EMPEZAR UNA REVOLUCIÓN PACÍFICA

 

Protesto, luego existo

José Martí:

Antes que cejar en el empeño de ver libre y próspera a la patria, primero se unirá el mar del Sur con el mar del Norte, y nacerá una serpiente de un huevo de águila”.

José Martí:

el hombre que clama, vale más que el que suplica: el que insiste hace pensar al que otorga. Y los derechos se toman, no se piden; se arrancan, no se mendigan. Hasta los déspotas, si son hidalgos, gustan más del sincero y enérgico lenguaje que de la tímida y vacilante tentativa”.

 

Étienne de La Boétie:

Los tiranos son grandes porque nosotros estamos de rodillas”.

De las revoluciones de 1933 y 1959 surgieron los tiranos Fulgencio Batista Zaldívar y Fidel Castro Ruz. En Cuba no necesitamos más revoluciones de ese tipo, sino una transición pacífica hacia la democracia. Demasiada sangre cubana se ha derramado en los últimos sesenta años.

 

 


Mandela: “Sabía que tender la mano era el camino de la paz”


Primera entrevista en televisión de Nelson Mandela

 Lo que expresa Mandela en esa entrevista

le viene como anillo al dedo

a Raúl Castro y asociados

 

 

 

Los problemas de la oposición

Manuel Cuesta Morúa

3 de abril de 2014

 

No se deben tanto a la represión policial como a nuestras debilidades culturales. La base de la democracia está en el ciudadano. Sin respetar la pluralidad de opciones no habrá cambio democrático

 

Nuestra cultura y mentalidad se han negado por siglos al auto examen y a la mirada interior. El resultado ha sido devastador para la construcción de un proyecto de nación sólido y perdurable. Los demócratas cubanos hemos heredado esa condición cultural que parece insuperable.

 

Si Cuba ha sido tomada en serio por sus mitos, nunca ha podido ser tomada en serio por sus políticos. A diferencia de otras esferas, la política jamás ha sido entre nosotros un campo de alta realización humana. Cuatro déficits pueden explicar esto: déficit ético, déficit del sentido de lo político, déficit institucional y déficit psicológico; este último, fundamental porque tiene que ver con la maduración psíquica.

 

Frente a las herencias culturales caben al menos dos actitudes: ocultar nuestras precariedades políticas, bajo la coartada de nuestra supuesta misión histórica; o develarlas, asumiendo con valentía nuestros defectos.

 

Creo conveniente la segunda de las actitudes. No somos responsables de nuestras herencias. Pero sí somos responsables por las posiciones que adoptemos frente a ellas. Porque resulta cada vez más claro que el escrutinio de nuestros modales y actitudes está tecnológicamente garantizado. No nos podemos esconder. Un dato excelente para la ecología política. 

 

En tanto oposición, no hemos estado a la altura de los desafíos ni de las expectativas creadas. Nuestro problema no radica en la falta de éxito, sino en la ausencia de examen, al hábito de transferir la culpa por nuestros fracasos, a nuestra incapacidad para revisar nuestras actuaciónes y conceptos políticos. De ahí la fácil personalización de los conflictos y la pérdida de perspectiva del momento histórico. Dos de los acentos agudos del castrismo.

 

La decencia pública

 

El cambio que se verifica en Cuba, en medio de una crisis sin precedentes históricos, no desembocará necesariamente en la democratización política de la sociedad. La condición necesaria para ello está amenazada, entre otras cosas, por nosotros mismos. Contrario a lo que afirman algunos críticos, la razón fundamental de este desfase no tiene que ver con la capacidad intelectual, sino con nuestra incapacidad para abrirnos a una nueva decencia pública.

 

No es cierto que para lograr el cambio democrático haya que poseer conocimientos previos. El culto al saber es garantía para la aristocracia intelectual y, en condiciones propicias, para el desarrollo técnico y económico; no lo es para la democracia. La intolerancia, el irrespeto, la facilidad para sucumbir a las historias de enredo y la incultura cívica son las que minan las fortalezas creadas para resistir los usos y abusos despiadados del poder, y las posibilidades para construir los espacios de sentido común que hacen a la democracia. Carencias que abundan en una sociedad altamente instruida como la cubana.

 

Y nuestra peripecia histórica como oposición ha alimentado una percepción que estimo falsa. Nuestras precariedades no se deben tanto al uso eficaz de las técnicas de penetración policial como a la hábil explotación de nuestras debilidades culturales. Donde no han podido triunfar ni la fuerza, ni el manual o la tecnología, han podido hacerlo la retroalimentación del cotilleo, la incontinencia verbal, la ausencia de humildad y los usos migratorios de la disidencia política.

 

La revisión permanente

 

¿Podemos potenciarnos? Pienso que sí. Ello pasa por incorporar seis recursos insustituibles.

 

Primero, la revisión permanente de nuestro curso, de nuestros discursos y de nuestro lenguaje. Si ninguna sociedad que se respete admite los dictados desde el exterior, ninguna sociedad que se pretenda madura puede darse el lujo de que la crítica de sus fallas y vicios sea primero revelada por los extranjeros. Esto último entrecomilla nuestra condición de adultos.

 

Segundo, la proyección ética de nuestros comportamientos. El reconocimiento en los otros y de los otros es la premisa ética para colocarnos más o menos a la altura de los acontecimientos. Y no hay que ir a la escuela para asumir esa premisa ética.

 

La unidad de la oposición puede que no sea posible dada la gama diversa de matices, proyectos loables y talantes políticos, pero el respeto es imprescindible para animar la nueva decencia pública que exige una sociedad basada en el reconocimiento y la legitimación de las diferencias. No es obligatorio resultar simpáticos entre nosotros.

 

Tercero, la conexión con los ciudadanos. A diferencia de todos los demás regímenes, la base esencial de la democracia está en el ciudadano. Sin expresar sus intereses ni respetar la pluralidad de opciones no habrá cambio democrático.

 

Cuarto, la imaginación creativa. Llegar a metas globales y abstractas exige la adecuación entre las propuestas y los intereses concretos de la gente. Identificar qué quieren los ciudadanos y expresar sus demandas como portavoces es esencial. Solo con la retroalimentación y el acercamiento humilde a los ciudadanos podremos avanzar y afianzar diseños estratégicos.

 

Quinto, la institucionalización de las alternativas. La democracia no empieza ni termina con nosotros. Sin organizaciones institucionalizables y reglas del juego claras, asumidas y respetadas la democracia posible estará sujeta a los vaivenes y caprichos humanos, no a su concepto básico: la regulación neutral y pacífica de intereses y diferencias. 

 

En sexto y último lugar, es necesario asumir cierta inteligencia emocional. El control de nuestras emociones y pasiones es un requisito imprescindible para el éxito de la vida democrática. La democracia no elimina los conflictos y las tensiones, solo los regula pacíficamente. Sin la debida distancia que despersonalice dichos conflictos, faltará la elegancia de estilo de quienes se supone hemos renunciado a la verdad absoluta.

 

El desván de la historia

 

No debemos alimentar la eventualidad de que la comunidad internacional se resigne a cualquier evolución de los acontecimientos en Cuba. Así ha sido leído el reciente acuerdo para iniciar el diálogo político entre la Unión Europea y Cuba. Que dicha comunidad vea como suficiente que un gobierno, en alguna de las versiones factibles de las dictaduras blandas, pague sus deudas, abra sus mercados, tolere la crítica y el postmodernismo culturales, y controle las consecuencias posibles de los conflictos probables.  En estos términos, poco podríamos hacer para que los demócratas del mundo  —sean gobiernos, instituciones o personas—  recuperen la esperanza de que la democracia cubana es viable. 

 

En términos democráticos, sin embargo, la democracia futura nos necesita. A estas alturas hay suficiente evidencia histórica de que, dejados a su evolución, los regímenes dictatoriales o totalitarios no avanzan hacia la democracia. Parte de la Europa del Este nos demuestra el punto. Está demostrado que aquello resulta imposible sociológica, cultural y psicológicamente. Solo la existencia de vigorosas fuerzas democráticas en cualquier presente garantiza la democracia en cualquier futuro. 

 

Pienso finalmente que las apuestas democráticas realmente existentes podemos desempeñar el papel que nos corresponde. Tenemos la conciencia, la retórica y los instrumentos adecuados. Solo nos falta incorporarlos. Una tensión difícil y edificante que yo asumo en el día a día, y cuyo ejercicio no debemos demorar para no seguir retardando  nuestra entrada al concierto de naciones libres. Y todos podemos asumir la tarea.

 

Solo un tipo de mentalidad es el prerrequisito forzoso para construir un proyecto específico de sociedad y de convivencia.  Consciente de que el siglo XXI llegó para complejizar nuestros desafíos, me parece bueno resaltar uno de los retos de ese tipo de mentalidad: el de la política hecha y pensada con decencia. En ella, solo los medios justifican los fines. Dejemos el castrismo en el desván de la historia.

 

 

 

Mi Isla Prisión

 

 

Los grilletes de la llave perdida

Raúl Rivero

2 de marzo de 2014

 

Vive en Cuba, disperso por toda la geografía de la Isla, un grupo de hombres y mujeres para quienes los únicos cambios visibles y palpables tienen que ver con el paso del tiempo sobre sus cabezas, las erosiones de la materia y las variaciones demagógicas del discurso oficial de los jefes, los funcionarios encargados de la propaganda y la servidumbre local.

 

Esos cubanos son, entre otros, los activistas de base de los partidos de la oposición pacífica, las Damas de Blanco que salen a las calles todas las semanas a reclamar libertad y democracia para el país y los defensores de los derechos humanos que trabajan en los brotes de la sociedad civil cubana, la gente anónima, sin rostro reconocible en las fotos.

 

Son los ciudadanos de la calle que aparecen en el grupo acorralado por un mitin de repudio en Pinar del Río, Villa Clara o Guantánamo. La persona que, si su nombre sobresale un día, debe la celebridad momentánea a que recibió una paliza, le allanaron la casa o la llevaron a empujones hasta un calabozo.

 

En esa especial categoría de habitantes de aquella tierra están también los reporteros, redactores y articulistas del periodismo independiente, tanto los que envían sus reseñas apuradas desde un batey, una cárcel o un municipio, como Jorge Olivera, Luis Cino, Iván García o Juan González Febles, veteranos comentaristas con más de veinte años de trabajo diario, persecuciones, acosos, arrestos y presiones.

 

En ese ámbito, donde se reprime hasta el forcejeo por la ruptura y por la búsqueda de espacios más abiertos, hay una franja para los blogueros que trabajan a pesar de los esfuerzos estatales por controlar y manipular la tecnología. Y otra para artistas insumisos, para individualidades lúcidas y libres.

 

En las celdas de las prisiones vivaquea la nómina de cubanos que sobrevive en peores condiciones. Se trata de más de 80 presos políticos sometidos a los rigores de un violento sistema penitenciario cerrado al escrutinio de los organismos internacionales.

 

En un sitio aparte, con la policía sobre ellos y su familia, están en la calle, pero con la sombra entre barrotes, los 13 presos que se han negado a irse de Cuba y pertenecen al grupo de los 75 de la Primavera Negra de 2003.

 

Berta Soler, portavoz de las Damas de Blanco y esposa de Ángel Moya, uno de esos prisioneros, denunció esta semana en Madrid que ellos no tienen libertad de movimiento dentro del país ni pueden viajar al exterior. Dijo que la llamada licencia extrapenal, el mecanismo por el que los soltaron, es una manera de prolongar la cárcel y que se les amenaza continuamente con regresarlos a prisión en cualquier momento.

 

No. No se perciben cambios ni bonanzas en esas parroquias estáticas que la dictadura y sus cómplices quieren borrar de la vida y del mapa.

 

 

Internet y la generación de los blogueros

Sarah Beaulieu*

25 de febrero de 2014

 

Existen actualmente más de un centenar de blogueros en la Isla. Son la prueba de que, aunque el gobierno intenta limitar los cambios en el seno de la sociedad, Cuba está poco a poco entrando en el siglo XXI

 

Hoy en día, la «blogosfera cubana -este espacio digital donde los cubanos pueden expresarse libremente, al amparo de la censura- representa la cuarta fuente de información sobre el país, después de los medios oficiales, de la prensa alternativa y de los corresponsales extranjeros acreditados en Cuba.

 

Sin embargo, todavía hoy es muy difícil para los cubanos conectarse a la Web y acceder a las páginas publicadas por esta nueva generación de blogueros. Además, el gobierno controla estrictamente todo lo relacionado con las conexiones y los contenidos considerados como subversivos. Desde su aparición en la Isla, Internet fue efectivamente víctima de una fuerte censura y es tan vigilado como la prensa escrita, la radio y la televisión. El régimen tiene el monopolio de todos los medios de comunicación a través de diferentes ministerios, instituciones y organizaciones.

 

En efecto, Internet apareció en Cuba en 1997 y el mismo año se creó el Centro Nacional de Intercambio Automatizado de Información (CENIAI), que fue el primer proveedor de servicio Web en Cuba. Actualmente, el único proveedor es la empresa ETECSA, que pertenece al gobierno, que controla pues a todas las personas que quieren acceder al servicio. Muy pocas obtienen autorizaciones y éstas pueden ser revocadas. La mayoría de las personas que tienen cuentas de acceso las comparten con amigos y familiares (a veces unos veinte individuos). En un país donde todo se vende o se compra, estas cuentas también se venden en el mercado negro. Al final son decenas de personas las que acceden a Internet mediante una misma autorización de conexión. No obstante, la utilización ilegal de Internet puede costar cinco años de cárcel.

 

En 2008 el gobierno autorizó la compra de ordenadores, de accesorios informáticos y de teléfonos móviles y le permitió a la población acceder a Internet desde los hoteles. Sin embargo no se puede adquirir una computadora sin autorización oficial. Se realiza una discriminación ideológica abierta y una discriminación económica más sutil: una computadora cuesta unos 600 CUC y el salario medio de un cubano es de menos de 20 CUC al mes. Los precios también son prohibitivos en el mercado negro (alrededor de 400 CUC), donde las computadoras se suelen vender por piezas sueltas. Concretamente, muy pocos cubanos tienen una computadora en casa.

 

Además, en Cuba existen dos redes distintas: la red nacional (o intranet) que sólo permite conectarse a sitios gubernamentales, una enciclopedia y documentos educativos, páginas de órganos de prensa oficiales y de diferentes organizaciones culturales y de masas (UNEAC, UPEC, UJC, etc.), blogs oficialistas cubanos, sitios Web pro-revolucionarios y a un servicio de correo electrónico (en «.cu»). La conexión es disponible en cibercafés (Correos de Cuba) y cuesta alrededor de 1 CUC por hora. La red internacional da acceso a la Web mundial, pero ciertas páginas están sometidas a la censura y no se pueden ver desde Cuba. No se puede acceder a portales como Yahoo! o Google a causa del embargo norteamericano. Portales como MSN o Hotmail están censurados desde 2007 y no se pueden abrir desde Cuba. Esta conexión internacional es muy cara: 4,5 CUC en los Correos de Cuba y 6 en los hoteles, o sea casi el tercio del sueldo medio de un cubano. Las tarjetas pre-pagadas que se venden en los hoteles se compran en divisas, una moneda más o menos veinticinco veces más fuerte que el peso cubano en el que se pagan los salarios de los cubanos. Entonces, pocos cubanos pueden utilizar este servicio, demasiado costoso. Una vez más las restricciones son técnicas y económicas y permiten limitar las conexiones y la posibilidad para el pueblo cubano de abrirse al mundo, a la actualidad nacional e internacional cuya mayor parte nunca llega hasta Cuba.

 

El gobierno vigila las conexiones mediante la obligación de conectarse desde puntos de acceso públicos. Cada usuario de un cibercafé tiene que dar sus apellidos y nombre, así como su dirección para poder conectarse. Cada internauta es vigilado y se sabe siempre quién se conectó y cuándo. También se crearon medidas para vigilar el contenido de las conexiones: existen mensajes de alerta que aparecen en la pantalla cuando se inscriben palabras «subversivas» en correos electrónicos o servidores. La página abierta se cierra automáticamente cuando se escriben tales palabras o si estas palabras están inscritas en un e-mail ya recibido. Así, las autoridades impiden a toda persona potencialmente «contrarrevolucionaria» recibir o buscar informaciones no conformes con la ideología oficial. Legalmente, todos los textos puestos en línea por los cubanos tienen que ser controlados y sometidos a censores antes de ser publicados. En efecto, todo documento o texto tiene que ser aprobado por el Registro Nacional de Publicación en Serie (Resolución 59/1999) antes de poder aparecer (o no) en la Web.

 

Con todas esas restricciones, hasta 2011, Cuba era uno de los países del mundo que tenía más retraso en lo que se refiere a Internet. En efecto, la Isla recibía el servicio por satélite puesto que el embargo americano le impide conectarse a la red mundial de cables ópticos. Esto explica la lentitud de las conexiones que demoraban a veces decenas de minutos en cargar una página o una foto. Ese año, Venezuela permitió a Cuba, Trinidad y Tobago, Haití y Jamaica recibir Internet mediante cables de fibra óptica, y así acceder a una red más sofisticada y rápida. En la Isla, sólo el 11,5 % de la población tenía acceso a Internet en 2008 y el 13 % en 2009, o sea menos de 1.500.000 cubanos para una población interior de más de 11.300.000 habitantes. Es el índice más bajo de América Latina. El gobierno justifica estas cifras por la mala conexión antes de la llegada de la fibra óptica hacia la Isla. Sin embargo, la conexión por satélite justifica la lentitud, pero no las restricciones ni la censura. Además, las cifras corresponden al acceso a la intranet cubana y sólo el 2,1% de la población pudo conectarse a la Web mundial en 2008[1]. En 2012, 2.700.000 cubanos pudieron conectarse a la Web (mundial, pero sobre todo nacional) y en 2013 más de 100.000 abrieron una cuenta Internet en los nuevos espacios públicos de navegación creados a mediados de ese año, según la Oficina Nacional de Estadísticas.

 

No obstante, a pesar de los precios prohibitivos, la llegada de Internet a Cuba ofreció a los cubanos nuevos medios de expresión y de comunicación. Muchos jóvenes encontraron en los blogs nuevas vías para expresar sus dudas y sueños, sus observaciones y sus miedos. Empezaron a publicar textos en línea y permitieron al mundo acceder a las interrogaciones y las constataciones de cubanos que no reflejan siempre las imágenes vinculadas por los medios oficiales. Los blogs independientes ilustran en su mayoría el desfase que existe entre la visión de la sociedad transmitida por el gobierno y la realidad a la que están confrontados muchos cubanos. Generalmente, no son blogs políticos ni partidarios, sólo representan una especie de cuaderno de bitácora de temas (personales o de actualidad) que inspiran a hombres y mujeres a diario y ofrecen una ventana abierta hacia una realidad cubana que poco se conoce en el exterior de la Isla. Estas bitácoras permiten también a los (pocos) cubanos que pueden leerlas ver que personas como ellos intentan hacer evolucionar -quizás cambiar- el sistema en el que viven y que les parece cada día más incoherente. Generalmente los blogueros tratan de mantener una distancia tanto con el régimen, como con la disidencia. Aunque muchos emiten críticas hacia el sistema y ofrecen otra cara de la realidad, muchos no se definen como opositores: sólo piden cambios y dinamismo por parte del gobierno. Son blogueros independientes -en la medida en que se expresan libremente, sin estar sometidos a ninguna censura gubernamental-, no opositores al gobierno. Sin embargo, representan otra vía, otras voces cubanas que poco a poco salen de la inercia.

 

Los primeros blogs independientes aparecieron en 2007. La mayoría de las personas que publicaban artículos críticos respecto al funcionamiento de la sociedad cubana, utilizaban seudónimos. Con el tiempo, algunos empezaron a firmar sus artículos con su nombre, a iniciativa de Yoani Sánchez, la famosa bloguera que abrió su blog «Generación Y» en abril de 2007. Según Manuel Vázquez Portal existe un estrecho vínculo entre el periodismo libre y la nueva generación de blogueros. Efectivamente, éstos son la prolongación moderna, callejera de los periodistas independientes. Esta evolución se hizo a raíz de la llegada de Internet hacia ciertos ciudadanos cubanos que deseaban compartir sus reflexiones. Hoy no sólo los periodistas y la oposición denuncian la otra cara de la realidad socialista, sino también los cubanos de a pie. Los blogueros proceden de diferentes profesiones: son profesores, estudiantes, artistas o fotógrafos. La mayor parte de ellos viven en La Habana, donde es más fácil acceder a la Web que en las provincias. Los primeros en publicar textos se conectaban en los Correos de Cuba o en universidades, y a partir de 2008 empezaron a ir a los hoteles para acceder a Internet. Ciertas embajadas abren también sus puertas a los blogueros, pero muchos se niegan a aceptar la oferta porque no quieren que sea interpretado como una vinculación con la oposición. Los blogueros que tienen un ordenador en casa escriben sus textos en su computadora y los graban en memorias flash antes de ponerlos en línea desde Correos u hoteles. La mayoría de ellos envía los artículos por e-mail a personas que viven fuera de la Isla y que luego los cuelgan en Internet.

 

Todos los blogs cubanos son accesibles a los internautas que viven en la Isla. El gobierno no los censura. Sin embargo, como muy pocos ciudadanos tienen la posibilidad de conectarse, las autoridades saben que, de momento, los blogs no tienen un impacto demasiado importante en la población para representar una amenaza real. La presión ejercida por la comunidad internacional desde la adopción de la Posición Común Europea y la Primavera Negra tiene también sus efectos. El régimen sabe que si quiere salir del callejón sin salida económico en el que está, no puede permitirse nuevos arrestos masivos y nuevas sanciones. En efecto, hoy en día, algunos blogueros gozan de cierta fama internacional puesto que la gran mayoría de sus lectores no vive en Cuba. Sin embargo, algunos son víctimas de cierto acoso por parte de la policía política o de organizaciones de masas: el objetivo es conducirles a abandonar sus actividades, frenar el desarrollo del fenómeno y detener lo más posible la apertura de Cuba hacia el resto del mundo. Viven con una espada de Damocles encima porque la publicación digital de un artículo juzgado «contrarrevolucionario» puede conducir a una pena de veinte años de privación de libertad. El gobierno, para no dejarse adelantar por las nuevas tecnologías, incitó a la creación de páginas personales de cubanos revolucionarios. Entonces, muchos periodistas oficiales publican también en blogs personales. Internet se volvió el nuevo caballo de batalla de las autoridades.

 

A pesar de todo, existen actualmente más de un centenar de blogueros a través de la Isla: son la prueba de que, aunque el gobierno intenta limitar los cambios en el seno de la sociedad, Cuba está poco a poco entrando en el siglo XXI. Entre los más destacados podemos citar: Yoani Sánchez que escribe en «Generación Y», Reinaldo Escobar que publica sus artículos en «Desde aquí», y Caudia Cadelo, que alimentó con sus reflexiones una página titulada «Octavo Cerco» hasta 2011. Los recorridos de estos tres blogueros alternativos pertenecientes a tres generaciones diferentes son bastante distintos:

 

  • Yoani Sánchez, procedente del medio universitario se desilusionó del sistema de manera progresiva a partir de finales de la década del noventa, al ver el estricto control ejercido por las autoridades revolucionarias en el seno de la Universidad cubana. Tuvo además la posibilidad de vivir unos años en Suiza y de conocer lo que es la realidad fuera de Cuba. Cuando regresó a la Isla ya no creía más en el modelo revolucionario y empezó a fomentar actividades culturales alternativas antes de crear su blog en 2007 y la Academia Blogger en 2009.

 

  • La trayectoria de Reinaldo Escobar se parece a la de los periodistas independientes de la primera generación, ya que fue primero periodista oficial antes de entrar en disidencia a finales de los años ochenta (poco antes del Periodo Especial, en momentos en que el modelo revolucionario empezaba a entrar en crisis) y de integrarse a la prensa independiente. En 2007 creó su propia página Internet para poder difundir sus producciones periodísticas.

 

  • Por su parte, Claudia Cadelo, la más joven, perdió sus ilusiones revolucionarias al principio de la adolescencia, en pleno Periodo Especial. Pero hasta 2008 no sabía que existía en el país un movimiento disidente, lo que ilustra la división social que existe en Cuba y la casi impermeabilidad de los dos ámbitos, ya que el régimen hace todo lo posible para esconder la existencia de la oposición interna y silenciarla. Rápidamente Claudia Cadelo decidió abrir una bitácora digital para poder compartir sus dudas y sus miedos, su visión de la realidad cubana.

 

Estas trayectorias diferentes y variadas ilustran la diversidad que existe en el seno del movimiento bloguero. Cubanos de edades y horizontes distintos alzan hoy su voz para tratar de sus experiencias y de SU Cuba. Ningún estrato social escapa a la desilusión y, si muchos proceden del medio intelectual o cultural y fueron antes revolucionarios antes de distanciarse del sistema, no existen «paradigmas» de blogueros. El único punto en común que todos comparten es la voluntad de escribir sobre la otra Cuba, la que se esconde detrás de las consignas revolucionarias y de las informaciones oficiales.

 

* Sarah Beaulieu es una estudiante francesa que realiza un Doctorado de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Granada. Este trabajo forma parte de su tesis doctoral, Política cultural y periodismo en Cuba: trayectorias cruzadas de la prensa oficial y de los medios independientes (1956-2013).


[1] Comisión Interamericana de Derechos Humanos: «Informe anual de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos 2009», Capítulo IV - Cuba, cidh.oas.org, 2010. http://www.cidh.oas.org/annualrep/2009sp/cap.4Cuba.09.sp.htm

 

 

 

La frágil condición del disidente

 Roberto Madrigal

16 de febrero de 2014

 

Se requiere vocación para ser disidente. También coraje o irresponsabilidad, quizá un poco de ambas. Es el hartazgo del ilustrado. Es una condición frágil e ingrata. Se habla en beneficio de muchos, pero lo aprecian solamente unos cuantos.

 

El disidente pide libertad de prensa, el derecho a viajar, a la pluralidad política, al acceso al internet y a la libre expresión individual. Todos son derechos importantes para la fundación de una sociedad en la cual se respeten los principios democráticos y cada ciudadano, dentro de ciertas limitaciones, pueda decidir su futuro. Pero a la masa eso le suena hueco. La gran mayoría, sobre todo en países como Cuba, quiere soluciones inmediatas al problema de la comida, de la vivienda o de la ropa. La apertura de una nueva cafetería es mejor recibida que la inauguración de un museo.

 

Hace muchos años, cuando el discurso ideológico estaba de moda y se construía la narrativa de la épica revolucionaria, recuerdo que cada vez que me metía en problemas en m centro de estudio o de trabajo, el consejo de algunos amigos y enemigos era, siempre salomónicamente: “¿para qué te metes en política?”. Yo trataba de hacerles entender, inútilmente, que no era yo quien me metía en la política, era la política la que se metía conmigo. Pero es que la mayoría prefiere guardar silencio, esconder sus opiniones. Y eso que en Cuba no hay avestruces (aunque esa actitud no es patrimonio de los cubanos). Hoy en día, ya sin épica ni discurso, la actitud mayoritaria es mucho más pasiva.

 

El mensaje del disidente resulta atractivo a quienes viven fuera de su realidad mientras estos se mantengan allá. Una vez que viajan, su mensaje pierde validez al cabo de los días. En Cuba apenas se les conoce o se les ignora a propósito. Pero el poder siempre mantiene su vigilancia. Mientras su mensaje quede en ideas abstractas, todo va bien, pero si se deciden a manejar temas concretos entonces se desata la violencia contra ellos. Están indefensos.

 

Un tema cada vez más explosivo es la creciente desigualdad social. No me cabe la menor duda de que hoy en Cuba existe una situación económica mejor que la existente hace treinta años. La diferencia es que mientras antes había una igualdad en la miseria (aunque por supuesto, no todos éramos igualmente iguales, ya que ellos no espaguetizaban), hoy en día se hace más obvio que las ventajas son para el goce de unos pocos. La ostentación ha regresado a la calle (algo que durante la épica era anatema) y eso provoca molestias.

 

Las grandes desigualdades sociales son peligrosas porque fermentan el odio y la envidia, esas características tan propias de los seres humanos, que tienen más fuerza motriz que la compasión y los ideales de libertad. Los estómagos vacíos, ante  la vista de otros estómagos repletos, causan más enardecimiento que los cerebros clausurados.

 

Los mítines de repudio, el acicate a la masa enardecida son las formas de desviar esos instintos por caminos controlables y utilizables contra aquellos que proclaman la necesidad de establecer derechos civiles. Son la incivilidad organizada y manipulada.

 

Uno de los mayores combustibles para la envidia que pudiera ser nociva al gobierno es el enriquecimiento de individuos que no tengan que ver con el gobierno. Es por ello que limitan el horizonte de los negocios privados y que crean instituciones encaminadas a controlar el trasiego comercial para que quede en manos de los fieles al poder, como la corporación Gaesa, o el conglomerado Cimex, quienes controlan casi el ochenta por ciento de la economía cubana. Los cuentapropistas no son más que modestos buhoneros. También para prevenir el descontento entre los fieles, se construyen urbanizaciones cerradas como el Proyecto Granma, que ofrecen comodidades insospechadas para la mayoría de los cubanos, a los militares de medio y alto rango. En definitiva, quienes poseen las armas tienen la última palabra en un momento de caos.

 

Los disidentes cubanos operan en solitario. Al menos, visto desde afuera, hay muy poca coordinación entre los diferentes grupos, muy poca solidaridad. Para colmo, en los lugares en los cuales se escucha su mensaje, están expuestos a las críticas (bien y malintencionadas) de quienes difieren de sus puntos de vista, en sociedades en las cuales la libre expresión es un derecho asentado. O sea, se les victimiza en las sociedades a las que aspiran crear.

 

Este año se cumplirán veinticinco años de la caída del Muro de Berlín y la desaparición del bloque socialista, incluyendo, un poco después, la Unión Soviética. Sin embargo, en países en los cuales hubo grupos de destacados disidentes como Sharansky, Sozhenitsin, Michnik y Havel, existieron movimientos literarios como el Samizdat, y en los cuales existió una respetada tradición cultural mucho más antigua que la nuestra, todavía existe una actitud y una claustrofilia mental que no se aleja mucho de la que existía entonces.

 

Los gobiernos totalitarios solamente caen por explosiones internas o por movimientos violentos. Estas dos situaciones son generalmente promovidas por la desigualdad económica y social. Para ello los gobernantes cubanos toman medidas a diario, con promesas de cambio económico, con migajas para sus siervos y con sus tropas de choque asaltando la calle. Mientras tanto, frágilmente, el disidente debe continuar su trabajo, con su cabeza entre el hacha y el denuesto.

 

 

¿Quiénes son los nuevos revolucionarios cubanos?

Liliet Heredero

BBC Mundo

1 de enero de 2014

 

55 años después del triunfo de Fidel Castro, Cuba está experimentando nuevas transformaciones.

 

La revolución de 1959 fue un proceso de cambio social que impactó la vida de todos los cubanos.

 

Quienes lideraron ese cambio fueron en su mayoría jóvenes que apostaron por la lucha armada.

 

En cambio, los jóvenes que impulsan las reformas hoy apuestan por métodos más diversos. Su atrevimiento, en un país donde disentir puede ser penado incluso con cárcel, es un signo de que los tiempos están cambiando.

 

Activistas sociales, opositores políticos, blogueros, artistas y hasta miembros de las instituciones del gobierno piden cambios sustanciales. Muchos se consideran los revolucionarios del momento.

 

BBC Mundo les presenta a cinco de ellos.

 

Raudel Collazo, músico

 

Raudel Collazo y su grupo de rap Escuadrón Patriota están prohibidos en la radio y la televisión cubanas.

 

Pero muchos siguen sus canciones y hasta lo reconocen en la calle. Sus discos se pasan de mano en mano.

 

“En mis canciones hablo de la realidad de la isla, de lo que no está bien. Nosotros hacemos crítica social, hacemos canción protesta”, le dice Raudel a BBC Mundo.

 

Asumir el hip hop contestatario en una sociedad como la cubana no ha sido fácil, explica.

 

“Estas dificultades van desde no permitírseme cantar abiertamente en lugares públicos, hasta múltiples interrogatorios por la seguridad del Estado”, añade.

 

“No quiero ser tan pretencioso de decir que sí voy a cambiar algo en el país con lo que cantamos. Pero sí hemos logrado con esta música llegar al corazón de mucha gente que a partir de ahí, ha revolucionado su pensamiento”.

 

Raudel dice que sueña con una Cuba diferente.

 

“Aquí la mayoría necesita cambios en sus vidas en todos los órdenes, y sobre esa base está enfocado nuestro mensaje: mejores oportunidades, mejores condiciones de vida, más libertad social, política y económica para todos los cubanos. Yo tengo la fe de que eso va a ocurrir y yo voy a poder verlo”.

 

Yaima Pardo, realizadora audiovisual

 

“Off_line” es un nuevo documental independiente que cuestiona la falta de internet en Cuba y exige a las autoridades que “internet es un derecho ciudadano”.

 

Su realizadora, Yaima Pardo, trabaja para la televisión oficial.

 

Sin embargo, su documental, realizado de forma independiente, no ha sido exhibido en el cine o la TV de la isla, todos en manos del gobierno.

 

“Yo hago cine independiente para poder hablar y pensar con libertad”, le dice Yaima a BBC Mundo.

 

“Pero a la misma vez, yo creo en el diálogo y me incluyo dentro de los que quieren mejor las cosas desde dentro del sistema. Creo que es la actitud más eficaz”, afirma.

 

“Yo quiero poner a dialogar al gobierno con la oposición en la televisión nacional”, agrega.

 

Pero Yaima asegura que mientras eso no ocurra, seguirá usando el cine alternativo para expresarse.

 

El documental “Off_line” se exhibe en muestras independientes organizadas en casas o residencias estudiantiles. En 2014, piensa “tomar la distribución en sus manos y llevarlo por toda Cuba”, asegura.

 

Antonio González-Rodiles, activista

 

Después de vivir 12 años fuera de Cuba, Antonio González-Rodiles regresó al país para “ayudar a transformar la realidad cubana, de forma directa y en el escenario físico”.

 

Dejó a un lado su carrera como físico-matemático y fundó en 2010 Estado de SATS, un proyecto independiente que propone desde el arte y el pensamiento, “un espacio para el libre debate de ideas y visiones sobre la nación”.

 

Estado de SATS realiza talleres sobre derechos humanos, coordina exposiciones alternativas, proyecta documentales y genera debates sobre la sociedad civil, que son filmados y distribuidos por todo el país a través de DVD y USB.

 

“Recientemente realizamos el lanzamiento y distribución de la revista Cuadernos para la transición, que ha tenido muy buena acogida por su enfoque directo en el tema del tránsito a la democracia”, añade Rodiles.

 

“Además, coordinamos la campaña Por Otra Cuba, que pide la ratificación e implementación por parte del gobierno de los pactos de la ONU sobre derechos humanos”.

 

Para él, lo primero que debe cambiar en Cuba es la ausencia de derechos y libertades fundamentales.

 

Estado de SATS no está permitido por el gobierno.

 

“Los encuentros se realizan en mi propia casa ante la negativa de las autoridades para hacerlos en un espacio o institución pública”, le cuenta Rodiles a BBC Mundo.

 

“Desde que comenzamos el proyecto, los operativos policiales alrededor de mi vivienda, acompañados de golpes y detenciones arbitrarias contra los asistentes, han sido una constante”, concluye.

 

Eliecer Ávila, activista

 

“Yo me considero absolutamente revolucionario”, le dice Eliecer Ávila a BBC Mundo, algo que para las autoridades que lo califican de opositor pudiera sonar contradictorio.

 

“Yo soy un joven inquieto, inconforme. Creo en el derecho del pueblo al desarrollo, pero no creo que ese camino lo vamos a transitar de la mano del actual gobierno”, añade.

 

“Empecé a ser activista político dentro de las filas de la Unión de Jóvenes Comunistas”, relata.

 

Eliecer se refiere a un episodio que le dio fama internacional. Mientras era un líder estudiantil en una universidad de la isla, increpó al entonces presidente del parlamento cubano, Ricardo Alarcón.

 

La pregunta que le “costó su carrera” fue por qué los cubanos no podían viajar. El video se filtró por internet.

 

“Ese momento dio un giro total a mi vida”, asegura. “Yo genuinamente pensaba que se podían cambiar las cosas desde dentro”.

 

Este graduado de informática tiene planes de crear un movimiento cívico en Cuba.

 

“Estoy tratando de viajar por todo el país para conversar con la gente. Los cubanos tienen deseos de escuchar otra opinión”, le cuenta Eliecer a BBC Mundo.

 

“El futuro de Cuba empezará el día que se consoliden otros partidos como fuerzas políticas”.

 

Michel Matos, productor de eventos

 

Puede que su nombre no sea muy conocido en Cuba, pero Rotilla Festival sí que lo es. Y Michel Matos es su creador.

 

Rotilla fue un festival de música alternativa en la playa que, a pesar de no contar con ninguna promoción oficial, llegó a reunir a unas 20.000 personas.

 

Su intención era “defender las expresiones artísticas que fueran críticas con las instituciones, o que simplemente no fueran apoyadas por estas”, le explica Matos a BBC Mundo.

 

En 2011, la organización de Rotilla pasó a manos de las autoridades. Fue su última versión.

 

Pero Michel Matos no pierde la esperanza de que logrará superar este “desentendimiento”.

 

“No cabe duda de que en Cuba está ocurriendo una transformación y en mi opinión, las cosas, aunque lentas, van en la dirección correcta”, afirma.

 

“Sin embargo, hay puntos muy básicos que nadie se atreve a mencionar como la necesidad de libertades elementales. Necesitamos hablar y decir lo que pensamos sin reprimendas, necesitamos organizarnos independientemente del Estado o las instituciones oficiales”.

 

Ahora Matos dirige la productora independiente Matraka, que realiza documentales sobre la realidad cubana. “Yo he decidido trabajar aquí, en este suelo, y construir desde cero nuestros sueños y beneficios. Emigrar no está en los planes”.

 

 

 

 

Nota de Manuel Castro Rodríguez: El autor de El problema cubano... pretende ignorar que Cuba sufre un régimen totalitario, donde:

 

1- Hasta hace poco tiempo el Gobierno era el único empleador, incluso los empresarios extranjeros no pueden contratar directamente a los trabajadores. Ahora los cuentapropistas dependen de que el Gobierno les autorice la licencia para poder trabajar, la cual se la retiran si muestra algún tipo de disidencia.

 

2- El Gobierno tiene en sus manos todos los medios de comunicación. Además, ejerce un férreo control sobre los  corresponsales extranjeros, que se autocensuran para evitar que les ocurra igual que a otros periodistas extranjeros que han sido reprimidos por la tiranía castrista; el último fue el periodista español Mauricio Vicent, corresponsal en Cuba durante veinte años del diario español El País, a quien hace más de dos años, septiembre de 2011, el régimen de La Habana le retiró la acreditación y le prohibió publicar más informaciones desde Cuba.

 

Hace seis años, en febrero de 2007, el régimen militar cubano le retiró sus credenciales a Stephen Gibbs (BBC, Reino Unido), César González-Calero (El Universal, México) y Gary Marx (Chicago Tribune, EEUU).

 

3- El Gobierno tiene en sus manos todos los centros educacionales. Aquel estudiante que muestra algún tipo de inconformidad con el régimen, es expulsado inmediatamente; desde hace medio siglo se viene proclamando que “la universidad es para los revolucionarios”, o sea, para los adeptos a la tiranía castrista. Por ejemplo, este año se conoció que dos estudiantes universitarios cubanos fueron reprimidos en Santiago de Cuba. En enero de 2013 el estudiante de Medicina Reinaldo Ferrer Santos denunció acoso:

En la primera semana de octubre de 2013 fue expulsado del sistema de Educación Superior cubano el estudiante San Miguel Molina Cobas –según se reconoce en el vídeo era estudiante destacado académicamente de segundo año de Medicina. Véase cómo son los ‘linchamientos’ políticos en las universidades cubanas:

El estudiante San Miguel Molina Cobas fue expulsado del sistema de Educación Superior de Cuba, por haber declarado:

 

Estoy estudiando una carrera que no sé a dónde va, no tengo fe en lo que estoy haciendo (…) No sé cuál será mi futuro, no se si en algunos años seré ‘idóneo’ o ‘no idóneo’, como le llaman aquí a los desempleados” … el curso pasado “no tuvo nada de calidad. Lo que se impartió, más que una enseñanza médica, fue una enseñanza política”.

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El problema cubano: una cronología despiadada

Arnaldo M. Fernández

10 de diciembre de 2013

 

Se consolida un presente que no es transición, sino que ha llegado a detenerse en el tiempo

 

El 14 de enero de 1960, el Consejo de Seguridad Nacional de EEUU discutió “el problema cubano como el más difícil y peligroso en toda la historia de nuestras relaciones con América Latina.” El subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos, Dick Rubottom, explicó que desde junio de 1959 se había decidido tumbar a Castro y el 31 de octubre, el Departamento de Estado y la CIA acordaron un programa de apoyo a la oposición interna.

 

El 15 de febrero de 1961, el sucesor de Rubottom, Thomas Mann, se opuso a la Operación Pluto porque la invasión provocaría, antes que alzamiento popular, más bien que la brigada de asalto 2506 quedara abandonada a su suerte o forzada a coger pa’l monte. Mann subrayó que tumbar a Castro presuponía la intervención militar de EEUU, pero el castrismo sería más útil al mundo libre como modelo socioeconómico fracasado que como héroe o mártir de la guerra.

 

El jefe de operaciones de la CIA, Richard Bissell, replicó que la brigada 2506 era la última oportunidad de EEUU para derrocar a Castro sin intervención militar directa ni bloqueo a cal y canto. Si Castro no caía por la invasión, se vendría abajo con la guerra civil subsiguiente.

 

Transición de la mentira a la hipocresía

 

El 16 de marzo de 1961, la CIA rindió informe “de inteligencia” que estimaba el apoyo popular a Castro por debajo del 20 % y la deserción de los milicianos en 75-80 % nada más que estallara la guerra. Ni por asomo era así y el fiasco de Bahía de Cochinos obligó a elaborar otro plan el 8 de julio de 1961. El asesor presidencial Arthur Schlesinger lo tachó de sinsentido político, por invertir recursos “en la gente menos capaz de generar amplio respaldo dentro de Cuba.”

 

No obstante, la Operación Mangosta echó a andar hacia “la rebelión abierta y el derrocamiento del régimen comunista,” que se previeron para octubre de 1962, pero correrían la misma suerte que la Operación Pluto. El 20 de agosto de 1962, el General Maxwell Taylor puntualizó al presidente Kennedy que tumbar a Castro era posible ya solo con la intervención militar directa de EEUU.

 

Esta posibilidad se desvanecería con el entendimiento Kennedy-Jruschov, que resolvió la Crisis de los Misiles. Hacia la Navidad de 1963, el oficial de la CIA George Joannides aconsejó al secretario general del Directorio Revolucionario Estudiantil (DRE) anticastrista Luis Fernández-Rocha: “Get out of politics, go back to school, and get on with your life. Otro león tusado de la CIA, Howard Hunt, se encargaría de juzgar la hipocresía de la Casa Blanca: “Washington should put Castro in the file and forget basket, and make clear to Cubans still clinging to their dreams here that we didn't have the cojones to follow through (…) and we aren't going to do a reprise” (The Miami Herald, 28 de junio de 2001).

 

El ilusionismo sociopolítico

 

El 15 de enero de 1963, Fidel Castro soltó en el Teatro Chaplin que la Crisis de los Misiles no estaba resuelta: “Se evitó una guerra, pero no se ganó la paz (…) No creemos en las palabras de Kennedy.” La invasión armada de los americanos sería el extremo de la cuerda sociopolítica con que Castro produciría el efecto ilusorio más propicio para reafirmarse en el poder.

 

El 11 de marzo de 1965, sus tropas liquidaron la maltrecha columna de Blas Tardío en el Escambray. Salvo algún que otro papeleo, la guerra civil había terminado. El 28 de enero de 1973, el ex líder anticastrista José Miró Cardona resumía: “La única alternativa que les queda a los exiliados es el terrorismo.” Y el terrorista —según el FBI— “número uno de Miami,” Orlando Bosch, pondría la lápida: “Eso esta muerto ya (…) El cubano que te dice que va a hacer eso es un mentiroso. Hay cubanos valientes pero no sé quienes son. La prueba es que ninguna organización está en eso” (La Vanguardia[Barcelona], 16 de agosto de 2006).

 

El 28 de septiembre de 1965, Castro anunció que habilitaría “un puertecito en algún lugar” y desde entonces maneja la demografía como clave política en tiempos de paz, al extremo de revertir a su favor el ajuste cubano. Quienes componen sueños con flujos de información hacia Cuba pasan por alto que los juegos políticos se ganan con flujos de personas.

 

El 21 de diciembre de 2010, el censo de la población residente EEUU arrojó 1.785.547 cubanos, que en su abrumadora mayoría entran en sinergia con la industria castrista de viajes y remesas, paquetes y llamadas por teléfonos. Así y todo, la cubanología anda todavía con que “los cubanoamericanos representan un grupo mucho más subversivo que los turistas [americanos],” como si los “viajes de la comunidad” desde 1979 hubieran surtido algún efecto democratizador.

 

El 28 de enero de 1976, el ex preso político Ricardo Bofill abrió “la fisura en el vallado de caña,” como acuñaría Reinaldo Bragado, al fundar el Comité Cubano Pro Derechos Humanos (CCPDH). El 20 de junio de 1988, el CCPDH se renombró Partido Pro Derechos Humanos de Cuba (PPDHC) y extendió la lucha del plano horizontal de la política (por los derechos) al plano vertical (por el poder). Para el 6 de noviembre, el PPDHC largaba su Declaración de La Habana con llamado a recoger firmas en convocatoria a plebiscito nacional y asamblea constituyente.

 

El 24 de febrero de 1996, el gobierno cubano atacó a cohetazos dos avionetas desarmadas de Hermanos al Rescate y cortó así el ademán del exilio en apoyo a la disidencia interna que se organizaba en Concilio Cubano. El 25 de junio de 1996, el Congreso de EEUU pasó como ley (22 USC § 6046) su “condena del ataque [como] asesinato a sangre fría” y exigió a la Casa Blanca “llevar a la Corte Internacional de Justicia este acto de terrorismo de Fidel Castro.” Ni el presidente de turno ni los siguientes hicieron nada.

 

Eso sí: al amparo del artículo 109(a) de la Ley Helms-Burton (1996) principiaron las asignaciones de fondos federales para promover la transición pacífica a la democracia en Cuba. Lo que jamás se pudo lograr con la CIA se previó hacerlo ahora con la USAID. Diecisiete años y 225 millones de dólares después prevalece aquel sinsentido político que advirtió Schlesinger en 1961 y el jefe de la Oficina de Intereses de EEUU en Cuba, Jonathan Farrar, ratificó el 15 de abril de 2009: “A pesar de que [los líderes de la disidencia] alegan representar a miles de cubanos no tenemos pruebas de ello [ni] vemos plataformas diseñadas para atraer a un amplio sector (…) Hay que buscar en otro lado, incluso dentro del propio gobierno.”

 

La transición pacífica de los cubanos a la democracia es el otro extremo ilusorio de la cuerda sociopolítica nacional, pero su efecto es contraproducente. La transición no requiere, como el poder, trucar la realidad, sino cambiarla. Y a tal efecto, la oposición tiene que enfrentar a un grupo político que alcanzó y preservó el poder ganando la(s) guerra(s).

 

De este grupo no puede esperarse otra cosa que posiciones consecuentes con el ejercicio del poder, por ejemplo: “Tendrían que expulsarnos, declararnos unos imbéciles y unos incapaces, si nos dedicamos a atender o hacer aquí un debate parlamentario porque diez mil personas lo deseen, o pueden ser cien mil.” (Fidel Castro, Biografía a dos voces, Debate, 2006, página 392).

 

Sin la fuerza del número en contexto vital, no en entradas a un blog o seguidores en Twitter, los proyectos y llamados, demandas y querellas, campañas y otras tantas cosas son actos de prestidigitación que intentan pasar como arte de lo posible (política), pero son apenas artes escénicas del ilusionismo sociopolítico. Tendrían que expulsarnos, declararnos unos imbéciles y unos incapaces si nos creemos que así se allana el camino. Por el contrario, se consolida un presente que no es transición, sino que ha llegado a detenerse en el tiempo.

 

¿Qué hacer?

 

El 1 de agosto de 2012 salió al ciberespacio el “Llamamiento urgente por una Cuba mejor y posible,” que con la socorrida recogida de firmas ocultaba la realidad de que ya no se puede recoger dinero entre los exiliados para sostener la causa de la transición. Hay que recurrir a fondos de otros.

 

El 15 de abril de 2009, Farrar aclaró también que los opositores en Cuba tienen la misma preocupación cardinal que los familiares de aquel “grupo mucho más subversivo” inventado por la cubanlogía: “ir tirando en el día a día.” De ahí que la prioridad siguiente de los opositores sea “limitar o marginar las actividades de sus otrora aliados, para retener poder y acceso a los escasos recursos.” Digámoslo en buen romance: ripiarse entre ellos.

 

El 12 de noviembre de 2013, Cuba fue elegida miembro del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. No pudieron impedirlo ni tres premios Sajarov, ni hablar con el Papa y el Presidente de EEUU, ni las giras por ultramar, ni las bloguerías ni los twitteos, ni los programas de radio y televisión, ni las notas de prensa ni tantas otras cosas que tampoco han servido ni servirán para sumar seguidores.

 

Los líderes de la oposición se desfogan en convocatorias a plebiscitos, paros nacionales o diálogos con el poder sin haber conseguido antes ni siquiera que la gente del barrio salga en masa a defenderlos contra los actos de repudio. El único líder opositor que congregaría a la gente en Cuba es el hambre y para eso no hacen falta ni programas de la USAID ni disidentes.

 

Siempre quedará el consuelo de hacer lo que se puede y entonces cualquier cosa —hasta el acceso a Internet— se considera vehículo de la transición. Y de paso cunde la misma idea castrista de que “nada podrá detener la marcha de la historia.” Solo que, en vez de jugársela con “el tiempo opositor,” parece más lógico cabildear desde ya con el único poder real frente al Estado totalitario castrista: los Estados Unidos, para resolver cuanto antes el problema cubano en términos soportables.

 

A partir de 2018 el eslogan No Castro, no problem se retorcerá, como el ajuste cubano, contra el bando anticastrista. Y será mayor el riesgo de que un presidente demócrata, si contara con bancadas mayoritarias en el Senado y la Cámara, certifique la llegada al poder en Cuba de un gobierno democrático, normalice las relaciones y tumbe así todas las escaleras de la disidencia interna y del exilio solidario con ella, dejando a una y otro colgados de la brocha con que vienen pintando en el aire su transición a la democracia.

 

 

Lentes sin contacto y carreta atascada

Raúl Rivero

8 de diciembre de 2013

 

Ahora resulta que los empecinados, los cerrados, los dogmáticos, los ciegos que no quieren ver los cambios del régimen cubano son los activistas de derechos humanos, las Damas de Blanco, los periodistas independientes, los ex presos políticos y opositores que amanecerán mañana bajo una atmósfera represiva que no cesa. Se asegura que les falta luz larga para ver la realidad que viven, como si las golpizas, los calabozos, los mítines de repudio y el acoso fueran sombras pasadas.

 

Esa es la tendencia entre algunos sabios criollos y extranjeros, profesores y filósofos, “obispos y embajadores”, como dice José Martí en aquel poema a la niña de Guatemala.

 

Es, además, una corriente de opinión en las complejas y variadas oleadas de quienes padecen a plenitud del síndrome de Estocolmo y les molesta la presencia crítica y constante de los grupos de hombres y mujeres que, en Cuba, salen a recordar todos los días que una cosa son los boniatos liberados y el capitalismo de sambumbia. Y otra la libertad.

 

Una visión similar, matizada por normas de la política o de la diplomacia que se expresan con una especie de solidaridad vergonzante o casi clandestina, tienen algunos políticos con un gran expediente internacional de demócratas. A ellos, los avatares del poder y las finanzas les ponen unos espejuelos graduados que tienen nubes y claridades convenientes incrustadas para mirar el escenario cubano.

 

Lo moderno, lo actual, lo correcto y lo civilizado, desde esos puntos de vista, es correr a sacar turno para la comparsa. Lo conveniente es celebrar la presencia en La Habana de un magnate ruso y unos manganzones brasileños y chinos que van a montar negocios al puerto de El Mariel y olvidarse de las protestas por Sonia Garro, la joven Dama de Blanco arrestada desde marzo de 2012, y de otros 80 presos políticos que están en las cárceles.

 

Sí, los intelectuales y artistas que se fueron un día hastiados, por temor o porque quisieron, que vayan pronto a sacar boletos de avión para no llegar tarde a aquella famosa convocatoria que sigue abierta por el Ministerio de Cultura: A gozar y a bailar con la Sinfónica Nacional. Y ni una palabra sobre el encarcelamiento del escritor Ángel Santiesteban y que Librado Linares, el ensayista y profesor, uno de los presos de la Primavera negra que se negó a salir al exilio, soporte los asedios y ataques a su casa y a su familia, allá en Camajuaní, solo como un center fil.

 

Cómo no, que este domingo, después de las persecuciones, los arrestos, los empujones y los forcejeos con la policía, las Damas de Blanco digan algo sobre las trasformaciones.

 

La oposición pacífica, desde luego, reacciona de acuerdo a su experiencia y los periodistas independientes cuentan la historia de cada día. Ellos no diseñan los episodios de la parálisis y el estancamiento. Ellos viven y escriben.

 


¿El castrismo ha muerto?

 

Quimeras, transiciones y escenarios

Yoani Sánchez

6 de diciembre de 2013

 

Texto que publiqué en el número 19 de la revista Voces

 

“Toda frustración es hija de un exceso de expectativas” me repite un amigo cuando se rompen los pronósticos de tintes hermosos que me invento a cada rato. Las últimas décadas de mi vida –y la de tantos cubanos- han sido precisamente una suerte de vaticinios incumplidos, escenarios que nunca se concretan e ilusiones para archivar. Una secuencia de cábalas, ritos de adivinación y miradas a la luna, que chocan de frente con la obstinada realidad. Somos un pueblo de Nostradamus frustrados, de agoreros que no se ganarían la vida como tales, de profetas que hilvanan una predicción con otra, sin acertar en ninguna.

 

Los años noventa resultaron, en nuestra historia nacional, los de mayor concentración de oráculos rotos. Recuerdo haber imaginado a la gente en la calle, los gritos de libertad, la presión de la necesidad y la miseria social explotando en una revuelta pacífica que lo cambiara todo. Era mi adolescencia y también éramos una sociedad imberbe… aún lo somos. Por eso el espejismo del antes y el después, de un hecho que otra vez partiría en dos el calendario de la nación, de acostarnos una noche pensando en el cambio político y antes de que se pusiera el próximo sol haberlo logrado. Como todo pueblo niño, creíamos en los magos. En esos que vendrían con la varita, la pancarta o la tribuna, a resolverlo todo.

 

Y entonces ocurrió. Aunque no se parecía en nada a lo que yo había imaginado. Tuvimos el Maleconazo en agosto de 1994, pero lo que llevó a la gente a la calle no fue intentar transformar el país en su interior, sino saltarse la insularidad y escapar hacia otro sitio. No había banderitas agitadas, ni gritos de ¡Viva Cuba Libre!, sino puertas arrancadas para fabricar las balsas y un largo y prolongado adiós en nuestra costa norte. Mi sabio amigo me lo repitió… “te lo dije, te desilusionas porque siempre esperas demasiado”.

 

Han pasado dos décadas, la madurez no alcanzó a la sociedad pero algunas canas obstinadas comenzaron a aparecer en mi cabeza. Ya sé que entre el deseo y los acontecimientos la mayor parte de las veces hay un divorcio, una viudez insondable. Me hice pragmática, pero no cínica. Todo lo que aprendí de la realidad –parafraseando a un buen poeta- no era todo lo que había en la realidad. Cuando desperté pensando “este sistema ya falleció”, entonces me mordió su capacidad de ser un “muerto vivo” de cincuenta y cuatro años.

 

Así que ahora he dejado de creer en las soluciones acompañadas de sonrisas y abrazos en las calles. Vienen tiempos duros. La transición será difícil y no tendrá un día siquiera para celebrarla. Muy probablemente no habrá júbilo y cantos. Hemos llegado tarde a todo, incluso al cambio. Las imágenes del muro de Berlín cayendo a pedazos, sólo fueron posible una vez. A nosotros nos tocará –y aquí me arriesgo a otro vaticinio- una transformación gris, sin instantáneas que recordar.

 

Un día después del castrismo… si después del castrismo existe un día

 

Un día miraremos hacia atrás y nos daremos cuenta que el castrismo cayó o simplemente dejó de existir, llevándose consigo los mejores años de mi madre, mis mejores años, los mejores años de mi hijo. Pero quizás sea mejor así, no tener otro primero de enero, no contar con las fotos de señores de perfil griego con palomas entrenadas sobre el hombro. Quizás sea mejor un cambio pasado por el agua del desánimo, que otra revolución carnívora que nos devore a todos.

 

Después, después tampoco habrá mucho tiempo para los festejos. Explotará la burbuja de las falsas estadísticas y nos daremos de bruces con el país que realmente tenemos. Comprobaremos que ni el índice de mortalidad infantil es el que nos han dicho todos estos años, que no somos el pueblo “más culto del mundo” y que las arcas de la nación están vacías… vacías… vacías. Ya escucharemos a muchos decir a coro “con Raúl Castro estábamos mejor”. Habrá que empezar a cambiarle el nombre al Síndrome de Estocolmo y ubicarlo en estas geografías tropicales.

 

Llegará la responsabilidad ese concepto para el que pocos están preparados. El asumir nuestras vidas y poner a “Papá Estado” en su justo lugar, sin proteccionismos pero también sin autoritarismos. La democracia es profundamente aburrida, así que nos aburriremos. Ese miedo permanente a que nos escuchan, ese pánico a que el vecino o el amigo pueden ser un delator de la Seguridad del Estado, ya no estará. Habrá que ver entonces si nos atreveremos a decir en voz alta lo que pensamos, o si preferimos que los políticos del mañana puedan manejar cómodamente nuestro silencio.

 

Las primeras elecciones libres nos encontrarán desde temprano en los colegios electorales, conversando y sonriendo. Sin embargo, a la tercera o cuarta cita con las urnas el abstencionismo rondará a casi la mitad de la población. Ser ciudadano es una tarea a tiempo completo y ya saben ustedes, no estamos acostumbrados al trabajo eficiente y constante, ni a ser tenaces. Así que eventualmente delegaremos otra vez nuestra responsabilidad en algún populista que “hable bonito”, nos prometa el paraíso en la tierra y asegure que en el dilema entre “seguridad y libertad” él se encargará de hacer valer la primera. Caeremos en su trampa, porque somos un pueblo niño, un pueblo imberbe.

 

Las cicatrices demoran mucho en quitarse, pero las nuevas heridas son de rápida aparición. Esa combinación entre alto nivel profesional y bajo nivel ético nos deparará tragos amargos. No me extrañaría que nos convirtamos en un emporio de la fabricación y el tráfico de drogas. Esa será también una de las tantas herencias que nos dejará el castrismo: un pueblo rapaz, donde la palabra valores resulta incómoda… innecesaria.

 

El bandazo al consumo más feroz también parece inevitable. Años de racionamiento, desabastecimiento y tristes mercancías de etiquetas anticuadas, harán que la gente se lance sedienta al mercado. Pasará tiempo antes de que veamos brotar movimientos ecologistas, de comida naturista o que nos llamen a la moderación y no al derroche. Los apetitos de tener, comprar, exhibir se dispararán y esa será también parte de las secuelas que nos dejará un sistema que predica la austeridad mientras su cúpula ejercita el hedonismo.

 

Los veremos mutar, como camaleones que una vez dijeron “dije” y después dirán “diego”. Los veremos cambiar la ideología por la economía, el manual de marxismo por el manual de empresa, los uniformes verdeolivo por el cuello y corbata. Hablarán de necesaria reconciliación, de olvido, de “somos todo un pueblo”. Pasarán del mitin de repudio a la amnesia, de vigilar a seguir vigilando, porque una vez delator siempre delator.

 

Toda persona que una vez fue crítica al gobierno les resultará, a estos “conversos” del mañana, profundamente incómoda. Porque al mirarla recordarán que ellos no hicieron nada por cambiar las cosas, que por cobardía u oportunismo se callaron. Así que entre sus objetivos tendrán el de sepultar a lo que una vez fue el sector disidente cubano. Lo usarán y lo apartarán. Escucharemos las historias de gente golpeada y encarcelada siendo contada por ancianos olvidados de la seguridad social; como mismo hoy vemos a boxeadores olímpicos pidiendo limosnas en las calles. Las medallas del pasado resultarán hirientes para los cínicos del futuro… no dejarán espacio al heroísmo, porque les incomoda.

 

Las efemérides en los libros escolares cambiarán. Muchas estatuas serán retiradas y en su lugar se colocarán unas de las que tendremos que aprendernos el nombre y colocarles flores en sus aniversarios. Una epopeya será sustituida, otra se instaurará. Con todos los que dirán que ellos eran opositores y ayudaron a “tumbar al castrismo” ahora podríamos fundar una fuerza cívica de millones de individuos. Vendrá la competencia a ver quién tuvo más mérito en el cambio y más condecoraciones que colocarse en la solapa. Querrán –como compensación- un puesto en la administración pública, una pensión, una mención en un manual de historia.

 

Malos vaticinios, buena preparación

 

Cansada de lanzar flores al futuro y de imaginarlo luminoso, he llegado a creer que mientras lo pintemos con tonos oscuros más energía pondremos en cambiarlo. Es tiempo ya de pensar en el mañana, porque el castrismo ha muerto aunque camine, respire, apriete el puño. El castrismo ha muerto porque su ciclo vital hace tiempo expiró, su ciclo de ilusión fue muy breve, su ciclo de participación nunca existió. El castrismo ha muerto y hay que empezar a proyectar el día después de su funeral.

 

Estoy deseosa de leer propuestas y plataformas que planteen las disyuntivas a las que nos enfrentaremos una hora después de que el féretro de esta llamada revolución descanse bajo tierra. ¿Dónde están los programas para ese momento? ¿Estamos preparados para ese cambio gris, sin héroes ni muros cayendo, pero que ocurrirá irremediablemente? ¿Ya sabemos cómo vamos a enfrentar los nuevos problemas que surgirán, las dificultades que brotarán por todos lados y que ahora están, pero silenciadas, falseadas?

 

Si nos preparamos para el peor de los escenarios, será un signo de madurez que nos ayudará a superarlo. El entramado cívico jugará un papel trascendental en cualquier caso. Sólo fortalecer esa estructura social evitará que caigamos en los brazos del próximo hipnotizador político o en las redes del caos y la violencia. No busquemos presidentes –ya aparecerán- busquemos ciudadanos.

 

Olvidémonos del río de gente en las calles celebrando y del Ministerio del Interior abriendo sus archivos para saber quién fue informante o quién no. Muy probablemente no será así. El entusiasmo de la manifestación pública se ha agotado y los documentos más reveladores ya no existirán, los habrán quemado, se los habrán llevado. Hemos llegado tarde a la transición. Pero eso no significa que nos saldrá mal, que nos arrepentiremos de emprenderla.

 

Podemos, al menos eso podemos, empezar desde cero en tantas cosas. Beber de las experiencias y los desastres de otros; atinar a darnos cuenta que tenemos la posibilidad de sembrar la semilla de la democracia en un mundo donde tantos tratan de enderezar su tronco que nació torcido. Si nuestro cambio sale mal, tendremos a medio planeta que nos señalará y preguntará “¿Y esto era lo que querían para Cuba? ¿Este era el cambio que tanto anhelaban?”. Sin frases apologéticas, tenemos una responsabilidad no sólo con nuestra nación, sino con buena parte de la humanidad que cree aún en que se puede transitar con éxito de un autoritarismo a un sistema participativo.

 

La realización es hija de un reto difícil

 

Ya sé que dirá mi escéptico amigo cuando lea este texto. Se reirá entre dientes para afirmar “aún cuando te pones pesimista, sigues siendo una soñadora”. Pero también reconocerá que ya no soy esa adolescente que esperaba un día despertarse con el griterío de alegría en la calle, sumarse a la multitud y dirigirse hacia la estatua de José Martí en el Parque Central. Ya sé que no será así. Pero puede ser mucho mejor.

 

 

La fuerza de la reconciliación

John Carlin*

6 de diciembre de 2013*

 

Débil y cansado, Mandela conservaba su magnetismo y claridad. “Sabía que tenía razón, que era el camino hacia la paz”, dijo

 

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La última vez que vi en persona a Nelson Mandela, fallecido el jueves en su domicilio a los 95 años, fue el 8 de diciembre de 2009, en su hogar de Johanesburgo. Entré por la puerta, atravesé el vestíbulo y me dirigí hacia un comedor grande. Mandela estaba sentado a la cabecera de una larga mesa, de espaldas a mí. Tenía 91 años. Su cabello era blanco y, por fin, me fijé, empezaba a escasear.

 

Aquella primera imagen se me ha quedado grabada con tanta claridad como el resto de la hora que pasé con él. Era alrededor de la una de la tarde y en la calle brillaba un sol reluciente; pero la habitación estaba en penumbra y él estaba a solas y quieto como una estatua. Reconocí aquella inimitable inmovilidad de los numerosos actos públicos en los que le había visto durante mis seis años como corresponsal en Sudáfrica, entre 1989 y 1995, y en la última entrevista que le había hecho, ocho años antes, para un libro con el que había intentado, a través del prisma de la Copa del Mundo de rugby de 1995, captar la esencia de su grandeza.

 

Ya en la época de aquella entrevista le costaba enorme esfuerzo caminar, pero conservaba su lucidez y toda su voz, se reía con frecuencia, y aún tenía el cabello gris. Pero cuando hablaba yo parecía quedarse petrificado. Su rostro perdía toda expresión, como el busto de un emperador romano o un místico en pleno trance. O, tal vez, como un hombre que había pasado 23 horas al día solo, año tras año, en una celda diminuta. La sensación era desconcertante, hasta que me respondía y me daba cuenta con alivio que había estado absorto y concentrado, escuchándome.

 

Ocho años después, en 2009, mientras me aproximaba al comedor de su casa de Johanesburgo, con los ojos fijos en la nuca de aquella cabeza que tan bien conocía, lo que me desconcertó fue el temor a que, en esa ocasión, la esfinge no cobrara vida, que permaneciera perdido en la niebla de la vejez, como había parecido estar durante las celebraciones de su 90º cumpleaños, en Londres, hacía año y medio.

 

Pero no. No del todo. No al principio. Incapaz de ponerse de pie, volvió los hombros rígidamente en mi dirección cuando me anunciaron y me mostró una sombra de su famosa y deslumbrante sonrisa. Tendió la mano -tan enorme y rugosa como la recordaba de nuestro primer apretón, 19 años antes- y dijo: “Hola, John”. Quise creer que me había reconocido, porque habíamos tenido mucha relación, pero la verdad es que no puedo estar seguro de que así fuera. Quizá, durante un segundo, hubo un destello de recuerdo. Si lo hubo, se extinguió a toda velocidad. Desde entonces hasta que nos despedimos, me dio poca sensación de que supiera quién era yo.

 

Delante de él tenía un plato de carne picada sin tocar. Bajaba la mirada hacia el tenedor, como tratando de decidir si sería capaz de levantarlo hasta la boca. Estaba delgado y la cara se le había encogido, como de pájaro, desde la última vez que le había visto de cerca. Parecía agradecer la visita, pero estaba confuso. De sus labios no salía ni una palabra. Con nerviosismo, por tratar de llenar el vacío, mencioné una película que acababan de hacer en Hollywood sobre él. Me respondió con un viejo latiguillo que solía usar en las conversaciones: “Bien. Muy bien”; y luego, “ya veo. Ya veo”. Pero no creo que viera nada de nada. Ni tampoco la mención de Invictus -ni el poema del siglo XIX que tanto había amado ni el film que había rodado Clint Eastwood- provocó ninguna reacción en él.

 

El poema, que leía en prisión y que volvió a leer, muchos años después, en el funeral de uno de sus hijos, empieza: “Desde la noche que me envuelve,/ negra como un pozo insondable,/ doy gracias al dios que fuere/ por mi alma inconquistable”. ¿Le había envuelto por fin la oscuridad? ¿O iba a poder ver en él algún atisbo de luz? Lo conseguí al final, con la ayuda inicial de Zelda La Grange, la mujer afrikaner que ha sido su ayudante personal y la persona con la que seguro que ha pasado más tiempo desde que se convirtió en el primer presidente democráticamente electo de su país en 1994

.

“¡Venga, khulu, a comer!”, dijo La Grange. Khulu es un apelativo cariñoso en xhosa, la lengua materna de Mandela, que puede querer decir “abuelo” o “gran hombre”. “Vamos, khulu, necesitas comer”, insistió. Recordé que siempre le había gustado hacer chistes sobre lo mucho que le mangoneaban las mujeres, así que hice un comentario en ese sentido, en voz alta, cerca de él, porque no oía muy bien. Mostró una pequeña sonrisa, se rió levemente y respondió: “Sí, es verdad. Una gran verdad”.

 

Lo había entendido. Éxito. Había conectado con él. Entré por la brecha y empecé a evocar recuerdos de su pasado político que confiaba en que siguiera atesorando en algún rincón de su mente. Funcionó.

 

Mencioné los nombres de tres de sus más temibles adversarios afrikaner, con los que había mantenido conversaciones -al principio, secretas- que habían contribuido de manera fundamental a alejar a Suráfrica de la pesadilla de la guerra racial que el mundo había temido durante tanto tiempo.

 

El primer nombre que dije fue el del general Constand Viljoen, jefe de la Fuerza Surafricana de Defensa entre 1980 y 1985, los años más violentos y represivos de la era del apartheid. “Ah, sí”, respondió. “El militar...” Luego mencioné a Niel Barnard, responsable del Servicio Nacional de Inteligencia en los años ochenta, considerado en todo el mundo como uno de los hombres más siniestros de la época, pero con quien Mandela se reunió más de 60 veces en la cárcel, antes de salir en libertad. “Sí”, replicó. Y por último pronuncié el nombre de Kobie Coetsee, el último ministro de Justicia del apartheid, y le recordé que Coetsee había sido el primer representante del Gobierno al que Mandela había visto cuando estaba entre rejas. “Ah, sí...Bien. Muy bien”, dijo.

 

Y entonces me hizo una pregunta: “¿Ha estado alguna vez en la cárcel?” Le respondí que no, aunque había visitado su celda de Robben Island.

 

Al oírlo sonrió, y entonces sucedió. Se encendió una luz en su mente y, en un instante, resumió la esencia de su proeza política.

 

“Mi gente decía que yo tenía miedo”, empezó, con voz fina pero segura. “Decían que era un cobarde por tender la mano a los afrikaner. Pero yo no entré en aquel debate con ellos. No les dije nada. Sabía que tenía razón. Sabía que ese era el camino hacia la paz. Y, al cabo de algún tiempo, comprendieron que tenía razón yo. Han visto los resultados. Vivimos en paz”.

 

Había dado en el clavo. La audacia y la visión que le habían inspirado al entablar el diálogo con los amos afrikaners del Estado del apartheid, en prisión, al principio sin decir nada a ninguno de sus colegas en la dirección del Congreso Nacional Africano, por lo que recibió numerosas críticas; y la convicción de que la única manera de alcanzar el objetivo de su vida, construir una democracia estable en Suráfrica y evitar un baño de sangre del que -como advertía a menudo- no saldría ningún ganador, era apelar a las mentes y los corazones de los enemigos ancestrales de su pueblo, y a lo mejor de sí mismos.

 

Y al final, en efecto, todos comprendieron que tenía razón. Vieron los resultados. La gloria de Mandela, sin parangón en la historia del liderazgo político, fue conseguir que todo un país cambiara de opinión. Siempre fiel a sus principios, a su sueño de una “Suráfrica no racial”, convenció a la mayoría negra de que reprimiera su odio y su impulso natural de venganza y asumiera el espíritu de reconciliación, y a sus opresores blancos de que abandonaran sus viejos temores y sus armas y le aceptaran como presidente legítimo. Los sudafricanos blancos se rindieron, casi sin excepción, ante su encanto y su poder de persuasión. La prueba la tuve cuando entrevisté a aquellos tres viejos enemigos suyos, el general Viljoen, Niel Barnard y Kobie Coetsee, después de que Mandela dejara la presidencia. Los tres hablaron de él con veneración, admiración y -no es exageración- amor.

 

Con una vivacidad repentina, como si la inesperada reivindicación de sus triunfos le hubiera dado energías, Mandela empezó a pinchar, con ayuda de Zelda la Grange, su carne picada. Aquel mágico estallido había sido todo lo que iba a sacar de él. El reto de alimentar su frágil cuerpo ocupó la mayor parte de sus pensamientos durante el resto de nuestro encuentro. Yo seguí parloteando, logrando escasa respuesta, y después nos dijimos adiós.

 

Como regalo de despedida me lanzó una vez más su fabulosa sonrisa, la mejor sonrisa del mundo, y salí por la puerta de la casa pero no sin antes echar una última mirada atrás a aquella noble cabeza blanca, a solas en la gran mesa.

 

Fue terriblemente triste, porque sabía que nunca volvería a verle y porque estaba claro que no podía quedarle mucho de vida. Pero también había estado bien la visita. Muy bien.

 

*John Carlin es autor de dos libros sobre Nelson Mandela, El factor humano (Seix Barral) y La sonrisa de Mandela (Debate)

 

 

La grandeza de Mandela

Carlos Alberto Montaner

6 de diciembre de 2013

 

Fue amigo de Fidel Castro. ¿Y qué? También fue un gran estadista, prudente y flexible, como solo lo son las grandes figuras de la Historia

 

Nelson Mandela, una de las figuras más nobles y admirables del siglo XX, fue amigo de Fidel Castro. ¿Y qué? David Rockefeller también presumía de los mismos lazos. Carlos Andrés Pérez, hasta poco antes de exiliarse, pensaba que Fidel era amigo suyo. Al fin y al cabo, cuando Hugo Chávez, en 1992, trató de derrocarlo a tiros, y dejó decenas de muertos en las calles de Caracas, Fidel le mandó un mensaje de solidaridad y condenó la acción fascista del teniente coronel.

 

Se ha dicho muchas veces: la política hace extraños compañeros de cama (Groucho Marx aseguraba que no era la política, sino el matrimonio lo que hacía extraños compañeros de cama, pero ésa es otra historia). Mandela tenía buenas razones para mostrarse agradecido al dictador cubano. Fidel había sido intensamente solidario con quienes se oponían al apartheid, aunque liquidar la segregación racial era más una coartada política lateral que el objetivo básico de La Habana.

 

Lo esencial, dentro de la lógica de la Guerra Fría, era conquistar territorios para mayor gloria de Moscú y del mundillo dominado por los comunistas. Por eso Castro, de un modo oportunista, en su momento cambió de alianzas y mandó sus tropas a consolidar el poder en Etiopía y liquidar a los somalíes en el desierto de Ogaden. Su lucha no era contra la supremacía blanca, sino por la supremacía roja.

 

No obstante, para Mandela, o para cualquiera dentro de su piel curtida a palos y calabozos, que un país remoto como Cuba, dirigido por un líder blanco, enviara a pelear a cientos de miles de soldados durante catorce años consecutivos contra los intereses de Sudáfrica, y a veces contra el ejército de ese país, era algo que debía agradecerse.

 

Por las razones que fueran —y las de Cuba tenían que ver con la enfermiza personalidad de Fidel Castro, un tipo que se creía Napoleón y parece que lo era—, la pequeña isla caribeña se convirtió en una fuente constante de solidaridad y ayuda.

 

A Mandela no hay que juzgarlo por sus amigos, sino por su inmensa condición de estadista. Fue prudente y flexible, como solo lo son las grandes figuras de la Historia.

 

Llegó a la cárcel como un marxista dispuesto a recurrir al terrorismo para lograr sus propósitos y, progresivamente, desechó los disparates ideológicos y renunció a las actitudes violentas.

 

Entró en la prisión como un Lenin justamente colérico, y 27 años más tarde salió como un Gandhi sensato y apacible.

 

Podía estar lleno de rencores —era lo natural—, pero se los tragó y supo darle la mano al adversario y sustituir lo que pudo haber sido una infinita cadena de venganzas por un simple mecanismo de arrepentimiento público y solicitud de perdón.

 

Junto a Desmond Tutu, propició la creación de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación. El lema era muy elocuente: “Sin perdón no hay futuro, pero sin confesión no existirá el perdón”.

 

Llegó a ser amigo del último gobernante blanco, Frederik William de Klerk, con quien compartió el Premio Nobel de la Paz en 1993, y fue capaz de entender que la regla de la mayoría no podía utilizarse para humillar y barrer del país al 20% de blancos que durante siglos los habían maltratado.

 

Los blancos eran una tribu más de las varias que componían el país. Sus antepasados procedían de Inglaterra u Holanda, pero eran y se sentían sudafricanos. Había que contar con ellos que, además, tenían los capitales económico y humano.

 

Mandela no intentó la aventura colectivista ni despojó de sus bienes a los blancos para favorecer a los negros, lo que hubiera sido una medida inmensamente popular, aunque hubiese destrozado la economía.

 

Es verdad que comenzó a gobernar en 1994, varios años después del derribo del Muro de Berlín, y de la desaparición de la URSS y de casi todo el bloque comunista europeo, pero tuvo la prudencia de entenderlo, mantenerse dentro de la ley y respetar la propiedad privada y el mercado.

 

No quiso eternizarse en el poder. Lo hubiera podido hacer. Lo idolatraban. Gestionó el país democráticamente durante cinco años y le dio paso a otros gobernantes. Sabía que en las naciones serias las instituciones tienen más peso que las personas que administran el Estado.

 

Fue, por todo eso, uno de los grandes políticos del siglo XX. Sin duda, el mayor de África.

 


Un escenario factible

Fernando Dámaso

4 de diciembre de 2013

 

La transición democrática deberá implicar a la mayor parte posible de la ciudadanía y el exilio, y reformular las relaciones con EEUU

 

 La deseada transición cubana deberá gestarse principalmente desde el territorio nacional, mediante la participación de la mayor parte de la ciudadanía, en un proceso de cambios económicos y sociales mucho más profundos y abarcadores que los que se producen actualmente y que incluya, además, cambios políticos. Para propiciarla, no es imprescindible lograr previamente la unidad de los diferentes grupos que apuestan por ella, sino que éstos, independientemente de sus proyectos particulares, se dediquen, seria y responsablemente, a la tarea de potenciar la mayor participación ciudadana, con el objetivo de estructurar una fuerte sociedad civil donde cada cual, superando el miedo inducido durante más de 54 años de totalitarismo, sea capaz de expresarse y actuar cívicamente.

 

Es precisamente el activismo de la mayor parte de la ciudadanía, exigiendo sus derechos y no aceptando ser gobernados como hasta ahora, lo que permitirá crear las condiciones reales para la transición.

 

A lo anterior debe agregarse la necesaria participación del exilio, principalmente del asentado en Estados Unidos y más concretamente en el estado de Florida, sin descartar el ubicado en otras latitudes. Dichos cubanos aportarán poder económico y suficiente experiencia democrática, algo de lo que nuestras generaciones activas carecen.

 

Ya actualmente —con sus remesas, tanto en efectivo como en especies (mediante el envío o la compra en el país de prendas de vestir, víveres, electrodomésticos, medicinas…—, el exilio representa el verdadero motor oculto de la economía cubana, superando lo que aportan en conjunto las exportaciones de azúcar, níquel, medicamentos y el turismo (en el 2012, 5.105.12 millones de dólares contra 4.917.60 millones). Además, lo aportado llega al 62% de los hogares cubanos, respalda casi el 90% del mercado minorista y favorece el empleo de decenas de miles de personas. Por si fuera poco, la emigración cubana que viaja a Cuba (poco más de medio millón de viajeros anuales), constituye el segundo grupo turístico del mercado nacional, solo superado por Canadá, con 1,1 millones de visitantes.

 

Todos estos datos demuestran que, desde hace algún tiempo, ya el exilio juega un papel importantísimo en el país, y que junto a los cubanos de aquí, será determinante durante la transición y, más aún, en la necesaria reconstrucción democrática. Sus posibles inversiones de capital, además de su traslado de conocimientos y experiencias en el manejo eficiente de pequeñas, medianas y grandes empresas, serán invaluables.

 

Debe tenerse en cuenta que este proceso —que comienza en Cuba y pasa por Miami— culmina en Washington, donde de una posición de rechazo al régimen totalitario, se pasaría a una de apoyo al nuevo régimen democrático, restableciéndose las relaciones de todo tipo entre los dos países. Pésele a quien le pese y duélale a quien le duela, los cerrados conceptos de independencia y soberanía vigentes en el pasado son hoy obsoletos, y lo avanzado lo constituyen los estados-naciones transnacionales, donde muchos de sus ciudadanos con poderío económico y político, residen fuera de sus territorios  nacionales, aportan a ellos y gozan de derechos.

 

Ante esta realidad y ante la existencia de un mundo globalizado, la dependencia entre naciones es imposible de obviar. (Cuba fue en definitiva, durante más de treinta años, un estado-nación transnacional subdesarrollado vinculado a Moscú, y desde hace algo menos pasó a serlo de Caracas.) Por tanto, la relación con terceras naciones no es nada nuevo, solo que en un futuro escenario deberá plantearse a un nivel superior de beneficios mutuos y apuesta por el desarrollo, con un país histórica y geográficamente tan cercano a nosotros como EEUU.

 

Nadie está hablando de anexionismo ni de nada parecido, sino de un país con sus ciudadanos residiendo en dos regiones geográficas cercanas y diferentes: una parte (once millones) en el territorio nacional y otra (1.8 millones) en La Florida, territorio norteamericano, dos ámbitos de fuertes lazos familiares, sociales, económicos y políticos.

 

Esta realidad, negada durante más de 54 años por el régimen actual, deberá ser asumida legalmente por el nuevo Estado que surja de la transición, estableciendo la doble nacionalidad y la igualdad de derechos para todos los cubanos, residan donde residan, incluyendo el derecho a votar y a ser elegidos electoralmente.

 

Independientemente de algún que otro elemento coyuntural que pudiera presentarse, éste tal vez sea uno de los escenarios probables para la gestación, desarrollo y realización de la transición, la cual, importante como es, constituirá solo el paso hacia el verdadero objetivo: la reconstrucción democrática de la nación.

 

 

Debate en la conferencia anual de la

Asociación para el Estudio de la Economía Cubana

2 de agosto de 2013

Debate sostenido en el hotel Hilton Downtown en Miami, como parte de las conferencias y eventos desarrollados del 1 al 3 de agosto de 2013 en la edición numero 23 de la conferencia anual de la Asociación para el Estudio de la Economía Cubana. Entre los panelistas se encuentran Antonio Rodiles, Alexis Jardines, Armando Chaguaceda, Roberto Veiga y Lenier González.

De la dictadura cubana a la democracia

(Parte I)

De la dictadura cubana a la democracia

(Parte II)

La reconstrucción de la nación cubana

La activista Ileana Fuentes, el periodista Alberto Müller, el abogado Wilfredo Allen y el académico Juan Antonio Blanco intercambian criterios sobre la reconstrucción de la nación cubana. Antonio Rodiles es el moderador.

 

 


La ausencia de solidaridad internacional con la lucha de más de medio siglo de los cubanos por liberarse de la peor tiranía que ha sufrido América, contrasta con el apoyo que en la Cuba republicana recibieron los opositores a las dictaduras de Franco, Trujillo y Somoza, entre otros tiranos que sufrió Iberoamérica.

 

 

Entrevista al excomandante Eloy Gutiérrez Menoyo

Fariñas: Queremos devolverle el sentido de servicio público a la política y eso solo se puede lograr a través del camino que hemos exigido, la no violencia y los derechos humanos. Vamos a continuar nuestra lucha no violenta, pero no nos vamos a dejar imponer ningún tipo de mandato, ni por la autoridad ni por un gobierno que no es legítimo”, porque no ha sido elegido democráticamente” por el pueblo cubano.

Guillermo Fariñas

recoge el Premio Sájarov en Estrasburgo,

tres años después de haberlo ganado

3 de julio de 2013

Fariñas: “Este puño en alto significa que habrá democracia un día en Cuba”.

El activista por los derechos humanos asistió en Estrasburgo a la entrega del galardón para la libertad de conciencia que el parlamento europeo le otorgó en 2010. “Este puño en alto significa que habrá democracia un día en Cuba”, aseguró el disidente, que protagonizó 23 huelgas de hambre contra la tiranía castrista.

 

En 2010 su premio había sido simbólicamente depositado en una silla vacía en la Eurocámara de Estrasburgo (Francia), puesto que el régimen cubano no le había permitido salir de la isla para buscar el galardón.

 

Tres años después, el disidente Guillermo Fariñas pudo recibir en persona la distinción con la que el parlamento europeo decidió recompensarlo como “luchador de la libertad y de los derechos humanos”. Esta vez su viaje fue posible, gracias a la nueva ley migratoria que entró en vigor el 15 de enero de 2013, que levantó algunas de las trabas que durante medio siglo impidió que los cubanos pudiesen salir libremente de su país. A más de un millón de emigrados cubanos el régimen de La Habana les impide entrar a su patria; la reforma migratoria aun no reconoce el derecho ciudadano al libre movimiento, consagrado por el artículo 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos: “Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país”.

 

Este puño en alto significa que habrá democracia un día en Cuba”, sostuvo Fariñas al recibir su premio este miércoles. El disidente, que llevó a cabo 23 huelgas de hambre en protesta contra la represión de las autoridades cubanas contra los opositores al régimen de los hermanos Castro, resaltó el valor de la democracia. “Solo la democracia da la libertad y dignidad que nos corresponde como seres humanos”, aseveró.

 

Fariñas, un psicólogo de 51 años, es el tercer opositor cubano en recibir el galardón dotado con 50.000 euros, después de Oswaldo Payá en 2002 y el colectivo de las Damas de Blanco, familiares de presos políticos, en 2005.

 

Contamos con la fuerza de la verdad, que nos hace invencibles, aún después de ser asesinados”, agregó Fariñas, parafraseando a Ghandi.

 

Fariñas, que recordó a sus “compañeros” de lucha Laura Pollán, Oswaldo Payá, Orlando Zapata y otros, también tuvo palabras para su madre, presente en la ceremonia y, tras revelar que ella misma le pidió que se exiliara de Cuba, prometió continuar su lucha. “Porque esa mujer me hizo lo que soy”, aseguró.

 

Nosotros somos el cambio porque representamos el poder de un pueblo que no se resigna a vivir sin las libertades que ustedes disfrutan”, subrayó el activista por los derechos humanos, que agradeció el apoyo a la Eurocámara por este “prestigioso” premio y “reconocer nuestra lucha” con él.

 

Fariñas advirtió de que “continuarán los arrestos, las amenazas, las golpizas y los encarcelamientos” en Cuba, y lamentó que “el creciente desafío cívico” de los cubanos “ha impuesto” al régimen la necesidad de cambiar, pero lamentó que han apostado por “cambiar algo para no cambiar nada”, tras recordar que el régimen castrista tacha de “propaganda enemiga a la Declaración Universal de Derechos Humanos.

 

Fariñas provocó una gran ovación de los eurodiputados cuando criticólas complicidades de los escenarios políticos internacionales” que dan cobertura a regímenes como el de Cuba y Bielorrusia.

 

Ha sido un camino largo, pero aún queda mucho más por avanzar hasta que logremos la democracia en nuestra patria”, concluyó el activista por los derechos humanos.

 

El Premio Sájarov a la Libertad de Conciencia 2010 recordó los sacrificios de la disidencia cubana que logró “colocar al régimen que nos oprime en posición de precariedad ante la opinión pública mundial”, prometiendo llevar su lucha “hasta las últimas consecuencias”.

Guillermo Fariñas

comenta la entrega del Premio Sájarov

Guillermo Fariñas comenta la entrega del Premio Sájarov
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Conferencia de prensa de Guillermo Fariñas,

Premio Sájarov 2010

Una charla con Guillermo Fariñas

José Daniel Ferrer sobre el 26 de Julio

Extraños procesos

Fernando Dámaso Fernández

27 de noviembre de 2013

 

Desde hace unos años, en la economía cubana se están produciendo algunos extraños procesos que generan interrogantes y nos hacen pensar. Por un lado, principalmente para consumo externo, se habla del interés en atraer inversiones extranjeras para dinamizar su desarrollo, dándole a éstas cierto carácter selectivo político (de Rusia, China, Vietnam, Brasil, Venezuela, etcétera). A esta línea responde la recién aprobada Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZEDM). Se mantienen las de España, fundamentalmente en el turismo, y algunas en otras áreas, y se descartan las de los cubano-americanos que, por naturaleza y lógica, pudieran ser los más interesados en ellas. Las directamente norteamericanas se rechazan, a pesar de ser las geográficamente más cercanas, y sólo se pretende la obtención de un mercado para comprar y vender y el arribo de turistas, una vez eliminado el embargo.

 

Por otro lado, las inversiones autorizadas a los cubanos residentes en el país se circunscriben a negocios de poca monta, simplemente para sobrevivir, mayoritariamente en el área de los servicios, alejadas de la pequeña y mediana industrias las cuales, al parecer, junto con la denominada gran empresa estatal socialista, continuarán formando parte del ineficiente y fracasado monopolio gubernamental. En el ámbito de esta última, llama la atención que, después de su reordenamiento de acuerdo a los preceptos de la llamada actualización, la dirección de las mismas haya ido trasladándose, paulatinamente, de las manos de tecnócratas a las de altos oficiales retirados del servicio activo en los organismos armados y pasados a la reserva, así como a las de familiares y personas cercanas a los principales dirigentes y a estos mismos altos oficiales.

 

A todos aquéllos que hayan leído sobre las transiciones en los antiguos países socialistas, comenzando por la extinta Unión Soviética, les resultara conocido el proceso. La similitud entre lo que sucedió por allá y lo que acontece por acá no parece ser fortuita, sino bien planificada, con la intención de, en un inevitable proceso de transición, asegurar desde ahora el control de los principales objetivos económicos.

 

Estos extraños procesos, más otros que de seguro se estarán ejecutando bajo cuerda, a espaldas de los ciudadanos, permiten presumir que las actuales autoridades, independientemente de sus discursos públicos, saben que el socialismo es un fracaso y no admite reparaciones, y que es necesario un cambio profundo, para sacar al país del abismo en que se encuentra y colocarlo de verdad en el camino del desarrollo. Sin embargo, como comparten un alto grado de responsabilidad en lo sucedido, carecen de la voluntad política para aceptarla e intentan, con tibias medidas, principalmente económicas y algunas sociales, tratar de ganar tiempo e ir creando las condiciones para que, los que vienen detrás y responden a sus intereses, asuman la tarea y la lleven a feliz término sin perder el control político, al estilo de China y Vietnam.

 

Por suerte, como reza un viejo refrán, el hombre propone y Dios dispone. Lo que está por venir nadie lo sabe con certeza, pero es de suponer que las nuevas fuerzas que ya se encuentran en gestación, se incorporarán a la transición, y ésta se producirá, no como la han planificado las autoridades actuales, acostumbradas a la rígida planificación socialista, con herméticos planes quinquenales y a largo plazo, sino en un proceso de debates y enfrentamientos entre los diferentes componentes de la sociedad, el cual es deseable se desarrolle pacíficamente y en un ambiente de tolerancia, respeto mutuo y responsabilidad cívica, para evitarle males mayores al país.

 

Es necesario continuar prestando atención a los cambios que se están produciendo, por mínimos que sean, así como a su reglamentación y a sus avances y retrocesos. Tal vez ahí podamos encontrar las claves para acercarnos lo más posible a lo que sucederá y cómo se producirá, con el objetivo de no ser sorprendidos por los acontecimientos que, querámoslo o no, involucrarán a todos los cubanos, piensen como piensen y residan donde residan.

 

 

¿Por qué alguien que ha dicho siempre sí,

dice de pronto no?

 

Camus después de Camus

Fernando Mires

14 de noviembre de 2013

 

Casi todos los días se cumple el aniversario de la muerte de algún escritor célebre. Pero a algunos los recordamos más que a otros. No quiero decir que esos escritores hubieran escrito para la posteridad. Por lo demás, quien escribe para la posteridad tiene que estar muy dominado por la idea de la muerte pues la posteridad no existe para nadie que esté vivo. La posteridad es solo una hipótesis. Pero sí hay algunos, y a esos perteneció Albert Camus, a quienes podemos comprender mejor después que han abandonado este mundo. Creo advertir la razón:

 

Camus leyó mejor que muchos en las líneas de su tiempo letras que alcanzaron nitidez solo después de su muerte. Pero las leyó en su tiempo, durante su vida, debatiendo y discutiendo con sus pares e impares. Porque hoy día, ya varios años después de que fueran revelados los millones de crímenes cometidos en la ex Unión Soviética, después de la caída estrepitosa del Muro de Berlín, de que China se convirtiera en la segunda potencia capitalista (otros dicen, la primera) del planeta, de que en Cuba y Corea del Norte “la dictadura del proletariado” se encuentre representada por oprobiosas dinastías, del colapso de los “socialismos militares” del mundo árabe, y de las humillaciones a que somete la pandilla militarista de Maduro y Cabello a todo lo que parezca oposición en Venezuela, en fin, después de todo eso y mucho más que no pudo presenciar Camus, poner en tela de juicio la lógica de la razón revolucionaria dista de ser un despropósito. Al contrario. Más bien cabe preguntarse acerca de la integridad espiritual de quienes todavía la defienden.

 

Estoy hablando, para que no haya equívocos, de la misma desintegración espiritual de quienes defendieron a la dictadura de Franco como un medio para alcanzar “la república integrista cristiana”. O de las atrocidades cometidas por los EE UU en Vietnam en nombre de “el sueño americano”. O de quienes todavía ven en los antropófagos dictadores militares sudamericanos, demiurgos de una “revolución restauradora”. Estoy hablando, si alguien no ha entendido, en contra de esa lógica que lleva a justificar a cualquier medio en nombre de un imaginado fin. De los que desvalorizan la existencia en aras de un objetivo suprahistórico. De los que al perseguir el futuro destruyen el presente. De los que se creen dueños, nadie sabe con qué derecho, de la razón de la historia. De los hombres nuevos y, por cierto, de sus dementes fabricantes.

 

Camus habría dicho: estoy hablando en contra de quienes usurpan el significado de la rebelión en nombre de la revolución. Dos palabras —rebelión y revolución— hasta Camus casi sinónimas y que hoy sabemos gracias entre otros a Camus, son antónimas. Pues si bien una revolución puede comenzar con una rebelión, la revolución, mientras más se prolonga en el tiempo termina por convertirse en la negación de toda rebelión.

 

Para Camus la rebelión es un “no”. La revolución, en cambio, es un “sí”. Negación y afirmación explicada en su célebre “El Hombre Rebelde” “¿Qué es un hombre rebelde?” —preguntaba Camus—. Su respuesta fue concluyente: “Un hombre que dice que no” (p.17).

 

El motivo que lleva al pronunciamiento del no, no es uno solo. Tampoco está inscrito en algún lugar de la historia, como llegó a postular Hegel. Pero sí tiene, para Camus, un sentido ontológico. Uno que va más allá de Hegel para quien el sí y el no son constitutivos de una trinidad dialéctica que es a la vez la unidad del pensamiento (La afirmación, la negación, la negación de la negación).

 

Hegel se preguntaba en su Fenomenología del Espíritu ¿Por qué el esclavo no se libera de su amo? La pregunta de Camus era en cambio otra: ¿Por qué un esclavo que nunca ha intentado liberarse, es decir, por qué alguien que ha dicho siempre sí, dice de pronto no? El no en ese sentido surge de la gota de agua que colma el vaso. Es el punto imprecisable que marca la no soportabilidad de la negación de uno por el ser del otro.

 

Ese no del esclavo rebelde es por eso un sí dicho por el ser a sí mismo. Mas, no es un sí a una sociedad sin esclavos, ni a un nuevo modo de producción, ni siquiera a un “mundo mejor”. Es simplemente un no a quien, hombre de carne y hueso, lo desconoce en su propio ser. Puede surgir de un latigazo de más —o de un pan menos, o de un insulto innombrable— el impulso que lleva al esclavo en un momento determinado a matar al amo. No es en todo caso un acto que surja de la reflexión. Más bien, como lo explicaba Camus, ocurre al revés: la reflexión surge del acto mortal. O dicho así: La negación es la primera condición del pensamiento pues el pensamiento proviene de una fundamentación y no se puede fundamentar lo que todavía no ha sucedido.

 

Antes del acto que surge de la negación no hay nada que fundamentar. “En nuestra prueba cotidiana” —argumentaba Camus— la rebelión desempeña el mismo papel que el “cogito” en el orden del pensamiento; es la primera evidencia. Pero esta evidencia saca al individuo de su soledad. Es un lazo común que funda en todos los hombres el primer valor: Yo me rebelo, luego nosotros somos” (p. 25).

 

Este acto negativo del ser no proviene, por lo tanto, de ninguna moral establecida, de ningún código legal y mucho menos de una filosofía. Se trata simplemente de un ser que desea ser reconocido por otro ser que no lo deja ser.

 

Cuando las multitudes de 1989 desafiando a guardias armados saltaron el muro de Berlín -es un ejemplo- no pensaban en crear un orden histórico superior. Simplemente saltaron el muro obedeciendo al impulso corporal de quienes quieren entrar en el espacio común que por derecho pre-constitucional les pertenece, en este caso la nación común. Esa es la diferencia con la revolución cuyos actos son siempre pre-meditados. Según Camus: “Mientras que la historia, incluso la colectiva, de un movimiento de rebelión es siempre la de un compromiso sin salida en los hechos, de una protesta oscura que no compromete sistemas ni razones, una revolución es una tentativa para modelar el acto sobre una idea, para encuadrar al mundo en un marco teórico. Por eso es que la rebelión mata hombres, en tanto que la revolución destruye a la vez hombres y principios” (p. 101).

 

Eso significa también: mientras una revolución convierte a un sujeto en un objeto, la rebelión convierte al objeto en un sujeto. Razón por la cual, mientras en algunas rebeliones hay muertos, las revoluciones convierten a la muerte en un sistema. En la rebelión la muerte del otro es consecuencia de un acto no pensado. En la revolución en cambio, se trata de homicidios sistemáticos; de asesinatos deliberados.

 

Dicho con Camus: “la mayoría de las revoluciones adquieren su forma y su originalidad en un asesinato. Todas o casi todas han sido homicidas” (p. 150). O más preciso aún: “En la época de la negación podía ser útil interrogarse sobre el problema del suicidio. En la época de las ideologías (y no hay revolución sin ideología revolucionaria, FM) hay que ponerse en reglas con las del asesinato” (p.150).

 

La muerte (o simplemente la negación gramatical) del otro en las revoluciones, sigue un plan sistemático de acuerdo a un fin previamente determinado. Pero ese fin —ahí reside la mendacidad de cada revolución— nunca debe ser alcanzado pues si lo es termina la revolución. La revolución para no morir requiere que el fin requerido sea siempre inalcanzable. Su lógica existencial necesita de un fin que nunca se cumpla. En cierto modo toda revolución es una estafa pública. No así la rebelión. La rebelión termina con la negación del otro. Basta.

 

Toda revolución busca extenderse en el tiempo. Hay algunas en las que sus líderes envejecen o mueren, cambian las generaciones, y la revolución continúa su curso. Los seres humanos son mortales, pero la revolución no lo es, repiten con fervor los revolucionarios. Los revolucionarios persiguen a través de la inmortalidad de la revolución su propia eternidad. ¿O ha conocido usted a un revolucionario que alguna vez haya dicho, ya hicimos la revolución, y ahora a vivir tranquilos, calabaza calabaza cada uno para su casa? No. No: así solo hablan los rebeldes. Jamás los revolucionarios.

 

Toda revolución busca extenderse hacia el infinito de todos los tiempos, no solo del tiempo de los revolucionarios sino, sobre todo del de quienes no lo son, los que deben ser reducidos a un material modelable; plasticina, arcilla, cemento. ¿Y los que no quieren ser convertidos? A ellos les espera el cadalso, la tortura, la muerte. Toda revolución termina asesinando a la rebelión en nombre de la revolución. Los revolucionarios, así lo dijo Camus: “Desprecian la libertad de las personas y sueñan con una extraña libertad de la especie; rechazan la muerte solitaria y llaman inmortalidad a una prodigiosa agonía colectiva” (p.282).

 

En la revolución impera el principio de la muerte. En la rebelión el de la vida. Esa fue la razón por la cual Albert Camus, aunque si bien siempre estuvo a favor de la liberación de Argelia con respecto al colonialismo francés, nunca estuvo a favor de los comunistas argelinos que luchaban por la liberación. Su pregunta inquieta era evidente: ¿Y quién nos va a liberar de los liberadores?

 

La rebelión de Camus comenzaba y terminaba en un no. En un simple, claro y rotundo no.

 

Con el sí comienza toda ideología. Y con la ideología la enajenación del ser con respecto a sí mismo. Razón de más para afirmar que Camus fue la representación real del hombre rebelde. De ahí su permanente actualidad. Porque siempre, desde la infancia hasta la vejez, habrá motivo para rebelarnos en contra de algo o alguien. La rebelión nos hace dignos. No así la revolución. Nunca las revoluciones, a diferencias de las rebeliones, han sabido morir con dignidad.

 

 

Los de enfrente

Camilo Loret de Mola

26 de septiembre de 2013

 

Fuera de Cuba y a lo largo de los años, músicos, escritores y funcionarios afines al castrismo se han reunido con el escritor y político Carlos Alberto Montaner, acusado de ‘terrorista’ por el régimen. ¿Cómo han sido esos encuentros?

 

La propaganda oficial no escatima epítetos para presentar constantemente a Carlos Alberto Montaner como un importante miembro de “la mafia cubana de Miami”, alguien con un pasado violento —terrorista— y un presente dedicado por entero a perjudicar los intereses de los cubanos de la isla.

 

Sin embargo, sorprende que, a pesar de este esfuerzo, muchos de los artistas e intelectuales que residen en Cuba, junto a varios funcionarios oficiales, busquen encuentros con Montaner durante sus viajes al exterior.

 

Algunas de estas reuniones han trascendido públicamente; otras se han manejado con discreción por temor a represalias contra quienes han de regresar a la Isla.

 

Montaner no maneja ningún lobby de influencias gubernamentales, ni se encuentra dedicado a una labor de proselitismo y zapa para promover la deserción de los cubanos que visitan otros países. Prueba de esto es que ninguna de las personalidades que han mantenido encuentros informales con él ha terminado rompiendo sus vínculos con Cuba o cambiando sus posiciones políticas.

 

Son más bien reuniones con un “amable enemigo” para conocer el otro lado del problema cubano, o para contarle y hasta defender con pasión sus puntos de vista.

 

Ningún testimonio es mejor que el de propio Montaner para tratar de identificar la causa de esta preferencia.

 

¿No temes perjudicar, si los mencionas, a los artistas o intelectuales que se han reunido contigo a lo largo de los años?

 

Por el contrario. Los intelectuales y artistas cubanos de la Isla deben terminar con el miedo que trata de infundirles el Gobierno. Por dignidad, deben negarse tajantemente a continuar haciendo informes sobre las conversaciones que mantienen cuando salen al extranjero. Tienen que recuperar el control de sus afectos sin interferencia de los comisarios. La manera de ayudarlos a vencer el miedo es revelando esos contactos, en los que jamás ha habido conspiraciones ni nada ilegal, para que proclamen su derecho a tratar a quien les dé la gana.

 

¿Por qué tienen que ocultar que se han reunido a conversar con una persona que acaso tenga un punto de vista diferente al oficial? El reciente incidente de Robertico Cascassés, la reacción de Silvio Rodríguez y, sobre todo, la de su hija, la actriz Violeta Rodríguez, demuestran, otra vez, que los artistas cubanos, y toda la intelligentsia, están hasta el gorro de que el Gobierno les diga lo que tienen que pensar o decir. Después de más de medio siglo de ignominia es hora de que estos adultos, generalmente bien formados, proclamen su derecho a hablar con quien les plazca y a tener las ideas que libremente escojan.

 

¿Por qué crees que te identifican como un oportuno embajador del lado del exilio?

 

Me imagino que el propósito es que nadie se me acerque. ¿Por qué? Supongo que al núcleo estalinista cercano al poder le molesta lo que escribo o lo temen. Por eso han desatado una sórdida campaña en mi contra dentro de la modalidad llamada “asesinato de la reputación”. He participado en un libro que denuncia esas “medidas activas” del aparato. Se llama El otro paredón. Me acusan de “terrorista”, una estúpida falsedad que desmiente todo el que me conoce. Yo odio la violencia y especialmente el terrorismo, y esa es una de las razones por las que detesto a un gobierno que lleva más de medio siglo dedicado a esos menesteres siniestros.

 

La otra acusación es de “agente de la CIA”, mentira que es, además, imposible, puesto que, desde hace décadas, de acuerdo con la legislación norteamericana, y eso es muy serio en Estados Unidos, ningún periodista que trabaje en medios de difusión en el país, y yo lo hago, entre otros, en The Miami Herald y en CNN, puede tener vínculos con los servicios de inteligencia norteamericanos.

 

El aparato de difamación de la dictadura sabe que miente, y jamás ha presentado la menor prueba en mi contra, porque no existen, pero no le importa. El objetivo es tratar de aislarme profesional y políticamente, algo que, felizmente, nunca han conseguido, pues el nivel de credibilidad de ese régimen es mínimo. Nadie puede tomar en serio los reclamos de inocencia de un gobierno al que hoy, en nuestros días, mientras declara que exporta azúcar, le capturan un envío clandestino de armas, explosivos y aviones nada menos que a Corea del Norte, poniendo en peligro, incluso, al Canal de Panamá.

 

¿Alguno de estos encuentros ha terminado en un enfrentamiento o en una discusión violenta?

 

Nunca. No solo porque no es mi talante, sino porque las personas con las que he conversado, aunque tengamos opiniones diferentes sobre ciertos asuntos, son educadas y, en privado, suelen ser muy críticas de los peores aspectos represivos del Gobierno. Siempre hemos podido expresar nuestros puntos de vista francamente sin abandonar un aspecto clave de las relaciones humanas: la cordialidad cívica. Eso, precisamente, que la dictadura ha tratado de extirpar del comportamiento de los cubanos auspiciando los actos de repudio y los linchamientos físicos y morales. El gobierno de los Castro es el único en la historia del país que ha secuestrado la libertad afectiva de los cubanos prohibiéndoles tratar a los familiares y amigos “desafectos” o exiliados.

 

Todos conocemos tu polémica epistolar con Silvio Rodríguez. Más allá de ese intercambio, ¿te has encontrado con él personalmente?

 

La polémica epistolar fue respetuosa. Eso es bueno. Los cubanos debemos reaprender a discrepar sin insultos. También fue útil. Me consta que en los medios intelectuales cubanos dicho intercambio fue muy provechosamente leído. Hace muchos años Silvio y yo cenamos en Madrid en casa de un matrimonio de escritores cubanos que eran amigos de Silvio. Fue una cena grata, en la que los temas políticos se tocaron muy tangencialmente, pero aquel Silvio que yo conocí estaba más cerca del cantautor contestatario de fines de los años sesenta que del diputado a la ANPP que fue más tarde.

 

Parodiando al propio Silvio, ¿la discusión entre ustedes ha tenido una segunda cita?

 

Así es. Y ojalá haya una tercera. Me han gustado mucho las canciones de su hijo Silvito el Libre, y la carta que acaba de publicar su hija, la actriz Violeta Rodríguez a propósito del incidente con Robertico Carcassés. La muchacha dice una cosa clave que, a mi juicio, representa el sentir de la intelligentsia cubana: los artistas e intelectuales están cansados de la “escuelita”. Es decir, de que unos comisarios les dicten lo que deben pensar y los traten como niños o retardados mentales. Esa es una intolerable humillación.

 

¿En qué condiciones te reuniste con el escritor Lisandro Otero?

 

Lisandro estuvo en mi casa de Madrid junto al novelista canario Juancho Armas Marcelo, un demócrata, buen amigo de ambos. Conversamos durante varias horas y Lisandro se mostró muy crítico de la dictadura. Esto sucedió en medio de la debacle del mundo comunista, cuando parecía que el gobierno cubano sería arrastrado en la misma dirección. Realmente, no hubo discrepacias. A él todo lo que sucedía en la Isla le parecía un horror. Era una persona muy gentil y aguda. Tuvo palabras muy críticas contra Fidel y Armando Hart. Fidel le parecía un monstruo y Hart un idiota. Fue muy halagador cuando habló de Cabrera Infante y Reinaldo Arenas. Luego volví a verlo en México para entregarle un libro y conversamos brevemente. En ese momento su postura ya era más temerosa. Era obvio que el gobierno cubano había pasado su peor momento.

 

¿Es cierto que te has reunido hasta con ministros del gobierno cubano?

 

El único ministro de Castro con el que me he reunido fue José Luis Rodríguez, el titular de Economía y Planificación, y lo hicimos públicamente en un seminario organizado por una universidad en Halifax, Canadá. Fue durante la perestroika, a fines de los ochenta, y el mismo Rodríguez, con cierta gracia, subrayó la paradoja que los dos estuviéramos en el mismo panel, pero yo defendiendo la perestroika de Gorbachov y él atacándola. Yo a favor de esos rusos y él en contra. En ese evento supe que Rodríguez tenía su escritorio lleno de planes reformistas paralizados por Fidel Castro. Debo decir que fue una persona muy correcta.

 

Pero en esa multitudinaria conferencia tuve varias gratas sorpresas. Una noche se me apareció en la habitación Raúl Gómez Treto, un dirigente católico que venía en la delegación oficial cubana. La conversación fue para mí muy útil. También era un duro crítico del gobierno de Fidel. Aparentemente, defendía el socialismo desde el catolicismo, pero el hombre con el que yo conversé despreciaba profundamente no solo el Gobierno, sino también el sistema.

 

No era el único. En la sauna del hotel coincidí con un científico muy agradable de apellido Limonta. No hablamos de política, sino del desarrollo de ciertos fármacos en Cuba. Por el tono de la conversación podía inferirse que no se tomaba en serio las instrucciones de ser ríspido y sectario con el “enemigo”. Yo no era su enemigo. Él tampoco era mi enemigo. Éramos dos cubanos que hablaban civilizadamente.

 

Esa fue también la actitud de quien entonces era diplomático del régimen, Juan Antonio Blanco, y hoy dirige un centro de estudios internacionales en el Miami Dade College. Nos pasamos varias horas conversando distendidamente. Diez años más tarde Juan Antonio desertó y desde entonces hemos mantenido una buena amistad.

 

¿Es cierto que Pablo Milanés se te presentó como un convencido defensor del pensamiento de izquierda?

 

Conocí muy brevemente a Pablo Milanés, cuyas canciones me encantan y, en efecto, creo recordar que me dijo, cortésmente, que él era un revolucionario crítico o algo así. Fue un encuentro corto y amable. Esto no es nuevo. Desde hace muchos años Pablo Milanés ha tenido esa posición de criticar los peores aspectos de la dictadura sin romper del todo con el proceso. Supongo que no olvida que, cuando era muy joven, lo internaron en los campos de la UMAP para “reeducarlo”. Vive entre Cuba y España y sostiene sus criterios sin miedo. Es un revolucionario crítico que ya no acepta excusas absurdas. Me parece una posición muy válida. No es la mía, porque estoy convencido de que el marxismo y el colectivismo son disparates que inevitablemente conducen al empobrecimiento y a los calabozos, pero creo que en una Cuba plural hay espacio para todas las posturas que se defiendan dentro de la ley. La democracia es eso. Milanés me parece una persona mucho más diáfana, transparente y comprometida con la verdad que Silvio Rodríguez.

 

Pedro Luis Ferrer es conocido como alguien muy bueno buscando pretextos para polemizar. ¿Qué tal te fue con él?

 

No recuerdo claramente la conversación con Ferrer, pero me encantan sus canciones irónicas, y, a juzgar por las letras, no creo que hayamos discrepado excesivamente. Disfruté mucho el concierto que dio en Miami. Creo que a los cubanos les gusta esa posición de francotirador musical sin miedo que no hace concesiones.

 

¿Es cierto que en tu juventud conociste al tío de Pedro Luis, el poeta y comunista histórico Raúl Ferrer?

 

Raúl Ferrer era amigo de mi padre y en cierto momento de mi bachillerato me enseñó matemáticas. Nadie debe sorprenderse de que los viejos comunistas del PSP fueran amigos de personas de diferentes ideologías. Hubo épocas en que Nicolás Guillén, Juan Marinello, Blas Roca y el resto de la cúpula del Partido, eran personas amables que no odiaban a los adversarios políticos ni eran odiados por ellos.

 

A mi juicio, fue Fidel Castro el que impuso ese tipo de relación hostil cuando secuestró la afectividad de los cubanos y la puso de manera obligada al servicio de su gobierno. Fue Raúl Ferrer quien, al principio de la revolución, cuando yo era un adolescente, me advirtió, sin odio, quizás con simpatía, que el país iba hacia el comunismo y que yo, como todos los jóvenes, tendría que decidir si me sumaba o me oponía. Yo me opuse, aunque no se lo dije, claro.

 

¿En que se diferenciaron las reuniones con los cantautores Carlos Varela y Polito Ibáñez?

 

Con Carlos Varela me reuní en Madrid en un almuerzo propiciado por Andy Blanco, un amigo común. También fue una relación fluida, grata y pública, porque Varela tampoco tenía miedo, aunque no descartaba que lo vigilaran. Hablamos del sentido crítico de sus estupendas canciones y tuvo palabras de elogio para Willy Chirino, Gloria Estefan y el resto de los buenos artistas exiliados. Me gustaron su actitud abierta y su generosidad.

 

Con Polito Ibáñez la relación ha sido diferente. Yo conocía algunas de sus canciones y me parecían muy buenas, pero no coincidimos hasta un programa reciente de televisión, al que fuimos convocados por María Elvira para comentar el incidente del censor con Robertico Carcassés. En general, me gustó lo que dijo Polito. Me pareció sincero y abierto. Es, como casi todos los artistas cubanos, un espíritu inconforme y reformista. El mundo artístico es el talón de Aquiles de ese régimen desde el conflicto con Orlando Jiménez-Leal a propósito del documental PM. Ahí comenzó un enfrentamiento que no terminará hasta que ese disparate desaparezca.

 

¿Te has visto con otros del régimen?

 

Bueno, no sé si del régimen, pero sí oficialmente vinculados al Gobierno. Entre ellos, por ejemplo, mi viejo amigo Guillermo Rodríguez Rivera, un notable poeta. Guillermo y yo estudiamos en el Instituto del Vedado. Recuerdo que me repasó Sociología para el examen final, una de las asignaturas del quinto año de bachillerato. Siempre fue un tipo ocurrente e inteligente. Él se quedó junto a la revolución y yo me opuse a ella, pero los lazos personales creo que se mantuvieron intactos. Lo vi en Madrid hace unos cuantos años, y luego en Miami, y fue muy agradable. Recuerdo que discutimos sobre el embargo comercial que le mantiene Estados Unidos a Cuba, pero como dos amigos que tienen posiciones encontradas. No me pareció dogmático ni sectario. Defendía sus posiciones cordialmente, como debe ser.

 

Hay otro sector de la sociedad civil que no suele mencionarse, pero que es importante: la jerarquía católica. ¿Has visto a los jerarcas de la Iglesia?

 

Por supuesto. La Iglesia hace muchos años que está intentando desempeñar un rol de puente entre el Gobierno y la oposición. La Iglesia cree en la necesidad de un diálogo constructivo que conduzca a la apertura. No creo que lo haga porque desee el mantenimiento del sistema comunista, sino porque quisiera que el régimen evolucionara pacíficamente hacia la democracia y las libertades. De distintas maneras, con más o menos pasión, eso se lo he oído al Cardenal Ortega, a Carlos Manuel de Céspedes, a Dionisio [García, arzobispo de Santiago de Cuba], al valiente sacerdote José Conrado, incluso a Dagoberto Valdés, un dirigente laico con gran prestigio entre los católicos que ha sido injustamente orillado por el Cardenal. Todos ellos saben que yo soy agnóstico, pero eso no les importa, de la misma manera que a mí todas las creencias religiosas me parecen igualmente respetables, mientras no se impongan por la fuerza.

 

La última carta pastoral de los obispos, aunque pudiera haber sido más enérgica, y acaso debiera haber denunciado los atropellos físicos a las Damas de Blanco y solicitado una investigación imparcial sobre la muerte de Oswaldo Payá y Harold Cepero, pide cambios sustanciales y es importante que la voz de la Iglesia se haga oír. Algunas personas me han dicho que Raúl Castro agradece ese tipo de presión porque lo obliga a bascular hacia los cambios, pero no estoy seguro de que sea cierto. La evidencia apunta a que cada día dan más palos y maltratan más a los demócratas.

 

¿Qué le aportan a Carlos Alberto Montaner estos encuentros?

 

Me aportan varias cosas, que son, precisamente, las que el Gobierno desea ocultar. Me aporta la oportunidad de debatir cómo puede llevarse a cabo la transición hacia un tipo de gobierno similar al de las 25 naciones más prósperas y felices del planeta. Me aporta un modo muy sencillo de probar que la oposición está llena de personas sensatas y moderadas. Me aporta la vía para que los interlocutores visualicen su propio futuro en esa Cuba democrática y diferente.

 

Has sido criticado por algunos sectores del exilio por mantener este tipo de encuentros y conductas. ¿Qué le respondes a estos críticos?

 

Les respondo que me muestren otra manera de procurar la transición. Desde fines de los años ochenta y principios de los noventa, cuando desaparecieron Pinochet, el primer sandinismo y el mundo comunista europeo, prácticamente todas las transiciones a la democracia se han hecho mediante negociaciones y procesos electorales. Los resultados han sido desiguales, pero lo que ha salido de esos cambios ha sido infinitamente mejor que lo que había. Cuba no se merece la ineficaz y cruel dictadura dinástica que ha sufrido por 54 años.

 

Supongamos que mañana un miembro histórico de la cúpula del gobierno de los Castro te propone reunirse, ¿aceptarías?

 

Por supuesto, aunque he abandonado las actividades políticas para dedicar la tercera edad a redactar unos cuantos libros que me apetece escribir “antes que anochezca”, como tituló Arenas sus memorias. Cuando abandoné la presidencia de la Unión Liberal Cubana y la vicepresidencia de la Internacional Liberal, es decir, cuando dejé las actividades políticas, en la ULC eligieron al Dr. Antonio Guedes para que me reemplazara, una persona honorable y muy competente. La lucha sigue. Te digo más: cuando desapareció la URSS y parecía muy improbable que Cuba persistiera en el error, tuve una reunión en Madrid con un viceministro. ¿Lo mandaron a que conversara conmigo? ¿Lo hizo motu proprio? No lo sé, pero él estaba más convencido que yo de que no había forma de sujetar al régimen. Evidentemente, los dos estábamos equivocados.

 

Si esta hipotética reunión debiera realizarse en La Habana, ¿aceptarías viajar a Cuba?

 

Si fuera una reunión libre y sin condiciones lo aceptaría, pero carecería de sentido. En Cuba hay docenas de opositores valiosos con los que el Gobierno debería hablar, si en efecto tuviera una actitud realista y quisiera cambios. ¿Para qué va a conversar con un escritor exiliado si en la Isla hay muchas personas y organizaciones representativas de la oposición democrática? Además, dado el aumento de la represión, por ahora parece obvio que el régimen quiere perpetuarse sin hacer concesiones.

 

La brutal golpiza a la actriz Ana Luisa Rubio es una muestra del contumaz estalinismo del régimen. Otra es el probable asesinato impune de Oswaldo Payá y de su colaborador Harold Cepero. Los cambios que trata de introducir el raulismo no son de carácter político. Raúl solo quiere que su Gobierno se mantenga en el terreno material con las prácticas del capitalismo. Como dicen los españoles, “quiere la misa con sexo, sangre y violencia”. Eso es imposible.

 

 

Dímelo cantando: música y política en Cuba

Nora Gámez Torres

20 de septiembre de 2013

 

La actuación del músico cubano Roberto Carcassés, pianista y líder del proyecto Interactivo, en la conocida Tribuna Antimperialista, durante el reciente concierto dedicado a cinco agentes cubanos presos en EEUU ha sorprendido a muchos. La improvisación de Carcassés ejemplifica uno de esos “raros momentos de electricidad política” en los que “el guión oculto” (hidden transcript) de los grupos subordinados llega a la arena pública y es “hablado” frente al poder (J. Scott, Domination and the Arts of Resistance: Hidden Transcripts, Yale University Press, 1990).

 

Un gesto como ese, transmitido en vivo por la televisión, habría sido impensable hace una década, en circunstancias de mayor hegemonía política del Estado. Sin embargo, la politización de la música popular en Cuba es un fenómeno creciente en los últimos años. En la Isla los medios de comunicación y las instituciones están bajo estricto control estatal y el debate sobre temas como los tratados por el músico, están restringidos “al lugar y al momento oportunos”, siempre por venir. En consecuencia, las artes, y la música popular en particular, han reemplazado a los medios de comunicación tradicionales en la discusión de temas medulares que son silenciados por el discurso oficial.

 

Para explicar este proceso, es útil entender a la música popular no como un “reflejo de la realidad” sino como un medio de comunicación que contribuye a la interpretación y construcción de dicha realidad social. La música popular funciona como un medio de comunicación afectivo y eso le permite traducir problemas sociales e ideas políticas al idioma más accesible de la vida cotidiana.

 

La música popular acompañó a los cubanos en los años difíciles del “periodo especial”, cuando apenas circulaban periódicos y las horas de transmisión televisiva eran escasas.  Canciones como “La política no cabe en la azucarera” o “Guillermo Tell” del trovador Carlos Varela resumían en un código compartido la crisis generacional y económica que estaba enfrentando el país.

 

La tradición de música con contenido político en Cuba no es un fenómeno exclusivo de ese periodo. La Nueva Trova podría definirse como “la banda sonora de la Revolución” (Frank Delgado, entrevista con la autora, 2007). Sin embargo, los trovadores de la llamada Novísima Trova utilizaron esa misma tradición para cantar sobre el desencanto, la incertidumbre que invadió al país luego de la caída del campo socialista y los problemas de la vida cotidiana.

 

Según Frank Delgado, en la década de los 90, los trovadores vinieron a llenar el vacío que dejaron “las instituciones cubanas de discusión”. De este modo “los trovadores se convirtieron poco a poco en los únicos tribunos que podían hablar lo que les daba la gana, porque hay una tremenda doble moral, gente que se paraba en una asamblea del Poder Popular, y aunque quisiera decir millones de cosas no las decía, o si quería decirlas se quedaba callado, o si alguien las decía venía otro que se paraba y le decía que era un contrarrevolucionario…”

 

Y también el reguetón

 

En la última década, músicos de varios géneros, sobre todo aquellos que constituyen la escena de la música alternativa y el pop-rock —Habana Abierta, Interactivo, X Alfonso, David Torrens, Raúl Paz, Nassiry Lugo, entre otros— cuestionaron la política migratoria existente y pusieron a circular en sus canciones una idea de cubanidad basada en una comunidad cultural y emocional que trasciende fronteras y militancias políticas.

 

Esta redefinición de la identidad nacional permite acomodar a la diáspora y romper con un marco binario de interpretación de la emigración, el dilema entre irse o quedarse, el síndrome de “la otra orilla” que reaparece entre los críticos de Carcassés. Esta nueva cubanidad se ha concretado en proyectos musicales como Habana Abierta, Havanization, el Cuba NU Wave Festival o el propio Interactivo, que han agrupado a músicos asentados en Cuba, fuera de la Isla, o que son propiamente sujetos transnacionales.

 

No hay dudas de que el poder de comunicación de la música, la propia práctica de los emigrados y sus familias, así como la presión de muchas otras voces, contribuyeron al cambio reciente de la ley de emigración.

 

Por su parte, el hip hop cubano también ha mostrado un fuerte compromiso con la realidad social del país. Como ningún otro género, el hip hop se ha constituido en un espacio de debate racial y rearticulación del activismo negro en Cuba (S. Fernandes, Cuba represents! Cuban arts, state power, and the making of new revolutionary cultures, Duke University Press, 2006.). El rap ha cuestionado el mito nacional del “mestizaje” como recurso simbólico para borrar el tema racial de la agenda pública. Más recientemente, el hip hop se ha radicalizado y grupos como Los Aldeanos y Escuadrón Patriota sistemáticamente y de modo abierto, han criticado las políticas del Estado y sus líderes.

 

Incluso, géneros supuestamente banales como el reguetón no pueden interpretarse al margen de la política pues permiten “escuchar el cambio” en la Cuba contemporánea (Gámez Torres, “Hearing the change: reggaeton and emergent values in contemporary Cuba”, Latin American Music Review, 33, 2). El reguetón no se sitúa más allá de toda ideología. Al enarbolar con entusiasmo valores como el consumismo, el reguetón desafía una ideología oficial que hace constantes llamados al sacrificio, la resistencia y el ahorro. Así, esta música construye un espacio de resistencia en el cual los deseos y valores de sectores desclasados y de otros grupos sociales, son simbólicamente proyectados y celebrados. El reguetón hace visible la existencia de un sujeto social que poco tiene que ver con el proyecto del Hombre Nuevo o el sujeto revolucionario.

 

Paralelos en el Este

 

Es posible encontrar paralelos entre el caso cubano y las críticas al socialismo en la Unión Soviética y Europa del Este.  De acuerdo con Anna Szemere, en Hungría el rock también creó un espacio social y cultural alternativo que contribuyó a socavar el socialismo, al hacer posible la dramatización de la severa crisis cultural y moral prevaleciente en la sociedad húngara de la época (“The politics of marginality. A rock musical subculture in Socialist Hungary in the early 1980s”, en Rockin´the boat: mass music & mass movements, South End Press, Boston, 1992).

 

En la República Democrática Alemana, rockeros y cantautores se involucraron directamente en la política y realizaron una declaración que demandaba el diálogo público y expresaba preocupación por el éxodo masivo que antecedió la caída del Muro de Berlín (D. Pollack, “Mass pressures, elite responses—roots of democratization: the case of the GDR”, Communist and Post-Communist Studies, 2002).

 

Como en el caso cubano, en estos países se observaba una nueva generación de músicos que eran demasiado jóvenes, muy ambiciosos en términos artísticos o demasiado marginales para ser cooptados por el sistema. Del mismo modo, en los tres países, el propio Estado politizó el campo musical a partir de prácticas como la censura, la música política por encargo o los actos políticos oficiales con participación de músicos populares. Desde el principio, Carcassés estaba haciendo política, pues estaba actuando en un evento oficial, de modo que el argumento de que el músico es “un excelente pianista” y por lo tanto “debería dedicarle más tiempo a las teclas y dejarles los discursos en la tribuna y las cartas en la web a los políticos” no se sostiene.

 

Históricamente, el Estado cubano ha empleado un conjunto de estrategias para contrarrestar los discursos críticos en la música popular —que se encuentran tanto en aquella producida por músicos apoyados por el Estado, por ejemplo Buena Fe, como por aquellos que se denominan “underground”. Ese conjunto va desde la represión abierta a grupos como Porno para Ricardo, la censura, las sanciones, políticas de promoción de “bajo perfil” hasta la asimilación o “apropiación cultural”. Este es un proceso a través del cual “las prácticas culturales…que amenazan con perturbar el status quo…son atendidas y transformadas por intervención directa de las elites con el objetivo de difuminar su poder social transformativo” (Cushman, Notes from the underground. Rock music counterculture in Russia, State University of New York Press, 1995). La creación de agencias estatales de rap y rock serían buenos ejemplos.

 

Lo que está en discusión

 

Como respuesta a la actuación de Roberto Carcassés, el Instituto Cubano de la Música impuso, casi inmediatamente, una sanción que implicaba “la separación del sector por tiempo indefinido” según explicó el propio músico en su página de Facebook. Como ya va siendo habitual en estos casos —estoy pensando en las críticas de Pablo Milanés y el artículo de Roberto Zurbano en The New York Times— a la trasgresión, le siguen respuestas semi-oficiales en blogs y páginas digitales que provienen de músicos, académicos (en dependencia del gremio), periodistas y blogueros. En el caso de Carcassés, las críticas más comunes son variaciones sobre el mismo tema del “lugar y momento apropiados”. Como también es común en estos casos, pocos críticos se refirieron directamente a las ideas expresadas por el músico y el debate se desplazó a la forma (el cómo, el cuándo) y no al contenido (qué dijo, es válido o no), mucho menos al por qué lo dijo.

 

Sin embargo, el punto de inflexión aquí estuvo marcado por el intenso debate y la solidaridad con el músico que rápidamente se generaron en las redes sociales, incluso en la limitada red de la Isla. En pocos días, el grupo puertorriqueño Calle Trece hacía pública en Twitter una carta abierta dirigida al presidente Raúl Castro para pedir la eliminación de la sanción. El trovador Silvio Rodríguez también intervino y fijó una posición intermedia al criticar tanto “la torpeza” de Carcassés como la sanción al músico.

 

La solución discursiva de Silvio Rodríguez permitió darle una salida al asunto. Es probable que él, o cualquier otro mediador cultural, haya intervenido para convencer a las autoridades de revocar la medida y ensayar políticas de asimilación que permitan diluir rápidamente el conflicto. La noticia sobre la sanción había llegado al Washington Post y la  revista Billboard. La intensa actividad en las redes podía provocar una reedición de las discusiones suscitadas en la “guerrita de los emails”, esta vez de más difícil manejo por la instantaneidad de Facebook y Twitter y la imposibilidad de contener localmente el debate.

 

Comentaristas menos sagaces han intentado enmarcar los debates en la red como “escandalillos” en “un país donde pareciera que nadie tiene nada mejor que hacer que meter la cuchareta, y darle relevancia a cosas intrascendentes”.

 

Silvio Rodríguez, las autoridades, Roberto Carcassés y todos los demás involucrados en este debate saben, por supuesto, que el tema no es intrascendente. Lo que está en discusión hoy son los límites entre música y política, los límites de lo que puede ser dicho públicamente, así como la capacidad de los cubanos de todas partes para opinar y actuar en las redes sociales y, eventualmente, más allá de ellas. No hay que olvidar que la “improvisación” de Carcassés implica un reclamo urgente de extender la reforma promulgada por Raúl Castro hacia el terreno político. En ese sentido, la esfera pública cultural construida por y a partir de la música popular puede ser vista, no solo como espacio de ensayo de la política, de búsqueda de soluciones imaginarias a problemas reales, como diría George Lipsitz (Dangerous Crossroads: popular music, postmodernism and the poetics of place, Verso, New York, 1994), sino también como una práctica política en sí misma, como un modo de reconfigurar y encauzar las prácticas individuales y colectivas. En este marco debemos leer la improvisación de Roberto Carcassés.

 

 

¿Cómo será el futuro de Cuba?

Eugenio Yánez

15 de agosto de 2013

 

¿Socialismo próspero y sustentable, capitalismo de estado salvaje, o qué?

 

Tanto hablar del pasado, tan difícil vivir el presente, y cada vez menos claro el futuro más allá de consignas huecas o escándalos de barricada (de ambos lados), resulta válido preguntarnos cómo será el futuro de Cuba dentro de unos cuantos años.

 

La respuesta está en dependencia de la posición política que se asuma para analizar y tratar de comprender el fenómeno cubano. Los extremistas de ambos bandos dirán o que será un futuro más claro y luminoso que nunca, o que será como enterrarse para siempre en un lodazal de destrucción y miseria. Afortunadamente, los extremistas no son la totalidad de la nación cubana, ni siquiera la mayoría, por lo que hay posiciones más sensatas y realistas, que ni subliman todos los futuros posibles ni tampoco ven todo en color negro luctuoso.

 

Algunas preguntas que nos hagamos a nosotros mismos podrían ayudarnos a entender mejor este complejo tema. ¿Cómo podrá ser nuestra Cuba dentro de diez o doce años?

 

Eso dependerá de cómo seamos capaces de vernos a nosotros mismos. De entrada, ¿es correcto decir “nuestra Cuba”, incluyendo a todos los cubanos, vivan donde vivan, o seguirá primando el excluyente criterio de ignorar la condición de cubanos a los que no compartan los puntos de vista del gobierno, hayan decidido vivir en el exterior o mantenerse en Cuba? Además, cualquier respuesta para esta definición de lo que representa ser cubano no debería nunca ignorar, justificar, olvidar o premiar a ejecutores de acciones terroristas y hechos de sangre, vivan donde vivan. ¿O sí?

 

¿Es justo que todo cubano tenga derecho a un sistema de salud eficiente y a una educación que le prepare adecuadamente para la vida, y que esos derechos no puedan ser alienados por discriminación de cualquier tipo? ¿Es justo que los incapacitados y los menos favorecidos por la vida reciban de la sociedad la ayuda que les permita vivir una existencia decorosa aunque aporten mucho menos que el resto? Podríamos estar de acuerdo en que esos criterios deben ser asumidos para la sociedad cubana no solamente hoy ni dentro de diez o doce años, sino permanentemente.

 

Sin embargo, más allá de las declaraciones generales los acuerdos no serían fáciles. Esa salud pública y esa educación eficientes y sin discriminación de ningún tipo, ¿deberían garantizarse gratuitamente a todos los cubanos a partir de los impuestos que se recauden, o sería conveniente que una parte de esos servicios fueran pagados por sus beneficiarios al momento de recibirlos? No importa si a través de seguros de salud, clínicas mutualistas, cupones escolares (“vouchers”) o servicios privados, pero que de alguna manera el beneficiado no solamente pague por ese servicio, sino que sepa que lo está haciendo.

 

Por otra parte, es lugar común decir que queremos una Cuba con todos y para el bien de todos. Todos suscribimos ese criterio fácilmente, pero cuando se profundiza un poco en el tema surgen puntos de vista no solamente diferentes, sino antagónicos.

 

Preguntémonos, por ejemplo, si con todos y para el bien de todos incluye el derecho de los cubanos, aunque vivan en el exterior, a invertir dinero en Cuba y contratar obreros. Naturalmente, mediante contratos laborales libres y transparentes, y que otra empresa no podría actuar entre inversionista y trabajadores, mucho menos recibir el monto de los salarios acordados, quedarse con una parte, y dar el resto a los trabajadores. O, por el contrario, ¿esa empresa intermediaria sería un elemento justo y de balance para controlar la actividad de los inversionistas y lo que ganan los trabajadores?

 

Habría que preguntarse también, entre muchas otras cosas, si con todos y para el bien de todos incluye el derecho de los cubanos a establecer sus propios negocios y utilizar recursos de su propiedad para hacerlos funcionar y lograr beneficios, cumpliendo con las disposiciones legales establecidas para su funcionamiento, sin temor a confiscaciones arbitrarias, disposiciones caprichosas o inspectores y policías expoliadores.

 

Y la más importante de todas las preguntas, aunque habría muchas más: ¿deberían los cubanos elegir directamente a sus gobernantes, o bastaría que los diputados seleccionen a quienes dirijan el país, aunque no hayan sido electos por la población? ¿Debe continuar existiendo en el país un partido único, o existirían varios partidos? ¿Seguiremos pensando, como el gobierno actual, que pluripartidismo equivale a pluriporquería, o entenderemos que no ser del partido gobernante no significa ser traidor o anormal?

 

¿Seguiremos viviendo tranquilamente bajo la norma, maravillosamente expresada por Marlene Azor Hernández en otro análisis en esta misma publicación, de que “El partido ‘dirige’ pero su brazo ejecutor en la vida cotidiana y civil, son los órganos de la seguridad del Estado”, o acabaremos de aceptar que cada cubano tiene el sagrado derecho a profesar las ideas políticas que prefiera, decidir cuál es el programa político que mejor responde a sus expectativas, y elegir a quienes gobernarán por un período determinado?

 

No son todas las preguntas que debemos hacernos ni mucho menos, pero son algunas de las que debemos respondernos adecuadamente cuando pensamos en el futuro de nuestra patria, de nuestra Cuba, la de todos los cubanos, vivan en Carraguao, Hialeah, Pueblo Nuevo, Los Ángeles, Chicharrones o Union City.

 

Y mientras no logremos entendernos en estos temas fundamentales, todo lo demás será superfluo o bobería. Política, con mayúsculas, nunca podrá ser. El futuro de nuestra patria va mucho más allá de croqueticas en la Calle Ocho, desfiles en La Pequeña Habana, mítines de repudio en Marianao, o bailecitos en el “protestódromo” habanero.

 

Porque Cuba, como nación, es mucho más que todo eso. Mucho más que su gobierno y sus opositores, que sus “revolucionarios” y sus exiliados.

 

Cuba es la Patria de todos los cubanos, con todos y para el bien de todos.

 

 

El diálogo constructivo y los peligros de la injusticia

Marlene Azor Hernández

14 de agosto de 2013

 

Los mecanismos represivos contra la ciudadanía son el mayor “tabú” del debate nacional

 

En las elementales tácticas de negociación, se suele utilizar tres tipos de posturas: la persuasión, la cooptación y el alejamiento y/o ruptura. Es valioso colocarse en la postura de ganar-ganar como condición del éxito de la negociación, y estas técnicas facilitan los intercambios y pueden obtener resultados positivos para las partes incluidas. Si alguna de las partes insiste en llevarse todo el resultado positivo, y condenar al otro a la derrota, la negociación es un fracaso al corto y mediano plazo, es decir es condenada a la derrota definitivamente.

 

La postura negociadora de proponer un diálogo constructivo es muy valiosa y facilita la comprensión de los diversos intereses en juego. Sin embargo, puede ser grave como postura si no tiene en cuenta a los excluidos de la negociación.

 

Conozco a muchos intelectuales y activistas cubanos que mantienen esta postura frente al gobierno como la manera más adecuada para lograr respuestas positivas a sus demandas y coincidiría con ellos plenamente si no excluyeran los derechos de los demás y sobre todo si no hicieran silencio frente a los mecanismos represivos contra ellos mismos y contra los demás.

 

El silencio sobre los mecanismos de represión cotidiana del gobierno cubano es verdaderamente alarmante[1]. Los mecanismos de control represivo sólo son denunciados por los “demonizados” por el discurso oficial, y los “demonizados” resulta, que sí son solidarios entre ellos. En las revistas y periódicos que consulto sobre la realidad nacional, y producidas dentro del país, el tema de las formas de violencia del Estado contra sus ciudadanos no aparece, como tampoco el tema de la indefensión ciudadana.

 

Ni los desmanes del sindicato oficial y los funcionarios contra los trabajadores, ni los desmanes de la policía, ni los desmanes de la policía política. Por eso la vulnerabilidad de todos los ciudadanos frente al Estado. Por eso también la existencia y proliferación de los actos de repudio que siguen siendo cotidianos y silenciados, pero también la arbitrariedad de despidos, exclusiones, discriminaciones, mal trato, humillaciones y prepotencia de funcionarios y policías. Los mecanismos para defenderse de todas estas arbitrariedades están tan burocratizados y son tan desgastantes que las víctimas de los atropellos prefieren seguir su vida en otra parte, porque sencillamente no existen ni mecanismos jurídicos ni políticos ni civiles viables para intentar la demanda de justicia. En Cuba, las víctimas de violencias cotidianas de policías secretos o públicos o de los funcionarios no tienen la posibilidad de ser resarcidas en sus derechos o son los casos tan excepcionales que no permiten remitirse a ninguna regla. La dirección política del país no quiere hacer la conexión de todas sus formas de violencia contra la población y las indisciplinas sociales, la pérdida de valores, la precariedad de la vivienda y los salarios miserables.

 

Situación alarmante, repito, cuando los órganos de la seguridad del estado se han hecho tan visibles y casi rectores de la vida cotidiana de la ciudadanía a partir de los años 90s. Están en el despido de algún trabajador porque se les busca implicaciones políticas, están en los tribunales por asuntos de pareja por lo mismo, están cuando un intelectual ligado a las instituciones publica algo en el exterior que no coincide con el discurso oficial, están cuando un delegado municipal, pintor de renombre internacional, menciona la posibilidad de pensar en el pluripartidismo. Están detrás de un permiso para salir a una beca, para lograr un trabajo que dé acceso a la divisa, y están detrás de cualquier puesto de delegado del Poder Popular o persiguiendo alguna pancarta que pide más socialismo y abajo la burocracia. El partido “dirige” pero su brazo ejecutor en la vida cotidiana y civil, son los órganos de la seguridad del Estado.

 

Esta aberración de la vida civil cotidiana no aparece en ningún análisis publicado, en ningún panel de ninguna revista y por supuesto invisible en una presa desinformadora de la realidad cubana, salvo por los intelectuales y activistas disidentes y algún pronunciamiento puntual frente a un hecho, no existen análisis de estos mecanismos múltiples de violencia y de indefensión ciudadana.

 

Hacer silencio sobre las violencias contra otros ciudadanos es quedarse también sin solidaridad cuando somos perseguidos y víctimas de la represión del gobierno. El silencio y la falta de solidaridad con los que son víctimas de las violencias estatales podrían ser por un desconocimiento de los hechos precisos, pero eso no justifica el silencio. La acumulación de las diversas acciones represivas y sus mecanismos de funcionamiento son de conocimiento público, notorio y popular porque no han cesado de producirse a lo largo del último medio siglo en el país.

 

La exigencia al gobierno de una prensa que refleje las realidades del país es un paso importante para luchar contra las violaciones y la impunidad de los funcionarios, de la policía y de los órganos de la seguridad del Estado. Los resultados del reciente Congreso de la UPEC son un golpe demoledor contra la ciudadanía, y no veo análisis ni exigencia de los intelectuales públicos sobre tan inmovilista resultado. Tan masiva y recurrente es la indefensión ciudadana frente al Estado que pareciera una situación que ya está “naturalizada” en el imaginario social.

 

No sólo las Damas de Blanco y los activistas de la UNPACU y todos los demás disidentes han sido los objetivos preferidos de la violencia estatal. La violencia y la represión tienen larga data en la Revolución cubana y sólo los afectados, y cuando pueden, logran narrar los desmanes, y hacer oír su voz.

 

Esta falta de solidaridad ciudadana es una de las razones que ha creado la impunidad de funcionarios y policías contra la ciudadanía. Creo que no se hubiera producido el cierre de la revista Pensamiento Crítico, ni el caso Padilla, ni los parametrados, ni el caso CEA, ni los centenares y miles de violencias cotidianas que se producen por parte de las autoridades si los ciudadanos hubieran sido entre sí solidarios, o en el caso de los intelectuales si hubieran cerrado filas frente a los atropellos que han sufrido y siguen sufriendo los propios colegas. Creo que los execrables actos de repudio hubieran desaparecido de la escena nacional si toda la ciudadanía hubiera cerrado filas solidarias contra esos atropellos.

 

Las solidaridades han sido dignas pero muy pocas y eso habla de una postura de “sálvese quien pueda” de un individualismo insolidario y vergonzoso que no tiene que esperar por el desarrollo de las relaciones de mercado para entronizarse como una postura común y automática. La mentalidad de “sálvese quien pueda” existe hace rato en Cuba y no tiene que ver necesariamente con las carencias y la monetarización de las relaciones sociales y mucho menos con las relaciones de mercado que son ínfimas y están aún secuestradas.

 

Proponer una postura de diálogo constructivo no puede silenciar los mecanismos represivos cotidianos e intactos, no puede eludir el tema, so pena de convocar a un diálogo con importantes y definitivos déficits éticos. Entonces, una postura cívica positiva y loable tiene el peligro de convertirse en su contrario.

 

[1] Sólo conozco estudios sobre los mecanismos de control y represión en Cuba, hechos por intelectuales extranjeros o cubanos de distintas generaciones residentes en el exterior. Además de los valiosos testimonios de los reprimidos.

 

 

Por una unidad concreta.

Insistiendo sobre la transición

Alexis Jardines

14 de agosto de 2013

 

Del panorama castrista

 

A diferencia de etapas anteriores en la historia revolucionaria, ya hoy no se puede obviar el malestar y el desinterés de la gente por el proyecto castrista. La gran ilusión se estrelló contra la realidad y nadie mejor que los dirigentes cubanos para constatarlo, de manera que estos se preparan para el cambio en las condiciones de gobernabilidad, para una sucesión y no propiamente para una transición real a la democracia. Repárese, a modo de ejemplo, en estos nada sutiles pasos de Raúl Castro:

 

Primero, se lleva a cabo la campaña pro Mariela Castro Espín con el propósito de atraer la opinión pública mundial y convertir a la directora del CENESEX en figura mediática, capaz de seducir a las democracias capitalistas; segundo, Mariela es catapultada sin más a la Asamblea Nacional del Poder Popular; tercero, se inicia la costosa restauración del Capitolio Nacional de La Habana como sede del órgano de poder antes mencionado; cuarto, es removido del cargo de Presidente de la Asamblea Nacional el veterano Ricardo Alarcón de Quesada. La conclusión de esta suerte de silogismo es obvia: Raúl ha puesto los ojos en su propia hija para dirigir el Parlamento cubano.

 

La misma lógica, aplicada retroactivamente, nos convence que nunca se pensó en el gris anciano de Machado Ventura para un cargo que lo excedía con creces como el de Vicepresidente de la nación. “Machadito” solo le hizo un favor a su entrañable amigo Raúl, a saber: ocupar el lugar hasta que Miguel Díaz-Canel Bermúdez estuviese preparado. Semejante movimiento estratégico incluía, entre otros tantos detalles, el lavado de la desacreditada imagen de dirigente partidista y su sustitución por el venerable, inocuo e ilustrado puesto de Ministro de Educación Superior. Con estas dos fichas (Mariela y Díaz-Canel) posicionadas en tales cargos, Alejandro Castro Espín ―probablemente, el hombre más poderoso de la Cuba actual― tendría grandes posibilidades de concretar sus aspiraciones políticas, aun en el caso de encontrar resistencia en el cuerpo de generales. Por este camino, el más probable de los escenarios, Cuba no iría hacia una democracia, sino hacia una dinastía nepotista. Entre lo que más le preocupa en estos momentos a Raúl Castro, a juzgar por sus intervenciones públicas, está el necesario cambio de mentalidad ―a lo Gorbachóv― que demandan sus virtuales reformas. Sin ese cambio, al parecer, sus herederos no podrían gobernar ni tampoco la Cuba revolucionaria tendría posibilidades de transformarse en el socialismo empresarial con el que sueña el actual presidente y donde sus familiares y allegados se convertirían en los “legítimos” dueños de los monopolios estatales ya en condiciones de hibridación postcomunista. Es claro que en Cuba, a diferencia de la antigua URSS, no habrá un Yeltsin, antes bien tendremos una réplica de la dinámica de poder Putin-Medvéiev, encarnada en la dupla criolla Mariela-Alejandro. Díaz-Canel podrá llegar a ser presidente, pero su tiempo de mandato ya está planificado. No obstante, como no todo se puede controlar, queda abierta la posibilidad de un pacto tras bambalinas con el enemigo por parte de algunos altos dirigentes y/o Generales que, entre otras cosas, no admitan subordinarse al benjamín.

 

¿Para qué se hace necesario un cambio de mentalidad a lo raulista? «…Para erradicar conceptos erróneos entre la población y los cuadros o dirigentes», ha dicho el propio Raúl. Ahora bien, para nosotros el problema surge porque los conceptos que se pretenden erradicar son, justamente, los que pudieran apostar por un proceso realmente renovador. Se trata de una operación de enmascaramiento dentro del panorama general que vengo llamando desde un inicio “maniobras”, en lugar de “reformas”. El sector inmovilista (los burócratas) según algunos ideólogos del raulismo, funciona como una nueva oposición, aunque con intereses contrarios a la disidencia política. Rafael Hernández es algo más explícito: «Se trata de burócratas que resisten la política de cambios sin enfrentárseles, pero manteniendo cortapisas y huelgas de brazos caídos, defienden sus espacios amenazados». Esteban Morales también se ha pronunciado en contra de aquellos que atentan contra las reformas, calificándolos de contrarrevolucionarios y opositores. En el sector inmovilista, según interpretación de Carlos Alzugaray, «…pueden militar burócratas junto a nuevos ricos corruptos que se beneficiaron de la incapacidad de control del anterior modelo centralizador […] También los que no están de acuerdo por razones ideológicas, que están en la sociedad civil».

 

De modo que en el saco de la burocracia y del sector inmovilista en general descubrimos a la parte de la sociedad cubana que justamente exige transformaciones a nivel de fundamento, reformas estructurales en lo económico y en lo político. Es sorprendente notar cómo se atreven a caracterizar de inmovilista al único sector dinámico de la sociedad: no se trata de burócratas, sino de gente emprendedora, de activistas y opositores políticos que arriesgan sus vidas por cambios reales.

 

En este contexto de enmascaramiento hay que entender el novísimo concepto de oposición leal (al régimen, se entiende) enarbolado no solo por los ideólogos del raulismo, sino por los grupos de apoyo como CAFE y Espacio Laical. Arturo López-Levy se pronuncia por una oposición semejante, cuyo rasgo característico sería no solo la lealtad, sino el estar dentro del sistema. Rafael Hernández, por su parte, considera que esta oposición ya existe. Sin embargo, ni la inventada oposición leal, ni la retórica antinorteamericana, patriotera y nacionalista de Espacio Laical, López-Levy, Chaguaceda et. al., tienen la más mínima posibilidad de prender en un pueblo que no le interesa la soberanía del [jefe de] Estado en una época transnacional, mucho menos el socialismo en cualquiera de sus variantes, sino el sagrado concepto de libertades individuales, único capaz de hacer culto a la dignidad plena del hombre real y concreto.

 

Del panorama opositor

 

Guillermo Fariñas ha sorprendido con unas extravagantes declaraciones en el exterior según las cuales dos facciones pugnarían por el poder dentro del generalato cubano. La primera encabezada por el General de cuerpo de ejército Álvaro López Miera; la segunda, por el General de división Antonio Enrique Lussón. Supuestamente, los seguidores de Lussón tendrían las manos manchadas de sangre, según el dato descalificador de Coco Fariñas. Es difícil dar crédito a semejante escenario, aunque sea por el solo hecho que corre parejamente la leyenda acerca de las FAR como la inmaculada institución que ha permanecido ajena a los hechos sangrientos, de los cuales se culpa exclusivamente al MININT. Por otra parte, hay que decir que la sangre está igualmente repartida entre las manos de todos los altos mandos del Ejército y del Ministerio del Interior. Sin órdenes que provengan de la cúpula no hay ejecuciones de ningún tipo. Y esa cúpula militar está compuesta, ante todo, por los Generales de Cuerpo de Ejército y los más sobresalientes Generales de División, entre los cuales ―dicho sea de paso― no está el octogenario Antonio Enrique Lussón Battle. No siendo Lussón de los pesos pesados del generalato cubano, no parece creíble que pueda encabezar una facción capaz de hacerle oposición a Álvaro López Miera.

 

Fariñas también ha declarado ―al recoger el Premio Sájarov― y refiriéndose ya a la oposición, lo siguiente:

 

«Nosotros somos el cambio».

 

Esta afirmación proviene de la convicción de la oposición interna de representar «el poder de un pueblo que no se resigna a vivir sin libertad». Pero la realidad es bien distinta de los anhelos del emblemático disidente. En la Isla sigue latente un vacío entre el cubano de a pie y la oposición. Tampoco logra conectar esta última con el importante sector profesional, particularmente con el gremio de los académicos e intelectuales. La carencia de ideas es crónica entre los opositores y el bajo nivel cultural parece ser predominante en su membresía, lo cual la hace prescindible ante un sector tan necesario para la transición hacia la democracia. Los intelectuales cubanos no por ser oficialistas están con el régimen y, al propio tiempo, no creen que la oposición interna les pueda dar lecciones en ningún sentido.

 

La misma situación podría extenderse a círculos más amplios. El verdadero factor de cambio en Cuba ―o, si se prefiere, el verdadero potencial pro transición― no está en la oposición, sino en la floreciente clase media y en el todavía incipiente entramado de la sociedad civil. Hay que reconocer que la clase media cubana, a la que han escalado recientemente parte de los llamados cuentapropistas, no ha conectado con la oposición no solo por temor a la represión, sino porque no lo ha creído necesario para entender la realidad política del país, tampoco para trazarse una estrategia de supervivencia. Desde esta perspectiva, se siente intelectualmente superior y políticamente más enfocada que los “defensores de los derechos humanos”. Esta realidad podría modificarse a medida que se vaya acercando el inevitable fin del régimen, pero la tendencia sería en todo caso a cambiar el sistema desde dentro, no solo con la pretensión de conservar el estatus sino también de palear las consecuencias que acarrearía tan dilatado compromiso con la dictadura. Así, pues, sin tejido social y una masa crítica verdaderamente influyente, no se adelantará un paso por la vía de la transición. Es justamente la clase media la que inclinará la balanza a favor del gobierno o de la oposición. Así, pues, quien atraiga su atención sacará la mejor parte de esta puja política.

 

Una de las grandes carencias de la actividad opositora en Cuba, se sabe, es la unidad. Sin embargo, se ha tratado este asunto de una manera ingenua, casi escolar. Es una obviedad pedirle unidad a uno o varios grupos que luchan por un interés común y la sola unidad, se puede estar seguro, no resolverá el problema. De hecho puede empeorarlo, toda vez que una oposición unida resulta más vulnerable a los mecanismos de control y represión. La unidad de objetivo es necesaria a los efectos de un programa de gobierno y para la gobernabilidad misma. Pero no debe confundirse con las fusiones, que suelen ser peligrosas cuando no hay las garantías democráticas mínimas. En condiciones de totalitarismo, la oposición debe antes bien diversificarse hasta el punto de resultar incontrolable. Así, pues, el problema es más bien hegeliano: ante una unidad monolítica y la falta de objetivo lo que se necesita es la unidad en la diversidad, es decir, una unidad concreta. Es a través de la diversidad de proyectos opositores que se puede llegar a la unidad de acción y no a la inversa.

 

El otro problema grave es el del liderazgo. A todos se nos hace claro que no necesitamos caudillos, pero queremos verdaderos líderes. En mi opinión, la idea de trabajar en equipo parece ser la más recomendable en estos casos. Un equipo de trabajo es siempre un terreno fértil del que pudiera brotar un líder, pero nunca un caudillo (que se alimenta de las carencias de la “masa”, generalmente un conglomerado amorfo intelectual y materialmente ruinoso). En cualquier caso, ante la alternativa caudillo/líder, me inclino por un equipo de trabajo verdaderamente competente.

 

Del panorama exiliado

 

El mayor reto de la oposición en la actualidad es, paradójicamente, arreglárselas con una eventual flexibilización de las medidas raulistas. A la pregunta de si la oposición puede, o no, capitalizar los viajes al extranjero que permiten las reformas de las leyes migratorias cubanas hay que contestar afirmativamente. Y no solo puede, sino que tiene que hacerlo. Pero todo ello no es suficiente, la jugada de Raúl al permitir la libertad de movimiento en el país ha puesto la pelota del otro lado de la cancha. ¿Está realmente preparada la oposición interna para asumir cambios de tal magnitud? Es obvio que la lucha ya no es ni será de barricada y que los días épicos de la resistencia interna han quedado atrás. Necesitamos una oposición capaz de tomar las riendas del Estado y liderar el país. ¿Tenemos ese capital humano? ¿Contamos con una estructura de gobernabilidad, un programa, un entramado político y jurídico capaz de llenar el vacío que eventualmente dejaría la nomenklatura unipartidista o necesitamos, a pesar de todo, que el propio Raúl fertilice el terreno de la transición con el empresariado socialista? ¿Puede la oposición en el poder controlar el narcotráfico, las fronteras, la corrupción? Por último, aunque no menos importante: ¿hay dinero para enfrentar las campañas de los castristas y comunistas en unas eventuales elecciones libres y en una futura revitalización de la economía del país? El futuro de Cuba a mediano plazo ―tanto desde la perspectiva del actual gobierno como de la oposición― está, en muy buena medida, en manos de su exilio. En eso el cubano de a pie no se equivoca. En el imaginario del cubano la solución de todos los problemas vendrá de Miami (como genéricamente caracteriza a la diáspora).

 

Y este es, a mi modo de ver, el punto de inflexión de la actividad opositora, a saber: cómo se imbrican en lo adelante el exilio y la oposición interna de tal modo que el cambio de mentalidad signifique, ante todo, el fin de la lógica binaria de lo interno y lo externo, de las figuras del “cubano de adentro” y del “cubano de afuera”, para lo cual no es suficiente con reconocer, en un plano discursivo (como también lo hacen los castristas) que no hay diferencias entre nosotros; que somos iguales, etc. Es algo más: somos un solo e indivisible cubano y ese único cubano debe exigir su derecho a ejercer el voto y a influir en el presente y el futuro político de su país no importa en qué lugar del planeta se encuentre o resida. En el propio exilio se oye hablar de los cubanos de la Isla y de los cubanos de Miami, como si el cubano ―aun viviendo en Alaska― no fuera de Cuba. Se trata, para la oposición y el propio exilio, no solo de un problema político, sino conceptual. Antonio Rodiles ha promovido la idea de una sociedad civil transnacional. No decimos que la patria es de todos, lo cual es una declaración de jure; decimos que todos, juntos, hacemos la nación cubana, lo cual es ya una declaración de facto. Las condiciones están dadas. El exilio y la diáspora toda deben entrar al ruedo a discutir los problemas del país; deben exigir su participación no solo por una cuestión de derecho, sino porque su dinero cuenta y porque tienen dentro de la Isla la fuerza moral que una oposición y una disidencia pálidas, pero persistentes, «les ganaron de pie».

 

Así, pues, el problema de la oposición interna es hoy el problema de la transición a la democracia, pero de una transición que solo es posible si involucra a todos los cubanos (es decir, al cubano a secas, viva donde viva). Y en este sentido es bueno ir deshaciendo un prejuicio que viene dominando las mentes de los cubanos anticastristas de todas las épocas: la anhelada unidad de la oposición es una pobre estrategia, quien debe unirse ―en torno a un objetivo común y no ya fundiéndose al estilo corporativo― es el exilio en tanto la oposición se diversifica porque, al fin y al cabo, quien protagonizará los cambios será la clase media de la Isla, mientras exilio y oposición ―articulados transnacionalmente― deben pujar por capitalizar ese sector y porque su representatividad, en unas eventuales elecciones libres, sea reconocida. De vital importancia es, por consiguiente, que los opositores se preocupen por conectar los sectores críticos y contestatarios de los profesionales (científicos, médicos, profesores universitarios, intelectuales, artistas) con el cubano de a pie y con la propia disidencia. Este será el escenario más probable en términos de expansión de la sociedad civil y del correlativo constreñimiento del Estado totalitario. Estemos, pues, alertas para no confundir sucesión con transición; aprendamos a vernos a nosotros mismos como cubanos a secas y exijamos los plenos derechos políticos más allá del “dentro” y del “fuera”; admitamos que para la transición es tan necesario el capital humano disperso por las instituciones del Estado como el dinero, las habilidades y el conocimiento de aquellos que han tenido que crecer lejos ―aunque no fuera― de su patria.

 

 

La Cuba sin dictaduras

Un siglo después:

“Entre cubanos” de Fernando Ortiz

Armando Valdés-Zamora

11 de agosto de 2013

 

Francia celebra por estos días un siglo de existencia de A la recherche du temps perdu de Marcel Proust. Se dedican estudios, conferencias, y homenajes a la aparición de la primera novela de la serie; Du côté de chez Swann, publicada finalmente por Grasset en 1913, tras la célebre indiferencia con que la habían ignorado Gallimard y un tal André Gide.

 

Tratando de ver lo publicado en Cuba en la misma fecha mientras leo a Fernando Ortiz, me doy cuenta que Entre cubanos. Psicología social, su cuarto libro, fue publicado en ese mismo 1913. Cada país, infiero, tiene en su momento los libros que merece, ¿no?

 

Ya el 1813 había sido un año importante para la historiografía cubana, Antonio José Valdés publicó su Historia de la isla de Cuba, en especial de La Habana, obra prevista para tener cuatro tomos pero que quedó inconclusa, como indica Bachiller y Morales en sus Apuntes para la historia de las letras y de la instrucción pública en la isla de Cuba.

 

(Bueno, una nación que espere los años 13 para festejar sus libros emblemáticos, me digo, no debe ser nada afortunada, la pobre).

 

Pero otro detalle además del año 13 emparentan al Marcel francés con el criollo Don Fernando: ambos libros se publicaron en París. Sí, el libro de Ortiz, una sincera perorata contra los desvíos de nuestro inmaduro espíritu nacional, se publicó en español en Francia, y no en La Habana ni en Madrid.

 

Un curioso colmo: ¡para regañar a sus compatriotas el célebre etnólogo tuve que recurrir a una editorial francesa!

 

Me llama la atención que casi siempre se ignora ese detalle en los recuentos. La razón se aclara cuando uno se entera que en esa época los españoles consideraban impuro al castellano de ultramar. Incluso la académica argentina Anna Gargatagli en un artículo titulado “Escenas de la traducción en la Argentina”, se refiere a una voluntad (por parte de la industria editorial española) de “desnacionalizar” a los países de América Latina para, añade, trasladarlos a un mundo imaginario llamado “el universo de la lengua”. En el mejor de los casos los españoles, publicaban, a regañadientes, textos con la prosa pasada por las aguas inquisitoriales (e industriales) de la Academia de Castilla, como criticaron en su momento Miguel de Unamuno, Antonio Machado y otros intelectuales.

 

Entre cubanos, artículos escritos entre 1907 y 1910 y publicados en la prensa cubana, fue editado por Ollendorf en París. Julio Le Riverand en su prólogo a la edición cubana de 1987, sintetiza así el tema principal del libro: “Entre cubanos constituye un intento de descubrir cuáles eran los obstáculos a la ‘modernización’ de Cuba”.

 

Si nos guiamos por el subtítulo de Psicología tropical, nos damos cuenta que se trata de una búsqueda y descripción de la manera de pensar y actuar de los cubanos y sus relaciones con las culturas occidentales más avanzadas que se citan como modelo.

 

En una carta abierta a Unamuno, después de solidarizarse con el descontento del filósofo español por la miseria que este condena en los espíritus de la época, Ortiz describe lo predominante, según él, en el carácter de los cubanos:

 

[Los cubanos] Nos creemos ungidos por el Gran Espíritu (…) Pero van corriendo nuestros días y permanecemos a ras de tierra, sin que se fijen en nosotros los que pasan y saben dónde van, tras de su estrella. Y entonces comenzamos por envidiar el compañero, como si no hubiese lugar para todos en la cruzada de las ideas, y tratamos de herirlo a mansalva para que el laurel que él pueda ganarse en la lucha no lo reste de nuestra corona la veleidosa Fama (…) La pereza intelectual nos abotarga; desdeñamos a los maestros sin estudiarlos siquiera (…)

 

Ortiz critica un “no saber adónde ir” que caracteriza lo que él califica como “la irresponsabilidad del pueblo cubano”. Esta falta de objetivo se remplaza por “la ley del menor esfuerzo” que a su vez se disminuye por el choteo (“vanidad nacional”, “desgracia criolla” o “la más implacable de las armas”) cualquier empresa ajena: “Toda nuestra psicología presente, por lo menos en sus aristas más agudas, puede condensarse en una máxima que está de continuo en boca de todos y que nos complacemos en repetir hasta la saciedad, quizás, porque comprendemos la amarga verdad que la filosofía popular encierra en ella: Entre cubanos no andamos con bobería”, escribe.

 

Más que la propia risa que desacraliza la autoridad, inquieta a Ortiz la jerarquía otorgada en la escala social a quienes alcanzan sus objetivos por la viveza de sus actos y no por sus méritos, por la picaresca de sus acciones y no por la cultura:

 

Ni importa, pues, en Cuba ser o no mentalmente civilizado; es preciso únicamente ser listo. En otros países, cuando se quiere apartar a un individuo de una senda distanciada de la que sigue la mayoría, se le dice: no seas ignorante; aquí le decimos: no seas bobo, porque la cultura no interviene absolutamente en el éxito de los triunfadores (…)

 

Tiene que haber sufrido mucho nuestro joven Don Fernando en nuestra isla, me digo. Una buena parte de sus pesadumbres se originan en la rigidez de su formación académica que toma como paradigma las culturas y pueblos que él llama “robustos”. El hecho de partir de esta referencia y analizar el comportamiento social de los cubanos a escasos años de vida republicana, lleva a Ortiz a criticar severamente el provincianismo cultural de su pueblo que hace que no se conozca a Cuba en el mundo: “Y es que en Europa no se sabe ni quiénes somos, y casi ni en qué parte del mundo estamos situados”, escribe. Lo que él denomina “la ley psicológica del menor esfuerzo” también conspira contra el conocimiento de nosotros mismos como base para poder divulgar nuestra cultura en el mundo. Uno de los ejemplos que entonces cita: el desconocimiento de la religión y las costumbres afrocubanas (sólo quedaban 13000 africanos en Cuba en 1889) que, ya sabemos, será la base de la mayoría de sus reflexiones posteriores sobre la cultura nacional.

 

Se aprecia sin embargo en este catálogo de calamidades espirituales tres aspectos que caracterizarán su discurso cívico: las críticas a la influencia dominante de las políticas norteamericanas, la necesidad de una implicación política de los ciudadanos y de una multiplicidad de partidos en la vida pública, y un tono, al final, de un nebuloso optimismo situado en un tiempo por venir: “El futuro edificio de la grandeza cubana”, que hay que construir, anota al reseñar y criticar uno de los libros más nihilistas de la historiografía cubana, Cuba y su evolución colonial de Figueras publicado en 1907.

 

En este año 1913 en el cual ocurrieron acontecimientos trascendentales en la historia y la cultura cubanas (la elección  del presidente Menocal, la aparición de la revista Cuba contemporánea y del primer largometraje cubano de ficción Manuel García o el rey de los campos de Cuba de Enrique Díaz Quesada, entre otros hechos), el joven Ortiz esta sólo en los inicios de sus grandes teorías sobre la identidad cubana, pero ya pone el dedo en las llagas que limitan la prosperidad de una república que apenas comenzaba.

 

Un siglo después los franceses celebran la belleza y los hallazgos de la escritura de Proust (el más universal de todos: la memoria involuntaria como ejercicio de alcanzar por imágenes la infinitud del tiempo) como homenaje a la grandeza de su cultura. No creo que, de nuestro lado, muchos aspectos de las reflexiones de Entre cubanos sobre nuestra forma de pensar hayan perdido actualidad. Aceptarlo con más honestidad que resignación, sería una prueba de madurez para la Cuba sin dictaduras que nos espera en algún sitio del futuro.

 

 

El lastre político

de la dictadura después de la dictadura

Miriam Celaya

9 de agosto de 2013

 

Días atrás tuve la oportunidad de leer un artículo inteligente y divertido de la autoría de Eugenio Yáñez, en el cual, basado en las edades de los más altos representantes del gobierno, el autor cuestiona la “juventud” proclamada por Castro II en su reciente discurso por el aniversario 60 del asalto al Moncada. Casi al cierre del mencionado artículo, Yáñez lanza una sentencia acertada en referencia a la gerontocracia verde olivo que todavía detenta el poder en Cuba: “Mejor que en vez de intentar deformar la realidad dejaran paso a las nuevas generaciones, que lo harán mejor, porque es imposible hacerlo peor”.

 

La formulación del caso, tan sencilla como certera, lleva mi memoria a un debate entre varios amigos en el cual participé hace un par de años, donde el centro de la discusión era el tema de quién o quiénes eran los actores políticos alternativos entre los que podría considerarse a alguien presidenciable para una Cuba en transición. En aquella ocasión hubo análisis interesantísimos en torno a figuras y programas de la oposición de las más disímiles orientaciones y posiciones, incluyendo todo el espectro disidente desde finales de los años 80’ del pasado siglo hasta hoy. Las opiniones de los polemistas, por supuesto, también eran también variadas y por momentos apasionadas.

 

No voy a caer en la ingenua tentación de reproducir aquí versión alguna de aquella reunión ni los puntos de vista de cada interlocutor, que en definitiva no se trataba de decidir en un simple diálogo entre amigos la transición cubana. Tampoco existen en Cuba las condiciones mínimas indispensables de libertad y democracia, ni la madurez política, ni el suficiente civismo, incluso entre las filas disidentes, como para tolerar opiniones críticas o valoraciones diferentes a las propias. De hecho, casi cada figura porta dentro de sí el virus del mesianismo o cree desayunar cada mañana el huevo de la verdad absoluta, y solo los más honestos, los mejores, son capaces de reconocer el mal en sus entrañas y de mantenerlo debidamente aprisionado para no dejarlo expandirse y dominarlos. Incluso el público suele interpretar como intentos divisionistas las críticas a cualquier líder o programa. Muchas veces la gente parece necesitar más de los ídolos que de las libertades.

 

Pero, regresando al tema, el caso es que en aquella singular e inolvidable reunión en la que participaron varias personas inteligentes y agudas, el criterio que más debates levantó fue el de un contertulio que cerró el círculo asegurando: “Cualquiera que resulte democráticamente electo y propicie las libertades cívicas con el ejercicio de todos los derechos humanos me sirve como presidente, puesto que así existirán las garantías de poder criticarlo, de manifestarnos contra su gestión, de exigirle, de obligarlo a escuchar demandas y en un período razonable de unos pocos años podrá ser removido del cargo en nuevas elecciones si no cumple con las expectativas de los electores”.

 

Confieso que en aquel entonces no comulgué al ciento por ciento con su propuesta, aunque entendí que algo de razón llevaba. Quizás me inspiraba desconfianza imaginar lo que sería el desempeño de ciertos personajes turbios ungidos de poder legítimo al frente de los destinos de la nación en medio del torbellino de una transición que sin dudas será difícil. Todavía esa perspectiva me aterra.

 

Sin embargo, el artículo de Yáñez me ha hecho reflexionar nuevamente sobre la realidad cubana y regresar a aquella memorable tertulia en que, como tantas otras veces, un grupo de amigos discutíamos sobre los hipotéticos futuros de una Cuba democrática. Tenía razón aquel amigo, y también la tiene Yáñez: el castrismo lo ha hecho tan concienzudamente mal que ya nadie podría hacerlo peor. Ni siquiera lo peor entre los peores reyezuelos ocultos que tenemos en todos los sectores de la sociedad cubana. Pero elegir “lo malo” para no tener lo peor tampoco me resulta una buena razón política.

 

Definitivamente, ante una elección democrática yo no votaría por cualquiera. No obstante, ante la tozudez de los eternos mozalbetes octogenarios del Moncada aferrados al poder, no puedo menos que reconocer que cualquier otra opción sería preferible, al menos para la mayoría. Hasta tal punto la dictadura se ha convertido en referente de lo que no debe ser un gobierno que ha sellado de forma maligna buena parte del destino de los cubanos, aun cuando ya se haya ido. Y así, paradójicamente, todavía podría jugar algún papel político, en caso de convertirse en la responsable indirecta de una elección desacertada en el futuro de transición que nos espera.

 

 

Antúnez: “Payá fue asesinado. Temo por mi vida”

Jesús Hernández

8 de agosto de 2013

 

El reputado disidente cubano conversó sobre la difícil situación de la oposición en Cuba y lamentó la actitud pasiva de la prensa extranjera

 

Horas después de llegar a Miami, el ex preso político cubano líder de la oposición en Cuba, Jorge Luis García Pérez “Antúnez” declaró a DIARIO LAS AMÉRICAS que teme por su vida cuando regrese a Cuba y que no hay duda que Oswaldo Payá y Harold Cepero fueron asesinados.

 

Luego de escuchar a Ángel Carromero decir que las muertes de Oswaldo Payá y Harold Cepero no fueron accidentales, sino perpetradas por agentes del régimen político cubano, ¿teme Antúnez por su vida cuando regrese a Cuba?

 

“Siempre imaginé cómo cometen los abusos y los atropellos”, manifestó el connotado disidente durante una visita a la redacción de DIARIO LAS AMÉRICAS.

 

Yo sufrí golpes, vi como lanzaron a hombres por las escaleras en la prisión. Si he visto matar a hermanos y a mi esposa la dejaron inválida una vez, ¿cómo no voy a creer que esos asesinos le hayan tirado un carro encima a Oswaldo Payá Sardiñas? No queda duda que Oswaldo fue asesinado”, recalcó visiblemente emocionado.

 

Regresaremos a Cuba en octubre”, adelantó el expreso político acompañado de la esposa, Yris Tamara Pérez Aguilera. “No quiero morir pero sé que mi vida estará en peligro cuando regrese. A mí nadie me obligó a pensar así y estoy dispuesto a pagar el precio”, resaltó.

 

Aumento de las protestas

 

Asimismo, el líder opositor aseguró que las protestas populares aumentan. Que no son masivas como en otros países porque “Cuba es diferente”.

 

Hay mucha represión y faltan las vías de comunicación. Por eso nuestro poder de convocatoria no se ve con más fuerza. Son manifestaciones que surgen para protestar contra una injusticia o pidiendo la libertad de un preso político”, añadió.

 

Estas protestas están dando frutos. Antes eran rápidamente reprimidas por grupos manipulados pero ahora apenas algunos nos gritan improperios. Otros nos apoyan cuando nos avisan que la policía está cerca. Eso es un logro importante porque estamos ganando simpatía y el régimen está perdiendo capacidad represiva”, detalló.

 

Hace apenas unos días, recordábamos la protesta masiva “El Maleconazo”, que sucedió el 4 de agosto de 1994. Entonces, Cuba vivía el llamado “Período Especial” y el hambre prácticamente reinaba en el país ¿Están las condiciones creadas para una manifestación similar?

 

Las condiciones están creadas para que una manifestación popular estalle”, contestó.

 

Cuando ‘El Maleconazo’ sucedió la razón fue también política, además del viso de la necesidad. Pero ahora el pueblo tiene más información, más cultura cívica y democrática. Veo cara nuevas y eso significa que crecemos. Todos estamos trabajando para llegar a capitalizar el descontento y ojalá que ocurra de la manera más pacífica posible”, comentó.

 

¿Qué espera de las fuerzas armadas ante una manifestación popular?

 

Creemos que las fuerzas armadas se pondrán al lado del pueblo. Habrá algún general o coronel que trate de reprimir, también habrá represión de la policía técnica, pero el soldado como tal estará al lado del pueblo”, aseguró.

 

Prensa extranjera

 

El líder opositor cubano se lamentó de la posición pasiva de una buena parte de la prensa extranjera acreditada en Cuba. “Es insensible o cómplice de la dictadura. La prensa extranjera prácticamente se dedica a cubrir los actos políticos del régimen y sólo salen de La Habana cuando las circunstancias son extremas”, expuso.

 

Si la prensa extranjera apenas se ocupa de los disidentes, sea por miedo a perder el permiso de operaciones o complicidad con el gobierno, ¿cómo hacen para llevar la voz de la disidencia al exterior?

 

Nosotros no renunciamos a la prensa extranjera acreditada en Cuba, son ellos los que renuncian a nosotros. Mientras tanto apelamos a las organizaciones del exilio y otros medios. Incluso los blogueros dentro de la isla, como Yoani Sánchez, nos ayudan mucho”, afirmó.

 

¿Embargo? ¿Sí o no?

 

¿Facilita o dificulta la llegada a la democracia?

 

El embargo es un problema entre el gobierno de Estados Unidos y la dictadura de Cuba. Si quitar el embargo ayudara al pueblo, estaríamos de acuerdo. Pero creo que si cometen el error garrafal de eliminarlo, le darían al régimen la ayuda de créditos para obtener recursos y mantenerse en el poder. Estoy de acuerdo con la política del embargo y creo incluso que debería recrudecerse”, aclaró.

 

¿Reformas?

 

Vengo a denunciar los crímenes y los atropellos de la dictadura. Que el régimen no ha cambiado y que la represión aumenta. Hay arrestos arbitrarios y abusos lascivos contra nuestras mujeres, como Damaris Moya Portieles, presidenta de la Coalición Central Opositora, que fue abusada sexualmente en la celda de la unidad policial en Santa Clara”.

 

Raúl Castro habla de reformas. Ciertas modificaciones que ofrecen un uso mayor de internet, el acceso a teléfonos móviles e incluso la salida de los cubanos, incluyendo los disidentes. Sin embargo, la censura y la represión continúan. ¿Cuál es la razón de esas pequeñas modificaciones?

 

No hay reforma solo ciertas medidas que no es otra cosa que una estrategia del régimen para manipular la opinión pública internacional y mantenerse en el poder”, aseguró.

 

Que permitan salir a un opositor tiene un objetivo: hacer creer que no hay represión”, declaró.

 

Yo pude venir a Estados Unidos no porque el régimen haya flexibilizado su estilo, sino porque hemos ganado un importante espacio gracias a la presión de las fuerzas democráticas dentro y fuera de Cuba”.

 

¿Teme que ese tipo de medidas conduzca a otras y Cuba se convierta en una segunda China con sistema seudocapitalista pero sin democracia?

 

Hay sectores del gobierno actual que piensan en esa opción pero la resistencia cubana tiene el compromiso de realizar una verdadera transformación en Cuba”, aseveró.

 

No aceptaremos un cambio al estilo de China o Vietnam, el cambio va a ser a lo cubano y estamos convencidos de eso”, subrayó.

 

 

Un mensaje para la historia

Huber Matos

29 de julio de 2013

 

Los cubanos eran patriotas y revolucionarios antes de que llegara Fidel Castro

 

Aun con los problemas que había que superar, la Cuba anterior a 1959 era muy superior a la Cuba de hoy. Era más independiente, libre, igualitaria, justa y próspera. Había fe y esperanza en el futuro. Los cubanos jóvenes no arriesgaban su vida para huir de su país. Afirmar lo que era cierto no es pretender volver a la Cuba de ayer, eso es una imposibilidad histórica.

 

Ni tampoco los cubanos nos hemos sacrificado por más de cincuenta años luchando contra el castrismo comunista para restaurar el capitalismo en nuestro país. Aunque ahora nos quieran hacer creer que el castro-capitalismo (reformas sin libertad) es el rumbo prudente y sabio a seguir. El capitalismo no es la solución de los problemas sociales de un pueblo. El capitalismo es una forma de crear riqueza, no de distribuirla o de hacerlo con equidad. Ni es el camino hacia la libertad y la democracia. No lo ha sido para China, Rusia o Vietnam, tampoco lo será para Cuba. El capitalismo sin una constitución democrática daría oxigeno a la dictadura castrista como ha sucedido en otros lugares.

 

Nuestras metas siguen siendo las mismas de los revolucionarios demócratas de la Cuba de ayer, mucho antes de que apareciera en escena Fidel Castro. Antes de Castro nuestra generación continuó con el compromiso de las que nos precedieron: alcanzar justicia social para el pueblo y dar fin a la corrupción y el atropello. Ellos -como nosotros después- luchamos por lograr la libertad y construir una democracia verdadera, sin castas ni grupos marginados. Ellos -como nosotros después- luchamos por una democracia pluripartidista donde se respetaran los derechos humanos, la propiedad y la empresa privada. Una nación sin corruptos ni explotadores.

 

La versión castrista de Cuba

 

Mucha gente, embaucada por la propaganda y por su propia ceguera, ha creído por demasiado tiempo la versión de que cuando Fidel Castro llegó al poder en 1959 Cuba era un desastre. Un lugar donde el analfabetismo, la prostitución, el abuso a los trabajadores y la corrupción eran males endémicos y sin solución, sobre los que no se había hecho nada efectivo. Un país donde mandaba la mafia y el gobierno estadounidense. Cuba no era así. Fidel Castro no enseñó a los cubanos a ser patriotas, ni a ser valientes, ni justos, ni a defender la independencia de nuestra nación de cualquier intromisión extranjera.

 

Antes de 1959 ya Cuba era Cuba

 

Antes que Cuba se independizara de España ya tenía una población emprendedora y orgullosa de su cubanía. Nuestra nacionalidad se forjó en las universidades, en las ciudades y en el campo. Con la música de sus artistas y el canto de sus poetas; en las luchas por la independencia y contra las injusticias sociales y la discriminación racial.

 

El padre de la patria cubana, Carlos Manuel de Céspedes, liberó a sus esclavos y los invitó a sumarse a la guerra por la independencia contra España desde el primer día, el 10 de octubre de 1868. Dos meses después, el 27 de diciembre de 1868, Ignacio Agramonte y Loynaz, miembro de una familia acaudalada de Camagüey, abogado, Comandante de las Fuerza Revolucionarias y delegado a la Asamblea de Guáimaro, redactó la primera ley cubana contra la esclavitud, que fue aprobada.

 

Durante el siglo XIX los cubanos combatieron en tres guerras contra el colonialismo peninsular. En la última (1895–1898), España, en su afán de mantener a la isla bajo control a cualquier costo, envió un ejército de 200,000 soldados. En esta contienda una tercera parte de la población campesina de la Isla murió, y la economía cubana quedó desbastada.

 

En toda esa larga epopeya que se peleó a caballo y luchando contra un ejército superiormente armado, el pueblo aprendió a admirar con devoción a sus héroes. El 26 de octubre de 1868 en Pinos de Baire cuarenta mambises se lanzaron por primera vez a la carga al machete contra más de 200 soldados españoles. José Martí, el escritor, poeta y arquitecto de la independencia, murió en combate; también el más bravo de sus jefes militares, el General Antonio Maceo.

 

La intervención de los Estados Unidos en esa última guerra logró la rápida derrota de España, pero una serie de injustas condiciones impuestas por el gobierno de Washington a la constitución de Cuba creó una profunda molestia en una población nacionalista e inteligente. Desde esa independencia lastimada en 1902, cada generación tomó como suya alcanzar la patria soñada por José Martí. Una nación con todos y para el bien de todos.

 

La enmienda Platt fue derogada en 1934 debido a las protestas de los cubanos por la intromisión de los Estados Unidos en los asuntos de Cuba. En las negociaciones que condujeron a la derogacion se acordó, entre otros aspectos, la permanencia de la base naval de Guantánamo.

 

Cuba era Cuba antes de que Fidel Castro naciera, y los cubanos sabían lo que querían y lo que había que rechazar y cambiar en su sociedad.

 

Por lazos históricos, el comercio y la geografía, la influencia de los Estados Unidos estuvo presente en la vida política de la isla. Pero Cuba no era una colonia de los Estados Unidos. Ni la prostitución era una institución de supervivencia para miles de hombres y mujeres como lo es hoy en la Cuba castrista.

 

Cuando los cubanos empezaron a huir como exiliados a Miami en 1959 no llegaron con complejos de inferioridad. En la Cuba de antes de 1959 ya habían construido un país y habían demostrado que podían competir con los estadounidenses y superarlos.

 

La Constitución social-demócrata de 1940 fue una muestra del compromiso moral y social martiano que vivía intensamente en el corazón de los cubanos.

 

De 1902 a 1959 Cuba avanzó económica y socialmente hasta convertirse en uno de los países más prósperos de Latinoamérica. Problemas por superar había, esperanza, organización y energía también.

 

La leyenda castrista

 

Fue el golpe de estado de Fulgencio Batista, el 10 de marzo de 1952, lo que impidió que se celebraran las elecciones de junio de ese mismo año, en la que el Partido “Ortodoxo” de tendencia social demócrata seguramente habría triunfado por el amplio apoyo popular con el que contaba.

 

Un año después, el 26 de julio de 1953 un grupo de cubanos opuestos a la dictadura de Fulgencio Batista trató de tomar el Cuartel Moncada en la ciudad de Santiago de Cuba. Fue una improvisada y desastrosa escaramuza militar. Su jefe, Fidel Castro, como luego demostraría con frecuencia en la Sierra Maestra, actuó ese día con suficiente prudencia y huyó a tiempo mientras sus compañeros arriesgaron la vida con temeridad.

 

Castro fue descubierto en su escondite y detenido. No fue torturado y asesinado con crueldad por los esbirros batistianos como muchos de sus compañeros de asalto. En un juicio en el que tuvo todas las garantías, Fidel Castro expuso su programa de cambios dentro de la democracia. Su discurso fue ampliamente difundido al pueblo por los medios de prensa.

 

A Fidel Castro se le condenó a 15 años de prisión. Gracias a una amnistía del dictador Fulgencio Batista solo cumplió 22 meses en la cárcel, y con un trato preferencial. Quien era un desconocido en el país y un fracasado aspirante a algún puesto de dirigente en el partido Ortodoxo se convirtió de la noche a la mañana en un personaje en Cuba. Ya en libertad, Castro viajó a los Estados Unidos y luego a México, país en el que organizó un grupo de 85 hombres con los que salió en un yate hacia Cuba.

 

Los expedicionarios no desembarcan en el lugar ni en la fecha apropiada. Para apoyarlos el día 30 de noviembre se produjo un levantamiento en la ciudad de Santiago de Cuba al mando de un aguerrido joven de la ciudad, Frank País, pero Fidel y sus compañeros llegaron a un lugar remoto de la costa sur de la provincia de Oriente. Solo un pequeño grupo que logró mantenerse unido se internó en la Sierra Maestra, donde comenzó la lucha en las montañas y las ciudades de Cuba.


Durante la lucha guerrillera en más de una oportunidad su testarudez y arrogancia casi cambian el rumbo de la guerra a favor de la dictadura; creía saberlo todo, y con frecuencia daba órdenes absurdas, insultaba a sus subordinados, y se mantenía a distancia de los combates. Quienes luchábamos a su lado conocíamos esos defectos porque eran evidentes, pero jamás imaginábamos que Fidel aspirara a una dictadura de por vida.  

Los sucesos del Moncada, la posterior expedición que partió desde México, y la guerra de guerrillas en las montañas estuvieron marcados por el mismo patrón: audacia, desorden, improvisación, suerte, y buena publicidad. En todos estos casos un grupo de cubanos generalmente jóvenes, sacrificados, valientes e idealistas, se lanzaron sin temor al combate contra la dictadura.  

La campaña publicitaria a su favor, potenciada por Herbert Mathew en el New York Times y por la revista Bohemia en Cuba, elevó su figura a niveles épicos.  Así nació el mito de un individuo con indiscutibles dotes de actor, una oratoria combativa, un astuto oportunismo, absoluta crueldad para tratar a quien creía le hacía sombra y una persuasiva capacidad de manipulación. 

La traición a la revolución y al pueblo


El 1 de enero de 1959 los revolucionarios llegamos al poder. Fidel Castro, el Movimiento 26 de Julio y el Ejército Rebelde tenían el compromiso público con el pueblo cubano de iniciar una época de transformaciones respetando la libertad y la democracia.  Una revolución como la que José Figueres había hecho en Costa Rica.  Fidel Castro tenía otros planes, quería mantenerse en el poder de por vida y en un sistema democrático no habría podido lograrlo.


En un régimen democrático sus defectos habrían sido expuestos y criticados. Habría tenido que rendir cuentas del manejo de la economía del país, del resultado de sus decisiones equivocadas, y corregirlas o su popularidad habría empezado a desaparecer. 

 

Fue entonces cuando Cuba cayó en el abismo. Cuando Fidel Castro traicionó los postulados de la revolución democrática.  Cuando quiso dirigir la república como se manda a un campamento.  Peligro del que José Martí había advertido al jefe insurrecto Máximo Gómez el 20 de octubre de 1884, expresándole: “Un pueblo no se funda, General, como se manda un campamento”.  

 

En su afán de establecer una dictadura comunista en Cuba sobre la que pudiera gobernar hasta su muerte, Fidel Castro provocó a los estadounidenses. No quería un arreglo inteligente con el principal socio comercial de Cuba, quería un rompimiento total para poder justificar su giro hacia el comunismo. También atacó y confiscó a los propios empresarios cubanos que habían financiado su guerra en las montañas y a los campesinos que fueron sus más leales colaboradores. Castro destruyó la pujante economía cubana que había heredado intacta cuando llegó al poder en 1959.  Las repuestas de los Estados Unidos siempre fueron parciales, débiles y mal organizadas. Esto fortaleció y consolidó su poder en Cuba.


La dictadura castrista durante más de medio siglo se ha mantenido a base del terror totalitario que copió de la KGB soviética. Con el mismo arrojo de los antepasados mambises los cubanos demócratas se lanzaron a luchar contra el totalitarismo castro comunista.  Miles fueron fusilados, miles pasaron una buen parte de su vida en prisión. En toda la historia de las luchas contra las dictaduras y por la democracia en Latinoamérica, no ha habido un solo pueblo que haya pagado tan alto el precio de su afán libertario. Hasta el día de hoy los crímenes y los abusos no han cesado.


Durante toda su permanencia en el poder el castrismo ha sido un régimen económicamente improductivo.  Todos los supuestos y aplaudidos logros de la revolución en medicina, salud, deporte y otros, fueron pagados con recursos enviados a Cuba por la URSS.  Quienes en el mundo aplaudieron esos logros se dejaron engañar y ayudaron a engañar a otros.


El régimen ha evitado el colapso económico total por las subvenciones extraordinarias que le dio la URSS durante tres décadas y por la de Venezuela hasta el día de hoy.  La Unión Europea ha facilitado también su supervivencia. Cuba le debe $31.681 millones al Club de París, que no puede pagarle porque el país ni produce ni exporta.

El embargo de los Estados Unidos se ha podido mantener por la insistente presión de los políticos cubanoamericanos en el Congreso; esta medida nunca pudo ser efectiva por las subvenciones mencionadas y porque Europa la neutralizó, vendiendo y supliendo al castrismo todo tipo de equipo, mercadería y materia prima que ha querido comprar.  A pesar de todo esto, el embargo se ha convertido en la pieza de negociación que puede obligar a los herederos del castrismo a una transición democrática en Cuba.


La lucha continúa


Hoy el castrismo enfrenta a una población desconfiada, agotada y frustrada. Una deuda externa que es la mayor de Latinoamérica, una infraestructura obsoleta y semidestruida.  El pueblo cubano quiere un cambio real, un cambio hacia la libertad y la democracia, un cambio de gobierno, y un cambio de retórica.


Los cubanos lo lograrán, porque en la lucha por la libertad no conocen claudicaciones ni temen el sacrificio. No tememos a los estadounidenses, tenemos suficiente capacidad y dignidad para sostener una relación respetuosa con los Estados Unidos. No tenemos que acusarlos de enemigos para justificar nuestras carencias y una demagogia populista que rechazamos.


Esperamos que los miembros de las Fuerzas Armadas cubanas sepan que su enemigo no es el pueblo sino la cúpula desacreditada y corrupta que lo explota. Que cuando llegue el momento unan su voluntad a la de los cubanos y ayuden a rescatar a la nación de esta demasiado larga y oscura noche totalitaria. Que no faciliten el escape de Raúl Castro y los responsables de esta tragedia, para que sean ellos y nadie más, quienes tengan que enfrentarse a los tribunales de una Cuba democrática.

¡Patria, Pueblo y Libertad, el pueblo de Cuba resiste y vencerá!

Comandante Huber Matos B.

 

 

Apuntes para la transición

A. G. Rodiles y A. Jardines

29 de julio de 2013

 

- La reconstrucción democrática solo será posible si se involucra al mayor número de cubanos.

 

- La oposición debe articularse y proyectarse dentro y fuera de la Isla con un peso cívico y político.

 

- Debemos mostrar que somos una opción de gobernabilidad, capaz de generar un entramado político y jurídico que llene cualquier vacío.

 

El panorama político de la Isla se ha dinamizado en los últimos tiempos. En la arena internacional el hecho de mayor impacto ha sido sin dudas la muerte de Hugo Chávez y su sucesión materializada en Nicolás Maduro, un hombre con muy pocas herramientas políticas, que a pesar de muchos pronósticos ha logrado, por ahora, mantener cierto equilibrio. Sin embargo, la difícil situación económica por la que atraviesa Cuba y el incierto escenario chavista, hacen que el totalitarismo cubano evite apostar todas sus cartas a Venezuela.

 

Para la elite en el poder, el tiempo, como parte de la ecuación política, se convierte en la variable más importante. El relanzamiento de su posición en la arena internacional pasa a ser parte de sus prioridades. Mostrar un nuevo momento en las relaciones con Europa y Estados Unidos se vuelve vital en la búsqueda de nuevos socios económicos y políticos que le brinden estabilidad y legitimidad.

 

En el interior de la Isla, las transformaciones en el sector económico no generan una nueva impronta dado los años de estatismo acumulado, la descapitalización y la precaria situación de múltiples sectores. Un proceso de verdaderas reformas implicaría acciones más profundas que dinamicen una realidad que ya se anuncia como desastre social, reconocido incluso por Raúl Castro en su última intervención. Pero el miedo a perder el control se convierte en obsesión y principal obstáculo.

 

La posibilidad de viajar de algunos opositores representa en este sentido el paso más audaz que ha dado la elite en el poder, una clara apuesta a mejorar su imagen en el exterior y sacudirse el estigma de la falta de libertad de movimiento. Es muy probable que esta movida esté manejada bajo el presupuesto de que algunos tragos amargos no serán más que eso, que la realidad seguirá metida en su habitual camisa de fuerza, porque los opositores no pasaremos del nivel mediático y al regresar a Cuba, el control absoluto de la Seguridad del Estado y la falta de articulación social, mantendrán todo en su lugar.

 

Ante este escenario se hacen necesarias algunas preguntas: ¿Está la sociedad cubana en condiciones de pujar por mayores espacios de libertad e independencia? ¿Puede la oposición capitalizar políticamente sus viajes? Entiéndase por capitalizar nuestra capacidad de articularnos y proyectarnos dentro y fuera de la Isla como fuerzas prodemocráticas con un peso cívico o político en cada caso. Proyección que nos permita también terminar con el nefasto juego de gato y ratón con el que la Seguridad del Estado, como brazo del sistema, nos ha mantenido ineficientemente ocupados. Se vuelve entonces imprescindible madurar como oposición y sociedad civil, lograr expandir las grietas de un sistema agotado que sostiene el control y el ejercicio de la violencia de Estado como elementos de contención social.

 

La experiencia de múltiples transiciones muestra la importancia de comprender el momento del cambio como un paso dentro del proceso de reconstrucción nacional, visto como un punto de inflexión no discontinuo. En un escenario extremo como el que enfrentamos, una transición exitosa implicará necesariamente la activa participación de capital humano preparado, con un fuerte compromiso social y una clara visión de la nación que desea construir.

 

Sin un tejido social que represente cuando menos un microcosmos del meso y macrocosmos que visualizamos, será muy difícil edificar una democracia funcional. Los ejemplos fallidos son abundantes y resulta irresponsable omitirlos. La conocida “primavera árabe”, devenida “invierno”, es el caso más reciente que muestra que la instauración de un sistema político necesita un proceso de maduración y articulación de su sociedad civil. Imaginar el cambio y la reconstrucción de un país roto, fragmentado, no solo en el aspecto físico sino también en su dinámica social e individual, resulta ejercicio primordial si pretendemos la construcción de una democracia que contenga los ingredientes de toda nación moderna.

 

Como oposición debemos romper con paradigmas que impliquen regresión y copia de lo que se ha vivido, en el que símbolos gloriosos, épicos y personalismos juegan un papel significativo. Un imaginario que cifra demasiadas esperanzas en una “chispa” expansiva y que suele aplazar un trabajo efectivo con vistas al mediano y largo plazo.

 

Sería saludable igualmente reajustar una idea que ha dominado nuestras mentes durante más de medio siglo postrepublicano: la anhelada unidad de la oposición como única vía de presión efectiva para promover el cambio. Consideramos que el protagonismo principal de la transición debe recaer sobre la sociedad civil, mientras la oposición, como actor político, con un discurso y una acción coherente, debe pujar porque su representatividad tenga el alcance y la penetración necesaria.  

 

El viejo Hegel llevaba razón al afirmar que “todo lo que un día fue revolucionario se vuelve conservador”. Las palabras pierden su sentido original y se resemantizan al cambiar el contexto que las alimentó y sostuvo, tan es así que la propia lógica de las revoluciones se vuelve en su contra.

 

El acto verdaderamente revolucionario es un gesto brusco, un momento de ruptura que trastoca el orden establecido. Las revoluciones todas, incluyendo las científicas, están diseñadas para transformar,  socavar las bases del modelo o paradigma anterior y, de esa manera, echarlo abajo.

 

Entonces, lo novedoso en nuestros días es entender esa posible brusquedad como un instante dentro de un proceso, que debe estar permeado de los ingredientes que conforman las sociedades modernas, el conocimiento, la información, el pensamiento, el arte, la tecnología. La revolución es un momento de la evolución, pero no a la inversa.

 

En la segunda década del presente siglo no podemos pensar en ningún proceso social sin tomar en cuenta el carácter transnacional de los mismos. En nuestro caso sería imposible analizar un tránsito a la democracia y un proceso de reconstrucción sin involucrar a la diáspora y al exilio con sus actores políticos. Si bien ellos no están anclados en la cotidianeidad de la Isla, son elementos vivos de la nación y como tal gravitan en ella. En eso el cubano de a pie no se equivoca. En el imaginario del cubano una parte importante de la solución de nuestros problemas está en Miami (como genéricamente se define a la diáspora). La visión moderna de las sociedades contemporáneas debe llegar y, en nuestro caso, componerse en gran medida a través de una constante retroalimentación entre la Isla y su diáspora. La oposición y el exilio deben ser, justamente, la bisagra que haga posible tal articulación.

 

Y este es, a nuestro modo de ver, el otro elemento que terminaría encuadrando el escenario cubano: cómo se imbrica en lo adelante la oposición con una sociedad civil transnacional de tal modo que la lógica binaria de lo interno y lo externo, de las figuras del “cubano de adentro” y del “cubano de afuera” llegue a su fin, para lo cual no es suficiente con reconocer, en un plano discursivo (como también lo hace el régimen) que no hay diferencias entre nosotros, que somos iguales, etc. Es algo más: somos un solo e indivisible cubano y ese único cubano debe tener su derecho a ejercer el voto y a influir en el presente y el futuro político de su país no importa en qué lugar del planeta se encuentre o resida. Se trata, para la oposición y el propio exilio, no solo de un problema político, sino conceptual.

 

Como actores políticos debemos mostrar que somos una opción de gobernabilidad, exponer el capital humano del que disponemos, la capacidad que poseemos de generar un entramado político y jurídico capaz de llenar el posible vacío que dejaría la nomenclatura unipartidista; demostrar que podríamos garantizar la seguridad no solo para el país sino para toda la región y por último, aunque no menos importante, la capacidad para rebasar las campañas de los castristas en eventuales elecciones libres.

 

Este sería, quizás, el escenario más deseable en términos de expansión de la sociedad civil transnacional y del correlativo constreñimiento del Estado totalitario. Estemos, pues, alertas para no confundir sucesión con transición; aprendamos a vernos y sentirnos como cubanos a secas y exijamos nuestros plenos derechos civiles y políticos, económicos, sociales y culturales como aparecen reflejados en ambos pactos de la ONU. Admitamos que para la transición es tan necesario el capital humano disperso por las instituciones del Estado como las habilidades, el conocimiento y capital financiero de aquellos que han tenido que crecer lejos ―aunque no fuera― de su patria.

 

El problema de la nación cubana es hoy el problema de la transición y la reconstrucción democrática, proceso que será posible solo si se involucra al mayor número de cubanos, vivan donde vivan. No decimos que la patria es de todos, lo cual es una declaración de jure; decimos que todos, juntos, hacemos la nación cubana, lo cual es ya una declaración de facto.

¿Por qué la disidencia

no es un referente para el cubano de a pie?

Iván García

24 de julio de 2013

 

Mis vecinos piensan exactamente igual que muchos opositores. Están tan molestos con el gobierno de los hermanos Castro como cualquier disidente. No son pocas las noches que debo escuchar quejas y críticas subidas de tono hacia el régimen del General Raúl Castro.

 

Las causas de los disgustos son disímiles. Desde lo costoso de llevar comida a la mesa, salarios bajos, una absurda doble moneda, hasta precios por las nubes de productos básicos y corrupción en todos los niveles.

 

Por menos que eso, en Brasil la gente se tiró a la calle a protestar. En Cuba, la válvula de escape de las personas es la sala de su casa. No se cansan de murmurar y lamentar su mala suerte.

 

Cuando a trabajadores se les pregunta por qué no se sindicalizan de forma independiente o junto a las amas de casa salen a la calle a sonar cacerolas y quejarse así por la carestía de la vida, ponen caras de tontos y la respuesta invariablemente suele ser, “no soy un héroe” o “si otros lo hacen, yo me sumaría”.

 

“¿Por qué no se asocian a un grupo opositor?”, pregunto. Ninguno confiesa tener miedo, prefieren decir que no desean poner en riesgo a su familia. Otros alegan que no confían en la disidencia. O que a ellos ningún opositor se les ha acercado con una propuesta.

 

Ése es un punto interesante. Es raro que en un barrio de La Habana -menciono la capital por ser donde resido- no viva un disidente. La mayoría de los opositores sufren las mismas carencias que los ciudadanos comunes. Incluso más, pues por lo general son acosados por los servicios especiales.

 

Mi apreciación es que la oposición no ha sabido aprovechar el evidente descontento popular para sumar adeptos. Viven enclaustrados en su propio mundo. El de las charlas, reuniones y debates entre ellos mismos y ahora, viajes al extranjero. Sus proyectos no son conocidos dentro de Cuba. El cubano de a pie ni siquiera se entera de qué va la disidencia.

 

Mientras, la gente sigue disgustada por el ineficiente servicio del transporte público. A diario se queja de la mala calidad del pan. Ve como los contenedores se desbordan de basura sin que pasen los camiones a recogerla. Y cada noche observa cómo las calles de su municipio se convierten en ríos, por los salideros de agua.

 

No creo que los periodistas oficiales defensores a ultranza del régimen, desconozcan que sus vecinos están irritados por el retroceso cualitativo de la educación pública. O la poca profesionalidad de muchos médicos.

 

Ocho de cada diez personas con las que hablo en la calle no apoya al régimen de Castro. La oposición nunca ha sabido capitalizar ese enojo. Está más preocupada en dar a conocer sus propuestas fuera de las fronteras de la isla.

 

Debido al acoso, los agentes secretos infiltrados y su misión de dividir, la Seguridad del Estado les dificulta su labor. Los medios del régimen nunca le han dado espacio a la disidencia para que den a conocer sus puntos de vista. Y no lo harán. Por tanto, ese espacio hay que ganárselo a pulso.

 

La labor de un partido opositor es captar miembros. Creo que no es demasiado difícil encontrar en calles y parques, en las colas y paradas de ómnibus, a hombres y mujeres dispuestos a escucharlos. La disidencia debiera hacer trabajo comunitario, enfocarse más en los problemas de su barrio, de sus vecinos, aliados naturales.

 

Cierto que alistar a gente escéptica con la política no es tarea fácil. Los políticos no están de moda. Y muchos indignados ven también a la oposición como una ‘banda de vividores y oportunistas’.

 

Es el mensaje que el gobierno lleva años enviando. Desmontarlo no es simple. Y el comportamiento de ciertos disidentes tampoco ayuda. Algunos se enrolan en la oposición para ganarse el estatus de refugiado político y marcharse a Estados Unidos.

 

Existe una disidencia golondrina. Y no falta quienes combaten con sus ideas al régimen y son narcisistas de libro. Los proyectos políticos son válidos si parten de grupos, no de personas.

 

En determinados disidentes se nota una tendencia preocupante: los proyectos de los otros no cuentan. O sí. Para descalificarlos. Usan las mismas armas que el gobierno: conmigo todo, fuera de mí, nada.

 

Las calumnias y descalificaciones entre ellos son frecuentes. Cuando alguien no comparte sus opiniones, lo primero que sueltan es “fulano es agente de la seguridad”. Sin aportar pruebas.

 

Es la manera más rápida de etiquetar a un adversario de criterios. Por esa vía no se sacará nada en limpio. Es el régimen quien gana puntos teniendo todo el tiempo a los disidentes peleando entre sí.

 

La oposición se asemeja a una pasarela de vanidades. Y siento decirlo. Pero cada vez que acudo a un evento o converso con algunos opositores, me dejan un mal sabor de boca.

 

Si hasta el momento no han sido un referente válido entre los cubanos de a pie, en parte, es culpa suya. Por encima de egos y protagonismos está el futuro de Cuba. Se debiera cambiar de táctica. La autocracia criolla, mientras tanto, hace lo suyo. Y traza sus estrategias intentando colonizar a la disidencia.

 

Mis vecinos quieren un cambio de gobierno y de sistema. Han crecido en un manicomio ideológico que no es capaz de producir un vaso de leche para el desayuno o elaborar con calidad un par de zapatos. No confían en los hermanos Castro.

 

Tampoco en los disidentes. La oposición cubana ha hecho muy poco para ganárselos.

 

 

La enfermedad de los cubanos

 La babaza cubana

Francisco Castro

23 de julio de 2013

 

De eso ya nos habíamos enterado, cuando el año pasado, ocurrió la explosión en un estación de gasolina en Santiago de Cuba. Esa fue, quizás, una de las demostraciones más dolorosas de la babaza cubana: aquellas personas chapoteando encima de la gasolina derramada, como si fuera agua… por Dios…

 

Tuve la desgracia de ver las imágenes que casi toda Cuba vio, no precisamente por los medios oficiales, por supuesto, y me dio la impresión de estar contemplando zombis. En fin, que ya no es sangre lo que corre por nuestras venas, no es carne y hueso lo que da forma a nuestros cuerpos, y no es masa encefálica lo que guardamos debajo del cráneo. Los cubanos estamos hechos de babaza.

 

Eso lo sabemos todos, y no nos importa. Estamos tan confiados en que la babaza que nos posee es tan potente, que no importa que veamos a los que sí tienen sangre caliente y se tiran a las calles, y protestan contra las injusticias, porque están vivos, conocen sus derechos, y sobre todo porque no tienen miedo.

 

Ojo: no tienen miedo a reclamar sus derechos, y sí a ser alcanzados por el inmovilismo. Eso nunca.

 

Eso no nos mueve, y es que parece que estamos cómodos con la babaza. Somos violados y lo consentimos, porque es más fácil aguantar un poquito de dolor todos los días, con tal que después de la violación, nos coloquen compresas para aliviar la hinchazón. Estamos enfermos.

 

Estamos enfermos de inmovilismo. Enfermos de miedo, enfermos de conformismo. El absurdo nos corroe. Vemos cómo nos pudre el cuerpo y no hacemos nada para evitarlo. Preferimos vivir con las extremidades carcomidas y apestosas, antes que extirpar esa extremidad.

 

La enfermedad de los cubanos no tiene una cura benévola: es una cura de caballos, como la sal que se pone en las llagas de la boca, y se restriega hasta que se hace sangre. Solo así es posible que la llaga se desinfecte y cierre.

 

La enfermedad de los cubanos se cura con sal. Sal que disuelva la babaza de la que estamos hechos los cubanos. Sal que desinfecte la herida, que arroje el pus afuera, que lo extermine. Sal, antes que la enfermedad se haga venérea.

 

 

Otro barco para Corea

Henry Constantin

19 de julio de 2013

 

He estado en Corea un par de veces. Y el recuerdo me oprime el pecho: las personas allí trabajan desde que el sol no ha salido, por un salario mensual que les alcanza para una semana; no saben qué es Internet y nunca han usado e-mail; llegan puntuales a los actos políticos y aplauden mecánicamente, como les enseñaron a hacer desde niños, y luego se van con cara de haber pasado un rato muy inútil; hablan mal de lo que llaman el imperialismo norteamericano y el capitalismo, pero miran con cierta envidia a quienes vienen de allá o dejan ver el móvil o un par de zapatos de marca.

 

Eso es Corea, un lugar en las lomas, a 14 kilómetros al norte de Mayarí Arriba, en Santiago de Cuba, donde hay una casita de la Empresa Forestal Sierra del Cristal, que se llena de hombres igualitos en mordazas y escasez a los de la otra Corea, la del Norte, a donde van nuestras armas sin permiso de nosotros, sus dueños.

 

A las personas en Corea del Norte no hay que llevarles más armamento: bastante tienen, hasta nuclear, y ninguna felicidad les ha traído. Ellos –como nosotros hoy- lo que necesitan, amén de todo lo básico para vivir, son herramientas de libertad, y puestas en sus manos, no en las de ese inmenso estado que las gasta en vigilarlos: computadoras, teléfonos celulares, memorias flash, cámaras de foto y video, antenas satelitales para internet y televisión; libros y manuales de tecnologías digitales, derechos humanos, resistencia pacífica, periodismo y sociedad civil; acceso a twitter, wordpress, youtube o facebook para que publiquen todo lo que quieran; pasajes de ida y vuelta a cualquier lado, para que aprendan y rieguen entre los suyos ideas de cómo hacer esperanzadora la realidad de gentes cuyo hermanos gemelos del lado sur sí tienen niveles de vida excelentes… Porque la política exterior cubana no debe ser jamás la de “felicidad en casa propia y ya”. En cuanto seamos más libres como personas y más prósperos como nación, Cuba no debe olvidar a toda la gente en el mundo que la pasa tan mal como nosotros la estamos pasando. La solidaridad humana, al fin y al cabo, es lo que se ha predicado por 50 años en nuestras escuelas y medios de difusión, aunque no siempre con intención pacífica, inocente o desinteresada.

 

Cuba y el mundo deben cambiar mucho. Los humildes trabajadores que cortan madera en la Corea de Sierra Cristal, de donde saqué el pretexto viajero para este escrito, merecen una vida mejor. Los coreanos del norte de la península, que tienen parecidas carencias, también.

 

Y los cubanos necesitamos mejor política internacional, una que además de velar por nosotros, sea también solidaria con cualquier humano de abajo -sin importar su bandera- con los oprimidos, no con hombrecillos aferrados al poder eterno y total: algún día nuestros barcos llevarán internet y computadoras y libros, en vez de armas escondidas. Algún día.

Aumenta la insurgencia popular pacífica en Cuba

Pedro Campos

14 de julio de 2013

 

Respuesta a parte del discurso de Raúl Castro en la Asamblea Nacional del Poder Popular el 7 de julio pasado

 

Estas son palabras textuales del Presidente, según Granma:

 

Hemos percibido con dolor, a lo largo de los más de 20 años de período especial, el acrecentado deterioro de valores morales y cívicos, como la honestidad, la decencia, la vergüenza, el decoro, la honradez y la sensibilidad ante los problemas de los demás…Así, una parte de la sociedad ha pasado a ver normal el robo al Estado. Se propagaron con relativa impunidad las construcciones ilegales, además en lugares indebidos, la ocupación no autorizada de viviendas, la comercialización ilícita de bienes y servicios, el incumplimiento de los horarios en los centros laborales, el hurto y sacrificio ilegal de ganado, la captura de especies marinas en peligro de extinción, el uso de artes masivas de pesca, la tala de recursos forestales, incluyendo en el magnífico Jardín Botánico de La Habana; el acaparamiento de productos deficitarios y su reventa a precios superiores, la participación en juegos al margen de la ley, las violaciones de precios, la aceptación de sobornos y prebendas, el asedio al turismo y la infracción de lo establecido en materia de seguridad informática…Conductas, antes propias de la marginalidad, como gritar a viva voz en plena calle, el uso indiscriminado de   palabras obscenas y la chabacanería al hablar, han venido incorporándose al actuar de no pocos ciudadanos, con independencia de su nivel educacional o edad…Se ha afectado la percepción respecto al deber ciudadano ante lo mal hecho y se tolera como algo natural botar desechos en la vía; hacer necesidades fisiológicas en calles y parques; marcar y afear paredes de edificios o áreas urbanas; ingerir bebidas alcohólicas en lugares públicos inapropiados y conducir vehículos en estado de embriaguez; el irrespeto al derecho de los vecinos no se enfrenta, florece la música alta que perjudica el descanso de las personas; prolifera impunemente la cría de cerdos en medio de las ciudades con el consiguiente riesgo a la salud del pueblo, se convive con el maltrato y la destrucción de parques, monumentos, árboles, jardines y áreas verdes; se vandaliza la telefonía pública, el tendido eléctrico y telefónico, alcantarillas y otros elementos de los acueductos, las señales del tránsito y las defensas metálicas de las carreteras…Igualmente, se evade el pago del pasaje en el transporte estatal o se lo apropian algunos trabajadores del sector; grupos de muchachos lanzan piedras a trenes y vehículos automotores, una y otra vez en los mismos lugares; se ignoran las más elementales normas de caballerosidad y respeto hacia los ancianos, mujeres embarazadas, madres con niños pequeños e impedidos físicos. Todo esto sucede ante nuestras narices, sin concitar la repulsa y el enfrentamiento ciudadanos….Lo mismo pasa en los diferentes niveles de enseñanza, donde los uniformes escolares se transforman al punto de no parecerlo, algunos profesores imparten clases incorrectamente vestidos y existen casos de maestros y familiares que participan en hechos de fraude académico… Es sabido que el hogar y la escuela conforman el sagrado binomio de la formación del individuo en función de la sociedad y estos actos representan ya no solo un perjuicio social, sino graves grietas de carácter familiar y escolar”.

 

Presidente, efectivamente, todas esas manifestaciones están presentes y en aumento. Los partidarios del Socialismo Participativo y Democrático lo hemos venido señalando en distintos artículos hace varios años; pero para nosotros, no tienen la connotación que Ud. les otorga, se deben a otras causas y, desde luego, demandan otras soluciones diferentes a más orden, disciplina y exigencia.

 

Para usted la causa de todo eso es la “nobleza de la revolución”, la ausencia de mano dura, de más represión; no el desastre económico, político, social y moral que nos ha traído más de medio siglo de capitalismo monopolista de estado, arropado de socialismo, de “dictadura del proletariado”, de gobierno unipersonal y unipartidista concentrador de la propiedad y las decisiones, donde el único derecho de los ciudadanos ha sido el de “trabajar en agradecimiento y fidelidad para complacer a quiénes le dieron todo y liberaron a Cuba de la satrapía batistiana y la explotación imperialista”.

 

No se percatan de que están jugando con fuego, o lo atizan deliberadamente. Prefiero creer que el Presidente es de los que no se percatan, aunque a los efectos prácticos da igual

 

Su gobierno-partido-estado, según lo que se desprende de sus propias palabras, enfrenta una oleada creciente de desobediencia pública, de un aumento de la insurgencia pacífica del pueblo, de una variada forma de resistencia no violenta, como resultado de su insatisfacción generalizada con las políticas económicas, sociales y cívicas de su estado corrupto y corruptor.

 

Pero no. Ustedes ven allí al pueblo maldito, malagradecido, mal educado, marginal, soquete que no ha sabido aquilatar los sacrificios que han hecho ustedes por su felicidad y lo culpan de las consecuencias de los errores por Uds., cometidos y, arriba, lo amenazan desde el poder absoluto: O aceptan nuestro orden o les reprimimos.

 

¡Qué falta de consideración y de respeto con el pueblo que les dio su apoyo incondicional! ¡Qué equivocados están! Los gobernantes no están para juzgar al pueblo. Es al revés.

 

Siempre tendrá que haber un orden, pero el que consensuemos entre todos, de forma democrática. No el impuesto, no el del cuartel sobre la República.

 

Confirma Ud., sin quererlo tal vez, algo que ya hemos planteado: la buro-burguesía político-militar-empresarial que administra para sí el poder económico y político en Cuba se enfrenta no solo a sus asalariados que explota inmisericordemente, sino también a todas las otras capas y clases de la sociedad cubana, a todo el pueblo cubano.

 

Repasemos algo de lo expresado en ese discurso y lo que hemos expuesto nosotros.

 

Para Ud. la gente roba al estado. Para nosotros es el estado cubano el que se ha estado apropiando del sudor de sus asalariados, del de los campesinos, del de los trabajadores por cuenta propia, del de los profesionales, intelectuales y artistas, etc. a través de menguados salarios, abusivos impuestos y la doble moneda, no obstante las gratuidades elementales mínimas actuales. Y los que producen la riqueza simplemente aplican la ley de “justa compensación”: se apropian de parte de lo que Uds. les sustraen injustamente.

 

Donde Ud. ve construcciones ilegales de vivienda, nosotros apreciamos autogestión del pueblo para tratar de darse un techo, ante la ausencia de una política oficial efectiva que facilite y genere la cantidad de viviendas necesarias.

 

Cuando Ud. menciona el hurto y sacrificio ilegal de ganado, nosotros pensamos en todas las regulaciones y leyes estatales que han inhibido la producción de carne y leche, en la disminución de la masa ganadera a consecuencia del monopolio estatal de la venta de carne y, sobre todo, en las necesidades insatisfechas de la población que hoy duplica la del 59, pero con la mitad de cabezas de ganado de entonces.

 

Lo que califica Ud. de vandalismo contra los espacios públicos, la telefonía, el tendido eléctrico y telefónico, las alcantarillas, las señales del tránsito y las defensas metálicas de las carreteras, para nosotros son muestras de desasosiego, de “sálvense quien pueda”, de incertidumbre, de precariedad de la vida, de decepción, de abandono, del propio caos creado por Uds., en fin evidencias -en distinto grado y nivel- del descontento y la rebeldía que late en las venas del pueblo, ante la indefensión y la ausencia de posibilidades legales y democráticas de luchar por sus derechos. ¿Se olvidan que el 26 de Julio también saboteaba la electricidad y el acueducto en la época de Batista, por cierto con acciones más violentas y destructivas?

 

Lo que para Ud. es evasión del pago del transporte y apedreamiento de ómnibus y trenes, es para nosotros un preludio del extremo a que pudiera llegar la reacción popular masiva cuando su impaciencia desborde los límites humanos permisibles de la desesperación ante la impotencia de no poder satisfacer sus necesidades básicas, en este caso el transporte, cuya solución su gobierno no ha sido capaz de encontrar y no por falta de sugerencias.

 

Para Ud. la escuela y la familia no están jugando el papel que deben. Pero ¿de quiénes son las escuelas, quiénes han sido los ministros de educación, quiénes han impuestos sistemas educacionales que olvidaron los buenos modales, los derechos humanos y civiles, rechazaron la moral, la éticas y la democracia por “burguesas” y priorizaron la exaltación de los métodos violentos de lucha para conseguir sus propósitos?

 

¿Qué, sino las políticas estatales que generaron el odio a los que se iban; las “internacionalistas” que separaron familias por años; la creación de contingentes para trabajar en otras provincias por largo tiempo; la destrucción de los patrimonios familiares; el maniqueísmo divisor entre revolucionarios y contrarrevolucionarios; las exclusiones por razones políticas, de raza, preferencia sexual o religiosa, incluido el uso de la violencia contra opositores pacíficos y homosexuales, practicadas con mayor o menor intensidad en distintos momentos y otras, son las responsables de la división y el desastre en que se encuentran los lazos de la familia cubana?

 

Respuestas similares podríamos dar a cada una de las acusaciones que lanza contra el pueblo. De todas, los únicos responsables son Uds., la llamada dirección histórica, a la que el pueblo se confió, sin reservas y, en nombre del “socialismo” ha hecho trizas el país.

 

No es que defendamos la chapucería, la chabacanería, las malas costumbres y conductas, es que todas son hijas naturales de tantas prohibiciones, regulaciones, exclusiones e imposiciones a las que el pueblo cubano ha sido sometido. ¿La gente nació así, hace esas cosas porque genéticamente son malas? ¿O ya olvidaron una de las máximas de Marx: el hombre piensa según vive? La miseria engendra miserables. El odio, odiosos y la violencia, violentos.

 

No saben acaso que la gran mayoría del pueblo que critican, nació después de la llegada de Uds. al poder. ¿No sirve ese pueblo, criado bajo su tutela? ¿O son Uds. los que no sirven al pueblo y el pueblo está demandando otro gobierno, otro modelo? Piensen.

 

Si hubiéramos callado, si no hubiéramos señalado estos problemas antes de que llegaran a su estado actual, analizado sus causas y propuesto soluciones, lo cual venimos haciendo -desde dentro- hace muchos años, pero con examen y sugerencias socialistas más concretas a partir del IV Congreso del PCC en 1991, no tendríamos moral para hablarle así de frente.

 

Pero lo peor que vemos en este discurso es la persistencia en pretender resolver estos problemas desde la imposición del orden, la disciplina y la exigencia y del llamado deliberado a un aumento de la represión contra ese pueblo humilde que busca sobrevivir como puede, partiendo de que lo que ha habido es flojera por parte de la “revolución” que Uds. siguen, equívocamente, identificando con los que han creado todo el desastre actual.

 

Muchas veces se ha planteado desde distintas posiciones en la amplia Izquierda Socialista y Democrática, que Uds. se empeñan en desconocer: de lo que se trata es de cambiar el absurdo sistema estatalista burocrático; democratizar el sistema político; liberar la economía, el comercio interno y externo de todas las trabas y monopolios estatales; socializar la propiedad a través de la auto y la cogestión de las empresas, promover el desarrollo amplio del cooperativismo; dar verdaderas posibilidades al trabajo por cuenta propia, a la pequeña y mediana empresa; liberar al campesino de todas las regulaciones abusivas; aprobar una nueva ley de impuestos estimulante de la producción; eliminar la doble moneda y otras que haría innecesariamente extenso el artículo, expuestos en nuestros programas y artículos.

 

Pudiera callar, dejarlos y no advertir que están en el camino equivocado, ese bárbaro que conduce a un inevitable enfrentamiento de incalculables consecuencias contra la mayoría del pueblo. Pero por principio me niego a toda violencia y aspiro a que los graves problemas que aquejan a la nación cubana, se resuelvan pacífica y democráticamente.

 

Es inocultable que algunos en esa “dirección histórica” parecen dispuestos a correr todos esos riesgos, incluida una eventual intervención extranjera aprovechándose de una descabellada represión masiva, antes que reconocer el fracaso de su “modelo” estatalista centralizado y entregar el poder al pueblo y a los trabajadores.

 

Tales preferirían provocar una agresión externa, para que quede ante la historia, “que fue el imperialismo quien impidió el triunfo definitivo de su revolución socialista” y no sus propias limitaciones. ¿Habrá algo más anexionista? ¿Se prestaría a tamaña barbaridad toda la alta oficialidad de las FAR?

 

Me recuerdan a los españoles cuando las guerras de independencia: prefirieron rendirse ante EEUU, y no ante el pueblo cubano que los había derrotado en la manigua.

Pero ya, a esos extremistas pocos les creen sus cuentos. Y la historia ya se está encargando de demostrar lo evidente: ni les interesa el socialismo, ni el pueblo, solo sus caprichos y por sus caprichos no vamos a morir más cubanos.

 

Ustedes mismos tendrán que reconocer su incapacidad y abrir nuevos espacios hacia la democratización y la socialización de la política y la economía, ante la continuación de la resistencia popular pacífica por diferentes vías; pues contrario a sus deseos, el grueso de las Fuerzas Armadas y el MININT, que son parte y carne del pueblo sufrido, no se va a prestar al jueguito macabro, traidor y retroactivo de reprimir al pueblo masivamente.

 

Gracias Presidente, por sus esclarecedoras palabras y me disculpa por la personalización; pero es su discurso.

 

Socialismo por la vida.

Juntarse y regresar

Dora Amador

14 de julio de 2013

 

Creo que he escuchado todas las entrevistas y conferencias de prensa que Guillermo Fariñas ha sostenido en Europa y Estados Unidos en estos dos meses. Me interesa mucho el pensamiento de este hombre tan poco común, tan fraterno y patriota, tan decidido y honrado. Como vocero de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), Fariñas ha insistido en este viaje, en que la unidad de la oposición en un solo frente es imprescindible para derrocar a la dictadura. También ha reconocido que la comunidad internacional le ha perdido el respeto a los cubanos por las divisiones que hay siempre y las enemistades mutuas. Yo por supuesto le doy toda la razón. He sido testigo de esa falta de respeto o cinismo. No sé a cuántas conferencias convocadas y financiadas por diferentes organizaciones anticastristas celebradas por todo un día en hoteles o salones de recepción en Miami, con un bien planeado horario, que incluye almuerzo gratis para todos, he asistido para escuchar a diplomáticos de países poscomunistas de la antigua Europa del este, contándonos cómo fue su tránsito a la democracia, y cómo nos puede ayudar a los cubanos en nuestro propio camino. También han venido figuras destacadas de América Latina a darnos su respaldo en contra del castrismo en reuniones similares. Recuerdo que fue a un eminente latinoamericano a quien le pregunté si continuaría viniendo para seguir el trabajo iniciado, él me contestó que si se lo seguían pagando todo, vendría.

 

Con el pasar del tiempo, han cesado estas conferencias con diplomáticos europeos. Ya no vienen, para ellos es una pérdida de tiempo y prestigio.

 

Lech Walesa lo ha expresado varias veces: el exilio cubano está demasiado dividido.

 

Y Guillermo Fariñas, invitado por Walesa a Polonia, lo dejó claro en una de sus entrevistas: el papel del exilio cubano es dedicarse a proveer recursos para la lucha interna, como dijo Martí, pero la voz cantante la deben llevan los que están dentro.

 

Como nunca antes la oposición ha estado tan unida y tan bien organizada política y estratégicamente como lo está ahora en la UNPACU. Tienen todas las de ganar si continúan ese trabajo guiados por la ética ciudadana que los une y el desafío político masivo, que es la confrontación no violenta basada en la desobediencia, la protesta y la no colaboración con la dictadura totalitaria.

 

La UNPACU cuenta ya con más de 5.000 miembros, y fue fundada por José Daniel Ferrer, quien ha dado a conocer, junto al resto de sus dirigentes colegiados –Guillermo Fariñas en el centro del país, Ferrer en el oriente, Félix Navarro en occidente y Ángel Moya en La Habana– su proposición de cambio para Cuba, que se puede leer en su sito web www.unpacu.org. Todo el que esté al tanto de los acontecimientos en la isla a través de las redes sociales y la prensa sabe que la UNPACU se ha movilizado por las calles de todas las ciudades del país en protestas, exitosas huelgas de hambre (en lugares públicos), entregando volantes sobre qué se propone la organización, grabando vídeos sobre violaciones a los derechos básicos de los ciudadanos y los abusos que comete el gobierno.

 

Y me pregunto, ¿por qué el liderazgo del Movimiento Cristiano Liberación, con su excelso Proyecto Varela, y sus magníficos Proyecto Heredia y el Camino del Pueblo; por qué Oscar Elías Biscet, en un acto de humildad gigante, y todos los dirigentes de las organizaciones que se unieron recientemente a su Proyecto Emilia; por qué Antonio Rodiles, director de Estado de Sats, que como la UNPACU realiza una buenísima labor en las calles cubanas repartiendo el documento de la campaña Por otra Cuba; por qué el Frente Nacional de Resistencia Cívica y Desobediencia Civil Orlando Zapata Tamayo, dirigido por Jorge Luis García Pérez Antúnez, no se juntan? Sin que emerja un caudillo esta es la solución cubana: la sociedad civil dirigida y organizada por eminentes cubanos tomando las calles en exigencia de sus derechos, como Egipto, por ejemplo.

 

Una vez conversando con José Daniel Ferrer me dijo dos cosas que consideré ejemplares en este camino: basta de que nos quieran dirigir desde el exilio, manipularnos y alzarse como representantes nuestros. Y lo otro fue: ya está bueno de proyectos y documentos, es hora de tomar las calles. Y es precisamente lo que hizo, lo que está haciendo.

 

¿El exilio políticamente comprometido? Hora de volver, tomarle la palabra al cónsul cubano Llanio Gónzalez Pérez y regresar a Cuba. Yo me apunto, si puedo cobrar mi Seguro Social y mi pensión mensual en Cuba, y si puedo tener acceso a mis medicinas. Por casa no me preocupo, regreso a la mía, que compartiré con mi prima y su esposo.

 

www.palabracubana.org

Morir por Cuba

Jorge Ramos

9 de julio de 2013

 

Guillermo Fariñas cree que si él muere en un acto de protesta, Cuba podría dejar de ser una dictadura. O, al menos, moverse en esa dirección. Eso es tener una enorme fe en lo que una sola persona puede hacer para terminar con el régimen de 54 años de los hermanos Castro en la isla.

 

Desde 1983, cuando estuvo en Moscú, Fariñas no salía de Cuba. Ahora lo pudo hacer debido a una nueva ley que permite la salida a aquellos que consiguen una visa de visita. “Lo que más me ha impactado es la brecha tecnológica entre mi país” y el resto del mundo, me dijo durante una entrevista en Miami. “Cuba está en el siglo XVII”.

 

Eso mismo escribió la bloguera Yoani Sánchez al regresar a Cuba luego de un largo viaje de tres meses. Volver a Cuba, dijo en su cuenta de Twitter, es como estar en “una máquina del tiempo, hacia el pasado”.

 

Ese viaje al pasado es, a la vez, literal y político. “Carretones de caballo en el interior y todas las estructuras destruidas”, es como Fariñas me describió la Cuba actual. Y más de medio siglo con una férrea y represiva dictadura.

 

¿Por qué en este 2013, cuando muchas naciones han dejado de tener dictaduras, Cuba sigue teniendo una brutal? Por tres razones, me explicó Fariñas: “La falta de unidad dentro de la oposición, el aferramiento de los gobernantes, y la indiferencia y complicidad de muchos gobiernos del mundo”.

 

Fariñas es muy incómodo para el régimen de La Habana porque conoce al monstruo desde dentro. Fariñas es el “Coco” de los Castro. Fue miembro de la Unión de Jóvenes Comunistas, recibió entrenamiento en la antigua Unión Soviética y hasta peleó (y resultó herido) en la guerra de Angola. Pero en 1989 se separa del gobierno como protesta por el fusilamiento del general Arnoldo Ochoa, acusado por el régimen de narcotráfico.

 

Trabajó como sicólogo en un hospital de La Habana hasta que denuncia en 1995 a su directora por corrupción. En un desenlace kafkiano, en lugar de que ella termine en la cárcel a quien arrestan es a él. Esa fue su primera de muchas detenciones. Ha pasado más de una década encarcelado.

 

Pero Fariñas es más conocido por sus 23 huelgas de hambre, según mi cuenta. Y se nota. Su salud está “bastante deteriorada”, de acuerdo con su propia descripción. Una huelga de hambre en el 2010, protestando por la muerte del disidente Orlando Zapata, le provocó una trombosis del lado izquierdo del cuello. Ha perdido todo el cuero cabelludo hasta las cejas. Abre sus ojos como un niño asombrado y me pareció altísimo; me saca toda una cabeza. Dice que ha ganado peso pero su piel morena se pega penosamente a los huesos de su pecho. La camisa parece quedarle una o dos tallas más grande y sus sandalias, sin calcetines, entran y salen con facilidad.

 

“Todas mis huelgas son al extremo”, me dijo y su cuerpo lo corrobora. Se mueve poco, como ahorrando energía. “Conmigo no hay puntos medios. Yo asumo la huelga cuando el gobierno hace actos inhumanos. Es ahí cuando yo tomo medidas autodestructivas que pongan al gobierno contra la pared”.

 

Fariñas –quien es portavoz de la Unión Patriótica de Cuba, que agrupa a unos seis mil opositores en la isla– tiene planeado regresar a Cuba a mediados de este mes de julio. Ni siquiera considera quedarse en Miami. “Yo respeto a los hermanos que están aquí (en Miami)”, me explicó sin resentimientos. “Pero en este momento histórico un grupo de hermanos y de hermanas tienen que estar dando la batalla en Cuba”.

 

Hace tres años Fariñas escribió lo siguiente: “Ya es hora de que el mundo se percate que éste es un gobierno cruel y hay momentos en la historia de los países en que tiene que haber mártires”. Y él está dispuesto a ser uno de esos mártires, me confirmó el ganador del premio Sajarov, otorgado a defensores de los derechos humanos, y que por fin pudo recibir en Francia tres años después. “Si es necesario, sí”.

 

Fariñas cree que hay que causar una conmoción a nivel internacional para que el gobierno castrista se resquebraje. “Hubo momentos en que el mundo no escuchaba”, reflexionó. “Hoy escuchan. Pero lo que tiene que haber es una conmoción”.

 

“¿Y esa conmoción la podrías lograr tú con otra huelga de hambre?” pregunto. “Yo pienso que si el gobierno cubano deja morir a un premio Sajarov, le causaría un daño al gobierno y tendría que hacer concesiones”, me responde.

 

Y de pronto, como si me entrara un escalofrío, me doy cuenta que estoy frente a un hombre que ha tomado la decisión de morir por la democracia en Cuba. Esta, pienso, puede ser la última vez que vea a Fariñas. Nunca dejan de sorprenderme los hombres y las mujeres que están dispuestos a morir por defender sus ideas. Son pocos y miran distinto al resto de los mortales, como si vieran dentro del alma.

 

El sabe que criticar al régimen cubano en el extranjero puede tener terribles consecuencias para él y para sus hijas, Haisa, de 18 años, y Diosángeles, de 11. “Nos pueden asesinar en cualquier momento”, me dijo sin subir la voz y sin emoción, como si hubiera repetido esa frase un millón de veces.

 

Pero Fariñas no quiere que su vida (ni su muerte) sea en vano. Antes de despedirme le digo que me parece extraordinario que esté dispuesto a dar su vida por su país. “Esa es su opinión”, me dijo respetuoso. “Pero nosotros consideramos que defender a la patria no es nada extraordinario”. Este –concluyo mientras lo veo irse lentamente– es un hombre que ya decidió morir por Cuba.

Fariñas le pide a Europa

que vigile la “transición” cubana

6 de julio de 2013

 

El disidente cubano Guillermo Fariñas les pide a los gobiernos europeos que “cuenten con nuestro conocimiento de la política cubana”, antes de entablar futuras negociaciones con el gobierno de Raúl Castro.

 

Guillermo Fariñas ha salido de Cuba por primera vez desde 1981, cuando estuvo estudiando en Moscú. El disidente cubano, que ha protagonizado 23 huelgas de hambre para exigir cambios democráticos en Cuba, ha dicho a euroXpress que se siente en una “burbuja de democracia y solidaridad”.

 

Añade que, “aquí todo el mundo puede decir lo que piensa y en cada país me he dado cuenta de que en cualquier parte la gente sabe los más mínimos detalles de lo que está ocurriendo en Cuba”. Fariñas explica que “eso es muy importante para nosotros, saber que el mundo está al tanto con lo que hace la oposición democrática cubana”.

 

El portavoz de la Unión Patriótica de Cuba, explica que el objetivo de su formación política es conseguir atraer al millón y medio de cubanos que no votaron en las anteriores elecciones, que votaron en blanco o emitieron un voto nulo.

 

En España se ha reunido con el Gobierno y los diputados españoles. Todos los grupos políticos, excepto IU, le han prometido que no habrá concesiones a Cuba mientras no se avance hacia la democracia. “Les pedimos a los gobiernos de Europa y a España que antes de apoyar ningún cambio democrático en Cuba, tengan en cuenta la opinión de la oposición”.

 

En Madrid se ha entrevistado con el director general para América Latina del ministerio de Exteriores.

 

Fariñas, que ha viajado también a Alemania y Polonia, dice que en Europa ha obtenido una respuesta “muy satisfactoria”. El opositor cubano les ha pedido a los gobiernos “que no se dejen engañar por la falsa señal de cambio del gobierno cubano. Y es importante que para que ellos consideren que hay cambios deben contar con nuesta opinión. Los que estamos dentro de Cuba luchando”.

 

“Valió la pena correr el riesgo de perder la vida por la democracia en Cuba. Salieron 116 presos políticos y la inmensa mayoría están luchando en la diáspora o en el interior del país”, expresó Fariñas.

 

Próximamente será operado en Estados Unidos de unas secuelas de las huelgas que ha llevado a cabo. “Valió la pena lo que ocurrió y si en la próxima operación hay una fatalidad, sé que alguien seguirá levantando nuestra bandera”.

 

Fariñas denuncia que las autoridades cubanas detuvieron en 2012 a unas 6.600 personas, un 50% más que en 2011. El disidente le ha agradecido al Parlamento Europeo “su apoyo a la lucha pacífica de los disidentes en Cuba”. El es el tercer opositor cubano en conseguir el Premio Sájarov, tras Oswaldo Payá (2002) y las Damas de Blanco (2005).

Parlamentarios de distintos grupos españoles intercambian impresiones con Fariñas

4 de julio de 2013

 

Parlamentarios del PP, PSOE, UPyD y UPN se reunieron hoy en el Congreso de los Diputados con el disidente cubano Guillermo Fariñas, quien ayer recogió en la Eurocámara, tres años después de que se lo concedieran, el Premio Sájarov.


En la reunión estuvieron los diputados Teófilo de Luis y Pablo Casado (PP), Juan Moscoso (PSOE), Irene Lozano (UPyD) y Carlos Salvador (UPN).
Tras el encuentro, Teófilo de Luis, que también es el secretario cuarto de la Mesa del Congreso de los Diputados, dijo a los periodistas que el compromiso de los parlamentarios asistentes radica en “acompañar al pueblo cubano en su camino hacia la transición y la democracia”. “La democracia española está con quienes trabajan por la democracia y la libertad en Cuba”, dijo.


Por su parte, Guillermo Fariñas manifestó que se va “muy satisfecho” tras la reunión de hoy en la Cámara Baja. “Nos han prometido que no habrá ningún tipo de concesiones si no existen pasos hacia la democracia en Cuba”, explicó.

Disidentes cubanos

pudieran estar adoptando métodos de Gene Sharp

Ernesto Santana

3 de julio de 2013

 

El libro De la dictadura a la democracia, de Gene Sharp, circula desde hace tiempo en copias digitales que, como se ha hecho costumbre, la gente intercambia. Luego ha comenzado a propagarse también, y por el mismo medio, el documental Cómo empezar una revolución, de 2011, dedicado al impacto a nivel global de la obra del filósofo norteamericano.

 

Largos años lleva ya Gene Sharp difundiendo sus ideas y métodos de “desafío político” o “lucha no violenta” para ayudar a los demócratas a derrocar las dictaduras, aunque muchas veces éstas tienen características particulares en cada país que las padece.

 

En su libro, bastante breve por cierto, Sharp se refiere a este tipo de lucha como un fenómeno más antiguo de lo que puede creerse y cita al politólogo Karl W. Deutsch: “El poder totalitario es fuerte solo si no tiene que ejercerse con mucha frecuencia” y, como este tipo de régimen requiere más poder que cualquier otro tipo de gobierno para relacionarse con sus gobernados, “tiene mayor necesidad de que los hábitos de sumisión estén más amplia y firmemente extendidos entre su pueblo. Incluso, en caso de necesidad, deben de poder contar con el apoyo activo de porciones significativas de la población”.

 

Nos hace recordar también el autor la explicación de Maquiavelo sobre cómo, el príncipe, “que tiene a todo el pueblo por enemigo, nunca puede estar seguro y, mientras mayor sea su crueldad, más débil se irá volviendo su régimen”.

 

Según Sharp en su texto, a los oprimidos no puede bastarles solo el coraje, la determinación e incluso la masividad en su lucha, pues necesitan, en primer lugar, un plan estratégico cuya carencia puede tener consecuencias drásticas, ya que “una mezcla de acciones no planeadas ni integradas no va a llevar adelante ningún esfuerzo de resistencia significativo. En lugar de ello, lo más probable es que le permitan a la dictadura aumentar su control y su poder”.

 

A partir de ahí, el filósofo comienza a analizar la importancia de las tácticas aconsejables para apoyar los objetivos realmente estratégicos y expone docenas de técnicas de lucha no violenta y las formas particulares de acción que requieren, como, por ejemplo, muchos tipos de huelgas, el boicot, la resistencia pasiva política, etc.

 

Ni el mismo Gene Sharp creyó que su libro alcanzaría demasiada trascendencia. De hecho, lo escribió por una petición de apoyo a los birmanos que querían cambiar su resistencia armada por la lucha no violenta contra la tiranía. Pero, como él no conocía suficientemente las condiciones específicas de ese país, prefirió escribir sus ideas de modo que pudieran adaptarse a la resistencia contra cualquier tipo de dictadura en cualquier lugar del mundo.

 

Para su sorpresa, sus métodos serían luego usados, con mayor o menor éxito, lo mismo por demócratas de Europa del Este que por los de la Primavera Árabe, desde Serbia y Ucrania hasta Irán, y en el documental define sus ideas como “una técnica de combate, un sustituto de la guerra y de cualquier otro tipo de violencia”. Sus convicciones antibélicas se revelaron desde 1953, cuando cumplió prisión por negarse a participar en la Guerra de Corea.

 

Ya por entonces, mantenía correspondencia con Albert Einstein, que prologó un libro suyo sobre Gandhi. Treinta años después, Sharp fundaría la institución Albert Einstein con el propósito de difundir la lucha no violenta. Esa organización sería pronto acusada de trabajar para la Casa Blanca e incluso para la CIA, por parte de tiranos y de presidentes dictatoriales en muchos lugares del mundo, desde Irán hasta Venezuela, que veían en esa institución, y principalmente en Sharp, una seria amenaza potencial para sus desaforadas ambiciones de poder.

 

En Cuba —pese a que el régimen tiene muchas características particulares que dificultan su comparación con otros regímenes totalitarios—, es indudable que ya muchos líderes de la oposición pacífica están adoptando algunos de los métodos aconsejados por Gene Sharp, escogiendo los más aplicables a nuestra situación específica. Si no se han hecho visibles los resultados todavía, no es porque no los haya, sino porque hay que mirar desde una perspectiva más amplia, para comprobar que el escenario actual es más esperanzador que el de hace veinte o treinta años.

 

Ojalá la “primavera cubana” estuviera ya a las puertas, pero no debemos confundir la realidad con el deseo. No es solo que no existan millones de cubanos conectados a redes sociales. No es solo el inmenso poder represivo del gobierno. No es solo la insuficiente solidaridad internacional con nuestra circunstancia. Es que además no existe suficiente solidaridad entre nosotros mismos. ¿Que nuestra transición a la democracia demora demasiado? Quizás demore tanto como la reconstrucción de una sociedad civil, como la sanación de nuestras heridas, como la reunificación de nuestras fuerzas y como la articulación de nuestros propósitos.

 

“Si puedes identificar las fuentes del poder de un gobierno —como la legitimidad, el apoyo popular, el apoyo institucional—, entonces sabrás de qué depende la existencia de esa dictadura”, nos dice Gene Sharp. Parece un buen punto de partida, pero lo seguro es que nadie dará los pasos que debemos dar nosotros mismos y que el tiempo apremia.

Todo el mundo grita, menos los cubanos

Odelín Alfonso Torna

2 de julio de 2013

 

El aumento de precio del transporte público en Brasil puso sobre alerta al gobierno de Dilma Rousseff, hasta ayer irreprochable. Las manifestaciones populares han llegado a un punto en que la mandataria decidió reformar políticamente su país.

 

En Estambul, por unos cuantos árboles cortados en el parque Gezi, también armaron lo suyo. En los predios del ALBA, los recalcitrantes gobiernos de la izquierda autoritaria no escapan a las protestas sociales. Todo eso y más vemos en el cintillo informativo de Telesur: bolivianos que hacen huelga por una jubilación digna, nicaragüenses que piden reformar el sistema de Seguridad Social, y, de vez en cuando, venezolanos indignados por el desabastecimiento y la inseguridad social. Todo el mundo grita, menos los cubanos.

 

Para Raúl Castro, es improbable que los escenarios anteriores se den en la isla, incluso si el régimen decidiera mañana mismo aprobar el derecho a huelga. Y no es porque la policía y el ejército cubanos sean lo suficientemente “numerosos y capaces” de contrarrestar una manifestación social en La Habana, o en Santiago de Cuba –no pudieron con el llamado Maleconazo en 1994, hasta que “llegó el comandante y mandó a parar”-, sino porque el miedo condicionado no deja margen para pensar en las políticas de ahogamiento que hemos venido sufriendo los cubanos durante más de cinco décadas.

 

En cinco años y cuatro meses de gobierno, Raúl Castro ha subido el precio del combustible en dos ocasiones, los pasajes interprovinciales por ómnibus y avión, las tasas impositivas a los cuentapropistas. Suspendió además el cobro de la mensajería postal en moneda nacional, para cobrarla en pesos convertibles (24 veces el valor del peso cubano), aumentó los impuestos de aduana, y por si fuera poco, al intentar que los productos y servicios estatales compitan con el sector privado, genera un clímax especulativo en los precios.

 

Decidido el Estado a no aumentar salarios básicos, conscientes los líderes históricos de que el reordenamiento económico y los Lineamientos del Partido y la Revolución no funcionan como soporte ideológico, la ofensiva gubernamental contra los vendedores autorizados no pasa de unas cuantas protestas aisladas. “Nadie se suma”, “la gente tiene miedo”, “eso pasa porque nadie conoce sus derechos”, o “para esto la televisión no aparece”, son algunas de las frases que escuchamos cuando la policía económica o política reprime una irritación popular.

 

Lo que viene para Cuba en materia de “transformación social”, con una tasa salarial de 8 a 10 pesos diarios (0.45 centavos de dólar), bien pudiera suscitar protestas en los países más pobres de la región, con un salario mínimo de 2 ó 3 dólares al día.

 

El lineamiento 165 de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, proyecta disminuir “la participación del Presupuesto del Estado en el financiamiento de la seguridad social”. Más adelante, agrega que se hace “necesario seguir extendiendo la contribución de los trabajadores del sector estatal y la aplicación de regímenes especiales de contribución en el sector no estatal”.

 

El lineamiento 284, de la política para el transporte público, prevé “implementar nuevas formas de cobro en el transporte urbano de pasajeros”. En el panfleto también entra el incremento paulatino de los impuestos de la tarifa eléctrica, el agua potable y el gas licuado, este último en fase experimental, 21 veces más caro que el gas manufacturado actual.

 

Estas políticas de ahogamiento, desde el enfoque de Telesur y la prensa nacional, pasan como proyectos de “beneficio social” o “equidad social”, como le quieran llamar. El Estado cubano duplica el desabastecimiento de Venezuela, al controlar, decidir y mal pagar la cartera de cultivos de los usufructuarios de tierras. En temas de seguridad social, decide, verificación mediante, quienes requieren de bonos adicionales para mal alimentarse en un comedor comunitario.

 

Nada de esto preocupa al gobierno, tampoco parece preocupar a los ciudadanos. Ese es el por qué el mundo grita y Cuba resiste.

 

odelinalfonso@yahoo.com  

Cincuenta activistas viajaron al exterior

y regresaron a luchar por la democracia

Manuel Cuesta Morúa

1 de julio de 2013

 

El pasado viernes 28 se realizó en la tarde una reunión singular en la habitual zona de encuentros del piso 14 de la calle Factoría. Allí, en la casa de los blogueros Yoani Sánchez y Reinaldo Escobar, sus anfitriones, se reunieron alrededor de 50 activistas, de todas las causas, respondiendo a una convocatoria que hace solo un año lucía improbable: conversar sobre las experiencias de quienes salieron y regresaron a Cuba con su voz cívica intacta.

 

Miriam Celaya y Yoani Sánchez, Eliecer Ávila y Litvio Fernández, Joisy García, Mario Félix y Manuel Cuesta ofrecieron sus visiones sobre los significados posibles y las experiencias vividas en quienes debutaron la flexibilización migratoria desde la sociedad civil.

 

Salir para volver era una doble vía explorada con antelación al 14 de enero de 2013. En el pasado varios activistas cívicos y políticos pudieron atender diversas invitaciones, recoger premios e intercambiar fuera de Cuba, en varios países que han insistido en respaldar nuestros derechos. Pero hay unas diferencias significativas entre el pre y el pos 14 de enero.

 

Contactos con el mundo democrático

 

Las nuevas buenas de lo que está ocurriendo se relacionan con unos cambios en la política migratoria que eliminan el permiso de salida, mercantilizan el derecho a viajar y facilitan que las voces críticas, alternativas e independientes dentro de Cuba tomen contacto directo con el mundo democrático, y con las personas e instituciones globales y extranjeras que han venido apoyando a la sociedad civil independiente.

 

Como expresamos quienes participamos en el encuentro, las breves historias de vida por el mundo fueron intensas, ricas y diversas. Por eso, como fue pactado a pedido de los anfitriones, la conversación básica no fue sobre la dimensión política o teórica de los cambios migratorios —bastante se ha escrito en torno a este ángulo del asunto— sino alrededor del itinerario específico y vital de los primeros que acudimos a la cita cívica con el mundo, pospuesta en algunos casos, y sin pedir permiso.

 

La primera sensación y experiencia compartidas es la del sentido de avalancha de la otra Cuba, la interna y sin poder, fuera de Cuba. Excepto Asia, África, Australia y Oceanía —que claro no es poca cosa— el resto del mundo nos tocó. Literalmente. Desde América Latina, pasando por Europa y hasta los Estados Unidos se escuchó vis á vis la voz plural que se nos niega. Y todos entonces nos sentimos personas. Allá.

 

Y enfrentamos las mismas preguntas curiosas y dubitativas, respondidas de diversas maneras, pero con el sentimiento de que ya no era igual, y de que se rompía el monopolio histórico que el gobierno cubano ha mantenido sobre la imagen de Cuba. No se trata de la verdad sobre Cuba, porque esta es un asunto religioso o científico, sino de la diversidad de pareceres desde Cuba: una contribución que permite distinguir cada vez más al país de su gobierno. Para siempre.

 

El insulto de cierta izquierda

 

La experiencia de la protesta vivida y narrada por Joisy García en Polonia, la posibilidad de medir la propia inteligencia emocional frente al insulto de cierta izquierda que tuvo Yoani Sánchez; el desmentido aéreo de Eliecer Ávila al diputado Ricardo Alarcón, volando por encima de 11 países sin el más mínimo roce entre aviones; la epifanía religiosa y cívica del pastor Mario Félix, quien pudo visitar la tumba del sacerdote polaco Jerzy Popieluszko, asesinado por la impotencia; el mundo de la información metabolizado por Miriam Celaya en solo seis días, y a pesar del inglés, la idea de que Cuba importa escuchada por Litvio Fernández en la voz múltiple de estudiantes checos; y la sensación, no obstante, de que Cuba no es el centro del mundo, otra vez ratificada por Manuel Cuesta en los mismísimos Estados Unidos, fueron parte de un rico intercambio que reveló el ansia mutua de quienes escucharon activamente y de quienes expusimos con la mayor brevedad que nos permite la exuberancia cubana un espectro de vivencias disímiles y positivas para potenciar la sociedad civil cubana con la herramienta insustituible del contacto persona a persona.

 

El cubano es preguntón y el auditorio era cubano. Porque se trataba de compartir e intercambiar entre cubanos de la sociedad civil, la interpelación de quienes acudieron al piso 14 la tarde del 28 de junio fue intensa; repetitiva en algunos casos por la necesidad de captar las sutilezas de una experiencia común que asimilamos en diversos países. Por eso lo más importante del encuentro fue el deseo manifiesto de saber qué queda para todos de una opción abierta a todos —lo que elimina de plano la idea de la jet society dentro de la sociedad civil— de unos viajes con regresos que deben aportar posibilidades concretas para la democratización de la sociedad cubana.

 

Y no importaba allí mucho lo que el gobierno pretende. Si una de las ideas gubernamentales era apostar a nuestra debacle en la ruleta del ridículo, pues perdieron la inversión. De modo que lo fundamental es lo que todos nosotros podemos después de demostrar que el futuro pertenece por entero a dos sectores: la ciudadanía y la sociedad civil.

Estambul, sí; Río, sí…

¿Por qué todavía no, en Caracas y en La Habana?

Mario J. Viera

30 de junio de 2013

 

Hay muchos que se interrogan el por qué se han producido protestas masivas en Estambul y en Río de Janeiro, en tanto que en Caracas y en La Habana, donde existen mayores razones para el estallido de una protesta popular, estas no se han producido de manera masiva y consistente. Tal vez muchos culpen la aparente falta de combatividad de cubanos y venezolanos a una carencia de civilismo, a un estado de apatía y desidia generalizado, e, incluso, a la cobardía social.

 

Quizá esto sea cierto, pero solo en parte y solo dentro de determinadas condicionantes.

 

Henrique Capriles ve una gran diferencia entre las posiciones del gobierno brasileño y las del gobierno de Venezuela. Según el líder opositor venezolano: "Brasil tiene una presidencia que reconoce a la oposición pero en (Venezuela) la protesta universitaria por ejemplo ha tenido como respuesta el desconocimiento a los profesores, a los estudiantes y tildarlos de conspiradores".

 

Esto también es cierto pero solo dentro de un marco específico de la realidad y solo en parte.

 

Fernando Mires analizando la razón de que en Venezuela no se haya realizado una fuerte protesta masiva, la encuentra en la condición estatista del chavismo; es decir en “un proceso de toma del poder, pero no por una clase social externa al estado, sino por un partido identificado cien por ciento con el estado” lo que dicho con otras palabras: “se trata de un proceso de doble toma de poder. Por una parte, la toma del estado por el gobierno. Por otra, la toma de la sociedad por el estado”.

 

Este criterio puede aplicarse al régimen castrista; primero los rebeldes de la Sierra Maestra tomaron el gobierno y acto seguido, asaltaron el Estado. La llamada Revolución Cubana tuvo como objetivo la estatización de toda la vida social del país, primero suprimiendo el Congreso cuando le dio la capacidad legislativa a la junta de gobierno que estableciera, posteriormente el asalto al poder económico colocando toda la economía bajo el imperio y las directrices del Estado para continuar suspendiendo el ejercicio electoral e impulsar la creación de un Partido de gobierno desde el propio Estado.

 

No se equivocó Mires cuando afirmó que “ahí donde crece el estado no nace la sociedad”. El estatismo conduce inevitablemente al totalitarismo y los grupos sociales se masifican en un ente colectivo, irresponsable e ignorante. Ese fue el trabajo sistemático de Fidel Castro durante su liderazgo al frente de su gobierno usurpador: colocar a toda la sociedad bajo la hegemonía del poder estatal y ejercer la represión selectiva para acallar cualquier tipo de protesta o expresión de malestar. El castrismo logró, lo que intenta alcanzar el chavismo, “quebrar la columna vertebral de la sociedad” de tal modo que se hiciera prácticamente imposible “una comunicación de tipo horizontal entre diversas organizaciones sociales”. Quien no comprenda este acierto posee una ignorancia supina de la sociología más elemental.

 

Como dijera recientemente Henrique Capriles: “La protesta tiene que ser expresión del pueblo, sobre la base de problemas concretos”. Como bien señalara Gustave Lebon en “Psicología de las revoluciones”: “La masa constituye un ser amorfo que no puede hacer nada y no hará nada sin una cabeza que la conduzca”.   Para que se inicie una protesta se requiere la conducción de las multitudes por agitadores decididos, que tomando como consigna un problema concreto de la sociedad inciten a una acción resuelta por parte de la población. Pero para lograr esa respuesta hay que vencer al miedo latente en las poblaciones sometidas a regímenes policiacos. El miedo se vence con el ejemplo, con la obstinación casi suicida de activistas decididos. Ningún movimiento de protesta es espontáneo, requiere de todo un proceso previo de preparación y concientización.

 

En Brasil, en Turquía no existe un estado policiaco; el gobierno no es todo el estado y existe la separación de poderes. Donde el gobierno es el que legisla y al mismo tiempo domina y controla los poderes judiciales, iniciar una protesta masiva es un acto de suprema desesperación. Todo el poder del Estado contra la población. Si a esto agregamos, como sucede en Cuba bajo el castrismo, que no existen fuertes y bien estructuradas organizaciones de la sociedad civil, donde las organizaciones sociales, como los sindicatos y las organizaciones estudiantiles están bajo el poder del gobierno-estado, donde no existen partidos legalizados de la oposición, donde los medios de comunicación masivas están bajo el poder monopólico de los órganos del estado, la movilización de las multitudes se convierte en prácticamente irrealizable.

 

Existe descontento en Cuba, como existe en Venezuela; pero el descontento para que impulse a la acción desesperada de las protestas masivas tiene que ser, como dijera Lebon, universal y excesivo, requiriéndose “la continua o repetida acción de dirigentes”. En Venezuela, aún el descontento no se ha hecho universal, aunque existen activistas opositores que cuenta con más o menos capacidad de activismo. En Cuba, el descontento se está haciendo universal, pero los líderes que pudieran canalizar de modo efectivo ese descontento están ostensiblemente limitados por el control policiaco.

 

Pretender desde el exilio una rebelión en Cuba que asalte la Plaza de la Revolución como si fuera la Plaza Tahrir en el Cairo es no tener la menor idea sobre la dinámica social. Algún discrepante que hace de la discrepancia un oficio, lanzará rayos olímpicos sobre el pueblo cubano, exigiéndole acción frontal contra el régimen y acusándole de complicidad con sus tiranos. Desde el exilio no tenemos la moral para exigirle a los que están en la isla la comisión de actos desesperados. Muchos nos enfrentamos al régimen pero abandonamos el país para acogernos al exilio. Lo que no pudimos o no fuimos capaces de hacer en Cuba no debemos exigirlo para que de manera espontánea La Habana se convulsione en una serie de protestas callejeras que desestabilicen al gobierno.

 

Nuestra labor desde el exilio es denunciar los crímenes de la dictadura, buscar apoyo para el movimiento opositor dentro de Cuba y apoyar sin exclusiones a sus activistas, sin imponerles directivas.

 

Ya muchos en Cuba manifiestan su descontento, todavía de manera tímida, pero actuando en la pasividad. Muchos cubanos ya no participan en los simulacros electorales del régimen o van al colegio electoral y anulan la boleta o la entregan en blanco. Las elecciones son también, como ha dicho Mires, otro modo de protestar. Muchos activistas de derechos humanos y de la oposición ya se atreven a salir a las calles y hacer protestas enfrentando a los represores y sin el apoyo inmediato de la ciudadanía que, no obstante, con su silencio manifiesta su apoyo a los valerosos activistas.

 

El descontento crece en Venezuela; el descontento es ya enorme en Cuba, solo falta el momento propicio, la oportunidad de un instante, para que tanto en La Habana como en Caracas las plazas públicas y las calles se conviertan en un hervidero de furiosas protestas reclamando la caída de un gobierno incompetente, corrupto y represor.

 

 

 

Cuba, el nefasto perjuicio de la espera

Luis E. Valdés Duarte

30 de junio de 2013

 

Acaban de preguntarme, por enésima vez, por qué el pueblo cubano ha decidido soportar los horrores de la peor dictadura de su historia. Así que resuelvo ponerme a pensar mejor en el asunto porque, cada vez más, es una cuestión de dificilísima respuesta.

 

El “hay que vivir allí para entender las razones por las que casi nadie mueve un dedo para enfrentarse al castrismo” escuchado hasta el cansancio, tiene una explicación que no solo está relacionada con la fuerte opresión que el régimen de La Habana despliega con tal de que a nadie se le ocurra enfrentársele.

 

Al miedo que ese avasallamiento induce se le suma otra razón de peso que provoca la inercia en que se encuentra el pueblo de Cuba, aun privado como está de sus derechos más elementales. Ese temor es la justificación de muchos, pero encuentra su contrapartida en el valor de los pueblos que en este mismo instante se enfrentan a situaciones de totalitarismo al precio de la vida misma en múltiples latitudes del mundo.

 

Cuba no fue un país que se caracterizara por soportar situaciones de opresión, más bien todo lo contrario. ¿Qué pasa ahora, entonces, para que en el momento de su historia en que más privaciones de toda índole tiene ese pueblo, haya decidido aguantar?

 

Otros dan como argumento la desinformación. Si bien internet nos permite estar al tanto de cuanto ocurre en el mundo, nadie como el que está en Cuba sabe lo que allí está pasando y lo que allí se está sufriendo. Así que las razones fundamentales para pararle los pies a la dictadura se encuentran dentro de Cuba y los cubanos las tienen cada día delante de los ojos.

 

Si bien las redes sociales han servido últimamente para la organización de manifestaciones y otros actos de enfrentamiento al oprobio, sigo pensando que hay otras causas de fondo que impiden un levantamiento popular y no solo la privación a internet. Digo que hay otras, sin dejar de considerar que el acceso a internet es cardinal.

 

La normalización del horror

 

Una de esas razones es que en Cuba se ha normalizado el horror. Las situaciones más espantosas y menos llevaderas se fueron volviendo habituales y están ya en el terreno de lo natural.

 

Cuando un hecho tan devastador como que un tiburón se zampe a un hombre que intenta escapar de su país se pone a la orden del día y se soporta con inexplicable estoicismo, deja de ser extraordinario y pasa a ser normal. La lista de horrores que en Cuba se han allanado y se han asumido como lo justo es extensa y lo más grave es que así ha sido no para la minoría que a ello se enfrenta, sino para la gran mayoría de los cubanos que tienen conciencia de que todo va muy mal, pero aún siguen viendo en la infamia algo tan normal como tomarse un vaso de agua.

 

La prioridad para esa mayoría que ha visto pisoteada su autoestima está en la subsistencia y no en conseguir un estado democrático.

 

Se nos volvió normal, habiendo nacido en Cuba, que se adoctrine a un niño desde los cinco años o antes, hacerle gritar consignas que no entiende, contra personas que no conoce y a favor de “héroes” cuyas oscuras biografías también desconoce, así como que, siendo aún menor de edad reciba como asignatura preparación militar y aprenda a usar armas: cómo se desarma un fusil, cómo se apunta y cómo se dispara con él. Y también se volvió normal que su plan de estudios incluya clases de contenido político, que sea evaluado políticamente al final del curso y que esto tenga repercusión en su evaluación final.

 

Algo que poner en el plato

 

Para un cubano de a pie es normal que tenga que dedicar el día a buscar la comida que esa misma noche se va a poner en el plato. Es normal que le paguen en una moneda y le cobren en otra veinticinco veces más poderosa. Es normal que su vecino lo vigile, que haya un solo partido y que desde sus filas se determine todo. Es normal que la policía responda a los intereses de ese partido y no del pueblo. Todo ello es natural.

 

Lo antinatural en Cuba es que fuera sencillo encontrar comida, pagarla con la moneda en la que se cobra y que no se vaya en ello todo el salario, que su vecino viva su vida propia y no la ajena, que haya pluripartidismo, que la policía defienda a todos por igual.

 

Pero no. Lamentablemente, lo natural es que se golpeen a mujeres que se oponen pacíficamente, que en las cárceles no quepa un preso político más, que sea ilegal pensar diferente a lo que el gobierno determina. Que los opositores mueran en raras circunstancias no aclaradas. Es natural que no haya elecciones que persigan una embustera unanimidad para que el mismo gobierno lleve entronizado, con el mismo apellido, como en las más sonadas dinastías, más de medio siglo. Lo inusual es el respeto a la opinión del otro, la caballerosidad por encima de las ideas políticas, unas elecciones libres, Cuba sin Castro.

 

Lamentablemente, para la mayoría que aún no ha cruzado la frontera del miedo, todos estos oprobios se han normalizado y no forman parte de situaciones absurdas a las que hay que enfrentarse.

 

Odisea indecible

 

Lo natural es que un cubano tenga que pasar por una odisea indecible y por un maremoto de gestiones para salir de su país, que haya un porciento altísimo de la población en el exilio, que la familia esté fragmentada, distanciada, rota… Y se ha hecho más normal aún que los cubanos no puedan viajar libremente dentro de su propio país, ir de una provincia a otra y permanecer en ella sin un permiso especial al estilo de los salvoconductos, más propios de monarquías antiguas que de un país del siglo XXI. Lo normal es que el transporte público sea un desastre. Hace mucho que a eso se está acostumbrado y otra cosa sería antinatural.

 

Lo normal es que una gran cantidad de personas se prostituyan, sin importar la edad de quien lo hace ni de quien va en busca del servicio. A veces sin importar el sexo. Es normal que la prostitución ya no sea tanto por dinero como por libertad. La meta de la mayoría de los que se prostituyen es conseguir que un extranjero los saque del país.

 

Es normal que el sistema de salud sea una catástrofe, que no haya medicinas ni instrumental, que los hospitales estén en condiciones infrahumanas y que para ser atendido con prioridad haya que aparecerse al menos con una merienda en la mano. Lo antinatural es que un hospital sea como un hotel, como corresponde.

 

Un mundo al revés

 

Los cubanos han asumido que no les toca dentro de su propio país tener autodeterminación, exigir sus derechos, acceder a lo que se merecen por lo que son capaces de hacer. No cabe otra razón para explicar que un pueblo inteligente se haya dejado avasallar de esta manera y que haya asumido un mundo al revés.

 

Llevan razón esos que dentro y fuera han abierto los ojos y están de pie.

 

Lo que más me preocupa de todo, no es que se estén cayendo los edificios, ni que estén destartaladas las aceras, ni que a La Habana, por ejemplo, hace más de medio siglo que no se le lava la cara. Porque esos temas se arreglan en un tiempo relativamente corto. Me preocupa la escasísima preparación de los cubanos para el cambio. Y es comprensible pues la dictadura se ha ocupado de usar todas las estrategias posibles para normalizar el horror y lo ha conseguido mucho.

 

Me desvela ese estar sentados en el Malecón, tranquilos ante el nefasto perjuicio de la espera… la espera de quien no espera nada. Y me impacienta constatar que eso es lo que más normal se ha vuelto: no esperar que algo bueno va a pasar y no saber que falta muy poco.

Manifiesto de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU)

21 de junio de 2013

 

La Unión Patriótica de Cuba (UNPACU) es una organización prodemocrática resultado de la unión de varias otras, y que agrupa a un considerable grupo de cubanos que deseamos la libertad y el bienestar de nuestra Nación. Estamos trabajando en un programa detallado que publicaremos más adelante. Pero queremos que nuestro pueblo conozca desde ahora nuestras ideas centrales sobre cuestiones que nos afectan a todos. Por eso hemos escrito esta:

 

Proposición de Cambio

 

¡Cuba para los cubanos!

 

Es falso que los opositores pacíficos estemos sometidos al extranjero. Queremos una Cuba libre, soberana e independiente. Resulta vergonzoso que en nuestra Patria los extranjeros sean preferidos a los cubanos. Queremos eliminar esa y todo tipo de discriminación. Los cubanos debemos recibir a los extranjeros con los brazos abiertos, pero como a iguales, no como a privilegiados. Nadie ha atentado más que los Castro contra la dignidad de nuestro pueblo y el orgullo de ser cubanos.

 

Economía

 

La economía de Cuba es un desastre; el país ya ni siquiera produce el azúcar necesario. El gobierno quiere dirigirlo y controlarlo todo, y por eso todo anda mal. El régimen ha convertido a Cuba en una de las naciones más endeudadas del mundo. Todo esto hay que cambiarlo. Hay que apoyar la iniciativa privada y la inversión extranjera, con un entorno legislativo justo, objetivo y universal. Esto provocaría la apertura de la economía, la atracción de la inversión, y nuevos mercados. Al crecer la inversión y la actividad productiva, los salarios comenzarían a igualarse con los de los países prósperos del Caribe, creciendo con ellos el consumo interno y, por ende, los precios tenderían a la baja. Debe ponerse fin a la doble moneda. El cubano debe recibir su salario en la moneda en que se paguen todos los productos y servicios

 

Alimentación

 

Los cubanos pasamos serias dificultades con la alimentación en un país fértil y no muy poblado. Eso es una vergüenza. Hacemos nuestras las palabras del discurso de Fidel Castro conocido como La Historia me Absolverá, que son hoy más actuales que nunca: “Los mercados debieran estar abarrotados de productos; las despensas de las casas debieran estar llenas… Lo inconcebible es que haya hombres que se acuesten con hambre mientras que de una pulgada de tierra sin sembrar”. Y agregamos nosotros: Es abusivo que los precios de los alimentos vendidos en divisas por el gobierno cubano sean más del doble de los que se cobran en países ricos como los de Europa o Estados Unidos de América. Esto debe cambiar.

 

Ropa y Calzado

 

También los precios de los artículos de vestir son enormes. Al igual que pasa con los alimentos y otros productos, esto se debe al monopolio estatal de las tiendas, el cual abusa de los cubanos fijando precios excesivos. Hay que abrir la economía y permitir la libre competencia, lo que haría que la oferta mejorara y que los precios bajasen grandemente.

 

Vivienda

 

Una de las falsas promesas del castrismo fue la de resolver el problema de la vivienda. Ha habido planes para fabricar 100.000 al año, pero nunca se han cumplido ni remotamente. Muchos cubanos tienen que vivir en bohíos, casuchas, cuarterías, edificios inhabitables o albergues insalubres; la mayoría de las viviendas están en mal estado. En una misma casa tienen que convivir hasta cuatro generaciones. Hay que abaratar los materiales de construcción, lo que facilitaría que este grave problema comenzara a aliviarse en seguida, y que se resolviera por completo en un plazo razonable. En este asunto en UNPACU también estamos de acuerdo con La Historia me Absolverá: “Hay piedra suficiente y brazos de sobra para hacerle a cada familia cubana una vivienda decorosa”.

 

Agua

 

Al cabo de más de medio siglo, el gobierno comunista no ha sido capaz de resolver el problema del agua de consumo humano, cuya calidad incluso ha empeorado por la contaminación de aguas albañales, entre otras cosas. Esto se ve en ciudades del interior y en barrios marginales de la capital; también en zonas rurales. Es necesario tomar medidas para resolver este serio problema lo más pronto posible.

 

Otros Servicios Comunales

 

La electricidad es cara y son frecuentes los cortes del fluido y el bajo voltaje; la recogida de basura, el alcantarillado y otros servicios presentan problemas agudos. Hay que trabajar para eliminar los apagones y resolver todas estas situaciones negativas en un plazo razonable.

 

Transporte

 

El transporte inter-provincial es caro y malo; los ómnibus urbanos casi no existen en el interior de la república y en la capital son pocos. Las calles, caminos y vías férreas están en ruinas. No existe sociedad moderna que desee crecer que no tome como prioridad el transporte y las comunicaciones en todo el territorio. Cuando las comunicaciones y el transporte no son adecuados, el coste de la logística, en muchos casos, supera al del propio producto. Hay que mejorar el transporte y las vías.

 

Empleo e Industrialización

 

Al llegar al poder, los castristas prometieron industrializar rápidamente el país. Esto no sólo no se cumplió, sino que el régimen ha desmontado en masa las industrias, como en el caso de la azucarera. Favorecer la inversión extranjera y la libre empresa permitiría la creación de cientos de miles de nuevos puestos de trabajo, así como cambiar el perfil productivo del país, que además de significarse en las materias primas agrícolas, debería tener una industria local fuerte que permita el abastecimiento de la nación de productos de cierto valor añadido y así evitar la constante importación de mercancías extranjeras vía aérea o marítima, que provocan alza de precios, tanto por costes como por escasez. Los salarios deben cubrir las necesidades básicas del trabajador y su familia. También hace falta eliminar la inseguridad laboral y el despojo de dinero que sufren los trabajadores de las empresas mixtas. El mercado negro resultante de “resolver” es algo que perjudica a todos, ya que no es precisamente el mercado negro el que hace crecer a los países, sino todo lo contrario, genera desprotección jurídica, falta de calidad, corrupción y falta de productividad.

 

Agricultura

 

Debe realizarse una verdadera reforma agraria, que respete las fincas privadas hoy existentes y que esté basada en el principio de que quien trabaje la tierra sea su propietario y pueda actuar como tal, determinando qué produce, a quién le vende y a qué precio. Esa Reforma Agraria deberá eliminar definitivamente de Cuba el latifundio, que hoy en día es estatal. El proceso de unificar intereses de muchos productores en cooperativas que abaraten y concentren los procesos industriales o de maquinaria, la creación de las denominaciones de origen para dar más valor a los productos “únicos” en calidad, y, en general, dotar a los productos con un proceso de marketing adecuado, unido a la apertura de mercados de exportación, sin duda creará una amplia entrada de divisas al país.

 

Educación

 

El Estado debe seguir brindando educación gratis para todos. Pero deben eliminarse el adoctrinamiento político comunista y el trabajo forzoso de los alumnos. Debe inculcarse en el cubano del siglo XXI el espíritu crítico, constructivo, creativo, de superación; precisamente contrario a la mediocridad que genera el sistema actual.. Para quienes lo deseen, deben permitirse centros de estudios particulares, incluyendo los de carácter religioso. Hay que restablecer la autonomía universitaria y la libertad de cátedra.

 

Salud Pública

 

Es necesario que se mantenga la atención médica gratis para todos, pero elevando su calidad. Deben autorizarse las consultas privadas para quienes lo deseen. La mayor parte del personal de la salud debe prestar sus servicios en Cuba, y no en las llamadas “misiones internacionalistas”, como sucede hoy en detrimento del nacional. La deficiente alimentación atenta contra la salud. Actualmente tenemos serios problemas con medicamentos, instrumentos y atención médica de auténtica calidad.

 

Cultura

 

Es necesario impulsar el desarrollo de la cultura, y librarla del control estatal y del lastre que para ella representa la carga del adoctrinamiento comunista. El arte debe ser la libre expresión del hombre. No hay que temer a los cambios que provoque el arte, sino a quien coacciona, amedrenta o coarta al arte.

 

Periodismo

 

Cualquier sociedad civilizada sabe que el periodismo ha ganado muchas batallas para liberar a sociedades enteras del yugo de la mentira y del secretismo. Quien teme al periodismo libre, es porque teme que sus propias acciones no puedan ser divulgadas y difundidas sin provocar la ira o la indignación del pueblo. Todo gobierno de una Cuba democrática debe estar preparado para convivir con la libertad de prensa. Hoy en día no existe prensa en Cuba, sino un aparato de propaganda que tergiversa la realidad, miente y manipula.

 

Internet

 

La red de redes es prioritaria para los gobiernos de los países civilizados. Las naciones democráticas fomentan el acceso de los ciudadanos a la Internet. Los cubanos carecemos de libre y justo acceso a Internet. Solo podemos tener acceso en unos pocos hoteles, mediante tarjeta cuyo coste asciende a 8 o 6 cuc cada hora y la conexión de pésima calidad. En Europa, por el valor de 25 cuc, accede una familia entera todo un mes. La Internet es de vital importancia para las sociedades modernas, no puede haber desarrollo sin libre acceso a la red de redes. Los cubanos debemos tener libre acceso a Internet con calidad y costo justo.

 

Comunicaciones

 

Cuba está prácticamente aislada del resto del mundo por el alto costo que el monopolio estatal Empresa de Telecomunicaciones de Cuba, Sociedad Anónima (ETECSA) impone a las llamadas telefónicas. La telefonía celular no está al alcance del bolsillo de quienes sobreviven con míseros salarios. Tarifas justas beneficiarían al pueblo y reportarían mayores ingresos a la nación.

 

Deportes y Recreación

 

Hace años se lograron grandes éxitos deportivos, pero esa época pasó, como lo prueban las últimas Olimpiadas, el reciente Clásico Mundial de Béisbol y otros torneos internacionales. Hace falta revivir el deporte cubano mediante la práctica masiva, permitiendo que los atletas que lo deseen puedan convertirse en profesionales y reconociendo a los que viven fuera del país el derecho a representar a Cuba en competencias internacionales, como sucede en el resto del mundo. Las pocas opciones de recreación que existen hoy deben ampliarse y crearse otras nuevas sin exacerbar las intoxicaciones etílicas o la violencia, en especial para los jóvenes.

 

Grupos de Edades Vulnerables

 

Sentimos especial preocupación por nuestros niños y ancianos. Los primeros carecen por completo de perspectivas de futuro; los segundos ven, ya al final de su camino, que todos sus esfuerzos en la vida han resultado vanos y que el actual régimen sólo les garantiza pensiones de hambre. Eso hay que cambiarlo.

 

Propiedad

 

Los comunistas dicen que los que se les oponen desean devolver todas las propiedades a sus antiguos dueños. Eso es mentira. Los que han sido declarados propietarios de su vivienda o finca deben seguir siendo los dueños de ellas y no debe pensarse en hacerles pagar alquiler alguno. Por el contrario, hay que convertirles en verdaderos propietarios que no tengan que pedir permiso a las autoridades para decidir qué hacer con su propiedad o con lo que produzcan en ella (como sucede hoy con los campesinos particulares). Cuba debe ser un país de propietarios y productores libres. En cuanto a los antiguos dueños, debe reconocerse que fueron víctimas de un abuso y buscar como indemnizarlos de un modo justo que no afecte el futuro desarrollo ni cree nuevas injusticias.

 

Derechos Humanos

 

En Cuba actualmente se violan en mayor o menor medida todos los derechos humanos reconocidos por la ONU. El gobierno debe respetar los derechos de los ciudadanos. Por ejemplo: que nadie sufra discriminación por motivos de raza, sexo, opiniones políticas u otros que atenten cntra la dignidad humana; que los cubanos del interior puedan viajar a La Habana sin ser perseguidos; que no haya que hacer pagos en dólares al gobierno para viajar al extranjero o para que los cubanos residentes en el exterior visiten su Patria; que el gobierno no siga considerándose con potestad para prohibir los viajes internacionales de algunos cubanos; que la policía y los guardias de prisiones no maltraten y abusen a los presos; que todos puedan decir lo que piensen, incluso contra el gobierno, sin temor a ir a la cárcel, etc., etc.

 

Democracia

 

Deben respetarse las libertades civiles, económicas, políticas, sociales y culturales. Debe haber órganos de prensa independientes, para que todos puedan expresar lo que sienten. Los ciudadanos deben tener libre acceso a la información, incluyendo internet. En las elecciones, el pueblo debe poder escoger entre diferentes candidatos que pertenezcan a partidos políticos distintos, a diferencia de lo que sucede con las votaciones actuales. La separación de los poderes, además del pluripartidismo, es fundamental, pues ya desde hace siglos se detectó el claro beneficio de la separación de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial en el control para evitar la corrupción y los abusos.

 

Orden Interno

 

Muy preocupante resultan el alza de la criminalidad: los asesinatos, la violencia, los robos, la corrupción, y sobre todo el mal trabajo de las autoridades encargadas. La policía debe cumplir con la misión que tiene este cuerpo en todo el mundo civilizado: proteger y servir a la ciudadanía. La policía en Cuba hace todo lo contrario, en vez de velar por el respeto a los derechos de las personas, los viola constantemente. Los policías también ganarían mucho con la democratización de nuestra Patria, no tendrían que molestar ni perseguir a nadie por sus ideas, tendrían mejores condiciones de trabajo y mejorarían sus condiciones de vida.

 

Defensa Nacional

 

La defensa de la nación es de vital importancia, esa es la principal tarea del ejército. Además el ejército debe estar siempre listo para enfrentar debidamente desastres naturales y proteger nuestras costas del narcotráfico internacional. El ejército debe tener la dimensión que nuestras necesidades y nuestra economía exigen y permiten. La misión de las fuerzas armadas es defender la Patria, no servir a un partido político. La democratización de la nación daría lugar a que las fuerzas armadas se modernizaran, cumplirían mejor su rol y sus miembros, hasta el último soldado, tendrían mejores condiciones de vida y derechos y libertades que hoy no poseen.

 

Religión

 

En Cuba hay hoy libertad de culto, pero no de religión. Hace falta subsanar esta situación y eliminar la discriminación que de hecho existe contra los creyentes. También que todas las denominaciones religiosas puedan construir nuevos locales para sus actividades.

 

Medio Ambiente

 

Es necesario mejorar el medio ambiente, luchando contra las afectaciones que existen hoy como consecuencia de las malas políticas del régimen. Los cubanos tenemos derecho a un desarrollo sostenido y sostenible. Debe hacerse cumplir todas las legislaciones nacionales e internacionales al respecto.

 

* * *

 

La vía para el cambio: Cubano: Es posible que estés de acuerdo con todo o mucho de lo que aquí se dice, pero te preguntes qué podemos hacer para lograrlo sin que se derrame sangre cubana. Para empezar, decimos: Podemos hacer lo mismo que se hizo en los antiguos países socialistas de Europa. Podemos comenzar diciendo “YO NO”. YO NO chivateo, NO voto a favor de los candidatos comunistas, NO asisto a las reuniones y marchas que convoca el gobierno, NO participo en actos de repudio. Pero además de decir NO a todo lo que se debe, te exhortamos a que te acerques a quienes de forma organizada, única manera de lograr el cambio, luchamos por tus derechos. La UNPACU te espera para construir juntos la Cuba que todos deseamos, la Cuba libre, justa y próspera que debemos dejar a las futuras generaciones.

 

Nota: cuando termines de leer este escrito, ¡por favor, no lo botes ni lo guardes! Pásalo a un familiar, amigo o vecino. Si tienes la posibilidad, haz y distribuye un par de copias; ten presente que en ningún país del mundo (¡ni siquiera en Cuba!) es delito reproducir un escrito en el que sólo se dan opiniones sobre la posibilidad de un cambio pacífico para beneficio de todos.

 

Consejo Coordinador de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU)

 

Nota: para mayor información contáctenos en los siguientes teléfonos:

 

+17863046303 +5353688745, +5352415709, +5353146740, +5352599366, +5352427834.

 

O en los siguientes correos electrónicos:

 

unpacu@gmail.com

 

luisenriqueferrer@gmail.com

 

navarrofelix10@gmail.com

 

josedanielferrerhsm@gmail.com

 

guillefari62@yahoo.com

 

guillefari62@gmail.com

 

Publicado por Unión Patriótica de Cuba el 21 junio de 2013 en Desde Cuba.

Estar en la cerca

Oscar Peña

28 de junio de 2013

 

La palabra cerca tiene varios significados. Uno de ellos es estar a corta distancia de un punto y otro es el de propiamente una cerca que circunda un área. En Cuba a partir de 1959 también ha tenido otro designio y es el de inculpar a ciudadanos con el fulminante dictamen de persona que no puede confiarse la revolución por estar en la cerca. No definidos. Aun simpatizantes de la revolución padecieron esos excesos y brutalidades.

 

Teniendo tan solo 10 años, en 1960, recibí llamados de atención de adultos porque jugaba con amiguitos que sus padres no eran revolucionarios. Hasta ese nivel de fanatismo, torpeza y crueldad se vivió en Cuba. Afortunadamente, mi mente infantil no supo digerir aquello y Fredy el chorizo, Guillermito Corsa, Gerónimo el nene, los hermanos Panchito y Luis, Tony motoneta, José Silva el gordín, Manolito Blanco y otros siguieron siendo mis afectos. Obviamente no tenía en aquellos momentos de inocencia lucidez para percatarme de ello, pero había surgido en mí ese carácter de criterio y convicciones independientes que –no estoy seguro si para bien o para mal porque me ha traído muchos problemas e incomprensiones– me ha acompañado toda la vida.

 

En la adolescencia también volví a ser cuestionado porque no era posible que un joven revolucionario tuviera como amistades preferibles a otros jóvenes que no lo eran. Fui incriminado de estar en la cerca. Los que me vigilaban y fiscalizaban no podían entender mi amistad con el joven Carlos Viada, que había estado preso en los primeros años del 60 por intentar irse en una lancha, ni con Enrique Campuzano, El niño Lazo, Juani el Pillo, Ulises Cordoví, Pablito Prieto (el padre era un preso político plantado), Leonardo López, y otros que estaban señalados como desafectos o indiferentes. Sin embargo, con ellos me extraía de la rigidez de los compañeros revolucionarios y vivía momentos amenos y auténticos. Había una incapacidad nacional de entender que una amistad verdadera está por encima de ideologías. Incluso hasta el campo del amor se invadía. Hubo preocupaciones porque me casé con una joven de familia no integrada al régimen y que asistía a misas católicas.

 

Formé parte cuando joven del coro gubernamental pero desconcertaba y descomponía letras y sintonías al tener opiniones y razonamientos propios. Poseo el honor y la moral que antes de convertirme en “contrarrevolucionario” (movimiento de derechos humanos) fui en vano un viril y constructivo disidente dentro de la revolución, donde se me trataba de callar con el obscurantismo “…hay que confiar en la revolución y lo que baja de arriba no se cuestiona…” Discúlpeseme la inmodestia pero en buscar soluciones entre cubanos se me ha ido la vida: todas las propuestas de cambios y reformas que pretendí dentro del régimen hace más de 40 años se están iniciando hoy por Raúl Castro y sin embargo en aquella época comenzaron acusándome de inmaduro, de tener confusiones y debilidades ideológicas y por último incomunicándome en Villa Marista 91 días, acusándome de posible agente de la CIA. Hasta losas de la casa levantaron buscando pruebas. Quizás sería saludable para comenzar a edificar el país que el sucesor pidiera públicamente disculpas de manera general a todos los que atropellaron, sancionaron y castigaron por intentar los cambios que están haciendo hoy y por el tiempo perdido.

 

Resulta que en Miami también hay “fiscales” que determinan si estás en la cerca o lejos de ella. Incluso lo hacen hasta personas valiosas y decentes. Alguien expresó en una ocasión que todos los cubanos tenemos un “Fidelito por dentro” y parece es cierto. Definitivamente ni las autoridades de Cuba, ni algunos en el exilio acaban de entender que hay seres humanos que solo son agentes de sus ideas y su conciencia.

 

Y como nada ha quebrado esa indomable forma de ser, tampoco he tenido buena voz para la coral de Miami, que tristemente tanto se parece a la de Cuba. Incluso hasta en lo de tratar de enfangar prestigios. Es lamentable pero los coros históricos de Cuba y Miami no acaban de alcanzan la altura necesaria para evolucionar y siguen siendo freno para entre todos reparar y normalizar la patria.

 

Razono: si en Miami “estar en la cerca” es defender el mantenimiento de los contactos entre la familia y el pueblo cubano, es desprenderse de discursos y atrincheramientos inefectivos, es no estar de acuerdo con los autores de las criminales explosiones mandadas a poner en hoteles en Cuba y es proyectar soluciones cubanas de manera civilizada entre los componentes del gobierno, la sociedad civil y los exiliados, lo grito: ¡Sí, estoy en la cerca! y considero que es algo formidable para la nación cubana estar siempre en ella (léase centro político) alejado de los extremistas de ambos lados, asimilando lo positivo de las dos partes y ayudando a ir sepultando lo negativo. Los cubanos han estado al revés y hay que invertir los términos: estar en la cerca es estar en la sensatez, la inclusión de todos y la búsqueda de la armonía nacional.

Las murallas del régimen político cubano

Haroldo Dilla Alfonso

24 de junio de 2013

 

El problema que afrontan los dirigentes cubanos es que ha cambiado no solo la sociedad sino también el sistema político

 

Existe una similitud entre la manera como las fortalezas organizaban sus defensas y como lo hacen los regímenes políticos[1].

 

Las fortalezas tendían a delimitar una zona defensiva que llamaban glacis, y que generalmente se definían por el alcance de un tiro de cañón. El glacis era una zona de exclusión más o menos severa, donde nunca se permitían construcciones perdurables, y eventualmente se proscribían merodeadores. Los regímenes políticos también lo hacen, y en sus glacis simbólicos controlan y reprimen.

 

Obviamente las viejas fortalezas siempre estaban obligadas a redefinir sus zonas de exclusión, asediadas por las sociedades que crecían y se diversificaban, y por eso los glacis se iban acortando, y pasaban desde una medida convencional de 1200 varas a un par de centenares. Hasta que los muros terminaban derrumbándose, transformando los glacis en temas inmobiliarios y con el tiempo a los castillos en atractivos para turistas encantados. Cuando los regímenes políticos son flexibles y creativos, hacen lo mismo, y terminan redefiniendo sus glacis, acortando exclusiones e integrando disidentes, aunque siempre mantengan una zona defensiva detrás de la cual está el diluvio.

 

Evidentemente el régimen político cubano no clasifica en esa última distinción. Tiene muy poco de flexible, y como tozudos administradores de viejas fortalezas, los dirigentes cubanos siguen cazando como conejos a los que merodean su dilatado glacis. En otras palabras, a pesar de que la sociedad cubana cambia dramáticamente, quieren seguir gobernando como lo hicieron antes de los 90, cuando controlaban la movilidad social y la comunicación política hasta en sus detalles. No quieren renunciar a su vocación totalitaria a pesar de la que sociedad ya no admite esa subordinación, y que ellos mismos no pueden ejercerla.

 

El problema que afrontan los dirigentes cubanos es que ha cambiado no solo la sociedad sino también el sistema político. No es simplemente que se extienda la inconformidad social ante la mediocridad política y económica y que se exprese en un descontento desestructurado que se lleva al extranjero a buena parte de lo mejor. Tampoco se limita a que aparezcan espacios de propiedad privada. El problema es que han cambiado las coordenadas de poder social y la disposición de los espacios políticos, y que hay una parte de la sociedad que no se va a ir, y que espera un cambio político que de cuenta de sus aspiraciones legítimas.

 

La sociedad cubana está cruzada por variables de acciones públicas y privadas impensables hace dos décadas. Y todo esto, en sentido laxo, es política. Hay una oposición militante —en los espacios públicos reales o virtuales— que a todas luces llegó para quedarse. Hay espacios críticos más moderados respecto al régimen político, pero muy innovadores en términos culturales, y que se expresan regularmente en una serie de demandas gremiales ante el propio Estado. Y finalmente todo aquello que Granma llamó “situaciones inusuales” a la luz de los ripios de la “moral revolucionaria” y que van desde las suntuosas noches de glamour del jet set de los nuevos ricos hasta las alucinaciones del pastor que se atrinchera con su rebaño en un templo esperando la llegada del mesías.

 

El reto de los dirigentes cubanos está en mover el régimen político, gradual pero consistentemente hacia un sistema pluralista sin exclusiones. De lo contrario la sociedad cubana seguirá viviendo esa situación morbosa de ser sometida a un régimen de subordinación incompatible con su calificación educativa y política, menos aún con el mundo en que todos vivimos. Seguirá sufriendo su dramática condición de una sociedad flagelada por los extremismos, las polarizaciones, las exclusiones y los disidentes trocados en traidores. Y la Isla continuará despoblándose, y la apatía y el cinismo político seguirán siendo las monedas fuertes del mercado político.

 

Pero me temo que para hacer esto, los dirigentes cubanos requerirían algo de que carecen: una visión estratégica de nación que señalice hacia donde ir de manera realista y consensuada. Y mientras no lo tengan van a seguir parapetados tras los muros, escudriñando el glacis, prohibiendo construcciones y reprimiendo merodeadores independientes.

 

[1] Entiendo aquí (convencionalmente) por régimen político al entramado duro (normativo e institucional) que sustenta a un sistema político. Este último, en cambio, incluye otras dimensiones como valores, creencias, movimientos sociales y en general espacios de poder y acción que no se circunscriben a la institucionalidad formal.

Disidencia y concertación

Juan Antonio Blanco

12 de junio de 2013

 

Si el régimen divide, las fuerzas del cambio deben aprender a concertar. Lo que está en juego es la creación de una sociedad abierta, insertada en la civilización del conocimiento.

 

Concertar supone en política la posibilidad de armonizar y conjugar la acción de actores diferentes, autónomos, a menudo portadores de diferencias sustantivas de opinión.

 

Para la elite de poder cubana la clave está en hacer exactamente lo opuesto: sembrar la división, exacerbar rencores, envidias y conflictos viejos o nuevos entre los opositores y también entre sectores de población. Propagar miedo al cambio y resquemores entre sus protagonistas es la única herramienta que le queda para fomentar la pasividad ciudadana.

 

Los que todavía monopolizan el poder ya no pretenden pasar por heraldos de un porvenir de prosperidad. De las consignas que llamaban a construir un futuro feliz han transitado a los llamados a “resistir” para defender “el socialismo”. ¿Resistirse a qué? ¿Cuál socialismo llaman a defender? La ciudadanía desea saber a donde la llevan, pero nadie sabe –o quiere- decirle nada en concreto.

 

Esta no es una batalla entre consignas ideológicas del siglo XIX y XX. Lo que ahora está en juego no es un conflicto entre construir el “capitalismo” o el “socialismo”. Esos fueron los dos sistemas de administración de la civilización industrial. El proceso actual podría definirse como la opción entre iniciar una transición hacia una civilización tecnológicamente avanzada y una sociedad abierta -que faciliten el bienestar y la libertad del ciudadano- o quedar arrinconados en la periferia de la economía mundial como una nación atrasada, autoritaria y miserable. ¿Es el “destino” de Cuba ser el Haití del siglo XXI? No. Pero ese futuro es, lamentablemente, también posible.


Después de medio siglo de creciente depauperación y ausencia de libertades existe hoy un anhelo de prosperidad que permea capas muy amplias y diversas de la población e incluso alcanza a no pocos funcionarios. Ahí hay un amplio campo para la concertación ciudadana. No es asunto de dividirse en torno a etiquetas ideológicas propias de la civilización industrial, sino de saber identificar el mejor camino de incorporar la nación, de forma competitiva y socialmente inclusiva, a la nueva civilización del conocimiento.

 

Para concertar las vías que materialicen esa aspiración se hace necesario entrenar a los activistas del cambio en la construcción de consensos y el desarrollo de estrategias de concertación. Organizar la enseñanza de esas habilidades resulta una contribución urgente e imprescindible en la fase que ahora vive el país.

 

La disidencia –entendida como sustantiva inconformidad con el actual status quo- es hoy un fenómeno de masas. La elite de poder lo sabe perfectamente. Por eso intenta confundirlas sembrando rumores para asesinar la reputación de los opositores e incluso de los nuevos emprendedores del sector privado. Ellos siembran el miedo al futuro. Los activistas del cambio deben resaltar su fe en el porvenir. Ellos dividen. Las fuerzas del cambio deben aprender a concertar.

Cuban Blogger Who Reveres Castro

Pushes for Reform

Natalie Kitroeff
June 11, 2013

 

Elaine Díaz may be the most important Cuban dissident you’ve never heard of. But that is perhaps because she doesn’t even call herself a dissident.

 

Ms. Díaz is a leader of a group of Cubans who are opening a new avenue for criticism in a country that, for the last 50 years, has offered its citizens only two options: with us or against us. Ms. Díaz insists that there is a third way. “Cuba has a lot to change,” Ms. Díaz said during a visit to New York last week, “but I don’t think you need to destroy the system to create something new.”

 

That’s a convenient view, because that system is paying her salary.

 

A professor of journalism at the University of Havana, a public institution, Ms. Díaz is an employee of the state. That has not stopped her from writing publicly and with disarming directness about the challenges of daily life in Cuba on her blog, La Polémica Digital, for the last five years. She is young, progressive and fiercely loyal to the Cuban government. But she says she is also determined to reform a socialist system that no longer works as well as it used to for the common man.

 

The delicacy of that relationship is not lost on Ms. Díaz. “I’ve been scared that maybe I’d write something that would be interpreted the wrong way,” she said, “and that I would be punished, or lose my job.”

 

She has managed to set herself apart in an increasingly cluttered Cuban blogosphere, earning respect for her thorough reporting and simple, moving prose. Last year she traveled abroad for a meeting of global bloggers in Nairobi, and last month she arrived in the United States for the annual Latin American Studies Association conference in Washington.

 

So far, Ms. Díaz said, she hasn’t heard a peep from the authorities about her writing. Indeed, the government has been surprisingly tolerant of Ms. Díaz and her colleagues – loosely affiliated under the moniker Bloggers Cuba – a fact that some experts attribute to the group’s willingness to self-censor.

 

Ted Henken, an expert on social media in Cuba, called these younger bloggers “silent dissidents,” adding, “Their big problem is that they’re constantly biting their tongue.”

 

Cuba’s more famous and far more radical critic, Yoani Sánchez, shares that view. When Ms. Díaz abruptly took a leave from her blog last August, Ms. Sánchez speculated that she had been forced off the keyboard by a government that had lost patience with her.

 

Ms. Sánchez, taking a jab at Ms. Díaz’s ties to the government, called her the “official Cuban blogger” and wrote that “Elaine Díaz has transgressed the limits of criticism permissible” for an employee of the state. Ms. Díaz insists that she stopped writing only to focus more intently on her teaching, and she has since resumed the blog.

 

But Ms. Díaz does acknowledge that there are taboo subjects, like the state of education or health care, that she is hesitant to discuss casually. “If I go to a dirty hospital, I’m not going to write about it,” she said, “because I have a commitment to the system.” Universal health care and free education are seen as the revolution’s most significant success stories, which makes it imperative to keep them intact, even as they quickly become well-worn myths.

 

In fact, for government loyalists like Ms. Díaz, it seems that, as you get closer to the core of the communist narrative holding Cuba together, the space for genuine debate shrinks. Rattling off a series of topics that she would be careful about touching, Ms. Díaz paused before the kicker: “Fidel Castro, for example, is sacred to us,” she said in an almost reverent tone. “At least in the world that I move around in, there’s a respect and historical gratitude” toward him.

 

“He’s a figure that, when you launch into criticism, it’s very difficult,” she added.

 

That approach may be more cautious than the tack taken by Ms. Sánchez and more extreme elements of the opposition, but that doesn’t mean it should be discounted. “It’s as important or more important when people who consider themselves believers express criticism because they can’t be as easily disqualified as people on the out and out, in the opposition,” said Mr. Henken, the expert on Cuba’s Internet. “Yoani is the acerbic agnostic, whereas Elaine is the critical believer,” he added.

 

Even the United States government is taking notice. Last month, Conrad Tribble, the deputy chief of the United States Interests Section in Havana, Washington’s diplomatic outpost in Cuba, made an unannounced visit to a public meeting of what The Associated Press called “Cuba’s pro-government Twitteratti.”

 

A brief video clip of the encounter posted on Crónicas de Cuba, the journalist Jorge Legañoa Alonso’s blog, showed Mr. Tribble, sporting a fuchsia Hawaiian shirt, saying he had come to talk with the group about things that the United States and Cuba share — “baseball, music, et cetera” — and on issues in dispute.

Video of an American diplomat interacting with Cuba’s “Twitteratti” in Havana last month, posted on YouTube by Jorge Legañoa Alonso, a journalist and blogger.

 

His presence was an olive branch in a diplomatic relationship where engagement on both sides has consisted mainly of covert operations and official bluster. It was also a sign of the growing influence of this corps of young bloggers, whom the State Department wants to cultivate a relationship with, despite their pro-Castro bent.

 

Ms. Díaz, who could not make the meeting but has interacted with Mr. Tribble on Twitter this year, said she appreciated the gesture.

 

@conradtribble Espero tengan la oportunidad de rectificar estos casos que limitan la libertad de intercambio académico entre ambas naciones

 

Elaine Díaz (@elainediaz2003) 8 Apr 13

 

“He didn’t go there to make a speech or convince anyone, or try to impose anything,” she said. “He’s welcome. Any steps toward a closer engagement between the United States and Cuba, even if they’re small, are good.”

 

Ms. Díaz would know. In the two weeks she has spent in the United States, she said, “there have been moments that have changed my life, and have nearly made me cry.”


She recalled arriving at the Miami airport and being handed a cellphone by a stranger who saw that she was lost. Or a man in New York City who walked her to her host’s house when she was lost in a sea of apartment buildings in Washington Heights.

 

“I had the impression that in the United States, no one cares what you have to say, no one will talk to you, everyone is absorbed in their own world,” she said, adding that the image of “a very individualistic culture, it’s not what I’ve found.”

 

When she returns to Cuba in a week, Ms. Díaz said she would write about the experience on her blog. For now, she’s enjoying her stay in enemy territory.

¿Oposición leal?

Haroldo Dilla Alfonso

10 de junio de 2013

 

Vale la pena recordar que oposición leal no es una oposición que se limita a amortiguar los desbalances de los titulares y a adornar sus gestiones

 

Un indicador de cómo se mueven las cosas en Cuba es la manera como algunos intelectuales han comenzado acariciar la idea de la oposición leal.

 

El concepto ha merodeado con alguna insistencia el espectro de los intelectuales críticos sistémicos. Es decir aquellos intelectuales que adoptan posiciones críticas frente a aspectos relevantes del funcionamiento del sistema, pero entienden que es dentro de él —y con su clase política— como podrán conseguirse los cambios que consideran imprescindibles para alcanzar los objetivos de una sociedad mejor. Son los partidarios de una “transición ordenada”, una fórmula bien intencionada pero equívoca que en ocasiones puede llevar a tanto orden que la transición casi luce como argumento para gringos incautos.

 

Creo que la primera vez que leí sobre la conveniencia de una oposición leal en Cuban (al menos en la actual coyuntura) fue en un texto de Espacio Laical, la institución contemporánea que, dentro del sistema, ha llevado más lejos las propuestas de cambios políticos. Estaba firmado por Lenier González (un analista fino, para quien la creación de un régimen bipartidista de oposición leal hubiera constituido un primer paso —ya definitivamente desaprovechado según el autor— para la creación de un sistema pluralista).

 

Desde ahí el concepto ha continuado revoloteando con menos éxito en las plumas de otros analistas menos ilustrados hasta que el director de la Revista Temas, Rafael Hernández –un hombre locuaz y con buena prensa- lo volvió a blandir en una malhadada entrevista y de la que cito un párrafo:

 

“A fin de cuentas, el 80 % de los problemas de que habla esa disidencia antisocialista son analizados y discutidos en Cuba de manera pública, por mayorías —y minorías— que no comparten ni las soluciones ni el estilo político de aquella; y que en muchos casos, asumen el papel de una oposición leal, dentro de las propias filas de la revolución, en espacios que es necesario seguir democratizando entre todos, como parte central del nuevo modelo socialista”.

 

El párrafo no permite muchas precisiones. Al final Hernández no nos dice cual es el 80 % que todo el mundo discute y cual es el 20 % que solo discute la oposición, y si ese 20 % es o no relevante. Tampoco sabemos cual es el estilo político de la oposición que “mayorías y minorías” no comparten, pues en esa oposición abundan proyectos y estilos diferentes. No podemos imaginar la propia posición del director de Temas cuando habla de “las filas de la revolución” y del “nuevo modelo socialista”, dos términos confusos que han servido por igual para castigar rebeldes que para seducir incautos. Y finalmente no queda claro quienes estamos incluidos y quienes excluidos de la esperanzadora categoría “todos”, supuesta, según Rafael Hernandez, a democratizar la Isla.

 

Pero el párrafo nos sirve para apreciar hasta que punto los “críticos sistémicos” —siempre encerrados en la dilogía trágica del ser y del deber ser— pueden efectivamente ofrecer ideas innovadoras en muchos temas, a excepción de los que atañen a la política en sentido estricto. O, si se quiere retomar el hilo del párrafo citado, a ese 20 % de los temas que los opositores tratan y maltratan en sus aislamientos y precariedades pero también en sus sobradas valentías.

 

En este punto me detengo en algunas precisiones elementales. Ante todo, vale la pena recordar que oposición leal no es oposición estólida. Es una oposición que acepta las reglas de la constitución del poder que detenta su contendiente; pero una oposición que no se limita a amortiguar los desbalances de los titulares y a adornar sus gestiones. Es una oposición que aspira al poder y por consiguiente a desplazar al gobierno establecido. Y ya en el poder, puede aspirar a realizar cambios sustanciales al sistema, siempre que lo hagan según las normas y procedimientos reconocidos como legítimos.

 

Eso, y no otra cosa, es oposición leal. Imaginar —desde esta óptica— que exista en Cuba una oposición leal es un desatino monumental. Los intelectuales como Rafael Hernández llaman oposición leal a otra cosa, a una suerte de ejercicio de consultas sobre detalles y de tolerancia de algunas críticas. Sería más bien un acompañamiento leal y para esa función ya los dirigentes cubanos designaron a la alta jerarquía católica: tan nacionalista conservadora como ellos y que nunca le va a disputar el poder político. Creer que esa función sería llenada por los contertulios de los Últimos Jueves de Temas es un desenfreno de goce onanista.

 

No creo que el sistema político cubano avance hacia la formación de una oposición leal como la imaginaba Lenier González.

 

Sin presiones externas considerables y con una élite básicamente unificada bajo la hegemonía del estamento tecnocrático/militar, el sistema se podría orientar hacia otras formas de estructuración, como una suerte de corporativismo autoritario y monocéntrico al estilo chino. Pero permitiendo mayores espacios de libertades tuteladas para la franja crítica sistémica, tal y como hicieron los priistas en su etapa postrevolucionaria.

 

Obviamente hablo aquí solo de tendencias. Por diversas razones pueden incrementarse las contradicciones intraélites y las insatisfacciones sociales (si los mecanismos de cooptación funcionaran con déficits mayores) y todo ello puede conducir a clivajes políticos que finalmente provoquen una transición hacia un sistema democrático cuyos signos políticos específicos dependerán de las correlaciones de poder, los pactos, las rupturas y esos muchos sortilegios de la política que no se resuelven con fórmulas sencillas. Como esta bagatela de una oposición consentida y consentidora.

Hay que fabricar el milagro

Miriam Celaya

5 de junio de 2013

 

FRASE: El cambio en la Isla va dejando de ser una opción para convertirse en imperativo

 

Una de las ventajas que tiene viajar fuera de Cuba es que, al tomar distancia de la realidad absurda en que vivimos, a la Isla la podemos poner en perspectiva, evaluando más objetivamente lo que queremos hacer y reorientando el rumbo.

 

Siempre supuse que Cuba no es importante para nadie, excepto para nosotros mismos, los cubanos. De hecho, hay incluso un número indeterminado de nacionales para los cuales Cuba ha perdido significación y resulta punto menos que una referencia geográfica, el sitio en que se ha nacido por pura fatalidad o, cuando más, una especie de recuerdo agridulce. No obstante, constatar en vivo y en directo nuestra insular insignificancia y lo minúsculo de nuestra tragedia nacional a los ojos del mundo es una experiencia impresionante, aunque también –forzoso es reconocerlo– una ganancia estratégica: sencillamente se torna obvio que “el problema Cuba” es nuestro y de nadie más, de manera que hay que ponerse la manga al codo. No hay que esperar el milagro: hay que hacerlo. La cuestión es el “cómo”, y en ese plano hemos tenido mucho de teóricos y poco de prácticos.

 

Se trata, sin embargo, de un empeño plural y no del esfuerzo de unos pocos. Una realidad sumamente compleja requiere de la mayor participación posible en un proceso de cambios que se ha iniciado ya a partir del reconocimiento general del fracaso del sistema sociopolítico y económico auto instaurado desde 1959. El descontento social apunta hacia la necesidad de establecer vínculos entre los sectores pro cambio activos, y los tímidos reclamos que comienzan a hacerse públicos, tanto entre trabajadores del pequeño sector privado como en colectivos laborales. Si bien algunos grupos de la oposición han avanzado en el logro de consensos entre sí, sería este el momento de comenzar a incidir en aquellos segmentos que hasta ahora han permanecido aparentemente impermeables a sus propuestas.

 

Las contradicciones que ofrece el panorama cubano actual dentro de la Isla son el reflejo de una realidad en la cual la estructura política trata el imposible de mantenerse inamovible, mientras pretende activar resortes que aireen y oxigenen la economía interna. En pocas palabras: el propio gobierno está reconociendo en los hechos su fracaso, pero su discurso permanece atrincherado en la vieja y estéril confrontación antiimperialista y en las eternas “batallas” que se deben librar cotidianamente para salvar una revolución que ha perdido incluso su rumbo ideológico. La diferencia es que ahora son muchos más los cubanos que prefieren ponerse a salvo de esa revolución que cuidar de ella.

 

Como consecuencia, se ha extendido un sentimiento general de desorientación, una impresión de improvisación fundada en los continuos experimentos gubernamentales –oficialmente etiquetados como “actualización del modelo” – y un total escepticismo social con respecto a las instituciones del gobierno. A la vez, se mantiene la demonización del capitalismo, aunque raras veces se menciona la palabra socialismo y menos aún se hace referencia alguna al marxismo. La ideología se difumina entre la élite de gobierno cada vez más capitalizada y entre la población cada vez más desposeída.

 

Las sombras de las más temibles pesadillas del “sistema capitalista” –desempleo, propiedad privada, desigualdades sociales, inseguridad, miseria– contra las que fuimos alertados desde la cuna cuando nos adoctrinaban en las bondades y superioridad de nuestro destino, se han entronizado entre nosotros y forman parte ya de nuestro cotidiana vida. Y el paquete viene sin las ventajas de aquel deshumanizado sistema: no hay prensa libre, ni economía de mercado, ni libertades, ni la menor oportunidad de prosperar en base al talento y al esfuerzo individual debido a las trabas del “modelo”.

 

Un viejo filósofo de esquina de esos que tanto abundan en Cuba, me comentaba por estos días que lo que no acababa de entender es cómo vamos a conseguir salvar el socialismo volviéndonos cada vez más capitalistas. Solo que capitalistas sin capital, concluía.

 

Cada vez se hace más evidente el abismo entre gobierno y gobernados, pero tampoco se cierra el cisma entre el amplio diapasón de damnificados del experimento castrista, a saber, la disidencia y los grupos de la sociedad civil independiente, por un lado, y la población inconforme pero indecisa, por el otro. Sin embargo, ahora mismo parece haber mayor coincidencia de intereses entre los sectores de oposición y la generalidad de los cubanos que entre éstos últimos y el gobierno. La línea divisoria más nítida es la que separa a los que detentan el poder de los desposeídos.

 

Por estos días, cuando se supo que el Congreso de la CTC había sido pospuesto para el año próximo, me han llegado informaciones acerca de los reclamos de los trabajadores de algunos centros estatales, los cuales han planteado lisa y llanamente la necesidad de aumentos salariales significativos como primer punto a tratar en la agenda de la magna cita sindical. De hecho, muchos han declarado que la agenda a discutir debe surgir de los colectivos laborales y no, como es aquí habitual, de una propuesta de las máximas instancias de la organización sindical.

 

Ciertos núcleos del PCC se están convirtiendo también en escenarios incómodos para las autoridades al cuestionarse decisiones y métodos del gobierno. Hay quienes han llegado a plantear que la democratización del partido, propuesta por el General-Presidente en el VI Congreso, tiene que salir de la militancia de base, “de las masas”, y no de la élite del poder, y han criticado la lenta marcha de la implementación de los lineamientos y lo magro de sus efectos hasta este momento. Ciertamente, predomina un marcado desbalance entre las expectativas creadas y los resultados obtenidos.

 

A simple vista, estas premisas parecieran no significar nada, pero lo cierto es que ese incipiente despertar de sectores tradicionalmente oficialistas y aquiescentes es otra fuerza que se suma a la creciente inconformidad social. Un escenario interesante y quizás fértil para promover reclamos más radicales y profundos.

 

Fabricar el milagro parece cada vez menos utopía, porque cambiar la situación de Cuba va dejando de ser una opción para convertirse en imperativo. Una realidad que, de no ser así entendida, podría derivar en pérdida para todos. En especial para los que más tienen.  

Un artículo divisionista

en la ya dividida oposición política cubana

Jorge Hernández Fonseca

4 de junio de 2013

 

Los opositores cubanos, empeñados como estamos con combatir la fracasada --y en franca decadencia-- dictadura castrista, nos dolemos al leer en nuestra prensa opositora artículos y análisis que francamente dejan mucho que desear, desde el punto de vista de la necesaria ética solidaria entre opositores al castrismo. La tendencia de izquierda o derecha muchas veces pesa más que el objetivo común: derrotar la dictadura que nos oprime, y tenemos que desviar nuestros esfuerzos para el análisis de lo que nunca debería haber sucedido en la oposición.

 

Acaba de aparecer un artículo de corte divisionista en uno de los medios de internet de la ya dividida oposición política cubana. Me refiero al análisis titulado ¿A quién habla la oposición cubana? de Haroldo Dila Alfonso, firmado en Santo Domingo el 3 de julio pasado. Es un artículo que enjuicia de forma hipercrítica y equivocada a dos de los más destacados opositores cubanos, Guillermo Fariñas y Berta Soler, descalificándolos por --según el autor del artículo-- “querer fortalecer sus posiciones en los ‘corrillos’ cubano-americanos de Miami”, veamos:

 

En primer lugar, no hay nada que pueda indicar que las declaraciones, tanto de Berta Soler, como de Guillermo Fariñas en el exterior, hayan tenido el objetivo innoble (de congraciarse) que el artículo mencionado les adjudica, descalificándolos. Las posiciones de Fariñas y Soler sobre los temas que supuestamente los habrían llevado a congraciarse con “un segmento específico de la comunidad emigrada” (léase, el exilio de Miami, que no es “emigración”), han sido ventilados por ambos opositores dentro de la isla de forma bastante similar (Berta con el tema del embargo y Fariñas con respecto a sus relaciones con militares de alto rango del ejército).

 

En segundo lugar, el exilio de Miami forma parte integral de la oposición política cubana, por lo que hablarle a este exilio es tener en cuenta la mayor fuerza netamente opositora dentro del espectro opositor global cubano. Sólo la dictadura descalifica a la oposición de Miami, “por derechista” y dentro de la oposición política cubana no puede (no debe) haber discriminación por el color político íntimo que un determinado sector opositor tenga. Gústenos o no, el exilio de Miami es un baluarte, hasta ahora inexpugnable, de la oposición política cubana y como tal mereció el respeto y la admiración de todos los opositores que pasaron por allí, además de Guillermo Fariñas y Berta Soler, de Yoani Sánchez, Rosa María Payá, Eliécer Ávila, entre otros.

 

Siendo así, ¿por qué un artículo para descalificar a dos opositores valiosísimos? ¿Cuál es el objetivo de enfocar los cañones a estas dos glorias de la oposición política cubana, argumentando con falacia que la prueba de su ineptitud es hablarle al exilio de Miami?

 

Pero hay más. En el artículo, poco menos que se le “perdona la vida” a Yoani Sánchez, porque el autor no sale de su “asombro” al comprobar que la famosa bloguera cubana tuvo “aplomo y firmeza” que según el autor “le sorprendió”, siendo que la mencionada patriota cubana no se cansó de dar muestras de su amor a la patria dentro de la isla, antes de su periplo internacional.

 

Hay adicionalmente un tema que recorre transversalmente todo el artículo analizado: el embargo. Aparentemente este es el tema divisor de aguas para que el autor del análisis considere (o no) a un opositor, “correcto”. Es importante notar que ese tema, como criterio evaluador para los que se consideran castristas, tendría algún sentido. Quien se opone al mantenimiento del embargo, puede ser considerado un castrista confiable; quien piensa que debe mantenerse el embargo, pudiera considerarse, quizá, un anti-castrista. Estas serían reglas más lógicas para el análisis, aunque no sean exactas. Ahora, considerar la regla que se infiere al leerse el artículo bajo análisis, “quien defiende el levantamiento del embargo es un opositor confiable y quien quiere el mantenimiento del embargo es descalificado”, es un absurdo total.

 

Lo anterior se deduce de los calificativos expuestos en el artículo contra la presidenta de las Damas de Blanco. Si Berta Soler recomienda “mano dura” (con el embargo) contra el castrismo, no necesariamente se atenta “contra la vida y la de la familia” de quienes viven dentro de la isla, como se asegura en el artículo. Ese precisamente es el argumento del castrismo para que EEUU levante el embargo unilateralmente, aspecto que sabemos divide a la oposición política cubana, entre los que quieren su levantamiento unilateral y quienes quieren su mantenimiento hasta que el castrismo haga concesiones. La realidad es que “la vida” de nadie en Cuba depende del embargo, que dura ya más de medio siglo sin que nadie se haya “muerto” por su causa, pero sí por causa de la dictadura, sus métodos y sus desaciertos políticos, económicos y sociales.

 

El tema del embargo, hoy por hoy, no debe ser tema que divida adicionalmente a la oposición política cubana. Quienes quieran defender el embargo como herramienta de presión, deben estar en libertad de hacerlo. Quienes piensen que el levantamiento del embargo beneficiaría a la oposición política al castrismo, que lo hagan, siempre que resalten su compromiso opositor y anticastrista. Ahora bien, quien no es anticastrista y quiere cambios cosméticos dentro del socialismo que destruyó la isla (un castrismo sin los Castro) y quiere el levantamiento del embargo por las mismas razones aducidas por el castrismo, que no se disfrace de opositor.

 

Hay también cierta petulancia intelectualoide al inicio del análisis, cuando el autor expresa que, de los opositores internos de visita al exterior, “cada cual ha usado esa oportunidad según sus potencialidades”, pasando acto seguido al ataque contra Berta Soler y Guillermo Fariñas, dos opositores sin tacha, a los cuales sólo se le puede calificar de patriotas y no de personas que carecen de la “potencialidad” de la que supuestamente no hicieron gala durante su visita.

 

Hay en la actualidad un juego de desinformación en las altas esferas, tanto de la dictadura castrista como en las altas esferas del gobierno norteamericano, enviándose recados, para ser escuchados por la oposición cubana a través de canales diversos, lo que pudiera justificar, en parte, lo dicho por Fariñas y Soler. Eso una persona informada “en función de sus capacidades” puede comprenderlo, sin que los opositores sean necesariamente emisarios comprometidos. Por otra parte, no se puede dudar de la capacidad de nadie para decir lo que “le” conviene, tal como también se dice entre líneas en el artículo bajo análisis. En este circo no hay payasos.

 

Hay otro aspecto inexplicable en el análisis: los puntos señalados en el artículo no son los puntos más relevantes de la visita de los opositores al exterior. Se mencionan como destacados, primero, “el contacto con ‘otro segmento’ de la sociedad cubana” (el exilio, y se nota un interés marcado por no mencionar al exilio por su nombre) para “enterarse” de un debate al que los cubanos del interior supuestamente “no tienen acceso” (pura discriminación con los opositores internos); y segundo, que “de esta manera ganan visibilidad para enfrentar la represión dentro de Cuba”. Son aspectos reales, entre tantos, pero ni con mucho son los más importantes. Las denuncias que ha hecho en tribunas importantes, ante sociedades y medios políticos y de prensa, de como mínimo 13 países y varios organismos internacionales, fuera de EEUU, México y España, donde la oposición cubana es más presente, ¿no se considera destacado?

 

Yoani Sánchez en Brasil tuvo una penetración sudamericana y mundial, como nunca antes la verdad opositora se había abierto a la opinión pública internacional. ¿Eso no es importante?

 

Y finalmente (y no por último) la gran pregunta que se hace en el seno del artículo: ¿y si el castrismo decide seleccionar algunos opositores como siendo sus interlocutores? dicho como un reto a los opositores que se critica en el análisis, para descalificarlos como potenciales interlocutores. Esta pregunta desnuda las intenciones tendenciosas del artículo. Ya el castrismo eligió antes un interlocutor, el cardenal Ortega, rechazado por la oposición. De manera que no es descabellado pensar que, una vez que la dictadura seleccione interlocutores, estos sean, de nuevo, descalificados por la oposición cubana, incluyendo el rechazo de la oposición de Miami.

 

Ya Guillermo Fariñas había contestado previamente --y sin saberlo-- semejante artículo divisionista. En una de sus declaraciones al llegar al exilio, Fariñas descalificó la pregunta supuestamente determinante, al decir que sólo se sentaría en una mesa a negociar, si en esta mesa no estaba el cardenal Ortega. Aunque no sea del gusto de la dictadura, conversaciones con la oposición sólo habrá cuando esa oposición elija libremente sus representantes.

 

Es una verdadera tristeza iniciar un debate entre opositores por una razón tan baladí. Sin embargo, la misma razón que tiene una de las 10 personalidades más influyentes de Latinoamérica en 2012, para no dejarse perdonar la vida por el articulista, lo tienen Guillermo Fariñas y Berta Soler para no preguntarle a nadie, a quienes tienen que hablarle en Miami.

Aceptar el desafío

Miriam Celaya

4 de junio de 2013

 

¿Cómo podría la sociedad civil independiente atraer el interés de esa capa de proto-ciudadanos que comienza a germinar en Cuba?

 

En los últimos años la realidad cubana ha venido proyectando nuevos escenarios. Medio siglo de inmovilismo posibilitan que apenas un lustro de lentas y pequeñas transformaciones produzca una sensación de arrancada en una sociedad largamente paralizada. En un mundo cada vez más globalizado y vertiginoso Cuba se mueve a paso decimonónico, pero ciertamente ya no es la misma de cinco años atrás. Analizando estos escenarios hay que concluir que los pasos que se vienen operando no se deben a la voluntad política de implementar cambios necesarios por parte del Gobierno, como tampoco a que las fuerzas de la sociedad civil independiente hayan alcanzado suficiente consolidación como para ejercer una presión efectiva sobre éste.

 

No obstante, si, como podría inferirse en la coyuntura actual, la gerontocracia guerrillera se ha visto obligada a introducir ajustes —básicamente económicos— en el “modelo socialista”, sin cambiar en esencia su programa político, no es menos cierto que dichas transformaciones están dibujando lentamente un mapa social diferente en el país. Mapa en el cual, eventualmente, podrían definirse nuevas fuerzas activas sobre las que desde ahora deberían tratar de influir las diversas propuestas de la oposición, en la misma medida en que la clase gobernante va perdiendo control y poder sobre estos actores.

 

Un sector llamado a ganar en movilidad es el de los trabajadores por cuenta propia; o para decirlo correctamente, el sector de la economía privada. Tanto los productores en la esfera de la agricultura como los del comercio y la gastronomía y otros trabajadores de servicios que se han independizado del Estado, constituyen el segmento que tendrá el mayor crecimiento a mediano plazo.

 

La autonomía de dicho sector, por muy limitada que sea, conduce inevitablemente al surgimiento de esferas de interés común entre individuos capaces de crear su bienestar material y espiritual por esfuerzo propio, más allá de las estructuras del gobierno. O en última instancia a pesar de éstas, porque el gigantesco aparato estatal ha dejado de ser para ellos la fuente de raquíticos ingresos de antaño para convertirse en el freno para el desarrollo y para el logro de mayores beneficios.

 

Muchos de estos “cuenta propia” han comenzado a percibir que, lejos de ser garante de conquistas sociales, el estado-gobierno-partido parasita sobre ellos y sobre sus ingresos personales y familiares, y están comenzando a concientizar su propia fuerza. De hecho, las autoridades se han visto forzadas a flexibilizar sucesivamente cada una de las medidas económicas implementadas, tanto para adecuarlas a las imposiciones de la realidad como para responder a las demandas del sector privado emergente.  

 

Otra cuestión sería cómo los proyectos de la sociedad civil independiente, disidentes y opositores, podrían atraer el interés de esa capa de proto-ciudadanos que comienza a germinar en una tierra arrasada de todo vestigio cívico. La experiencia ha demostrado que, por las razones que sean, décadas de oposición no han logrado sentar al Gobierno en una mesa de diálogo nacional. Ningún sector disidente hasta hoy ha sido lo suficientemente poderoso e influyente como para imponer pautas a la dictadura. Sin embargo, el actual proceso de transformaciones económicas, incluso con sus numerosas limitaciones, podría estar brindando la oportunidad de que los opositores encuentren entre los cubanos comunes los interlocutores imprescindibles y la fuerza social necesaria para impulsar la transición.

 

En dicho empeño tendría un papel importante la prensa independiente en todas sus variantes. El reciente anuncio de la inauguración de 118 nuevas salas de navegación por Internet y la promesa de ampliar ese servicio en tiempos venideros, abre otra posible grieta en el sistema totalitario, a pesar de la escuálida infraestructura, de los elevados precios del servicio y del sinnúmero de dificultades que se pueden esperar del proceso.

 

Si bien hasta el momento la prensa independiente ha tenido difusión principalmente hacia el exterior y solo se ha logrado promover de manera muy limitada en el interior de la Isla, la implementación de estas salas bien podría ofrecer una pequeña brecha al periodismo alternativo. Es de suponer que los ciber-comandos se hayan encargado previamente de amortiguar el potencial impacto social de la información y la libre circulación de opiniones, por lo que no hay que crearse falsas expectativas, pero de cualquier manera el hecho abre la perspectiva de incidir en grupos más amplios de la población. Si está la tecnología instalada siempre existirá la posibilidad de hacer uso de ella para horadar el muro.

 

El desafío actual de la oposición, entonces, estriba en redefinir las estrategias de lucha en este escenario y aprovechar los nuevos espacios y actores para difundir los programas de cambios en beneficio de amplios grupos sociales. Tendremos que aprender de una vez a medir nuestra efectividad más por los resultados que por las intenciones. Utilizar conscientemente todos los espacios posibles puede ser más beneficioso que detenernos a enumerar sus incontables limitaciones, permitiría también derribar la barrera que hoy todavía se extiende entre opositores (elite) y sociedad en general, y favorecería que la oposición dejara de ser en buena parte del imaginario popular una especie de clase para sí —a imagen y semejanza de la elite verdeolivo, con caudillos incluidos— para erigirse en líderes (como otros que surgirán) al servicio de los cambios políticos para el surgimiento de la democracia en Cuba.

Declaración de José Daniel Ferrer y la UNPACU

sobre la entrevista hecha por Aníbal Malvar,

publicada en el diario español El Confidencial

Véase la tergiversación hecha

por el mercenario Aníbal Malvar

La oposición cubana busca apoyo español

para forzar a Castro al diálogo

Aníbal Malvar

1 de junio de 2013

 

El disidente cubano Guillermo Fariñas viajará a mediados de junio a España para presentar un proyecto de transición alumbrado desde la Unión Patriótica de Cuba(Unpacu). La novedad de este proyecto es que, al contrario que todos sus precedentes históricos, su punto de partida estaría cimentado sobre el diálogo con el régimen de los Castro y en que, explícitamente, remarca su intención de evitar cualquier tipo de tutela. “Ni Estados Unidos ni Venezuela ni ningún otro gobierno nos va a imponer reglas ni proyectos. Este es un proceso impulsado desde la disidencia interna cubana y basado en la soberanía del pueblo cubano, en el que no vamos a permitir ningún tipo de injerencia”, señala desde La Habana, en conversación telefónica, José Daniel Ferrer, secretario ejecutivo de la Unpacu y más que probable cabeza de lista en las elecciones que se celebrarían si el gobierno de Raúl Castro  acaba dando su brazo a torcer.

 

Fuentes de la Unpacu ya asentadas en España ponen mucho énfasis en resaltar este aspecto: “Nuestro proyecto no tiene nada que ver con la resistencia de Miami. Es la oposición de los cubanos que nos hemos quedado en Cuba la que quiere impulsar esta idea. Aunque, evidentemente, no excluimos a nadie”, insisten para desligarse de los liderazgos urdidos desde Miami, siempre sospechosos de vasallaje con los intereses norteamericanos sobre el futuro de la isla caribeña.

 

“Pedimos el diálogo con el gobierno de Castro, tutelado o no por ONGs de calidad, y que ese diálogo sea público. Que la gente de Cuba y del exterior sepa que existe ese diálogo y que cada paso que se dé se vaya trasladando a la población y a los medios internacionales de forma objetiva”, señalan los responsables de la Unpacu en un documento interno que han facilitado a El Confidencial.

 

José Daniel Ferrer, a quien se le ha negado el pasaporte para viajar a España a presentar su proyecto, reconoce que una de las misiones de Guillermo Fariñas en nuestro país es buscar asesoramiento no solo para inducir al gobierno de Castro a sentarse a dialogar. También admite que necesitan formación en materia económica y política para abordar la pretendida transición con criterios realistas y sin improvisaciones. “Es de vital importancia, en muchos de los procesos que queremos emprender, que nos ayuden desde fuera a plantear las cosas con criterios racionales. No es una petición de tutela. Es una petición de formación, de consejo, de asesoría. Tienen que tener en cuenta que la gente que ha estado en la lucha tampoco ha tenido mucho tiempo de formarse. No queremos que abogados, políticos y economistas de fuera lideren la transición”, resalta Ferrer.

 

Aunque todavía no desean hacer público el nombre de ninguno de esos asesores, off the record sí ofrecen una lista bastante llamativa de personalidades que han ocupado altos cargos en los distintos gobiernos españoles y algunos puestos de alta responsabilidad en el organigrama de la Unión Europea. Los primeros contactos ya se han establecido, aseguran. Y uno de los motivos del viaje a España de Guillermo Fariñas es apuntalarlos. Probablemente, a lo largo del mes de junio se irán conociendo las identidades de este oficioso think-tank político-económico. Un énfasis más: insisten en que en este grupo estarán representadas todas las ideologías democráticas. De nuevo, persistencia en recalcar que Unpacu se desmarca de la desprestigiada oposición anticastrista germinada de la derecha económica o el neoliberalismo estadounidense. De Miami. “Si ellos [los Castro] aceptan el diálogo, sencillamente el diálogo, podremos decir que estamos en sintonía con ellos. No abogamos por un proceso rupturista radical. Buscamos un proceso de reconciliación nacional”.

 

La recuperación de la propiedad privada

 

Uno de los más grandes escollos al que se enfrentaría cualquier opción aperturista en la isla es el de la recuperación de la propiedad privada. Los expropiados tras la caída de Fulgencio Batista van a exigir, sin duda, sus derechos de propiedad una vez iniciado el proceso liberalizador. Una de las opciones que maneja Unpacu es otorgar la propiedad de casas y cultivos a sus actuales moradores y explotadores. Aunque se reserva una opción de compra preferencial, en caso de que las propiedades se pongan en venta, para los herederos de aquellos expropiados. El periodista le plantea a Ferrer que algunos de aquellos antiguos propietarios formaban parte de la oligarquía depredadora cómplice del régimen de Batista: “El arte en este asunto va a radicar en encontrar el equilibrio entre la necesidad de no cometer injusticias y tampoco hipotecar más el desarrollo de la nación”, apunta Ferrer. “Hay que buscar la manera de indemnizar a la gente sin que nadie sea despojado. Para eso, proponemos la creación de una comisión justa y transparente, con observadores internacionales, que diluciden qué propiedades fueron obtenidas de forma ilegal durante el régimen de Batista”.

 

Las últimas elecciones celebradas en Cuba (libres y secretas para la elección de delegados de asambleas municipales, no así para las asambleas provinciales y nacional, tuteladas por las gubernamentales comisiones de candidaturas) arrojaron 1.249.935 de votos en blanco, no ejercidos (aunque es obligatorio) y nulos. De un censo de 7.877.906 votantes. ¿Es significativo para la oposición? “No, el número de personas descontentas yo creo que es mayor”, señala Ferrer. “Lo que pasa es que mucha gente no sabía a quién darle el voto. Hay muchas zonas de Cuba en las que nuestro mensaje todavía no es conocido. Necesitamos más masa social para poder emprender el proceso de diálogo. Y en eso estamos, compañero”.

El líder perdido

Martha Beatriz Roque Cabello

30 de mayo de 2013

 

Algunos opinan que lo primero que se debe tener en cuenta al escribir sobre Cuba es explicar la realidad de lo que sucede, dar a conocer al mundo las vicisitudes por las que pasa, día a día, el pueblo cubano, y cómo la revolución se convirtió en contrarrevolución, destruyendo prácticamente a la Isla con sus moradores. No obstante, algunas veces se hacen excepciones, cuando se consideran necesarias. Esta es una de ellas, sin ánimos de agredir a alguien, sólo para aclarar situaciones adversas.

 

La mayor parte del tiempo, la oposición interna se ha caracterizado por su pluralismo. Aunque, al principio, la mayoría de los disidentes tenían ideas de derecha, y si se les preguntaba, se declaraban liberales. Hubo también en estas filas -que tuvo sus inicios en la década de los 80, del siglo pasado- personas cuya filosofía coincidía con el pensamiento socialista, social demócrata y demócrata cristiano.

 

A pesar que a muchos cubanólogos, e incluso a políticos de diferentes países del mundo -y en particular de Europa-, les hubiera gustado que la oposición tuviera un líder, eso nunca se ha conseguido. Diversos factores influyeron, pero en particular hay que destacar el trabajo de la policía política, que fracturó cada uno de los intentos de unidad que han surgido dentro de los grupos opositores. Eso sin descartar otras cuestiones, como el carácter del cubano, la influencia del totalitarismo sobre los dirigentes, los criterios del exilio y también, ¿por qué no?, el apoyo que se pueda recibir desde el exterior, que, desde hace unos pocos años, ha sido altamente satisfactorio para algunos que recién comienzan.

 

Tampoco se puede descartar que quienes llevan entre 20 y 25 años disintiendo dentro del país, no han conseguido los propósitos que trazaron. Aunque ha habido éxitos en algunas de las actividades y proyecciones, la mayoría de ellas han quedado mutiladas, o han obtenido resultados parciales. Se podría citar en este caso a Concilio Cubano y la Asamblea para Promover la Sociedad Civil, para no mencionar otros proyectos, por no lastimar a sus creadores.

 

En el año 2003, el régimen pensó que acabaría con la oposición interna, en la llamada Primavera Negra, que llevó a prisión a 75 activistas. De ellos, uno falleció, 60 están fuera del país, y, de los que quedamos en Cuba, algunos se encuentran en trámites para emigrar. No se puede dejar de recordar las palabras de Fidel Castro al referirse a este grupo: “No están todos los que son, ni son todos los que están”, algo que en la práctica se pudo verificar.

 

En estos momentos, las fuerzas dentro de la oposición están muy divididas. En ello ha influido la nueva ley que permite a los disidentes viajar al exterior, la cual, si bien es una oportunidad para que se dé a conocer internacionalmente la realidad cubana, ha traído algunos problemas entre los opositores.

 

Si se admite como una realidad que quienes trabajan activamente dentro de Cuba por la democratización del país, no tienen un dirigente único, y que esa es la forma en que se ha desarrollado el movimiento opositor, resulta muy desagradable oír a entrevistadores, periodistas y otras personas referirse a alguien como “el líder de la oposición interna”, sin que se rectifique el artículo determinado y se convierta en indeterminado. Porque los líderes no se fabrican, ni se pueden crear en el exterior.

 

Crea una enorme confusión internacional que personas de diferentes corrientes ideológicas hablen en nombre de toda la oposición. En primer lugar, nadie está facultado para ello, y, entre otras cosas, eso origina incertidumbre sobre cuál es ciertamente el pensamiento de los que se oponen dentro del país.

 

En particular, hay temas álgidos, como el embargo, los “cambios” que, según se dice, realiza el régimen, los espías, la Base Naval de Guantánamo, entre otros. Sobre cada uno de ellos hay diversas opiniones. Pero entre todos los puntos de discrepancia, el más importante es si una democratización del país puede hacerse con el régimen actual en el poder, ya que incluso se le ha llegado a pedir al régimen que intensifique los “cambios”.

 

Está demostrado que la unidad es muy difícil. Los que hablan de ella deberían ser ejemplo para con los demás, dar apoyo a las diferentes actividades, aunque sea una huelga de hambre con la que la mayoría no está de acuerdo. Considero que no es bueno utilizar la pluma para criticar con nombres y apellidos a otros opositores, empleando los pocos espacios que se tienen para contar al mundo lo que hace el régimen mediante sus mecanismos para reprimir a los que disienten e incluso al resto del pueblo.

 

El respeto a los demás y el respaldo en los momentos difíciles es la mejor forma de unidad que puede encontrar la oposición interna. Cada país tiene sus propias características. Y si en esta isla no ha surgido ninguna persona que se pueda considerar el líder de la oposición, ello no quiere decir que no haya líderes reconocidos por grupos de opositores, tanto a nivel nacional como en las diferentes localidades.

 

En la medida en que se profundice y se active el trabajo para el proceso de cambio, pueden surgir nuevas ideas y quiénes las representen. Mientras tanto, no hay que preocuparse por buscar al líder perdido. De una forma u otra, el sistema totalitario se desmorona y se hace cenizas, producidas por su propio fuego.

Enterré la cobardía y asumí la rebeldía

Escuadrón Patriota

30 de abril de 2013

Introducción del disco La nueva filosofía de lucha, que el rapero Raudel Collazo está promocionando en Miami.

Eliécer Ávila habla con Pedro Sevcec

(Parte I)

13 de mayo de 2013

Eliécer Ávila habla con Pedro Sevcec

(Parte II)

Las Damas de Blanco recogieron finalmente este martes el premio Sájarov por la libertad del pensamiento que el Parlamento Europeo les otorgó en 2005 y que no pudieron recibir porque no tenían la autorización del régimen castrista para salir de Cuba.

 

Durante una sesión solemne en la sede de Bruselas de la Eurocámara, las Damas de Blanco han pedido a la Unión Europea que mantenga la Posición Común sobre Cuba y que, durante las visitas oficiales, los dirigentes europeos vuelvan a convocar reuniones con la oposición democrática, porque “las reformas no son tales sino solamente cambios cosméticos”.

 

Como mujeres valientes y con gran tesón, que están acostumbradas a recorrer caminos largos y sinuosos, el camino de Cuba a Bruselas ha durado más de siete años”, señaló el presidente del Parlamento Europeo, el socialista alemán Martin Schultz.

 

Minuto de silencio

 

El galardón fue recogido por Berta Soler, portavoz de este movimiento de mujeres familiares de ex presos y presos políticos surgido en la Primavera Negra de 2003; la mujer del disidente José Daniel Ferrer, Belkis Cantillo; la esposa del escritor Raúl Rivero, Blanca Reyes, representante de las Damas de Blanco en España, y por Laura Labrada, hija de la fallecida líder del grupo, Laura Pollán.

 

La Eurocámara guardó un minuto de silencio en honor de Laura Pollán y del también desaparecido Oswaldo Payá (premio Sajarov 2002). El periodista independiente cubano Guillermo Fariñas fue también galardonado en 2010.

 

Ustedes son el símbolo de la resistencia contra el gobierno cubano, miles y miles de cubanas las apoyan fuera y dentro del país (...) Todos anhelamos el día en que los cubanos puedan hablar libremente. Ese día va a llegar”, dijo el presidente de la Eurocámara, Martin Schulz.

 

El presidente del Parlamento Europeo entregó el premio a la líder del grupo, Berta Soler, quien estaba acompañada de Belkis Cantillo Ramírez y Laura Labrada Pollán, hija de la líder histórica del grupo, Laura Pollán, quien falleció en 2011 a los 63 años, debido a un supuesto paro cardiaco.

 

Somos mujeres activistas para los derechos humanos. Somos una y somos muchas. Hemos sido golpeadas insultadas y vejadas”, dijo en un emotivo discurso Laura Labrada.

 

En nosotros confiamos, pero con ustedes contamos”, señaló al defender una Cuba “libre y democrática”.

Yoani Sánchez: “Un día miraremos atrás y veremos que el sistema se ha caído”

Carlos Laorden

19 de abril de 2013

 

La bloguera y periodista cubana cuenta en EL PAÍS que quiere crear un medio digital en la isla “dentro de la legalidad” cuando regrese del viaje que realiza desde febrero por distintos países

 

“En Cuba hay un capitalismo de Estado”. Entrevista digital con Yoani Sánchez

 

En un relato cargado de anécdotas e imágenes cómicas —“la risa es la medicina nacional en Cuba”—, la periodista y bloguera cubana Yoani Sánchez ha desgranado los objetivos de la gira que está realizando por distintos países —“mi vuelta al mundo en 80 días particular”— y el pasado, presente y, sobre todo, el futuro de la isla, en la que se propone fundar un medio digital.

 

Sánchez fue galardonada con el premio Ortega y Gasset de periodismo digital en 2008. Las restricciones para salir de su país no le permitieron viajar entonces a Madrid para recibir el galardón. Este viernes, en una escala más en su "recorrido de desagravios" para cumplir con sus compromisos pendientes, se reunirá con el jurado de los premios, del cual forma parte en esta edición. Antes, ha mantenido un encuentro en la sede del diario EL PAÍS con los suscriptores del periódico y los alumnos de la Escuela de Periodismo UAM/EL PAÍS.

 

La autora del blog Generación Y ha asegurado estar disfrutando al máximo de un viaje que le ha “cambiado la vida” en el que quiere dar a conocer la realidad de su país, aprender todo lo que pueda de periodismo y “dar todos los abrazos” que no ha podido dar antes.

 

Sánchez sostiene que las reformas aperturistas acabarán provocando la caída del castrismo

 

Respecto al futuro de Cuba y una hipotética transición, Sánchez no ve posible una primavera cubana al estilo de las revoluciones ocurridas en el norte de África, con la gente lanzándose a la calle. “Hay mucho miedo”. Ha explicado que hace tiempo que se dio cuenta de que no habrá “un día” en el que se produzca el cambio. “No tendremos un nuevo uno de enero. Solamente que llegará el momento en que miremos hacia atrás y veamos que el sistema se ha ido cayendo por el camino.”

 

Cuando llegue el momento, Sánchez quiere contarlo, pero no solo a través de su blog o de las redes sociales —“soy una fanática de Twitter”—, sino en su propio medio. La periodista —“no de carrera [es filóloga], sino a la carrera”— quiere crear un medio digital dentro de la legalidad cuando regres a La Habana. “Estamos explorando los límites”. Aprovechándose “de las reformas raulistas”, espera que sus licencias de mecanógrafa y reparadora de ordenadores le permitan lanzar su proyecto. “Estaré mecanografiando, aunque serán mis propios textos”.

 

A sus 38 años, cree que los pequeños cambios aperturistas que está llevando a cabo el presidente, Raúl Castro, van en la dirección correcta, aunque sean lentos y de poco calado. Pero entiende que, a la larga, provocarán el derrumbe del castrismo. “Es como una granada a la que le hayan quitado la espoleta”, ha ilustrado, al tiempo que aseguraba que nunca antes había visto tantos fenómenos críticos en la sociedad cubana.

 

La bloguera ha asegurado que aspira que ese proyecto cristalice y pueda jugar un papel en una futura transición cubana, que está convencida que llegará. “Entonces hará falta una prensa moderna, pero sobre todo responsable y constructiva, que sepa mirar al futuro sin olvidar el pasado”. Un pasado con el que Sánchez ha sido y es muy crítica. “No acepto que el precio por la educación y la sanidad sea la sumisión”. Cree que el costo de los logros del castrismo ha sido pagado muy alto en libertades. El objetivo, ha dicho, tiene que ser “mantenerlos sin renunciar a las libertades”.

 

Mientras espera ese día, pretende que su medio independiente escriba mucho de tecnología —su gran pasión y “uno de los ingredientes” que puede provocar el cambio— y de cultura. Pero en ningún caso quiere convertirse en “un anti-Granma”. “El Granma [el periódico oficial cubano] es el antiperiodismo, así que no quiero hacer algo que sea el anti del anti”.

 

Mientras apura los días de su viaje, que le ha llevado a lugares como Suiza, México o Estados Unidos, Sánchez se muestra convencida de que la comunidad internacional ha cometido errores en sus políticas sobre Cuba. Critica el embargo al que Washington somete a la isla —“y lo dije en el mismo Senado estadounidense”— porque cree que, además de afectar al pueblo, alimenta el victimismo del régimen de los hermanos Castro y lo robustece. “Sin confrontación se les cae el discurso a pedazos”.

 

Ante la perspectiva de su regreso a la isla, ha asegurado que no tiene miedo. “Creo que la visibilidad de este viaje me dará protección”. Está segura, sin embargo, de que le espera un mayor acoso mediático y ataques de tipo personal. “Se recrudecerá el linchamiento y los insultos. Me volverán a llamar anticubana, agente de la CIA…”. Sin embargo, ha advertido de que eso no le echará atrás. “Yo no me paro, que me paren ellos”.

La amenaza a Yoani Sánchez

Jorge Ramos

18 de abril de 2013

 

La amenaza de la dictadura de los hermanos Castro contra la periodista y bloguera cubana Yoani Sánchez fue directa.  Esto fue lo que me dijo ella durante una entrevista en Miami: He sufrido arrestos, he sufrido golpes y eso no me ha dolido tanto. Pero la última vez que estuve detenida, una oficial de la seguridad del estado me dijo: ‘¿Tu hijo monta bicicleta? Que tenga cuidado.’ … Eso me llegó al alma”

 

Sánchez sabe que su mayor vulnerabilidad es su hijo, Teo, de 17 años. “Sí, ese es mi punto débil”, reconoce. Ella sabe que puede haber graves represalias por lo que dice. Pero sigue hablando. ¿Por qué? “Claro que le temo a las represalias, pero ¿qué voy a hacer? Pienso que la mejor manera de protegerme es seguir hablando”.

 

A pesar de estas amenazas tan directas, tan pronto termine su viaje por una decena de países en 80 días, va a regresar a Cuba. ¿Exiliarse? “Ni pensarlo”, me dijo.Su vida es Cuba.

 

Su incansable gira es la de alguien que nunca ha viajado y que, a la primera oportunidad, se quiere comer el mundo. Tras años de negarle un permiso de salida, Sánchez por fin pudo salir. Y de ser una perseguida política dentro de la isla, de pronto –muy a su pesar y del régimen de La Habana– fuera de Cuba se ha convertido en una especie de celebridad.

 

A mí me tocó ser testigo de lo siguiente: cuando ella visitó la ciudad de Miami, el actor cubano-estadounidense y estrella de Hollywood Andy Garcia quería conocerla. “Es una mujer muy valiente”, me dijo Garcia. Y él fue a buscarla antes de que ella se presentara en un auditorio. Se encontraron y comieron juntos, pero los roles se cambiaron: la estrella era Sánchez: Garcia, con mucha sencillez y apertura, la escuchaba.

 

Eso es lo que pasa con Yoani Sánchez: no puedes dejar de escucharla. Ella te cuenta cómo es la Cuba de hoy, no la que se han inventado en el extranjero. Donde se presente, sin importar el país, llena auditorios. Casi medio millón de personas la siguen por Twitter, y la dictadura cubana ha quedado desvestida y expuesta ante su valentía, fuerza y transparencia.

 

“Cuba es la isla de los desconectados”, me dijo. “Cuba me ha parecido tan absurda desde lejos; vivo en una aldea medieval… porque no hay libertad, porque el gobierno mismo se comporta como un señor feudal; es triste y desde fuera se siente más”. Asegura que “cada vez hay más consenso de que vivimos en una dictadura”.

 

Pero ¿puedes decir que Cuba es una dictadura sin meterte en problemas?, le pregunto. “Digo la primera sílaba y ya me meto en problemas. Pero me levanto todos los días pensando ’Me voy a comportar como una ciudadana libre’”.

 

Sánchez se describe a sí misma como una “cronista de la realidad”. Nada más. Pero es mucho más. Ella se ha convertido en el símbolo del cambio en Cuba. Otros han tratado de serlo y han fracasado. Muchos han muerto intentándolo. Sánchez, sin embargo, sigue golpeando con una lógica infalible a una dictadura en pleno siglo XXI que no tiene elecciones multipartidistas, que limita ferozmente la libertad de expresión, que encarcela y asesina disidentes, y que va en sentido contrario a la mayoría de los países del mundo.

 

Y Sánchez es hostigada frecuentemente. Su celular, un iPhone que le regaló su hermana estadounidense, está regularmente intervenido, y en varias ocasiones ha sido detenida. Ya está acostumbrada a que la dictadura castristainvente que es agente de la CIA, tanto así que su respuesta ante semejante ridiculez la da con una sonrisa: “No, no trabajo para la CIA. Jamás podría trabajar para una entidad extranjera, nunca he militado ni siquiera en un partido político”.

 

Sánchez se gana la vida “resolviendo”, como la mayoría de los cubanos. ”Soy mecanógrafa y reparadora de ordenadores. Y trabajo de periodista en muchos medios fuera de mi país”. Su primer viaje al extranjero ha sido financiado por diversas organizaciones no gubernamentales y por su hermana. ¿Algo está cambiando dentro de Cuba?, pregunto. “Lo más importante está ocurriendo de adentro hacia fuera: Los cubanos están hartos”.

 

¿Puede haber castrismo sin los hermanos Castro? “El carisma de estos líderes es intransferible. En Cuba la silla presidencial se heredó por vía sanguínea (de Fidel a Raúl). …Es triste que una nación tenga que poner su esperanza en el fallecimiento de alguien para que la nación tenga vida, pero a eso nos han llevado”.

 

A Sánchez le gusta citar la frase de Mohandas Gandhi que dice tus enemigos primero te ignoran, luego se ríen de ti y luego te atacan. Sánchez está viviendo esa tercera fase. Ella asume las amenazas a su vida y a su familia como parte de su profesión de periodista. Pero sabe, también, que se ha convertido en la mayor esperanza de un cambio democrático y de libertad en Cuba. ¿Puedes cambiar Cuba? “Yo sola, no – pero somos multitud”.

Hatuey y Guamá son los padres de la disidencia

Miriam Celaya

15 de abril de 2013

 

El pasado lunes 8 de abril fue publicado en Cubanet un artículo del colega Jorge Olivera Castillo (Equilibrar la balanza), tan sorprendente como lamentable. Un compañero de ruta que ha probado su valor y entereza en la lucha contra la dictadura y que ha compartido espacios con numerosos miembros de la blogósfera independiente cubana debería ser más serio y cuidadoso al expresarse.

 

Quizás Olivera haya tenido un mal momento y alguna vez comprenda que los infundios y criterios velados no sustituyen las opiniones y los argumentos, pero tampoco creo sano callar ante lo que considero cuando menos injusto e inexacto, por así llamarlo. Soy bloguera y antes ya era periodista independiente, por eso me siento aludida en su artículo y hago pública mi inconformidad.

 

El optimismo no debe ser confundido con “triunfalismo”, como denomina el colega Olivera a la expectativa desatada por la actividad bloguera desde hace más de cinco años, y también resulta desafortunada su pregunta acerca de “cuál podría ser la incidencia (de los blogs) dentro de las fronteras nacionales, si la gran mayoría de los cubanos no tiene computadora, ni posibilidades de conectarse a internet”.

 

Doblemente desafortunada dicha observación porque, en primer lugar, si bien la mayoría de los cubanos no tenemos libre acceso a Internet y eso obstaculiza una completa difusión de nuestros trabajos, tampoco veo que ningún otro sector disidente tenga mejores posibilidades de dar a conocer sus propuestas de manera rápida y efectiva. En segundo lugar, porque un significativo número de blogueros hemos sido la voz de muchos cubanos, lo que ha demostrado su utilidad a la hora de denunciar los atropellos y de movilizar la solidaridad para todos los reprimidos, incluidos los presos políticos, y muy especialmente los prisioneros de la Primavera Negra.

 

Olivera se pregunta “cuántos cubanos estarían en capacidad de convertirse en twitteros, si cada envío cuesta poco más de un dólar, en un país donde el salario promedio es de alrededor de 20 dólares al mes”, y yo le preguntaría cuántos cree él que estarían dispuestos a marchar por las calles, siguiendo a los líderes opositores, en reclamo de derechos o contra los desmanes del gobierno. Le preguntaría también por qué no son tuiteros todos aquellos opositores cuyos teléfonos móviles son regularmente recargados por amigos solidarios desde el exterior de Cuba, y qué impide que un periodista independiente abra su propia bitácora, una cuenta en twitter y acreciente su voz y la de otros en la medida en que esté dispuesto a hacerlo.

 

Posiblemente la ignorancia de las complejidades del fenómeno blogger sigue produciendo algunos temores ante la sensación de que se trata de una casta de privilegiados. Muchos desconocen que mantener un blog desde Cuba ha sido para nosotros una fuente de gasto y no de ingresos: no cobramos por publicar nuestras ideas en un blog; en cambio, hemos tenido que gastar dinero propio en tarjetas para conectarnos desde los espacios públicos de la ciudad y en lo posible mantener actualizados nuestros sitios personales. Nuestro esfuerzo despertó la simpatía y el apoyo de numerosos amigos que comenzaron a regalarnos tarjetas, ayudó a abrirnos muchas puertas y hasta aparecieron quienes se entrenaron para subir nuestros post cuando no podíamos hacerlo nosotros mismos. Curiosamente, antes de que la famosa bloguera Yoani Sánchez obtuviera su primer premio, el Ortega y Gasset, a nadie parecía molestarle que hubiese al menos cinco blogs independientes activos dentro de Cuba, ni preocuparle cómo nos las arreglábamos para publicar regularmente en nuestra plataforma web. De hecho, casi nadie acá dentro sabía qué era un blog y todavía hay quienes desconocen por completo el uso de esa herramienta y quizás por eso prefieren difamarla que aprender a utilizarla.

 

Otro error es considerar que la blogósfera independiente constituye “la culminación de un proceso que abarca más de tres décadas de esfuerzos sostenidos por parte de centenares de activistas pro derechos humanos, opositores políticos, bibliotecarios y periodistas independientes…”, no solo porque todo proceso social o político es heredero de la acumulación de múltiples experiencias anteriores y factores coyunturales, sino también porque el fenómeno blogger no marca una culminación propiamente dicha, sino que porta un dinamismo propio, apenas una fase que necesariamente seguirá transformándose en la evolución de la lucha cívica contra el régimen.

 

De hecho, varios blogueros venían desarrollando desde antes una intensa actividad disidente, ya fuera como periodistas independientes (como son los casos de Yoani Sánchez, Reinaldo Escobar, Dimas Castellanos y la propia escribidora de este artículo, entre otros), o como editores de la primera revista digital escrita, editada y dirigida desde la Isla, la cual –por cierto– no pagaba por las colaboraciones porque carecía absolutamente de fondos o de financiamiento alguno, razón por la cual muchos periodistas independientes que hoy atacan a los blogueros se rehusaban a colaborar en ella.

 

No se trata, pues, de que “los blogueros llegaron a la disidencia”, sino exactamente al revés: muchos disidentes –algunos hasta entonces desconocidos– se hicieron blogueros.

 

Por supuesto, todo tiene antecedentes –aunque no necesariamente los que señala el colega Olivera–, pero el punto neurálgico estriba en entender quién se considera suficientemente calificado o autorizado para acotar los márgenes históricos y las inferencias e influencias de cada fenómeno. A ese tenor, habría que reconocer a los indios Hatuey y Guamá como los padres de la actual disidencia interna cubana, que a fin de cuentas fueron “los primeros” en insubordinarse… Hace falta un poco de contención, ¿no creen?

 

De entre los blogueros que ahora son motivo de tantos quebrantos, –y por lo visto no solo para las autoridades–, se encuentran algunos que incluso habían pertenecido desde antes a partidos de oposición. No se trata tan solo de “nuevas generaciones” de disidentes. Aprovecho aquí para hacer una acotación oportuna: no existe un pedigrí disidente que otorgue méritos especiales a quienes hayan estado presos o hayan “llegado antes”, tal como se aplica por el gobierno en dependencia de si alguien vino o no en el Granma, estuvo o no en la Sierra Maestra, etc.

 

Hasta donde conozco, ningún opositor ha sido encarcelado por voluntad propia sino por la arbitrariedad y el signo represivo de un gobierno al que combatimos todos y que se atribuye la prerrogativa de seleccionar a quiénes, cómo y cuándo aplicarlo, sin que nadie –antes, ahora o después– pueda considerarse una suerte de elegido o magister supremo por ello. Por mi parte, no aspiro a un “mérito” que ni siquiera depende de mi desempeño político, sino de las jugarretas siniestras de los Castro. La meta es alcanzar la democracia, no los calabozos.

 

El alarmismo que rezuma el referido artículo de Olivera parece derivarse más  de una mezcla de animosidad y frustración que de alguna preocupación sincera, cuando se refiere a un supuesto “sobredimensionamiento” en cuanto al uso de Internet como herramienta anti-dictatorial, o cuando –cayendo en el extremo opuesto, la subvaloración de este tipo de activismo– desliza la frase “que la cuestión principal radica en influir en intramuros y esa probabilidad está lejos de concretarse mediante el uso de la red de redes”.

 

Con todo respeto, resulta más hilarante que ofensivo, pero es preciso ser realistas: la existencia de los blogs no niega la trayectoria opositora de nadie ni los blogueros hemos considerado que el simple uso de la Internet constituya una especie de arma secreta suficiente para influir por sí misma en la conciencia colectiva al interior de Cuba. Sin embargo, sí me atrevería a afirmar que, al ser capaz de crear redes de solidaridad, corrientes de información underground y establecer puentes entre las diferentes formas y “entidades políticas y civilistas”, como las llama el colega Olivera, la blogósfera ha demostrado amplia capacidad y eficacia. No por gusto han surgido incluso programas especiales dedicados a la actividad bloguera y tuitera en la radio cubana en el exterior, que encuentran un gran número de radioescuchas al interior de Cuba. Quizás el periodista debió informarse previamente con las decenas de tuiteros de toda nuestra geografía cuya mejor arma de denuncia y de defensa personal ha sido justamente un teléfono celular con una cuenta en Twitter.

Creo firmemente que si Olivera ha escuchado “rumores que podrían ser el germen de lamentables rupturas en un futuro mediato”, debió detenerlos. Los rumores solo prosperan cuando hay oídos receptivos y personas dispuestas a reproducirlos. Seguramente por eso nadie viene a “rumorear” nada conmigo. Yo no permitiría que alguien hablara mal del esfuerzo de mis compañeros de ruta, ya sea de periodistas, figuras de los partidos de oposición, bibliotecarios, blogueros o tuiteros. De cualquier forma, las “razones” para un chanchullo nunca son tan “obvias”, como pretende el colega; simplemente los enredos no son racionales, sino emocionales, y en todos los casos, contraproducentes.

 

Podríamos extendernos en un debate que, lejos de dañino, resultaría útil para acabar de desterrar tanto resabio, pero quizás lo mejor sea convocar a los “preocupados” a una discusión de frente, sin “rumores”. Baste recordar al colega y a quienes no se hayan enterado todavía, que desde su surgimiento hasta la fecha la blogósfera no solo se ha consolidado, sino que hay dentro de ella personas lo suficientemente generosas como para compartir gratuitamente sus conocimientos y multiplicarlos en una comunidad que hace crecer la voz de numerosos sectores de cubanos de todos los pensamientos y tendencias, formando así a muchos que son ahora capaces de difundir todo un espectro de opinión e informaciones que de otra manera no se podría lograr en tan corto tiempo.

 

En lo personal, jamás se me ocurriría poner en una “balanza” el trabajo de ningún grupo disidente ni de ningún hermano contestatario: todo esfuerzo de los cubanos de cualquier orilla y posición por alcanzar la democracia para Cuba me parece invaluable. Sería en verdad más productivo que no nos preocupásemos tanto por la visibilidad o los premios que reciban nuestros colegas; alegrémonos juntos por los éxitos, que sin dudas han merecido, y encarguémonos, eso sí, de equilibrar las bajas pasiones.

El desprendimiento de Roberto Zurbano

A. C. San Martin Albistur

12 de abril de 2013

 

Ya en un debate de la última Feria Internacional del Libro, el ensayista y funcionario había hablado de un proyecto de nación que no es precisamente el de este medio siglo.

 

Cuentan que Nicolás Guillén aconsejaba a sus allegados alegar enfermedad ante la obligación de asistir a una reunión de análisis crítico sobre alguna persona o tema engorroso. Y, aunque la estrategia del poeta ha sido explotada hasta el cansancio, aún se utiliza, cómo veremos.

 

Quienes no asisten por “enfermedad” pasan la papa caliente a sus colegas. Eso pareció sucederle a Roberto Zurbano durante su participación de última hora en el panel “Literatura e ideología, esquemas y omisiones”, presentado en la última edición de la Feria Internacional del Libro de La Habana.

 

Los panelistas planificados, Desiderio Navarro y Omar Valiño, alegaron enfermedad para justificar su ausencia. Zurbano, que al parecer pedía a gritos ser censurado, sustituido como director del Fondo de Casa de las Américas o aniquilado públicamente, ofreció su cabeza.

 

Cualquier criterio racial que haya escrito Roberto Zurbano en su artículo de The New York Times no supera los criterios vertidos durante ese debate de la Feria del Libro. De forma directa, el escritor expuso su opinión sobre los cambios necesarios en la política editorial cubana. Habló de un proyecto de nación que no es precisamente el que se practica hace más de medio siglo en la Isla.

 

Criticó la política de omisión de los valores culturales de la emigración. Condenó los silencios, la censura de internet, la ideologización de los debates… Fue una intervención crítica, un primer paso hacia al cadalso.

 

Jorge Ángel Hernández, moderador inicial devenido en panelista debido a las “enfermedades inesperadas” intentó ser crítico, pero el cantinfleo ahogó sus palabras.

 

Lo curioso de aquel evento es que Hernández pataleó su retractación en La Jiribilla como respuesta a lo publicado en DIARIO DE CUBA, defendió su estatus. Zurbano, en cambio, asumió sus argumentos críticos, planteados con anterioridad públicamente.

 

Zurbano sabe las dificultades que implica el debate en Cuba. Conoce las consecuencias de la crítica, por lo que su descenso de cargo no lo ha de haber tomado de sorpresa. En más de una ocasión él abordó el problema de la autocensura latente en la crítica y el debate cubano. Así que debe de saber que la solución de estos problemas está llena de inconvenientes.

 

“Es muy difícil entrar en el debate cubano, la gente se prejuicia mucho a la hora del debate y no entra en un intercambio de ideas”, expuso entonces Zurbano. Para él los debates no llegaban al final del tema, “generalmente no se ven intercambios de ideas, se ven posiciones de atrincheramientos sin paz”.

 

Paz es lo que debe faltar en la vida de Roberto Zurbano en estos momentos. La destitución de su cargo es el primer paso hacia el mundo de los discordantes, un espacio multiplicado por cero.

 

Las razones de Zurbano para arrojarse hacia el espacio cero pueden ser muchas, pero en ninguna cabe la ingenuidad. Si algo lo habrá impulsado hacia la zona de anulación gubernamental es su criterio de que el cambio en Cuba marcha lento y no con la rapidez que añoramos los cubanos. Para él esta lentitud no ejerce sobre la ideología los cambios que deseamos. “Queríamos que eso ocurriera rápido, ahora cuando va a ocurrir, hay una vieja mentalidad que se resiste a ese tipo de cambio”, dijo.

 

En la Isla, la crítica y la cordura no forman parte del diálogo de los funcionarios gubernamentales. Abordar de forma crítica el problema racial dentro de la revolución fue el tiro de gracia. El eco que dejaron sus palabras no cayeron en el vacío, se acumularon en un expediente con todas las discordancias de su discurso.

 

Con la destitución de Zurbano, el Gobierno deja bien claro los límites de las discordancias.

 

Por el momento el antiguo director del Fondo Editorial de Casa de las Américas hace apología desde posiciones revolucionarias. Es el primer paso hacia el desprendimiento de “una vieja mentalidad que se resiste a los cambios”.

 

 

Yoani replantea el debate

Carlos Saladrigas

12 de abril de 2013

 

La visita de Yoani al corazón del exilio nos ha impactado de forma imborrable. No obstante sus posiciones sobre el embargo, viajes a Cuba y la reconciliación, logró unirnos como nadie antes lo había logrado. Los rechazos fueron imperceptibles, aun en los rincones más radicales del exilio.

 

Su visita contrastó dramáticamente con la que hace aproximadamente diez años hiciera a Miami Oswaldo Payá. Al igual que Yoani, Payá se había expresado en contra del embargo, y su prédica era de reconciliación y esperanza. Payá hablaba de que éramos un solo pueblo y procuraba el diálogo como la única forma de puentear el abismo. Aunque su mensaje fue bienvenido por la mayoría, muchos lo rechazaron de una forma feroz y perniciosa.

 

En un caso clásico de no ver el bosque, sino los árboles, los ataques continuaron por meses, contribuyendo a la división de la oposición interna y a la pérdida de la oportunidad de haber tenido en Cuba una figura unificadora e internacionalmente reconocida al estilo de Walesa o Havel. Sin duda fue una de las grandes oportunidades que hemos perdido.

 

En cambio, Yoani encontró un Miami cambiado. Sin menospreciar su carisma, Miami y el exilio han cambiado profundamente durante estos años, ofreciéndole un ambiente más tolerante y receptivo, de lo que hubiera sido posible en aquel momento. Solita, ha logrado replantear el debate sobre Cuba.

 

El replanteamiento radica alrededor de cuatro temas fundamentales:

 

• Nos llamó a la unidad, pero no a congregarnos alrededor de anhelos. Al exilio nunca le ha faltado la unidad en pos de procurar para Cuba la democracia, las libertades y la prosperidad, pero nos hemos desangrado con constantes y desgastadores conflictos internos sobre las tácticas y las estrategias. Sin embargo, lo que más cuenta no es la nobleza de los objetivos, sino las tácticas y estrategias para lograrlos.

 

• O es el embargo, y sus políticas concomitantes de aislamiento y empobrecimiento, la estrategia acertada para cambiar a Cuba, cosa que no ha logrado en casi 55 años, o es un error garrafal y una torpeza estratégica que solo ha servido para retrasar el cambio, permitirle al gobierno cubano sobreponerse a sus peores crisis y fracasos, y dañar el desarrollo de una sociedad civil en Cuba. No cabe un intermedio lógico. Es por eso que Yoani nos ha llamado a un urgente debate, serio y profundo, sobre el tema.

 

• Nos enfatizó la importancia de enfocarnos en el pueblo cubano. Conociendo íntimamente al cubano de a pie y sus penurias, ella entiende que solo el pueblo será el verdadero agente de cambio. Por muchos años el exilio ha optado por estrategias y políticas encaminadas a dañar al gobierno cubano, a pesar de los daños colaterales al pueblo. Ella nos ha llamado a poner nuestras esperanzas en los cubanos con estrategias y políticas que ayuden a ese pueblo, aunque esto le traiga beneficios colaterales al gobierno. En resumen, es el pueblo cubano, no su gobierno, el que importa.

 

• Presentó un argumento irrefutable a favor de la apertura. Convincentemente nos recordó que ayudar al fortalecimiento de la sociedad civil cubana es críticamente importante y que el aislamiento es contraproducente. Su propia historia como micro-empresaria de servicios turísticos, es un testimonio de los beneficios de la apertura y los intercambios.

 

Habiéndose convertido en un símbolo mundial del poder liberador de la Internet y de las redes sociales, nos ha rogado que ayudemos a facilitar el desarrollo de estas tecnologías en Cuba, y la aplaudimos. Pero curiosamente, el embargo contiene sanciones más severas sobre la inversión y ventas de tecnología y telefonía que las que se le aplican a Irán o a Corea del Norte. Como nos demuestra claramente el crecimiento astronómico de la telefonía celular en Cuba, nos hacemos tontos al hecho que estas tecnologías nunca prosperarán en Cuba mientras no haya un propósito comercial que lo facilite.

 

• Por último, señaló que Cuba está cambiando, no solo por las reformas, sino porque los cubanos están cambiando. Los cambios son procesos que no se pueden micro manejar. El cambio al por mayor no es más que la acumulación de cambios al detalle. Toda oportunidad de cambio ha de ser bienvenida. Sus anécdotas nos convidan a nunca perder una oportunidad de aprovechar un cambio, de construir un puente o abrir una puerta, y nos ha demostrado la inutilidad de esperar por el momento en que todas las puertas estén abiertas. Ella sabe muy bien la necesidad de aprovechar las rajaduras.

 

En conclusión, Yoani llamó a todos los cubanos a cuestionar lo viejo y aceptar lo nuevo, aprovechar las oportunidades aunque imperfectas, y a preguntarnos no solo por qué, sino por qué no. Ella ha dejado un gran legado. Nos queda a nosotros sacarle provecho y no perder esta oportunidad.

 

 

Sin cubanas no habrá país

Ileana Fuentes

11 de abril de 2013

 

Como un disco rayado, vengo repitiendo “sin cubanas no hay país” desde hace muchos años. “Ileana y su monotema”, han dicho por ahí, tanto amigos como enemigos. El monotema me ha abierto foros, anotado adversarios, garantizado exclusiones. Mete miedo eso de defender los derechos de las mujeres, hablar de equidad, exigir participación y respeto, predicar el fin del machangato. Mientras somos “las muchachitas” –aquí y allá– se nos puede manipular, ningunear, subestimar. A las muchachitas no se les toma en serio, se les resta importancia, vigencia, protagonismo, seriedad.

 

Cuando imponemos cerebro y análisis, cero relajito o apretones de nalgas, y nada de preparar café en las reuniones o tomar notas, caemos mal.

 

En el exilio, lo peor que puede pasar es una puerta cerrada y el sambenito de puta o tortillera. En la isla se cierran más que las puertas: se cierra el barrio, el trabajo, la Universidad, el hogar, la vida misma. Lo peor es lo peor: que te llamen escoria, traidora, mercenaria, agente del enemigo. Se reparten palizas, golpes, el derecho a ser arrastradas por la calle, la cárcel… y la tortura sicológica de ver amenazados a los hijos. Se reparte terror y muerte. Mete miedo ese país patriarcal, de hombres y mujeres machistas. De inquisición y censura, de paredón y calabozos. De machos. Por suerte hay mucho estrógeno para enfrentar tiranos. ¡Ovarios contra tirano!

 

No es prematuro anunciar un nuevo día: las cubanas mandarán. No queda de otra. Y no será Mariela Castro, que es tan machista como su opaco padre y su torquemado tío. Tan machista como era su madre, jefa manipuladora de millones de cubanas. Que nadie se crea el cuento del paraíso femenino tropical. No será la Mariela, porque ya presentaron al elegido, al futuro Bonitillo-en-Jefe, blanco, rubio y testosterónico para un país mayoritariamente femenino y afro descendiente. Le ronca el mango y los mameyes. Pero todo va a cambiar: ¡las mujeres mandarán, con mayor cordura, cero instinto faraónico, con más equilibrio y bienestar!

 

El futuro lo diseñarán las cubanas. Lo están articulando ya. El futuro es de Yoani Sánchez, de los y las jóvenes de su Y-Generación, de los blogs, la internet, la información irrestricta y la comunicación digital.

 

El futuro lo está forjando Berta Soler –como antes Laura Pollán– y esas valientes Damas de Blanco, herederas de las feministas que hace un siglo lucharon contra el colonialismo, y luego contra Machado, y después contra Batista, y ahora contra la última mafia. El futuro lo está transparentando Rosa María Payá, tocando puertas por el mundo entero con su vareliana verdad en la mano, en busca de justicia para dos buenos hombres asesinados por la satrapía, y para 11 millones de cubanos y cubanas.

 

El futuro de Cuba lo está gestionando la licenciada Laritza Diversent y sus colegas abogadas que arriesgan su tranquilidad y alzan conciencia sobre lo que es un verdadero estado de derecho. El futuro lo está reordenando Yris Tamara Pérez Aguilera y el Movimiento Femenino de Derechos Civiles “Rosa Parks”. Lo están redefiniendo Tania García y Gloria Llopis, desde su activismo social y político “Nuevo país” por la democracia y la integración racial y el empoderamiento de las mujeres en una sociedad libre de violencia de género.

 

El futuro lo están humanizando Leanes Imbert y los hombres y mujeres del Observatorio de Derechos LGBT que a nivel de base luchan por una sociedad democrática libre de homofobia y tolerante de las diferencias sexuales. El futuro de Cuba lo está mejorando la educadora y artista Iris Ruiz, con sus seis hijitos a cuestas en las favelas de Alamar, allá en La Habana del Este, donde el hip hop ( Omni Zona Franca, Poesía sin fin) eleva la protesta y canta “¡Libertad!” a los cuatro vientos. El futuro está ganando en dignidad y vergüenza con Sonia Garro, activista comunitaria de Marianao, guía docente de niños y niñas que hace un año permanece presa por el delito de echar su suerte con los más pobres de su tierra.

 

El futuro de Cuba se conjuga en femenino. Sin cubanas, no hay país. Sin cubanas, no habrá país.

Yoani Sánchez y Huber Matos se saludan

Por la unidad y la conciliación

ante una victoria lograda con mucho sacrificio

Huber Matos Benítez*

3 de abril de 2013

 

Hasta hace algún tiempo la mayoría del pueblo en Cuba y los exiliados cubanos se sentían vencidos por la tiranía. Esto ha cambiado radicalmente, ahora es cada vez mayor el número de cubanos que perciben que el castrismo está condenado a desaparecer. Como contrapartida, la minoría que usurpa el poder en Cuba duda que el régimen pueda sobrevivir, presiente su derrota y no quiere hundirse con él.

 

Esta minoría es diversa, entre ellos están los oportunistas que se aprovechan de la dictadura como parte de algún esquema de corrupción o privilegio. Apoyan el status quo porque viven de él y no quisieran un cambio en Cuba pues perderían las ventajas que hoy disfrutan. No tienen que competir en un mercado abierto y por eso prefieren una continuidad en la que se enriquecen sin esfuerzo. La tiranía necesita que este tipo de gente se sienta parte del sistema, se beneficie y lo defienda. En China “comunista” hasta los empresarios capitalistas pueden ser miembros del Partido Comunista.

 

Otro grupo mantiene a la dictadura porque está atrapado en las redes de la nomenclatura. Son los funcionarios que temen renunciar a sus puestos. La mayoría se acostumbraron a vivir como parte de la maquinaria y no les resulta fácil apartarse. Muchos se sienten traicionados por el castrismo y además, saben que se equivocaron. Entre ellos hay personas que ocupan puestos de importancia. Este es el sector más numeroso dentro de la minoría “castrista” y también el menos confiable para el régimen. Si pudieran vivirían en los Estados Unidos. A estas personas hay que tenderles la mano para que ayuden a debilitar la maquinaria dictatorial.

 

También está el grupo de los que parecen recalcitrantes, algunos lo son y muchos lo simulan. Individuos que creen que no tienen posibilidad de reciclarse porque están demasiado vinculados públicamente con el régimen. Es un grupo muy pequeño y está compuesto de gente muy diferente. Son los que tienen más que perder en un cambio. Entre estos está el núcleo de los que rodean a Raúl y a Fidel Castro. Sienten que deben seguir a su lado porque de ellos depende su supervivencia. Sabemos que aun en ese pequeño círculo hay más dudas que certezas.

 

En el más bajo nivel de los recalcitrantes se encuentran los esbirros. Estos aparecen en todas las dictaduras porque les son indispensables. Se encargan del terror a cualquier precio. Son verdaderos sadistas que disfrutan de humillar y maltratar a las personas. Hasta los que han manchado sus manos de sangre están empezando a temer porque presienten que el cambio los puede sorprender cuando menos lo esperen.  

 

Entre los que parecen recalcitrantes se encuentran muchos militares. Han venido observando el panorama de destrucción del país y del pueblo. Raúl Castro les ha prometido un arreglo con los Estados Unidos que les garantizaría estabilidad y privilegios y que revertirá la situación económica como ha sucedido en Vietnam. El dictador heredero tendrá que continuar aparentando que cede y da espacios pero esta es una via peligrosa y él lo sabe. Lo cierto es que los trucos de Raúl no han funcionado y el embargo no se levanta, su promesa a los militares se ha vuelto hueca y el futuro los inquieta. Cuando llegue el momento los militares apoyarán al pueblo a deshacerse del castrismo. No es de extrañar que terminen fusilando a Raúl Castro como hicieron los militares rumanos con el dictador Nicolas Ceasescu.

 

En conclusión, en la minoría de cubanos que de una u otra forma le dan vida al sistema aumenta la convicción de que el régimen no tiene salvación si no se levanta el embargo y que esto cada vez parece menos posible.   Saben que el pueblo calla por temor, que la gente quiere un cambio fundamental y que no pueden confiar en su aparente pasividad. Esta minoría conoce que aun con un triunfo de Maduro en Venezuela Cuba seguirá hundiéndose en el abismo.

 

Esta situación no debe llevarnos a una actitud de triunfalismo o complacencia, mucho menos a una actitud vengativa. Hay que trabajar ahora más que nunca. Hay que predicar y practicar la unidad y la conciliación nacional. Después de más de medio siglo de resistencia heroica estamos ante una victoria que se ha logrado por el sacrificio de los caídos, por los que lucharon en difíciles circunstancias y por los que han seguido sus ejemplos aportando una valiosa contribución en esta hora de esperanza. El futuro es del pueblo, la libertad y la democracia.

 

*El autor fue comandante del Ejército Rebelde y jefe militar de la provincia de Camagüey. Es secretario general de Cuba Independiente y Democrática (CID).

Yoani: Venus abyecta

Justo J. Sánchez

3 de abril de 2013

 

Dentro de un patriarcado blanco que ejerce control de las matrices interpretativas y difusoras, Yoani Sánchez es una mujer que no admite barreras

 

Es subversión. Deambular y dibujar estampas de la cotidianeidad cubana para enviarlas por Tweeter rompe las reglas. Veamos: Cuba es un país agrícola, organizado de forma militar. Su primer mandatario es producto cultural rural (Birán y Santiago de Cuba), su padre un gallego campesino y terrateniente. El poder se transmite allí mediante nexos familiares. Visten todos uniforme militar. La mujer en el proceso político mantiene roles subordinados (Haydée Santamaría, Melba Hernández desde el Moncada y Celia Sánchez con Vilma Espín en la Sierra).

 

Yoani Sánchez es alteridad radical. ¡Es mujer independiente en punto de vista y espacio! Dentro de un patriarcado blanco que ejerce control de las matrices interpretativas y difusoras, es ésta una mujer que no admite barreras. Grandes figuras femeninas han mantenido diarios: Frida Kahlo, Ana Frank, George Sand, Louisa May Alcott y Virginia Woolf, por algunas nombrar. Mantener un diario público donde se registra una historia alternativa, sin inflamación ni melodrama, ha podido abrir brechas a la versión oficial a la que se suscribe Hollywood, los oligopolios mediáticos, las entidades del capitalismo tardío y la izquierda institucionalizada, ésa que ha perdido su filo crítico.

 

Produce escozor la Sánchez. Desde el Tercer Mundo escribe sobre un país tercermundista, desmitificándolo. Nada produce mayor molestia al “machangato” (término de Ileana Fuentes) que lo doblemente excluido (mujer y disidente) establezca un foro para el diálogo. La conversación, el intercambio es la antítesis del rapto autoritario. La misoginia se irrita cuando se le revela tal cual, desnuda ante el mundo. La mujer representa inclusión y pluralismo. La política de identidad se opone a la estratificación férrea del militarismo hombruno.

 

Las huestes sudorosas de Brasil esperaron para protestar a gritos. Algunos en Nueva York —según relata Coco Fusco en una lúcida nota— hacían preguntas sobre la educación y la salud pública, logros de la revolución. Se les hace difícil repensar los paradigmas. Cuando se vive a base de camisetas del Che y fotos de Fidel abrazado con Mandela y Allende, una voz disidente se asocia con la CIA o los viejitos moribundos del restaurant Versailles. No se formulan objeciones a las ideas de Yoani sino se especula sobre posibles mecenas. ¿Quieren averiguar? Lean A Room of One’s Own de Virginia Woolf. De paso, lean a Luce Irigaray y a Julia Kristeva.

 

Para mentes simplistas, cualquier gobierno o líder que se erija contra los que a mentiras fabricaron la guerra de Vietnam e Irak es ya ipso facto fuerza ilustrada. Si la que viene a pronunciarse contra esta figura mesiánica barbuda es una mujer, menor credibilidad se le confiere. Ninguno de sus interlocutores le dan el “usted”. ¿Qué ha sucedido? Fuera de los centros académicos, Yoani ha pasado a ser “celebrity”, la estrella del momento con la que todos se retratan. La prensa la persigue y ya The Miami Herald ha indagado sobre el largo de su cabello y su historia romántica. Lo próximo es el signo zodiacal. Los medios de comunicación son esencialmente machistas y su misión es entretener, servir como estupefacientes.

 

El proceso que comenzó en 1959 se llamó revolución, se encarnó en falo y se vistió de militar. En la Plaza de la Revolución, el pueblo cubano se acostumbró a ver obeliscos: micrófonos, Fidel, la estilizada estatua de Martí y la torre-mirador. Tanto los Cuba-apologistas para tildarlos de mercenarios como el exilio para otorgarles cinco minutos de fama, la disidencia fue masculina. La Sánchez y las Damas de Blanco han roto el esquema.

 

Las Damas marchan en comunidad enarbolando gladiolos blancos como estandarte de paz. El pacifismo, el silencio y la mansedumbre cristiana constituyen oposición a la militarización del esquema que a menudo las agrede. Yoani emplea la tecnología para crear un ámbito de reflexión, un colectivo (anatema para el machismo) donde hay apertura para participar con comentarios. La reflexión no es como un falo que penetra con sus verdades, es un vacío que tiene su propio misterio y dinámica.

 

El patriarcado cubano —si seguimos el análisis de Evelyn Reed— mantiene las propiedades del capitalismo explotador y excluyente. Tal es la falsa conciencia que la propia Yoani Sánchez aboga por el fin de un así llamado bloqueo estadounidense. Olvida (1) el rechazo al modelo económico yanqui que definió la revolución cubana, (2) la desigualdad y exclusión que crea el capitalismo libre empresario cuando hoy se lucha en el Primer Mundo contra la concentración de capital en una minoría plutócrata, (3) las barreras morales que puede usar un país para impedir el comercio con otro, parte de la autodeterminación nacional y no injerencia como lo califica la Sánchez, (4) el hecho que el bloqueo a Cuba es un mito: Estados Unidos es el mayor vendedor de productos agrícolas a la Isla (comenzaron a un nivel de $340 millones alrededor de 2005 y en aumento desde esa fecha). Salen los barcos del puerto Fort Lauderdale y se manejan en Cuba por la agencia Alimport, (5) con la globalización llega la facilidad de comunicación y transporte, con el nuevo dinamismo asiático se ha creado una multiplicidad de actores que aumentan y diversifican la oferta y bajan los precios. Pensar obtener los términos más ventajosos en todo el universo comercial de Estados Unidos (economía posindustrial y en déficit de exportaciones) es caer en la falacia obsesiva y patriarcal de Fidel Castro. Cuba, por otro lado, vende en Norteamérica millones de dólares en material cultural como cuadros, discos y giras artísticas de cantantes populares. Las remesas familiares y viajes constituyen un porciento importante del Producto Nacional Bruto isleño.

 

Pasó la era de Aleksandr Solzhenitsyn. No vino en rol profético sino como “bloguera” disidente. Es una mujer de disciplina férrea. Para todos resulta notable como salió del Cuarto Mundo y se enfrentó ecuánime y lúcida a los medios de comunicación hostiles, las protestas y los comentaristas que a la caza andaban tras contradicciones. Tuvo, por supuesto, que hacer ajustes. Mantiene un horario de jefe de estado con atletismo y empeño, escasos en aquel país. Su personaje está bien perfilado: sencilla al vestir, lenguaje accesible, hablar pausado, directa y sin artificio. Hay en Yoani Sánchez una sonrisa y una presencia escénica que mezcla el Caribe con el misterio, lo telúrico y lo distante, la Gitana Tropical de Víctor Manuel y la Venus de Brassempouy.

 

Yoani Sánchez mantiene cierta distancia, es Venus abyecta, madre desplazada que protege el territorio de su cría: el blog y comunidad. Julia Kristeva nos explicaría que es éste un personaje radicalmente excluido cuyo quehacer afirma la libertad e identidad. Escapa la censura en el ámbito etéreo de la Red. Su praxis es donde la racionalidad práctica se desploma y se afirma la creatividad. Vive en el exilio dentro de Cuba, sin abandonar el medio que describe. Es un superyó para su amo señalando la fragilidad de la ley machista. Una Venus abyecta circula en el desafío.

Por una democracia soberana en Cuba

Rafael Rojas

2 de abril de 2013

 

El periodista cubano Ángel Guerra Cabrera, radicado en México desde hace años, tuvo a bien dedicarme unas líneas en su columna del pasado jueves, en La Jornada. Escribe Guerra que un servidor es representante de una “derecha nacional”, “más pragmática y cínica que sus antecesoras” (sic). Un “contrarrevolucionario” con una visión de Cuba regida por el “deber ser teleológico” (sic). Mis textos y mis pensamientos no son, según Guerra, “enarbolados” por mí sino por una “contrarrevolución cubana e internacional”. El artículo de Guerra fue reproducido, naturalmente, en Cubadebate, la página electrónica del Partido Comunista de Cuba, donde no existe derecho a réplica.

 

        Prefiero pasar de largo de la fábula de mal gusto y resonancia fascista de los “cóndores” (revolucionarios) y los “insectos” (contrarrevolucionarios), a costa del pobre José Martí, con que concluye el artículo. Pero no puedo dejar de señalar que la asimilación entre mis ideas y las del escritor y periodista cubano Carlos Alberto Montaner, de la que abusan Guerra y otros de la misma corriente política, es, cuando menos, imprecisa. Conozco y respeto a Montaner desde hace años pero ambos admitimos diferencias públicas en temas tan variados como el embargo comercial de Estados Unidos, las ideas, culturas y tradiciones de América Latina o el lugar de la experiencia socialista y revolucionaria en la historia de Cuba.

 

        Aunque la caricatura de Guerra expone mejor sus limitaciones que las mías, la aprovecho para resumir, sobre todo ante los lectores de La Jornada que se asomen a esta polémica, algunas de mis ideas sobre Cuba que el periodista deliberadamente distorsiona. Es difícil para mí considerarme contrarrevolucionario por muchas razones que a Guerra, quien se empeña en monopolizar la voz de “la Revolución”, lo tendrán sin cuidado. La primera es que soy un producto de la experiencia revolucionaria: nací en la isla, en 1965, y me formé en las escuelas creadas por el sistema educativo socialista. Me gradué de la Universidad de la Habana, en 1990, en la carrera de filosofía marxista-leninista, con una tesis sobre la concepción materialista de la historia de Karl Marx.

 

        Pero, ante todo, no me considero contrarrevolucionario porque, como sostengo en mis libros El arte de la espera (1998), La política del adiós (2003) y La máquina del olvido (2013), pienso que la Revolución fue un fenómeno histórico circunscrito a los años 50, 60 y 70 del pasado siglo. Después de consumada la institucionalización del sistema político cubano, en 1976, con la Constitución de ese año, es difícil hablar de revolución como un proceso de cambio social, que destruye un antiguo régimen y crea un nuevo orden. Hablar de Revolución a partir de 1976 es posible si, como hace Guerra, se confunde la Revolución con el Estado, el gobierno o sus líderes, cuando no con la nación misma.

 

        Dado que en los libros mencionados y en diversos artículos he expresado críticas concretas al gobierno de la isla y al sistema político socialista, Guerra y quienes como él sacralizan la historia, asumen dichas críticas como “ataques a la Revolución”. A mí, por el contrario, me interesa historiar críticamente ese fenómeno fundamental del pasado cubano y latinoamericano, con el fin de avanzar en el conocimiento histórico y, también, de contribuir al establecimiento de relaciones más libres con el Estado cubano. Un Estado que, como he reiterado en esos mismos libros y artículos, entiendo como una entidad legítima que no debe ser removida por la fuerza sino transformada pacífica y soberanamente por una ciudadanía cada vez más plural, que no está equitativamente representada en sus instituciones.

 

        El término contrarrevolución posee un sentido destructivo y violento que no sólo no comparto sino que cuestiono con frecuencia. Siempre he defendido la necesidad de articular una oposición pacífica y legítima en Cuba, que deje atrás, de una vez y por todas, la política del embargo o cualquier forma de hostilidad internacional y que se independice de las agencias del gobierno de Estados Unidos, involucradas históricamente en la confrontación con La Habana. Remito al lector interesado en estas ideas sobre la construcción de una democracia soberana en Cuba a dos artículos publicados recientemente en la isla: “Diáspora, intelectuales y futuros de Cuba” (2011), en la revista Temas, y “El socialismo cubano y los derechos políticos” (2012), en Espacio Laical.

 

        Llama la atención que Guerra me atribuya un pensamiento “teleológico”, cuando uno de los argumentos centrales de mis libros de historia intelectual sobre Cuba –Isla sin fin (1998), Tumbas sin sosiego (2006), Motivos de Anteo (2008), El estante vacío (2009)- es la crítica a la teleología de la historia oficial nacionalista y socialista, que presenta todo el pasado de la isla como si hubiera sido providencialmente programado para producir la entrada de Fidel en La Habana, en enero de 1959, y para perpetuar la forma histórica del Estado fundado a partir de entonces. La crítica de esa teleología, no sólo en mis libros sino en buena parte de la nueva ensayística cubana de la isla o la diáspora –ver, por ejemplo, el catálogo de la editorial Colibrí, en Madrid-, es un llamado al abandono de la exclusión ideológica en nuestra cultura.

 

        Si a lo que Guerra se refiere con la torpe tautología del “deber ser teleológico” es a la propuesta de un futuro democrático para Cuba, entonces tendrá que reconocer que somos muchos –cada vez más- los que compartimos ese ideal. Un ideal que en mi caso jamás ha sido planteado en términos neoliberales, como asegura el periodista. Como el lector puede verificar fácilmente en esos libros y artículos, la democratización de la que hablo es un proceso de apertura de las instituciones actuales del socialismo cubano a la pluralidad real de la sociedad insular y diaspórica, que amplíe los derechos de asociación y expresión, sin deshacerse del rol social del Estado ni de la soberanía nacional.

 

        Que Guerra entienda eso como “cinismo y pragmatismo” o como “derecha nacional e internacional” ilustra muy bien el tipo de izquierda que él defiende. Una izquierda que sigue aferrada a las falsas antinomias de la Guerra Fría y que es incapaz de abandonar lastres del estalinismo como el partido único, el culto a la personalidad, el control gubernamental de la prensa o la descalificación y represión de toda disidencia. Una izquierda autoritaria que, ante el avance de las reformas emprendidas por el gobierno y demandadas por la sociedad civil, se atrinchera en una posición contrarreformista.

 

Día con día, la democratización soberana del socialismo cubano deja de ser una promesa y se convierte en una realidad, que la reacción neoestalinista o neopopulista no puede contener. El lector interesado puede comprobarlo releyendo la nota del corresponsal de Afp en La Habana, Carlos Batista, “Cuba necesita cambios políticos”, el pasado 13 de marzo, reproducida parcialmente por La Jornada, o el proyecto “Cuba soñada/ Cuba posible/ Cuba futura”, redactado por el Laboratorio Casa Cuba, un grupo de intelectuales y activistas católicos y marxistas de la isla que pide, entre otras cosas, sufragio directo del jefe de Estado, reelección limitada y una nueva Ley de Asociaciones. Los lectores de La Jornada, periódico referencial de la izquierda iberoamericana, deberían tener acceso, también, a esas nuevas voces democratizadoras de la política cubana del siglo XXI.

El exilio cubano de Miami

se reencuentra en Yoani Sánchez

Maye Primera

2 de abril de 2013

 

Para unos es una heroína, para otros, una oportunidad perdida. Pero todos coinciden en que su voz, crítica del sistema, ha sido escuchada en el mundo como ninguna

 

En una esquina, una decena de personas con esta pancarta: “Bienvenida Yoani Sánchez, te apoyamos en tu lucha por la libertad de Cuba”. En la otra, otro grupo, menor en número, que con carteles y megáfonos reclamaban más firmeza de parte de la bloguera y disidente cubana en su oposición al régimen de los hermanos Castro. Ninguna de las organizaciones del exilio cubano de Miami -un archipiélago donde conviven dirigentes políticos, ex comandantes de la revolución, estrellas de la farándula latinoamericana y gente común— ha sido indiferente a la visita de Sánchez a la ciudad. Para unos, Yoani es ya una heroína en la lucha por los derechos políticos en la isla; para otros, es una oportunidad perdida. Pero todos coinciden en que su voz, crítica del sistema, ha sido escuchada en el mundo como ninguna lo había sido durante los últimos años.

 

Yoani Sánchez aterrizó en Miami el jueves 28 de marzo, en medio de una gira de 80 días por América y Europa. Se reunió con la familia que hace dos años no veía, ha visitado diarios, iglesias. Y este lunes comenzó su agenda pública con una presentación en la Torre de la Libertad, icono del éxodo de los cubanos al sur del Estado de Florida, que comenzó con la llegada de la revolución de los hermanos Castro al poder.

 

Yoani es una voz joven, autorizada, que tiene su percepción del drama de Cuba. Nosotros la apoyamos aunque no coincidamos en todos sus planteamientos”. Quien habla, Huber Matos, comandó entre 1956 y 1959 la novena columna de la revolución cubana y tras pasar dos décadas en la cárcel, acusado de sedición, se asiló en Miami. Fue él uno de los cientos que este lunes acudieron a la Torre de la Libertad a escuchar el discurso de Sánchez. “En el exilio hay distintas posiciones, unas más radicales que otras. En general, todos queremos el cambio en Cuba. Lo inteligente y lo patriótico es aplaudir a Yoani, en toda la extensión de la palabra, aunque no coincidamos exactamente con todos sus planteamientos”, ha dicho Matos, de 95 años, a EL PAÍS, con la certeza de que “la nueva república” viene en camino.

 

Miguel Saavedra, presidente del movimiento Vigilia Mambisa, es uno de los que cree que las denuncias de Yoani Sánchez contra el sistema de Gobierno de Cuba no han sido suficientemente firmes. “Yoani tiene algunas opiniones que son razonables, pero ella no ha hablado en contra del régimen, lo único que ha dicho es que en Cuba no hay libertades, que no hay comida y eso lo sabe todo el mundo. Pero no va directamente a hablar de los presos políticos, de la oposición, no los está defendiendo como debe ser”, opina Saavedra, en representación de cuatro organizaciones del exilio que esperaron a Sánchez este lunes frente a la Torre de la Libertad, para protestar contra su petición de que se levantara el embargo comercial que mantiene Estados Unidos contra Cuba desde 1960.

 

Pero entre los cubanos establecidos en Miami también hay quienes apoyan desde hace varias décadas que el bloqueo sea levantado. “Siempre hemos estado en contra del embargo y se nos ha criticado mucho por esta posición. En el caso de Yoani, ella se crió en el ambiente del embargo que se ha utilizado para justificar todo lo malo que pasa en Cuba, por eso lo rechaza y por eso fuera de Cuba se le respeta”, ha dicho Marcelino Miyares, presidente del Partido Demócrata Cristiano de Cuba, que tiene su sede en Miami. “Yoani es un fenómeno mediático, que ha tenido la habilidad de no meterse en los temas de política o de estrategia, que son los que han dividido al exilio. Yoani debe mantenerse en las fronteras del periodismo, que es lo que hace que todo el mundo esté de acuerdo con ella. En el momento que Yoani cruce esa línea del periodismo, está frita”, sostiene Miyares. Su opinión es que la unidad de la diáspora cubana es imposible y que el reto, en cambio, es trabajar en conjunto sobre los acuerdos que comparten.

 

El Movimiento Democrático, liderado por Ramón José Sánchez en Miami, defiende desde hace dos décadas la búsqueda de una salida no violenta al régimen de los Castro. Para él, Yoani Sánchez se ha convertido en un icono de la lucha por la libertad de expresión y por los derechos de los cubanos, que representa una visión fresca, de ideas modernas, progresistas, que está llegando a la conciencia mundial. “Yoani Sánchez ha logrado decirle al mundo lo que todos queríamos decirle y que por alguna razón el mundo no había escuchado. Su visita a Florida es una manera de aproximar a la oposición cívica dentro de Cuba a la otra parte de Cuba, al destierro cubano, que tiene que vivir obligatoriamente fuera de la isla”, ha dicho el representante del Movimiento Democrático.

 

Este jueves, Yoani Sánchez partirá desde Miami hacia Lima, Perú. De allí volverá a Europa, para continuar con su gira. De Florida, ha dicho, “me llevo la idea de un exilio plural, democrático, inclusivo, como quisiera que fuera Cuba en el mañana”.

Cuba y sus lágrimas

Rev. Martín N. Añorga

1 de abril de 2013

 

Si yo fuera un individuo carente de convicción religiosa, afirmaría que Cuba es una tierra de mala suerte; pero tal concepto lo atenúa mi fe, así que prefiero reconocer, aunque el dolor me taladre el alma, que Cuba es una Isla empapada en lágrimas.


Nuestra Patria fue la última colonia de España en América que se deshizo de sus cadenas después de sufrirlas por siglos. No es que los cubanos no lucharan por su independencia, sino que todos los actos de heroísmo que asumieron terminaron en la desesperanza. Incluyendo la guerra del “95”, que desembocó en el gobierno interventor de los Estados Unidos.


Imposible señalar en un trabajo como éste las angustiosas experiencias sufridas por las poblaciones costeras cubanas durante el siglo XVII, víctimas de los continuados ataques de corsarios y piratas franceses, ingleses y holandeses. Fueron largos años durante los cuales España mantenía guerras con otros países europeos y las costas de la colonia quedaban desprovistas de cuidado militar.


Desde comienzos del año 1800, de una u otra forma, los cubanos se enfrentaron al férreo poderío de la metrópoli. Mencionamos la llamada “insurrección de los vegueros”, los que tenían opciones para disponer de la venta de sus cosechas y fueron injustamente privados de ese privilegio. Esta insurrección provocó la renuncia del entonces gobernador Vicente Raja que se vio precisado a regresar a España.

Durante el gobierno del Marqués de Someruelos, en 1809, floreció en Cuba un espíritu libertario que creó precedentes para el futuro independentista de la nación antillana. De destacar es el hecho de la rebelión de los esclavos que fue violentamente aplastada con la ejecución por medio de la horca del dirigente negro José Alfonso Aponte y ocho de sus compañeros. No podemos apartar de nuestra mente la idea de que Cuba, desde su descubrimiento hasta hoy, ha permanecido cautiva en la prisión de una lágrima.


Bajo el gobierno un tanto conciliador de Francisco Dionisio Vives se malogró la rebelión conocida como “Soles y Rayos de Bolívar, que surgiera en el seno de la masonería. Una guerra que se planeó con sentido común, con estrategia definida y claro propósito de libertad para todos los cubanos, fue interceptada por espías que el gobernador español infiltró entre la insurgente organización. Posteriormente, sin resignarse ante la derrota, surgió la conspiración del Aguila Negra, con su cuota de mártires y presos. Una larga teoría de movimientos conspirativos siguieron a los mencionados. Recordamos la Conspiración de La Escalera, la de La Mina de la Rosa y las expediciones de Isla Redonda y las de Creole, Cleopatra y el Pampero.

Hay que dedicarle un espacio de gratitud al heroísmo de un venezolano que amaba a Cuba con verdadero corazón de cubano; Narciso López, quien no fue tan solo un reiterado conspirador en contra de la tiranía colonialista de España, sino que fue la primera persona en ondear sobre territorio nacional la bandera patria el 19 de mayo de 1850, en Cárdenas. Este insigne patriota fue apresado y condenado a la terrible muerte en garrote; pero antes de su ejecución pronunció estas lapidarias palabras: “Mi muerte no cambiará los destinos de Cuba. ¡Cuba, por ti muero!”. De nuevo las lágrimas cubrieron de tristeza nuestro cielo.


Se produjo, poco más de una década después, la Guerra de los Diez Años, sin que en los años previos dejaran de producirse sacrificados intentos independentistas. El 27 de noviembre de 1871 tuvo lugar el cruel fusilamiento de ocho jóvenes estudiantes de medicina, acusados falsamente de profanar la tumba del periodista español Gonzalo Castañón, hecho que históricamente hemos seguido conmemorando con justificada tristeza. Este infame crimen resaltó el miserable comportamiento de los gobernadores que España enviaba a Cuba para mantener bajo su dominio a la última colonia que le quedaba en América.


La Guerrade los Diez años contó con patriotas estelares entre los que recordamos a Carlos Manuel de Céspedes, Antonio Maceo, Máximo Gómez, Ignacio Agramonte y muchos otros. En la guerra final que nos condujo a la victoria tuvimos a José Martí, quien murió a los inicios de la misma, a los cuarenta y dos años de edad en Dos Ríos, provincia oriental de Cuba, abatido por las balas del enemigo. Su muerte, inesperada y anticipada, privó a la guerra de su más preciado ideólogo y a la nación liberada a quien debía haber sido su más brillante y connotado líder. La ausencia de Martí ha sido siempre llorada, aunque haya transcurrido más de un siglo de su trágico deceso. En los años de su adolescencia el Apóstol, en su presidio político en Isla de Pinos, escribió estas proféticas palabras: “la lágrima es la fuente del sentimiento eterno”. A Martí siempre lo recordaremos, como a una flor blanca rociada de lágrimas.


Una vez concluida la guerra de Independencia, por medio de acuerdos de los cuales fueron privados los cubanos, se impuso a la Isla el gobierno interventor de Estados Unidos. Fue un período de reorganización y restauración. Al cabo de cuatro años la poderosa y amiga nación del Norte entregó las riendas del gobierno republicano al presidente Tomás Estrada Palma; aunque no por ello se secaron las lágrimas de nuestros cubanos. Por 57 años se sucedieron en Cuba diferentes gobernantes, y con contadas excepciones todos tuvieron su ciclo de inquietudes que afectaron a la población del país.


En tiempos del General Gerardo Machado estuvimos a punto de una guerra civil, y posteriormente en los florecientes días de los gobiernos Auténticos proliferaron los grupos armados que generalizaron el crimen indiscriminado en medio de la sociedad. En 1952 reapareció Fulgencio Batista en la escena política, derrocando al presidente Carlos Prío Socarrás en un golpe de estado incruento. Se descarriló el proceso democrático en la Isla y por varios años fuimos víctimas del terrorismo, los asaltos armados y la pérdida irreparable de centenares de jóvenes prometedores; pero cuando verdaderamente se hizo de noche en Cuba fue el primero de enero del 1959.


Nuestra historia, desde el descubrimiento en octubre del 1492, hasta hoy, ha estado, de una forma u otra salpicada de lágrimas; pero las de ayer, las que antecedieron a la invasión castrista, tuvieron frutos y alumbraron caminos. Las de hoy son estériles, desconsoladas, furtivas y labran cicatrices que nos marcan el corazón.


Castro bajó de la Sierra como la leyenda del vencedor; pero pronto demostró que en realidad era un individuo vencido por el rencor, el ansia de gobierno, el crimen, la arrogancia y el abuso. El horroroso desfile de los fusilamientos quebrantó la vida de miles de cubanos, la mayoría jóvenes con hambre de ideales y dolor de patria. Los encarcelamientos, arbitrarios y sombreados de injusticias, con condenas infames de decenas de años, han privado a centenares de miles de niños de la compañía de sus padres. Cuba se ha convertido en un llanto que opaca la luz del sol.

 

Los que piensen que durante estos largos años de aterrador sistema comunista en Cuba se ha extinguido el fervor patriótico, deben revisar la historia. Desde instaurada la llamada “revolución”, hasta hoy, han surgido innumerables opositores y combatientes: los alzados del Escambray, los estudiantes universitarios, los numerosos intentos de infiltrar militarmente la Isla, la heroica jornada de Playa Girón, las Damas de Blanco, y los valientes que de continuo desafían al régimen son hechos que demuestran que la heroica sangre cubana sigue regando de gloria los paisajes de la Isla y que justifican las lágrimas de mujeres, niños y hombres anhelantes de que la justicia decapite a los traidores tiranos que deshonran con sus crueldades la patria que les vio nacer.


Castro ha superado todas las arbitrariedades, todos los crímenes y toda la barbarie que sufrió Cuba durante el coloniaje español. En sus casi 54 años de ultrajante dictadura, se desplomaron nuestras instituciones, se contaminó nuestra cultura, se ha profanado la Memoria de nuestros héroes, y se han esparcido por los caminos del mundo un par de millones de cubanos, víctimas de familias fragmentadas, y despojados del derecho de vivir con decoro y libertad en su propia patria.


Lamentablemente no podemos todavía limpiarnos con dignidad los ojos que se siguen inundando de lágrimas, porque Cuba se ha deshecho, ya por espacio de más de medio siglo. Tristemente la hemos perdido como una perla lanzada al mar. San Agustín dijo que “las lágrimas son la sangre del alma”, y tenía razón el santo varón. Los cubanos vivimos hoy con el alma inundada de sangre.

Oscar Haza entrevista a Yoani Sánchez

Parte 1

1 de abril de 2013

Oscar Haza entrevista a Yoani Sánchez

Parte 2

1 de abril de 2013

Conferencia de Prensa de Yoani Sánchez

en la Torre de la Libertad

Los viajes de disidentes al extranjero

contribuyen a la creación

de la sociedad civil en Cuba

Delfín en un vaso de agua

Raúl Rivero

1 de marzo de 2013

 

La creación de una alianza de líderes opositores de todo el país, ex presos políticos y veteranos de la disidencia con más de 20 años de experiencia, es la respuesta más coherente y sabia a la decisión de Raúl Castro de continuar otros cinco años en el poder. Quienes están de frente a la dictadura y conocen sus resabios y obsesiones no esperan una transformación democrática promovida por una Asamblea de Diputados que sesionaba a la misma hora que el Gobierno ordenaba el arresto de 59 Damas de Blanco.

 

Mientras los expertos con instrucciones, ingenuos o profesionales honestos con talento para especular, se centraban en el nombramiento de Miguel Díaz-Canel como vicepresidente y nuevo delfín de la familia, la oposición se fusionaba en la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU) dirigida por los presos de la Primavera Negra José Daniel Ferrer y Félix Navarro y por Guillermo Fariñas, premio Sajarov del Parlamento Europeo en 2010.

 

La coalición aspira a convertirse en una organización de masas en la que los ciudadanos puedan actuar con efectividad fuera de las campañas aperturistas que el régimen prepara para el exterior.

 

La designación de Díaz-Canel, de 52 años, es un gesto teatral. No es la edad lo que determina la vocación liberadora de un político y, si la tuviera, el espacio que le han dado para realizar sus piruetas es mínimo rodeado como está de los carcamales que se cambian de sillas y con siete militares de alto rango entre los 31 integrantes del Consejo de Estado.

 

Su aparición en la cúpula ha hecho que los cubanos recuerden levemente a otros dos delfines espabilados, Carlos Lage y Felipe Pérez Roque, que fueron del Mercedes Benz a lo que allí llaman el plan pijama, es decir, a la casa a ver cómo pasa la vida.

 

Hay una intención decorativa también en la investidura de Esteban Lazo como presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular. La presencia de Lazo, un jovenzuelo de 70 años, de la raza negra, en ese cargo tiene el propósito de rebajar la tensión en los graves problemas raciales que hay en el país que se solucionan con educación y no con leyes revolucionarias.

 

Propaganda y calmantes para afianzar el modelo totalitario. La alianza opositora responde con un llamado a la unidad porque cree que los cambios reales llegarán desde las bases de la sociedad.

La nueva UNPACU

René Gómez Manzano

28 de febrero de 2013

 

El pasado miércoles tuvo lugar un acontecimiento que considero trascendental para el trabajo de la disidencia interna cubana: Dos de las más importantes y activas organizaciones que la integran se fundieron para dar origen a otra nueva que se ha trazado como meta convertirse en un fuerte movimiento de masas, capaz de abrir el camino para la democratización del Archipiélago.

 

Se trata, por una parte, de la entidad fundada por el combativo Coco Fariñas en la región central del país: el Frente Antitotalitario Unido (FANTU), el cual adoptó el nombre de su mártir Juan Wilfredo Soto García (El Estudiante), víctima de la represión castrista. No obstante, hay que recordar que, cuando un nutrido grupo de matanceros liderados por Félix Navarro se incorporó a esta organización, su fundador cedió la jefatura a este último.

 

Por la otra parte, intervino la Unión Patriótica de Cuba, la aguerrida UNPACU, implantada de manera especial en la antigua provincia de Oriente, y que originó un verdadero salto de calidad en la actividad opositora en todo nuestro país, tras adoptar novedosas formas de trabajo que han provocado el rápido crecimiento de su membresía.

 

En una histórica reunión celebrada en la tarde-noche del martes 26 de febrero, los tres líderes mencionados, junto al también preso de conciencia (actualmente en licencia extrapenal) Iván Hernández Carrillo, acordaron materializar la referida fusión, que había sido anunciada hace ya varias semanas.

 

El suceso, que —insisto— considero de gran importancia para la vida de la oposición cubana, fue informado en una concurrida conferencia de prensa celebrada al mediodía del miércoles 27 en un apartamento del Vedado habanero. Existirá un Consejo Coordinador, el cual, según se anunció, tendrá una dirección colegiada.

 

Del referido Consejo forman parte conocidos líderes disidentes, entre ellos varios presos de conciencia, miembros del Grupo de los 75, que disfrutan en la actualidad de licencia extrapenal, como los mismos Ferrer, Navarro y Hernández Carrillo. Son ellos Pedro Argüelles Morán, Eduardo Díaz Fleitas, Diosdado González Marrero, Ángel Moya Acosta y Héctor Palacios Ruiz.

 

Resultan instructivos los criterios que primaron a la hora de decidir el nombre de la nueva entidad. Pese a la mayor antigüedad del Frente Antitotalitario Unido Juan Wilfredo Soto García, sus miembros aceptaron agruparse bajo la bandera de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU). Esto se hizo teniendo en cuenta la mayor presencia mediática de esta última organización, gracias al gran número de videos que sus miembros han distribuido y colgado en las redes sociales.

 

La dirigencia de la nueva entidad será asumida en forma colectiva por Guillermo Fariñas, José Daniel Ferrer y Félix Navarro, con los títulos de Portavoz, Secretario Ejecutivo y Coordinador General, respectivamente. Es ésta una forma eficaz de evitar el caudillismo y de demostrar la ausencia de ansias protagónicas de los participantes. Se trata de vicios que han causado inmenso daño a las organizaciones opositoras a lo largo de decenios.

 

Esta “nueva UNPACU” que ahora nace es fruto ya no sólo del enorme valor y habilidad organizativa de José Daniel Ferrer (como lo era su predecesora homónima), sino también de dotes similares que posee un representativo grupo de importantes líderes opositores de toda Cuba. Ella también refleja la vocación unitaria de todos. Esperemos que esta iniciativa alcance un rotundo éxito, cosa que tanto necesita nuestra sufrida Patria. Amén.

FANTU y UNPACU se fusionan

27 de febrero de 2013

 

Unión Patriótica de Cuba (UNPACU) será finalmente la denominación de la nueva alianza disidente entre dicho grupo y el Frente Antitotalitario Unido (FANTU), informaron este miércoles sus impulsores.

 

Las responsabilidades del nuevo grupo recaerán en Félix Navarro Rodríguez, coordinador general; José Daniel Ferrer García, secretario ejecutivo; y Guillermo Fariñas, portavoz.

 

La dirección será colegiada.

 

Otros miembros fundadores del grupo son Pedro Argüelles Morán, Jorge Cervantes García, Eduardo Díaz Fleitas, René Gómez Manzano, Diosdado González Marrero, Ramón Jiménez Arencibia, Iván Hernández Carrillo, Ángel Moya Acosta, Ovidio Martín Castellano, Elizardo Sánchez, Félix Bonne Carcasés, Gisela Delgado y Héctor Palacio.

 

“Nuestro principal objetivo es convertirnos en una sólida y dinámica organización de masas, donde tengan participación todos los cubanos que deseamos una Cuba libre, justa y democrática”, señalaron sus organizadores en un comunicado.

 

Añadieron que su intención es “facilitar al pueblo los medios necesarios para que sea el principal protagonista”, en medio de las “maniobras” del régimen “encaminadas a mejorar su deteriorada imagen”.

 

“Consideramos que estamos viviendo un momento histórico y que es el momento de unirse por encima de ambiciones personales”, dijo Fariñas en una rueda de prensa en La Habana, acompañado por Ferrer, según AFP.

 

Ambos restaron importancia a la designación como primer vicepresidente de Díaz-Canel, de 52 años, al comenzar el domingo el último mandato del general Raúl Castro.

 

“No hay indicios de que (Díaz-Canel) quiera ser un Gorbachov”, dijo Ferrer.

 

“Hay que ver si él aspira a convertirse en un (Slovodan) Milosevic (el expresidente serbio juzgado por crímenes de guerra) o en un Gorbachov”, indicó Fariñas, de 51 años y quien afirmó ser “amigo” de Díaz-Canel, pues crecieron juntos en Santa Clara. “Practicamos baloncesto desde los siete años”, dijo.

 

UNPACU es una de las organizaciones opositoras cubanas más perseguida.

Gestándose la mayor organización opositora

al totalitarismo castrista

 

La Unión Patriótica de Cuba (UNPACU) y el Foro Antitotalitario Unido Juan Wilfredo Soto García (FANTU) ultiman los detalles de su fusión, que creará la mayor organización opositora cubana, con un liderazgo colegiado e integrantes en todas las provincias.

 

Ambos grupos de la disidencia interna informaron en un comunicado sobre reuniones realizadas en La Habana los pasados 23 y 28 de enero “para materializar una integración muy necesaria en el momento histórico” que vive Cuba.

 

En las reuniones participaron el exprisionero político del Grupo de los 75 José Daniel Ferrer, coordinador nacional de la UNPACU; el Premio Sajarov Guillermo Fariñas, portavoz de FANTU; y el también miembro del Grupo de los 75, Félix Navarro Rodríguez, secretario ejecutivo nacional de FANTU.

 

Cada uno de presentes planteó hacer total dejación de sus respectivos cargos y le solicitó a sus homólogos ser un soldado más dentro de la nueva organización en ciernes de la oposición no violenta nacional”, dijeron las organizaciones en la nota de prensa.

 

Los grupos acordaron que la organización resultante de la fusión no tendrá “un líder político único, sino que su liderazgo será colegiado”.

 

Es una “manera práctica de combatir el caudillismo, un fenómeno que ha conspirado en los ámbitos político y social desde las guerras de independencia en el pasado Siglo XIX y aún hoy lo sufrimos”, dijeron.

 

Añadieron que el nuevo grupo estará abierto “a todos los cubanos, que consideren que la unidad y la colegiación de criterios políticos es el único modo de vencer al totalitarismo” que padece Cuba desde hace 54 años.

 

La UNPACU y FANTU aseguraron que la organización opositora que nacerá tras la fusión será “pacifista y civilista”.

 

FANTU tiene integrantes en Pinar del Río, Artemisa, Mayabeque, Matanzas, Cienfuegos, Villa Clara, Sancti Spíritus y Ciego de Ávila. La UNPACU tiene miembros en Guantánamo, Santiago de Cuba, Holguín, Granma, Las Tunas, Camagüey y La Habana.

Damas de Blanco son asediadas

24 de febrero de 2013

Los peligros de la obediencia

Felipe Echandi Lacayo

4 de febrero de 2013

 

¿Hasta dónde estaría dispuesto a obedecer a una figura de autoridad? ¿Sacrificaría sus principios y valores para hacerlo? ¿Es la excusa de “solo seguía órdenes”, que frecuentemente ha intentado justificar barbaridades por parte de los cuerpos militares, exclusiva de estos grupos? En 1961, el investigador de la Universidad de Yale, Stanley Milgram, condujo un experimento precisamente buscando responder estas preguntas. El experimento fue diseñado para medir cuánto dolor físico un ciudadano promedio estaría dispuesto a infligir a otra persona, simplemente, para obedecer a una figura de autoridad. El resultado fue sorprendente. Milgram reportó que, luego de una competencia entre la obediencia a una figura de autoridad y el imperativo moral de no hacer daño a otros del participante en el experimento, la autoridad prevaleció sobre las consideraciones éticas del sujeto en la mayoría de las veces. En el experimento original, 65% de los sujetos puestos a prueba estuvo dispuesto, a pesar de los gritos de sus víctimas, a descargar choques eléctricos de intensidad creciente a otros sujetos –que luego se enterarían que eran actores que no habían sido electrocutados en realidad– siguiendo las órdenes de un científico que guiaba el experimento.

 

En su artículo de 1974 titulado, The Perils of Obedience, Milgram hizo la siguiente lapidaria afirmación que nos debe dar a todos mucho que pensar: “Personas comunes y corrientes, simplemente haciendo sus trabajos, y sin ninguna hostilidad en particular de su parte, pueden convertirse en agentes en un terrible proceso destructivo. Es más, aun cuando los efectos destructivos de su trabajo se vuelven evidentes, y se les pide ejecutar acciones incompatibles con principios morales fundamentales, relativamente pocas personas tienen los recursos para resistirse a la autoridad”.

 

Dos principales explicaciones fueron propuestas por Milgram. La primera se refería a que las personas son conformistas. La persona promedio parece no tener la habilidad ni la experiencia de tomar decisiones, en particular en momentos de crisis, por lo que le deja la tarea de tomar decisiones a la jerarquía existente en el grupo social. La segunda teoría explicó los resultados argumentando que la persona que obedece adopta un “estado de agente”. Al adoptar este estado, la persona se percibe a sí misma como un mero instrumento utilizado por quien le da órdenes, por lo que no se considera responsable de sus propias acciones.

 

Dados los sorprendentes resultados de este experimento, no es sorpresa que a través de la historia de nuestra especie, la tiranía de unos sobre otros y la obediencia, en muchos casos totalmente ciega, haya sido la regla y no la excepción. Aún en los tiempos “democráticos” modernos, la mayoría de las personas adultas voluntariamente eligen que otros tomen todo tipo de decisiones por ellas. Existe por lo visto un fuerte incentivo para obedecer a otros, aun en temas tan fundamentales como el tipo de educación que recibirán nuestros hijos.

 

Casi 400 años antes de las palabras de Milgram, el escritor francés Étienne De La Boétie hizo un análisis sobre los temas que llegaron a inspirar el diseño del experimento ya descrito, solo que refiriéndose a la relación entre personas comunes y corrientes, y sus gobiernos. De La Boétie se preguntó el porqué de la obediencia o servidumbre de millones de ciudadanos frente a los abusos y arbitrariedades de un puñado de gobernantes y su séquito. La única explicación debe ser que “[e]s el pueblo mismo el que se subyuga, el que se degüella, el que pudiendo elegir entre ser siervo y ser libre, abandona su independencia y se unce al yugo; el que consiente su mal o, más bien, lo busca con denuedo”. ¿Qué hacer frente a esta horrorosa situación? La lucha de la libertad contra la tiranía parece ser entonces una lucha de burro amarrado contra tigre suelto. Afortunadamente, tanto el experimento como el análisis sobre la servidumbre voluntaria arrojan una pequeña luz de esperanza. Por un lado, el experimento de Milgram reveló que la obediencia ciega es una tendencia y no una regla absoluta. Si bien la mayoría de las personas no están equipadas para resistir la autoridad, existen otras que sí lo están. De La Boétie, por otro lado, argumentó que si la servidumbre es voluntaria, la libertad también lo es. Los tiranos no tienen encadenados a sus pueblos por la fuerza; los pueblos permiten, con su apoyo constante, que el tirano continúe oprimiéndolos. Basta que ese apoyo cese, para que el autócrata caiga. Es imperativo que fomentemos y apoyemos día tras día la independencia de criterio y fortaleza de carácter que pareciera ser la única protección contra una eventual marejada autoritaria. Cualquier iniciativa privada o pública que fomente la obediencia ciega a la autoridad será cómplice de avivar la servidumbre voluntaria de los ciudadanos, que como la historia ha demostrado, inevitablemente llevará a nuestro sufrimiento futuro.

Vivir y morir como carneros

María Matienzo Puerto

4 de febrero de 2013

 

“Me siento en el balcón de mi casa y a los 33 años hago lo que hace todo el mundo a esta edad. Saco algunas cuentas. ¿Qué tengo?”― Eso me dijo Liudmila cuando nos vimos la última vez.

 

“La casa que digo que es mía, realmente es de mis padres; mi trabajo, aunque me gusta, no satisface ninguna de mis expectativas económicas; no tengo una pareja estable, porque entre otras cosas, ¿dónde vamos a vivir?”

 

“La gente ―me dijo― está para irse o para resolver el diario, nadie está para amar. Tantos años de frustración me han cortado las ganas de vivir, siento que me han mutilado una parte importante de mí pero no logro definir cuál.”

 

Ese era el discurso de mi amiga hace, exactamente, un año. Yo la critiqué porque ese es el lamento de todos los que dejan a los demás la solución. Los que no hacen nada y se mantienen como corderitos. El lamento de los que viven a merced de la corriente.

 

Ahora me la encuentro y veo que el tiempo la ha estrujado más de la cuenta. Entre frustración y frustración solo le han alcanzado las energías para envejecer.

 

Ella, de alguna manera, me reprocha que yo no haya perdido la forma, que proteste, que busque salidas, que vaya al gimnasio, que no desista de amar. Y me dice que “a mí este jodido sistema no me ha quitado nada”.

 

Como si no me conociera me descarga toda su amargura.

 

De alguna manera me contamina y siento ganas de gritarle que una de las cosas que me ha quitado el sistema son las ganas de ser madre, pero no lo hago. Solo le digo que esas cosas las sufrimos por ser tan carneros, por haber aprendido tan bien a bajar la cabeza, a tener miedo.

 

Le digo también que si no va a hacer nada, que mejor no me hable más del tema. Y por supuesto, no me habló más del tema.

Los sin derechos: de Gandhi a Fariñas

Pedro Corzo

9 de febrero de 2012

 

En la actualidad la gente sólo se preocupa por sus derechos. Recordarle que también tiene deberes y responsabilidades, es un acto de valor que no corresponde exclusivamente a los políticos. Mahatma Gandhi

 

Las diferencias geográficas, históricas y culturales entre la India y Cuba podrían llenar varias enciclopedias, sin embargo la humanidad en alguna medida es una sola, porque las individualidades que con su gesta son capaces de marcar una época, hacen posible que su experiencia y dedicación, sean reproducidas en otros tiempos y lugares.

 

Ese es el caso de Mahatma Gandhi y Guillermo Fariñas, quien ha tenido la voluntad, inteligencia y coraje para desarrollar en Cuba la forma de lucha que personificó el líder hindú, sin desconocer la realidad que la dureza de la corona británica, no se aproxima en ninguna medida a la crueldad extrema del régimen cubano.

 

Hasta la apariencia física de Fariñas tiene aproximación con la de Gandhi. La manera de sentarse, el hablar pausado, su ocasional semidesnudez y las constantes huelgas de hambre, le dan el aire de un hombre de gran espiritualidad que ha asumido el compromiso de conquistar la meta o morir en el empeño.

 

Otra semejanza entre Fariñas y Gandhi, es que el isleño no es un visionario, sino un idealista práctico como se autocalificara Mahatma.

 

Predicar con el ejemplo parece ser una de las máximas de Fariñas. Su sentimiento de solidaridad es muy fuerte. Está comprometido a no abandonar a sus compañeros cuando son encarcelados o perseguidos. Numerosas las ocasiones en que ha sido golpeado y arrestado por demandar la excarcelación de sus compañeros, o el cese de las golpizas que propinan los esbirros del régimen.

 

Mahatma Gandhi también infinidad de veces provocó los arrestos de que fue objeto; y Guillermo Fariñas tampoco rehúye la cárcel a pesar de su delicada condición de salud. Aparentemente tanto Gandhi como Fariñas, consideran que estar en prisión les fortalece a ellos, a la vez que la causa es también favorecida.

 

Fariñas recurre a la huelga de hambre como la herramienta más importante del arsenal de su cuerpo. En el año 2010, un ejemplo entre muchos, dejó de ingerir alimentos por ciento treinta y cinco días y abandonó la gesta cuando las autoridades, después de entablar un dialogo con sectores de la jerarquía de la iglesia católica, iniciaron un proceso de liberación de prisioneros políticos. La muerte del activista Juan Soto, unos días después que la policía le propinara una brutal golpiza, le llevó a iniciar un nuevo ayuno para demandar una investigación que depurara responsabilidades.

 

Otro aspecto en el activismo de Fariñas es no restarle importancia a un derecho cuando su disfrute es negado. Recientemente fue detenido y excarcelado en varias ocasiones, porque demandaba ante una dependencia policial una investigación contra un agente de la policía que le había amenazado de muerte. La petición le fue rechazada repetidas veces, pero Fariñas no desistió de su empeño hasta que las autoridades le dijeron que iniciarían una investigación contra el funcionario.

 

Varios sectores de la oposición cubana, dentro y fuera de la isla, se han esforzado por implementar en su quehacer las fórmulas gandhianas porque las consideran afines a su forma de enfrentar la dictadura, pero ha sido Guillermo Fariñas la persona que con más éxitos ha podido implementar ese estilo de lucha, que no se ajusta a las tradiciones cubanas, y que nunca antes había sido usado contra un régimen totalitario.

 

Fariñas conoce la verdadera naturaleza del régimen. No se hace ilusiones. Sabe que sus reclamos son apreciados positivamente por la mayoría ciudadana, pero que para que esta asuma un compromiso firme y definitivo por el cambio, se precisa un liderazgo listo para el sacrificio que demanden las circunstancias.

 

Guillermo Fariñas parece tener una visión de conjunto de la realidad cubana, incluidas las debilidades del régimen de Raúl Castro, que le permiten comprender e implementar las estrategias que cada momento demanda su peculiar forma de luchar.

 

Al igual que Gandhi, cree en la negociación, pero también en la acción directa. Confía en la agitación y en la desobediencia civil. No espera que las cosas ocurran por generación espontánea trabaja arduamente para que se concreten. El liderazgo de Fariñas contra un régimen que practica la violencia indiscriminada se sustenta en la audacia, pero también en su coraje, y en la capacidad de correr los riesgos que sean necesarios hasta que los cubanos estén dispuestos a exigir sus derechos.

 

 

Una Cuba mejor es posible
20 de marzo de 2011
 
Treinta cubanos residentes en once países de América y Europa dan a conocer su posición en relación con los cambios que requiere urgentemente el país

 

A tres años de firmada la Declaración de Concordia el 20 de marzo de 2008 por un centenar de cubanos residentes en quince países[1], los firmantes de la presente carta reiteramos los valores contenidos en aquel documento y al mismo tiempo, en vísperas del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba que tomará decisiones que afectarán a todos los cubanos -dentro y fuera de la isla- por lo que también a todos nos concierne, exponemos, con el derecho que nos otorga nuestra condición de cubanos, y como constancia de que en la Diáspora hubo quienes no callaron a la hora de determinar el destino de la patria, nuestros anhelos para una Cuba mejor:

 

1. Nos pronunciamos a favor de una economía participativa donde todos los cubanos sean partícipes y beneficiarios. La libre actividad económica independiente, como derecho legítimo de los ciudadanos, debe contar con apoyo crediticio, acceso a suministros de trabajo y amplias libertades para producir y comercializar productos y servicios necesarios a la población con derecho a fijar los precios de acuerdo al mercado. No debe haber límites al enriquecimiento personal gracias al esfuerzo y talento propios, pero sobre todo deben estimularse los proyectos no salariales, como la pequeña propiedad individual y las formas cooperativas y autogestionarias mediante estímulos fiscales y otros medios. Ningún trabajador independiente debe ser obligado a contratar ayudantes asalariados si no los desea. Las cooperativas, ya sean tierras o centros cedidos por el Estado, no deben pagar arriendos como si usufructuaran propiedades ajenas cuando esos trabajadores son parte integrante del pueblo, y estos medios, según definición constitucional vigente (Art. 14), forman parte de “la propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción” y por tanto, deben tener derecho a vender sus productos y servicios a quienes decidan y a fijar los precios. Así mismo no puede concebirse como admisible que cualquier extranjero pueda invertir en Cuba mientras este derecho le sea negado a los ciudadanos cubanos o de origen cubano, residan o no en el territorio nacional. Igualmente consideramos erróneo cerrar centros o empresas por no haber sido rentables bajo administraciones burocráticas estatales sin dar la oportunidad a la administración autogestionaria de los trabajadores. Creemos también que redundaría en un gran estímulo productivo hacer partícipe a los empleados de los centros productivos estatales de las decisiones administrativas y de las utilidades.

 

2. La protección de los trabajadores en una economía participativa sólo puede estar garantizada en los marcos de un Estado de derecho que les asegure, tanto a ellos como al resto de los ciudadanos, potestades fundamentales como los derechos laborales, y entre ellos, la libre asociación, en particular la creación de sindicatos que protejan sus intereses frente a los posibles abusos de corporaciones privadas o de administraciones burocráticas del propio Estado, el derecho a la huelga, a las marchas de protesta y a leyes que garanticen la inviolabilidad de la propiedad sobre los medios de producción de los trabajadores independientes. Todas las personas actualmente encarceladas y procesadas por motivos económicos debido a las excesivas regulaciones burocráticas, deben ser indultadas y liberadas y las figuras delictivas que le llevaron a prisión, abolidas del Código Penal.

 

3. El libre uso de la expresión de las ideas debe ser sagrado, y el respeto a ese derecho, una norma que dignifica la condición humana, diferenciada de las demás especies por el pensamiento articulado mediante la palabra. Nos negamos a aceptar un orden que niegue sistemáticamente ese derecho y el menosprecio de los que piensan diferente. Tan repudiable como discriminar por el color de la piel es discriminar por el color de las ideas. Nadie debe pedir perdón o exigir arrepentimiento por haber defendido una causa que creía o cree justa. Sólo la libre expresión de la diversidad de las perspectivas permite una visión más rica de la realidad y la posibilidad del desarrollo y mejoramiento de la sociedad. Por tanto, todos los centros culturales y medios de difusión, sin excluir teatros, salones, galerías y universidades, deben dar cabida a las distintas manifestaciones del pensamiento filosófico, religioso, artístico y político.

 

4. Ningún ciudadano, en uso de sus plenas facultades, puede ser coartado en su derecho de libre movimiento, tanto en el territorio nacional, como en el arbitrio de viajar fuera de su país y regresar cuando así lo estime, incluso si decidiera residir permanentemente en el extranjero, sin ser objeto por ello de represalias mediante el escarnio público o el embargo de sus pertenencias, ni puede ser forzado a salir de su país o a ser confinado a lugar alguno del territorio nacional, ni a ser recluido a la fuerza en recintos cerrados sin haber cometido delito alguno, ni enviado a campamentos de trabajo forzado, ni a prestar servicios en campamentos militares en contra de su voluntad. El Servicio Militar Obligatorio deberá ser abolido, así como las condenas por supuesta peligrosidad, y también las o­nerosas exigencias burocráticas para viajar al exterior, como la llamada tarjeta blanca y las cartas de invitación.

 

5. Los firmantes reiteran su oposición a un orden donde les sean negados a los ciudadanos cubanos, derechos de los que gozan extranjeros residentes en el país, como el de comprar viviendas y automóviles, o el libre acceso a la información, ya sea mediante la televisión parabólica, el internet u otros medios. Como expresáramos algunos de los firmantes en la Propuesta para una Sociedad Participativa subscrita el 22 de marzo del 2009, es preciso “facilitar el acceso de toda la población a las nuevas tecnologías cibernéticas para que puedan emplearse en el desarrollo de iniciativas económicas y sociales de los ciudadanos, posibilidades que los hará competitivos en una sociedad realmente inclusiva” [2].

 

6. Los cubanos tienen el derecho, sin interferencias impositivas de ningún partido u órgano superior del Estado, a la elección directa de todos sus representantes, no sólo en los Poderes Populares, sino además, en todos los cargos públicos de máxima responsabilidad de las distintas instancias. Es inaceptable un funcionario público al frente de un municipio, provincia o la nación, sin ser propuesto y elegido por los electores de la basepor voto directo y secreto, ya sea esta base una circunscripción o un centro laboral. La permanencia en estos cargos no puede ser a perpetuidad ni prolongada, sino de períodos limitados y de una sola reelección. No puede concebirse como democrático el sistema de comisiones de candidatura para “depurar” las elecciones hechas por los electores de la base, ni el llamado “voto unido” en el que el electorado no elige sino que se limita a ratificar elecciones ya realizadas a sus espaldas. Tampoco puede haber dualidad de cargos en la Asamblea Nacional y el Consejo de Estado y de Ministros.

 

7. Los firmantes exhortan a asumir un espíritu de paz, a renunciar para siempre a la violencia física y verbal, y a fomentar una actitud de fraternidad y concordia. Consideramos los caminos pacíficos como vías para el logro de conquistas sólidas y permanentes, preferentemente el diálogo respetuoso, pero franco. Nos pronunciamos por la reconciliación entre todos los cubanos, a los cuales consideramos una gran familia donde tienen cabida todos los hermanos, piensen como piensen, sean de la raza que sean, hayan nacido donde hayan nacido, del género sexual u orientación sexual que sea. Todos los cubanos encarcelados por motivos políticos deben ser amnistiados, y deben ser abolidas las figuras delictivas que en el Código Penal permitieron estas condenas. La patria está sobre todas las banderas ideológicas, y lo que se impone es la unidad de todos los cubanos para levantar, codo con codo, con un espíritu de concordia, el hogar nacional libre, soberano y próspero.

 

Dado a los 20 días del mes de marzo de 2011.

 

Dora Amador, periodista, Florida, Estados Unidos.

Guillermo Asper, profesor de Information Systems, Brasil.

Roland Behar, agente hipotecario, Florida, Estados Unidos.

Juan Antonio Blanco, analista político, Florida, Estados Unidos.

Lorenzo Cañizares, sindicalista, Pennsylvania, Estados Unidos.

Rolando Castañeda, economista, Washington D.C., Estados Unidos.

Augusto Rodríguez, periodista, Florida, Estados Unidos.

Manuel Castro Rodríguez, profesor universitario, Panamá.

Raúl Colón, editor, periodista y traductor, Canadá.

Haroldo Dilla Alfonso, sociólogo, República Dominicana.

Vincent Echave, cirujano y profesor universitario, Canadá.

Vicente R. Gutiérrez Santos, director de empresas y analista político, España.

René Hernández Bequet, sindicalista, Florida, Estados Unidos.

Ariel Hidalgo, maestro, Florida, Estados Unidos.

Yankilé Hidalgo Rodríguez, profesora, Ecuador

Elena Larrinaga, Presidenta de la Federación Española de Asociaciones Cubanas, España.

Antonio Llaca, médico, Venezuela.

Gerardo E. Martínez-Solana, economista y politólogo, Florida, Estados Unidos.

Yvette G. Murphy, abogada, Florida, Estados Unidos

Oscar Peña, Florida, activista de derechos humanos, Estados Unidos.

José Prats Sariol, profesor de la Universidad de las Américas, México.

Carlos Saladrigas, empresario, Florida, Estados Unidos

Pedro Pérez Castro, sindicalista cubano, Venezuela.

Ricardo Puerta, sociólogo, Honduras.

Miguel Rivero, periodista, Portugal.

Victoria Rivero Elliott, activista, Florida, Estados Unidos.

Tomás Rodríguez, profesor, activista político, Florida, Estados Unidos.

Alfredo Sánchez, ingeniero civil, Florida, Estados Unidos.

Oscar Visiedo, especialista en sistemas de información, Florida, Estados Unidos.

Eduardo Zayas-Bazán, profesor y autor, Florida, Estados Unidos.

 

[1] http://concordiaencuba.blogspot.com/.

 

[2]http://concordiaencuba.blogspot.com/2009/03/declaracion-de-concordia.html.

 

 

Cuba: una mirada a la disyuntiva sucesión-transición

Alberto F. Álvarez García

11 de diciembre de 2005

 

El derrumbe del socialismo “real” en Europa del Este y la Unión Soviética, obligó a las autoridades cubanas, en medio de una profunda crisis nacional, a producir numerosos cambios al modelo soviético establecido en la isla.

 

Durante el Período Especial, ese proceso de cambios incorporó la apertura económica controlada, dirigida a ajustar el país a los requerimientos de la economía mundial y del mundo post socialista; la reforma a la Constitución de 1976, y la sustitución de la Ley electoral 37 de 1982 por la Ley 72. También, el régimen se prepara, para cuando estime necesario poner marcha una sucesión organizada del poder en manos de Fidel a su heredero designado, Raúl Castro.

 

Al mismo tiempo, desde la sociedad civil, crece un sector opositor al gobierno, que tiene como finalidad la transición pacífica hacia la democracia pluralista y la economía de mercado.

 

El objetivo de este trabajo es analizar algunos aspectos fundamentales del sistema político cubano actual, en relación a la disyuntiva planteada entre el escenario gubernamental de sucesión y el de Transición a la democracia, defendido por la oposición.

 

Las transiciones a la democracia comparadas: Algunos aportes del debate académico

 

Aunque las transiciones más recientes a la democracia ocurridas en Europa y América Latina, se produjeron siguiendo modos diferentes como la imposición, el pacto, la reforma, la revolución, y ciertas situaciones mixtas, y que ninguno de esos escenarios pueden ser desechados como posibles caminos del cambio en Cuba, muchos analistas estiman que, en la coyuntura inmediata, la sucesión gubernamental parece más viable que la propuesta de transición de la oposición.

 

Al respecto vamos a hacer un grupo de reflexiones, tanto del alcance de los cambios gubernamentales, como del desempeño de la oposición, para de esa manera evaluar mejor la situación de ambas alternativas, y esclarecer sus posiciones con respecto a los escenarios de cambios en el país.

 

Como he señalado en el libro La transición a la democracia en Cuba (1) indudablemente, será mas difícil hacer una adecuada valoración de las transformaciones cubanas, sin compararlas con las otras experiencias de transiciones ocurridas en el mundo en las dos décadas pasadas, por lo que es imprescindible estudiar los aportes brindados en ese campo por la transitología.

 

La transitología constituye una comunidad de académicos (economistas, politólogos, sociólogos, etc), conjuntamente con los propios actores políticos, dedicados al estudio de las transiciones a la democracia y su proceso de consolidación, abarcando una perspectiva comparada de las mismas. Aunque la transitología considera que cada experiencia interior beneficia a las futuras transiciones, sobre la base del conocimiento acumulado, no hay nada mas ajeno dentro del grupo de autores con los cuales he trabajado como Philippe C. Schmitter y Terry L. Karl, que concebir su tarea en la búsqueda de un método único de validez universal para Efectuar las transiciones políticas.

 

La importancia de los estudios de la transición radica, en primer lugar, en que permiten mediante la comparación, un mejor aprendizaje sobre el proceso del paso de la autocracia a la democracia. Por esa razón, los actores políticos en Cuba, en el gobierno y en la oposición, deben aprender de las transiciones ajenas, para facilitar que los cambios en la Isla efectúen sin cometer los errores padecidos antes, e incorporar, los resultados positivos de las mismas. Esa constituye una ventaja del retardo de nuestra transición, comparada con las otras de la actual onda de Democratización mundial, iniciada por la Revolución de los Claveles en Portugal en 1974.

 

Los estudios comparados de las transiciones, sugieren aportes validos para el análisis de la situación cubana y de sus escenarios futuros:

 

No hay una forma única de democracia. Existe una variedad de modelos de ella disponibles en mementos específicos. El diseño institucional de las democracias depende de condiciones históricas particulares. Para autores como Philippe C. Schmitter y Terry L Karl, las democracias existentes se pueden clasificar en cuatro tipos principales: la democracia corporativista, como en Austria; la democracia consensual, por ejemplo la Suiza; la democracia electoralista, como lo es Estados Unidos; y la democracia populista, donde se sitúan muchos de los casos latinoamericanos. (2)

 

Esa precisión al tiempo que permite no remitir el acceso a un régimen político democrático, reduciéndolo a un modelo normativo único, no ignora que toda democracia política posee cuatro dimensiones básicas: la competencia, por puestos y políticas; la participación en partidos y otras organizaciones; la responsabilidad (accountability) de los gobernantes, y el control civil de los militares.

 

Las nuevas democracias no deben ser valoradas por la simple realización de elecciones, y el régimen democrático deberá garantizar la participación ciudadana durante los intervalos electorales. Se trata de elementos intermediarios participativos, sectoriales, corporativos, etc., que faciliten la aplicación del principio de la responsabilidad (accountability) de los dirigentes ante la ciudadanía y el control ciudadano sobre los mecanismos del poder.

 

Existen diferentes modos de transición a la democracia, según los actores que la producen (elites o masas), y las estrategias de acción empleadas (transacción o fuerza). Schmitter y Karl identifican cuatro modo principales de transiciones. Desde las elites: pactadas e impuestas; desde las masas: por reforma, y revolucionarias; y además, ubican un quinto espacio de situaciones mixtas que no pueden ser enmarcadas en las anteriores (3)

 

En la onda actual de democratización se han efectuado transiciones de un régimen autoritario a unodemocrático dentro de los marcos capitalistas, acompañadas, por las transiciones procedentes del socialismo de Estado, que tratan de edificar la economía de mercado y la democracia pluralista

 

Las transiciones tuvieron distinciones en cuanto al punto de partida, nivel de desarrollo, el tipo de régimen, las relaciones cívico-militares, las desigualdades sociales, pero es factible determinar algunos aspectos comunes en sus orígenes, al menos para las ocurridas en el socialismo de Estado. Estas comenzaron por la influencia de las tasas de crecimiento estancadas o regresivas; el déficit presupuestario exorbitante, la deuda externa; la inflación, presiones externas de instituciones como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial; de organismos políticos como las Naciones Unidas, o las Organizaciones No Gubernamentales, así como por los efectos demostrativos de lo sucedido a naciones vecinas o aliados, condiciones que, en su conjunto, estimularon la democratización.

 

No hay una relación directa entre la secuencia de los cambios políticos y la reforma económica. En las transiciones mas recientes se encuentran tres tipos de secuencias principales:

 

1. Las que comienzan priorizando la liberalización y la reforma económica: como Chile, México, Hungría, y China.

 

2. Las que colocan el énfasis en la liberalización política: los ejemplos de la URSS, Argentina, Polonia, y la India.

 

3. Las que introducen las reformas económicas y políticas más o menos simultáneamente, como son los casos de Brasil, Bolivia y Corea del Sur.

 

Si una observación empírica pareciese sostener que los países que iniciaron los cambios priorizando la reforma económica, tuvieron un mejor desempeño en la economía y una mayor estabilidad política, existe una polémica con relación a la secuencia optima de los cambios en las transiciones. Algunos autores resaltan lo positive de ciertas experiencias que dieron prioridad a la reforma económica; mientras otros, alegan que cuando los sectores de línea dura del régimen logran estabilizar la economía, suelen inclinarse por imponer “desde arriba” un franco continuismo antidemocrático.

 

Los pactos juegan un papel crucial en el buen desempeño de una transición pacifica ordenada, aunque no son indispensables para que se produzca la transición. La transición gradual a la democracia, comporta estrategias especificas que conllevan a pactos diferentes: la negociación del pacto militar se refiere al momento de la liberalización; la del pacto político a la transición; y el socio-económico, a la consolidación.

 

Es considerable el peso de la movilización social, la “resurrección de la sociedad civil”, para forzar “desde abajo” el inicio de los cambios hacia la transición.

 

En la transitología la democratización es un proceso complejo, resultado de la influencia primordial de factores subjetivos -contingentes, de elecciones estratégicas de los actores y de configuraciones particulares, locales e históricas. Esa interpretación del proceso político aduce que es mas accesible la democratización cuando los sujetos de los cambios, en el gobierno y la oposición, deciden trabajar de común acuerdo en su favor. Aunque los factores contingentes son los predominantes en el desencadenamiento de la transición, ellos no pueden eludir la influencia de ciertas estructuras que funcionan como un marco de restricciones históricas, por lo que, el análisis sociológico debe abandonar tanto el enfoque estructural clásico, que lleva a conclusiones demasiado deterministas, como el de contingencia pura, que desconoce el peso de las estructuras históricas.

 

Las transiciones a la democracia demostraron que son dos los factores mas influyentes para que la liberalizacion política avance hacia la transición a la democracia. El primero es la interacción entre el gobierno y la oposición, en especial los vínculos favorables al diálogo y la negociación entre la oposición y los sectores moderados del gobierno; y el segundo es las divisiones en los sectores de la Iínea dura del régimen autocrático.

 

No hay ninguna garantía de que las transiciones políticas concluyan con la consolidación de la democracia. La transición es un período lleno de sorpresas e inmensos dilemas, durante el cual se preveen, al menos cuatro posibles resultados: la regresión al autoritarismo, la congelación de un régimen híbrido, la democracia no consolidada y la democracia consolidada. De lo anterior se deriva la idea del carácter no lineal del proceso político. La transitología es ajena a predecir una trayectoria única ascendente de la historia, como es factible interpretar en las teorías de la modernización, la dependencia y el marxismo.

 

Si en las teorías de la modernización, el desarrollo político recorría un camino ascendente de la modernización económica, a la difusión de los valores culturales modernos y de ahí, a la instalación de la democracia, en un orden donde la modernización era requisito para la democracia, “treinta años despues la secuencia parece haberse invertido, y ahora crece el número de autores que concibe la democratización política como el paso previo y obligado de la modernización económica y social”.(4)

 

Aunque la mayor parte de los actores de la transición, consideran más deseable la transición gradual y pacífica, la experiencia ha demostrado que un largo proceso de cambios moderadosimplica el peligro de que tanto los reformadores como la población se “cansen de las reformas” porque no perciban cambios importantes. “Un período de reformas prolongado también da tiempo a los lobbies antirreformas para que movilicen sus fuerzas y gradualmente corroan el proceso reformador”. Para el caso de los defensores del tratamiento de shock en las reformas económicas, este es un argumento decisivo. (5)

 

Sin un Estado efectivo no puede haber ni democracia ni mercados. Es alarmante el sesgo antiestatista de muchas reformas en curso. “Para sustentar la democracia, el Estado debe garantizar la integridad territorial y la seguridad física, debe mantener las condiciones necesarias para el ejercicio efectivo de la ciudadanía, debe disponer de ahorros públicos, distribución de ingresos.... Nuestros argumentos acerca del Estado se refieren a su rol en la preservación de la integridad territorial, la promoción de las condiciones del ejercicio efectivo de la ciudadanía democrática, el suministro de un mínimo de seguridad material y la distribución de los recursos económicos.” (6)

 

La calidad de las Instituciones es fundamental para la supervivencia de la democracia. “Una de las tareas esenciales de las instituciones democráticas es contrabalancear la concentración de poder, y además, las instituciones deben generar resultados que protejan no sólo las libertades de los ciudadanos sino también su bienestar material.”(7)

 

Las transiciones democráticas suelen coincidir con crisis económicas; muchas nuevas democracias enfrentan al unísono la necesidad de consolidar las nuevas instituciones políticas y de superar el colapso económico. El problema “es entonces encontrar alguna estrategia de reforma que simultáneamente logre recuperar el crecimiento y fortalecer la democracia. (8)

 

Sucesión gubernamental vs transición a la democracia: factor central de la coyuntura política cubana actual

 

El escenario de la sucesión gubernamental

 

El período Especial declarado en agosto de 1990, constituye una estrategia de supervivencia trazada por la élite del poder, en la que pese a la presencia de un discurso socialista intransigente, se avanzó a una reestructuración de la sociedad en base al incremento del mercado, la Inversión Extranjera Directa, IED, y el uso de las remesas de divisas enviadas por los exiliados.

 

La apertura económica transformó el modelo de economía centralmente planificada en uno dual, en el que la economía se encuentra dividida en un sector regido por un plan modificado en valores financieros nacionales, y otro, que opera en divisas. Esta economía dual es el cimiento de la opción de sucesión gubernamental propuesta por la Iínea dura del régimen.

 

La sucesión gubernamental es el escenario de imposición de la elite, que da continuidad a la autocracia y al estatismo oficial, adoptando una variante del modelo chino, pero con sustanciales modificaciones: para Fidel Castro y sus colaboradores más cercanos, el modelo chino es visto como una apertura económica de mercado controlada, que rechaza la presencia del sector empresarial privado, y que presupone el cierre de la apertura política a la oposición y la negación del pluripartidismo.

 

La sucesión está concebida en dos fases principales: la primera, bajo el mando de Fidel, donde se intenta preservar, en el período post socialismo real, lo esencial del sistema político y económico de corte estalinista. La segunda, que aspira a despejar la sucesión del poder a Raúl Castro. Aunque las reformas, económicas y constitucionales, del Período Especial permitieron evitar el colapso del régimen, la opción gubernamental atraviesa inmensas dificultades que vamos a relacionar de modo sucinto:

 

El régimen no logra, con las limitadas reformas introducidas, evitar la reproducción de la crisis económica y social. Luego de haber perdido de 1989 a 1993, entre el 35% y el 48% de su Producto Interno Bruto (PIB), las reformas alcanzaron una cierta recuperación de los indicadores macroeconómicos, que se manifestó, entre otras cosas, en un crecimiento promedio anual del PIB, de más del 3% de 1995 al 2000. Pero a partir de esa fecha, se produjo una nueva paralización de la economía, y este será el tercer año consecutivo de decrecimiento del PIB, que fue de 2,5% en el 2001, 1,1% en el 2002, y se pronostica en un 1,5% para el 2003.

 

El análisis cualitativo de la apertura económica en curso demuestra que: esta tiene carácter incomplete; que el crecimiento económico se alcanza con procedimientos extensivos; y que, el crecimiento y el ahorro interne son insuficientes para orientar el país hacia la prosperidad y el desarrollo. La crisis es de tal magnitud, que hasta los propios economistas del régimen, reconocen que muchos de los sectores primordiales de la economía están exhaustos.

 

La caída abrupta de la economía cubana desde el año 2000, como resultado principal del agotamiento del modelo de desarrollo interne, agravado pero el impacto negativo que los atentados terroristas del 11 de septiembre en EEUU trajeron en la economía mundial, reabre la interrogante sobre la capacidad del régimen para estabilizar la economía e incrementa las conjeturas acerca de su posible colapso. En ese sentido, hay muchas dudas sobre la influencia que pudiera tener en la economía cubana la ruptura del acuerdo petrolero existente con Venezuela.

 

Las llamadas conquistas sociales del régimen, en sectores como la salud y la educación, también vienen sufriendo retrocesos notables. Hay que agregar a lo anterior, toda clase de afectaciones a los servicios de la población, la escasa alimentación, los precios sumamente elevados en los productos ofrecidos (en dólares y moneda nacional), las pésimas condiciones de trabajo, el desempleo, la crisis en la vivienda y el transporte, las carencias en el abasto de agua, y los problemas y desigualdades sociales traídos por la dolarización de la economía.

 

Estamos en presencia de un verdadero proceso paulatino de desintegración de la nación. La crisis genera los desarreglos en la familia y la división de la población, la pérdida de valores éticos esenciales, así como la determinación a emigrar de una buena parte de la población, principalmente los jóvenes, causando la separación de los seres queridos y la pérdida de enormes recursos humanos.

 

A partir del V Pleno del CC del PCC efectuado en marzo de 1996, el régimen ha iniciado un proceso de contrarreforma política, que tiene como fin el mantenimiento del status quo económico y político, la centralización del poder y el cierre de los espacios de tolerancia para el debate que se había producido entre 1990 y 1995 bajo el impacto de la crisis. Dos puntos culminantes de la contrarreforma política, han sido, la proclamación de la Ley 88 “De la protección de la independencia nacional y de la economía de Cuba”, conocida popularmente como Ley Mordaza, aprobada por la Asamblea Nacional en febrero de 1999, que fue aplicada en marzo pasado de forma drástica, contra alrededor de 80 opositores pacíficos, en un intento desesperado del régimen por contener el avance de la oposición interna. Y también, la Reforma Constitucional del 26 de junio del 2002, que tuvo como principal aspecto, el declarar irrevocable al sistema político y social establecido en la Constitución, vedando cualquier cambio mediante el diálogo y la negociación.

 

En el área de la participación popular, por ejemplo, en los procesos electorales más recientes puede observarse que, aunque la élite oficial conserve aún efectividad para el control de sus elecciones no competitivas, enfrenta situaciones fuera de la lógica del control absoluto de los votantes de etapas precedentes. Así tenemos, que en las elecciones nacionales de enero de 1998, para la elección de diputados nacionales y los delegados provinciales del Poder Popular, unos 800 mil electores, no votaron, votaron en blanco, o anularon su boleta. De ellos unas 300 mil personas votaron en blanco o anularon la boleta.

 

Por su parte, en las últimas elecciones para las Asambleas Municipales celebradas el 20 y 27 de octubre del 2002; 780.000 electores no asistieron, anularon o depositaron en blanco sus boletas. Mientras, en las elecciones para diputados nacionales y delegados provinciales del 19 de enero del 2003, fue mucho peor aun: 1188 815 votantes dijeron no al proceso electoral, cuando 198 555 no asistieron; 311 322 invalidaron las boletas y 678 938 votaron negativamente.

 

Desde la década de 1990, se aprecia junto a la crisis de la regulación social estatista, un intento de todos los sectores de la sociedad civil por alcanzar una mayor autonomía con relación al Estado.

 

En el plano exterior, el gobierno ha sido incapaz de llegar, al menos, a una agenda mínima de acuerdos con Estados Unidos, para acercarse a un proceso de negociación de las diferencias bilaterales, cuestión considerada por muchos especialistas, esencial para facilitar el desarrollo nacional. Además, la personificación por Fidel Castro de los conflictos interestatales, generó un estilo de actuación internacional de reiteradas crisis y enfrentamientos con numerosos países, que ha impedido la utilización de mecanismos diplomáticos para la solución de los conflictos, incidiendo, en distanciamientos severos en las relaciones con importantes actores internacionales, como Europa, Canadá y Latinoamérica, todo lo cual dificulta la inserción del país en la comunidad internacional y la economía mundial.

 

Desde finales de la década de 1980, luego de los escándalos de narcotráfico y corrupción en los altos niveles de las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior han continuado apareciendo frecuentemente, en la estructura del poder, nuevas noticias de corrupción y de deposiciones de orden político. Esos interminables procesos reflejan con claridad que en la nomenclatura del régimen, además de dirigentes corruptos, hay figuras que discrepan del modo de conducción impuesto por la alta dirección.

 

En todo este ambiente de rivalidades y discrepancias de la élite, tal vez lo más destacado ha sido la intervención efectuada, por las Fuerzas Armadas, del Ministerio del Interior. A partir de ese momento, son muchos los oficiales del Ministerio del interior, e incluso, de las Fuerzas Armadas que fueron condenados a prisión, sustituidos de sus cargos, o pasados forzosamente a un prematuro retiro. Similar situación han debido enfrentar incontables dirigentes civiles.

 

Las reformas gubernamentales han transformando gradualmente el sistema político cubano, de un régimen totalitario de estilo soviético, a un postotalitarismo carismático, que combina, el componente autocrático postotalitario con la exacerbación del Iíder carismático del totalitarismo; un naciente pluralismo económico y la economía dual; un incipiente pluralismo social y la mayor autonomía de la sociedad civil; un partido comunista con signos de debilitamiento en el que se incrementa la distancia entre sus corrientes moderadas y duras; el gobierno basado en el decretismo; el desplazamiento del marxismo-leninismo ortodoxo y la retoma del discurso nacionalista y el antiamericanismo; condiciones mas limitadas para la capacidad movilizadora del sistema que pierde legitimidad y se refugia en el carisma de su jefe y la represión sistemática de los oponentes como las principales bases de sustentación del régimen. (9)

 

Después de casi medio siglo de reinado absoluto, resulta imposible creer que Fidel Castro entregara, por voluntad propia, la dirección del país a persona alguna; por lo que el cambio de mando de Fidel a Raúl, solamente sería el resultado de una indiscutible incapacidad del primero. De asumir Raúl Castro, sus acciones se pudieran encaminar a dos escenarios principales:

 

a) Intentar la conservación de todos los cargos en sus manos y una variante de gobierno controlada por el sector duro, que implicaría dar continuidad al esquema actual de economía de mercado controlada y el unipartidismo.

 

b) Conservar los cargos máximos del partido y el Estado o distribuirlos de alguna manera, pero profundizando las reformas económicas y adoptando una posición mas pragmática de negociación con EEUU; estrategia que en un plazo de tiempo relativamente corto, podría introducir reformas al sistema político. Esta variante se justifica en un mayor pragmatismo de Raúl y su entorno con relación a Fidel, pero tiene en su contra al grupo de Iínea dura del partido, su propia historia personal y los mas de 70 anos que lleva encima que no le dan tiempo para hacer demasiadas cosas.

 

Pero cabría mencionar dos otros escenarios previsibles en la sucesión:

 

c) Que Raúl Castro no fuese capaz de conducir correctamente el relevo y la nación entrara en una situación de caos;

 

d) y finalmente, que Raúl muera o quede incapacitado antes que Fidel, con un estado físico y mental más deteriorado que este último, pero en sus funciones actuales. En todo caso la etapa que se inicia en la jerarquía cubana, la considero de relevo generacional.

 

Ascenso para los dirigentes más jóvenes. Menos peso para los mayores de 65 años civiles o militares; muchos de estos, van a pasar al retiro antes de que lo hagan los dos principales gobernantes.

 

Dentro de estas mudanzas en la estructura del poder de Cuba, hay una especial interrogante que deseo plantear. ¿Estará la elite militar, compuesta por Raúl Castro y el Cuerpo de Generales, en condiciones de mantener el orden jerárquico y el control en las Fuerzas Armadas sin la presencia de Fidel? La experiencia histórica cubana, en otras etapas modernizadoras de la nación, como durante la revolución de 1933, demuestra que no siempre ello es posible de lograr (10)

 

La otra sucesión. Por motivo de espacio, sólo voy a dedicar unas ideas a este substancial asunto. Es cierto que como resultado de la crisis y bajo la influencia de la perestroika, comenzó a emerger un sector moderado dentro de las instituciones gubernamentales, mas proclives a una mayor apertura política, y a la profundización de la reforma económica. Pero hay que decir, que la contrarreforma política impuesta por el sector duro del partido, desde el V Pleno del CC de 1996, encaminada a preservar la autocracia, el unipartidismo y el estatismo oficial, ha desalentado y diezmado a los moderados del régimen.

 

La unanimidad forzada impuesta por la contrarreforma, que llego a declarar al socialismo (léase al oficialismo) irrevocable, con la reforma constitucional de junio del 2002, estuvo dirigida, en parte, a desacreditar el protagonismo en los cambios del sector moderado del partido, que de esa manera recibió el tiro de gracia de la línea dura. El problema planteado: no es que no hayan diferencias entre moderados y duros en las instituciones del régimen, sino cuando los primeros, en un medio de intolerancia y represión como el actual, podrán ser ganados para apoyar la transición democrática.

 

El escenario de la transicion a la democracia

 

Frente a la sucesión gubernamental, se alza la propuesta de transición a la democracia de la oposición. La contraposición entre ambas alternativas, manifiesta la oposición entre dos proyectos de nación diferentes: el del régimen que aspira a una Patria para los revolucionarios; y el de la oposici6n democrática, que reclama mediante la reconciliación nacional, que la Patria es de todos.

 

Aunque la Iínea dura del gobierno se niega a emprender el dialogo y la negociación para la democratización, no todas las condiciones son desfavorables para alcanzarla, ni para que la oposición pueda fortalecer su trabajo y alcanzar sus objetivos en un mediano plazo de tiempo. Hay un conjunto de j configuraciones, digamos de orden estructural, que facilitan la transición a la democracia:

 

a. La reforma económica acrecentó la pluralidad de la sociedad y diversificó la estructura social, incrementando las fuerzas, tanto en la elite como en las masas, interesadas en la continuidad de la apertura al mercado y la flexibilización política.

 

b. Los actores políticos principales en la oposición interna y en el exilio, han moderado sus posiciones y concuerdan en que la negociación es la vía optima para los cambios; ese hecho se complementa con la emergencia de una nueva cultura democrática de amplios sectores de la población, que recurre a la idea del uso de la tolerancia, la negociación y los pactos, para promover los cambios políticos y sociales.

 

c. La desaparición del campo socialista y la URSS, destruyó la alianza estratégica de Cuba con esos países y le ha obligado a buscar otras vías para integrarse a la economía mundial y a las relaciones internacionales de la post guerra fría.

 

d. A pesar de la crisis, el Índice de desarrollo humano en el que Cuba, según las Naciones Unidas, ocupa el lugar 58 del mundo, así como el carácter mas equitativo de su sociedad, comparado internacionalmente, sugieren que el país esta en condiciones mas propicia para los cambios que en muchos lugares de Europa del Este y Latinoamérica.

 

e. Hay otras ventajas a mencionar para la democratización, como los recursos humanos disponibles, la situación geográfica, el clima y los recursos naturales.

 

Al hacer referencia a ese marco más general positivo para los cambios, no hay que negar que también existen problemas en los promotores de los mismos: la oposición moderada integrada por liberales, socialdemócratas, neomarxistas, democracia cristiana, sindicalistas, luchadores por los derechos humanos, etc., padece deficiencias tales como la desunión entre los líderes, la fragmentación, una capacidad limitada para elaborar propuestas que la acerquen a las bases, la penetración por parte de los aparatos de la Seguridad del Estado, etc.

 

Reconociendo sus problemas intrínsecos, es pertinente expresar que a pesar de todo, la oposición interna ha dado un significativo salto de calidad organizativo y en todos los órdenes, comparada con aquella naciente oposición surgida a mediados de la década de 1980, a partir del Movimiento de Derechos Humanos. Entre esos aspectos positivos merecen señalarse: en medio de un terrible clima represivo, la oposición ha creado una red de organizaciones a nivel nacional, con representación en todas las provincias, y casi la totalidad de los municipios y localidades del país; se fortalecen los mecanismos de unidad con nuevas plataformas de unidad para la reflexión de los problemas nacionales y la actuación política; se van dando a conocer a la ciudadanía un grupo de valerosos dirigentes opositores que actúan en todos los sectores de la sociedad.

 

A inicios del 2003, algunos estudios demostraron la existencia de unas 460 organizaciones en la oposición interna (11) Estas fuerzas, a pesar de mantener su autonomía organizativa, se han venido agrupando en tres frentes opositores principales: el Proyecto Varela, respaldado por Todos Unidos; la Asamblea Para Promover la Sociedad Civil, y el Arco Progresista. El Proyecto Varela y Todos Unidos, consideran factible hacer los cambios a partir de la Constitución de 1976, mientras que la Asamblea para Promover la Sociedad Civil y otros grupos, prefieren utilizar como basamento jurídico de los cambios las normas democráticas de la Constitución de 1940; hasta que se declare una Constituyente para elaborar la nueva Constitución. El Arco Progresista también difiere del Proyecto Varela, al sostener que no hay condiciones en la actualidad para demandar un referendo de las autoridades.

 

La ola represiva de marzo pasado, puede ser catalogada, como la respuesta del régimen a una creciente oposición interna, a la que estimó necesario golpear para detener, aun al precio de la repulsa internacional. En ese sentido, en contra de otras opiniones expresadas, pienso que la oposición fue reprimida a causa de la fortaleza que iba .asumiendo y no por su debilidad. También, a pesar del “carácter brutal” del golpe, como lo ha definido Vladimiro Roca, las evidencias más recientes muestran que la oposición está en condiciones de reorganizarse y consolidarse en este nuevo período post marzo del 2003. Para esa recuperación es fundamental la ayuda que el exilio puede aportar en términos materiales, en bibliografía, en programas de formación, en difusión informativa, en el uso de las instituciones internacionales de defensa de los Derechos Humanos, etc.

 

Si dividimos en cuatro fases principales, el estado de la lucha pacífica contra el régimen: supervivencia, organización, protesta y persuasión, y movilización, como lo ha hecho una fuente opositora (12), cabe argumentar que antes de la ola represiva, el Movimiento Opositor estaba en la fase tres de protesta y persuasión; y después de ese momento, ha retrocedido a la etapa de reorganización.

 

Cuando la oposición moderada reitera que los cambios deben venir de adentro, y se opone al embargo y la violencia como métodos para los cambios, asume explícitamente que el cambio pacífico dependerá de dos factores fundamentales: la presión de los de abajo (la resurrección de la sociedad civil); y la elaboración de una alternativa atractiva para el resto de los actores políticos y de la sociedad, incluyendo a los moderados del régimen. La dinámica del cambio determina de esa forma, que sin el incremento de las acciones de los de abajo en el futuro inmediato, podríamos ser testigo de la sucesión gubernamental.

 

El poeta y prisionero político Manuel Vázquez Portal ha caracterizado muy bien la presente coyuntura política nacional, al expresar. “Esto acabará cuando los cubanos lo deseemos. Si padecemos la tiranía es porque la soportamos y por tanto la merecemos. Hasta que el pueblo cubano, a pesar de toda la represión gubernamental, no se decida a ser libre, seguiremos siendo esclavos”(13).

 

 

(1) Alberto F. Álvarez García. La transición a la democracia en Cuba. CEDOF-STC, Caracas, 2002.

 

(2) Philippe C, Schmitter y Terry L, Karl. What kinds of democracies emergins in South America, Central America, Southern Europe, and Eastern Europe? . Presentación al coloquio internacional sobre transiciones a la democracia en Europa y América Latina, pp.-127, Universidad de Guadalajara y FLACSO, México, D.F., 21-25 de enero, 1991; Terry L. Karl. Dilemas de la democratización en América Latina. Foro Internacional, Vol. XXX, No. 3, pp. 409-417, Madrid, enero-marzo, 1991; y Philippe C. Schmitter. La cuarta onda de democratización, en Transiciones en Europa y América Latina. Compiladores: Carlos Barba Solano, José Luis Barrios Horcasitas y Javier Hurtado, pp.107-111, Grupo editorial Miguel Angel Porrúa, Universidad de Guadalajara y FLACSO, Méxio, 1991.

 

(3) Terry L. Karl y Philippe C. Schmitter. Modos de transición en América Latina, Europa del Sur y Europa del Este. Revista RICS, No. 128, pp.287-297, Madrid, junio, 1991.

 

(4) José Num. Democracia y modernización treinta años después. En Desarrollo Económico, No.123, Vol. 31, p378, Instituto de Desarrollo Económico y Social, IDES, Buenos Aires, octubre-diciembre, 1991; y Alberto F. Álvarez. América Latina: crisis y democratización. Cuadernos de Nuestra América, Vol. IX, No.19, p.30, Centro de Estudios sobre América, Ciudad Habana, julio-diciembre, 1992.

 

(5) Adam Przeworski, Torcuato Di Tella, José María Maraval, Guillermo O'Donnell, Philippe C. Shmitter, Alfred Stepan y otros. Democracia Sustentable. p.13 , Paidós, Buenos Aires, 1998.

 

(6) Ibídem, p. 35

 

(7) Ibídem, pp. 69-81.

 

(8) Ibídem, p. 33

 

(9) Eusebio Mujal-León y Jorge Saavedra. El post totalitarismo carismático y el cambio de régimen: Cuba enuna perspectiva comparada. Encuentro, No.6=7, pp.116-123, Madrid, otoño-invierno, 1997; y Alberto F. Álvarez García. La transición a la democracia en Cuba. Ibídem, pp. 67-68.

 

(10) Estamos hablando de unas Fuerzas Armadas duramente impactas por la crisis económica y socio-política; que ha debido desmovilizar mas del 50% de sus efectivos; que sus hombres se han visto obligados a asumir otras profesiones, donde incluso, muchos de sus ingenieros, pilotos y otros profesionales superiores debieron comenzar a trabajar como chóferes, meseros de restaurantes, etc., y donde muchos militares ya escogieron el camino del exilio. Una descripción muy diáfana del deterioro del sector militar en Cuba, puede verse en: Aníbal Caballero, exteniente piloto de las Fuerzas Armadas. Fuerzas Armadas de Cuba: un nuevo ejercito cubano. Funciones en la actualidad y pasos para su futuro. Miami, noviembre 22, 2003. (inédito)

 

(11) Alberto F. Álvarez García. Organizaciones de la Sociedad civil cubana no reconocidas legalmente. Sitio Web de la Fundación Canadiense para las Américas (FOCAL). Trabajo actualizado hasta el 24 de abril del 2003

 

(12) Artículo anónimo. La oposición pacífica después de la ola represiva. Cubanet, Prensa Independiente, 20 de octubre, 2003.

 

(13) Manuel Vázquez Portal. Esto acabará cuando los cubanos lo deseemos. Cubanet, 12 de diciembre, 2003.

 

 

 

¿Por qué el castrismo ha durado tanto?

Jorge A. Sanguinetty

Una historia sobre el poder de la gente para cambiar el mundo y sobre un hombre que durante más de 50 años ha ayudado a los pueblos a derrocar a sus dictadores. Su nombre es Gene Sharp y aunque él sea un desconocido en muchos lugares del mundo, sus 198 métodos para hacer una revolución han encendido la mecha en varios rincones del planeta.

 

El poder de la resistencia no violenta

 

Desde muy joven, su formación le llevó a querer transformar el mundo en un lugar mejor y a dejarlo en mejores condiciones que cuando lo encontró. Tenía muy claro que la mejor manera de luchar contra los regímenes autoritarios era hacerlo a través de la resistencia no violenta. Su manual De la dictadura a la democracia, traducido a 30 idiomas, ha traspasado fronteras clandestinamente. Las últimas tecnologías lo han extendido como la pólvora y su idea de que existe una poderosa alternativa al conflicto violento ha prendido en revoluciones como la serbia, la ucraniana, la iraní o las más actuales de la “primavera árabe”.

 

Armas económicas, psicológicas y sociales contra la opresión

 

Como empezar una revolución ilustra con testimonios y archivo, algunas de las formas de rebelión como el boicot económico, la desobediencia civil o las protestas, aplicadas en diferentes contextos políticos. Los activistas de las revoluciones serbia, ucraniana o la egipcia nos cuentan cómo siguieron los métodos de Gene Sharp y derrocaron a sus tiranos. Combatieron con armas económicas, psicológicas y sociales, la lucha más poderosa contra la opresión, la injusticia y la violencia.

 

Protagonismo recuperado gracias a Internet

 

Las teorías de este erudito americano de 85 años continúan transmitiéndose masivamente en la actualidad a través de Internet.

 

Los líderes de las revoluciones árabes cuentan cómo las teorías de Sharp calan en el pueblo, y provocan que la gente oprimida pueda alcanzar la libertad de forma autosuficiente.