CRÍTICA  IZQUIERDISTA

DE   LA  CUBA  DE   LOS   HERMANOS  CASTRO

 

Haroldo Dilla Alfonso:

(académico marxista cubano)

 Para la izquierda, el crimen contra Orlando Zapata Tamayo es un reto. Nada aquí puede ser justificado, y sólo puede ser explicado como la reacción criminal y represiva de una élite autoritaria y decadente que pisotea cada día al socialismo hablando en su nombre, mientras prepara su propia conversión en una nueva burguesía”.

 

Hilda Felipe:

(vieja militante del Partido Comunista de Cuba)

En Isla de Pinos estuve 13 meses. Allí la prisión fue muy dura. Nos tenían en un lugar tan remoto, tan aislado, como a 70 kilómetros de Nueva Gerona. Primero nos llevaron para un gran almacén abandonado, donde las ratas caminaban por los alambres. Allí violaron a una mujer”.

 

Pedro Campos:

(exdiplomático marxista cubano)

Su gobierno-partido-estado, según lo que se desprende de sus propias palabras, enfrenta una oleada creciente de desobediencia pública, de un aumento de la insurgencia pacífica del pueblo, de una variada forma de resistencia no violenta, como resultado de su insatisfacción generalizada con las políticas económicas, sociales y cívicas de su estado corrupto y corruptor”.

 

Isabel Allende:

(hija del presidente Salvador Allende)

Las libertades de opinión, asociación y reunión fueron libertades por las que en el PS luchamos y seguiremos luchando siempre. Ojalá que efectivamente haya una reacción por parte de las autoridades cubanas y comprendan que el mundo condena hoy a las sociedades que no respetan el derecho de la libre opinión.

 

Eduardo del Llano:

(cineasta izquierdista cubano)

La gente no da limosnas sólo porque su corazón se haya endurecido, sino porque lo que lo separa del indigente es apenas que uno de los dos está tumbado y el otro de pie. Eso en una Habana que parece un suburbio de sí misma, donde cada vez hay más barrios y manzanas con el espíritu y la traza de pueblos de campo. De hecho, es como si todo el país, harapiento y resudado, viviera en un portal, tapándose con un Granma y con una botella de ron casero al alcance de la mano”.

 

James Petras:

(académico marxista norteamericano)

Mientras que la mayoría de los países asiáticos y latinoamericanos iban a la zaga de Cuba en los años sesenta, hoy han superado a Cuba en la diversificación de sus economías, el desarrollo de sectores competitivos de fabricación para la exportación y la disminución de su dependencia de un grupo limitado de productos de exportación”.

 

Oscar Espinosa Chepe:

(economista marxista cubano, prisionero del Grupo de los 75)

La transición ya se está efectuando en el lugar más importante, o sea, en el alma y la mente de los cubanos, frustrados y desengañados de tantas promesas incumplidas”.

 

Ariel Hidalgo:

(profesor marxista cubano)

En el Destacamento 47 era raro el día que no escucháramos personas corriendo por los pasillos, los gritos, los sonidos de los golpes y los lamentos de las víctimas”.

 

Canek Sánchez Guevara:

(nieto mayor de Ernesto ‘Che’ Guevara)

Todas mis críticas a Fidel Castro parten de su alejamiento de los ideales libertarios, de la traición cometida en contra del pueblo de Cuba y de la espantosa vigilancia establecida para preservar al Estado por encima de sus gentes”.

 

Rodolfo ‘Fito’ Páez:

(compositor, cantautor y pianista izquierdista argentino)

Un solo muerto es ya una tragedia. Me parece que allí hay que tomar la dimensión de lo que significa una tragedia, un drama (…) Ya aquellos fusilamientos que hubo hace unos años, con la balsa aquella que iba para Miami, y la cantidad de muertos que hay allí en el mar (…) Es muy difícil que un gobierno pueda sostener moralmente tantas muertes”.

 

Miguel Arencibia Daupés:

(abogado socialista cubano)

Pese a golpes de pecho y rasgados de vestiduras, así ha acaecido con el neoestalinismo cubano en estos 53 años de un proceso que casi desde los inicios dejó de ser revolución para involucionar, simulándose la suplantación con imágenes ficticias, vendidas interna y externamente (y cada día menos  compradas  en sendos ámbitos)”.

 

Martín Guevara:

(hijo del hermano menor de Ernesto ‘Che’ Guevara)

si algo no le gusta a Fidel después de no ser el centro de atención constante, es quedar mal, que se sepa la verdad, que se sepa que bebe vinos castellanos de más de 200 euros la botella mientras pide a su pueblo sacrificios numantinos.

 

Oscar del Barco:

(filósofo socialista argentino)

Creo que parte del fracaso de los movimientos ‘revolucionarios’ que produjeron cientos de millones de muertos en Rusia, Rumania, Yugoeslavia, China, Corea, Cuba, etc., se debió principalmente al crimen. Los llamados revolucionarios se convirtieron en asesinos seriales, desde Lenin, Trotzky, Stalin y Mao, hasta Fidel Castro y Ernesto Guevara”.

 

Antonio Muñoz Molina:

(académico izquierdista español)

Estoy en contra de la dictadura de Castro no a pesar de que soy de izquierdas, sino porque lo soy; ser de izquierdas no me parece que sea alabar a un tirano”.

 

Juan Antonio Blanco:

(académico izquierdista cubano)

El mayor estafador de estos tiempos no es el financiero Bernard Madoff. Ha sido Fidel Castro por más de cincuenta años”.

 

Canek Sánchez Guevara:

(nieto mayor de Ernesto ‘Che’ Guevara)

El sistema político cubano se ha comportado como una monarquía y no sé por qué se le sigue llamando socialismo”.

 

Albert Camus:

(izquierdista francés, premio Nobel de Literatura 1957)

Las tiranías dicen siempre que son provisionales. Se nos explica que hay una gran diferencia entre la tiranía reaccionaria y la progresista. Habría así campos de concentración que van en el sentido de la historia. Pero si la tiranía, incluso progresista, dura más de una generación, ella significa para millones de hombres una vida de esclavos y nada más”.

Socialista uruguayo denuncia al castrismo

 

Los fantasmas que atormentaban a José Martí

Ariel Hidalgo

19 de mayo de 2008

 

Las celebraciones cubanas del 20 de mayo opacan una conmemoración que no debía pasarse por alto: la caída en combate del mentor del alma nacional cubana. La república nacida en 1902, al día siguiente de cumplirse siete años de su partida, no era en verdad la que él soñó, sino la que previó con aprehensión en carta memorable horas antes de desaparecer: la república formal sometida al vecino poderoso con la complicidad de una “especie curial”, “prohombres desdeñosos de la masa pujante”.

 

Pero si bien nunca hubiera consentido con una independencia mediatizada por aquella enmienda impuesta por bayonetas de tropas de ocupación, tampoco habría aceptado poderes absolutos unipersonales con una política violatoria de los derechos fundamentales de los cubanos, algo que también presintió en 1884 en la carta de ruptura con el general Máximo Gómez al expresar su temor a contribuir “a un régimen de despotismo personal, que sería más vergonzoso y funesto” que el despotismo colonial de España, “más grave y difícil de desarraigar, porque vendría excusado por algunas virtudes, establecido por la idea encarnada en él, y legitimada por el triunfo”. Si bien no fue consecuencia directa de la colonia, aquel régimen llegó más de medio siglo después, “legitimado” por su triunfo sobre otra dictadura que arrastraba con muchos de los nefastos rezagos de aquella república.

 

Un pequeño volumen publicado recientemente en Nueva York por Carlos Ripoll, el más importante estudioso actual de la vida y obra de Martí, confirma lo que ya muchos intuíamos: que el pensamiento de los derechos humanos en Cuba tiene en José Martí al más importante de sus precursores. Una página completa de este periódico aún sería insuficiente para un recuento de todo lo que Ripoll ha hecho para difundir el pensamiento del maestro, entre otras cosas, innumerables folletos sobre diversas aristas de su pensamiento, muchos de ellos financiados con su propio bolsillo.

 

En esta selección de pensamientos, Derechos humanos, encontramos que Martí destacó “la importancia de abrir la república a todas las ideas” y se opuso a “la república que al desconocer un partido cualquiera”, reprimiría “una expresión de la naturaleza humana”. Fue, en suma, un defensor de los derechos políticos: “Ni rey sobre el derecho político, ni rey sobre la conciencia. Por encima del hombre, sólo el cielo”. Y advertiría en lo que parece una profecía: “¿Haremos los cubanos una revolución por el derecho, por la persona del hombre y su derecho total y negaremos, al día siguiente del triunfo, los derechos por que hemos batallado”?

 

La defensa del “respeto a la libertad y al pensamiento ajenos” constituía una parte tan fundamental de su ideario político que llegaba a llamarle, en la cita con la que Ripoll abre esta selección, “mi fanatismo”. Y agregaba: “si muero o me matan, será por eso”. La defensa de este derecho es muy reiterativo en su obra. En los años 80 del pasado siglo un joven cubano, Francisco Benítez Ferrer, fue apaleado y encarcelado por escribir en un muro este otro pensamiento que ahora Ripoll también recoge: “Me parece que me matan un hijo cada vez que privan a un hombre del derecho de pensar”.

 

Pero hoy en Cuba, no sólo cientos de personas guardan prisión por expresar opiniones diferentes a la línea oficial, sino que también se desconoce el derecho a crear asociaciones independientes, ni qué decir que mucho menos se permitirían legalmente las asociaciones políticas.

 

La certeza sobre este apostolado antecesor de los derechos fundamentales de la persona humana se nos reafirma aún más por la fuerte influencia de los trascendentalistas norteamericanos del siglo XIX, como Emerson y Thoreau, con su prédica de la preponderancia del espíritu por sobre todos los poderes terrenales, la misma línea genealógica espiritual que luego iría a desembocar en Mahatma Gandhi y Martín Luther King, este último el más grande paladín de los derechos civiles en los Estados Unidos. Encontramos la huella de este influjo en incontables frases hoy memorables: “Una idea justa, desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército”. Con esta convicción comienza su memorable ensayo Nuestra América, que resume en este pensamiento: “Una idea enérgica, flameada a tiempo ante el mundo, para, como la bandera mística del juicio final, a un escuadrón de acorazados”.

 

Y sin embargo, este hombre, aún joven --contaba sólo 42 años en su lance final-- desató la guerra que desembocó en el cierre definitivo de la historia colonial de España en América, la guerra que completó, con una última estrofa, el gran poema americano de Bolívar, Hidalgo y San Martín, pero interrumpiendo, lamentablemente, el desarrollo de un pensamiento que habría sido faro de libertad en el mundo moderno, tragedia que hizo brotar este lamento de su amigo Rubén Darío al conocer la noticia: “¡Qué has hecho, maestro!”

 

Pero ahora, 113 años después, nosotros debemos proseguir esa lucha sin odios donde él la dejó en Dos Ríos, para hacer desvanecer, de una vez y para siempre, los fantasmas que ya desde entonces atormentaban su mente, pero por caminos que las circunstancias no le permitieron transitar: los de la paz.

 

infoburo@aol.com

 


La contradicción antagónica

castrismo versus pueblo cubano

¿Cuándo se pondrá fin a esta contradicción antagónica, presidente Mujica?

Manuel Castro Rodríguez

19 de junio de 2014

 

Presidente Mujica, por favor, haga acuse de recibo.

 

Presidente Mujica, un sitio izquierdista mexicano publicó ayer: “Semanario dice que José Mujica le dio a Raúl Castro mensaje de Obama en pro de diálogo”.

 

Presidente Mujica, por lo que he leído, admiro y envidio sanamente a la sociedad uruguaya, ojalá que llegue el día en que la sociedad cubana se le parezca. Es evidente que usted es el gobernante más democrático de América, por lo que nunca he podido entender su amistad con los hermanos que tiranizan a mi patria. No es por desconocimiento, ya que durante un año le estuve notificando sobre la situación vigente en Cuba. Continúo cumpliendo con mi deber moral de informarle de hechos que probablemente usted ignore. Usted y yo tenemos en común que no somos políticamente correctos.

 

Hace casi quince años, el 28 de octubre de 1999, el presidente Bill Clinton firmó la ley que autoriza la venta a Cuba -en efectivo y por anticipado, dado que Cuba es uno de los principales deudores del Club de París- de alimentos, productos agropecuarios y alimenticios, así como medicinas y equipos médicos.

 

En trece años, de 2001 a 2013, Cuba le compró alimentos a Estados Unidos  por 4,7mil millones de dólares. En el 2008, Cuba adquirió alimentos por 710 millones, pero al año siguiente “redujo un 15 por ciento sus importaciones de alimentos desde Estados Unidos como “un reflejo de la crisis que está obligando a la isla a recortar sus gastos”. Después Cuba ha continuado disminuyendo sus compras de alimentos a Estados Unidos, alcanzando sólo 349 millones de dólares en el 2013, debido fundamentalmente a la falta de divisas.

 

Presidente Mujica, el cable publicado ayer en el sitio izquierdista mexicano expresa:

 

Según señalaron las mismas fuentes, Mujica encontró a Castro con una posición ‘favorable’ a la distensión entre La Habana y Washington bajo la ‘condición’ de que no haya ‘imposiciones’ del Gobierno de Obama”.

 

Presidente Mujica, el general Raúl Castro Ruz ha dicho reiteradamente que está dispuesto a  hablar de cualquier asunto con Estados Unidos, siempre y cuando no se discuta el sistema político imperante en Cuba, o sea, la tiranía imperante desde hace 55 años. El dictador designado no ha dado la menor señal de que vaya a respetar los DDHH, todo lo contrario, el discurso de Raúl Castro el pasado 1 de enero demostró que iba a continuar incrementando la represión:

 

la permanente campaña de subversión político-ideológica concebida y dirigida desde los centros del poder global para recolonizar las mentes de los pueblos y anular sus aspiraciones de construir un mundo mejor… intentos de introducir sutilmente plataformas de pensamiento neoliberal y de restauración del capitalismo neocolonial…”.

 

Como respuesta a esta diatriba de Castro II, el profesor marxista Ariel Hidalgo expresó en un artículo publicado el pasado 10 de enero:

 

“Se supone que si un gobernante denuncia públicamente planes desestabilizadores contra su país y dos días después lanza un operativo para el arresto de los supuestos subversivos, los materiales incautados sean de cierto poder destructivo como armas y explosivos para actos violentos, ya sean atentados o sabotajes. Nadie podría pensar que los peligrosos equipos ocupados sean teléfonos y computadoras personales, y menos, juguetes.

 

En un país normal –sobre todo si afronta serios problemas económicos–, el gobierno agasajaría a los emigrados que envían juguetes de regalo a los infantes de su país de origen, con una recepción en la embajada y hasta condecorándolos, o al menos enviándoles una carta de agradecimiento. Nadie podría temer ser arrestado por regalar un juguete a un niño, y quienes se dedicaran a esta hermosa actividad caritativa, esperarían ser premiados con donaciones o préstamos para que continuaran realizando, más ampliamente, esas actividades humanitarias.

 

¿En qué país existe una ley que prohíba llevar la felicidad a los niños? Y si no existe, ¿con qué autoridad se procede al arresto y a la incautación de los regalos? En un país normal no se consideraría una desviación ideológica el derecho de los menores a poseer un juguete decente. Un niño no sabe qué es el ‘neoliberalismo’, pero nadie puede engañarlo acerca de si es bueno o no poder jugar con atractivos juguetes.

 

Presidente Mujica, es innegable que el totalitarismo imperante en Cuba es algo inconcebible 25 años después de la caída del Muro de Berlín. ¿Por qué usted no le propone al general Raúl Castro Ruz que comience por respetar la Declaración Universal de Derechos Humanos, la cual viola sistemáticamente?

 

Presidente Mujica, en varios artículos y llamados apoyé el levantamiento del embargo norteamericano al régimen imperante en Cuba. Los hechos acontecidos en los dos últimos años me hicieron cambiar de opinión. Desde hacía más de medio siglo el régimen de los hermanos Castro no contaba con un reconocimiento internacional similar al que tiene desde que Raúl Castro asumió como dictador designado. A cambio de ello, ¿qué se ha logrado en materia de DDHH? El castrismo ha acrecentado la represión contra los opositores pacíficos.

 

Las supuestas señales de cambio de la tiranía castrista son mensajes para engañar a incautos o a tontos útiles -necesidad de oxígeno para seguir en el poder-, como lo demuestra que desde enero de 2010 se han documentado más de veinte mil casos de personas detenidas temporalmente o procesadas por motivos políticos.

 

En los siete años que lleva Raúl Castro como gobernante hereditario, se han producido más de 200 casos de muertes y desapariciones, de ellos 166 documentados; 15 homicidios extrajudiciales; 86 presos han fallecido por denegación de asistencia médica; 46 presos se han suicidado; y 4 presos fallecieron por huelga de hambre —probablemente la única forma de protesta que les queda a los prisioneros, por los tratos inhumanos y degradantes a que son sometidos: Orlando Zapata Tamayo, Wilman Villar Mendoza, Yordanis Ballagas Ramírez y Roberto Antonio Rivalta Junco.

 

En el pasado año 2013 se documentaron 6.424 detenciones arbitrarias por motivos políticos. En este año la represión ha aumentado; en los primeros cinco meses se han documentado 4.941 detenciones arbitrarias por motivos políticos: 1.052 en enero, 1.051 en febrero, 813 en marzo, 905 en abril y 1.120 en mayo, denunció en su informe mensual sobre represión la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN). Todo parece indicar que en este mes la represión ha sido mayor.

 

Ni los empresarios extranjeros, ni los empresarios cubanos exilados liderados por Carlos Saladrigas y Alfonso Fanjul —dispuestos a llegar a acuerdos incondicionales con Raúl Castro—, y mucho menos los empresarios cubanos de uniforme verde olivo con grados de general, tendrán en cuenta el bienestar de Cuba.

 

Presidente Mujica, en Cuba no existe una legislación de protección laboral como la que caracteriza a la mayoría de los países de América. Por ello los multimillonarios agrupados en Cuba Study Group y Council of the America’s están haciendo lo imposible para que se levante el embargo: Poderoso caballero es Don Dinero. Vea lo que les espera a los trabajadores cubanos si estos depredadores de humanos invierten en la Cuba castrista. ¿Eso es lo que usted quiere para el pueblo cubano?

 

Presidente Mujica, la comunidad internacional sancionó a Sudáfrica con un bloqueo económico –fue mucho mayor que el embargo norteamericano a Cuba, dado que lo aisló totalmente-, que fue apoyado por el propio Nelson Mandela. ¿Por qué en Sudáfrica sí, pero en Cuba no?

 

Volveré a apoyar la eliminación del embargo norteamericano tan pronto el régimen de La Habana cumpla y haga cumplir los siguientes artículos de la Declaración Universal de Derechos Humanos:

 

Artículo 9: Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado.

 

Artículo 13:2.  Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso el propio, y a regresar a su país.

 

Artículo 19: Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

  

Artículo 20:1.  Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas.

 

Presidente Mujica, el 9 enero de este año se efectuó en La Habana una nueva ronda del diálogo migratorio Cuba- Estados Unidos, donde:

 

La delegación cubana insistió nuevamente en que estos fenómenos no podrán erradicarse ni se podrá lograr un flujo migratorio legal, seguro y ordenado entre Cuba y los Estados Unidos, mientras no se deroguen la política de pies secos-pies mojados y la Ley de Ajuste Cubano”.

 

Aunque esa Ley no es la causa de que los cubanos emigremos -en la última década nacieron cubanos en 138 países-sí estoy de acuerdo en que se elimine –o al menos se modifique sustancialmente- la Ley de Ajuste Cubano (Cuban Adjustment Act, de 1966), por la cual los cubanos reciben una condición migratoria privilegiada en Estados Unidos: permite que aquel cubano que esté un año y un día en Estados Unidos obtiene la Green Card (residencia permanente), con autorización para poder emplearse. Lo mismo pienso de la Ley de pies secos/pies mojados. Ambas leyes no son sustentables moralmente en las condiciones actuales.

 

Presidente Mujica, como nos dice José Martí: Cuando un pueblo emigra, sus gobernantes sobran. Más de dos millones de cubanos hemos emigrado, el 20% de la población de un país que siempre se caracterizó por ser receptor de emigrantes. De acuerdo al reporte demográfico  de 2012, 46.662 cubanos emigraron de forma permanente ese año, la mayor cifra desde que más de 47.000 personas salieran de Cuba durante la crisis de los balseros de 1994. En los últimos años los cubanos han estado emigrando a un promedio anual de 39.000, el promedio más alto en un periodo, similar al de los primeros años en que se instaurara el régimen.

 

Los hermanos Castro, tiranos insaciables que a Cuba han destruido, jamás han tenido un proyecto para beneficiar al pueblo cubano. Su único objetivo ha sido entronizarse en el poder, primero ellos y ahora sus descendientes; pretenden una sucesión dinástica al mejor estilo de Corea del Norte. Para ello necesitan el levantamiento del embargo, que les garantizaría la perpetuidad del totalitarismo, al implementar el modelo chino -la combinación de un Estado policial comunista con una fuerte economía de mercado-, pero les es imprescindible llegar a un acuerdo con Estados Unidos antes que concluya la ampliación del puerto de Mariel, que tiene como punto de mira al vecino del norte. Vea este vídeo.

 

Presidente Mujica, hace cuatro años, gracias al vicepresidente Danilo Astori, quince disidentes cubanos se reunieron con usted en la Torre Ejecutiva. Llamó la atención que en la página web de la Presidencia se publicaron crónicas y fotos de las actividades en las que usted participó ese día, con excepción de su encuentro con los opositores cubanos. Un par de horas antes, los disidentes cubanos se entrevistaron con el vicepresidente Astori, quien los recibió en su despacho en el Palacio Legislativo.

 

Presidente Mujica, los parlamentarios uruguayos son testigos que durante un año semanalmente les estuve informando a usted y a su esposa de las violaciones a los derechos humanos que sufre el pueblo cubano. Por ejemplo:

 

1- Le pedí a usted que viese los vídeos con algunos de los niños asesinados por el régimen que ustedapoya. Presidente Mujica, ¿que sintió usted cuando vio esos vídeos?

 

2- También le solicité que viese los vídeos con algunas de las mujeres golpeadas por el régimen de los hermanos Castro. Presidente Mujica, ¿que consideró usted cuando vio esos vídeos?

 

¿Y usted, senadora Topolansky, qué sintió? Usted no puede alegar que no ha visto los vídeos, porque he perdido la cuenta de las veces que le he solicitado que los viese. Sería inaceptable que una feminista como usted pretendiese invocar que no los ha visto.

 

Entonces, senadora Topolansky, ¿por qué no me ha dicho una palabra de los golpes propinados a una pacífica mujer cubana, que fue desnudada en plena vía pública?

 

Senadora Topolansky, como le he expresado varias veces, en septiembre de 2013 la anciana actriz Ana Luisa Rubio presentó una denuncia en una dependencia policial sobre la brutal golpiza que recibió en su propio hogar, pero no se ha procesado a los denunciados. ¿Por qué usted no le dice a su esposo que les solicite a sus amigos, los hermanos asesinos seriales, que enjuicien a esos sujetos?

 

Senadora Topolansky, como le he dicho en otras oportunidades, los uruguayos que estudiaron en las escuelas de Cuba antes de que Fidel Castro se apropiase de ellas, pueden dan fe de que a los niños se les enseñaba que a una mujer no se le golpeaba ni con el pétalo de una rosa.

 

¿Cuál es el ‘delito’ cometido por esas mujeres que son apaleadas por el castrismo, senadora Topolansky?

 

Senadora Topolansky, las Damas de Blanco protestan llevando flores, desfilando en silencio, vestidas con el color que simboliza la paz; soportando con estoicismo la acción incomprensiva e intolerante de las autoridades. Sobre ellas han caído vejámenes, insultos y actos de violencia, pero su respuesta ha sido el mejor ejemplo de la sociedad a la que aspiramos en Cuba y en cualquier parte del mundo: una sociedad pacífica.

 

Cuba es el único país occidental donde es ilegal ser opositor: marxistas, liberales, socialistas, trotskistas, democristianos y anarquistas han sufrido difamación, ostracismo, destierro, cárcel, tortura y asesinato.

 

Presidente Mujica, usted no pierde oportunidad en hacer apología del régimen de oprobio imperante en mi patria, tiranía denunciada por una gran cantidad de izquierdistas, entre ellos, varios socialistas chilenos. Por ejemplo:

 

1- La senadora Isabel Allende, hija del presidente Salvador Allende, expresó hace cuatro años:

 Las libertades de opinión, asociación y reunión fueron libertades por las que en el PS luchamos y seguiremos luchando siempre. Ojalá que efectivamente haya una reacción por parte de las autoridades cubanas y comprendan que el mundo condena hoy a las sociedades que no respetan el derecho de la libre opinión”.

 

2- El socialista Sergio Bitar estuvo en Cuba hace tres meses. Bitar fue ministro con Allende (1970-1973), con Ricardo Lagos (2000-2006) y en el primer mandato de Bachelet (2006-2010). Fue senador durante ocho años (1994-2002). Bitar, quien ha visitado Cuba cinco veces, declaró en marzo de este año:

Cuando tú entras ya en una fase de declinación en la cual no mejoran las condiciones de vida, no mejoran las libertades, no mejoran los espacios de autorrealización, no mejoran las formas de inserción global y no hay avances en los campos de la innovación, entonces esto no tiene sentido.

Esto no puede ser vestido con un propósito de un socialismo. No hay ningún socialismo humanista que pueda sostenerse conceptualmente desde el punto de vista de las realidades cubanas”.

 

Hasta el cantautor Silvio Rodríguez –fundador de la Nueva Trova y defensor por excelencia del régimen- lo reconoce:

He aprendido que la gente está jodida, muy jodida, mucho más jodida de lo que pensaba… Cuando uno cantaba: ‘Te convido a creerme cuando digo futuro’, realmente uno no pensaba que este era el futuro. Uno pensaba que el futuro iba a ser otro”.

 

Por cierto, un hijo de Silvio Rodríguez, Silvito ‘El Libre’, es uno de los creadores de ¡Háblame!, que es una clara interpelación a Fidel Castro Ruz, un pedido de rendición de cuentas por haber hecho “de un país tan feliz una islita triste” y “porque ha sido el cruel estalinismo el pago al amor y la fe y la esperanza que el pueblo puso un día en este sistema”.

 

¡Háblame! refleja la frustración que sentimos la mayoría de los cubanos. Véase completo, incluyendo la letra, aquí. 

 

Presidente Mujica, hace más de cuarenta años el castrismo decía: “El presente es de lucha, el futuro es nuestro”. Eso es típico del sistema: exige el sacrificio constante en beneficio de las futuras generaciones, privando a la población de un nivel de vida aceptable, mientras que la cúpula gobernante disfruta de los mayores privilegios. ¿Cuántas generaciones pueden aceptar un ‘modelo’ que les prorroga indefinidamente la legítima compensación por sus esfuerzos?

 

Presidente Mujica, la entelequia llamada Revolución cubana ha sido la mayor estafa del siglo XX americano. ¿Por qué usted no les solicita a los hermanos Castro que hagan un plebiscito en Cuba, como lo hizo el dictador Pinochet? Si el régimen imperante en mi patria desde hace 55 años es tan bueno, ganaría ampliamente. ¿Por qué en Chile sí, pero en Cuba no?

 

Presidente Mujica, Ernesto ‘Che’ Guevara reconoció que La Habana era una de las ciudades más ricas y más bellas de América”.

 

Presidente Mujica, en varias oportunidades le pedí que viese los vídeos que demuestran la destrucción física y el daño antropológico causado a Cuba por el castrismo. Recuerde que una imagen vale más que mil palabras. Cada vez más la izquierda rechaza a la gerontocracia estalinista cubana; por ejemplo:

 

Eduardo del Llano, cineasta izquierdista cubano, expone la miseria general entronizada en Cuba con los hermanos Castro:

La gente no da limosnas sólo porque su corazón se haya endurecido, sino porque lo que lo separa del indigente es apenas que uno de los dos está tumbado y el otro de pie. Eso en una Habana que parece un suburbio de sí misma, donde cada vez hay más barrios y manzanas con el espíritu y la traza de pueblos de campo. De hecho,es como si todo el país, harapiento y resudado, viviera en un portal, tapándose con un Granma y con una botella de ron casero al alcance de la mano.

 

Mario Coyula, arquitecto cubano, director de Arquitectura y Urbanismo de Ciudad de la Habana, alerta:

“La Habana podría terminar, en una visión dantesca, como un gran anillo de basura consolidada o como un cráter vacío, que en el centro alguna vez tuvo una ciudadEl tema de los vientos y de las lluvias fuertes afecta sobre todo hoy las casas precarias, hechas con materiales de pésima calidad, como lata, cartón, de las que hoy existen muchas en todo el país”.

 

Presidente Mujica, usted no puede negar el desarrollo alcanzado por Cuba antes que los hermanos Castro se adueñaran de mi patria, lo cual fue reconocido en 1959 por el propio Fidel Castro Ruz y posteriormente por varios autores marxistas. Por ejemplo:

 

Fidel Castro:

Se decía que si no había una crisis económica, si no había hambre, no era posible una revolución y, sin embargo, se hizo la Revolución”.

 

Fidel Castro:

Que hay clase media, ¿por qué si aquí todo el mundo debiera ser clase media? ¿Por qué si en nuestra patria no debiera existir un solo pobre? ¿Por qué si esta es una de las islas más ricas y fértiles del mundo? ¿Por qué si aquí pueden vivir 30 millones de habitantes? ¿Por qué si Holanda, si Dinamarca, si esos países con más habitantes, con menos tierras, con menos fertilidad, son incomparablemente más ricos que nosotros?

 

Fidel Castro:

tengo la seguridad de que en el curso de breves años elevaremos el estándar de vida del cubano por encima del de Estados Unidos y del de Rusia”.

 

James Petras, académico marxista norteamericano, reconoció:

Mientras que la mayoría de los países asiáticos y latinoamericanos iban a la zaga de Cuba en los años sesenta, hoy han superado a Cuba en la diversificación de sus economías, el desarrollo de sectores competitivos de fabricación para la exportación y la disminución de su dependencia de un grupo limitado de productos de exportación”.

 

Guillermo Almeyra, profesor marxista argentino, admite:

Cuba era el segundo en desarrollo después de la Argentina”.

 

Julio César Guanche, académico marxista cubano,    reconoce que:

En rigor, la década del 40 fue lo más parecido existente en la República burguesa cubana a un Estado de Bienestar.

 

Martín Guevara, hijo del hermano menor de Ernesto ‘Che’ Guevara, denuncia:

si algo no le gusta a Fidel después de no ser el centro de atención constante, es quedar mal, que se sepa la verdad, que se sepa que bebe vinos castellanos de más de 200 euros la botella mientras pide a su pueblo sacrificios numantinos”.

 

Canek Sánchez Guevara, nieto mayor de Ernesto ‘Che’ Guevara, señala:

El sistema político cubanose ha comportado como una monarquíay no sé por qué se le sigue llamando socialismo.

 

El filósofo socialista argentino Oscar del Barco expresó en diciembre de 2005, ya hace más de ocho años:

Los llamados revolucionarios se convirtieron en asesinos seriales, desde Lenin, Trotzky, Stalin y Mao, hasta Fidel Castro y Ernesto Guevara”.

 

Izquierdistas españoles como Ana Belén, Pedro Almodóvar, Antonio Muñoz Molina, Víctor Manuel y Jorge Semprún denunciaron hace cuatro años:

Cuba está soportando una feroz y dolorosa dictadura que mantiene al país en la miseria. Una dictadura que en sus postrimerías se muestra despiadada y sorda a las voces que reclaman libertad y democracia. La cuestión cubana es hoy una cuestión de derechos humanos básicos y esenciales. La elección está, sencillamente, entre democracia o totalitarismo”.

 

Haroldo Dilla Alfonso, académico marxista cubano exilado en Chile, expresó hace cuatro años:

 Para la izquierda, el crimen contra Orlando Zapata Tamayo es un reto. Nada aquí puede ser justificado, y sólo puede ser explicado comola reacción criminal y represiva de una élite autoritaria y decadenteque pisotea cada día al socialismo hablando en su nombre, mientras prepara su propia conversión en una nueva burguesía”.

 

Pedro Campos, exdiplomático marxista cubano,señala:

Su gobierno-partido-estado, según lo que se desprende de sus propias palabras, enfrenta una oleada creciente de desobediencia pública, de un aumento de la insurgencia pacífica del pueblo, de una variada forma de resistencia no violenta, como resultado de su insatisfacción generalizada con las políticas económicas, sociales y cívicas de su estado corrupto y corruptor.

 

Presidente Mujica, el castrismo ha superado con creces al criminal Pinochet. Casi todo el mundo reconoce la existencia del holocausto, pero ¿qué nombre tiene lo ocurrido en Cuba bajo los hermanos Castro? Más de cien mil muertes.

 

Presidente Mujica, ¿por qué en la última década nacieron cubanos en 138 países? Porque los cubanos continuamos votando con los pies.

 

Presidente Mujica y senadora Topolansky, como nos dice José Martí: “Ver en calma un crimen es cometerlo”. Entonces, ¿por qué ustedes continúan guardando silencio cómplice sobre las violaciones a los derechos humanos que sufre el pueblo cubano?

 

Presidente Mujica, le reitero que me haga el favor de solicitarle públicamente al general Raúl Castro Ruz que me permita regresar a mi patria, así como a todos los cubanos que estamos en una situación similar.

 

Presidente Mujica, por favor, haga acuse de recibo.

 

REPITO CORREO QUE LE ENVIÉ EL 12 DE JULIO

 

Presidente Mujica, mi vida depende de su ayuda

 

En tiempos de engaño universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario”.

George Orwell

 

Presidente José Mujica Cordano.

Jefe de Estado y Gobierno de la República Oriental del Uruguay.

 

Estimado presidente Mujica, como usted tiene excelentes relaciones con los hermanos Castro, le pido que me haga el favor de solicitarle públicamente al general Raúl Castro Ruz que me permita regresar a mi patria, así como a todos los cubanos que estamos en una situación similar.

 

Presidente Mujica, aunque el artículo 13.2 de la Declaración Universal de Derechos Humanos establece queToda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país”, a decenas de miles de cubanos se nos impide entrar a nuestra patria. ¿Eso no es una mostruosidad?

 

Presidente Mujica, ¿por qué el general Raúl Castro Ruz no me permite regresar a mi patria?

 

1- Porque yo divulgo el desarrollo alcanzado por Cuba antes de que los hermanos Castro se adueñaran de mi patria, lo cual es reconocido por varios marxistas, por ejemplo: el profesor argentino Guillermo Almeyra admite que Cubaera el segundo en desarrollo después de la Argentina”.

 

2- Porque yo denuncio algunas de las violaciones a los derechos humanos que sufre el pueblo cubano.

 

Presidente Mujica, usted sabe que en un régimen democrático se respetan los derechos de todos los ciudadanos y no se criminaliza la opinión. Por eso la senadora Isabel Allende, hija del presidente Salvador Allende, expresó hace cuatro años:

 

 Las libertades de opinión, asociación y reunión fueron libertades por las que en el PS luchamos y seguiremos luchando siempre. Ojalá que efectivamente haya una reacción por parte de las autoridades cubanas y comprendan que el mundo condena hoy a las sociedades que no respetan el derecho de la libre opinión”.

 

Presidente Mujica, decidí hacerle esta solicitud a usted dado que:  

 

1- El estado de indefensión en que me encuentro podría hacerme perder la vida. Por negarme a cometer ilegalidades en la estatal Universidad Marítima Internacional de Panamá (UMIP) y luchar para que el pueblo panameño tenga la educación superior que se merece, estoy desempleado desde hace dos años. Estoy haciendo todo lo que está a mi alcance, porque no quiero morirme ahora y lejos de la tierra que me vio nacer.

 

2- Históricamente la izquierda se ha caracterizado por solidarizarse con los oprimidos y mi vida depende de la solidaridad moral internacional. Hago hincapié en que no solicito ayuda monetaria alguna.

 

3- A usted se le considera el líder en asuntos de democracia y derechos humanos en América Latina.

 

4- Hace un mes, el 12 de mayo, usted intercedió ante el presidente Obama por los tres agentes de la Red Avispadieciséis de sus integrantes fueron arrestados desde 1998- que permanecen encarcelados en Estados Unidos, condenados por conspiración y asesinato. El propio Fidel Castro Ruz reconoció implícitamente el 19 de octubre de 1998, el espionaje cubano contra las bases militares norteamericanas:

 

si acaso pudiera interesarnos algo con relación a algunas instalaciones de Estados Unidos próximas a Cuba, serían los movimientos de tropas que pudieran preceder una agresión a Cuba. Pero estamos conscientes de que en este momento no es esa la línea fundamental del gobiernoSí nos podía interesar cuántas tropas se acumulaban en la Florida”.

 

Por cierto, presidente Mujica, el segundo en rango de la Red Avispa era el mayor Ramón Labañino Salazar, que fue alumno mío en la Universidad de la Habana (UH). Labañino –así era como lo llamábamos en la UH- fue sentenciado a cadena perpetua más 18 años –su sentencia fue reducida a 30 años-, por espiar en dos bases militares norteamericanas:

 

a) La base de la fuerza aérea de Barksdale, en Louisiana, donde entonces radicaba el Centro de Mando de Retaguardia del ya inexistente Comando Aéreo Estratégico.

 

b) La base de la fuerza aérea de Mac Dill, en Tampa, La Florida, donde se controla y dirige todo el tráfico aéreo militar de Estados Unidos en el Caribe, Centro y Sudamérica. En ese entonces en esa base radicaban el Comando de Operaciones Especiales y el Comando Central (CENTCOM), responsable de las actividades militares norteamericanas en Asia y el Cercano Oriente.

 

Presidente Mujica, después de esta digresión procedo a explicarle el estado de indefensión en que me encuentro.

 

Aunque mi vida depende de la solidaridad internacional, le reitero que no solicito ayuda monetaria alguna. Jamás en mi familia existió un pedigüeño, la forma en que mis padres me educaron fue el ganarme la vida con mi trabajo. Tengo 65 años, pero con suficiente lucidez intelectual y capacidad de trabajo para laborar un par de décadas más.

 

Sólo conozco dos sociedades: la cubana y la panameña. En ambas predomina la doble moral; muchos la practican, yo no puedo. Para mí es sagrado el respeto a los derechos humanos, los valores cívicos, las normas y la justicia; muchos me han dicho que ese es mi talón de Aquiles. No es que yo tenga vocación de Sísifo, si no que mis padres me enseñaron la importancia de ser consecuente: que haya concordancia entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace.

 

Al poco tiempo de arribar a Panamá, me percaté de la pésima calidad de la educación y de la mediocridad de su clase política.  Es obvio que la primera es consecuencia de la segunda, dado que como nos dice Henry Brougham: “La educación hace a la gente fácil de dirigir, pero difícil de manipular; fácil de gobernar, pero imposible de esclavizar”.

 

Lo peor del pésimo comportamiento de la clase política de Panamá es que 1.363 panameños murieron por hambre desde el año 2002 hasta el 2012, o sea 124 muertos anualmente, aunque durante ese periodo los gobiernos manejaron un presupuesto acumulado de 96 mil millones de dólares, para una población de tres millones y medio de habitantes. Es una vergüenza que en un país con un ingreso per cápita elevado, se produzca la muerte de niños por hambre.

 

Además, en Panamá la explotación de los trabajadores es mayor que en EEUU y los trabajadores han visto reducida su  participación en el producto interno bruto (PIB): de 37,8% en el año 2000 a 30,3% en el 2012.

 

En el año 2007 el Gobierno del PRD-Partido Popular hizo todo lo posible porprivatizarlos servicios de salud; puedo dar fe de ello porque participé en las reuniones que la Comisión Médica Negociadora Nacional (COMENENAL) sostuvo con la ministra de Salud y el director de la Caja de Seguro Social.

 

El Gobierno del PRD-Partido Popular acudió incluso a usar como rompehuelgas a los médicos cubanos que se encontraban en Panamá por la Operación Milagro. Cuando me enteré de ello, le envié un extenso correo a la Primera Secretaria de la Embajada de Cuba con copia a Julio Manduley –asesor de FRENADESO y sobrino de Celia Sánchez Manduley, la persona más cercana a Fidel Castro hasta su muerte en 1980-, protestando por tal hecho:

 

¿El pueblo cubano se sacrifica para que los médicos cubanos sean utilizados como rompehuelgas? Sería la mayor afrenta que Cuba le podría hacer al pueblo panameño, además de que sería una gran afrenta a la memoria de José Martí”.

 

Mi protesta dio resultado: dejaron de usar a los médicos cubanos como rompehuelgas.

 

En un artículo denuncié que el “vicepresidente Rubén Arosemena insiste en contravenir el acuerdo de equiparar el salario de los médicos” y le dije al vicepresidente Arosemena: “Si usted desea saber cómo es factible realizar la equiparación salarial, invíteme a una sesión de trabajo”. Dos años después salió publicado Escándalo envuelve a Rubén Arosemena. A pesar del pésimo comportamiento de este dirigente democristiano, ahora se postuló para ser diputado, pero afortunadamente no resultó electo en las elecciones realizadas el pasado 4 de mayo, donde los democristianos panameños sólo obtuvieron un diputado.

 

De hecho, soy un profesor non grato en el sistema educativo panameño, por negarme a realizar ilegalidades y denunciar la mercantilización existente en las universidades panameñas, que están entre las peores del mundo como muestran todos los informes internacionales; por ejemplo:

 

http://www3.weforum.org/docs/WEF_GCR_Report_2011-12.pdf

 

http://www.topuniversities.com/university-rankings/latin-american-university-rankings/2012

 

http://www.scimagoir.com/pdf/ranking_iberoamericano_2012.pdf

 

http://www.topuniversities.com/university-rankings/latin-american-university-rankings/2013

 

http://www.topuniversities.com/university-rankings/latin-american-university-rankings/2014#sorting=rank+region=+country=+faculty=+stars=false+search=

 

Presidente Mujica, como nos dice Martin Luther King: “Quien acepta la maldad sin protestar contra ella, realmente coopera con ella”. Por ello, al percatarme de la crítica situación de la educación en Panamá me entregué a tratar de mejorarla. Una parte de la sociedad panameña conoce de mis esfuerzos por lograr una mejora radical de las universidades; por ejemplo, hace siete años la Conferencia Episcopal Panameña tuvo la gentileza de invitarme a exponerle mis reflexiones sobre esta temática: durante unas tres horas fueron receptivos a mis argumentos.

 

En varios artículos denuncié la pésima calidad de la  educación y la clase política panameñas, por ejemplo:

 

Analfabetos funcionales, un artículo que me publicó el diario Panamá América el 21 de agosto de 2006, pero no aparece online.

 

Revalorización de la figura del docente, un artículo que me publicó el periódico La Prensa el 2 de septiembre de 2006.

 

Plan de Estudiospublicado en el Panamá América el 14 de marzo de 2007, pero no aparece online.

 

Mercaderes de la Educaciónpublicado en el Panamá América el 4 de mayo de 2007 y reproducido el 8 de agosto de 2007 por la Universidad de Santiago de Compostela, España.

 

Crisis de valorespublicado en el Panamá América el 20 de junio de 2007.

 

Crisis de valores del Ejecutivopublicado en el Panamá América el 11 de julio de 2007, pero no aparece online.

 

¿Quebrará la Universidad Interamericana de Panamá?,publicado en varios sitios digitales y reproducido el 15 de octubre de 2007 por la Universidad de Santiago de Compostela, España.

 

Crisis de valores del Legislativopublicado en el Panamá América el 25 de octubre de 2007.

 

Forjar mejores ciudadanospublicado en La Prensa el 14 de febrero de 2008.

 

Colapso educativo publicado en La Prensa el 16 de abril de 2008.

 

A ‘mazazos’ contra las universidades estatales y privadas, publicado en varios sitios digitales desde septiembre de 2009.

 

Presidente Mujica, probablemente usted conoce la obra de José Martí, el más insigne de los cubanos. He sido formado en el ideario martiano, ese que nos enseña que:

 

La palabra es para decir la verdad, no para encubrirla”.

 

Un hombre que oculta lo que piensa, o no se atreve a decir lo que piensa, no es un hombre honrado. Un hombre que obedece a un mal gobierno, sin trabajar para que el gobierno sea bueno, no es un hombre honrado”.

 

De los derechos y opiniones de sus hijos todos está hecho un pueblo, y no de los derechos y opiniones de una clase sola de sus hijos”.

 

El que se conforma con una situación de villanía, es su cómplice”.

 

Ver en calma un crimen es cometerlo”.

 

Presidente Mujica, sufro represión por guiarme porel ideario martiano. En Panamá los mercaderes de la educación y la clase política no me perdonan que haya denunciado su pésimo proceder. En Cuba los hermanos que detentan el poder desde hace 55 años no me perdonan que denuncie las violaciones a los derechos humanos que sufren mis compatriotas; en palabras de Rosa Luxemburgo, que fue asesinada el 15 de enero de 1919 por luchar por el socialismo -aprovecho para invitarlo a que lea la crítica que una gran cantidad de izquierdistas le hacemos al régimen de La Habana:

 

La libertad sólo para los que apoyan al gobierno, sólo para los miembros de un partido (por numeroso que éste sea) no es libertad en absoluto. La libertad es siempre y exclusivamente libertad para el que piensa de manera diferente. Y no precisamente a causa del fanatismo de la ‘justicia’, sino debido a que todo lo que hay de enriquecedor, de saludable y de purificador en la libertad política, depende de ello y su eficacia desaparece cuando la ‘libertad’ se convierte en un privilegio”.

 

Presidente Mujica, por luchar para que el pueblo panameño tenga la educación superior que se merece, durante más de un año sufrí restricciones alimenticias limítrofes con el hambre -por ejemplo, ingiriendo diariamente casi un cuarto de libra de azúcar que mezclaba con agua. Sé lo dañino que es eso, máxime que fui macrofeto (pesé doce libras), mis antepasados por vía materna –incluyendo a mi madre, mis tíos y mi abuela- fueron diabéticos y un tío paterno murió de diabetes a los 22 años. Pero el hambre es mala consejera. De hecho, esto es la crónica de una muerte anunciada si no recibo la solidaridad moral internacional.

 

Presidente Mujica, me siento en una situación kafkiana, a tal punto que no sé cómo no he perdido la razón. Mi vida depende de la solidaridad internacional que presione al general Raúl Castro Ruz para que me permita regresar a mi patria.

 

Presidente Mujica, prefiero morirme en una cárcel de mi patria, que como homeless en una calle de Panamá.

 

Presidente Mujica, ¿usted no va a interceder para evitar mi injusta muerte?

 

Presidente Mujica, por favor, haga acuse de recibo.

 

Agradeciéndole de antemano su atención y la ayuda que me brinde para salvar mi vida, queda de usted,

 

Manuel Castro Rodríguez.

Identificación panameña: E-8-91740. Usted no sabe cuánto siento no poder darle una identificación cubana, pero ese es uno de los tantos derechos de que somos despojados los cubanos que vivimos fuera de la patria.

Los tiempos agónicos de la “actualización”

Marlene Azor Hernández

2 de diciembre de 2014

 

El menosprecio a la pobreza de la ciudadanía es el rasgo central de las políticas de la actualización. La respuesta ciudadana, huir del país

 

Nadie se atreve en la prensa nacional cubana a hacer un análisis crítico de la información del último Consejo de Ministros[1]. Esta impunidad informativa del gobierno nos ha dejado a merced de una élite que evidencia su incapacidad en cada una de sus apariciones, pero que carece de las contrapartes públicas —más que sanas— para rectificar su rumbo y rendir cuentas para lo que existen: servir a la ciudadanía.

 

Para empezar, no es seguro que se haya logrado un crecimiento del 1,3 % del PIB 2014 —seguramente nos enteraremos hacia diciembre del próximo año—, pero se “piensa” que en el próximo año se logre crecer más de un 4 %, según el ministro de Economía, Marino Murillo. Para un lector informado del sistema económico cubano, esta es otra nueva fabulación del ministro de Economía porque los cambios estructurales[2] siguen ausentes de la agenda. No hay ninguno explícito en el presente informe, a no ser que se siga haciendo política económica a escondidas de la opinión pública.

 

Con un magro “crecimiento” del 0,6 % en el primer semestre de 2014, la estrategia del gobierno cubano fue sumirse en el silencio —a partir de junio de este año— sobre las políticas para salir de tamaño desastre en las condiciones de crisis que vive el país después de ocho años en el poder del “nuevo” gobierno, y mientras tanto, imponerle a los economistas cubanos que la actualización comenzó en 2011, robándose cinco años y medio de “gracia”. Con elecciones libres, ya el General/Presidente y su gabinete de ministros habrían salido barridos del poder.

 

Seis meses después reaparece el gobierno para seguir con la misma improvisación, que nadie sabe adónde va, con consignas de mayor “eficiencia interna” de la economía. Esta “consigna” no se calza con ninguna nueva medida o medidas que la garanticen en el nuevo informe, sino que es el pésimo comodín que utiliza el gobierno cubano para no decir nada. Luego entonces, este pronóstico del 4 % de crecimiento de la economía nacional hay que tomarlo como decía Jorge Luis Borges: “y los futuros tienen su forma de caerse por la mitad”.

 

La política que se expresa en el informe es el aumento del control de la empresa no estatal, con nuevos impuestos sobre utilidades que ya se habían aprobado en períodos anteriores y un intento de “legalizar” parte de las actividades económicas sumergidas en el mercado negro. El monto de los subsidios estatales a las empresas del Estado disminuye levemente pero no se informa su cuantía. Las cooperativas no agropecuarias continúan con el tiempo agónico para ser aprobadas.

 

El lenguaje críptico y mediocre de la nomenclatura cubana es uno de los males endémicos que arrastra el período de la “actualización”, y que siempre nos recuerda a la nomenclatura soviética de los años 70s del siglo pasado. Para empezar el lenguaje del Granma presenta la información como se “avizora”. Es decir, otear en el horizonte para descubrir algo desde una determinada altura, lo cual hace la información más parecida a un ejercicio de prestidigitación delante de una bola de cristal que la seriedad de un informe económico.

 

Cifras en volúmenes de gastos que nada dicen sobre la satisfacción de la demanda (créditos, subsidios), no hay datos de los resultados económicos por ramas de la economía en 2014 y solo algunas medidas de legalización complementarias sobre las viviendas. No ha habido cambio de mentalidad. Con este pobre panorama de rendición de cuentas, ya sabemos que la próxima reunión del parlamento cubano, el 19 de diciembre, será otra reunión para perder el tiempo y los recursos; para levantar la mano de manera unánime por un presupuesto de 2015 que nadie, a su vez, podrá controlar, como tampoco ninguno de los anteriores. Son los juegos simbólicos del poder cubano —sin contrapartida democrática—, que profundizan la sensación de fracaso de la ciudadanía, año tras año, sin atisbar mejoras para su situación.

 

La cifra necesaria para importar alimentos es la nota más escandalosa del informe y no se explica. Que se pronostique el gasto de $2.194 millones en la importación de alimentos es la evidencia del fracaso de la política agroalimentaria cubana en los últimos ocho años. Cada año se importa más o se gasta más, y lo que no se importa y se produce en el país no cubre las necesidades de la demanda. Ya sabemos que la economía centralmente planificada, planifica no sobre lo que es necesario sino de espaldas a la demanda. El asunto considerado por el General/ Presidente como de “Seguridad Nacional” sigue sin respaldo en la agenda de “la actualización”. Los Lineamientos se cumplen y su contrario porque están redactados de tal manera que usted puede decir lo mismo y lo contrario y sin fechas límites. Eso sí, nos anuncian en el presente informe que se está planeando a “largo plazo”, algo que no necesitan ni los funcionarios ni la ciudadanía porque no se cumplen los planes anuales, a no ser que se utilice como papel higiénico, que como tantos otros productos, siguen por debajo de la demanda en la producción nacional. De nada sirve crecer en la producción de algunos productos si estos siguen muy por debajo de las necesidades primarias de consumo. Esta relación entre la inversión y la demanda nunca se publica, ni se discute en el Parlamento.

 

Un aumento del 9,1 % en los salarios nominales en los sectores de la salud y los deportistas no clarifica cuánto significan en la población económicamente activa, tampoco de la ocupada, y mucho menos, cuál es la capacidad adquisitiva de esos salarios. La pobreza no existe para el gobierno cubano —por decisión— y por eso no aparecen los datos que permitan definirla y cuantificarla al menos con los parámetros internacionales. La “media lengua” del informe se reproduce para decir que crece algo la ocupación, pero oculta el nivel de desempleo abierto y oculto. Es decir, otra “información” que no sirve para nada, ni siquiera para “el entusiasmo”.

 

Un mérito ha tenido este informe para mí: el sacarme una carcajada frente “a la propuesta de Conceptualización del Mo­delo Económico y Social Cubano de De­sarrollo Socialista (sic)” —¡Qué mal gusto este nombre y qué mal escrito, por dios! Este es otro secreto de Estado.

 

Ya sabemos que no es un “socialismo de mercado”, según el exministro José Luis Rodríguez, tampoco se renuncia a la planificación centralmente planificada ni al control de los medios fundamentales y no fundamentales de producción —la tolerancia legal y el intento de control, no la estimulación, es lo que han tenido hasta ahora las formas de producción y servicio no estatal. Nadie sabe quiénes están estudiando el supuesto novísimo modelo, aunque de vez en cuando la dirección dice que lo estudia —hace varios años—, porque los dirigentes cubanos son incapaces de ser transparentes en su gestión y la nebulosa sobre lo que se proponen forma parte de una política expresa para evitar el control ciudadano.

 

Entre silencios, ausencia de datos, desidia, y rutina transcurre el tiempo agónico de la “actualización”. La población no espera mejoras, huye del país por los más disímiles medios, y los que no pueden conforman esa mayoría poblacional sumida en la pobreza y la desesperanza.

 

Vea también:

La “actualización” cubana no garantiza el papel higiénico


[1] Granma, 30/11/2014.

[2] Sobre la palabra también hay que ponerse de acuerdo. Para el gobierno cubano permitir el cuentapropismo y las cooperativas no agropecuarias sería el cambio “estructural” aunque el 85 % de la economía nacional sea estatal y siga mostrando su ineficiencia económica. Para los analistas esto no significa un cambio estructural en la medida en que estas nuevas formas son toleradas pero no estimuladas, con impuestos múltiples y excesivos y la falta de otros derechos económicos con que cuentan las PYMES en países similares en tamaño y población. “Ordenar” una estructura obsoleta y tolerar legalmente algunas formas no estatales de producción no significa cambios estructurales.

 

 

La “actualización” cubana

no garantiza el papel higiénico

Marlene Azor Hernández

2 de diciembre de 2014

 

El General/Presidente se acaba de regalar 5 años y medio de “gracia” para no rendir cuentas de la ineficacia de la actualización

 

En un interesante reportaje sobre la escasez de papel higiénico aparecido en Havanatimes, (27/11/2014), sus autores, Isbel Díaz Torres y Jimmy Roque Martínez, nos describen los mecanismos económicos que impiden la solución del problema. La economía estatal cubana no puede garantizar un solo producto de manera estable y nada tiene que ver con el bloqueo/embargo estadounidense, sino con la gestión de la economía interna. Mañana levantan el embargo y se mantendrán las mismas ineficiencias de la economía cubana, solo que con mayor despilfarro.

 

Lo que Díaz Torres y Roque Martínez nos relatan no es más que la ineficacia de la economía nacional vista a través de un solo producto. Copie y pegue los mecanismos descritos de este artículo y verá como funciona la economía cubana. Planificación por debajo de la demanda, falta de previsión para las piezas de repuesto, importación en el último momento (más cara) y no invertida para sustituir importaciones, comercializadora “recaudadora” como las propias TRD poniendo un 200 % de ganancia con relación al costo del producto y el papel de alta calidad utilizándose para lo que no es necesario se utilice (despilfarro). Esa es la descripción al detalle de la economía centralmente planificada, de la economía estatalizada, y del intento de controlar centralmente la producción de papel sanitario. La fábrica piensa con racionalidad económica, pero los organismos de planificación, comercialización y distribución monopólicos estatales, impiden las medidas económicas racionales. Como dijera el economista húngaro János Kornai: “la economía de la penuria”.

 

La dirección del país y sin consultar con nadie, decide que la economía centralmente planificada, que la propiedad sobre los medios fundamentales y no fundamentales —¿o la fábrica de papel higiénico lo es?— es la voluntad política del grupo que dirige, y así lo han dejado claro, el ministro de Economía Marino Murillo, el General/ Presidente Raúl Castro y José Luis Rodríguez exministro de economía —de la etapa de la “Batalla de Ideas”— que no habrá socialismo de mercado (publicado en el periódico La Jornada y no en Cuba) sino que el “socialismo cubano”, que ha dictaminado la élite política sin consulta popular, es un nuevo socialismo que no se parece a nada y que se está inventando, “sin prisa pero sin pausa”. A  La Jornada,  como a tantos otros de la izquierda internacional, no les parece grave que la ciudadanía siga siendo “cobayo” de la élite política en las más absolutas condiciones de pobreza y todos le extienden un cheque en blanco con una falta de solidaridad imperdonable con el pueblo cubano.

 

Fidel Castro ya dijo que el modelo no sirve y que en realidad, “nadie sabe” cómo construirlo, pero su hermano Raúl, Marino Murillo y José Luis Rodríguez ya se han pronunciado, imponiendo el mismo modelo con algunas pequeñas “curitas”. En este caso, Fidel Castro ha resultado más pragmático que su hermano, aunque se haya demorado 50 años en decirlo y haya “experimentado” en Cuba una tras otra políticas erráticas en la economía nacional.

 

De repente, desde julio de este año y por el discurso oficial, la actualización perdió cuatro años (2008-2011), pero además el año y medio en el poder anterior, cuando asume Raúl la presidencia (agosto 2006), aunque en 2007 habló de cambios estructurales. Es decir, el propio presidente se acaba de regalar un periodo presidencial —5 años y medios— solo para sacar a los anteriores cuadros de todos los mandos y poner los suyos sin hacer ninguna política económica. Creo que “una pausa” de cinco años y medio no es “sin prisa” sino la continuación del inmovilismo. Hay que recordar la consulta popular —aún no publicada— en 2007. Se trata de imponer, una vez más, la política de exigencia del cheque en blanco para la dirigencia del país que tantos descalabros han producido en la historia del último medio siglo en la vida nacional.

 

A partir de julio de este año cambió la historia de la actualización corrigiéndole la plana al economista José Triana, que en conferencia con los cuadros del MININT (abril 2013) precisó que la “actualización” había comenzado en 2007. Ahora todos dentro de Cuba se tienen que pronunciar públicamente contando tres años de actualización y no ocho y medio como es la realidad. Esta simple anécdota refleja la arbitrariedad con la que el gobierno cubano construye la historia nacional a su antojo y sin contrapartida interna.

 

No importa si la élite política se ha regalado ocho años y medio para producir el “crecimiento” de 0,6 % de la economía cubana, cuando la fabulación del presidente le reduce 5 años y medio por decreto, y estableciendo el inicio en 2011 le da más margen a la hora de evaluar sus resultados. Este es el objetivo de la manipulación del tiempo, evitar la rendición de cuentas sobre la propia incapacidad.

 

La ciudadanía bien que lleva la cuenta y eso es lo que pasará a la historia y no “el cuento chino” del actual presidente y de los que inventan disparates para “calmar” a la izquierda internacional.

 

El asunto no es complejo, es sencillo pero los dirigentes cubanos y sus acólitos manipulan la realidad para ganar tiempo, en contra de la vida ciudadana y siguen gastando mucho en propaganda para “confundir” a sus interlocutores internacionales.

 

Eso de “confundir” a los interlocutores internacionales, al menos lo logra con relación a la Dra. Emily Morris[1], que intentando un enfoque “desprejuiciado” en su artículo “Cuba inesperada” nos invade de sus propios prejuicios solo para distanciarse de los análisis de los cubanólogos a los que reduce de una manera simplona a un pensamiento neoliberal.

 

Varios errores epistémicos produce su artículo:

 

1.       Dicotomía entre socialismo y capitalismo sin explicar las ineficacias del “socialismo real” ni la alternativa que podría crearse incluso planteándose, por sus simpatías ideológicas, una cercanía al socialismo.

 

2.       Cheque en blanco a la dirigencia cubana para no declarar hacia dónde van sus políticas económicas y qué se propone.

 

3.       Asimilar a los cubanólogos, entre ellos al profesor Carmelo Mesa-Lago, al pensamiento neoliberal. Le sugiero a la Dra. Morris el libro Cuba en la era de Raúl Castro  del profesor Mesa Lago, y la emplazo públicamente a discutir si los análisis y propuestas del profesor son neoliberales.

 

4.       Evaluar las políticas macro económicas en los últimos 25 años, en sus intenciones y no en sus resultados, “olvidando” el costo popular y el descalabro económico de dichas políticas. No hay un solo dato sobre los costos sociales si no las frases hechas por el discurso oficial “insuficiente salario”, “disminución del gasto público”, etc.

 

Claro, la Dra. Emily no es completamente responsable de la ausencia de datos sobre la pobreza y pobreza extrema en Cuba. Puede buscar en los organismos internacionales y la pobreza no aparece en el caso de Cuba. Ni la CEPAL, ni el PNUD, y si algo encuentra en las páginas de la UNICEF es un dato falso del 4 % de la población en condiciones de pobreza.

 

En realidad, la manipulación del gobierno cubano con las cifras y el tiempo, “confunde” hasta a los simpatizantes mejor formados, pero lamentablemente, este rejuego, produce un discurso que se pretende “científico”, siempre de espaldas a la realidad nacional.

 

[1] La doctora en Ciencias Económicas Emily Morris ha sido investigadora en el Instituto de las Américas, de la Universidad College, en Londres, desde 2012 hasta 2014. En septiembre 2014 se trasladó a Washington para ocupar un puesto de investigadora principal en el Banco Interamericano de Desarrollo. Ella sigue siendo Investigador Asociado Honorario del Instituto UCL de las Américas, de Gran Bretaña. Ha publicado este documentado artículo en New Left Review, una revista de 160 páginas, de circulación bimestral, que se edita en Londres y analiza la política y economía globales, poderes estatales y movimientos de protesta; teoría social contemporánea, historia y filosofía; cine, literatura, arte heterodoxo y estética. Incluye ensayos, entrevistas, comentarios, reseñas de libros y editoriales sobre temas políticos. Publicado en Kaos en la Red ( 24/11/2014) y en el blog de Iroel Sánchez.



Militares a sus cuarteles

Pedro Campos

2 de julio de 2014

 

En todo este desastre que tenemos en Cuba, mucho ha tenido que ver el papel de los militares y sus métodos de ordeno y mando trasladados a la política y la economía.

 

Un pueblo no se funda, General, como se manda un campamento.”

José Martí

 

No pasa un día sin que aparezca en la prensa alternativa cubana y a veces en la oficial, alguna información dando cuenta de importantes decisiones y acciones desafortunadas de funcionarios de alto o intermedio nivel, en cualquier ámbito de la sociedad, sea económico, político o social, detrás de las cuales siempre encontramos a un militar o exmilitar, desde luego, designado.

 

Baste señalar el conjunto de incongruencias que des-componen la “actualización” del modelo económico decididas todas por el general y presidente Raúl Castro y los militares que lo rodean.

 

Lo mismo reparten tierras sin garantías de futuro para los agricultores, que emiten una ley laboral legalizando la explotación asalariada en violación de la Constitución vigente, que organizan planes económicos sobre la base de la disciplina militar, que liberan la venta estatal de autos a precios galácticos, que organizan “cooperativas” desde el Estado, que emiten una Ley de la Inversión Extranjera que luce destinada a vender el país al capital internacional o que firman un tratado de in-seguridad con una potencia imperialista envuelta en luchas territoriales.

 

Todo un contrasentido. Disparate tras disparate.

 

Especialistas y cubanólogos del establishment norteamericanos esperaban mucho de Raúl Castro, sus militares y su “mano fuerte” a fin de “evitar un caos” a la desaparición de Fidel Castro, promover una “transición pacífica”, “impedir una crisis migratoria” y “desarrollar una economía de mercado”. La “actualización” y sus medidas, particularmente la Ley de Inversión Extranjera y la Ley Laboral que la complementan, deben complacer a aquellos iodos. Y desde luego no estoy insinuando ni acusando a nadie de estar haciendo lo que desea el imperialismo. Expongo hechos.

 

Hoy por hoy, los que no vemos salida alguna para nuestras aspiraciones somos los desposeídos cubanos de a pie.

 

El más reciente infortunio ocasionado por los militares al pueblo, nos lo relata el intelectual Esteban Morales, cuando narra las arbitrariedades en torno a los visitantes a la Terminal no. 3 de vuelos internacionales del aeropuerto José Martí en la capital habanera. Nadie responde por las estupideces, pero todo el mundo sabe que la IACC, el aeropuerto y sus inmediaciones están bajo control de los militares, como casi todo lo que alguna importancia tiene en este país.

 

Ciertamente, la causa principal de todo este desastre es el modelo económico y político de tipo estatalista, burocratizado e híper centralizado, implantado en Cuba en nombre del socialismo, que concentra todas las decisiones importantes del país en un grupito de personas, donde el pueblo y los trabajadores estamos para cumplir las determinaciones de esa alta burocracia y nunca para decidir qué hacer, cómo hacerlo, con qué recursos, ni desde luego para elegir los cargos públicos en ningún nivel.

 

En todo este desbarajuste “socialista” mucho ha tenido que ver el papel de los militares y sus métodos de ordeno y mando trasladados a la política y la economía.

 

Es, desgraciadamente, algo bastante presente en la historia de Cuba, desde las guerras de independencia en el siglo XIX, cuando los militares siempre quisieron controlar el poder político, en contra de la opinión de los más lúcidos cubanos como el Mayor General Ignacio Agramonte y el más grande, José Martí, ambos intelectuales amantes de la libertad, la justicia y la democracia, antes que militares.

 

Nunca estará de más recordar algunos renglones de la carta de Martí a Gómez el 20 de Octubre de 1884. “Un pueblo no se funda, General, como se manda un campamento. […] ¿Qué garantías puede haber de que las libertades públicas, único objeto digno de lanzar un país a la lucha, sean mejor respetadas mañana? ¿Qué somos, General? ¿Los servidores heroicos y modestos de una idea que nos calienta el corazón, los amigos leales de un pueblo en desventura, o los caudillos valientes y afortunados que con el látigo en la mano y la espuela en el tacón se disponen a llevar la guerra a un pueblo, para enseñorearse después de él? ¿La fama que ganaron Uds. en una empresa, la fama de valor, lealtad y prudencia, van a perderla en otra?”

 

Con gran pesar, los que nos empeñamos en hacer de Cuba un paraíso de la libertad, la justicia, la democracia y el socialismo, bajo la dirección del siempre mismo gobierno de los históricos guerrilleros de la Sierra, hoy constatamos cuánta razón tenía Martí en tratar de impedir el control de los militares sobre los asuntos públicos y de gobierno.

 

El militarismo se irguió sobre la muerte de Martí y alcanzada la independencia de España, en los primeros 30 años de República mediatizada, la mayoría de los presidentes habían sido generales de aquellas guerras. Después continuó el papel de los militares, con Fulgencio Batista en la revolución del 30, su primer Gobierno constitucional en 1940 y luego su dictadura a partir de 1952.

 

Finalmente la lucha por medios militares contra aquel gobierno anticonstitucional, llevó al poder al grupo de militares que hasta hoy detenta el poder en Cuba en nombre del socialismo. Y los medios, una vez más, se impusieron a los fines.

 

De una u otra forma todos estos militares empezaron por defender un régimen constitucional y democrático que terminaron negando, imponiendo su autoridad por la fuerza de las armas.

 

La revolución del 59 que unió al pueblo de Cuba en la lucha contra Batista por la restauración del sistema democrático y la Constitución del 40, acabó frustrando aquellos objetivos en el mismo 1959, cuando Fidel y sus muchachos de la Sierra decidieron mantenerse en el poder, suprimir toda oposición, postergar indefinidamente hasta hoy las elecciones generales y poner en marcha un sistema de gobierno personalista y partidocrático, refrendado en la constitución de 1976.

 

¿Hasta cuándo los cubanos vamos a vivir bajo égidas militares? No equivocarse: no estoy llamando a revueltas, desórdenes, violencias ni nada por el estilo. Ya nos cansamos de todo eso. La violencia engendra más violencia. No más violencia de ningún tipo en la sociedad cubana.

 

Es hora ya de acabar de poner nuestra casa en orden, de democratizar la vida política y económica del país, de que tengamos plena libertad de expresión y asociación.

 

¿Cómo lo vamos a lograr? Hay propuestas de una nueva Constitución, de democratizar el sistema político y económico, liberar internet, que el Gobierno respete la libertad de expresión y asociación, que todos los cargos públicos sean sometidos a elección popular, que exista renovación y revocación, etc. Es tarea de todos los cubanos de buena voluntad, de todas las filiaciones políticas.

 

Pero de algo sí no tengo duda alguna. Cualquiera que sea la solución, implicará el regreso de los militares a sus cuarteles, obra a la que ellos deberán contribuir por el bien de todos, y de ellos mismos.

 

Viva Cuba Libre. Socialismo por la vida.

 

 

¿Por qué no estoy en LASA?

Manuel Cuesta Morúa

21 de mayo de 2014

 

El régimen castrista le impide viajar a disidente cubano

El historiador y portavoz de Arco Progresista ha dirigido esta carta abierta a la  Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA)

 

Mi país, Cuba, persevera en la no normalidad. Es el país que ha tenido, por ejemplo, más representación numérica en los congresos de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA) al tiempo que ha sido el de menor representación plural en sus debates. Es al mismo tiempo el país que genera más pasiones encontradas en el hemisferio occidental, y el que menos tolera el encuentro de sus diversas pasiones dentro de la isla. Es también el lugar donde, como se solía decir antes en América Latina, la ley solo existe para los enemigos.

 

Por esas tres razones no puedo participar en este congreso de LASA. El pasado año fue el último en el que la Cuba oficial monopolizó los paradigmas del debate sobre Cuba, desde Cuba, en un evento de esta solvencia. En el 2013 pude participar por primera vez, junto a dos entrañables colegas, en este prestigioso encuentro de ideas para abrir, también por primera vez, la posibilidad de que el pensamiento independiente dentro de Cuba fuera reconocido en el mismo espacio en el que por años ha sido reconocido solo el pensamiento orgánico del poder, que a veces suele ser crítico. Parecía que el gobierno comenzaba a aceptar cierta normalidad, al menos en la discusión entre cubanos diferentes que habitan el mismo espacio territorial. Pero su intolerancia al encuentro civilizado de pasiones distintas al interior de Cuba amenaza con revertir el derecho a la diferencia, es decir, el paso a la normalidad. Y entonces usan, con abuso, la ley.

 

¿Cuál de ellas? La que proviene del poder, no de la autoridad. El 26 de enero del presente año fui detenido por el intento de organizar un Foro Alternativo a la II Cumbre de la CELAC. ¿Para qué este Foro Alternativo? Para discutir sobre la Declaración Constitutiva de este espacio sub hemisférico que reúne a Jefes y Jefas de Estado de América Latina y el Caribe, como ocurre en cualquier cumbre que se organiza en el mundo. ¿Qué dice la Declaración Constitutiva de la CELAC? Bueno, que todos los ciudadanos latinoamericanos y caribeños tenemos los derechos fundamentales que debemos tener y que los Estados están obligados a proteger. Excepto el cubano. Por esta excepción en las Américas, estuve cuatro días en una celda, por cuatro días fui interrogado y, luego de liberado, se me impuso una Medida Cautelar que me obliga a acudir todos los martes a una estación policial a firmar mi presencia hasta el día presumible en que se me celebre juicio. Porque estuve detenido por defender lo que se supone promueve el Estado en mi país, saliendo con una acusación de los viejos tiempos de Josef Stalin: “Difusión de Noticias Falsas contra la Paz Internacional”, según el Artículo 115 del Código Penal que pretende disciplinar la opinión a partir de la última Constitución de corte soviético que existe en el mundo: la Constitución cubana de 1976. Dicen las autoridades que mis numerosos textos y ensayos sobre la realidad, fundamentalmente relacionados con el tema racial, amenazan la paz en este mundo.

 

Lo que constituye un pretexto, de una ridiculez pantagruélica, que nadie puede sostener si acude a LASA a hablar de Memoria y Democracia. Precisamente porque organicé un Panel en esta edición 2014 titulado: Cuba: la memoria de la democracia, el gobierno de mi país recuerda que soy un “enemigo de la paz internacional” y me restituye una Medida Cautelar que me había sido suspendida hacía un mes. El martes 8 de abril dejé de firmar en la hoja 378 de la 5ta. Estación de la Policía de La Habana porque se me comunicó que aquella medida quedaba sin efecto. El miércoles 7 de mayo se me cita para hacerme saber que se me restituía la Medida Cautelar, firmando ahora en la hoja 414 de la misma Estación, exactamente dos semanas antes del encuentro de buena parte del pensamiento y la academia hemisférica en la ciudad de Chicago. Una muestra ejemplar de un propósito de poder que exagera en sus evidencias contra el ejercicio consistente de la ley.

 

Pero doy a conocer este testimonio sin quejas. Las ideas tienen consecuencias y el detalle está en asumirlas con carácter. Solo enuncio lo que sigue sucediendo en mi país por debajo de la narrativa pro forma que quiere dar del Estado cubano una imagen inversa a su realidad. Lo importante es el precedente que pone en cautela jurídica al otro, y que podría prolongar la cincuentenaria suspensión de derechos en Cuba con el expediente penal de criminalizar las ideas e iniciativas que provienen del pensar, que solo puede hacerse desde la diferencia. Esta es digamos que mi alerta en la academia.

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Declaración de apoyo a Manuel Cuesta Morúa,

portavoz del Arco Progresista en Cuba

23 de mayo de 2014

 

Los abajo firmantes, provenientes de la actividad académica, periodística, política y cultural nos solidarizamos con el colega Manuel Cuesta Morúa, manifestando nuestro apoyo a su derecho humano a la libertad de expresión y en especial valoramos su valiente labor pacífica junto a otros actores democráticos de su país en la promoción de la apertura política en Cuba.

 

En un claro retroceso en su política migratoria y en demostración de las características cerradas de su régimen político de partido único, el gobierno de Cuba le impide al referente progresista Manuel Cuesta Morúa asistir al congreso de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA) que se realiza del 21 al 24 de mayo en la ciudad de Chicago, Estados Unidos.

 

Esta es una nueva represalia del régimen cubano al intento de Cuesta Morúa de organizar un Foro Alternativo a la II Cumbre de la CELAC, por lo cual el 26 de enero pasado fue detenido cuatro días en una celda, interrogado y luego liberado, imponiéndole una Medida Cautelar que lo obliga a acudir todos los martes a una estación policial a certificar su presencia hasta el día presumible en que se le celebre juicio. A Cuesta Morúa se lo acusa del delito orwelliano de “Difusión de Noticias Falsas contra la Paz Internacional”, según el Artículo 115 del Código Penal cubano.

 

El año pasado, luego de la reforma migratoria en Cuba de principios del 2013 que ahora permite a algunos de los opositores pacíficos salir y regresar a su país, Cuesta Morúa pudo participar del congreso de LASA en Washington y para este año había organizado un panel titulado: “Cuba: la memoria de la democracia”.

 

Manuel Cuesta Morúa (La Habana, 1962) lleva 23 años en la oposición democrática cubana. Se graduó en Historia en la Universidad de La Habana en 1986 y ha realizado varios  posgrados. Entre 1986 y 1991 trabajó en varias instituciones oficiales. De 1988 a 1991 en la Casa de África del Museo del Historiador en Habana Vieja, de donde fue expulsado por sus ideas políticas. Ingresa ese mismo año en la Corriente Socialista Democrática Cubana, una organización disidente alternativa al régimen. En 1993 comienza a trabajar también en la Comisión de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional. Funda en 1998, junto a otras organizaciones políticas, cívicas y sociales, la Mesa de Reflexión de la Oposición Moderada y en 2002 el Arco Progresista, que en la actualidad preside y que reúne a organizaciones de naturaleza socialdemócrata hasta entonces dispersas, de dentro y fuera de Cuba. Actualmente, junto a otras organizaciones y ciudadanos, coordina la Plataforma Nuevo País, y junto a otros activistas el proyecto Consenso Constitucional que ha logrado la participación de la mayoría de las organizaciones pro democráticas, cívicas y de derechos humanos dentro y fuera de Cuba. Es miembro también del Comité Ciudadanos por la Integración Racial y ha liderado el proyecto Violencia Cero.

 

Los abajo firmantes, provenientes de la actividad académica, periodística, política y cultural nos solidarizamos con el colega Manuel Cuesta Morúa, manifestando nuestro apoyo a su derecho humano a la libertad de expresión y en especial valoramos su valiente labor pacífica junto a otros actores democráticos de su país en la promoción de la apertura política en Cuba.

 

Graciela Fernández Meijide, Tomás Abraham, Liliana De Riz, Vicente Palermo, Luis Alberto Romero, Beatriz Sarlo, Gerardo Caetano, Ricardo Brodsky, Emilio de Ípola, Jorge Sigal, Rubén Chababo, Daniel Sabsay, María Sáenz Quesada, Manuel Alcántara Saez, Marcos Novaro, Sylvina Walger, Aníbal Pérez-Liñán, Guillermo Rozenwurcel, Juan Octavio Gauna, Claudia Touris, Daniel Muchnik, Héctor Schamis, Patricio Navia, Romeo Pérez Antón, Fernando Iglesias, Lilia Puig, Carlos Gervasoni, Antonio Camou, Gabriel Palumbo, Daniel Pérez, Héctor Leis, Fernando Pedrosa, Sabrina Ajmechet, Aleardo Laría, Pablo Avelluto, Cecilia Noce, Armando Capalbo, Sybil Rhodes, Jorge Streb, Claudia Guebel, Mario Scholz, Ricardo López Göttig, María José Valdez, Carlos Facal, Eduardo Viola, Patricio Gómez Talavera, Sebastián Acha, Leandro Querido, María del Pilar Callizo, Andrés Cañizález, Marianne Kohn Beker, Marino González, Ricardo González Alfonso y Raquel Gamus.

 

 

 

La hora de los bárbaros

Rafael Rojas

11 de mayo de 2014

 

La descomposición del régimen preocupa al autoritario gobierno de Cuba

 

En el pasado congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), el primer Vicepresidente y sucesor designado, Miguel Díaz Canel, pidió a los intelectuales y artistas de la isla que no olvidaran que la “disyuntiva es socialismo o barbarie”. La célebre frase de Rosa Luxemburgo en “The Junius Pamphlet” (1916), calificaba, a partir de una idea de Friedrich Engels, la Primera Guerra Mundial como una “regresión al barbarismo”, que amenazaba con aniquilar la civilización. Según Luxemburgo, la única forma de conjurar la debacle era por medio de un socialismo que, a diferencia del bolchevique, no centralizara burocráticamente la vida política con el “espíritu vigilante” y la “virtud del terror”, propios de un partido único, que heredaba elementos despóticos del zarismo.

 

El pasaje de Luxemburgo, como es sabido, inspiró la asociación y la revista Socialisme ou Barbarie, encabezadas por los trotskistas y consejistas franceses Cornelius Castoriadis y Claude Lefort entre 1948 y 1965. Castoriadis y Lefort se opusieron al estalinismo y a la expansión del bloque soviético hacia Europa del Este, desde un socialismo democrático, que adelantó algunas ideas del mayo francés del 68. Si la barbarie a la que se refería Rosa Luxemburgo no excluía los elementos autoritarios del leninismo, ya la barbarie que combatirán Castoriadis y Lefort será tanto el totalitarismo nazi o fascista como el estalinista, el imperialismo capitalista como el soviético.

 

A mediados de la década pasada, Hugo Chávez intentó relanzar la consigna y, más interesado en la retórica que en las ideas, desplazó su significado al “socialismo del siglo XXI”, implementado con notables diferencias por algunas pocas izquierdas gobernantes en América Latina. A la altura del 2006, el socialismo defendido por Chávez era eso, los proyectos políticos de Venezuela, Bolivia y Ecuador, mientras que la barbarie, según los propios líderes de esos países, no era otra cosa que el impopular gobierno de George W. Bush en Estados Unidos. Chávez, como antes Fidel Castro, utilizaba los conceptos de la ideología para un fin geopolítico concreto: la oposición a Estados Unidos.

 

Ahora, el sucesor designado de Raúl Castro, vuelve a la misma disyuntiva, pero con sentidos notablemente distintos. El socialismo que defiende Díaz Canel es el establecido en los artículos 3º, 5º y 62º de la Constitución cubana vigente, es decir, un régimen “irrevocable” de partido comunista único, ideología “marxista-leninista y martiana” y control de la sociedad civil y los medios de comunicación por parte del Estado. Un socialismo, por tanto, diferente al de Rosa Luxemburgo, Cornelius Castoriadis, Claude Lefort… y hasta Hugo Chávez. La única diferencia entre ese socialismo y el comunismo soviético es que el cubano, en las primeras décadas del siglo XXI, se abre más plenamente al capitalismo de Estado que los trotskistas cuestionaban desde mediados del siglo XX.

 

Pero así como es fácil entender a qué socialismo se refiere Díaz Canel, se vuelve complicado dilucidar el segundo término de la alternativa. Hay que llenarse de paciencia y leer todo el discurso ante el congreso de la UNEAC para advertir que esta vez la “barbarie” a la que se refiere Díaz Canel no es el “imperialismo yanqui” sino un mal endógeno. Un proceso de descomposición ideológica del régimen, que los burócratas llaman, conservadoramente, “pérdida de valores”. El avance del mercado, las nuevas tecnologías y el pluralismo civil está produciendo, junto a una sociedad cada vez más desigual, una cultura popular, sobre todo entre los jóvenes, que rebasa la ideología oficial.

 

Esa es la “barbarie”, según la burocracia cubana: un mundo de reggaeton, celulares, iPods y videojuegos, de moda, consumo, globalización y juventudes deseosas de viajar o emigrar. Una barbarie que, en efecto, está destruyendo desde adentro la civilización comunista construida en Cuba, entre los años 60 y 80. Las élites cubanas entienden la historia reciente de la isla como una lamentable decadencia progresiva del orden comunista, que arranca en los 90 y se agudiza en la pasada década, bajo los efectos de la mundialización, el acceso al mercado, el incremento del turismo y la mayor conectividad entre las comunidades de la isla y la diáspora.

 

Esas élites son conscientes de que la “barbarie” es incontenible, pero piensan que pueden domesticarla por medio de una concepción jerárquica de la sociedad y el Estado. El mercado, piensan a la manera feudal, está bien para pequeños segmentos privilegiados –empresarios, músicos, artistas, burócratas…-, pero no para las mayorías populares, que no pueden traspasar del apartheid de la economía estatal y los organismos del gobierno. Con cierta dosis de capitalismo y nada de democracia –sin libertad de asociación y expresión, ni oposición reconocida por las leyes, ni internet-, sueñan salvar su vieja civilización de los bárbaros del siglo XXI.

 

Habrá que ver si lo logran, cuando llegue la hora de la desaparición biológica de los líderes históricos y de la sucesión de poderes. Apenas en dos años se iniciará un proceso electoral en Cuba que, supuestamente, debería culminar en el traspaso de mandos de Raúl Castro a Miguel Díaz Canel. Si de aquí a entonces no se emprende una reforma constitucional, que abra el sistema político a nuevos liderazgos autónomos, el gobierno sucesor nacerá marcado por un signo autoritario que le impedirá representar la creciente diversidad social del país. Esa podría ser la hora de los bárbaros.

 

 

 

Inversión extranjera sin libre sindicalización

Dimas Castellanos

14 de abril de 2014

 

La ausencia de libertades tan elementales como la libre sindicalización y la libre contratación constituye un retroceso respecto a lo que el movimiento obrero logró hasta la primera mitad del siglo XX.

 

El artículo “Ley dentro de mi casa”, publicado el miércoles 2 de abril en el diario Granma, reconoce que el desarrollo de la economía cubana requiere de un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) que ha sido imposible lograr con las reformas implementadas. De ese fracaso el articulista deduce la necesidad de inyectar capital foráneo. Sin embargo, las múltiples limitaciones contenidas en la recién aprobada Ley de Inversiones Extranjeras, entre ellas la referida a la libre sindicalización, anulan  dicho propósito.

 

El proceso recorrido por la libertad sindical en Cuba comenzó en la colonia con la Ley General de Asociaciones de 1888 y continuó en la República con la promulgación de varias legislaciones obreras. Entre ellas destaca la Ley de las Comisiones de Inteligencia Obrera de 1924 para canalizar los conflictos obrero-patronales relacionados con los embarques de azúcar. Pero su máxima expresión fue el Decreto Ley 798 de abril de 1938 cuyo contenido se recogió en la Carta Magna de 1940: “el derecho de sindicación a los patronos, empleados privados y obreros, el derecho de los trabajadores a la huelga y el de los patronos al paro, el sistema de contratos colectivos de trabajo y estipuló que los problemas derivados de las relaciones entre el capital y el trabajo serían sometidos a comisiones de conciliación integradas por representaciones de patronos y obreros”. Con ella los logros legislativos asumieron rango constitucional.

 

El principio de libertad sindical –unión de los derechos de libertad y de asociación– consiste en el derecho que tienen trabajadores y patronos para fundar sindicatos sin autorización previa. Ese principio se consagró en la Constitución de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y se reguló en el Convenio 87 de esa institución. Por su relevancia y naturaleza jurídica, la libertad sindical está incorporada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos, en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, en la Convención Americana sobre Derechos Humanos y en la  Convención Europea de Derechos Humanos. En el caso particular de Cuba, alcanzó rango constitucional desde 1940.

 

Las diferentes legislaciones laborales emitidas en Cuba después de 1959 se resumieron en la Ley 49 de Código de Trabajo de 1984, cuyo artículo 3, inciso e) declara que  “todo trabajador, acorde con la legislación vigente, tiene derecho a asociarse voluntariamente y constituir sindicatos”. Mientras el Artículo 13 reconoce a “todos los trabajadores, tanto manuales como intelectuales, tienen el derecho, sin necesidad de autorización previa, de asociarse voluntariamente y constituir organizaciones sindicales”.

 

Sin embargo, esos preceptos, en correspondencia con los principios de la OIT y con la historia del derecho laboral cubano, son pura declaración. Los mismos nacieron supeditados al artículo 7 de la Constitución vigente, el cual dispone que el Estado socialista cubano reconoce y estimula a las organizaciones de masas y sociales, “surgidas en el proceso histórico de las luchas de nuestro pueblo” y, por tanto, anula el derecho a “asociarse voluntariamente y constituir sindicatos” como estipula el Código de Trabajo de 1984.

 

Con el objetivo de actualizar el Código de 1984, entre el 20 de julio y 15 de octubre del 2013 se sometió a consulta un nuevo Anteproyecto que incluye a los trabajadores por cuenta propia pero no autoriza la libertad sindical; no recoge el derecho a huelga como se reconoce en los instrumentos jurídicos de la OIT y se refrendó en la Constitución de 1940; no reconoce el derecho de los trabajadores para negociar directamente el salario con los empleadores extranjeros, lo que implica una doble explotación por la agencia empleadora y por la empresa extranjera.

 

Respecto al salario mínimo lo aprueba el Consejo de  Ministros, en vez de establecerse entre trabajadores, empleadores y Gobierno. Por ejemplo laConstitución de 1940, en el artículo 61, planteaba que: “La Ley establecerá la manera de regular periódicamente los salarios o sueldos mínimos por medio de comisiones paritarias para cada rama del trabajo; de acuerdo con el nivel de vida y con las peculiaridades de cada región y de cada actividad industrial, comercial o agrícola”.

 

El Anteproyecto mencionado fue discutido en 69.056 asambleas con la participación de 2.802.459 trabajadores. Dos meses después, fue aprobado por los diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular y convertido en Ley. Finalmente se creó una comisión de estilo para la redacción final y su publicación en la Gaceta Oficial. Desde ese momento dicho Código constituye un misterio. Lo más sintomático es que en ningún momento del debate de la nueva Ley de Inversiones Extranjeras se mencionó nada relativo a dicho Código ni la CTC ha realizado ninguna reclamación al respecto. Sencillamente se esfumó.

 

Por tanto el Anteproyecto de Código de Trabajo en materia de derechos sindicales se sitúa de espaldas a lo estipulado por la OIT, de la cual Cuba fue miembro fundador en 1919 y es firmante de 76 de los convenios laborales de esa institución, incluyendo el Convenio 87 sobre la libertad sindical.

 

En ese estado de indefensión se aprobó la nueva Ley de Inversiones, en la que los cubanos no solo están excluidos de participar como inversionistas, sino que como trabajadores carecen del derecho de crear sindicatos independientes y, por tanto, entran a una relación laboral en total desventaja al no poder contratarse libremente. Una violación tan abusiva que, si existieran verdaderos sindicatos, podría llevarse ante el Comité de Libertad Sindical, creado por la OIT en 1951 para examinar los alegatos sobre violaciones a los derechos de organización de trabajadores y empleadores.

 

Por lo anterior, tanto el Código de Trabajo de 1984 como su sustituto, el aprobado y esfumado en 2013, representan un retroceso en materia laboral respecto a lo que el movimiento obrero había logrado en sus luchas desde la Colonia hasta la primera mitad del siglo pasado.

 

En esas condiciones, cuando está demostrado el papel que desempeñan los derechos y libertades en la economía y en el desarrollo social en general, la ausencia de libertades tan elementales como la libre sindicalización y la contratación libre de la fuerza de trabajo son obstáculos suficientes para augurar el fracaso en el propósito de atraer miles de millones de dólares para sacar la economía cubana del estancamiento en que se encuentra.

 

 

Un éxito de la narrativa democrática cubana

Manuel Cuesta Morúa

12 de abril de 2014

 

La organización del II Foro Alternativo fue exitoso a pesar del hostigamiento de la policía política a sus organizadores

 

En medio de los preparativos y la coordinación del II Foro Alternativo a la Cumbre de la CELAC, bajo el título de Los Derechos Humanos y las Relaciones Internacionales, que un grupo de activistas de la sociedad civil pretendíamos realizar el 28 de enero con el tema La Declaración Especial de la CELAC en defensa de la Democracia y su incompatibilidad con el sistema de partido único, fui detenido por la policía política.

 

La detención ocurrió el domingo 26 de enero en horas del mediodía en el poblado de Jaimanitas, al noroeste de La Habana. Fui conducido a la Sexta Unidad de la Policía en la localidad de Marianao, y puesto bajo custodia policial durante 40 minutos.

 

Posteriormente fui llevado a la Quinta Unidad de la Policía en la localidad de Miramar, donde fui detenido hasta el jueves 30 en la noche, liberado bajo el cargo de Difusión de Noticias Falsas contra La Paz Internacional y con una medida cautelar que me obliga a acudir a firmar mi presencia todos los martes a la Unidad de la Policía mencionada. El argumento para esa acusación es todo lo que he escrito y publicado sobre todas las cosas posibles ―no recuerdo si he escrito algo acerca de los errores en física de la “revolución”― fundamentalmente sobre temas raciales.

 

Durante la detención me fueron ocupados documentos relativos a la Cumbre de la CELAC, algunos artículos de prensa y una memoria. Mientras estuve detenido se me practicaron prolongados interrogatorios relacionados fundamentalmente con los propósitos del II Foro Alternativo y pude comprobar que mis cuentas personales de Internet han venido siendo hackeadas desde tiempos inmemoriales.

 

Se me abrió asimismo una investigación judicial, que incluyó toma de huellas y de ADN, fotografía, identificación de documentos, toma de declaraciones sobre mis relaciones con ONG extranjeras que siempre asumí, y reafirmé, bajo el concepto de que son relaciones legítimas, abiertas y públicas con organizaciones no gubernamentales a las que tenemos derecho todos los cubanos, y que no consideró en ningún caso como delito.

 

Tres puntos quiero señalar. Primero, y luego de la consabida amenaza, la policía política trató de chantajearme con la oferta de archivar mis relaciones supuestamente peligrosas y espurias, tras una presumible e inmediata liberación el mismo día de la detención, si yo desmontaba personalmente la organización del II Foro Alternativo. No cabe comentar mi respuesta.

 

Segundo, asumí declarar sobre mi relación abierta con ONG extranjeras a pesar de los riesgos penales y políticos que este vínculo entraña en Cuba, porque me parece importante, también en términos políticos, no dejar confusión alguna sobre la naturaleza pública y no secreta de mis relaciones con entidades de otras partes del mundo, único modo de desbaratar el juego y la visión conspirativos que siempre plantea la policía política, y porque creo necesario proyectar con más transparencia este tipo de vínculos que considero legítimos, independientemente de su carácter controversial. Solo el debate público sobre la legitimidad de estas relaciones será eficaz para la legitimación estratégica de las mismas. Yo asumo los costos. Y en la medida que no existe en Cuba figura penal específica que sancione la ayuda externa, creo fundamental asumir los riesgos públicos del debate en el escenario actual de Cuba.

 

Tercero, si bien fui liberado con un cargo ajeno a los motivos de la detención y al proceso penal que se me practicó, considero que en realidad el gobierno pretende juzgarme penalmente por mis vínculos con el enemigo. El cargo impuesto es una estrategia operativa que cumple tres funciones: dejar claro que voy a ser juzgado en algún momento, impedirme salir del país en señal de castigo y respetar los términos temporales de la ley, en un caso publicitado, que no les permitía mantenerme detenido un día más.

 

Quiero concluir con la siguiente consideración. A pesar de que no pudimos realizar el evento, me parece que políticamente fue un éxito. Los costos personales los asumo como propios de la lucha democrática en cualquier lugar. Pueden ser considerados absurdos, pero lo kafkiano forma parte de la política en contextos kafkianos.

 

Obviamente pudo haberse organizado mejor. Pienso, por ejemplo, que delegar en otros participantes parte de la organización, en función de un plan C, podría haber garantizado que acudieran al lugar de la cita más personas. Yo asumí no hacerlo así porque las presiones eran inmensas y las filtraciones involuntarias podrían malograr mi estrategia: impedir que la policía política tuviera conocimiento previo del lugar y le diera tiempo a organizar un acto de repudio u otra estrategia represiva. Al final, las dudas sobre el lugar permitieron, eso creo, que acudieran al menos un grupo pequeño de personas que pudo iniciar cierto intercambio. No fue, claramente, el cuórum necesario. En todo caso asumo como válidas todas y cada una de las críticas de mis compatriotas en torno a la forma en que intenté organizar el evento.

 

Pero el II Foro Alternativo fue un éxito de la narrativa democrática cubana. El mundo no pudo ignorar la existencia y capacidad de la sociedad civil cubana, ni alumbrar la tensión entre una dictadura que quiere continuar nadando sin obstáculos en el mar de democracias globales y la retórica hemisférica. Ciertamente muchas de las democracias en nuestro hemisferio son débiles, pese a lo que nos cuentan los medios. La ausencia de liderazgo es notoria en una región que se niega a conectar los valores fundamentales y las propuestas de integración, tal y como han hecho otros esfuerzos de integración regional, incluyendo África.

 

Por eso la CELAC es y será un fracaso, como nos muestra su ausencia en la crisis venezolana. La lección es que la América de los ciudadanos es la garantía para la promoción y defensa de las libertades fundamentales y de los derechos humanos. De ahí nuestro compromiso para celebrar, en alguna fecha futura, el II Foro Alternativo. Para nosotros solo ha sido pospuesto.

 

El autor es historiador y Portavoz del Arco Progresista en Cuba. Sígalo en Twitter @cubaprogresista

 

 

 

El destierro de Mesa Lago

Haroldo Dilla Alfonso

7 de abril de 2014

 

La elite política cubana sigue manejando a la emigración con los criterios utilitaristas de siempre

 

Hace unos días el periódico Granma —dícese que en estado de aggiornamiento— publicó un sentido artículo firmado por Linet Perera, condenando la edificación de un muro en los contornos de Ceuta y Melilla para impedir el paso de los migrantes africanos hacia Europa. El artículo se titulaba Kilómetros de vallas para cuidar el sueño europeo y en lo fundamental era una crítica a las políticas exclusionistas europeas frente a la migración africana.

 

Aunque me parece que el asunto es mucho más complejo de lo que Granma describe —el tema migratorio es muy complicado en cualquier lugar en que se produzca— yo estoy básicamente de acuerdo con la periodista Perera en su posición crítica de principio. Y agrego que en la política europea hay una fuerte carga de cinismo en el tema migratorio. Pero dudo que el cinismo de los europeos aventaje al de Granma, que denuncia las infamias migratorias en Europa al mismo tiempo que guarda silencio —y eventualmente aplaude— las inmensas felonías que comete el gobierno cubano frente a la migración. Y obsérvese que no digo frente a migrantes extranjeros que quieran entrar a Cuba (no creo que existan muchos candidatos) sino frente a sus propios nacionales emigrados.

 

La pasada reforma migratoria —elevada por algunos emigrados “patriotas y respetuosos” a la altura de epopeya nacional— no solo negó a los cubanos en la Isla el derecho inalienable a transitar y viajar, sino que dejó casi intactas las restricciones que pesan sobre los cubanos emigrados. Y todo parece indicar que el tema ha quedado definitivamente en manos de ese sector duro e intratable que se empeña en levantar muros mayores que los de Ceuta, Melilla y San Diego.

 

A principios de marzo, el conocido académico cubano Carmelo Mesa Lago fue invitado a atender un interesante evento intelectual en Cuba. Los organizadores —en particular la revista Espacio Laical— habían previsto hacerle un homenaje por sus 80 años y hacer un lanzamiento de su último libro sobre la economía cubana en la era de Raúl Castro.

 

La iniciativa era excelente. Mesa Lago es el científico social cubano más prominente de este tiempo. Atesora una carrera académica envidiable, una bibliografía tan extensa como imprescindible y un expertise que lo coloca como perito mundial top en más de un tema. Es el tipo de gente que viste de largo un evento académico, pero que además lo hace con una modestia y una jovialidad inherentes a la grandeza.

 

Mesa Lago es tan discreto que solo poco a poco y por otras vías hemos ido conociendo que el gobierno cubano le negó el permiso para visitar el país en que nació. Es decir que el gobierno, en vez de regocijarse por la visita de una persona de su estatura intelectual y moral, y aprovechar su estancia para que deje su huella en la academia cubana, le impidió asistir al evento y recibir el homenaje que merecía.

 

Creo que algo se hizo en lugar del homenaje previsto, y es positivo que se haya hecho. Pero creo que los participantes del evento prefirieron susurrar ante lo que hubiera merecido una condena explícita y directa, sugiriendo a la clase política y a la comunidad intelectual insular que somos un conglomerado transnacional y que alguien como Mesa Lago tiene tanto derecho como cualquier otro cubano a estar en su patria y opinar en y sobre ella. Perdieron la oportunidad de dar un paso al frente.

 

Lo que muestra esta confirmación del destierro de Mesa Lago es que la elite política cubana sigue manejando a la emigración con los criterios utilitaristas de siempre, y se empeña en separar lo que es una sola sociedad. En esto, como en todos los temas que se relacionan con los derechos civiles y políticos de la gente común, los dirigentes cubanos siguen de espaldas a los tiempos, colocados en el lado oscuro de la historia. Siguen temiendo a las ideas, a las críticas y a las propuestas diferentes.

 

Siguen levantando muros y vallas, mayores y más oprobiosas que las de Ceuta y Melilla, aunque curiosamente invisibles para los locuaces periodistas de Granma.

 

 

La “solidaridad” con Cuba y la indecencia política

Haroldo Dilla Alfonso

24 de marzo de 2014

 

El pluralismo y la tolerancia tienen un límite infranqueable en la indecencia

 

Siempre me ha parecido morbosa la relación afectiva que tiene la mayor parte de la izquierda política e intelectual dominicana con el gobierno cubano. Sea por inercia, por afectividad o por compasión, la mayor parte de los(as) “progres” dominicanos han optado por ser cómplices de una situación que no desearían para su propio país. Incluso contra la que han luchado en su propio país.

 

Ello explica, por ejemplo, que conocidos exfuncionarios letrados cubanos —que no es lo mismo que intelectuales— hayan encontrado en esta media isla una excelente oportunidad para desplegar sus vocaciones en instituciones estatales o políticas —los casos del Archivo General de la Nación, la Fundación Juan Bosch o los partidos de la seudoizquierda aliados al PLD— que reciben fondos públicos.

 

Un caso bien conocido es el de Eliades Acosta, un funcionario cubano que tuvo papeles muy destacados en la represión contra intelectuales cubanos, en su país o en terceros, desde sus altas posiciones al frente de la Biblioteca Nacional José Martí o desde una secretaría del Partido Comunista. A su haber, cuenta con la organización de francachelas represivas contra actividades públicas centradas en intelectuales oposicionistas o sobre temas cubanos que no se avenían con las políticas oficiales cubanas.

 

Para hacerlo, Acosta ha utilizado el conocido recurso de las bandas de paleros que se agrupan en algunos llamados “comités de solidaridad con Cuba” y que boicotean agresivamente las actividades programadas. El caso más conocido —no el único— fue su participación en la feria del libro de Guadalajara en 2002. Allí organizó todo tipo de vandalismos contra los intelectuales cubanos críticos al régimen en la Isla, y en particular saboteó un panel en que prominentes figuras intelectuales continentales —como el muy marcado caso del izquierdista inclaudicable Roger Bartra— arrebatando los micrófonos a los ponentes, cerrando las puertas y reteniéndoles por más de media hora entre insultos y amenazas a cargo de grupos de fanáticos.

 

Destituido de todos sus cargos en Cuba, Acosta no ha encontrado mejor consuelo que asentarse en nuestra media isla a la sombra del Archivo para investigar y escribir con verdadero fervor democrático contra la dictadura… de Trujillo.

 

Pero por muy repulsivo que resulte el historial de Eliades Acosta, siempre hay que sospechar en él algún talento que le sirvió para escalar posiciones en el aparato de control y represión intelectual en Cuba. Y por eso, aunque resulta un demérito compartir cualquier escenario con una persona que posee un record de abusos represivos, no es el peor caso. Nuestro dinero público también sirve para pagar a figuras absolutamente execrables, como es el caso muy señalado de Dario Machado, una de las figuras más despreciables y mezquinas del aparato represivo anti-intelectual cubano.

 

Darío Machado nunca ha sido un intelectual, sino a lo sumo un administrador del aparato ideológico, que durante años tuvo a su cargo la única agencia oficial cubana autorizada a hacer encuestas de temas políticos (la llamada Opinión del Pueblo) y desde esa posición se encargó de mentir y desinformar en nombre de la sociología. Y también desde esa posición ejerció una función de comisario político, intimidando a los investigadores y censurando a las investigaciones. En 1996 fue el peón seleccionado para organizar la represión contra el Centro de Estudios sobre América —el mejor centro de investigaciones sociales que ha tenido el país— y contra cada uno de sus investigadores. Lo hizo con saña y absoluta desvergüenza. Tanta que finalmente resultó inservible para los propios represores, y terminó relegado a funciones burocráticas en uno de los aparatos de control ideológico.

 

Pero a pesar de todo ello, Darío Machado tiene un espacio entre nuestros “progres” e izquierdistas. Unos días aparece hablando de la revolución continental con representantes de la seudo-izquierda aliada a la derecha peledeista en la Plaza Bolívar, otro día disertando sobre metodologías teóricas (justo lo que tenazmente desconoce) con los integrantes de La Multitud, y ahora aparece publicado en el boletín del Archivo General de la Nación (enero/abril 2013).

 

Obsérvese que no hablo en contra de que las instituciones dominicanas inviten y traigan a funcionarios o intelectuales cubanos que apoyen al gobierno de la Isla. Lo creo lamentable, pero ello es parte de un juego pluralista. Lo que discuto es que se gaste dinero público amparando a figuras con historiales criminales en la represión de intelectuales cubanos y que se les promueva como intelectuales. Eso no es solidaridad con el pueblo cubano, ni rigurosidad profesional, sino complicidad inmoral.

 

El pluralismo y la tolerancia tienen un límite infranqueable en la indecencia. Nuestros “progres” e izquierdistas en retirada deben aprenderlo.

 

 

Sin pausa, pero con prisa

Dimas Castellanos

2 de abril de 2014

 

La nueva ley de inversiones, ¿va a dejar fuera a los cubanos residentes en el extranjero? ¿Y contempla a los residentes en la Isla?

 

Con el tiempo en contra, a los múltiples fracasos por recuperar la economía nacional se han unido la inminente pérdida de las subvenciones de Venezuela y la escasa disposición del capital extranjero para invertir en la Isla. La conjunción de esos hechos ha obligado al Gobierno a la introducción de nuevos cambios y a sustituir —sin declararlo— el contraproducente lema “Sin prisa pero sin pausa” por el contrario: “Con prisa y sin pausa”.

 

Como el marco legal para la inversión en Cuba es atípico para empresas que operan con economías de mercado, ante el  nulo efecto que tuvo el Decreto Ley de septiembre de 2013 (mediante el cual se aprobó la Zona Especial de Desarrollo Mariel con el objetivo de atraer la inversión foránea), la necesidad de hacer evidente la disposición al cambio ha conducido, con evidente prisa, a la sustitución de la Ley 77 de Inversiones Extranjeras de 1995 por otra más moderna, flexible y transparente. Una decisión que estaba pendiente desde el año 2012 y que, por tanto, debió tomarse antes de iniciarse la obra del puerto de Mariel y no ahora.

 

A partir de mediados del presente mes de marzo se efectuaron cinco reuniones regionales en las que participaron diputados de todas las provincias, especialistas, funcionarios de los gobiernos municipales y provinciales, representantes de las consultorías jurídicas internacionales y asesores de empresas. En una carrera maratónica entre el sábado 15 y el miércoles 19 del citado mes, en cada una de esas reuniones el ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca, explicó la política aprobada por el Consejo de Ministros para la redacción del Anteproyecto. A la vez, la prensa oficial dedicó grandes espacios a los reportes, comentarios y entrevistas relacionadas con el tema.

 

La nueva legislación, orientada  a la diversificación y ampliación de los mercados de exportación, la sustitución de importaciones, la modernización, la creación de infraestructuras y al cambio de patrones tecnológicos, reforzará las garantías a los inversionistas, permitirá el carácter prioritario de la inversión extranjera en casi todos los sectores de la economía, la creación de una carpeta de inversiones, la bonificaciones impositivas, excepciones totales en determinadas circunstancias y mayor flexibilidad en materia aduanal, sin que el país renuncie a su soberanía ni al socialismo. Es decir, sin “concesiones ni retrocesos”.

 

A pesar de los aspectos positivos, todo indica que las autoridades cubanas, atadas a la mentalidad que predominó durante el último medio siglo, han determinado que el Anteproyecto en “discusión” emerja preñado de limitaciones y contradicciones.

 

Entre muchas de las limitaciones, uno de los problemas consiste en definir si se brinda o no participación a los cubanos residentes en el exterior; un derecho que nunca se debió prohibir y que resulta una justa reivindicación. Una segunda parte de este problema consiste en si ese derecho se hará extensible a los cubanos residentes en el país. Pues si injusta e injustificada resulta la exclusión de los cubanos como ha ocurrido hasta ahora, sería absurdo y contradictorio que se acepte a los que residen fuera de la Isla y se mantenga en exclusión a los de adentro.

 

Muchos indicios conducen a pensar que ocurrirá esto último. Es decir, que la Ley conservará el excluyente apellido de “Extranjera” para las inversiones, con la inclusión de los cubanos residentes en el exterior. De ser así, su título pudiera ser “Ley de Inversiones para todos, menos para los cubanos que no optaron por irse del país”.

 

De ocurrir así, lo anterior convertiría a la nueva Ley en una inaceptable violación de la Constitución vigente, la que en su artículo 14 reza: “la economía se basa en la propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción”. Es decir, ese pueblo, supuesto propietario, queda excluido por razones de ubicación geográfica del derecho de participar en el proceso inversionista de su país, algo ajeno al derecho, a la cultura occidental de la cual somos parte y contrario a la dignidad humana.

 

Además, se trataría de una decisión sin previa consulta al supuesto dueño, al soberano, para conocer si está dispuesto a renunciar a ese derecho constitucional y limitarse a servir como mano de obra.

 

Según el enciclopedista francés Juan Jacobo Rousseau, la soberanía es el ejercicio de la voluntad general, un poder que se ejerce en nombre del pueblo, pero en Cuba, a ese soberano, previamente limitado a realizar por cuenta propia un listado de actividades casi todas de servicio (carpintero, forrador de botones, desmochador de cocos, carretilleros o vendedores de dulces), se les impide participar como empresarios en pequeñas y medianas empresas.

 

Como puede verse, la nueva ley corrige algunos de los absurdos que han espantado a los inversionistas del suelo cubano, pero a la vez, presenta nuevas contradicciones que lastrarán sus posibles resultados. Si se aprueba en la forma reseñada, la misma será, una vez más, la negación del concepto martiano que falsamente enarbola el Gobierno, pues para Martí el concepto de República era estado de igualdad de derecho de todo el que haya nacido en Cuba.

 

En la realidad, Cuba es el único país de la región donde sus habitantes carecen de un derecho tan elemental como el de participar, en calidad de sujeto en las actividades económicas de su país, a pesar de contar con sobradas iniciativas y formación profesional. Ojalá que, sin pausa, pero con suficiente prisa, se rectifique una arbitrariedad que conduciría a nuevos fracasos, ahora que el tiempo para los cambios está agotado y el contexto nacional e internacional les son adversos.

 

 

Capital internacional para tratar de salvar

el capitalismo monopolista de estado cubano

Pedro Campos

22 de marzo de 2014

 

A propósito de la nueva ley de inversiones extrajeras que prepara el gobierno del General Raúl Castro

 

Se ha anunciado oficialmente una sesión especial del parlamento cubano, para discutir a fines del presente mes de marzo una nueva ley de inversiones extranjeras.

 

La mayor parte de la legislación sobre la actualización, está formada por decretos presidenciales. Por su significado estratégico para el futuro de la nación, ahora se quiere que sea el parlamento el que discuta y apruebe esta nueva ley de inversiones. Interesante.

 

Pero no es ocioso recordar que a ese parlamento se llega a propuesta de la dirección del PCC o sus organizaciones subordinadas, según la vigente anticonstitucional ley electoral, por lo cual es cuestionable su carácter legal, de órgano supremo y representativo de la soberanía nacional, según establece la Constitución (Art. 69). A buen entendedor…

 

De acuerdo con las distintas informaciones que se han publicado, la ley estará dirigida esencialmente  a tratar de promover dichas inversiones en la Zona Especial de Desarrollo de El Mariel, donde se pretende una especie de “zona libre”. Allí, los grandes capitales extranjeros podrían instalar sus maquiladoras  para actuar libre de impuestos y explotar a su antojo la barata mano de obra cubana. Cualquier parecido con las Zonas Económicas Especiales en China, no es pura coincidencia. Copiar ha sido tradición entre los gobernantes cubanos.

 

Pero también, según Granma, los extranjeros podrían invertir en casi todos los sectores de la economía. Indica ese órgano, citando al Ministro de Comercio Exterior Rodrigo Malmierca, que el proyecto legislativo “lejos de significar un retroceso, ofrece mayores garantías e incentivos a la inversión extranjera y asegura que la atracción de capital contribuya de manera eficaz a los objetivos del desarrollo sostenible y a la recuperación de la economía nacional”.

 

Y todos ya sabemos que los términos “economía nacional” y “desarrollo sostenible”, para el gobierno del General  Raúl Castro, están referidos a impulsar a las empresas estatales, no a las de la economía popular, pues como él mismo precisó recientemente: “Nunca debemos olvidar que el sistema económico que prevalecerá en la Cuba socialista, independiente y soberana, continuará basándose en la propiedad de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción y que la empresa estatal es y será la forma principal en la economía nacional, de cuyos resultados dependerá la construcción de nuestro socialismo”.

 

De manera que no hay duda: la nueva ley de inversiones extranjeras buscará salvar de su crisis terminal a la economía  del capitalismo monopolista de estado cubano. Esa mogolla que nos han querido vender por socialismo, donde la gran mayoría de las empresas pertenecen al estado, los trabajadores son asalariados y mal pagados, sin instancias independientes para defender sus derechos laborales, sin posibilidad alguna de influir en la dirección y gestión de las entidades y donde una elite burocrática vitalicia, nunca sometida al voto directo y secreto del pueblo, toma todas las decisiones económicas y políticas.

 

El capitalismo monopolista de estado que ha fracasado en todas partes donde se intentó, en nombre del “socialismo” estalinista, pretende ahora en Cuba que el capital internacional venga a sacarle las castañas del fuego, después de haber dilapidado todo el capital expropiado a las empresas extranjeras; a las nacionales, grandes, medianas y pequeñas y hasta de las cooperativas y mutuales que existían al triunfo de la revolución política de 1959 que cambio el gobierno dictatorial, sin restaurar la democracia y convirtió el capitalismo privado que existía en estatal.

 

Lo que debió conducir a un proceso de socialización de aquellos capitales, donde los trabajadores fueran participando cada vez más en la propiedad, la dirección, la gestión y las utilidades de aquellas empresas “nacionalizadas”, se fue convirtiendo en un mecanismo de centralización absoluta de la propiedad y las ganancias para ser manejadas en función de los intereses y decisiones de una pequeña elite que ha mandado en Cuba por más de medio siglo a base de una combinación de políticas populistas y represivas, denigrando los vocablos socialista y comunista.

 

Por el mal manejo burocrático de la economía de parte de los gobiernos de Fidel y Raúl Castro, toda la enorme ayuda multimillonaria de la ex URSS, todo el gran esfuerzo de los trabajadores cubanos en medio siglo y los grandes ingresos provenientes de la colaboración con Venezuela, no les han bastado para despilfarrar. Ahora quieren enamorar al capital extranjero, especialmente el norteamericano, del cual se divorciaron violentamente, ofreciendo seguridades y beneficios con plenas garantías.

 

Veremos cómo la ley se las arregla, para garantizar a los millonarios extranjeros que sus inversiones no serán de nuevo expropiadas, dilapidadas o no revertidas y al mismo tiempo “no hacer concesiones y no vender el país”. No hay nada como un día tras otro.

 

Sería una extraordinaria ingeniería de alquimia de los gobernantes cubanos, digna de aparecer en el museo a donde pondrán la vaca de mármol erigida en memoria de la célebre Ubre Blanca, aunque el litro de leche prometido por Raúl Castro, espere tiempos mejores.

 

Pero sobre todo, sería prodigioso que logren convertir el Mariel en el “crucero del mundo, donde las naciones respetuosas derraman las riquezas que a su paso han de crear”, sin que se levante el bloqueo imperialista, o ¿van a aceptar respetar todos los derechos humanos del pueblo cubano?

 

Un escrito de julio de 2008, recordaba (1) que el economista ruso E. Preobrazhenski, en su trabajo “Perspectivas de la Nueva Política Económica”  sentenció: “La alianza contra natura entre el estado socialista y el gran capital extranjero fracasa y es reemplazada por una alianza natural entre este último y todas las fuerzas burguesas de Rusia.” La Historia le dio la razón años después.

 

¿Fue simbolismo o ilusionismo que la rada del puerto de El Mariel fuera inaugurada con el atraque de un buque que traía un cargamento de pollo congelado, proveniente de EEUU para el monopolio comercial estatal-militar cubano?

 

Mientras tanto, la débil, limitada, maltratada y maniatada área verdaderamente socialista de la economía, las cooperativas y el trabajo por cuenta propia, no parece que vaya a recibir beneficios tangibles de esta nueva ley de inversiones.

 

Los cubanos ya estamos cansados de los mega-planes del gobierno “revolucionario” a costa de nuestro sudor. La deuda impagable de las próximas generaciones seguirá creciendo. El trabajo libre asociado seguirá encadenado. La burocracia político-militar, sus descendientes y más fieles seguidores seguirán viviendo la “dolce vita”. Los combatientes de las FAR y el MININT tendrán que seguir custodiando el patrimonio de la burocracia, en lugar de defender los intereses del pueblo y la nación cubana. La democratización de la sociedad seguirá siendo un sueño. La represión del pensamiento diferente, de la oposición y la disidencia, seguirán a la orden del día.  Los desposeídos se harán más pobres cada vez y la acumulación de insatisfacciones en todos los sectores seguirá creciendo… hasta un día. Y luego se culpará a la penetración imperialista.

 

El capitalismo monopolista de estado no tiene ninguna posibilidad objetiva de funcionar en el mundo moderno. Se ha demostrado. Pero el brillo del oro ciega. Quien no aprende de la Historia, está condenado a repetir sus errores…y desastres. Sigan, pero no en nombre del socialismo, no en nuestro nombre.

 

Viva Cuba libre. Socialismo por la vida.

 

1-P. Campos. Stalin previno la restauración capitalista. Pero se equivocó en el análisis de las causas. http://old.kaosenlared.net/noticia/stalin-previno-restauracion-capitalista

 

 

El general en su laberinto familiar

Alejandro Armengol

21 de marzo de 2014

 

Raúl Castro tiene la clara intención de perpetuar su clan, pero no parece interesado en dejar a su hijo al frente de esa especie de sultanato caribeño que ha creado

 

No son los Borgia y apenas se ajustan a la comparación con los herederos de Vito Corleone. Ajenos a los excesos —al menos en lo que se conoce de ellos— la comparación con una familia mafiosa vendría determinada por la figura paterna, no por la función de los hijos.

 

Esto no es más que una definición de momento, pero a estas alturas se necesitaría un posicionamiento mayor para afirmar lo contrario.

 

Raúl Castro tiene la clara intención de perpetuar su clan, pero no parece interesado en dejar a su hijo al frente de esa especie de sultanato caribeño que ha creado desde su llegada a la presidencia.

 

No estamos frente a la tradición norcoreana. Hay que recalcar que se trata de una valoración de momento, pero tiempo ha tenido para poner en práctica una sucesión directa acordada, como hizo con él su hermano.

 

Lo que sí roza su núcleo hogareño es a la típica familia disfuncional pequeño burguesa, aunque aquí tampoco se ajusta a la categorización clásica.

 

Más bien es una familia más, con su oveja negra, las diferencias comunes y los hijos que no llegan a la altura de los padres.

 

Es el poder lo que la hace distinta. El poder y el hecho de que, a diferencia de su hermano mayor, no ha ocultado a su familia durante años y no la ha mantenido alejada del gobierno.

 

Pero como en todo análisis de una familia, hay que comenzar por quien la encabeza.

 

A diferencia de Fidel Castro —al que solo la enfermedad y largos años de vida pudieron despojarlo del carisma— la fotogenia de Raúl languideció transcurridos pocos años de su juventud.

 

Al triunfo de la revolución destacó brevemente por su rostro lampiño en medio de tantos “barbudos” y su pelo recogido en una “cola de caballo” ambigua para la época, que produjo más de un comentario ridículo y mal intencionado en un país caracterizado por su machismo.

 

Pero pronto adquirió esa imagen poco agraciada que lo ha acompañado siempre. Fue su esposa, Vilma Espín, la que por un tiempo reflejó una belleza e inteligencia que también pronto opacó la pertenencia al poder y el desempeñar un rol al que se vio obligada.

 

Figura espuria que en ocasiones pareció destinada a una función de “primera dama” que nunca fue (ni Celia Sánchez logró ese papel, pero al menos ejerció una influencia real y aparente), más bien se limitó a un rol protocolar y a dirigir una organización pantalla, la Federación de Mujeres Cubana, que en el mejor de los casos no pasó de ser una agencia de empleos.

 

En otra época, en otro país, quizá Vilma hubiera llegado más lejos. Falleció en el 2007.

 

Mientras que Fidel Castro fue —y en cierta medida continúa siendo— todo un universo, Raúl se limita a él y su circunstancia. Nunca cupo la posibilidad de opacar a Fidel. Raúl es solo un cargo.

 

Sobre el entorno familiar de Fidel hay poco que decir, salvo el chisme de ocasión. De sus hijos, al primogénito siempre lo mantuvo en un papel secundario y en ocasiones lo apartó por completo. De los que tuvo con Dalia Soto del Valle, ninguno ha destacado en puesto oficial. Profesiones diversas apartes, dan la impresión de no ser solo ajenos al gobierno sino también al país. Más cercanos en sus características y modo de vida a cualquier “hijo de papá” de la Cuba anterior a 1959, todo hace presagiar que a la desaparición del padre se embarquen hacia el extranjero, a gastar la fortuna paterna que debe estar situada en bancos internacionales. Quizá en este destino ha influido de forma determinante la madre, pero en última instancia fue el propio Fidel quien prefirió que ningún descendiente lo apoyara, auxiliara o pretendiera sustituirlo. Aquí Raúl también es diferente al hermano, pero con matices.

 

Los hijos de Raúl

 

De los cuatro hijos del matrimonio Castro-Espín, el quedarse cortos es la frase que mejor los define. Las hembras son Deborah (nombre de guerra de Vilma con una “h” al final que denota herencia burguesa y americanización), Mariela y Nilsa.

 

Respecto a Deborah (la mayor, de unos 52 años), lo más notable a señalar es su matrimonio —al parecer infeliz— con Luis Alberto Rodríguez López-Callejas. Hay dos hijos de esa unión. El mayor es Raúl Guillermo Rodríguez Castro —conocido por el sobrenombre de “El Cangrejo”—, ayudante y guardaespaldas principal de Raúl Castro, y la menor es Vilma, ingeniera.

 

Mariela (de 51 años) se desempeña como la cara light de la revolución cubana y en particular a partir de la enfermedad de su tío pasó a desempeñar una función importante en el frente de propaganda del régimen, como defensora de los homosexuales.

 

Con un expediente de sexóloga e investigadora mayormente fabricado, asiste a conferencias y eventos internacionales para proclamar su independencia familiar y defender la nueva política de tolerancia hacia la orientación sexual, puesta en práctica por el gobierno cubano fundamentalmente después del éxito de dos filmes, Conducta impropia y Nadie escuchaba; los testimonios de la represión contra los homosexuales, que se entendió durante décadas del proceso revolucionario, dados a conocer principalmente tras el éxodo del Mariel y la notoriedad alcanzada por la obra del escritor Reinaldo Arenas.

 

De Nilsa (39 años, la menor), puede decirse que su pareja, Julio César Garrandez, fue detenido en el 2012 por corrupción. Este sería la “oveja negra” más conocida de la familia.

 

El hijo del matrimonio Castro Espín es el coronel Alejandro Castro Espín, de 48 años y coronel del Ministerio del Interior. Es el encargado de la labor represiva contra la corrupción, especialmente dentro del mismo gobierno, una de las principales campañas que lleva a cabo el general Raúl Castro desde su llegada al poder.

 

Dentro de las singularidades de esta familia está el hecho de que el actual gobernante cubano tenga no solo de ayudante, sino de guardaespaldas, a su nieto. El hecho denota una falta de confianza absoluta en su entorno, pero también refleja una situación singular. Por lo general es norma en los servicios de protección personal que sus miembros no establezcan una relación afectiva con quienes cuidan. Cabe la pregunta de qué piensa Raúl Castro en el caso de una situación de peligro. Está claro que sería capaz de sacrificar a su nieto para salvar la vida. Este sería el mejor ejemplo de disfuncionalismo familiar, pero no el único.

 

Rodríguez López-Callejas ha sido ascendido a general de brigada. Durante un tiempo circularon rumores de que había caído en desgracia no exclusivamente por las desavenencias matrimoniales, sino por el hecho —documentado por conocedores del entorno familiar de Raúl Castro— de que no solo ha engañado con frecuencia a su esposa, sino también ha abusado física y mentalmente de ella. También se ha hablado en repetidas ocasiones de las discrepancias entre el coronel Castro Espín y el ahora general de brigada.

 

Pero ocurre que al parecer Rodríguez López-Callejas es un buen administrador. A su cargo está no solo el Grupo de Administración Empresarial S. A. (GAESA), la rama de negocios de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) sino la supervisión de las obras de ampliación del mega-puerto del Mariel, el principal proyecto del plan económico de Raúl Castro.

 

A través de GAESA, las FAR controlan el 80 por ciento de la economía cubana, y sus empresas incluyen desde hoteles y restaurantes hasta fábricas y servicios aéreos.

 

Al parecer, en Raúl Castro ha pesado más que Rodríguez López-Callejas sea un buen administrador que un mal marido.

 

El valor de un grado

 

Desde 1959 en Cuba impera una dictadura militar. El ascenso de Rodríguez López-Callejas responde a ese hecho. Su actual rango no se deriva de méritos en combate sino evidencia una categoría de poder, y lo convierte en uno de los hombres más poderosos del país. Por encima de general de brigada solo hay tres grados: general de división, general de cuerpo de ejercito y general de ejército. Los dos primeros los tienen los miembros de un reducidísimo grupo. El único general de ejército es, por supuesto, Raúl Castro.

 

Podría argumentarse que el ascenso de Rodríguez López-Callejas es un ejemplo de la imparcialidad de Castro, que antepone los méritos (militares o administrativos) a la familia, pero en este caso estaría marcando un notable distanciamiento respecto a la práctica de favoritismo imperante a partir del primero de enero de 1959.

 

La explicación podría venir en otro sentido. Rodríguez López-Callejas siempre ha sido un preferido de Raúl Castro. En primer lugar porque es hijo de un intimo amigo de los Castro. Su padre, el general de división Guillermo Rodríguez del Pozo, integró el Ejército Rebelde desde la etapa de la lucha insurreccional en la Sierra Maestra. A ello se une ser el padre del nieto predilecto del gobernante cubano. En tercer lugar vendrían sus capacidades administrativa y la inteligencia que tiene los que lo conocen. Pero también entraría en juego el factor de que Raúl Castro, que ha sido catalogado por amigos y enemigos como un hombre de familia, no deja de ser un machista, que considera a la mujeres como secundarias en el núcleo familiar y tolera el abuso doméstico.

 

La gran incógnita aquí es el coronel Alejandro Castro Espín. Desde hace tiempo también corre el rumor de su posible ascenso a general, pero esto no se ha producido. Por lo pronto, queda claro que Rodríguez López-Callejas se le fue por encima.

 

Demasiado arriesgada es aún la especulación de que este ascenso a uno y no otro podría ser desencadenar algo más que simplemente alimentar la rencilla actual entre ellos, pero tampoco puede descartarse que este nuevo factor altera un inestable equilibrio de poder en un ambiente donde familia, gobierno y país se mezclan y confunden.

 

Quizá la conclusión más importante viene en otro sentido, y es que Raúl Castro prioriza la economía a diferencia de su hermano, pero una economía en manos de los militares. Así quedaría en claro una vez que en Cuba, primero los guerrilleros y ahora los militares son los que están en el poder. Y según Raúl Castro, llegaron para quedarse.

 

 

Lo que dice la gente en la calle

Eduardo Del Llano

11 de marzo de 2014

 

 El trabajador aquí no tiene salario, ni vacaciones, ni retiro, me dijo hace poco un taxista, un tipo de unos sesenta años con aspecto de haber bregado toda su vida. El salario no alcanza, con lo que pagan por vacaciones no se puede ir a ningún sitio, con el retiro no se vive, añadió, para concluir luego: esta gente no me ha enseñado nada.

 

 Hace un par de días un grupo de amigos se quejaba del ostracismo de la papa, el huidizo tubérculo que hace meses no se ve en los mercados, y cuando se encuentra es a precios feroces. Coño, es que lo anuncian con una tranquilidad, es así y ya, y a joderse, gruñía uno, adiós a las papitas fritas. Pero de qué te sorprendes, replicaba otro con humor amargo, no has aprendido nada en tantos años, acabaron con la industria azucarera, cómo no van a desaparecer la papa…

 

 Lo que dice la gente en la calle no es tan alarmante como lo que se da por sentado: que esto se jodió hace rato, que es un infierno tibio, que a los dirigentes no les interesa lo que el pueblo piensa, que la única solución es largarse, que hay que luchar el día y olvidar los proyectos de vida en territorio nacional. Hacemos este tipo de comentarios para que nos escuche cualquiera, no ya los allegados, asumiendo que todo el mundo piensa igual, lo que resulta cada vez más cierto, como en el viejo chiste de “caballeros, si van a hablar bien del gobierno háganlo bajito, que por aquí hay una pila de gusanos y se van a buscar un problema”.

 

 La desigualdad social y la desconfianza de la gente en quienes gobiernan son hoy en Cuba no sólo mayores que en cualquier otro momento de su historia reciente, sino más profundas que en muchos países democráticos, pues en esos siquiera persiste la ilusión de que todo puede cambiar en unos años. En lo que va de 2014, con los absurdos precios de los automóviles, la franciscana escasez en las tiendas, la indigencia informática, el paulatino deterioro del sistema de salud pública, los impuestos y la espada de Dámocles de la unificación monetaria, la impopularidad del gobierno no ha hecho sino aumentar. Demasiado tarde, demasiada desesperanza. Cada vez son menos los que aceptan acrítica e incondicionalmente el discurso oficial, que sigue empleando los tiempos verbales incorrectos: mucho pasado, mucho futuro y turbias gotas de presente; mirados de cerca, esos creyentes resultan ser gente rara, masoquista, robótica… u octogenaria. Se puede y debe defender la izquierda, pero ya es prácticamente imposible romper una lanza por Esto.

 

 Si el gobierno aún tiene una buena carta bajo la manga para hacernos felices de pronto -poniendo Internet barato en todos los hogares, vendiendo Peugeots a precios con tres ceros menos, centuplicando los salarios, eliminando restricciones, dejando en paz a los opositores, inundando los mercados con carne de res a cinco pesos la libra-  que lo haga ya, que nos sorprenda ahora, y todavía puede ser que se gane un aplauso. Y que empiece a nevar.

 

 

Autoritarismo e inopia de una carta abierta

Haroldo Dilla Alfonso

10 de marzo de 2014

 

Decir que el chavismo triunfa con un 60 % es una vulgar mentira que ningún articulista decente se permitiría

 

Las cartas abiertas han sido las hijas venidas a menos del género epistolar. Con las nuevas tecnologías de la comunicación se han masificado. Todo el mundo escribe cartas abiertas, y por eso se ha erosionado la maestría. Y de expresiones literarias han pasado a ser pasquines políticos.

 

Obviamente, una carta abierta no es un tratado académico, ni siquiera un ensayo que obliga a referenciar las ideas. Es algo más ligero. Pero por muy ligeras que sean, siempre se agradecen en ellas veracidad en lo que se afirma y coherencia en lo que se argumenta. Y creo que todo esto falló en la carta abierta dirigida a Rubén Blades, escrita por Guillermo Rodríguez Rivera (GRR) y publicada en su blog por Silvio Rodríguez con tanto cariño que muchos pensaron que era de él.

 

La admonición de GRR a Rubén Blades es un ejemplo de cómo toda una franja de la intelectualidad cubana ha decidido chapotear en la pobreza de la pobreza. Y ha hecho de sus miserias subjetivas una suerte de retiro virtuoso construido de malos cálculos, mentiras y retóricas edulcoradas. No obstante, no por ello esta carta es intrascendente, pues resulta un verdadero monstruo, de esos que genera la razón autoritaria que prevalece en la sociedad transnacional cubana (no solo en la Isla) y que constituye uno de los más serios escollos que enfrentará la futura república democrática.

 

Lo primero que llama la atención en la carta es la maestría de GRR para caricaturizar todo lo que no entiende. Y como no entiende casi nada de lo que afirma, toda la carta es una caricatura. Por ejemplo, se destaca la manera como percibe y trata de explicar lo que es una revolución, sus pertinencias y sus costos, que termina reducida a un pasquín heroico y emotivo sin ningún valor argumental. Y fuera de ella —donde existe una gama de actividades y posicionamientos políticos que ven el cambio de otra manera— simplemente menciona a “las encopetadas damas de la alta sociedad (que) salen a hacerle caridad a los que no tienen justicia”. De manera que para GRR la política aparece dividida en dos bandos: los radicales revolucionarios (entre los cuales me imagino que él se ubica) y los filántropos mojigatos.

 

También lo hace cuando se refiere al complejo binomio mayoría/minoría, y en particular cuando trata a esta última como un subproducto de la propia vida. Pero una minoría no es un residuo desechable, sino una parte del mundo que interpelamos, que merece un espacio y que eventualmente puede convertirse en mayoría. Esa es una regla vital de toda democracia.

 

Toda propuesta política —revolucionaria, reformista o conservadora— es susceptible de ser impugnada, y solo una visión reaccionaria de la vida puede creer que hay algo que no lo pueda ser, y que quien lo haga merece ser excomulgado. Eso fue lo que los atenienses entendieron cuando inventaron la democracia, y lo que los inquisidores medievales echaron por tierra cuando levantaron cánones divinos. Y esto último es lo que defiende GRR asombrosamente en nombre de una revolución.

 

Solo que, y aquí me detengo en los recovecos de la empiria, los conceptos de minoría y mayoría merecen ser tratados con cuidado particular en el caso de Venezuela. Es innegable que Hugo Chávez cultivó una cadena envidiable de triunfos electorales, sobre todo en la época de oro de su proyecto entre 2004 y 2008, pero siempre ganó sobre una minoría consistente superior al 40 %. Pero hace ya un tiempo que no es así, pues la crisis del modelo chavista —acentuada con su muerte— ha ido desgajando los apoyos.

 

Y en consecuencia, decir con GRR que el chavismo triunfa con un 60 % es una vulgar mentira que ningún articulista decente se permitiría, no importa cuan flexible sea escribir una carta abierta a un cantante y publicarla en el blog de otro.

 

En las elecciones presidenciales de 2012 —con Hugo Chávez en la arena— el oficialismo captó el 54 % de los votos; y en las de 2013 algo menos del 51 %, contra algo más del 49 % de la oposición. En todas ellas se usaron cuantiosos fondos públicos en apoyo de los candidatos oficialistas —ello es usual en muchos países de América Latina— pero en la última se usaron recursos inéditos: los provenientes del saqueo de supermercados y del adelanto de las navidades con los consiguientes pagos de regalías. Sin ellos —que marcan un límite acerca de lo que se puede hacer en unas elecciones— ese tenue 1 % se hubiera inclinado probablemente a favor de la oposición. En las elecciones municipales de diciembre/2013 el chavismo logró un poco más de un 49 %, y todo el espectro de oposición algo menos de un 51 %. Y en particular la oposición de la llamada Mesa Democrática arrasó en las principales ciudades del país.

 

Finalmente, es lamentable el desliz ético que implica mirar hacia el lado, como hace esta franja aquiescente de la intelectualidad cubana, y no observar la verdadera situación de la Isla: una economía decrépita, una política desgastada, una sociedad que se empobrece y una población que decrece. En lugar de esta mirada crítica necesaria —compromiso ineludible de todo intelectual— estas criaturas se deshacen en variaciones de un discurso gastado y conservador sobre utopías, peligros externos, narcisismos sin sentidos, y otras bagatelas especulativas. A pesar de que taxonómicamente se ubican en la izquierda, constituyen los ripios en desbandada de un pensamiento autoritario, retrógrado y contrarrevolucionario.

 

Y GRR hace todo esto magistralmente en su breve carta abierta, cuando con una abusiva flexibilidad ética, regresa a la actitud plañidera sobre las intolerancias de Miami (la mejor manera que tienen algunos intelectuales cubanos de no mirar a las intolerancias propias), para lo cual echa mano nada más y nada menos que a aquel incidente en que Oscar de León fue penalizado en el sur de la Florida por cantar en Cuba. Omitiendo que cientos de intelectuales y artistas cubanos no pueden ejercer profesionalmente en su país —en el que nacieron— y algunos ni siquiera pueden visitarlo.

 

La buena noticia es que GRR y sus patrocinadores no son parte de un futuro, sino de un pasado. El futuro está en otro segmento intelectual, que despliega una crítica creativa desde las diferentes esquinas de la producción intelectual, sin los atavismos ideológicos y emotivos de una generación que en algún momento nos dijo algo para quedar hoy sepultada en la inopia, por los tiempos y las costumbres.

 

 

La crisis venezolana y el futuro de Cuba

Ariel Hidalgo

7 de marzo de 2014

 

Lo más probable en este momento es una profunda preocupación en los altos mandos de Cuba. Un régimen que concentra casi la totalidad de bienes de producción en manos del Estado, es incapaz de sostenerse por sí mismo, pues al requerir de un enorme ejército de burócratas para administrar esos bienes es incapaz de controlarlos tan eficientemente como lo hacían antes miles de capitalistas, terratenientes y pequeños propietarios, realmente interesados en la conservación y productividad de todos esos bienes, ya que una propiedad que supuestamente es de todos, no es en realidad de nadie y en consecuencia lo que les interesa a esos funcionarios son las ventajas y el poder que le proporciona ese control. Los “faltantes” y “desvíos” reportados en numerosas auditorías constituyen sólo la punta del iceberg, pues esos auditores son también burócratas y por tanto tan corruptos como aquellos a los cuales auditan. En otras palabras, esa centralización propicia una corrupción generalizada que da lugar a una crisis estructural permanente, la que a su vez genera más corrupción en un ciclo repetitivo en espiral.

 

¿Entonces por qué ha podido mantenerse durante más de medio siglo? No sólo por la represión, sino sobre todo por contar siempre con dos factores: fuentes de sostenimiento económico y válvulas de escape de las presiones sociales. La fuente ha ido cambiando, primero el alto precio del azúcar en el mercado internacional y luego el subsidio soviético. Pero cuando ese precio cayó y el campo socialista desapareció, esa dirigencia se encontró de pronto sin fuente alguna y enfrentó el peligroso “período especial”.

 

¿Por qué no se derrumbó entonces? Por otro factor: la válvula de escape, consistente en éxodos masivos cuando los ciclos de corrupción-crisis alcanzaban su máxima expresión, generalmente cada catorce o quince años: Camarioca, Mariel y finalmente en 1994, tras la protesta del llamado maleconazo, el éxodo de los balseros. A partir de entonces ese recurso también deja de funcionar por la política estadounidense de devolver a Cuba a los refugiados interceptados en alta mar y una vigilancia marítima reforzada. Si suman, a partir de entonces, catorce o quince años más, caemos exactamente en la sucesión raulista.

 

Se recordará la alarmista frase de Raúl Castro de que “estamos al borde del abismo” y la afirmación de algunos académicos de la Isla de que el modelo cubano se ha agotado completamente. Había que buscar entonces un sucedáneo de las válvulas de escape migratorias: las reformas. Se comienza a aflojar las ataduras que frenaban las actividades económicas independientes y a conceder algunas migajas de libertades, pero el objetivo verdadero es crear expectativas de cambios entre la población y evitar la explosión social para mantener el control del Estado-Partido y de la burocracia sobre los principales bienes de producción, como se revela claramente en su reciente discurso en el XX Congreso de la CTC: “la empresa estatal es y será la forma principal en la economía nacional, de cuyos resultados dependerá la construcción de nuestro socialismo”. Al mismo tiempo, había surgido una nueva fuente de sostenimiento: el subsidio petrolero de la Venezuela chavista.

 

Analicemos ambos factores, válvula de escape y fuente de sostenimiento. Mesa Lago, el más prominente conocedor de la economía cubana en la Diáspora, declaró recientemente que muchas medidas tomadas para capear la crisis tienen más bien efectos adversos, que el salario real y las pensiones se han reducido considerablemente y que si el gobierno cubano pierde el subsidio venezolano, es imposible que sobreviva. De ahí que los militares cubanos en Venezuela salgan ferozmente contra los manifestantes. Según dos generales venezolanos retirados, la mayoría de los represores son cubanos, y los propios estudiantes denunciaron que los cubanos “nos atacan de manera vil y salvaje”.

 

Como contrapartida, la oposición busca la alianza simbólica con el héroe nacional cubano: su líder, Leopoldo López, despidiéndose de los manifestantes a la sombra de su estatua antes de entregarse a sus captores, y los estudiantes, disfrazando su imagen de manifestante, con carteles a sus pies y máscara con la bandera tricolor. Si se produce la caída de Maduro y las reformas terminan siendo contraproducentes, no será nada aventurado predecir otra primavera en la isla-llave de las Américas.

 

Infoburo@aol.com

 

 

El General no tiene quien le rectifique

Pedro Campos

pedrocampos313@yahoo.es

4 de marzo de 2014

 

El Coronel de la novela del Gabo no tenía quien le escribiera y luego de mil vicisitudes terminó en la miseria

 

Dijo Raúl el sábado 1 de marzo pasado, en una reunión del Consejo de Ministros, según Granma (1): “No es perfecto lo que hacemos, a veces nos falta experiencia en algunos temas y cometemos errores, por eso cada asunto tiene que estar sometido constantemente a las observaciones críticas”. … “nos hemos acostumbrado a que las indicaciones lleguen de arriba y eso debe cambiar. Los órganos de dirección, desde el municipio de Sandino hasta el de Maisí, tienen que emitir opiniones en el lugar adecuado, en el momento oportuno y de forma correcta”.

 

El Coronel de la novela de García Márquez no tenía quien le escribiera, nunca recibió la carta  con la pensión que esperaba y terminó en la miseria. El General Raúl Castro no tiene quien le rectifique su programa de “actualización” y pide a sus cuadros que hagan observaciones críticas. Se queja de que se han acostumbrado a esperar instrucciones de arriba. La miseria del pensamiento burocrático en Cuba, se ha hecho más que evidente.

 

No se pregunta Raúl por qué ocurre esto; pero él lo sabe. Él y la mayoría de sus cuadros son de origen militar, donde se aprende a cumplir órdenes sin cuestionarlas. Él y sus cuadros están acostumbrados a tratar como enemigos a todo el que piense diferente. El sistema político-económico cubano de ordeno y mando, de centralismo sin democracia, el predominio de la mentalidad neo-estalinista en el gobierno,  impiden la crítica.

 

¿Cómo quiere Raúl ahora, cuando ve que su “actualización” se empantana, que sus designados cuadros den opiniones?

 

¿A Raúl sólo le interesa conocer las opiniones de sus cuadros, que no quieren o no tienen qué opinar?

 

¿No le interesan todas las críticas, el montón de propuestas y análisis hechos por la amplia Izquierda Socialista y Democrática cubana que incluye filósofos, economistas, psicólogos, historiadores, juristas, médicos, diplomáticos, militares, escritores, poetas, periodistas y profesionales de todas las ciencias y las artes y de diversas tendencias políticas, formados en el propio seno del proceso revolucionario y regados por todo el país; pero todos excluidos de las palancas de poder?

 

¿No le interesan las modestas  observaciones de la propia prensa oficial?

 

Es evidente que la economía cubana va por el mismo camino del gallo del coronel del Gabo, quien vendió todo lo que tenía y se arruinó para tratar de alimentarlo en función de la pelea que nunca echó, y –al parecer- nuestro General Presidente ha empezado a percibir señales de que todo lo que ha estado haciendo con la “actualización” puede llevarlo a los mismos resultados.

 

Es la consecuencia de rodearse de aduladores y “leales” que no saben o no se atreven a rectificarle nada pues los osados que se han resuelto a decir algo que no le gusta o no le “cuadra”, son licenciados, destituidos o enviados a cumplir “misiones importantes” a buena distancia  donde lo que digan no pueda ser oído por nadie.

 

Es un mal de familia y del sistema que se basa en el monopolio del poder total.

 

Nosotros desde las posiciones del SPD (Socialismo Participativo y Democrático), como parte de esa amplia Izquierda Socialista y Democrática hemos tratado de ayudarle a encontrar el camino, pero nuestras propuestas son olímpicamente ignoradas o contempladas en forma parcial, sesgada o dispersa. 

 

A falta de una concepción integral política-económica y social para enfrentar la situación, los que mandan –gobernar es otra cosa-  en Cuba  hace más de medio siglo, acostumbrados a imponer sus criterios, que han llevado a sus dóciles servidores a aceptar todo cuanto baje de arriba, se encuentran ahora con un vacío de criterios entre sus “cuadros”.

 

Si realmente el Presidente quiere oír algo más que aplausos y alabanzas a sus políticas, va a tener que salirse de sus subordinados y hacer lo que no ha querido: leer, oír, debatir los criterios expuestos por la amplia Izquierda y por los opositores y disidentes a los que ha reprimido en forma  enmascarada, abierta o violenta.

 

Y eso solo puede hacerlo si abandona su vieja mentalidad e inicia un proceso de democratización de la sociedad cubana que permita la libre expresión del pensamiento vario pinto. Tendría que abrir la prensa del partido, la oficial, la única aceptada en Cuba, al pensamiento diferente. Abrir el debate democrático, siempre postergado, sobre el tipo de sociedad que el pueblo cubano desea.

 

En verdad, dudo que lo haga. Pero si lo hiciera, todos los cubanos de buena voluntad deberíamos estar dispuesto a participar.

 

Como el coronel de la novela, que gastaba todo lo que tenía  en alimentar el  polluelo fino,  a costa de sumir su familia en la miseria… el gobierno de los militares está dejando al pueblo sumergido en necesidades, aumentando arbitrariamente los precios, bajando los salarios reales, haciendo descender la producción en todos los órdenes, con  los pa’lantes y pa’tras que no acaban de ofrecer resultados tangibles, todo en función del “triunfo de la actualización” que pretendiéndose socialista, se sustenta en medios y vías neo-capitalistas estatales. Ni fu, ni fa.

 

Con los más recientes pilares presidenciales de la “actualización”: la empresa estatal asalariada “socialista” seguirá siendo el eje de la economía; mientras no se aumente la producción no subirán los salarios y es necesario que la burocracia designada desde arriba obligada y acostumbrada a no opinar, ahora critique, Sr Presidente no hay socialismo, ni prosperidad ni sustentabilidad posibles.

 

Viva Cuba libre. Socialismo por la vida.

 

1- http://www.granma.cubaweb.cu/2014/03/03/nacional/artic03.html

 

 

El huevo y la gallina, otra vez

Dimas Castellanos

4 de marzo de 2014

 

Raúl Castro volvió a tocar el tema de la insuficiencia salarial en el Congreso de la CTC, pero a su gobierno le falta voluntad política para restablecer las libertades ciudadanas

 

En la clausura del XX del Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba, el Primer Secretario del Partido Comunista, general Raúl Castro, abordó, entre otros temas, el de la insuficiencia del salario.

 

Según sus palabras, el sistema salarial cubano “no garantiza que el trabajador reciba según su aporte a la sociedad, […] no satisface todas las necesidades del trabajador y su familia, genera desmotivación y apatía hacia el trabajo, influye negativamente en la disciplina e incentiva el éxodo de personal calificado hacia actividades mejor remuneradas, desestimula la promoción de los más capaces y abnegados hacia cargos superiores”.

 

También reconoció Castro que las “pensiones son reducidas e insuficientes para enfrentar el costo de la canasta de bienes y servicios”, y concluyó el tema diciendo que “para distribuir riqueza, primero hay que crearla y para hacerlo tenemos que elevar sostenidamente la eficiencia y la productividad”.

 

El problema salarial ya ocupó un lugar central a partir del 24 de febrero de 2008, cuando Raúl Castro, designado presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, esbozó un programa de cambios que comprendía varias necesidades urgentes, entre ellas: fortalecer de forma sostenida la economía nacional, satisfacer las necesidades básicas de la población, reevaluar progresivamente el peso cubano y recuperar la función del salario.

 

Unos días después de anunciado dicho programa, en un artículo de opinión titulado ¿El huevo o la gallina?, expuse mi criterio acerca de la gran dificultad para su implementación: “solo se puede distribuir lo que se ha producido, el punto de inicio se sitúa en el aumento de la producción, la productividad y la eficiencia. Sin embargo, en el estado actual de deterioro, la mayoría de los cubanos no quieren trabajar por un salario que no guarda ninguna relación con el costo de la vida y donde las promesas de futuro, después del fracaso del modelo vigente, no llenan las expectativas de los productores. Como resultado el punto de partida constituye una contradicción: sin aumento de la producción no habrá mejoría en las condiciones de vida; a la vez, si las condiciones de vida no mejoran la gente no está en disposición de producir”.

 

Transcurrido seis años de aquel momento, nos encontramos en el mismo punto, con la diferencia de que el problema ha empeorado por cinco razones:

 

1-    El aumento de los precios ha generado una disminución considerable del salario real.

 

2-    La demora en hallar soluciones ha agudizado la indisciplina laboral y el desinterés por el resultado productivo.

 

3-    La moral ha continuado deteriorándose.

 

4-    La desesperanza y la apatía se han generalizado.

 

5-    Los trabajadores privados, llamados “cuentapropistas”, obtienen ingresos superiores a los estatales, lo que hace más evidente la insuficiencia salarial y la incapacidad del Estado.

 

Resulta que el salario mínimo tiene que ser suficiente para satisfacer lo que Diego Vicente Tejera —fundador del socialismo democrático en Cuba en la frontera de los siglos XIX y XX— llamó “necesidades naturales”: costos de habitación, vestuario higiénico y decente, y alimentación sana y suficiente, a lo que le agregaba un tercio para cubrir gastos de enfermedad e imprevistos.

 

En su obra Un sistema social práctico, Tejera definió cinco estados sociales: miseria, pobreza, comodidad, riqueza y opulencia. En la miseria ubicaba a los que carecían de lo más elemental para satisfacer las necesidades naturales y en la pobreza a los que disponían de lo estrictamente necesario para ello. De acuerdo a su esquema, no con el salario mínimo —del cual nunca se habla en Cuba— sino con el salario medio, algo más de 460 pesos, es imposible satisfacer dichas necesidades, pues en un núcleo familiar de tres miembros, donde dos de ellos trabajen, se requiere aproximadamente de 2.400 pesos.

 

Esa abismal diferencia entre salario y costo de la vida explica en buena medida el predominio de la moral de sobrevivencia, la corrupción generalizada y la insuficiencia productiva.

 

Ahora, pasado el tiempo, se reitera el dilema del huevo o la gallina: para distribuir riqueza primero hay que crearla y para hacerlo tenemos que elevar sostenidamente la eficiencia y la productividad. Pero resulta que esa verdad de Perogrullo, que funciona en cualquier economía, debido a las distorsiones sufridas en Cuba, no funciona ni funcionará, lo que indica que la solución está en otra parte. La crítica y prolongada crisis de nuestra economía demanda una salida para lo cual hay que tener en cuenta los siguientes requerimientos:

 

1-    Reconvertir la tecnología obsoleta, lo que implica la búsqueda de inversionistas (Si la nueva Ley de Inversiones mantiene la exclusión de los cubanos, no habrá solución.)

 

2-    Cambiar lo que sea necesario en el predominio de la propiedad estatal y el sistema de planificación, dos factores que han conducido al estancamiento en que se encuentra el país.

 

3-    Abandonar el contraproducente esquema de ordeno y mando, donde los trabajadores y la sociedad en su conjunto son concebidos como un medio para ejecutar la política acordada por el partido gobernante.

 

4-    Erradicar definitivamente el subjetivismo y la subordinación a la ideología de las leyes que rigen los fenómenos económicos.

 

5-    Reconocer la insuficiencia de los salarios y proceder a su aumento gradual.

 

6-    Destrabar todo lo que desde la ideología se interpone al avance, incluyendo el derecho de los cubanos a ser propietarios de medios de producción y a conformar un empresariado nacional.

 

Sin al menos esos requerimientos, no habrá solución a la insuficiencia salarial y en consecuencia continuará el declive de la producción y la erogación de millones de dólares para comprar en el exterior lo que se puede producir en el país. Se requiere precisamente de lo que se adolece, de la voluntad política para profundizar las reformas hasta el restablecimiento de las libertades y el resurgimiento del ciudadano.

 

 

¿A dónde va la nación cubana?

Manuel Cuesta Morúa

27 de febrero de 2014 

 

¿Qué sentido tiene eso de revolucionarios y contrarrevolucionarios, cubanos buenos y cubanos malos? Cuba es de todos los cubanos

 

La pregunta básica que parece debemos hacernos todos los cubanos sensatos es precisamente esta: ¿a dónde va la nación cubana?  Casi todo el mundo coincide, para decirlo popularmente, en que estamos seriamente embarcados. Y como del embarque hay que salir de un modo razonable y civilizado, mucha gente, más allá de ideologías, se dan a la tarea de pensar y discutir, leer y releer, y sobre todo de imaginar, los posibles escenarios y los actores previsibles y necesarios que nos posibiliten desembarcar en la playa menos angosta.

 

Hasta donde he podido indagar, leyendo todos los programas alternativos y gubernamentales que me han caído en la mano, la conclusión de todo es una: necesitamos un nuevo país y la refundación de nuestro proyecto nacional. Una conclusión para la que no hay que estudiar mucho si se parte de la más sencilla de las premisas: Cuba es de todos los cubanos.

 

Lo curioso y paradójico es que esta premisa sencilla se olvida de tanto en tanto. Como hemos sido atrapados por procesos políticos muy duros, la gente se acostumbró y dejó impresionar e intimidar, en una acera del conflicto, por la idea de que Cuba pertenece a un grupo “muy especial” de personas que se dan en llamar revolucionarios. Cubanos y extranjeros, todos, hemos aceptado esta clasificación, que puede tener mucha densidad y categoría, pero que no coincide con la cultura y la nacionalidad, que son las dos primeras condiciones de pertenencia a Cuba y a cualquier nación, y por encima de las cuales todo lo demás puede ser daño o beneficio colaterales, según el ángulo de posición.

 

Todavía hoy, después del desgaste casi grotesco de todos los significados más respetables del concepto de revolución  —lo de la Venezuela es de espanto—, mucha gente se pone a la defensiva cuando pide cambios para su país, diciendo que ellos no son contrarrevolucionarios si tienen que enfrentar el ataque psicológico del mentalismo revolucionario. No perciben así que el término contrarrevolución en Cuba puede adquirir ya la misma connotación que el término mambí, peyorativamente empleado por los españoles en el siglo XIX para referirse a los insurrectos cubanos, es decir a los independentistas. Esto vendría a significar que todavía están atrapados por la clasificación de los otros, sin discernir que el poder de la semántica coincide aquí, no tan extrañamente, con el poder de las armas. Y así no se vale. Al menos en el campo de las palabras y de las ideas.  Nos ha faltado en este sentido fuerza mental.

 

Sobre la otra acera del conflicto, entre el mundo oficial y oficioso, aparece también la lógica impresionista e intimidatoria, ya no con una clasificación ideológica  ―al final de la historia Cuba es una de las naciones más débiles ideológicamente, si no confundimos la cosa con el fanatismo―  pero sí con criterios morales: buenos y malos cubanos, plattistas o antiplattistas, clasificaciones todas que intentan posicionar en la arrancada del nuevo reparto del país a los que de algún modo ostentan poder.  Si a los pobres de la isla, que forman legión, se les ocurriera ponerse de acuerdo para clasificar a los de arriba, ¿tendría ello algún impacto en el ámbito político? La pregunta es retórica porque todos conocemos la respuesta. 

 

En todo caso, y más allá de esta discusión, la pregunta fundamental que debemos hacernos para no dejarnos impresionar por nada ni nadie es: quién define qué. Y la nación no la define un grupo autolegido, sino el ciudadano: el único legitimado para tales empresas. Simplemente la revolución como fuente de derecho, tal y como la definió el jurista español Jiménez de Asúa, es una concepción reaccionaria. Lo que tal jurista y sus seguidores pasaron por alto, quizá convenientemente, es que llega el momento en el que las revoluciones se hacen del poder, y ahí, desafortunadamente, no han diferido ni de las formas ni de las justificaciones de los modelos políticos más tradicionales. En muchos casos  —el de Cuba es especial en este sentido—  han revivido modos y fundamentaciones que se suponían sepultadas por la modernidad. Una ironía simpática es que, una vez en el poder, las revoluciones utilizan sin tapujos y profusamente los conceptos de subversión y estabilidad para defenderse de sus adversarios. Los conceptos políticamente menos revolucionarios que podrían existir y que harían aplaudir a Metternich, aquel canciller austriaco del siglo XVIII que logró la confabulación más estruendosa y fina contra la Revolución Francesa.

 

Y este análisis vale para los nuevos clasificadores, que curiosamente provienen del mundo religioso, muy dados al maniqueismo y a la autoconvicción de que ostentan la llave que conduce al juicio moral sobre el resto de los mortales. Una pretensión ciertamente injustificada.

 

Ante la fuerza del diseño criollo de nación, y de su mentalidad de base, me gustaría insistir en una constatación esencial: el ciudadano es el legitimador por excelencia, la fuente de derecho clave, si en verdad queremos evitar el regreso a los Estados de origen más o menos divino.

 

Si nuestra autorreflexión acerca del lugar en qué nos movemos, en torno a quiénes somos, de dónde venimos, y del momento exacto en el que estamos, pierde de vista aquella constatación, desaparece el único criterio orientador que puede conducirnos a la reinvención del país y de la nación sobre bases sólidas, duraderas y estables .

 

Las naciones muy diversas y plurales no maduran ni adquieren coherencia cuando ocultan y apartan al ciudadano. Por ello Cuba se perdió como proyecto de nación y viene terminando en una autocracia más o menos inculta, que a ciencias cierta no sabe qué hacer con el país, aparte de reprimir a sus ciudadanos.

 

El problema es el siguiente: solo se puede mirar, pensar y concebir a una nación como familia cuando es étnica y culturalmente homogénea. Y esto por ese lapso histórico en el que determinadas naciones pueden protegerse de la invasión de la modernidad, es decir de los derechos y las libertades al interior de las familias patriarcales. Pero cuando en un país es poblado por familias de diverso origen étnico y cultural, y de orientación plural, fracasa como nación si intenta fundarse sobre la dominación de una de sus familias culturales. Eso nos venía ocurriendo desde nuestra llegada al mundo, con lapsus muy pequeños de vida civilizada y moderna, hasta que llegó la familia del Comandante “y mandó a parar”.

 

Desde entonces nuestro proyecto de nación viene languideciendo, y cayendo subrepticiamente en las manos abiertas y reposadas de los Estados Unidos y de España: dos naciones que sí saben lo que quieren y a donde van. Es ciertamente penoso admitir que nuestra derrota como proyecto de nación está por aquí casi completa. 

 

El asunto es tan serio que no deja de asombrarme ver a la elite oficial cubana cómo trabaja con esmero, y sin conciencia clara de lo que hace, a favor del proyecto  Siglo XXI de los Estados Unidos de América. Ignorar que el nuevo puerto del Mariel solo tendría sentido inscrito en la ruta de dominación norteamericana y su nueva redefinición energética, e ignorar que ello se asocia al  progresivo despoblamiento ordenado del país, que nos ata irremisiblemente a los contispados y fiebres de la sociedad norteamericana, solo es posible cuando la información analíticamente evidente es desdeñada por la arrogancia inmadura de quienes pierden dos sentidos fundamentales: el de realidad y el de los límites.

 

Ante estos hechos, ¿qué sentido tienen eso de revolucionarios y contrarrevolucionarios, cubanos buenos y cubanos malos, plattistas o antiplattistas? Madurar es condición necesaria para presentarnos más o menos equipados ante los momentos de crisis. Eso requiere un cambio de lenguaje y el uso apropiado de los términos adecuados a cada momento.

 

Yo, que no le reconozco preeminencia de juicio moral a la elite cubana, cualquiera sea su origen o ámbito, me oriento exclusivamente por el concepto, el valor y el eje del ciudadano para todos los asuntos que tienen que ver con Cuba.  Lo demás, por muy importante que pueda ser, únicamente tiene un valor agregado, si lo tiene, para beneficio de la cultura.

 

 

Sin prisa… y sin resultados

Dimas Castellanos

25 de febrero de 2014

 

La contradicción entre aumentar la producción agrícola y evitar la formación de un empresariado nacional sigue lastrando la entrega de tierras ociosas.

 

En el alegato La historia me absolverá, en 1953, Fidel Castro abordó uno de los aspectos raigales pendientes de solución en el país: el tema de la propiedad agraria. En esa oportunidad anunció como prioridad de su programa la entrega de tierra en propiedad a todos los que ocupasen parcelas de cinco o menos caballerías[1]; un proyecto de corte nacionalista y democrático que tuvo un primer episodio en octubre de 1958, cuando en plena etapa insurreccional se dictó una Ley desde la Sierra Maestra. Una vez tomado el poder, en mayo de 1959 y octubre de 1963 se promulgaron dos leyes mediante las cuales se entregaron títulos de propiedad a unos cien mil campesinos, pero el Estado concentró en sus manos el 70% de las tierras cultivables del país.

 

El nuevo monopolio de la tierra y la eliminación de las instituciones de la sociedad civil relacionadas con la actividad agropecuaria generaron un decrecimiento progresivo de la eficiencia agrícola, mientras alrededor del 40% de las tierras productivas del país devinieron ociosas; una involución que estuvo solapada hasta que Cuba perdió los subsidios procedentes de la Unión Soviética. A partir de entonces el país ha tenido que erogar, de forma creciente, millones y millones de dólares para adquirir en el mercado exterior alimentos producibles en Cuba.

 

Ante la manifiesta deficiencia de la producción agrícola, cinco meses después de ocupar la presidencia del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros, el General Raúl Castro, consciente del deplorable estado de la economía agrícola, expresó enfáticamente: “¡Hay que virarse para la tierra! ¡Hay que hacerla producir!” Y agregó que muy pronto se dictarían “las disposiciones legales para iniciar la entrega en usufructo de tierras ociosas a quienes estén en condiciones de ponerlas a producir de inmediato”.

 

Una semana después de su discurso, la Gaceta Oficial de Cuba publicaba el Decreto Ley 259 con ese objetivo. La medida, que por su contenido no podía resolver un problema tan grave, podría haber sido válida si se le hubiera concebido como un primer paso de un largo camino a recorrer, para lo cual se requería de una fuerte voluntad política para encarar el histórico problema de la propiedad agraria en Cuba, agudizado durante el gobierno revolucionario por el fomento del latifundio estatal.

 

Por su contenido, el Decreto Ley 259 de julio de 2008, dictado desde la óptica totalitaria, evadió la raíz del problema. El mismo se limitó a entregar en usufructo pequeñas parcelas de una hasta tres caballerías de tierra infectadas de marabú, y acompañadas de múltiples prohibiciones como la imposibilidad de construir viviendas, almacenes y otras instalaciones y de contratar fuerza de trabajo. Lo absurdo fue que el Decreto-Ley, emitido para atacar una ineficiencia cuya primera causa radica en la incapacidad del Estado para hacer producir la tierra, se limitó a entregar parcelas en calidad de usufructo, es decir, de disfrute de un bien ajeno, mientras el Estado ineficiente se reservó el derecho a conservar la propiedad. Los resultados obtenidos en esas condiciones no se hicieron esperar.

 

Sin embargo, aunque dicho Decreto-Ley carecía de vitalidad para producir el vuelco que reclamaba el deprimente estado de la economía agrícola, su promulgación contenía de forma implícita el reconocimiento de la necesidad de cambios. Su falta consistió en ignorar la tenencia de la propiedad en manos de los productores y mantener supeditada las decisiones económicas a la política. Por sus irrisorios resultados, en un zigzagueante proceso sin la voluntad política requerida, en diciembre de 2012 fue derogado y sustituido por el Decreto-Ley 300.

 

La nueva medida avanzó en algunos aspectos como la permisibilidad para la construcción de viviendas, almacenes y otras instalaciones; brindó determinadas facilidades para la contratación de fuerza de trabajo familiar, trabajadores eventuales y permanentes; y extendió la entrega hasta cinco caballerías, aunque limitada a aquellos que ya poseían en tierras y estuvieran vinculados a entidades con personalidad jurídica: Granja Estatal, Unidades Básicas de Producción Cooperativa y Cooperativa de Producción Agropecuaria.

 

El Decreto-Ley 300 arrastró la decisión de mantener el control monopólico del Estado sobre la propiedad y la supeditación de los productores. En su artículo 11 reza que los usufructuarios pueden integrarse como trabajadores a una Granja Estatal con personalidad jurídica, o como cooperativista a una Unidad Básica de Producción Cooperativa o a una Cooperativa de Producción Agropecuaria, para lo cual “el usufructuario le cede el derecho de usufructo sobre las tierras y las bienhechurías a la entidad a la cual se integra, la que evalúa la conveniencia o no de que aquel continúe trabajando esas tierras”. Además, el Decreto-Ley 300 conservó otras limitaciones como el acceso a insumos y servicios a los no vinculados a las entidades mencionadas, con una desventaja manifiesta para las personas naturales en cuanto al término de duración del contrato. Tales limitaciones pusieron nuevamente de manifiesto la ausencia de voluntad política y la insalvable contradicción entre hacer producir la tierra y evitar la formación de un empresariado nacional.

 

Ante el nuevo fracaso, pero atemperados al eslogan de “sin prisa pero sin pausa”, en enero de 2014 se hizo público el Decreto-Ley 311, que modifica al 300, para hacer extensivo la entrega de hasta cinco caballerías al sector más productivo del campesinado, a las personas naturales vinculadas a las Cooperativas de Créditos y Servicio, los cuales fueron excluidos en la anterior legislación. Sin embargo, la entrega depende de que en el municipio solo existan cooperativas de créditos y servicios; y b) las granjas estatales con personalidad jurídica, unidades básicas de producción cooperativa y cooperativas de producción agropecuarias existentes en el municipio estén ubicadas a una distancia superior a cinco kilómetros del área solicitada.

 

La causa no explícita en la información publicada, consiste en que después de entregadas 1.500.000 hectáreas de tierras ociosas desde que se dictó el Decreto Ley 259 en el año 2008, además de no haberse reportado un aumento significativo en la producción, aún existe alrededor de un millón de hectáreas ociosas de los 6,3 millones de hectáreas con que cuenta el país. El resultado nos recuerda aquella afirmación martiana: “Cuba tiene un potencial enorme y puede ser rica, pero ello es imposible si sus habitantes no pueden ser ricos también”.

 

[1] 1 caballería equivale a 13,4 hectáreas

 

 

Un congreso obrero sin sindicatos

Dimas Castellanos

18 de febrero de 2014

 

El jueves 20 de febrero seremos testigos de un acontecimiento, que por repetitivo no deja de ser insólito. Ese día se iniciará en La Habana un congreso obrero sin sindicatos.

 

Surgidos para defender los intereses de los obreros frente a los patronos, con métodos que van desde las huelgas hasta las negociaciones colectivas, los sindicatos constituyen una expresión de la modernidad. Sus primeras manifestaciones en Cuba tuvieron lugar en la segunda mitad del siglo XIX, en los conflictos en la industria tabacalera, la fundación de los primeros periódicos obreros y la creación de las primeras asociaciones.

 

Aunque ya en 1887 se celebró un congreso obrero, fue a partir de la Ley General de Asociaciones de 1888 que se generalizó. En 1892 tuvo lugar el primer congreso con delegaciones de casi todas las provincias y en 1899 se fundó la Liga General de Trabajadores Cubanos (LGTC), la cual desempeñó un destacado papel en la lucha por la disminución de la jornada laboral y el aumento salarial.

 

En la República, con los derechos-libertades refrendados en la Constitución de 1901, los paros laborales se extendieron por toda la Isla. Desde la huelga de los aprendices en 1902, iniciada contra la exclusión de los aprendices cubanos en las tabaquerías, pasando por la huelga de la moneda en 1907, para reclamar el pago en moneda norteamericana, hasta la de los centrales azucareros de la zona de Niquero en 1912. Resultado de esas luchas, en 1903 se declararon los días feriados; en 1909 la jornada de ocho horas para los mecánicos, operarios y jornaleros empleados del Estado; y en 1910 se promulgó la Ley Arteaga, que prohibió el pago de salarios en los vales o fichas que obligaban a comprar en determinados establecimientos.

 

En las siguientes décadas, con el fortalecimiento y la generalización del sindicalismo cubano aumentaron las huelgas y surgieron nuevas formas de lucha. Por ejemplo en 1924, para canalizar los conflictos obrero-patronales por los embarques de azúcar, se dictó la Ley que creó las Comisiones de Inteligencia Obreraen todos lospuertos del país —con poderes legislativos y ejecutivos—, integradas por patronos y obreros y presididas por el Juez de primera instancia del lugar, cuyas decisiones eran de inmediato cumplimiento.

 

Cinco ejemplos ilustran la fortaleza adquirida por el sindicalismo: La creación en 1925 de la Confederación Obrera de Cuba (CNOC), primera institución de ese tipo con carácter nacional; el decisivo papel desempeñado en el derrocamiento del gobierno de Gerardo Machado en 1933; la huelga de los empleados de la Secretaría de Comunicaciones en 1934, que fue respaldada por otros sectores y terminó con el triunfo; la creación de la Secretaría del Trabajo en 1934; y la huelga de marzo de 1935, que comenzó por una protesta de maestros y estudiantes y terminó con características de levantamiento popular.

 

Esos y otros muchos episodios se concretaron en las legislaciones obreras que comenzaron con el Decreto 276 de enero de 1934 y culminaron con el Decreto 798 de abril de 1938, el Código de Trabajo cubano más avanzado hasta hoy. Esos logros se complementaron con la fundación de la Confederación de Trabajadores de Cuba en enero de 1939 y la promulgación de la Constitución de 1940, la cual refrendó en 27 artículos los derechos individuales y colectivos del trabajo obtenidos en las luchas, desde el salario mínimo hasta el derecho de huelga, pasando por el descanso retribuido de un mes por once de trabajo, la jornada máxima de ocho horas y las semanas de 44 horas de trabajo con pago de 48.

 

En 1945, con medio millón de afiliados, la CTC era la segunda central sindical más grande de la región. Muchas de sus demandas se convertían en leyes. Y se adquirieron locales propios como el edificio de Carlos III, construido por el Retiro de Plantas Eléctricas y arrendado a la Compañía de Electricidad; el Habana-Hilton, construido por el Retiro Gastronómico; un reparto para trabajadores emprendido por el sindicato de Artes Gráficas, y el inició de la construcción del Palacio de los Trabajadores, con aportes de los afiliados.

 

Del golpe del 52 a la ‘CTC-Revolucionaria’

 

El Golpe de Estado de 1952 propinó un fuerte golpe al sindicalismo. Su Secretario General, Eusebio Mujal, ordenó una huelga contra el golpe, pero después de una entrevista con el Ministro de Trabajo retiró la orden a cambio de conservar los derechos adquiridos por los trabajadores, respetar en sus cargos a los dirigentes sindicales y mantener el statu quo de la CTC. El miedo a la fuerza de los sindicatos hizo que Fulgencio Batista dictara algunas medidas de beneficio para los trabajadores, como fueron la prohibición de la mecanización del torcido del tabaco y el aumento del salario mínimo en 1958, para disuadir a los trabajadores de participar en la huelga convocada por el Movimiento 26 de Julio, medida con la cual el salario de los trabajadores urbanos de la capital se elevó a 85 pesos, en otras ciudades a 80, y fuera del perímetro de la ciudad a 75, cuando un peso equivalía a un dólar.

 

Aunque en diciembre de 1958, bajo la dirección del Movimiento 26 de Julio, se celebró la Conferencia Nacional de Trabajadores Azucareros, mediante un Decreto emitido por el recién instalado gobierno revolucionario, el 22 de enero de 1959 la CTC fue disuelta y sustituida por la CTC-Revolucionaria, que constituyó el primer paso en el proceso de desnaturalización del sindicalismo.

 

En el X Congreso de la CTC-R (noviembre de 1959) el candidato para Secretario General, David Salvador, expresó que los trabajadores no habían ido al evento a plantear demandas económicas sino a apoyar a la revolución, y en franca violación del  convenio 87 de la OIT[1] se procedió a la elección de la directiva en presencia del jefe del Gobierno, mientras el Ministro del Trabajo fue investido de las facultades para despedir dirigentes sindicales e intervenir sindicatos y federaciones. En el XI Congreso (noviembre de 1961) por vez primera se postuló un solo candidato para cada puesto y se renunció oficialmente a casi todos los logros alcanzados. Para el XII Congreso (agosto de 1966), la propuesta de su celebración fue sometida al Buró Político del Partido Comunista. En este congreso Lázaro Peña fue sustituido, pero por la decadencia del sindicalismo fue devuelto al cargo en el XIII Congreso (1973) y bautizado como Capitán de la clase obrera, como si la CTC fuera una unidad militar. Finalmente la pérdida de autonomía asumió carácter legal en la Constitución de 1976, en la que se declara que todo el poder pertenece al pueblo trabajador, pero ignorando los logros reconocidos en la Carta Magna de 1940.

 

Derechos y libertades

 

Tres hechos son suficientes para demostrar la ausencia de sindicatos en Cuba.

 

1- En  septiembre de 2010 la CTC apoyó los despidos laborales con un documento que decía: "Nuestro Estado no puede ni debe continuar manteniendo empresas, entidades productivas, de servicios y presupuestadas con plantillas infladas, y pérdidas que lastran la economía", sin mencionar nada respecto a los verdaderos problemas de los trabajadores.

 

2- Durante los preparativos del XX Congreso, el miembro del Buró Político y vicepresidente del Consejo de Estado, Salvador Valdés Mesa, ha reiterado: que entre los principales retos del evento estará definir la real participación de los trabajadores en la gestión económica; que la plataforma económica, política y social de "la revolución" quedó definida en los Lineamientos aprobados en el último Congreso del Partido; y que al movimiento sindical le corresponde movilizar a los trabajadores para materializar esos acuerdos.

 

Finalmente, en el Pleno 93 del Consejo Nacional de la CTC de mayo de 2013, presidido por el Segundo Secretario del PCC, se designó a Ulises Guilarte, primer secretario del PCC en la provincia Artemisa, para presidir la Comisión Organizadora y en consecuencia ser el próximo Secretario General de la CTC.

 

La autonomía al sindicalismo es lo que el oxígeno a los seres vivos. Para que un evento obrero en Cuba se pueda denominar como congreso obrero, hay que comenzar por restituir los derechos y libertades para su existir, funcionar y representar a los trabajadores y no los proyectos de ningún gobierno o partido político.


[1] La OIT, Organización Internacional del Trabajo, agencia especializada de la ONU, cuyos principales objetivos son mejorar las condiciones de trabajo, promover empleos productivos y el necesario desarrollo social, y mejorar el nivel de vida de los trabajadores. La OIT fue fundada en 1920 como una sección autónoma de la Sociedad de Naciones y en 1946 se convirtió en el primer organismo especializado de la ONU. Su sede radica en Ginebra.

 

 

In fraganti

Alejandro Armengol

17 de febrero de 2014

 

No es el exilio cubano de Miami y ni siquiera Washington. Un informe de Naciones Unidas confirma que el gobierno cubano violó el embargo a las armas decretado por la ONU al país asiático. Es más, La Habana actuó con premeditación y alevosía, si vamos a llevarlo a términos legales, ya que el documento plantea que demostrada “una estrategia cuidadosamente planeada para ocultar” la carga.

 

El gobierno de Raúl Castro aparenta encauzar la marcha del país por caminos más civilizados en la arena internacional, pero la propia naturaleza del régimen y sus viejas alianzas y compromisos siguen determinando un rumbo opuesto.

 

Desde un primer momento, el escándalo del carguero Chong Chon Gang puso en evidencia no solo el deterioro económico y político de Corea del Norte, sino también señaló las semejanzas entre los regímenes de La Habana y Pyongyang, así como las similitudes en la situación de ambos países.

 

Incluso para los criterios de la ruinosa flota de carga de Corea del Norte, que suele transportar contrabando y utiliza los buques hasta que se hunden, el intento fallido de llevar armas cubanas a través del Canal de Panamá fue un negocio demasiado arriesgado desde sus inicios.

 

Sólo llevar una bandera de Corea del Norte es suficiente para que un barco genere sospechas de las autoridades portuarias y guardias costeras de todo el mundo. Los barcos norcoreanos siempre están bajo una estrecha supervisión debido a las sanciones de la ONU, que fueron impuestas después de que Pyongyang realizó una serie de pruebas nucleares que comenzaron en el 2006.

 

El hecho es que el buque transportaba armamento oculto y toneladas de azúcar de Cuba, en un aparente pago como trueque por la reparación de los misiles, según el gobierno de Cuba. La realidad es que el descubrimiento se convirtió en una clara señal de lo ansiosa que está Corea del Norte por material bélico básico, pero también lanzó una interrogante: ¿por qué el gobierno cubano, ansioso por brindar una imagen internacional de estabilidad y respeto internacional mutuo, se lanzaba a esta aventura en alianza con uno de los países con peor reputación en el mundo?

 

La respuesta inicial de Cuba, de que el material bélico retenido en Panamá, estaba siendo enviado para su reparación en Corea del Norte resultaba no solo absurda sino ridícula.

 

En primer lugar hay que desestimar que dicho material fuera necesario para salvaguardar la soberanía cubana. Cuba es una isla en el Caribe. No tiene ni el temor ni el pretexto de las fronteras terrestres. No es Bolivia ni es Chile. Ni Venezuela y Colombia. Tener una preparación militar adecuada contra quién. ¿República Dominicana? Quizá la “poderosa aviación” del vecino Haití.

 

El único país que en la zona cuenta con poderío más que suficiente para acabar con las defensas militares del gobierno cubano ya se sabe cual es. Y esa nación es precisamente su mayor garantía de paz. Por décadas Estados Unidos no ha mostrado el menor interés de atacar militarmente a Cuba.

 

Así que, desestimada la necesidad de defensa nacional, se abría entonces la alternativa de que en realidad se tratara de una operación de venta.

 

Para entender la naturaleza de esta venta, hay que tener en cuenta que aunque la red de defensa aérea norcoreana es una de las más densas del mundo, está compuesta por equipos obsoletos, según el grupo de inteligencia militar Jane's Intelligence IHS. De ahí que los equipos cubanos, aunque obsoletos de acuerdo a la tecnología moderna, no por ello son completamente inútiles.

 

Por ejemplo, los misiles SA-2 que transportaba el buque son muy viejos, ya que salieron al mercado por primera vez a principios de la década de 1960, y desde entonces fueron modernizados en varias ocasiones. Sin embargo, un SA-2 iraquí derribó un avión estadounidense F-15E en 1991.

 

Del análisis más elemental de lo ocurrido se desprende que los hechos señalan el aislamiento del gobierno de los hermanos Castro.

 

Ni Rusia ni China. Corea del Norte como aliado ideológico y militar. El hallazgo de las armas no hizo más que poner de manifiesto las afinidades entre Pyongyang y La Habana.

 

La esencia del asunto radica en que la cúpula militar cubana es similar a la norcoreana. Negocios turbios, enriquecimiento ilícito y dictadura sin contemplaciones. Lo demás es propaganda y engaño.

 

Lo que llama la atención es la torpeza con que el gobierno de Raúl Castro manejó el asunto desde el comienzo. ¿A quién se le ocurre pensar que con tanto viaje de delegaciones militares de alto nivel de Corea del Norte a Cuba los radares no estuvieran encendidos? ¿Cómo pudieron imaginar que un barco norcoreano con armas iba a transitar sin problemas por el Canal de Panamá?

 

La única conclusión que cabe es que, para Raúl Castro, el mantenimiento de la cúpula militar es la razón de Estado. Por supuesto que no es nada nuevo, pero una verdadera torpeza por parte de La Habana el recordárselo al mundo.

 

 

Libertad, estabilidad y disidencia

Alejandro Armengol

10 de febrero de 2014

 

El elemento primordial, tanto en las guerras de independencia como en los movimientos de derechos civiles, es la búsqueda de la libertad por encima de cualquier actuación fundamentada en el mantenimiento de la estabilidad. Además de un concepto, estamos ante un plan de acción.

 

El concepto es que la libertad actúa como un valor fundamental de motivación en cualquier pueblo —con independencia de credo, cultura, historia y origen— mientras que el plan de acción se fundamenta en la estrategia para lograr que ese valor y esa motivación se encaminen al éxito.

 

De las declaraciones de los organizadores, que pueden ser más o menos fervorosas pero no siempre efectivas, al logro de la movilización ciudadana, transita la posibilidad de triunfo de cualquier movimiento a favor de la libertad.

 

Una buena formulación del principio de valorar la libertad por encima de la estabilidad aparece en The Case For Democracy, de Natan Sharansky y Ron Dermer.

 

Sharansky, un disidente judíosoviético, dedica las trescientas páginas de su libro a explicar como en una época sólo los disidentes de la desaparecida Unión Soviética y los países de Europa del Este; unos pocos líderes mundiales —Margaret Thatcher y Ronald Reagan— y algunos legisladores —los senadores Henry “Scoop” Jackson (demócrata) y Charles Vanik (republicano)— fueron capaces de poner por delante de otros intereses el ideal libertario.

 

Para Sharansky, la lucha por la paz y la seguridad debe estar vinculada con promover la democracia. De lo contrario, sólo se consigue posponer el problema.

 

Expresa que así ocurrió durante la guerra fría, con la política de la Détente, hasta la llegada de Thatcher y Reagan al poder en sus países respectivos, y de igual manera viene sucediendo en el Medio Oriente.

 

La confrontación, no necesariamente bélica, pero sin dar respiro al enemigo, es la única solución.

 

Sharansky es un activista más que un político (aunque ha ocupado cargos en el parlamento y el gobierno israelí).

 

Ello no le resta valor a sus argumentos, pero obliga a situarlos en el terreno ideológico y no de la política práctica.

 

En su obra quien fuera un conocido disidente defiende tan ardorosamente sus argumentos, que en muchos casos pasa por alto aspectos que contradicen o complementan sus explicaciones. Vistos los hechos con una perspectiva más amplia, la Détente contribuyó a la caída de la Unión Soviética, mucho más de lo que Sharansky está dispuesto a reconocer, y el afán de consumo jugó un papel tan importante como las ansias de libertad —quizá mayor— en la forma rápida en que los ciudadanos soviéticos y de Europa Oriental volvieron la espalda al sistema socialista en la primera oportunidad que pudieron.

 

La falta de libertad les impidió hacerlo antes, pero la escasez de productos de Occidente les hizo correr de prisa al abrazo del capitalismo.

 

El no ceder una pulgada, el no admitir la necesidad de reconsiderar una política de represión feroz, que no admite la menor disidencia, no es algo nuevo en Cuba. Ello no exime a esa actitud de ser una muestra de debilidad del sistema.

 

En gran medida, esa debilidad es consecuencia de los tres pilares en que se fundamenta el gobierno cubano: represión, escasez y corrupción.

 

El exigir una posición incondicional es abrir la puerta a oportunistas de todo tipo, quienes a su vez se desarrollan gracias a la escasez generalizada.

 

Por décadas el gobierno cubano ha caminado en la cuerda floja, con la población controlada entre el uso de una represión casi siempre profiláctica y la ilusión del viaje a Miami, pero siempre bajo el peligro de un estallido social.

 

Si La Habana admitiera un mínimo de cordura, y diera muestras de superar el encasillamiento que ha mantenido por décadas, el peligro de este estallido social disminuiría. Pero por el contrario, lo único que hace es alimentarlo a diario.

 

Detrás de este control extremo, que no permite manifestación alguna de los derechos humanos, hay un fin mezquino. El mantenimiento de una serie de privilegios y prebendas. La represión política actúa como un enmascaramiento de una represión social que ha penetrado toda la sociedad. En última instancia, el régimen sabe que el peligro mayor no es la posibilidad de que la población se lance a la calle pidiendo libertades políticas, sino expresando sus frustraciones sociales y económicas.

 

De producirse un estallido social en Cuba, el régimen lo reprimirá con firmeza. No hacerlo sería la negación de su esencia y su fin a corto plazo. Imposible no usar la violencia. La habilidad del gobierno castrista radica en evitar las situaciones de este tipo.

 

Nunca como ahora el ideal de libertad y democracia para Cuba había estado tan aislado. Los gobiernos latinoamericanos miran para otra parte, la Unión Europea busca esperanzas donde no las hay y Estados Unidos vacila una vez más. Los cubanos, mientras tanto, siguen a la espera. Y en todas partes, mantener la estabilidad de momento se impone sobre cualquier ideal de libertad.

 


 

¿El telón de azúcar o la cortina de hierro occidental?

Manuel Castro Rodríguez

10 de febrero de 2014

 

Aunque los hermanos Castro pretenden hacer creer que los problemas de su régimen comenzaron cuando la Unión Soviética se desintegró en 1991 y, por ende, desaparecieron sus cuantiosas subvenciones a la economía cubana, no pueden ocultar que  la escasez siempre ha sido consustancial al castrismo, como puede comprobarse en varias ediciones del oficialista Noticiero ICAIC Latinoamericano hechos en la década del ochenta, que pueden verse  al final de ese subdominio

 

Hasta severos críticos del régimen de La Habana pasan por alto que Fidel y Raúl Castro, tiranos insaciables que a Cuba han destruido, jamás han tenido un proyecto para beneficiar al pueblo cubano. Desde que el propio Fidel asesinara la Revolución, apenas transcurridas cuatro semanas de su entrada triunfal a La Habana el 8 de enero de 1959, todo lo que han hecho los hermanos Castro ha sido con el objetivo de entronizarse en el poder, primero ellos y ahora sus descendientes. 

 

Por ello, no me sorprendió la ligera crítica nostálgica realizada por Camila Guzmán Urzúa -nació en Chile, se crió en Cuba, residió posteriormente en Europa y Argentina-, que es la guionista y directora del documental El telón de azúcar (2005) –premiado en el Festival de Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana en el 2007–, que es una narración de su infancia y adolescencia. Si ahora me refiero a ese documental es porque recientemente se puso como ejemplo del éxodo de los jóvenes cubanos.

 

Hace unos cuatro años pude verlo completo en YouTube. Lo que recuerdo de él que más me gustó por la realidad que refleja, es cuando la profesora o directora de la secundaria muestra una foto y va nombrando uno por uno a los excompañeros de clase de Guzmán Urzúa y los países hacia donde han emigrado. Me hizo recordar que casi todos mis amigos de la infancia y adolescencia se fueron de Cuba, y lo mismo está ocurriendo con los amigos de mis hijos.

 

La expresión ‘el último que apague el Morro’ -hace referencia al faro del Castillo del Morro que se encuentra ubicado en la entrada a la bahía de La Habana- fue creada hace varias décadas, porque unos dos millones de cubanos hemos emigrado a casi todos los confines del planeta, casi el 20% de la población de un país que se caracterizaba por ser receptor de emigrantes europeos. Los cubanos continuamos votando con los pies: la emigración del año 2012 fue la más elevada (46.662) desde 1994 (47.884), y la segunda después de 1980, cuando 125 mil cubanos se marcharon por el Mariel. 

 

Guzmán Urzúa -hija del renombrado documentalista chileno Patricio Guzmán, creador de La batalla de Chile- nació en 1971. Al producirse el golpe militar el 11 de septiembre de 1973, su familia se asiló en Cuba, instalándose en una casa ubicada en una de las mejores zonas residenciales de La Habana. ¿Por qué su madre vive ahí todavía y no retornó a su patria cuando hace un cuarto de siglo volvió la democracia a Chile? ¿Por su amor al comunismo, mientras disfruta de unas condiciones de vida con las que los cubanos de a pie no pueden ni soñar? No son pocos los extranjeros que disfrutan de condiciones similares y defienden al régimen militar cubano, por ejemplo: Carlos Romeo es un chileno que vive en Cuba, escribiendo artículos apologéticos

 

Dos expresiones retratan de cuerpo entero a Guzmán Urzúa. En El telón de azúcar dice “Cuba era como un paraíso”; por supuesto que cada cual piensa de acuerdo a como vive. En los años dorados del castrismo, el cubano de a pie tenía derecho a comprar tres latas de leche condensada al mes, sin posibilidad de obtener leche por otra vía que no fuese el mercado negro. Guzmán Urzúa no tenía ese problema porque su familia podía comprar en las tiendas habilitadas sólo para extranjeros. Tampoco sufrió del apartheid a que fuimos sometidos los cubanos cuando se nos impedía la entrada a los hoteles. Guzmán Urzúa sólo tenía que mostrar su pasaporte chileno para que se les abrieran las mismas puertas que se nos cerraban a los cubanos. Con ese mismo pasaporte se marchó de Cuba en 1990, un año antes de que comenzara oficialmente la debacle bautizada eufemísticamente por el dictador Fidel Castro como ‘Período Especial’

 

Y en una entrevista publicada el 10 de abril de 2009 manifestó: Mira, cuando me avisaron que había entrado en la competencia de La Habana de 2007, me sorprendí positivamente. ¡Encima me premiaron! En 2008 me invitaron de nuevo, esta vez como jurado de la competencia documental. Con esto yo confirmo que se están moviendo estructuras… creo que el socialismo que tenemos allá está pidiendo un cambio, una revolución dentro de la Revolución. Nos debemos la perestroika que no fue”. Camila Guzmán Urzúa pretende ocultar que como señaló Canek Sánchez Guevara, nieto mayor de Ernesto ‘Che’ Guevara: El sistema político cubano se ha comportado como una monarquía y no sé por qué se le sigue llamando socialismo”.

 

 

Vigilar y castigar la discrepancia

Marlene Azor Hernández

3 de febrero de 2014

 

La causa Número 5 del 2014 es otro atropello arbitrario del gobierno cubano

 

En su magnífico libro Vigilar y Castigar, Michel Foucault analiza las técnicas y dispositivos legales, sociales y hasta médicos que utiliza el poder para disciplinar los cuerpos, clasificar y encerrar a los individuos con el objetivo de separar y controlar la población “sana” de la “insana”. Técnicas que analiza a partir del siglo XVIII hasta el XX en las sociedades europeas y específicamente en Francia. Leyendo la causa que se le imputa al activista Manuel Cuesta Morúa, no pude dejar de asociarlo a las técnicas descritas por Michel Foucault.

 

El gobierno cubano muy temeroso frente a la actividad pacífica de los opositores cubanos había declarado antes del inicio del evento de la CELAC que: “La Cumbre era de Estados no de los pueblos”, y con esta declaración del canciller cubano enviaban el mensaje hacia los gobiernos de la CELAC, a las organizaciones internacionales y a los periodistas extranjeros acreditados que no se les ocurriera visitar, conversar, entrevistarse con los opositores cubanos. A pesar de la advertencia cínica de la élite política cubana, de que “los pueblos no tienen voz” en la CELAC, el Presidente de Chile, Sebastián Piñera, se reunió con la presidenta de las Damas de Blanco Berta Soler, y funcionarios de la delegación de Costa Rica, —nuevo país en el cual descansa la presidencia de la CELAC—, se reunieron con Elizardo Sánchez Santa Cruz, presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional.

 

Técnicas de represión y control

 

Las razzias son un método que se va volviendo habitual en el proceder del gobierno cubano. Tenemos por ejemplo la del 2003 de la Primavera Negra, un supuesto castigo colectivo ejemplarizante para intimidar y paralizar la acción ciudadana. Después lo volvemos a encontrar con la visita del Papa Benedicto XVI, con la detención masiva de opositores y el bloqueo a sus teléfonos. Luego repiten la técnica alrededor del día 10 de diciembre del 2003, día de festejo de los Derechos Humanos, con arrestos masivos contra los disidentes y ahora lo volvemos a encontrar con la Cumbre de la CELAC. A las Damas de Blanco se las practican todos los domingos en alguna provincia o en varias provincias a la vez. Las razzias se aplican como técnicas represivas de prevención, para paralizar al movimiento opositor. Se les secuestra en plena calle y a la luz del día, se les encarcela por varios días, se les confiscan sus medios de comunicación o se bloquean por la monopólica ETECSA. Las razzias incluyen golpizas discrecionales para humillar, aniquilar la voluntad y doblegar el espíritu y el cuerpo de los opositores y a la vez mostrar de manera ejemplarizante las consecuencias de actuar y pensar como los reprimidos para el resto de la población que observa los atropellos.

 

Después de la Primavera Negra en el 2003 en la cual les impusieron largas condenas a todos los opositores, parecía que el hecho de encausar con delitos específicos a los disidentes había quedado atrás. Se abría la época de los secuestros con nombre y apellidos, encarcelamiento y /o detención de horas o varios días y quizás alguna advertencia policial y eso sí muchos “actos de repudio” y/o asalto directo a las casas de los opositores.

 

Pero la contradicción que se abre con la flexibilización de las leyes migratorias, y el flagrante fracaso de los actos de repudio internacionales coordinados por las embajadas cubanas en los países que visitaban los opositores, les hace volver de nuevo al método de encausar y someter a juicio para amordazar a los opositores más sobresalientes.

 

Es el caso del historiador y activista Manuel Cuesta Morúa. Secuestrado el 26 de enero en la mañana, se le impide participar en el evento del cual es uno de los coordinadores fundamentales: El II Foro en Relaciones Internacionales y Derechos Humanos a celebrarse en la Habana con apoyo de la organización CADAL. La causa sin embargo que se le instruye es por “Difusión de noticias falsas contra la paz mundial” y según su colega activista Leonardo Calvo Cárdenas[1], el supuesto atentado contra la paz mundial se precisa “bajo el débil argumento de los varios artículos y textos publicados por el opositor y académico sobre la problemática racial en Cuba, los cuales, según los oficiales, distorsionan la realidad cubana y “la obra” de la revolución a favor de la igualdad racial”.

 

La ignorancia o el cinismo de los órganos de la seguridad del estado en Cuba, producen los disparates legales al margen de la propia ley que debieran respetar. Hablar sobre los problemas de discriminación racial en Cuba y no hacer loas a “la obra de la Revolución” significa “atentar contra la paz mundial”. Siguiendo esta lógica tendrían que estar presos por este delito los especialistas intelectuales cubanos Víctor Fowler Calzada, Jesús Guanche, Rodrigo Espina Prieto, Alejandro de la Fuente y Tomás Fernández Robaina, todos publicados en el 2009 en un debate de la Revista Espacio Laical. Roberto Zurbano, también castigado por no seguir el discurso oficial, Dimas Castellanos, Miriam Celaya, Reinaldo Escobar, Juan Antonio Madrazo Luna en un programa de Razones Ciudadanas dedicado al tema. Pero además las asociaciones civiles Cofradía de la Negritud parte integrante de la Red Observatorio Crítico, y todos los miembros del Comité Ciudadano por la Integración Racial.

 

Todas estas personas y asociaciones señalan la política “revolucionaria” de borrar el problema de la agenda de debate público, prohibir su discusión, constatan que las políticas igualitarias no resolvieron el problema porque los afrodescendientes partían de un punto de inicio muy desventajoso y todos coinciden en las diversas formas que adquiere el racismo en el país en el sistema educacional, en los medios de difusión masivos, en la publicidad para el turismo, en la prohibición para los afrodescendientes para ocupar plazas con pagos en divisa y en la mayoritaria población penal afrodescendiente en el país además del acoso policial contra los jóvenes afrodescendientes.

 

En este breve recuento pareciera que los órganos de la seguridad del Estado tienen que secuestrar y encauzar a más de la mitad de la población de la Isla, “Fuenteovejuna, señor”. Sin embargo, la Causa Número 5 sólo es contra el activista afrodescendiente Manuel Cuesta Morúa. La necesidad de reprimirlo para evitar sus salidas al exterior y obligarlo a presentarse frente a sus represores cada semana no es más que otro atropello arbitrario del gobierno cubano contra la libertad de expresión y asociación. Manuel Cuesta Morúa se ha convertido en un símbolo de activismo pacífico, decencia y progresismo. Hagamos todos los esfuerzos necesarios para que no paralicen la acción y el pensamiento de este lúcido líder, activista pacífico de la oposición.

 

[1] Leonardo Calvo Cárdenas “Imputan cargos a Manuel Cuesta Morúa”, enero 31, 2014 en http://www.cubanet.org/noticias/liberan-con-cargos-a-manuel-cuesta-morua/

 

 

“Gusano” y el abuso infantil

Alejandro Armengol

3 de febrero de 2014

 

Hay una ópera que siempre me causa un profundo terror. Está olvidada casi por completo y fue creada por un compositor que pocos mencionan, el checo Hans Krasa. Cuenta las aventuras de dos niños, que cantan para ganar algún dinero que sirva para curar a su madre enferma. Musicalmente es una mezcla con limitado valor de Debussy, Ravel, Berg y Gershwin. La primera vez que se representó fue en un orfanato judío en Praga, en 1942.

 

Lo que me aterra no es la obra sino la historia de sus representaciones. Poco después del estreno, Krasa, un judío, fue enviado al campo de concentración de Terezín (Theresienstadt), considerado la antesala de Auschwitz.

 

Allí Brundibár, que es el nombre de la ópera, fue representada en 55 ocasiones, bajo la dirección de Krasa y con un reparto siempre variable de niños prisioneros.

 

Al terminar la puesta en escena, los nazis escogían entre los pequeños cantantes y mandaban algunos para Auschwitz y el resto quedaba a disposición del próximo espectáculo.

 

Siempre se estaba preparando un nuevo montaje, porque Terezín era un “campo modelo” y no faltaba una audiencia —que en muchos casos incluía a visitantes enviados por los nazis para mostrarles lo bien que ellos trataban a los detenidos— con el entusiasmo suficiente para disfrutar de una jornada de buena música en medio de la barbarie. Nunca faltaron niños tampoco, que sustituyeran a los escogidos.

 

Este es un artículo sobre un hecho trágico, pero no tan trágico como lo que ocurría en Terezín. Tampoco es intento de establecer comparaciones. Sólo intenta, por una parte, destacar ese malsano interés que tanto los dictadores de todo tipo, como los regímenes totalitarios, muestran por los niños. Por la otra quisiera servir de denuncia sobre una forma de abuso infantil que existe en Cuba: enviar a los niños a participar en actos de repudio.

 

Sirve de referencia a esta columna un documental que acaba de dar a conocer Estado de SATS y que se titula Gusano. Es un material elaborado sobre la génesis y el desarrollo de los actos de repudio, y termina enfatizando en uno que, bajo el disfraz de acto cultural, se realizó frente a la sede de este proyecto y contra los miembros e invitados por la organización para un Encuentro Internacional sobre los Derechos Humanos.

 

El Encuentro conmemoró el 65 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y se celebró entre los días 10 y 11 de diciembre del pasado año en La Habana. No solo fue interrumpido con este acto de repudio sino culminó con la detención de varios miembros, entre ellos Antonio Rodiles, coordinador de Estado de SATS.

 

Entre otros méritos, Estado de SATS se ha caracterizado por ser un panel de discusión y análisis sobre la sociedad cubana, que no se limita a la necesaria denuncia de los abusos sino va más allá, y busca contribuir a la elaboración de una sociedad civil en la isla. Por ello la participación de intelectuales y artistas es parte básica del proyecto y Gusano es una buena muestra de esa labor: en pocas ocasiones se ve un material con una factura tan bien realizada dentro de las naturales limitaciones que enfrenta la tarea del activismo a favor de la democracia y la lucha por los derechos humanos en Cuba.

 

Hay un aspecto que vale la pena destacar en este documental, y es la denuncia solo a través de las imágenes, del hecho siniestro de llevar a niños a esa especie de aquelarre, que por supuesto ellos no entienden y al que son obligados a convertirse en cómplices inocentes.

 

Ese objetivo moralmente dañino, de empeñarse en destruirle la infancia a quienes no se sabe si en el futuro permanecerán en Cuba o vivirán en otros países, de tratar de convertirlos en repetidores de consignas huecas e inculcarles un afán de protagonismo y participación política que debe ser preservado para tiempos peores evidencia una falta de humanidad total, al estilo de la practicada en la desaparecida Unión Soviética, China, Corea del Norte y Cambodia.

 

Detrás de cada acto de repudio hay no solo un abuso de autoridad y un despliegue de violencia de forma descarnada, cuyos límites son los que imponen quienes controlan la actividad. También constituyen una expresión brutal que evidencia la esencia soez del régimen cubano y sus gobernantes. Tratar de enmascarar esa degeneración humana con una presencia infantil los hace aún más despreciables.

 

El documental Gusano detalla el odio que encierra cualquier acto de repudio, pero además muestra como, al tiempo que niños son convocados a unirse a una algarabía insoportable, por otro lado son apresados ciudadanos que simplemente intentan expresar y discutir sus derechos de forma pacífica. Esa mezcla de terror, chusmería y desprecio hacia los valores ciudadanos más elementales es lo que el gobierno cubano trata de inculcar a las nuevas generaciones, por encima de cualquier declaración hipócrita sobre buenos modales.

 

 

Tecnócratas, curas, izquierdistas

y los campos políticos en Cuba

Haroldo Dilla Alfonso

1 de febrero de 2014

 

Tras décadas con un mismo dirigente, cualquier cambio sabe a esperanza. Lo que está pasando en Cuba, sin embargo, dista de ser un avance hacia las libertades. Se favorece el mercado, hay nuevos participantes, pero el verdadero poder sigue concentrado. Dilla Alfonso practica aquí una lúcida disección de la nueva derecha cubana.

 

La idea de que el régimen político cubano se encuentra en transición no puede ser teóricamente manipulada sin pedir disculpas.

 

No es que la sociedad siga anclada en el inmovilismo ampuloso de la última década de Fidel Castro (1996-2006), cuando al calor de los subsidios chavistas se echaron atrás algunos avances mercantiles y se cerraron las ventanas aperturistas de los noventa. Se mueven variables diversas, unas desde las políticas en curso y otras en sus márgenes, pero nada de ello anuncia una transición política como la que se discutía en los cubículos del Wilson Center en los lejanos ochenta (O’Donnell y Schmitter, 1994). Nada sugiere que se avance hacia una liberalización del sistema político, mucho menos hacia una democratización que tenga como fin último la construcción de una ciudadanía definida desde sus derechos civiles y políticos.

 

Lo que tiene lugar es una lenta y vergonzosa reforma promercado que impacta sobre una sociedad que durante 50 años ha tenido al Estado como casi único actor económico. Y en relación con este cambio se mueve la sociedad, ocupando los nichos que el Estado libera tras su retirada funcional e institucional. Es, visto desde cierto ángulo, el paso de un régimen totalitario que reclamaba el alma de cada uno de sus militantes a otro autoritario que se conforma con la obediencia de los súbditos (Linz, 2000).

 

Justamente el tema que aborda este artículo es un resultado de este proceso: la redefinición de los campos político-ideológicos y la manera como los intelectuales —y en particular los cientistas sociales— se realinean en torno a ellos.1  Esto resulta un proceso insólito en Cuba, donde la política posrevolucionaria funcionó como un sistema monocéntrico que fusionaba —al mejor estilo preateniense— moral y política y, desde la atalaya inapelable del poder totalitario, anatematizaba las disidencias como tumoraciones ajenas a la comunidad.

 

Si queremos pensar este proceso gráficamente, nada mejor que imaginar un sistema de ejes, en que una primera coordenada remite al binomio izquierda/derecha (orientación ideológica) y la otra a la contraposición entre leales y opositores al Gobierno (lealtad política). Hasta los noventa, este sistema era absolutamente binario y concentrado en dos cuartos: el que acogía la coincidencia de izquierda y los apoyos del régimen y, en su lado inverso, el que reunía a la derecha y a los opositores al régimen. No es que fuera exactamente así. Siempre hubo, por ejemplo, personas que desde la izquierda se opusieron al régimen y fueron duramente reprimidas. Pero eran minorías exiguas que desafiaban la apreciación binaria, aunque no podían cambiarla. Por lo general, ser de izquierda en Cuba era ser comunista y activista del Gobierno, mientras que la derecha era opositora y tenía dos caminos: la represión o el exilio. Más que por sus puentes, la sociedad se distinguía por sus trincheras.

 

Lo que ocurre en la actualidad es una serie de desgajamientos y desplazamientos hacia los cuartos que ocuparían una derecha que apoya al régimen y, en su reverso, una izquierda que le hace la oposición. Es decir, que es posible creer en alguna variante socialista y opinar que el régimen cubano debe ser cambiado. Mientras que lo opuesto es también cierto: se puede ser un procapitalista conservador y creer que Raúl Castro merece ser apoyado.

 

Una segunda dinámica es el desplazamiento de los actores dentro de cada cuarto, generando multiplicidades de posicionamientos en cada uno de ellos, de manera que, para poner un ejemplo, dentro de la izquierda crítica u oposicionista encontramos socialdemócratas, republicanos socialistas, anarquistas, neocomunistas, trotskistas y hasta alguno que otro discípulo del Gran Timonel. Mientras que desde el campo tecnocrático se pueden proponer movidas más o menos espectaculares según la manera como se conciba la relación mercado-Estado-sociedad.

 

Hay diversos factores que operan en beneficio de estas tendencias, pero quiero concentrarme ahora en la mutación del eje ideológico dominante. Si hasta fines de los ochenta este eje se circunscribía a la doctrina marxista-leninista, desde los noventa —con todas las transfiguraciones que la política manda— se circunscribe al nacionalismo. Un cambio fundamental, pues si el marxismo-leninismo era una doctrina de interpelación absoluta, el nacionalismo es un significante flotante que admite respuestas más variadas. Cuando se troca al socialismo científico por la patria siempre es más difícil cerrar las puertas y definir aliens.

 

Nada de esto quiere decir que el régimen posfidelista haya devenido un cultivador entusiasta de “cien flores”. Nunca una élite autoritaria se troca pluralista de manera espontánea, y la élite política cubana es un cuerpo unido que sabe cómo garantizar la gobernabilidad. Su presencia intolerante en la vida cotidiana, su control cuasimonopólico sobre los medios de comunicación y su absoluta falta de recatos para reprimir disidencias que le disputen el espacio público lo convierten en un factor obstructivo para la maduración de discursos y de prácticas sociales alternativas, para la constitución de subjetividades y para la articulación del debate público. Y en consecuencia, la incipiente esfera pública dista de ser el lugar en que los actores políticos y sociales interactúan libremente y desarrollan sus estrategias comunicativas. Se trata de un espacio movedizo que se expande y contrae al calor de un clima político dictado por lo que el Partido/Estado acepta y la policía permite.

 

Pero a pesar de su vocación de control autoritario, el régimen cubano está obligado a ser más permisivo que antes, cooptando unos discursos, tolerando otros, resguardando siempre el área pública —“la calle”, gritan las turbas progubernamentales, “es de Fidel”— y sorteando las “situaciones inusuales” que emergen día a día desde una sociedad que despierta. El escenario luce, entonces, complicado y morboso, esto último por aquella ocurrencia de Gramsci sobre lo viejo que no muere y lo nuevo que no nace. Y la sociedad, condenada al ostracismo público, cumple su condena haciendo lo que puede: casi susurrando y multiplicando un quehacer anómico, a un punto tan alto que ha llegado a alarmar al propio general Raúl Castro, quien recientemente llamó al “orden” y la “disciplina” contra lo que, en una pura jerga victoriana, calificaba como un deterioro “de la rectitud y los buenos modales del cubano”.

 

La retinosis tecnocrática

 

Si tuviera que definir una tendencia dominante en el reordenamiento de los campos político-ideológicos, diría que es el escoramiento sistémico a la derecha.2  Y agregaría que el principal factor que empuja en esta dirección es la parca y lenta reforma económica promercado, oficialmente denominada como la “actualización del modelo”.

 

Es una tendencia que tiene sus actores y apoyos en la estrechísima pero decisiva franja de ganadores del ajuste, tales como los miembros de la élite, funcionarios del sector mixto de la economía, capos del mercado negro, artistas prominentes y propietarios de los negocios privados más redituables. Aunque se trata de un sector que no necesita esfuerzos discursivos mayores —su mejor testimonio reside en el espejismo de que el contacto con la nueva economía saca a la gente de la abulia económica de los últimos 20 años—, es a partir de ellos donde encontramos la argumentación más coherente a la que puede acceder la sociedad cubana.

 

Los sistematizadores por excelencia de esta argumentación promercado se encuentran en centros académicos que intentan funcionar como tanques pensantes, oficio precario en un país donde la clase política solo admite consejos por encargo. Y en consecuencia, esta ventajosa cualidad se torna costosa cuando tienen que asumir los filtros que los receptores han establecido para ser admitidos como huéspedes del equipo donde se toman decisiones. La institución más importante que pudiéramos mencionar es el Centro de Estudios de la Economía Cubana, un centro de alta calificación y fuerte fogueo internacional ubicado en la Universidad de la Habana.

 

Este campo, que aquí llamo tecnocrático, se configura desde un discurso globalifílico, en ocasiones ingenuo y vergonzoso. Fija sus pautas virtuosas en principios como la iniciativa privada, la competitividad, la rentabilidad material, la inequidad y el achicamiento estatal. Traslada la meta de la igualdad real a la panacea liberal de la igualdad de oportunidades. Y de manera particular, también blande el gradual abandono del enfoque universalista de los servicios sociales y de la responsabilidad estatal frente a esos derechos, que había constituido la piedra de toque del discurso posrevolucionario. De manera que, en nombre de la individualización del riesgo, está operando la emergencia de un principio de atención focalizada a los grupos en riesgo y una transferencia de los problemas sociales al ámbito privado. Cito a Boves (2013): “[una] nueva orientación de la política social, [que] introduce criterios selectivos que refuerzan la diferencia sobre la igualdad y la uniformidad”.

 

Habría que reconocer que se trata de un tema complejo, debido a que la situación calamitosa del subsistema económico cubano y la pobreza generalizada que de ella se deriva requieren —en la presente coyuntura— cuotas mayores de mercado en su funcionamiento económico, una mayor autonomía de la economía respecto a la esfera burocrática estatal y niveles superiores de eficiencia y competitividad que garanticen esa meta básica de toda economía que se llama reproducción ampliada. Y que ello inevitablemente va a producir niveles mayores de desigualdad en una sociedad donde la equidad ha estado marcada por el estigma de la austeridad plebeya.

 

Entender esto es un síntoma de puro realismo, que no hace a sus sostenedores indefectiblemente derechistas. Pero reconozcamos que parecen serlo. Y es así porque los tecnócratas cubanos están obligados a limitar su discurso al ámbito de lo tolerado. Y por consiguiente no pecan tanto por lo que dicen como por lo que omiten. Y entre lo que omiten se encuentran cuestiones tan sensibles como los costos sociales reales de los ajustes que proponen y, en consecuencia, la forma de organizar a la sociedad para afrontar los embates del mercado.

 

No quiero decir que los tecnócratas cubanos —y específicamente los que actúan desde la academia— desconozcan que un ajuste económico sin los contrapesos de la acción social autónoma y sin la responsabilidad de un Estado democrático constituye un salvoconducto para la traslación abusiva de costos hacia una sociedad fragmentada, desorganizada y sometida a la inacción por un aparato represivo. Los economistas cubanos son personas con altas capacidades técnicas y suficientes experiencias como para entender, por ejemplo, que un mercado laboral “flexibilizado” debe tener como contrapartida —si de democracia y bienestar social hablamos— sindicatos autónomos, o que la reducción de los gastos sociales debe ser mediada por las acciones independientes de consumidores individuales y colectivos. Pero llegar a este punto implicaría pronunciarse en relación con el monopolio del poder que ejerce la élite política cubana. Y los economistas cubanos conocen perfectamente la diferencia que existe entre una verdad técnica y otra verdad política.

 

De manera que aquí se produce una interpretación peculiar de la separación entre economía y política. Pues mientras que el liberalismo económico la proclama en función de una economía libre de las interferencias de la política, los tecnócratas cubanos consienten en ella para hacer a la política invisible desde los debates sobre la economía.

 

Como decía, no se trata de una decisión epistemológica, sino de puro instinto de supervivencia en un país donde cada debate público es como andar sobre un campo minado. Y de ahí el cuidado de los tecnócratas letrados de echar mano a metáforas políticamente consagradas —más como blindajes que como recursos heurísticos—, como son los casos de las experiencias china y vietnamita edulcoradas, que tienen aquí la triple utilidad de proveer un modelo fructífero, amparado en una retórica socialista y organizado desde un sistema político autoritario que garantiza la acumulación y la propia metamorfosis burguesa de las élites. La fascinación por el Doi Moi es otro aliciente para obviar los aspectos peores del ajuste.

 

El camino de los evangelios

 

El otro componente de la nueva derecha cubana no se origina en el mercado, sino que se proyecta desde un pacto de gobernabilidad: la cooptación por el Estado de la jerarquía católica como único acompañante crítico aceptado. Desde la óptica estatal, esta cooptación ha resultado el menor de los males posibles. Es cierto que la clase política cubana ansiosamente desea gobernar sin competencias permitidas, pero al mismo tiempo es una garantía hacerlo con una institución nacionalista e implantada a lo largo de toda la geografía insular, que nunca le va a pedir el poder político —como lo hacen, por ejemplo, las diezmadas falanges oposicionistas— y que calcula sus tiempos en plazos mucho mayores a los que pueden aspirar los inquilinos octogenarios del Palacio de la Revolución.

 

En última instancia, ello ofrece a la élite cubana lo que Scribano (2009) denominaría un mecanismo de soportabilidad moral, inductor de adaptaciones rápidas a las condiciones de contracción del conflicto, lo que se puso en evidencia en varios momentos difíciles en que la Iglesia actuó para desarmar los resortes críticos más peligrosos en 2010. A cambio, produjo algunas concesiones como fueron la liberación (y expatriación) de un centenar de presos políticos, cierta tolerancia ante algunos grupos opositores como Las Damas de Blanco y la admisión de espacios críticos acotados.

 

Para la Iglesia, con su sabiduría de milenios y su impresionante capacidad para adecuarse a las empirias epocales, se trata de un pacto que la obliga a asumir responsabilidades costosas, pero que le da un espacio único de protagonismo político. No es casual que uno de sus más agudos portavoces (Márquez, 2012) haya definido esta oportunidad como “un puente de acercamiento” entre las diferentes fracturas de la sociedad cubana. En un primer plano, para salvar los distanciamientos políticos que ocurren al interior de la isla entre Estado y sociedad, y dentro de la misma sociedad. Pero también entre la isla y su diáspora, lo que la coloca en la interesante posición de ser la primera institución relevante que se plantea la dimensión transnacional de la sociedad cubana.

 

Beneficiada por una autonomía relativa respecto al Estado y con un entramado institucional propio, la Iglesia católica ha podido articular nichos de espacios públicos, política e ideológicamente heterogéneos, pero coincidentes en la idea de que es posible cambiar al régimen cubano a partir de una “transición ordenada”. Y lo que resulta aún más novedoso, ha logrado extender su influencia más allá del ámbito insular, aglutinando a empresarios, académicos y otras figuras de la diáspora, regularmente católicas. La principal puerta de entrada ha sido el dispositivo institucional cultural del Centro Félix Varela, que coordina una serie de cursos de posgrado, al mismo tiempo que prepara algo similar en el área de pregrado, una novedad absoluta en un país donde la enseñanza siempre ha sido considerada una atribución no compartida del Estado. En él se encuentra el Laboratorio Casa Cuba y la revista Espacio Laical, de orientación socialcristiana, que ha servido de plataforma a algunos de los ejercicios críticos intelectuales más interesantes y audaces de los últimos años. Y en particular el documento “Cuba soñada, Cuba posible, Cuba futura”, que ofrece un listado algo críptico y fragmentado pero muy sugerente sobre el futuro político del país.

 

Huelga apuntar que en cualquiera de los aspectos que he discutido antes se pueden encontrar notas distintas —la Iglesia es tan vasta como heterogénea— y muchas de ellas positivas para la aterida sociedad cubana. Pero habría que anotar que esta intermediación eclesiástica en condiciones cuasimonopólicas también contiene peligros mayores.

 

La jerarquía católica cubana —y de eso hablamos— ha sido históricamente un vehículo de visiones societales elitistas y opresivas. Y aunque con el paso del tiempo ha producido un aggiornamento de su discurso y formas de relacionarse con la sociedad —en ocasiones con muestras de solidaridad encomiables—, la jerarquía eclesiástica cubana sigue siendo una matriz ideológica conservadora. Es crítica del capitalismo y sus inequidades —lo que le acerca al discurso oficial cubano— pero lo hace desde una posición precapitalista: se opone al globalismo desde el nacionalismo, a la competencia desde la compasión y al individualismo desde el corporativismo. Y termina blandiendo, al igual que los tecnócratas, pero desde otra acera, un iliberalismo político fundamental que —como anotaba Bartra (2009) para la experiencia mexicana— matiza negativamente su percepción de la democracia como forma de reproducción del sistema.

 

Lo que presenciamos hoy en Cuba es una Iglesia ensayando su reinserción en una sociedad con una cultura laica cimentada a lo largo del siglo XX, primero con la República y luego con una Revolución que, además, enarboló un severo ateísmo llamado científico. Y para hacerlo —y aquí invoco nuevamente su sabiduría—, tiene que prescindir de las aristas más duras de su discurso conservador en temas como la homosexualidad y los derechos reproductivos femeninos. E incluso presentarse en sociedad de la mano de una publicación como Espacio Laical, cuya orientación socialcristiana de izquierda le garantiza una audiencia alta y calificada entre los miembros de la élite intelectual. De manera que, sorprendentemente, la conservadora jerarquía católica cubana aparece asociada al pluralismo, a la convocatoria social amplia y a la formación de espacios de debate desde la izquierda. Siempre bajo la condición de que todos los participantes se atengan al principio de una “transición ordenada” que por momentos apunta más al orden que a la transición.

 

Pero incluso Espacio Laical no puede sustraerse del narcisismo eclesiástico que no considera a la Iglesia como parte de la solución, jamás como parte del problema, sino como la solución in toto. Por eso Espacio Laical (2012), junto a su altamente meritoria proyección como espacio para el debate de casi todos, ha tenido que proclamar que la propuesta de la Iglesia entendida como “metodología de la virtud y la piedad, que se asienta en el mensaje del Evangelio, es el único camino que sacará al país de la crisis actual”. Y cuando un camino es único y además está bautizado por los evangelios, no deja otra alternativa que tomarlo y de paso agradecer.

 

Cuando la izquierda pide permiso

 

Si por izquierda entendemos aquel espacio político que enfatiza la igualdad por encima de otros valores, asume las políticas públicas y al Estado como sus garantes, y ve a este último como una entidad controlada principalmente desde la participación, entonces habría que reconocer que el mundo político cubano, incluido su discurso oficial, sigue siendo izquierdista.

 

La mala noticia es que mayormente se trata de una izquierda autoritaria, en retroceso y socialmente ininteligible. No es casual que el sector encargado de la comunicación ideológica es justamente la facción burocrática rentista que mejor pudiera identificarse con el estalinismo. Sus reticencias a la reforma económica promercado se alimentan de una cosmovisión premercantil, y sus críticas a la “democracia burguesa” son antidemocráticas. Sus integrantes constituyen una masa de “asalariados dóciles del pensamiento oficial” (como los hubiera calificado el Che Guevara en sus momentos) que han ido aggiornándose al calor del propio discurso de la élite y produciendo mudanzas terminológicas desde el marxismo soviético, sin entender que las terminologías no son envolturas de los conceptos, sino estructurantes de ellos.

 

Sin embargo, más allá de esta franja letrada oficialista, aparecen grupos intelectuales que ejercen la crítica desde la izquierda y que han ganado un perfil diferenciado en la esfera pública. Algunas de estas personas organizan su producción desde organizaciones intelectuales protegidas, regularmente adscritas al más permisivo Ministerio de Cultura. Pero otras capean los estragos de la represión desde el sector informal, en medio de difíciles circunstancias económicas. Algunos de ellos han formado una red llamada Observatorio Crítico, cuyo grupo más sólido y avanzado es una plataforma conocida como Socialismo Participativo y Democrático (SPD).3 Y desde estos espacios han intentado propuestas alineadas con el anarquismo, el consejismo, el republicanismo socialista, el socialcristianismo y otras variantes del pensamiento anticapitalista contemporáneo.

 

Aunque sus valoraciones críticas pueden tener muy altos decibeles, generalmente expresan un apego a alguna fórmula endógena de “continuidad revolucionaria” y, en consecuencia, siguen percibiendo a la clase política posrevolucionaria como interlocutora en función del cambio. En este sentido, no se distancian sustancialmente de la visión de la “transición ordenada” de la jerarquía católica. Y por ello, son personas incluibles en este campo los más activos participantes de los debates que promueve Espacio Laical. Pero mientras la Iglesia aspira a un final del túnel más parecido a los evangelios que al Manifiesto Comunista, la nueva izquierda tira del timón hacia una sociedad “más socialista”. Y desde aquí se derivan dos rasgos cruciales que engalanan sus discursos pero esterilizan sus potencialidades políticas.

 

El primero es la obsesiva militancia iliberal de la mayoría de sus intelectuales. Y obsérvese que no hablo de la crítica a las insuficiencias y aporías de las propuesta(s) liberal(es) —lo que es imprescindible desde la izquierda— sino de su rechazo en bloque al liberalismo. Solo que lo imaginan y describen como el doctrinarismo decimonónico y, por consiguiente, libran batallas con gárgolas indefendibles. El liberalismo —es decir la consagración de una serie de libertades y derechos cívicos y políticos que el Estado no puede limitar a su antojo, sino solo cuando este ejercicio pone en peligro los derechos de otros— resultaría una pieza suelta y muy ruidosa del engranaje político de la nueva izquierda. Reclamarlo como componente fundamental del ordenamiento democrático es revisar una tradición teórica, pero es también entrar en los dominios de la policía cubana.

 

Pero reclamarlo, es decir reclamar para Cuba un sistema de libertades, derechos y participación efectiva, no es solo un principio insoslayable de la agenda democrática posible, sino también una condición para que la población cubana pueda defender —desde esas libertades y derechos— los logros sociales revolucionarios de los embates de la acumulación capitalista que se le enciman. Nada es hoy más de izquierda en Cuba que el reclamo de un sistema democrático, del derecho a la organización autónoma, a la libertad de expresión y de reunión, a la huelga y a la manifestación.

 

Si los representantes intelectuales de la nueva izquierda cubana pueden hacer este renunciamiento, y regocijarse de ello, es porque han decidido trocar la necesidad en virtud. Y compensar su falta de comunicación social con el que es indudablemente un vistoso ejercicio académico. Pero aun la academia es un mercado que debe ser satisfecho, y aquí lo hacen agregando otra cuota de puridad ideológica y generando una “fuga hacia adelante”.

 

La nueva izquierda cubana tiene un grave problema. Si el campo tecnocrático tiene al mercado como centro enunciador, y los católicos a los evangelios, los izquierdistas no tienen nada. Ni siquiera tienen, como ha apuntado Guanche (2013), una “edad de oro” revolucionaria a la que remitir retrospectivamente el porvenir deseado. Y por eso han preferido saltar a futuros intensos y provocativos. Y en una sociedad que, repito, no ha logrado resolver el asunto básico de su reproducción material, hablan con denuedo de utopías trascendentales, control obrero, eliminación de la ley del valor y del trabajo asalariado, de la pospolítica, del socialismo del siglo xxi, del pluralismo sin partidos y del Estado que se debe extinguir.

 

Y con ello, no solo evitan mirar hacia la ríspida realidad del país (no hay mejor forma de hacerlo que contemplando utopías), sino que proponen a la sociedad cubana —con una economía arruinada, hastiada de la ideologización trascendentalista, deseosa de algún goce en el más acá— la consecución de metas históricas que casi nadie menciona desde los lejanos días en que los consejistas intentaban tomar el cielo por asalto.

 

Mirando al futuro

 

El panorama antes descrito tiene serias implicaciones para el futuro cubano. Como podrá observarse, los tres campos emergentes que he discutido aquí sufren inhibiciones programáticas drásticas. Y cada uno, por algún motivo, esconde una parte de su argumentación, presentándose ante la opinión pública como imágenes incompletas de sí mismas: los partidarios de la reforma económica como tecnócratas de pintas neoliberales, la jerarquía eclesiástica como pluralista inclinada a la izquierda y los izquierdistas como nihilistas empedernidos.

 

Y es así porque cada uno de estos espacios se abre paso en medio de un sistema autoritario, verticalista e intolerante que impide el despliegue de las opciones ideológicas a partir de un debate público plural y libre. Y les impide madurar como interpelaciones ideológicas —acerca de lo existente, lo bueno y lo posible— que informen a la sociedad cubana y le permitan escoger democráticamente las pautas para su futuro. Las ideologías no se distinguen por la sistematicidad del acumulado de sus ideas —de eso trata la doctrina— sino por su capacidad de interpelar a la sociedad y de conformar subjetividades. Si esta última capacidad no existe, las ideologías permanecen larvadas y sujetas a evoluciones narcisistas y morbosas. Es de eso justamente de lo que hemos estado hablando en este artículo.

 

Otro efecto negativo de esta situación es el desperdicio del capital intelectual de la nación cubana, incluida su dimensión transnacional. Cuba posee un sector intelectual (en el sentido más amplio del término) altamente calificado que trata de vencer la insularidad que se le impone desde el sistema, asomándose a cada intersticio de universalidad disponible desde lecturas profanas o desde la multitud de festivales culturales internacionales que constituyen parte de la liturgia exterior del régimen.

 

Las pésimas condiciones de todo género en que desenvuelven su labor intelectual, sin embargo, lo obligan a vivir en el ostracismo y el aislamiento cuando deciden asumir roles críticos sin distingos. O asumir los distingos como necesidades-de-la-historia y producir lo que Rojas (2006) percibió en los noventa como una suerte de “estetización de la política”. Dicho en otras palabras, un repliegue de los discursos intelectuales hacia la esfera letrada con la consiguiente retracción de una ética del compromiso.

 

Es una pérdida para casi todos, y del tipo de pérdida que nunca se repone. Un grupo musical llamado Habana Abierta, que llena los teatros de la ciudad cuando sus integrantes la visitan, tiene una canción que los jóvenes tararean con placer. En ella se afirma que “la vida es un divino guión”: “Los de la derecha giran a la derecha / los de la izquierda giran a la izquierda / y ya yo me aburrí / de esos viejos viajecitos en círculo / yo viajo recto aunque no soy flecha”.

 

Nada que objetar si no fuera porque —hasta el momento— el viaje recto sigue llevando a los fans de Habana Abierta a Hialeah. Cubanos y cubanas que se van, y que no vuelven porque no viajan en círculos, porque nada es claro en un escenario nacional que luce sin perspectivas. Sin siquiera la posibilidad de imaginar el futuro. 

 

Bobes, Velia Cecilia, La sociedad civil durante y más allá del Periodo Especial, 2013 (en proceso de publicación).

 

“Compromiso con la verdad”, en Espacio Laical, 2012, <http://espaciolaical.org/contens/esp/sd_178.pdf>.

 

Guanche, José L., Cuba: El socialismo y la democracia, Editorial Caminos, La Habana, 2013.

 

Laboratorio Casa Cuba, “Cuba Soñada, Cuba posible, Cuba futura: Propuestas para nuestro porvenir inmediato”, 2013, <http://espaciolaical.org/contens/35/2627.pdf>.

 

Linz, Juan, Totalitarian and Authoritarian Regimes, Lynne Rienner Publishers, Boulder, 2000.

 

Márquez, Orlando, “La Iglesia como puente de acercamiento”, 2012, <http://www.palabranueva.net/newpage/images/stories/2012_5/noticias/lasa_2012.pdf>.

 

O’Donnell, G., y P. Schmitter, Transiciones desde un Gobierno autoritario, Ediciones Paidós, Barcelona, 1994.

 

Rojas, Rafael, Tumbas sin sosiego, Anagrama, Barcelona, 2006.

 

Scribano, Adrián, “Primero hay que sufrir”, en Estudio del cuerpo y las emociones, en y desde Latinoamérica, CUSH, Guadalajara, 2009.

 

1 Por campos políticos-ideológicos (o simplemente campos) entiendo entramados de relaciones que conjugan intereses, prácticas sociales y textos discursivos, desde donde se modelan propuestas ideológicas y se interpela a las personas acerca de cómo organizar a  la sociedad y a la política. Esto último pueden hacerlo desde posicionamientos inclusivos (recuperación y validación de identidades particulares) o con pretensiones sistémicas. Los primeros son cada vez más comunes en la isla —movimientos de afrodescendientes, LGTB, feministas, comunitarios— pero no son el objeto de nuestro interés ahora, sino los segundos, es decir aquellos que plantean formulaciones de organización societal.

 

2 En este punto vale la pena una aclaración. Centraré mi atención en los campos y actores que emergen del propio sistema o de las políticas en curso sin producir rupturas fundamentales con ellos. Ello deja fuera de mi atención a la oposición organizada —agrupaciones políticas, blogueros, grupos de derechos humanos— de muy pobre incidencia en la esfera pública, pero de alto valor simbólico. Este es un tema complejo que merecería más atención de lo que el espacio de este artículo permite.

 

3 Aunque el análisis de grupos particulares rebasa el espacio disponible, valga solo decir que el SPD ha ido avanzando de manera muy positiva no solo en sus formulaciones teóricas y programáticas, sino también en sus enrolamientos públicos con otros sectores de la oposición en pos de metas democráticas. Los miembros del SPD —y en particular su vocero Pedro Campos— han sido frecuentes articulistas de órganos digitales de la izquierda como Kaos en la Red, donde en 2011 publicaron su documento programático más completo: “Propuestas para el avance al socialismo en Cuba”, <http://old.kaosenlared.net/noticia/propuestas-para-avance-socialismo-cuba-sin-socializacion-sin-democrati>.

 

 

El pluralismo sincero nace de dentro

Pedro Campos

31 de enero de 2014

 

A propósito de la II Cumbre de la CELAC en Cuba

 

Culmina la Cumbre de la CELAC en La Habana.  En lo personal felicito la Declaración de La Habana, especialmente por sus referencias a los derechos humanos y a la participación ciudadana, que, espero, no quede en “intenciones”, como uno más de tantos documentos aprobados en tantas conferencias internacionales que, en muchos casos, solo han servido para la politiquería de sus participantes.

 

Desde luego, la misma no recoge los intereses de toda la amplia Izquierda Democrática y Socialista latinoamericana; pero eso no podría esperarse de una cumbre de estas caracteristicas.

 

Vimos aquí junto a Raúl Castro, Presidente del único residuo del “campo socialista” que encabezara la URSS en el siglo pasado, que aparecen Juan Manuel Santos de Colombia quien buscó ingresar en la OTAN, Nicolás Maduro que sucedió a Chávez en Venezuela, un ex guerrillero tupamaro actual Presidente del Uruguay, un millonario capitalista como el Presidente de Paraguay y otros, socialdemócratas, demócratas, algún que otro presidente de corte autoritario, pero con la excepción del cubano, todos elegidos en forma democrática.

 

Una muestra del actual espectro americano que, a pesar de las ausencias de EEUU y Canadá, no dejó espacios políticos sin cubrir.

 

Se trata de las más grande reunión plural que haya tenido lugar en nuestro país, muy lejos de aquellas como los No-Alineados, o las sectarias y ultra-revolucionarias  OLAS u OSPAAL, que promovían la lucha armada en América Latina y África, para independizarse del colonialismo y el imperialismo y correr el riesgo de caer en la esfera de la influencia “soviética”.

 

Era otra época, entonces Cuba contaba con el amplio apoyo multilateral de la desaparecida URSS, la gran potencia mundial que pulseaba con EEUU, por el control del planeta.

 

Hoy, el mundo ha cambiado y el gobierno cubano sabe que debe cambiar o arriesgarse al aislamiento internacional, con todas sus consecuencias. Y sin duda, de entonces para acá,  se han producido  cambios en su política exterior, especialmente los antiguos intentos de reproducir la experiencia armada cubana en otros países.

 

Sin embargo ese pluralismo que se observa en la política exterior, no tiene contrapartida alguna en la situación interna del país, donde el pensamiento diferente y opositor es reprimido abiertamente y las forma de gobierno y estado siguen constreñidas al control del mismo partido, cuya elite político-militar toma todas las decisiones importantes del país, según sus intereses de permanecer eternamente en el poder.

 

Adentro, más sectarismo que nunca. La cúpula dirigente del gobierno-partido-estado no acepta nada que no sea lo que ellos consideren y determinen. Da lo mismo que venga de la disidencia tradicional, que de la amplia  Izquierda Socialista y Democrática, nacida del propio seno del proceso revolucionario y de las mismas fuentes históricas.

 

Para el maniqueísmo gobernante en Cuba, se está con el gobierno o a favor del imperialismo.

 

No obstante, esperamos que de alguna forma el gobierno cubano haga honor a lo que firmó en esta declaración, especialmente en su parte introductoria:  “Fortalezcamos nuestras democracias y todos los derechos humanos para todos; demos mayores oportunidades a nuestra gente; construyamos sociedades más inclusivas; mejoremos nuestra productividad; estrechemos nuestro comercio; mejoremos nuestra infraestructura y conectividad y las redes necesarias que unan cada vez más a nuestros pueblos; trabajemos por el desarrollo sostenible, por superar las desigualdades y por una más equitativa distribución de la riqueza, para que todas y todos sientan que la democracia les da sentido a sus vidas”.

 

Y luego en el punto 1: “Reiteramos que nuestra Comunidad se asienta en… la protección y promoción de todos los derechos humanos, el Estado de Derecho en los planos nacional e internacional, el fomento de la participación ciudadana y la democracia”.

 

Una verdadera vocación pluralista que tenga sinceras manifestaciones externas, solo puede ser producto de una práctica pluralista al interior, valga decir, democrática. El pluralismo sincero nace de dentro.

 

Si el gobierno cubano quiere ganar credibilidad en ese sentido no bastará con que se haya reunido con tantos representantes externos diversos y haya firmado esta declaración de intenciones, necesitará mostrar una vocación similar en el orden interno.

 

No está de más señalar que ésta sería una buena oportunidad para que el gobierno cubano ratifique los pactos de derechos humanos civiles y políticos y económicos, sociales y culturales  de la ONU, que posibiliten otros ulteriores movimientos democráticos en esa dirección, aunque sean dolorosamente paridos, “sin prisa, pero sin pausa”, como acostumbra a decir, el General también Presidente, de los avances de su “actualización”.

 

En lo que dice Raúl que será su último período de gobierno, podría abrir esa puerta si realmente quiere un futuro luminoso para el país y pasar a la historia como algo más que el sucesor de su hermano. Ojalá y así fuera.

 

Bienvenida la declaración de La Habana de la CELAC y esperemos que no quede en letra muerta.

 

Viva Cuba Libre. Socialismo por la vida.

 

 

Zona de paz

Ariel Hidalgo

24 de enero de 2014

 

La propuesta de hacer del Caribe y América Latina una zona de paz, sería loable y digna de respaldar si no fuera por quien piensa presentarla en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños a celebrarse en La Habana los próximos días. ¡Cuántos no hemos deplorado las escaramuzas fronterizas entre países hermanados por sus orígenes, por su historia y sus culturas como fue la de Perú y Ecuador hace no tantos años! Cualquiera se indigna al percatarse de que estos conflictos donde tantos infelices pierden la vida y tantas familias quedan enlutadas, son, o estratagemas para desviar hacia afuera la atención y encubrir los desafueros perpetrados en el propio país, o provocados en defensa de alguno de los grandes intereses en disputas, como en la guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay por los intereses petroleros. Y todo se encubre con una gran mentira: “la defensa de la patria”.

 

Pero la dirigencia que anuncia la presentación de esa propuesta estimuló y respaldó por muchos años casi todas las aventuras bélicas emprendidas en esa misma región, envió tropas a países de otro continente y fue punta de lanza, en plena guerra fría, del imperialismo ruso, albergando no sólo tropas de ese país, sino además misiles que pusieron al mundo al borde de la catástrofe nuclear. Cuando finalmente la Unión Soviética se desintegró y fuimos varios cubanos a una conferencia en Moscú auspiciada por un grupo de activistas italianos amigos del pueblo cubano, no sólo condené la presencia en nuestro archipiélago de tropas de las dos principales potencias sino que incluso manifesté mi deseo de que no hubiese ni siquiera tropas cubanas, y de que se declarara a Cuba y el Caribe, zona de paz. Pero yo no había pertenecido nunca a cuerpo armado alguno, ni siquiera cuando fui llamado al Servicio Militar Obligatorio, porque a donde me enviaron fue a la tristemente célebre UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción) más que militares, campamentos de trabajo forzado, y a los cuatro meses estaba fugado. Veinte años después, en el presidio político, condené el armamentismo cubano en un artículo que titulé El Militarismo en Cuba, cuya lectura tuve el privilegio de escuchar, trasmitida por Radio Martí, por un aparato de radio clandestino.

 

Mas la dirigencia “histórica” que lleva cincuenta y cinco años en el poder y que llegó a contar con una de las fuerzas armadas más nutridas y apertrechadas del continente, carece de toda credibilidad. El único país con suficiente fuerza moral para ser escuchado seriamente si la propusiera, sería Costa Rica, porque abolió su ejército hace más de cinco décadas y aprobó una constitución que prohíbe la creación de fuerzas armadas.

 

Quienes desconozcan la verdadera naturaleza del régimen cubano creerán tal vez que esos dirigentes han tenido de pronto una experiencia religiosa, como quien cae de un caballo en el camino de Damasco, o que ya aquel aventurerismo ha quedado hace mucho en el pasado, pero los cubanos que hemos sufrido su estilo de política, sabemos que pueden firmar cualquier cosa en cualquier fórum y luego seguir haciendo todo lo contrario sin el menor escrúpulo, como en los célebres acuerdos de Viña del Mar, y que si actualmente se abstienen de actos como aquellos es porque saben ajustarse astutamente a los tiempos y a las diferentes situaciones internacionales. Aunque continúan enarbolando el fantasma de la amenaza imperialista para justificar las nefastas consecuencias de sus absurdas políticas restrictivas, saben perfectamente que con el fin de la guerra fría, ese peligro es inexistente, a no ser por una explosión social que implique peligro de éxodo masivo, del cual sería responsable la propia testarudez de ese régimen. Entonces... ¿para qué el apertrechamiento? Sólo hay una razón: el miedo al propio pueblo. Si quiere ser creíble, hay un solo paso convincente: la desmilitarización.

 

Infoburo@aol.com

 

 

Memorias mutiladas

Rafael Rojas

21 de enero de 2014

 

¿Cómo son reivindicados en La Habana algunos escritores del exilio? Los casos de Jorge Mañach, Guillermo Cabrera Infante, Jesús Díaz y Guillermo Rosales. Y el Premio Nacional de Literatura y el exilio.

 

La guerra de la memoria que, hace veinte años, tras la caída del Muro de Berlín y la descomposición del campo socialista, veíamos instalarse en la cultura cubana, ha llegado, finalmente, a su fase irregular. Lo que entonces era imaginado como la confrontación de dos bandos —dentro y fuera, Isla y exilio, Revolución y Contrarrevolución, comunismo y anticomunismo— está viviendo una acelerada diseminación, que multiplica los ejes del viejo conflicto y rebaja el volumen de los discursos en pugna. Hoy se reivindica a autores exiliados en la Isla y se reconocen a artistas de la Isla en el exilio, pero también se lavan expedientes oficiales u opositores y se mutilan biografías incómodas.

 

En los últimos años se han producido, en la Isla, intervenciones críticas sobre la literatura y el pensamiento de figuras del periodo republicano, como Jorge Mañach, o sobre escritores emblemáticos de la Revolución a principios de los 60 y hasta fines de los 80, que luego se exiliaron y se opusieron al gobierno cubano, como Guillermo Cabrera Infante y Jesús Díaz, que superan los tanteos reparadores de los 90. El impulso de reivindicación de marginados, reprimidos y olvidados se ha movido en el tiempo y ha impactado los debates sobre la implementación de la censura en los 60, el dogmatismo cultural de los 70, las UMAP, la homofobia, el éxodo de Mariel, la neutralización del postmodernismo de los 80 y la diáspora de los 90.

 

En las líneas que siguen, me propongo comentar algunas de esas intervenciones con el propósito de contribuir a la visibilidad que, con frecuencia, se les escamotea. Me interesa también localizar las reacciones oficiales a ese avance del discurso reivindicador, que se abre paso dentro y fuera de la Isla. Incluso en el oficialismo es posible advertir las mutaciones propias de una política cultural que dice suscribir los valores del pluralismo y la diversidad, pero que no renuncia a preservar e imponer el binarismo “revolución/contrarrevolución”, como mecanismo de control del campo intelectual.

 

Lo que falta por decir

 

Desde los 90, el debate en torno a la reivindicación de figuras olvidadas o estigmatizadas en la cultura cubana ha adolecido de dos manías: la edición selectiva y el ocultamiento del proceso de estigmatización. De Jorge Mañach, un intelectual público sin el cual no se puede narrar la historia cultural cubana entre los años 20 y 60, se reeditaron la biografía Martí, el Apóstol (Ciencias Sociales, La Habana, 1990) y una antología de sus ensayos más conocidos, en 1999, por Letras Cubanas, reunida y prologada por Jorge Luis Arcos.

 

A este rescate editorial selectivo, siguió, como siempre sucede, un asedio crítico que se internó en zonas más complejas de la recepción intelectual, con volúmenes como Mañach o la República (2003) de Duanel Díaz o el provocador ensayo “Sin hacer del monte orégano. Jorge Mañach en la filosofía cubana” (2007) de Félix Valdés García, aparecido en la revista Temas.

 

Valdés García iniciaba su ensayo con esta afirmación: “siempre he notado que sobre Jorge Mañach quedan cosas pendientes por decir, que es buscarruidos mencionarlo entre un público interesado en temas de la cultura y el pensamiento cubanos”. Varios investigadores de la Isla (Ana Cairo, Jorge Domingo, Luis Sexto, Marta Lesmes, Salvador Arias, Pablo Guadarrama, María del Rosario Díaz, María Elena Capó…) se han sumado a la recuperación de Mañach, aunque ninguno ha acompañado sus aproximaciones de un relato mínimo del “vilipendio”  o la “satanización” sufridos por el autor de Historia y estilo, para usar los términos de Domingo y Sexto.

 

La aparición del volumen, Más allá del mito. Jorge Mañach y la Revolución Cubana (2012), de Rigoberto Segreo y Margarita Segura, fue celebrada en medios oficiales, como Juventud Rebelde y Cubadebate, la página electrónica del Partido Comunista, como ese “decir lo que faltaba”.

 

Dos motivos comunes en esas vueltas a Mañach son la revaloración de su liderazgo en la Revista de Avance y el vanguardismo cultural de los 20 y 30 y la aceptación de su respaldo a los asaltantes al cuartel Moncada, a la oposición pacífica y violenta al régimen del 10 de marzo de 1952 y al gobierno revolucionario, entre enero de 1959 y el verano de 1960.

 

Durante décadas, el “vilipendio” y la “satanización” de Mañach, alentadas por viejos intelectuales comunistas o marxistas (Alejo Carpentier, Juan Marinello, Mirtha Aguirre, José Antonio Portuondo, Raúl Roa…), por los jóvenes jacobinos de Lunes de Revolución y por flamantes burócratas de la cultura, se basaron en un escamoteo de su papel en Revista de Avance y en la Revolución del 33, en la presentación de su liberalismo y su republicanismo como “conservadurismo” o “reacción” y en el ocultamiento de su apoyo inicial a la Revolución.

 

En el libro de Segreo y Segura esos escamoteos desaparecen, pero se movilizan otros. Los autores comentan detalladamente los artículos políticos de Mañach, entre 1952 y 1960, en Diario de la Marina y Bohemia —textos que han sido estudiados fuera de Cuba por investigadores que, naturalmente, ellos no citan— y concluyen que la actitud de Mañach fue coherente, al apartarse de la Revolución y exiliarse en Puerto Rico. La coherencia estaría dada por un “conservadurismo” o un “anticomunismo”, que explicarían su rechazo al giro socialista en la Isla. Ambos términos son, como sabemos, cuestionables: el primero porque entra en contradicción con la filosofía profundamente liberal y republicana de Mañach y el segundo, porque no se ajusta a la realidad.

 

Mañach nunca fue comunista, pero tampoco fue anticomunista, si por anticomunismo se entiende lo que quería decir a mediados del siglo XX: el rechazo a la existencia del comunismo como partido político y/o corriente intelectual. Mañach fue un gran admirador de José Carlos Mariátegui, a quien dedicó el mejor ensayo, para mi gusto, del homenaje de Revista de Avance al marxista peruano, y se interesó por el pensamiento de intelectuales bien ubicados en la izquierda occidental como Albert Camus, Jean-Paul Sartre, Edmund Wilson o Lionel Trilling. Pero como el liberal y el republicano que fue, Mañach pensaba que la existencia de un gobierno representativo y de una dotación amplia de libertades públicas y derechos civiles y políticos eran premisas indispensables de cualquier democracia. El abandono de esas premisas, en la Cuba del verano de 1960, hizo insostenible su permanencia en la Isla.

 

Al presentar el liberalismo y el republicanismo de Mañach como “anticomunismo”, estas recuperaciones mantienen viva la segregación de ciertas tradiciones ideológicas del pasado y el presente de Cuba. La memoria opera, por tanto, de manera desdoblada o farisaica, asumiendo como reivindicación lo que, en realidad, es una nueva forma de subvaloración. No es raro que ninguno de esos autores comente, por ejemplo, los múltiples artículos en los que, desde Bohemia, Mañach cuestionó la supresión de libertades, entre el verano y el otoño de 1960, y los pocos, pero igualmente decisivos, que llegó a escribir para Bohemia Libre desde San Juan.

 

No hay, en cualquiera de esos libros o ensayos, un debate sereno y equilibrado, aunque sea crítico, del apoyo de Mañach a la invasión de Bahía de Cochinos, en abril de 1961, ni glosas del proyecto democrático que defendió en su libro póstumo, Teoría de la frontera. Luego de más de medio siglo, las últimas ideas políticas de este intelectual cubano son silenciadas, poniendo en evidencia que la reivindicación de un “Mañach revolucionario” es incompatible con el reconocimiento de la legitimidad de cualquier oposición, violenta o pacífica, en el pasado o el presente de Cuba.

 

Locura y exilio

 

Si las reediciones y revaloraciones de clásicos de la República, como Jorge Mañach, Enrique Labrador Ruiz, Gastón Baquero, Eugenio Florit, Lino Novás Calvo, Carlos Montenegro o Lydia Cabrera, describen un avance del revisionismo en la historia intelectual, la relectura, menos extendida, de autores emblemáticos de la primera etapa de la Revolución, luego opuestos al gobierno cubano, como Guillermo Cabrera Infante, se acerca más claramente a la demanda de pluralismo ideológico, al menos, en el debate historiográfico.

 

Junto a otras intervenciones tangenciales, la mayor apuesta por un regreso de Guillermo Cabrera Infante a la esfera pública de la Isla ha sido realizada por los jóvenes investigadores Elizabeth Mirabal y Carlos Velazco, en un par de volúmenes recientes: Sobre los pasos del cronista. El quehacer intelectual de Guillermo Cabrera Infante en Cuba hasta 1965 (Unión, La Habana, 2010) y Buscando a Caín (ICAIC, La Habana, 2012).

 

El primer volumen preservaba pautas de la lógica del rescate intelectual, dentro de la Isla, como ceñirse a la producción literaria o periodística de Cabrera Infante antes de su salida de Cuba o la falta de referencias y citas adecuadas a estudiosos de la obra del autor de Tres tristes tigres, que viven en el exilio. Pero, ciertamente, la empresa de Velazco y Mirabal implicó una reubicación bastante completa de Cabrera Infante en la cultura cubana de los 50 y principios de los 60. Los autores recorrieron, en detalle, el paso de Cabrera Infante por Carteles y Bohemia, Orígenes y Ciclón, su relación con el viejo comunismo y el 26 de Julio, la fundación y dirección de Lunes de Revolución, Ediciones R, la primera Cinemateca de Cuba y la censura de PM.

 

Ya en Sobre los pasos del cronista era evidente que Mirabal y Velazco habían aprovechado una red de testimonios de intelectuales exiliados vivos, que fueron amigos de Cabrera Infante, como Orlando Jiménez Leal, Fausto Canel, Matías Montes Huidobro, José Lorenzo Fuentes, Nivaria Tejera o Edmundo Desnoes. La reunión de esos testimonios en el segundo volumen, Buscando a Caín, junto a otros, generalmente discordantes, de intelectuales residentes en la Isla, también amigos de Cabrera Infante, como Harold Gramatges,  Pablo Armando Fernández, Graziella Pogolotti, Antón Arrrufat, César López o Abelardo Estorino, escenificaba una batalla por el lugar del escritor en la memoria, que quebraba viejas interdicciones, pero todavía fijaba estereotipos.

 

Para los amigos exiliados y para los propios Velazco y Mirabal, Guillermo Cabrera Infante era inconcebible sin su obra escrita fuera de la Isla, entre 1965 y 2005, o sin su posicionamiento público en contra del sistema político cubano y, específicamente, del gobierno de Fidel Castro. La mayoría de los testimoniantes de la Isla evitaba rigurosamente cruzar la frontera de 1965, borrando cuarenta años de exilio y lo fundamental de la obra literaria de Guillermo Cabrera Infante. Quienes recordaban al exiliado, desde la Isla, no daban importancia a la oposición de Cabrera Infante al establecimiento de un régimen de partido único, ideología “marxista-leninista” y estatalización de la economía y la sociedad, que a un intelectual antiestalinista, como el director de Lunes de Revolución, tenía que provocarle rechazo. El resentimiento, el machismo o la locura podían ser argumentos de mayor peso, que cualquier idea política, en aquellas evocaciones.

 

Esta memorialización del exilio como psicopatología reaparece en un siguiente volumen de Elizabeth Mirabal y Carlos Velazco, titulado Hablar de Guillermo Rosales (2013), editado recientemente en Miami. Aquí también se escenifica una reyerta por la memoria, pero no tanto entre testimoniantes de la Isla y el exilio como entre los compiladores del volumen, que en el ensayo introductorio “Guillermo Rosales, un arcano”, llaman a una reconstrucción lo más completa posible de la poética y la política del autor de El juego de la viola y Boarding Home, y varios de sus entrevistados, que prefieren evocar, centralmente, al Guillermo Rosales de la revista Mella y enmarcar la vida y la obra del escritor en el exilio dentro de un largo episodio de enajenación y locura, que culminó en su “fracaso” y su suicidio.

 

Víctor Casaus asegura que “la tragedia” de Guillermo Rosales fue “su no realización”, que “su obra no llegó a cuajar”. Podría pensarse que se trata de un juicio estético, pero en realidad es un juicio político: la obra no cuajó porque, según Casaus, Rosales “no fue alguien con una obra conocida”. El veredicto de Eliseo Altunaga también es tajante: “él no triunfó. La mala suerte existe”. Félix Guerra, Silvio Rodríguez, Silvia Rodríguez y Emilio Herrera prefieren recordarlo como un genio loco. Rosales, según ellos, no era revolucionario ni contrarrevolucionario, era una “personalidad esquizo o neurótica” —términos contradictorios que los entrevistados usan alegremente— o “desapegada”, que se perfiló en reacción al conflicto con el padre y la familia, no con la sociedad o el Estado.

 

Norberto Fuentes es, tal vez, el único que le da importancia al medio social y político en la formación de la locura de Rosales, pero el medio al que se refiere no es el de la Cuba totalitaria sino el del Miami anticastrista: al escritor, según su amigo, “le sucedió lo que a todo el mundo en el exilio: se quiso hacer gusano por oficio”. 

 

Afuera o después de la Revolución

 

La mutilación de la memoria se ha convertido en una necesidad discursiva del proceso de recuperación de autores republicanos y exiliados en el campo intelectual de la Isla. Una necesidad determinada por el hecho de que esas recuperaciones, para circular sin mayores obstáculos, deben suscribir el apotegma de la política cultural oficial, que todavía remite al “dentro de la Revolución todo, contra de la Revolución nada” de Fidel Castro.

 

Dado que sigue siendo inconcebible un afuera racional de la Revolución, la ruptura con el gobierno cubano de autores como Jorge Mañach, Guillermo Cabrera Infante o Guillermo Rosales no puede ser plenamente documentada o debe ser atribuida, no a ideas o a convicciones, sino a equívocos, delirios y frustraciones.

 

Es persistente en esas memorializaciones a medias, la imagen, rígidamente binaria, de que la oposición o el exilio representan siempre un “cambio de bando”. Visión obsesivamente polarizada del campo intelectual y político que tuvo sentido durante la Guerra Fría, pero que no siempre es aplicable a los exiliados y opositores de los últimos veinte años. Si en tiempos de los exilios de Mañach, Cabrera Infante y Rosales, romper con el Gobierno e irse de Cuba era apostar al anticomunismo y al anticastrismo de la Guerra Fría, después de 1992, el exilio y la oposición han sido para muchos plataformas de demandas de una transición a la democracia con elementos reformistas, que era minoritaria entre los 60 y los 80.

 

Aquella idea de la democratización cubana surgió en el contexto de las transiciones de Europa del Este y América Latina y, desde un inicio, no se asumió como “contrarrevolución” o “anticomunismo”, ya que muchos de sus promotores habían sido revolucionarios y socialistas que, treinta años después, pensaban que el sistema político cubano estaba agotado y debía reformarse.

 

Las dificultades de recuperación, en la Isla, de la obra intelectual de ese tipo de exiliados, en las dos últimas décadas, puede personificarse con Jesús Díaz. Recientemente, el poeta, narrador y crítico Guillermo Rodríguez Rivera, desde el blog de Silvio Rodríguez, aprovechó un artículo en que objetaba los dos últimos Premios Nacionales de Literatura, concedidos a Leonardo Padura y Reina María Rodríguez, para demandar el rescate editorial de dos novelas de Jesús Díaz. No de toda la obra publicada de Díaz, que no requeriría de ningún esfuerzo editorial por parte del Estado para ser puesta en circulación en la Isla —el Instituto Cubano de Libro, si quiere, puede llegar a un acuerdo con las editoriales Anagrama, Destino o Espasa Calpe para permitir la venta, en Cuba, de las cinco novelas que ese importante escritor publicó en el exilio—, sino solo de dos: Las iniciales de la tierra y Las palabras perdidas.

 

¿Por qué solo esas dos? Porque ambas fueron escritas en la Isla, antes de que Díaz se exiliara y se opusiera al gobierno cubano, primero, desde Berlín, y luego, desde Madrid, donde fundó en 1995 la revista Encuentro de la Cultura Cubana. Según Rodríguez Rivera, esas novelas —a las que llama “la más importante de la Revolución” y  una “juguetona y trágica obra maestra”— deben rescatarse porque fueron escritas antes de que su autor “decidiera abandonar el país y la Revolución”.

 

Rodríguez Rivera habla en primera persona del plural, como juez y parte del poder editorial que decide a quién publicar y a quién no: “si hemos publicado textos de exiliados como Jorge Mañach, Lino Novás Calvo y Carlos Montenegro…, creo que es imposible no reeditar obras como Las iniciales de la tierra…”

 

La frase es precisa: en Cuba se han publicado “textos” de esos autores del exilio porque toda la obra de los mismos —incluyendo la rica ensayística política de ellos tres y, también, de Jesús Díaz— es impublicable por haber sido escrita en el afuera o el después de la Revolución.

 

En un segundo artículo sobre el tema, también aparecido en el blog Segunda Cita, Rodríguez Rivera cuestiona la propuesta de Carlos Velazco y otros jóvenes intelectuales de la Isla de que el Premio Nacional de Literatura comience a ser concedido a escritores del exilio.  Según Rodríguez Rivera, la idea es cuestionable, entre otras cosas, porque los principales autores del exilio ya murieron. Los que aún viven (José Kozer, Nivaria Tejera, Manuel Díaz Martínez, José Triana, Octavio Armand, Abilio Estévez, Orlando González Esteva, Gustavo Pérez Firmat, Néstor Díaz de Villegas, Zoé Valdés, Rolando Sánchez Mejías, Antonio José Ponte, José Manuel Prieto…), casi todos mayores de 50 años, carecen de valor o tienen, como Rosales, la gran limitación de “no ser conocidos”. Como si el desconocimiento de esos autores y sus obras, en la Isla, fuera un evento natural, condicionado por la calidad literaria, y no por la existencia de un Estado que controla rigurosamente lo que se edita y lo que, solo a través de una edición estatal, tiene derecho a circular.

 

El fariseísmo de lo ‘extra-literario’

 

No es extraño que el artículo donde Guillermo Rodríguez Rivera cuestionó los dos últimos premios nacionales de literatura, fuera reproducido en Cubadebate, la página electrónica del Partido Comunista, ni que el exdirector del Instituto Cubano del Libro, Iroel Sánchez, uno de los principales promotores de la sostenida campaña de descrédito contra Jesús Díaz en los medios oficiales de la Isla, lo elogiara en su blog. Sánchez daba la razón a Rodríguez Rivera, cuando este afirmaba que Las iniciales de la tierra era la “más importante novela de la Revolución” y agregaba que, aunque el autor “se había sumado a los que cambiaron de bando en el momento más duro”, “nada de lo que hizo contra la Revolución le quitaba grandeza, valor y vigencia” a aquella novela, escrita en los 70 y publicada en 1987.

 

La lectura de Sánchez es otra evidencia más del fariseísmo que, a veces, se apodera de las operaciones de rescate editorial en Cuba. Quienes han defendido por décadas la idea de una literatura “revolucionaria”, en la que las políticas y las poéticas no estén desligadas de una autoría, proponen ahora, abiertamente, mutilar la biografía de un autor, salvando lo que consideran “revolucionario” del mismo y decretando, desde supuestos criterios estéticos, el olvido o la subvaloración de toda su literatura disidente.

 

Poco importa que el propio Díaz, desde Las iniciales de la tierra, una novela censurada por más una década, prefiriera narrar la Revolución como un fenómeno de su pasado y se abriera, a partir de su siguiente novela, Las palabras perdidas, a la crítica del presente totalitario. Una crítica de su presente que, en muy pocos años, le valió la estigmatización pública de los mismos que lo elogiaban en La Habana de fines de los 80 y que hoy se proponen “rescatarlo”, domesticado.

 

Intervenciones como estas, que intentan modular la presión que ejercen las nuevas generaciones de historiadores y críticos de la Isla, a favor de una plena circulación de la literatura del exilio, ponen al descubierto la médula farisaica de la política editorial cubana. Cada vez es más frecuente escuchar, entre los gestores de esa política, el argumento de que lo “extra-literario” no puede dominar el mercado y la crítica literarias. Pero es que lo extraliterario ha sido siempre constitutivo de todas las literaturas del orbe y nunca ha dejado de serlo en una literatura, como la cubana, caracterizada por fuertes politizaciones gubernamentales o exiliadas, oficiales o autónomas.

 

La protesta contra lo “extra-literario” en el campo literario de la Isla no es más que el subterfugio para la imposición de una sola política en la esfera pública y, sobre todo, en la circulación y reproducción de las ideas. El fariseísmo editorial, en Cuba, se basa en una falsa coartada: la de que no toda la literatura exiliada puede ser publicada en la Isla porque los dueños de los derechos de autor de esa literatura no aprobarían una edición estatal.

 

Lo falso de la coartada no es que los herederos se opongan a que algunas obras y autores del exilio sean editados por el mismo Estado que los calumnió durante décadas. Lo falso es que una edición estatal sea la única manera de poner la literatura exiliada al alcance de los lectores de la Isla. Basta con que el Estado autorice la venta de las grandes obras del exilio, editadas fuera de la Isla, o que libere el uso de internet, para que buena parte de la mejor literatura del exilio llegue a la ciudadanía insular.

 

 

¿Y que reciben los emigrados?

Haroldo Dilla Alfonso

20 de enero de 2014

 

El gobierno cubano sigue viendo a sus emigrados como desprendimientos del cuerpo nacional a los que hay que sacar plusvalía

 

El Nuevo Herald nos brinda un artículo despachado por AFP que vale la pena analizar. Se trata de una de esas piezas analíticas breves que da cuenta de un fenómeno tan complejo como es la emigración cubana.

 

El artículo se detiene especialmente en las opiniones vertidas por un conocido académico cubano y director del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de la Habana: Antonio Aja. Creo que lo dicho por Aja es lo que más se ha dicho sobre el asunto hasta el momento en Cuba en el mundo oficial al que Aja pertenece en su calidad de director de un centro tan estratégico como el CEDEM. Compárese, por ejemplo, con el discurso que el canciller Bruno Rodríguez le regaló a un grupo de migrantes “patriotas y respetuosos” en una reunión en New York hace solo par de años y en el que despreciaba olímpicamente cualquier contribución económica de los emigrados al desarrollo del país en la consideración de que Cuba necesitaba mucho más dinero del que los emigrados podían aportar.

 

Pero al mismo tiempo, lo dicho por Aja muestra con crudeza cual es el límite del discurso oficial cubano —y de la práctica consecuente— respecto al tema.

 

Según éste, Cuba es un país de migración (concepto que se aproxima más que nunca a lo que realmente es: una sociedad transnacional) y en consecuencia debe abrir espacios de acción a esta realidad. Aja lo concibe, según El Nuevo Herald, capitalizando a esa emigración, como hacen numerosos países, lo que “significa que pasen un tiempo en Cuba, que trabajen para Cuba, que inviertan para Cuba, es decir que el proyecto (nacional) los tome en consideración. Cuba tiene que tomarlos en consideración” Es decir, que “intervengan en ese proyecto todos los (emigrados) que son capaces de hacerlo”.

 

En otras palabras, el director del CEDEM ofrece a los migrantes “que puedan”, es decir que tengan dinero para ser “capitalizados”, que participen en un supuesto proyecto nacional que la población nacional no conoce, y mucho menos los emigrados. Y estoy seguro que tampoco buena parte de los funcionarios. Y de paso afirma que todo esto es un paso de avance gracias a la reforma migratoria.

 

Estoy de acuerdo en que la reforma migratoria ha sido un paso de avance proceditivo, pero deja las cosas como están —en el mal lugar en que están— en dos sentidos. En primer lugar no crea derecho, sino solo alarga permisos, para la población residente en la Isla. En segundo lugar no modifica sustancialmente el status de desterrados de los emigrados, a los que solo se les permite estar más tiempo de visita, y regresar al país definitivamente si piden permiso y se les concede.

 

Es cierto, como dice Aja, que los migrantes se han convertido en pilares básicos de las economías nacionales. Pero omite algunas consideraciones vitales. Por ejemplo, que los países emisores tratan de utilizar todo el potencial de sus migrantes: capitales para invertir, conocimientos técnicos superiores, relaciones sociales e institucionales, etc. Y que para hacerlo dan a sus emigrados numerosos estímulos, que van desde exenciones fiscales a importaciones hasta aparatosas bienvenidas en los aeropuertos cuando regresan en masa en fechas festivas.

 

Y, sobre todo, que ponen en vigor medidas para integrar a los emigrados a la vida nacional mediante la extensión de los derechos políticos a sus ciudadanos de ultramar: votan y eligen representantes.

 

Desafortunadamente el gobierno cubano sigue viendo a sus emigrados como desprendimientos del cuerpo nacional a los que hay que sacar plusvalía mediante remesas y cobrándole los servicios consulares a precio de oro.

 

Ya no les considera bestias pardas contrarrevolucionarias, gusanos desertores del tren revolucionario. Ahora descubre en ellos un filón de dinero fácil (los dirigentes cubanos sienten pasión por el dinero fácil) y hasta reconoce bolsones de emigrados “respetuosos y patriotas” a los que se invita a reuniones donde, dicen, dialoga la nación con su emigración. Aunque en realidad solo cuchichea el gobierno con sus gavillas de adeptos.

 

Y al resto, a la gran masa de emigrados que sostienen el consumo popular con sus remesas, ahora les invita a ser amigos, solo que dando tan poco y pidiendo tanto, que uno puede asumir que se trata de una amistad muy asimétrica. Que con tales amigos los emigrados pueden prescindir de todas las enemistades.

 


Cuba camina hacia el realismo

Rafael Rojas

20 de enero de 2014

 

La pregunta sobre su giro en política exterior es si será duradero o coyuntural

 

La Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) se reunirá, por tercera vez, a fines de este mes en La Habana. La presidencia pro témpore de ese organismo, ejercida por el Gobierno de Raúl Castro, no ha sido tan activa como la venezolana o la chilena, pero ha propiciado algunos gestos que pueden ser leídos como el principio del fin de una política exterior prioritariamente volcada al nexo con Venezuela y la promoción del bloque bolivariano. Muy lentamente y envuelto en retóricas continuistas, como las propias reformas económicas implementadas en los tres últimos años, un cambio hacia una política exterior más realista, en relación con América Latina, parece abrirse paso en La Habana.

 

Durante el año que Cuba ha estado al frente de la CELAC, el Gobierno de la isla se ha mantenido al margen de las reyertas habituales del ALBA. No se ha sumado a la ofensiva bolivariana contra la Alianza del Pacífico, ni ha presionado a la candidata y, luego, presidenta electa Michelle Bachelet para que abandone ese foro o abra una negociación con Bolivia para encontrar una salida al mar. Durante el 2013, la relación de Cuba con Brasil se reforzó por medio del préstamo del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social de ese país para la creación de una zona franca en el puerto del Mariel y la cancillería de la isla organizó encuentros con empresarios y políticos de México, Perú y Colombia, tres naciones de la Alianza del Pacífico.

 

La Habana ha puesto especial cuidado en mantener buenas relaciones con el Gobierno de Juan Manuel Santos, en Colombia, facilitando las conversaciones de paz entre Bogotá y las guerrillas. A diferencia del Gobierno venezolano de Nicolás Maduro, que desconoció el triunfo del candidato oficialista, Juan Orlando Hernández, en las pasadas elecciones presidenciales, en Honduras, el Gobierno de Raúl Castro, al igual que el de Daniel Ortega, desestimó la acusación de fraude lanzada por la oposición y reconoció al nuevo mandatario hondureño. El giro realista de la política exterior de Cuba ha tenido sus recompensas: condonación del 70% de la deuda con México, créditos e inversiones suramericanas, respaldo a la presidencia de la CELAC.

 

La pregunta sobre si ese giro es permanente o coyuntural se maneja en las cancillerías de la región. El Gobierno y, sobre todo, el partido comunista que lo rige contribuyen deliberadamente a la incertidumbre, manteniendo vivo un sectarismo bolivariano —contrario a la Alianza del Pacífico, a gobiernos calificados como “derecha neoliberal”, a la OEA o a foros e iniciativas que buscan mejorar las relaciones con Estados Unidos o Europa— en los medios de comunicación, especialmente en las páginas electrónicas más adscritas a la ortodoxia fidelista. La contradicción entre una agenda pragmática y un lenguaje intransigente —puesta en evidencia en el último discurso de Raúl Castro en Santiago de Cuba— es una seña de identidad de la ideología oficial desde la convalecencia de Fidel Castro, en el verano de 2006.

 

La beligerancia diplomática en América Latina, como tantas otras cosas, poco a poco va quedando como un atributo del pasado fidelista y chavista de la izquierda regional. Sin Fidel y, sobre todo, sin Chávez, que renovó esa beligerancia en los años posteriores a la Guerra Fría, el latinoamericanismo retoma su tradición más sólida, que proviene, precisamente, de Simón Bolívar y los primeros republicanos hispanoamericanos y se consolida entre fines del siglo XIX y mediados de la pasada centuria, con José Martí, la Revolución Mexicana, el peronismo y el varguismo. Una tradición latinoamericanista que, desde la defensa del acervo histórico y cultural de la región, entiende el continente como una zona republicana, en permanente intercambio y diálogo con Estados Unidos y Europa, África y Asia.

 

La Revolución Cubana, a pesar de su impulso a la descolonización africana y asiática, fue más una ruptura que una continuidad con ese latinoamericanismo, toda vez que propuso abandonar la matriz constitucional republicana por medio de la inscripción de la isla en el bloque soviético. Luego de 1959 en Cuba se produjo un curioso fenómeno, que apenas comienza a estudiarse, por el cual los viejos prejuicios anti-indígenas del nacionalismo blanco cubano se rearticularon dentro de una ideología marxista-leninista que representaba a América Latina y el Caribe como regiones atrasadas e inferiores a Cuba, por su capitalismo subdesarrollado. Así como las élites del periodo prerrevolucionario creían vivir en un país más norteamericano que latinoamericano, las nuevas élites socialistas sintieron que habitaban en el Segundo Mundo del comunismo euroasiático.

 

En los últimos veinte años, esa fantasía se ha disuelto vertiginosamente y hoy los cubanos se sienten más latinoamericanos y caribeños que nunca en su historia. Hugo Chávez y el ALBA ayudaron a ese regreso de Cuba a la región, pero lo hicieron de manera sectaria, entendiendo lo latinoamericano sólo como una parte y no como el todo de la comunidad. La CELAC y su próxima cumbre en La Habana son la mejor evidencia de que es inconcebible un pleno latinoamericanismo sin democracia, ya que sociedades heterogéneas y políticamente plurales sólo pueden integrarse por medio del respeto a la diferencia. Al Gobierno cubano, que no tolera y reprime toda oposición interna, siempre le queda la opción del doble rasero. Reclamar, en nombre del latinoamericanismo democrático, la tolerancia regional de un sistema comunista, y encarcelar o perseguir a quienes, en la isla, exigen los derechos civiles y políticos de que goza cualquier ciudadano del continente.

 

La integración de un régimen comunista, como el cubano, a una comunidad de repúblicas democráticas, como las latinoamericanas, está llamada a generar, en los próximos años, ese constante desdoblamiento. El Gobierno de la isla se ve obligado a justificar la pertenencia de un sistema político de partido único, control estatal de los medios de comunicación y oposición ilegítima a un foro continental de democracias. Los desencuentros entre el discurso y la práctica, el protocolo y la realidad harán cada vez más evidente la necesidad de una democratización de la isla. A la luz de esa contradicción, los jóvenes políticos cubanos, del Gobierno o la oposición, comprenderán más temprano que tarde que, solo en democracia, Cuba podrá aprovechar al máximo las ventajas de la integración regional.

 

 

Por qué ahora apoyo el embargo

Manuel Castro Rodríguez

19 de enero de 2014

 

¿Por qué los hermanos Castro y sus agentes mediáticos diseminados por el mundo pretenden ignorar que la comunidad internacional sancionó a Sudáfrica con un bloqueo –es mucho mayor que  un embargo-, que fue solicitado por el propio Nelson Mandela?

 

Los hermanos Castro pretenden hacer creer que los problemas de su régimen se deben al embargo norteamericano, llamado ‘bloqueo’ por el régimen militar cubano y sus agentes mediáticos. Lo cierto es que Cuba depende de Estados Unidos como nunca antes en su historia:

 

- Estados Unidos es el quinto socio comercial de los hermanos Castro.

 

- Estados Unidos es el principal suministrador de alimentos a Cuba.

 

- Estados Unidos es el principal suministrador de medicamentos a Cuba.

 

- En el año 2012 casi 574.000 personas viajaron a Cuba procedentes de Estados Unidos.

 

- Sólo en el año 2012, entre efectivo y bienes el exilio cubano en Estados Unidos envió a Cuba 5.105 millones de dólares.

 

En varios artículos y llamados apoyé el levantamiento del embargo norteamericano a Cuba. Los hechos acontecidos en el último año y medio me hicieron cambiar de opinión; hace varios meses reconocí públicamente mi error. Volveré a apoyar la eliminación del embargo norteamericano tan pronto el régimen de La Habana cumpla y haga cumplir los siguientes artículos de la Declaración Universal de Derechos Humanos:

 

Artículo 9: Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado.

 

Artículo 13:   2.  Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso el propio, y a regresar a su país.

 

Artículo 19: Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

 

Artículo 20:    1.  Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas.

 

¿Por qué?

 

Desde hacía más de medio siglo el régimen de los hermanos Castro no contaba con un reconocimiento internacional similar al que tiene desde que Raúl Castro asumió como dictador designado. A cambio de ello, ¿qué se ha logrado en materia de DDHH?

 

Las supuestas señales de cambio de la tiranía castrista son mensajes para engañar a incautos y a tontos útiles -necesidad de oxígeno para seguir en el poder-, como lo demuestran las 6.424 detenciones arbitrarias por motivos políticos documentadas  el pasado año 2013.

 

Hace un año Raúl Castro fue elegido al frente de la CELAC, pero no ha dado la menor señal de que piense respetar los DDHH, todo lo contrario, el nivel de violencia física empleada en diciembre de 2013 por los cuerpos represivos y grupos parapoliciales contra pacíficos disidentes fue uno de los más altos en los últimas décadas.

 

La Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional comprobó que en diciembre de 2013 se realizaron 850 detenciones arbitrarias y que 179 disidentes fueron agredidos físicamente en 27 actos de agresión; 153 fueron víctimas de los llamados “actos de repudio” en 27 incidentes reportados; y que 153 opositores sufrieron acciones vandálicas, generalmente contra sus hogares, y otras formas de hostigamiento.

 

El pasado 18 de diciembre la ONG Archivo Cuba, www.CubaArchive.org, publicó una lista con más de 200 casos de muertes y desapariciones, de ellos 166 documentados, durante los siete años de mandato que lleva Raúl Castro, o sea, entre 2006 y 2013.

 

En esa lista sobresalen 86 fallecimientos por denegación de asistencia médica en prisión, 46 suicidios de presos y 15 homicidios extrajudiciales. También cuatro presos fallecieron por huelga de hambre: Orlando Zapata Tamayo, Wilman Villar Mendoza, Yordanis Ballagas Ramírez y Roberto Antonio Rivalta Junco.

 

Desde enero de 2010 –año en que comenzó la excarcelación y el destierro de la mayoría de los presos políticos de la Primavera Negra- se han documentado 19.223 casos de personas detenidas temporalmente o procesadas por motivos políticos.

 

El discurso de Raúl Castro el pasado 1 de enero demuestra que va a continuar incrementando la represión. Castro lanzó una diatriba:

 

la permanente campaña de subversión político-ideológica concebida y dirigida desde los centros del poder global para recolonizar las mentes de los pueblos y anular sus aspiraciones de construir un mundo mejor… intentos de introducir sutilmente plataformas de pensamiento neoliberal y de restauración del capitalismo neocolonial

 

Ariel Hidalgo, profesor marxista cubano, expresó en un artículo publicado el pasado 10 de enero:

 

Se supone que si un gobernante denuncia públicamente planes desestabilizadores contra su país y dos días después lanza un operativo para el arresto de los supuestos subversivos, los materiales incautados sean de cierto poder destructivo como armas y explosivos para actos violentos, ya sean atentados o sabotajes. Nadie podría pensar que los peligrosos equipos ocupados sean teléfonos y computadoras personales, y menos, juguetes.

 

En un país normal –sobre todo si afronta serios problemas económicos–, el gobierno agasajaría a los emigrados que envían juguetes de regalo a los infantes de su país de origen, con una recepción en la embajada y hasta condecorándolos, o al menos enviándoles una carta de agradecimiento. Nadie podría temer ser arrestado por regalar un juguete a un niño, y quienes se dedicaran a esta hermosa actividad caritativa, esperarían ser premiados con donaciones o préstamos para que continuaran realizando, más ampliamente, esas actividades humanitarias.

 

¿En qué país existe una ley que prohíba llevar la felicidad a los niños? Y si no existe, ¿con qué autoridad se procede al arresto y a la incautación de los regalos? En un país normal no se consideraría una desviación ideológica el derecho de los menores a poseer un juguete decente. Un niño no sabe qué es el “neoliberalismo”, pero nadie puede engañarlo acerca de si es bueno o no poder jugar con atractivos juguetes.

 

Desde hace dos años, semanalmente le he informado al Sr. Orlando Márquez Hidalgo, portavoz del cardenal Jaime Ortega Alamino, de las violaciones a los derechos humanos que sufre el pueblo cubano. Y he enviado copia a Mons. Thomas Wenski –de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos- y a la sección del Vaticano que atiende las relaciones con América Latina. Lo mismo he hecho con los parlamentarios chilenos, uruguayos y españoles desde hace seis meses.

  

A pesar de ello, los gobernantes de 33 países de América Latina y el Caribe viajarán a Cuba a participar en la cumbre de CELAC –28 y 29 de enero- y darle otro espaldarazo al régimen militar. Lo mismo hará el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, que ha sido insultado en varias ocasiones por Fidel Castro. Por ejemplo, el 4 de mayo de 2005 dijo de Insulza que “el muy bobito se ha creído que tiene derecho a meterse aquí”.

 

EEUU argumentó en enero de 1962 que el Gobierno de Cuba era incompatible con los principios democráticos de la OEA; una doble moral manifiesta, ya que Guatemala, Haití, Nicaragua y Paraguay estaban gobernados por dictadores de derecha y votaron a favor de la exclusión del gobierno cubano.

 

El 3 de junio de 2009 la XXXIX Asamblea General de la OEA aprobó por consenso que quedaba sin efecto “la Resolución VI adoptada el 31 de enero de 1962…, mediante la cual se excluyó al Gobierno de Cuba de su participación en el Sistema Interamericano”. También expresó que “la participación de Cuba en la OEA será el resultado de un proceso de diálogo iniciado a solicitud del Gobierno de Cuba y de conformidad con las prácticas, los propósitos y principios de la OEA”.

 

Es obvio que el régimen militar cubano viola sistemáticamente esos principios y la Carta Democrática Interamericana, pero con todos las validaciones que los gobernantes iberoamericanos y el Vaticano les han dado a los hermanos Castro, no albergo la menor duda de que se llegará a un acuerdo antes que concluya la ampliación del puerto de Mariel, que tiene como punto de mira a EEUU, el cual se verá obligado por razones económicas a levantar el embargo a Cuba. Esto lo analizaré en otro artículo; mientras tanto, véase el vídeo.

 

¿Y los DDHH del pueblo cubano? ¿Y quién ha dicho que a los grandes empresarios capitalistas les interesan? Ni los empresarios extranjeros, ni los empresarios cubanos exilados liderados por Carlos Saladrigas y Alfy Fanjul -aparentemente dispuestos a llegar a acuerdos incondicionales con Raúl Castro- y mucho menos los empresarios cubanos de uniforme verde olivo con grado de General tendrán en cuenta el bienestar de Cuba. Poderoso caballero es Don Dinero.

 

Si no hubiese existido la solidaridad internacionalcon el pueblo chileno, jamás Pinochet hubiese aceptado realizar el plebiscito. El dictador tuvo que reconocer su derrota en las elecciones libres y democráticas realizadas en 1990, debido a la presión internacional.

 

Es una falacia que la derrota en Cuito Cuanavale provocara la liberación de Mandela y la derrota del apartheid. En el caso sudafricano se demostró una vez más que “¡es la economía, estúpido!” -la célebre frase de James Carville, asesor del demócrata Bill Clinton en la exitosa campaña que en 1992 llevó a la Casa Blanca al gobernador de Arkansas- la que decidió la victoria a favor de los opositores al oprobioso régimen del apartheid.

 

No se puede olvidar que durante dos décadas se realizó una fuerte campaña internacional para poner fin al apartheid. Una de las principales estrategias fue las campañas para que las empresas que tenían negocios en Sudáfrica retiraran sus inversiones del país.

 

En 1970, Caroline Hunter y Ken Williams, dos empleados afroamericanos de Polaroid en Cambridge, Massachusetts, se dieron cuenta de que la empresa estaba suministrando tecnología fotográfica al Gobierno sudafricano para la emisión de las odiadas libretas. Hunter y Williams organizaron un movimiento de trabajadores de Polaroid que obligó a la empresa a poner fin a sus relaciones con el gobierno de Sudáfrica.

 

Bajo la creciente presión, el régimen del apartheid comenzó a reprimir con mayor severidad a los negros sudafricanos. Las noticias de la violencia llegaron a todo el mundo, y ello motivó a los estudiantes universitarios de Estados Unidos a tomar medidas. Se creó un movimiento mundial para presionar a las juntas directivas de las universidades a que retiraran sus inversiones de Sudáfrica. En Washington, Randall Robinson, el fundador de TransAfrica, comenzó un movimiento de protesta frente a la embajada de Sudáfrica. Robinson dijo en el programa de noticias Democracy Now!: “Tres de nosotros fuimos arrestados, seguidos de 5.000 estadounidenses que fueron arrestados por ir a protestar frente a la embajada en los años subsiguientes… Por supuesto que eso ayudó a impulsar en el Congreso la Ley General Contra el Apartheid, aprobada en 1986. Fue así que, finalmente, las inversiones estadounidenses en Sudáfrica comenzaron a caer”.

 

Robinson hacía referencia al proyecto de ley presentado por el congresista Ron Dellums, que fue aprobado con apoyo de ambos partidos. El presidente Ronald Reagan vetó el proyecto de ley, pero ambas cámaras del Congreso votaron para anular el veto de Reagan, e impusieron fuertes sanciones al régimen del apartheid. Robinson agregó: “Y, por supuesto, eso, junto con la presión dentro del país generó las condiciones para que el gobierno sudafricano se decidiera a negociar y, en última instancia, a liberar a Mandela”.

 

La cruel dictadura de los hermanos Castro pasará a la historia junto a los Kim de Corea del Norte como los regímenes totalitarios más longevos que haya conocido la humanidad. Es inaudito que un cuarto de siglo después de la caída del Muro de Berlín sobrevivan estos regímenes.

 

Pero lo peor es que si  no se logra la solidaridad internacional con la justa lucha de los opositores a la peor dictadura que ha sufrido América, el castrismo durará varias décadas más; hasta Corea del Norte será libre antes que Cuba. Y mientras más tiempo pase, más aumentará la destrucción física y el daño antropológico causados a Cuba, y más sangre será derramada.

 
 

Las FAR, un estado dentro de otro estado

Pedro Campos

17 de enero de 2014

 

La Asamblea General del Poder Popular que según la Constitución es el órgano supremo de poder en Cuba, no tiene jurisdicción alguna sobre  el aparato militar, sus cargos principales, negocios, salarios, privilegios, niveles de vida, etc.

 

De que había un estado dentro del estado cubano me enteré a mediados de los 80’, cuando supe que  la CIM, Contra Inteligencia Militar de las FAR, hacía trabajos de espionaje y contraespionaje en toda la sociedad cubana y especialmente contra la propia Seguridad del Estado y la Inteligencia Política subordinadas al MININT.

 

Si alguna duda quedaba, las Causas No 1 y No 2 de 1989 contra el General Ochoa, un grupito de altos oficiales del MININT y el Ministro de Interior, José Abrantes y otros de sus Generales, evidenciaron que el aparato de espionaje de las FAR actuaba contra el MININT.

 

Lo que vino después, la “toma” del MININT por el MINFAR, es historia conocida, aunque solo en parte. Los jefes y oficiales de  la CIM (Contra Inteligencia Militar) y la DIM (Dirección de Inteligencia Militar) fueron nombrados jefes y oficiales a los distintos niveles de todos los órganos del MININT, cuyos jefes y oficiales masivamente fueron licenciados, pensionados, jubilados o enviado a cumplir otras “importantes misiones”.

 

Desde entonces, todo el Orden Interior, la Contra Inteligencia y la Inteligencia, son dirigidas por las FAR. Sus aciertos y errores, a partir de fines de 1989, son de su única incumbencia. Incluidos especialmente el desastre de la RED Avispa y el apresamiento de múltiples agentes cubanos de Inteligencia en las entrañas del Imperio. ¿Errores o traiciones? El resultado ha sido el mismo.

 

Así, algunos que conocí con el rango de General en el MININT, podían ser vistos alquilando sus autos rusos Ladas u ofreciendo alojamientos a turistas en sus casas. Otros, la mayoría, que no tenían Ladas ni casas para rentar, tuvieron que arreglárselas como pudieran, trabajando para otras instituciones del estado que los aceptaran o asumiendo el trabajo por cuenta propia.

 

Coroneles, Mayores y oficiales de menor grado, del viejo MNINT, perseguidos por sus posiciones críticas hacia políticas del gobierno no encontraban empleo, recibían ofertas de trabajos muy poco remunerados o si ponían un negocio por cuenta propia, por alguna “extraña” razón, quebraba.

 

Con la llegada a la Presidencia del General Raúl Castro, luego de la enfermedad de su hermano,  las FAR que ya venían trabajando para independizarse económicamente del estado, se apropiaron de todas las palancas importantes del partido, el estado, el gobierno y la economía; pero aun así, se las han arreglado para mantener su independencia dentro del estado reconocido y constituido.

 

El Buró Político del PCC, el Consejo de Estado y el Consejo de Ministros están plagados de Generales y Oficiales de las FAR. El director del programa de la actualización del modelo económico, Marino Murillo es un ex Coronel de las FAR. El Director del Dpto. Ideológico del PCC desde hace más de una década es un Coronel de las FAR. El plan agrícola más importante de producción de soya lo dirige otro General.

 

El plan económico de mayor importancia asumido por el gobierno de Raúl Castro, el Mega proyecto de El Mariel, está dirigido por el General López Callejas, Director del GAE –Grupo de Actividades Económicas- de las FAR y yerno del Presidente de la República.

 

CUBALSE, la corporación mercantil en divisas que antes pertenecía al Consejo de Estado, pasó a manos de TRD, Tienda de Recuperación de Divisas, corporación mercantil de las FAR que monopoliza el mercado interno de divisas. Otra corporación de las FAR asumió el control de ETECSA, el monopolio telefónico. Gaviota, la empresa turística de las FAR, amplió sus operaciones y no solo controla hoteles e instalaciones turísticas, sino también una compañía de aviación totalmente independiente de Cubana de Aviación, que a su vez está bajo control militar.

 

En los estatutos de la Contraloría General de la Republica, quedó establecido que su ámbito de acción es el civil y que las finanzas de las FAR, no son de su competencia.

 

Me he limitado a mencionar  hechos concretos muy importantes, determinantes. Podrían llenarse varias cuartillas con nombres de instituciones de todo tipo que están siendo administradas o dirigidas por oficiales o ex oficiales de las FAR impuestos por los respectivos órganos superiores.

 

No hay dudas: Todo lo que hoy sucede en Cuba, en cualquier esfera, es decidido por los  militares.

 

De manera que cuando alguien se refiere al estado cubano, debe  tener en cuenta que se trata de un estado controlado por otro estado que es a la vez independiente del primero.

 

Y es independiente porque la Asamblea General del Poder Popular que según la Constitución es el órgano supremo de poder en Cuba, no tiene jurisdicción alguna sobre  el aparato militar, sus cargos principales, negocios, salarios, privilegios, niveles de vida, etc.

 

No juzgo a los oficiales de las FAR, sé de muchos verdaderos revolucionarios, patriotas y comunistas que entregaron y sacrificaron sus vidas por el socialismo que creyeron. En ellos mismos puede estar la fuente que un día contribuya al renacimiento de otra Cuba, democrática, libre, socialista.

 

Hoy las FAR son un estado dentro de otro estado, independiente y a la vez dominante.

 

Viva Cuba Libre. Socialismo por la vida.

 

 

Políticas fallidas

Marlene Azor Hernández

15 de enero de 2014

 

El sentido común de la política es crear políticas públicas que incentiven las mejores respuestas por parte de los ciudadanos

 

No me voy a referir a los referentes propios de cómo creo sería sensato encaminar la economía del país. Voy a analizar la “actualización” en relación a su objetivo de construir un “socialismo próspero y sustentable”.

 

El objetivo central del gobierno cubano en siete años de reformas ha sido organizar un poco el caos institucional, legal y de dirección dejado por el ex presidente Fidel Castro. Objetivo loable, pero enmarcado en la misma estructura y sobre todo con la misma concepción de cómo dirigir la sociedad cubana, no funciona. Me refiero con esto a los ucases. Esta manera militar y/o imperial de tiempos del Zar en Rusia, de conducir la economía, es el primer enemigo de la “actualización”. Los primeros que no tienen claro las señales de la economía o los que no quieren entender esas señales, son los que dirigen el país sin escuchar a la ciudadanía y peor, en contra de la ciudadanía: en cada consigna de “la actualización” se cumple el lado más negativo y no el lado positivo de la ecuación.

 

Un socialismo menos igualitario pero más eficiente

 

En esta consigna, han logrado con todo éxito aumentar las desigualdades en grado sumo y esto es fácil constatarlo al descubrir que somos el país con el salario mínimo y medio más bajo del hemisferio occidental. Haití tiene un salarió mínimo de 89 dólares mensuales y algo más, mientras el salario mínimo cubano es de 10 dólares[1]. Estos datos, unidos al 240 % de impuestos a los productos de primera necesidad y a una cartilla de racionamiento que cubre administrada muy cuidadosamente una semana de alimentación de productos básicos de la canasta individual, nos da el panorama de la miseria generalizada frente a un costo de la canasta básica individual que oscila entre 110-150 CUC mensual. Desde los años 90s los precios de los alimentos en las tiendas en divisa son superiores a los correspondientes en países europeos. ¿Quienes pueden mantenerse en niveles decorosos y hasta suntuosos de vida? Los ganadores de la “actualización”. Estos son los “paladares” exitosos, y/o los alquileres de mansiones de exfuncionarios o militares cercanos a la élite política, o los hijos de esta élite, los dueños de las corporaciones militares que actúan como corporaciones capitalistas incrustadas al estado pero al margen de todo control público, los empresarios de empresas mixtas con capital extranjero, que pueden tener “faltantes” de millones pero no son removidos de sus cargos y no incluyo a artistas de renombre internacional o deportistas porque estos con actualización o no, hubieran tenido las mismas entradas en cualquier otro país. Han mejorado con los “permisos” pero no son los ganadores. Los que reciben remesas también sobreviven bien pero no son los vencedores de “la actualización”. El monto global de las remesas es grande pero no dice mucho sobre el porciento que ha logrado crear microempresas y mantener sus negocios con éxito. Ese dato no existe aún. Tampoco son ganadores los trabajadores de empresas con capital extranjero, como los trabajadores de hoteles y de la rama de turismo. Estos sobreviven bien pero no son los ganadores de “la actualización”. Entonces, observamos una política extractivista de un plus producto desmesurado, por parte del Estado, con relación a las remesas, y una política de super explotación de la fuerza de trabajo varias veces mayor que en cualquier país del hemisferio occidental, que además pretende vender al capital extranjero una ventaja comparativa centrada en la fuerza de trabajo más barata de hemisferio occidental y cada vez más obsoleta en sus niveles de instrucción, debido también a su restrictiva y absurda política contra Internet y su permanente síndrome de “fortaleza sitiada”.

 

Con estas políticas fallidas no se logra la segunda parte de la consigna de “socialismo más eficiente”. Las aperturas a formas no estatales de producción están maniatadas con diversos y fuertes impuestos, dependencias estatales inexplicables y mercados “concentradores” escasos, caros y mal surtidos, que los nueve o doce grupos importadores del Ministerio de Comercio Exterior, demuestran que no pueden o no quieren suplir la demanda. La política que se observa ha sido la de disminuir en un 78 % o más los subsidios a la población y mantener un subconsumo en oferta y en capacidad adquisitiva.

 

Esta política de mantener deprimido el mercado interno sólo abriendo con precios exorbitantes el consumo de alimentos y autos, pero también de ropa, calzado y equipos electrodomésticos, además del ineficiente transporte público y el encarecimiento del transporte privado de taxis en precios en CUC que acaban de expandir a todo el territorio nacional, conduce a provocar la reacción inversa en los trabajadores a lo que se quiere: mayor productividad. No sé a quién se le ocurre que los trabajadores producirán más con llamados al “esfuerzo y el sacrificio”, después de 23 años de desgaste de la crisis más profunda de toda nuestra historia. Si el asunto es ganar tiempo, lo están haciendo con una incompetencia acumulativa que acrecienta el descontento popular y disminuye de manera exponencial la credibilidad del gobierno. Varios economistas de la Isla han llamado la atención hacia la necesidad de fortalecer la demanda y la oferta del mercado interno para relanzar la productividad de la economía, pero la dirección del país se ha quedado estancada en “el socialismo de la igualdad en la miseria” para las grandes mayorías. Ni seguridad alimentaria después de cinco años de transformaciones en la agricultura, ni ampliación del mercado interno porque la capacidad adquisitiva del salario y la oferta restringida, constriñe el ya subconsumo acumulado.

 

Las empresas estatales siguen siendo improductivas y esto lo señala el propio General/ presidente cuando habla de la contracción de la manufactura este año. Los llamados a “esperar” por las transformaciones de las empresas estatales son difusos, no argumentados de lo que se espera y exigen un acto de fe contrario a toda lógica política, vista la crisis generalizada de la cual parte la “actualización”.

 

El país está descapitalizado y necesita de grandes y variadas inversiones extranjeras. Esto se sabe desde el inicio mismo del proceso de “actualización”, pero sólo al octavo año de las reformas se va a proponer una nueva ley de inversión extranjera. Si se mantiene el control monopólico del comercio exterior e interior (sobre todo en los precios de los insumos) y no se descentraliza la inversión extranjera con regulación estatal para que los municipios, las provincias, las cooperativas y los cuentapropistas estén en igualdad de condiciones para importar-exportar sus insumos productos y servicios, la ley será otra política fallida del gobierno.

 

En los años 80s se hizo famosa la consigna del actual Presidente de: “Reconocemos los esfuerzos, pero premiamos los resultados” Aplicando esta consigna a los resultados de la “actualización” le respondemos al actual Presidente: Juzgando los resultados, siguen siendo contrarios a cualquier idea de socialismo, por más difusa y “original” que esta pretenda ser. Si para construir el “socialismo próspero y sustentable” hay que pasar por políticas fallidas en su diseño e implementación y profundamente antipopulares, además de ser ordenadas en ucases inexplicables, así como mantener una fuerza de trabajo cuyo valor fundamental sea su precio miserable, creo que llegarán a entender que la población cubana no se apunta en esa opción. Claro, con la lentitud de reacción que tiene la dirección política del país, de aquí a que se enteren…, la Isla se queda con las personas de la tercera edad y de ellas, con las que ya no se sientan en condiciones de viajar.

 

[1] Ver en el periódico digital Economía.com.ve http://economia.com.ve/salarios-minimos-en-america-latina/

 


El silencio de Yoani

Armando Chaguaceda

14 de enero de 2014

 

Alguna vez (2011), cuando iban cuesta arriba la satanización y apología histéricas a Yoani Sánchez -al punto de ofrendarle posters y guiones cinematográficos-, comenté que lo verdaderamente valioso de Generación Y rebasaba su persona, descansando en la efectividad de su mensaje (como crónica o crítica) frente a una realidad kafkiana e incivil.

 

Y es que se puede discrepar o coincidir con su autora, pero creo que ese blog ha sido un fenómeno mediático y político no sólo (ni principalmente) por la pluma realmente buena de Yoani.

 

Lo es por el contexto en que se forja y difunde, a pesar de todo lo falso y lo adverso que contra ello conspira. Un mundo al revés (post)totalitario, que vibra en la permanente contradicción y mudanza entre una verdad oficial (que es, realmente, ficción) y la autenticidad descarnada y expuesta de los de abajo, la misma que el poder intenta ocultar y descalificar mediante cómplices, velos y mordazas ….

 

Escribo esto cuando algunos amigos toman nota del (ciber)silencio de “La Flaca” y mientras ciertos comentaristas de Facebook bromean sobre su hipotético y pronto destape como agente de la Seguridad cubana. Ante tal hemorragia de oráculos, ratifico mis ideas de hace dos años:

 

Si mañana Yoani se cansa de todo y pasa a cultivar bonsáis, abre una paladar en Centro Habana o, incluso, si apareciese por “las fronteras del deber” (cosa que no creo) ello no invalidará ni un ápice sus contribuciones.

 

Porque, yendo al extremo en la búsqueda de ejemplos que demuestren la tozudez de la realidad, ¿acaso la obra literaria o periodística de los policías ex-disidentes no es hoy sino una sombra de lo que antes hicieron? Ahora mienten mientras quieren contarnos su verdad…antes reflejaban la verdad desde su falseada existencia, al lado de los discursos triunfalistas y aburridas crónicas de la prensa oficial.

 

Además, algo celebrable del accionar de la joven habanera es la forma en que, con relativo acierto, esta filóloga -devenida ícono mediático- sorteó un problema de la cultura y el activismo político cubanos, un padecimiento totalmente independiente del signo ideológico del que lo sufre o propaga: el de la canonización personalista.

 

Que se favorece cuando buscamos mártires o redentores desprovistos de humanidad, sin derecho al error y la duda, vetados para la imperfección o el hastío, capaces de resolver todos los problemas nacionales…..desde la gestión macroeconómica a la acidez de la croqueta, de la ausencia de libertades a la mala calidad del desodorante.

 

Fenómeno, por cierto, no privativo de nuestra condición periférica y (ciber)desconectada, pues basta ver el culto complaciente -expandido por las redes sociales- a ese elfo posmoderno y egocéntrico que es Julian Assange, para entender lo que digo.

 

Por todo eso, porque nunca rendí culto a sus posts y twits ni esperé de ella “orientaciones revolucionarias” veo sin sentido la saturación de demandas y exigencias a esa bitácora y su gestora.

 

El mejor legado de Generación Y es haber desencadenado un espectro plural e imparable de opiniones, mensajes, formatos tecnológicos y nuevos autores que era, hasta el encumbramiento noticioso del fenómeno Yoani Sanchez, prácticamente desconocido.

 

No es que ella sea la madre de la blogosfera criolla –al menos no cronológicamente hablando- pero sí la fundamental impulsora (por afinidad y competencia) de su inserción y resonancia globales.

 

Ahora hay (y almacenan miles de clics, odios y fans por segundo) una maraña creciente de voces y plataformas de izquierda y derecha, oficialistas y opositoras, intimistas o incidentes, que van reforzando y ensanchando los pilares de una todavía precaria esfera pública cubana.

 

Lo esencial es que el mensaje de Generación Y es infinitamente más relevante y poderoso que la frágil persona de su orfebre y, sobre todo, que el estado de sus anhelos, pausas o cansancios.

 

 

Castro o la vejez como mortaja

Alejandro Armengol

13 de enero de 2014

 

Entre todos los dictadores, tiranos, sátrapas y cualquier otro nombre al uso, Fidel Castro ha adquirido el récord de sufrir en vida una mayor destrucción de su imagen.

 

Quizá algún día se sepa si fue un esfuerzo combinado o solo se trató de un plan de su hermano Raúl. Lo más probable es la influencia de diversos factores, desde una al parecer pérfida esposa hasta unos hijos más interesados en vivir bien y comprometer lo menos posible futuro y presente.

 

Lo cierto es que Raúl Castro es el más favorecido con este infortunio de la figura de su hermano mayor. Indudable que para su ascenso era necesario que su hermano descendiera, no solo al deterioro que significa cualquier enfermedad sino a la humillación de una vejez que ha logrado esquivar la ignominia pública pero no el descrédito.

 

Curioso que quien una y otra vez adoptara el nombre de Alejandro, no simplemente como un mote de guerra sino como un destino, termine reducido a la imagen del deterioro y el símbolo de la decadencia.

 

Fidel Castro le está haciendo un favor a sus seguidores. No importa lo que escribe o lo que habla. Lo único que vale es que está ahí. Lo que escribe, cada vez más esporádicamente, no pasa de una simple muestra de torpes banalidades, una interminable regresión de repeticiones destinadas a no decir nada.

 

El célebre slogan “No Castro, no problem” ha resultado ser mucho más que una calcomanía llamativa, para colocar en el guardafrenos trasero del automóvil. Resume una forma de pensar caduca, un círculo vicioso.

 

Si para confirmar que Fidel Castro está vivo, el gobierno cubano no tiene mejores recursos que sacar cada varios meses las imágenes de su asistencia a un evento de poca o ninguna importancia política, su presencia pública ha sido condenada a comentarios de café con leche.

 

Que todas las muertes y resurrecciones de Fidel Castro no sean más que un recurso cansado para alimentar la mitología del líder, matar el poco entusiasmo restante sobre el futuro de la isla y jugar con el exilio y la desilusión de los cubanos, estamos no ante el crepúsculo de los dioses, sino frente a las huellas —cada vez más miserables— del paso del tiempo. Lo que sí cada vez resulta más burdo es todo el entramado alrededor de estas fabricaciones.

 

Durante estos últimos años quienes residen en la isla han sido testigos de una situación anómala: carteles y murales continúan mostrando la imagen poderosa de un caudillo que por décadas los guió, mientras de vez en cuando aparecen fotos y videos de un anciano débil y balbuciente, que para mantenerse en pie siempre necesita del apoyo de uno o dos ayudantes jóvenes —más en la labor de sostenedores que en la función de guardaespaldas.

 

En medio del esfuerzo para lograr la comida diaria, poco tiempo queda para detenerse y pensar por un momento en  esa figura deteriorada.

 

La enfermedad le hizo a Fidel Castro una de las peores jugadas que pudo haber imaginado: no lo mató, simplemente se entretuvo en destruirlo lo suficiente para que quedara convertido en un residuo de otra época.

 

Al reconocer que el caudillo ha logrado sobreponerse lo suficiente —a sus padecimientos y a la edad—, para no ocultarse por completo a la vista pública, no hay que olvidar que ese triunfo de la voluntad lo es por el apego a la vida, y por un resto de vanidad que lo obliga a recordarnos ocasionalmente que sigue vivo.

 

En parte responde al interés en conservar la ilusión de que sigue siendo el guía de un sistema que cada día se parece menos a lo que fue; en parte es una consecuencia lógica de un aferrarse no solo al pasado sino al presente: existe, no todo está perdido para él. Lo demás es la espera, inevitable, de la muerte.

 

Sin embargo, esta permanencia se define más por esos carteles y fotografías, en periódicos, calles y muros de la isla, donde el recuerdo impera.

 

Lo demás, que esa presencia aparezca a veces —y no sea un fantasma sino simplemente un vestigio— se lo debe al hermano. Sin este, al que muchas veces relegó y otras despreció —pero nunca lo suficiente como para apartarlo de su lado—, no sería más que un objeto de estudio, de repulsa o admiración.