NACIMIENTO, TRIUNFO Y MUERTE DE LA REVOLUCIÓN CUBANA

Una revolución que nunca fue para los humildes

Esta es la página web del profesor Manuel Castro Rodríguez, quien la ha diseñado y es su editor.

 

Las imágenes y artículos que muestran el nombre de su autor han sido tomados de otros sitios de internet. El resto es creación del profesor Manuel Castro Rodríguez, por lo que tiene todos los derechos reservados, estando prohibida su reproducción si no posee su autorización escrita.

 

Correo de contacto: (castropanama@yahoo.es)

Canek Sánchez Guevara:

(nieto mayor de Ernesto ‘Che’ Guevara)

Seamos honestos, un joven rebelde como fue Fidel Castro, en la Cuba de hoy sería inmediatamente fusilado, no condenado al exilio”.

 

Huber Matos:

(Comandante del Ejército Rebelde)

He visto en Fidel cosas negativas, como sus exabruptos, los insultos a los oficiales y su tendencia al autoritarismo, a lo que se añade su tolerancia o complicidad con el negocio de la marihuana. Todo esto me tiene con un conflicto de conciencia y una seria preocupación con respecto al futuro. Sin embargo, he llegado a la conclusión de que, como no podemos esperar perfección en la condición humana, y este hombre se ha ganado la confianza del pueblo, no debo dejarme vencer por los aspectos negativos de su carácter ni por su falta de consistencia ética. Si [fuéramos] exigentes queriendo medir a Fidel con la escala de valores de nuestros héroes, como José Martí, Ignacio Agramonte o Céspedes, habría que irse de aquí.

Carlos Prío Socarrás,

el último presidente constitucional de Cuba

Manuel Castro Rodríguez

 

En 1956, seis años después de que Prío Socarrás realizase la visita que se muestra en este vídeo, Fidel Castro Ruz le pediría cincuenta mil dólares norteamericanos para organizar la expedición del yate Granma. Prío Socarrás le entregó a Fidel Castro la cantidad solicitada, equivalente a casi medio millón de dólares norteamericanos actuales.

En 1950, atendiendo a una solicitud del gobierno de Carlos Prío, el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (Banco Mundial) envió una misión técnica presidida por Adam Francis Truslow y compuesta por 17 economistas de prestigio. Durante varios meses realizaron un estudio de la economía cubana, conocido posteriormente como Informe de la Misión Truslow, que expresa sobre la situación cubana: “la impresión general de los miembros de la misión, de observaciones a través de toda Cuba, es que los niveles de vida de los campesinos, trabajadores agrícolas, trabajadores industriales, oficinistas y otros es mucho más alto que los de sus grupos similares en otros países tropicales y que la mayor parte de los países de América Latina”.

 

La Misión Truslow recomendó diversificar la economía cubana; señaló que con excepción del combustible, Cuba poseía los recursos necesarios para ello. En 1949, la industria representó el 15% del ingreso nacional. En 1958, aumentó al 25%, gracias a que se invirtieron 462,4 millones de dólares en la industria no azucarera, desglosado de la forma siguiente: extractiva (120,2 millones de dólares), electricidad (90,0), refinación de petróleo (68,0), papel y elaboración de madera (46,0), metalúrgica (21,3), química (17,2), materiales de construcción (9,8), tabaco y licores (4,5), alimentaria (3,6), textil (1,8) y otras (80,0).

A Eduardo Chibás, fundador y líder del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), se le consideraba como el candidato presidencial con mayores probabilidades de ganar las elecciones de 1952. Sin embargo, el 5 de agosto de 1951, durante su espacio radial dominical, Chibás se hizo un disparo, falleciendo a los once días, el 16 de agosto. Su suicidio cambió para mal la historia de Cuba: posibilitó que Fulgencio Batista diera un golpe de Estado el 10 de marzo de 1952 y que Fidel Castro surgiera como una figura política.

 

Raúl Chibás -hermano del líder ortodoxo y comandante del Ejército Rebelde-, señaló sobre Fidel Castro: “se puso de manifiesto su mentira cuando decía que la revolución era tan verde como las palmas y su conveniencia lo convirtió en un comunista rojo como la sangre que se propuso derramar durante su gobierno”.

Ortodoxos en 1952: credo del guacamayo

Arnaldo M. Fernández

18 de marzo de 2012

 

El guacamayo cubano (Ara tricolor) se reportó como extinguido hacia 1855, pero el aniversario 60 del coup d´etat batistiano (marzo 10, 1952) acredita que aún pervive la especie intelectual facilista despachada por Fernando Ortiz con la envoltura «credo del guacamayo» para sus producciones. Nada más falta de rigor que repicar como argumento la jugada electorera del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) en 1951: que el futuro pertenecía por entero a la ortodoxia. De este modo el madrugonazo de Fulgencio Batista habría sido para algunos hasta fútil, porque Cuba iba camino a la regeneración ortodoxa tras degenerarse el autenticismo en el poder.

 

Aparte del candor imaginario de la nación cubana, el único fundamento del triunfo electoral de los ortodoxos en las elecciones presidenciales de 1952 son las encuestas de preferencias, que daban mayor porcentaje a Roberto Agramonte, pero hasta el encuestador más prestigioso (Bohemia) adolecía de sesgo y la reorganización (1951) del registro electoral —mucho más preciso que cualquier encuesta— indicaba ventaja abrumadora del Partido Revolucionario Cubano (Auténtico). No en balde la ortodoxia recurrió al pregón electorero de las encuestas para acallar el estruendo registral.

 

Las encuestas

 

La primera encuesta (mayo 18, 1951) de Bohemia arrojó que Eduardo Chibás era el favorito (29.7%), seguido por Batista (19.03%). Carlos Hevia —quien a la postre sería el candidato presidencial unitario del PRC (Auténtico)— logró apenas 2.59%. Había otros de su mismo partido, como Tony de Varona y Félix Lancis, pero Bohemia se abstuvo de contraponer al porcentaje de Chibás los porcentajes sumados de todos los candidatos auténticos, a sabiendas de que el PRC (A) acudiría a las elecciones con uno solo apoyado por los demás.

 

Para preservar tal (des)enfoque, Bohemia realizó otra encuesta (diciembre 16, 1951) antes de la convención nacional del PRC (A). Así, Agramonte mantuvo el liderazgo ortodoxo (29.29%) bajo el aura chibasista (Chibás muere el 16 de agosto, 1951), pero Hevia andaba ya por 17.53% al perfilarse como el candidato auténtico. Algo más significativo quedó silenciado: ni siquiera con Chibás el PPC (O) llegaba al 30%, en tanto los candidatos auténticos y sus aliados sumaban ya 33.01%. A Lancís (6.29%) y Varona (4.01%) tenían que sumarse Nicolás Castellanos (Partido Nacional Cubano) con 3.85% y Miguel Suárez (Partido de la Cubanidad) con 1.33%, quienes acabaron integrándose a la coalición del partido gobernante.

 

Otro sesgo de Bohemia fue excluir al cuarto candidato auténtico: Luis Casero, ministro de Obras Públicas, quien con 3% bastaba para que el PRC (A) emparejara —sin sus aliados— con el PPC (O). Esta última encuesta se vio forzada a deslizar que la opinión pública venía tornándose más favorable al gobierno desde mayo de 1951, sobre todo en virtud de la legislación laboral y el programa de obras públicas. Aquí tenía asidero no sólo el titular Casero, sino también Hevia, quien había sido canciller, era ministro sin cartera y presidía la Comisión Nacional de Fomento. Su imagen asociada a obras civiles (fuentes de empleo) empezaría a reciclarse junto con pasquines de su rostro sonriente —para volverlo más simpático, porque ser «pesao» era fatal en aquel politiqueo— y opiniones de que era el candidato del autenticismo, pero no impuesto por Carlos Prío. Así se pretendía guardar la debida distancia entre Hevia (considerado «persona decente») y aquel presidente «desvergonzado».

 

El registro electoral


En octubre de 1951 se «reorganizó» el electorado cubano —según la filiación partidista— con vistas a las elecciones generales de junio de 1952. No hay disparidad significativa entre las cifras dadas por diversas fuentes, por ejemplo:

 

- Thomas, Hugh: Cuba, or The Pursuit of Freedom (Nueva York: Da Capo Press, 1988, página 774)

 

- Riera, Mario: Cuba política, 1899-1955 (La Habana: Impresora Modelo S.A., 1955, páginas 593 s).

 

- Ameringer, Charles D.: The Cuban Democratic Experience: the Auténtico Years, 1944-1952(Gainesville: University Press of Florida, 2000, página 162).

 

El Tribunal Superior Electoral validó que había 2 794 757 ciudadanos registrados como electores: 2 392 624 se fotografiaron para sus boletas y 2 097 960 se afiliaron a determinado partido. La diferencia entre registrados y afiliados (666 797) se denominaba «espiral del silencio», pero la rutina politiquera en Cuba no daba sorpresas por recuperación repentina de la voz electoral. Así quedaron los nueve partidos que —por cumplir el requisito legal de contar al menos con el 2% de los electores registrados— podrían entrar (junio 1, 1952) a la verbena democrática:

 

PRC (A)

689 894

28.80%

PPC (O)

358 118

14.96%

Partido Acción Unitaria (PAU)

227 457

9.46%

Partido Demócrata (PD)

215 179

8.99%

Partido Liberal (PL)

208 745

8.72%

Partido Nacional Cubano (PNC)

195 021

8.15%

Partido de la Cubanidad (PC)

90 257

3.77%

Partido Socialista Popular (PSP)

59 900

2.54%

Partido Republicano (PR)

49 388

2.06%

 

El credo del guacamayo estriba no tanto en pasar por alto la ventaja inicial del PRC (A) en afiliados, sino más bien su tino ulterior —luego de postular a Hevia como candidato, respaldado por Lancís, Varona y Casero— para formar coalición con los partidos demócrata, liberal, nacional cubano, de la cubanidad y republicano. Esta «séxtuple alianza» congregaba 1 448 484 electores: más de la mitad (51.83%) de los registrados y cuatro veces el número de afiliados ortodoxos, que ya no tenían con quien pactar. Igual suerte corría el PAU batistiano y peor el PSP comunista, que no tenía ni candidato a la presidencia. Dizque los rojos habrían empezado a entonar: «Ortodoxos de fila, el PSP no les fallará», pero semejante tonada debía surtir —incluso al margen de toda alianza oficial— agudo efecto boomerang: la coalición auténtica debía soltar nada más: «Dime con quién andas y te diré quién eres», para desacreditar a Agramonte como heredero del furibundo anticomunista Eddy Chibás.

 

La revista Carteles se apearía con otra encuesta (febrero 10, 1952), que daba la presidencia a Agramonte (29.76%) frente a Batista (23.40%) y Hevia (15.78%), pero nadie se llame a engaño: la maquinaria politiquera del autenticismo en el poder y cinco partidos en coalición era imparable. Por mucha vergüenza que predicaran los ortodoxos, no puede presuponerse que el dinero dejara de contar. Sólo voceros de intereses pasajeros y sus claques profesan el credo del guacamayo sobre la ortodoxia electoral triunfante en 1952.

 

Coda

 

Así como de la ortodoxia, el triunfo del autenticismo y sus aliados en las elecciones generales de 1952 es impredecible históricamente, porque los acontecimientos futuros jamás pueden anticiparse como históricos. Lo que si cabe dentro de las novelas de anticipación es el mejor argumento.

Golpe de Estado de Batista

propinado el 10 de marzo de 1952

Las libertades y los derechos cívicos en Cuba,

antes del golpe de Estado

del 10 de marzo de 1952

Vea en las propias palabras de Fidel Castro Ruz cómo era nuestra patria en cuanto a libertades y derechos cívicos; a continuación puede leerse un fragmento del alegato supuestamente pronunciado por Fidel Castro el 16 de octubre de 1953, en el juicio por el asalto al cuartel Moncada, alegato conocido como La Historia me Absolverá

 

http://www.granma.cubaweb.cu/marti-moncada/jm01.html

 

Había una vez una república. Tenía su Constitución, sus leyes, sus libertades, Presidente, Congreso, tribunales; todo el mundo podía reunirse, asociarse, hablar y escribir con entera libertad. El gobierno no satisfacía al pueblo, pero el pueblo podía cambiarlo y ya sólo faltaban unos días para hacerlo. Existía una opinión pública respetada y acatada y todos los problemas de interés colectivo eran discutidos libremente. Había partidos políticos, horas doctrinales de radio, programas polémicos de televisión, actos públicos, y en el pueblo palpitaba el entusiasmo. Este pueblo había sufrido mucho y si no era feliz, deseaba serlo y tenía derecho a ello. Lo habían engañado muchas veces y miraba el pasado con verdadero terror. Creía ciegamente que éste no podría volver; estaba orgulloso de su amor a la libertad y vivía engreído de que ella sería respetada como cosa sagrada; sentía una noble confianza en la seguridad de que nadie se atrevería a cometer el crimen de atentar contra sus instituciones democráticas. Deseaba un cambio, una mejora, un avance, y lo veía cerca. Toda su esperanza estaba en el futuro”.

 

 

Jorge Valls habla sobre

el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952

Excomandante Huber Matos Benítez habla

sobre el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952

En 1953, el mismo año del asalto al cuartel Moncada, el ingreso nacional per cápita de Cuba era de $325, superior al de Italia ($307), Austria ($290), España ($242), Portugal ($220), Turquía ($221), México ($200), Yugoslavia ($200) y Japón ($197). (Véase Charles P. Kindleberger, Economic Development, McGraw-Hill, 1958).

 

En ese mismo año, 1953, Eugene Staley hizo una investigación (The Future of Undeveloped Countries, Harper, Nueva York, 1954), para el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos; The Future of Undeveloped Countries clasificó a Cuba entre los 31 países más desarrollados del mundo.

 

En julio de 1956  el Departamento de Comercio de Estados Unidos publicó Investment in Cuba: Basic Information for United States Businessmen, donde se expresa: “Los ingresos nacionales de Cuba han alcanzado niveles tales que dan al pueblo cubano uno de los niveles más altos de vida en la América Latina”.

 

En 1958 el salario promedio mensual en la industria tabacalera era de 359 dólares; en la industria cervecera, 273 dólares; mientras que en la industria azucarera solo era de 120 dólares.

 

Según la CEPAL, en 1958 Cuba contaba con 19.700 tractores, 1 por cada 117 hectáreas, mucho más que la Unión Soviética (1 por 153), Argentina (1 por 320), México (1 por 373) y Venezuela (1 por 431). Por encima de Cuba solamente estaban Estados Unidos (1 por 42) y Uruguay (1 por 70).

 

Según el capitán Antonio Nuñez Jiménez, Cuba producía en 1958 casi todo el fríjol negro y el maíz que consumía (Geografía de Cuba. Editorial Lex, La Habana, 1959).

 

En octubre de 1964, International Affaires publicó The Cuban economy; its past and its present importance, escrito por Ernesto ‘Che’ Guevara. En español se publicó en Nuestra Industria, revista económica, en diciembre de 1964, con el título Cuba, su economía, su comercio exterior, su significado en el mundo actual, que está disponible en el sitio ARCHIVO CHILE, web del marxista Centro de Estudios Miguel Enríquez (CEME).

 

En Cuba, su economía, su comercio exterior, su significado en el mundo actual, Ernesto ‘Che’ Guevara reconoce:

 

En 1958 la población cubana ascendía a 6,5 millones de personas con un ingreso per cápita de unos $350 (calculado el ingreso nacional según la metodología capitalista); la fuerza de trabajo ascendía a una tercera parte del total de habitantes y una cuarta parte de la misma se encontraba prácticamente desempleada.


Simultáneamente con un gran derroche de tierras fértiles y la subutilización de la fuerza de trabajo rural, las importaciones de alimentos y fibras textiles de origen agrícola, ascendían como promedio al 28% del total de importaciones. 
Cuba poseía un coeficiente de 0,75 cabezas de ganado bovino por habitante, índice que la situaba únicamente por debajo de los grandes países ganaderos”, reconoció  Ernesto ‘Che’ Guevara.

 

En 1958 la producción de carne de res excedió las 180.000 toneladas métricas que requería el consumo nacional, logrando exportar 3.800 cabezas de ganado.


También reconoce
Ernesto ‘Che’ Guevara que antes que los hermanos Castro se adueñaran de Cuba, el ingreso nacional per cápita cubano (356 dólares) casi duplicaba el de España (180 dólares).

 

En la década del cincuenta, en La Habana se construyeron 50 urbanizaciones. Existían grandes diferencias entre las zonas rurales y urbanas; en 1957, la Agrupación Católica Universitaria alertó: “La ciudad de La Habana está viviendo una época de extraordinaria prosperidad mientras que en el campo están viviendo en condiciones de estancamiento, miseria y desesperación difíciles de creer”.

Exilados cubanos en Tampa, Estados Unidos,

denuncian la represión de la tiranía de Batista

Publicidad del Partido del Pueblo Libre y de su candidato Carlos Márquez Sterling en el mal llamado proceso electoral de 1958.

El pie de foto original dice:

«¿Quién conspira contra la felicidad de los cubanos, los que afirman de antemano que van a dar la brava, o los que llaman al pueblo para evitar que den esa brava?...»

«No aceptes la brava de antemano; obliga al Gobierno a dar la brava si es que se atreve a darla nuevamente. ¿Cómo lo obligas? Pues teniendo tu cédula y concurriendo a votar…» Carlos Márquez Sterling.

Carlos Márquez Sterling y las elecciones de 1958

Uva de Aragón

Fragmento del ensayo Fusilamientos de la reputación: la política republicana. Carlos Márquez Sterling y las elecciones de 1958, por Uva de Aragón

 

Carlos Márquez Sterling fue el principal candidato presidencial de la oposición contra el candidato oficialista, Andrés Rivero Agüero. Uno de sus lemas de campaña fue «Ni con botas ni con balas, con votos». Ofreció una amnistía general a los revolucionarios, garantías para que depusieran las armas y se organizaran políticamente, y convocar a elecciones generales en dos años, no cuatro como estaba previsto en la Constitución que durara su mandato de ganar en las urnas. No aspiraría en dichos comicios. Buscaba facilitar un gobierno de transición.[1] Muchos fueron los «mensajes» que recibiera de los revolucionarios y de Castro personalmente durante la campaña política. Me limito a narrar dos. El primero fue el intento de apuñalearlo, el 2 de febrero de 1958, durante la irrupción en los salones de la Artística Gallega de miembros del 26 de Julio cuando se celebraba la Asamblea del Partido de Pueblo Libre y la proclamación de su candidatura a los comicios. [2] El otro ejemplo es el mensaje que Castro envía a Márquez Sterling de que se retire de los comicios, apoye la Revolución y él lo nombrará Presidente cuando triunfe. Márquez Sterling le contesta que así no desea llegar a la Presidencia, y que Castro lo que debe hacer es recomendarle a la ciudadanía que vote en vez de amenazarla.[3]

 

El argumento esgrimido contra las elecciones es que le «hacían el juego a Batista». O sea, que ayudarían a legitimar la dictadura. Márquez Sterling aseguraba, por el contrario, que un fraude no se produciría con una votación en masa y en caso de haberlo en tales circunstancias, confirmaría la falta de buena voluntad del régimen y surgirían «diez Sierras Maestras». Su fe en que Batista respetaría las urnas no era infundada. Se basaba, en primer lugar, en conversaciones con el entonces primer ministro Jorge García Montes, durante las cuales el alto funcionario se comprometió, en nombre de Batista, a que se acataría el resultado de las urnas, mientras que Márquez Sterling daba su palabra de que el Partido del Pueblo Libre no conspiraría contra el gobierno. Existía también el precedente de que Batista había llevado a cabo unas elecciones honestas en 1944 y transferido la presidencia a Ramón Grau San Martín, del Partido Auténtico. La lógica, además, hacía pensar que Batista comprendería la imposibilidad de mantenerse en el poder a la fuerza, y que aceptar la derrota de su partido en los comicios le ofrecía una salida sin sangre al país.

 

Sin embargo, como había predicho Márquez Sterling, la participación en los comicios se vio menguada por el acoso violento, lo cual facilitó el fraude electoral y la guerra civil cobró mayor auge tras el fracaso electoral.

 

Márquez Sterling fue detenido el 4 de enero de 1959 y aunque le permitieron regresar a su hogar al día siguiente, sufrió presidio domiciliario hasta marzo de ese año. Sus cuentas bancarias y su bufete de abogado fueron confiscados. Simultáneamente empezó a rumorarse que se preparaban unas pruebas falsas en su contra para enjuiciarlo y separarlo de su cargo universitario. A principios de junio el periódico Combate publicó una reproducción de 3 cheques emitidos por el gobierno de Batista de $50,000 cada uno pagaderos a las siglas CMS. No se mostraba ninguna firma al dorso que indicara si los cheques habían sido cobrados ni por quien. El periódico aseguraba, sin embargo, que representaban el pago a Carlos Márquez Sterling por haber participado en las elecciones. Un mes después, el 13 de julio de 1959, Márquez Sterling se asiló en la Embajada de Venezuela y se marchó del país. Murió en Miami a los 92 años de edad en 1991.

 

Estos cheques que no aparecen como cobrados y no llevan el nombre de Márquez Sterling, como es de rigor, sino sus iniciales, son la única pretendida prueba que el régimen ha ofrecido en 50 años sobre el soborno que supuestamente recibió para prestarse a la farsa electoral. Sin embargo, esta información aparece en los Archivos Nacionales de Cuba y en libros tan recientes como uno publicado en el 2008, en donde la cantidad se aumenta a $250,000, pero sin evidencia alguna de quien era realmente el destinatario de los famosos cheques ni de que hayan sido cobrados por persona alguna.[4] No sólo no se han producido jamás comprobantes ni indicios de ninguna transacción monetaria entre el gobierno de Batista y Márquez Sterling, que en el exilio vivió de su trabajó hasta los 80 años y murió pobre.

 

[1] Ver artículo de primera plana de Márquez Sterling en Diario La Marina, La Habana, 9 de agosto de 1958

[2] Márquez Sterling, Carlos. Historia de Cuba. Desde Colón hasta Castro. Nueva York: Las Americas Publishing Company, 1963, 416-417.

[3] Idem, 434

[4] Jiménez, Guillermo. Los propietarios de Cuba 1958. La Habana: Instituto del Libro Cubano, Tercera Edición, 2008., 503. Márquez Sterling no aparece como propietario, pues en 1956 había vendido su única propiedad, una casa en el reparto la Víbora, y se había ido a residir a la de su segunda esposa, Uva Hernández-Catá, viuda de Aragón. La referencia aparece en una entrada sobre su consuegro Antonio Sánchez Vaillant, dueño de un comercio de autos.

 

 

Batista y su ejército incompetente (I)

Gustavo Silva

10 de septiembre de 2010

 

El fuego cruzado sobre el ejército batistiano parece traer su causa del propio Batista, según su Jefe de Estado Mayor Conjunto, general Francisco Tabernilla Dolz. Para Fulgencio Rubén Batista y Godínez, «el viejo Pancho» y sus hijos [Silito, Carlos y Marcelo] «fueron leales hasta el último mes de 1958; cuando al ver que aquello estaba perdido, buscaron una solución al margen del presidente Batista». Así se refiere a la entrevista de Pancho (diciembre 26, 1958) con el embajador de los EE. UU., que el propio Earl Smith narra en El cuarto piso (1963). El día antes Batista había confesado a su hijo: «Debería destituir a todos los Tabernilla, pero ya es tarde». Pancho saldría de La Habana (enero 1, 1959) con otras 54 personas hacia Jacksonville (Florida) en un cuatrimotor de Aerovías Q. No tardó mucho en declarar (mayo 6, 1960) ante el Senado de los EE. UU. que the Cuban people would not take Batista any more. Y subrayó: He was my friend and commander until the 31st of December 1958. Since, no more. En carta a Batista (agosto 4, 1960) subió la parada contenciosa:

 

«Deseo hacerle conocer que gracias a los Tabernillas usted pudo mantenerse en el poder, pues sin ellos, no hubiera durado un año en la gobernación del país. El traidor más grande que han tenido Cuba y las Fuerzas Armadas es usted Sr. Batista. En cuanto a su falta de valor, nadie lo discute, todo el mundo está de acuerdo, pues su inconsulta y precipitada fuga, así lo demuestra sin lugar a dudas.

 

Usted destruía la moral de las fuerzas armadas al utilizarlas como agentes electorales, convirtiendo a los cuarteles en colegios de propaganda política, ganándose como consecuencia de estos procedimientos, la repulsa del pueblo de Cuba. Sus negocios torticeros y su desmedido afán de lucro, también contribuyeron a la desmoralización. Usted sembraba la indisciplina y el descontento en las fuerzas armadas ascendiendo a sus paniaguados, sin méritos ni capacidad profesional, violando los escalafones y suspendiendo indefinidamente los exámenes por oposición, restándole a los oficiales el derecho a la superación por sus propios esfuerzos, y en fin, desarticuló el normal y justo funcionamiento de las instituciones armadas y como uno de los casos que puedo exponer, le citaré el ascenso a primer teniente de la Policía Nacional a un miembro de vuestro servicio doméstico, el cocinero.

 

Usted permitía el auge del juego prohibido en toda la República, llegando las fabulosas recaudaciones a penetrar por la puerta principal del mismo Palacio Presidencial, con el fin de engrosar los depósitos para “obras de caridad”. Usted celebró elecciones espurias en contra del clamor popular. A pesar de sus millones de pesos, usted seguirá siendo un prisionero en esas islas por tiempo indefinido, repudiado por todas las naciones del mundo, con el odio eterno de sus adversarios y el más profundo desprecio de todos los que fueron sus leales amigos, civiles y militares».

 

Sólo que, a poco de arribar Pancho a Jacksonville, Time informó (enero 26, 1959) que los Tabernilla habían salido de Cuba con los $40 millones del fondo de retiro del Ejército. Lo cierto es que el mismo día de su último golpe de Estado (marzo 10, 1952), Batista suspendió por decreto el Reglamento General del Ejército (1928) y las leyes orgánicas (1942) del Ejército y del retiro militar. Así promovió a sus acólitos y jubiló al mayor general Ruperto Cabrera Rodríguez junto con 3 generales de brigada, 7 coroneles, 22 tenientes coroneles y 44 oficiales más. El coronel Joaquín Casillas expresaría la imagen acaso más patética del ejército batistiano en la guerra civil (1956-58). Luego de asegurarle (1 de enero de 1959) al Che Guevara que el Regimiento Leoncio Vidal disponía de armas suficientes para «hacer polvo a Santa Clara», Casillas tuvo que huir, porque la guarnición que comandaba se rindió sin disparar un tiro. Tras ser detenido por una patrulla rebelde en el central Washington, Casillas tuvo tiempo para decirle a un reportero que la moral de los soldados «no llegaba a las suelas de mis zapatos».

 

 

Batista y su ejército incompetente (II)

Gustavo Silva

13 de septiembre de 2010

 

La mitología castrista difunde que Batista mandó un tren blindado con refuerzos a Oriente y Che Guevara se encargó de tomarlo para dar la estocada final al régimen marcista, id est: generado por el cuartelazo del 10 de marzo de 1952. Sólo que ese tren no llevaba tropas de choque, sino al batallón de ingenieros con misión primaria de reparar las vías de comunicación cortadas por las guerrillas en Las Villas. La suerte quedó echada desde que el propio jefe del convoy, coronel Florentino Rosell, prefirió escurrirse hasta su yate en los muelles de Biltmore y largarse a Miami. Henry Gómez maneja incluso que Rosell «vendió» el tren al Che Guevara. Lo cierto es que llegó a Santa Clara (diciembre 25-26, 1958) bajo el mando improvisado del comandante Gómez Calderón y con sombrías perspectivas de ataúd blindado. Se detuvo al pie de la Loma del Capiro, pero los soldados desplegados allí para protegerlo se retiraron (diciembre 29) ante el fuego rebelde. Gómez Calderón decidió entonces acercarse más a la ciudad, pero la maniobra terminó con el descarrilamiento (foto) y el batallón «entrenado» estuvo disparando con desespero, bajo pertinaz llovizna de cócteles Molotov, hasta que por una de las troneras apareció un pañuelito blanco sujeto al cañón de un fusil. «Nos dijeron que llegaríamos hasta Agabama [cerca de Fomento, en Sancti Spiritus] reconquistando fácilmente los cuarteles», dijo uno de los 401 prisioneros.

 

Entonces principió el asalto a Santa Clara, bajo el bombardeo de la aviación batistiana. Todavía el miércoles 31, el jefe del Regimiento Leoncio Vidal, coronel Joaquín Casillas, gritaba a los enviados de la Cruz Roja: «No hay tregua. Exijo la rendición». Las tropas del M-26-7, el DER 13 de Marzo y el II Frente replicaron tomando la Audiencia, el Escuadrón 31, el cuartelito Los Caballitos, la estación de policía y el Gran Hotel. La primera mañana de 1959 encontró a los rebeldes enfrascados en operaciones de limpieza calle por calle. Che Guevara fue a entrevistarse con Casillas, quien se mantuvo en sus trece: «Con las armas que yo tengo usted no puede vencerme». Che repuso: «Usted tiene las armas, pero ya no tiene quien las empuñe». Así fue: una comisión de militares había contactado ya al Che con la propuesta de rendición y esta se consumaría sin disparar un tiro. Casillas escapó, vestido de civil, pero fue apresado por la guerrilla de Víctor Bordón en el central Washington y moriría en el trayecto al paredón, tras revirarse contra uno de los custodios.

 

Lo demás fue un paseo. Camilo Cienfuegos y su columna invasora «Antonio Maceo» habían salido de Yaguajay a las tres de la tarde del 31 de diciembre de 1958 y entraron sin contratiempos a las nueve de la noche en Santa Clara, donde recibió la orden de Castro: «avanzar sobre La Habana». Luego de engullir 600 sandwiches y 24 cajas de refrescos, la columna reemprendió la marcha hacia Matanzas poco antes del amanecer, por la Carretera Central y con Camilo al frente en jeep descapotado. A eso de las nueve de la mañana acamparon dos horas en Colón y para el mediodía estaban en Coliseo. Camilo llamó por teléfono al jefe del Regimiento Plácido (Matanzas): «Quiero saber si usted está en disposición de entregar el mando (…) Yo sigo para allá. Hablaremos personalmente». A las tres de la tarde, la guarnición de más de mil hombres del cuartel Goicuría se rendía sin rastrillar los fusiles. A las cinco, Camilo andaba ya por San Francisco de Paula y mandaba a enrumbar por la Avenida de Dolores con ánimo de llegarse a su «viejo barrio» para saludar a familiares y amigos.

 

El general Eulogio Cantillo, nombrado jefe de las Fuerzas Armadas por Batista, recurrió al coronel «puro» Ramón Barquín, quien ordenó enseguida retirar los tanques del polígono militar de Columbia. Antes que Camilo entraron Aldo Vera, jefe de Acción y Sabotaje del M-26-7 en La Habana, Armando Hart y otros. Camilo llegó y detuvo a Cantillo, apartó a Barquín, habló a los reporteros y voló a Oriente para dar parte completo a Castro. Entretanto, el «Comandante Diego» (Víctor Manuel Paneque) ocupaba el Coliseo Deportivo con milicianos del M-26-7, que ya venían dando caza a los «esbirros y chivatos» por las calles de La Habana.

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Nota aclaratoria de MCR: Quien dirigió la toma de La Habana fue el comandante Víctor Paneque, conocido como ‘comandante Diego’. Camilo Cienfuegos llegó después.

 

 

Enero 2 (1959) Castro: fin de la transición

Gustavo Silva

1 de enero de 2011

 

Tal como dice haber prevenido Orlando Bosch a sus superiores del M-26-7, la prensa reportó que los primeros guerrilleros en entrar a La Habana eran del II Frente Nacional del Escambray. Sólo que ya Aldo Vera se había colado en Columbia y otro jefe del M-26-7 en La Habana, Víctor Paneque, alias Comandante Diego, había tomado el Coliseo Deportivo (Ciudad Deportiva) con la columna urbana «Ángel Ameijeiras».

 

El día anterior Castro se había enterado de la partida de Batista, dicen que por José Pardo Llada, quien habría escuchado la noticia por Radio Progreso hacia las ocho de la mañana. Castro estaba en casa de Ramón Ruiz, jefe de maquinaria del central América (Palma Soriano), y primero soltó «¡Traición!» antes de ponerse a preparar el asalto a Santiago de Cuba: «El tanque que lo saque Pedrito Miret de Maffo y lo lleve enseguida para Santiago». Alrededor de las diez de la mañana daría por Radio Rebelde sus famosas Instrucciones de la Comandancia General.

 

Armando Hart voló temprano (enero 2) con José Ramón «El Gallego» Fernández de Isla de Pinos a La Habana, donde se reunió con el coronel Ramón Barquín, quien era ya jefe de las fuerzas armadas. Castro le dijo a Hart: «Si estás en Columbia no hablo contigo», pero sería Hart quien anduvo de Barquín a Castro y de Castro a Barquín hasta quedar claro que todos los mandos militares serían entregados a quienes designara el M-26-7.

 

Para empezar, Camilo Cienfuegos asumiría el mando del campamento militar de Columbia. Había tomado ya, sin disparar un tiro, el cuartel del regimiento Plácido (Matanzas) y Barquín le dijo por teléfono: «Lo espero a usted aquí [Pueden] entrar por la posta 3, frente al obelisco». Entretanto Hart volaba a Santiago de Cuba para dar el parte a Raúl Castro, porque Fidel había salido, a lo Estrada Palma, en su Caravana de la Libertad. Ya estaba al mando del campamento militar «República de Cuba».

 

Los reporteros de Bohemia anotaron que los primeros guerrilleros de la columna de Camilo que arribaron a Columbia fueron Rafael Ponce de León (Las Tunas), Miguel Ángel Llorente (Manzanillo), Roberto Sánchez (Santiago) y Pablo Antonio Cabrera (Cárdenas). El capitán pinareño Antonio Sánchez Díaz sería el primer oficial del Ejército Rebelde que entró a la sede del Estado Mayor Conjunto. Enseguida llegaría Camilo.

 

-Nota: A poco de llegar «El Gallego» Fernández a La Habana, Vera le contó que había escuchado por radio a Castro tachar de traidor al general Eulogio Cantillo. Ambos salieron para su casa y Fernández lo encontró en calzoncillos. Le notificó que estaba preso y esperó a que se vistiera para llevárselo. Camilo Cienfuegos terminaría acomodándose en esa misma casa. En el juicio por traición (Causa 184-1959), Cantillo declaró (junio 12, 1959) ante el Tribunal Revolucionario de Ciudad Libertad (antes Columbia) que Barquín le había ofrecido un avión para irse del país. Lo condenaron a sólo 4 años. Uno de los Rockefeller traería en cierta ocasión saludos de Cantillo a Fernández y éste reciprocó con una caja de tabacos.

 

 

El triunfo de la Revolución cubana

Manuel Castro Rodríguez

 31 de diciembre de 2012

 

El 31 de diciembre de 1958 mis padres y yo cenamos a las nueve de la noche y nos acostamos. Lo mismo hicieron las familias que conocía. Cuba no estaba para fiesta.

 

El 1 de enero de 1959 se desplomó la tiranía (1952-1958), fruto del golpe de Estado que el 10 de marzo de 1952 dio inicio a este holocausto que pareciera no tener fin. En la madrugada mis padres me despertaron; me dijeron que Batista había huido y que nos íbamos para casa de Ramona, la tía de mi padre y madre de René de los Santos Ponce. Despertamos a Ramona y su hija Edita, que empezaron a llorar de alegría cuando conocieron la noticia.

 

Desde hacía unos ocho meses, René se encontraba en la Sierra Maestra. Cuando estábamos hablando con Ramona, Edita y Armenio –el único hermano varón de René-, no sabíamos si René vivía. Al poco tiempo, llegaron Lidia -la esposa de René- y sus tres hijos: Norma, Adalys y Elio.

 

A media mañana, cuando no cabía más nadie en la casa, llegó un vecino con la noticia de que en una alocución radial que había hecho Fidel Castro, ordenaba que le buscaran al comandante René de los Santos. Empezamos a gritar de alegría. No sabíamos que al frente de la Columna 10, René había tomado el cuartel Moncada –la segunda fortaleza militar de Cuba-, sin necesidad de hacer un solo disparo.

 

René fue un cercano colaborador de Fidel Castro desde los tiempos en que ambos militaban en el Partido Ortodoxo. Desde 1957, René había sido el jefe del  Movimiento 26 de Julio (M-26-7) en Guanabacoa y uno de los más buscados por los cuerpos represivos de la tiranía batistiana, a tal punto que uno de los peores criminales, Esteban Ventura Novo, había dado la orden de matarlo en el lugar donde lo encontrasen.

 

Cuando la huelga general del 9 de abril de 1958, Guanabacoa fue una de las dos localidades cubanas que estuvieron controladas por el Movimiento 26 de Julio. Al fracasar la huelga, René se escondió en casa de mis tías paternas. La noche antes de ir a realizarles la visita dominical a mis tías -vivían en Corralfalso 62, al lado del antiguo depósito de la cervecería Polar en Guanabacoa-, mis padres me hablaron sobre la situación en que se encontraba René, me insistieron en que no podía decirle a persona alguna algo relacionado con él, ni las características que tenía la casa de mis tías paternas; esa advertencia estaba de más, yo sabía lo que le pasaría a René si lo encontraban. Siendo un niño ya había aprendido que tenía que ser sumamente discreto, máxime en presencia de policías, soldados y desconocidos.

 

Hacía tiempo que no veía a René, pero recordaba sus discusiones con mi padre, que siempre se opuso a la violencia. Mientras que papá fue militante comunista desde su adolescencia hasta finales de la década del cuarenta y murió defraudado con el castrismo, René fue anticomunista hasta que murió en 2007, aunque ocupó altos cargos militares y políticos después del 1 de enero de 1959: creador de la policía política, jefe militar de las provincias de Pinar del Río y Camagüey (la división político-administrativa era de seis provincias), miembro del comité central del Partido Comunista de Cuba (PCC) desde su creación en 1965 y otros cargos en el PCC, entre ellos su poderosa comisión de Control y Revisión. Incluso, Fidel Castro utilizó a René como testigo en el juicio contra el comandante Huber Matos, para demostrar que era mentira que hubiese influencia comunista en el Gobierno Revolucionario.

 

Además, la organización de los comunistas cubanos era la única de las agrupaciones que se oponían a la tiranía que no habían acudido a la violencia; los comunistas cubanos nunca habían incluido en su estrategia la lucha armada. No es hasta abril de 1958, en que el Partido Socialista Popular crea una pequeña guerrilla en Yaguajay, Las Villas, al mando de Félix Torres. Es en junio de 1958, cuando Carlos Rafael Rodríguez -miembro del Buró Ejecutivo Nacional del Partido Socialista Popular-, es designado su representante ante Fidel Castro, en la Sierra Maestra, pero sin responsabilidad militar. A pesar del cambio de concepción en cuanto a la lucha armada, los comunistas cubanos siguieron sin utilizar la violencia en las ciudades; el Partido Socialista Popular siempre se opuso al terrorismo practicado por el Movimiento 26 de Julio y el Directorio Revolucionario.

 

Volviendo a la visita a mis tías paternas cuando René se encontraba escondido en abril de 1958. En esa ocasión no hubo discusión alguna entre mi padre y René; no sé si porque mi padre comprendió la situación tan estresante por la que estaba pasando René o por la presencia de Norma, la hija mayor de René. A los pocos días, la Policía cercó la casa. René pudo salvar la vida gracias a que se ocultó en un pozo hecho en el traspatio. Después de recibir la autorización de Fidel Castro, René pudo salir de la capital y llegar a la Sierra Maestra, donde después de participar en innumerables combates, fue nombrado comandante del Ejército Rebelde, jefe de la Columna 10 ‘René Ramos Latour’ y segundo jefe del III Frente Santiago de Cuba, que dirigía el comandante Juan Almeida Bosque.

 

Cuando el tirano Batista huyó, todo cambió, por poco tiempo. Vean la huida de Batista y las declaraciones de Fidel Castro en su lento recorrido  hacia la capital.

Más nunca he vuelto a ver tanta alegría como la que se vivió en Cuba en los primeros días de enero de 1959, es una experiencia inolvidable e imposible de describir. La Habana, mi ciudad natal, jubilosa a decir no más.

 

Los integrantes del Movimiento 26 de Julio en la capital, con sus brazaletes del M-26-7, estaban por todas partes; desgraciadamente en algunos lugares se produjeron tiroteos con los odiados Tigres de Masferrer, una organización paramilitar creada por el excomunista Rolando Masferrer Rojas -veterano de la Guerra Civil española que pudo escaparse de Cuba cuando triunfó la Revolución- para perseguir a los revolucionarios.

 

Comenzaron a regresar los exilados.

Había triunfado una revolución comprometida con la libertad y la justicia, que terminaba con casi siete años de tiranía. Pronto se empezó a conocer que en otros países también despertó las simpatías de millones de personas.

 

Empezaron a visitarnos algunos de los oficiales del triunfante Ejército Rebelde que mis padres conocían; recuerdo a los capitanes Orlando Lamadrid y Julio Suárez.

 

El verdadero nombre del capitán Julio Suárez era Indamiro Restano, conocido como ‘Machito’ por los vecinos del reparto La Rosalía, donde tenía una barbería en su propia casa ubicada en la Calzada de San Miguel del Padrón y Primera. ‘Machito’ perteneció a la guerrilla del Partido Socialista Popular en Yaguajay, Las Villas.

 

‘Machito’ fue nombrado delegado del recién creado Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) en la provincia de Matanzas  Dos o tres años después, ‘Machito’ confrontaría problemas con la tiranía que ayudó a instaurar. Tres décadas después, en 1992, su hijo, Indamiro Restano, fue sentenciado a diez años de prisión, por fundar una organización política opositora; después sería desterrado.

 

El capitán Orlando Lamadrid fue uno de los pocos sobrevivientes del asalto al Palacio Presidencial, realizado por el Directorio Revolucionario el 13 de marzo de 1957. Un par de años después del triunfo revolucionario, Lamadrid tuvo que exiliarse.

 

A los pocos días fuimos a ver a René al antiguo Servicio de Inteligencia Militar (SIM), ya que Fidel Castro le había encargado que crease y dirigiese el Departamento de Investigaciones del Ejército Rebelde (DIER), que después se transformaría en el Departamento de Seguridad del Estado. René estaba más flaco y con barba; portaba una subametralladora que puso sobre el escritorio de la oficina que ocupaba y que yo no dejaba de mirar. Mi padre me había prohibido tener armas de juguete, lo cual siempre le he agradecido. Pero en ese momento yo me sentía fascinado por el arma de uno de los principales héroes de la Revolución; René se dio cuenta y me permitió empuñarla, después de quitarle el cargador.

 

Pronto empezamos a conocer información cuantitativa sobre la corrupción de los integrantes de la tiranía derrotada, mientras que una parte de la población vivía en condiciones deplorables, lo cual es inconcebible en un país tan rico como Cuba. Aunque la República de Cuba era conocida como ‘La Perla del Caribe’, existían grandes diferencias entre las zonas rurales y urbanas.

 

 

Fidel Castro y el comandante Huber Matos,

entrada triunfal a La Habana el 8 de enero de 1959

Camilo Cienfuegos, Fidel Castro y Huber Matos


Cuando Fidel Castro arribó a La Habana el 8 de enero de 1959, los cubanos pensaron que al fin verían realizados sus sueños de libertad y justicia social, como consagra la Constitución de 1940 que Fidel había prometido restablecer y hacer cumplir. El 18 de enero de 1959, dos semanas después del triunfo de la Revolución cubana, salió publicada la segunda parte de la Edición de la Libertad de la revista Bohemia, en la que Raúl Castro declaró:

 

Puedes asegurar que si nosotros logramos hacer cumplir fielmente la Constitución de 1940, habremos realizado una verdadera revolución.

 

Los hermanos Castro le hicieron creer al pueblo cubano que había triunfado una revolución comprometida con la democracia y la justicia social, que terminaba con casi siete años de tiranía. Pronto se empezó a conocer que en otros países también despertó las simpatías de millones de personas.

 

Sí, el 1 de enero de 1959 se desplomó la tiranía batistiana (1952-1958), fruto del incruento golpe de Estado –aunque murieron tres militares no hubo derramamiento de sangre entre la población civil, y fue aceptado por la sociedad cubana sin otra oposición que la de grupos estudiantiles de la Universidad de la Habana- que el 10 de marzo de 1952 dio inicio a este vía cruxis que pareciera no tener fin.

 

Fusilamientos

 

Aunque la Constitución de 1940 prohíbe la pena de muerte, en Cuba se fusiló casi diariamente durante el año 1959. Según el historiador Jon Lee Anderson, setenta y dos militares fueron fusilados en Santiago de Cuba en un solo día, 10 de enero de 1959, por orden de Raúl Castro. ¿Cuántos cubanos fueron fusilados en La Cabaña por orden del argentino Ernesto Che Guevara?

 

Pero lo peor es que la casi totalidad de la sociedad civil cubana aceptó los fusilamientos, e incluso los apoyó, como hizo el arzobispo de Santiago de Cuba, monseñor Enrique Pérez Serantes. En su homilía del 29 de enero de 1959, el arzobispo de Santiago de Cuba -además de hacerse cómplice de la mentira publicada por la revista Bohemia sobre los veinte mil muertos-, le daba luz verde a los fusilamientos. Véase

http://profesorcastro.jimdo.com/la-jerarquía-católica-y-la-dictadura-de-castro/

 

En una época en la que los obispos tenían una influencia decisiva sobre los laicos, no resulta extraño que si Mons. Pérez Serantes toleraba los fusilamientos, el resto de los católicos los aceptara masivamente.

 

Los fusilamientos también fueron apoyados por Carlos Franqui y Guillermo Cabrera Infante -el novelista cubano más destacado de la segunda mitad del siglo XX-, desde las páginas del periódico Revolución. Franqui y Guillermo Cabrera Infante serían dos de los intelectuales que más denunciarían al castrismo por el resto de sus vidas. Casi cuarenta años después, Guillermo Cabrera Infante declaró no arrepentirse de haber apoyado los fusilamientos.

 

El 22 de enero de 1959

centenares de miles de cubanos

reunidos frente al Palacio Presidencial

apoyaron los fusilamientos

El segundo juicio a los aviadores

La entrada triunfal de Fidel Castro en La Habana se produjo el 8 de enero de 1959. Al día siguiente fueron detenidos los aviadores, artilleros y mecánicos de la Fuerza Aérea de Cuba -acusados de haber bombardeado a los rebeldes en la Sierra Maestra- y enviados a Santiago de Cuba para ser juzgados. El tribunal revolucionario que los juzgó estuvo presidido por el comandante Félix Pena y tuvo como vocales al comandante Antonio Michel Yabor y al capitán auditor Adalberto Parúa Toll. Al no haber encontrado suficiente evidencia para condenarlos, el tribunal revolucionario los absolvió; al enterarse Fidel Castro, expresó públicamente su inconformidad y ordenó un nuevo juicio en violación de uno de los más sagrados principios del Derecho. Unos días después apareció el cadáver del comandante Félix Pena –se había suicidado; el comandante Antonio Michel Yabor se exiló unos meses más tarde.

 

Según el historiador Esteban Beruvides, el segundo juicio “se celebró en forma muy irregular (en cuatro días) y el 7 de marzo, al finalizar este juicio, en su exposición final, el abogado defensor Dr. Carlos Peña Jústiz, les dijo al tribunal, al público y a la prensa, que aquello era una farsa, pues ya los acusados estaban de antemano condenados”. El abogado defensor agregó: “anoche a la 1 a.m., llegó un mensaje al Cuartel Moncada con la sentencia que sería la de fusilar a tres de los pilotos y condenar al resto a 30 años...”

 

El segundo juicio a los aviadores que habían sido absueltos por un tribunal revolucionario fue aceptado por toda la sociedad civil cubana, a pesar que Cuba contaba con excelentes abogados –en América Latina se tomaba a Cuba como modelo en cuanto al Derecho. Por ejemplo, el profesor universitario José Miró Cardona –fue primer ministro del primer Gobierno Revolucionario- se exiló en Puerto Rico, donde es muy apreciada la labor que realizó en beneficio del derecho penal.

Fidel Castro Ruz siempre

negó que fuese comunista

Por ejemplo, declaró el 15 de enero de 1959: “yo no soy comunista; estoy diciendo la verdad 

http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1959/esp/f150159e.html

 

Ratificó el 8 de mayo de 1959: “nuestra revolución no es comunistahttp://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1959/esp/f080559e.html

Ed Sullivan interviews Fidel Castro

on January 11, 1959

Huber Matos y Fidel Castro
Huber Matos y Fidel Castro

Fidel Castro hizo condenar a veinte años de prisión al comandante Huber Matos Benítez -había renunciado a la jefatura militar de Camaguey, la mayor provincia cubana, porque el proceso revolucionario se estaba desviando hacia el comunismo, como realmente ocurrió.

Huber Matos habla sobre Fidel Castro y la Revolución cubana

Historia del comandante Camilo Cienfuegos

y su desaparición

La epifanía del totalitarismo

Pedro Corzo

 

Cincuenta y cuatro años transcurridos, es tiempo más que suficiente para reflexionar sobre la extrema facilidad con la que un amplio sector de la ciudadanía fue seducido y posteriormente voluntariamente sometido, a un liderazgo que generaba conflictos sociales, sectarismo y victimización.

 

Controlar la conciencia individual y colectiva de un sector importante de la nación cubana y lograr una adhesión total de una parte significativa de la ciudadanía, incluidos la mayoría de los dirigentes de la época, a la persona de Fidel Castro y el proyecto que este personificó, fue un objetivo alcanzado que estableció las bases para la destrucción de la nación cubana.

 

Quizá la idea de que lo que estaba ocurriendo era providencial, fue debido a que un sector de la ciudadanía estaba desalentado, frustrado en sus proyectos como individuo y nación como consecuencia de los malos manejos gubernamentales y por lo tanto eran receptivos para un Mesías redentor, que purgara los errores y horrores de los que habían mancillado la República.

 

Pero el rasero con el que se analiza el pueblo llano y que podemos usar para excusarle en los excesos en que incurrió, no es válido para medir la conducta de aquellos que con responsabilidades en los asuntos nacionales, enceguecieron, prestaron, o facilitaron la mistificación de un individuo y su entorno en el que solo el Elegido decidía, mientras ellos, en una contemplación casi religiosa e indiferente ante el sufrimiento de las nuevas víctimas, le concedieron tiempo suficiente al supuesto redentor para que éste afirmase y acrecentase el mito, mientras sus seguidores más fieles se apropiaban de la nación

 

Por iniquidad, oportunismo o conversión sincera, fueron muchos los políticos, empresarios, intelectuales, profesionales y líderes que, junto a una mayoría ciudadana, prescindieron de sus capacidades críticas y acataron sin objeciones a un criminal disfrazado de libertador.

 

Aquella epifanía herética, causal o casual, pero cimentada en los errores de la República, que también contaba con muchos aciertos, conformó la magia suficiente para que una seducción tan masiva no impidiera que cada uno de los cautivados se creyese protagonista único y por lo tanto capaz de influenciar de manera determinante en los acontecimientos por venir.

 

Los que vivimos 1959 recordamos el fanatismo religioso de las multitudes. Tal parecía que se inauguraba un tiempo nuevo con todo lo que implica de sectarismo e intolerancia. Las familias se dividieron, los extremistas se hicieron presentes con la persecución a los no conversos. Anatemas, ofrendas y nuevos mandamientos aparecieron con los inaugurados dioses y pontífices que también eran intocables y omnipotentes.

 

Surgieron santuarios, ritos y cosas sagradas y como contraparte una herejía que en su mayoría había laborado y creído en el nuevo amanecer, pero que con estoicismo heroico rompió con sus sueños y pobló las prisiones o estrenaron una novedosa forma de crucifixión, los paredones de fusilamiento, porque fueron éstos los recursos más usados para aplastar a los incrédulos.

 

Lo sorprendente es que Castro, que supo interpretar los defectos de carácter y formación del pueblo cubano, encarnando promesas de pan y justicia, era un individuo de historias turbulentas, de claros antecedentes pandilleros, sin vida laboral que lo acreditase, sin valores familiares que le distinguieran y de un constante y conocido oportunismo político.

 

No obstante, el mito fue tan descomunal que devoró la realidad. En el imaginario popular el individuo sintetizó sueños y promesas. Con lenguaje popular, costumbre de vecino humilde, promesas infinitas y un tuteo personal que le hacía fieles seguidores, fue tendiendo una red donde los incautos cayeron voluntariamente y los rebeldes fueron atrapados sin piedad.

 

En realidad, más que la victoria de un sector político, lo que se produjo en el primer año de la nueva era fue una ascensión plena de misticismo. Repleta de entusiasmo y espontaneidad. Un sector del país no sólo le entregó al máximo líder el poder político, sino que lo estimuló a que personificase la nación y su destino aceptando su voluntad como un mandato final y confiando que el hombre nuevo prometido, los redimiría a todos de las vilezas que estaban cometiendo y por cometer.

 

La devoción atroz con la que se aceptó aquel alumbramiento dio origen a un fundamentalismo donde lo más significativo no era la doctrina acogida, sino el individuo que la representaba.

 

Las muchedumbres fueron manipuladas para transformarse en instrumentos de represión e intimidación hasta escindir el país entre devotos e impíos y en la nación se estableció un régimen totalitario en el que las libertades y derechos fueron extinguidos.

 

1959 fue un año en el que la siembra de esperanzas de un país mejor, solo resultó en una cosecha de destrucción material, sufrimientos, sangre y terror.

Juanita Castro, hermana de Fidel y Raúl,

rompió con la tiranía

Primeros 25 años de la entelequia llamada Revolución cubana

Alina Fernández Revuelta, hija de Fidel Castro,

rompió con la tiranía

Fidel Castro, el sepulturero de la Revolución cubana

Dotado de un gran carisma, hechizo personal, inteligencia y capacidad histriónica, Fidel Castro sedujo a los cubanos con su oratoria encendida y épica, demostrando ser un excelente orador y un actor único.

 

¿Cómo fue posible que abandonase los ideales de libertad y justicia social que preconizaba, traicionando la enorme confianza que el pueblo cubano depositó en él, considerándolo casi como su Mesías? ¿O es que realmente nunca tuvo esos ideales y todo fue una gran farsa? ¿Quién podría ni tan siquiera haberse imaginado en enero de 1959, que a Fidel Castro le obsesionaba el poder? ¿Esa obcecación fue la que llevó al joven revolucionario a transformarse en el peor tirano que ha padecido América?

 

Pero en los días iniciales de 1959, un clima de prosperidad se avizoraba para Cuba. Ni un solo cubano podría ni tan siquiera haberse imaginado que la Revolución cubana sería la mayor estafa que ha sufrido pueblo alguno en América, ni que Fidel Castro sería el sepulturero de la Revolución cubana.

 

Los cubanos debemos aprender a no dejarnos engañar más por cantos de sirena de caudillo alguno.

 

Huber Matos: “Fidel es un matón

y Raúl un radical que mata de noche”

Zoé Valdés

31 de julio de 2012

 

¿Quién ignora la historia del comandante de la revolución cubana Huber Matos? Creo que muy pocos. Antier, mientras iba en el metro a encontrarme con mi amigo Rogelio Martínez, de paso por París, pensé que en estos días de tanto dolor tras la muerte de Oswaldo Payá Sardiñas, el líder del Movimiento Cristiano Liberación en Cuba, y del joven activista Harold Cepero, en un simulacro de accidente de tráfico por parte del régimen castrista, necesitaba de una persona que fuera la más capacitada y autorizada para hablar de los Castro y de sus crímenes. Esa persona no podía ser otra que Huber Matos. Y esta es la entrevista, donde también se habla de la trayectoria de este hombre que conoció en carne propia de la maldad de los dos dictadores:

 

ZV: -¿Cómo fue su infancia y juventud en Cuba? ¿Quiénes fueron sus padres? ¿En qué zona de Cuba creció?

 

HM: -Mi infancia fue la de un niño que creció  en un pequeño poblado, en Yara, un pueblo histórico de la provincia de Oriente.  Mi padre era el juez del pueblo, como Cuba era una república joven no hacía falta ser abogado para ser el juez del pueblo.  Se escogía a una persona honorable y con prestigio.  El juez no cobraba sueldo. Además mi padre era un pequeño agricultor.

 

Mi madre era la maestra y directora de la escuela de cuatro aulas del pueblo. Era una mujer idealista que todas las noches nos leía a los cinco hermanos por una o dos horas, a la luz de una lámpara de luz brillante.  Leía pasajes de libros históricos y de obra clásicas.  Lo hacía con el propósito de formarnos como personas de principios.  Nuestra abuela nos iba acostando en el orden que nos dormíamos.

 

ZV: -Era usted un joven cubano, maestro, campesino, ¿qué le hizo unirse a Fidel Castro y no formar un movimiento propio, independiente para hacer la revolución o liderar un cambio en Cuba? Usted no era comunista.

 

HM: -Yo no tenía el  propósito en despuntar personalmente. Mi interés era enseñar a la juventud allí donde trabajara como maestro. Cuando Batista dio el golpe de estado quería simplemente cumplir con mi deber de ciudadano en la lucha contra la dictadura. Yo militaba en el Partido del Pueblo Cubano.  Un partido que  representaba el legado de los fundadores de la nación cubana, se podría decir que era un partido social demócrata. Cuba se había convertido en república porque los Estados Unidos en lugar de ayudar a la lucha de los mambises intervinieron en la guerra contra España.  Cuando se retiraron de Cuba dejaron una enmienda en nuestra constitución que les daba el derecho a seguir interfiriendo.

 

No en absoluto, yo no era comunista.

 

Los comunistas en aquel tiempo hacían mucho énfasis en la dictadura del proletariado y para mi cualquier cosa que propusiera una dictadura era la negación de la libertad.  La república tiene que garantizar los derechos de los ciudadanos y un nivel de vida aceptable. Los comunistas con su fanatismo y su dictadura eran un peligro para Cuba.

 

ZV: -Después de haber sido uno de los comandantes más importantes del grupo de Fidel Castro, usted es juzgado por los hermanos Castro y condenado a más de veinte años de cárcel. Usted mismo apunta que Castro mató a Camilo Cienfuegos, tal como sospechan muchos. En su libro Cómo llegó la noche están fundamentadas esas sospechas. ¿Podría hablarnos de por qué cree usted que Castro asesinó a Camilo Cienfuegos? ¿Por qué Castro asesina a unos y a otros no?

 

HM: -Porque Fidel  sentía unos celos muy grandes respecto a Camilo.  Él sabía que Camilo y yo éramos muy amigos desde la Sierra y aun sabiendo eso, o por esa misma razón, cada vez que Fidel se reunía conmigo me hablaba mal de Camilo.  Me decía: “primero soy yo, después Raúl y luego sigues tú. A tí te sigue Camilo y el Che, pero si el Che fuera cubano estaría en cuarto lugar, en lugar de Camilo porque Camilo es un borracho”.  Yo le decía “no te equivoques porque Camilo  tiene pueblo y es una persona decente”. Entonces él me rebatía buscándole defectos, decía que era un tipo desorganizado, etc. Pienso que Fidel siempre creyó que en esto y en otras cosas podía convencerme a mí como lo hacía con otros.

 

Cuando Fidel dijo que nos reuniríamos Raúl, el Che, el y yo en mi casa en Camagüey para definir el curso de la revolución, le pregunté por Camilo y me respondió: “Camilo no cuenta en esto”.

 

Pero en público era otra cosa.  Buscaba que la simpatía hacia Camilo ser revirtiera para él, como cuando en un acto masivo preguntó: “¿Voy bien Camilo?”

 

Fidel en definitiva es un demonio con condiciones histriónicas.

 

ZV: -¿En qué momento percibió la traición de Fidel Castro?

 

HM: -Desde la Sierra yo empecé a desconfiar de Fidel. Me daba la impresión de ser un hombre vacío de principios.  No me gustaba su insinceridad y me daba cuenta que era cobardón y le gustaba el papel de actor.

 

Entre nosotros había un choque de personalidades y discutimos varias veces. Fidel dirigía  la lucha pero le gustaba maltratar a sus oficiales, era injusto y le daban arrebatos. Pero el pueblo lo percibía como un patriota. Era talentoso y peligroso. Yo no aceptaba insultos ni injusticias y él sabía que siempre estaba preparado para enfrentarlo.  Era pícaro, se daba cuenta y después de cualquier discusión me decía “olvídate de eso que yo te necesito”.

 

Me sorprendió después del triunfo cuando de vez en cuando me decía que yo era el tercer hombre de la revolución. Repetía que aunque no estuviera escrito en ningún lugar eso era así.  Yo siempre le respondía que lo que quería era reincorporarme a la enseñanza, que incluso había una plaza de Ciencias Sociales en la Universidad de Santiago que estaba lista para mí, que no me interesaba la carrera política.

 

Me di cuenta del problema comunista cuando llegamos al poder.  Había cierta alianza entre Raúl y el Che con los comunistas. Los comunistas empezaron a ocupar fincas y otras instalaciones para provocar y crear el caos.  Yo conocía las historias de los comunistas en Europa.

 

En una oportunidad en la provincia de Camagüey los comunistas tomaron una fábrica que preparaba carne en conservas.  Los dueños se quejaron y yo fui a reunirme con los trabajadores y allí me di cuenta que eran Raúl y el Che los que estaban atizando la huelga. Lo que los revolucionarios queríamos era orden y justicia para poder llevar a cabo la reformas que se habían prometido. Ellos estaban saboteando eso para incitar la lucha de clases que en Cuba no existía.

 

Discutí esto con Fidel y él me decía que eran cosas de Raúl y el Che, que ellos querían llevar la revolución en otra dirección.  Insistía en público y en privado que él no era comunista.

 

Yo tenía sospechas que Fidel me mentía pero no estaba seguro.

 

Tenía que renunciar, plantear mi preocupación y dejar que los eventos como consecuencia de mi renuncia lo obligaran a definirse y así fue. En aquellos momentos el 26 de julio era un movimiento con fuerza, en la revolución la mayoría de la dirigencia no era comunista.  Creo que no me fusilaron porque el Ejército Rebelde no hubiera estado contento ni la dirigencia del 26, pero aunque hubo quienes se le enfrentaron en privado no hubo ninguna protesta significativa.

 

De todas formas después de aquello todo el que no era comunista y tenía principios sabía hacia adónde íbamos.  El aparato represivo no estaba organizado y hubo la oportunidad de frenar la comunistación de Cuba. Lamentablemente el fracaso de Playa Girón consolidó a Fidel.

 

No creo que Fidel fuera comunista, ni lo fue ni lo es. Él fue un oportunista.  El comunismo le brindó la oportunidad de quedarse en el poder de por vida y convertir a Cuba en su finca privada.

 

ZV: - Usted fue torturado en la cárcel castrista, ¿por qué se le cree más a Castro cuando afirma en entrevistas con extranjeros que su Revolución no ha torturado a nadie, y no se cree o no se entrevista en contrapartida a personas como usted, o a otros que sí fueron torturados?

 

HM: -La prensa ha idealizado a Fidel Castro y lo ha ayudado a vender sus mentiras como verdades.  Con su enfrentamiento con los Estados Unidos logró la simpatía en el mundo entero.  Ha vendido su imagen a mucha gente tonta que en el mundo se la ha querido comprar.

 

Además de ser un inmoral es un actor.  Se dedicó a hacer la carrera política con perversidad y contra el pueblo cubano.  Como profesor de historia no conozco otro personaje que lo supere en la mentira y la perfidia.

 

ZV: –También en sus libros usted habla de la prominente cobardía de Castro en las batallas, que siempre se escondía detrás de Celia Sánchez y de Melba Hernández. ¿Por qué cree que ha trascendido la versión del héroe castrista en la figura de Castro y no la verdadera, la del cobarde que asesina por la espalda y se esconde detrás de la falda de las mujeres?

 

HM: -Por la misma habilidad que ha tenido  para vender la mentira como verdad.  Después de medio siglo de tiranía todavía hay gente que visita La Habana y reconoce en Fidel Castro a un reivindicador de la nación cubana, cuando ha sido todo lo contrario.

 

ZV: -¿Cuál es la cifra de campesinos, soldados, e inocentes asesinados por las tropas castristas durante la insurrección? Son víctimas de las que se habla poco, y también lo son…

 

HM: -Nosotros peleábamos contra el ejército no contra los campesinos.  Teníamos el apoyo del campesinado y la mayoría de los soldados del Ejército Rebelde eran campesinos de todas las edades.  Esa es la clave del éxito de cualquier guerra de guerrillas, que te escondan, que te ayuden con comida y con información y que sus hijos se sumen a la lucha.  Ahora hay un tipo de terrorismo insurgente que aterroriza a las poblaciones pero en aquellos tiempos la guerra de guerrillas se basaba en la cooperación de la población del campo.

 

Hubo algunos infiltrados que Fidel ejecutó, fueron pocos. En una oportunidad me enteré que quería fusilar a un camagüeyano que se había integrado al Ejército Rebelde porque sospechaba que era un infiltrado.  Yo lo conocía y subí a la Comandancia a garantizarlo.

 

Yo era jefe de guerrilla y nuestra función era pelear contra el ejército.  En realidad pocas veces descansábamos.  Todas las noches había que salir a combatir y muchas veces de día.

 

Cuando, camino hacia Santiago de Cuba, llegué a la Comandancia de Raúl Castro, Raúl me quiso enredar en un juicio a Nino Díaz y no me gustó el asunto.   Por supuesto que no me presté a la intriga. A Nino no pudieron condenarlo porque no había razón ni pruebas para ello.

 

En esa oportunidad Raúl mismo me dijo que antes de llegar él a la zona había unos bandidos alzados, que eran de Santiago de Cuba y que él había resuelto el problema. Cuando le pregunté como lo había hecho me dijo: Les di guiso.

 

Yo no tenía poder para investigar y cuestionar a Raúl Castro.  Pasé por allí para informarle cual era mi misión de acuerdo a Fidel.  La Columna 9 tenía que cercar  a Santiago de Cuba para poder lanzar la ofensiva final con un asalto a la ciudad.  Había que adelantar el triunfo de la insurrección y establecer en Cuba un Estado de Derecho. Ese era el gran compromiso de la revolución.

 

ZV: -Huber, usted declaró en una entrevista que se puede ver en youtube, que pasado el tiempo no le queda más remedio que admitir que la época de Fulgencio Batista fue mejor que la de Fidel Castro. Viniendo de su parte esta consideración es de reconocer que sea usted uno de los primeros de esa generación en admitirlo, ¿podría ampliarlo?

 

HM: -Batista es el padre de Fidel, porque sin su golpe de estado Fidel no habría podido llegar al poder. Al romper el ritmo constitucional Batista le abrió la oportunidad, luego lo indultó.

 

Pero no es comparable el daño que hizo Batista en sus siete años con lo que ha hecho Fidel en más de medio siglo.  Aunque Batista fue un usurpador no cometió en siete años de dictadura ni remotamente el daño que ha hecho el castrismo.

 

Batista no destruyó la República ni la moral de los cubanos como ha hecho Fidel Castro.  Creo que Fidel conscientemente desbarató la moral de los cubanos para que le obedecieran ciegamente.  Es un matón que sabe que intimidar le permite imponerse y no escatima cualquier medio por perverso que sea para lograrlo.

 

ZV: -Hace un tiempo lo entrevisté en su casa y me hizo una descripción de Raúl Castro como un tipo muy miedoso frente a su hermano Castro I, ¿podría repetirme la descripción que hizo? Y quizá contar algunas anécdotas, recuerdo una en particular en la que Castro I lo avergonzaba delante de otros compañeros…

 

HM: -En un encuentro a fines del marzo del 59 en el edificio del Tribunal de Cuentas Fidel reunió el pleno de la revolución.   Allí estaban los dirigentes del 26 de julio, los comandantes principales,  los ministros y algunas personalidades más. Éramos como cincuenta personas.

 

Fidel era el único orador y habló como tres o cuatro horas sin concretar nada. Entonces empezó a criticar a Raúl Castro como Ministro de las Fuerza Armadas porque había demorado el traslado de los cuarteles al campo. Raúl trató de justificar la demora y entonces lo mandó a callar con malas palabras.  Raúl  trató de defenderse y lo aplastó con insultos. Raúl salió llorando a lágrima viva por la humillación, iba llorando con la cabeza baja.

 

Yo me di cuenta que aquello era muy serio.  Allí estaba toda la dirigencia revolucionaria.  Me puse de pie y dije “nosotros en la Sierra éramos una sola voluntad, ahora que estamos con la responsabilidades del poder esto nos obliga a actuar de forma que sigamos siendo una sola voluntad.”

 

Fidel se quedó como un minuto en silencio.  Entonces dijo “continuemos”.

 

Carlos Franqui estaba allí y cuando yo estaba preso se atribuyó la aclaración, pero cuando salí de prisión me dijo “Huber había que contar lo que pasó y yo no creí que sobrevivirías. Espero que me entiendas y me perdones”. Por supuesto que lo entendí.

 

En realidad Fidel aprovechó la ocasión para aplastar a Raúl y que todo el mundo le cogiera miedo.

 

Cuando terminó la reunión, Fidel me llamó y  me dijo “Huber, voy a hacer un recorrido por Latinoamérica, confío en tí, vigílame a Raúl”.  Era otra forma de hacerme creer que yo era importante, pero ese juego no iba conmigo.

 

En cuanto al temor de Raúl, eso era conocido. Raúl tenía fama de cobarde entre todos sus oficiales.  Raúl nunca iba a un combate. Una vez cuando le dijeron que venía el Ejercito le dijo a su chofer (Maro): “Óye, vámonos de aquí, arriba, vámonos”.  Maro contaba que como a la hora de huir de la Maya, le dijo a Raúl: “¿Qué hacemos? Aquí no van a llegar los guardias”.

 

Pero a Raúl le gusta ser radical y mandar a matar a la gente de noche.   Fidel Castro es un matón y Raúl un radical que mata de noche.

 

ZV: -Recientemente hemos asistido dolorosamente a otro asesinato más de los Castro, el de Oswaldo Payá Sardiñas. ¿Cree usted que verdaderamente sea un asesinato o lo duda como otros lo dudan? ¿Puede hablarme de las muertes recientes en Cuba dentro de la disidencia?

 

HM: -Los Castro son implacables con sus enemigos.  Lo de Orlando Zapata Tamayo fue un asesinato, aprovecharon la huelga de hambre para liquidarlo. Zapata es un héroe y un mártir de esta lucha. Creo que a Laura Pollán la asesinaron también.  Como han asesinado  miles.  Hay muchas historias terribles que saldrán a la superficie. Ahí está el crimen del remolcador 13 de marzo y también la masacre del río Canímar.

 

En el caso de Payá el régimen ha actuado en forma tan extraña y que ha provocado demasiadas sospechas.  Si no tuvieron nada que ver en su muerte entonces por qué no fue transparente desde el principio.  Les hubiera resultado muy fácil llevar a la viuda de Payá a Oriente a que conversara con los que se salvaron y en pocas horas todo habría quedado aclarado. ¿Por qué no lo hicieron?

 

ZV: -Precisamente Payá decía que el obstáculo para que Cuba sea libre no era el embargo o boicot comercial norteamericano a la isla, sino la tiranía totalitaria que oprimía al pueblo de Cuba. Sin embargo, últimamente una parte de la disidencia junto a una parte de un llamado “nuevo exilio” se empeña en que el problema es el embargo, ¿qué opina de esto?

 

HM: -Eso es mentira, el problema no es el embargo, eso es comprar la mentira  de los Castro.  El verdadero enemigo y el verdadero problema es la dictadura.

 

Ahora, como tienen miedo por la salud de Chávez están desesperados por llegar a un acuerdo con Washington y necesitan que se levante el embargo o que por lo menos permitan  a los norteamericanos viajar a Cuba de turistas. Con ese ingreso podrían comprar en el mercado internacional parte del petróleo que necesitan para sobrevivir.

 

ZV: -¿Qué le diría usted hoy a los cubanos de Cuba, a todos?

 

HM: -Lo que dije hace dos días, junto al Monumento de los Mártires aquí en Miami. Compatriotas tenemos que cerrar filas para fundar la Nueva República.  Mientras no nos unamos en un solo frente los Castro seguirán cometiendo crímenes, seguirán atropellando al pueblo, seguirán ofendiendo de mil maneras a la nación cubana. Es bueno que haya muchas organizaciones, es una señal de vitalidad. Pero pasan los años y hay 20 o 30 grupos predicando su evangelio y su forma de confrontar al régimen.  Cada uno cree tener la razón.  Pero la tiranía sigue sometiendo  y explotando al pueblo cubano.

 

Después de este largo medio siglo, es hora de que abandonemos las aspiraciones personales, los liderazgos y otras cosas insignificantes. Nuestro país está arruinado y nuestro pueblo está  desesperado.

 

Aquí está entre nosotros Reina Luisa Tamayo, la madre de ese gran cubano que fue asesinado con absoluta crueldad.  Un verdadero patriota que dio su vida por la libertad.  Perdimos a Laura Pollán en misteriosas circunstancias. Ahora ha tocado el turno a un gran hombre como Oswaldo Payá. Su  muerte ha sido manipulada por el régimen en una forma turbia y cínica. ¿Qué esperamos?  ¿Qué asesinen uno a uno a toda la dirigencia de la oposición? Estamos obligados a la reflexión inteligente y a la decisión patriótica. Unámonos, dejemos a un lado todas las diferencias.  Hay que pensar en Cuba por encima de todo.

 

ZV: -¿Quisiera enviarle un mensaje a la viuda e hijos de Payá y a los familiares del joven Harold Cepero?

 

HM: -Que no morirán nunca si los honramos, y una manera de honrarlos es unirnos y continuar la lucha por la libertad de Cuba y luego unidos en la reconstrucción de la democracia en nuestra patria.  Que estoy convencido que Oswaldo y su compañero serán un ejemplo para la Cuba del futuro por su sacrificio y su prédica. Que compartimos su dolor y su orgullo como parte que somos todos de la familia cubana.

 

 

Documentaire Fidel Castro L'enfance d'un chef 

El hermano de Frank País, Carlos Franqui, Luis Conte Agüero, Huber Matos y su guía espiritual en el colegio de Belén hablan de Fidel Castro

44 años bajo la dictadura de Castro

Luis Aguilar León

Luis Aguilar León
Luis Aguilar León

Me comentó una vez, con la rectilínea ironía de los psiquiatras, un amigo que enseñaba en la Universidad de Columbia: “Ustedes conservan su revolución en formol”. Era el año de 1964 y había otros profesores españoles que ya diagnosticaban la fosilización del régimen castrista. El dato básico era el absorbente y total poder que había adquirido rápidamente el líder de la revolución.

 

El peso de esa pasmosa longevidad de Castro no puede apreciarse sólo con las cifras: 44 años de poder absoluto. Es un dato que no impresiona mucho, ni provoca exclamaciones. Pero menciónenle a un americano que cuando Fidel Castro llegó al poder el presidente de los Estados Unidos era Dwight Eisenhower, el líder de Francia era Charles de Gaulle, el de España Francisco Franco y el de la hoy desaparecida Unión Soviética Nikita Kruschev.

 

Castro despliega una movilidad que le permite, entre otras cosas, demostrar cuán falsa es la fe democrática de muchos líderes del continente. Tal hace cuando trepa con sus barbas a las reuniones y “cumbres” de los presidentes de la América y, con una conocida sonrisa sarcástica, firma los documentos colectivos que proclaman las glorias de la democracia y condenan la negatividad de la dictadura. Y luego algunos presidentes le rinden homenaje, y le regalan libros antiguos y le otorgan medallas al más largo dictador que ha tenido “nuestra América”.

 

Comparar al número de víctimas de la dictadura castrista con otras crueles situaciones, como la de El Salvador en Centroamérica, suele tornarse difícil y, a veces, doloroso. El dolor no tiene medida. En una conversación sobre Cuba con profesores judíos en Georgetown, les reconocí que no era posible comparar el horrible crimen del Holocausto con lo de Cuba. Pero, a pesar de eso, el impacto de un dolor colectivo, la visión de muertes, torturas y miedo en Cuba, deben ser condenados siempre y en todas partes. Y lo que provoca más ira es que el mismo sujeto que comenzó a fusilar en la Isla en 1959 sigue matando hoy dentro y fuera de las prisiones. Sin que nadie lo condene.

 

Claro que en cualquier conteo del daño castrista conviene añadir las bajas sufridas por los luchadores que desplegaban las banderas del Che, o los que murieron en los actos terroristas, que en esa época se llamaban “revolucionarios”; y los servidores, empleados, ministros, o generales “héroes” de la revolución, liquidados por el propio régimen. Los soldados cubanos enviados al Africa para regalarle destellos imperiales al dictador, que fueron enterrados en tierras desconocidas, donde jamás han de ser hallados. Y todos esos balseros anónimos, ahogados cuando llegaban al sueño que les enmarcaba el horizonte.

 

De ahí que sea conveniente recalcar que lo que más significa la presencia de Castro en Cuba es precisamente su presencia. Esa presencia debe ser siempre analizada. Verlo y juzgarlo vacilante y remoto significa no prestarle atención al más visible poder que existe en Cuba y creer que ya lo peor ha pasado. En Cuba no hay rebeldes; hay disidentes heroicos. No hay un campesinado que resista la sentencia de hambre que le ha impuesto el gobierno, ni obreros que apenas si encuentran trabajo bajo menudos salarios. Pero hay un miedo y una obediencia atmosféricos.

 

Nadie en Cuba, ni los viejitos solitarios, recuerdan otra cosa que la Cuba de hoy, la que cerró las puertas a todo cambio y condenó al exilio a buscar el futuro fuera de Cuba. Esa es la imagen que conocen los hombres y mujeres de hoy, los que viven hurgando trabajos ilícitos para sobrevivir y soñando con escapar.

 

Lo cual ni remotamente quiere decir que se debe abandonar la lucha contra la dictadura. Eso nunca. Pero lo que sí se puede hacer es conocer bien la realidad psicológica y económica del pueblo, sus esperanzas y sus amarguras y su voluntad. Que los estudios y proyectos sean realistas, que no se dé por descontado que Fidel Castro va a dejar detrás esta o aquella estructura. En Cuba hay muchos fidelistas y Fidel todavía inspira respeto o admiración en miles de cubanos. Y, a juzgar por Venezuela, no siempre las fuerzas armadas están dispuestas a tomar el poder.

 

Cuba es un trágico y complicado problema. Es preciso tratar de estudiarlo con realismo y sin retórica para encontrar soluciones y aprender lo que piensa el pueblo cubano. No lo que creemos que piensa, sino lo que piensa realmente. Y jamás dejar de examinar la actitud de Estados Unidos. Lo único que no debe hacerse es subestimar al enemigo y sobrevalorar a los amigos.

Plena vigencia de las palabras escritas hace una década por el profesor Luis Aguilar León

El 1 de enero se cumplirán 54 años de que los hermanos Castro llegaron al poder. Con la única diferencia que ahora los cubanos sufrimos la tiranía de Raúl Castro, ya que el 31 de julio de 2007 -después de una delicada intervención quirúrgica-, Fidel Castro se vio obligado a traspasarle el poder a su hermano menor, que desde 1959 era el ministro de las Fuerzas Armadas. Raúl Castro viajará a Chile a fines de enero de 2013 para asistir a la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) y la Unión Europea (UE), donde será atendido como si fuera un gobernante democráticamente elegido.

 

Para mayor escarnio al pueblo cubano, el anuncio de que Raúl Castro viajará a Chile coincide con la decisión del  gobierno  cubano  de no permitir el viaje a Chile de Rosa Payá -hija del fallecido disidente político Oswaldo Payá Sardiñas, quien murió en un confuso incidente de tránsito en julio pasado- es una muestra más de la vulneración a los derechos fundamentales que comete el régimen dictatorial contra sus ciudadanos.

 

Rosa Payá fue invitada por una universidad chilena a una actividad académica que se realizará entre el 8 y el 15 de enero próximo, y cuenta con la visa otorgada por el Estado chileno y una beca de la fundación alemana Konrad Adenauer para asistir al encuentro. Sin embargo, a pesar de cumplir con los requisitos que exige la ley cubana para salir de la isla, las autoridades castristas le negaron la posibilidad de viajar, en lo que constituye un hostigamiento, probablemente vinculado a la insistencia de los familiares de Oswaldo Payá en sostener que su muerte no fue accidental.

 

Luis Aguilar León, un cubano excepcional
Jorge A. Sanguinetty escribe sobre el fallecimiento del profesor Luis Aguilar León.
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Witness: The Future is Now

For two years between 2006 and 2008 Cuba's future hung in the balance as its charismatic leader Fidel Castro wrestled with ill-health. The Future is a fascinating insight into the beliefs and aspirations of ordinary Cubans waiting for the political future of their country to be resolved.

Fidel Castro y Enrique Meneses en la Sierra Maestra
Fidel Castro y Enrique Meneses en la Sierra Maestra

El reportero español Enrique Meneses fue el primer fotógrafo extranjero que convivió en la Sierra Maestra con los guerrilleros dirigidos por Fidel Castro, con los que vivió cuatro meses. Pudo sacar los negativos de Cuba cosidos en las enaguas de una joven cubana, pero la publicación de las fotos en París Match le costaron la expulsión de Cuba.

Enrique Meneses le dijo a Fidel Castro: “La Historia no te absolverá”

26 febrero 2010

 

http://www.enriquemeneses.com/2010/02/26/fidella-historia-no-te-absolvera/

 

No consigo evitar la comparación de vuestra historia inicial, la tuya, la de Raúl y la de tantos otros, con la de los que disienten en la Cuba de hoy. Un incruento golpe de Estado de Batista, en 1952, te empujó a alzarte en armas contra el dictador que violentaba la Constitución. El 26 de julio de 1953, era domingo y doscientos hombres bajo tu mando se disponían a asaltar el Cuartel Moncada de Santiago de Cuba aprovechando que buen número de soldados andaban bebidos por las fiestas del apóstol, patrón de Santiago de Cuba. Hubo muertes por ambos lados y el asalto terminó en un fracaso. Los supervivientes quedaron en manos de Batista. En el juicio proclamaste que “la Historia te absolvería”.  Ahora, existen serias dudas.

 

El ataque a un cuartel, por parte de dos centenares de civiles,  con soldados muertos, fue un bombazo en medio del indolente Caribe. Es lo que buscabas para atraer la atención sobre la usurpación del poder y el atentado a las libertades por parte del ex-sargento, Fulgencio Batista Zaldívar. Te defendiste tu mismo como abogado y la intervención de Monseñor Pérez Serantes, Arzobispo de Santiago, que te había bautizado, te salvó la vida. Tuviste un juez imparcial, Manuel Urrutia Lleo, que nombrarías Presidente de la República en enero de 1958.

 

Orlando Zapata Tamayo, de 42 años, murió tras 86 días de ayuno en protesta por el trato que se da en en la prisión de Kilo 8 de Camagüey a los presos de conciencia, muchos de los cuales cayeron en las redadas de 2003 y que, como en el caso de Orlando, sumaban hasta 25 años de cárcel por expresar opiniones diferentes de las del régimen. Recuerdo que en 1953, los supervivientes fuisteis encarcelados en Isla de Pinos donde no pasasteis más de 19 meses tu y unos cuantos más de tus compañeros del Moncada. Hay que recordar que produjisteis muertes entre los soldados. Vuestras condiciones de vida en el penal no fueron tan malas cuando creaste la Academia Abel Santamarí en la que, como único profesor, adiestrabas a los hombres llamados a seguirte al exilio mexicano en Mayo 1955.

 

Con aquellos antecedentes, deberíais haber sido más magnánimos con los presos de la Primavera Negra a la que quisisteis dar un escarmiento. Fundador de Alternativa Republicana, el albañil Orlando Zapata Tamayo se convertía en un enemigo del pueblo por no plegarse a las consignas del régimen y querer pensar por sí mismo. ¿Por qué no expulsasteis a los presos de conciencia como hizo Batista con vosotros? Le habéis dejado morir en su huelga de hambre de 86 días. En todo país civilizado, “es un delito no prestar asistencia a persona en peligro de muerte”. Os dije que hicisteis mal en no dejar salir a Yoani Sánchez  para recibir su Premio Ortega y Gasset. Ahora habéis rizado el rizo. Muchos creíamos en la posibilidad de una Transición pacífica. Hoy dudo que sea posible. En cualquier caso, otro ilustre gallego, Francisco Franco, afirmaba haber dejado todo “atado y bien atado”, no creáis que vuestros nudos van a ser más fuertes y duraderos.


FIDEL CASTRO RUZ,

CONDENADO POR LA HISTORIA

 

El régimen de los hermanos Castro es el causante de que más de cien quince mil cubanos hayan muerto o desaparecido.

 

Más de once mil cubanos han muerto en guerras en el extranjero: 11.700

 

Tratando de escapar de la Cuba de Fidel Castro, han muerto en el mar más de setenta y siete mil cubanos: 77.800

 

Por fusilamiento más de cinco mil cubanos han perdido la vida: 5.700

 

Se han producido unos mil doscientos asesinatos extrajudiciales. 

 

http://cubaarchive.org/home/

 

La Cuba de Fidel Castro es un país caracterizado por la destrucción, la miseria, la prostitución, el racismo, las cárceles, los presos, los fusilamientos, el éxodo, los balseros y un casi interminable etcétera de calamidades, donde el peor daño ocasionado por el régimen, el antropológico, será muy difícil de revertir en el mediano plazo.  

 

La Cuba de Fidel Castro es la mejor prueba inobjetable que ha tenido el Tribunal de la Historia para condenarlo.

Somos un pueblo desconcertante

Manuel Castro Rodríguez

Los sucesos ocurridos durante los tres primeros meses de 1959 debieron ser suficiente para que los cubanos se percatasen que los hermanos Castro no se guiaban por principios democráticos; esos hechos fueron el preámbulo de lo que vendría después, mucho peor que la tiranía de Batista –durante la misma se mantuvo la independencia del poder judicial y la libertad de prensa, excepto por cortos períodos en que se decretaba la censura, por lo que la población sabía que algo estaba ocurriendo que afectaba al gobierno, el cual no quería que se supiese.

 

El 17 de abril de 1955 -el mismo día en que el destacado pedagogo e historiador Ramiro Guerra Sánchez recibió un homenaje nacional con motivo de su 75 cumpleaños, el cual se efectuó en el teatro Auditorio, hoy Amadeo Roldán-, salió publicado en la revista Bohemia un artículo de Francisco Ichaso Macías (1901-1962), una de las figuras más destacadas del periodismo cubano, en el que se expresa:

 

Somos un pueblo desconcertante. Amamos la democracia, la soberanía, la libertad, y sin embargo hemos actuado como si todo eso nos importase un comino. Todos queremos la democracia, pero nos falta, en cambio, la voluntad para hacer por ella, todos los días, el trabajo menudo que exige su conservación. Nos acordamos de la democracia, como de Santa Bárbara, cuando truena poderosamente sobre ella”.

 

Efectivamente, somos un pueblo desconcertante, si en 1959 los cubanos se hubieran acordado de la democracia, no hubiesen permitido que Fidel Castro incumpliese su compromiso con el pueblo cubano, recogido en el Manifiesto de la Sierra Maestra –firmado por Felipe Pazos, Raúl Chibás y Fidel Castro el 12 de julio de 1957 y publicado en la revista Bohemia el 28 de julio de 1957; si en 1959 los cubanos se hubieran acordado de la democracia, no hubiesen permitido que inmediatamente después de llegar Fidel Castro a La Habana violase los derechos humanos y el debido proceso a los integrantes de la tiranía batistiana que cayeron en sus manos. Por ejemplo, los fusilamientos masivos y el segundo juicio a los aviadores.

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José Martí: El que se conforma con una situación de villanía, es su cómplice”.

Mi Bandera 

Al volver de distante ribera,

con el alma enlutada y sombría,

afanoso busqué mi bandera

¡y otra he visto además de la mía!

 

¿Dónde está mi bandera cubana,

la bandera más bella que existe?

¡Desde el buque la vi esta mañana,

y no he visto una cosa más triste..!

 

Con la fe de las almas ausentes,

hoy sostengo con honda energía,

que no deben flotar dos banderas

donde basta con una: ¡La mía!

 

En los campos que hoy son un osario

vio a los bravos batiéndose juntos,

y ella ha sido el honroso sudario

de los pobres guerreros difuntos.

 

Orgullosa lució en la pelea,

sin pueril y romántico alarde;

¡al cubano que en ella no crea

se le debe azotar por cobarde!

 

En el fondo de obscuras prisiones

no escuchó ni la queja más leve,

y sus huellas en otras regiones

son letreros de luz en la nieve...

 

¿No la veis? Mi bandera es aquella

que no ha sido jamás mercenaria,

y en la cual resplandece una estrella,

con más luz cuando más solitaria.

 

Del destierro en el alma la traje

entre tantos recuerdos dispersos,

y he sabido rendirle homenaje

al hacerla flotar en mis versos.

 

Aunque lánguida y triste tremola,

mi ambición es que el sol, con su lumbre,

la ilumine a ella sola, ¡a ella sola!

en el llano, en el mar y en la cumbre.

 

Si desecha en menudos pedazos

llega a ser mi bandera algún día...

¡nuestros muertos alzando los brazos

la sabrán defender todavía!...

 

Bonifacio Byrne (1861-1936)

Poeta cubano, nacido y fallecido en la ciudad de Matanzas, provincia de igual nombre, autor de Mi Bandera

José Martí Pérez:

Con todos, y para el bien de todos

José Martí en Tampa
José Martí en Tampa

Es criminal quien sonríe al crimen; quien lo ve y no lo ataca; quien se sienta a la mesa de los que se codean con él o le sacan el sombrero interesado; quienes reciben de él el permiso de vivir.

Escudo de Cuba

Cuando salí de Cuba

Luis Aguilé


Nunca podré morirme,
mi corazón no lo tengo aquí.
Alguien me está esperando,
me está aguardando que vuelva aquí.

Cuando salí de Cuba,
dejé mi vida dejé mi amor.
Cuando salí de Cuba,
dejé enterrado mi corazón.

Late y sigue latiendo
porque la tierra vida le da,
pero llegará un día
en que mi mano te alcanzará.

Cuando salí de Cuba,
dejé mi vida dejé mi amor.
Cuando salí de Cuba,
dejé enterrado mi corazón.

Una triste tormenta
te está azotando sin descansar
pero el sol de tus hijos
pronto la calma te hará alcanzar.

Cuando salí de Cuba,
dejé mi vida dejé mi amor.
Cuando salí de Cuba,
dejé enterrado mi corazón.

La sociedad cerrada que impuso el castrismo se resquebraja ante continuas innovaciones de las comunicaciones digitales, que permiten a activistas cubanos socializar la información a escala local e internacional.


 

Por si acaso no regreso

Celia Cruz


Por si acaso no regreso,

yo me llevo tu bandera;

lamentando que mis ojos,

liberada no te vieran.

 

Porque tuve que marcharme,

todos pueden comprender;

Yo pensé que en cualquer momento

a tu suelo iba a volver.

 

Pero el tiempo va pasando,

y tu sol sigue llorando.

Las cadenas siguen atando,

pero yo sigo esperando,

y al cielo rezando.

 

Y siempre me sentí dichosa,

de haber nacido entre tus brazos.

Y anunque ya no esté,

de mi corazón te dejo un pedazo-

por si acaso,

por si acaso no regreso.

 

Pronto llegará el momento

que se borre el sufrimiento;

guardaremos los rencores - Dios mío,

y compartiremos todos,

un mismo sentimiento.

 

Aunque el tiempo haya pasado,

con orgullo y dignidad,

tu nombre lo he llevado;

a todo mundo entero,

le he contado tu verdad.

 

Pero, tierra ya no sufras,

corazón no te quebrantes;

no hay mal que dure cien años,

ni mi cuerpo que aguante.

 

Y nunca quize abandonarte,

te llevaba en cada paso;

y quedará mi amor,

para siempre como flor de un regazo -

por si acaso,

por si acaso no regreso.

 

Si acaso no regreso,

me matará el dolor;

Y si no vuelvo a mi tierra,

me muero de dolor.

 

Si acaso no regreso

me matará el dolor;

A esa tierra yo la adoro,

con todo el corazón.

 

Si acaso no regreso,

me matará el dolor;

Tierra mía, tierra linda,

te quiero con amor.

 

Si acaso no regreso

me matará el dolor;

Tanto tiempo sin verla,

me duele el corazón.

 

Si acaso no regreso,

cuando me muera,

que en mi tumba pongan mi bandera.

 

Si acaso no regreso,

y que me entierren con la música,

de mi tierra querida.

 

Si acaso no regreso,

si no regreso recuerden,

que la quise con mi vida.

 

Si acaso no regreso,

ay, me muero de dolor;

me estoy muriendo ya.

 

Me matará el dolor;

me matará el dolor.

Me matará el dolor.

 

Ay, ya me está matando ese dolor,

me matará el dolor.

Siempre te quise y te querré;

me matará el dolor.

Me matará el dolor, me matará el dolor.

me matará el dolor.

 

Si no regreso a esa tierra,

me duele el corazón

De las entrañas desgarradas levantemos un amor inextinguible por la patria sin la que ningún hombre vive feliz, ni el bueno, ni el malo. Allí está, de allí nos llama, se la oye gemir, nos la violan y nos la befan y nos la gangrenan a nuestro ojos, nos corrompen y nos despedazan a la madre de nuestro corazón! ¡Pues alcémonos de una vez, de una arremetida última de los corazones, alcémonos de manera que no corra peligro la libertad en el triunfo, por el desorden o por la torpeza o por la impaciencia en prepararla; alcémonos, para la república verdadera, los que por nuestra pasión por el derecho y por nuestro hábito del trabajo sabremos mantenerla; alcémonos para darle tumba a los héroes cuyo espíritu vaga por el mundo avergonzado y solitario; alcémonos para que algún día tengan tumba nuestros hijos! Y pongamos alrededor de la estrella, en la bandera nueva, esta fórmula del amor triunfante: “Con todos, y para el bien de todos”.

Como expresó Oswaldo Payá Sardiñas en el Parlamento Europeo el 17 de diciembre de 2002, con motivo de otorgársele el Premio Sájarov a la Libertad de Conciencia 2002, los cubanos “no podemos, no sabemos y no queremos vivir sin libertad”.