y asumen el rol de “guardacostas” cibernéticos, ofreciendo únicamente la versión oficial del estado. A estos jóvenes, “sofistas en controversias extranjeras” (196), y expertos en el bloqueo de la información, se oponen los jóvenes blogueros, como Yoani Sánchez, autora del blog Generación Y.

 

Echando mano de un disfraz que consistía de una peluca rubia, un vestido ajustado, y algunas capas de maquillaje, Yoani logró colarse en el Centro Cultural Fresa y Chocolate el día en que se ofrecía una charla dedicada al influjo de internet en la cultura. La presencia de aquella “gallita”, como la llamaría más tarde Mariela Castro Espín, desestabilizaba el entorno, caldeaba los ánimos de quienes no admitían preguntas que cuestionaran las restricciones impuestas por el gobierno sobre el uso de internet: “¿Por qué en la Cuba virtual se siguen repitiendo la censura, la coacción, la estigmatización de las personas porque piensan diferente?”, preguntaba Yoani, considerada por los personajes que dirigían la mesa redonda como la verdadera represora, pues para los que siempre han sido dueños de la opinión pública, y de la verdad, “La censura estaba representada por blogueros y periodistas en complicidad con las fuerzas internacionales que le ponían cerco a una pequeña isla, a una sociedad que deseaba construir un futuro mejor para toda su gente”. A la nación le nacía un nuevo enemigo: los Yoanis Sánchez se multiplicaban (en el texto aparecen también los blogueros Claudia Cadelo y Luis Felipe Rojas Rosabal), y tomaban la palabra, no solo en sus espacios virtuales, sino en los foros públicos, y en la calle. Armados con teléfonos móviles, salían dispuestos a disparar en el rostro de cualquiera que se atreviera a coartar sus derechos civiles.

 

Ponte concluye con optimismo al apuntar que “los oficiantes del miedo tienen miedo a ser descubiertos”. Esto se traduce en una garantía, en una recompensa, y en una promesa para el pueblo cubano que vive en la Isla, y que ha comenzado a apropiarse de su nuevo rol político y social. La historia de la Isla ya no puede ser escrita a puertas cerradas por unos pocos, pues lo que ocurre a puertas cerradas pasa a convertirse en la comidilla de todos los cubanos, dentro o fuera de la isla. Voz y texto viajan, y (re)producen una madeja de decires, que autoriza y desautoriza, legitima, y deslegitima, no solo a “opositores, blogueros independientes, o artistas incómodos, sino a los portadores de la versión oficial”. La diseminación de la información, así como las reacciones que ésta genera, contribuye al vaciamiento del discurso oficial que ahora no solo tiene que competir con fuerzas políticas concretas, sino también con una gran masa que se desplaza por caminos indetectables.

 

Villa Marista en plata. Arte, política, nuevas tecnologías es mucho más que un registro de los eventos que han cambiado el diálogo entre el arte y la política durante los últimos años: es la prueba del desgarramiento de un sistema, una puesta en escena de cómo las ficciones históricas se enfrentan ahora a las ficciones, a los filtros, y a los censores creados desde la ciudadanía. Sin duda, una lectura vital para todos los estudiosos de la historia política, social, y artística de Cuba.

Yoani, una cronista muy incómoda

para Fidel Castro (I)

Manuel Castro Rodríguez

16 de noviembre de 2009

 

El 7 de noviembre de 2009, la agencia de noticias EFE reportó la denuncia formulada por Yoani Sánchez: “Fui secuestrada al peor estilo siciliano, con violencia verbal, física, llaves de inmovilidad, rodillazos”, por policías vestidos de civil. Otras agencias noticiosas y periódicos de América y Europa difundieron la noticia y entrevistas que le hicieron a Yoani; entre esos diarios se encuentran el español Público (http://www.publico.es/internacional/267745/policia/cubana/detiene/maltrata/yoani/sanchez) y el británico The Guardian (http://www.guardian.co.uk/technology/2009/nov/09/blogging-freedom-of-speech), que son periódicos de izquierda.

 

Tal parece que ha sido identificado uno de los agresores, ‘el agente Rodney’. Esto se deduce de ‘Reto a duelo (verbal)’, escrito por Reinaldo Escobar, el esposo de Yoani, donde se muestra su foto (http://www.desdecuba.com/reinaldoescobar/). Dada la gravedad de la denuncia formulada, el Gobierno cubano tiene que realizar una investigación exhaustiva y emitir un informe.

 

Yoani ha demostrado un coraje inaudito, ya que Cuba “sigue siendo el único país de América Latina donde se reprimen casi todas las formas de disidencia política. El gobierno continúa imponiendo el conformismo político a través de procesos penales, detenciones de corto y largo plazo, hostigamiento de personas a través de manifestaciones masivas, vigilancia, advertencias policiales y restricciones de viaje”, según Human Rights Watch.

 

Yoani Sánchez es una filóloga y joven madre cubana, que ha alcanzado fama mundial por Generación Y (http://www.desdecuba.com/generaciony/), blog en que denuncia al poder político mediante una fina prosa donde predominan las metáforas. Generación Y está hospedado fuera de nuestra patria, ya que el Estado es el “patrón absoluto de la parcela de ciberespacio que nos corresponde”, dice Yoani. Lo mismo le ocurrió a Ángel Santiesteban, uno de los escritores cubanos más laureados. Sólo los incondicionales del régimen pueden lograr hospedaje para su blog en Cuba.

 

Los cubanos tampoco tienen derecho a tener una cuenta de Internet. El Ministerio de la Informática y las Comunicaciones sólo se las autoriza a los extranjeros residentes, los altos cargos del Gobierno y determinados funcionarios. El contenido de Generación Y puede divulgarse nacionalmente gracias a que algunos de los que tienen acceso a Internet lo copian en memorias flash que pasan de mano en mano y después lo graban en CD; con ello se logra burlar el monopolio de la información que tiene Fidel Castro desde hace casi medio siglo. (Ver Panamá América del 26/10/2009).

 

Envío mis textos por email, algunos amigos los publican y me mandan -también por correo electrónico- los comentarios que dejan los lectores. Soy una blogger a ciegas, una cibernauta con una balsa que hace aguas y que logra flotar gracias al apoyo de una espontánea red ciudadana”, declaró Yoani.

 

(Continuará mañana).

 

Yoani, una cronista muy incómoda

para Fidel Castro (II)

Manuel Castro Rodríguez

17 de noviembre de 2009

 

Yoani se ha convertido en una cronista muy incómoda e inaceptable para el omnipotente Fidel Castro. Yoani obtuvo el premio Ortega y Gasset en 2008. En el prólogo del libro ‘Fidel, Bolivia y algo más...’ que Fidel firmó el 4 de junio de 2008, sin mencionarla por su nombre la acusó de “realizar labor de zapa y prensa neocolonial de la antigua metrópoli española que los premie” y consideró el Ortega y Gasset como “uno de los tantos premios que propicia el imperialismo para mover las aguas de su molino”.

 

El Vaticano destacó el premio obtenido por Generación Y. El arzobispo Claudio María Celli, presidente del Consejo de Comunicaciones Sociales del Vaticano, expresó: “en mayo de 2008 se concedió el premio Ortega y Gasset a un blog cubano como el mejor exponente de Periodismo Digital. El eco trascendió las fronteras de América Latina”.

 

La manipulación es un arte que Fidel Castro domina a la perfección, para lo cual cuenta con el monopolio de los medios de comunicación cubanos y una poderosa maquinaria propagandística internacional. Utilizando la misma diatriba con la que Fidel difama a quien se atreve a decirle la verdad, han publicado una gran cantidad de escritos acusando a Yoani y su esposo de mercenarios, agentes del imperialismo, etc. ¿Por qué no demuestran esas ‘acusaciones’?

 

Yoani se está convirtiendo en un referente moral de la sociedad cubana. Varios de los principales medios de comunicación del mundo han hecho reportajes sobre ella, entre otros The New York Times, The Washington Post, Newsweek, Die Zeit, The Guardian y El País, además de las televisoras alemana y española.

 

La revista Time la eligió como una de las cien personas más influyentes en 2008, ya que “en las narices de un régimen que nunca ha tolerado la discrepancia (...) Sánchez ejerce la libertad de expresión”.

 

Puede ver un Knol -contracción de la expresión inglesa ‘unit of knowledge’-, sobre Yoani en el siguiente enlace

 

http://knol.google.com/k/yoani-s%C3%A1nchez#

 

Ver en calma un crimen, es cometerlo”, nos dice José Martí. Repudio las agresiones físicas y verbales de que Yoani ha sido víctima. A los periodistas que difaman a Yoani y a otros compatriotas por mostrar la realidad cubana, les recuerdo las palabras de Francisco Rubiales, doctor en Periodismo: “No hay un solo caso de periodista esclavo que sea recordado por la Historia, del mismo modo que tampoco merecen el recuerdo los militares cobardes o los médicos al servicio de la muerte. Que quede claro que los periodistas sometidos al poder sólo pueden esperar poder y dinero, pero nunca reconocimiento, honor o respeto”.

 

Los periodistas cubanos saben que millones de compatriotas soñamos con lograr los cambios necesarios para poder construir una sociedad donde reine la triada de libertad, justicia social y paz. Al igual que Félix Varela, el padre de la identidad cubana: “Vemos llegar el momento en que las cosas deben variarse y que lo más prudente sería preparar al pueblo para un cambio político inevitable; pero decir esto es un crimen”.

Alicia en el pueblo de Maravillas

Película censurada en Cuba

El documental PM, la fiesta prohibida por Castro

Pilar Ayuso

14 de diciembre de 2012

 

En el año 1961, los jóvenes Orlando Jiménez Leal y Sabá Cabrera Infante recorren los bares que rodean la Avenida del puerto y la zona de Marianao al oeste de la capital cubana, y con un equipo mínimo, compuesto de una camarita de 16 milímetros y una vieja grabadora de sonido, filman la diversión en la noche habanera para lo que será su primera película, de 14 minutos, PM (Pasado Meridiano).

 

“[En 1961] Había una voluntad de solemnidad que el pueblo cubano rechazaba, una avalancha de marchas militares, de milicianos, y un deseo secreto y espontáneo de que dejaran ya esa solemnidad que la revolución les imponía a esa pobre gente que lo que quería era bailar”, contó Jiménez Leal en entrevista con El Nuevo Herald sobre el cilma en que vivía inmersa Cuba después de la invasión de Bahía de Cochinos o Playa Girón.

 

“Creo que precisamente una de las cosas que les molestó [al gobierno] fue que ese pueblo heroico, en el cual Castro y toda la dirigencia revolucionaria basaba su revolución, era en realidad un pueblo rumbero, un pueblo al que le hubiera gustado que esa revolución terminara en una pachanga y no en ese cortejo de muertes y de exilio”, apuntó Jiménez Leal, que tenía 19 años cuando filmó PM.

 

Tanto él como Sabá Cabrera Infante, hermano del escritor Guillermo Cabrera Infante, experimentaban entonces con un cine moderno, libre, espontáneo, influido por los movimientos cinematográficos más innovadores de la época. Así en su película, la música y el baile, entonados por la cerveza, se roban la noche; no hay historia preconcebida o manipulada, solo el espíritu genuinamente rumbero que sale a borbotones de los cubanos.

 

La consecuencia de captar en celuloide esta desenfadada noche es un despliegue de poder abusivo y descabellado. Luego de una sola exhibición televisiva, las imágenes festivas son tachadas de obscenas y contrarrevolucionarias. La Comisión de Estudio y Clasificación de Películas, siguiendo órdenes gubernamentales, prohíbe la exhibición del filme e incauta las copias. Fidel Castro convoca a una reunión con los intelectuales en el teatro de la Biblioteca Nacional donde, parafraseando a Benito Mussolini en La Scala de Milán, impone: “Dentro de la Revolución, todo. Contra la Revolución, nada”. El suplemento Lunes del periódico Revolución, que auspició la única puesta televisiva del filme, es clausurado. Los jóvenes cineastas pierden sus puestos de trabajo, y rotas las esperanzas de hacer algo más en el país, toman el camino de un largo exilio.

 

¿Por qué una película de 14 minutos que solo mostraba alegres estampas de la vida nocturna de la gente de pueblo provocó tan drásticas y desmedidas reacciones por parte de la cúpula gubernamental del país?

 

“Nunca pensamos que la película pudiera tener esa repercusión política”, aseguró Jiménez Leal. “El filme trataba de gente divirtiéndose en los bares habaneros. Pero sabíamos, eso sí, que desde el punto de vista estético era una película subversiva. Estaba el free cinema atrás, el cinema verité, todo el cine más moderno, y de alguna manera contrastaba con ese mundo cuadrado, sovietizado, y eso les molestó”, recordó el cineasta, añadiendo “que en esa gente había un deseo masivo porque la vida se normalizara”.

 

Otra de las razones para la prohibición del filme, según Jiménez Leal, es que la película fue realizada totalmente al margen del ICAIC (Instituto de Arte e Industria Cinematográficos). “El ICAIC aspiraba a controlar la producción y distribución del cine en su totalidad. Para un gobierno con aspiraciones totalitarias era imposible dejar que este corto se hiciera por dos muchachos y con la independencia de criterios de Lunes de Revolución”.

 

Jiménez Leal, quien continuó su carrera en el exilio con el filme El Super (1979, junto a León Ichaso) y los documentales Conducta impropia (1983, codirigido por Néstor Almendros) y 8-A (1992) es el coordinador, junto al periodista y también cineasta Manuel Zayas, de El caso PM. Cine, poder y censura.

PM [Pasado Meridiano]

Corto prohibido en Cuba

Medio siglo ha pasado desde su estreno en 1961. PM [Pasado Meridiano], el filme sobre la noche habanera.

 

El documental fue realizado por Orlando Jiménez Leal y editado por Sabá Cabrera, ambos precursores de una nueva televisión cubana. Con el triunfo de la revolución, un nuevo clima cultural se estrenaba en Cuba, marcado por Lunes de Revolución, el semanario cultural que dirigía Guillermo Cabrera Infante, donde Carlos Franqui y Néstor Almendros acompañaban aquella nueva y experimental atmósfera.

 

Orlando Jiménez Leal quiso retratar La Habana de noche, descansó su visión en Sabá Cabrera y los dos pusieron las cámaras, sin luces, ante los paisajes nocturnos en los que la rumba, el licor, y el ambiente callejero de los bares y solares en las esquinas habaneras, eran el paisaje que se movía, como sombras en la noche.

 

Filmaron en diciembre del 1960, fue editado en enero del 1961, y estrenada ese mismo año en la nueva televisión estatal. Néstor Almendros escribió en Bohemia: “he aquí una película corta cubana que resulta una auténtica joya del cine experimental”.

 

El éxtasis alcanzó la censura, la película no solo fue prohibida sino que también fue confiscada. Es entonces cuando se desencadenó las ansias de libertad del grupo adiestrado por Guillermo Cabrera Infante.

 

Pero para llegar a esa disolución de facto de la naciente cultura nacida de la Revolución ocurrió un largo calvario, que incluyó de manera destacada el famoso discurso en el que Fidel Castro les dijo a los intelectuales en la Biblioteca Nacional: “Con la Revolución todo, contra la Revolución nada”.

 

La censura de PM condujo al exilio a Guillermo Cabrera Infante, su hermano Sabá, Orlando Jiménez Leal y a Néstor Almendros, después que todos tuvieran una enfatizada participación en el repudio que desencadenó la prohibición de PM.

La mordaza

Juan Orlando Pérez

7 de enero de 2011

 

Gustav Husak, viceprimer ministro de Checoslovaquia, no podía creer lo que estaba oyendo. Era 1968, primavera. Los líderes comunistas checoslovacos discutían cómo volver más amable el socialismo real, cómo hacerlo más humano, o al menos, más democrático. El punto en discusión era la libertad de prensa. Husak, que sería elegido por el Kremlin para dirigir Checoslovaquia tras la invasión soviética de agosto de aquel año, con la que terminaron, violentamente, tan intrincadas discusiones, negaba que hubiera una prensa libre en los países occidentales.  Le preguntó a Jiři Pelikán, entonces director general de televisión: “¿Acaso imaginas que la BBC o la Televisión Francesa van a criticar abiertamente a miembros del gobierno o permitir a los comunistas hablar delante de las cámaras?” Pelikán, sin inmutarse, replicó: “Es muy fácil para mí imaginar tal cosa”. Después de una pausa dramática, añadió: “Lo he visto con mis propios ojos”.

       

Más tarde, en privado, el atónito Husak pediría a Pelikán más detalles. “¿Qué es lo que dices? ¿De verdad pueden los comunistas hablar en la televisión occidental?”  Pelikán explicó al viceprimer ministro que, en efecto, los líderes comunistas de Francia e Italia eran a menudo invitados a la televisión para explicar sus puntos de vista. Concluyó: “Uno también puede criticar al gobierno. Yo mismo he visto un reportaje en la BBC que no solo criticaba al gobierno, sino que incluso hacía comentarios insultantes acerca de algunas de sus políticas”. Tales novedades no cambiarían la disposición de Husak hacia la libertad de prensa a la manera occidental, que sería contundentemente prohibida, y condenada como falsa, una impostura, durante los veinte años que siguieron a la entrada del Ejército Rojo en Praga. El problema de la prensa, de su autoridad y libertad, y en general, del derecho de los ciudadanos a la libre expresión, no desaparecería, sin embargo, como el propio Husak, que murió en 1991, benignamente olvidado, siendo Presidente de  Checoslovaquia Vaclav Havel. El célebre dramaturgo y ex prisionero político, que no persiguió a su predecesor y le dejó morir en paz, mostró más clemencia hacia Husak de la que Husak había mostrado jamás hacia él, particularmente después de que el nombre de Havel apareciera junto a otros 241 en la famosa Carta 77. La Carta, con fecha del 1ro de enero de 1977, decía, entre otras muchas cosas, que en Checoslovaquia la libertad de expresión pública estaba suprimida “por la dirección centralizada de todos los medios de información y publicación, y de las actividades culturales”. Y, apasionadamente: “Ninguna opinión política, filosófica o científica, o expresión artística, que difiera incluso mínimamente del marco estrecho de la ideología o la estética oficiales, puede ser publicado; la crítica pública de los fenómenos sociales de la crisis es imposible; es imposible también defenderse de las falsas e insultantes acusaciones de la propaganda oficial; la protección legal contra ‘ataques al honor y la reputación’ (…) es prácticamente no existente; falsas acusaciones no pueden ser replicadas, y cualquier esfuerzo para obtener una rectificación o corrección por vías judiciales es en vano; en la esfera del trabajo creativo, espiritual y cultural, está descartada cualquier discusión franca”.     

 

La Carta 77 había sido escrita en parte como reacción de los hombres y mujeres de la cultura al arresto de la banda de rock sicodélico Plastic People of the Universe, o, simplemente, PPU, un grupo creado apenas unas pocas semanas después de la invasión soviética, y que se había convertido en símbolo de la contracultura, solo por ser tan diferente, y tan aviesamente “occidental”, a los ojos de los funcionarios culturales checos. “Nosotros no éramos políticos”, le explicaría a The Guardian, muchos años después, Josef Janicek, el tecladista de la banda. “Pero insistíamos en tocar cierto tipo de música, actuar y vestirnos de cierta manera”.   En una ocasión, un amigo de los músicos, le espetó al líder artístico del grupo, Ivan Jirous:  “¡Ustedes no son serios!   ¡Nuestro país está de rodillas, y ustedes por ahí, aporreando esas guitarras!”  Jirous respondió, secamente: “Nuestro país estará de rodillas, pero nosotros no”.  Plastic People of the Universe perdió su licencia para tocar en público en 1970: la banda se hundió en la clandestinidad, pero la policía, rutinariamente, arrestaba y golpeaba a los asistentes a aquellos conciertos ilegales, hasta que en 1976 la propia banda, y muchos otros músicos clandestinos, fueron detenidos y acusados de perturbar la paz pública.  En su ensayo El Poder de los Sin Poder, Vaclav Havel volvió a la carga: “Todo el mundo entendió que el ataque contra la música underground checa fue un ataque también contra algo más importante y elemental, algo que de hecho nos une a todos:  fue un ataque contra la misma noción de vivir en la verdad, en la vida real. La libertad de tocar música rock fue entendida como un derecho humano, y esencialmente, igual a la libertad de participar en debates filosóficos y políticos, a la libertad de escribir, a  la libertad de expresar y defender diferentes intereses sociales y políticos.  La gente sintió una genuina solidaridad con los jóvenes músicos, puesto que se dieron cuenta de que no defender la libertad de los otros, independientemente de cuán distintos sean sus medios de creación o su actitud ante la vida, significaba renunciar a la libertad de uno mismo”.  “La libertad”, había escrito muchos años antes Rosa Luxemburgo, “es siempre la libertad del que disiente”.  Como Havel, Plastic People of the Universe sobreviviría al régimen de Husak, y todavía andan por ahí aporreando guitarras. Pero no fue hasta abril del 2003 que la acusación hecha contra el grupo en 1976 fue desestimada, veintiséis años después de que los músicos rebeldes hubieran sido arrojados a los calabozos. “No he encontrado en su conducta nada que pueda ser considerado criminal”, dictaminó, con mucha seriedad, el fiscal del distrito occidental de Praga, Ondrej Smelhaus.  La burocracia siempre ha sido más lenta que la libertad.

 

Uno pensaría que, estando tan frescos estos episodios en los países del antiguo bloque comunista de Europa del Este, sus actuales líderes serían más respetuosos de las libertades de prensa y de expresión, y evitarían cualquier acción que las limitara. Pero Hungría ha aprobado, casi en el último minuto del Año 10, una ley de medios que ha causado protestas en Budapest y en casi todas las cancillerías europeas.  La ley ha pasado en el Parlamento húngaro con los votos de la vasta mayoría del partido gobernante, el Fidesz, la antigua Alianza de los Jóvenes Demócratas, un grupo fundado en 1988, originalmente de corte liberal y anticomunista, que ha crecido durante dos décadas hasta convertirse en un movimiento de robusto talante conservador.  La malhadada ley establece la creación de una tal Autoridad Nacional de Medios y Comunicación, que tiene la potestad para aprobar decretos y reglamentos sin necesidad de someterlos a un voto del Parlamento. Para integrar el nuevo cuerpo han sido elegidos cinco acólitos de Fidesz, con la misma inocente desfachatez con que el Politburó del antiguo Partido Socialista de los Trabajadores de Hungría nominaba a uno de sus leales como director del periódico Népszabadság y a otro como director de la Televisión Magyar. La Autoridad Nacional de Medios y Comunicación tendrá poderes casi omnímodos sobre todos los medios, incluyendo los de Internet. Deberá investigar, por ejemplo, si los medios publican material que ofenda a “la moral pública” o dañe “la dignidad humana”, de acuerdo a la probablemente veleidosa interpretación que de tales conceptos hagan los miembros del panel, que podrán imponer severas multas, incluso de más de 700 mil euros, a los que sean hallados culpables de tales crímenes. Crucialmente, la ley otorga a la Autoridad de Medios la potestad de investigar qué medios tienen un “balance” adecuado en su cobertura política, y cuáles reportan temas que no corresponden al interés público. Los periodistas tendrán que revelar sus fuentes a los censores nombrados por Fidesz si el tema de sus reportes es, a juicio de la Autoridad de Medios, relativo a la “seguridad nacional”.  Como si fuera poco, las redacciones de noticias de la televisión y la radio públicas, y la agencia oficial de noticias, han sido fundidas en una, que ofrecerá sus materiales a los tres medios. Esta última medida probablemente provocará que casi tres mil empleados, muchos de ellos periodistas, pierdan sus empleos.  Las multas, advierten los expertos, pondrán a muchos medios pequeños, y a los que no lo son tanto, en un agónico dilema: si los pillan publicando material que los censores consideren “inmoral” o políticamente “desbalanceado”, les pondrían una multa que no podrían, de ninguna manera, pagar. El silencio, la mesura, podrían ser el precio para sobrevivir.  

 

La ley, llamada ya “mordaza”, ha entrado en vigor justo cuando Hungría asumía la presidencia rotativa de la Unión Europea. Las cancillerías de Europa occidental han puesto el grito en el cielo ante esta nueva grosería de los nuevos miembros, los países ex comunistas aceptados en la Unión en la última década.  En París, en Berlín, en Londres y en Estrasburgo, miran con recelo a los vecinos de la mitad oriental del continente, que a cada rato dan señales de no haber aprendido las reglas de la democracia europea y de la más asentada corrección política. Hace apenas un año, la ratificación del Tratado de Lisboa, que reorganizó el funcionamiento de la Unión Europea tras la expansión hacia Europa del Este, fue bloqueada por la obstinación del Presidente de la República Checa, el conservador Vaclav Klaus, que, atrincherado en su oficina del Castillo de Praga, se tomó todo el tiempo del mundo para firmar un documento ya aprobado por su propio parlamento. Antes, en 2008, Klaus había vetado la ley contra la discriminación por razones de sexo, edad, discapacidad, raza,  origen étnico, orientación sexual, religión o ideas políticas, que el parlamento checo había aprobado, como todos los otros 26 de la Unión Europea.  En Polonia, los hermanos Kaczińsky, Lech y Jaroslav, presidente el primero hasta su muerte, el año pasado, y primer ministro el segundo entre 2006 y 2007, impusieron la lustracja, una ley que obligaba a cientos de miles de ciudadanos a declarar por escrito si habían colaborado o no con los servicios secretos del antiguo estado comunista. Los Kaczińsky, buenas perlas, prohibieron la discusión de la homosexualidad en las escuelas, incluso en las clases de educación sexual, y cancelaron un Desfile por la Igualdad organizado por organizaciones gays en Varsovia, lo cual le valió a Polonia una condena del Tribunal Europeo de Derechos Humanos por haber violado el principio del derecho de reunión de sus ciudadanos.  En la propia Hungría, el anterior primer ministro, el socialista Ferenc Gyurcsány, admitió haber mentido “mañana, tarde y noche” para ganar las elecciones del 2006.  La admisión de su mentira, hecha en privado a los miembros de su partido, se filtró al público y provocó incontenibles disturbios en las calles de Budapest.  Con el país al borde de la bancarrota, Víktor Orbán, de Fidesz, ganó abrumadoramente las elecciones de abril del 2010.  Es el mismo Orbán que, siendo un mozalbete de 22 años, tomó la tribuna durante el funeral de estado de Imre Nagy, en 1988, y demandó la retirada de las tropas soviéticas de Hungría.  Fue aquel el momento en que el régimen de János Kádár fue finalmente derrotado: Nagy fue el primer ministro reformista derrocado por la invasión soviética de 1956, traicionado por Kadar, que le había prometido libre tránsito para salir del país, y ejecutado en 1958.  En Budapest, mirando al Parlamento que aprobó la ley mordaza, y a Kossuth tér, la plaza donde se enfrentaron los ciudadanos de Budapest a los tanques soviéticos, hay una estatua del infortunado Nagy, en un pequeño parque, sobre un puentecillo. La estatua, muy discreta, es un recordatorio del doloroso pasado de Hungría, y también, de las incumplidas promesas de la democracia, de sus hirientes decepciones.

 

El Año 10 terminó con otras noticias alarmantes para los defensores de las libertades de prensa y expresión. En Belarús, un desprendimiento soviético que nunca ha hecho siquiera el intento de parecer un país democrático, la policía política arrestó a varios periodistas durante los días de crisis que siguieron a la predecible reelección del presidente Lukashenko, tildado de “el último dictador de Europa”.  En el Reino Unido, la misma BBC, cuya impecable profesionalismo tanto impresionó en los sesentas a Jiři Pelikán, director de la Televisión Checoslovaca, enfrenta el desdén, la suspicacia y el rencor de los conservadores, ahora en el gobierno.  Es probable que el puesto de presidente del Trust de la BBC, que dirige la compañía y la supervisa, sea asignado a Lord Patten, el último gobernador británico de Hong Kong, muy cercano al primer ministro, David Cameron.  Si obtiene el puesto, Lord Patten sería encargado de hacer en la BBC recortes tan drásticos como los que Mr Cameron ha comenzado en todo el sector público de la economía.  Los ataques contra la BBC ocurren al mismo tiempo que News Corporation, el imperio mediático de Rupert Murdoch, intenta adquirir control total sobre BSkyB, la más importante plataforma de televisión por satélite del Reino Unido, una operación tan peligrosa para la libertad de expresión y la pluralidad de opiniones que los editores de los principales periódicos británicos, lo mismo de derechas que de izquierdas, con la única excepción de los que Murdoch ya posee, se unieron para denunciarla.  En Estados Unidos, la Comisión Federal de Comunicaciones emitió un veredicto sobre la “neutralidad” de Internet que no dejó satisfechos ni a los liberales ni a los energúmenos del Partido Republicano y su vástago monstruoso, el Tea party. Al Franken, senador demócrata, criticó vigorosamente el veredicto,  presuntamente negociado con grandes corporaciones mediáticas como AT & T, Verizon y Comcast, que permitirá a las empresas telefónicas bloquear el acceso a través de móviles a determinados servicios y aplicaciones online, para, por ejemplo, forzar a los usuarios a recurrir a servicios de esas propias compañías, o de otras asociadas a ellas. La Comisión se abstuvo de prohibir la priorización de acceso por pago, que en el futuro permitiría a las corporaciones que puedan pagar tal servicio ser priorizadas en el acceso de usuarios por delante de los sitios de pequeñas organizaciones, publicaciones independientes o blogs.  Aún así, el veredicto de la Comisión fue entendido por los republicanos como una abusiva intervención del gobierno en el mercado de las telecomunicaciones, y el Senador Mitch McConnell, el líder de la minoría, dijo, bastante estúpidamente, que el Presidente Obama estaba a punto de “nacionalizar la Internet”. En Venezuela, mientras tanto, casi como calco de Hungría, la amplísima mayoría dizque socialista en la Asamblea Nacional, aprobó la pomposamente titulada Ley de Responsabilidad Social en Radio, Televisión y Medios Electrónicos, que, de acuerdo con la siempre discreta Prensa Latina, regulará “la difusión y recepción de mensajes”, o cualquier cosa que eso signifique, de la radio, la televisión, la Internet y los anunciantes y usuarios “para fomentar el equilibrio entre sus deberes, derechos e intereses”. La nueva ley permitirá a las autoridades vetar “mensajes que puedan constituir manipulaciones mediáticas, apologías del delito, inducir al magnicidio o emitir ofensas a autoridades”. Ahora quizás se pueda entender el propósito de la visita a Venezuela, en febrero pasado, de Ramiro Valdés, el antiguo Ministro del Interior de Cuba que fue, hasta hoy mismo, Ministro de Informática y Comunicaciones. Valdés, quien ha sido convertido ahora por Raúl Castro en una suerte de superministro, con varias industrias bajo su mando, viajó a Caracas hace algunos meses, según se dijo, para ayudar al gobierno de Hugo Chávez a solucionar la crisis energética, un área de gobierno con la cual nunca antes se le había relacionado. De energía, Ramiro probablemente sepa poco, pero de mordazas, él y sus dos jefes en La Habana saben tanto como el que más.

En contacto con Hilda

Armando Añel

27 de marzo de 2007

 

Una entrevista con la animadora Hilda Rabilero, cuyo popular programa ‘Contacto’ marcara una época en la televisión nacional.

 

Pocos programas como Contacto para ejemplificar el ascendiente que puede alcanzar un espacio novedoso en el contexto de la televisión oficialista, a la vera del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT). Bajo la batuta de Hilda Rabilero, sobrina del popular Guillermo Álvarez Guedes e hija de la también humorista Eloísa Álvarez Guedes, Contacto marcó con su impronta la década de los ochenta en Cuba, particularmente su segunda mitad.

 

Animadora emblemática para varias generaciones de televidentes, Hilda Rabilero continúa bregando en Miami con el objetivo de consolidar el proyecto de un programa a su medida. Así, el espacio Pégate con Hilda (domingos a las seis de la tarde), del canal MegaTV, reproduce algunas de las líneas maestras que ya estableciera la Rabilero en Contacto, principalmente la de priorizar la espontaneidad comunicativa del triángulo animadora-televidentes-invitados al set.

 

“Pégate con Hilda tiene un tono más de reality show”, asegura la conductora a Encuentro en la Red. “Pero continúa presente la inspiración de Contacto, la cocina, la informalidad, la fluidez”.

 

Hablemos de sus inicios en la televisión…

 

Empecé en el estelar Juntos a las Nueve, un programa que fue bastante popular en la televisión cubana. Antes había hecho intermedios donde anunciaba la programación. El director, Pedraza Ginori, me vio en una de estas presentaciones y me llamó para hacer algo en Juntos a las Nueve. Luego pasé a ser “La chica del cañonazo”.

 

Yo aún no había sido evaluada, no me había graduado. Paralelamente a mis estudios en la Escuela de Formación de Actores, estudiaba Lengua y Literatura Inglesas en la Universidad de la Habana. De manera que Pedraza Ginori no podía presentarme como animadora. Así que se le ocurrió ponerme esa especie de apodo, “La chica del cañonazo”.

 

“Juntos a las Nueve con su animador, Héctor Fraga, y La chica del cañonazo”. Era como se presentaba el programa.

 

Luego dejé la televisión a raíz de un suceso desagradable. Una historia larga que preferiría no contar ahora.

 

Permítame ser insistente en este punto, porque las historias largas que se dejan para después suelen resultar interesantes… cuando finalmente salen a la luz.

 

Venía una delegación alemana a visitar Cuba, con Erick Honecker al frente, y un buen día me informaron que había sido escogida para participar en un evento cultural en su honor. Pensé que iban a utilizarme como animadora. En resumen: quienes estaban preparando este supuesto evento eran los jefes de la escolta del general José Abrahantes.

 

Se reunieron conmigo en dos ocasiones, sin la presencia de nadie más, lo cual me intrigó bastante. Finalmente, decidieron citar a todo el grupo de artistas seleccionados para la ocasión: todas éramos mujeres, de las más bellas de la televisión. No había un solo artista masculino presente.

 

Nos llevaron al hotel Habana Libre, un sitio de protocolo con buffet incluido. Allí estábamos, básicamente, actrices y cantantes de la televisión. Nos explicaron en qué consistiría nuestro papel en la “actividad musical”: debíamos animar la velada alrededor de las mesas de los invitados.

 

Recuerdo que Farah María protestó. Una de las cosas que preguntó a los organizadores fue que quién iba a acompañarla. Alguien entre los guardaespaldas sugirió que yo la acompañara a la guitarra, a lo que inmediatamente me opuse (yo tocaba unas pocas canciones, comenzaba apenas mis clases de ese instrumento). “Para machos, nosotros sobramos”, agregó otro de los guardaespaldas. Esa fue la expresión.

 

Me levanté, salí llorando al balcón de aquel piso 25 del Habana Libre. Fue traumático para mí. En esa época pensaba que ellos eran gente en la que se podía confiar, gente honesta, limpia. “No sé por qué te pones así, cuando nosotros fuimos a Alemania nos atendieron las mujeres más lindas del país…”, me decían. “Pues no sé cómo lo ven en Alemania, pero aquí eso tiene otra interpretación”, les contesté. “Yo soy animadora de televisión, no dama de compañía de nadie… ¡Sáqueme de aquí, porque voy a empezar a dar gritos y van a oírme hasta en el ICRT!”.

 

En esas circunstancias dejé el programa. Renuncié a la televisión. Terminé mi carrera universitaria. Fue para mí chocante, porque tenía entonces una popularidad tremenda. Yo salía con unas gafas enormes y un pañuelo en la cabeza para que no me reconocieran en la calle. Me sentía como avergonzada de que cosas así pudieran pasar en una revolución supuestamente pura, digna.

 

¿Cómo se produce su retorno a la televisión?

 

Tras graduarme, trabajé como traductora algunos años. Un día asistía a una premiación junto a mi madre cuando el director de la Revista de la Mañana, que recién estrenaba ese programa, recordó mi labor en Juntos a las Nueve. Me invitó a participar en su espacio. Recomencé entonces con un segmento de quince minutos en la Revista de la Mañana, hasta que pasé a animarla con Héctor Rodríguez.

 

Luego pasé a hacer Contacto, en 1983. “Queremos que tengas un espacio tú sola, para la gente joven”, me dijeron. En esta primera etapa, el programa contaba con 45 minutos diarios, de lunes a viernes.

 

¿De qué grado de libertad disfrutaba el programa?

 

En ese sentido fue espantoso. Incluso un amigo, el guionista Camilo Hernández (actualmente en Venezuela), tuvo que renunciar. Era una censura constante por todo, por los temas, por las personas a las que queríamos invitar. A artistas como Juan Formell, Carlos Ruiz de la Tejera y otros, no les permitían asistir. Recuerdo que Ruiz de la Tejera asistió en una ocasión y no pudo salir al aire. Sencillamente, no se lo permitieron.

 

Había un director que había sido chofer de ómnibus, que no sabía lo que estaba pasando, apenas si leía el guión. Se aparecía en el estudio fumándose un tabaco… En fin, fue una lucha constante contra lo imposible.

 

En esta primera etapa yo sólo ejercía como animadora, además de colaborar con el guionista. Desfilaron dos o tres guionistas más por el programa antes de que éste pasara a su segunda etapa. Yo propuse un programa de dos horas. En esta segunda etapa, algunos invitados cocinaban en el estudio, había entrevistas, lecturas de fragmentos de libros que estaban en el mercado editorial y demás segmentos.

 

Esta segunda etapa fue un éxito. Creo que la tercera etapa del programa, los sábados de seis de la tarde a diez de la noche, es la que más recuerdan los telespectadores. Pero esta segunda etapa fue la más consagrada, la más coherente en mi opinión.

 

Entonces, ¿por qué se decide por un tercer formato?

 

Me hicieron esa propuesta. Al principio dije que no, que iban a ser cuatro horas y debía tener todo el aparato de producción de la televisión en función del programa, que eso no era posible. Pero me dijeron que sí. ¿Cómo que sí?, me pregunté. Era muy raro. Recuerdo que la reunión fue con Juanito Hernández, entonces vicepresidente del ICRT.

 

Me ofrecieron lo que yo quisiera. Estaban a mi disposición para lo que yo estimara. Dijeron que había que reforzar los programas de variedades porque había mucha política en la televisión, etcétera. Es decir, algo inusitado, insólito. Luego lo consulté con varios de mis amigos y me recomendaron que aceptara, que no había nada que perder. Finalmente me convencieron.

 

Entonces puse la condición de que yo debía ser la directora del programa, y la dirección del ICRT lo aceptó también.

 

¿A qué atribuye esa actitud?

 

Después nos enteramos de que ellos estaban esperando el lanzamiento de Televisión Martí. Más exactamente, temían la aparición del programa de Don Francisco en ese horario estelar del sábado. Iban a intentar obstruir la señal, pero si esto no se lograba debían disponer de un plan B con el que contrarrestar a Don Francisco. Una contrapartida.

 

Parece que esta fue la razón, porque después que lograron neutralizar la señal empezaron a quitarle apoyo a Contacto. Literalmente, comenzaron a hacerme la vida imposible.

 

Esta tercera etapa empieza en octubre de 1989 y termina en febrero de 1991, cuando renuncié. Pero ya a los dos o tres meses de iniciada comenzaron a poner trabas. Llegaban a dar mantenimiento a los equipos en el momento de los ensayos, o no había gasolina para recoger a los artistas, o no se les pagaba a algunos de ellos…

 

El programa se independizó mucho, precisamente porque, cuando empezaron a quitarnos recursos, buscamos apoyo fuera de la televisión. Contacto casi se convierte en una productora independiente. Todo el equipo estaba en función del programa, como si en realidad éste fuera propiedad nuestra, como si sacáramos algún provecho económico. Era un equipo de mucha coherencia. Pero los problemas que confrontamos fueron espantosos.

 

¿Por ejemplo?

 

Una vez editamos un segmento sobre la entrega de los Oscar. Y esto, por supuesto, había que informarlo. Tú no puedes pasar nada en la televisión cubana que no hayas informado previamente. Lo que pasa es que contábamos con la ignorancia de los encargados de aprobar estas cosas. Lo propusimos, alguien lo aprobó y comenzamos a hacer la edición. Ya a punto de salir al aire, nos llegó la orientación de que debíamos parar.

 

Llegué al estudio y mi asistente me aseguró que sí se había informado sobre el segmento, me mostró incluso el papel que lo demostraba. Estamos hablando de un resumen de los Oscar, un espacio de quince minutos que yo debía cubrir de cualquier manera. Entonces decidí ponerlo bajo mi responsabilidad. Recuerdo que todo el equipo me apoyó en la decisión.

 

La señora que entonces desempeñaba el cargo de vicepresidenta interina de la televisión, no recuerdo su nombre, me citó el lunes a su oficina. Estaba colérica. Tuvo una especie de delírium trémens. Me aseguró que iban a relevarme en la dirección del programa. “¡Pero nosotros cumplimos con el reglamento establecido!”, me defendí. “¿Nos exigen que les informemos previamente? Pues en este caso les informamos previamente”.

 

En ese momento la popularidad del programa era muy grande. Para que se tenga una idea, Contacto era visto por el 84% de la población. Yo recibía miles y miles de cartas, ya no se sabía dónde almacenarlas. Me escribían hasta de las cárceles. Como me ha comentado una de nuestras asesoras, con la que me encontré hace poco aquí en Miami, en la historia de la televisión cubana no ha habido un espacio de tan alto rating como Contacto, incluyendo El Casino de la Alegría, Café Regalías y otros.

 

El programa se convirtió en una ventana al exterior para la población. Incluso, logramos pasar una entrevista a Willy Chirino, sirviéndonos, otra vez, de la ignorancia de la persona encargada de aprobar nuestras propuestas. Luego hicimos la edición prácticamente a ocultas, hasta que logramos sacarlo.

 

¿Alguna otra anécdota que recuerde particularmente?

 

Son millones de anécdotas, nunca terminaría de contarlas. Recuerdo que un día me llamó un general que atendía el cuerpo de bomberos. Quería celebrar el día de los bomberos en el programa. “No, mire, me da mucha pena, pero no puedo hacer eso”, me disculpé. “¿Pero usted sabe lo que me está diciendo?”, exclamó él. “¡Su programa lo ve todo el mundo!”.

 

“Precisamente”, le contesté. “¿Sabe por qué lo ve todo el mundo? Porque yo no celebro el día de los bomberos, ni el día de la policía, ni el día de la federación…”.

 

¿Cómo sale de Cuba?

 

Mi tío, Guillermo Álvarez Guedes, me ayudó a salir a través de República Dominicana. En principio, la Seguridad del Estado pensaba que yo viajaría a Italia. Durante un tiempo, a partir de mi salida de Contacto en febrero de 1991, les hice creer que me iría a ese país. Incluso corrió el rumor en Cuba de que me había casado con un multimillonario italiano. Yo había estado en Italia previamente, conocía a Lucia Altieri, había entrevistado a Luciano Pavarotti. Y cubano que se va a Italia es como si se fuera a Marte.

 

En cualquier caso, sospecho que la Seguridad del Estado pensaba que mi salida del país era más una solución que un problema.

 

En el verano de 1991 salí de Cuba. Luego, desde Santo Domingo, pasé a Miami.

 

Cuénteme de sus inicios en esta ciudad…

 

Al principio no encontré trabajo ni en la televisión ni en la radio. Tampoco es que haya indagado exhaustivamente, porque en realidad no vi una buena recepción. Y como no estoy acostumbrada a vivir de la caridad, como siempre he sido muy independiente, empecé a trabajar como secretaria en una empresa de reparación de piezas de aviones.

 

Comencé como secretaria asistente y terminé de vicepresidenta de la compañía. No he tenido padrinos. He tenido que labrarme mi propio camino sola, con mucho trabajo y mucho esfuerzo. Esto, sobre todo desde un punto de vista espiritual, creo que ha sido muy positivo.

 

Culturalmente hablando, ¿le fue difícil adaptarse al modo de vida americano?

 

De ninguna manera. Es que siempre tuve una formación muy cercana a la cultura de Estados Unidos. Estudié inglés desde niña, leía libros en ese idioma, escuchaba música americana. Una maestra iba a mi casa a enseñarme inglés ya desde mis seis o siete años. Llegar aquí fue como llegar a mi hogar. Como llegar a Cojímar o El Vedado.

 

¿Qué tal la acogida de la comunidad cubana?

 

Tengo que distinguir entre la comunidad cubana y algunas personas dentro de la comunidad cubana que al principio me hicieron rechazo. No entendían que en Cuba una persona pudiera hacer un programa de televisión sin ser manipulada por el gobierno. Creían que yo no era del todo consecuente con el paso que había dado. Consideraban que había algo extraño en todo eso.

 

Mucha gente que dejó Cuba en los años sesenta no tiene una idea precisa de la Cuba actual. Es que yo misma, después de más de quince años fuera, no tengo una idea precisa de la Cuba actual.

 

En 1995 hice un programa en Unión Radio, y después pasé a la WQBA. La respuesta de la comunidad fue impresionante. Una acogida respetuosa, calurosa. El programa lo cogí en cero punto y algo de rating, y estaba en cinco punto y algo cuando me fui.

 

Ahora mismo, en el dominical Pégate con Hilda, en MegaTV, recibo muchos emails de personas que ni siquiera me conocieron en Cuba. Lo cual habla muy bien de la comunidad cubana. Es una pena que nos hayan pintado como trogloditas cuando en realidad la mayoría no lo somos. La mayoría de la comunidad cubana está compuesta por gente sensible, solidaria.

 

Desde una perspectiva actual, ¿qué opinión le merece la televisión hecha en Cuba?

 

En Cuba se quedó una buena parte de los profesionales formados en el capitalismo. Pedraza Ginori, por ejemplo, se formó en el capitalismo. Y yo me formé con Pedraza Ginori.

 

Antes de 1959, la televisión cubana era ejemplo en el mundo de televisión de calidad. Y estas son cosas que no se pierden, que se transmiten a las nuevas generaciones. Claro, llega un momento en que apabulla la censura política, en que la formación de los nuevos profesionales ya no es la misma.

 

He visto muy poca televisión cubana de actualidad, pero evidentemente el contenido político es cada vez mayor.

 


Pido la palabra por los hermanos Camejo

Camilo Ernesto Olivera

20 de septiembre de 2013

 

Recuerdo bien la primera vez que fui a un teatro. Llegué, de la mano de mi madre, a la pequeña salita del Guiñol, en los bajos del edificio Focsa, en El Vedado. Vi la puesta de una versión, para títeres y actores, de la novela Gulliver en el país de los enanos, de Jonathan Swift. Pero hasta mucho tiempo después no conocería quiénes fueron los fundadores de aquel grupo teatral, ni tampoco supe del calvario que debieron atravesar en los oscuros años setenta.

 

En los cincuenta, estos fundadores, los hermanos Camejo (Caridad Hilda –Carucha- y José Ramón -Pepe), habían llevado sus títeres a los televisores en la isla. Durante la primera mitad de esa década, dieron vida en la CMQ a personajes como la negrita Libélula, Mascuello o el muy recordado Kiki Televiki.

 

Los Camejo venían de participar en las denominadas Misiones Culturales, auspiciadas por el Ministerio de Cultura. Junto a otros artistas, llevaron su retablo por toda la isla. En 1952, el dramaturgo José (Pepe) Carril, fundó el Teatro de Muñecos, en Holguín. Precisamente, junto a los hermanos Camejo, Carril se convertiría más adelante en uno de los tres directores artísticos del Guiñol Nacional de Cuba, luego Teatro Nacional de Guiñol.

 

En la segunda mitad de los cincuenta, subió a escena Pelusín del Monte, diseñado a cuatro manos entre Pepe Camejo y Dora Alonso. El jacarandoso guajirito y sus andanzas tuvieron un espacio en la televisión. En 1961, salió al aire la serie titulada Las aventuras de Pelusín del Monte, que se mantuvo en CMQ (luego Canal 6) hasta 1963.

 

Durante esos años, se incorporaron al Guiñol Carlos Pérez Peña, Mabel Rivero, Ernesto Briel, Ulises García y Silvia Barros. También en ese periodo, el Guiñol definía su dramaturgia en función no solamente de los niños. En 1963, fue reconfigurada una sala de cine que estaba ubicada en los bajos del edificio Focsa. En ese sitio estableció su sede el ahora denominado Teatro Nacional de Guiñol.

 

El primer estreno, en su nueva sede, tuvo lugar el 14 de marzo de ese año. El Guiñol desarrolló un formidable trabajo, que abarcaría desde versiones de cuentos de la herencia literaria universal, hasta la representación de textos provenientes de la tradición afrocubana. En 1965, Carucha Camejo realizó una innovadora versión del Don Juan Tenorio de Zorrilla. Por su parte, Pepe Carril estrenó la exitosa versión al clásico de Aristófanes Asamblea de Mujeres. Igualmente fueron puestas en escena las versiones al El Pequeño Príncipe, de Exupery, La Caperucita Roja, y, entre otras,  la visión de un Patakín (fábula de la tradición Yoruba) titulada Ibeyi Aña.

 

En 1969, el Teatro Nacional de Guiñol realizó una exitosa gira por Europa. Con ellos viajó Esteban Torres, un funcionario del Consejo Nacional de Cultura, quien, obedeciendo órdenes de arriba, coartó el desenvolvimiento de la gira e impidió la presentación del grupo en la URSS. Posteriormente, entre 1971 y 1973, este funcionario estaría en el grupo con Armando Quesada al frente, que ejecutó (para teatristas) la política homofóbica conocida como Parametrización.

 

La cacería de brujas desatada a partir del Congreso Nacional de Cultura, de abril de 1971, arrasó con el Guiñol. Pepe y Carucha Camejo fueron sacados de su trabajo como directores. Pepe, víctima de la oficialista  Ley contra la Vagancia, fue a prisión. Carucha, sometida a una presión infernal, enfermó de los nervios. La mayoría de los integrantes del grupo resultó parametrada. Varios proyectos de puestas en escena quedaron truncos, entre ellos Cecilia Valdés, Venus y Adonis, El reino de este mundo y otro acercamiento a la tradición afrocubana, bajo el título de Tres rituales por siete para Babalú Ayé.

 

La vanguardia del teatro cubano de títeres quedó sepultada bajo la avalancha represiva del régimen. A finales de la década del setenta, los hermanos Camejo se fueron de Cuba. Un poco antes, sus muñecos fueron incinerados en un episodio del que no se tiene acta veraz todavía.

Seleccione idioma

José Martí: El que se conforma con una situación de villanía, es su cómplice”.

Mi Bandera 

Al volver de distante ribera,

con el alma enlutada y sombría,

afanoso busqué mi bandera

¡y otra he visto además de la mía!

 

¿Dónde está mi bandera cubana,

la bandera más bella que existe?

¡Desde el buque la vi esta mañana,

y no he visto una cosa más triste..!

 

Con la fe de las almas ausentes,

hoy sostengo con honda energía,

que no deben flotar dos banderas

donde basta con una: ¡La mía!

 

En los campos que hoy son un osario

vio a los bravos batiéndose juntos,

y ella ha sido el honroso sudario

de los pobres guerreros difuntos.

 

Orgullosa lució en la pelea,

sin pueril y romántico alarde;

¡al cubano que en ella no crea

se le debe azotar por cobarde!

 

En el fondo de obscuras prisiones

no escuchó ni la queja más leve,

y sus huellas en otras regiones

son letreros de luz en la nieve...

 

¿No la veis? Mi bandera es aquella

que no ha sido jamás mercenaria,

y en la cual resplandece una estrella,

con más luz cuando más solitaria.

 

Del destierro en el alma la traje

entre tantos recuerdos dispersos,

y he sabido rendirle homenaje

al hacerla flotar en mis versos.

 

Aunque lánguida y triste tremola,

mi ambición es que el sol, con su lumbre,

la ilumine a ella sola, ¡a ella sola!

en el llano, en el mar y en la cumbre.

 

Si desecha en menudos pedazos

llega a ser mi bandera algún día...

¡nuestros muertos alzando los brazos

la sabrán defender todavía!...

 

Bonifacio Byrne (1861-1936)

Poeta cubano, nacido y fallecido en la ciudad de Matanzas, provincia de igual nombre, autor de Mi Bandera

José Martí Pérez:

Con todos, y para el bien de todos

José Martí en Tampa
José Martí en Tampa

Es criminal quien sonríe al crimen; quien lo ve y no lo ataca; quien se sienta a la mesa de los que se codean con él o le sacan el sombrero interesado; quienes reciben de él el permiso de vivir.

Escudo de Cuba

Cuando salí de Cuba

Luis Aguilé


Nunca podré morirme,
mi corazón no lo tengo aquí.
Alguien me está esperando,
me está aguardando que vuelva aquí.

Cuando salí de Cuba,
dejé mi vida dejé mi amor.
Cuando salí de Cuba,
dejé enterrado mi corazón.

Late y sigue latiendo
porque la tierra vida le da,
pero llegará un día
en que mi mano te alcanzará.

Cuando salí de Cuba,
dejé mi vida dejé mi amor.
Cuando salí de Cuba,
dejé enterrado mi corazón.

Una triste tormenta
te está azotando sin descansar
pero el sol de tus hijos
pronto la calma te hará alcanzar.

Cuando salí de Cuba,
dejé mi vida dejé mi amor.
Cuando salí de Cuba,
dejé enterrado mi corazón.

La sociedad cerrada que impuso el castrismo se resquebraja ante continuas innovaciones de las comunicaciones digitales, que permiten a activistas cubanos socializar la información a escala local e internacional.


 

Por si acaso no regreso

Celia Cruz


Por si acaso no regreso,

yo me llevo tu bandera;

lamentando que mis ojos,

liberada no te vieran.

 

Porque tuve que marcharme,

todos pueden comprender;

Yo pensé que en cualquer momento

a tu suelo iba a volver.

 

Pero el tiempo va pasando,

y tu sol sigue llorando.

Las cadenas siguen atando,

pero yo sigo esperando,

y al cielo rezando.

 

Y siempre me sentí dichosa,

de haber nacido entre tus brazos.

Y anunque ya no esté,

de mi corazón te dejo un pedazo-

por si acaso,

por si acaso no regreso.

 

Pronto llegará el momento

que se borre el sufrimiento;

guardaremos los rencores - Dios mío,

y compartiremos todos,

un mismo sentimiento.

 

Aunque el tiempo haya pasado,

con orgullo y dignidad,

tu nombre lo he llevado;

a todo mundo entero,

le he contado tu verdad.

 

Pero, tierra ya no sufras,

corazón no te quebrantes;

no hay mal que dure cien años,

ni mi cuerpo que aguante.

 

Y nunca quize abandonarte,

te llevaba en cada paso;

y quedará mi amor,

para siempre como flor de un regazo -

por si acaso,

por si acaso no regreso.

 

Si acaso no regreso,

me matará el dolor;

Y si no vuelvo a mi tierra,

me muero de dolor.

 

Si acaso no regreso

me matará el dolor;

A esa tierra yo la adoro,

con todo el corazón.

 

Si acaso no regreso,

me matará el dolor;

Tierra mía, tierra linda,

te quiero con amor.

 

Si acaso no regreso

me matará el dolor;

Tanto tiempo sin verla,

me duele el corazón.

 

Si acaso no regreso,

cuando me muera,

que en mi tumba pongan mi bandera.

 

Si acaso no regreso,

y que me entierren con la música,

de mi tierra querida.

 

Si acaso no regreso,

si no regreso recuerden,

que la quise con mi vida.

 

Si acaso no regreso,

ay, me muero de dolor;

me estoy muriendo ya.

 

Me matará el dolor;

me matará el dolor.

Me matará el dolor.

 

Ay, ya me está matando ese dolor,

me matará el dolor.

Siempre te quise y te querré;

me matará el dolor.

Me matará el dolor, me matará el dolor.

me matará el dolor.

 

Si no regreso a esa tierra,

me duele el corazón

De las entrañas desgarradas levantemos un amor inextinguible por la patria sin la que ningún hombre vive feliz, ni el bueno, ni el malo. Allí está, de allí nos llama, se la oye gemir, nos la violan y nos la befan y nos la gangrenan a nuestro ojos, nos corrompen y nos despedazan a la madre de nuestro corazón! ¡Pues alcémonos de una vez, de una arremetida última de los corazones, alcémonos de manera que no corra peligro la libertad en el triunfo, por el desorden o por la torpeza o por la impaciencia en prepararla; alcémonos, para la república verdadera, los que por nuestra pasión por el derecho y por nuestro hábito del trabajo sabremos mantenerla; alcémonos para darle tumba a los héroes cuyo espíritu vaga por el mundo avergonzado y solitario; alcémonos para que algún día tengan tumba nuestros hijos! Y pongamos alrededor de la estrella, en la bandera nueva, esta fórmula del amor triunfante: “Con todos, y para el bien de todos”.

Como expresó Oswaldo Payá Sardiñas en el Parlamento Europeo el 17 de diciembre de 2002, con motivo de otorgársele el Premio Sájarov a la Libertad de Conciencia 2002, los cubanos “no podemos, no sabemos y no queremos vivir sin libertad”.