EL TERRORISMO COMO TÁCTICA CASTRISTA-6

Los hermanos Castro,

los mayores terroristas nacidos en América

(Parte VI)

Manuel Castro Rodríguez

Apoyo al terrorismo internacional

Brittmarie Janson Pérez:

(Antropóloga panameña)

Fidel Castro perjudicó gravemente al pueblo panameño. Apoyó a Noriega sabiendo muy bien que era un dictador al estilo de Papa Doc Duvalier: corrupto y cruel. Además, Castro traicionó la ideología marxista porque sabía que Noriega reprimía a la clase trabajadora debido a que la mayoría, aunque ardientemente nacionalista, se oponía al dictador”.

Jorge Masetti:

(Argentino criado y entrenado en Cuba)

Cuando observo lo que fue mi vida, la de Tony, la de Patricio y la de tantos otros, caigo en la cuenta de que la revolución ha sido un pretexto para cometer las peores atrocidades quitándoles todo vestigio de culpabilidad. Nos escudábamos en la meta de la búsqueda de hacer el bien a la humanidad, meta que era una falacia, porque lo que contaba era la belleza estética de la acción. Éramos jóvenes irresponsables, aventureros; éramos una casta aparte, incluso aparte de los revolucionarios que operaban localmente en sus países, militantes que se vieron obligados a adoptar la lucha armada no como un hecho estético, sino obligados por las circunstancias políticas.  

Rosario Arias de Galindo:

(Panameña opositora a la dictadura militar)

En cumplimiento de las órdenes impartidas por la dictadura para proteger su impunidad, se llevó a cabo una destrucción obviamente organizada y sistemática durante aquellos funestos días, por los ‘Batallones de la Dignidad’ y los CODEPADI, que fueron creados, organizados y dirigidos por militares cubanos enviados a Panamá por el dictador Fidel Castro Ruz).

Oscar del Barco:

(Filósofo socialista argentino)

Creo que parte del fracaso de los movimientos ‘revolucionarios’ que produjeron cientos de millones de muertos en Rusia, Rumania, Yugoeslavia, China, Corea, Cuba, etc., se debió principalmente al crimen. Los llamados revolucionarios se convirtieron en asesinos seriales, desde Lenin, Trotzky, Stalin y Mao, hasta Fidel Castro y Ernesto Guevara”.

Apoyo al terrorismo en el Reino Unido

El Ejército Republicano Irlandés (IRA)

Placa situada en el céntrico parque Víctor Hugo -situado entre las paralelas de las calles H-I y 19-21, en El Vedado, La Habana-, donde Fidel Castro Ruz les rinde homenaje a los terroristas integrantes del Ejército Republicano Irlandés que murieron en huelga de hambre

En la tarja pueden leerse estas palabras que les dedicó el dictador Fidel Castro Ruz,  en el discurso que pronunció el 18 de agosto de 1981 en la 68 Conferencia de la Unión Interparlamentaria:

 

“LA TOZUDEZ, LA INTRANSIGENCIA, LA CRUELDAD, LA INSENSIBILIDAD ANTE LA COMUNIDAD INTERNACIONAL DEL GOBIERNO BRITÁNICO FRENTE AL PROBLEMA DE LOS PATRIOTAS IRLANDESES EN HUELGA DE HAMBRE HASTA LA MUERTE, RECUERDAN A TORQUEMADA Y LA BARBARIE DE LA INQUISICIÓN EN PLENA EDAD MEDIA. ¡TIEMBLEN LOS TIRANOS ANTE HOMBRES QUE SON CAPACES DE MORIR POR SUS IDEAS TRAS 60 DÍAS DE HUELGA DE HAMBRE! AL LADO DE ESTE EJEMPLO, ¿QUÉ FUERON LOS TRES DÍAS DE CRISTO EN EL CALVARIO, SÍMBOLO DURANTE SIGLOS DEL SACRIFICIO HUMANO? ¡ES HORA DE PONER FIN, MEDIANTE LA DENUNCIA Y LA PRESIÓN DE LA COMUNIDAD MUNDIAL, A ESA REPUGNANTE ATROCIDAD!

 

FIDEL CASTRO. 18-08-1981

68 CONFERENCIA DE LA UNION INTERPARLAMENTARIA

 

A TODOS LOS HOMBRES Y MUJERES QUE LUCHARON POR LA INDEPENDENCIA DE IRLANDA”

Irlanda del Norte y la conexión cubana

Fernando Ravsberg,

corresponsal de la BBC en Cuba

18 de diciembre de 2001

 

Gerry Adams, presidente del partido republicano norirlandes Sinn Fein (que aboga por la reunificación de Irlanda del Norte con la República de Irlanda), se encuentra de visita en Cuba, donde ha sido recibido con todos los honores y atendido por la máxima dirección de la isla.

 

El propio presidente cubano, Fidel Castro, acudió al acto por el día del educador en su compañía y lo presentó diciendo que Cuba se sentía honrada por su presencia.

 

Además, el líder republicano norirlandés se entrevistó con el vicepresidente Carlos Lage, arquitecto de las reformas económicas cubanas, y con Ricardo Alarcón, presidente del parlamento, ambos miembros del buró político del Partido Comunista de Cuba (PCC).

 

Muy poco ha trascendido sobre el contenido de la visita de Adams a pesar de que, por el nivel de las pláticas, se deben haber incluido desde temas económicos hasta políticos.

 

Sin lugar a dudas, deben haberse tocado temas de la agenda internacional. Antes del 11 de septiembre Cuba estaba bregando por la formación de un bloque de países del Tercer Mundo.

 

El presidente Castro realizó una gira por varios países de Asia, África y América Latina buscando aliados para enfrentar las políticas del mundo desarrollado. El partido Sinn Fein podría ser el primer aliado europeo del proyecto.

 

Honores al IRA

 

Entre sus actividades públicas, Adams develó una tarja en honor a los 10 militantes del Ejército Republicano Irlandés (IRA según su sigla en inglés) muertos tras una huelga de hambre realizada hace 20 años en una prisión británica.

 

El líder republicano norirlandés mencionó la solidaridad expresada por Cuba y por el propio Castro con los reclamos de los prisioneros del IRA y agradeció el monumento construido en su memoria.

 

Adams estuvo acompañado por José Ramón Balaguer, secretario ideológico del Partido Comunista de Cuba, PCC.

 

La ofrenda floral en el monumento fue colocada por el Batallón de Ceremonias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

 

Las relaciones entre el Sinn Fein y Cuba datan de los 60, casi desde el mismo triunfo de la revolución, y durante los últimos años los norirlandeses tuvieron un representante oficial para la zona, asentado en la isla.

 

Recientemente éste fue detenido en Colombia, acusado de estar entrenando a la guerrilla de las FARC. Sin embargo, él y los otros detenidos niegan cualquier participación en el conflicto colombiano.

 

En esta visita, Gerry Adams reconoció la solidaridad cubana con la lucha independentista norirlandesa y La Habana recalcó que el Sinn Fein siempre había mantenido una política solidaria con la isla.

 

El viaje de Adams a Cuba ha despertado diferentes reacciones en el mundo, desde las más o menos veladas amenazas de Washington hasta los más disimulados resquemores de Londres.

 

Sin embargo, el canciller cubano, Felipe Pérez Roque, dijo que no entiende esas reacciones.

 

“Se trata de un partido legal y reconocido en Gran Bretaña”, afirmó al anunciar la visita del dirigente republicano norirlandés.

 

De todas formas, las presiones internacionales no parecen afectar la visita.

 

Evidentemente, las relaciones entre el Sinn Fein y el PCC atraviesan un buen momento, tanto que Adams esta recibiendo atenciones similares a la de un jefe de Estado.

El Departamento América cubano

Alberto Pérez Jiménez

17 de agosto de 2001

 

Hubo un tiempo en el que todos los caminos del terrorismo internacional llevaban a Cuba. En el organigrama del régimen cubano había, con nombre y apellidos, un «ministerio» dedicado a la exportación de la guerrilla a cualquier parte del mundo. Era el Departamento América.

 

Al frente de él puso Fidel Castro a Manuel Piñeiro «Barbarroja». Durante décadas, allí tuvieron cobijo todos los miembros de las guerrillas iberoamericanas. Jorge Massetti, hijo del argentino fundador de la Agencia de Noticias Prensa Latina que desapareció en la selva de Salta en Argentina cuando pretendía montar una guerrilla, cuenta en su libro «El Furor y el Delirio» cómo funcionaba el Departamento América. Él mismo, apadrinado por «Barbarroja», fue uno de los «alumnos aventajados» del Departamento: peleó en Nicaragua, en Panamá, en Chile. Atracó Bancos en EE.UU. en operaciones coordinadas desde la Embajada de Cuba en México.

 

En Cuba se entrenaba a los guerrilleros en los PETI (Puntos de Entrenamiento de Tropas Irregulares). Por allí anduvieron los macheteros de Puerto Rico; los M-16 y el Frente Patriótico chileno; los montoneros; los «elenos» colombianos, etarras y hasta, en 1982, un mexicano muy interesado en conocer toda la vida del Che, cómo fumaba su pipa, qué leía... Era el «subcomandante Marcos».

 

Cuando al secretario general de la OEA, César Gaviria, le secuestró la guerrilla a su hermano, supo exactamente con quién tenía que negociar: logró la libertad de su familiar y un avión para que el comando que le secuestró huyera a Cuba.

 

Manuel Piñeiro «Barbarroja» murió hace unos años en un extraño accidente cuando conducía su automóvil, algo que, según Massetti, odiaba. Castro proclamó a los cuatro vientos que la lucha guerrillera ya no tenía sentido.

 

Sin embargo, los hechos parecen decir lo contrario. En Cuba siguen viviendo, a cuerpo de rey, según muchos testigos, una nutrida colonia de etarras. En la zona «desmilitarizada» de Colombia bajo control de las FARC hay, según la Prensa colombiana, por lo menos 20 instructores cubanos enseñando a los «guerrilleros» a pilotar helicópteros. Uno de los tres miembros del IRA detenidos el sábado tras pasar cinco semanas asesorando a las FARC es, según «The Guardian», el «hombre de Sinn Fein en La Habana» y encargado de preparar la visita de Gerry Adams a la isla y su encuentro con Fidel Castro. Al parecer, son muchos los caminos que siguen llevando a Cuba.

Apoyo al terrorismo en Argentina

Jorge Masetti

Argentino, criado y entrenado en Cuba, fue integrante del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y del servicio de espionaje cubano. Es hijo de Jorge Ricardo Masetti –‘Comandante Segundo’, seudónimo debido a ser quien secundaba al Che Guevara, para su ingreso a Argentina con un grupo guerrillero, en 1964. Es autor del libro El furor y el delirio- Itinerario de un hijo de la revolución cubana.

Carta del filósofo socialista argentino Oscar del Barco

 

Postales de este lado del mundo

Oscar del Barco

Señor Sergio Schmucler:

 

Al leer la entrevista con Héctor Jouvé, cuya transcripción ustedes publican en los dos últimos números de La Intemperie, sentí algo que me conmovió, como si no hubiera transcurrido el tiempo, haciéndome tomar conciencia (muy tarde, es cierto) de la gravedad trágica de lo ocurrido durante la breve experiencia del movimiento que se autodenominó “ejército guerrillero del pueblo”. Al leer como Jouvé relata suscinta y claramente el asesinato de Adolfo-Rotblat (al que llamaban Pupi) y de Bernardo Groswald, tuve la sensación de que habían matado a mi hijo y que quien lloraba preguntando por qué, cómo y dónde lo habían matado, era yo mismo. En ese momento me di cuenta clara de que yo, por haber apoyado las actividades de ese grupo, era tan responsable como los que lo había asesinado. Pero no se trata sólo de asumirme como responsable en general sino de asumirme como responsable de un asesinato de dos seres humanos que tienen nombre y apellido: todo ese grupo y todos los que de alguna manera lo apoyamos, ya sea desde dentro o desde fuera, somos responsables del asesinato del Pupi y de Bernardo.

 

Ningún justificativo nos vuelve inocentes. No hay “causas” ni “ideales” que sirvan para eximirnos de culpa. Se trata, por lo tanto, de asumir ese acto esencialmente irredimible, la responsabilidad inaudita de haber causado intencionalmente la muerte de un ser humano. Responsabilidad antes los seres queridos, responsabilidad sin sentido y sin concepto ante lo que titubeantes podríamos llamar “absolutamente otro”. Más allá de todo y de todos, incluso hasta de un posible dios, hay el no matarás. Frente a una sociedad que asesina a millones de seres humanos mediante guerras, genocidios, hambrunas, enfermedades y toda clase de suplicios, en el fondo de cada uno se oye débil o imperioso el no matarás. Un mandato que viene de afuera, desde otra parte, sino que constituye nuestra inconcebible e inaudita inmanencia.

 

Este reconocimiento me lleva a plantear otras consecuencias que no son menos graves: a reconocer que todos los que de alguna manera simpatizamos o participamos, directa o indirectamente, en el movimiento Montoneros, en el ERP, en la FAR o en cualquier otra organización armada, somos responsables de sus acciones. Repito, no existe ningún “ideal” que justifique la muerte de un hombre, ya sea del general Aramburu, de un militante o de un policía. El principio que funda toda comunidad es el no matarás. No matarás al hombre porque todo hombre es sagrado y cada hombre es todos los hombres. La maldad, como dice Levitas, consiste en excluirse de las consecuencias de los razonamientos, el decir una cosa y hacer otra, el apoyar la muerte de los hijos de otros y levantar el no matarás cuando se trata de nuestros propios hijos.

 

En este sentido podría reconsiderarse la llamada teoría de los “dos demonios”, si por “demonio” entendemos al que mata, al que tortura, al que hace sufrir intencionalmente. Si no existen “buenos” que sí pueden asesinar y “malos” que no pueden asesinar, ¿en qué se funda el presunto “derecho” a matar? ¿Qué diferencia hay entre Santucho, Firmenich, Quieto y Galimberti, por una parte, y Menéndez, Videla o Massera, por la otra? Si uno mata el otro también mata. Esta es la lógica criminal de la violencia. Siempre los asesinos, tanto de un lado como del otro, se declaran justos, buenos y salvadores. Pero si no se debe matar y se mata, el que mata es un asesino, el que participa es un asesino, el que apoya aunque sólo sea con su simpatía, es un asesino. Y mientras no asumamos la responsabilidad de reconocer el crimen, el crimen sigue vigente.

 

Más aún. Creo que parte del fracaso de los movimientos “revolucionarios” que produjeron cientos de millones de muertos en Rusia, Rumania, Yugoeslavia, China, Corea, Cuba etc., se debió principalmente al crimen. Los llamados revolucionarios se convirtieron en asesinos seriales, desde Lenin, Trotzky, Stalin y Mao, hasta Fidel Castro y Ernesto Guevara. No sé si es posible construir una nueva sociedad pero sé que no es posible construirla sobre el crimen y los campos de exterminio. Por eso las “revoluciones” fracasaron y al ideal de una sociedad libre lo ahogaron en sangre. Es cierto que el capitalismo, como dijo Marx, desde su nacimiento chorrea sangre por todos los poros. Lo que ahora sabemos es que también al menos ese “comunismo” nació y se hundió chorreando sangre por todos sus poros.

 

Al decir esto no pretendo justificar nada ni decir que todo es lo mismo. El asesinato, lo haga quien lo haga, es siempre lo mismo. Lo que no e lo mismo es la muerte ocasionada por la tortura, el dolor intencional, la sevicia. Estas son formas de maldad suprema e incomparable. Sé, por otra parte, que el principio de no matar, así como el de amar al prójimo, son principios imposibles. Sé que la historia es en gran parte historia de dolor y muerte. Pero también sé que sostener ese principio imposible es lo único posible. Sin él no podría existir la sociedad humana. Asumir lo imposible como posible es sostener lo absoluto de cada hombre, desde el primero al último.

 

Aunque pueda sonar a extemporáneo corresponde hacer un acto de contrición y pedir perdón. El camino no es el de “tapar” como dice Juan Gelman, porque eso -agrega- “es un cáncer que late constantemente debajo de la memoria cívica e impide construir de modo sano”. Es cierto. Pero para comenzar él mismo (que padece el dolor insondable de tener un hijo muerto, el cual, debemos reconocerlo, también se preparaba para matar) tiene que abandonar su postura de poeta-mártir y asumir su responsabilidad como uno de los principales dirigentes de la dirección del movimiento armado Montoneros. Su responsabilidad fue directa en el asesinato de policías y militares, e incluso de algunos militantes montoneros que fueron “condenados” a muerte. Debe confesar esos crímenes y pedir perdón por lo menos a la sociedad. No un perdón verbal sino el perdón real que implica la supresión de uno mismo. Es hora, como él dice, de que digamos la verdad. Pero no sólo la verdad de los otros sino ante todo la verdad “nuestra”. Según él pareciera que los únicos asesinos fueron los militares, y no el EGP, el ERP y los Montoneros. ¿Por qué se excluye y nos excluye, no se da cuenta de que así “tapa” la realidad?

 

Gelman y yo fuimos partidarios del comunismo ruso, después del chino, después del cubano, y como tal callamos el exterminio de millones de seres humanos que murieron en los diversos gulags del mal llamado “socialismo real”. ¿No sabíamos? El no saber, el hecho de creer, de tener una presunta buena fe o buena conciencia, no es un argumento, o es un argumento bastardo. No sabíamos porque de alguna manera no queríamos saber. Los informes eran públicos. ¿O no existió Gide, Koestler, Victor Serge e incluso Trotsky, entre tantos otros? Nosotros seguimos en el Partido Comunista hasta muchos años después que el Informe-Krutschev denunciara los “crímenes de Stalin”. Esto implica responsabilidades. También implica responsabilidad haber estado en la dirección de Montoneros (Gelman dirá, por supuesto que él no estuvo en la Dirección, que él era un simple militante, que se fue, que lo persiguieron, que lo intentaron matar, etc., lo cual, aun en el caso de que fuera cierto, no lo exime de su responsabilidad como dirigente e, incluso como simple miembro de la organización armada). Los otros mataban, pero los “nuestros” también mataban. Hay que denunciar con todas nuestras fuerzas el terrorismo de Estado, pero sin callar nuestro propio terrorismo. Así de dolorosa es lo que Gelman llama la “verdad” y la “justicia”. Pero la verdad y la justicia deben ser para todos.  

 

Habrá quienes digan que mi razonamiento, pero este no es un razonamiento, es el mismo que el de la derecha, que el de los Neustadt y los Grondona. NO creo que ese sea un argumento. Es otra manera de “tapar” lo que pasó. Muchas veces nos callamos para no decir lo mismo que el “imperialismo”. Ahora se trata, y es lo único en que coincido con Gelman, de la verdad, la diga quien la diga. Yo parto del principio del “no matar” y trato de sacar las conclusiones que ese principio implica. No puedo ponerme al margen y ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, o a la inversa. Yo culpo a los militares y los acuso porque secuestraron, torturaron y mataron. Pero también los “nuestros” secuestraron y mataron. Menéndez es responsable de inmensos crímenes, no sólo por la cantidad sino por la forma monstruosa de sus crímenes. Pero Santucho, Firmenich, Gelman, Gorriarán Merlo y todos los militantes y yo mismo también lo somos. De otra manera, también nosotros somos responsables de lo que sucedió.

 

Esta es la base, dice Gelman, de la salvación. Yo también lo creo.

 

Lo saludo.

 

Oscar del Barco

Los Mitos Setentistas

Los Mitos Setentistas-1

Apoyo al terrorismo en Uruguay

 

EL 5 de mayo de 1959, Fidel Castro Ruz expresó su admiración por los éxitos logrados por Uruguay:

 

Uruguay ha demostrado ante el mundo la falsedad de que los latinoamericanos no sabemos tener instituciones permanentes.  Uruguay ha demostrado ante el mundo que América puede tener un pensamiento y ceñirse a él, y que los latinoamericanos somos capaces de realizar una gran obra política o social (…)”.

 

A los tres años exactos de haber pronunciado esas palabras, el 5 de mayo de 1962, fue asesinada a balazos Dora Isabel López de Oricchio, estudiante de enfermería, cuando un centenar de terroristas a las órdenes de Raúl Sendic atacaron e incendiaron la sede de la Confederación Sindical del Uruguay. Fidel Castro promovió el terrorismo contra un gobierno democráticamente elegido por el pueblo uruguayo, entrenando militarmente a centenares de guerrilleros uruguayos, a los que les suministró armas.

 

El expresidente uruguayo Luis Alberto Lacalle expresa:

 

La destrucción de la convivencia nacional desde 1963 y su consecuencia natural de la dictadura que soportamos tiene un nombre: Fidel. En vano el Che aconsejó que en el Uruguay no se usara otra arma que la del sufragio. No, había que ‘latinoamericanizarse’ en el peor de los sentidos, bajar hacia lo peor del continente en la desvariada creencia de que “lo peor era lo mejor”. ¡Cuantos muertos y torturados deben de figurar en esa cuenta maldita!”.

Carlos ya no es El Chacal

Elizabeth Burgos

8 de junio de 2010

 

Da la impresión de que el personaje de Carlos es un pretexto para que algunos expresen su propia historia de izquierdistas desilusionados

 

El 19 de mayo se presentó fuera de competencia en el Festival Internacional de Cannes, la película Carlos. Un  tríptico de 5h30 que narra el itinerario del venezolano Ilich Ramírez, quien se distinguió por su participación en operaciones de tipo terrorista  que tuvieron una fuerte repercusión durante los años setenta, ochenta, por su espectacularidad (como fue la toma de rehenes en la embajada de La Haya, o en la conferencia de la OPEP en Viena, 1975) y que hoy cumple cadena perpetua en Francia por el asesinato de dos oficiales de policía franceses y de un informante de la misma.

 

Al personaje de Ilich Ramírez la prensa le acuñó el calificativo de “El Chacal” por la reputación de violencia que lo caracterizaba ante la opinión pública.

 

Pero en los últimos tiempos se ha operado un cambio muy sensible hacia su persona por parte de esos mismos medios, que ahora demuestran un interés particular por un personaje cuyas acciones violentas parecen haberse diluido en la memoria, y ya han pasado a adquirir la forma de una construcción próxima a la ficción romántica.

 

Ello se refleja, sobre todo, en el hecho de que han substituido el calificativo de “El Chacal”, por “Carlos”, su seudónimo de guerra.

 

Cuando realizó el secuestro de los miembros de la OPEP, irrumpió en el recinto diciendo: “Me llamo Carlos”. La fotografía en donde se le ve en el aeropuerto de Argel, entregando a los rehenes de la OPEP a las autoridades argelinas, vestido de negro y con una gorra negra a la manera de Che Guevara y una barba, para acentuar el parecido con el “guerrillero heroico”, recorrió el mundo.

 

El apelativo de “El Chacal” expresaba el horror que despertó en su momento el personaje de Ramírez en Francia, país particularmente golpeado por la ola de terrorismo desencadenado en los años setenta por los grupos cercanos a los movimientos palestinos, apoyados por gobiernos del Medio Oriente  y por Cuba.

 

La película tuvo su origen en un encargo de Canal Plus al realizador Olivier Assayas, interesado en principio en la historia de la captura de “Carlos” en Sudán y su traslado a Francia, lo que hubiese resultado un típico documental tipo film policíaco de suspense.

 

Pero Assayas se apasionó por la historia, y logró algo absolutamente excepcional en estos tiempos de crisis, montar un proyecto de 5h30, con un presupuesto de 14 millones de euros.

 

Con la colaboración del escritor Dan Franck, y del periodista Stephen Smith, que dedicó dos años de investigación histórica a la preparación de la película, el rodaje duró siete meses y se desarrolló en el Medio Oriente, Gran Bretaña, los Países Bajos, Francia, Alemania, Austria y Hungría.

 

El realizador ha declarado que, más allá del personaje de “Carlos”, lo que más le ha interesado es narrar la historia de esa fase del terrorismo que se desarrolló durante los años 70-80 en Europa y en el Medio Oriente. La trayectoria de “Carlos” es la trayectoria de la época de antes de la caída del Muro de Berlín.

 

Assayas declaró a Le Monde, (11.09.09) durante el rodaje, que con el personaje de Carlos “estamos lejos de la visión romántica de la lucha armada que apoyaban los grupos revolucionarios europeos. Se trata de un asesino a sangre fría, un macho latino fascinado por las armas y su propia virilidad. En muchos aspectos, es repugnante y patético”.

 

Hoy Assayas se muestra menos radical en su apreciación, y seguramente las razones comerciales no son ajenas a ese cambio. Es necesario despertar la empatía y no el rechazo hacia el personaje clave de su ficción.

 

En una entrevista realizada recientemente por J.M. Frodon (blog.slatefr/projection publique) declara que si Carlos tiene la reputación que tiene en Francia “es por haber matado a los dos oficiales de policía franceses desarmados en  la calle Touillier”, y que “su intención es comprender lo que sucedió en la vida de Carlos, y no demonizar a nadie. Si no hubiese asesinado a los dos oficiales franceses, Carlos sería hoy un personaje que llevaría la aureola de quien realizó la extraordinaria (sic) operación de la OPEP en Viena” (ya no se mencionan los 3 muertos que dejó esa operación).

 

“Existen terroristas peores que él, que han cometido muchos más crímenes, comenzando por Anis Naccache, que vive tranquilamente en Beirut y Teherán y es consultante en geopolítica por los canales de televisión islamistas, cuando tiene mucha más sangre en las manos  que Carlos”.

 

Con Carlos, “se trata de alguien que tiene convicciones, a partir de las cuales se producen los desvíos”.

 

Sostiene que “la gran mayoría de ciudadanos mantiene una relación de ficción con la realidad, a partir de simplificaciones mediáticas”. Y resume la organización del relato como la voluntad de mostrar “todo aquello que hace a Carlos dueño de su destino, y todo aquello por lo que no lo es”.

 

Ilich Ramírez  incluso pretendió interponer un recurso ante la justicia para obtener el derecho de ver la película antes de su difusión; derecho que le fue denegado por considerarse contrario a la libertad de expresión.

 

En una entrevista para el semanario Le Point realizada por teléfono desde su celda en la prisión de Poissy, en donde purga una condena de cadena perpetua, y todavía lo espera otro juicio más por atentados cometidos en Francia entre 1982-83, desmiente algunas afirmaciones que se hacen en la película, y afirma que la operación de la OPEP no le fue encargada por Sadam Husein, sino por Muammar al-Gaddafi.

 

Pero no es la calidad ni el contenido de la obra lo que ha despertado mi curiosidad, pues aún no se ha proyectado en París, sino los comentarios del realizador y de los periodistas que la han visto en proyección privada.

 

Comentarios que actualizan ese sentido de extrañeza que me embarga cuando escucho opinar sobre América Latina, que me dan la impresión de que el personaje de Carlos, es un pretexto para expresar su propia historia de izquierdistas desilusionados, hijos del mayo 68 y que hoy monopolizan el panorama mediático francés.

 

América Latina aparece como un simple escenario, desprovista de historia, soporte de fantasmas y de deseos de exotismo.

 

El productor de la película, Daniel Leconte, opina que “Carlos representa el fin de la época del mito revolucionario, el fin de una trayectoria agotada y patética, de las ilusiones perdidas”.

 

Olivier Assayas, en una entrevista transmitida por la radio France-Culture,(18 de mayo) mencionó su pasado izquierdista, cuando simpatizaba con el movimiento revolucionario de “América Latina entonces en guerra civil”.

 

Varias veces adujo a la noción de “guerra civil” refiriéndose, a los acontecimientos guerrilleros de los años 1960-70.

 

Transformar en guerra civil las rebeliones de los movimientos universitarios y los intelectuales, que pretendieron convertirse en “la vanguardia” del campesinado para desencadenar la “guerra popular revolucionaria”, es incurrir en una visión de una simpleza lamentable, la misma que en los años sesenta les hacía soñar con revoluciones a distancia.

 

Precisamente, quienes desde La Habana trataban de desencadenar guerras civiles, se enfrentaron a poblaciones que rechazaron esa guerra civil fabricada desde la distancia. El mismo panorama que persiste en la actualidad, entre las fuerzas que azuzan la guerra civil y las fuerzas que se le oponen.

 

Hoy el personaje de Carlos parecería servir, tanto por su origen exótico, como por su implicación real en los acontecimientos, como un instrumento adecuado para aquellos jóvenes revolucionarios franceses que se nutrieron de deseos  de heroicidad distantes e imaginarios, como un medio para saldar las cuentas que tienen con esas ilusiones del pasado, lo que de paso se convierte en una inversión, simbólica y real, de un capital que da dividendos.

 

“Nosotros ponemos los muertos y ustedes hacen la película”, declaró con cierta ira Pompeyo Márquez en una reunión en París cuando alguien le echó en cara el abandono de la lucha armada.

 

Pese al descontento que ha expresado Ilich Ramírez hacia la película, posiblemente allane su extradición a Venezuela, realizándose así uno de los deseos más fervientes de su actual presidente.

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José Martí: El que se conforma con una situación de villanía, es su cómplice”.

Mi Bandera 

Al volver de distante ribera,

con el alma enlutada y sombría,

afanoso busqué mi bandera

¡y otra he visto además de la mía!

 

¿Dónde está mi bandera cubana,

la bandera más bella que existe?

¡Desde el buque la vi esta mañana,

y no he visto una cosa más triste..!

 

Con la fe de las almas ausentes,

hoy sostengo con honda energía,

que no deben flotar dos banderas

donde basta con una: ¡La mía!

 

En los campos que hoy son un osario

vio a los bravos batiéndose juntos,

y ella ha sido el honroso sudario

de los pobres guerreros difuntos.

 

Orgullosa lució en la pelea,

sin pueril y romántico alarde;

¡al cubano que en ella no crea

se le debe azotar por cobarde!

 

En el fondo de obscuras prisiones

no escuchó ni la queja más leve,

y sus huellas en otras regiones

son letreros de luz en la nieve...

 

¿No la veis? Mi bandera es aquella

que no ha sido jamás mercenaria,

y en la cual resplandece una estrella,

con más luz cuando más solitaria.

 

Del destierro en el alma la traje

entre tantos recuerdos dispersos,

y he sabido rendirle homenaje

al hacerla flotar en mis versos.

 

Aunque lánguida y triste tremola,

mi ambición es que el sol, con su lumbre,

la ilumine a ella sola, ¡a ella sola!

en el llano, en el mar y en la cumbre.

 

Si desecha en menudos pedazos

llega a ser mi bandera algún día...

¡nuestros muertos alzando los brazos

la sabrán defender todavía!...

 

Bonifacio Byrne (1861-1936)

Poeta cubano, nacido y fallecido en la ciudad de Matanzas, provincia de igual nombre, autor de Mi Bandera

José Martí Pérez:

Con todos, y para el bien de todos

José Martí en Tampa
José Martí en Tampa

Es criminal quien sonríe al crimen; quien lo ve y no lo ataca; quien se sienta a la mesa de los que se codean con él o le sacan el sombrero interesado; quienes reciben de él el permiso de vivir.

Escudo de Cuba

Cuando salí de Cuba

Luis Aguilé


Nunca podré morirme,
mi corazón no lo tengo aquí.
Alguien me está esperando,
me está aguardando que vuelva aquí.

Cuando salí de Cuba,
dejé mi vida dejé mi amor.
Cuando salí de Cuba,
dejé enterrado mi corazón.

Late y sigue latiendo
porque la tierra vida le da,
pero llegará un día
en que mi mano te alcanzará.

Cuando salí de Cuba,
dejé mi vida dejé mi amor.
Cuando salí de Cuba,
dejé enterrado mi corazón.

Una triste tormenta
te está azotando sin descansar
pero el sol de tus hijos
pronto la calma te hará alcanzar.

Cuando salí de Cuba,
dejé mi vida dejé mi amor.
Cuando salí de Cuba,
dejé enterrado mi corazón.

La sociedad cerrada que impuso el castrismo se resquebraja ante continuas innovaciones de las comunicaciones digitales, que permiten a activistas cubanos socializar la información a escala local e internacional.


 

Por si acaso no regreso

Celia Cruz


Por si acaso no regreso,

yo me llevo tu bandera;

lamentando que mis ojos,

liberada no te vieran.

 

Porque tuve que marcharme,

todos pueden comprender;

Yo pensé que en cualquer momento

a tu suelo iba a volver.

 

Pero el tiempo va pasando,

y tu sol sigue llorando.

Las cadenas siguen atando,

pero yo sigo esperando,

y al cielo rezando.

 

Y siempre me sentí dichosa,

de haber nacido entre tus brazos.

Y anunque ya no esté,

de mi corazón te dejo un pedazo-

por si acaso,

por si acaso no regreso.

 

Pronto llegará el momento

que se borre el sufrimiento;

guardaremos los rencores - Dios mío,

y compartiremos todos,

un mismo sentimiento.

 

Aunque el tiempo haya pasado,

con orgullo y dignidad,

tu nombre lo he llevado;

a todo mundo entero,

le he contado tu verdad.

 

Pero, tierra ya no sufras,

corazón no te quebrantes;

no hay mal que dure cien años,

ni mi cuerpo que aguante.

 

Y nunca quize abandonarte,

te llevaba en cada paso;

y quedará mi amor,

para siempre como flor de un regazo -

por si acaso,

por si acaso no regreso.

 

Si acaso no regreso,

me matará el dolor;

Y si no vuelvo a mi tierra,

me muero de dolor.

 

Si acaso no regreso

me matará el dolor;

A esa tierra yo la adoro,

con todo el corazón.

 

Si acaso no regreso,

me matará el dolor;

Tierra mía, tierra linda,

te quiero con amor.

 

Si acaso no regreso

me matará el dolor;

Tanto tiempo sin verla,

me duele el corazón.

 

Si acaso no regreso,

cuando me muera,

que en mi tumba pongan mi bandera.

 

Si acaso no regreso,

y que me entierren con la música,

de mi tierra querida.

 

Si acaso no regreso,

si no regreso recuerden,

que la quise con mi vida.

 

Si acaso no regreso,

ay, me muero de dolor;

me estoy muriendo ya.

 

Me matará el dolor;

me matará el dolor.

Me matará el dolor.

 

Ay, ya me está matando ese dolor,

me matará el dolor.

Siempre te quise y te querré;

me matará el dolor.

Me matará el dolor, me matará el dolor.

me matará el dolor.

 

Si no regreso a esa tierra,

me duele el corazón

De las entrañas desgarradas levantemos un amor inextinguible por la patria sin la que ningún hombre vive feliz, ni el bueno, ni el malo. Allí está, de allí nos llama, se la oye gemir, nos la violan y nos la befan y nos la gangrenan a nuestro ojos, nos corrompen y nos despedazan a la madre de nuestro corazón! ¡Pues alcémonos de una vez, de una arremetida última de los corazones, alcémonos de manera que no corra peligro la libertad en el triunfo, por el desorden o por la torpeza o por la impaciencia en prepararla; alcémonos, para la república verdadera, los que por nuestra pasión por el derecho y por nuestro hábito del trabajo sabremos mantenerla; alcémonos para darle tumba a los héroes cuyo espíritu vaga por el mundo avergonzado y solitario; alcémonos para que algún día tengan tumba nuestros hijos! Y pongamos alrededor de la estrella, en la bandera nueva, esta fórmula del amor triunfante: “Con todos, y para el bien de todos”.

Como expresó Oswaldo Payá Sardiñas en el Parlamento Europeo el 17 de diciembre de 2002, con motivo de otorgársele el Premio Sájarov a la Libertad de Conciencia 2002, los cubanos “no podemos, no sabemos y no queremos vivir sin libertad”.