¿Es reformable el socialismo?

 

EL  FRACASO  DE  LAS  ‘REFORMAS’  

DE  RAÚL  CASTRO

 

 

Giuseppe Tomasi di Lampedusa 

EL   GATOPARDO

 

Si queremos que todo siga como está

es necesario que todo cambie

 

 

 

El castrismo no quiere cambiar,

sino sobrevivir a toda costa

 

 


Alexis Jardines,  Apuntes sobre la transición

durante la 23ª conferencia anual de ASCE,

celebrada en Miami, La Florida,

del 1 al 3 de agosto de 2013

Antonio Rodiles hace su presentación

durante la 23ª conferencia anual de ASCE,

celebrada en Miami, La Florida, del 1 al 3 de agosto de 2013

 

 

 

 

El fracaso de las ‘reformas’ del dictador designado

Manuel Castro Rodríguez

20 de diciembre de 2013

 

El pasado 17 de agosto la agencia de noticias de los hermanos Castro expresó: “El empleo no estatal creció en Cuba un nueve por ciento en los últimos ocho meses, cuando el Ministerio del Trabajo y Seguridad Social (MTSS) registró al cierre de julio 436 mil 342 personas en estas actividades”.

 

Ante todo, se observa un gran error: estas 436.342 personas son los trabajadores “por cuenta propia”. El empleo no estatal es mucho mayor, está cercano al millón de personas.

 

Si se hiciese un pequeñísimo sondeo entre los 436.342 trabajadores “por cuenta propia”, podría comprobarse que la inmensa mayoría de esos cubanos tienen una economía de subsistencia, que en lo único en que se diferencian de la economía informal conocida en otros países es que los cubanos tienen que pagar altos impuestos.

 

Por eso es que la emigración del año pasado, 2012, fue la más elevada (46.662) desde 1994, cuando la crisis de los balseros (47.884), y la segunda más elevada desde el éxodo de 1980, cuando más de 125 mil cubanos se marcharon por el puerto del Mariel. Véase el Cuadro VI. 2 (página 5 de 8) hecho por la Oficina Nacional de Estadística de Cuba.

 

Los cubanos continúan votando con los pies porque las ‘reformas’ impulsadas por el dictador designado, Raúl Castro, son cosméticassu objetivo es aliviar la tensión interna y obtener credibilidad internacional-, no son reformas estructurales y, por ende, no pueden mejorar el nivel de vida del pueblo cubano.

 

No pueden seguir postergándose verdaderas reformas, que mejoren significativamente la vivienda y la alimentación del cubano de a pie, así como los servicios de transporte y acueducto y alcantarillado, si se quiere evitar una explosión social u otro éxodo como el de 1980. Véase la miseria existente en Cuba:

 

http://profesorcastro.jimdo.com/miseria-en-cuba/

 

Las supuestas señales de cambio de la tiranía castrista son mensajes para engañar a incautos -necesidad de oxígeno para seguir en el poder-, como lo demuestran las 4.964 detenciones arbitrarias por motivos políticos realizadas en los primeros once meses de 2013, desglosadas por mes como sigue:

 

Enero: 302

 

Febrero: 471

 

Marzo: 394

 

Abril: 377

 

Mayo: 323

 

Junio: 175

 

Julio: 255

 

Agosto: 478

 

Septiembre: 665

       

Octubre: 763

 

Noviembre: 761

 

Además de las 4.964 detenciones arbitrarias por motivos políticos, se han documentado centenares de casos de agresiones físicas, actos de repudio y hostigamiento -que constituyen verdaderos delitos de odio- y actos vandálicos. Véanse aquí.

 

En octubre, trescientas setenta y dos mujeres sufrieron detenciones arbitrarias por motivos políticos, al intentar reunirse o asistir a misa. La mayoría de estas activistas fueron golpeadas y maltratadas por agentes de la Policía Nacional Revolucionaria y la policía política (Departamento de Seguridad del Estado).

 

En octubre fueron detenidos once periodistas independientes: Bárbara Daineris Pérez, William Cácer, Denis Noa Martínez, Pablo Morales Marchán, José Leonel Silva, David Águila, Mario Echevarría Driggs, Yoennis de Jesús Guerra García,  Eberto Ángel Escobedo y Héctor Julio Cedeño.

 

Los corresponsales extranjeros no reportan estos hechos, para evitar que les ocurra igual que a otros periodistas extranjeros que han sido reprimidos por la tiranía castrista; el último fue el periodista español Mauricio Vicent, corresponsal en Cuba durante veinte años del diario español El País, a quien hace dos años, septiembre de 2011, el régimen de La Habana le retiró la acreditación y le prohibió publicar más informaciones desde Cuba.

 

Hace seis años, en febrero de 2007, el régimen militar cubano le retiró sus credenciales a Stephen Gibbs (BBC, Reino Unido), César González-Calero (El Universal, México) y Gary Marx (Chicago Tribune, EEUU).

 

Véanse otras violaciones a los derechos humanos del pueblo cubano ocurridas en el año 2013:

 

http://profesorcastro.jimdo.com/cuba-sin-derechos-2/

 

http://profesorcastro.jimdo.com/cuba-sin-derechos-3/

 

http://profesorcastro.jimdo.com/cuba-sin-derechos-4/

 

El régimen de los hermanos Castro continúa violando la casi totalidad de los 30 artículos de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Como bien expresa el Dr. Haroldo Dilla Alfonso, académico marxista cubano exilado en República Dominicana: “Los cubanos emigrados siguen despojados de derechos ciudadanos en el país en que nacieron y siguen dependiendo de un permiso del gobierno para poder visitarlo”.


Desde enero de 2010  –año en que comenzó la excarcelación y el destierro de la mayoría de los presos políticos de la Primavera Negra- se han documentado 19.223 casos  de personas detenidas temporalmente o procesadas por motivos políticos.

 

 


¿Faraones?

Rafael del Pino*

21 de octubre de 2014

 

Según el analista, Cuba se encamina hacia “el modelo egipcio”. Un régimen que permita determinadas libertades pero donde las Fuerzas Armadas sean intocables

 

Para poder entender los entramados con que el régimen cubano pretende eternizarse es necesario tener primero una idea de la situación de la cúpula militar cubana que es en realidad quien tiene las riendas del poder.

 

El nivel superior: Raúl y Fidel Castro (aunque este último esté retirado) seguido por El Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez y de los Generales de Cuerpo de Ejército Abelardo Colomé Ibarra, Leopoldo Cintra Frías y Álvaro López Miera. Olvídense por el momento de otros vicepresidentes y altos oficiales.

 

En la neo monarquía cubana es imposible predecir quien es el tercero al mando. En una oportunidad se dijo que era Carlos Aldana y terminó de almacenero en el polo turístico de Topes de Collantes. Después se hablaba del Vice-Presidente Carlos Lage o del Ministro de Relaciones Exteriores Pérez Roque y todos conocemos lo que fue de ellos por meter el dedo en las “mieles del poder”. Fuera de Raúl y Fidel los demás son descartables.

 

En orden descendente: Están los tres jefes de Ejércitos (Occidente, Centro y Oriente) Ya no se cuenta la DAAFAR y la MARINA DE GUERRA pues sus estados mayores se convirtieron en Direcciones del MINFAR y a los tres ejércitos se les subordinaron las unidades de combate que pertenecían a la DAAFAR y la MARINA DE GUERRA.

 

Al frente de estos tres ejércitos están mayormente generales que eran niños al triunfo de la Revolución. Por ejemplo el General de División Lucio Morales Abad Jefe del ejército Occidental, que procede de los alfabetizadores de los primeros años de la Revolución. Morales Abad posee el mando del principal ejército que tiene como misión la defensa del occidente cubano incluyendo La Habana. Hay incluso generales que nacieron con la revolución entre ellos el yerno de Raúl Castro. Y hay altos oficiales como su hijo Alejandro que desde que lo ascendieron a coronel recibió en mofas de pasillos el título de “Coronel de los Generales” Estos dos últimos se pueden catalogar como príncipes de la corte es decir que tienen un status especial superior.

 

A las nuevas generaciones de generales (excluyendo a los dos príncipes por supuesto) no les dicen nada las historias épicas ya desgastadas que pintan los históricos y sus intereses son netamente profesionales. Desempeñan sus funciones lo mejor que pueden de acuerdo a los reglamentos militares para aspirar a que el día del retiro puedan ser ubicados en el “Sector del Oro” (turismo incluyendo empresas que garantizan la promoción y la logística, biotecnología, tabaco, puertos, cibernética, industrias extractivas tales como las del níquel y el petróleo) como ya ha sucedido con los generales que les precedieron.

 

Este es el principal anzuelo de la lealtad. A ellos se les deja saber subliminalmente que a los que han sido más fieles y capaces se les ubicará en el “Sector del Oro”. A los que no han sido tan fieles o han tenido dificultades en sus vidas privadas los tranquilizan o acomodan en el “Sector de la Lata” entregándoles parcelas de tierra en usufructo a unos y a otros les brindan facilidades en pequeños negocios cuentapropistas, no los ahogan con impuestos, regulaciones o inspecciones y que puedan así vivir decentemente sin muchas complicaciones. En algunos casos se producen enroques como en el ajedrez y del “Sector del Oro” saltan sin detenerse al “Sector de la Lata” como es el caso del General de División Rogelio Acevedo, que de tener el control de toda la aviación civil de Cuba paso de la noche a la mañana al alquiler de habitaciones en su mansión.

 

Raúl Castro sabe perfectamente que ya aquello se acabó, que el socialismo no tiene arreglo y que debe ganar tiempo para acomodar a los miembros de la dinastía y a sus allegados del primer nivel como dueños o accionistas mayoritarios de los principales sectores económicos del país. Este proceso se ha visto avanzar muy lento, casi paralizado, especialmente por la preocupación de Raúl de que una apertura económica más amplia y acelerada pueda conducir a que el pueblo exija después una apertura política que ponga en peligro la seguridad y el futuro de la dinastía al darse la posibilidad de que se exijan responsabilidades por crímenes y abusos cometidos como le ocurrió al general Augusto Pinochet, al dictador guatemalteco Efraín Ríos Montt (1982-1983) condenado a 80 años de cárcel y al General Jorge Videla de la Argentina.

 

La designación de Alejandro Castro Espín hijo del General/Presidente para que a nombre del gobierno cubano firme un acuerdo de seguridad con Rusia en representación del Consejo de Defensa Nacional nos da la clave.

 

¿Qué es el Consejo de Defensa Nacional?

 

El Consejo de Defensa Nacional se constituye y prepara desde tiempo de paz para dirigir al país en las condiciones del estado de guerra, durante la guerra, la movilización general o el estado de emergencia.

 

Durante las situaciones “excepcionales” (otro saco donde cabe de todo) es el máximo órgano de poder estatal y político y ejerce la dirección de la preparación militar y la lucha armada; el orden interior y la seguridad; la política exterior; las actividades económicas y sociales; la actividad jurídica; la defensa civil; y el poder político.

 

Analicemos esta movida en detalles. Desde la desaparición del mundo comunista y su metrópolis la URSS, el régimen cubano busca desesperadamente un modelo que le encuadre mejor para sustituir la ideología marxista desfasada y fracasada. Inicialmente, cuando cundió el pánico con el derrumbe del muro de Berlín, se mandaron a correr, crearon una comisión militar encabezada por Carlos Aldana que visitó los principales mandos militares para explicar lo que estaba sucediendo.

 

En estas reuniones, en medio de la acostumbrada retorica épica, Aldana en un tono sombrío y abatido les confirmaba a los auditorios que se habían equivocado, que el socialismo sí era reversible pero que la revolución cubana nunca fue ese tipo de socialismo. Aquella confesión denotaba un desconcierto total. Inicialmente en esas conferencias se les ocurrió decir que el socialismo cubano llevaría el nombre de Revolución Martiana.

 

Poco tiempo después de esas reuniones, que se sostuvieron con la oficialidad de las Fuerzas Armadas, Raúl Castro, al parecer analizando con más profundidad junto a algunos de sus asesores, se niegan a admitir aunque lo sabían que el socialismo había fracasado, y ahí es donde adoptan la consigna de “ACTUALIZACION DEL MODELO”, una consigna amorfa que no dice nada pero que puede pegar para ganar tiempo y que a su vez representa un saco donde también cabe de todo.

 

Comenzaron las visitas de comisiones de altos dirigentes para tomar las experiencias de China y Vietnam. Incluso Raúl viaja personalmente para conocer lo que habían hecho. Les gustaban ambas variantes de un capitalismo de Estado, dirigido por un solo partido, pero veían la dificultad de que las principales democracias occidentales se tragaran ese anzuelo sin la liberación política.

 

En medio de las indecisiones, los grupos de estudio y análisis del régimen que continuamente estudian las publicaciones de inteligencias extranjeras se detienen en una muy interesante, la Unidad de Inteligencia de The Economist (EIU por sus siglas en inglés) la cual trata de determinar el rango de democracia en 167 países realizando y publicando una medición sobre los índices de democracia en el mundo.

 

El régimen cubano, durante sus análisis para determinar qué modelo tomar, así como que nombre adoptar para darle respiración artificial a su moribunda economía y empobrecida sociedad, se dieron cuenta que si ellos estaban en el lugar 127, mientras China y Vietnam estaban por debajo de ella en el lugar 142 y 144 en la lista de regímenes autoritarios, había que buscar un modelo que fuera más atractivo para Occidente y en especial para Estados Unidos. Rusia, por encima de Cuba solo por cinco puestos con el 122, tampoco les resultaba atractiva al traer inconfortables reminiscencias del pasado. Hasta que se dieron cuenta del modelo que más se les ajustaba al dedillo. Y ahí estaba la tierra de los faraones.

 

Egipto, ocupando la posición 109, con la excepcional particularidad de permitir partidos políticos, elecciones libres, mano dura con los extremistas y manteniendo por ley constitucional a su casta militar intocable en cualquier gobierno que fuera elegido resultaba el más apetecible para “sin prisa pero sin pausa” ganar el tiempo que necesitan.

 

Sabemos que todavía no se vislumbra la libertad de asociación, la legalización de partidos políticos, la ampliación de las reformas económicas y otros derechos conculcados al pueblo cubano, pero no hay dudas de que están planificando unas buenas tramoyas para el venidero espectáculo.

 

Ahí es que surge la nueva idea en la que trabajan febrilmente; el modelo egipcio. Un régimen que permita determinadas libertades pero donde las Fuerzas Armadas sean intocables y que ni siquiera un presidente elegido por elecciones democráticas pueda decidir sobre ellas, siendo estas el garante de la estabilidad y el orden, manteniendo en sus manos no solamente el poder militar sino también el principal poder económico, que en definitiva decide lo político.

 

¿Tendremos faraones?

 

*El autor es un disidente cubano que con el grado de General fue jefe de la Defensa Antiaérea de Cuba (DAAFAR)

 

 


Militares cubanos poseen

las mayores empresas hoteleras de América Latina

20 de octubre de 2014

 

Según el ranking mundial de cadenas hoteleras 2013, Cuba es el país latinoamericano con las empresas hoteleras más grandes.

 

En la edición del 2014, que toma como referencia datos a cierre de 2013, a Cuba la representan tres grupos hoteleros dominados por los militares: Grupo de Turismo Gaviota, Grupo Cubanacan y Grupo Hotelero Gran Caribe.

 

Gaviota y Cubanacán pertenecen al Grupo de Administración Empresarial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (GAESA) que tienen bajo su control las Tiendas Recaudadoras de Divisas (TRD) Caribe, Gaviota, Aero Gaviota, Cubanacán, Cimex y Habanos.

 

El grupo GAESA es dirigido por el coronel Luis Alberto López-Calleja, yerno del dictador  Raúl Castro.

 

En el 2012, Cuba se posicionó en el mismo lugar, al estar representado en el ranking por esas mismas empresas, añadiéndose ese año Hoteles Islazul.

 

De las empresas cubanas, Gaviota fue la única que creció en habitaciones durante 2013. El Grupo de Turismo Gaviota subió cuatro puestos, ahora ubicado en el 55 con 51 hoteles y 21.665 habitaciones, mientras que en el 2013 estaba en el 59 con 52 instalaciones turísticas y 19.214 cuartos.

 

Las dos restantes, Cubanacán y Gran Caribe, perdieron habitaciones. La primera, de 15.255 en el 2012 pasó a tener solamente 7.678 en el 2013 y Gran Caribe de 5.558 a 4.349 habitaciones.

 

 

 

Aumentan las detenciones arbitrarias

por motivos políticos

Manuel Castro Rodríguez

1 de marzo de 2014

 

El nivel de violencia física empleada en diciembre de 2013 por los cuerpos represivos y grupos parapoliciales contra pacíficos disidentes fue uno de los más altos en los últimas décadas; a pesar del carácter cerrado de la forma de gobierno, la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional comprobó que aparte de las detenciones, 179 disidentes fueron agredidos físicamente en 27 actos de agresión; 153 fueron víctimas de los llamados “actos de repudio” en 27 incidentes reportados; al tiempo que 153 opositores sufrieron acciones vandálicas, generalmente contra sus hogares, y otras formas de hostigamiento.

 

En 2013 se registraron 6.424 detenciones arbitrarias por motivos políticos sin orden policial.

 

En enero de 2014 se documentaron 1.052 detenciones. Predominaron los secuestros policiales en los que las autoridades ni siquiera informaron del paradero de los detenidos ni les permitieron mantener contacto con abogados o familiares.

 

En enero de 2014 se documentaron 79 agresiones físicas, 91 actos de hostigamiento, 89 actos de repudio y 53 actos vandálicos contra los hogares de los disidentes.

 

En enero de 2014 se documentó que 179 disidentes cubanos fueron agredidos físicamente; 153 sufrieron actos de repudio y una cifra igual padeció otras formas de hostigamiento como acciones vandálicas en sus hogares.


El régimen practicó durante el recién concluido mes de marzo al menos 813 “detenciones arbitrarias por motivos políticos”, denuncia en su informe mensual sobre la represión en Cuba la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN).

 

La cifra implica una reducción respecto a los dos meses anteriores, en cada uno de los cuales el Gobierno detuvo a más de 1.050 opositores, pero es mucho mayor que la media mensual de 2013 (de 536), y la de 2012 (de 550).

 

La CCDHRN consideró que el descenso podría atribuirse a un interés de La Habana “en mostrar una mejor imagen de cara a las recién iniciadas conversaciones con la Unión Europea”.

 

La ONG dijo esperar que en esos contactos “ocupe un lugar relevante todo lo relacionado con los derechos civiles, políticos, económicos, sociales, culturales y laborales, actualmente conculcados, de la inmensa mayoría de los ciudadanos cubanos”.

 

“No podemos ocultar nuestro profundo escepticismo debido a la casi absoluta falta de voluntad política del régimen imperante en Cuba”, que “insiste en presentar como ‘reformas’ determinados cambios administrativos, sin impacto estructural ni legitimidad jurídica y, por tanto, perfectamente reversibles”, dijo la CCDHRN

 

“La minoría ultra-represiva que gobierna en Cuba solamente está interesada en emitir falsas señales de cambios para seguir comprando tiempo y hacer valer el principio autoritario de 'durar para dictar y dictar para durar'“, concluyó la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional.

 

Continúa usándose niños para acosar a disidentes.

 

Prosiguen las violaciones a la libertad religiosa.

 

Cuba es el único país occidental donde es ilegal ser opositor:  marxistas, liberales, socialistas, trotskistas, democristianos y anarquistas sufren difamación, ostracismo, destierro, cárcel, tortura y asesinato.

 

A  la tiranía de los hermanos Castro se le ha documentado el triple de muertes que a la dictadura de Pinochet.

 

 

¿Reformas o reciclaje de la pobreza?

Roberto Álvarez Quiñones

30 de septiembre de 2014

 

‘¿Si alguien es encarcelado injustamente y luego es excarcelado debe agradecer y elogiar a las autoridades por haberlo puesto en libertad?’

 

La economía de todo país se compone de dos grandes  mundos interdependientes que se alimentan recíprocamente: producción y servicios. Este axioma, sin embargo, es rechazado por la dictadura cubana, al punto de que casi todos los oficios autorizados para el trabajo por cuenta propia son de servicios y no para la producción de bienes materiales que el país necesita desesperadamente.

 

Salvo algunos amagos  tímidos en la agricultura, toda la “actualización” raulista es un reciclaje de la pobreza, pues fomenta el timbiriche de precarios servicios que ya pululaban en Europa antes de que Leonardo da Vinci pintara la Mona Lisa.

 

Hasta hace poco los servicios se ubicaban solo en el sector terciario de la economía, integrado por las actividades  no creadoras de bienes tangibles:   comercio, transporte, comunicaciones,  finanzas, hotelería, gastronomía, turismo, cultura, entretenimiento, servicios públicos (salud, educación, seguridad social, etc.). Pero hoy los servicios se agrupan también en otros dos sectores: el cuaternario, o “del conocimiento” (la gestión de la información y los servicios tecnológicos),  y el quinario, compuesto por servicios sin fines de lucro, también sustraídos del sector terciario.

 

En el sector primario se hallan la agricultura, la minería, la ganadería, la caza, la pesca y toda transformación de recursos naturales en productos primarios no elaborados. Y el  sector secundario abarca la  actividad industrial y artesanal, la construcción, la obtención de energía, o sea, la creación de nuevos productos, de consumo, o  maquinarias, etc.

 

Pero no importa las clasificaciones, la clave aquí es que sin producción de bienes no hay servicio posible. No se puede comerciar, transportar u operar  lo que no existe. No hay software si primero no hay hardware.

 

Servicios a capella, no

 

Es cierto que el avance económico y tecnológico conduce a sociedades en las que los servicios predominan porcentualmente sobre la producción de alimentos, materias primas y bienes manufacturados. Así ocurre en el Primer Mundo, pero se trata de naciones que tienen una altísima productividad industrial debido a la automatización de los procesos productivos, que permite crear los bienes de capital o de consumo necesarios para el país, o proporcionan el dinero para importarlos. Ese no es el caso de Cuba.

 

Los servicios no pueden funcionar a capella, o sea, si antes no se crean los medios materiales  para que funcionen.  Al colocar los bueyes  detrás de la carreta, el propio régimen invalida de origen a las reformas, limitadas a los servicios y no a la industria, que sigue monopolizada por el asombrosamente improductivo sector estatal. Este genera cada vez menos valores agregados, por lo cual el  Producto Interno Bruto (PIB) del país no crece, las exportaciones tampoco, y el pueblo cubano es cada vez más pobre. Es uno de los más sufridos de Occidente.

 

La economía cubana no emergerá de su estado calamitoso con afeites cosméticos en el sector terciario, cuaternario o quinario. Los “cambios” raulistas  incluso están a años luz de los concebidos por Lenin hace 93 años, cuando lanzó la Nueva Política Económica (NEP) para poner fin a la hambruna que mataba  a cientos de miles de rusos. Y se encuentran a notable distancia del modelo aplicado por los Partidos Comunistas de China y Vietnam, que ha sacado de la pobreza a millones de personas.

 

Síndrome de Estocolmo

 

El Gobierno recientemente anunció, como una gran cosa, que aspira a que los servicios gastronómicos estatales  pasen gradualmente a ser gestionados por cuentapropistas, aunque aclaró que solo como un “complemento” del sector estatal, que mantendrá la propiedad.  En la Isla hay 11.750 establecimientos gastronómicos estatales. Además hay 1.260 arrendados a cuentapropistas y 215 administrados por cooperativas, que realmente funcionan como estatales. O sea, 9 de cada 10 restaurantes o cafeterías son del Estado.

 

Que muchos fuera y dentro de Cuba califiquen de “edificante” la noticia de esta privatización de los servicios gastronómicos  recuerda el síndrome de Estocolmo: ¿si alguien es encarcelado injustamente y luego es excarcelado debe agradecer y elogiar a las autoridades por haberlo puesto en libertad?

 

¿En qué parte del planeta, que no sea Corea del Norte, los restaurantes son propiedad estatal y administrados  por empleados públicos? ¿Nos podemos imaginar a  funcionarios de Washington  administrando  los restaurantes de Manhattan, o al gobierno de Francois Hollande a cargo de los cafés que bordean el río Sena en París?

 

No hay por qué felicitar a la dictadura cubana por colocar en manos privadas lo que nunca debió ser estatal.  Además, con restaurantes no se reconstruye la economía.  A Raúl Castro hay que exigirle  que devuelva al sector privado  todas las industrias y los servicios (excluyendo los sociales) de la nación, como lo eran cuando Cuba registraba uno de los más altos niveles de vida en América Latina.

 

Por otra parte, lo que el país necesita no son reformas, sino que los Castro sean apartados del poder y respondan ante los tribunales por los crímenes cometidos y por haber  hundido a Cuba hasta niveles africanos de pobreza,  y que se desmantele de una vez el socialismo.

 

Como eso no se vislumbra en el horizonte, lo menos que debe hacer el régimen es liberar las fuerzas productivas y que cesen las triquiñuelas que encubren el entrenamiento de  militares y jerarcas partidistas como futuros “burgueses  revolucionarios” del  capitalismo de Estado que ya se cocina a fuego lento.

 

Cuba no saldrá de la pobreza y del atraso económico y tecnológico, ni su población se alimentará mejor con el concurso de  masajistas,  amoladores de tijeras, maniseros, payasos para fiestas, “paladares”, afinadores de piano, peluqueras, taxistas, reparadores de colchones viejos o floreros (oficios todos muy respetables y útiles); ni tampoco con la venta de casas y automóviles de uso, alquilando habitaciones y apartamentos a turistas extranjeros, o entregando tierras en usufructo y no en propiedad.

 

Vía libre al sector privado

 

Los Castro tienen la obligación de autorizar el trabajo libre de todo cubano que lo desee, incluyendo a los profesionales universitarios y todos aquellos que tienen ganas y conocimientos y puedan obtener financiamiento, bien de familiares en el exterior, o créditos de la banca nacional. Que se creen negocios y empresas privadas de todo tipo,  sobre todo para la producción de bienes, la agropecuaria, y servicios productivos y de asesoramiento técnico y de mercado.

 

No puede hablarse de reformas en Cuba mientras el Partido Comunista no derogue los “Lineamientos” que  prohíben “la concentración de la propiedad en personas jurídicas  o naturales”.  No hay progreso posible si a los ciudadanos se les prohíbe crear capital. Ello es, en rigor, un crimen de lesa humanidad.

 

La reconstrucción de Cuba  y su  desarrollo solo será posible con el restablecimiento de la propiedad privada generalizada, la inversión extranjera, nuevas tecnologías, entrega de la tierra en propiedad a quien la quiera trabajar, empleos mejor remunerados, y la elevación constante de la productividad del trabajo, una de las más bajas del mundo.

 

Y todo ello con el apoyo en experiencia y capital de la diáspora empresarial cubana. Eso fue lo que hicieron Beijing y Hanoi cuando rompieron con el estalinismo, se abrieron al capital extranjero y atrajeron el know how y el dinero de chinos y vietnamitas residentes en el extranjero.

 

Mientras todo eso no ocurra, las reformas en Cuba son de “mentiritas”.

 


En The New York Times Julia Cooke explica cómo las reformas castristas excluyen a una parte fundamental de la sociedad.

In Cuba, Unequal Reform

By JULIA COOKE

APRIL 1, 2014

 

I caught a cab in Havana one afternoon a few years ago when I lived in Cuba. It was a gypsy cab, which is to say a man with a car who’d accept money to give me a ride. We settled on $3, and I slipped into the front seat of the Russian Lada next to the driver, a stern, tall, 50- or 60-something black man in a suit. Cuban taxi drivers are notorious busybodies, but this man was silent until we approached my apartment.

 

“I am a doctor,” he finally said. “Cardiólogo. I did some of the first pediatric open-heart surgeries in Havana.”

 

This sort of interaction is familiar to anyone who’s spent much time in Havana. Highly trained Cubans doing tasks far beneath their intellectual capacity for extra cash — whether moonlighting or full-time — are the inheritance of the Castro regime. As so much changes in the country under Raúl Castro, this remains the same.

 

The last three years have brought tremendous economic reforms to Cuba, particularly in terms of opening up the tourism and small business sectors. The National Assembly has legalized the purchase and sale of property and cars, granted licenses to small businesses and nonprofessional independent contractors, and done away with the exit permits that have restricted Cubans’ travel and migration since 1961. Just last weekend, it slashed government taxes on foreign companies operating in Cuba.

 

And yet one group of Cubans has been systematically excluded from these transformations: professionals, like my gypsy-cab-driving doctor. Until this changes, the country, and the foreign investment it hopes to lure with reforms like this most recent one, will stagnate.

 

It is still illegal for professionals, ranging from engineers to doctors to lawyers to architects, to practice independently. Cuba’s free, meritocratic educational system has made them, the rationale goes, and so their human capital should benefit the state. But in return, they earn paltry state paychecks that hover around $18 to $22 per month. To make ends meet they drive taxis after hours or quit the jobs they were trained for altogether in order to work at restaurants, bars or privately owned shops.

 

There has been some loosening in certain fields. Last month, the government announced that medical professionals would see steep raises in their salaries, offering — on the high end of the spectrum — a doctor with two specialties $67 monthly. And last fall, a new law began to allow Cuban professional athletes to sign contracts with foreign leagues and compete for pay abroad. Still, a Cuban can go into business as a party clown but not a lawyer; she can open a bar but not a private clinic.

 

The newest chapter in the reshaping of Cuba’s economy is the law passed on Saturday, which lowers total taxes on foreign businesses from 55 percent to 15 percent (businesses headquartered anywhere but the United States, that is, because of our trade embargo). But Cuban workers don’t stand to benefit much from the change. Should foreign companies be lured to Cuba by better deals, they would not be able to hire professionals as they see fit. Rather, they would still have to contract labor through the Cuban state.

 

This is not to say that independent practice does not happen — it does. Web programmers take on freelance assignments paid in cash, writers sell books in Spain, architects quietly make renderings for a well-connected family’s new restaurant. Yet these professionals work in the underground economy, without legal protections. Five years ago, before Raúl Castro’s reforms came into effect, the current generation of entrepreneurs selling religious paraphernalia or spa services were doing the same. Now they are able to be openly compensated for their work.

 

Younger generations of Cubans are daring and savvy; they’re used to a legal landscape that changes monthly. But many young professionals aren’t willing to wait. Too often, they complete the two to three years of social service required to “pay for” their degrees and then leave the country, often for Europe, Latin America or the United States. In 2012, migration statistics shot as high as in the early 1990s, when Cuba plunged into a post-Soviet economic crisis. And the ranks of migrants were bloated with professionals.

 

Back home, an older and more experienced generation, like the cardiologist who picked me up, drives taxis. Cuba’s brain drain doesn’t just cross borders, pushing skilled locals into other economies; necessity, too, forces professionals out of their fields on the island itself. This diminishes the country’s appeal to some of its best citizens, yes — and to foreign investors as well.

 

To be a professional in Cuba today is still a grim prospect. And until this changes, economic reforms or no, Cuba won’t change much, either.

 

Julia Cooke is the author of “The Other Side of Paradise: Life in the New Cuba.”

 

A version of this op-ed appears in print on April 2, 2014, in The International New York Times.

 

 


La detención arbitraria de críticos del régimen militar cubano se ha incrementado:

 

Año 2010: 2.074

 

Año 2011: 4.123

 

Año 2012: 6.602

 

Año 2013: 6.424

 

En los primeros cinco meses de este año 2014 se han documentado 4.941  detenciones  arbitrarias  por  motivos  políticos: 1.052 en enero, 1.051 en febrero, 813 en marzo, 905 en abril y 1.120 en mayo, denuncia en su informe mensual sobre represión la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN).

 

Los activistas pro democracia continúan siendo agredidos físicamente por agentes policiales y/o paramilitares, son víctimas de actos de repudio y otras formas de hostigamiento o acciones vandálicas, generalmente contra los hogares de los activistas.

 

 

Los avatares de los autónomos en Cuba

Juan Jesús Aznarez

1 de junio de 2014

 

Los negocios privados emplean a 450.000 personas y estimulan una mentalidad ‘capitalista’ en la isla

 

La chica que hacia las ocho de la mañana cruzaba la calle con las tetas al aire llamó la atención del fiscal cubano, que detuvo el coche y anotó la dirección del escenario de autos: un local de copas de La Habana, propiedad de una conocida voleibolista y su marido italiano. “El fiscal debió alucinar”, comentó un empresario extranjero que conoció el lance ocurrido. El magistrado alucinó tanto que llamó a la policía y pidió el cierre del antro por escándalo público.

 

La señorita del despelote y un irreductible pelotón de noctámbulos se habían desmadrado hasta la madrugada en uno de los pub abiertos cerca de la residencial Quinta Avenida, al amparo de la apertura económica vigente desde hace tres años. La liberalización ha activado una mentalidad capitalista en los nuevos gestores de cafeterías, paladares (restaurantes), pizzerías, talleres, cooperativas, tiendas de artesanía, peluquerías o gimnasios: 450.000 cubanos, en torno al 9% de la población activa, en 200 categorías de gestión privada: desde agentes inmobiliarios, y sastres, a carpinteros, fotógrafos y taxistas.

 

El monopolio del Partido Comunista de Cuba (PCC) sigue vigente, pero la tolerancia con las infracciones de los cuentapropistas es mucha porque muchos son los volantazos regulatorios durante la incipiente apertura. Pero no todos los negocios prosperan. Miles han cerrado porque abrieron con más entusiasmo que estudios previos sobre su idoneidad y porque la capacidad adquisitiva de la clientela es muy limitada: el grueso de los 11 millones de cubanos recibe su salario en pesos, un media de 500 mensuales (al cambio unos 25 euros) y los emprendedores orientan casi todos sus negocios hacia el compatriota con divisas. Mientras la dualidad monetaria, la circulación de dos monedas, el nudo gordiano de las reformas, no se solucione la vida de los asalariados en pesos será siendo dura.

 

El italiano y la voleibolista se estaban forrando con un local abierto la 24 horas, pero acabaron en comisaría. Preventivamente, algunos bailongos pincharon música sacra tras la redada, pero reanudaron la pachanga al escampar. "Aquí te dejan hacer hasta que ocurre algo y entonces se acabó”, comenta mi acompañante. Jóvenes de la incipiente burguesía local se mueven festivamente por el establecimiento de copas, abierto en la planta baja de un chalé, y decorado con un escorzo del malecón y fotografías emblemáticas de La Habana.

 

Calzan móviles importados, ropa de marca, trasiegan combinados de cuatro euros, y la política no figura entre sus prioridades porque, entre otras razones, la ideología y sus derivados son franquicia gubernamental intransferible. Tampoco el torcedor que me instruye sobre la vitola y la embocadura de un puro quiere hablar sobre democracia pluripartidista. “Esto no está pa’ eso compadre. ¿Cuántos tabacos quieres?. Te los dejo a buen precio”.

 

La liberalización promovida por Raúl Castro y el VI congreso del partido, en 2011, no cede poder político, pero la apertura socioeconómica cobra vida propia en algunos ámbitos y su inercia puede agrietar la hegemonía del partido único, según la esperanza de quienes rezan porque así sea. Pero visto lo visto en Cuba, donde el activismo antigubernamental es imperceptible o reprimido, sólo cabe esperar el éxito de las rogatorias o la improbable generosidad del régimen.

 

El objetivo oficial es otro: el bienestar económico, la recolocación del medio millón de trabajadores de empresas ruinosas que perdieron su puesto, y resolver el futuro del otro medio millón en capilla. El Estado todavía emplea a cuatro de los cinco millones laboralmente activos. Una segunda meta es reducir el gasto de las compras en alimentos porque el país importa el 60% de lo que consume: cerca de 1.800 millones de euros anuales.

 

Soltando lastre y subsidios, 200 pymes estatales fueron reconvertidas en cooperativas el pasado año, y se consolidó la carga fiscal sobre los cuentapropistas, que aumentaron su contribución a los presupuestos generales en un 18%, aunque sólo representan el 2% del total. Contrariamente a la sepultada retórica igualitarista, el castrismo permite el moderado enriquecimiento de quienes se aventuran con dinero propio, los menos, o prestado por los dos millones de familiares en Estados Unidos, España y otros países. Sus envíos a la isla suman 2000 millones de euros anuales.

 

Al cierre del 2013, cerca de 2.000 paladares funcionaban con pagos en CUC, la moneda fuerte, equivalente al dólar, y se alquilaban 7.250 habitaciones. Ana Sarabig Domínguez reunió cerca de 30.000 euros para abrir hace dos años el paladar Sancho Panza, en el barrio El Vedado de La Habana, con un menú de variedades criollas. Le va bien: emplea a 18 personas. “Los inspectores nos piden facturas que a veces no podemos presentar porque no nos las dan quienes nos venden el pecado, la carne o los vegetales”, explica Alina, la contable.

 

Aunque sólo la diáspora y los nacionales con divisas pueden comprar pisos, automóviles y financiar los emprendimientos que exigen miles de euros de inversión, el resto de los compatriotas puede optar a los créditos ofrecidos por el Banco Central de Cuba. Sólo los pidieron 550 emprendedores. El cincuentón Alejandro se olvidó de los préstamos para arriesgarse con una licencia de chófer.

 

Son las 9,30 y abordo su almendrón, un achacoso Ford norteamericano de 1956, rumbo a ninguna parte. Cobra entre 10 y 20 pesos nacionales, entre 0,20 y 0,60 céntimos de euro, dependiendo de la distancia. “¿Qué tal le va?”. El pasaje, un abuelo y un matrimonio y su hija, pega la hebra. “Ahí vamos. Vengo a hacer unos 1.000 pesos al día, pero pago muchos impuestos varias veces al año. Además, la gasolina, las gomas rotas por los baches, los bombillos, las averías y lo que salga. No me queda mucho.” Se queja de la competencia porque el 11% de los licenciatarios también son taxistas y chóferes, pero le compensa su independencia.

 

Alejandro y su Ford siguen barriendo a diario las calles de la populosa barriada Centro Habana a la caza de viajeros también pretendidos por una flota de Chrysler, Mercury, Chevrolet y otras reliquias. Cerca de 8.000 circulan en la capital, y cientos fueron transformados en limusinas ofrecidas a novios, celebrantes y turistas

 

Al haber asumido Cuba los mecanismos de mercado en su embrión capitalista, asumió también los daños colaterales: las emergentes desigualdades sociales, las tercerías mafiosas durante los cambios de titularidad de pisos y vehículos, y los contratos falsos sobre cuantía y concepto de las transacciones para evadir impuestos. “Hay intermediarios que están haciendo fortunas”, admiten fuentes oficiosas

 

También quiere su parte, la patrulla que me detuvo una noche conduciendo por dirección prohibida. El circunloquio con el agente terminó con la aparición de un civil que me invitó a subir a un coche. “La multa son 60 CUC pero por 20 CUC se puede ir. Deje el dinero en el asiento del carro y salga” .Cómplice del delito, así lo hice.

 

La técnica me recordó, en miniatura, la cortesía del capo policial mexicano Arturo Durazo (1924-2000), durante los descansos de sus extorsiones a balazos. Las víctimas llegaban a su despacho, y entonces el negro Durazo salía dejando abierto un cajón del escritorio. Los chantajeados depositaban allí fajos de billetes, centenarios de oro, escrituras, alhajas: las legendarias mordidas, todavía vigentes en América Latina, aunque más sofisticadas, desde Río Grande a Tierra del Fuego.

 

Experimentando en Artemisa

J. J Aznárez

 

El viaje por carretera hacia la despolitización de la gestión económica, hacia un enfoque más empresarial, nos conduce hasta la provincia de Artemisa, a 60 kilómetros de La Habana, banco de pruebas de una descentralización en la toma de decisiones que pretende implantarse en todo Cuba. “Se trata de hacer más con menos recursos”, explican portavoces del gobierno provincial

 

El laboratorio Artemisa tiene medio millón de habitantes y 21.500 trabajadores autónomos, muchos de los cuales se agruparon en cooperativas más pequeñas que la presidida por de Israel Martin, que explota 1.173 hectáreas, la mayor parte de caña de azúcar, ganadería de carne y leche. Se llama Betancourt Rodríguez y reúne a 171 socios, entre ellos trabajadores que perdieron su empleo en el diezmado sector azucarero. Recientemente sumó otros 34 campesinos a los que el Estado cedió en usufructo tierras 90 fincas.

 

“Todos respondemos ante la asamblea de los 171 socios, que se reúne. mensualmente”, explica Martin. “Y en el campo se trabaja mucho. Mi padre arranca a las 4,30 de la madrugada y yo a las seis”. En la calurosa Artemisa, muy cerca de una cooperativa cuyos socios viven de la venta de un excelso batido de plátano, funciona otra de reciclaje de chatarra y botellas. Lucilo Valdés tiene 63 años y es músico con baja médica. A la espera de jubilarse, ingresa unos pesos recogiendo desechos que vende en la cooperativa. “No es mucho. Así que, ya sabes, si tienes 40 dólares y me los regalas, estupendo”.

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Nota de Manuel Castro Rodríguez: No es cierto que los cuentapropistas -denominados autónomos en el artículo-, se estén forrando ni que el Estado les esté permitiendo funcionar con libertad. Seis años después de iniciadas las reformas, no hay mejoría en el nivel de vida de la población.

 

También es incorrecta la cantidad de que habla el articulista sobre la importación cubana de productos alimentarios. Actualmente, Cuba gasta más de 1.500 millones de dólares anuales en importar el 80 por ciento de los alimentos que consume. Estados Unidos es su principal abastecedor.

 

 

En 1958, Cuba producía el 80 por ciento de los alimentos que consumía y era el principal suministrador de vegetales a Estados Unidos.

 

A las pocas semanas de haber entrado triunfante a La Habana, Fidel Castro declaró:

 

Que hay clase media, ¿por qué si aquí todo el mundo debiera ser clase media? (APLAUSOS.) ¿Por qué si en nuestra patria no debiera existir un solo pobre? ¿Por quési esta es una de las islas más ricas y fértiles del mundo? ¿Por qué si aquí pueden vivir 30 millones de habitantes? ¿Por qué si Holanda, si Dinamarca, si esos países con más habitantes, con menos tierras, con menos fertilidad, son incomparablemente más ricos que nosotros?

 

 

La ‘tristeza’ de la juventud cubana

Andrés Oppenheimer

aoppenheimer@elnuevoherald.com

27 de noviembre de 2013

 

Escuchando al rapero cubano “Silvito el libre”—el hijo del prominente trovador oficialista Silvio Rodríguez— uno no puede más que concluir que los nietos de la Revolución Cubana son escépticos con respecto a las últimas reformas económicas de la dictadura de la isla.

 

Estuve con “Silvito el libre” la semana pasada, durante una visita del joven rapero a Miami, y le pregunté sobre una de las canciones de su grupo, titulada “Háblame”. La canción dice, entre otras cosas, que Cuba es un país sumido en la tristeza, donde la seguridad del estado persigue a los ciudadanos, y donde el comunismo sirve a los intereses de unos pocos.

 

“Definitivamente, la mayoría del pueblo cubano está sumido en la tristeza”, me dijo Silvito. “Porque el cubano ha cambiado mucho del cubano de antes. El cubano ha perdido la alegría, muchos han perdido la esperanza”.

 

Yo esperaba que Silvito agregara que el estado de desesperanza en Cuba se debe al embargo comercial de Estados Unidos —la muletilla del régimen cubano para explicar todos los males de la isla—, pero Silvito ni siquiera lo mencionó. Dijo que los cubanos son un pueblo triste porque “se sienten pisoteados todos los días por la policía, por el gobierno, por las leyes, por todo”.

 

Cuando le pregunté qué dice su padre sobre sus opiniones políticas, Silvito me dijo que Silvio Rodríguez “es una persona muy libre y muy abierta”. Silvito agregó que su padre “siempre me apoyó en todo momento... El profesa su sentimiento, y yo profeso el mío”.

 

Silvito me contó que tanto su madre como muchos de sus amigos han sido acosados por la policía secreta. Por no ser miembro del sindicato oficial de artistas, no puede cantar en conciertos masivos, y solo puede presentarse en conciertos alternativos “una vez cada seis meses, más o menos”, me dijo.

 

¿Tú eres una excepción entre los jóvenes cubanos?, le pregunté, refiriéndome a su postura política.

 

“No, para nada. La juventud cubana completa, o casi completa, piensa igual que yo”, respondió Silvito. “La juventud cubana completa, o casi completa, es víctima del abuso de la policía, de la separación de sus familias por esto de Cuba y (el exilio de) Florida, y sabe lo que es vivir en Cuba y salir para la calle sin desayunar, y montarte en una guagua (bus) para llegar a un trabajo donde alguien te maltrata, para cobrar prácticamente nada”.

 

Le comenté que, después de 54 años de gobierno totalitario y con una de las censuras de prensa más rígidas del mundo, uno podría suponer que la mayoría de los cubanos —especialmente los nacidos después de la revolución de 1959— ya estarían bien adoctrinados. ¿Por qué no funcionó el adoctrinamiento gubernamental?, le pregunté.

 

“Hasta hace un tiempo yo creo que sí (que funcionó,) porque todavía hay personas que creen en esa revolución. Pero desde hace un tiempo para acá la gente se ha ido despertando. Porque ya ha sido mucho, ¿entiendes?”.

 

Cuando le pregunté sobre las últimas reformas económicas del gobernante Raúl Castro, que ha flexibilizado las restricciones para viajar afuera de la isla y ha autorizado a alrededor de 435,000 personas a trabajar en el sector privado, Silvito se encogió de hombros, como diciendo que no estaba muy impresionado por las medidas. Cuba ha autorizado en el pasado algunas reformas en el sector privado, solo para revertirlas más tarde.

 

“Han habido algunos cambios, positivos algunos, pero yo personalmente no veo ningún cambio”, respondió. Tras una pausa, agregó: “Yo veo las cosas cada día más mal. No veo ningún cambio positivo”.

 

El escepticismo de Silvito —que según dicen otros visitantes cubanos es un fenómeno generalizado entre los jóvenes de la isla— contrasta con el optimismo de algunos recientes estudios académicos realizados en Estados Unidos, que consideran que en la isla están ocurriendo cambios positivos de importancia.

 

Un nuevo informe de Brookings Institution, titulado “¿Aterrizaje suave en Cuba?”, escrito por el ex asesor de asuntos latinoamericanos de la Casa Blanca durante el gobierno de Clinton, Richard Feinberg, dice que “un dinámico sector privado” de más de dos millones de personas está emergiendo en la isla, y agrega que en Cuba se están produciendo “cambios tectónicos”.

 

Mi opinión: Es difícil decir desde lejos si las reformas económicas de Cuba son cambios cosméticos, o si representan el principio de una apertura económica. Lo más probable es que hayan sido concebidas por el régimen como una política de control de daños para apaciguar a una población cada vez más impaciente y crítica.

 

Los nietos de la revolución cubana están hartos de que les mientan, los repriman y los censuren, y cuanto más se demoren los hermanos Castro en permitir que Cuba se abra al mundo, tanto más anticomunista se hará la juventud cubana. Tal como me dijo Silvito: “Ya ha sido mucho, ¿entiendes?”.

 

 

Señales de inmovilismo y retroceso

Normando Hernández

26 de noviembre de 2013

 

Los hermanos Castro continúan riéndose del mundo. En estos días Cuba fue electa como miembro del desprestigiado Consejo de Derechos Humanos de la ONU mientras que en la isla las  violaciones a los derechos inalienables de las personas están en el orden del día.

 

Para que se tenga una idea, según la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (ONG ilegal dentro de Cuba, pero permitida por el régimen cubano) en su informe para el mes de octubre constató “al menos 909 detenciones por motivos políticos, una de las cifras más altas para un mes en las dos últimas décadas”. http://iclep.org/wp-content/uploads/2013/11/Informe-octubre2013-ccdhrn.pdf

 

Por otro lado, a las Damas de Blanco de la provincia de Matanzas, durante 20 semanas consecutivas, cada domingo, las dejan en parajes solitarios, las arrestan, las golpean y le hacen actos de repudio frente a sus viviendas ya sea para impedirles participen en misa dominical o después de la misa https://twitter.com/ivanlibre. Lo mismo hacen a las Damas de Blanco de Villa Clara y, también, a las de Santiago de Cuba. De todas las regiones de la isla se reciben a diario denuncias y testimonios de violaciones a los inalienables derechos de los cubanos.

 

Sin embargo, estos hechos no son tenidos en cuenta por los simpatizantes de los hermanos Castro  ni por muchos de los medios de prensa internacionales que resaltan más los supuestos “cambios”  del totalitarismo caribeño que sus atrocidades.

 

Uno de los “cambios” que ha sido aplaudido hasta la saciedad es el de haberle otorgado a los cubanos el derecho que tenían conculcado de poder viajar al exterior y de regresar al país. Pero de lo que sí no se habla o se habla muy poco, es de la política selectiva del régimen de la isla a la hora de entregar el pasaporte a los que desean viajar.

 

Digo política selectiva, porque a ninguno de los “expresos” de la Primavera Negra que fueron desterrados en el 2010 se les permite entrar a Cuba. A los “expresos” que no aceptaron el destierro, como condición de libertad, tampoco se les permite salir de Cuba.

 

El caso más reciente es el del Dr. Oscar Elías Biscet, quien fue invitado por el Presidente de los Estados Unidos Barack Obama a la ceremonia de premiación de la Medalla Presidencial de la Libertad, que conmemoró este año su  50 aniversario y que entre los premiados se encuentra el trompetista cubano Arturo Sandoval. Pero el régimen de la isla  no permite al Dr. Biscet salir al extranjero. “El gobierno todavía me considera preso” expresó, vía telefónica, el Dr. Oscar Elías Biscet.

 

Es bueno señalar que la Medalla Presidencial de la Libertad es el más alto honor civil que se entrega en Estados Unidos a personas que hacen contribuciones meritorias a la seguridad o a los intereses nacionales, a la cultura y a la paz mundial o por sus esfuerzos personales en la esfera pública o privada.

 

La Medalla Presidencial de la Libertad fue entregada a un cubano por primera vez, en el 2007, por el presidente George W. Bush al Dr. Oscar Elías Biscet, cuando este se  encontraba cumpliendo una sanción de 25 años de cárcel, tras ser víctima de la conocida Primavera Negra de Cuba, y liberado bajo licencia extrapenal en el 2011, como parte de las negociaciones entre el régimen de la Habana con el gobierno de España y la Iglesia Católica de Cuba.

 

Mientras los tontos útiles del mundo aplauden en el circo de los hermanos Castro, la silla del Dr. Biscet permanecerá desocupada en cuanto fórum internacional sea invitado. Imágenes como esta no son señales de cambio, sino de inmovilismo y retroceso.

 

 

Un capitalismo de Estado híbrido

Roberto Álvarez Quiñones

27 de noviembre de 2013

 

El ‘raulismo’ se mueve entre el modelo chino, el fascista, y el de la Rusia postsoviética. La esperanza de los cubanos es que fracase

 

El modelo económico que pretende establecer Raúl Castro es una mezcla de elementos del capitalismo de Estado chino y del fascista; junto a otros de la Rusia postsoviética, vendría a conformar un sistema socioeconómico híbrido y nada edificante.

 

Con respecto a China, el régimen se queda a mitad del camino y adopta una versión muy limitada de las reformas de mercado realizadas por Beijing. Por dos razones: el enfermizo  afán castrista de controlarlo todo en la Isla, y por temor a que con más amplias libertades las fuerzas productivas se le vayan de las manos, sobre todo por la cercanía de Estados Unidos y la pujante comunidad cubana de Miami.

 

Por eso, aunque con un discurso “actualizador” y aun formalmente marxista-leninista, la estrategia del raulismo se asemeja más a la que propugnaban los fascistas en Italia y Alemania: establecer una tercera vía para crear un sistema socioeconómico alternativo que no fuese ni el capitalismo liberal del laissez faire, ni el comunista.

 

Ante la inviabilidad de la economía centralmente planificada, el régimen flexibiliza la rigidez estalinista, pero mantiene el dominio del Estado en todo el quehacer económico, cada vez más en manos militares (rasgo fascista).

 

La nomenklatura es consciente de que para sobrevivir y quitarle presión a la caldera social,  debe permitir el trabajo por cuenta propia, la creación de cooperativas, la inversión extranjera, mayor competencia sectorial, y la entrega de tierras en usufructo a los agricultores.

 

Pero no se quiere ir tan lejos como en China, donde se ha desmontado en buena medida el monopolio estatal de la economía, al punto de que el sector privado genera ya más del 60% del Producto Interno Bruto (PIB) del país, el segundo mayor del mundo tras el estadounidense.

 

‘Enriquecerse es glorioso’

 

O sea, en Cuba no hay espacio para el individuo como productor en grande, a la manera China. Tras la muerte de Mao Tse Tung, al iniciar las reformas de mercado, Deng Xiaoping lanzó la consigna de que “enriquecerse es glorioso”, con la cual hizo trizas al marxismo en el país asiático. Hoy los 75 diputados chinos más ricos superan la posesión total de bienes de todos los congresistas de Estados Unidos. Los dos más ricos tienen más de $6.000 millones de dólares en activos.

 

A los Castro poco les importa que gracias a las reformas capitalistas cientos de millones de chinos han salido de la pobreza y el PIB haya pasado de $60.656 millones en 1978 a $8,2 billones en 2012; tampoco que China se haya convertido en el primer exportador del mundo.

 

Lo que sí tiene en cuenta la dictadura militar cubana es que el capitalismo de Estado solo es posible en un sistema político totalitario de partido único, con el monopolio de los medios de comunicación, sin derechos ni libertades civiles y con mucha represión policial. En China gobierna hoy el mismo Partido Comunista que, encabezado por Mao, acabó con la propiedad  privada, impuso la colectivización forzosa de las tierras, el “Gran Salto Adelante” y la “revolución cultural”, eventos que causaron decenas de millones de muertos —de hambre o ejecutados— e impidieron el desarrollo del país durante 30 años.

 

Los Castro desean compartir con China su faceta totalitaria institucional, pero no su “socialismo de mercado”, como le llama Beijing. El pueblo chino sigue sometido a una tiranía política, pero al menos la economía crece rápidamente. En Cuba igualmente hay  tiranía y el país se empobrece cada vez más. Esa es la diferencia.

 

Rasgos fascistas

 

Del fascismo europeo el raulismo asimila el abrumador protagonismo de las fuerzas armadas en la gestión económica, así como la represión brutal de la oposición política. La “apertura” va convoyada con una masiva intervención de las fuerzas armadas en la conducción de la economía. Algo muy parecido a lo que hicieron Mussolini y Hitler.

 

En Italia y en Alemania ello fue decisivo para construir una gigantesca maquinaria bélica e industrial con la cual expandir el fascismo por Europa. En el caso de Cuba los militares se están apropiando de empresas y estamentos económicos claves no solo de cara al presente, sino como parte del diseño del postcastrismo, con la anuencia de los Castro, para cuando ambos hermanos, por razones biológicas, abandonen el escenario político.

 

El capitalismo de Estado fascista no suprimió la propiedad privada, pero las industrias fueron de hecho militarizadas y obligadas a producir lo que el Gobierno les ordenaba, y quedaron ensambladas al Estado. Los pequeños y medianos negocios fueron sometidos a las directrices fascistas. El gobierno nazi fijaba y regulaba los precios, los salarios, los dividendos e inversiones, y limitaba la competencia. Es decir, eliminó el mecanismo regulador del mercado (la “mano invisible” de Adam Smith).

 

En Cuba, generales, coroneles, sus familiares y allegados, y los grandes jerarcas de la burocracia civil partidista y estatal, se entrenan hoy como gerentes de las únicas industrias y actividades que son rentables, o que podrían llegar a serlo.

 

Un adelanto del futuro de los militares en Cuba es el Grupo Corporativo GAE, perteneciente  al Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y al Ministerio del Interior. El GAE opera  restaurantes, hoteles, instalaciones turísticas, transporte aéreo, marítimo y terrestre, más de 300 tiendas recaudadoras de divisas (las “shoping”), y otros muchos establecimientos. Tiene tentáculos bancarios por todo el mundo y emplea en la Isla a miles de trabajadores.  Pues bien, el GAE no rinde cuentas a nadie y sus ingresos no van directamente al presupuesto nacional, sino que pasan por un limbo financiero que es primeramente “ordeñado” casi de forma secreta por la Junta Militar y el generalato, para garantizar las nuevas inversiones de los militares y la dolce vita de que gozan en la actualidad.

 

Por otra parte, tal y como las bandas de camisas pardas y negras de Hitler y Mussolini, respectivamente,  en Cuba las brigadas fascistas de “respuesta rápida” hostigan y dan palizas a opositores políticos y periodistas independientes, incluso si se trata de mujeres indefensas.

 

El ‘putinismo’

 

En tanto, de la Rusia de Vladimir Putin el castrismo no toma nada en materia política, inversiones extranjeras o libertad para los negocios; toma solo el posicionamiento ya citado por parte de los militares y la alta burocracia del Partido Comunista de los sectores estratégicos de la economía. Desde estas posiciones, la nueva casta empresarial constituirá una burguesía de corte mafioso que participará o manipulará las instituciones del Estado, siempre con una agenda postrevolucionaria en un régimen bajo su control.

 

La buena noticia en todo esto es que, como dice la frase popular, “una cosa piensa el borracho y otra el bodeguero”. Con los Castro fuera del escenario político puede que los acontecimientos no ocurran como hoy lo planea la Junta Militar que dirige el país.

 

Esa es precisamente la esperanza de los cubanos, que el postcastrismo no se parezca al modelo chino, ni al fascista, ni al postsoviético, sino que la nación se enrumbe al fin hacia una democracia liberal y un Estado de derecho en el que impere la auténtica economía de mercado que edificó el mundo moderno que hoy conocemos.

 

 

Ustedes y los demás

Pedro Campos

8 de noviembre de 2013

 

No tienen plan, no tienen proyecto que no sea mantener el poder a toda costa y costo. Pragmatismo puro y duro desde el poder total

 

A ustedes: El Presidente Raúl Castro,  la dirección de su gobierno/partido, sus militares de la  “actualización”.

 

La llamada “actualización” que ustedes han puesto en marcha, impuesta al partido y a la sociedad cubana, en virtud del antidemocrático artículo V de la Constitución sobre el papel rector del partido comunista en la sociedad, barnizado  con el sesgado método de la consulta vertical dirigida, no solo se ha hecho  desconociendo y violando los intereses de las mayorías, sino que, a cada paso, ha evidenciado su objetivo principal: fortalecer el monopolio estatal de la política y la economía que una elite político-militar detenta hace más de medio siglo.

 

Son ustedes y los demás. Los demás: todos nosotros, el pueblo, por ustedes explotado, reprimido, humillado, vilipendiado, calumniado, culpado de los desastres provocados por ustedes.

 

No tienen plan, no tienen proyecto que no sea mantener el poder a toda costa y costo.

 

Las medidas de la “actualización” que en algún sentido benefician a los demás, nosotros, el pueblo, tienen un fondo pragmático de beneficios mayores para ustedes y cuando ha resultado que los intereses de ustedes han sido afectados en algo por las nuevas medidas, éstas vienen ya montadas con  limitaciones o de inmediato vienen los retrocesos.

 

Veamos algunos ejemplos que no dejan lugar a duda.

 

La apertura de los servicios de telefonía celular, hoteles para turistas e internet, dieron a las corporaciones militares la oportunidad de recaudar grandes sumas de moneda convertible, CUC, pues todos esos servicios se ofertan solo en esa moneda. Pero al mismo tiempo  estos servicios se han concedido con limitaciones sobre algunos de sus aspectos que, en opinión de ustedes, puede afectar sus intereses.

 

Así la telefonía celular, del monopolio ETECSA controlado ya por los militares, no solo les sirve para conocer las conversaciones de todos los usuarios, sino cuando es del interés de ustedes  dejan  “en apagón telefónico” a los opositores. De Internet ni hablar, además de las páginas “precilladas” que no se pueden abrir por “seguridad nacional”,  dado el precio -prohibitivo para las mayorías-, poco o nada aporta a los demás que no pueden acceder por razones económicas. Hay determinadas instalaciones turísticas que siguen vedadas a los cubanos, como lo son las de algunos cayos que alguna vez, o todavía, fueron o son cotos privados de la alta jerarquía.

 

Las nuevas leyes migratorias, si bien ofertan una apertura en cuanto a las salidas al exterior, el gobierno se ha reservado el derecho de limitarlo cuando lo estime necesario, mientras que siguen vigentes las mismas regulaciones que afectan a los cubanos residentes fuera del país y persisten  los altos costos de los trámites migratorios. No obstante, ustedes han recibido altos ingresos por el cobro de los pasaportes y demás trámites migratorios generados por esa legislación. Dinero cuyo monto y destino -por cierto- nunca se ha informado a la población.

 

La ley sobre experimentos cooperativos no va más allá de los ensayos que están haciendo con entidades económicas que por alguna razón los benefician a ustedes, sea para salirse de empresas irrentables o para “arrendar” alguna que sí  brinda dividendos, como el caso del Restaurante La Divina Pastora, a algún peje gordo del o vinculado al gobierno.

 

El reparto de tierras estatales a privados, les ha servido a ustedes para desmontar muchas UBPC,  Empresa Básica de Producción Cooperativa, que nunca fueron cooperativas ni nada por el estilo y de paso denigrar el concepto  de cooperativismo; entregar las mejores tierras con regadíos y acceso a carreteras a leales y simpatizantes del gobierno, a capitalistas agrícolas que demandaban ampliar sus haciendas, y según informaciones de la propia prensa oficial, posibilitaron a algunos “administradores regionales de tierras” designados por ustedes, lucrar con este reparto que manejaban  a su arbitrio.

 

Dijeron que iban a impulsar el trabajo por cuenta propia para facilitar  empleo a los cientos de miles de despedidos de las empresas estatales, pero nunca han permitido el trabajo libre individual  en todos los renglones, ni a todos los técnicos, ni profesionales y solo recientemente han autorizado a los graduados en los años 60 a ejercer  por cuenta propia. Es decir a los profesionales viejitos de 70 años, cuando ya no pueden. Las limitadas actividades autorizadas están cargadas de impuestos directos e indirectos.

 

Más recientemente, en esta misma dirección, después que permitieron a los vendedores de ropas importar privadamente muchos artículos de Ecuador, México, Panamá, EEUU y Europa, fabricar y adaptar instalaciones, un decreto –y dale con los edictos-  impide que se venda ropa que no sea cocida por los propios vendedores. Algo simplemente insólito que busca eliminar de un porrazo la competencia que exitosamente hacen a los monopolios militares, los vendedores privados.

 

Autorizaron a los maestros a dar repasos privadamente; pero Granma critica los educadores que hacen esa labor al terminar sus clases: “un problema ideológico”.

 

Con la medicina, uno de los pocos logros alcanzados por el pueblo en este último medio siglo, con tal de ganar varios millones para el Estado autoritario controlado por militares, a costa de exportar médicos y profesionales de la medicina mal pagados, no les ha importado que los hospitales y policlínicos hayan quedado con déficit de profesionales y especialistas que convierten en un calvario la atención y el tratamiento de los pacientes cubanos.

 

Más recientemente cierran los cines particulares de 3D y las salas de videojuegos, unos de los pocos entretenimientos en muchos barrios, porque el estado es el que debe decidir cómo la gente debe entretenerse.

 

Na’, que todo lo de ustedes es pa’lante y pa’tras, según les convenga o les parezca. Pragmatismo puro desde el poder total.

 

El más flamante de los “anuncios” gubernamentales sobre la unificación monetaria, parece una nota redactada por un especialista de la desinformación  y la creación del caos, pues en vez de ofrecer confianza y tranquilidad  a  los ciudadanos, ha desatado la especulación y la desesperación entre muchos cubanos sobre sus implicaciones para las economías familiares y especialmente entre, los que tienen algún dinero en el banco en algunas de las dos monedas nacionales.

 

No es ingenua coincidencia que hayan anunciado la “unificación monetaria” cuando también informan del impulso que pretenden dar a la inversión extranjera a propósito del megaproyecto del Mariel. Todo el mundo sabe que el relajo monetario que tiene formado el Estado cubano es un serio problema para atraer  la inversión externa.

 

En fin que ustedes todo lo hacen pensando en ustedes, en sus ganancias, en sus instituciones, en su aparato burocrático. Las consecuencias para los demás, los trabajadores, el pueblo, poco les importa.

 

Ahora apuestan neoplattistamente -¡qué paradoja de la historia!-  a que el capital internacional y especialmente el de EEUU, al que tanto han combatido y culpado de todos los males de este mundo, les saquen las castañas del fuego y vengan sus turistas y millonarios en sus yates de paseo a invertir en Cuba, a comprar haciendas y a jugar golf, con los hijos de la nueva buro-burguesía; y aspiran a fabulosas entradas para el Estado por medio del amplio mercado a través del mega puerto/proyecto de El Mariel, todo bajo control  y para beneficio de ustedes y de sus deseados socios imperialistas.

 

¿Y para los demás qué ofrecen? Maquilas, explotación, prohibiciones, miseria, despedidos, altos impuestos, edictos que no leyes democráticas y nuevo código del trabajo para que los “empleadores” -eufemismo de explotadores capitalistas- decidan, hagan y deshagan con los indefensos trabajadores. Así ofertan un mundo de posibilidades a los inversionistas para que expriman a los trabajadores libremente.

 

¡Vaya comunistas que en lugar de estimular el trabajo libre asociado, promueven y facilitan la libre explotación asalariada!

 

Ustedes se han convertido en una casta que ha traicionado los intereses populares, los ideales democráticos por  los cuales el pueblo se unió para derrocar la tiranía batistiana y las esperanzas socialistas que se despertaron en los trabajadores en los 60.

 

Entre ustedes y el pueblo, por culpa de vuestras políticas antisocialistas, se ha abierto un abismo al parecer insalvable. Nada aceptan que no sea lo que ustedes creen que les beneficia. Ustedes no se han dado cuenta que se han convertido en una Nueva Derecha que desarrolla políticas antipopulares del peor corte capitalista.

 

A ustedes la historia no los absolverá. Pero los que tengan todavía un ápice de pueblo en su corazón, un recuerdo de Camilo, de Girón o la Alfabetización, o de tantas y  tantas otras batallas populares por la Revolución que nos creímos, que pertenece a todos y no a un grupito, tienen todavía la oportunidad de rectificar y oponerse al rumbo  neo-liberal, pro-capitalista, de derecha y de corte anexionista de la “actualización” y de asumir los anhelos populares de paz, democracia, libertad y concordia que ha estado siempre en el epicentro de los intereses populares cubanos.

 

Socialismo por la vida.

 

pedrocampos313@yahoo.es

 

 

 

La prohibición no es la salida

Marlene Azor Hernández

6 de noviembre de 2013

 

No existe una sola medida económica de “la actualización” cabalmente inteligente

 

El domingo 3 de noviembre, Granma publicó una nota del Consejo de Estado, donde hace firme la prohibición de importar ropa y/o revender productos de las tiendas estatales para el sector cuentapropista. Varios analistas[1], ya han señalado todos los pormenores de la medida, sus consecuencias nefastas para todo el mundo, salvo para las corporaciones militares que se ocupan de importar ropa fea, mala y barata con precios altísimos y monopólicos para vender en las tiendas “estatales”. Esta medida como la de cuestionar la ética de los profesores que repasan de manera particular, para completar el salario miserable que reciben en sus puestos de trabajo, y la otra “nueva” de los profesionales con más de 70 años que pueden ahora incorporarse al cuentapropismo, ofrecen más signos sobre los límites de “la actualización” y la ausencia de “cambios de mentalidad”. Habría que agregar los cines privados de 3D, también incluidos en la nueva oleada de prohibiciones.

 

Bajo la metáfora del “orden” descansa una concepción de control férreo de todos los recursos económicos en manos del “Estado”, y coloco la palabra Estado entrecomillas porque la opacidad con la que actúan las corporaciones militares y la falta de fiscalización pública de sus activos, deja en la oscuridad las reales relaciones entre las corporaciones militares y el Estado.

Marino Murillo, jefe de la Comisión Nacional de Implementación de los Lineamientos asegura sin bochorno, que la empresa estatal es “socialista” y entonces descubrimos que PEMEX, la petrolera mexicana ha sido socialista desde 1938 cuando se nacionalizó los hidrocarburos en el período de Lázaro Cárdenas. No hacía falta hacer ninguna “revolución” para crear empresas “socialistas” en todos los países del mundo, si seguimos la lógica de Murillo. El “socialismo” hace rato existe en muchos países y ¡no nos habían avisado!

 

No contento con el disparate que no deja de repetir frente a una prensa que aplaude, agrega que la conceptualización de la “actualización” está muy avanzada y como no explica nada más acerca de la conceptualización pareciera decirnos que ahora “sí saben” lo que hacen, aunque la implementación de cada medida económica traiga muchos más problemas de los que resuelve porque nacen mal diseñadas y sin las condiciones de contexto positivas que les permitan florecer.

 

Uno de los problemas raigales del modelo de factura soviética que siguen arrastrando los dirigentes cubanos es el predominio de la planificación centralizada que ellos siguen nombrando “socialista” y la intolerancia a la competencia de las empresas no estatales en relación a las empresas del estado, por lo que cada medida aparece ante los ciudadanos de a pie como la solución de “botar el sofá”[2].

 

La creación de la Zona especial en el Mariel, también arrastra la discriminación para los inversores cubanos residentes en el exterior así como apuesta a crear economías de enclave, mientras prohíbe la inversión pequeña y mediana regulada por el Estado pero directa, con los productores de bienes y servicios estatales y no estatales. Otra medida que privilegia las exclusiones y las prohibiciones.

 

Hace más de tres meses se crearon entre nueve y doce grupos importadores estatales, asociados al Ministerio de Comercio Exterior, multiplicando la burocracia sin demostrar en la práctica las supuestas ventajas de esta flexibilización: los mercados “concentradores” y el mercado minorista siguen evidenciando la ausencia de múltiples productos necesarios para la producción, los servicios y el consumo y los pocos que se encuentran tienen precios con altos impuestos absolutamente desestimulantes para la eficiencia económica: otra solución de “botar el sofá”.
 

La medida de prohibir la importación de ropas y la venta por los cuentapropistas no genera medidas de regulación estatal como debería sino la prohibición. No hay alternativas, la población debe seguir en “harapos”, porque no es una prioridad del gobierno el acceso al vestuario a precios módicos y a ropa de mayor calidad que las que ofrecen las tiendas “estatales”. El consenso popular sobre las soluciones de “botar el sofá” no es más que la evaluación de la incapacidad del gobierno para dar solución a los problemas.

 

A finales de 2010, el economista Juan Triana notaba la ausencia en los Lineamientos “Señalo una ausencia puntual de la que adolece este documento: la omisión del papel de la competencia para el logro de la eficiencia y el crecimiento económico. Sé que es un tema muy polémico, sobre el cual todavía se conservan prejuicios teóricos y políticos en nuestro país. Pero si el propósito es crecer con eficiencia, fomentar la productividad, darle más responsabilidad y facultades a las empresas, las estatales, las cooperativas y las privadas, entonces es necesario hablar de una “política para la competencia” que garantice iguales derechos y oportunidades a todas las empresas. La ausencia de competencia ha sido una de las razones de la debilidad de nuestro sistema productivo y de la endeblez de nuestro sistema empresarial, y se requiere enfrentarla para alcanzar, además, una capacidad exportadora real y sostenible en el tiempo”.[3]
 

Por otra parte, los economistas Pavel Vidal y Omar Everleny señalaban el año pasado: “Una mayor claridad en la estrategia de desarrollo del país y una redefinición más teórica y conceptual sobre el modelo económico, social y político cubano al que aspira el proceso de la actualización, son asuntos aún pendientes de definir. La actualización del modelo cubano se realiza sin una crítica profunda al modelo soviético, al que tanto le debe, y sin precisarse con claridad las pautas del socialismo que se quiere perfeccionar”.[4]

 

Mientras, nuestros dirigentes continúan con sus declaraciones disparatadas frente a una prensa absolutamente complaciente y el juicio popular les sigue dando el premio nacional de inventar, en cada ocasión, las soluciones de “botar el sofá”.

 

[1] Me refiero al periodista Frenando Ravsberg y a los intelectuales Pedro Campos y Alfredo Prieto en artículos publicados sobre la medida. Los dos primeros autores en Havanatimes y el último en el periódico digital 7 DÍAS, dominicano.

 

[2] La expresión viene de un chiste popular en el cual se narra la llegada del esposo que encuentra a su esposa haciendo el amor en el sofá de la sala con otro hombre. La solución del marido engañado es “botar el sofá”.

 

[3] Juan Triana en Revista Espacio Laical, año VII, número 25, Enero-Marzo 2011. Dossier “¿Hacia dónde va el modelo cubano?”, 28.

 

[4] Alejandro Pavel Vidal y Omar Everleny Pérez en “Miradas a la economía cubana” 2012, Introducción en http://espaciolaical.org/contens/31/2630.pdf, 27-28.

 

 

Unificación monetaria: causas y límites

Dimas Castellanos

4 de noviembre de 2013

 

El camino para salir de la crisis está claro, lo que falta es voluntad política para transitarlo

 

Entre las reformas parciales del gobierno de Raúl Castro se anunció la puesta en vigor de un cronograma de medidas para eliminar la dualidad monetaria, implementada a raíz de la pérdida de los subsidios soviéticos. Una mirada retrospectiva al tema ayuda a identificar algunas de las causas y limitaciones del  anunciado cronograma.

 

En el período comprendido entre las dos grandes guerras de independencia que tuvieron lugar en la segunda mitad del siglo XIX cubano, la Isla se convirtió en el primer país en arribar al millón de toneladas de azúcar, de la cual más del 90% se exportaba hacia Estados Unidos. Ello permitió al país vecino imponer a España el tratado de reciprocidad comercial conocido como Bill Mc Kinley, mediante el cual se estableció la libre entrada de azúcar cubana a esa nación. De forma simultánea se desarrolló una alta concentración de la propiedad agraria, especialmente en compañías norteamericanas. En esa condición de dependencia económica, al cesar la dominación española el gobierno de ocupación introdujo el dólar como patrón monetario básico, el cual se fue imponiendo hasta la desaparición de las monedas restantes (francesa, española, mexicana), lo que explica la presencia del dólar en los primeros años de  la República nacida en 1902.

 

En ese contexto, con el propósito nacionalista de disminuir la dependencia respecto al dólar norteamericano, el gobierno del general Mario García Menocal dictó en 1914 la Ley de  Defensa Económica, la cual dio nacimiento a la moneda nacional. Esa ley estableció un patrón de oro como unidad monetaria con el mismo peso y ley que el dólar. Así, de una decisión nacionalista, emergió la primera versión de dualidad monetaria en Cuba, que duró hasta los años 50 del pasado siglo.

 

De forma diferente, en 1991, la desaparición de la Unión Soviética provocó la pérdida de las enormes subvenciones basadas en relaciones ideológicas, las cuales solaparon durante décadas la ineficiencia del modelo cubano. Ese hecho, unido a la depresión en los precios del azúcar, condujo al país a una profunda crisis estructural bautizada con el eufemismo de Período Especial en Tiempos de Paz. En respuesta a la crisis, el gobierno cubano, en lugar de emprender una reforma profunda dirigida a lograr una economía propia y eficiente, definió una estrategia dirigida a salvar al modelo y conservar el poder. Con ese fin introdujo varias medidas  coyunturales.

 

En 1993 se crearon las Unidades Básicas de Producción Cooperativas, mediante las que se les entregó una parte de las tierras ociosas del Estado a los trabajadores en condición de usufructo; se autorizaron los mercados campesinos y el trabajo por cuenta propia; se dio la entrada al turismo y a la inversión extranjera; se admitieron las remesas familiares del exterior; se despenalizó la tenencia del dólar y, en 1994, se autorizó su libre circulación, dando lugar a la actual dualidad monetaria.

 

Como puede apreciarse, la dualidad monetaria introducida en 1914 fue motivada por razones diametralmente opuestas a la ocurrida en 1994. La primera creó e introdujo la moneda nacional paralela al dólar, la segunda legalizó al dólar paralelo a la moneda nacional.

 

El camino y la voluntad política

 

Las causas que condujeron a la dolarización en 1994 tienen su raíz en las primeras medidas revolucionarias, cuyo fin declarado era la desaparición de todas las relaciones mercantiles y, con ellas, del dinero. En 1960 se nacionalizaron todas las entidades bancarias nacionales y extranjeras que existían en Cuba, en 1961 se centralizaron en manos del Estado, mientras la dirección de esas actividades se puso en manos de los revolucionarios procedentes de la lucha armada. Así ocurrió con figuras cuya concepción de la economía difería de las del líder de la revolución, como ocurrió con el economista Felipe Pazos Roque, fundador y primer presidente del Banco Nacional de Cuba desde su fundación en 1948, quien a pesar de renunciar a esa responsabilidad por su posición contra el Golpe de Estado de 1952 y ser nombrado nuevamente al frente de esa institución en 1959, fue sustituido unos meses después por el comandante Ernesto Guevara.

 

La marcha del proceso fue más o menos la siguiente: se introdujo el dólar en 1994; se creó el peso convertible (CUC), una segunda moneda nacional como alternativa al dólar y con el mismo valor que éste; en 2004 se eliminó la circulación del dólar; luego se impuso un impuesto al dólar del 10% y se revaluó el CUC con relación al dólar en un 8%; en marzo de 2011 se retomó el valor original de uno a uno pero se mantuvo el impuesto del 10%. En resumen, se mantuvo la dualidad gracias a la cual Cuba es el único país del mundo con dos monedas nacionales, ninguna de las cuales es realmente convertible.

 

La dolarización y la dualidad monetaria, además de multiplicar la diferenciación social, aumentaron la pérdida del poco valor que ya tenía el peso cubano, una de cuyas manifestaciones fue la inflación expresada en los precios del mercado negro, en la disminución de los menguados salarios y en el desestímulo a la producción.

 

La moneda cubana, representación del dinero, perdió o disminuyó sus funciones como medida de valor, instrumento de adquisición de bienes, medio de atesoramiento, instrumento de liberación de deudas y medio de pago. Por ese resultado la unificación monetaria, si bien constituye un paso imprescindible para el actual o para cualquier otro Gobierno, no resolverá  la actual crisis estructural, debido a que la moneda cubana no está respaldada por el Producto Interno Bruto, es decir, por la suma de los bienes y servicios que le permitan reasumir sus funciones y equipararse a las monedas foráneas.

 

La salida está en priorizar la eficiencia productiva, para lo cual se requiere de la inversión nacional y extranjera, que provea al país de capital, tecnología y mercados, lo que a su vez exige una nueva Ley de Inversiones y la elevación de los salarios actuales, que no alcanzan para cubrir más de la tercera parte de las necesidades básicas.

 

Pero como solo se puede distribuir lo que se produce, el Gobierno se enfrenta a una compleja contradicción: sin aumentos de salarios los cubanos no están dispuestos a producir y sin producción es imposible elevar los salarios, por lo que la unificación monetaria por sí sola resultará fútil.

 

En fin, que continúa en falta un proyecto integral que incluya la descentralización de la economía, permita la formación de una clase media, destrabe los obstáculos que frenan la producción y restituya los derechos y libertades ciudadanas. El camino está claro, lo que falta es la voluntad política para transitarlo.

 

       

Canto de cisne

Regina Coyula

4 de noviembre de 2013

 

El jueves el 3D Adrenalina terminó de instalar una vistosa marquesina como la de los cines de antes; dos días después se enteraban por el periódico que no podrían mantenerse abiertos ni hasta este fin de semana. Los de Adrenalina decidieron abrir esa noche del viernes. Como Scarlett O’hara lo pensarían mañana. Por teléfono confirmaron que solo ellos y un 3D en Alamar ofrecerían funciones luego de la prohibición vía nota periodística. El de Alamar se dispuso a esperar a que fueran las autoridades a cerrárselo. Un matrimonio de la barriada de Lawton estaba desesperado porque planearon la apertura de su 3D precisamente para el viernes del cierre y no pudieron siquiera recuperar una ínfima parte de la inversión.

 

La medida, era una guerra avisada. La razón, obviando la socorrida inexistencia del permiso para ejercer dicha actividad, está en la política cultural de la Revolución, según la cual se debe educar y cultivar a nuestro pueblo con espectáculos que eleven su sensibilidad y acervo cultural, etcétera, etcétera, etcétera. Dicho así, no parece tan terrible, pero es sospechoso que la televisión estatal y única, ofrece cada “productos” que uno se pregunta quién aprueba ciertos guiones y destina presupuesto para programas inolvidables por espantosos. Esa misma televisión nos tiene al tanto de las maravillas Made in Bollywood y hay cada enlatados, recuerdo uno sudcoreano que pretendía ser una comedia; debe ser que el humor nuestro no tiene que ver con ellos, lo cual explica que el noticiero de la televisión norcoreana me resulte hilarante; luego entonces la política cultural de la Revolución tiene diferentes unidades de medida.

 

Muchas personas con la aparición de estos cines particulares vio la posibilidad de recuperar el gusto por ir a ver una película más allá de la pantalla casera. Salvo el Chaplin, la Cinemateca y acaso algún otro cine del circuito de la calle 23, los muy mermados cines sobrevivientes en la debacle nacional exhiben su abandono con butacas raídas (cuidado con las alimañas), aire acondicionado deficiente (si todavía tienen), equipos de proyección y audio en mal estado, todo lo que hace de una visita al cine algo muy alejado de una experiencia placentera. Así que la recuperación del gusto, tendrá que esperar.

 

La perla, para el final. Una conversación de vecinas a propósito de ver a los alicaídos ya sin adrenalina que cantar, desmontando su marquesina. Una decía a la otra: --Sabes qué pasa, que en algunos lugares de esos, le han puesto pornografía a los niños. La otra mujer asentía impresionada, pues la más joven, que llevaba la voz cantante, hablaba con mucho convencimiento. Pero no fue suficiente y remató confidencial refiriéndose a las salas de juego de computadoras en red: --De buena tinta me han dicho que los siquiátricos están llenos de muchachos loquitos por jugar esas cosas. Tanta bobería condensada me colmó la paciencia y en mi mejor modo le dije que no repitiera esas cosas sin fundamento, que parecía un argumento del gobierno para rodear de un ambiente malsano estos lugares. La mujer negaba con las manos y con la cabeza y se apuró a decir: --No no, ¿yo?, gobierno?, ¡qué gobierno si yo acabo de anotarme en el bombo por tercera vez!

 

 

Cuesta abajo

Fernando Dámaso Fernández

4 de noviembre de 2013

 

El cierre, el pasado 1 de noviembre, de las salas de 3D, y la prohibición, después del 30 de diciembre, de las tiendas particulares, asestan un duro golpe al cuentapropismo. Una vez más las autoridades (recordar Pitirre en el Alambre, Operación Maceta y la liquidación de los Mercados Libres Campesinos en años anteriores) demuestran su incapacidad para competir con la propiedad privada, aún y cuando esta sea incipiente y esté obligada a existir dentro de absurdas camisas de fuerza, y la falsedad de la actualización y de los denominados cambios. Cuando el río suena es que algo trae, y no sería nada extraña la aplicación de otras medidas similares en las próximas semanas. Esperar para ver.

 

Ancladas en el pasado, dogmáticas hasta la médula, fanáticas del marxismo leninismo y del socialismo, a pesar de sus más que demostrados fracasos, pretenden sobrevivir (al menos hasta que les dure la existencia física) en el feudo cerrado en que han convertido al país, a años luz del mundo real. Lo triste es que muchos ciudadanos aceptan tranquilamente estas arbitrariedades, la mayoría de las veces cometidas contra sus propios vecinos, y hasta es posible que se presten a declarar su apoyo a ellas en algunos de los denominados El pueblo opina, a que nos tiene acostumbrado la prensa oficial.

 

Quienes, olvidando los más de 54 años de improvisaciones e inventos fallidos, veían un poco de esperanza en lo que estaba sucediendo lentamente, han recibido un verdadero cubo de agua fría. Si el gobierno pretende que, con la aplicación de estas medidas, las cuales responden únicamente al deseo de demostrar fuerza y marcar quien manda, va a ganar adeptos y lograr el ordenamiento legal del país, de cuyo desorden es el máximo responsable, se equivoca una vez más: volverán a proliferar, como antes, las actividades ilegales y el mercado negro se ampliará por todo el territorio nacional, simplemente porque nadie puede obligar a los ciudadanos a morirse de hambre y a vivir en la miseria. Nuestros jóvenes, cercenados sus proyectos de vida por autoridades de incapacidad demostrada, optarán por el éxodo, al igual que muchos profesionales, atletas y artistas, y Cuba, como dice la letra del viejo tango, continuará cuesta abajo en la rodada.

 

 

Miedo al 3D

Alejandro Ríos

4 de noviembre de 2013

 

En el comienzo no fue el verbo sino el latrocinio. Se crea el Instituto Cubano del Arte e Industrias Cinematográficos, más conocido por sus siglas ICAIC, y el séptimo arte se ideologiza y controla. El nuevo régimen se hace dueño absoluto de los medios de producción y de las cadenas de distribución y exhibición.

 

Luego pasó el tiempo, se acabaron las prebendas socialistas europeas, y el país que se vanagloriaba de tener la mayor cantidad de salas de cine por kilómetro cuadrado vio el comienzo de una decadencia indetenible y donde ayer, por poner un ejemplo, funcionaban los espléndidos y modernos cines REX y Duplex, de la otrora relevante calle comercial de San Rafael, hoy aparecen dos oquedades de donde emana agua putrefacta.

 

En medio del período especial y sin dinero para dilapidar, quién iba pensar en salvar las salas de cine en Cuba. Las butacas fueron cediendo, los aires acondicionados se arruinaron y los proyectores se fundieron.

 

La torpe solución estatal consistió en crear pequeñas salas o cuchitriles donde exhibir filmes en formato DVD y tratar de mantener unas pocas salas emblemáticas como el Chaplin o Cinemateca, que no deja de estar depauperado, el renovado cine Infanta y el otrora Radiocentro, conocido por el combativo nombre de Yara.

 

Hoy entran en escena los cuentapropistas que un día se entusiasman con las llamadas reformas, dando rienda suelta a su imaginación gerencial y al siguiente los apabullan porque están teniendo éxito.

 

Primero fueron las antenas clandestinas distribuidas como redes por los barrios para disfrutar canales de televisión del sur de La Florida, luego los video clubs y sus películas de todo género en alquiler y ahora las salas de exhibición, con refrigerios y aclimatación a la manera del llamado “cine bistro”.

 

En casas particulares se abren primorosos espacios y es entonces cuando la nueva clase comerciante criolla decide mejorar la mercancía y llegan las proyecciones en tercera dimensión. El público se deslumbra con la tecnología capitalista y los testaferros y comisarios del régimen se espantan ante tanta popularidad.

 

El nuevo presidente del ICAIC, quien ha heredado un imperio desvencijado, es el primero en hablar de ilegalidades y pirateo de filmes, porque no se pagan derechos de autor, en el mismo país donde el Ministerio del Interior mantuvo la compañía Omnivision vendiendo videos norteamericanos nuevos, subtitulados al español, en Latinoamérica, durante años y donde Avatar, por poner un caso conocido, se exhibe en la televisión nacional mucho antes que James Cameron hubiera negociado esa eventualidad en los propios Estados Unidos.

 

La prensa cubana ha dedicado un extenso reportaje sobre el tema como si se tratara de un asunto de seguridad nacional. Y se habla de que los precios a las salas que exhiben 3D oscilan entre uno y cuatro CUC “en dependencia de las ofertas gastronómicas”. Tanta es la demanda que deben hacerse reservaciones por anticipado.

 

Uno de los exhibidores explica: “Independicé la sala de la casa y le acondicioné un televisor de 47 pulgadas, un reproductor de sonido y video y 20 asientos”.

 

Ya las alimañas burocráticas, sin embargo, comienzan a encimarse, claro que siguiendo órdenes superiores, y quieren acabar con lo que ellos han sido incapaces de proporcionar. Conspiran contra la felicidad para no ceder el poder.

 

“El ICAIC –puntualiza el presidente de la institución– defiende el cine como valor y expresión cultural que no puede arruinarse con la política de mercado, modus operandi de estas salas por cuenta propia. Sin ser categórico, diría que no creo que pueda existir un reconocimiento legal a una actividad que viole la política cultural de la revolución”.

 

‘Sala de cine’ cerrada por orden de los Castro

Nota de Manuel Castro Rodríguez: En 1958, en la Habana existían unos doscientos cines. Actualmente queda la décima parte de esos cines, gracias a la entelequia llamada Revolución cubana.

Hoy, 2 de noviembre de 2013, el régimen de La Habana ordenó el cierre “inmediato” de las pequeñas salas de cine privadas recientemente creadas. Aprovechando las ambigüedades de las pequeñas reformas económicas que decretó la tiranía castrista, algunos cubanos abrieron pequeñas salas de cine en sus hogares. La mayoría de esos ‘cines’ sólo tienen un televisor, una consola de DVD, anteojos de 3D y una docena de sillas.

El diario Juventud Rebelde, órgano de la Unión de Jóvenes Comunistas, publicó el domingo 26 de octubre un artículo sobre estas salas, en el que Fernando Rojas, viceministro de Cultura, expresó; “¿Qué hacer entonces: prohibir o regular? Creo que se trata de regular, a partir de una premisa fundamental: el cumplimiento por todos y todas de lo que establece la política cultural”. Todo parece indicar que los hermanos Castro optaron por prohibir.

Además, el régimen estableció el 31 de diciembre como fecha límite para que los cuentapropistas que venden ropa importada y otros productos “liquiden” sus mercancías.

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Razones para ser incrédulo

Fernando Dámaso Fernández

2 de noviembre de 2013

 

Cuando conversamos entre amigos de los temas de los que se conversa en Cuba, algunos me tachan de incrédulo. Les doy la razón, y trato de explicarles mi incredulidad, en que son demasiados años (más de 54) oyendo a los viejos y nuevos cuentistas contando los mismos cuentos. Claro está, yo he deshojado muchos más almanaques que ellos.

 

Me hablan de alguna descentralización del poder, de un poco de autonomía económica en las empresas estatales, de reducción del burocratismo, de control anticorrupción, del trabajo por cuenta propia, de flexibilizaciones y de otras muchas actualizaciones, y me sonrío. A las autoridades, por lo regular, les gusta mostrar la zanahoria, pero la colocan a una altura generalmente difícil de alcanzar, agregándole además bastantes obstáculos. Esta táctica ha sido utilizada muchas veces y no ha cambiado, porque hasta ahora les ha dado buenos resultados.

 

Algunos me dicen que ahora la situación no es la misma, porque todo se ha complicado mucho, y los ciudadanos más responsables cuestionan y exigen, algo que antes no sucedía. Esto, según ellos, ha obligado a las autoridades, aún en contra de su voluntad, a tener que ofrecer un poco más, y también a tener que ceder en algunas cuestiones económicas y sociales, nunca políticas, pues la actualización de ésta no está contemplada en sus cálculos. Estas realidades hacen florecer esperanzas en algunos más jóvenes (los que aún no han optado por irse) pero, desgraciadamente, sólo son componentes de la lucha de las autoridades por ganar un poco más de tiempo al menor costo posible. Es bueno tener presente que nuestras autoridades sólo conocen dos velocidades, la primera y la marcha atrás, y se olvidan de que existen otras para avanzar. Cuando aplican la primera, y se produce un lento movimiento, se asustan e inmediatamente aplican la marcha atrás, para regresar al punto de partida. Así ha sido antes y se está repitiendo ahora con las tiendas particulares, las salas de 3D, los bares y otros negocios.

 

Esperar cambios serios y reformas que solucionen los problemas nacionales, no forma parte de los lineamientos aprobados. Ya lo han dicho y repetido los viejos y nuevos cuentistas: Aquí no hay ninguna reforma, éstas son sólo actualizaciones del mismo modelo para hacerlo más próspero y sostenible. ¡A buen entendedor pocas palabras!

 

 

Primer Informe

del Grupo Consultor de la Sociedad Civil Cubana

21 de octubre de 2013

 

El reto de la sociedad civil y la oposición pacífica no es ahora negar la existencia misma de las reformas, sino aprovecharse de ellas de forma creativa

 

En una apretada síntesis los temas que describen la situación de Cuba a finales de 2013 pudieran resumirse en dos palabras: reforma y represión.

 

Las reformas se han dirigido mayormente hacia la dirección adecuada, pero de forma superficial y a una velocidad excesivamente lenta. Además de intentar cumplir el objetivo de paliar la situación económica producida por años de voluntarismo y menosprecio a las más elementales leyes económicas, las reformas tratan de formalizarle a los emprendedores el mínimo espacio que ya venían conquistando desde la ilegalidad, quizás para que no se sientan incentivados a abandonar el país ni a pasar a la oposición.

 

La represión se ha caracterizado por el aumento de las detenciones breves y arbitrarias y por el mantenimiento sistemático de los actos de repudio en los que una parte de la población es conducida, mediante presiones y estímulos a agredir e insultar a otros ciudadanos que de forma pacífica expresan su disconformidad con la política gubernamental. Esto, sin dudas, constituye una incitación a cometer actos calificables como delitos de odio. Uno de los objetivos de la represión es aislar a los opositores y aterrorizar a los disconformes que aún no se han atrevido a traspasar la difusa frontera entre lealtad y oposición.

 

Una reforma para demorar el cambio e ilusionar a emprendedores

 

Es harto conocida de todos la lista de aspectos que sustantivan las reformas implantadas por el general Raúl Castro desde que formalmente asumió el mando del país a comienzos de 2008:

 

El libre acceso a la telefonía celular, el permiso para hospedarse en hoteles, la compra-venta de autos y casas, la ampliación de la lista de trabajos autorizados a cuentapropistas, la extensión de entregas de tierra en usufructo, la abolición del Permiso de Salida y del concepto de Salida Definitiva, la apertura de la red Nauta para conexión a Internet, las llamadas cooperativas no agropecuarias, la permisibilidad de contratar mano de obra, la tácita aceptación del profesionalismo en el deporte y otras medidas de mayor o menor calado, pudieran levantar una corriente de optimismo para creer que los cambios podrían anticipar finalmente el cambio.

 

El límite que lastra esta plataforma cambista es que no llega a lo esencial. Al no aceptar de manera explícita la propiedad privada sobre los medios de producción, ni tampoco la actividad de comerciante en su sentido más amplio, impide la aparición de pequeñas y medianas empresas que generarían la aparición de una clase media nacional. Falta un compromiso político que deje claro que la prosperidad no será criminalizada. La decisión de que no se permitirá la concentración de la propiedad, planteada con toda claridad en los lineamientos del 6to Congreso del PCC, deja un marco muy estrecho y se convierte en una auténtica camisa de fuerza para el desarrollo de la nación fuera de los agotados caminos del socialismo.

 

La economía del país sigue siendo un feudo de las decisiones estatales, especialmente el comercio exterior, la industria y la banca. Las deudas entre las empresas, las plantillas infladas, la improductividad, la falta de diversidad, la ausencia de iniciativa resultan aún signos distintivos de lo que burocráticamente se denomina como “sector estatal”.

 

Por otra parte, la dualidad monetaria, la insuficiencia del salario como medio de subsistencia, los impuestos excesivos, los precios inaccesibles de productos de primera necesidad y la corrupción generalizada crean una atmósfera de desconfianza e inseguridad que aleja a posibles inversionistas foráneos.

 

Hasta tanto no se disponga de una base jurídica sólida que consagre el derecho a la propiedad y ofrezca garantías a los emprendedores nacionales, las reformas se verán con recelo y suspicacia, como meros instrumentos para ganar tiempo y mantener en el poder a la élite gobernante. No obstante dichas reformas han tenido consecuencias reales sobre las opciones de vida de la población. El hecho de que cerca de 400 mil cubanos dedicados al trabajo por cuenta propia ya no dependan del Estado abre perspectivas sociológicas que eran impensables hace apenas una década.

 

En esta dinámica de reforma y represión el cuentapropista es mirado desde los sectores más radicales del oficialismo como un mal necesario; alguien muy alejado de la utópica aspiración del “hombre nuevo”; una mala hierba que se había intentado extirpar desde la Ofensiva Revolucionaria de 1968 y que ahora resurge como una nueva clase para subrayar las inevitables desigualdades sociales. Paradójicamente, desde los sectores más radicales de la oposición el cuentapropista suele ser calificado como un “cómplice de la dictadura” que ni protesta ni colabora con ninguna acción contestataria con tal de mantener a flote su negocio. En realidad, con sus luces y sus sombras, el cuentapropista es el signo más dinámico de este momento. Su existencia y crecimiento desmiente todo el discurso político de medio siglo.

 

A mediados de 2013 y como parte de estas reformas, el Gobierno cubano anunció la apertura de 118 puntos de acceso a Internet a lo largo de todo el país. Bajo el nombre de Nauta, el nuevo servicio incluye correo electrónico y navegación a precios que oscilan entre 1,50 CUC y 4,50 CUC la hora de conexión. La medida, insuficiente pero bienvenida, permitió que más de 100.000 cubanos en apenas dos meses se convirtieran en usuarios de este servicio. Sin embargo, tal flexibilización no llenó las expectativas en relación con el cable de fibra óptica entre Cuba y Venezuela. La mayoría de los consultados al respecto, esperaba que se hubiera permitido el acceso a internet —sin considerandos ideológicos y en moneda nacional— desde las casas.

 

Aún así se puede hablar de un aumento de nuevas alternativas de conectividad fomentadas por el desarrollo de la tecnología más que por la permisividad del Gobierno. La aparición de redes inalámbricas de intercambio de ficheros; la consagración de la memoria USB como mecanismo de traspaso de información; los llamados “combos” o “paquetes” de audiovisuales que circulan en mercado cuentapropista o ilegal y las perseguidas antenas parabólicas para captar la señal televisiva de países cercanos, entre otros, son algunos de los caminos paralelos usados por la población cubana para acceder a noticias, documentales, libros digitales e información sacada de sitios webs.

 

La prensa oficial ha abierto algunos espacios de crítica y debate en el último lustro. Entre ellos las páginas de cartas a la redacción del periódico Granma. La aparición también de secciones de análisis de cuestiones de interés nacional en los noticiarios televisivos, apuntan a una intención de acercarse a la realidad pero sin aludir ni a la falta de legitimidad de los gobernantes ni a la inviabilidad del sistema. En consecuencia, sigue existiendo un estricto monopolio partidista sobre los medios de difusión masiva. No ha habido avances legales en cuanto a permitir la existencia de una prensa no asociada al Partido Comunista. Sin embargo, en el último lustro ha aumentado considerablemente el número de páginas de internet, boletines, publicaciones periódicas y blogs hechos desde el sector crítico y sin permiso oficial.

 

La represión como control de ciudadanos sin derechos

 

La principal asignatura pendiente de las llamadas reformas raulistas está en el campo de los derechos políticos y sociales. La libertad de expresión y de asociación son las más quebrantadas, pero también persiste la afectación a la libertad de culto y, a pesar de modestos avances, se mantienen signos de discriminación racial, de género y debido a preferencias sexuales.

 

Las integrantes de las Damas de Blanco, los miembros de la Unión Patriótica de Cuba, los activistas de la Demanda Ciudadana Por Otra Cuba que exigen al Gobierno la ratificación de los pactos de derechos y numerosos periodistas o bibliotecarios independientes han sido víctimas del acoso policial. No han faltado las agresiones verbales, las amenazas, los golpes y vejaciones de todo tipo. Según datos documentados por la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, desde enero de este año hasta la fecha en que se presenta este informe, las detenciones arbitrarias rondaban la cifra de 4.000, dato que habrá que sumar a los 12.800 casos reportados desde 2010, año en que comenzó la excarcelación de los presos políticos de la “Primavera Negra”.

 

La vida espiritual del pueblo cubano, rica en matices y tradiciones, se vio bruscamente lastimada por décadas de la imposición oficial del ateísmo. Solo a partir de 1991 se dieron señales de alguna tolerancia pero todavía se mantiene la existencia de un rígido control ejercido desde la Oficina de Atención a los Asuntos Religiosos del PCC. Esta entidad, a pesar de estar legitimada como una instancia partidista, cumple funciones gubernamentales por encima de jerarquías religiosas o de asociaciones fraternales, regulando permisos para la reparación de templos, importación de bienes, autorización de cuentas bancarias y otras gestiones administrativas, cuyo principal propósito es el de poner condiciones políticas al desarrollo de las vida espiritual.

 

El tema de la discriminación racial en Cuba no puede reducirse a la simple comparación con los tiempos anteriores a la revolución. A contrapelo de acuerdos partidistas y resoluciones ministeriales, la población penal cubana sigue siendo mayoritariamente negra y lo mismo puede decirse de las personas con menos ingresos. Son además los que tienen menor presencia en los entornos académicos, científicos, diplomáticos y políticos. En los medios de difusión, en la publicidad comercial (escasa, pero existente) la presencia del abanico racial no se corresponde, ni se acerca, al mestizaje que nos identifica.

 

En lo referente a la discriminación por motivo de género o de preferencia sexual, cabe apuntar que los roles de la masculinidad siguen siendo los preponderantes, con un discurso en el que la virilidad se expresa como virtud. Hay una sola organización femenina autorizada que funciona con el clásico esquema de ser polea de transmisión para imponer a las mujeres lo que resulta conveniente para el Estado según las circunstancias, ya sea la incorporación al trabajo o la lactancia materna. Sólo en los últimos años, de forma tímida y tardía, se ha venido promoviendo la aceptación de la diversidad de preferencias sexuales, pero no se admite que estas propuestas partan del interior de la comunidad LGBT, sino que son las instituciones oficiales las que dictan lo que se debe hacer y hasta donde se debe llegar.

 

El ideologizado sistema nacional de educación convierte la más inocente clase de lectura en la enseñanza primaria en un adoctrinamiento político que los padres no pueden impedir. El lema de que “la universidad es para los revolucionarios” no es el simple slogan de una organización estudiantil, sino una política oficial. Todavía hoy ocurren casos de estudiantes universitarios que son separados de sus carreras sin apelación posible por motivos políticos y muchos más los que se ven obligados a llevar una máscara de simulación para poder terminar sus estudios.

 

Respuestas ciudadanas a la reforma y a la represión

 

En todo este tiempo ni la sociedad civil alternativa ni los grupos de la oposición política han logrado articular una respuesta efectiva ante la insuficiencia de las reformas ni frente a los desmanes de la represión. El partido-gobierno que rige los destinos del país, o que al menos intenta conducirlos, tiene una plataforma basada no ya en una ideología, sino más bien en un estribillo, que repite sin cesar: Orden, Disciplina, Exigencia. En medio de un panorama de deterioro y pérdida de principios éticos y morales, la tardía lucha por rescatar estos valores forma hoy parte indisoluble de las consignas gubernamentales. Esta batalla es fruto de un secuestro hecho al discurso de la oposición, lo mismo puede decirse de la reforma migratoria, y de la mayor parte de las medidas tomadas por el Gobierno, aplicadas, eso sí, de forma mediatizada sin la profundidad propuesta en su momento por los opositores.

 

El reto de la sociedad civil y la oposición pacífica no es ahora negar la existencia misma de las reformas, sino aprovecharse de ellas de forma creativa. No se trata de aplaudirlas acríticamente sino de señalar sus insuficiencias y desenmascarar sus trampas, que son muchas. Frente a la represión solo queda la resistencia ciudadana y pacífica; la denuncia oportuna y verídica de cada hecho y la solidaridad de quienes tienen la posibilidad de que su mensaje sea escuchado por otros.

 

Existe una gran diversidad entre los proyectos que acomete la sociedad civil cubana y se aprecia una tendencia leve, pero creciente a encontrar puntos comunes, aunque en principio solo sean mínimos consensuados. Entre ellos se destacan la exigencia por el respeto a todos los aspectos enumerados en la Carta de Derechos Humanos, la vocación por la democracia, el respeto irrestricto a la pluralidad de tendencias y la renuncia a la violencia. Este primer informe, que no pretende abarcarlo todo, es un modesto intento de comprender los problemas desde una óptica compartida, es una invitación al debate y a la búsqueda de soluciones.

 

 


Pecado comercial

Alejandro Armengol

14 de octubre de 2013

 

La anunciada prohibición de la venta de ropa y otros artículos que traen viajeros que visitan regularmente la isla cargados de mercancías, los llamados “mulas”, trae de nuevo a colación un viejo un viejo precepto del régimen castrista: la prohibición del comercio privado, una actividad que debe quedar en manos del Estado.

 

El decreto promulgado la semana pasada afecta potencialmente a más de 20.000 negocios pequeños y sus empleados, de acuerdo a un cable de la agencia Reuters. La información añade que en estos momentos hay 436.000 personas empleadas por cuenta propia, de las cuales alrededor de 100.000 trabajan como empleados de negocios pequeños, de acuerdo con cifras del propio gobierno.

 

Tanto los empresarios como sus empleados y clientes comentaron furiosos sobre la prohibición de ropas en el municipio de Centro Habana de la capital, donde varias docenas de vendedores se habían establecido en un solar yermo para vender ropa, zapatos y ropa interior, añade el cable.

 

Todo hace indicar que el gobierno podría enfrentar el tipo de rechazo que ya ocurrió recientemente en Santa Clara, cuando cerca de 200 dueños de coches tirados por caballos realizaron una protesta por los altos impuestos que terminó de forma pacífica. Actos de este tipo se han producido también en años anteriores en Cuba sin resultados políticos.

 

Detrás de la medida está el interés económico en mantener el control total sobre la actividad comercial, incluso en la esfera minorista, pero también la negativa a modificar un fundamento ideológico básico propugnado por el régimen: no permitir el comercio privado.

 

El mantenimiento de este dogma es una clara muestra de lo limitado que resultan los cambios que el gobierno de Raúl se ha impuesto, lo que el propio gobierno se niega a llamar reformas y denomina “actualización del sistema”.

 

Hasta ahora las limitaciones a cualquier vestigio de “reformismo” venían dadas por la lentitud de los cambios, la ideología relegada casi al olvido. Ahora hay una reafirmación que tiene un efecto práctico, pero es también conceptual.

 

En realidad lo que hasta ahora venía ocurriendo en Cuba era que la población, y en especial estos “empresarios” incipientes y cuentapropistas en general, estaban estirando algunas de las modalidades de trabajo por cuenta propia aprobadas para sacar mayor provecho. Así, por ejemplo, la modista se dedicaba también a vender ropa que le llegaba del exterior, y ofrecer una mercancía más variada y a precios más bajos que las tiendas estatales.

 

Si se miran las fotos de los establecimientos improvisados de venta de ropa en el solar yermo de Centro Habana, que menciona la información de Reuters, no hay más remedio que asombrarse una vez más de la debilidad endémica de la economía que ha establecido el régimen y de la incapacidad para competir sin recurrir a prohibiciones y medidas represivas. Son sitios muy similares a los que el viajero encuentra en Puerto Príncipe, la capital haitiana. ¿Es esta la competencia que teme el Estado cubano?

 

Sí, por dos razones fundamentales. La primera es que el socialismo –al menos como se le conoció y por lo tanto el único que ha existido– no es reformable. Hay un principio fundamental del marxismo que mantiene plena validez: el trabajo privado engendra la pequeña propiedad mercantil y esta a su vez la empresa capitalista. Por ello es que cuando al régimen cubano no le ha quedado más remedio que permitir el trabajo por cuenta propia, hace al mismo tiempo todo lo posible por limitarlo.

 

La segunda razón, y que en cierta medida se desprende de la anterior, es que el incipiente y limitado sector privado en Cuba obedece a un control burocrático, que lleva a cabo muchas de sus decisiones a partir de factores extraeconómicos: políticos e ideológicos principalmente, en el caso de Cuba.

 

Una solución parcial a este problema sería aumentar el papel del mercado y concederle mayor espacio a las actividades legales, de forma legal y dejando la vía abierta a la competencia y la iniciativa individual. Sólo que entonces, el éxito en el mercado tendría un valor superior a la burocracia.

 

Así que de momento no hay indicador alguno que permita considerar que en Cuba se está gestando ni siquiera una pálida creación de un modelo cercano al chino o al vietnamita.

 

Tanto cuando busca grandes inversionistas extranjeros, como cuando mantiene sus monopolios en el comercio exterior y nacional, mayorista y minorista, el régimen de La Habana se empeña en su temor ante la pequeña propiedad mercantil privada y el considerar al comercio privado no solo ilícito, sino pecaminoso, que no debe ser permitido –ni siquiera en forma regulada y pagando impuestos excesivos (ya la aduana había establecido fuertes gravámenes a esta mercancía proveniente del exterior)– porque a la larga desencadena lo que el régimen sigue considerando lo peor –el “mal” en su naturaleza absoluta–, salvo por supuesto cuando son esos mismos miembros del gobierno los que lo practican como explotadores en su modalidad más salvaje: el capitalismo.

 

 

 

Trapi-shoppings: cuentapropistas en riesgo

Miriam Celaya

7 de octubre de 2013

 

La cosa pinta mal con esto de la venta de ropas, así que muchos comerciantes habaneros que pagan una licencia como sastres o costureras están preocupados por lo que se les viene encima. Desde el pasado 28 de septiembre de 2013 entró en vigor la disposición oficial que establece que sólo podrán vender prendas de vestir confeccionadas artesanalmente, so pena de recibir una fuerte multa y el decomiso de todos las confecciones industriales que oferten.

 

Hasta el momento, los numerosos pequeños comercios privados de Centro Habana han seguido abiertos y vendiendo diariamente la misma ropa importada, sin que haya ocurrido ningún operativo oficial. Pero entre ellos circula una ansiedad sombría y saben que sólo es cuestión de tiempo antes que las hordas de inspectores y la jauría uniformada caigan sobre ellos.

 

Anaís, una de las decenas de vendedoras de prendas de vestir que han abierto un negocio privado en Centro Habana, anda ya por sus 40 años de vida y antes de tener una licencia como trabajadora por cuenta propia ya sabía ganar dinero por su propia cuenta, y de hecho lo hacía comerciando con ropa importada, ya fuera procedentes de los almacenes y tiendas estatales como introducidas por cualquiera de las múltiples redes de contrabando que han proliferado por esta Isla desde que las prohibiciones se instauraron como método de gobierno. Por eso se encoge de hombros ante la nueva amenaza oficial: “En cuanto me entere que están desembarcando los inspectores por esta calle (y seguro me voy a enterar con tiempo), cierro, voy para la oficina y entrego mi licencia. A mí no me van a joder. Ya saqué toda la mercancía que tenía en mi casa y la llevé para un lugar seguro, así que la seguiré vendiendo ‘por detrás’. ¡Total, eso es lo que he hecho siempre! Con licencia o no, yo no me muero de hambre. A ver quién pierde más”.

 

Apenas a media cuadra de Anaís, un matrimonio de mediana edad se queja. El hombre es más retraído y dialoga con monosílabos o se limita a asentir, aprobando lo que dice su mujer; ella es más locuaz, tal vez porque se siente más confiada hablando con otra mujer madura como ella, o quizás porque necesita hacer catarsis. Les digo quién soy y a lo que me dedico —algo para lo cual no se expenden licencias en Cuba—, pero ellos no se asustan en lo más mínimo. “Sólo no pongas los nombres”, me piden. Claro que no, ni siquiera se los pregunto. En realidad no es necesario, yo sólo estoy hurgando en lo que no dicen los medios, en lo que subyace más allá de las leyes, las regulaciones y las cifras. Me interesan más las personas y sus razones que las disposiciones gubernamentales y la propaganda de sus voceros. La vida está en las calles, muy diferente y distante de los que dictan las leyes y de lo que muestran los medios.

 

La mujer me cuenta que hace un par de años sacó una licencia como modista y empezó a vender allí, en el portalito de casa de su hermana y un tiempo después, cuando prohibieron las ventas en portales, pasó a la sala de la misma casa. Le fue bien, así que pudo invertir dinero en más mercancía y su esposo también sacó licencia como sastre. Ninguno de los dos sabe ensartar una aguja, pero ella conocía de este negocio: antes ya “vendía alguna ropita que me caía, tú sabes; pero siempre con el susto de que me cogiera la policía. Una vez me quitaron una mochila llena de camisetas y tuve que pagárselas al dueño de mi propio bolsillo”. Así que cuando vio una oportunidad de ganar dinero legalmente sacó una licencia. La funcionaria que la atendió nunca le dijo que no se podría vender ropa de confección industrial, aunque “es cierto que el permiso decía que era para confecciones artesanales”. Sin embargo, recuerda, “desde el principio aquí todo el mundo vendía ropa importada y nunca nadie nos advirtió nada ni los inspectores nos pusieron multas ni nos decomisaron la mercancía. En lugar de eso dejaron que uno se embullara y gastara dinero en el local, en los estantes de exhibición, en percheros y todas estas cosas, y que invirtiéramos entrando ropa por el aeropuerto, que en definitiva había que pagarla. Ahora dicen que los cubanos no pagamos aranceles; ¿y entonces por qué razón hay que pagar en el aeropuerto?”. Le explico que las leyes aduanales ponen sus límites. Entonces el que me responde es el hombre: “Ese es el problema. En este país hay demasiados límites y demasiadas cosas prohibidas”.

 

La historia de otro joven cuentapropista es similar, sólo puntualiza que cuando sacó su licencia él preguntó expresamente a los funcionarios de la ONAT si en verdad solo podría comerciar con ropa de confección artesanal, a lo que le respondieron con una frase típica, llena de guiños cómplices: “Esto es Cuba, tú sabes que siempre se puede más. Hay que nadar y guardar la ropa”. El joven echa a reír: “Yo no quiero guardar la ropa, quiero venderla y ganar dinero”.

 

En un total de siete comercios privados que visité el sentimiento es de incertidumbre y descontento. La totalidad de los entrevistados opina que la solución sería tener un mercado mayorista en el país para que se legalice la venta de confecciones industriales, pero sabemos que eso no va a ocurrir.

 

El quid del asunto radica en que en apenas un par de años los negocios privados han hecho una exitosa competencia a las tiendas recaudadoras de divisas, cuyas ventas han descendido notablemente a medida que los cuentapropistas se multiplicaban. Una mayor variedad en la oferta, precios más aceptables, mejor calidad y un trato amable, son elementos que distinguen al propietario privado respecto del establecimiento estatal, ventajas éstas que el gobierno no está en condiciones de alcanzar, menos aún de superar.

 

Por otra parte, un número significativo de estos comerciantes privados no son antiguos trabajadores estatales que han quedado “disponibles”, sino que ya se dedicaban a las ventas ilícitas antes de poseer una licencia, es decir, que están entrenados en las actividades de contrabando y supervivencia al margen de la legalidad, de manera que —como me dijo el joven cuentapropista, mi último encuestado— el gobierno solo le está dejando el camino abierto a los delitos: “Aquí mucha gente sabe ‘luchar’, que para eso no hay que tener licencia. ¿Quién va a sacar una licencia para vender la misma ropa chea que venden en las ferias y que todas son iguales?, ¿y acaso van a tener policías para controlar a tanta gente?”.

 

Es evidente que con la implementación del trabajo por cuenta propia el gobierno ha abierto una caja de Pandora que ahora no puede cerrar sin enfrentar las consecuencias. De cualquier manera, pese al carácter represivo de las nuevas disposiciones y de la tozudez oficial al negarse a otorgar licencias como comerciantes, el saldo sigue siendo negativo para las autoridades. Lo que fue antes ya no será. Mientras, hay más y más cubanos descontentos en las calles. Dadas las circunstancias, me parece bien, a ver si de una buena vez florece entre la gente la conciencia de la autonomía y de los derechos en Cuba.

 

 

Cuentapropistas en riesgo

  ‘Sala de cine’ cerrada por orden de los Castro

Nota de Manuel Castro Rodríguez: En 1958, en la Habana existían unos doscientos cines. Actualmente queda la décima parte de esos cines, gracias a la entelequia llamada Revolución cubana.

Hoy, 2 de noviembre de 2013, el régimen de La Habana ordenó el cierre “inmediato” de las pequeñas salas de cine privadas recientemente creadas. Aprovechando las ambigüedades de las pequeñas reformas económicas que decretó la tiranía castrista, algunos cubanos abrieron pequeñas salas de cine en sus hogares. La mayoría de esos ‘cines’ sólo tienen un televisor, una consola de DVD, anteojos de 3D y una docena de sillas.

El diario Juventud Rebelde, órgano de la Unión de Jóvenes Comunistas, publicó el domingo 26 de octubre un artículo sobre estas salas, en el que Fernando Rojas, viceministro de Cultura, expresó; “¿Qué hacer entonces: prohibir o regular? Creo que se trata de regular, a partir de una premisa fundamental: el cumplimiento por todos y todas de lo que establece la política cultural”. Todo parece indicar que los hermanos Castro optaron por prohibir.

Además, el régimen estableció el 31 de diciembre como fecha límite para que los cuentapropistas que venden ropa importada y otros productos “liquiden” sus mercancías.

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Razones para ser incrédulo

Fernando Dámaso Fernández

2 de noviembre de 2013

 

Cuando conversamos entre amigos de los temas de los que se conversa en Cuba, algunos me tachan de incrédulo. Les doy la razón, y trato de explicarles mi incredulidad, en que son demasiados años (más de 54) oyendo a los viejos y nuevos cuentistas contando los mismos cuentos. Claro está, yo he deshojado muchos más almanaques que ellos.

 

Me hablan de alguna descentralización del poder, de un poco de autonomía económica en las empresas estatales, de reducción del burocratismo, de control anticorrupción, del trabajo por cuenta propia, de flexibilizaciones y de otras muchas actualizaciones, y me sonrío. A las autoridades, por lo regular, les gusta mostrar la zanahoria, pero la colocan a una altura generalmente difícil de alcanzar, agregándole además bastantes obstáculos. Esta táctica ha sido utilizada muchas veces y no ha cambiado, porque hasta ahora les ha dado buenos resultados.

 

Algunos me dicen que ahora la situación no es la misma, porque todo se ha complicado mucho, y los ciudadanos más responsables cuestionan y exigen, algo que antes no sucedía. Esto, según ellos, ha obligado a las autoridades, aún en contra de su voluntad, a tener que ofrecer un poco más, y también a tener que ceder en algunas cuestiones económicas y sociales, nunca políticas, pues la actualización de ésta no está contemplada en sus cálculos. Estas realidades hacen florecer esperanzas en algunos más jóvenes (los que aún no han optado por irse) pero, desgraciadamente, sólo son componentes de la lucha de las autoridades por ganar un poco más de tiempo al menor costo posible. Es bueno tener presente que nuestras autoridades sólo conocen dos velocidades, la primera y la marcha atrás, y se olvidan de que existen otras para avanzar. Cuando aplican la primera, y se produce un lento movimiento, se asustan e inmediatamente aplican la marcha atrás, para regresar al punto de partida. Así ha sido antes y se está repitiendo ahora con las tiendas particulares, las salas de 3D, los bares y otros negocios.

 

Esperar cambios serios y reformas que solucionen los problemas nacionales, no forma parte de los lineamientos aprobados. Ya lo han dicho y repetido los viejos y nuevos cuentistas: Aquí no hay ninguna reforma, éstas son sólo actualizaciones del mismo modelo para hacerlo más próspero y sostenible. ¡A buen entendedor pocas palabras!

 

 

Primer Informe

del Grupo Consultor de la Sociedad Civil Cubana

21 de octubre de 2013

 

El reto de la sociedad civil y la oposición pacífica no es ahora negar la existencia misma de las reformas, sino aprovecharse de ellas de forma creativa

 

En una apretada síntesis los temas que describen la situación de Cuba a finales de 2013 pudieran resumirse en dos palabras: reforma y represión.

 

Las reformas se han dirigido mayormente hacia la dirección adecuada, pero de forma superficial y a una velocidad excesivamente lenta. Además de intentar cumplir el objetivo de paliar la situación económica producida por años de voluntarismo y menosprecio a las más elementales leyes económicas, las reformas tratan de formalizarle a los emprendedores el mínimo espacio que ya venían conquistando desde la ilegalidad, quizás para que no se sientan incentivados a abandonar el país ni a pasar a la oposición.

 

La represión se ha caracterizado por el aumento de las detenciones breves y arbitrarias y por el mantenimiento sistemático de los actos de repudio en los que una parte de la población es conducida, mediante presiones y estímulos a agredir e insultar a otros ciudadanos que de forma pacífica expresan su disconformidad con la política gubernamental. Esto, sin dudas, constituye una incitación a cometer actos calificables como delitos de odio. Uno de los objetivos de la represión es aislar a los opositores y aterrorizar a los disconformes que aún no se han atrevido a traspasar la difusa frontera entre lealtad y oposición.

 

Una reforma para demorar el cambio e ilusionar a emprendedores

 

Es harto conocida de todos la lista de aspectos que sustantivan las reformas implantadas por el general Raúl Castro desde que formalmente asumió el mando del país a comienzos de 2008:

 

El libre acceso a la telefonía celular, el permiso para hospedarse en hoteles, la compra-venta de autos y casas, la ampliación de la lista de trabajos autorizados a cuentapropistas, la extensión de entregas de tierra en usufructo, la abolición del Permiso de Salida y del concepto de Salida Definitiva, la apertura de la red Nauta para conexión a Internet, las llamadas cooperativas no agropecuarias, la permisibilidad de contratar mano de obra, la tácita aceptación del profesionalismo en el deporte y otras medidas de mayor o menor calado, pudieran levantar una corriente de optimismo para creer que los cambios podrían anticipar finalmente el cambio.

 

El límite que lastra esta plataforma cambista es que no llega a lo esencial. Al no aceptar de manera explícita la propiedad privada sobre los medios de producción, ni tampoco la actividad de comerciante en su sentido más amplio, impide la aparición de pequeñas y medianas empresas que generarían la aparición de una clase media nacional. Falta un compromiso político que deje claro que la prosperidad no será criminalizada. La decisión de que no se permitirá la concentración de la propiedad, planteada con toda claridad en los lineamientos del 6to Congreso del PCC, deja un marco muy estrecho y se convierte en una auténtica camisa de fuerza para el desarrollo de la nación fuera de los agotados caminos del socialismo.

 

La economía del país sigue siendo un feudo de las decisiones estatales, especialmente el comercio exterior, la industria y la banca. Las deudas entre las empresas, las plantillas infladas, la improductividad, la falta de diversidad, la ausencia de iniciativa resultan aún signos distintivos de lo que burocráticamente se denomina como “sector estatal”.

 

Por otra parte, la dualidad monetaria, la insuficiencia del salario como medio de subsistencia, los impuestos excesivos, los precios inaccesibles de productos de primera necesidad y la corrupción generalizada crean una atmósfera de desconfianza e inseguridad que aleja a posibles inversionistas foráneos.

 

Hasta tanto no se disponga de una base jurídica sólida que consagre el derecho a la propiedad y ofrezca garantías a los emprendedores nacionales, las reformas se verán con recelo y suspicacia, como meros instrumentos para ganar tiempo y mantener en el poder a la élite gobernante. No obstante dichas reformas han tenido consecuencias reales sobre las opciones de vida de la población. El hecho de que cerca de 400 mil cubanos dedicados al trabajo por cuenta propia ya no dependan del Estado abre perspectivas sociológicas que eran impensables hace apenas una década.

 

En esta dinámica de reforma y represión el cuentapropista es mirado desde los sectores más radicales del oficialismo como un mal necesario; alguien muy alejado de la utópica aspiración del “hombre nuevo”; una mala hierba que se había intentado extirpar desde la Ofensiva Revolucionaria de 1968 y que ahora resurge como una nueva clase para subrayar las inevitables desigualdades sociales. Paradójicamente, desde los sectores más radicales de la oposición el cuentapropista suele ser calificado como un “cómplice de la dictadura” que ni protesta ni colabora con ninguna acción contestataria con tal de mantener a flote su negocio. En realidad, con sus luces y sus sombras, el cuentapropista es el signo más dinámico de este momento. Su existencia y crecimiento desmiente todo el discurso político de medio siglo.

 

A mediados de 2013 y como parte de estas reformas, el Gobierno cubano anunció la apertura de 118 puntos de acceso a Internet a lo largo de todo el país. Bajo el nombre de Nauta, el nuevo servicio incluye correo electrónico y navegación a precios que oscilan entre 1,50 CUC y 4,50 CUC la hora de conexión. La medida, insuficiente pero bienvenida, permitió que más de 100.000 cubanos en apenas dos meses se convirtieran en usuarios de este servicio. Sin embargo, tal flexibilización no llenó las expectativas en relación con el cable de fibra óptica entre Cuba y Venezuela. La mayoría de los consultados al respecto, esperaba que se hubiera permitido el acceso a internet —sin considerandos ideológicos y en moneda nacional— desde las casas.

 

Aún así se puede hablar de un aumento de nuevas alternativas de conectividad fomentadas por el desarrollo de la tecnología más que por la permisividad del Gobierno. La aparición de redes inalámbricas de intercambio de ficheros; la consagración de la memoria USB como mecanismo de traspaso de información; los llamados “combos” o “paquetes” de audiovisuales que circulan en mercado cuentapropista o ilegal y las perseguidas antenas parabólicas para captar la señal televisiva de países cercanos, entre otros, son algunos de los caminos paralelos usados por la población cubana para acceder a noticias, documentales, libros digitales e información sacada de sitios webs.

 

La prensa oficial ha abierto algunos espacios de crítica y debate en el último lustro. Entre ellos las páginas de cartas a la redacción del periódico Granma. La aparición también de secciones de análisis de cuestiones de interés nacional en los noticiarios televisivos, apuntan a una intención de acercarse a la realidad pero sin aludir ni a la falta de legitimidad de los gobernantes ni a la inviabilidad del sistema. En consecuencia, sigue existiendo un estricto monopolio partidista sobre los medios de difusión masiva. No ha habido avances legales en cuanto a permitir la existencia de una prensa no asociada al Partido Comunista. Sin embargo, en el último lustro ha aumentado considerablemente el número de páginas de internet, boletines, publicaciones periódicas y blogs hechos desde el sector crítico y sin permiso oficial.

 

La represión como control de ciudadanos sin derechos

 

La principal asignatura pendiente de las llamadas reformas raulistas está en el campo de los derechos políticos y sociales. La libertad de expresión y de asociación son las más quebrantadas, pero también persiste la afectación a la libertad de culto y, a pesar de modestos avances, se mantienen signos de discriminación racial, de género y debido a preferencias sexuales.

 

Las integrantes de las Damas de Blanco, los miembros de la Unión Patriótica de Cuba, los activistas de la Demanda Ciudadana Por Otra Cuba que exigen al Gobierno la ratificación de los pactos de derechos y numerosos periodistas o bibliotecarios independientes han sido víctimas del acoso policial. No han faltado las agresiones verbales, las amenazas, los golpes y vejaciones de todo tipo. Según datos documentados por la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, desde enero de este año hasta la fecha en que se presenta este informe, las detenciones arbitrarias rondaban la cifra de 4.000, dato que habrá que sumar a los 12.800 casos reportados desde 2010, año en que comenzó la excarcelación de los presos políticos de la “Primavera Negra”.

 

La vida espiritual del pueblo cubano, rica en matices y tradiciones, se vio bruscamente lastimada por décadas de la imposición oficial del ateísmo. Solo a partir de 1991 se dieron señales de alguna tolerancia pero todavía se mantiene la existencia de un rígido control ejercido desde la Oficina de Atención a los Asuntos Religiosos del PCC. Esta entidad, a pesar de estar legitimada como una instancia partidista, cumple funciones gubernamentales por encima de jerarquías religiosas o de asociaciones fraternales, regulando permisos para la reparación de templos, importación de bienes, autorización de cuentas bancarias y otras gestiones administrativas, cuyo principal propósito es el de poner condiciones políticas al desarrollo de las vida espiritual.

 

El tema de la discriminación racial en Cuba no puede reducirse a la simple comparación con los tiempos anteriores a la revolución. A contrapelo de acuerdos partidistas y resoluciones ministeriales, la población penal cubana sigue siendo mayoritariamente negra y lo mismo puede decirse de las personas con menos ingresos. Son además los que tienen menor presencia en los entornos académicos, científicos, diplomáticos y políticos. En los medios de difusión, en la publicidad comercial (escasa, pero existente) la presencia del abanico racial no se corresponde, ni se acerca, al mestizaje que nos identifica.

 

En lo referente a la discriminación por motivo de género o de preferencia sexual, cabe apuntar que los roles de la masculinidad siguen siendo los preponderantes, con un discurso en el que la virilidad se expresa como virtud. Hay una sola organización femenina autorizada que funciona con el clásico esquema de ser polea de transmisión para imponer a las mujeres lo que resulta conveniente para el Estado según las circunstancias, ya sea la incorporación al trabajo o la lactancia materna. Sólo en los últimos años, de forma tímida y tardía, se ha venido promoviendo la aceptación de la diversidad de preferencias sexuales, pero no se admite que estas propuestas partan del interior de la comunidad LGBT, sino que son las instituciones oficiales las que dictan lo que se debe hacer y hasta donde se debe llegar.

 

El ideologizado sistema nacional de educación convierte la más inocente clase de lectura en la enseñanza primaria en un adoctrinamiento político que los padres no pueden impedir. El lema de que “la universidad es para los revolucionarios” no es el simple slogan de una organización estudiantil, sino una política oficial. Todavía hoy ocurren casos de estudiantes universitarios que son separados de sus carreras sin apelación posible por motivos políticos y muchos más los que se ven obligados a llevar una máscara de simulación para poder terminar sus estudios.

 

Respuestas ciudadanas a la reforma y a la represión

 

En todo este tiempo ni la sociedad civil alternativa ni los grupos de la oposición política han logrado articular una respuesta efectiva ante la insuficiencia de las reformas ni frente a los desmanes de la represión. El partido-gobierno que rige los destinos del país, o que al menos intenta conducirlos, tiene una plataforma basada no ya en una ideología, sino más bien en un estribillo, que repite sin cesar: Orden, Disciplina, Exigencia. En medio de un panorama de deterioro y pérdida de principios éticos y morales, la tardía lucha por rescatar estos valores forma hoy parte indisoluble de las consignas gubernamentales. Esta batalla es fruto de un secuestro hecho al discurso de la oposición, lo mismo puede decirse de la reforma migratoria, y de la mayor parte de las medidas tomadas por el Gobierno, aplicadas, eso sí, de forma mediatizada sin la profundidad propuesta en su momento por los opositores.

 

El reto de la sociedad civil y la oposición pacífica no es ahora negar la existencia misma de las reformas, sino aprovecharse de ellas de forma creativa. No se trata de aplaudirlas acríticamente sino de señalar sus insuficiencias y desenmascarar sus trampas, que son muchas. Frente a la represión solo queda la resistencia ciudadana y pacífica; la denuncia oportuna y verídica de cada hecho y la solidaridad de quienes tienen la posibilidad de que su mensaje sea escuchado por otros.

 

Existe una gran diversidad entre los proyectos que acomete la sociedad civil cubana y se aprecia una tendencia leve, pero creciente a encontrar puntos comunes, aunque en principio solo sean mínimos consensuados. Entre ellos se destacan la exigencia por el respeto a todos los aspectos enumerados en la Carta de Derechos Humanos, la vocación por la democracia, el respeto irrestricto a la pluralidad de tendencias y la renuncia a la violencia. Este primer informe, que no pretende abarcarlo todo, es un modesto intento de comprender los problemas desde una óptica compartida, es una invitación al debate y a la búsqueda de soluciones.

 

 

Pecado comercial

Alejandro Armengol

14 de octubre de 2013

 

La anunciada prohibición de la venta de ropa y otros artículos que traen viajeros que visitan regularmente la isla cargados de mercancías, los llamados “mulas”, trae de nuevo a colación un viejo un viejo precepto del régimen castrista: la prohibición del comercio privado, una actividad que debe quedar en manos del Estado.

 

El decreto promulgado la semana pasada afecta potencialmente a más de 20.000 negocios pequeños y sus empleados, de acuerdo a un cable de la agencia Reuters. La información añade que en estos momentos hay 436.000 personas empleadas por cuenta propia, de las cuales alrededor de 100.000 trabajan como empleados de negocios pequeños, de acuerdo con cifras del propio gobierno.

 

Tanto los empresarios como sus empleados y clientes comentaron furiosos sobre la prohibición de ropas en el municipio de Centro Habana de la capital, donde varias docenas de vendedores se habían establecido en un solar yermo para vender ropa, zapatos y ropa interior, añade el cable.

 

Todo hace indicar que el gobierno podría enfrentar el tipo de rechazo que ya ocurrió recientemente en Santa Clara, cuando cerca de 200 dueños de coches tirados por caballos realizaron una protesta por los altos impuestos que terminó de forma pacífica. Actos de este tipo se han producido también en años anteriores en Cuba sin resultados políticos.

 

Detrás de la medida está el interés económico en mantener el control total sobre la actividad comercial, incluso en la esfera minorista, pero también la negativa a modificar un fundamento ideológico básico propugnado por el régimen: no permitir el comercio privado.

 

El mantenimiento de este dogma es una clara muestra de lo limitado que resultan los cambios que el gobierno de Raúl se ha impuesto, lo que el propio gobierno se niega a llamar reformas y denomina “actualización del sistema”.

 

Hasta ahora las limitaciones a cualquier vestigio de “reformismo” venían dadas por la lentitud de los cambios, la ideología relegada casi al olvido. Ahora hay una reafirmación que tiene un efecto práctico, pero es también conceptual.

 

En realidad lo que hasta ahora venía ocurriendo en Cuba era que la población, y en especial estos “empresarios” incipientes y cuentapropistas en general, estaban estirando algunas de las modalidades de trabajo por cuenta propia aprobadas para sacar mayor provecho. Así, por ejemplo, la modista se dedicaba también a vender ropa que le llegaba del exterior, y ofrecer una mercancía más variada y a precios más bajos que las tiendas estatales.

 

Si se miran las fotos de los establecimientos improvisados de venta de ropa en el solar yermo de Centro Habana, que menciona la información de Reuters, no hay más remedio que asombrarse una vez más de la debilidad endémica de la economía que ha establecido el régimen y de la incapacidad para competir sin recurrir a prohibiciones y medidas represivas. Son sitios muy similares a los que el viajero encuentra en Puerto Príncipe, la capital haitiana. ¿Es esta la competencia que teme el Estado cubano?

 

Sí, por dos razones fundamentales. La primera es que el socialismo –al menos como se le conoció y por lo tanto el único que ha existido– no es reformable. Hay un principio fundamental del marxismo que mantiene plena validez: el trabajo privado engendra la pequeña propiedad mercantil y esta a su vez la empresa capitalista. Por ello es que cuando al régimen cubano no le ha quedado más remedio que permitir el trabajo por cuenta propia, hace al mismo tiempo todo lo posible por limitarlo.

 

La segunda razón, y que en cierta medida se desprende de la anterior, es que el incipiente y limitado sector privado en Cuba obedece a un control burocrático, que lleva a cabo muchas de sus decisiones a partir de factores extraeconómicos: políticos e ideológicos principalmente, en el caso de Cuba.

 

Una solución parcial a este problema sería aumentar el papel del mercado y concederle mayor espacio a las actividades legales, de forma legal y dejando la vía abierta a la competencia y la iniciativa individual. Sólo que entonces, el éxito en el mercado tendría un valor superior a la burocracia.

 

Así que de momento no hay indicador alguno que permita considerar que en Cuba se está gestando ni siquiera una pálida creación de un modelo cercano al chino o al vietnamita.

 

Tanto cuando busca grandes inversionistas extranjeros, como cuando mantiene sus monopolios en el comercio exterior y nacional, mayorista y minorista, el régimen de La Habana se empeña en su temor ante la pequeña propiedad mercantil privada y el considerar al comercio privado no solo ilícito, sino pecaminoso, que no debe ser permitido –ni siquiera en forma regulada y pagando impuestos excesivos (ya la aduana había establecido fuertes gravámenes a esta mercancía proveniente del exterior)– porque a la larga desencadena lo que el régimen sigue considerando lo peor –el “mal” en su naturaleza absoluta–, salvo por supuesto cuando son esos mismos miembros del gobierno los que lo practican como explotadores en su modalidad más salvaje: el capitalismo.

 

 

Trapi-shoppings: cuentapropistas en riesgo

Miriam Celaya

7 de octubre de 2013

 

La cosa pinta mal con esto de la venta de ropas, así que muchos comerciantes habaneros que pagan una licencia como sastres o costureras están preocupados por lo que se les viene encima. Desde el pasado 28 de septiembre de 2013 entró en vigor la disposición oficial que establece que sólo podrán vender prendas de vestir confeccionadas artesanalmente, so pena de recibir una fuerte multa y el decomiso de todos las confecciones industriales que oferten.

 

Hasta el momento, los numerosos pequeños comercios privados de Centro Habana han seguido abiertos y vendiendo diariamente la misma ropa importada, sin que haya ocurrido ningún operativo oficial. Pero entre ellos circula una ansiedad sombría y saben que sólo es cuestión de tiempo antes que las hordas de inspectores y la jauría uniformada caigan sobre ellos.

 

Anaís, una de las decenas de vendedoras de prendas de vestir que han abierto un negocio privado en Centro Habana, anda ya por sus 40 años de vida y antes de tener una licencia como trabajadora por cuenta propia ya sabía ganar dinero por su propia cuenta, y de hecho lo hacía comerciando con ropa importada, ya fuera procedentes de los almacenes y tiendas estatales como introducidas por cualquiera de las múltiples redes de contrabando que han proliferado por esta Isla desde que las prohibiciones se instauraron como método de gobierno. Por eso se encoge de hombros ante la nueva amenaza oficial: “En cuanto me entere que están desembarcando los inspectores por esta calle (y seguro me voy a enterar con tiempo), cierro, voy para la oficina y entrego mi licencia. A mí no me van a joder. Ya saqué toda la mercancía que tenía en mi casa y la llevé para un lugar seguro, así que la seguiré vendiendo ‘por detrás’. ¡Total, eso es lo que he hecho siempre! Con licencia o no, yo no me muero de hambre. A ver quién pierde más”.

 

Apenas a media cuadra de Anaís, un matrimonio de mediana edad se queja. El hombre es más retraído y dialoga con monosílabos o se limita a asentir, aprobando lo que dice su mujer; ella es más locuaz, tal vez porque se siente más confiada hablando con otra mujer madura como ella, o quizás porque necesita hacer catarsis. Les digo quién soy y a lo que me dedico —algo para lo cual no se expenden licencias en Cuba—, pero ellos no se asustan en lo más mínimo. “Sólo no pongas los nombres”, me piden. Claro que no, ni siquiera se los pregunto. En realidad no es necesario, yo sólo estoy hurgando en lo que no dicen los medios, en lo que subyace más allá de las leyes, las regulaciones y las cifras. Me interesan más las personas y sus razones que las disposiciones gubernamentales y la propaganda de sus voceros. La vida está en las calles, muy diferente y distante de los que dictan las leyes y de lo que muestran los medios.

 

La mujer me cuenta que hace un par de años sacó una licencia como modista y empezó a vender allí, en el portalito de casa de su hermana y un tiempo después, cuando prohibieron las ventas en portales, pasó a la sala de la misma casa. Le fue bien, así que pudo invertir dinero en más mercancía y su esposo también sacó licencia como sastre. Ninguno de los dos sabe ensartar una aguja, pero ella conocía de este negocio: antes ya “vendía alguna ropita que me caía, tú sabes; pero siempre con el susto de que me cogiera la policía. Una vez me quitaron una mochila llena de camisetas y tuve que pagárselas al dueño de mi propio bolsillo”. Así que cuando vio una oportunidad de ganar dinero legalmente sacó una licencia. La funcionaria que la atendió nunca le dijo que no se podría vender ropa de confección industrial, aunque “es cierto que el permiso decía que era para confecciones artesanales”. Sin embargo, recuerda, “desde el principio aquí todo el mundo vendía ropa importada y nunca nadie nos advirtió nada ni los inspectores nos pusieron multas ni nos decomisaron la mercancía. En lugar de eso dejaron que uno se embullara y gastara dinero en el local, en los estantes de exhibición, en percheros y todas estas cosas, y que invirtiéramos entrando ropa por el aeropuerto, que en definitiva había que pagarla. Ahora dicen que los cubanos no pagamos aranceles; ¿y entonces por qué razón hay que pagar en el aeropuerto?”. Le explico que las leyes aduanales ponen sus límites. Entonces el que me responde es el hombre: “Ese es el problema. En este país hay demasiados límites y demasiadas cosas prohibidas”.

 

La historia de otro joven cuentapropista es similar, sólo puntualiza que cuando sacó su licencia él preguntó expresamente a los funcionarios de la ONAT si en verdad solo podría comerciar con ropa de confección artesanal, a lo que le respondieron con una frase típica, llena de guiños cómplices: “Esto es Cuba, tú sabes que siempre se puede más. Hay que nadar y guardar la ropa”. El joven echa a reír: “Yo no quiero guardar la ropa, quiero venderla y ganar dinero”.

 

En un total de siete comercios privados que visité el sentimiento es de incertidumbre y descontento. La totalidad de los entrevistados opina que la solución sería tener un mercado mayorista en el país para que se legalice la venta de confecciones industriales, pero sabemos que eso no va a ocurrir.

 

El quid del asunto radica en que en apenas un par de años los negocios privados han hecho una exitosa competencia a las tiendas recaudadoras de divisas, cuyas ventas han descendido notablemente a medida que los cuentapropistas se multiplicaban. Una mayor variedad en la oferta, precios más aceptables, mejor calidad y un trato amable, son elementos que distinguen al propietario privado respecto del establecimiento estatal, ventajas éstas que el gobierno no está en condiciones de alcanzar, menos aún de superar.

 

Por otra parte, un número significativo de estos comerciantes privados no son antiguos trabajadores estatales que han quedado “disponibles”, sino que ya se dedicaban a las ventas ilícitas antes de poseer una licencia, es decir, que están entrenados en las actividades de contrabando y supervivencia al margen de la legalidad, de manera que —como me dijo el joven cuentapropista, mi último encuestado— el gobierno solo le está dejando el camino abierto a los delitos: “Aquí mucha gente sabe ‘luchar’, que para eso no hay que tener licencia. ¿Quién va a sacar una licencia para vender la misma ropa chea que venden en las ferias y que todas son iguales?, ¿y acaso van a tener policías para controlar a tanta gente?”.

 

Es evidente que con la implementación del trabajo por cuenta propia el gobierno ha abierto una caja de Pandora que ahora no puede cerrar sin enfrentar las consecuencias. De cualquier manera, pese al carácter represivo de las nuevas disposiciones y de la tozudez oficial al negarse a otorgar licencias como comerciantes, el saldo sigue siendo negativo para las autoridades. Lo que fue antes ya no será. Mientras, hay más y más cubanos descontentos en las calles. Dadas las circunstancias, me parece bien, a ver si de una buena vez florece entre la gente la conciencia de la autonomía y de los derechos en Cuba.

 


Todo se vende

Tania Díaz Castro

2 de octubre de 2013

 

¿Adónde fueron a parar aquellos tiempos en los que Fidel Castro, con sus kilométricos discursos, le metió en la cabeza a los cubanos que las sociedades de consumo estaban enfermas de egoísmo, despiadadas, enloquecidas, víctimas de absurdas leyes capitalistas en proceso de extinción, junto con el Imperialismo?

 

Ahora resulta que padecemos esa enfermedad, muy difícil de controlar, según la prensa oficialista. Todos quieren vender, ganar dinero, fuera de los salarios miserables que ofrece el gobierno. “Es que estuvimos muchos años sin poder hacerlo”, me dice un viejo vecino, que trata de encontrar la causa de la enfermedad.

 

“Lo mejor es vivir con poco y con dignidad, vivir con patriotismo”, repetía Fidel, año tras año. Entonces, de una patada, hizo desaparecer aquel comercio floreciente que había surgido desde la colonia: “Vender es más fácil que trabajar”, dice ahora un joven vendedor de tamales callejero. 

 

Hoy, gracias a cierto pitazo “reformista” que dio su hermano, hace menos de tres años, con su llamado “nuevo modelo económico”, los cubanos se han despojado de la vieja y tradicional inercia vivida durante casi medio siglo y, primeramente consternados, luego desconfiados, y por último, aguerridamente dispuestos a lanzarse al ruedo, se dedican a vender. Como si una olla de grillos se hubiera destapado de pronto, andan como locos de aquí para allá, negociando todo lo vendible, bajo las miradas acusatorias de inspectores, policías y cederistas.

 

No importa si son militares de altos grados, o militantes jubilados del partido comunista. Ha surgido de forma espontánea un cambio de mentalidad: están puestos para el negocio privado, legal o no legal. El objetivo es vender, poner más frijoles a la mesa, y sobre todo, transformar el entorno social y económico, devastado por más de cinco décadas de dictadura fidelista.

 

¿Qué se vende? Cacharros viejos de cocina, cajas de muerto… De todo. Lo propio y lo ajeno. Lo que aparezca. Mis vecinos venden a escondidas todo lo que traen del extranjero. Los carpinteros, en vez de producir muebles, venden los que les dan a vender. Los plomeros, en vez de reparar salideros, tupiciones, etc., ofrecen en sus casas cuanta cosa hace falta para que otros arreglen salideros, tupiciones...

 

Los coroneles de mi cuadra, ya retirados, que botean en sus viejos autos norteamericanos y soviéticos, en vez de dar al día diez viajes, desde el paradero de Playa hasta el reparto de Santa Fe, dan veinte viajes, porque quieren que la familia se alimente un poco mejor. Y los panaderos hacen su pan no tan a escondidas, mientras la panadería está rota. 

 

Este es el panorama ahora. No importa que el transporte no mejore, que los edificios se desplomen, que las calles sigan rotas y sucias. Tampoco importa que  la “cartilla individual del consumidor”, como la llamó Lenin al ponerla en vigor, en Moscú, en 1918, apenas ofrezca alimentos en las tiendas vacías del castrismo. No importa que los eventos políticos internacionales se den a dos por medio y empeoren el presupuesto estatal, ni que ahora Fidel esté en contra de la guerra, que crea haber hecho dos, tres Viet Nam en América Latina, que tengamos tantos médicos como mosquitos.

 

A fin de cuentas, en pleno socialismo del siglo XXI, en Cuba, en proporción,  hay más vendedores que en Hong Kong y Miami. Lo malo es que no hay compradores.

 


Modelando el postcastrismo

Eugenio Yánez

26 de septiembre de 2013

 

A la vista de todos, aunque algunos no se den cuenta

 

La “actualización del modelo” se menciona continuamente por el régimen, y la prensa oficial aburre con el tema, pero el diseño realmente estratégico es la modelación del postcastrismo, la Cuba que los “históricos” pretenden dejar cuando salgan de escena por imperativos de la biología.

 

La “actualización del modelo” en que está inmerso el gobierno —ni revolucionario ni socialista— de Raúl Castro es un proceso imprescindible para esos fines, pues sin mecanismos funcionales en la economía no podrá lograrse nada, pero no es el objetivo final ni mucho menos, sino solamente el medio para avanzar hacia lo que se pretende.

 

Los eunucos mentales de la prensa oficialista y muchos desinformados en el exterior se deleitan hablando de cooperativas de ornitología autorizadas a exportar canarios y periquitos, o de los paladares y sus sofisticados menús, como evidencias de la profundidad de las reformas que se llevan a cabo en el país.

 

Sin embargo, frente a toda la escenografía y medidas superficiales, se avanza a toda velocidad en la culminación del proyecto del puerto del Mariel, la instrumentación de la Zona de Desarrollo Especial anexa, y el entramado legal que dará sustento al proyecto más importante del régimen en la era de Raúl Castro, megaproyecto que, contrario a la creencia común, no depende de subsidios de Venezuela ni de remesas de cubanos desde el exterior, sino de los intereses del gobierno de Brasil, que desde ahora mismo quiere estar adentro para cuando llegue “el día después”.

 

Y no se trata de que la culminación del súper-proyecto sea para las calendas griegas o para los tiempos del “futuro luminoso” que nunca llega: ya se dice que la presidenta brasileña Dilma Rousseff visitará Mariel en enero del 2014 —dentro de cuatro meses— para la inauguración oficial de los primeros 700 metros de muelle. Hace tiempo está definida la empresa extranjera que administrará las instalaciones portuarias, y funcionarios cubanos viajan de un extremo a otro del mundo invitando a capitales vietnamitas y chinos a invertir mucho dinero en la Zona de Desarrollo Especial del Mariel.

 

Después seguirán invitaciones a capitales rusos, japoneses, hindúes, iraníes, malasios, sauditas, cataríes, europeos, canadienses y latinoamericanos, y continuos guiños a los estadounidenses para que busquen vericuetos para burlar el embargo, con la intención estratégica de convertir la Zona de Desarrollo Especial en un país capitalista calibre reducido, repleto hasta sus últimos rincones de maquiladoras y almacenes, movidos con fuerza de trabajo barata, sin derechos sindicales, y espoleada por las necesidades de sustento para sus familiares.

 

Los capitales del exilio no están invitados a este aquelarre: ya el régimen ha dicho claramente que no le interesan, entre otras cosas por ser volúmenes irrelevantes de inversión, según criterios del Palacio de la Revolución. Los exiliados tendrán que conformarse con enviar dinero a familiares en Cuba para establecer, como cuentapropistas, nuevos negocios, o mantener y mejorar los ya existentes, con las limitaciones, amenazas y riesgos que la vigente “actualización” supone para los emprendedores cubanos en la Isla, siempre vistos, aunque no se diga abiertamente, como mal necesario y no como verdadero elemento dinamizador de la economía.

 

Junto a ello, papá-Estado seguirá controlando los grandes negocios: exportación de servicios médicos, turismo, níquel, minería, electricidad, comercio exterior, biotecnología, productos farmacéuticos, azúcar y derivados, industria ligera, tabaco, bebidas, construcciones, asesoría educacional y deportiva, y ramas fundamentales de la genética y ganadería, mientras la producción de alimentos será cada vez más dependiente de productores privados y cooperativas, aunque la propiedad de la tierra se mantendrá como monopolio estatal.

 

Las llamadas unidades empresariales superiores controlarán los recursos fundamentales para la producción y los servicios en el país, convenientemente dirigidas por “cuadros” empresariales formados en las fuerzas armadas y el Ministerio del Interior, de manera que quienes ocupen cargos de dirección en el partido, ministerios y gobiernos provinciales y municipales solamente tendrían una incidencia limitada en esas unidades empresariales superiores, que acumularán el verdadero poder económico en el país.

 

Los artesanos, los paladares, la arquitectura colonial, los “almendrones” frente al Capitolio y paseando por el Malecón, y las camisetas con fotos de Che Guevara y otras reliquias de la mitología revolucionaria seguirán siendo parte del folklore cotidiano para turistas extranjeros en todo el país, mientras los cuentapropistas abastecerán en pequeña escala productos y servicios para la subsistencia de los cubanos de a pie.

 

Sin embargo, se preguntará cualquiera, ¿qué hay sobre los derechos humanos, la libertad de expresión, los derechos de asociación y reunión, la democracia, y todas esas otras “boberías” sobre las que se habla en reuniones de la ONU y otras instituciones internacionales, y entre los opositores a la dictadura dentro de Cuba?

 

Ya el régimen acaba de dejar perfectamente claro hace pocos días que, sobre todo eso, solamente cumplirá lo que le convenga y cuando le convenga, siempre que no signifique someterse a presiones de los malos de siempre, el decir, del imperialismo, sus lacayos y la mafia de Miami.

 

Entonces, ¿el modelo del poscastrismo no tiene nada que ver con la democracia y la economía del mercado? ¡Pues claro que no!

 

El régimen nunca prometió eso. Así que no está engañando a nadie.

 

Allá los ilusos que se lo creyeron.

 


Trabajo por cuenta propia: una clave para el fracaso

Jeovany Jimenez Vega

25 de septiembre de 2013

 

Siempre que se aborda el tema recuerdo la anécdota que me contó un amigo: era una mañana de marzo de 1968 y un tío suyo, dueño de un pequeño establecimiento de venta de frutas, lo abrió temprano. Aquel hombre laborioso tenía su historia; había comenzado recorriendo las largas calles de Artemisa para vender primero desde una carretilla, poco a poco fue mejorando aquel vehículo hasta que alquiló con el tiempo un portal y luego trasladó su venta a aquel pequeño local, que sólo después de muchos años y sacrificio familiar, fue suyo. Pero aquella fatídica mañana del 68, mientras se disponía a atender a sus clientes, se presentó en el umbral un oficial de verdeolivo armado de su respectivo portafolio. ¿Usted es el dueño?, preguntó. Sí, respondió él. ¿Puede salir, por favor?, dijo el oficial desde el portal. Cuando el dueño salió, el oficial atravesó el umbral y una vez dentro le dijo: este local acaba de ser intervenido por la Revolución… y eso fue todo. Mi amigo me cuenta que el ya exdueño no pudo ni siquiera recuperar una cadena, que junto a su anillo de matrimonio había dejado sobre la caja registradora para cargar algo minutos antes. Quedaba así despojado, a rajatabla como miles de cubanos más, de aquella pequeña empresa familiar que tantos años de desvelos le había costado. Me cuentan los viejos que pocos meses después de la entonces llamada “ofensiva revolucionaria” ya no era posible encontrar en la calle una croqueta frita.

 

En un reciente Estado de Sats el panel giró precisamente alrededor de la situación actual del trabajo por cuenta propia en Cuba, sector que ha tenido dinámicas diferentes según la etapa postrevolucionaria de que hablemos. Se recordó allí las fases del camino incierto atravesado por este sector hasta hoy. Muchos recordamos bajo qué circunstancias se estrenó “oficialmente” esta alterativa: en el apogeo del período especial fue la salida dada por el gobierno cubano, la válvula de escape usada para distender la extrema tensión alcanzada por la olla. En lo personal recuerdo el gran titular publicado entonces por Granma: “El trabajo por cuenta propia no es una solución coyuntural.” O sea, que aquello prometía ir en serio, pero el decursar de los primeros años pronto desmintió aquel enunciado y le dio inequívocos tintes de farsa: todos fuimos testigos de cómo el gobierno, en cuanto se sintió más confiado, comenzó a poner cuantas zancadillas pudo al desarrollo de este sector con limitaciones de todo tipo, diseñadas exclusivamente para que los cuentapropistas cejaran en su empresa, y en efecto, lograron que miles entregaran sus patentes ante la imposibilidad de continuar pagando las excesivas contribuciones exigidas, que no se proponían otra cosa que llevar a la bancarrota a cada uno de aquellos negocios familiares. Esto tenía, por supuesto un evidente trasfondo político: después de todo esa era la prueba definitiva y necesaria para demostrar que no había empresa privada que pudiera emular frente a la eficiencia inmaculada de la empresa socialista. Mientras esto sucedía, por otra parte el gobierno mantenía una rígida política de negar cada nueva solicitud de patente para la mayoría de las actividades durante la década siguiente. El resultado de esta política lo palpamos todos: sólo sobrevivieron aquellos cuya actividad era suficientemente lucrativa como para sufragar los estratosféricos precios en el mercado negro de sus materias primas y para garantizar el soborno de inspectores y policías, con toda la degradación moral que esto implicó para la sociedad en general y que arrastramos todavía.

 

Pues bien, ahora el gobierno asegura tener la voluntad política para que esta vez todo fluya diferente. Pero se advierten estigmas, unos sutiles, groseros otros, que alertan sobre las reales intenciones ocultas por el tono del discurso. Todavía se mantiene, por ejemplo, todo un cuerpo de legislaciones que da potestad a órganos como la Fiscalía General de la República a incoar un expediente contra alguien –que bien pudiera ser un productor agrícola o uno de estos nuevos cuentapropistas– quien sólo se entera de ello cuando queda despojado hasta de la ropa que lleva puesta; todavía persiste el obstáculo insalvable de los precios astronómicos de los artículos y materias primas imprescindibles para la mayoría de las actividades autorizadas –que generalmente son exigidas contra comprobante de compra– y que convierten cualquier intento de rentabilidad en un absurdo; todavía el Estado se erige como el único proveedor posible, algo que entra en franca contradicción con las modificaciones hechas a la política migratoria a principios del presente año, pues no se le permite al productor importar directamente sus insumos cuando le sea posible –como sucede en los casos “análogos” de China y Viet Nam, por ejemplo, por ponérsela fácil; todavía se pudren cosechas enteras en el campo debido a la inexcusable irresponsabilidad de la Empresa Nacional de Acopio, única entidad autorizada para ello por el gobierno debido al terror a los intermediarios y que jamás indemniza a nadie; todavía no se otorga verdadera autonomía a estas nuevas empresas, que continúan subordinadas de un modo absurdo a la inoperante empresa estatal –como es el caso de las cooperativas de transporte– y cuyos miembros tienen prohibido, por ley, llegar a ser dueños de los medios de producción, entre otros miles de detalles que escapan al que esto escribe.

 

En resumen, que tengo la impresión de que el momento actual no difiere en esencia de momentos pasados. Cuando quiebra un negocio, esto puede ser adjudicable a la mala gestión de su dueño, pero cuando se establece una tendencia masiva entonces, con toda seguridad, se trata de la inoperancia del esquema aplicado a nivel de país; no puede ser que los cubanos seamos tan pésimos administradores, sobre todo cuando arriesgamos en la empresa nuestro magro capital familiar. Quienes diseñan semejantes políticas entienden de matemáticas y a pesar de eso han instituido un esquema disfuncional, e insisten denodadamente sobre esa línea porque su objetivo final no es propiciar el éxito de estas “nanoempresas”, sino que es más bien impedir que la prosperidad llegue a nuestro hogar mediante un esquema de gestión que desmiente décadas de ineficacia e indolencia administrativa iniciadas en aquella mañana fatídica de marzo del 68. Ojalá me equivoque, pero mientras no cambien las coordenadas presiento que la actividad cuentapropista, la pequeña empresa familiar cubana, estará ante las claves exactas para un seguro fracaso. 

 


¿Un putinismo castrista?

Mary Anastasia O'grady

23 de septiembre de 2013

 

La columna de opinión que Vladimir Putin escribió para The New York Times no tuvo una gran acogida entre los estadounidenses. El presidente ruso, sin embargo, tiene admiradores en otros países. Se dice, por ejemplo, que algunos miembros de las fuerzas armadas cubanas estarían estudiando el “putinismo”. Los posibles inversionistas extranjeros deberían tomar nota.

 

Desde el triunfo de la revolución gloriosa de Fidel Castro en 1959, Cuba ha necesitado un benefactor. La Unión Soviética cumplió ese papel hasta su colapso, a inicios de los 90. Cuba recibió otro salvavidas tras la elección de Hugo Chávez como presidente de Venezuela en 1998, quien comenzó a proveer a la isla con petróleo barato como política de Estado.

 

Incluso así, las vidas de los cubanos están llenas de privaciones. Además, los problemas fiscales de Venezuela van en aumento, lo que pone en riesgo los subsidios petroleros.

 

La pobreza revolucionaria no es nada nuevo. Pero los mandamases del régimen en La Habana temen que Raúl Castro enfrente serios disturbios sociales tras el fallecimiento de su hermano Fidel, que tiene 87 años y una salud frágil. Su reto es encontrar formas de alimentar a la isla sin ceder el poder, lo que podría ser fatal para algunos de ellos.

 

El modelo de Putin ofrece una salida. Permite realizar elecciones nominales en las que la oposición obtiene algunos escaños en el Parlamento. En el frente económico, Putin ha creado un cuadro leal de oligarcas que hacen negocios con los extranjeros.

 

El exoperador de la KGB puede decir que Rusia ya no es moldeada por la ideología comunista. Sin embargo, tras bambalinas, el putinismo combina el control político autoritario y el capitalismo de amigos para conseguir un férreo dominio del poder.

 

En un ensayo escrito en Rusia y publicado en abril de 2012, el economista Deepak Lal describió esta mezcla de ganancias para los políticamente correctos y represión para el resto. El artículo, publicado en el diario indio Business Standard explicó que “la acumulación tradicional de ganancias ha sido criminalizada”. Lal aludió al trabajo del abogado ruso Vladimir Radchenko y escribió que “hay tres millones de pequeños y medianos empresarios en la cárcel por crímenes económicos”.

 

Putin estaría, según algunos, planeando formar su propia guardia nacional, escribió Lal. El Servicio Federal de Seguridad está más interesado en gestionar empresas que en perseguir a los disidentes y los rufianes contratados para hacer esa labor son poco confiables. Lal también describe brevemente la renovada alianza entre el Estado y la Iglesia Ortodoxa.

 

La visita este mes a las oficinas de The Wall Street Journal en Nueva York de Jorge Luis García Pérez Antúnez, un ex prisionero político cubano, me recordó los paralelos entre la Rusia de Putin y las promesas castristas. Este afro-cubano de 48 años, que pasó 17 años en las cárceles del régimen, cataloga las supuestas reformas económicas y políticas como un “fraude”.

 

Antúnez caracteriza la oposición al régimen como generalizada y creciente. No es más visible, asegura, debido a que la “cultura del miedo”, sigue siendo intensa. Los informes independientes desde la isla indican que las detenciones y los asaltos violentos contra los grupos opositores han ido en aumento.

 

Cuba, al igual que Rusia, ya no puede depender de las fuerzas armadas para controlar a los detractores del gobierno. Están ocupados administrando lucrativos negocios de turismo, ventas minoristas, fabricación de cigarros y viajes aéreos. Los Castro también parecen tener una relación “a lo Putin” con la Iglesia. El papa Benedicto se reunió con los Castro durante su visita de 2012, mientras que los disidentes que pedían una audiencia con el pontífice eran enviados a la cárcel.

 

Antúnez dice que permitir que los cubanos gestionen microempresas no está reduciendo la pobreza. Tal vez la razón sea que cuando los emprendedores han sido exitosos durante períodos anteriores de liberalización, el régimen los ha acusado del crimen de enriquecimiento ilícito.

 

Los inversionistas extranjeros a veces no parecen correr mejor suerte. En una carta enviada a la revista Economist fechada el 13 de agosto, el empresario británico Stephen Purvis, un exsocio de negocios del régimen, describió las circunstancias en torno a su encarcelamiento en Cuba durante 15 meses, entre 2011 y 2012.

 

Purvis dice que fue “acusado de muchas cosas, comenzando con la revelación de secretos de Estado”, pero, al final de cuentas, fue sentenciado por “violaciones de las regulaciones financieras”, a pesar de que el banco central cubano “había aprobado específicamente las transacciones en cuestión durante 12 años”.

 

Estuvo en prisión con “un puñado” de otros hombres de negocios extranjeros y sostiene que “hay muchos más en el sistema de lo que se cree”. A unos pocos se les acusa de corrupción, escribió, pero muchos afrontan cargos de “sabotaje, perjuicio a la economía, evasión de impuestos y actividad económica ilegal”.

 

A los que no vio en la cárcel fueron a los empresarios de Brasil, Venezuela y China en la isla. “¿Por qué está en prisión el representante de Ericsson por exactamente las mismas actividades que su competidor chino, que no lo está?”, preguntó. Los extranjeros que hacen negocios en Rusia han descrito reglas de juego similarmente arriesgadas.

 

En mayo, el disidente cubano Guillermo Fariñas, quien dice tener contacto con una serie de militares cubanos que fueron compañeros de colegio, le indicó al Miami Herald que están estudiando el “putinismo” para prepararse para una transición. “No quieren correr la misma suerte que los seguidores de Gadafi”, aseveró.

 

El modelo de Putin puede ser la forma de evitar esa suerte. Pero dista mucho de ser un plan para liberar a Cuba.

 

 

Siete años con Raúl Castro

Carmelo Mesa-Lago

28 de agosto de 2013

 

Las reformas impulsadas en Cuba son positivas, pero van a paso muy lento, enfrentan excesivas regulaciones y controles y son insuficientes para resolver los problemas acumulados en 54 años de socialismo real

 

En agosto de 2006, Fidel Castro pasó el poder a su hermano Raúl. El 26 de julio de 2007, este planteó los problemas económicos del país y advirtió que demandaban reformas estructurales. En febrero de 2008, Raúl fue elegido presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, y en abril de 2011 primer secretario del Partido Comunista. Las reformas se iniciaron en 2007, se aceleraron desde 2011 y continúan. ¿Cuál es el balance de siete años de Raúl en el poder?

 

Raúl ha introducido una veintena de reformas económicas de diverso tipo, orientadas hacia el mercado y las más importantes bajo la revolución.

 

Las reformas no estructurales (porque no cambian la naturaleza del sistema) en 2007-2008 fueron: pago de deudas estatales a campesinos, aumento en los precios de venta forzosa al Estado de parte de su producción (acopio), y venta de insumos a aquellos; permiso para el transporte privado de pasajeros y carga; supresión del tope salarial, autorización del pluriempleo, abono de parte del salario en divisas; trabajo por resultado (destajo); reforma de las pensiones que aumentó la edad de retiro en cinco años; y acceso de cubanos a hoteles y restaurantes para turistas extranjeros.

 

Importantes reformas estructurales (porque en algo cambian el sistema económico) introducidas en 2008-2013 fueron: entrega en usufructo de tierras estatales ociosas; cesantía de empleados estatales innecesarios; fomento de trabajos no estatales (cuenta propia, cooperativas de producción no agrícola y servicios) para ocupar a los parados; eliminación de “gratuidades” (escuela secundaria en el campo, universidades municipales); extracción gradual de artículos del racionamiento y su venta a precios de mercado a los subsidiados (la supresión total es rechazada por grupos de bajos ingresos y que no reciben remesas del exterior); reducción en gastos de servicios sociales financieramente insostenibles; autorización de compraventa de viviendas y de coches; reforma tributaria que estableció el impuesto progresivo a la renta; y mercado mayorista para el sector no estatal.

 

Las reformas estructurales son parte de la “actualización del modelo” acordada en el VI Congreso del Partido en 2011, pero pasaron dos años antes de que el Gobierno nombrase una comisión para definir el modelo. Sus parámetros clave fijados por el Congreso son: el plan central predominará sobre el mercado y la empresa estatal sobre la no estatal. Ese modelo de hecho fue experimentado sin éxito en algunos países de Europa Oriental antes de la desaparición del campo socialista, así como en Cuba bajo las tímidas reformas de 1975-1985.

 

Ese modelo fue probado sin éxito en Europa Oriental antes de la caída del campo socialista

 

Están pendientes una serie de cambios estructurales fundamentales, necesarios para el éxito de los ya emprendidos. Se anuncia una nueva etapa de las reformas, más completa y profunda, para el resto de 2013 y 2014, como la desregulación de las grandes empresas estatales (minería, manufactura), que prevé la reinversión y el aumento de salarios con el 50% de sus ganancias, y el cierre de aquellas que arrojen pérdidas. Estas medidas se ensayaron en Cuba en 1975-1985 para después abandonarse. Durante dos años se pregonó una nueva ley de inversión extranjera más flexible que la actual de 1995; se ha vuelto a anunciar en julio como un complemento a la inversión estatal y siempre que aporte tecnología, financiamiento, mercados y empleo.

 

Todo el mundo está de acuerdo en la eliminación de la doble moneda (el peso nacional —o CUP— y el peso convertible o CUC; 1 CUC equivale a 25 CUP) porque genera distorsiones en la economía y castiga a la población, a quien se paga en CUP, pero debe comprar en CUC la mayoría de los bienes de consumo; pero no hay acuerdo de cómo hacerla. Según Marino Murillo, la aplicación “puramente técnica” de la unificación provocaría un alza enorme de precios, por lo que rechaza la “terapia de choque”. También hay que unificar y fijar de manera realista la tasa de cambio. Por último, se requiere una reforma integral de precios para que estos sean reflejo real del valor, pero ello conduciría a la escalada de precios.

 

Las reformas están bien orientadas y han logrado mejoras, pero están obstaculizadas por excesivos controles y regulaciones, así como altos impuestos. Por ejemplo, las reformas aumentaron las ocupaciones por cuenta propia, permitieron contratar empleados sin límite, abrir cuentas bancarias, etc., pero subsisten muchas trabas: ocupaciones muy específicas y no cualificadas (los profesionales no pueden ejercer por su cuenta); cierre de tiendas de cuentapropistas en los portales habaneros; tasa del impuesto a la fuerza laboral que sube de 25% a 75% según crecen los empleados contratados, penalizando a los que crean empleo; y fuerte oposición de la burocracia frecuentemente criticada por Raúl. Las cooperativas, por ejemplo, requieren cuatro instancias para su aprobación y la decisión final se deja al Consejo de Ministros.

 

Las reformas políticas son menores que las económicas: liberación de más de 100 presos de conciencia; ley de migración con la salida y regreso de una veintena de disidentes; fijación de dos mandatos de cinco años para cargos en el Gobierno y el partido; campaña contra la corrupción con más de 300 funcionarios y empresarios procesados, reconocimiento de la persistente discriminación racial y sexual y nombramiento de algunos representantes de ambos grupos en puestos del Gobierno y el partido; designación de miembros de una nueva generación en posiciones clave; cierta apertura a la discusión y la crítica (por ejemplo, las revistas Espacio Laical y Temas); y crítica a la burocracia y la prensa oficial. Persisten el partido único, el control y la represión de disidentes, el monopolio de medios de comunicación, los sindicatos subordinados al Gobierno y la ausencia de derechos civiles y políticos.

 

Hacen falta cambios estructurales que son necesarios para el éxito de los ya emprendidos

 

Las reformas económicas van a paso lento. En 2010 se estimó entre 1,3 y 1,8 millones el número de empleados estatales innecesarios que había que despedir; frente a una meta de un millón en 2011, sólo 365.000 fueron despedidos en 2012 por no haberse creado suficientes empleos privados. En junio de 2013 había 430.000 trabajadores por cuenta propia, pero sólo el 18% eran parados en el sector estatal. En 2012 se autorizaron 222 actividades en las nuevas cooperativas, pero en julio de 2013 apenas comenzaron 124. Se distribuyeron 1,5 millones de hectáreas a 180.000 usufructuarios, pero entre el 33% y el 54% de la tierra entregada no estaba en producción. Y se vendieron 45.000 viviendas en 2011-2012, sólo un 1,4% del total.

 

No hay efectos macroeconómicos positivos. Murillo reconoció en junio que las reformas no habían conducido al necesario incremento de la producción. La agrícola total cayó 5% en 2010 y 1,2% en 2012; y la agrícola no azucarera descendió 7% en el primer trimestre de 2013. La subida del PIB fue del 3% en 2012, la cuarta más baja en América Latina; en el primer semestre de 2013 se desaceleró a 2.3% frente a una meta de 3.6%. Las reformas provocan efectos sociales adversos y un aumento de la población vulnerable, pero los beneficiarios de la asistencia social se recortaron en 72% en 2006-2011.

 

El desempeño de Raúl en siete años en el poder muestra avances notables en la puesta en marcha de reformas económicas y, en menor cuantía, políticas. Las reformas son positivas, pero faltan varias cruciales, y las ya aprobadas van a paso lento, enfrentan obstáculos y excesivas regulaciones e impuestos que provocan desincentivos e impiden su progreso; son insuficientes para resolver los problemas acumulados en 54 años de socialismo real. Raúl ha anunciado su retiro en 2018 y le quedan poco más de cuatro años para completar las reformas, pero insiste en que no hay que apurarse. La muerte de Hugo Chávez, el deterioro de la economía venezolana y la inestabilidad política resultante de la controvertida elección de Maduro son serios riesgos que deberían ser acicates para agilizar y profundizar las reformas.

 

 

Misión de bueyes

Raúl Rivero

24 de agosto de 2013

 

Esta semana se produjo un anuncio que demuestra que los jefes no miran por el parabrisas, usan el retrovisor: se prepara un plan de adiestramiento de 20.000 bueyes para realizar labores en el campo.

 

La jerarquía del régimen cubano, afanada siempre por ofrecer una imagen de originalidad y soberanía a los inversores y a las viudas del comunismo, aparenta que no busca salir de las ruinas de su sistema hacia un capitalismo de Estado como lo han hecho, alumbrados por el fuego de los manuales marxistas leninistas, sus camaradas de China y Viet Nam. No. El gobierno de la Isla, en sus encrucijadas, se inclina a veces por una etapa superior del feudalismo.

 

El primer paso importante lo dieron hace unos años cuando liberaron a miles de empleados de las empresas estatales y los lanzaron a las calles para que vivieran la precariedad y la miseria por cuenta propia. Eran libres, podían aspirar a conseguir trabajos donde quisieran, solo que allí no existen compañías privadas y tuvieron que salir a forrar botones, fregar automóviles, vender agua de azúcar y pan con nada o remendar zapatos.

 

Con esa medida el Estado le transfirió la responsabilidad de su pobreza al individuo y, por otra parte, privilegió al sector de la población que recibe apoyos de sus familiares en el extranjero. Ellos viven la ilusión de que son comerciantes porque venden y compran los chirimbolos y baratijas que les llegan desde las tiendas de rebajas de Miami. Los panfletos oficiales ya comenzaron a fustigar a los llamados nuevos ricos. Los viejos ricos están en el poder. No hay tinta para tocarlos.

 

Esta semana se produjo un anuncio que demuestra que los jefes no miran por el parabrisas, usan el retrovisor. El ministerio de Agricultura prepara un plan de adiestramiento de 20 mil bueyes para realizar labores en el campo. El programa se propone garantizarle atención veterinaria y pastos a los animales. Un especialista del sector dijo a los periodistas que los bueyes "tienen la misión" de ayudar a la siembra, el cultivo y el transporte de semillas.

 

En ese cuadro, donde tropiezan escorias feudales y esclavista, retoños de un capitalismo primitivo y el desconcierto social, lo más auténtico que queda del socialismo es el casco y la mala idea. Y se usa para reprimir, darle palizas y encarcelar a los opositores pacíficos y a las Damas de Blanco.

 

El grupo de compadres que está al mando no quiere que se mueva nada. Si hay que hacer movimientos por compromiso ellos seleccionan el rumbo. La velocidad, ya se sabe, es la del paso de una carreta tirada por bueyes.

 

 

¿No han funcionado las reformas económicas en Cuba?

Karina Gálvez Chiú

Julio-agosto de 2013

 

Una economía de mercado… es la única economía natural, el único tipo que tiene sentido,

el único que puede traer la prosperidad,

ya que es el único que refleja la naturaleza de la vida misma.

La esencia de la vida es infinita y misteriosamente multiforme y, por lo tanto,

no puede ser contenida ni planificada en toda su plenitud y variabilidad

por ninguna inteligencia central.

Václav Havel, Summer Meditations (1993)

 

Se especula en diferentes espacios sobre la efectividad de las últimas reformas relacionadas con la economía en Cuba: la reducción de plantillas en empresas estatales, la promoción del trabajo por cuenta propia con la posibilidad de comerciar con empresas estatales y recibir pagos en divisas, la implementación de un mercado mayorista y la exención de impuestos durante tres meses para los que comienzan este año; la entrega de tierras en usufructo, la entrega a particulares de locales de servicio en arrendamiento, posibilidad de vender y comprar viviendas, y otras.

 

La polémica se mueve hacia dos extremos: los que afirman que esas políticas no mejorarán en nada la situación económica de Cuba y los que afirman (en su mayoría en los círculos de la oficialidad) que esas medidas son la solución para el sistema económico y político cubano.

 

Por sobre toda opinión se erige un hecho innegable: la mesa y los bolsillos de la media de los cubanos continúan enfrentando grandes dificultades. No mejora el nivel de vida. Por el contrario, se recrudecen el hambre y las dificultades. Los cubanos siguen precisando salir del país para adquirir artículos de primera necesidad. Tampoco disminuye el estrés diario en los hogares por la falta de agua, por el precio de la electricidad y la falta de opciones para cocinar los alimentos, el mal estado de conservación de las viviendas y el hacinamiento en ellas, y por sobre todas las dificultades, la escasez de alimentos y el precio, exorbitante ya, de algunos de ellos. Ni hablar de otras necesidades menos primarias pero no menos importantes para una vida digna, como salir de vacaciones a algún lugar turístico o transportarse en medios seguros, adquirir y mantener un móvil, acceder a Internet, vestir a la moda o invitar a alguien a comer a un restaurante. Esto sigue siendo algo prohibido para la media de los cubanos. Las cifras macroeconómicas continúan siendo preocupantes y continuamos dependiendo de Venezuela. Por tanto, no podemos decir que estas reformas han sido solución para el problema económico cubano.

 

Por otra parte, hay otro hecho innegable en el escenario cubano actual: se han abierto algunas oportunidades que cambian la vida de algunos cubanos, aun cuando no son la mayoría: aumenta la comunicación, cuando cada día tenemos más celulares; existe, aunque sea muy cara, la posibilidad de acceder a Internet; podemos viajar si logramos obtener el dinero; ha aumentado el trabajo por cuenta propia y por tanto la competencia entre los pequeños negocios. Esto ha influido positivamente en el ambiente cubano. Por tanto, tampoco podemos decir que estas reformas no influyen en la vida de los cubanos.

 

Ninguno de estos dos hechos innegables puede respaldar los dos extremos de la polémica: no creo que las reformas son anodinas, ni tampoco que son la solución de Cuba. Y una vez que se analizan, desde otro punto de vista, las reformas y sus consecuencias para la vida de los cubanos, sin llegar a ninguno de los dos extremos, me parece más importante preguntarnos:

 

¿Qué ha sucedido en la realidad? Legalidad vs. Realidad

 

Desde hace mucho tiempo en nuestro país, vivir en la legalidad se hace insostenible y ahora, a pesar de las reformas, eso no ha cambiado. Con cambios no esenciales en el sistema cubano, el gobierno ha pretendido perder la menor cuota de poder posible, contando con mantener el control sobre el ritmo y el alcance de las nuevas posibilidades, al mismo tiempo que ofrece al mundo y a los cubanos la imagen de flexibilidad y voluntad de cambio que necesita. Pero, en las ciencias sociales no siempre se obtienen los resultados previstos. Y una cosa ha sido lo previsto por el gobierno en cuanto al alcance de las reformas y otra la realidad.

 

Legalmente las reformas no permiten que el sistema económico cubano cambie en esencia. La libertad de iniciativa continúa frenada, no se reconoce el derecho a la propiedad privada, no cesa el monopolio estatal sobre la producción y el comercio, la ineficiencia continúa siendo el estilo de trabajo en el sector estatal, no hay acceso a crédito suficiente para inversiones, el sistema tributario es injusto e ineficiente, las estructuras no funcionan, y, por sobre todas las cosas, la situación en los hogares de la mayoría de los cubanos es muy difícil. Por supuesto que unas reformas realizadas solo parcialmente, sin tener en cuenta (o sin querer considerar) los cambios necesarios en los mecanismos y las estructuras, provocan contradicciones que entorpecen los beneficios que pudieran generar. Las reformas no caben dentro de un modelo centralizado y excesivamente controlador.

 

No obstante, los cubanos hemos dado muestras nuevamente de lo fuerte de nuestro espíritu emprendedor y nuestra capacidad de recuperación. Veamos algunos ejemplos:

 

La mínima apertura para el trabajo por cuenta propia no elimina el monopolio estatal sobre la producción y el comercio. El Estado continúa siendo el dueño de las empresas. Los productores de alimentos, por ejemplo, tienen que seguir comerciando únicamente con el Estado.

 

Pero violar esta ley se ha convertido en cuestión de supervivencia, y por encima de ella, la gente comercia, produce y consume. Oficialmente el Estado es el único suministrador de insumos, el único al que se le vende la producción, pero hace mucho tiempo que esto no es así en la realidad. La gran verdad increíble (como diría Milán Kundera) es que la escasez actual estuviera duplicada si los campesinos solo vendieran al Estado o si los trabajadores por cuenta propia solo consumieran en sus negocios lo que adquieren en el mercado estatal. Claro que los precios estuvieran aún más elevados. Los campesinos, las cooperativas, los zapateros, los cocineros, los artesanos, venden sus producciones a comerciantes (llamados intermediarios y prohibidos en Cuba) que la llevan al mercado minorista. Esto es ilegal pero es real y todos lo saben.

 

Otro ejemplo: oficialmente solo el Estado puede importar y exportar mercancías. Las licencias que se conceden excluyen esa posibilidad. Esto frena la entrada de divisas al país por concepto de generación de riquezas. Los cubanos, sin condiciones adecuadas, sin recursos óptimos, por cuenta propia, hemos alcanzado gran calidad en producciones y servicios que, quizás con una mejor materia prima, pudieran competir en buena lid con otros en el mundo. Esto nos está prohibido. Y trabajar solo para un mercado de bajos recursos como el nacional y algún turismo, desestimula a cualquier persona.

 

Claro que esto no es lo que ocurre exactamente en la realidad. Violando las leyes o aprovechando las brechas que estas ofrecen, existen tiendas de ropa importada, mejor provistas que cualquiera de las estatales en divisas, aún cuando la licencia que se otorga es de “modistería y sastrería” lo que implica que la venta debe ser de piezas confeccionadas por quien las vende. Vemos mesas de bisutería y artículos para el hogar en las que puede encontrarse desde una máquina para afeitarse hasta una memoria para un teléfono celular, cuando la licencia que las ampara es de “elaborador de artículos con recursos naturales y metales”, y cualquiera ha podido servirse de los vendedores de materiales de construcción y equipos electrodomésticos que en el exterior de una tienda estatal, nos hacen ofertas de productos que no encontramos en el mercado estatal ni siquiera por divisas, y por supuesto, a mejor precio y sin licencia. Esto no es legal pero es real.

 

Legalmente no existe posibilidad de realizar trabajo por cuenta propia para los profesionales en su profesión. No obstante, estos se ven obligados a buscar ingresos por otras vías para compensar los insuficientes salarios de menos de 40 CUC al mes. Así, por ejemplo, usted puede encontrarse en Cuba un eminente cirujano, con una licencia para conducir un coche de caballos en su tiempo libre, pero no para poner una consulta privada. O un buen dentista que tiene una cafetería por cuenta propia, mientras que en las clínicas las colas son interminables. Los maestros pueden obtener permisos para dar “repasos” (solo reforzando los contenidos impartidos en las escuelas estatales) pero no para dar clases. Los abogados no pueden ejercer si no es a través de un bufete colectivo estatal, pero pueden solicitar licencia para tenedores de libros o hacer dulces.

 

Sin embargo, en la realidad, los que necesitamos los servicios de un médico, una enfermera, un abogado o un maestro, hemos entendido la necesidad de compensar los salarios para obtener un servicio de calidad por parte de estos profesionales. Cuando a uno de estos profesionales, que tienen que ajustarse a su salario, se les resuelve un problema económico o se le hace un presente útil, en agradecimiento por su trabajo o para estimularlos, contribuimos a mejorar sus ingresos y a facilitar que pueda dedicarse a su trabajo sin tener que realizar otra actividad extra.

 

Si bien es verdad que muchas veces esta práctica se convierte en corrupción y los que más tienen y ofrecen, reciben privilegios sobre los que no pueden ofrecer, lo cual no es justo, también es comprensible que ayudar a quienes tienen nuestra vida o la educación de los hijos en sus manos, facilita que su trabajo tenga mejores resultados. Aún hay personas que se resisten y creen que regalar a médicos y maestros, es una práctica inmoral y solo busca privilegios. Algunos médicos y maestros lo entienden mal y solo ponen todo su empeño en atender a personas que le regalan o le pagan. Esto no es bueno ni justo.

 

Lo cierto es que, en la realidad, no es solo el Estado quien controla los servicios de médicos y enfermeras, de maestros o abogados. Ni la educación ni los servicios de salud son tan gratuitos. Esto tampoco es legal pero es real.

 

Lo real parece incontrolable ya. No cambia el sistema pero cambia el ambiente

 

Parece que a estas alturas va a ser difícil cambiar la realidad con la legalidad. Más bien espero que suceda lo contrario: que lo legal cambie por la fuerza de la realidad.

 

Las reformas superficiales realizadas por el gobierno cubano no son suficientes para cambiar el sistema económico pero han cambiado el ambiente entre los cubanos. Competencia, calidad, productos atractivos, estímulo al consumo, creatividad, son realidades que parecían olvidadas en la práctica económica y aparecen nuevamente. Aires de mercado en una economía oficialmente centralizada.

 

A pesar de la voluntad del gobierno de no cambiar el modelo, sino solo actualizarlo, aprovechando las pequeñas aperturas, empujando la cerca que nos frena, con trabajo y creatividad, defendiendo nuestros derechos, los cubanos podemos convertir la realidad en legalidad.

 

 

Revolución reinventada (2012, documental)

Si uno viaja como periodista, la cosa cambia. Tiempo limitado por un visado y un permiso de rodaje que, a su vez, condiciona el recorrido. Ante la cámara, evidentemente, en la calle, nadie dice lo que en realidad piensa. Y si habla, se limita a detalles y cuestiones dentro de la ‘ortodoxia’, no problemáticas. O se cuenta una cosa y después, en un aparte, se confiesa, por ejemplo, “le he dicho que me alcanza el sueldo, pero no es verdad; apenas me llega”. O bien, en medio de un rodaje, cuando tras las presentaciones nadie pone objeciones, al poco llega ‘alguien’ con tono desabrido, enojado, ‘policial’, que no se identifica pero exige identificación y quienes, en principio se mostraban curiosos e interesados ante la cámara, se alejan con rapidez.

Algunas incertidumbres

Fernando Dámaso

29 de agosto de 2013

 

El ‘modelo’ raulista, la ‘nueva izquierda cubana’ y lo que debería pasar

 

La autodenominada “nueva izquierda cubana”, sin papel protagónico en el socialismo vigente en el país, al tratar de fundamentar su necesaria presencia en el debate económico, político y social actual —lo cual nadie discute—, tal vez por inercia repite ciertos gastados argumentos gubernamentales, bastante ajenos a la realidad histórica.

 

Al referirse a la República, esta “nueva izquierda” da por sentado que era neocolonial, sometida, pseudo, plattista, mediatizada, etcétera, y que solo una exigua minoría vivía bien mientras el resto de la población lo hacía en la miseria, sin educación, servicios de salud ni trabajo, además de que imperaba la discriminación racial y de las mujeres. Las actuales autoridades han sido pródigas en demonizar épocas, hechos y personas. Y más, existen quienes lo aceptan como verdades absolutas y, además, las repiten.

 

En realidad, este cuadro tenebroso no era tan así: Cuba ocupaba primeros lugares en la producción agrícola e industrial, servicios de salud, educación, salarios y derechos laborales, además de poseer uno de los más elevados productos internos brutos de la región, lo cual la convertía en un apetecible destino migratorio para ciudadanos de otros países. Tenía una desarrollada y pujante clase media, y nuestros pueblos y ciudades se encontraban en constante desarrollo, tanto desde el punto de vista económico y urbanístico como de sus infraestructuras. En definitiva, la mayor parte de lo valioso que aún poseemos, se lo debemos a esos años republicanos. Obviar esta verdad —a pesar de la politiquería y de otras insuficiencias y problemas que existían, y que aún no estaban resueltos— es ocultar una cara de la moneda.

 

Al referirse, por otra parte, a los funestos años del socialismo, esta nueva izquierda cubana lo califica de “real”, “autoritario”, “estatalista”, “stalinista”, etcétera, centrando la atención únicamente en estas características deformantes, haciéndolas responsables de todos los fracasos, como si no fuera precisamente el sistema, independientemente de sus aberraciones y de las personas, el que ha fracasado dondequiera que se ha tratado de implantar.

 

Al referirse al futuro, la “nueva izquierda” rechaza el regreso al pasado, suponiendo que pueda producirse algo tan absurdo como volver al capitalismo de la década de los años cincuenta del siglo anterior. Por otra parte, a todos aquellos que proponen abandonar el “modelo” raulista, se les señala como responsables de la posible pérdida de la independencia y de la soberanía (términos cada día más fuera de uso en este mundo globalizado), o de sometimiento al poderoso vecino del Norte, repitiendo, tal vez sin darse cuenta, el discurso oficial: “conmigo o sinmigo”.

 

A excepción de una pequeña elite que detenta el poder y la riqueza, lo único que ha distribuido el socialismo cubano a partes iguales entre la mayoría de la población es la pobreza. Esta es la igualdad que aplauden sus defensores internos y externos. El socialismo cubano ha disfrutado de 54 años de oportunidades fallidas, debido a lo cual es poco probable que la población esté dispuesta a darle más oportunidades en el presente o el futuro.

 

Como se dice popularmente, el modelo castrista “ya consumió su cuarto de hora”. Por lo tanto, las nuevas oportunidades deben corresponder a otros proyectos políticos, económicos y sociales, a los cuales pueden y deben incorporarse todos los ciudadanos que sientan por Cuba, pero sin pretender imponer conceptos estrechos, independientemente de que se denominen socialistas democráticos, participativos, críticos, conservadores, liberales, capitalistas, anarquistas, racionalistas, centristas, descentralizadores, pluralistas, renovadores, etcétera.

 

Es natural que este destape político ocurra después de años de una concepción única ideológica, política, económica y social. De la nueva variedad de componentes, debe salir el plato capaz de satisfacer el gusto de la mayoría de los ciudadanos, pero este plato no puede ser preparado por un único chef, sino que en él deben tener opinión y participación principal quienes lo van a consumir, y debe aportar desarrollo económico, libertades y justicia social.

 

El objetivo es insertarnos en el torrente mundial actual y avanzar con él, por las vías que decidan la mayoría de los ciudadanos en ejercicio pleno de democracia, con la participación de todos, sin nuevos y absurdos experimentos políticos, económicos y sociales, y sin ese nacionalismo que lo único que ha logrado es separarnos a años luz del resto de las democracias mundiales.

 

 

¿Hay una economía socialista?

Roberto Álvarez Quiñones

28 de agosto de 2013

 

El castrismo insiste en rendirle culto a su fetiche económico, un experimento mal concebido que ha llevado a la nación al desastre

 

Hasta que la revolución bolchevique de 1917 dividió al mundo en capitalista y socialista, en cada etapa histórica siempre hubo un solo un tipo de economía, que por supuesto no tenía apellidos. Era economía, y punto.

 

Y no fue Vladimir Lenin el innovador que partió las aguas, sino Karl Marx, quien medio siglo atrás, luego de publicar en 1867 el primer tomo de El Capital, esbozó teóricamente los dos apellidos que llevaría la economía mundial durante casi todo el siglo XX, y que increíblemente aún se usan en Cuba y Corea del Norte.

 

No por casualidad ambos países se ubican entre los más pobres y atrasados de Latinoamérica y Asia y ocupan globalmente los dos últimos lugares (176 y 177, respectivamente) en materia de libertad económica según el estudio 2013 Index of Economic Freedom, publicado por el diario The Wall Street Journal y por The Heritage Foundation.

 

Con la imposición —nunca por la vía de las urnas— del experimento social diseñado por Marx, primero en Rusia y luego en otros 34 países (contando por separado las repúblicas de la Unión Soviética y de Yugoslavia), surgieron en el planeta dos economías simultáneas y totalmente diferentes: la capitalista y la socialista (léase comunista, palabra que ya no le gusta a los marxistas porque está muy devaluada).

 

¿Apellido para qué?

 

Con anterioridad a la eclosión de la comunidad internacional del “socialismo real”, no tenía sentido calificar el quehacer económico diario. Era lo natural, producto de una evolución milenaria que comenzó cuando nuestros primitivos ancestros agrupados en clanes y tribus empezaron a intercambiar alimentos y otras cosas en trueques que se fueron sofisticando poco a poco. Nadie en su propio tiempo le puso jamás apellido a algo tan cotidiano.

 

La gente trabajaba, intercambiaba productos, o utilizaba ya la moneda desde que se empezó a acuñar —en el reino de Lidia, actual territorio de Turquía— 620 años antes de Cristo, se alimentaba, se divertía, y se iba de este mundo sin saber cómo se llamaba la economía de su época. Los nobles y más poderosos terratenientes en los tiempos del Cid Campeador no tenían idea de que serían llamados “señores feudales” por los historiadores.

 

Fue ya en la modernidad que los académicos comenzaron a hablar de comunidad primitiva, esclavismo, o feudalismo, para clasificar los modos de producción característicos de cada época histórica. Pero siempre el calificativo vino a posteriori, nunca surgió “en caliente”, mientras se vivían los hechos.

 

Ahora bien ¿hay realmente una economía socialista? Toda teoría para que sea válida debe ser demostrada en la práctica. Si no funciona, no sirve y hay que desecharla. Eso fue lo que ocurrió con el marxismo-leninismo como modelo de sociedad. Fue probado en el laboratorio durante tres cuartos de siglo (1917-1991) sin resultados positivos y finalmente sus propios inventores le dieron sepultura en las murallas del Kremlin.

 

China y Vietnam igualmente desmontan su “socialismo científico”, y a su capitalismo de Estado en desarrollo lo han bautizado como “economía de mercado socialista”, una hibridación absurda (el aceite y el vinagre no se pueden mezclar), pero con la cual Beijing y Hanoi certifican que su modelo económico ya no es comunista.

 

En Cuba, en cambio, se aferran al cadáver y lo mantienen insepulto. Pese a que el comunismo ya pasó a la historia (al precio de 100 millones de muertos, hambre, injusticias, atraso económico) como una utopía más de las tantas fallidas durante nuestra existencia —desde La República de Platón a la “New Harmony” de Robert Owen en Indiana, en el siglo XIX, porque niegan la naturaleza humana—, en Cuba todo estudiante recibe todavía en 2013 una “educación socialista”. Los niños son obligados a decir “Pioneros por el comunismo, seremos como el Che”, y los libros de texto consideran una genialidad de Fidel Castro su frase “El futuro pertenece por entero al socialismo”.

 

El Che Guevara solo cosechó fracasos en cada uno de los proyectos en los que se involucró. Jamás tuvo un acierto, ni práctico ni teórico, en lo político, económico, ideológico y social. Además ejecutó a cientos de civiles inocentes y opositores políticos (a muchos de los cuales dio personalmente el tiro de gracia con su pistola), fue el arquitecto de la “planificación socialista”, las empresas consolidadas y la estatización de la economía cubana hasta hundirla por completo; y quiso ensangrentar Latinoamérica para “crear dos, tres, muchos Vietnam”.

 

La maravilla socialista augurada por Fidel Castro ha sido la causa de que Cuba esté hoy en ruinas, soltando los pedazos.

 

Irresponsabilidad e idiotez

 

Ante las abrumadoras evidencias del desacierto de la economía centralmente planificada, la insistencia de la dictadura cubana en “actualizar el modelo económico socialista” es un insulto a la inteligencia humana. Si haber considerado (por parte de los fundadores del comunismo) como superior un modelo social y económico que suprime la libertad de las personas para crear riquezas y beneficiarse de ello fue un disparate histórico, la insistencia castrista en priorizar la economía estatal y su negativa a liberar en serio las constreñidas fuerzas productivas de la nación es una irresponsabilidad colosal, además de una idiotez.

 

Asombra que el general Raúl Castro, el coronel Marino Murillo y demás artífices de las llamadas “reformas” sigan reiterando que éstas tienen como objetivo fortalecer la economía socialista, y que en todas las instancias del país se siga insistiendo en los Lineamientos del último congreso partidista, según los cuales “la planificación socialista seguirá siendo la vía principal para la dirección de la economía”, que abarcará también “a las formas no estatales que se apliquen”.

 

El documento estratégico rector llega al colmo de precisar que “no se permitirá la concentración de la propiedad en personas jurídicas (negocios privados) o naturales” (individuos). Es decir, nada ni nadie podrá crecer y se fomentará solo la economía artesanal de subsistencia de los tiempos del Adelantado Diego Velázquez.

 

Por lo demás, la realidad muestra inequívocamente que no hay ninguna economía socialista. Todo fue un experimento mal concebido, que nació torcido por ignorar la condición humana, que necesita de libertad para crear y progresar.

 

Lo curioso —e irónico— aquí es que tampoco hay una economía capitalista propiamente. Cuando mencionamos el término estamos validando la extinta subdivisión marxista-leninista. El vocablo capitalista en el argot marxista significa “burgués”, una argucia ideológica y semántica que desde sus inicios tuvo un claro carácter despectivo y lo sigue teniendo, como muestran Evo Morales, Nicolás Maduro y tantos otros populistas.

 

Hay en el mundo una sola economía: la que funciona. Decir capitalista es realmente una redundancia. Pese a sus defectos, insuficiencias y la “exuberancia de los mercados” de que habla Alan Greenspan cuando explica la gran recesión iniciada en 2008, la economía basada en la propiedad privada y la competencia es en los tiempos modernos la única manera que tienen los humanos de producir, crecer y lograr el avance económico, tecnológico, social, científico y cultural.

 

Sobran los apellidos. No tiene que diferenciarse de ninguna otra supuesta economía, llámese socialista o comunista, que no existe.

 

 

La estrategia de Castro, el corto:

perfecto manual para el desastre

Manuel Cuesta Morúa

18 de agosto de 2013

 

 

¿Tiene Raúl Castro visión de Estado? La pregunta se impone al analizar sus siete años de gobierno. Quizá poca gente la haya formulado durante los 46 años anteriores porque la mayoría de los observadores dan por sentado que Fidel Castro tenía un gran sentido de Estado. Puesto en perspectiva, no me lo parece. Se puede ser un animal político y carecer de mirada estratégica hacia un país. Pero es cierto que la fibra política requerida para renovarse constantemente en el poder la poseía Fidel Castro.

 

Mostró la capacidad necesaria para fusionar mito fundacional, sentido de oportunidad y control social. Y todo pareció políticamente perfecto cuando logró esconder detrás de esta fusión la brutalidad de su régimen, su absoluta falta de principios y su incapacidad para una mediana administración de la hacienda. Pero donde se verifica su carencia de visión de Estado es en que no deja nada serio, como legado, en los tres caminos por donde arrancó el mito: el social, el de los valores y en el de la reconquista de la nación. Al final no supo hacer lo que hacen los políticos con testa estratégica: reinventarse.

 

Y los seguidores de Castro, el largo, podrán decir lo que quieran en su favor, solo demuestran sin embargo que la confusión entre expectativas y resultados sigue siendo una materia fascinante para dos tipos de estudios: la mitología y la psicología clínica. Nada tiene que ver con la realidad.

 

Leche y marabú

 

Se esperaba que quien asumiera en el 2006 se diera ante todo un fuerte baño de realidad. Tan lejos se encuentra Cuba de los sueños revolucionarios que este baño era una exigencia preliminar para entrarle a la tarea con frescura y claridad mental. Los asiáticos saben bastante sobre la relación entre sauna y mente. Y eso parecía haber sucedido cuando Raúl Castro pronunció, en su discurso del 26 de julio de ese año en Camagüey, dos palabras triviales: leche y marabú. Indicaban un retorno limpio a la tierra abandonada y un regreso perfumado a la tierra como metáfora; después de un régimen aéreo fuertemente grasoso, que estaba anclado al mundo solo por la retórica y los subsidios extranjeros.

 

Pero estratégicamente Castro, el corto, un desastre listo para redactar un manual. Y no me detengo en el inventario de sus reajustes económicos y sus consecuencias sociales. Se ha dicho bien y bastante en relación con el fracaso de las llamadas reformas, a pesar de la obstinación analítica de una serie incombustible de académicos bien situados en los medios de comunicación, que nunca se dieron (dan) cuenta que en materia de reformas en Cuba se trata (ba) de correr, no simplemente de moverse. En este sentido no me interesa juzgar a Raúl Castro por sus propias palabras: medir al hombre por sus resultados, no por sus esfuerzos.

 

Sí me detengo en dos estaciones para analizar lo que considero una preocupante falta de visión de Estado y de propuesta estratégica. Una es la estación del Mariel y la otra es la estación que viene facilitando la creciente movilidad hacia la Yuma; entendiendo por Yuma lo que entiende el pueblo cubano: todo lo de afuera, sean Brasil, Haití o los mismísimos Estados Unidos.

 

Platanización de la Isla

 

Muchos ven en la construcción del puerto del Mariel un soberbio paso estratégico. Yo veo una platanización portuaria de la isla, por aquello de las repúblicas bananeras es decir, de plátanos, tal y como nos representaban en la escuela a la mayoría de los países centroamericanos. Un poeta social, que recorrió varios puntos de nuestro archipiélago para sentir su vibración antes de reflejarlos en su poesía, nos supo describir a la altura de estos tiempos con una síntesis poderosa y a la vez depresiva: Cuba, la ruina y el puerto.

 

No le encuentro ningún sentido estratégico al proyecto de ratificar a Cuba como Estado rentista que vive de un par de maquiladoras y de la presunta conexión portuaria entre una potencia y media, los Estados Unidos; una potencia en ascenso, China y una subpotencia alegre, Brasil. Desaprovechar las posibilidades económicas que brinda la economía del conocimiento, para lo que mejor estamos preparados, en función de la economía ruda del trabajador portuario, explotado y mal pagado, no se acerca mucho a una visión estratégica de Estado y sí a la de un hacendado listo para cobrar peaje y derechos de almacén a todos los que pasen por sus puertos. Sí es que pasan.

 

Mariel: círculo de la ilusión

 

Porque, y aquí se completa el círculo de la ilusión, semejante paso supone dos elementos agregados: un conocimiento profundo de la realidad interna de los países implicados, y un control eficaz sobre la tentación de las elites que deciden a fin de que, pese a las circunstancias, no se olviden de que en Cuba hay un nuevo puerto que se llama Mariel. Y a juzgar por lo que nos sucedió con la ex Unión Soviética en 1989 y con Venezuela en 2013 tener información sobre, y formación para procesar, lo que pasa de verdad en los países que nos conciernen, al menos económicamente, no es el fuerte de la elite revolucionaria. La ex potencia socialista se destrozó, Maduro ganó perdiendo, a China solo le interesa el dinero que aquí no pagan y Planalto, la sede donde se sienta Rouseff después de Lula, ha estado temblando por estos días.

 

Recordemos que la inversión en el Mariel fue la gestión de un socio de aventuras, Lula, que comprometió a un emporio económico brasileño, Odebrecht, en el supuesto de una hipotética apertura de EEUU hacia Cuba. Es como una novia que se viste para casarse sin tener la seguridad de encontrar al prometido, en este caso exclusivo, que satisfaga su pretensión nupcial. Una novia que, por encima de todo, se comporta como no debería hacerlo quien busca un tipo muy especial de pretendiente: mostrando muy poco de sus posibles atractivos.

 

De subsidiados a economía de enclave

 

Nada tiene de estratégico la conversión de una economía subsidiada a una economía de enclave dentro de las pautas del viejo capitalismo, para un país que exige a gritos, mejor dicho, con buenos modales, una remodernización integral en base a la economía del saber. Si se quiere averiguar por qué el gobierno de Raúl Castro está peleado con esa asignatura que conocemos como estrategia de Estado imaginemos todo lo que se puede hacer desde las potencialidades de Cuba para asegurar la solidez estructural del país, garantizando de paso una gobernabilidad distendida y relegitimida a quienes tendrían que sucederle sin el pedigrí de esas montañas que conocemos como Sierra Maestra. El desarrollo de un puerto no ofrece seguridades en ninguno de los dos sentidos. Coloca a Díaz-Canel en una situación bien precaria frente a dos actores: los sectores rentistas, anclados en corporaciones improductivas, y los ciudadanos, situados al margen de una torta que solo puede crecer aritméticamente, no en términos exponenciales y agregados.

 

¿Y la estación hacia la Yuma? Bueno aquí es donde quizá mejor se revela el divorcio entre el sentido de hacienda y el sentido de Estado. Ya que la hacienda no da de comer, pues debilitemos las posibilidades de redefinir al Estado posibilitando la estancia en el exterior de lo que el lenguaje utilitarista del economicismo llama capital humano. Realmente me asombra que la reforma migratoria haya tenido tantos aplausos en todo el mundo. Una vez concedidos los 15 minutos de fama por la restitución de un derecho que no tenía que desaparecer, debería haber llegado el análisis serio y sosegado sobre su impacto de mediano y largo plazos sobre las bases del proyecto de nación y de país ―que no son la misma cosa.

 

Vivir de las remesas

 

Se siguen confundiendo dos hechos: como reforma económica, la media reforma migratoria convierte a Cuba en El Salvador del Caribe: a vivir de las remesas. Y como restitución de derecho, destruye las opciones de repensar un modelo económico al exportar las mejores y más jóvenes mentes del país, todo lo que evitó un país como la India. El análisis de los medios ha desenfocado el problema. Concentra la discusión en términos políticos superficiales. Dice que el gobierno cubano coloca la pelota en la cancha del resto del mundo, como si se tratara de un torneo que en realidad no existe entre Estados ―todos los países dejan salir a sus ciudadanos y se abrogan el derecho de permitir la entrada de otros ciudadanos― y oscurece el debate principal: el destino de un país, envejecido por demás, que pierde a cuenta gotas o a chorro su gente potencialmente más productiva y creativa, y no reconstruye, por otra parte, su imagen como nación posible. Este es nuestro principal problema de seguridad nacional. Y solo tiene un origen: la concentración de la política en un linaje. Los filósofos de este asunto tienen razón: la política empieza fuera del sofá de la familia.

 

Tal problema adquiere una nueva luz, más peligrosa en términos de seguridad nacional, con una reforma migratoria hacia los cubanos por parte de los Estados Unidos de mucho más calado que la de Raúl Castro. La concesión de visas múltiples por cinco años a quienes vivimos en la isla concede un derecho a extranjeros mayor que el concedido por un Estado a sus propios nacionales residentes dentro y fuera del país. Esto es algo penoso. Los cubanos de aquí podemos entrar y salir libremente de los Estados Unidos durante mucho más tiempo que el que se le concede a los cubanos para entrar y salir de su país de nacimiento sin renovar el permiso.

 

Ciudadanos de dos países

 

Uno de los resultados que tenemos y sobre el que quiero concentrarme es el siguiente: los cubanos nos convertimos, en teoría, en ciudadanos residentes de dos países. Cuba es uno, usted escoge el otro. Un asunto que va más allá de la transnacionalidad de nuestra condición, muy bien analizada por Haroldo Dilla, historiador cubano residente en Dominicana, porque debilita a largo plazo el centro que sirve de eje a la naturaleza global de la ciudadanía. Los cubanos quedaremos en ese mismo plazo en una ambivalencia que debilitará las lealtades hacia una nacionalidad que ya se siente y se vive anémicamente. Una situación extraña y peligrosa para un país sin solidez.

 

Si el relato dice que la nueva política norteamericana sirve para fomentar las relaciones entre cubanos y norteamericanos, y entre cubanos y cubano-americanos, en realidad vamos a un escenario en el que surgen y se fortalecen por un lado las relaciones entre cubano-americanos de hecho, residentes en la isla, y cubano-americanos de jure, residentes en los Estados Unidos y, por otro, entre norteamericanos y cubanos residentes en ambas orillas. Solo quedará un núcleo minoritario de irreductibles que, independientemente de sus signos ideológicos, se resistirá a partir su nacionalidad en dos, frente a la norteamericana, o la española, como las referencias fuertes. Retornamos así al circuito económico y cultural de los Estados Unidos ―de algún modo ya hemos entrado en el español― del que se suponía habíamos salido hace más o menos medio siglo. Sin mencionar otros circuitos menores como los de Jamaica e Italia.

 

Rendirse ante esta realidad, ocultándose detrás de esa retórica antiimperialista de aquí-no-se-rinde-nadie, que mantiene engrasada y quiere “reparar” unas armas obsoletas, es la evidencia de que la estrategia de Estado nunca ha acompañado a los Castro. ¿Será alguna vez viable nuestro paradigma como nación? La pregunta no es retórica.

 

 

Derramar guarapo

Otra vía, otra más

Jorge Ferrer

15 de agosto de 2013

 

Ya lo conté una vez en esta página. Un colega viajó a Myanmar hace un par de años y a su regreso le pregunté qué había oído decir allá de Aung San Suu Kyi, la líder opositora birmana. Me dijo haber constatado que la adoraban todos: el funcionario de la Junta en liquidación y el taxista, el académico y el barquero. La antigua Birmania se embarcaba por entonces en un proceso de transición que ha continuado profundizándose a lo largo de estos meses. Poco que ver con el ominoso “poco a poco” de Raúl Castro, ese general que vive en una Habana a la que el Trópico de Cáncer le sirve de boina, mientras a Rangún, al otro lado del mundo, le hace las veces de sombrero de copa a Thein Sein, quien renunció en 2010 a su rango de general para liderar la transición y abrir su país al mundo, sin Wojtyla que se lo pidiera. Lo reclamaba una oposición prestigiada en todo el mundo y sobre todo allá. Lo pedía a gritos la memoria de los sucesivos levantamientos estudiantiles contra la Junta y, muy especialmente, la de los millares de muertos en las protestas de agosto de 1988. Altos funcionarios del gobierno asistieron hace unos días a los actos por el 25 aniversario de aquella matanza, por cierto.

 

La transición en Myanmar vio a Hilton y Coca Cola aplaudiendo la buena nueva, como lo hicieron las multinacionales de la energía y las telecomunicaciones, todas con los ojos apuntando a ese enclave del Sudeste asiático, un país inmenso que pasa a formar parte de este mundo tras medio siglo de cerrazón y ostracismo bajo un régimen militar. La licitación en junio pasado de dos licencias de telecomunicaciones que ganaron la noruega Telenor y la qatarí Ooredoo fue elogiada por todos los consultores y empresas involucrados como un proceso de transparencia (casi) ejemplar.

 

Por otra parte, las visitas de Barack Obama a Rangún y de Thein Sein a la Casa Blanca, tanto como el viaje de Suu Kyi a Londres, Washington y Oslo, donde recibió por fin el Premio Nobel que le fuera concedido en 1991, han sido muestras espectaculares de que el proceso va en serio. No obstante, es dentro del país, con sus sesenta millones de habitantes, sus explosivos conflictos étnico-religiosos y un subsuelo rico en recursos naturales apetecidos por todos y con especial interés por la China que se juega una buena partida de mahjong con Occidente de invitado que vuela desde lejos a operar en tablero limítrofe, que se decidirá la suerte de un país que abandona a Corea del Norte y a Cuba en la escasa nómina de tiranosaurios dibujados sobre el mapamundi.

 

Tal vez pocos gestos sean más elocuentes del ambiente de reconciliación que las declaraciones que hizo el pasado mes de abril U Soe Thane, antiguo militar de alto rango y hoy ministro encargado del desarrollo de la economía en el período de transición, al Financial Times: “Aung San Suu Kyi es un icono democrático y Thein Sein es un icono de las reformas”. Así, tejida de esos mimbres se está construyendo la Myanmar del mañana, donde gobierno y oposición comparten un mismo propósito: encauzar al país por la senda de la economía globalizada, aspirar a un crecimiento económico notable suspendido el embargo, ganar la paz social desde la concordia democrática.

 

La Cuba de Raúl Castro podría mirar a Myanmar, y seguramente lo está haciendo de soslayo, al tiempo que se mira en el espejo de Vietnam, Rusia o China, cuya suerte ansía. Hay una salida birmana. Pero La Habana que se ha visto reunida con Corea del Norte en los titulares estos días no elegirá la vía rápida hacia la Coca Cola. Ya se vio en el Canal de Panamá que lo suyo es derramar guarapo hasta el fin de los días.

 

 

El rostro opaco de las reformas en Cuba

Mimi Whitefield

mwhitefield@MiamiHerald.com

 

Las iniciativas empresariales tienen muchos rostros en la Cuba de hoy, desde vendedores callejeros que ofrecen camisetas muy cortas adquiridas en las tiendas de descuento de Miami, a ser chofer de un taxi bicicleta, a un restaurante privado con manteles donde las propinas ya están incluidas en la cuenta.

 

Pero aunque el gobierno declaró inicialmente que deseaba sacar a 500.000 cubanos de las nóminas estatales para abril del 2011 y a otros 800.000 para el comienzo del 2012, se ha quedado corto en esas metas. Y hay una amplia zona gris en este mundo de los llamados cuentapropistas, donde el autoempleo funciona en los límites de la legalidad, faltan elementos claves que podrían llevar a exitosas pequeñas empresas y permanecen amplias preguntas sobre cómo el programa debe seguir adelante en un país comunista.

 

También hay desacuerdos sobre si el coqueteo de Cuba con los negocios privados representa un camino hacia una verdadera iniciativa empresarial o ha simplemente resultado en reforzar una economía informal en que los cuentapropistas se guían por las reglas para sobrevivir.

 

A finales de mayo, casi 430.000 cubanos en una fuerza laboral de 5 millones eran autoempleados, de acuerdo con un informe del Ministerio Cubano del Trabajo y la Seguridad Social. Pero no todos ellos eran empleados gubernamentales dados de baja.

 

Alrededor de un 14 por ciento estaban retirados, lo que significa que no cambiaron de ser empleados estatales a trabajar por su cuenta, y analistas dicen que un gran número eran probablemente exoperadores en el mercado negro, que están acostumbrados a funcionar fuera de los límites del control estatal, o trabajadores que han mantenido sus empleos estatales pero quieren ganar un dinero extra.

 

“Hasta ahora, ha sido más de legalizar la economía ilegal que la creación de una pequeña clase empresarial”, dijo Ted Henken, un profesor del College Baruch y presidente de la Asociación para el Estudio de la Economía Cubana.

 

El auto empleo se permite en 181 actividades económicas, y un 18 por ciento de cuentapropistas están empleados por dueños de pequeños negocios. En otros proyectos incipientes de negocios privados, se han lanzado una gran cantidad de cooperativas no agrícolas –muchas de ellas antiguas compañías estatales– y granjeros privados cultivan ahora lo que una vez fueron tierras públicas inactivas.

 

El incipiente sector privado es principalmente una economía de servicios. Las actividades más populares son vender y preparar alimentos, transporte de carga y pasajeros, rentar viviendas y vender productos agrícolas en la calle, de acuerdo con el Ministerio del Trabajo y la Seguridad Social.

 

Karina Gálvez, una economista de Pinar del Río, está de acuerdo en que los recientes cambios no son necesariamente cosas que el gobierno deseaba hacer, pero agregó que la situación económica así como las presiones de la emergente sociedad civil de Cuba obligaron a las reformas.

 

Al hablar en Miami, en una reciente reunión de la Asociación para el Estudio de la Economía Cubana (ASCE), Gálvez dijo que muchos de los auto empleados tienen que “incumplir la ley” para poder vivir, porque los impuestos son tan grandes y muchas actividades de auto empleo aún no son permitidas, como el trabajo por cuenta propia de abogados, contadores, arquitectos y otros profesionales.

 

Algunos de los nuevos empresarios han recurrido a sobornar a los inspectores para evitar altas multas por violaciones, dijo Gálvez, quien es también una de las fundadoras de Convivencia, una revista digital.

 

“En Cuba, todos cometen ilegalidades en sus negocios”, dijo Antonio Rodiles, un activista político cubano que ha creado un foro para el debate público a través de su movimiento Estado de SATS. Una de las infracciones más comunes, dijo, es robar electricidad porque las cuentas de los servicios públicos son muy altas.

 

“En este momento, el autoempleo está fallando”, dijo Rodiles. Muchos de los cuentapropistas dependen del mercado negro para suministrarse, y en vez de la emergencia de una pequeña clase empresarial, agregó, lo que sucede es el estímulo de una economía informal o subterránea.

 

Pero Gálvez dijo que ella cree que el autoempleado prefiere operar legalmente. “Esto me da esperanza”, comentó. “Creo en la fuerza de la pequeña”.

 

José Luis Leyva Cruz, un profesor de la Universidad de Camaguey, también ha abrazado la iniciativa empresarial con un proyecto que él llama “DLíderes”, cuya meta es desarrollar líderes empresariales en Cuba. Al no tener otro espacio, la organización celebró su primera reunión frente a su casa en Camagüey.

 

Él describió las metas de DLíderes durante la reunión de la ASCE: Desarrollar redes de empresarios e intelectuales, suministrar entrenamiento en liderazgo y tecnología, desarrollar una revista digital llamada @emprenda, y conectar los patrones internacionales con los empresarios cubanos.

 

“En La Habana ves una cantidad de empresarios exitosos que crean empleos o están innovando”, dijo Henken. Por ejemplo, algunos de los paladares más sofisticados tienen música en vivo, bares bien surtidos y comida gourmet.

 

“Hay una nueva clase de restaurantes gourmet de alta calidad que sobreviven principalmente por el ingenio de sus dueños”, agregó. Pero Henken dijo que algunas de las empresas más establecidas “pueden tener alguna forma de protección” y son administradas por exmilitares o funcionarios del gobierno.

 

Muchos autoempleados están “aún atrapados en el modo de supervivencia con una productividad muy baja”, dijo Henken. “Y se causa mucha corrupción por reglas impracticables y antagónicas que el gobierno ha puesto en marcha”.

 

Analistas dicen que ingredientes importantes para que estas pequeñas empresas tengan más éxito serían programas de microcrédito, una red mayorista confiable que las suministre y un sistema para permitir inversión de capital.

 

“El micro empresario es el comienzo de la solución, no la solución”, dijo Jorge A. Sanguinetty, presidente de Devtech, una firma consultora internacional que se especializa en el desarrollo.

 

 

El mandato del pasado marca a Cuba

Rafael Rojas

5 de agosto de 2013

 

Fidel y Raúl legarán un país distinto al que intentaron construir entre 1961 y 2006: capitalista, autoritario, desigual, atrasado, heterogéneo y donde cualquier religión tendrá más proyección que el marxismo-leninismo

 

¿Qué Gobierno de la Tierra no es contradictorio en este enrevesado siglo XXI? Todos los son, aunque sus contradicciones sean más de método que de espíritu. Las contradicciones del Gobierno no democrático cubano, que encabeza el octogenario Raúl Castro, parecen ser, sin embargo, del segundo tipo: ideológicas, más que políticas. Políticamente, las élites de la isla saben adónde quieren ir —un régimen autoritario de mercado, en el que el honor y la fortuna de sus líderes máximos sean intocables—, pero ideológicamente no saben cómo llegar.

 

Una simbología contradictoria se ha adueñado del lenguaje del poder cubano. Los dirigentes dicen que hay que “cambiar la mentalidad”, abandonar el paternalismo estatal, hacer a los ciudadanos más autónomos —al menos económicamente— y a la prensa más crítica e independiente. Pero también dicen que en Cuba la moral pública está degenerando, como consecuencia del desgaste del control social, la “perdida de valores”, el avance del mercado, las nuevas tecnologías, la democratización mediática, la cultura popular y las alteridades civiles. En síntesis, los gobernantes cubanos aspiran al absurdo de un capitalismo con moral comunista y/o católica en el Caribe.

 

Las contradicciones del Gobierno de Raúl Castro no son de método: la hoja de ruta hacia un capitalismo de Estado ya está trazada y, a diferencia de los años noventa o los primeros de este siglo, no habrá marcha atrás. El estrecho margen de posibilidad de una reforma política, que complete el tránsito de un régimen totalitario a otro autoritario, también se abrió: reelección limitada, relevo generacional, separación del Estado y el partido y, eventualmente, mutación de este último, de entidad única a entidad hegemónica. Nada impide ni amenaza el proyecto sucesorio de las élites cubanas, desde adentro o desde afuera.

 

A falta de otra opción, la comunidad internacional no rechaza ese proyecto y piensa que con el mismo se logra la integración de la isla a las redes globales. El país que sostiene la política menos amistosa hacia Cuba, Estados Unidos, acaba de dar una significativa lección de rebasamiento de la lógica de la guerra fría. Luego de que el Gobierno cubano fue descubierto en un intento de transportar subrepticiamente material bélico, por el canal de Panamá, bajo unos sacos de azúcar en las bodegas de un barco norcoreano, Washington restó importancia al incidente y llamó a privilegiar el marco de entendimiento bilateral, abierto con el diálogo migratorio entre ambos Gobiernos.

 

La propia administración de Obama observa con interés los cambios que se producen en La Habana

 

¿Qué impide entonces, al Gobierno cubano, avanzar políticamente hacia la meta trazada por sus propios dirigentes? Por un lado, el tiempo: el tránsito al autoritarismo debe producirse en los próximos años, mientras vivan los dos líderes máximos, sin amenazar la unidad del bloque hegemónico. El tiempo de la reforma es corto, pero tampoco debe acelerarse, al punto de poner en riesgo la sucesión en vida de las dos principales figuras de la generación histórica. Una coyuntura clave, por lo pronto, será la que se abra entre 2017 y 2018, con las próximas elecciones legislativas y ejecutivas.

 

Pero no solo es el tiempo, también es la ideología. Los gobernantes cubanos están decididos a no dar marcha atrás, esta vez, pero siguen sin saber de qué manera reemplazar simbólicamente la ausencia de Fidel. Entre 1959 y 2006, siempre tuvieron a mano el vínculo carismático de Castro con las masas para suplir cualquier incoherencia. Ahora prefieren la opacidad, el hermetismo o los discursos fríos, breves, insípidos y ambivalentes, como el de Raúl el pasado 26 de julio en Santiago de Cuba.

 

Allí Castro no se refirió al escándalo del Chong Chon Gang —tuvo que ser su hermano convaleciente quien lo aludiera, en una carta, acusando de calumnia a quienes no han hecho más que relatar la realidad: que Cuba transportaba a Corea del Norte armas ocultas bajo unos sacos de azúcar—, pero aseguró que en la isla el relevo generacional ya está en curso. Solo que poco antes había afirmado que la revolución cubana seguía siendo joven, como 60 años atrás, cuando Fidel y sus hombres asaltaron un cuartel del ejército, con el fin de realizar un programa democrático que ellos mismos declararon superado en abril de 1961, al iniciar la transición socialista.

 

Todas las incoherencias teóricas —reclamar a estas alturas la vigencia de un programa político, cuyo primer punto era el restablecimiento de la Constitución de 1940 y el Estado de derecho liberal— o prácticas —decir que están por el desarme nuclear y transportar misiles ocultos a Corea del Norte— de la dirigencia cubana, tienen como trasfondo la falta de resolución ideológica que se requiere para echar a andar, junto con la discreta apertura económica, una reforma política que dé, finalmente, el salto a un régimen autoritario de partido hegemónico. Una reforma que ya ha sido contemplada por esos líderes, pero que astutamente postergarán hasta el último minuto.

 

El comercio de armas con Corea del Norte es una buena evidencia de la presencia de viejos lazos

 

Los gobernantes cubanos constatan que la favorable situación internacional que los rodea responde a las expectativas generadas por las medidas de los últimos años y se empeñan en presentar esa atmósfera como lo que no es: un triunfo de sus ideas. Todos los Gobiernos europeos y latinoamericanos, incluidos los del ALBA, los alientan a continuar por el camino de las reformas. La propia Administración de Obama ha declarado, en varias ocasiones, que observa con interés los cambios que se producen en Cuba y responde positivamente a pasos de La Habana, como prueba la reciente decisión de conceder a los cubanos visas por cinco años, con múltiples entradas, acordada tras el diálogo migratorio entre ambos Gobiernos.

 

Para Fidel y, en menor medida, Raúl, que siguen imaginándose como jerarcas de la vieja izquierda mundial, tanta expectativa de cambio no es buena. El reto que enfrentan, en el último tramo de sus vidas y su poder, es el de impedir que el desmontaje del sistema que están operando entreabra la puerta de una transición democrática que refunde la historia de Cuba. Ante el temor de que esa refundación certifique un saldo negativo de su prolongado poder, se proponen revestir de continuidad simbólica el cambio real.

 

Si todo sale como han previsto, Fidel y Raúl legarán una Cuba bastante distinta a la que intentaron construir entre 1961 y 2006. Una Cuba capitalista, no totalitaria sino autoritaria, desigual, atrasada, heterogénea y donde pesará más cualquier religión que la filosofía marxista-leninista. Una Cuba más parecida a la Rusia de Putin que a la Unión Soviética de Brezhnev, que les sirvió de modelo entre los años sesenta y ochenta. Esa será la Cuba que los sobrevivirá, pero ellos habrán muerto sin renunciar a una ideología que desmontaron, en la práctica, al ocaso de sus vidas.

 

La resurrección meramente simbólica del programa del Moncada o el real comercio de armas con Corea del Norte son buenas evidencias de que el mandato de los Castro proviene del pasado. Un pasado que se manifiesta lo mismo en la distorsión de un proyecto democrático, como el de julio de 1953, o en la perpetuación imaginaria de la guerra fría, de la mano de Pyongyang, pero que, al final, adquirió su mayor deuda con el viejo comunismo totalitario del siglo XX. Al legar una Cuba discordante con ese modelo, los Castro pueden estar incubando una aporía que pesará sobre la política cubana del siglo XXI.

 

La aporía se resume en el hecho de que los dos únicos gobernantes que habrá tenido Cuba, probablemente, en 60 años consecutivos, gravitarán como un referente ideológico sobre las futuras generaciones de cubanos, gracias a haber dejado un sistema social, económico y político diferente al que intentaron construir. Buena parte de las reacciones que generará esa Cuba capitalista y subdesarrollada, en las próximas décadas del siglo XXI, se mirará, para bien o para mal, en el espejo de aquel fallido intento de un socialismo en el Caribe.

 

 

Por fin, ¿tomamos en serio la actualización?

Haroldo Dilla Alfonso

5 de agosto de 2013

 

Los dirigentes cubanos no cesan ni un momento en blasfemar contra lo que son reales avances y minimizarlos

 

Siempre me quedan dudas de hasta donde los dirigentes cubanos saben de que están hablando y desde donde comienzan a hablar tonterías. Y para bien del país, quiero decir para bien de la gente que día a día tiene que hacer su vida en la Isla, a veces quisiera que esos dirigentes fueran mentirosos compulsivos en aras de una agenda oculta, pero que saben de que hablan. Porque de lo contrario, si estas criaturas creen realmente lo que dicen, entonces no me quedan dudas de que la suerte de mis compatriotas “insiliados” no es nada envidiable.

 

Hace algunas semanas el gobierno decidió autorizar las cooperativas urbanas de servicios. Un tema interesante que ha encendido los ánimos de algunos izquierdistas críticos del patio, quienes no acaban de entender que las cooperativas no son per se de izquierdas o de derechas, sino solo espacios de gestión cuya orientación depende de cómo se relacionan con el resto de la sociedad. Cuestión esta última que los diseños cubanos empujan estrictamente hacia una relación de mercado, y por tanto a la derecha, pues el sistema de dominación no resiste relaciones horizontales más allá de la compraventa. Y con la gobernabilidad autoritaria no se juega.

 

No obstante, en cualquier circunstancia el paso es positivo, porque ayuda a desestatizar la sociedad, permite a la gente mejorar sus existencias y hace más fácil y eficiente la vida cotidiana, entre otros factores. El problema radica en que a pesar de que los dirigentes cubanos no tienen otra opción que hacer esto, y otras cosas que no hacen por miedo a sus propias debilidades, no cesan ni un momento en blasfemar contra lo que son reales avances, minimizarlos, y finalmente situarse en ese umbral que comparten el disparate y la alevosía. Y de paso, desorientan a toda la sociedad, o al menos a la parte de ella que aún le escucha.

 

Ahora tocó el turno a una señora llamada Grisel Tristá Arbesú, y que funge como jefa del Grupo de Perfeccionamiento Empresarial de la Comisión Permanente para la Implementación y Desarrollo, un título largo que, de ser cierto, implica responsabilidades y habilidades.

 

Según la Sra. Tristá, se habían creado 124 cooperativas, la mayoría entidades previamente existentes como unidades estatales. “Con esta medida —dijo— estamos apostando a gestionar, de forma cooperativa, actividades que estatalmente no han sido eficientes. Ello, además, le permite al Estado irse desprendiendo de asuntos que no son trascendentales en el desarrollo de la economía”.

 

Es decir que para esta funcionaria las cooperativas —e imagino que todo el sector privado de pequeña escala— sirven para hacer el trabajo sucio a la gestión estatal, ocupándose de “lo ineficiente”, que ya el Estado no quiere y que además no es importante.

 

Una visión muy particular, no solamente de las cooperativas y el sector privado, sino también de lo que es importante. Porque si la memoria no me traiciona la estrategia gubernamental para resolver el grave déficit alimenticio del país es traspasar a privados y cooperativas la producción de alimentos. Pero la propia inauguración de las cooperativas urbanas tiene lugar precisamente en el manejo de los mercados agropecuarios. De manera que para esta funcionaria producir comida y administrar el acceso de la población a ella es un tema secundario, diríase que no estratégico.

 

Pero al final, y de manera aún mas sorprendente, aclaraba que “ellas están llamadas a ocupar un lugar importante en la economía del país” pero no porque se trate de un proceso de privatización. “Las cooperativas —aclaró emulando las encuestas que hacía Opinión del Pueblo— no son resultado de un proceso de privatización, sino que administrarán la propiedad estatal que es, en definitiva, de todo el pueblo”.

 

En fin, aquí les dejo el asunto. ¿Lo tomamos en serio?

 

 

Cuba: entre el doctor Jekill y el señor Hyde

Vicente Botín

4 de agosto de 2013

 

“Acércate más, y más, y más,/ pero mucho más…” Osvaldo Farrés podría cantar como nadie las excelencias del nuevo jabón medicinal cubano que según reza la publicidad tiene “beneficios probados en la eliminación de olores axilares, vaginales y en los pies”. Con ese jabón, que se vende a 25 pesos cubanos la unidad, el gobierno quiere hacer olvidar las denostadas pastillas “Batey” y Nácar” que hasta hace poco se vendían por la Libreta de Racionamiento y que además de su desagradable olor provocaban irritación en la piel.

 

El nuevo producto, loado por la prensa cubana por “su eficacia en la limpieza profunda de la piel y la acción germicida”, carece sin embargo de propiedades para limpiar “la corrupción y la pérdida de valores morales y cívicos” que denunció recientemente Raúl Castro en la Asamblea Nacional del Poder Popular. El presidente trazó un sombrío panorama del país como consecuencia del deterioro de valores como “la honestidad, la decencia, la vergüenza, el decoro, la honradez y la sensibilidad ante los problemas de los demás”.

 

Raúl Castro reconoció que “una parte de la sociedad ha pasado a ver normal el robo al Estado” y enumeró una larga lista de “indisciplinas, hechos delictivos o comportamientos inadecuados” desde “la comercialización ilegal de bienes y servicios, la aceptación de sobornos, las construcciones ilícitas o el fraude académico” hasta “la chabacanería o el uso indiscriminado de palabras obscenas”.

 

Días después Raúl Castro pareció haber olvidado por completo el sombrío panorama que trazó ante los asombrados “parlamentarios” cubanos. En un discurso que pronunció en Santiago de Cuba, con motivo del 60 aniversario del frustrado asalto al Cuartel Moncada, Castro se enorgulleció de la obra realizada por “la generación histórica” que lideró el proceso revolucionario que “seguirá siendo de los humildes, por los humildes y para los humildes”, y reiteró que “está en marcha el proceso de transferencia paulatina y ordenada a las nuevas generaciones de las principales responsabilidades de dirección en la nación”.

 

Raúl Castro ondeó en su arenga “las banderas de la revolución y el socialismo” por las que, según dijo, “entregaron sus vidas innumerables patriotas y revolucionarios desde los indios y esclavos que se rebelaron contra la opresión hasta nuestros días”. Un buen discurso “electoralista” podría decirse, patriotero y repetitivo hasta la saciedad, coreado por los jefes de estado y de gobierno de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América y el presidente de Uruguay. No podía faltar en esa celebración un homenaje a Fidel Castro porque, según dijo su hermano Raúl, “nos guió a la victoria y situó en el mapamundi a nuestra pequeña isla como un baluarte de la justicia social y el respeto a la dignidad humana”.

 

El “baluarte” de “justicia” y “respeto” es una entelequia, como el hombre nuevo, un mantra en el santoral de la revolución repetido hasta la saciedad. El presidente de Cuba, como hiciera tantas veces su hermano Fidel, ha reconocido que la corrupción, más que Estados Unidos, puede acabar con la revolución.

 

Pero “hurgar en las causas y condiciones” que han llevado a esa situación, como ha dicho Raúl Castro, es una tarea imposible porque es muy difícil perseguir a la propia sombra. No se puede ser pirómano y bombero a la vez. Había que recordarle al benjamín de los Castro las palabras de su hermano Fidel en su alegato “La historia me absolverá”: “Y cuánta charlatanería para justificar lo injustificable, explicar lo inexplicable y conciliar lo inconciliable”. Tanta palabra hueca para ocultar que los mercados “no están abarrotados de productos” ni llenas “las despensas de las casas” como prometió el líder máximo en su defensa por la locura del Moncada.

 

Hoy, los principales “logros” de la revolución son la cartilla de racionamiento, que acaba de cumplir cincuenta años, y la bicicleta. Por la “libreta”, como se la conoce popularmente, los cubanos pueden comprar algunos productos subvencionados que apenas llegan para siete días al mes. La mayoría de los artículos tienen que adquirirlos en pesos convertibles, con un valor 24 veces superior al peso cubano, moneda en que se pagan los salarios. Con un sector agrícola estancado después de medio siglo de control centralizado del gobierno, Cuba tiene que importar hasta el 80 por ciento de los alimentos que consume, con una factura anual que supera los 1.500 millones de dólares anuales. La forma de acceder a ese otro mercado es mediante “los hechos delictivos” que denuncia Raúl Castro.

 

Ante la debacle del transporte público, la bicicleta se presenta otra vez como alternativa para los cubanos, como ocurrió durante el “periodo especial”. Los famosos autobuses chinos “Yutong” que según Fidel Castro iban a ser la panacea, van muriendo lentamente sin piezas de repuesto, lo que les ha llevado a un proceso de canibalización para aprovechar las piezas sanas de los estropeados.

 

Mientras la nomenclatura ha ido acumulando poder y privilegios, los “humildes” siguen soportando los desatinos de un sistema que se enorgullece de sus “logros”. Con sus “reformas” para parchear el desastroso panorama económico del país, Raúl Castro trata de ganar tiempo para ceder, como ha dicho, su lugar a los “pinos nuevos”. No deja de ser una paradoja que en un país de palmeras Raúl Castro utilice los pinos como metáfora. Pero las paradojas tienen mucho que ver con la idiosincrasia de los hermanos Castro que han destruido Cuba y se rasgan las vestiduras como si no tuvieran nada que ver.

 

Raúl Castro quiere hacernos creer ahora que es el doctor Jekill y culpa al señor Hyde de todos los desastres del país sin querer reconocer que ambos son la misma persona.

 

 

Raúl Castro y la juventud de sus ancianos

Para ser joven hace falta algo más que proclamarlo

Eugenio Yánez

1 de agosto de 2013

 

Como no tiene ningún logro que mostrar, Raúl Castro dijo que ese engendro que en estos momentos él dirige “sigue siendo una revolución de jóvenes”, como lo eran los que atacaron el Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953.

 

Ser joven, más que por edad biológica, puede ser una condición del espíritu que no necesariamente se marchita con el paso de los años. De manera que no habría nada extraño en personas de la tercera edad que se sientan jóvenes. ¿Será ese el caso de los dirigentes cubanos?

 

Y, también, por el contrario, tengamos en cuenta que ha habido jóvenes, biológicamente hablando, que desde siempre fueron decadentes, amargados, incapaces de atisbar un lado agradable de la vida, o de reírse alguna vez con un chiste del recientemente fallecido Guillermo Álvarez Guedes. Las frustraciones, odios y envidias les corroen. Pongo un ejemplo: ¿alguien ha escuchado alguna anécdota, narración o testimonio que mencione a Fidel Castro haciendo un chiste o “tirando un pasillo” de baile, en cualquier lugar, momento o circunstancia? A pesar de tratarse de dos acciones que son parte intrínseca del código genético de cualquier cubano en cualquier época, joven o anciano, hombre o mujer, profesional o analfabeto, del campo o la ciudad, generales o doctores, obispos o embajadores.

 

En honor a la verdad, no es el caso de Raúl Castro: en los años sesenta le gustaba “arrollar” en las congas santiagueras en tiempos de carnaval. Igualmente, en muchas ocasiones trata de hacer chistes, aunque sabemos que esa no es su especialidad.

 

Entonces, ¿Raúl Castro puede ser considerado eternamente joven, mientras su hermano mayor, ahora con casi 87 años, nunca fue joven? No hay que ir tan rápido hacia las conclusiones, que quedan otros puntos por revisar.

 

La verdadera jerarquía del poder en Cuba, aunque muchos “cubanólogos” no lo sepan, así como tampoco muchos corresponsales extranjeros acreditados en la Isla, se determina por el orden en que se anuncian los integrantes del Buró Político al terminar los congresos del Partido. Quien quiera decir otra cosa o señalar que eso son invenciones está en todo su derecho, pero no necesariamente tendrá razón.

 

Y en el Sexto Congreso —ese de lineamientos y actualización— los primeros cinco en el orden de presentación fueron Raúl Castro, Machado Ventura, Ramiro Valdés, Abelardo Colomé (Furry) y Esteban Lazo, cinco “casi adolescentes” que acumulan entre ellos trescientos ochenta y ocho años de edad.

 

El próximo en la lista era el ahora defenestrado Ricardo Alarcón (76 años), seguido por el aparente delfín Miguel Díaz-Canel (52). A continuación los generales “Polo” Cintras Frías, Ramón Espinosa y Álvaro López Miera, y el insípido Salvador Mesa Valdés: entre los cuatro superan los doscientos ochenta años.

 

Entonces, considerando en la lista a los primeros diez miembros del Buró Político en activo en estos momentos resulta una suma conjunta de 720 años, a un promedio de 72 per cápita, gracias a que la presencia de Díaz-Canel ayuda a reducir la cifra. Si él no fuera incluido, los otros nueve “jovencitos” del Buró Político promedian más de 76,2 años per cápita.

 

Añádase a la lista altos funcionarios del gobierno muy cercanos a Raúl Castro, como los generales Antonio Enrique Lussón y Ulises Rosales del Toro, o los “civiles” Ricardo Cabrisas y “el gallego” Fernández, que entre los cuatro aportan unos trescientos diez años de edad al “círculo infantil” de Raúl Castro.

 

Con esa selecta tropa para dirigir el país, que de conjunto supera mil años, Raúl Castro, pretende que lo que él llama revolución cubana siga siendo “una revolución de jóvenes”. Pero visto que lo de jóvenes no puede ser por edad, se podría pensar que lo considera así por la actitud que adoptan ante la vida.

 

Características de los jóvenes en general son la apertura hacia nuevas ideas, la rapidez con que actúan, la flexibilidad de pensamiento, el interés por lo desconocido, la disposición a experimentar nuevos proyectos, la serenidad con que se arriesgan, y hasta cierta irreverencia hacia teorías que no se corresponden con su imagen del futuro.

 

Y parece que ninguna de esas características pueden encontrarse ni en Raúl Castro ni en ninguno de los primeros diez miembros del Buró Político, que siempre asienten mansamente, sonríen metódicamente, aplauden acompasadamente, y actúan ovinamente cada vez que se habla de que hay que avanzar “sin prisa pero sin pausa” aunque se esté al borde del abismo. Y cada vez que escuchan la frasecita repiten: “sin prisa pero sin pausa”. Sería lo mismo a la inversa, “sin pausa pero sin prisa”: nada cambia, ni la prisa ni la pausa.

 

Y dicen fundamentar su proyecto político en una ideología del siglo 19 que ya en el 20 había quedado obsoleta y en el 21 solamente la enarbolan las lumbreras intelectuales que dirigen países “revolucionarios” de América Latina, mientras Fidel Castro se dedica, según ilustres visitantes, a buscar nuevas fuentes de alimentación para la humanidad, después de haber destruido todas las existentes en Cuba antes de su funesta aparición.

 

Esa comparsa en el poder mantiene y defiende posiciones trogloditas: reaccionarias, conservadoras y retrógradas. Entonces, si esa camarilla ni por edad, ni por actitud, ni por ideología, ni por comportamiento, ni por pensamiento, ni por resultados, ni por acciones, ni por correr riesgos, dan la impresión de ser o de que les interese ser jóvenes, ¿a que viene esa pretensión extemporánea de Raúl Castro y la gerontocracia cubana de hacerse dueños también de los conceptos de juventud y de futuro?

 

Mejor que en vez de intentar deformar la realidad dejaran paso a las nuevas generaciones, que lo harán mejor, porque es imposible hacerlo peor. Y si les queda espíritu para algo, que se dediquen a contar chistes o intentar “pasillitos” de baile.

 

Aunque algunos de ellos, si lo intentaran, serían tremendamente aburridos. Casi tanto como Fidel Castro.

 

 

El modelo económico cubano

impide necesarias reformas de calado, según expertos

1 de agosto de 2013

 

EFE

Miami – El modelo económico que rige en Cuba hace inviable las necesarias reformas estructurales que tiene que abordar el Gobierno y aboca a la isla a la continua experiencia del fracaso, advirtieron hoy en Miami varios expertos.

 

La “actualización” del modelo económico socialista de la isla es una utopía inviable que “no logra transformar la naturaleza del sistema”, pese a las reformas emprendidas bajo el Gobierno de Raúl Castro, coincidieron dos economistas en una conferencia celebrada hoy por la Asociación para el Estudio de la Economía Cubana (ASCE).

 

“El problema es que ese modelo económico no ha funcionado, sino que ha fracasado en el pasado” y es un “obstáculo” para culminar “reformas estructurales pendientes muy importantes” en la isla, destacó Carmelo Mesa-Lago, catedrático emérito de Economía de la Universidad de Pittsburgh (Estados Unidos).

 

En opinión del académico, los excesivos controles y regulaciones, los altos cargos tributarios y la ausencia de reformas clave, además de numerosas prohibiciones, se convierten en un muro insalvable para desarrollar con éxito una política económica que impulse el progreso del país.

 

Reconoció, no obstante, que las “reformas orientadas al mercado” que ha impulsado el general Castro entre 2006 y 2013 son las “más importantes tanto en número como en profundidad” que se han llevado a cabo bajo la revolución.

 

Resaltó, como positivo, la “lucha contra la corrupción” emprendida dentro de la Administración, que ha supuesto la presentación de cargos contra “al menos 300 altos funcionarios y directores de empresas, también extranjeros”. Además, agregó, se percibe una “cierta apertura a la crítica”.

 

En cuanto a las reformas de carácter estructurales, que comenzaron con la llamada “actualización del modelo económico” hace dos años, lo que trasciende es que el “plan central predominará sobre el mercado, y la empresa estatal sobre la empresa no estatal o privada”, algo que “pinta mal”, porque ese “tipo de modelo fracasó ya en países como Polonia, Hungría y Yugoslavia”.

 

Se refirió a la entrega de tierra estatal ociosa en usufructo, que supone el reconocimiento de que hay un excedente de mano de obra estatal de entre 1,3 y 1,8 millones de trabajadores, hasta el 38 % de la fuerza laboral, indico Mesa-Lago.

 

Pero insistió en la importancia de acometer una serie de “reformas estructurales pendientes”, entre otras la “desregulación de empresas estatales clave”, una nueva ley de inversión extranjera, esencial, el fin de la “dualidad monetaria (el peso cubano y el CUC)”, la unificación de la tasa de cambio y la reforma general de precios y bancaria.

 

Entre los principales obstáculos, el académico mencionó las excesivas regulaciones, demasiados impuestos, exclusiones y prohibiciones que continúan”, además de la “ausencia de las reformas clave” citadas.

 

El “mayor obstáculo para la reforma es el modelo en sí mismo”, reiteró, para apuntar que el producto interno bruto en 2012 fue del 3 %, el cuarto crecimiento más bajo de América Latina, precisó el prestigioso académico.

 

En parecidos términos se expresó el economista Rolando H. Castañeda, quien consideró que “las reformas no van bien, como así lo demuestran los propios discursos de Raúl Castro”.

 

“Cuba requiere de reformas estructurales de mayor envergadura, cruciales para progresar y mejorar el bienestar de los ciudadanos”, señaló el experto.

 

En ese contexto, el general Castro ha desaprovechado “las oportunidades de seis años de largueza venezolana y cuatro años de aumento de remesas y viajes desde EE.UU”, además de errar al “achacar al ciudadano el fracaso de las propias insuficiencias de su Gobierno”.

 

Para René Gómez Manzano, abogado y jurista cubano radicado en la isla, Cuba es el “paraíso para posibles dirigentes corruptos, pero un país de riesgo político alto” para la empresa extranjera, que “corre riesgos graves”.

 

Se refirió al caso de empresarios extranjeros detenidos en un país donde la ley de procesamiento penal permite al fiscal prolongar el tiempo de reclusión de alguien sin necesidad de instruir el caso en los tribunales.

 

“El uso del derecho penal como método para reprimir es generalizado” en la isla, apuntó Gómez Manzano, quien recordó delitos ya extintos y tan ridículos como el de “prestación deficiente de servicios”.

 

 

La renovación cubana

Emilio Ichikawa

27 de julio de 2013

 

La renovación cubana no es solo cuestión del gobierno de La Habana, ni quiere decir únicamente “menos edad”

 

Un segmento del discurso de Raúl Castro de ayer 26 de julio de 2013 en Santiago de Cuba estuvo dedicado al tema de la juventud y la renovación de la dirección del gobierno cubano. Castro dijo que ese proceso estaba en marcha. Y efectivamente, podía notarse no solo en la diferencia de la cantidad de arrugas entre los rostros de Miguel Díaz Canel (el presunto sucesor) y el propio orador, sino hasta en el modelo de los sombreros que usaron para el evento.

 

Pero de nada vale (ni siquiera en Miami) la renovación o “rejuvenecimiento” de los dirigentes si las estructuras y los hábitos se mantienen. Porque, digamos, año por año, Corea del Norte tiene uno de los gobernantes más jóvenes de la clase política mundial. Más joven que Barack Obama; más joven que Yoani y muchísimo más joven que Rodolfo Nodal Tarafa o Carlos Alberto Montaner, tenidos por cuasi presidentes cubanos en el exilio miamense.

 

Recientemente el Emir de Qatar dijo que traspasaba el poder a su hijo, el jeque Tamim bin Hamad Al Thani (de 33 años), y esa sucesión no habla necesariamente de un proceso democrático y “renovador”. Con Emir viejo o Emir joven, el autoritarismo en Qatar llega hasta el punto de anunciar que violentará el ciclo ambiental con nubes artificiales para que haya más fresco en el Mundial de Fútbol que organizará en el año 2022.

 

A los autócratas qataríes se les debe decir mejor Tamin y Hamad antes que “El dúo los Al Thani”. Como dicen que se debe decir Fidel y Raúl, y no “Los hermanos Castro”, ya que no se trata de agrupaciones vocales.

 

Las relaciones económicas, diplomáticas y de servicio entre Cuba y Qatar emulan a las que tiene Cuba con Corea del Norte. Solo que Qatar es un aliado de Occidente; mientras Corea del Norte es algo inefable: digamos que es el mal que divierte, que “da risa”. Un contradictio tan sorprendente como cuando los oponentes de Fidel Castro le identificaban con un cariñoso “Fifo”. Los viajeros cuentan que en el Ritz Carlton de Doha (Qatar) hay un llamativo cuadro del Comandante (foto); así como regalos de Fidel y Raúl en los museos norcoreanos.

 

De modo que “renovar” no es solo ser dirigido por personas de menos edad (quienes recuerdan El Señor de las Moscas, de William Golding, o la serie The Games of Thrones, saben a lo que me refiero), y tampoco algo que atañe solo a las elites de gobierno sino a todos los sectores de la sociedad. Porque de hecho se está dando la inconsecuencia de que varios de los grupos y “ambientes” que piden renovación o “rejuvenecimiento” a la elite gobernante cubana aplican ellos mismos para capítulos demográficos de alta edad. Para no hablar ya de otro tipo de obsolescencia, como es la profesional y referencial.

 

Fue la impresión que me dio ayer, por poner un ejemplo, la lectura del reporte-ensayo que en calidad de “consultor” de Florida International University (FIU) rindió el profesor “retirado” (este dato, “retirado”, es importante en un tema como el que abordamos: VER: “Cubanologycare”) Carmelo Mesa Lago. Este tipo de “informe” se empeña y empaña cíclicamente con el dogma de la “inminencia” de unos cambios en Cuba donde el intelectual cubano exiliado imagina participar, es algo que Carmelo Mesa Lago (y varios miembros del antiguo Grupo de Estudios Cubanos de María Cristina Herrera) está repitiendo acríticamente desde hace casi 40 años.

 

Recientemente pude  encontrar  en una revista Réplica editada en Puerto Rico en 1978, otro ensayo de Carmelo Mesa Lago pronosticando unos supuestos cambios (frustrantes) que se empezarían a dar en Cuba al terminar lo que él llama el periodo “Sino-guevarista”, que fija entre 1966-1979. Otro lamentable error, porque da por terminada la aproximación cubana a China precisamente en el momento en que esa liga realmente (re) comenzaba. Como confirmaría poco tiempo después Carlos Rafael Rodríguez en la presentación en la entonces Facultad de Economía y Finanzas de la UH de un testimonio publicado bajo el título de Palabras en los 70.

 

En el número de Réplica del viernes 27 de octubre de 1978, Año 9 Edición 374 (http://www.latinamericanstudies.org/cuba-news/Replica-PR-10-27-1978.pdf), en un articulo titulado “CUBA: ¿Vuelven las gordas o siguen las flacas?” (pp. 13 y 15), Carmelo Mesa Lago dice más o menos lo mismo que ahora: El gobierno cubano tiene buenas potencialidades, pero hace cosas malas en contra sí mismo… Y para eso está Mesa Lago, para alertarlo, así que contrátenme, escúchenme o vísenme: “… cuando Cuba parece encaminarse hacia un sistema económico más racional y una producción azucarera más estable y con aumentos graduales y modestos en su producción, dos sucesos internacionales…” (p. 15) Etc. Es por demás lo mismo que dijo en su visita a La Habana durante la X Semana Social Católica (Junio 2010), antes que se le volviera a marchitar la buena intención cubanológica.

 

Pero lo que más demuestra la inconsecuencia de exigir una renovación cuando uno mismo no está dispuesto a renovarse, es cuando se lee la lista de los “entrevistados” por Carmelo Mesa Lago para este reporte sobre el futuro de FIU en Cuba. Vuelven, hasta el cansancio, a salir los nombres de siempre (como en tantas cosas del CRI): Marifeli Pérez Estable, Uva de Aragón (“retirada”), Emilio Cueto (“retirado”)… Para colmo, Carmelo Mesa Lago no encuentra mejor forma de avalar a Cueto como profesional capacitado para aventurar el porvenir cubano de FIU, que traer por los pelos que Cueto es “organizador de cinco conciertos de música cubana en FIU, 19 de febrero.”

 

-IMAGEN: Cuadro de Fidel Castro en el Ritz Carlton de Doha, Qatar. Tomada “desde mi celular”, dijo la periodista Arleen Rodríguez. Sobre su visita al Hotel escribió Arleen Rodríguez: “En el Ritz Carlton, el más lujoso de los lujosos hoteles que miran al Golfo desde las arenas de esta ciudad, hay un rincón cubano de extraordinaria singularidad. Hacia el final del lobby, un amplio pasillo conduce directamente a un bar amplio y encristalado con balcón a los jardines del hotel y vista al mar. Havana se llama el bar y dicen que es el sitio favorito de los fumadores de puros cubanos, visibles desde la misma entrada, a través de las vitrinas que guardan los humidores de fina artesanía criolla.”. (CUBADEBATE, abril 21 de 2010)

 

 

Raúl Castro, el Chapulín Colorado

y los buenos modales

Haroldo Dilla Alfonso

22 de julio de 2013

 

Como si no le fuera suficiente a los cubanos el vivir subalimentados, ahora también tienen que cargar con el mote de desaliñados

 

El pasado discurso del general/presidente Raúl Castro (RC) en la Asamblea Nacional —en que anunció una cruzada contra “…el ambiente de indisciplina que ha arraigado en nuestra sociedad”— es, a primera vista, impertinente y cínico. Pero nada de ello omite que resulte funcional al proceso de transformaciones que los dirigentes cubanos han programado en su “actualización”. O al menos un intento de serlo, pues en este caso, como en otros relacionados con la información y las tecnologías, la élite política cubana anda tropezando a cada paso con la irrealizable quimera de querer cambiar cosas que inevitablemente hay que cambiar, pero evitando sus consecuencias inevitables. Como quien chapotea en un lodazal y aspira a tener los zapatos lustrosos.

 

Ante todo, debo decir que me parece cuando menos poco congruente que el presidente de un país en situación económica calamitosa y en franco proceso de despoblamiento, dedique un discurso clave en un lugar clave, según la institucionalidad cubana, a quejarse de que los ciudadanos a los que gobierna digan malas palabras, hablen alto, echen basura en las calles y no usen adecuadamente los uniformes escolares. Pero sobre todo me parece totalmente improcedente que lo haga en un momento tan crítico en que la gente vive al borde de la sobrevivencia porque —según confiesa— los proclamados logros económicos de su gobierno no acaban de entrar en los hogares. Eso de vivir subalimentados ya es suficientemente grave como para tener que cargar de paso con el mote de desaliñados.

 

Pero aunque lamentable, no es sorprendente, porque la élite política cubana siempre ha estado inclinada a socializar sus errores, y hacer descansar las culpas de sus estropicios en las víctimas de ellos. Y ahora RC recurriendo a una frase preferida del Chapulín Colorado, llega a afirmar que “se ha abusado de la nobleza de la revolución”. Y con sus alegatos parece querernos decir que en lo adelante, hay que contar con su “astucia”.

 

RC nos explica lo que ya sabíamos: que existe un clima generalizado de anomia en la población cubana. Y sabemos que no es una casualidad histórica, ni una herencia de la “república-mediatizada-y-neocolonial”, sino una creación del propio sistema postrevolucionario del que el General/Presidente fue siempre segundo al mando, y primero desde hace siete largos años. La anomia ha sido para la población cubana una reacción cínica a lo que fue una política cínica. En otros casos el contrapeso perfecto para sobrellevar la erosión de los mecanismos sociales de regulación. Y finalmente también un recurso político de simulación para una población a la que se le prohibía organizarse y emprender sus propias acciones colectivas, fuera de las estructuras obligatorias oficiales.

 

La palabra familia —y la alegoría a ella como mecanismo de control y educación fallido— es mencionada varias veces en el discurso. Pero la erosión de la familia como institución fue una política dictada desde el Palacio de la Revolución, primero cruzándola de conflictos políticos y promoviendo separaciones. Y luego sustrayendo a los hijos de la atención hogareña, y queriendo suplantar esta función con una parafernalia de escuelas en/al campo que disfrazaba de convivencia martiana lo que realmente era aglomeración insalubre y promiscuidad. El General/Presidente tiene derecho a criticar el resultado, pero no parece decoroso que guarde distancia de sus causas.

 

Lo mismo ocurre, para citar otro caso, con el desorden urbano. Ello es el resultado de lo que fue originalmente un sentimiento visceralmente antiurbano de los nuevos dirigentes cubanos, quienes incluyeron en sus formatos mentales de austeridad plebeya la satanización de la ciudad y en particular de La Habana. Fue la misma élite que fundamentalmente está hoy en el poder, la que organizó ferias ganaderas en los jardines del Capitolio, transformó mansiones de alto valor arquitectónico en cuarterías, y luego se desentendió de las regulaciones urbanísticas que habían estado vigentes desde 1863. Fue ella la que sometió a “crítica destructiva” los primeros proyectos de viviendas populares en el este de La Habana y los sustituyó por ese almacén mal atendido de gente que se llama Alamar, la que destruyó el brioso proyecto del “arquitecto de la familia” de la reprimida Habitat-Cuba, la que arruinó los proyectos comunitarios de los 90s que hubieran dado una nueva vida a la ciudad.

 

Pero el discurso de RC no está dirigido a producir una autocrítica histórica que hubiera resultado más creíble y políticamente más digna, sino a tratar de remediar una situación que hoy constituye un obstáculo para el proyecto de restauración capitalista, que es en esencia lo que propone la “actualización”. El capitalismo en serio funciona con una masa de población seriamente disciplinada. Y en ese proceso de disciplinamiento el estado tiene una función crucial, por lo que RC ha entendido que tiene que recuperar cuotas significativas de lo que Bauman ha llamado “el temor oficial” para contrarrestar la marejada ingobernable de anomia social.

 

Con un diagnóstico equivocado, y sin llegar a la raíz de los problemas, dudo que la cruzada funcione, pero aún así me parece positivo que se hable del asunto. Lo que me parece lamentable es que se haga, culpando a las víctimas de este estropicio monumental. Tal y como hacían los hombres necios de Sor Juana Inés de la Cruz: se pasaron la vida pagando por el pecado que condenaban.

 

 

El inventor y el capataz

Carlos Alberto Montaner

20 de julio de 2013

 

Los agarraron en el Canal de Panamá con las manos en los misiles. El castrismo no cambia. La complicidad de Cuba con Corea del Norte lo demuestra. Lo había advertido en La Habana el Jefe del Estado Mayor norcoreano, el general Kim Kyok Sik: “Visito a Cuba para encontrarme con los compañeros de la misma trinchera, que son los compañeros cubanos”. Dios nos coja confesados.

 

Además, Raúl Castro está muy molesto. El país es un desastre. Lo dijo públicamente hace unos días. Los cubanos son ladrones y vulgares, especialmente los jóvenes, que sólo se dedican a perrear y al reguetón. Había prometido que todo el mundo se podría tomar un vaso de leche y no lo ha conseguido. Ni siquiera eso.

 

Hay menos huevos, menos carne, menos pollo. No hay manera de acabar con el racionamiento ni de ponerle fin al truco de las dos monedas. El Estado paga con la mala, la que no tiene valor, y vende en la buena, la que vale mucho. Raúl Castro sabe que perpetra una estafa de juzgado de guardia, pero se resiste a ponerle fin al delito.

 

Nada de esto es nuevo. Hace unos 25 años, Raúl Castro comenzó a darse cuenta de que el comunismo cubano era radicalmente improductivo. Fue entonces cuando mandó a algunos de sus oficiales a tomar cursos de gerencia en varios países capitalistas. Creía que era un problema administrativo. Acababa de leer Perestroika, el libro de Gorbachov, y estaba deslumbrado.

 

En ese momento, todavía Raúl no era capaz de entender que el marxismo era una disparatada teoría que siempre conducía a la catástrofe. Fidel agravaba el problema con su ridículo voluntarismo, su inflexibilidad, sus iniciativas absurdas y su ausencia de sentido común, pero no generaba el desastre. El mal comenzaba en las premisas teóricas.

 

Hoy es diferente. A estas alturas, Raúl Castro, que ya no teme a Fidel y ha eliminado de su entorno a todos los acólitos de su hermano, con siete años de experiencia como gobernante, ya sabe que las recetas colectivistas y la cháchara del materialismo dialéctico sólo sirven para mantenerse en el poder.

 

Pero aquí viene la paradoja. A pesar de esa certeza, Raúl Castro quiere salvar un sistema en el que ya no creen ni él ni ninguno de sus más próximos subordinados. ¿Por qué ese contrasentido? Porque no se trata de una batalla teórica. Cuando Raúl declaró que no llegaba a la presidencia para enterrar el sistema, realmente lo que quería decir era que no sustituía a su hermano para perder el poder.

 

En todo caso, ¿cómo Raúl pretende salvar a su régimen? Lo ha dicho: cambiando la forma de producir. Inventando un robusto tejido empresarial socialista que sea eficiente, competitivo y esté escrupulosamente manejado por unos cuadros comunistas transformados en gerentes honrados que trabajarán incansablemente sin buscar ventajas personales. Ya que no ha podido crear hombres nuevos, Raúl quiere crear burócratas nuevos.

 

O sea, estamos ante una variante de los delirios desarrollistas de su hermano Fidel. Mientras Fidel era el inventor genial, siempre a la búsqueda de una vaca lechera prodigiosa alimentada de moringa con la que solucionaría todos los problemas, Raúl es el capataz riguroso, convencido de que es un tipo pragmático, organizado y con la mano dura, que puede darle la vuelta a la tortilla a base de controles y vigilancia.

 

Ese vigoroso aparato estatal raulista coexistiría junto a un débil y vigilado sector privado –empresas bonsai les llama el economista Oscar Espinosa Chepe—, cuya función sería prestar pequeños servicios y ser el desaguadero de la mano de obra excedente del sector público. Ahora los cuentapropistas están bajo ataque porque algunos, supuestamente, ahorran y se hacen ricos. Raúl quiere un capitalismo sin capital. Algo así como pretender que la madama sea virgen y pudorosa.

 

¿Cuánto tiempo demorará Raúl Castro en descubrir que su reforma tampoco funcionará porque es tan irreal como las locuras agropecuarias de su hermano? A Gorbachov le tomó unos cinco años admitir que el sistema no era reformable y no había otro camino que demolerlo. A Raúl, aunque es duro de entendederas, eventualmente, le ocurrirá lo mismo. Su hermano Fidel siempre lo decía, como reveló el padre Llorente, maestro de ambos: este muchacho no es muy brillante.

 

 

Cuba: Otro gran pastel secreto

y otra arbitrariedad colosal

Rogelio Manuel Díaz Moreno

19 de julio de 2013

 

No hace ni seis meses nuestro joven canciller, Bruno Rodríguez, le explicaba a los cubanos residentes en Estados Unidos las razones por las que no podían invertir en su país de origen. Cuentan, ahora, que otro funcionario diplomático les anda explicando cómo se prepara una ley de inversiones diferente, que sí les permitirá esta posibilidad.

 

En algún momento los analistas habrá que reconocer que este gobierno está sacudiendo hasta los cimientos mismos del viejo sistema –bueno, al menos en su parte económica.

 

Sin embargo, siempre encontramos que cada transformación adolece del mismo elemento: la falta de elaboración interactiva y democrática entre gobierno, trabajadores, intelectuales y todos los interesados en general.

 

Cuando aterrice este nuevo meteoro, la sociedad civil cubana se va a desayunar con un nuevo plato, en cuyo cocido no tuvo arte ni parte, a pesar del mucho interés que obligatoriamente le despierte.

 

Para empezar a acumular desordenadamente algunas opiniones, empezaré con la parte de justicia. Hay que alegrarse de que haya cesado la discriminación de los nacionales emigrados, puesto que hace rato se les otorgaba en exclusiva a los extranjeros esta importante potestad.

 

Después, se deben señalar otras posibles ventajas para muchos. Estará la entrada de capital al país; la fortuna de estrechar relaciones con los familiares allende el mar, y de aportes valiosos para aliviar la estrechez económica.

 

Tampoco se puede pasar por alto que cada inversor cubano-americano será una voz más, opuesta a aquellas legislaciones de los propios Estados Unidos, que aprietan económicamente la economía cubana, como el embargo/bloqueo, la persecución de las actividades financieras cubanas por el resto del mundo, las restricciones de viajes contra los ciudadanos americanos, entre otras.

 

O sea, que aquí hay muchas potencialidades de beneficio, tanto para inversores como para los otros participantes de las nuevas iniciativas que se podrán generar. Pero, ahí mismo es donde hay que tener grandes cuidados.

 

Los emigrados cubanos con capital para invertir en su patria, lo han acumulado o reproducido en una sociedad radicalmente diferente de la nuestra. No me interesa ahora juzgar o comparar o decir que una es mejor y otra peor; simplemente es necesario partir del hecho de que las filosofías de vida a un lado y otro del estrecho de la Florida son bien distintas. Y la cooperación entre ambas esferas, es necesaria, justa y prometedora; pero por el hecho innegable de las diferencias socio-económicas, debe ser conducida cuidadosamente.

 

Los adalides de nuestro gobierno, como bien sabemos, se venden como los mejores y únicos posibles conductores de estos procesos. Para el lado de acá, abajo y a la izquierda, nos reservan el derecho de acatar y aplaudir.

 

Por supuesto, nosotros guardamos otras opiniones. En lo que ganamos los medios para ejercer mayor influencia, las divulgamos y explicamos con toda la sinceridad, objetividad y sentido de la urgencia que somos capaces de despertar.

 

Quien aduzca que el secreto es necesario para el buen término de ciertas empresas, se ganaría un rotundo mentís, puesto que ya se conoce de las conversaciones del gobierno con la emigración sobre este tema.

 

En todo caso, el secreto es para los de acá, para que no se produzca un clima de cuestionamiento, de opinión o presión popular. Que muchos motivos tendría el pueblo para desear prepararse con antelación.

 

El emigrante cubano, inversionista en Cuba, insistirá naturalmente en reglas parecidas a las del espacio donde obtuvo su capital: la tierra de los capitalistas más poderosos y experimentados del mundo, y el trono del neoliberalismo. Esto vuelve aún más irónicas, si cabe, las declaraciones oficiales de que el actual proceso de reformas es para “perfeccionar y actualizar el socialismo”.

 

A ver qué perspectivas habría de convencer a Saladrigas y compañía, de que vengan para ayudar al comunismo en Cuba. No señor. Esto será una relación de negocios. El escándalo sería mayúsculo, si se revela la existencia de un espacio de negociaciones entre gobierno cubano y junta de capitalistas cubano-americanos, más consolidado que con los propios trabajadores de aquí.

 

Porque, obviamente, a los cubiches del Archipiélago no nos tocará otro papel que el de poner la mano de obra. Y, para negociar en nombre de los trabajadores cubanos, no parece que el mejor representante sea un gobierno que nos mantiene con salarios microscópicos, nos niega el derecho de huelga, de organizarnos independientemente, y cierra sin escrúpulos las empresas que no dejen suficientes ganancias.

 

Un gobierno que también se queda con las tres cuartas partes, o más, de los ingresos por los cooperantes en el extranjero. Que desvía hacia sí los salarios devengados por los que trabajan para firmas extranjeras, y los sustituye por una suma en la devaluada moneda nacional.

 

Menos todavía puede hablar, en nombre de trabajadores como este servidor, una central sindical sumisamente plegada a la autoridad suprema.

 

Con esos representantes, el recelo obvio es que nos vuelva a tocar la parte estrecha del embudo; aportar la mano de obra de alta calificación, a cambio del 5 o tal vez el 10% de lo que sería un salario normal. Y reclamar derechos laborales como el camino más expedito hacia la puerta de salida.

 

Tampoco me parece un disparate cuestionar si, en la nueva ley de inversiones, se han tomado las provisiones necesarias para atajar las manifestaciones que podrían producirse, de discriminación por motivos de raza, género, orientación sexual o cualquier otra, lesiva a la dignidad humana.

 

Y para cerrar estos apresurados borrones, cabe preguntar si una ley como esta no obliga a replantear otros asuntos más o menos relacionados.

 

Por ejemplo, la fundamentada queja de estos mismos emigrados, sobre los problemas con el pasaporte y los permisos de entrada a su país, que serían aún más injustas ahora que se les está recibiendo su dinero en inversiones –además de las ya acostumbradas remesas. O sinsentidos como la proscripción de los deportistas emigrados.

 

¿Se imaginan que Dayron Robles pueda gerenciar un hostal en Cuba, y el INDER le siga negando competir, ya sea por su patria o por donde estime conveniente? ¿Qué Yasiel Puig opere una academia deportiva turística en Varadero, pero no pueda integrar la selección nacional de béisbol al torneo Clásico Mundial?

 

En resumen, que todos los que cortan el bacalao en este asunto, cometen otro atropello contra los derechos del pueblo cubano, al administrar unilateralmente la importante cuestión.

 

 

Jarabe de “componte”

Luis Cino

19 de julio de 2013

 

Se refería hace unos días el general Raúl Castro, en su discurso ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, a los múltiples males que azotan a la sociedad cubana. Y uno no sabe por qué preocuparse más, si por la existencia de dichos males, en cuyo recuento el general se quedó corto –probablemente sus informantes del Partido no quisieron hacer demasiado larga la lista de indisciplinas sociales e ilegalidades para no escandalizarlo y preocuparlo demasiado- o por los métodos que utilizarán para disciplinarnos y adecentarnos.

 

Aunque le agradezcamos la sinceridad, no era preciso que el general-presidente alertara al respecto: ¡vaya si sabemos que en esta sociedad los valores se han ido a bolina y los conceptos más elementales han trocado sus significados!

 

Se han hecho parte de la anormal normalidad nuestra de cada día el ruido del reguetón, los sobornos, las palabrotas, la chusmería, los escándalos domésticos que derivan en riñas tumultuarias; los empujones para abordar la guagua; los muchachos que van por la calle sin camisa, el pantalón por la verija, vociferando y bebiendo alcohol a pico de botella; las fiestas que terminan a machetazos, la gente que lanza la basura a la calle; los que orinan y cagan en los portales; los hombres que entran a las funerarias en camiseta y sin quitarse la gorra; las muchachas, con modales de burdel, que anuncian sus tarifas y exhiben su cuerpo como carne de cerdo en tarima …

 

Sería mejor que luego de enumerar los desastres, si quieren empezar a buscar soluciones, que hurguen en las causas… ¿Por qué tantos cubanos prefieren vivir del trapicheo y el delito antes que trabajar para el Estado o sacar una licencia para trabajar por cuenta propia? ¿Por qué hay tantos alcohólicos? ¿Cuál es el verdadero significado de las palabrotas y la jerga marginal de los adolescentes? ¿Cuánto de frustración hay en las piedras que lanzan los gamberros contra los cristales de las guaguas? ¿Por qué son jóvenes la inmensa mayoría de los están en las cárceles y de los que se van del país?

 

¿Pensarán los Jefes que los cubanos le hemos cogido el gusto a vivir en la cochambre y la ilegalidad?

 

¡Cualquiera se eriza cuando los mandarines verde olivo hablan de imponer orden! Y no es que no haga falta el adecentamiento de la piara en que nos han convertido, pero no a la manera que ellos conciben el orden y la disciplina, ni con los métodos que utilizan.

 

Presiento que se avecinan nuevas legislaciones draconianas, que vuelven el componte y los mayorales, las multas hasta por respirar y estar vivos, que se duplicarán los abusos de la PNR –y más ahora con la modificación penal que aliviará el trabajo a los tribunales municipales y concederá a los policías fueros de jueces para multar y también para dejarse sobornar por los maleantes- y los desalojos que no dejan de ser exactamente eso porque oficialmente los llamen “extracciones”. Y todo lo demás que se les pueda ocurrir por el camino a los caciques para frenar tanto desenfreno. ¿Se imaginan si les da por cortarles las manos a los ladrones, como en Arabia Saudita, la cantidad de mancos que habrá en Cuba?

 

luicino2012@gmail.com

 

 

Confieso mis intolerancias

José Prats Sariol

18 de julio de 2013

 

¿Por qué tendríamos que creer en una rectificación de fondo? ¿Por qué aceptar una transición con los mismísimos demoledores del país?

 

Ahora resulta que las víctimas somos intolerantes: no aplaudimos el reformismo del castrismo tardío como solución para Cuba. Daría risa, si no fuera diabólico.

 

El último truco es un grotesco monumento a la astucia. Tan grotesco como los nuevos apellidos del “patriciado criollo”: los Castro Espín y los Castro Soto del Valle, los Guevara, los Cienfuegos…, dignos bocados para cierto historiador heráldico, de rimbombante estilo.

 

Y se han lanzado con todo: cónsules dando conferencias en Miami sobre repatriaciones y compras de casas, autos e inversiones en cooperativas; giras autorizadas para disidentes, con suave aterrizaje y vigilada tolerancia; apoyo a evangelizaciones conciliatorias de la Iglesia Católica y otras congregaciones cristianas, con el “amor todo lo puede” de bandera para incautos; invitaciones a artistas, escritores y deportistas residentes en el extranjero; mensajes a Washington sobre control policíaco y mediático de las masas y seguridad caribeña contra los narcos y capitales sucios…

 

La élite del poder apuesta a que su continuidad parezca el menor de los males. Y lo está haciendo muy bien. Por lo pronto sus oponentes aparecemos como conservadores de una confrontación antigua, intolerantes de los nuevos tiempos, aires, arreglos jugando golf, donde tal vez hay invitaciones para apellidos llenos de pátina o riqueza: Céspedes y García Menocal, Bacardí, Saladrigas, Díaz Balart, Lobo, Zayas, Mas, Goizueta, Fanjul …

 

En realidad, no me gusta ni el sustantivo (tolerancia) ni el verbo (tolerar). Suelen alojar un barniz hipócrita que tapa prejuicios, dogmas, discriminaciones. Sacan una pezuña demagógica por debajo de la saya de la abuelita buena, como ahora Raúl Castro y sus “Lineamientos”; como puede leerse en el discurso de Díaz-Canel al clausurar el congreso de la Unión de Periodistas, donde repite lo de dentro de la revolución todo, es decir, un nuevo ropaje para la anciana censura, tras una poco verosímil autocrítica al Partido.

 

Prefiero encasquetarle el prefijo: Soy intolerante con las religiones fundamentalistas, las dictaduras y caudillos, la pederastia, el racismo, la homofobia, el sexismo en sus vertientes machistas o feministas, los fanatismos políticos de cualquier signo, las leyes injustas, las salvajes desigualdades económicas que avergüenzan al planeta. Y no me da pena, más bien todo lo contrario, defender mis tajantes intolerancias: Decir que con ellos —los Castro y su pelotón— nada.

 

Como apenas me represento a mí mismo, puedo darme ese lujo, por lo general no apto para políticos, empresarios, diplomáticos, funcionarios. Pago, desde luego, el precio. A veces muy caro, como el exilio cuyas letras aún me cobran.

 

No toleré a un viejo amigo gay, lingüista noruego, cuando comenzó a andar en Cuba con menores de edad, allá por los 90 del siglo pasado. Rompí la amistad. Pongo mis límites morales, cercas donde no dejo pasar al único partido que su misma ley autoriza, fronteras a quienes transitan a un capitalismo despiadado, sin sindicatos autónomos.

 

Me fui de una casa en Puebla, en México, cuando el dueño habló de los pobres como haraganes, indios churrosos y analfabetos que están así por falta de voluntad y apego a sus costumbres enfermizas. Me fui tras decirle que su punto de vista era intolerable.

 

No tolero en silencio el actual disfraz reformista de la dictadura cubana. Señalo a los guerrilleros sobrevivientes, generales y familia cercana, como nuevos empresarios inescrupulosos. Pero entiendo a los que por necesidad, oportunismo, creencia o ingenuidad, aceptan, sonríen o celebran el engaño final, el colofón al estilo ruso o sandinista.

 

¿Por qué tendríamos que creer en una rectificación de fondo, de extirpar las raíces del sistema, cuando ni siquiera ellos lo dicen? ¿Por qué aceptar una transición con los mismísimos demoledores del país? ¿Por qué en las postrimerías sí y en medio siglo no?

 

Soy un intolerante. No permito que me tupan las entendederas con argumentos donde al final va a resultar —como dice Raúl Castro en sus últimos discursos a públicos cautivos—que la “revolución” ha sido víctima de la ingratitud, la picardía, la vulgaridad y la siesta de los cubanos.

 

Ah no. Entiendo a los gobiernos que circundan a Cuba, muy en particular al de los Estados Unidos y al de México. Sus intereses —se sabe— son los suyos, incluyendo negocios turísticos, agrícolas, industriales. Razono los de la comunidad cubana de Miami, cuyos cambios sociales, económicos, demográficos y culturales en las dos últimas décadas, giran hacia el fin del embargo, constituirse en una emigración como la mexicana de Los Ángeles, de pachucos a yucas, boniatos, ñames.

 

Comprendo la amenaza de un baño de sangre o un éxodo masivo tras una crisis de gobernabilidad. Comprendo la miseria del arroz con averigua y el espanto de las venganzas, la diferencia entre lo real y lo anhelado. Pero me asquean las negociaciones donde tú me manipulas a mí y yo a ti, hasta que nos ponemos de acuerdo en cómo manipular a la mayoría.

 

Ese toma y daca recuerda el “Aé, aé, aé la Chambelona”, el choteo caracterizado por Jorge Mañach que asoma en algunas estampas de Eladio Secades. Infecta, desmemoriza, se parece a aquellas historias de Inglaterra que Chesterton ridiculizara.

 

Va a ocurrir. Quizás ya está ocurriendo. Tal vez sea el mal menor. Pero no me pidan que calle. Mucho menos que salude. No sé jugar golf. No podría colar la bolita ni en Varadero ni en Miami Springs. Confieso un apego cariñoso, testarudo, a mis intolerancias.

No hay cambio de mentalidad

Marlene Azor Hernández

15 de julio de 2013

 

El más reciente disparate de la dirección política cubana: la propiedad estatal como sinónimo de propiedad social

 

“En Cuba existe y existirá la propiedad social sobre los medios fundamentales de producción” dijo el domingo 7 Marino Murillo en la Asamblea Nacional del Poder Popular. Hemos tenido que esperar siete años para enterarnos que “los cambios estructurales” propuestos por el presidente Raúl Castro, no significan más que “la actualización” de un sistema que ha probado no funcionar por más de 50 años. Pero como en Cuba no hay democracia pues uno puede escuchar los disparates diarios repetidos por los ecos de una prensa obediente y sumisa, o será ¿desinformada? No hay evaluación crítica de la nueva política.

 

El primer disparate, que ahora se renueva, es que la propiedad estatal es lo mismo que la propiedad social. Más de medio siglo de discusiones y de práctica económica han demostrado que la propiedad estatal no es del pueblo sino de los que dirigen el estado, pero la ignorancia o la arrogancia de los que dirigen el país, sin contraparte política interna, les permite erigir sus “verdades” en voluntad nacional y al margen de toda la experiencia acumulada en el “socialismo real”. Este es uno de los ejemplos de cómo la falta de democracia económica y política, pospone los intereses del desarrollo y de los súbditos, perdón, del pueblo, en espera de que los que dirigen el país “aprendan” a dirigirlo.

 

Aún, la clase política cubana no ha aprendido que la planificación centralizada es un fracaso y que la planeación indicativa democrática es la que hizo a los países como Francia, Japón, Bélgica, Holanda, Noruega y Suecia, alcanzar grandes niveles de desarrollo a partir de la posguerra. Esta experiencia no se quiere comprender, si no más bien insistir en que el socialismo es el partido único, la falta de democracia ciudadana y la empresa estatal parasitaria, una trinidad nefasta. “La economía de la penuria” como diría János Kornai. La cúpula dirigente del país sigue aferrada a la visión de los manuales soviéticos con el agravante de la ausencia de democracia para corregir un nuevo rumbo errático.

 

Con su habitual falta de transparencia, los dirigentes hablan de los medios “fundamentales” en manos del Estado sin explicar qué se entiende por ello. No nos queda más remedio, por la falta de explicación, que deducir una comprensión de “fundamental” como sinónimo de “mayoritaria”, y por eso, se da por sentado que las formas privadas y cooperativas actualmente confinadas a pocos rubros y asfixiadas por impuestos, precios arbitrarios estatales y controles directos por parte del estado es todo lo que se pretende hacer para “socializar” la producción. Estas formas no estatales absorben sólo menos del 20 % de la población empleada del país. Nadie ha sometido este “modelo” al escrutinio popular, porque ya se sabe que la visión de los dirigentes cubanos es que el pueblo no comprende, es bruto y hay que explicarle, por lo tanto se toman las decisiones que afectan su vida sin consultarles. Hay que reconocer que hay una mínima mejora: si antes nunca se daban explicaciones, ahora el presidente propone explicarle a los ciudadanos cada cinco años lo que se ha hecho. Una explicación post festum que imposibilita la participación popular. Pero ya conocemos que la “participación popular” es pura retórica para la complacencia discursiva de los que dirigen el país.

 

La doble moneda y el discurso de “la buena pipa”

 

Vuelve el tema de la doble moneda y continúa la política de no resolverlo. No se acaba de comprender “el cuello de botella” que representa para la productividad y se le analiza a la inversa. No se producen procesos inflacionarios si se aumentan los salarios y se aumenta la demanda. El verdadero “cuello de botella” está en que el estado quiere seguir manteniendo el monopolio estatal del comercio interno y externo y que los costos de la crisis siga siendo pagada por la población y por los familiares que envían las remesas. Las políticas de austeridad no dan resultado, la crisis reciente en Europa lo demuestra todos los días, pero los dirigentes cubanos viran la cabeza hacia otro lado y siguen persiguiendo una política de austeridad 23 años después de la crisis más profunda de su historia. El tema continúa con una visión monopólica estatal de la economía, con una prohibición sobre los monopolios capitalistas pero dejando intactos los “socialistas”. Una distorsión de precios que invisibiliza el derroche y la ineficacia en primer lugar de la empresa “socialista”. Mientras no se estimule la demanda y se aumenten los salarios no se logrará el aumento de la productividad del trabajo ni podrá contarse con índices económicos fiables. La doble moneda es el obstáculo mayor de la productividad.

 

La producción y los servicios en volúmenes

 

Tampoco han aprendido los dirigentes cubanos que evaluar la producción y los servicios en volúmenes cuantitativos esconden toda la ineficacia de la política económica. Se puede decir el monto de pesos otorgados en créditos que eso no dice nada sobre si la demanda está siendo satisfecha aunque sea mínimamente. Se puede decir los volúmenes de producción de los materiales de construcción, que nada dice con relación a las producciones que no se cumplen en esa rama, ni en qué sentido esa producción se relaciona con la demanda. Una información cualitativa, podría ser evaluada en relación a la demanda y por lo tanto servir de índice para corregir las políticas en curso. De la manera en que hoy se informa es el mismo modelo soviético de los años 70s que los planes de producción se cumplen en volúmenes pero no llegan a la mesa del trabajador. El ex presidente Fidel Castro basó todos sus discursos largos y muy aburridos, en las toneladas de todo lo que se producía y se produciría en el futuro, para luego de 50 años concluir que “el modelo no nos sirve ni a nosotros mismos”. En esta manera de evaluar la producción y los servicios, tampoco hay cambios de mentalidad.

 

La virtud hegeliana

 

La nueva campaña en contra de las “indisciplinas sociales” mantiene la vieja mentalidad de que la virtud y la honestidad se dan como valores sociales al margen de las condiciones de la vida cotidiana, con una visión hegeliana digna de los cuentos de hadas. Han dejado que la población viva durante 23 años en condiciones de “jungla”, sin derechos económicos y políticos, maltratados, humillados, violando las leyes o de espaldas a ella, sin posibilidades de ganar su sustento de manera honrada y ahora sostienen la visión de una “consciencia” que lo resolvería todo. Basta crear consciencia con el discurso político para llevar de nuevo a la ciudadanía hacia los valores deseados.

 

Sin un cambio radical en las condiciones de vida cotidianas, y esto implica una democratización económica y política radical, los llamados a la honestidad seguirán siendo “cantos de sirena”.

 

Pobres nuestros dirigentes, no se permiten cambiar la mentalidad.

 

 

El hombre de Raúl llega a Miami

Alejandro Armengol

15 de julio de 2013

 

Dos declaraciones, de dos funcionarios con jerarquías muy diferentes y pronunciadas en los dos sitios más disímiles, dan cierta pista sobre los actuales objetivos económicos y políticos del gobierno cubano, aunque con La Habana la aritmética a veces falla, y uno más uno puede ser cualquier cosa.

 

La primera de las declaraciones es del vicepresidente Marino Murillo. La ofreció a un grupo de corresponsales de la prensa extranjera en Cuba, el martes de la pasada semana.

 

“En la formación del Producto Interno Bruto la empresa estatal socialista va a seguir siendo determinante... con un poco más de eficiencia”, dijo Murillo.

 

La segunda corresponde al cónsul general de la Oficina de Intereses de Cuba en Washington, Llanio González, y fue dada en Miami.

 

“El país está en un proceso de grandes cambios, no solo desde el punto de vista de actualización del modelo económico, sino también de lo que se llama la institucionalización. Hay muchas leyes nuevas que se están estudiando. Va ha haber una nueva ley de inversión extranjera donde, por supuesto, van a estar incluidos los cubanos”, dijo González.

 

Muchos pensaron que Raúl Castro, una vez en el poder de forma permanente, desarrollaría un modelo similar al chino. Sin embargo, una mirada hacia atrás no permite muchas esperanzas en este sentido.

 

En los años 90, que fue el momento de mayor liberalización económica, las Fuerzas Armadas Revolucionarias iniciaron una gran expansión de sus actividades económicas, pero sin inclinarse a llevar a cabo un proceso de reformas de mercado sino a buscar la financiación de sus propias fuerzas, y de paso el enriquecimiento o al menos la mejora del nivel de vida de los oficiales.

 

Años atrás podía argumentarse que Fidel Castro era el elemento de freno a la ampliación de este proceso, pero en la actualidad los motivos que frenan el desarrollo económico trascienden el simple marco de la gestión y tiene un aspecto político fundamental.

 

Ahora caben menos dudas de que cuando Raúl habló de “reformas estructurales” se refería más a factores organizativos que a una ampliación sustancial del limitadísimo sector de la producción y los servicios por medios privados.

 

El centro de la reforma raulista —o “actualización”, como prefiere llamarla el gobierno— es poner fin a la quimera igualitaria que siempre fue más una consigna que un objetivo sincero desde que Fidel Castro llegó al poder en 1959. Sólo que este fin del igualitarismo no se fundamenta en un reparto amplio de posibilidades para desarrollar iniciativas económicas, sino en un reparto de parcelas de beneficios.

 

Al clausurar la Primera Sesión Ordinaria de la VIII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en el Palacio de Convenciones, el 7 de julio de 2013, el gobernante Raúl Castro volvió con la vieja cantinela de la “vigencia de la ley de distribución socialista” y a repetir un viejo dogma: “de cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo”. Es de nuevo el empleo sistemático de esquemas, opiniones y análisis pasados de moda, pero de ortodoxia comprobada: ¡Por favor, olvídense de la Crítica al Programa de Gotha! Cuba no va a lograr un verdadero desarrollo sino se despoja de prácticas económicas obsoletas.

 

En última instancia, hasta ahora la “actualización” que lleva a cabo el gobierno cubano se asemeja más a la creación de un Estado mercantilista que al establecimiento de un capitalismo de Estado. Y aquí es donde entra a jugar la segunda declaración, la del cónsul Llanio González. La Plaza de la Revolución está dispuesta a mostrarle una ventana a determinados inversionistas cubanos, pero sin que ello signifique abrir la puerta. El escenario ideal para este planteamiento es por supuesto Miami. No solo porque es en esta ciudad donde realmente existe la posibilidad de encontrar exiliados con los recursos necesarios —el planteamiento de que ya cubanos residentes en Europa lo están haciendo no pasa de ser una referencia anecdótica—, sino porque aquí también ya hay lo que vendría a ser un modelo a seguir: las agencias de viajes. Estas agencias son negocios capitalistas, que singularmente cumplen con normas establecidas de común acuerdo por dos países que son antagonistas políticos. El objetivo actual del gobierno cubano es buscar la forma de que en otras esferas económicas, del sector de los servicios, se repita un esquema similar. Es decir, ampliar el negocio. Por supuesto que para ello se necesitan cambios no solo en leyes cubanas, sino también estadounidenses, pero la hoja de ruta ya existe.

 

Así que Murillo habla de la “empresa estatal socialista”, determinante en la economía, pero en la práctica este limitado sector empresarial no va a jugar un papel tan clave solo en función de su productividad, sino que será bajo el respaldo de un engranaje mayor de control social, político y económico, al que desde hace años La Habana ha incorporado al exilio.

Ladrón que roba a ladrón…

Augusto César San Martín Albistur

15 de julio de 2013

 

Por estos días, los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) realizan reuniones con el objetivo de implementar una campaña contra la indisciplina social y las ilegalidades.

 

En la reunión del CDR del lugar donde resido las intervenciones se hicieron eco del último discurso del presidente Raúl Castro, en el que refiere la crisis de valores que adolece a la sociedad cubana.

 

Volcados todos a llevar a la práctica la última orden que dio el general, omiten las verdaderas causas del desorden y el deterioro de los valores morales.

 

El primer omiso fue el vecino Carlos Rafael Miranda Martínez, coordinador nacional de los CDR, promovido recientemente al Consejo de Estado. El funcionario exhortó a los reunidos del barrio a participar en la próxima jornada cederista de tres días para rescatar los valores, higienizar los lugares de residencia y eliminar las indisciplinas.

 

Otros participantes evocaron el asalto al cuartel Moncada el 26 de julio como guía para eliminar las ilegalidades y rescatar los valores perdidos. Los dirigentes locales dispusieron el final de la “batalla revolucionaria”, en septiembre, mes que los CDR celebran su aniversario.

 

Estas reuniones son la manifestación de la hipocresía fanática, lo peor del deterioro moral de la sociedad cubana. ¿Podrán rescatarse los valores morales perdidos en una jornada de tres días? Ese “entusiasmo revolucionario” es también parte de la pérdida de la honradez que acaba de descubrir el general.

 

Se ve normal el robo al Estado, porque el pueblo se percató de que los gobernantes atesoran los bienes estatales y lucran de ellos. Con esta visión del Estado, se acomodó la máxima de “ladrón que roba a ladrón, tiene cien años de perdón”.

 

Se construye ilegalmente y se ocupan viviendas porque existe déficit habitacional y un deterioro constructivo en más del 70% de las viviendas de la capital.

 

Se incumplen los horarios laborales porque los salarios no incentivan la productividad y se requiere realizar otras actividades para completar la economía doméstica.

 

Se soborna, revende, acapara porque es parte de la supervivencia impuesta por el sistema socialista a los cubanos, por más de medio siglo.

 

El gobierno acaba de descubrir que los cubanos son altos consumidores de alcohol después de ofrecer el circo durante cincuenta años, pero con poco pan.

 

Se revela con asombro que el pueblo es mal educado y destructor de los bines sociales, después de imponer maestros sin educación en el sistema de enseñanza. Profesores sin vocación que abandonan las aulas durante la jornada, venden exámenes y promueven el culto al vocabulario obsceno.

 

Hace muchos años, los que el General-Presidente llama detractores de su revolución, advierten sobre la pérdida de valores en la sociedad cubana. Pero hizo falta un arrebato revolucionario para descubrir la destrucción social.

 

La solución para el rescate de los valores, mediante campañas y jornadas populares, es otra de las fanaticadas que culminará sin resultados.

 

La educación y el valor de la familia en la sociedad son dos de los principales factores sustituidos, durante todo este tiempo, por principios políticos decadentes. Rescatarlos llevará la misma meticulosidad y tiempo que le tomó al gobierno destruirlos.

El totí

Jorge C. Oliva Espinosa

12 de julio de 2013

 

Se ha hecho moda achacar al pueblo sufriente todos los males

 

Decía una vieja y popular tonada: “canta mi gallo quiquiriquí, la culpa de todo la tiene el totí”. Y es que, desde antaño, era sabido que “aunque todos los pájaros comen arroz”, la culpa de tal depredación, la carga siempre el negro pajarillo.

 

Cada época ha tenido su totí y este gran culpable ha sido utilizado por muchos. Los dictadores “totizaron” tradicionalmente a los que luchaban por derrocarlos, los culpaban de la intranquilidad ciudadana, de atentar contra la propiedad y terminaban tildándolos de comunistas.

 

Los estalinistas achacaron todos sus males, primero a Trotsky y luego a todo marxista y revolucionario honesto que se les opusiera o simplemente los criticara. Ahora, aquí, en mi Cuba adorada, todas las culpas se las endilgan, primero al bloqueo imperialista, y después al pueblo.

 

Hoy resulta que todos nosotros, usted, yo, Chicho el bodeguero, Teté la del Comité, Olga la tamalera, todos, somos los totíes del cuento.

 

Se ha hecho moda achacar al pueblo sufriente todos los males. Hubo hasta un insolente que nos acusó de ser “unos pichones con el pico abierto, siempre exigiendo”. Cualquier burócrata, no importa su nivel, se apresura a culpar al “usuario” del desorden y otros males que su accionar indolente provoca. Así, escuché hace poco a una funcionaria, encargada de los cajeros automáticos, que responsabilizaba del mal funcionamiento de esas máquinas al abuso que reciben; según ella, no era por la falta de mantenimiento, ni de piezas de repuesto no previstas por su ineficiente gestión. Los causantes de que, la más de las veces, estuvieran fuera de servicio o simplemente inutilizados, eran los que abusaban de esos autómatas, sin miramientos ni conocimientos sobre su manipulación. Si el transporte público está en ruinas, es por el daño que le causan los pasajeros. La deplorable situación de la telefonía, ETECSA la achaca al maltrato que le da la población a los teléfonos públicos. Que peces y crustáceos hayan desaparecido, es imputable a Paco y a todos los que, como él, tiran sus pitas y anzuelos desde el muro del Malecón.

 

De igual forma, la culpa de que los productos del agro se pudran, esperando por Acopio, le es transferida al transporte, a la falta de piezas para los camiones o al imperialismo que nos bloquea.

 

Y en última instancia, el culpable es el campesino cultivador, por no prever los envases, no cumplir lo contratado, no sacar los productos a tiempo, etc. Pero, como se dice, “la tapa al pomo”, la vino a poner el Presidente, cuando nos culpó a todos de los males que enumeró con precisión de escrupuloso contable. Esto ya era inadmisible y se hizo paradójico cuando, después de juzgarnos culpables y amenazar con reprimirnos, nos convocó a todos a luchar contra la situación imperante, de la que nos considera reos convictos. Claro que todos los que amemos a nuestra Patria, debemos luchar por devolver a la sociedad los valores perdidos. Pero la gran mayoría no podemos asumir el papel del totí. Como parte involucrada y acusada, asumo mi propia defensa. Vamos a ver: ¿de quién es la culpa que la juventud denote falta de valores y una gran parte de ella, aspire a emigrar?, ¿fui yo quien separó a esos jóvenes de sus familias, con las Secundarias y los Pre en el campo, cuando comenzaban la adolescencia y más falta les hacía el influjo familiar?, ¿de quién es la culpa de que casi nadie quiera trabajar y los que lo hacen, lo hagan con desgano?, ¿quién permitió que la situación de degradación moral llegara a estos extremos?, ¿quién, durante décadas, se hizo el de la vista gorda ante los desmanes de la incivilidad?, ¿fui yo, por ventura, quien disparó los precios y redujo de mil formas el salario con que mal paga a sus trabajadores, un patrón monopolista y explotador, disfrazado de socialista?, ¿fui yo quien envió para la calle a delincuentes que debían estar en prisión? Entonces, ¿por qué culpar al Totí?...

Cuba busca la inversión del exilio de Miami

Maye Primera

11 de julio de 2013

 

La diplomacia de La Habana se ha reunido con grupos del exilio para hablar de los cambios del Gobierno

La reforma migratoria, vigente en la isla desde enero, permite a los exiliados vivir entre Cuba y Estados Unidos, invertir y adquirir propiedades

 

Entre La Habana y Miami, “yendo y virando”. Así, sostiene el cónsul general de Oficina de Intereses de Cuba en Washington, Llanio González, viven ya muchos de los cubanos que, desde el triunfo de la revolución de los hermanos Castro, se han exiliado en Estados Unidos y especialmente, en el sur del Estado de Florida. Ese tránsito, ha informado el diplomático, es el que el Gobierno de Raúl Castro desea ahora promover, facilitando la repatriación de los cubanos residentes en el extranjero que, durante más de cinco décadas, han acumulado capitales y el deseo de volver a su país e invertir en él.

 

“El país está en un proceso de grandes cambios, no solo desde el punto de vista de actualización del modelo económico, sino también de lo que se llama la institucionalización. Hay muchas leyes nuevas que se están estudiando. Va a ver una nueva ley de inversión extranjera donde, por supuesto, van a estar incluidos los cubanos”, ha explicado el diplomático a un grupo de compatriotas que, desde el exilio, han promovido siempre el levantamiento del bloqueo económico que mantiene Estados Unidos contra Cuba. El cónsul Llanio González y el vicecónsul Armado Bencomo llegaron a Miami el domingo pasado, gracias a un permiso concedido por el Departamento de Estado para salir de Washington. Desde entonces han sostenido encuentros privados con empresarios y organizaciones de la diáspora afines al castrismo, para explicar el alcance y las bondades de la reformas aprobadas por Raúl Castro desde 2010 que, aún bajo ciertas restricciones, han permitido que los cubanos residentes en la isla viajen, establezcan pequeños negocios y realicen operaciones de compra-venta. Uno de estos grupos, la Alianza Martiana, ha difundido el martes un vídeo con parte de la exposición del diplomático.

 

La versión del cónsul González es que no ha sido el Gobierno cubano el que durante todos estos años ha impedido el regreso de los expatriados, sino el embargo que desde los años sesenta del siglo XX mantiene Estados Unidos contra Cuba. “Siempre los cubanos que viven en el exterior han estado incluidos (en las leyes de inversión). Lo que pasa es que también muchos de ustedes residen aquí y la ley del bloqueo les prohíbe muchas de estas cuestiones”, argumentó el diplomático. La nueva estrategia de La Habana es revertir a su favor los efectos de estas políticas, a través de la reforma migratoria que entró en vigor el 14 de enero pasado; especialmente, los efectos de la Ley de Ajuste Cubano, promulgada en 1966, que otorga beneficios migratorios y sociales a los expatriados de la isla que permanezcan en Estados Unidos por más de un año.

 

La flexibilización de los movimientos migratorios de los cubanos, aprobada por la administración de Raúl Castro en el marco de las reformas sociales y económicas anunciadas en 2010, ha permitido a muchos volver o salir de la isla, con previa autorización del Gobierno. Hasta entonces, los cubanos residentes en Estados Unidos que deseaban visitar la isla debían solicitar un visa por cada viaje y eso cambió, dice González, con el nuevo trámite de la “habilitación”. “La habilitación te permite estar tres meses en Cuba. Hay muchas personas que tienen hoy en día la facilidad de estar yendo y virando, yendo y virando y ya prácticamente viven en los dos lados. Eso es un fenómeno que debe darse y cada vez con mayor frecuencia”, ha explicado el diplomático. Las letras pequeñas establecen que este permiso de viaje se otorga una vez y no se vence, “salvo que hagas algo muy fuerte contra nuestro país y que se presten para ese tipo de campaña (contra el gobierno)”.

 

El Gobierno de los Castro también ha manifestado ahora su voluntad de permitir la “repatriación”, ya no solo de quienes demuestren que viven en el extranjero en condiciones precarias, sino de aquellos cubanos de la diáspora que tengan interés en comprar propiedades e invertir en la isla. “Hay mucha lo que está haciendo es eso, llegan de su repatriación y dicen: ‘Ahora yo tengo derecho a abrir mi negocio en Cuba y tengo derecho a comprar mi casa en Cuba, porque ya soy ciudadano cubano con todos mis derechos. (…) Entonces, se mantienen en los dos lados: tienen allá sus propiedades, todo allá, y acá son ciudadanos (estadounidenses) o tienen su residencia, y lo que hacen es viajar cada tres meses”, ha explicado el cónsul González como si el tránsito entre Miami y La Habana hubiese sido siempre un movimiento natural y la reunificación familiar, una de sus prioridades. “Siempre hemos tenido claro en la política lo que hemos llamado agenda familiar. Agenda familiar es viajes, es que ojalá que un día, cuando se elimine lo del bloqueo, ustedes puedan tener y cobrar su retiro en Cuba, que la asistencia médica les sirva y puedan atenderse”.

 

Esta es la segunda visita que hace el cónsul González a una ciudad del sur de Florida en 2013 para promover el regreso a la isla de la diáspora y del capital que han generado en Estados Unidos durante estas décadas de exilio. El primer viaje ocurrió a finales de marzo, cuando González y otros funcionarios de la Oficina de Intereses en Washington participaron en una conferencia, en Tampa, que se llamó: “Acercamiento hacia Cuba: bueno para Tampa, bueno para Florida, bueno para Estados Unidos” y que fue organizada por la Alianza para la Fundación de una Política Responsable hacia Cuba. Hace dos años, la misma organización invitó al cónsul y a otros funcionarios cubanos a un evento similar, pero el Departamento de Estado negó los permisos de viaje. Pero ahora la política entre ambas orillas parece estar cambiando.

La libreta buena y la libreta mala

Alejandro Armengol

11 de julio de 2013

 

Si termina por sufrir una muerte por adelgazamiento, no hay un gran mérito en eliminar la libreta de abastecimiento cubana, que cumple cincuenta años el viernes. La cuestión fundamental es que ésta tiene dos aspectos, aunque se tiende a enfatizar uno y olvidar el otro. Siempre se menciona a la libreta como el instrumento que regula la cantidad que se puede adquirir de un producto alimenticio, desde frijoles hasta algún tipo de carne. Esta función reguladora y restrictiva es objeto de crítica, en Cuba y Miami, desde hace décadas.

 

Pero hay otra función que cumple la libreta, la de canasta básica de alimentos: un medio que permite la adquisición de alimentos subsidiados. En este sentido “libretas” similares han existido en otros lugares, y siempre se le han visto en un sentido positivo. De hecho, si la libreta termina por desaparecer, es posible que el Gobierno cubano se vea obligado a poner en práctica alguna forma de subsidio, para un grupo básico de alimentos, destinado a las familias menos favorecidas.

 

El gobernante Raúl Castro se ha referido a este sentido y no a la función igualitaria que con poco éxito la libreta ha desempeñado durante tantos años. No deja de resultar conveniente que se imponga un enfoque más realista sobre la situación en que se encuentra la isla: la libreta sólo resuelve, a duras penas, la alimentación por algunos días, y siempre ha provocado más rechazo que cualquier otro sentimiento y opinión. Aunque este enfoque realista no va muy lejos cuando no se aplican las reformas necesarias para superar las deficiencias.

 

Es cierto que los precios de los productos cubanos que brinda la libreta están subsidiados por el Estado cubano. Pero al mismo tiempo, los precios de los mismo artículos, cuando se adquieren “por la libre” son excesivos, incluso en comparación con el mercado norteamericano. Esto, por supuesto, sin tomar en consideración la diferencia abismal entre los salarios entre las dos naciones.

 

Como los productos por la libreta no cubren ni remotamente las necesidades mínimas y el problema de la falta de alimentos en los establecimientos estatales es ya una situación endémica en Cuba, el gobierno de Raúl Castro ha intentado organizar un poco mejor la economía, combatir la corrupción e incentivar ciertos sectores productivos como el campesinado. Hasta ahora, los resultados continúan siendo muy limitados.

 

En buena medida, lo que impide el avance tecnológico es el tratar de mejorar un modelo obsoleto. Es como empeñarse en echarle aceite a los ejes de una carreta tirada por bueyes, con la ilusión de que va a poder competir favorablemente contra un tractor.

 

Cuando Fidel Castro se vio obligado a realizar un traspaso temporal del poder debido a su enfermedad, muchos pensaron que Raúl Castro, una vez en el poder de forma permanente, desarrollaría un modelo similar al chino. El que Fidel Castro se recuperara en cierta medida de su padecimiento fue posteriormente uno de los factores más repetidos para justificar la falta de avance en las prometidas reformas estructurales.

 

Sin embargo, una mirada hacia atrás no permite muchas esperanzas en un supuesto Raúl Castro partidario del modelo chino. En los años 90, que fue el momento de mayor liberalización económica, las Fuerzas Armadas Revolucionarias iniciaron una gran expansión de sus actividades económicas, pero sin inclinarse a llevar a cabo un proceso de reformas de mercado sino a buscar la financiación de sus propias fuerzas, y de paso el enriquecimiento o al menos la mejora del nivel de vida de los oficiales. Aquí también puede argumentarse que Fidel Castro fue el elemento de freno a la ampliación de este proceso, pero hay elementos para pensar que los motivos que frenan el desarrollo económico trascienden el simple marco de la gestión y tiene un aspecto político fundamental.

 

Ahora caben menos dudas de que cuando Raúl habló de “reformas estructurales” se refería más a factores organizativos que a una ampliación sustancial del limitadísimo sector de la producción y los servicios por medios privados.

 

“En la formación del Producto Interno Bruto la empresa estatal socialista va a seguir siendo determinante... con un poco más de eficiencia”, dijo el martes el vicepresidente Marino Murillo a un grupo de corresponsales de la prensa extrajera en La Habana.

 

Por otra parte, las reformas de gobierno, que sí el general ha podido llevar a la práctica a plenitud, no parecen estar dando los resultados esperados.

 

Por ejemplo, el gobierno de Raúl ha disminuido el número de ministros, pero al mismo tiempo aumentado el de los vicepresidentes. Aun suponiendo que esta estrategia tuviera como objetivo ampliar la dirección colectiva, hay algo distorsionado en ella, de acuerdo a la capacidad productiva, el comercio y el tamaño del país. Cabe preguntarse si en este caso la búsqueda de eficiencia no ha cedido ante la necesidad de un reparto amplio de los poderes, que se traduce en alianzas y compromisos que se justifican desde un fin político pero no económico. Los problemas económicos de Cuba no dependen de la reducción ministerial o el cambio de carteras.

 

La conclusión es que, al tiempo que el aparente esfuerzo por disminuir o eliminar la hipertrofia de la superestructura gubernamental de la isla se ha convertido en una especie de “mover fichas”, sin resultados notable, tampoco se han realizado otras trasformaciones que se requieren para iniciar al menos la adecuación de la estructura económica a la realidad del país, desde la disminución del número excesivo de centros universitarios hasta el traspaso de labores del comercio minorista y los servicios a manos privadas, algo que no hay intenciones de llevar a cabo.

 

El gobierno de Raúl Castro ha tratado de estimular la agricultura a través de formas diversas, desde lograr que el Estado pague sus deudas a los campesinos hasta un aumento de los precios que paga por los productos agrícolas y la entrega de tierras improductivas en usufructo a quienes quieren cultivarlas. Hasta el momento, los resultados de tales planes han sido pobres.

 

Tras las primeras esperanzas de cambios, además del uso de la represión, el gobierno de Raúl Castro depende cada vez más, para su legitimidad, de la herencia revolucionaria legado de su hermano y no de una eficiencia pretendida y no alcanzada.

 

La libreta “se ha venido convirtiendo, con el decursar de los años, en una carga insoportable para la economía y en un desestímulo al trabajo, además de generar ilegalidades diversas en la sociedad”, dijo Raúl Castro al comienzo de su mandato, cuando hablaba de la eliminación de “subsidios y gratuidades indebidas”. Por entonces se pensaba que la nueva política sería subsidiar a personas con bajos ingresos, ya no productos. Pero poco o nada se ha avanzado en este sentido.

 

“Con la libreta nadie puede vivir, pero sin la libreta hay mucha gente que no puede vivir”, dicen muchos cubanos en la actualidad.

Raúl Castro, cinismo puro

Raúl Castro reconoce problemas

denunciados hace más de 20 años

por periodistas a los que encarceló por decirlo

 

Intervención del

asesino en serie Raúl Castro Ruz,

en la Primera Sesión Ordinaria de la VIII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en el Palacio de Convenciones, el 7 de julio de 2013

 

Compañeras y compañeros:

 

Me corresponde realizar las conclusiones de este, el Primer Período Ordinario de Sesiones de la VIII Legislatura de la Asamblea Nacional, marco en el cual, cumpliendo lo acordado, nuestros diputados recibieron una amplia explicación acerca del desempeño de la Economía en el primer semestre, así como de la marcha de la implementación de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, asuntos que previamente fueron analizados en la reunión del Consejo de Ministros, efectuada el 28 de junio y en el Séptimo Pleno del Comité Central el pasado lunes.

 

Considerando la información brindada a nuestro pueblo por los medios de prensa, no es necesario abundar sobre estos asuntos y solo señalaré aquellos aspectos de mayor importancia.

 

La economía nacional ha continuado mostrando un comportamiento positivo en medio de las tensiones externas, los daños ocasionados por el huracán Sandy y nuestras propias insuficiencias.

 

Como ya fue divulgado, el Producto Interno Bruto (P.I.B) creció un 2,3 por ciento, que sin llegar a lo planificado, supera en dos décimas el alcanzado en el primer semestre del año pasado. Cierto es que todavía el comportamiento del P.I.B no se nota en la economía de la familia cubana promedio.

 

Se reafirma la tendencia creciente de las actividades productivas, al tiempo que se preservan en niveles similares los servicios sociales a toda la población.

 

También los diputados recibieron una detallada panorámica de la marcha de la implementación de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución aprobados por el Sexto Congreso, proceso que constituye la principal tarea de todos, por cuanto de su éxito dependerá la preservación y el desarrollo del socialismo en Cuba, un socialismo próspero y sostenible, que a la vez que ratifica la propiedad social —como ya explicó el compañero Murillo— sobre los medios fundamentales de producción, reconoce el papel de otras formas de gestión no estatales; reafirma a la planificación como instrumento indispensable en la dirección de la economía, sin negar la existencia del mercado.

 

Deseo reiterar la convicción de que en este frente de significación estratégica ha continuado el avance y ya comienzan a observarse los primeros resultados alentadores, aunque también es verdad que falta un largo y complejo camino para actualizar nuestro modelo económico y social, asegurando el apoyo mayoritario de la población a este proceso, lo cual excluye la utilización de terapias de choque y el desamparo de millones de personas que caracterizan a las políticas de ajuste aplicadas en los últimos años en varias naciones de la rica Europa.

 

El fenómeno de la dualidad monetaria constituye uno de los obstáculos más importantes para el progreso de la nación, y tal como señala el Lineamiento número 55, deberá avanzarse hacia la unificación, teniendo en cuenta la productividad del trabajo. El propio Lineamiento reconoce la complejidad de este propósito, que exigirá una rigurosa preparación y ejecución, tanto en el plano objetivo como subjetivo.

 

Sobre el particular puedo comunicarles que han proseguido los estudios para la supresión de la dualidad monetaria de forma ordenada e integral, lo cual nos permitirá acometer transformaciones de mayor alcance y profundidad en materia de salarios y pensiones, precios y tarifas, subsidios y tributos. En pocas palabras, lograr que todos los ciudadanos aptos se sientan incentivados a trabajar legalmente a partir de restablecer la vigencia de la ley de distribución socialista, “de cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo”, lo que propiciará terminar con la injusta “pirámide invertida”, o lo que es lo mismo, a mayor responsabilidad, menor retribución.

 

Al propio tiempo, debemos otorgar la máxima prioridad al perfeccionamiento del sistema de producción agropecuaria, asegurando que los experimentos aprobados para liberar las trabas que frenan su desarrollo alcancen los objetivos propuestos.

 

Asimismo, con la introducción en los planes para el próximo año de las directivas aprobadas, las empresas estatales lograrán mayor autonomía en su gestión y en la distribución de los resultados —como fue más ampliamente explicado en la mañana de hoy.

 

Del mismo modo, apoyaremos decididamente la creación de cooperativas no agropecuarias, las cuales, de conjunto con el continuado despliegue del trabajo por cuenta propia, facilitarán liberar al Estado de actividades productivas y de servicios no fundamentales y concentrarse en el programa de desarrollo a largo plazo.

 

La implementación de los Lineamientos lleva implícita la necesidad de evaluar sistemáticamente los efectos de los cambios que se han venido introduciendo y corregir con prontitud cualquier desviación. También demanda el establecimiento de un clima permanente de ORDEN, DISCIPLINA Y EXIGENCIA en la sociedad cubana, premisa imprescindible para consolidar el avance de la actualización del modelo económico y no admitir retrocesos contraproducentes.

 

Precisamente, a este asunto dedicaré la mayor parte de mi intervención, tal y como les expresé a ustedes el 24 de febrero en la Sesión de Constitución de la actual Legislatura del Parlamento, ocasión en la que contamos con la presencia del compañero Fidel, quien sobre el particular expresó, cito: “la gran batalla que se impone es la necesidad de una lucha enérgica y sin tregua contra los malos hábitos y los errores que en las más diversas esferas cometen diariamente muchos ciudadanos, incluso militantes”, fin de la cita.

 

Este tema no resulta agradable para nadie, pero me atengo al convencimiento de que el primer paso para superar un problema de manera efectiva es reconocer su existencia en toda la dimensión y hurgar en las causas y condiciones que han propiciado este fenómeno a lo largo de muchos años.

 

Imagino las noticias en los próximos días de la gran prensa internacional, especializada en denigrar a Cuba y someterla a un frenético escrutinio; ya nos hemos acostumbrado a vivir bajo el asedio y no debemos restringirnos a debatir con toda crudeza la realidad, si lo que nos motiva es el más firme propósito de rebasar el ambiente de indisciplina que se ha arraigado en nuestra sociedad y ocasiona daños morales y materiales nada despreciables.

 

Hemos percibido con dolor, a lo largo de los más de 20 años de período especial, el acrecentado deterioro de valores morales y cívicos, como la honestidad, la decencia, la vergüenza, el decoro, la honradez y la sensibilidad ante los problemas de los demás.

 

Recordemos las palabras de Fidel en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, el 17 de noviembre de 2005, cuando dijo que a esta Revolución no podría destruirla el enemigo, pero sí nosotros mismos y sería culpa nuestra, advirtió.

 

Así, una parte de la sociedad ha pasado a ver normal el robo al Estado. Se propagaron con relativa impunidad las construcciones ilegales, además en lugares indebidos, la ocupación no autorizada de viviendas, la comercialización ilícita de bienes y servicios, el incumplimiento de los horarios en los centros laborales, el hurto y sacrificio ilegal de ganado, la captura de especies marinas en peligro de extinción, el uso de artes masivas de pesca, la tala de recursos forestales, incluyendo en el magnífico Jardín Botánico de La Habana; el acaparamiento de productos deficitarios y su reventa a precios superiores, la participación en juegos al margen de la ley, las violaciones de precios, la aceptación de sobornos y prebendas, el asedio al turismo y la infracción de lo establecido en materia de seguridad informática.

 

Conductas, antes propias de la marginalidad, como gritar a viva voz en plena calle, el uso indiscriminado de palabras obscenas y la chabacanería al hablar, han venido incorporándose al actuar de no pocos ciudadanos, con independencia de su nivel educacional o edad.

 

Se ha afectado la percepción respecto al deber ciudadano ante lo mal hecho y se tolera como algo natural botar desechos en la vía; hacer necesidades fisiológicas en calles y parques; marcar y afear paredes de edificios o áreas urbanas; ingerir bebidas alcohólicas en lugares públicos inapropiados y conducir vehículos en estado de embriaguez; el irrespeto al derecho de los vecinos no se enfrenta, florece la música alta que perjudica el descanso de las personas; prolifera impunemente la cría de cerdos en medio de las ciudades con el consiguiente riesgo a la salud del pueblo, se convive con el maltrato y la destrucción de parques, monumentos, árboles, jardines y áreas verdes; se vandaliza la telefonía pública, el tendido eléctrico y telefónico, alcantarillas y otros elementos de los acueductos, las señales del tránsito y las defensas metálicas de las carreteras.

 

Igualmente, se evade el pago del pasaje en el transporte estatal o se lo apropian algunos trabajadores del sector; grupos de muchachos lanzan piedras a trenes y vehículos automotores, una y otra vez en los mismos lugares; se ignoran las más elementales normas de caballerosidad y respeto hacia los ancianos, mujeres embarazadas, madres con niños pequeños e impedidos físicos. Todo esto sucede ante nuestras narices, sin concitar la repulsa y el enfrentamiento ciudadanos.

 

Lo mismo pasa en los diferentes niveles de enseñanza, donde los uniformes escolares se transforman al punto de no parecerlo, algunos profesores imparten clases incorrectamente vestidos y existen casos de maestros y familiares que participan en hechos de fraude académico.

 

Es sabido que el hogar y la escuela conforman el sagrado binomio de la formación del individuo en función de la sociedad y estos actos representan ya no solo un perjuicio social, sino graves grietas de carácter familiar y escolar.

 

Esas conductas en nuestras aulas son doblemente incompatibles, pues además de las indisciplinas en sí mismas, hay que tener presente que desde la infancia la familia y la escuela deben inculcar a los niños el respeto a las reglas de la sociedad.

 

Lo más sensible es el deterioro real y de imagen de la rectitud y los buenos modales del cubano. No puede aceptarse identificar vulgaridad con modernidad, ni chabacanería ni desfachatez con el progreso; vivir en sociedad conlleva, en primer lugar, asumir normas que preserven el respeto al derecho ajeno y la decencia. Por supuesto, nada de esto entra en contradicción con la típica alegría de los cubanos, que debemos preservar y desarrollar.

 

Me he limitado a hacer un recuento de los fenómenos negativos más representativos, sin el ánimo de relacionarlos uno por uno, ya que ello extendería innecesariamente estas palabras.

 

Con el concurso del Partido y los organismos del Gobierno, se efectuó un primer levantamiento que arrojó 191 manifestaciones de este tipo —conscientes estamos de que no son las únicas y de que hay muchas más—, separadas en cuatro categorías diferentes: la indisciplina social, las ilegalidades, las contravenciones y los delitos recogidos en el Código Penal.

 

El combate contra esas nocivas conductas y hechos debe efectuarse utilizando diversos métodos y vías. La pérdida de valores éticos y el irrespeto a las buenas costumbres puede revertirse mediante la acción concertada de todos los factores sociales, empezando por la familia y la escuela desde las edades tempranas y la promoción de la Cultura, vista en su concepto más abarcador y perdurable, que conduzca a todos a la rectificación consciente de su comportamiento. Este será, no obstante, un proceso complejo que tomará bastante tiempo.

 

El delito, las ilegalidades y las contravenciones se enfrentan de manera más sencilla: haciendo cumplir lo establecido en la ley y para ello cualquier Estado, con independencia de la ideología, cuenta con los instrumentos requeridos, ya sea mediante la persuasión o, en última instancia, si resultase necesario, aplicando medidas coercitivas.

 

Lo real es que se ha abusado de la nobleza de la Revolución, de no acudir al uso de la fuerza de la ley, por justificado que fuera, privilegiando el convencimiento y el trabajo político, lo cual debemos reconocer que no siempre ha resultado suficiente.

 

Los órganos estatales y del gobierno, cada uno en lo que les corresponde, entre ellos la Policía, la Contraloría General de la República, la Fiscalía y los Tribunales deben contribuir a este empeño, siendo los primeros en dar ejemplo de apego irrestricto a la Ley; reforzando así su autoridad ante la sociedad y asegurando el apoyo de la población, como ha quedado demostrado en el enfrentamiento reciente a bochornosos casos de corrupción administrativa, en los que se involucraron funcionarios de organismos y empresas.

 

Es hora ya de que los colectivos obreros y campesinos, los estudiantes, jóvenes, maestros y profesores, nuestros intelectuales y artistas, periodistas, las entidades religiosas, las autoridades, los dirigentes y funcionarios a cada nivel, en resumen, todas las cubanas y cubanos dignos, que constituyen indudablemente la mayoría, hagan suyo el deber de cumplir y hacer cumplir lo que está establecido, tanto en las normas cívicas como en leyes, disposiciones y reglamentos.

 

Cuando medito sobre estas lamentables manifestaciones, pienso que a pesar de las innegables conquistas educacionales alcanzadas por la Revolución y reconocidas en el mundo entero por los organismos especializados de las Naciones Unidas, hemos retrocedido en cultura y civismo ciudadanos. Tengo la amarga sensación de que somos una sociedad cada vez más instruida, pero no necesariamente más culta.

 

En tal sentido, vale la pena recordar aquella frase que se ha atribuido a distintos autores, entre ellos al filósofo y escritor español Miguel de Unamuno, quien para resumir sus vivencias acerca de las normas de convivencia de unos campesinos de Castilla expresó: “¡Qué cultos son estos analfabetos!”

 

Nada es más ajeno a un revolucionario que la resignación, o lo que es lo mismo, la rendición ante las dificultades. Por tanto, lo que nos corresponde es levantar el ánimo y el espíritu de combate y enfocarnos en la gigantesca y paciente tarea de revertir la situación creada.

 

En mi criterio, el denominador común de todo este fenómeno ha sido y es la falta de exigencia de los encargados de hacer cumplir lo establecido, la ausencia de sistematicidad en el trabajo a los diferentes niveles de dirección y el irrespeto, en primer lugar, por las entidades estatales de la institucionalidad vigente, lo cual, por otra parte, menoscaba su capacidad y autoridad para exigir a la población que se atenga a las regulaciones existentes.

 

Por solo citar un ejemplo: ¿cuántas violaciones de las normativas de Planificación Física han sido detectadas en el sector estatal a lo largo y ancho del país, algunas de ellas denunciadas en la prensa? Hay que reforzar, como ya lo estamos haciendo, el orden y la disciplina en todos los organismos del gobierno.

 

Al propio tiempo, los dirigentes desde las instancias nacionales hasta la base, deben abandonar la pasividad y la inercia en su conducta; deben dejar de mirar al otro lado, cuando el problema está aquí, para no verlo. Basta ya de tener miedo a buscarse problemas en el cumplimiento de nuestros deberes, y asumir como propia una mentalidad de orden, disciplina y exigencia, sin temor a buscarse problemas por reclamar el cumplimiento de lo establecido.

 

El enfrentamiento a la indisciplina social no puede convertirse en una campaña más, sino en un movimiento permanente cuya evolución dependerá de la capacidad de movilizar a la población y a los diferentes actores de cada comunidad, sin excluir a nadie, con rigor e intencionalidad política.

 

Hagamos balance de las fuerzas con que cuenta la Revolución y comprenderemos que son más que suficientes para alcanzar el éxito.

 

Las primeras acciones realizadas por el Partido, la Juventud y las organizaciones de masas para fortalecer la prevención y el enfrentamiento han evidenciado, en apenas cuatro meses, que a medida en que las instituciones políticas, sociales y administrativas han profundizado su actuación en esta esfera, la población ha patentizado su respaldo y se suma denunciando y combatiendo hechos y conductas violatorias de la legalidad.

 

Si queremos triunfar en esta tarea hay que incorporar al pueblo, a cada ciudadano, no mediante arengas y consignas vacías en encendidas reuniones, sino sembrando en cada uno la motivación por ser mejores y llevando por delante el ejemplo personal.

 

Ese era el tema central de mis palabras, aprobadas por el Buró Político en la mañana de ayer. Sobre este tema que acabo de concluir se puede estar hablando varias horas, pero es suficiente lo que he dicho, lo demás se debe publicar.

 

Como es natural esto se publicará en toda nuestra prensa. Yo les sugiero a todos ustedes y a los que me escuchan, que se lo lean con calma, y mediten individualmente, solo les pido que mediten personalmente.

 

Pasando a otro tema, ayer nuestros diputados emitieron un Llamamiento a todos los parlamentos del mundo y a las personalidades comprometidas con la justicia para que reclamen a las autoridades de Estados Unidos la liberación y el regreso inmediato de Gerardo, Ramón, Antonio y Fernando, quienes el próximo 12 de septiembre cumplirán 15 años de injusta prisión.

 

También aplaudimos las emotivas palabras del Héroe de la República de Cuba, René González, quien ha venido a reforzar la lucha por esta noble causa, que no se detendrá hasta que todos retornen a la Patria.

 

Finalmente debo expresar que las recientes revelaciones del ciudadano norteamericano Edward Snowden permitieron confirmar la existencia de sistemas de espionaje global de Estados Unidos, que violan la soberanía de las naciones, incluso, de sus aliados, y los derechos humanos.

 

Cuba que ha sido históricamente uno de los países más agredidos y también más espiados del planeta, ya conocía de la existencia de estos sistemas de espionaje.

 

Lo nuevo e inusitado ha sido la manera en que se ha impuesto el control mediático y la censura para desviar la atención de lo fundamental, o sea, el enorme poder del gobierno norteamericano en el control masivo de las tecnologías de la información y de los medios de comunicación y centrarse, entonces, en la persecución internacional del denunciante.

 

Aprovechándose de su poderío mediático internacional supranacional ya porque estos medios se van por encima de las naciones se concentran ahora en la persecución internacional del joven denunciante de estas actividades.

 

Las amenazas de aplicar medidas económicas contra Ecuador y la acción concertada de varios países europeos para impedir el sobrevuelo o aterrizaje del Presidente Evo Morales, demuestran que vivimos en un mundo en el que los poderosos se sienten en condiciones de violentar el Derecho Internacional, vulnerar la soberanía de los Estados y pisotear los derechos de los ciudadanos.

 

Ante esta filosofía de dominación, todos los países del Sur estamos y continuaremos estando en peligro.

 

Apoyamos los legítimos reclamos y pronunciamientos de los Presidentes de Venezuela, Ecuador, Argentina, Bolivia, Nicaragua, Brasil, Uruguay y de otros líderes latinoamericanos y caribeños.

 

Llamamos a la movilización de la opinión pública internacional, a la enérgica denuncia y firme condena de las amenazas contra Ecuador y del atropello contra el Presidente de Bolivia, contra toda Nuestra América.

 

Respaldamos el derecho soberano de la República Bolivariana de Venezuela y de todos los Estados de la región de conceder asilo a los perseguidos por sus ideales o luchas por los derechos democráticos, según nuestra tradición.

 

No aceptamos dobles raseros, interferencias ni presiones de ningún tipo. Como ha señalado el Presidente Nicolás Maduro, no se puede dar refugio y negar la extradición a Venezuela de un terrorista internacional como Posada Carriles, autor, entre otros crímenes, de la voladura en pleno vuelo de un avión de Cubana de Aviación con 73 seres humanos, y al mismo tiempo pretender que esta hermana nación no ejerza su derecho legítimo.

 

Hoy estamos a 7 de julio, nos separan pocos días para conmemorar el 60 aniversario del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes. Enfrentemos los nuevos retos con la misma decisión e inconmovible fe en la victoria que siempre nos ha inculcado el Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz.

 

Muchas gracias.

 

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Comentarios

 

Anónimo: ¿Quienes empezaron este desastre?, quien dijo que no era comunista (aparece 4 veces diferentes en internet) y que la revolucion era mas verde que las palmas, y despues se declara comunista, engañando a todo el mundo; quienes confiscaron (robaron) a todos los dueños de negocios y propiedades; quien dijo que la invasion a Checoslovakia primero y despues a Afganistan estaban justificadas y condenaban las intervenciones norteamericanas, quienes incitaron a la delacion de los familiares y amigos. Quienes incitaron la represion contra los que emigraron y ahora le lamen las botas para que traigan dolares. Esto que recogen ahora no es producto del Periodo Especial, es producto de la siembra de odio, desinformacion, mentiras, represion religiosa, planes educacionales errados, etc, etc. A mentir y robar lo aprendio el pueblo de sus lideres politicos que durante 53 años han estado creando este hombre nuevo, por cierto con mucho exito.

 

Gabonice: Es muy dificil pensar en la preparación psicológica que se tiene que dar Raúl Castro cuando prepara un discurso de ese tipo. Cuba es un desastre pero durante medio siglo él ha estado gobernando y no se puede exculpar del desastre. Durante medio siglo ha estado destrozando el país y ahora vuelve a llover sobre lo mismo. ¿Puede haber alguien en Cuba que pueda creer en ellos? Hablar por hablar, mientras sigan chupando de la teta seguirán hundiendo al país.

 

RENE LIBERTARIO: Es esto el colmo de la estupidez o el vejete criminal es ya presa de la arteriosclerosis, desafortunado discurso del criminal Raúl Castro, no se ha dado cuenta que ha cometido un colosal error, no es solamente el culpar de todos los males que su dictadura ha creado, esto va más allá, es hallar culpable a todo el pueblo cubano y hasta sus mas cercanos colaboradores, y para colmo de males siguen diciendo los muy entupidos que la gestión económica seguirá basándose en la fracasada planificación. Vivir en un mundo de fantasías o alucinaciones, es algo tan irreal que pudiéramos decir que casi conspiran contra si mismos, será que a sus 83 abriles a Castro2 no le importa nada, si yo se sin ser adivino lo que se piensa a esa edad y después de mí el diluvio, creemos este discursito fue su epitafio final.

 

Jagger:    Citas de un discurso no memorable por la reiteración ineficaz…

“…Así, una parte de la sociedad ha pasado a ver normal el robo al Estado.

Se propagaron con relativa impunidad las construcciones ilegales, además en lugares indebidos, la ocupación no autorizada de viviendas, la comercialización ilícita de bienes y servicios, el incumplimiento de los horarios en los centros laborales, el hurto y sacrificio ilegal de ganado, la captura de especies marinas en peligro de extinción, el uso de artes masivas de pesca, la tala de recursos forestales, incluyendo en el magnífico Jardín Botánico de La Habana; el acaparamiento de productos deficitarios y su reventa a precios superiores, la participación en juegos

al margen de la ley, las violaciones de precios, la aceptación de sobornos y prebendas, el asedio al turismo y la infracción de lo establecido en materia de seguridad informática…”

Es innegable que esas y las demás conductas inciviles que se denuncian una vez más en este discurso y otras que por no denunciarse ahí, dejan de estar entre las más graves han denigrado la condición de cubanos ante nuestra propia conciencia y ante los pueblos del mundo, que no por más analfabetos que sean, son ciegos.

Sin embargo, se sigue, tozudamente, teniendo la óptica de situar las causas de esta denigración en la esfera de la subjetividad del cubano como se apunta en el párrafo siguiente del discurso:

…En mi criterio, el denominador común de todo este fenómeno ha sido y es la falta de exigencia de los encargados de hacer cumplir lo establecido, la ausencia de sistematicidad en el trabajo a los diferentes niveles de dirección y el irrespeto, en primer lugar, por las entidades estatales de la institucionalidad vigente, lo cual, por otra parte, menoscaba su capacidad y autoridad para exigir a la población que se atenga a las regulaciones existentes…”

En esa óptica, por no ser marxista, se obvia la esencia de las causas de estos fenómenos, ya muy arraigados en la conciencia individual del cubano. Las causas más profundas de ellos hay que buscarlas en las relaciones de producción imperantes en nuestra sociedad, en la cual la concentración de la propiedad mal llamada “social” o “de todo el pueblo” en manos de los dirigentes y funcionarios del estado como representantes “legítimos” del pueblo, que ha conducido a la existencia de la más formidable centralización de todas las decisiones (fundamentales o no) en nuestra economía y sociedad, y que a base de la existencia del trabajo asalariado como expresión del despojo de la condición de propietario colectivo de los trabajadores, han reverdecido en nuestra estructura social métodos feudales de dirección y por ello, no es extraño que suceda lo que se apunta en el siguiente párrafo, también repetido en innumerables ocasiones y sin efecto alguno en la práctica social:

“…Al propio tiempo, los dirigentes desde las instancias nacionales hasta la base, deben abandonar la pasividad y la inercia en su conducta; deben dejar de mirar al otro lado, cuando el problema está aquí, para no verlo. Basta ya de tener miedo a buscarse problemas en el cumplimiento de nuestros deberes, y asumir como propia una mentalidad de orden, disciplina y exigencia, sin temor a buscarse problemas por reclamar el cumplimiento de lo establecido…”

La raíz de todos estos males radica en la inexistencia de la participación de los trabajadores en la doble condición de productores-propietarios colectivos que debiera ser para llamarnos socialistas, lo que rompería la concentración aludida y desmontaría la centralización tan dañina por la inercia, inmovilismo y castradora de la iniciativa de los trabajadores, que crea y da sustento a la existencia de la burocracia indolente y “ciega como el que no quiere ver”, de la que nos quejamos todos los días y contra la que no se hace nada con efectividad porque no se ataca a sus bases de reproducción.

Y esa centralización de la propiedad y los resultados del trabajo -mal administrado por la ralea de funcionarios indolentes y serviles, se traduce, necesariamente en la conciencia social de nuestro pueblo, en la cual el principio de organización enunciado por el gran Lenin como es el Centralismo Democrático, se mutiló y no queda nada ya de “Democrático” y se ha convertido en Centralismo Burocrático, lo que lastra e impide la combatividad en nuestras organizaciones sociales, tanto las llamadas “de masas” como las partidistas, en el labrado de las conciencias de las masas y el surgimiento de los verdaderos valores éticos del Socialismo como la honestidad, la honradez, la decencia, la vergüenza, el decoro, y la sensibilidad ante los problemas de los demás, hoy cada vez más ausentes por el efecto de zapa de las relaciones de producción imperantes en nuestra sociedad.

Mención aparte necesita la expresión jurídica de esa centralización, como forma obligada de manifestación de la ideología del “Socialismo Burocrático”, en la cual se le conceden al Estado, además de la capacidad centralizada y antidemocrática legislativa, todos los derechos como Estado Omnipotente frente al desvalido ciudadano individual, en la cual el Estado es juez y parte, de lo que se desprende que la universalmente reconocida presunción de inocencia se haya trocado en la presunción de culpabilidad y el acusado TIENE QUE DEMOSTRAR SU INOCENCIA y de esto se deriva que en la montaña de sentencias, entre las justas, aparezcan y no “en algunos casos” miles de sentencias consecuencias de los juicios más injustos y sin prueba de culpabilidad, haciendo valer los entronizados “Derecho Indicacional y Derecho Epistolar” a guisa de derechos feudales reverdecidos, sobre el inválido ciudadano.

No resulta extraño que si el Estado viola sus propias leyes y principalemente la Constitución de la República, violaciones frente a las cuales la Comisión de Asuntos Constitucionales de la Asamblea Nacional, resulta ciega y sorda, a menos que venga la indicación desde “arriba”, entonces, cómo esperar que la ciudadanía respete los preceptos legales y por extensión, los preceptos morales y de civilidad? Es el resultado de un Estado No de Derecho cuyo fruto son los males que hoy aquejan bastante difundidos en nuestra sociedad.

Tode este contexto de exclusión social de las masas trabajadoras en las decisiones económicas, conducen a que se profundice su condición de parias y en presencia de la descapitalización progresiva de la vida cotidiana del ciudadano, las conductas de barbarie, desobediencia civil, irrespeto a la ley y a las normas de convivencia, proliferan y se hacen cada vez más presentes en sectores de la población que por nivel de instrucción debían estar muy lejos de la marginalidad, engrosando las turbas de lumpen-proletarios que cada vez más abundan en nuestra tierra y que con más fuerza comienzan a expresarse en nuestra cultura y manifestaciones artísticas, sobre todo en la música popular.

Sólo cambiando esas relaciones de producción, en las cuales el trabajador sea a la vez productor y propietario colectivo, como no se puede robar a sí mismo, el robo, la malversación, el desvío de recursos (lo que no sólo ocurre en la base de nuestra sociedad) y los demás males tendrán su erradicación y no harán falta legiones de auditores y fiscales para entrar en cintura al delito.

Cuando eso ocurra, se comenzará a revertir la situación que hoy afrontamos de la pérdida de los valores éticos, sin los cuales no es posible vivir en paz, porque como dijo Benito Juárez, la paz es el respeto al derecho ajeno y también desparecerá la simulación y florecerá la verdadera democracia y la verdadera libertad que presupone el socialismo como dijo esa excepcional revolucionaria y comunista que fue Rosa Luxemburgo cuando definió la libertad como aquella donde es libre el que no piense igual.

Es muy probable que este balbuceo no pase más allá de ser un razonamiento interesante para personas lúcidas y algo desestimable para los doctos dirigentes partidistas y estatales, pero vale la pena el esfuerzo.

 

Anónimo: Quitaron la asignatura de moral y cívica para poner en su lugar los plenos estudiantiles, había que olvidar “las costumbres burguesas” y aceptar las indicaciones para formar el “hombre nuevo” Ahora que disfruten de la m... en la que han convertido a la isla. Y por otra parte, los primeros ladrones han sido ellos mismos cuando acabaron con la propiedad privada. Lo dicho: A ma......

 

Anónimo: Este Castro no es más que un cínico, ladrón, y descarado. Ellos los Castro se robaron la Isla, deciden y hacen lo que quieran por más de 54 años. los principales ladrones son la familia Castro de que corrupción habla este? Raul Castro al igual que su hermano han asesinado, arrestado y desaparecido a miles y miles de cubanos inocentes.

 

Gabonice: Un discurso como este tiene muchas incoherencias. No se puede combatir la corrupción cuando eres un corrupto. El Presupuesto de gastos de Raúl Castro y su familia y la de su hermano es un secreto, no tienen control y ahí es donde empieza la corrupción en Cuba. Ese discurso es como el del “Vaso de leche para todos”. Tiene un problema, su hermano el culpable sigue vivo y tranquilo y él no acaba de llegar al poder, fue el segundo en todo de su hermano y ya tiene varios años en el poder y no ha resuelto ningún problema. Ni un cubano que solo puede escuchar la Mesa Redonda y su Noticiero puede emocionarse y pensar que los problemas van a empezar a resolverse. La oposición ha ido arrancando granos de libertad a la Dictadura y la Dictadura no tiene la más mínima vergüenza y comienza un diálogo con los cubanos, pero con un lema, largarse del poder y dejar que los cubanos rescatemos a la Nación.

 

Anónimo: Este discurso del dictador Raúl Castro, no de la CIA ni de algún disidente, debiera ser un balde de agua fría para los Correa, Ortega, Morales, Maduros y todos los demás ilusos de América Latina, pero no, la ambición de poder personal los ciega ante la realidad de un modelo fracasado hasta en Cuba el país que supuestamente les sirve de faro y guía.

 

Anónimo: quien siembre vientos recogerá tempestades.. como siempre la culpa de lo malo lo tiene EL PUEBLO y no el desgobierno cuya política fue acabar con palabras como decencia, por ser aburguesada y eso salió en el Granma, no en otro lugar. Pero, si el único dueño tiene de todo y se lo niega al necesitado.....a quien le están robando desde que abre los ojos y los vuelve a cerrar cada día...cabe aquello de “ladrón que roba a ladrón, tiene cien años de perdón”....sinceramente si no fuera tan frustrante causaría risa el aterrizaje de éste a la Cuba que ellos han des--hecho. Cada crítica que hace, es una autocrítica y una raya más a su hermano.

 

Anónimo: Poco a poco ira creciendo el numero de nacionales cubanos que le miraran a este esperpentico dictadorzuelo designado por linea genetica con ojos cruzados, como preguntandole a directamente a los ojos: Y a ti quien te eligio? Solo basta esperar cuantas veces el dictadorzuelo de marras se aventuraria a enfrentar la inquisitiva mirada de los cada vez mas irredentos esclavos de la plantacion de fidel hipolito, hasta que aquellos pasen de la simple mirada a los hechos.

 

Anónimo: Habló el mayoral sobre disciplina, igual que se hacía cuando en Cuba los esclavos tenían que cortar la caña y hacer otros menesteres. Era común entre los amos quejarse de la ingratitud de sus “trabajadores” quienes no reconocían las bondades de su régimen.

 

Anónimo: Así que se ha abusado de la nobleza del régimen, que quieren que me ponga a llorar o a reír, pero de que se esta hablando, solamente están recogiendo lo que han sembrado por mas de 53 años, pero como siempre la culpa la cargan otros entre ellos el supuesto imperio, caballeros hasta cuando con esta novelita.

 

Anónimo: los Castro y comparsa abolieron la palabra “señor”, y sustituyeron el “usted” por el “compañero” y el “tú”. Los Castro le enseñaron al pueblo que una persona en cuello y corbata, podía ser un empleado de un banco o un hotel, “ese era un lumpen, un oligarca”. Los uniformes, camisas y pantalones de trabajo de kaki gris, eran buenos, eso era “el pueblo”. Después, como dijo el Ché “el desodorante y el jabón no eran necesarios para hacer una revolución”. Cuando Castro nacionalizó las escuelas privadas quien no hablaba con el “acere monina” era un niñito bitongo. La chancletería, la chusmería de solar era lo positivo, era “el pueblo”. había que oír el Mozambique con Pello el Afrokán y su banda; banda de verdad porque una buena parte de los músicos tenían causas penales, y a quien le gustaba oír música en inglés, ese era un “extranjerizante”. Había que leer “Así se Forjó el Acero”, “El Capital”, “Obras Completas de Lenin”, porque eso era cultura, lo demás, no ayudaba a construir la nueva sociedad. Pregunto ¿quiénes destrozaron la cultura del pueblo cubano? ¿Quiénes son los culpables de la absoluta involución de Cuba? ¡hay que ser descarado para quejarse ahora!!!!

Aumenta la insurgencia popular pacífica en Cuba

Pedro Campos

9 de julio de 2013

 

Respuesta a parte del discurso de Raúl Castro en la Asamblea Nacional del Poder Popular el 7 de julio pasado

 

Estas son palabras textuales del Presidente, según Granma:

 

Hemos percibido con dolor, a lo largo de los más de 20 años de período especial, el acrecentado deterioro de valores morales y cívicos, como la honestidad, la decencia, la vergüenza, el decoro, la honradez y la sensibilidad ante los problemas de los demás…Así, una parte de la sociedad ha pasado a ver normal el robo al Estado. Se propagaron con relativa impunidad las construcciones ilegales, además en lugares indebidos, la ocupación no autorizada de viviendas, la comercialización ilícita de bienes y servicios, el incumplimiento de los horarios en los centros laborales, el hurto y sacrificio ilegal de ganado, la captura de especies marinas en peligro de extinción, el uso de artes masivas de pesca, la tala de recursos forestales, incluyendo en el magnífico Jardín Botánico de La Habana; el acaparamiento de productos deficitarios y su reventa a precios superiores, la participación en juegos al margen de la ley, las violaciones de precios, la aceptación de sobornos y prebendas, el asedio al turismo y la infracción de lo establecido en materia de seguridad informática…Conductas, antes propias de la marginalidad, como gritar a viva voz en plena calle, el uso indiscriminado de   palabras obscenas y la chabacanería al hablar, han venido incorporándose al actuar de no pocos ciudadanos, con independencia de su nivel educacional o edad…Se ha afectado la percepción respecto al deber ciudadano ante lo mal hecho y se tolera como algo natural botar desechos en la vía; hacer necesidades fisiológicas en calles y parques; marcar y afear paredes de edificios o áreas urbanas; ingerir bebidas alcohólicas en lugares públicos inapropiados y conducir vehículos en estado de embriaguez; el irrespeto al derecho de los vecinos no se enfrenta, florece la música alta que perjudica el descanso de las personas; prolifera impunemente la cría de cerdos en medio de las ciudades con el consiguiente riesgo a la salud del pueblo, se convive con el maltrato y la destrucción de parques, monumentos, árboles, jardines y áreas verdes; se vandaliza la telefonía pública, el tendido eléctrico y telefónico, alcantarillas y otros elementos de los acueductos, las señales del tránsito y las defensas metálicas de las carreteras…Igualmente, se evade el pago del pasaje en el transporte estatal o se lo apropian algunos trabajadores del sector; grupos de muchachos lanzan piedras a trenes y vehículos automotores, una y otra vez en los mismos lugares; se ignoran las más elementales normas de caballerosidad y respeto hacia los ancianos, mujeres embarazadas, madres con niños pequeños e impedidos físicos. Todo esto sucede ante nuestras narices, sin concitar la repulsa y el enfrentamiento ciudadanos….Lo mismo pasa en los diferentes niveles de enseñanza, donde los uniformes escolares se transforman al punto de no parecerlo, algunos profesores imparten clases incorrectamente vestidos y existen casos de maestros y familiares que participan en hechos de fraude académico… Es sabido que el hogar y la escuela conforman el sagrado binomio de la formación del individuo en función de la sociedad y estos actos representan ya no solo un perjuicio social, sino graves grietas de carácter familiar y escolar”.

 

Presidente, efectivamente, todas esas manifestaciones están presentes y en aumento. Los partidarios del Socialismo Participativo y Democrático lo hemos venido señalando en distintos artículos hace varios años; pero para nosotros, no tienen la connotación que Ud. les otorga, se deben a otras causas y, desde luego, demandan otras soluciones diferentes a más orden, disciplina y exigencia.

 

Para usted la causa de todo eso es la “nobleza de la revolución”, la ausencia de mano dura, de más represión; no el desastre económico, político, social y moral que nos ha traído más de medio siglo de capitalismo monopolista de estado, arropado de socialismo, de “dictadura del proletariado”, de gobierno unipersonal y unipartidista concentrador de la propiedad y las decisiones, donde el único derecho de los ciudadanos ha sido el de “trabajar en agradecimiento y fidelidad para complacer a quiénes le dieron todo y liberaron a Cuba de la satrapía batistiana y la explotación imperialista”.

 

No se percatan de que están jugando con fuego, o lo atizan deliberadamente. Prefiero creer que el Presidente es de los que no se percatan, aunque a los efectos prácticos da igual

 

Su gobierno-partido-estado, según lo que se desprende de sus propias palabras, enfrenta una oleada creciente de desobediencia pública, de un aumento de la insurgencia pacífica del pueblo, de una variada forma de resistencia no violenta, como resultado de su insatisfacción generalizada con las políticas económicas, sociales y cívicas de su estado corrupto y corruptor.

 

Pero no. Ustedes ven allí al pueblo maldito, malagradecido, mal educado, marginal, soquete que no ha sabido aquilatar los sacrificios que han hecho ustedes por su felicidad y lo culpan de las consecuencias de los errores por Uds., cometidos y, arriba, lo amenazan desde el poder absoluto: O aceptan nuestro orden o les reprimimos.

 

¡Qué falta de consideración y de respeto con el pueblo que les dio su apoyo incondicional! ¡Qué equivocados están! Los gobernantes no están para juzgar al pueblo. Es al revés.

 

Siempre tendrá que haber un orden, pero el que consensuemos entre todos, de forma democrática. No el impuesto, no el del cuartel sobre la República.

 

Confirma Ud., sin quererlo tal vez, algo que ya hemos planteado: la buro-burguesía político-militar-empresarial que administra para sí el poder económico y político en Cuba se enfrenta no solo a sus asalariados que explota inmisericordemente, sino también a todas las otras capas y clases de la sociedad cubana, a todo el pueblo cubano.

 

Repasemos algo de lo expresado en ese discurso y lo que hemos expuesto nosotros.

 

Para Ud. la gente roba al estado. Para nosotros es el estado cubano el que se ha estado apropiando del sudor de sus asalariados, del de los campesinos, del de los trabajadores por cuenta propia, del de los profesionales, intelectuales y artistas, etc. a través de menguados salarios, abusivos impuestos y la doble moneda, no obstante las gratuidades elementales mínimas actuales. Y los que producen la riqueza simplemente aplican la ley de “justa compensación”: se apropian de parte de lo que Uds. les sustraen injustamente.

 

Donde Ud. ve construcciones ilegales de vivienda, nosotros apreciamos autogestión del pueblo para tratar de darse un techo, ante la ausencia de una política oficial efectiva que facilite y genere la cantidad de viviendas necesarias.

 

Cuando Ud. menciona el hurto y sacrificio ilegal de ganado, nosotros pensamos en todas las regulaciones y leyes estatales que han inhibido la producción de carne y leche, en la disminución de la masa ganadera a consecuencia del monopolio estatal de la venta de carne y, sobre todo, en las necesidades insatisfechas de la población que hoy duplica la del 59, pero con la mitad de cabezas de ganado de entonces.

 

Lo que califica Ud. de vandalismo contra los espacios públicos, la telefonía, el tendido eléctrico y telefónico, las alcantarillas, las señales del tránsito y las defensas metálicas de las carreteras, para nosotros son muestras de desasosiego, de “sálvense quien pueda”, de incertidumbre, de precariedad de la vida, de decepción, de abandono, del propio caos creado por Uds., en fin evidencias -en distinto grado y nivel- del descontento y la rebeldía que late en las venas del pueblo, ante la indefensión y la ausencia de posibilidades legales y democráticas de luchar por sus derechos. ¿Se olvidan que el 26 de Julio también saboteaba la electricidad y el acueducto en la época de Batista, por cierto con acciones más violentas y destructivas?

 

Lo que para Ud. es evasión del pago del transporte y apedreamiento de ómnibus y trenes, es para nosotros un preludio del extremo a que pudiera llegar la reacción popular masiva cuando su impaciencia desborde los límites humanos permisibles de la desesperación ante la impotencia de no poder satisfacer sus necesidades básicas, en este caso el transporte, cuya solución su gobierno no ha sido capaz de encontrar y no por falta de sugerencias.

 

Para Ud. la escuela y la familia no están jugando el papel que deben. Pero ¿de quiénes son las escuelas, quiénes han sido los ministros de educación, quiénes han impuestos sistemas educacionales que olvidaron los buenos modales, los derechos humanos y civiles, rechazaron la moral, la éticas y la democracia por “burguesas” y priorizaron la exaltación de los métodos violentos de lucha para conseguir sus propósitos?

 

¿Qué, sino las políticas estatales que generaron el odio a los que se iban; las “internacionalistas” que separaron familias por años; la creación de contingentes para trabajar en otras provincias por largo tiempo; la destrucción de los patrimonios familiares; el maniqueísmo divisor entre revolucionarios y contrarrevolucionarios; las exclusiones por razones políticas, de raza, preferencia sexual o religiosa, incluido el uso de la violencia contra opositores pacíficos y homosexuales, practicadas con mayor o menor intensidad en distintos momentos y otras, son las responsables de la división y el desastre en que se encuentran los lazos de la familia cubana?

 

Respuestas similares podríamos dar a cada una de las acusaciones que lanza contra el pueblo. De todas, los únicos responsables son Uds., la llamada dirección histórica, a la que el pueblo se confió, sin reservas y, en nombre del “socialismo” ha hecho trizas el país.

 

No es que defendamos la chapucería, la chabacanería, las malas costumbres y conductas, es que todas son hijas naturales de tantas prohibiciones, regulaciones, exclusiones e imposiciones a las que el pueblo cubano ha sido sometido. ¿La gente nació así, hace esas cosas porque genéticamente son malas? ¿O ya olvidaron una de las máximas de Marx: el hombre piensa según vive? La miseria engendra miserables. El odio, odiosos y la violencia, violentos.

 

No saben acaso que la gran mayoría del pueblo que critican, nació después de la llegada de Uds. al poder. ¿No sirve ese pueblo, criado bajo su tutela? ¿O son Uds. los que no sirven al pueblo y el pueblo está demandando otro gobierno, otro modelo? Piensen.

 

Si hubiéramos callado, si no hubiéramos señalado estos problemas antes de que llegaran a su estado actual, analizado sus causas y propuesto soluciones, lo cual venimos haciendo -desde dentro- hace muchos años, pero con examen y sugerencias socialistas más concretas a partir del IV Congreso del PCC en 1991, no tendríamos moral para hablarle así de frente.

 

Pero lo peor que vemos en este discurso es la persistencia en pretender resolver estos problemas desde la imposición del orden, la disciplina y la exigencia y del llamado deliberado a un aumento de la represión contra ese pueblo humilde que busca sobrevivir como puede, partiendo de que lo que ha habido es flojera por parte de la “revolución” que Uds. siguen, equívocamente, identificando con los que han creado todo el desastre actual.

 

Muchas veces se ha planteado desde distintas posiciones en la amplia Izquierda Socialista y Democrática, que Uds. se empeñan en desconocer: de lo que se trata es de cambiar el absurdo sistema estatalista burocrático; democratizar el sistema político; liberar la economía, el comercio interno y externo de todas las trabas y monopolios estatales; socializar la propiedad a través de la auto y la cogestión de las empresas, promover el desarrollo amplio del cooperativismo; dar verdaderas posibilidades al trabajo por cuenta propia, a la pequeña y mediana empresa; liberar al campesino de todas las regulaciones abusivas; aprobar una nueva ley de impuestos estimulante de la producción; eliminar la doble moneda y otras que haría innecesariamente extenso el artículo, expuestos en nuestros programas y artículos.

 

Pudiera callar, dejarlos y no advertir que están en el camino equivocado, ese bárbaro que conduce a un inevitable enfrentamiento de incalculables consecuencias contra la mayoría del pueblo. Pero por principio me niego a toda violencia y aspiro a que los graves problemas que aquejan a la nación cubana, se resuelvan pacífica y democráticamente.

 

Es inocultable que algunos en esa “dirección histórica” parecen dispuestos a correr todos esos riesgos, incluida una eventual intervención extranjera aprovechándose de una descabellada represión masiva, antes que reconocer el fracaso de su “modelo” estatalista centralizado y entregar el poder al pueblo y a los trabajadores.

 

Tales preferirían provocar una agresión externa, para que quede ante la historia, “que fue el imperialismo quien impidió el triunfo definitivo de su revolución socialista” y no sus propias limitaciones. ¿Habrá algo más anexionista? ¿Se prestaría a tamaña barbaridad toda la alta oficialidad de las FAR?

 

Me recuerdan a los españoles cuando las guerras de independencia: prefirieron rendirse ante EEUU, y no ante el pueblo cubano que los había derrotado en la manigua.

 

Pero ya, a esos extremistas pocos les creen sus cuentos. Y la historia ya se está encargando de demostrar lo evidente: ni les interesa el socialismo, ni el pueblo, solo sus caprichos y por sus caprichos no vamos a morir más cubanos.

 

Ustedes mismos tendrán que reconocer su incapacidad y abrir nuevos espacios hacia la democratización y la socialización de la política y la economía, ante la continuación de la resistencia popular pacífica por diferentes vías; pues contrario a sus deseos, el grueso de las Fuerzas Armadas y el MININT, que son parte y carne del pueblo sufrido, no se va a prestar al jueguito macabro, traidor y retroactivo de reprimir al pueblo masivamente.

 

Gracias Presidente, por sus esclarecedoras palabras y me disculpa por la personalización; pero es su discurso.

 

Socialismo por la vida.

 

 

¿Existen cambios en Cuba?

Nicolás Pérez Díaz-Argüelles

3 de julio de 2013

 

Es sorprendente cómo se diferencian las opiniones anticastristas sobre la actualidad cubana provengan de donde provengan. Si le preguntas al pueblo llano de aquí o allá que le importa tres pitos si aguacate o mamoncillo te dice una cosa. Si buscas una respuesta entre expertos en el tema te dicen otra. Y está la versión de los incorregibles que les sopla en el cerebro un odio cerval al castrismo, y que son necesarias para lograr un balance sobre picar cerca sobre hacia dónde va Cuba.

 

Las preguntas sobre la realidad isleña varían según la época, la pregunta actual es si existen o no cambios en la isla. Hay quienes opinan que no se mueve una hoja y otros que existe un ciclón de reformas.

 

Ambos extremos exageran. Están habiendo cambios, pero ni radicales ni rápidos. Y cuando se producen, obedecen a realidades económicas o sociales que no admiten dilación.

 

¿Los escollos?: contradicciones, rémoras de medio siglo de totalitarismo y un error geográfico. La contradicción es pretender que puedan existir cambios económicos sin cambios políticos. Las rémoras son el bunker de La Habana, viudas de un Fidel Castro que aún respira, y que rechazan la más mínima reforma. Y por último, un error geográfico y de idiosincrasia. Se están produciendo cambios reales en China y en Vietnam, pero esos países no están en el continente americano ni a 90 millas de Estados Unidos. Y tampoco el cubano es chino o vietnamita.

 

¿Los cambios económicos actuales, que existen, son positivos para el pueblo cubano? Indiscutiblemente que sí.

 

Pero veámoslos sobre el terreno. Uno relevante, se autorizó la existencia del trabajador por cuenta propia. Un espacio liliputiense de propiedad privada que ganó la sociedad civil. La medida creó 24.920 empresas en el 2012 y empleó a 387.375 cubanos, pero esta no fue una concesión a John Maynard Keynes, la movida se debió a estar obligados a hacerlos de a Pepe por despedir a medio millón de trabajadores estatales entre el 2010 y el 2011 y tener que buscar donde ubicarlos. Y por otra parte, el trabajador por cuenta propia al estilo castrista es una medida artificial porque está acosado por impuestos poco razonables y su supervivencia se basa en comprar artículos en bolsa negra, lo cual es vivir ilegalmente y al borde del abismo.

 

Otra medida que podría ser aplaudida: entre el 2008 y el 2010 un poco más de un millón de hectáreas ociosas han sido entregadas a productores de tierra, ¿pero cómo explotarlas si el campesino en ocasiones no tiene capital ni para poder comprar un machete? ¿Cómo esto puede tener éxito, si lo dice el periódico Granma, no yo, que agricultores han logrado estupendas cosechas y se les ha podrido en los surcos porque el Estado ha sido incapaz de facilitarles un transporte confiable para llevar el producto a tiempo de las fincas a los mercados campesinos?

 

Hay otros cambios en Cuba que aplaudo: Cuba anuncia rebajas de la telefonía móvil que es un acto innegable de libertad de comunicación. Otro cambio positivo es la autodeterminación sexual.

 

Pero el resto de las reformas tienen un contenido ambivalente, que apunta a que el exilio de Miami sostenga al gobierno comunista, tales como la autorización de ventas de automóviles y viviendas para que exiliados con neurosis de destino les compren a sus familiares en la isla timón y techo para el día del regreso. El mismo objetivo, la resolución en la Gaceta Oficial que deroga las limitaciones a la importación no comercial (puro cuento) de equipos electrónicos y domésticos.

 

Pero la obra maestra de cómo un gobierno comunista puede vivir a costa de sus enemigos jurados es la eliminación del permiso de salida para los viajes al exterior, y dejando sin efecto el requisito de la Carta de Invitación, lo cual tiene dos lecturas.

 

La primera positivísima, de nuevo libertad, la opción de abandonar la isla y regresar, permitiendo incluso a la heroica disidencia recorrer el mundo denunciando los horrores del sistema sin abandonar la lucha. La segunda lectura: su carácter es de nuevo económico, se le ha dado al cubano la posibilidad de viajar a Miami, permanecer dos años en el exterior ganando dólares para regresar sin haber perdido la vivienda y otras propiedades y engrosar con un éxito exiliado económico las arcas de la dictadura.

 

No sé ustedes, pero si yo tuviera una madre, un hijo o un hermano en Cuba dejaría el alma para que no sufrieran escaseces y miseria. Pero por otra parte, si fuera comunista, sentiría una gran repugnancia, un absoluto rechazo al sistema que defiendo, cuando explota los sentimientos humanos del enemigo, para que me sostenga a mí y a un marxismo leninismo obsoleto, absurdo e impracticable y que vive a diario frente al precipicio. Verdades tristes, pero mondas y lirondas.

 

Nicop32000@yahoo.com

La pequeña y mediana empresa privada,

una necesidad

Dimas Castellanos

2 de julio de 2013

 

Guantánamo, Villa Clara, Camagüey: cuatro ejemplos de la incapacidad de empresas estatales.

 

Marino Murillo Jorge, vicepresidente del Consejo de Estado, en la reunión del Consejo de Ministros del pasado mes de mayo, expresó: “las medidas que durante décadas se han puesto en práctica en la forma de gestionar la tierra, no han conducido al necesario aumento de la producción”. La importancia de tal declaración no radica en el reconocimiento del fracaso, que es sabido, sino en la insuficiencia de las medidas aplicadas para revertir el deterioro causado por casi 50 años de socialismo totalitario.

 

En Cuba, el proceso de formación de talleres artesanales, comercios y servicios, del cual emergió un empresariado nacional, fue barrido por la revolución y sustituido por jefes y administradores de la propiedad estatal. Esa transformación generó desinterés en los productores, incapacidad productiva, escasez y conductas delictivas; un cuadro imposible de solucionar sin ir a las causas y sin retomar los análisis y aportes de pensadores y políticos cubanos que se preocuparon desde principios del siglo XIX por el fomento de una clase media.

 

El fracaso en Cuba no fue ninguna novedad. El intento de alcanzar una economía eficiente desde el monopolio del Estado había sido precedido por otros similares en Rusia, China, Vietnam, Mongolia, los países socialistas de Europa del Este y algunos del continente africano. El único que no ha cambiado es Corea del Norte, devenido modelo de lo que no debe ser y relegado al grupo de los vente países más atrasados del mundo, mientras la parte sureña de esa península se ubica en el pelotón de los veinte más desarrollados.

 

Ante la crisis, Raúl Castro planteó en 2007 la necesidad de “cambiar todo lo que deba ser cambiado”, y en 2008 expresó que la producción de alimentos constituía “un asunto de máxima seguridad nacional”. Sin embargo, las medidas implementadas nacieron subordinadas al predominio de la propiedad estatal, la planificación socialista y los llamados ideológicos, precisamente tres agentes culpables del fracaso reconocido por Marino Murillo. Por tanto, para superar el estado actual hay que liberar la economía de las trabas ideológicas, legalizar el derecho de los cubanos a ser propietarios y a recibir salarios en correspondencia con el costo de la vida, sin lo cual no hay ni habrá economía eficiente.

 

El camino transitado por el Decreto Ley 259 sobre la entrega de tierras ociosas en usufructo, el cual por sus limitaciones tuvo que ser reformado por Decreto-Ley 300, y que a su vez tendrá que sufrir nuevas modificaciones, indica que hay que desatar definitivamente el nudo que ha impedido la formación de pequeñas y medianas empresas privadas, mixtas o cooperativas, así como la formación de un empresariado nacional.

 

Si las empresas son organizaciones dedicadas a la satisfacción de demandas sociales y a generar beneficios a sus integrantes, no hay razón alguna que justifique la exclusión de los cubanos, un pueblo con iniciativas y un nivel de instrucción por encima del resto de los países que integran el bloque del ALBA, del cual Cuba forma parte y en los que existe una poderosa clase media que participa en los destinos económicos de sus respectivos países.

 

En Cuba, el germen de esa clase media está hoy en los trabajadores por cuenta propia. Lo que se requiere es dotarlos de personalidad jurídica y de derechos y libertades para vender sus productos, comprar los insumos, relacionarse con otros productores internos y externos, acceder a internet y asociarse para la defensa de sus intereses. La necesidad de esa clase se justifica, además, por los resultados negativos de muchas empresas estatales, como podemos ver en los siguientes cuatro ejemplos:

 

1. En el Valle de Caujerí, Guantánamo, se instaló una moderna fábrica de tecnología italiana para procesar toda la producción de tomate de esa zona. Sin embargo, según narra Lilibeth Alfonso en un reporte publicado en el periódico Venceremos del pasado 22 de marzo, a los productores se les informó que el 26 de febrero se recogerían los tomates envasados, pero el transporte no cumplió. Por eso varios productores perdieron miles de cajas de tomates envasados, mientras una cantidad similar permanecía sin recogerse por falta de envases, lo que representa una enorme pérdida. Además, la arrancada tardía de la fábrica y el tiempo parado por roturas ha obligado a trasladar el tomate contratado hacia la Fábrica de Guantánamo, con la consiguiente pérdida por la merma de peso y el gasto de transportación. Sin embargo, en esa misma zona existen campesinos con conocimientos y capacidad para montar pequeñas industrias locales que solo requieren de una decisión gubernamental.

 

2. Según Freddy Pérez Cabrera, autor de un artículo aparecido en el diario Granma el 20 de mayo, la Empresa de Suministros y Transportes Agropecuarios de Villa Clara mantenía 66 sistemas de riego diesel inactivos desde el 31 de octubre de 2012 en espera de la “conversión de precios”. Esos equipos estaban destinados para ser vendidos a empresas estatales, pero solo cuatro de ellos fueron comercializados. Las gestiones para concretar un nuevo precio de venta con el Grupo Empresarial de Logística del MINAGRI y con el Ministerio de Finanzas y Precios, hasta ese momento no habían dado resultado. Por su parte la entidad encargada de fabricar dichos equipos carece de facultad para establecer o variar el importe de venta. Se trata de máquinas que antes se importaban y que ahora se producen en el país, en espera de la adecuación del precio.

 

3. Los talleres de la UEB Derivados del Alambre de Minas, Camagüey, se encuentran abarrotados de pallets cargados con 897 toneladas de clavos debido a la no extracción por parte de la empresa comercializadora, mientras esas puntillas están en falta en las unidades comerciales. Lo mismo ocurre con el taller de mallas galvanizadas, donde cientos de toneladas permanecen sin evacuar. Según Miguel Febles Hernández, en un artículo aparecido en Granma el 8 de abril de 2013, en esta fábrica, encargada de elaborar puntillas de 1 a 6 pulgadas, se invirtieron recursos para la instalación de máquinas de elevada productividad. Sin embargo, están a punto de detener la marcha productiva por la razón antes expuesta, lo que implica la pérdida de la estimulación salarial de los trabajadores. La traba consiste en que el principal transportista, “no cubre toda la demanda” pues no dispone de almacenes que permitan asumir grandes volúmenes de producción. Sin embargo, la población carece de las puntillas necesarias para las labores constructivas.

 

4. Un artículo de Freddy Pérez Cabrera, publicado el viernes 5 de abril de 2013 en Granma, nos narra que en el establecimiento Los atrevidos, en el año 2004 se adquirió una moderna máquina italiana a un costo superior a los 180 mil dólares y desde el año 2010 se acabó la tapa que sella el envase original para la crema de guayaba. Esta industria, capaz de confeccionar entre 1,5 y 2,0 toneladas en ocho horas de trabajo, se ve ahora obligada a emplear de ocho a diez trabajadores en vez de dos.

 

En los cuatro ejemplos reseñados se han invertido miles y miles de dólares que por diferentes razones no reportan los resultados esperados; una prueba indiscutible de la incapacidad del Estado, la inutilidad de la planificación y las trabas de los aparatos burocráticos, lo que pone a la orden la entrada en escena de las pequeñas y medianas empresas y con ellas el surgimiento de la necesaria clase media cubana.

 

 

En la telaraña

Orlando Freire Santana

2 de julio de 2013

 

La medida que permite la flexibilización del objeto social de las entidades económicas amenaza con llevar a ninguna parte

 

Como parte de los cambios que se vienen implementando en el sistema empresarial, acaba de ser emitida la Resolución 134 del Ministerio de Economía y Planificación (MEP) acerca de la flexibilización del objeto social de las entidades económicas de la Isla.

 

A primera vista, estamos en presencia de una medida positiva, por cuanto permite desatar muchos amarres que frenan el desarrollo de las fuerzas productivas. A partir de ahora, los directores de las empresas, una vez cumplido el encargo estatal que dio razón de ser a su entidad, tendrán la potestad de acometer otras producciones o prestaciones de servicios no contempladas en el objeto social de la institución. Sin embargo, a medida que vamos conociendo las interioridades de la Resolución 134, nos percatamos de los no pocos cabos sueltos que subsisten en el referido cuerpo legal, y que en la práctica podrían convertirlo en letra muerta.

 

Aun cuando no será necesario especificar el tipo de moneda en que se va a realizar la actividad económica, la flexibilización del objeto social no parece otorgar ninguna facultad a los empresarios para ejecutar acciones de importación y exportación. Es decir, que el gobierno pretende mantener la centralización del comercio exterior, con lo cual se impide que las empresas adquieran directamente sus insumos y materias primas que provengan de otras naciones —una opción que, de concretarse, podría aumentar la calidad de las producciones nacionales—, e igualmente se les priva de acudir sin intermediarios a mercados internacionales donde puedan ofertar sus productos.

 

Otro elemento no muy aclarado es el referido a la participación de la empresa en la aprobación de su objeto social, así como la posible movilidad del mismo. Se establece que cada organismo de la administración central del Estado es el encargado de fijar el objeto social de las empresas que se le subordinen, y que únicamente los directores de estas podrán opinar al respecto. Esto contradice el tan anunciado protagonismo de los colectivos laborales en la gestión empresarial. Además, no se avizora ningún mecanismo que viabilice la modificación del objeto social en caso de que los mencionados colectivos laborales, o los consejos de asesores de la dirección de las entidades, así lo considerasen.

 

Esta Resolución 134 contempla que el Ministerio de la Agricultura determine el objeto social de las distintas variantes de cooperativas que existen en el país: CPA, CCS y UBPC. Semejante disposición, no obstante los criterios del oficialismo con vistas a atenuar su impacto, representa un obstáculo para el logro de la autonomía con que deben funcionar estas entidades. Se da por descontado que los socios de estas cooperativas, al no poder incidir en el objeto social de las mismas, no podrán decidir sobre el destino productivo de sus tierras. A propósito, y como otra muestra de que la realidad se interpone frecuentemente a las buenas intenciones de un plan, abundan los criterios en el sentido de que ninguna de las 17 medidas adoptadas para reactivar a las UBPC ha logrado materializarse.

 

Pero si hubiese que mencionar un escollo que se yergue ante la aspiración de mejorar el trabajo empresarial mediante la flexibilización del objeto social, habría que considerar la rigidez del comercio mayorista interempresarial. Aquí constituye una práctica generalizada que las empresas no escojan libremente a sus clientes y proveedores, sino que, en ambos casos, sean determinadas entidades mayoristas, previamente designadas, las que aporten los insumos y materias primas, y también comercialicen los productos terminados. Entonces, ¿cómo concebir que una empresa pueda realizar producciones secundarias, si casi nunca se halla en condiciones de acceder a recursos o insumos que excedan las cantidades necesarias para cumplir con su objeto social o los encargos estatales?

 

Se anuncia que esta flexibilización del objeto social de las empresas será un anticipo de los cambios previstos para 2014, cuando se espera que los empresarios cuenten con mayores atribuciones en materia financiera, y en los sistemas de pago a los trabajadores.

 

Sin embargo, lo anterior lleva a pensar en lo difícil que resultará lograr mejorías apreciables si los cambios transcurren a cuentagotas. Es muy probable que la apertura anunciada se extravíe en la enrevesada madeja de la burocracia y los controles aún vigentes.

 

 

Entre la hoz y el martillo

Alberto Méndez Castelló

1 de julio de 2013

 

Tremenda alucinación: el viejo Betico sueña con vender pepinos y tomates al Hotel Tunas sin pasar por la oficina estatal de Acopio…

 

“Beto, arranca el tractor y lleva para el Hotel Tunas 10 cajas de pimientos, 15 de tomates, 1.000 mazorcas de maíz y toda la lechuga y los pepinos que quedan en el campo. Eso está autorizado”.

 

Beto quedó patidifuso. ¿Se estaría volviendo loco el viejo?

 

En sus 45 años jamás había escuchado algo semejante. ¡Poner mercancía en la carreta para llevarla para un hotel…! ¡Para el hotel Tunas…! ¿Y el visitador de Acopio…? ¿Y el presidente de la cooperativa…? ¿Y los inspectores…? ¿Y la policía…?

 

Boquiabierto, Beto miró al abuelo antes de preguntar: “¿Autorizado por quién, papá? ¿Autorizado por quién…?”.

 

El viejo Betico saltó de la cama diciendo:

 

“Tráeme agua”.

 

Cuando le llevé el vaso pregunté: “¿Qué le pasa papá, se siente mal?”

 

“Estaba soñando. ¿Será verdad eso que dice el periódico?”, preguntó mi padre al concluir el relato de sus pesadillas.

 

“Quizás, duérmase”, dije.

 

Mi padre tiene 87 años. Nació en la finca de mi bisabuelo. Estaba por cumplir ocho años cuando el 12 de enero de 1934 fue creada la Asociación de Colonos de Cuba. Él produjo caña de azúcar en tierras propias y administrando terrenos ajenos hasta que los colonos fueron disueltos por la resolución 247 del 22 de enero de 1961.

 

Ese mismo 22 de enero, y por la propia resolución 247 del Instituto Nacional de Reformas Agrarias (INRA), fue creado la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP).

 

“No nos asociamos, nos juntaron”, decía papá.

 

Cuando todavía siendo un niño preguntaba a mi padre por qué llamaron pequeños a los agricultores de todo el país, invariablemente respondía: “No querían que fuéramos grandes. No éramos pequeños. Nos hicieron chiquitos”.

 

El pasado 1 de junio el reglamento general de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños cumplió 52 años. Fue instituido por la resolución número 260 del Instituto Nacional de Reformas Agrarias. Su artículo número 3 dice: “Esta organización se constituye por tiempo indefinido y no se disolverá en tanto existan tareas que ella deba realizar según los fines que motivaron su creación”.

 

El citado reglamento fundacional de agricultores pequeños también expresa:

 

“Artículo 4: La ANAP tiene como fines los siguiente:

 

a) Organizar, unir y orientar a los pequeños agricultores en la aplicación del programa agrario de nuestra revolución patriótica, democrática y socialista.

 

b) Cooperar en la compra oficial de los productos del campo como garantía de precios justos para los agricultores y adecuados para el pueblo consumidor.”

 

Pero el domingo 23 de junio, luego que por 52 años cooperaran con los precios a pagar a los campesinos, el periódico Juventud Rebelde publicó un artículo titulado Lo que hay que sacar del medio, diciendo: “…acaba de decidirse que las ventas al turismo del sector campesino se hagan —de verdad— directamente, sin intermediación alguna de los cooperativistas (…) en adelante, los labriegos firman de tú a tú con las instalaciones hoteleras los contratos para esas operaciones”.

 

“Vamos a sacar del medio a todo el que no haga nada porque eso sólo encarece y hace a la economía más ineficiente”, citó Juventud Rebelde a Marino Murillo Jorge, miembro del buró político del Partido y Jefe de la Comisión de Implementación de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución.

 

“Si van a sacar del medio a todos los que no hacen nada… entonces tienen que salir ellos mismos… los de la ANAP y los del Partido. ¿Tú crees que ellos, los que están entre la hoz y el martillo, se busquen un trabajo y nos dejen a nosotros trabajar en paz?”, escucho decir a mi padre con palabras entrecortadas por su tos bronquial.

 

“No sé papá, duérmase”, digo.

Mis últimos veinte años se fueron

entre Gardel y María Teresa Vera

Vicente Morín Aguado

30 de junio de 2013

 

Vivimos un enredo del cual no sé si saldremos algún día en la vida

 

Para Gardel “veinte años no es nada”, en tanto la trovadora cubana habla del desgarramiento, del tiempo perdido.

 

Hace veinte años cayó el muro; Cuba se abrió al turismo, surgieron las dos monedas, aparecieron nuevos mercados para el consumo popular; parecía que al fin tomaríamos un nuevo rumbo, clamado por unos pocos, mientras la mayoría silenciosa ansiaba lo mismo.

 

Pero entonces volvió lo que llamamos “la retranca”, es decir, el freno sobre el acelerador cuando queríamos ir por más. Creo que se combinaron varios hechos:

 

La Unión Europea, liderada por la España de Felipe, creyó en la apertura anunciada, pensando que Cuba realmente cambiaría. Inversiones y empresas mixtas, facilidades comerciales, donaciones, un respiro en medio del caos.

 

Los Estados Unidos de Clinton nos dieron una mano con su política de contactos pueblo a pueblo, apoyando en todo momento el regreso del niño Elián, la mejor telenovela de nuestra historia. Los Pastores por la Paz recibían algunos coscorrones, pero finalmente hacían de las suyas.

 

Vino su Santidad Juan Pablo II, con la reiteración de que “El mundo se abra a Cuba y Cuba se abra al mundo.”

 

Hugo Rafael Chávez Frías ganó las elecciones. Alianza política entre el Padrino y el Ahijado.

 

Tal parece que el respiro, el levantarse después de un duro golpe, determinó ese volver hacia atrás tan criticado hoy en día, retraso de dos décadas que pudieron salvarse a favor de la llamada “Actualización”, realmente el proceso de tránsito de un socialismo fracasado hacia el intento de otro socialismo, prometido ahora como “próspero y sustentable.”

 

En lo político nuestro partido comunista se quedó sin responder a la propuesta del Proyecto Varela, avalada por decenas de miles de compatriotas, cuyas firmas fueron registradas a riesgo, dada la necesidad de mostrar el documento de identidad permanente, base de un sistema de control estatal sobre toda la población.

 

Sin respetar el texto constitucional socialista, olvidaron uno de sus artículos, votando una enmienda dictada posteriormente al acto legal en cuestión, para no responder el reclamo legal. Al analizar los detalles de aquel propósito protagonizado por Payá Sardiñas, afloraban muchos de los cambios que ahora se realizan como legado del Sexto Congreso del Partido Comunista de Cuba.

 

En lo económico, los nuevos vínculos con Venezuela, junto al crecimiento de las remesas provenientes de Estados Unidos y unas mejores relaciones con gobiernos izquierdistas latinoamericanos, determinaron limitar todo lo posible la apertura interna hacia el libre mercado, las pequeñas empresas y demás facilidades posibles, capaces de liberalizar nuestra economía.

 

Los resultados de aquel abrirse a regañadientes, de aquella simulación de apertura, fueron palpables al cerrar la década del dos mil. Volvimos atrás, pagando el impagable precio del tiempo perdido.

 

Los negociantes extranjeros comprendieron el engaño, además de sufrir los impagos de sus negocios en el país. La inversión cayó, inclusive con retroceso en las cifras. La agricultura nacional no se recupera, incrementándose los precios de los principales alimentos.

 

Hoy en día pagamos mucho más por los artículos de primera necesidad que dos décadas atrás, considerando todos los mercados posibles, en un país enredado entre la dualidad monetaria, el mercado libre, el comercio subterráneo, la venta regulada sin racionamiento con precios fijos y algunas opciones mínimas de productos racionados por los cuales abonamos cifras mínimas en moneda nacional, además de las tiendas recaudadoras de divisas, con precios en dólares de los Estados Unidos semejantes a los de cualquier economía del primer mundo.

 

Como pueden comprender quiénes leen, entender a Cuba es difícil y explicarla aún más. Vivimos un enredo del cual no se si saldremos algún día en la vida.

 

Pasados veinte años de aquellos históricos “Noventa”, viene un retrasado Congreso del Partido, único partido, hablando de actualizar, o sea, en realidad, reformar, transitar hacia otra economía porque la actual nada nos sirve.

 

Es especialmente importante subrayar que este proceso está encabezado por los mismos hombres y mujeres que crearon el revolico económico dentro del cual estamos sumidos.

 

Décadas y energías perdidas. Canas, sueños y pesadillas. Una zafra azucarera como en los tiempos de Don Tomás Estrada Palma. La flota mercante nacional, orgullo latinoamericano superior al millón de toneladas de peso muerto, vendida como chatarra. La masa ganadera con la mitad de la que nos dejó Batista, pero ahora doblada la población. El marabú ocupando la mitad de la tierra cultivable del país.

 

Somos una economía quebrada. Estamos intentando recuperarnos. Vamos muy lento ante tantas urgencias. Creo firmemente que podemos, necesitamos, no hay otra opción, salir de la crisis. No es volver atrás, pero siendo sincero, el tiempo perdido merece un nuevo amor y otros compromisos. Como cantó la famosa trovadora:

 

Si las cosas que uno quiere se pudieran alcanzar,

tu me quisieras lo mismo que veinte años atrás,

con que tristeza miramos un amor que se nos va,

es un pedazo del alma que arranca sin piedad.”

¿Pluripartidismo en una nueva Constitución cubana?

Martha Beatriz Roque

28 de junio de 2013

 

En el año 1902, Cuba estrenó su nueva Constitución como República. Y en 1940, se instituyó la que fue considerada una de las mejores Cartas Magnas del continente americano. Con respecto a ella, en La Historia me Absolverá, Fidel Castro dijo: “La primera ley revolucionaria devolverá al pueblo la soberanía y proclamará la Constitución de 1940, como la verdadera ley suprema del Estado”.

 

Claro está, después de tomar el mando, este estatuto democrático no le servía, ya que, en primer lugar, dejaba bien claro la existencia de los tres poderes: legislativo, ejecutivo y judicial. Y aquí, desde el primer momento -en 1959-, se ejerció uno solo y se le mostraba al pueblo con barbas.

 

No obstante, recientemente, y de manera somera, Raúl Castro habló de reformar la Constitución de la República, la que fue puesta en vigor en 1976, y modificada en 1992 y 2002. De igual forma, planteó que habrá un límite en los períodos electorales. Esto, acompañado de toda una serie de cambios que están concebidos en los Lineamientos del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, requiere de una modificación de la Carta Magna.

 

Pero, aunque no se tiene definido quién será el heredero de la realeza, algunos apuestan por Miguel Díaz Canel, al que, debido a sus propiedades físicas, ya decadentes en Machado Ventura y en el propio Raúl Castro, se le concedió la mitad menos comprometida del asiento derecho del trono. Porque la que más vale –constitucionalmente- la sigue teniendo “Machadito”, Segundo Secretario del Partido Comunista de Cuba.

 

Sin embargo, el panorama político, tanto nacional como internacional, apuntan hacia algún cambio que quizás sorprendería a muchos, aunque para otros es parte del espectáculo teatral que siempre prepara el régimen. Podría plantearse en la próxima Constitución la posibilidad de existencia de otros partidos políticos, para continuar con la línea de cambios “raulistas” que algunos aplauden.


Esto sería definitivo para los que –desde el otro lado del mar- esperan una apertura, e incluso hasta para los europeos. ¿Pero realmente se concederá esa libertad, sin trampas ni amaños politiqueros? Más bien habría que pensar que es algo que se viene preparando desde hace tiempo. Algunos de los factores que entraron en este espectáculo, ya se han puesto viejos, pero una nueva camada de títeres está en el podio de premiaciones.

 

Después de tantos años de espera, cualquier intento da igual, e incluso a los que desde lejos tienen aspiraciones a la presidencia de la República, les resulta conveniente este tipo de juego manipulado, porque conocen perfectamente a los elegidos y los apoyan y promueven internacionalmente.

 

En la actualidad, el cese del embargo, llamado “bloqueo” en el lenguaje eufemístico del régimen, se ha convertido en una obsesión para el gobierno cubano, y hasta el más mínimo paso de restablecimiento en la normalidad de las relaciones con los Estados Unidos, lo condicionan a ello. No obstante, se han reanudado las conversaciones para la normalización del correo entre ambos países. El gobierno del presidente Obama vuelve a caer en el juego de otros demócratas que han habitado la Casa Blanca: conversar con sordos.

 

Si se logra convencer a dos factores externos importantes -lo cual no se considera difícil-, la solución del pluripartidismo en una nueva Constitución sería algo viable. El mismo tipo de marioneta que se utiliza para levantar la mano en la Asamblea Nacional del Poder Popular, está lista para asumir el rol opositor. El esquema de la eliminación del embargo, como justificación principal, está tocando a la puerta.

Dagoberto Valdés: «Con Raúl Castro la economía cubana, más que progresar, ha empeorado»

Carmen Muñoz

24 de junio de 2013

 

Dagoberto Valdés, director de la revista digital cubana Convivencia, pide a la UE que «no sortee» la Posición Común para llegar a un acuerdo bilateral con La Habana

 

Dagoberto Valdés (Pinar del Río, 1955) está considerado por diversos sectores como una posible «figura de consenso» en el futuro democrático de Cuba. Invitado por el Instituto Lech Walesa, acaba de asistir en Polonia a un seminario de intercambio de experiencias sobre la transición. El fundador de Convivencia dirigió durante trece años la revista «Vitral», de la diócesis de Pinar del Río, hasta que fue «intervenida» en 2007. Valdés tuvo que compaginar la dirección de la entonces publicación crítica con la condena del régimen castrista a recoger yaguas (vaina de la hoja de palma real, utilizada para envolver tabaco). Ahora el «ciberdisidente» y otros colaboradores de Convivencia, creada en 2008, sufren la represalia de que «no nos dan trabajo». Durante dieciséis años, este ingeniero agrónomo ocupó un frustrante «puesto ficticio» en la Empresa Tabacalera de Pinar del Río. Es la primera vez que sale de la isla desde 2005, cuando viajó al Vaticano como miembro del Pontificio Consejo Justicia y Paz. Dagoberto Valdés está convencido de que la Iglesia católica cubana «está llamada a jugar un papel muy importante en los próximos años».

 

-¿Coincide con algunos opositores cuando afirman que el acuerdo bilateral con Cuba busca sortear la Posición Común de la Unión Europea?

 

-La Unión Europea está dando los primeros pasos para un acuerdo de cooperación con Cuba en el que quisiéramos que se mantuviera la Posición Común, que pone la cuestión de los derechos humanos en cualquier mesa de negociaciones. Si la UE deja la Posición Común, a lo que parece decidida, confío en que no la sortee. Para evitar que se sortee proponemos crear un grupo de consultores de la sociedad civil que evalúe la situación política, económica, social y de derechos humanos en Cuba, y que la UE se base en ese informe para implementar la Posición Común. Debemos pasar de la denuncia de la posibilidad de sortear la Posición Común o de dejarla en letra muerta a la propuesta; y la propuesta es dar voz a la sociedad civil en ese itinerario de negociación, que la UE no solo escuche al gobierno cubano.

 

-¿Cuál es la situación en Cuba después de 54 años de dictadura, en un momento en que bastantes disidentes han podido salir del país con la nueva política migratoria?


-Cuba atraviesa una crisis total agravada tras la muerte de Hugo Chávez y la inestabilidad en Venezuela. En el interior, no por voluntad política sino por necesidad política, el gobierno intenta hacer cambios periféricos, como la nueva ley migratoria, que no tocan todavía la esencia del sistema. No obstante, como el sistema totalitario es irreformable, porque cuando comienza a reformarse se le va de las manos el poder, entonces creo que estamos avanzando hacia un proceso de cambio inevitable. Al mismo tiempo, el fortalecimiento y la articulación de la sociedad civil han abierto una nueva etapa en la correlación de fuerzas respecto al gobierno. En los últimos catorce meses, los grupos opositores han entrado en un proceso de unidad en la diversidad, como la Unión Patriótica de Cuba (Unpacu) con José Daniel Ferrer como líder, Félix Navarro, Guillermo Fariñas.... Pero también está ocurriendo a nivel provincial. En Pinar del Río, por ejemplo, todos los grupos se han unido en la Alianza Democrática Pinareña, que apoya a la Unpacu. Se relacionan en la diversidad, esto es un cambio cualitativo en la sociedad civil.

 

-¿Ha cambiado también la represión con quienes disienten?

 

-La represión se mantiene pero ha cambiado desde 2003, la última vez que hubo altas condenas para un gran grupo de opositores. Con la presión de las Damas de Blanco y otros grupos de la sociedad civil, la huelga de hambre de Guillermo Fariñas, el gobierno ha tenido que cambiar su estrategia. De las condenas a muchos años ha pasado a una represión más horizontal y abarcadora, porque ahora son más los opositores y las personas inconformes que pierden el miedo, que son condenadas a un tiempo menor.

 

-¿La sociedad civil ya no es incipiente?

 

-Ya no es incipiente sino creciente y está suficientemente articulada en unos valores comunes mínimos, para dejar aparcados las circunstancias y los detalles que nos separan hasta el momento en que llegue el Parlamento y la democracia.

 

-Hace cinco años, en una entrevista con ABC, usted señaló que «el pueblo necesita libertad, democracia e iniciativa privada». ¿Se ha logrado al menos lo último?

 

-Los cubanos desgraciadamente todavía no tenemos una reforma económica que reconozca y proteja jurídicamente la iniciativa empresarial. El trabajo por cuenta propia es una lista de «oficios medievales». Esto no toca para nada a las grandes empresas que deciden la economía cubana, todavía en manos del Estado. Casi siete años después del cambio de Fidel a Raúl Castro en el gobierno, la economía, más que progresar, ha empeorado. La reforma era aprovechar ese carácter emprendedor de los cubanos para poner en sus manos la economía nacional

 

-¿El régimen cubano se está preparando para cuando Venezuela deje de ayudarlo?

 

-Lamentablemente la economía depende de la situación de Venezuela porque este país es hoy la nueva Unión Soviética para Cuba. Y esto debería servir de lección para no volver a caer en el error de colocar la economía nacional en manos de un solo país o bloque. La estabilidad política y económica de Venezuela tiene una influencia determinante en el presente y futuro de Cuba. El gobierno cubano no se está preparando con la urgencia y las decisiones políticas sustanciales que debería tomar: una reforma económica estructural que reconociera la propiedad privada, la libertad de empresa y la inversión extranjera con participación de los cubanos del exilio. Debe ir acompañada de una reforma política estructural con pluralismo político, democracia y Estado de Derecho, y de una reforma de los medios de comunicación, en la cual haya libertad de expresión, libertad de prensa y libre competencia de órganos de expresión de diferentes orientaciones.

 

-¿Qué le parece que EE.UU. y Cuba reanuden las conversaciones migratorias el 17 de julio, después de dos años de estancamiento?

 

-Demuestra la urgencia y la necesidad del gobierno cubano de establecer relaciones con Estados Unidos y la Unión Europea como interlocutores alternativos para su economía, al tener la incertidumbre sobre el futuro de Venezuela.

 

-¿Cuál debería ser el papel de la Iglesia católica cubana en la transición democrática?

 

-Es la única institución que durante 54 años se ha mantenido independiente del gobierno comunista. Ha tenido y tiene un papel de educación ética y moral para la reconstrucción de la persona humana, lo que el Papa Pablo VI llamaba «suplemento de alma», el único capaz de curar el daño antropológico que ha provocado el Estado totalitario. La Iglesia católica cubana está llamada a jugar un papel muy importante en los próximos años. Un papel de tipo espiritual y moral; de mediación para la solución pacífica de los conflictos, y de aliento para la reconstrucción del país.

 

-¿Qué características deberían tener los políticos en la transición y futuro democrático de Cuba?

 

-El futuro de Cuba depende de que los políticos tengan cuatro características fundamentales: que sean incluyentes y no sectarios; positivos y no se queden solo en la denuncia; respeten las instituciones democráticas del Estado de Derecho, porque sin instituciones no hay país, y que sean personas honestas y no caigan en la corrupción.

El modelo cubano: ¿Actualizar o cambiar?

Fernando Ravsberg

20 de junio de 2013

 

El vicepresidente del Consejo de Ministros y artífice de las reformas económicas, Marino Murillo, reclamó apostar por el crecimiento, eliminando “todos los frenos que el modelo económico actual le pone al desarrollo de las fuerzas productivas”.

 

El problema es que la mayor de las trabas podría ser el propio modelo, el cual establece unas relaciones de producción que entorpecen el desarrollo económico del país, enlentecen los cambios, mediatizan las reformas y crean malestar en la población.

 

Ese modelo socialista, establecido desde los tiempos de Stalin, produjo en la isla los mismos resultados que en el resto de los países que lo copiaron: crisis agrícolas, estancamiento industrial, desabastecimiento y descontento ciudadano.

 

Murillo recordó que los padres teóricos del socialismo dijeron que en la nueva sociedad es necesario nacionalizar “los medios fundamentales de producción”, algo que cuestiona un modelo en el que se estatizaron hasta los puestos que vendían fritas en las calles.

 

Hoy cada transformación económica, por pequeña que sea, obliga a una sucesión de cambios posteriores para ponerla en marcha. Es ahí cuando el resto del modelo y sus defensores impiden que la reforma sea efectiva o alcance sus mejores resultados.

 

La agricultura tal vez sea el paradigma de la burocracia por su masividad e ineficiencia pero está lejos de ser su única expresión. El sistema de importación cubano es una verdadera joya burocrática, donde los que menos poder de decisión tienen son los productores.

 

El propio discurso oficial habla de “actualizar” el modelo cubano, pero lo cierto es que les será muy difícil meter en medio de un rompecabezas una pieza diferente sin alterar las que la rodean, produciendo un efecto dominó que terminará transformando el conjunto.

 

El gobierno choca con esos obstáculos cada vez que intenta mover una ficha. Cuando se decidió entregar las tierras en usufructo gratuito, aparecieron los que en base a la “legalidad vigente” prohibieron a los campesinos hacer sus casas en las fincas.

 

Semejante irracionalidad desalentó a muchos y obligó a otros a desviar sus esfuerzos de la producción de alimentos para dedicarse al traslado clandestino de materiales de construcción, con el fin de levantar una casa escondida de las miradas indiscretas.

 

La agricultura tal vez sea el paradigma de la burocracia por su masividad e ineficiencia pero está lejos de ser su única expresión. El sistema de importación cubano es una verdadera joya burocrática, donde los que menos poder de decisión tienen son los productores.

 

Si una fábrica cubana quiere traer del extranjero una maquinaria, necesita acudir a la empresa importadora que el Estado le asignó. Esta “importadora” en realidad no importa nada, solo hace una licitación entre las compañías extranjeras que existen en Cuba.

 

Son estas últimas las que en realidad salen a buscar el equipo al país que lo produce, lo compran y lo traen a la isla. Pero el actual modelo tiene terminantemente prohibido que el director de la fábrica cubana contacte directamente con el importador extranjero.

 

Así que quien hace el pedido es un oficinista que sabe poco y nada de lo que necesita la empresa y que, en el mejor de los casos, se guiará por comprar lo más barato, lo cual en muchas ocasiones genera graves problemas a los productores.

 

Entre la gente común muy pocos sienten nostalgia del viejo modelo, más hábil para establecer prohibiciones que para satisfacer las necesidades materiales de la población.

En el peor de los casos, estos “importadores estatales intermediarios” se dejan comprar por los vendedores extranjeros para adquirir equipos obsoletos o de mala calidad. Por estos días los tribunales cubanos juzgan a clic decenas de implicados en este tipo de “negocios”.

 

Esas “relaciones de producción” son las que hacen que el país tenga equipos paralizados durante meses en espera de repuestos, mientras las importadoras intermediarias del Estado se toman todo el tiempo del mundo para decidirse a comprar.

 

La mayoría de los cubanos que conozco apoyan los cambios y quieren que estos avancen con más rapidez y profundidad. Entre la gente común muy pocos sienten nostalgia del viejo modelo, más hábil para establecer prohibiciones que para satisfacer las necesidades materiales de la población.

 

Pero estas relaciones de producción tienen aún seguidores en Cuba, son los defensores del “socialismo real”. Paradójicamente la mayoría de ellos no viven la realidad de ese socialismo porque tienen prebendas que les compensan sus “inconvenientes” cotidianos.

 

Hace poco un periodista cubano en un debate les recomendaba usar de vez en cuando el autobús para darse un baño de pueblo. Cuando me lo contaron recordé una pintada anarquista advirtiendo que “quien no vive como piensa terminará pensando como vive”.

Retórica y desabastecimientos

Jorge Olivera Castillo

17 de junio de 2013

 

El Consejo de Ministros de Cuba ha vuelto a descubrir el agua tibia. Según el informe que elaboraron sus integrantes, las medidas implementadas desde 2008 para incentivar la producción agrícola, no han dado los frutos que se esperaban. La situación va de mal a peor. ¿Acaso es una novedad enterarse del fracaso de lo que se presentó como un eficiente remedio?

 

A un lustro de la puesta en práctica del paquete de medidas, se reafirma un estancamiento del cual sólo podrían salir con una apertura integral y profunda, y no a través de los tradicionales regodeos retóricos.

 

Lamentablemente, las conclusiones no apuntan al éxito, sino hacia otro nivel de desengaños. Y ello se debe a que un avance real exige ciertas modificaciones estructurales que la élite del poder no está dispuesta a aplicar, por temor a repercusiones políticas que serían adversas para sus planes.

 

Un salto económico considerable representa una disminución en su capacidad para controlar a la sociedad, de acuerdo con los términos establecidos por el partido comunista. Este escenario es el que están evitando a toda costa. Y tal evitación confirma el orden de las prioridades que establecen para cubrir lo que se supone que sea su última etapa al frente de los destinos del país.

 

La mentalidad del ordeno y mando sigue entonces prevaleciendo, más de allá de los intentos por llevar adelante un proceso aperturista parcial e inconexo, que solo busca colocar parches donde son necesarias reformas sin medias tintas.

 

Lo que proyecta el Consejo de Ministros para superar la deficiente producción agrícola, chocará con las mismas barreras de siempre: los burócratas y la endeble institucionalidad de los cambios.

 

Sin una renovación de la mentalidad como preámbulo para desafíos mayores, es imposible que marche por buen camino cualquier iniciativa de desarrollo, independientemente de su localización en el entramado económico nacional.

 

Para que se tenga en cuenta el impacto del bajo rendimiento en la producción agrícola, basta saber que este año el gobierno tendrá que desembolsar 1 900 millones de dólares en la importación de alimentos. Una erogación superior, en 300 millones, a la de 2012.

 

La falta de incentivos y del sentido de pertenencia entre los trabajadores, así como la codificación de las absurdas normas burocráticas, conspiran contra las esperanzas de ver las tarimas bien surtidas, con productos nacionales, a precios asequibles.

 

El desabastecimiento y la inflación continuarán vigentes al margen de las tentativas por convencer al pueblo de que ahora sí estamos a las puertas de las soluciones.

 

Con meses de antelación, es posible imaginar los pormenores de los informes elaborados al más alto nivel. Otra vez será desgranado el rosario de errores, junto a las consabidas promesas de rectificación. Y para cerrar con broche de oro, las habituales monsergas patrioteras. ¿Qué más esperar del Consejo de Ministros?

 

oliverajorge75@yahoo.com  

Cuba y sus reformas:

un proceso demasiado lento y complicado

Carlos Malamud

16 de junio de 2013

 

“... los sectores más perjudicados por la modificación de las reglas de juego y de la institucionalidad existente buscan cobijarse detrás de la figura protectora de Fidel Castro....”

 

Si algo tienen claro Raúl Castro y los suyos es que sin un proceso de reformas profundas, muchas de las cuales implican grandes sacrificios para la población, Cuba no tiene futuro. El modelo de país que intentó construir Fidel Castro ha mostrado rotundamente su fracaso. Tras la desaparición de la Unión Soviética todavía se hacen sentir buena parte de los problemas englobados en lo que se llamó período especial. Y hoy, salvo los defensores de la ortodoxia perdida y aquellos sectores de la burocracia que siguen sacando partido de los restos del naufragio, son pocos los que no están convencidos de la necesidad perentoria de la mayor parte de los cambios anunciados.

 

El problema de fondo no reside en el diagnóstico del enfermo sino en su tratamiento y en la contundencia de las medidas programadas. Así, por ejemplo, en su día se anunció que en las administraciones estatales sobraban entre un millón y un millón y medio de trabajadores. En román paladino esto supone despedir de la cuarta a la tercera parte de la población económicamente activa. Dada la estructura productiva del país es necesario que el incipiente sector no estatal de la economía (eufemismo con el que se denomina a buena parte de la actividad privada) tire de toda esa gente y cree los suficientes puestos de trabajo.

 

Las reformas económicas van (o deberían ir) mucho más allá. Algunas son meros retoques administrativos y otras estructurales o de gran calado. Los temas implicados contemplan desde la creación de una estructura fiscal progresiva y más justa hasta la puesta en marcha de una agricultura eficaz capaz de abastecer de comida a la mayor parte de la población o acabar con las disfuncionalidades existentes a partir de la coexistencia del peso cubano (CUP) con el peso convertible (CUC).

 

Como en todo país que se precie los planes de ajuste cuentan con numerosos y potentes enemigos. En este caso los sectores más perjudicados por la modificación de las reglas de juego y de la institucionalidad existente buscan cobijarse detrás de la figura protectora de Fidel Castro, aunque éste juegue un papel cada vez más marginal en la vida política de su país. Inclusive sus “Reflexiones” son cada vez más esporádicas: de las cuatro últimas tres escapan a la actualidad política internacional centrándose en el yoga, la alimentación y la expansión del universo; sólo la más reciente se dedica a la conflictiva situación de Corea del Norte.

 

Los ortodoxos, a los que los reformistas suelen llamar “dinosaurios”, se encuentran en todos los lugares y en todos los niveles del estado. Están en las Fuerzas Armadas, en el Partido Comunista y en la burocracia gubernamental. Pero está claro que cada vez están más atemorizados por lo que parece una intensificación de las reformas y también por las posibilidades que abriría un cambio de régimen.

 

Son varios los motivos que llevan a acelerar el proceso reformista. En primer lugar, la promesa de Raúl Castro de no presentarse a un tercer mandato en su condición de presidente de Cuba extiende su gestión hasta comienzos de 2018. Es de suponer que querrá dejar lo más cerrada posible la modernización del país para no legarle a su sucesor una herencia demasiado pesada.

 

En segundo lugar resulta bastante plausible que la enfermedad y la muerte de Hugo Chávez convencieran a la cúpula cubana de la necesidad de acelerar las reformas para no seguir dependiendo de un proceso tan imprevisible como el venezolano. Y si alguien tiene información fidedigna sobre lo que sucede en Venezuela y las limitaciones de su proceso político y, muy especialmente, de sus nuevos líderes, son los servicios de inteligencia cubanos.

 

En tercer lugar está el inexorable paso del tiempo, lo que algunos llaman el reloj biológico. En 2006 Fidel Castró debió apartarse definitivamente de su cargo por problemas de salud. Su hermano Raúl acaba de cumplir 82 años, lo que torna urgente la necesidad del relevo generacional. Es evidente que se está produciendo un rejuvenecimiento de la administración en todos los niveles y que con el paso del tiempo éste se verá completado. De momento es una lucha contra el reloj y los sectores inmovilistas.

 

Por último tenemos la política exterior de Estados Unidos. Si bien Barack Obama tiene múltiples frentes internos y externos de los cuales ocuparse mucho más trascendentes que Cuba, algunas de sus iniciativas obligan a la dirigencia cubana a dar respuestas pertinentes. Al mismo tiempo, la vuelta de Cuba a las instituciones latinoamericanas ha recordado a esa misma dirigencia su lugar en el mundo. La historia del aislamiento es cada vez menos convincente, aunque el discurso antiimperialista siga funcionando en la isla.

 

Hasta ahora las reformas pretenden centrarse en los aspectos económicos. La deriva al mercado no se vería acompañada de una apertura política y menos en la senda de una democratización, cualquiera sea el sentido que se le quiera dar al término. Sin embargo, como señalaba recientemente un activo opositor cubano, por primera vez en su historia el régimen castrista deberá comenzar a hacer política. Ya no vale con la pura represión. Pero al mismo tiempo es importante que la oposición sepa estar a la altura.

Un contrasentido tras otro

Alejandro González Raga

16 de junio de 2013

 

El Gobierno anuncia una web para explicar sus reformas, pero controla internet y cobra el acceso a precios astronómicos

 

La reciente mención hecha por el vicepresidente del Gobierno cubano y jefe de la Comisión para la Implementación y Desarrollo de las reformas económicas, durante la inauguración del VII Congreso de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba (ANEC), de crear un sitio web para publicar las políticas y normas jurídicas de sus “reformas económicas” y facilitar el entendimiento de las medidas, va por el camino del rímel y las cremas antiarrugas.

 

La expulsión de la prensa extranjera del acto donde se anunció la creación de dicho sitio web confirma el contrasentido, ya que este ha sido desarrollado supuestamente para “informar” a una población sin acceso a internet, lo que desde le asegura un fracaso rotundo.

 

Para la inmensa mayoría de la población cubana acceder a la red de redes continúa siendo una fantasía, aun cuando se anuncie la ampliación a 118 sitios para brindar este servicio, que se ofrecerá al astronómico precio de 4.50 CUC (equivalente a 5.40$) por hora de conexión, un precio que muy pocos cubanos en la isla podrán pagar.

 

La anunciada apertura es otra farsa. La mayor parte de estos 118 sitios ya existían —la mayoría solamente con acceso público a una “internet” interna, cerrada al exterior o filtrada, y con acceso siempre monitoreado por funcionarios “a pie de ordenador”— y habían ido cerrándose a discreción para los nacionales, en el afán por incomunicarles. Ahora reabren sus puerta para esquilmar a la población (básicamente a aquellos que reciben remesas del exterior), a sabiendas de que este es un negocio rentable dada la abundante diáspora: dos millones de potenciales clientes solo entre cubanos y sus descendientes son un mercado apetecible, potenciado por la necesidad de información de una población que ve un resquicio por el que asomarse al mundo real.

 

El aprovechamiento de una fractura social creada por el propio régimen para lucrar de ella es una conducta condenable en cualquier gobierno del mundo y una práctica deleznable, pero el régimen cubano la muestra cínicamente como un síntoma de apertura, lo que significa una tácita aceptación del saqueo de la nación.

 

América Latina no es un buen lugar para las comunicaciones de manera general, pero en la región, Cuba ocupa el primer lugar en el precio por hora de conexión a internet: 5,40$. El minuto de conexión telefónica (sin hablar ya de la calidad del servicio o su uso para censurar y espiar) cuesta 79,9 centavos de dólar en un país donde el salario medio es de 18 dólares mensuales.


El Gobierno, en consonancia con la resolución del Consejo de Derechos Humanos que establece que el derecho de acceso a internet “debe garantizarse y ser protegido por todos los países”, debería, además de ofrecer el libre acceso a las comunicaciones, establecer precios justos para estos servicios, en equilibrio con las posibilidades y necesidades reales de los ciudadanos.

 

Debería además iniciar un camino de reformas radicales, que superen el absurdo concepto de apartheid que condena y retrotrae nuestra nación a escenarios ya superados por la inmensa mayoría de los países. La vaguedad de este comportamiento solo puede entenderse en el contexto de una casta política que aspira a controlar todos los resortes sociales, y va soltando aquí o recogiendo allí según las circunstancias. La guía su finalidad última, que no es otra que mantener un poder que dura ya más de medio siglo; una idea tan extemporal como extravagante, que solo asegurará a los cubanos un futuro de sombría continuidad en el aislamiento.

“Esperando a Godot”

o la reconversión de la “nomenclatura”

Marlene Azor Hernández

11 de junio de 2013

 

La discusión que debe abrirse es: ¿cuáles políticas nos acercan al modelo keynesiano y cuáles nos dirigen al capitalismo “salvaje”?

 

El que dude sobre la transición al capitalismo en Cuba, es cuando menos ingenuo. Lo demás, es la nebulosa ideológica sobre un supuesto “socialismo” que se predica desde el discurso oficial y con el cuál negocian de diferentes maneras los diversos grupos de la emergente sociedad civil cubana con todo el derecho que les asiste. Las posturas van desde la negación del “socialismo” hasta su cuestionamiento ideológico en la variante estalinista, y cada posición va acompañada de las propuestas alternativas de cada grupo, para producir el bienestar, crecimiento y desarrollo de la nación en todos los órdenes.


No me voy a referir a las diversas maneras de entender “el socialismo”, ni desde el punto teórico ni en el imaginario social en Cuba. Me parece más productiva la discusión sobre la sociedad que se está desarrollando a partir de las políticas económicas en curso, aunque tengo la íntima convicción de que cada cubano tiene una visión distinta del “socialismo”: liberales del “Estado mínimo”, liberales socialdemócratas, social cristianos, socialistas democráticos y anarquistas. Todas estas corrientes están presentes en la sociedad civil cubana y todos se pronuncian sobre el “socialismo” y el capitalismo de diferentes formas. En la parte oficial, están los estalinistas de “línea dura” y los pro reformas y/o nuevos tecnócratas empresarios en el poder con una concepción de “socialismo” difusa e inasible. Seguramente hay otros grupos, pero esos son los que se pueden observar desde la opacidad del régimen político cubano.

 

La discusión que a mi modo de ver debe abrirse, es cuáles políticas nos acercan al modelo keynesiano y cuáles nos dirigen al capitalismo “salvaje”. No hay manera de hacer una economía algo eficiente sin la propiedad privada sea esta colectiva o individual. No estoy haciendo un dictamen al margen del marxismo sino analizando el resultado de las experiencias del “socialismo real” desde el pensamiento y las categorías económicas de Marx. Las experiencias de todas las economías estatales han mostrado su incapacidad para hacer un desarrollo mínimamente autónomo y/o sustentable. A esta conclusión llegó el expresidente del país, Fidel Castro, cuando confesó 50 años después de su propia experiencia: “el modelo no nos sirve ni a nosotros mismos”. Creo que se demoró demasiado y esa es su responsabilidad personal.

 

Bastante se burló de los economistas cubanos a los que comparó con los “fanáticos del béisbol, que discuten en las esquinas”[1]. Estoy señalando sólo una ocasión de los largos períodos “negros” que han tenido que pasar los economistas cubanos frente a las políticas económicas del Gobierno, desde los años 70 en lo adelante. La autocracia “socialista”, selecciona a sus colaboradores de acuerdo a sus intereses de turno.

 

Apostar al nivel de vida de la población a partir de los subsidios exteriores hace mucho más vulnerable a la población y al Gobierno que aplicarse en la inserción mundial con determinadas ventajas comparativas que seguramente algunas tendremos. Todas las formas económicas colectivas e individuales reproducen la división del trabajo capitalista en su interior so pena de reproducir formas de intercambio de “trueque” que bien funcionaban en la comunidad primitiva, pero que son impensables en una economía a gran escala y por lo tanto compleja. ¿Debe ganar lo mismo la persona que limpia y el médico? Esto es simple división social del trabajo capitalista.

 

Hasta el momento, es el mercado y las políticas correctivas de los Estados los que han demostrado mayores resultados en el crecimiento económico y el bienestar de sus poblaciones, con políticas de equidad social y justicia social. Cualquier proyecto de sociedad debe pensarse en sus posibilidades de auto-sustentación.

 

La clave del modelo a discutir, pasa entonces, por las políticas de redistribución de la riqueza y la democratización del poder político y económico y no por los tipos de propiedad que tienen que ser individual y colectiva, privada y pública. No es una discusión de futuro, el presente de la política gubernamental está decidiendo por todos.

 

Consenso anti-monopólico y descentralización económica

 

Creo que existe un consenso bastante amplio sobre la necesidad de diversificar las dependencias económicas externas e internas. Con relación a las dependencias externas hay una línea de actuación gubernamental evidente y positiva. Sin embargo, la política económica interna sigue manteniendo un monopolio del comercio interior y exterior que obstruye el desarrollo de las formas no estatales emergentes sean las microempresas individuales, las cooperativas y tanto las agrícolas como de servicio. También obstruye la responsabilidad de las empresas estatales, permitiendo su irrentabilidad, ineficiencia y perdonando sus impagos. Si antes todos decían “cumplir” los planes, lo que ha cambiado ahora es que casi ninguna empresa estatal cumple, pero publicar los incumplimientos aunque saludable, no soluciona los problemas si solo se les exige “mayor esfuerzo”.

 

Creo que era correcto no lanzar a la calle, en dos o tres meses, a casi dos millones de empleados estatales, pero tampoco se observa en la política en curso los mecanismos para facilitar el desarrollo de las formas no estatales: se les asfixia con numerosos y altos impuestos se les sigue controlando en gran parte su gestión, y se mantienen muchas de las dependencias estatales anteriores y/o nuevas, entre ellas el monopolio del comercio interior y exterior que impide a las nuevas empresas no estatales comerciar directamente con sus socios exteriores, sean cubanos o extranjeros y encontrar precios diferentes a los “recaudatorios” oficiales y de esta manera no sólo depender de los precarios mercados mayoristas que carecen mayoritariamente de los insumos necesarios. Esto es un “cuello de botella” que lentifica y obstruye los fines del crecimiento económico.

 

También existe un amplio consenso sobre la necesidad de grandes inversiones extranjeras en la economía cubana. El asunto es entonces, si las inversiones se canalizan sólo a través del Estado, o si se permite que también pequeños capitales puedan invertir en el país. Y no estoy hablando de las remesas, sino de una ley de inversiones que permita la inversión de pequeños y medianos capitales desde el exterior, no sólo de las grandes y millonarias inversiones a las que aspira el Gobierno.

 

Hasta ahora las reformas sufren de una lentitud inexplicable, o solo explicable porque la “lógica” de las reformas quiere privilegiar la reconversión de sus funcionarios en las empresas estatales hacia los nuevos empresarios “socialistas” que necesitan y conservando la mayor cantidad de los recursos y las decisiones. No se puede subordinar el ritmo de crecimiento del resto de la economía a esta reconversión, que lo único que prepara es a la “nomenclatura” para el siguiente paso: los más listos y con mayores conexiones nacionales e internacionales, intentarán convertirse en los nuevos millonarios nacionales en dos décadas más. Eso me recuerda la transición al capitalismo en Rusia.

 

Hasta ahora, el consenso antimonopólico sobre la economía interna no se encuentra en el Gobierno sino en la sociedad civil, y la descentralización económica sigue siendo un “chiste popular”.

 

Habrá quien diga que tal reconversión es difícil y por ello lenta. Efectivamente lo es, si las decisiones se concentran en un número mínimo de personas y si además se pretende proteger los intereses de los sectores en el poder y su base social fundamental: la nomenclatura.

 

Hasta ahora y cinco años después del inicio de las reformas, se está favoreciendo una conversión al “putinismo” y no a un modelo nórdico. La discusión pública y la presión de la sociedad civil al Gobierno definirán si Cuba será un Estado de Bienestar o transitará hacia el capitalismo “salvaje” con un nuevo “Putin” caribeño.

 

La democratización económica y política continúa posponiéndose por parte del gobierno, y la población, está en la misma posición de los personajes en la obra teatral “Esperando a Godot”.

 

[1] Discurso de Fidel Castro el 26 de julio de 1993.

Cuba: Raúl vs. Fidel

Martín Guevara*

8 de junio de 2013


 

Creo que lo mejor que podía pasar en Cuba es lo que está pasando con los tímidos pero significativos cambios de Raúl, con algunas variantes que cualquier disertante introduciría desde luego, pero ello no dota al General de Ejército precisamente de autoridad moral para hacerlos, ya que Raúl no fue un disidente ni siquiera un actor más del proyecto marxista leninista, en el Buró Político ni en ninguna instancia de la “Involución”.

 

En su favor cuenta el hecho de que el contraste que existía entre las FAR, la cual era su coto experimental, y casi cualquier otra organización en cuanto a la adhesión de los pies en la realidad, en cuanto a simpatía reflejada en el afecto del pueblo.

 

Era algo palpable cada día, era frecuente ver un teniente coronel de las FAR durmiendo en una guagua de vuelta a casa absolutamente despreocupado de su entorno, incluso sintiéndose protegido, o en su side-car dando un aventón a cualquiera en el barrio, sin embargo ver lo mismo, incluso unos tres grados militares más abajo, en el MININT o en cuadros ministeriales o del PCC comportaba sencillamente una entelequia.

 

Además las FAR depredaban lo que producía. Vivieron en una realidad diferente al resto del país, más saneada económicamente durante gran parte de todos aquellos años de subvención soviética, sabían producir lo que precisaban en viandas, avituallamiento, enseres de primera necesidad, por supuesto no en industria de tipo semi ni pesada, ni armamentista.  Yo mismo trabajé en una empresa como civil de las FAR y me place atestiguar esto.

 

Ninguno de estos cambios está hecho en contra de Fidel como algunos quieren que parezca, para tener un novísimo líder, un flamante revolucionario, el disidente Raúl.

 

Esto es un plan en el que Raúl toma el riesgo como figura que comanda el cambio, de quedar para la posteridad bien, regular o pésimo, eso se verá con el devenir de los acontecimientos, pero Fidel se reserva un sitio ya perenne en la Historia, de líder excesivamente cruel para algunos, de dictador personalista para otros o de un espectro que se mueve desde lo pseudo hasta lo revolucionario, para sus simpatizantes.

 

El hecho de que yo aplauda a Raúl por hacer lo que estimo lo más correcto en el estado de las cosas, no borra su historia en absoluto. El hombre que te eliminaba si planteabas simpatía por otra letra del abecedario que la “A”, es el mismo que ahora asegura que su política es la “Z” y te conmina inquietantemente a simpatizar con ella.

 

Pragmatismo mediante, está muy bien, pero claro, muy serio no es. Como cuando su autocrática más profunda al acordar el fusilamiento a su amigo y subordinado Arnaldo Ochoa, por no percatarse él como su responsable inmediato en absoluto de los trapicheos que se le adjudicaron de manera muy poco transparente en un juicio sumarísimo y repleto de irregularidades, fue aquel “Me miré en el espejo y vi lágrimas en mis ojos!” que nos dejó atónitos a tantos, ya que todos esperábamos un “lo siento por no haber sido vigilante”, o un “yo que soy su inmediato superior tengo la máxima responsabilidad por sus actos, me inmolo o pongo mi cargo a disposición” o bien “este harakiri lo dedico a la hinchada que me ve por la TV”.

 

Bueno la verdad es que eso no lo esperábamos nadie. Raúl no era japonés.

 

Y por favor que no se preocupe nadie por los futuros cargos o puestos, ya los obsecuentes de turno tienen todo copado desde hace buen rato.

 

La nieta de Mao es una de las mujeres más ricas de China, la hija de Dos Santos es la mujer más rica de Angola, el hijo de Fidel gana torneos de golf en Varadero contra jugadores ingleses, la hija de Raúl cada vez pide más visas para entrar a EEUU, al final nos harán sospechar que las revoluciones se hacen para cambiar de manos el vil y sin embargo tan perseguido y ponderado metal.

 

Veremos de aquí a unos lustros en que andan los grandilocuentes “Patria o muerte” de ayer y de hoy (de hoy ya cada vez menos), veremos si estarán en la Sierra Maestra o en el Escambray combatiendo esta vuelta al capitalismo, esta vil traición, o si estarán montados en el dólar como aquellas hijas y nietas de aquellos dirigentes acérrimos, del mismo modo que hoy lo están en el poder.

 

Porque tengamos bien claro una cosa, lo que define el ser de izquierdas, el ser progresista, contestatario, no es la autodenominación, como todo en la vida es una cuestión de hechos no de palabras, quienes ostentan el poder reprimiendo y viviendo a cuerpo de rey son la derecha lo pinten como lo pinten, y quienes de alguna manera intentan equilibrar esa balanza, son todo lo demás, aunque como con el ardid del poli bueno y el poli malo, ahora habrá quien intente hacernos ver que Raúl liberó a Cuba de las garras de Fidel.

 

* El autor, sobrino de Ernesto ‘Che’ Guevara, se crió en Cuba.

Agricultura: avanzando como el cangrejo

Eugenio Yánez

6 de junio de 2013

 

Después de medio siglo el régimen reconoce que hay cosas que no funcionan

 

“Las medidas que durante décadas se han puesto en práctica en la forma de gestionar la tierra, no han conducido al necesario aumento de la producción”.

 

A pesar de lo eufemístico de esas declaraciones del así llamado jefe de la Comisión Permanente para la Implementación y Desarrollo, en la reciente reunión del Consejo de Ministros Ampliado, existe una realidad aplastante e incontrovertible: las cosas no funcionan.

 

Los apologistas de la dictadura saltarán de inmediato a decir que la actualización del modelo, que los lineamientos del Congreso, que los indicadores de la ONU, que el hambre en el tercer mundo, que bla, bla, bla, y todo lo que se les ocurra (o les ordenen) decir, y aunque no tenga nada que ver con el tema, dirán que quienes señalamos que la producción agropecuaria cubana no prospera somos plattistas, mercenarios, de la mafia de Miami, o la palabrita que haya puesto de moda el Departamento de Orientación Revolucionaria para atacar a quienes no nos mareamos con la propaganda del castrismo.

 

Nada de eso, sin embargo, permite desconocer la aplastante realidad, informada por el burócrata a cargo de la “implementación y desarrollo”: a pesar de que el Estado cubano posee el 80 % de la tierra del país, el 70,5 % del área agrícola total está asignado a productores privados (dueños de tierras o usufructuarios) y cooperativistas.

 

Aunque el régimen y sus voceros son incapaces de reconocerlo, las cifras anteriores, mencionadas por el Gobierno cubano, demuestran lo que no pueden esconder ni el lenguaje sibilino de la prensa oficial cubana ni las declaraciones demagógicas de sus “líderes”: los productores privados y cooperativos son infinitamente más efectivos y eficientes que los productores estatales, y estos últimos solamente se especializan en la producción de marabú.

 

Esa superioridad aplastante de los productores privados y cooperativistas por sobre los estatales, se ha producido a pesar de que las relaciones entre ambos tipos de producción en la Cuba de los hermanos Castro, siempre, han privilegiado con la parte del león a los estatales, que reciben lo mayor y lo mejor de los recursos disponibles, insumos, y acceso a suministros y créditos, en un empeño absurdo, e inútil, de “demostrar” la supuesta superioridad de las relaciones de producción socialistas sobre las “decadentes” de la propiedad privada y la economía de mercado.

 

Por eso ahora no ha quedado más remedio que descubrir el agua tibia y tener que aceptar que “se requiere rectificar las distorsiones que han afectado los resultados económicos”, por lo que “urge poner en igualdad de condiciones a todos los productores, liberar las fuerzas productivas y propiciar su eficiencia”.

 

Cantinfleo de primera clase. Podría haberse dicho de forma mucho más sencilla: hay que revertir el desastre y dejar de querer destruir a los productores privados y cooperativistas para después decir que la agricultura socialista es superior.

 

Sin embargo, fiel a la tradición de no llamar las cosas por su nombre y de distorsionar la información con el objetivo (inútil) de que no se pueda conocer la realidad, el periódico Granma ofrece esta perla de transparencia informativa y claridad expositiva:

 

“Una de las principales causas de los problemas que actualmente se afrontan, es que ha prevalecido el método de asignación de recursos a través de paquetes tecnológicos para las producciones de interés estatal, mientras que al resto no siempre se le aseguran ni en tiempo ni en cantidad. Se entregan insumos sin tener en cuenta la capacidad financiera y la eficiencia de los productores, a quienes tampoco se les ha garantizado la venta de medicamentos de uso veterinario”.

 

Traducción: En vez de dejar que el mercado se encargue de la asignación de recursos a los productores de acuerdo a sus resultados, en la agricultura “socialista” cubana siempre se ha pretendido realizar esas funciones a través de burócratas gubernamentales y una supuesta planificación que no lo es, lo que continuamente provoca escasez de productos alimenticios, pérdida de cosechas, desorganización, resultados financieros desastrosos, abusos, obligación de importar alimentos que podrían producirse en Cuba, y muchas otras distorsiones productivas, tecnológicas, económicas y sociales.

 

Sin embargo, no hay que preocuparse demasiado: Papá-Estado ya comienza a atender tales problemas. Así lo dice la prensa oficialista cubana:

 

“Para solucionar estas y otras deficiencias, la política certificada por el Consejo de Ministros propone pasar gradualmente de la asignación administrativa de insumos y equipamientos a métodos económicos, que den acceso directo al mercado mayorista y minorista. Esta comercialización se realizará a precios sin subsidios y de forma liberada”.

 

Bueno, bueno: después de décadas sin obtener los resultados que se pretendían, ahora los grandes burócratas del régimen proponen “pasar gradualmente” de las asignaciones burocráticas de recursos a “métodos económicos”.

 

Descubriendo el Mediterráneo. Inventando la bicicleta. Si necesitaron décadas y décadas para reconocer que lo que pretendían no funcionaba, ¿cuántas más harán falta para “pasar gradualmente” a otros métodos, implementarlos, y obtener resultados aceptables?

 

No pueden caber dudas: la agricultura cubana avanza continuamente: como el cangrejo.

Políticas erráticas:

¿Liberación de las fuerzas productivas?

Marlene Azor Hernández

5 de junio de 2013

 

La lógica de privilegiar la protección a todas las empresas estatales y la planificación centralizada, no dan resultados

 

En esta ocasión me refiero a las tres últimas medidas o propuestas del Gobierno cubano, contradictorias y erradas: la risible liberación de 334 computadoras para el acceso a Internet en salas estatales y a precios inaccesibles para la mayoría de la población. La posposición del Congreso de la CTC y las políticas propuestas para reactivar la agricultura.

 

La primera empezó el martes 4 de junio, bajo la protesta airada de los que escriben en medios no oficialistas. Tienen razón. Según la cuenta del periodista Fernando Ravsberg[1] toca a una hora cada cinco años, si tomamos como cifra de los interesados a ocho millones de internautas. Según el ritmo de las reformas, dentro de cuatro años (tiempo en el cual se demoraron para permitir construir sus viviendas a los campesinos en sus tierras en usufructo, 2008-2012), podremos seguramente contar con el doble de las computadoras y así cada ciudadano podrá contar con una hora de conexión cada dos años y medios. El ridículo acceso que ahora se abre, responde a una demanda mayoritaria de la población que espera desde julio de 2011 la operatividad del cable de fibra óptica negociado con Venezuela.

 

Ahora confirmamos que el cable estaba operativo pero el amplio acceso sigue denegado. El precio monopólico de 4,50 CUC la hora de acceso, contradice al Viceministro de Comunicaciones cubano, quien declaró que “el acceso al conocimiento no sería limitado por el mercado”. Tiene cierta razón el viceministro, los precios no son de mercado sino monopólicos del Estado por lo tanto la arbitrariedad manda. El resultado actual de esta medida expresa la prioridad del Gobierno cubano con relación al derecho a la información alternativa, al conocimiento y a las fuentes de trabajo que proporciona Internet. Como dice otro periodista, de Havana Times[2], seguimos en el “analfabetismo tecnológico”.

 

Claro que existen alternativas, pero el Gobierno no está interesado en inversiones conjuntas con capital extranjero en este rubro, para facilitar el acceso y bajar los precios.

 

La posposición del Congreso de la única Central de Trabajadores de Cuba, de noviembre de este año para los primeros meses de 2014, también es una medida errada y muy bien analizada por Dimas Castellano en su artículo El PCC y la CTC, publicado el 3 de junio en DDC. En las reuniones preparatorias iniciales, los trabajadores piden aumentos salariales y el aumento de las pensiones que no les sirve por los precios “recaudatorios” de la mayoría de los productos de primera necesidad. Estos siguen siendo responsabilidad de los precios monopólicos impuestos por el Estado. Estas demandas, más la reticencia de los cuentapropistas para ingresar en la CTC, hicieron que en el reciente pleno de la CTC se cambiara a la vicepresidenta de la CTC, y responsable de la Comisión organizadora, por otro funcionario puesto a dedo. Una demanda como el aumento de los salarios, ha sido planteada desde 2007, en la consulta a la población, es la primera de las demandas resultado de los debates de los Lineamientos en 2011, es la primera demanda en la Encuesta del IRI en junio de 2012, pero la dirección del Gobierno cubano la pospone apostando a una productividad que obstruye con sus numerosos mecanismos de control y sus precios monopólicos “inflados” (ahora se les llama precios recaudatorios)

 

¿Hay alternativas? Claro que las hay, pero las alternativas no coinciden con la “lógica” gubernamental de las reformas en curso. La primera alternativa es permitir la libre asociación en nuevos sindicatos de acuerdo a los intereses de los trabajadores, la segunda es hacer realidad “la liberación de las fuerzas productivas”, consigna del gobierno que se traiciona una y otra vez, apostando a la “eficacia” de las empresas estatales ineficientes y que continúan obteniendo subsidios, menos que antes, pero que continúan siendo el pivote central privilegiado de la política económica.

 

En la reciente entrevista a Carmelo Mesa Lago en El País, el brillante economista comentaba como las reformas actuales se asemejan a las aplicadas en los años 70 en países como Polonia, Yugoslavia y Checoslovaquia sin obtener los resultados esperados. Pero el Gobierno cubano sigue de espaldas a esta experiencia acumulada. En estos países también se hicieron reformas de mercado pero continuaron con una planificación centralizada y/o monopolios del comercio interior y exterior que impedían la liberación de las fuerzas productivas. Hay una amplia literatura económica de la época que seguramente los economistas cubanos residentes en la Isla conocen.

 

El Consejo de Ministros del 31 de mayo, reseñado en Juventud Rebelde el 3 de junio, nos confirma en la persona de Marino Murillo Jorge, que las reformas en la agricultura para hacerla eficaz, no han dado resultados. En este sentido la propuesta más avanzada para destrabar los mecanismos que obstruyen el aumento de la producción, se plantean para 2014 y de forma experimental en la Isla de la Juventud, una medida que permitirá libre acceso “al mercado de insumos mayorista y minorista” sin subsidios.

 

En China y Vietnam, la manera de eliminar las hambrunas y convertirse en exportadores de alimentos, fueron, según Mesa Lago, la liberación plena de los productores de las dependencias del Estado, con lo cual los productores decidieron los productos a cultivar, los mercados dónde vender y los precios a sus productos.

 

Mientras existan subsidios a las empresas estatales y cooperativas agrícolas, controles centralizados de qué producir y cuánto entregar por debajo de los precios de mercado —los insumos se compran en CUC, cuando aparecen en los precarios mercados mayoristas y a precios “recaudatorios” para los campesinos usufructuarios—, y la producción exigida por el estado a los campesinos se compra a precios fijados por el estado y en pesos cubanos. Mientras exista esta distorsión no habrá estímulos a la producción.

 

El problema central de la actual política económica es que pretende controlar el mercado antes de crearlo, y no corregirlo una vez desplegado como debe ser. Mientras exista esta lógica subyacente en todas las reformas económicas, continuaremos en un círculo vicioso de ineficiencias y sobre todo importando 1, 400 millones en alimentos como es el caso de este año 2013, según el estimado del economista Mesa Lago.

 

La lógica económica de priorizar la empresa estatal y obstruir las nuevas formas no estatales son muy contradictorias con la necesidad de la seguridad alimentaria del país, y la necesidad de absorber el 28 % de la fuerza laboral estatal que “sobran” según los estimados oficiales.

 

Las reformas económicas de mercado en curso, no “liberan las fuerzas productivas”, obstruyen las formas no estatales y postergan la productividad del trabajo en las empresas estatales y no estatales impidiendo el aumento de los salarios y las pensiones, primera demanda de los trabajadores sindicalizados en la única Central de Trabajadores de Cuba.

 

¿El modelo? No es chino, no es vietnamita, repite las distorsiones de las reformas tecnocráticas de algunos de los ex países socialistas en la década de los 70s y no es ni socialista ni capitalista, es únicamente muy ineficiente y centralizadamente autoritario.



[2] Alfredo Fernández, “Carta abierta a Raúl Castro por el libre acceso a internet de todos los cubanos” en HavanaTimeshttp://www.havanatimes.org/sp/?p=85380

Compran cabeza y temen al sombrero

José Hugo Fernández

4 de junio de 2013

 

Están por estudiarse los efectos nocivos que han ocasionado en la conducta del pueblo cubano la fealdad y la perenne insalubridad de su entorno, convertidas en parte del paisaje corriente, sobre todo a lo largo de las últimas décadas.

 

A las autoridades científicas y culturales de la Isla, que organizan eventos internacionales hasta para discutir cómo se empina el papalote, no les vendría mal extender una convocatoria a los psicólogos, sociólogos, antropólogos o los especialistas en derecho, entre otros estudiosos de las ciencias sociales (incluso a los expertos en criminología y en lingüística), para que debatan en torno a las consecuencias que en la formación de los niños pueden ocasionar las aulas sucias, con las paredes descascaradas y los pupitres cojos, o con murales del peor gusto, alusivos a la muerte para el enemigo y otras violencias, con los servicios sanitarios pestilentes y sin agua corriente, o con las maestras y maestros vestidos de la forma más vulgar y echando flores por sus bocas incultas.

 

No hablemos ya de los barrios marginales y del casi medio centenar de villas miserias que adornan La Habana. En cualquier barrio que no sean aquellos pocos donde residen las claques del poder político y del dinero (que son una las dos), aun en los de cierta categoría histórica, como El Vedado o Playa o Santos Suárez, pululan los basureros desbordados, las tuberías podridas y las calles y aceras punto menos que intransitables, las casas y los establecimientos estatales que conforman una especie de Frankenstein urbanístico, con todo tipo de añadidos (rejas, paredes divisorias, puertas, ventanas…) construidos sin ley ni orden y sin que recibieran una mano de pintura en decenios.

 

El superpoblado barrio habanero de Alamar, conquista neta de la revolución, representa por sí solo un compendio de todo lo que han desaconsejado los sesudos expertos en planificación física y los defensores del medio ambiente, a lo largo de los siglos, desde el remoto filósofo chino Lao-Tsé, hasta el antropólogo Edward T. Hall, introductor de la expresión “proxémica” para categorizar el empleo y la percepción que los seres humanos tenemos del espacio físico, a partir de la relación con las personas y con las cosas que nos rodean.  

En Alamar aparece ilustrado meticulosamente aquello que los estudiosos llaman el “efecto lata de sardinas”, reconocido en todos los manuales de arquitectura y en todos los enfoques medioambientalistas como provocador de experiencias traumáticas, dañinas, estresantes y generadoras de altos niveles de agresividad.

 

No estaría mal entonces que los exquisitos directivos y burócratas del Instituto de Planificación Física se bajaran aunque sea por un día de sus cacharros de cuatro ruedas y caminaran por las calles. Para que no se ensucien los zapatos, no necesitarían adentrarse en ese escusado de miseria e infecciones al que llamamos eufemísticamente “La Habana profunda”. Basta que caminen por cualquier parte que no sea Kholy o Siboney o Atabey. Ello tal vez les ayudaría a calmarse del ataque de nervios que les ha provocado la mala imagen urbana que los trabajadores por cuenta propia, según ellos, les están dando hoy a la ciudad.

 

Tratar que el detalle oculte el conjunto fue siempre una táctica aplicada por el régimen. Y por más pueril que parezca, no podría decirse que no les haya reportado buenos dividendos. Pero a la altura de las circunstancias, esa práctica, como casi todas las suyas, no consigue más que volverse contra ellos mismos.

 

Es el caso de la grotesca ridiculez en la que ahora incurren las autoridades del Instituto de Planificación Física, junto a la recua de inspectores que les hacen la pala, al desalojar a los cuentapropistas de los portales de la calle Carlos Tercero y de otros muchos sitios, porque afean la ciudad, agrediendo el orden y el buen gusto.

 

Podrían afearla si La Habana no estuviese ya más que fea, debido al caos económico, el abandono, la indolencia y la falta de responsabilidad administrativa, unidos al despelote urbanístico de la ciudadanía, actuando a la buena de Dios.

 

La verdad es que sólo en un caso como el nuestro, de carencias totales y de extrema crisis en las fuentes de empleo, podría asumirse con optimismo el espectáculo de cientos de merolicos apilados unos encima de los otros, con sus tiendas que parecen carpas de gitanos y con la atmósfera tercermundista que se respira dentro del laberinto de sus tarimas. Pero, paradójicamente, lejos de lucir mal ante nuestros ojos, el espectáculo nos ha traído un toque de novedad, una engañosa sensación de cambio, y al final, termina pareciéndonos mucho más agradable que repulsivo, justo por su contraste con la grisura y la ruda fealdad que a lo largo de mucho, demasiado tiempo, los habaneros hemos tenido enquistadas en las paredes, en las calles y en el aire, como la radiación nuclear.

 

Aun cuando uno estuviera dispuesto a reconocer que el régimen (por primera vez en medio siglo) se muestra realmente preocupado por las fealdades de La Habana, llama la atención que haya decidido iniciar sus planes de embellecimiento emprendiéndola contra los cuentapropistas, cuyas licencias para vender donde venden fueron concedidas ayer de tarde por sus propias autoridades.

 

Lo que parece más bien es que esta medida atolondrada y abusadora, en lugar de responder a los extraños cánones de belleza que se gastan los del Instituto de Planificación Física, responde otra vez al interés político del régimen, cuyos simpatizantes y cómplices del exterior podrían sentirse defraudados con el paupérrimo ambiente de kasba norteafricana que hoy exhiben las tarimas cuentapropistas.

 

En suma, compraron cabeza, y ahora quizá le han cogido miedo al sombrero. Pero muy mal los veo si quieren jugar a la apertura de un seudocapitalismo tercermundista, con dictadura militar incluida, y no están dispuestos a pagar su precio, cargando con la mala prensa que les reportará su imagen hacia el exterior.

Mesa-Lago: “La inestabilidad en Venezuela

debe acelerar las reformas en Cuba”

Mauricio Vicent

3 de junio de 2013

 

Para el profesor emérito de la Universidad de Pittsburgh, los cambios económicos que acomete el gobierno de Raúl Castro no tienen marcha atrás

 

Con más de 85 libros y decenas de miles de horas de investigación a sus espaldas, el catedrático y economista Carmelo Mesa-Lago (La Habana, 1934) es una figura indispensable para interpretar la Cuba de ayer y de hoy. Profesor emérito de la Universidad de Pittsburgh y consultor de numerosas instituciones internacionales, Mesa-Lago es respetado por su rigor científico a ambos lados del estrecho de La Florida. Se exilió en 1961, pero desde que llegó a Estados Unidos se pronunció por la moderación y contra la política de embargo norteamericano y por eso fue criticado por el exilio duro. En 1978 participó en el diálogo humanitario con el régimen de Fidel Castro, que permitió la excarcelación de 3.600 prisioneros políticos y la reunificación de las familias cubanas, a más de alentar el intercambio entre académicos de la isla y el exilio.

 

Después de veinte años sin poder regresar a su país, viajó a La Habana en 2010 invitado por la Iglesia Católica para asistir a un debate sobre el futuro de Cuba y a su regreso escribió en este diario: “Es inhumano que exiliados que tienen una vida acomodada fomenten el hambre para provocar un estallido o la guerra civil. Es igualmente reprobable que funcionarios y burócratas cubanos, a los que tampoco les faltan bienes y servicios negados a su pueblo, se opongan a las reformas urgentes y necesarias para sacar adelante a la nación”. Llega ahora a España a presentar —el 6 de junio en Casa de América— el libro Cuba en la era de Raúl Castro: Reformas económico-sociales y sus efectos.

 

Pregunta. ¿En verdad hay una era Raúl y una era Fidel?

 

Respuesta. Hay elementos clave que persisten en el gobierno de Raúl, especialmente políticos, como el partido único, las elecciones sin candidatos de oposición, el control de la libre expresión, etcétera. Por otra parte, las reformas estructurales de Raúl son las más profundas, sostenidas y orientadas hacia el mercado llevadas a cabo bajo la revolución, considerablemente más avanzadas que las de Fidel en los periodos 1971-1985 y 1991-1996, después revertidas. Pero la probabilidad de reversión de las reformas actuales es mucho menor.

 

P. Algunos analistas aseguran que silenciosamente Raúl está “desmontando” los despropósitos de su hermano.

 

R. Raúl ha terminado con muchas medidas de Fidel que eran irracionales y fracasaron, entre otras, el igualitarismo y las excesivas gratuidades, el trabajo voluntario o la explosión en la matrícula en la educación superior. También con el empleo innecesario cercano a dos millones de trabajadores estatales, con la consiguiente caída en la productividad y el salario. Raúl también ha cambiado a casi todos los ministros y funcionarios de alto nivel nombrados por su hermano y ha comenzado a designar en puestos clave a una nueva generación.

 

P. ¿Es correcto hablar de una transición cubana?

 

R. Depende cómo se defina “transición”. Si la usamos en el sentido convencional, o sea, el cambio hacia una economía de mercado y democracia pluralista ocurridos en la Europa Oriental después del colapso de la URSS, la respuesta es no. Tampoco si tomamos como referente el socialismo de mercado chino-vietnamita. Pero si comparamos la Cuba de hoy con la que existía en 2006, hay una transición económica aunque no puedo vaticinar hacia dónde.

 

P. ¿Cuba avanza hacia el modelo chino o vietnamita?

 

R. Cuba está muy lejos todavía de los modelos chino y vietnamita, donde el mercado y la empresa privada son los sectores más dinámicos de la economía y el plan no es centralizado sino una guía. No veo factible en el mediano plazo una economía de mercado convencional. La receta propuesta en Cuba no dio resultado en países socialistas de Europa Oriental, como Hungría, Polonia y Yugoslavia, aunque estos estaban mejor que la propia URSS. Para mí, lo ideal sería una economía mixta con predominio del mercado pero con un rol estatal regulador y garante de un sistema de bienestar social, basado en una democracia pluralista al estilo escandinavo.

 

P. Cuando publicó su libro todavía los cambios migratorios no habían llegado ¿cómo los ve?

 

R. No hay duda de que la ley de migración es un paso importante. La salida de Yoani Sánchez y otros disidentes conocidos y el impacto que han tenido sus viajes en el extranjero es un indicador de cambio político. Aquellos que alegan que esto es una medida del régimen para mostrar una cara tolerante al exterior, o bien están cegados por su ideología o ignoran las repercusiones reales de la medida.

 

P. Usted recomienda avanzar con rapidez y profundidad en las reformas estructurales. ¿Cuáles urgen más?

 

R. La agricultura es prioritaria, porque Cuba está importando este año 1.400 millones de euros en alimentos que podría producir si fuese eficiente el sistema. El usufructo que se ha puesto en marcha, con contratos por solo 10 años, es mucho menos efectivo que los contratos por tiempo indefinido en China y Vietnam, donde el granjero decide que sembrar y a quien vender y fijar el precio, lo cual terminó con las hambrunas masivas. Si Cuba siguiese ese camino, en pocos años sería autosuficiente en alimentos y comenzaría a exportar.

 

P. ¿Cómo afectará el factor Venezuela al proceso de reformas en Cuba?

 

R. La relación económica de Cuba con Venezuela es vital: 42% del intercambio comercial de mercancías de la isla, 44% del déficit total en la balanza comercial, suministro del 62% del petróleo que consume Cuba, compra de servicios profesionales cubanos cercana a 4.000 millones de euros anuales, e inversión directa sustancial. En total, aproximadamente equivale al 21% del PIB, similar a la relación con la URSS en su momento mejor. La aceleración de las reformas desde octubre de 2012 puede haber sido influida por la grave enfermedad de Chávez. La elección controversial de Nicolás Maduro y la inestabilidad política subsiguiente, agravada por el severo deterioro de la economía, podrían afectar la referida relación con efectos devastadores para Cuba. Frente a estos riesgos y problemas, lo lógico sería profundizar y acelerar las reformas.

 

P. ¿Podrá sobrevivir el castrismo a Raúl Castro?

 

R. En 2018 la gran mayoría de los dirigentes actuales estará a fines de sus 80 años o muerto. Raúl ha anunciado su retiro en cinco años y ha criticado que no se hubiesen formado cuadros para la sucesión, lo cual se debió a que Fidel se deshizo de todos sus potenciales sucesores. Para enfrentar este problema, Raúl está nombrando en altos puestos a cuadros jóvenes, como Miguel Díaz-Canel en la primera vicepresidencia, y otros que son tecnócratas. Pero es impredecible qué camino tomarán estos tecnócratas en caso de que mantengan sus puestos en 2018: si continuarán las reformas de Raúl, o abrirán más sus políticas siguiendo las vías china y vietnamita, o al estilo perestroika. Raúl lleva casi siete años en el poder y le quedan menos de cinco años para lograr las transformaciones necesarias, y resultados tangibles, a fin de dejar a sus sucesores una economía notablemente mejorada, con mayor y mejor suministro de bienes a la población, más una red de protección social adecuada. Esas son las bases para el éxito en la sucesión después que deje el mando. Si no lo logra, la revolución estará en peligro.

Mesa-Lago: «Es muy difícil reducir

la dependencia de Cuba con Venezuela»

Carmen Muñoz

2 de junio de 2013

 

El economista cubano-americano Carmelo Mesa-Lago sostiene que Raúl Castro ha emprendido «las reformas más profundas hechas en el país bajo el socialismo»

 

Carmelo Mesa-Lago (La Habana, 1934) es el decano de los economistas cubanos: desde hace más de medio siglo analiza la economía del régimen comunista de forma «sabia, rigurosa y constructiva», según distintos expertos. Catedrático Distinguido Emérito de Economía y Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Pittsburgh, el próximo jueves presenta en la Casa de América su libro «Cuba en la era de Raúl Castro: reformas económico-sociales y sus efectos» (editorial Colibrí). El finalista del Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales (2009) resume la historia de la economía cubana desde 1959, analiza la situación económico-social desde que Fidel Castro se retiró del poder en 2006 y describe las reformas emprendidas por su hermano menor y sucesor. Mesa-Lago se marchó de Cuba en 1961, ha visitado la isla en seis ocasiones, la última en 2011. Dos veces la dictadura le negó el visado de entrada.

 

-¿El régimen de los Castro continúa en el inmovilismo, hay cierta apertura económica en Cuba o son cambios dirigidos a la comunidad internacional?

 

-Mi libro demuestra que hay una apertura económica a través de las reformas más profundas hechas en Cuba bajo el socialismo, orientadas hacia el mercado y el sector no estatal, que intentan resolver serios problemas acumulados en más de medio siglo de revolución.

 

-¿Considera que la «actualización del modelo socialista», como el presidente Raúl Castro llama a los cambios, puede ayudar a sacar a la economía cubana del deterioro o piensa que el sistema no tiene solución?

 

-Según los acuerdos del VI Congreso del PCC en abril de 2011, la «actualización del modelo» mantendrá el predominio del plan central y la empresa estatal sobre el mercado y el «sector no estatal» (cooperativas, usufructo y propiedad privada), aunque éste último se expandirá. Hasta ahora no se ha concretado el modelo y el Consejo de Estado recientemente solicitó que se definiese, dos años después del Congreso. No creo que este híbrido indefinido resuelva los problemas, como no lo hizo en algunos países de Europa Oriental.

 

-¿Cuáles son, a su juicio, las cifras más dramáticas de la economía cubana?

 

-Mi libro muestra que la mayoría de los indicadores económicos en 2011, último año en que tuve estadísticas, estaban muy por debajo de 1989, antes del colapso de la URSS: inversión, salario real, producción agrícola e industrial, mientras que la deuda externa, el déficit en la balanza comercial de mercancías, la desigualdad y la pobreza eran superiores. Por el contrario, la minería (petróleo, gas, níquel) había aumentado de forma considerable aunque estancada, y también se había expandido ampliamente elturismo, las remesas y el superávit en la balanza de servicios por el pago de profesionales cubanos en Venezuela. El desempleo «abierto» era menor pero el desempleo «oculto», empleo estatal innecesario, era mucho mayor.

 

-¿Ve posible, como afirmó el economista oficialista Hugo Pons en una reciente entrevista a ABC, que el problema de la doble moneda estará solucionado en 2016?

 

-La unificación de las dos monedas, peso nacional y peso convertible, es una de las reformas más difíciles y necesarias, pero requiere antes el aumento de la producción y la productividad. El Congreso del PCC no determinó plazo ni forma para terminar con la doble moneda y los economistas cubanos creen que se hará de manera paulatina. Hasta ahora no se han tomado medidas importantes para lograr ese objetivo y desconozco en qué se basa la predicción de 2016.

 

-¿Qué medidas cree que está tomando La Habana por si en Venezuela se produce un cambio brusco en el Gobierno, dada la inestabilidad política y económica del país aliado? ¿Cuáles debería adoptar si le faltasen su petróleo, comercio y ayuda económica?

 

-Mi libro estima la dependencia de Cuba con Venezuela (comercio, petróleo, pago de servicios profesionales cubanos e inversión directa) en 21% del PIB; debido a su magnitud, generosidad y escasa producción interna, es muy difícil reducir dicha dependencia. Cuba está incrementando su comercio con China y Brasil, además planeaba exportar 6.000 médicos a Brasil pero esto parece haber fracasado. Las cifras más recientes no indican una reducción substancial de la relación de Cuba con Venezuela.

 

-¿El Gobierno cubano va a permitir que los trabajadores estatales que sobran pasen al sector privado o solo una mínima parte?

 

-En 2011, Raúl estimó que 1,3 millones de trabajadores estatales eran innecesarios y debían ser despedidos (la cifra después subió a 1,8 millones o 38% de la fuerza laboral); se predijo que un millón serían despedidos a fines de ese año, pero al final de 2012 sólo 36% de la meta se había alcanzado. El obstáculo ha sido la insuficiente creación de empleos no estatales, especialmente por cuenta propia, necesaria para absorber a los parados: sólo un neto de 253.000 de estos empleos se había agregado en 2012 debido a excesivos controles, regulaciones, impuestos, desincentivos e inspecciones.

 

-¿Qué le sugiere el nombramiento de Miguel Díaz-Canel como primer vicepresidente del Consejo de Estado? ¿Tiene margen de maniobra o es fiel reflejo de quien lo nombró, Raúl Castro?

 

-Raúl reconoció en 2011 el error de no haber formado cuadros para la sucesión y está nombrando en puestos clave a tecnócratas de unos 50 años de edad. El más importante es Díaz-Canel porque suplantó a Machado Ventura, que es mayor que Raúl y un ortodoxo. Para mantener su puesto, Díaz-Canel debe ser leal a Raúl, mantener buenas relaciones con las Fuerzas Armadas y el PCC, pero también lograr avances, lo cual no es fácil pues puede haber conflictos entre esos objetivos.

 

-¿Teme que la reforma migratoria contribuya a agravar el envejecimiento de la población que queda en la isla, con la marcha de los jóvenes que buscan una vida mejor?

 

-Cuba tiene la segunda población más envejecida de América Latina y en 2025 sobrepasará a Uruguay, lo cual aumenta de forma dramática el costo de las pensiones y la salud. Si parte de los emigrantes fuesen ancianos, se aliviaría el costo citado, pero es probable que la mayoría sea joven en busca de un mejor nivel de vida y ello acelerará el envejecimiento y el costo.

 

-Si se agrava la situación ¿ve posible que se produzcan protestas en las calles?

 

-Las reformas estructurales, aunque bien orientadas, tienen efectos sociales adversos: incremento del desempleo abierto, extracción del racionamiento de alimentos que se venden a precio de mercado (varias veces mayor), aumento de las tarifas de servicios públicos y de las mercancías vendidas en tiendas de divisas, eliminación de gratuidades (por ejemplo, comidas baratas en los centros de trabajo), recorte en los servicios sociales, etcétera. Esto expande la pobreza y la población vulnerable, pero la asistencia social se redujo en alrededor de 70% en 2006-2011. Lo anterior puede crear fuertes tensiones sociales y por ello el Gobierno decidió reducir las metas de despido que había fijado en 2011.

 

-¿Cree como algunos sectores, que la solución biológica, por la edad de sus mandatarios, será la alternativa a los problemas de Cuba?

 

-Para 2018 cuando venzan los dos mandatos de cinco años a la enorme mayoría de los actuales dirigentes, estos tendrán una edad muy avanzada o habrán muerto (Raúl tendría 86 y Fidel 91). De manera que por ley y biología accederá al poder una nueva generación, mayormente tecnócrata aunque cuadros «políticamente correctos». Es imposible predecir si las reformas se acelerarán, profundizarán y tendrán resultados tangibles en los próximos cinco años, ni tampoco el camino que tomarán los nuevos dirigentes.

 

-¿Pronostica una apertura económica pero no política en Cuba, al estilo de China o Vietnam?

 

-Mi ideal sería un modelo económico-político como el escandinavo; no obstante, por sus efectos económicos positivos, me tranzaría por las vías económicas china o vietnamita aunque, desgraciadamente, ambos mantienen el partido único. Después de cinco años de la primera reforma cubana del usufructo (2008) aún no hay efectos substanciales en la producción agrícola y se importan €1.400 millones en alimentos. La reforma agraria más radical, hecha en los dos países asiáticos, los hizo autosuficientes y terminó las hambrunas, a más de convertir al menos a Vietnam en exportador (es uno de los principales exportadores mundiales de arroz y suministra medio millón de toneladas a Cuba). Pero los dirigentes cubanos argumentan que no son viables en Cuba (discrepo de esa opinión) la cual creará un modelo autóctono, aún en busca de una definición.

Fariñas: “Los Castro imitan la transición rusa,

para que sigan gobernando los mismos”

Maye Primera

31 de mayo de 2013

 

El disidente cubano Guillermo Fariñas se trata en Miami de las secuelas de 23 huelgas de hambre. En los próximos días planea viajar a Europa para denunciar que la represión continúa

 

Por el cuerpo de Guillermo Fariñas han pasado una guerra, veintitrés huelgas de hambre, tres largas detenciones y 51 años de edad. Fariñas, disidente cubano y vocero de la opositora Unión Patriótica de Cuba, es psicólogo y periodista. También fue soldado, combatió junto a las tropas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba en Angola, y desde abril de 1980, cuando comenzó el éxodo de cubanos a través del puerto de Mariel, comenzó a dudar de la legitimidad de la revolución. El 12 de abril llegó a Miami como parte de la gira que emprenderá por el mundo y que en los próximos días lo llevará a Europa, para denunciar que las reformas migratorias aprobadas por el Gobierno de Raúl Castro son solo “cosméticas” y que la represión en la isla no ha terminado.

 

Pregunta. ¿Cómo sigue su salud? ¿Qué le han dicho los médicos de Miami?

 

Respuesta. Hoy mismo me restablecieron una parte de la dentadura que había perdido en una golpiza en la cárcel, y tengo una trombosis en la confluencia de las arterias subclavia y la yugular a consecuencia de la última huelga de hambre, que quiero tratar en estos días.

 

P. Hizo esa huelga para pedir la liberación de 26 presos que luego fueron enviados a España y hoy viven en una situación precaria.

 

R. Algunos compatriotas tenían la idea de que todo se lo iban a resolver, porque en Cuba el Gobierno asume esa actitud paternalista para quitarte las libertades y el impulso del trabajo. Sé que algunos de estos compatriotas que están en España no quieren trabajar o han cometido actos vandálicos. Ellos son invitados y deben atenerse a las reglas, la disciplina y las leyes de ese país. Quisiéramos que España tuviese más posibilidad de ayudarlos, pero entendemos que el nivel de desempleo es grande y la prioridad son sus propios ciudadanos.

 

P. Orlando Zapata murió en huelga de hambre, usted continuó su protesta y le siguieron otros opositores. ¿El método es aún efectivo para liberar presos políticos en Cuba?

 

R. Cuando hay planificación estratégica, buena divulgación, buena petición de solidaridad y se busca el momento efectivo para crear conmoción dentro de la opinión pública, se logran los objetivos. Para que la huelga de hambre tenga credibilidad hay que caer en los hospitales del Estado cubano y que el propio Estado dé tu diagnóstico exacto. Los huelguistas comenzaron a caer y eso le dio credibilidad a la protesta. El Gobierno cubano trata de crear matrices de opinión contra la huelga de hambre, porque es un método muy efectivo donde surge solidaridad inmediata hacia los reclamantes. Si los huelguistas se mantienen firmes, incluso muriéndose, da resultado. El Gobierno cubano se ve en la disyuntiva: ¿lo dejo morir o lo dejo vivir, y le doy lo que reclama? En el caso de Orlando Zapata se demostró la crueldad del Gobierno cubano. En mi caso, nunca pensé que el castrismo fuera a soltar a los presos y a dejarme vivo. Pensé que me iban a dejar morir y después los iban a soltar. También fue importante que un grupo de hermanos comenzó a hacer fila para la huelga: “Cuando te mueras tú, voy yo”. El Gobierno no sabía cuándo eso se iba a acabar.

 

P. ¿En qué momento político se encuentra Cuba?

 

R. El hecho de que estemos sentados en una cafetería de Miami y que no sea Yoani Sánchez sino usted quien me esté entrevistando, da la medida de la debilidad del régimen. El Gobierno cubano está tratando bajo cualquier concepto de limpiar su imagen ante la opinión pública internacional, para pedirle después a sus socios de la izquierda democrática que aboguen para que se levante el bloqueo y para que lleguen inversiones. Ellos saben que la transición es irreversible. Cuba no es China ni Vietnam, ellos tienen que prepararse para una especie de putinismo. Están intentando imitar la transición rusa, para que los mismos que gobernaron con el totalitarismo sigan gobernando con la democracia.

 

P. Si la transición en Cuba fuese como la rusa, ¿quién ocuparía el lugar de las mafias?

 

R. Ellos están tratando de buscar un mascarón de proa que sea Miguel Díaz-Canet Bermúdez. Pero realmente quien dirige Cuba en este momento es el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, estén de uniforme o de civil. Son ex generales y coroneles los que están al frente de emporios económicos, de empresas mixtas del turismo. Políticamente y para el exterior, Miguel Díaz-Canet sería el que mandaría, pero habría detrás un complejo mafioso-militar que sería el que tendría el poder efectivo.

 

P. El Gobierno cubano también ha logrado reposicionarse en la región: tiene la presidencia pro tempore de la Celac, ocupa un lugar en Unasur, la OEA le invitó a reincorporarse…

 

R. Sí, pero al mismo tiempo le están exigiendo que dé resultados hacia la democracia. El Gobierno cubano necesita tener la fachada de que permite cierta amplitud, que no va a penalizar la discrepancia política, entre otras cosas. Pero el punto de inflexión va a ser la muerte de Fidel Castro. Raúl va a tratar de tener una oposición manejable y de incentivar cambios para poder perpetuarse junto a sus seguidores. Y no podemos permitir que eso ocurra, el soberano debe ser el pueblo, deben hacerse elecciones con todas las garantías para que ese pueblo pueda votar por quien quiera. De ahí la necesidad de tener un bloque único que represente a la oposición pacífica, no-violenta.

 

P. ¿Qué tan cerca está ese escenario de elecciones libres?

 

R. No le puedo decir si está lejos o cerca. Sí sé que el Gobierno cubano está creando el escenario para que haya elecciones porque el contexto le es desfavorable y los líderes de la revolución cubana se están muriéndo. La designación de Miguel Díaz-Canel Bermúdez como segundo al mando del país no es por gusto, es porque es un hombre negociador, porque no tiene las manos manchadas de sangre y porque es muy cercano a Raúl Castro.

 

P. De haber elecciones, ¿qué posibilidades de triunfo tendrían?

 

R. Si no hay fraude, contamos con el 97% de la población cubana. Con Fidel Castro realmente están 200 mil personas, que son las más comprometidas y las que más prebendas tienen. Ahora el camino de la oposición es hacer proselitismo, aglutinar la mayor cantidad de gente, convertirnos en organizaciones de masas que manejen entre 25 mil y 100 mil opositores públicos al Gobierno.

 

P. ¿Qué expectativas tiene sobre la crisis que atraviesa el Gobierno de Venezuela, un apoyo vital para los Castro?

 

R. Cuando Cuba estaba siendo presionada por la Unión Europea para que cambiase hacia la democracia representativa, triunfa Chávez en Venezuela y los Castro encontraron en él un salvavidas. Ese salvavidas se ha ido desinflando porque la sociedad venezolana ha sido muy intransigente y, teniendo en cuenta la experiencia cubana, está dando la batalla adentro de su país. Eso le dificulta la gobernabilidad al chavismo, al nuevo gobierno de Maduro. Todos los socialismos han traído la guerra entre compatriotas, división ideológica y empobrecimiento, y esto ya se está viendo de manera severa en Venezuela. Aún con todos los recursos que tiene ese país, el nivel de pobreza, la carencia de alimentos e insumos básicos es cada día mayor, y hasta tiene que ser reflejada por la propia televisión pública cubana, porque tanto los venezolanos como los cubanos que están en Venezuela están enviando constantemente noticias desalentadoras con respecto a lo que allí está ocurriendo.

 

P. ¿La sociedad cubana teme que con la caída del chavismo se repita la crisis del periodo especial?

 

R. Esa es la gran incertidumbre: si el Gobierno cubano será capaz de hacer una apertura política, social y económica antes de caer en una crisis como la que comenzó en 1990, hasta el triunfo del chavismo en 1998. La mayoría de los jóvenes en Cuba tiende a huir, a dejar la patria atrás para evitarse verse inmiscuidos en el estallido social que va a haber si la crisis regresa. En aquel momento la sociedad cubana estaba más consolidada. Pero ahora es una sociedad desgastada y va a ser muy difícil mantener el nivel de estabilidad y gobernabilidad por parte de las autoridades. No hay una ortodoxia ideológica. No se sabe, ideológicamente hablando, qué es el castrismo actualmente. Hay una pérdida del rumbo. No se insiste en el marxismo, se están tomando medidas neoliberales y sin embargo, no se quiere ser capitalista. Hay una ambigüedad muy grande en la postura del Gobierno y aunque la población siente miedo, ha aumentado la protesta social, incluso entre los propios seguidores de Fidel Castro. Por eso están tratando de tomar medidas para que la protesta social no se transforme en protesta política.

 

P. ¿Hay unidad en la oposición en cuanto al sistema político al que aspiran?